CAPITULO 89: PISO FRANCO. ADIOS A LOS PUNTOS.
"Vosotros iros a coger colchonetas." Les dije al resto mientras entrábamos al piso universitario que compartíamos Rissa y yo y que aún tenía nuestras cosas allí. "Rissa, nosotros podemos dormir los 4 en las literas."
"Me basta con poder dormir un rato." Me dijo suavemente. "Y Tixxy necesita una cuna."
"Ya, pero… bueno, aquí no tenemos." Le dije. "Lo más parecido que tenemos es un cajón, pero no me gusta la idea. Creo que es mejor dormir con ella uno de nosotros."
"Puedo dormir yo." Me dijo ella. "Soy la madre, y si se despierta… le daré pecho sin molestar a nadie más."
"Nosotros podemos dormir en el salón." Dijo Sam. "Montaremos guardia ante la entrada por turnos."
"Si me necesitáis…"
"Tú descansa." Me dijo. "Tienes bajo tu cargo a una mujer y dos niñas, una de ellas bebé. Necesitas estar fresco."
"Claro que no." Afirmé. "Sigo siendo un lobo."
"Desde luego, pero ahora también tienes una familia que cuidar." Afirmó. "Pronto me tocará a mí, y luego al resto… y entonces nosotros también tendremos que confiar en el resto para velar por nosotros mientras nosotros nos dividimos entre deber y familia."
(Salto espacio-temporal)
Dividirme entre deber, mi deber como protector, y mi familia.
Esa idea no dejaba de rondarme mientras oía a mis chicas dormir abajo, en la cama de su madre en el lado que daba a la pared, para que no se cayesen mientras ella dormía en el borde que daba al suelo, amenazando con caerse si se movía mucho.
Las tres dormían felices y plácidas, sin preocupaciones o probablemente finalmente vencidas por el cansancio acumulado por el viaje. Pero yo no.
No podía dormir, me atormentaba la idea de que estaba dividido entre mi deber y mi deseo.
Por un lado debía proteger a la humanidad de la amenaza vampírica en lo posible. Mi deseo, corazón y mente estaban con aquellas tres mujeres que ahora formaban mi familia, con mi padre y hermanas.
Podía combinarlas, no podía ser tan difícil. Sin embargo… ¿Qué pasaría si un día ambas se daban a la vez pero opuestamente?
Si mi deseo iba en una dirección pero mi deber me obligaba a ir en otra… qué haría. ¿A quién debería seguir?
Eso me robaba el sueño.
"Jake… qué te preocupa." Dijo de pronto Rissa suavemente.
"¿No pudes dormir?"
"Tengo dolores, eso me hace más difícil dormir." Afirmó. "Me mantengo inmóvil porque temo despertar o molestar al sueño de las pequeñas."
Eso me hizo sonreír. No me había equivocado, Rissa era una gran madre.
"¿Y bien?" Me dijo. "¿Qué es lo que te roba el sueño?"
"Temo que llegue el día en que deber y deseo sean irreconciliables." Afirmé cediendo y decidido a compartir mi peso con él.
"Nosotras podremos cuidarnos solas." Afirmó con un tono sonriente. "Esperaríamos con esperanza tu regreso, manteniendo la casa cálida para ti para que a tu regreso, vieses que nada había cambiado y pudieses decir que habías vuelto a casa, con nosotras, cargado de historias que contar a nuestras niñas como si fuesen grandes gestas del pasado."
Dios… me di cuenta que hasta se me habían escapado unas lágrimas con la sonrisa de felicidad al ver que estaba casado con la mejor mujer del mundo.
"No es eso lo que temo." Afirmé. "Mi temor era faltar a mi deber por no poder separarme de vosotras."
"Pero Jake…" Me dijo. "Tu deber está con la humanidad."
"Te equivocas, mi primer deber está con mi familia." Afirmé feliz por su esfuerzo por compartirme con el mundo. "Y ahora mismo, tengo dos preciosas y sanas hijas que necesitan una madre y un padre a su lado para darles amor y la seguridad que necesiten; y la esposa más bella y con mejor corazón que nadie pueda imaginar siquiera que no me necesita demasiado, pero a la que quiero hacer feliz y mantenerme a su lado."
"Jake…"
"¿Sabes algo?" Le dije. "Nunca he tenido miedo a morir, porque estaba orgulloso de ser quien era, de hacer lo que hacía; pero cuando nos atacaron allí al norte… tuve miedo, un miedo tremendo y horrible." Afirmé reviviendo los momentos de agonía y terror que había sentido. "Tuve un terror horrible a perderte. Tuve miedo a morir y dejaros solas a las tres. Pero mis mayores terrores ahora mismo son perderos, a las tres."
"Pero Donna y Trixxy…" Me dijo.
"Ya, lo olvidaba." Afirmé recordando el pequeño detalle de sangre que nos separaba.
Entonces me sorprendí.
Lo había olvidado, había olvidado por completo que Donna en realidad era fruto de otro hombre. Entonces sonreí, hacía tiempo que veía y consideraba a Donna como a una hija, tan hija como Bellatrix, tan propia como si fuese fruto de mis semillas.
"¿Sabes?" Le dije mientras me venía una idea a la cabeza. "He estado dándole vueltas. Podríamos traernos a mi padre aquí, o a tus abuelos. Tu abuela siempre me pareció una mujer valiosa, siempre me ha parecido que tenía un carácter fuerte, podría ayudarnos a cuidarlas mientras nosotros estudiamos. Y cuando acabemos los estudios… he pensado buscar una casita dentro de los límites de nuestros territorios y hacer una reserva de conservación de fauna, como la que había en Port Angels. Podríamos pedir a mi hermana que se encargase de los asuntos legales y podríamos ofrecerle a Kim el puesto de recepcionista, además, siempre se le dio bien las matemáticas, podría encargarse de las cuentas sencillas."
"Suena bien, pero…"
"Ya, el problema que le veo es el dinero." Afirmé. "No creo que se monte todo de la nada."
"Podríamos hablar con Kasim, él nos pondría en contacto con la organización y probablemente nos diesen algunas ayudas y nos informasen en el tema legal." Me dijo suavemente. "Aún así…"
"Lo de Kasim suena genial." Afirmé viendo una nueva línea de la que tirar.
Si él nos conseguía ayudas podíamos comenzar todo, haríamos un nuevo sitio donde poder cuidar especies en peligro, animales salvajes heridos y así, poder usar nuestros dones para algo en provecho de la sociedad, además de salvar vidas matando a todo vampiro que viniese a cazar a nuestros terrenos.
"Jake." Me llamó. "¿Me estás escuchando?"
"Perdona, es que me estaba haciendo planes en la cabeza."
"Te decía que aún con la ayuda no es fácil encontrar ayuda." Me dijo. "Hace falta mucho dinero y recursos materiales y humanos para montar una reserva como la de Port Angels."
"Supongo que podríamos hacer nosotros gran parte del trabajo." Le dije.
"¿Y dónde la pondrías?" Me dijo. "No sabes los hábitats de cada especie, no sabes la alimentación de cada especie…"
"No, pero Kasim y los otros sí." Afirmé. "Ellos podrían ayudarnos. Además, había pensado llamar a tus abuelos. Es evidente que tu abuelo era un hacha en animales."
"Sí, pero está jubilado." Afirmó. "No es justo que después de toda una vida viajando por su trabajo, trabajando duro para sacarnos a mi hermana y a mí adelante cuando nuestros padres murieron, ahora le pidamos que vuelva a trabajar."
"Sería solo un tiempo." Le dije. "Y él conocerá a gente joven que pueda ayudarnos."
No entendía a qué venía poner tantas pegas, pero estaba decidido, así que ni lo peor que pudiera decirme me iba a disuadir de mi empeño.
Entonces suspiró.
"Creo que no sabes lo que dices." Afirmó. "Pero está bien, si tan claro lo tienes creo que vale la pena intentarlo. Llamaré a Kasim para que venga a ayudarnos en cuanto volvamos a la reserva."
"Perfecto, yo avisaré a Edmound para que nos haga un hueco." Le dije feliz de haber ganado esta vez.
"Vale, pero… no le digas que estamos…" Afirmó.
Heridos. Apuesto a que tenía miedo de que su abuelo pudiese preocuparse demasiado por nosotros.
"No te preocupes, no le diré nada." Afirmé. "Aunque si vienen a cuidarnos van a vernos, mi espalda no curará así como así."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Sam)
.
3 días después…
Ya llevamos casi una semana en aquel piso, durmiendo y recuperándonos, haciendo lo que podíamos y lo que no para que no descubrieran que estábamos todos allí.
Es doloroso ver cómo Jake sufre por Rissa, cómo Seth y Embry sufren por las niñas, porque casi no las pueden sacar de casa. Porque Donna parece tener ya 9 años casi, y su hermana creció hasta los 2 cuando ella la tocó.
"Jake, vamos a salir a dar una vuelta." Le digo mientras acaban de preparar a las niñas para salir. "¿Vienes?"
"Creo que ahora voy a pasar." Me dice mientras oímos cómo el agua de la bañera sigue corriendo.
"Jake, oye, tienes que salir." Le digo. "Será bueno para tu espalda y para ti."
"Sam, no voy a salir." Me dice. "No es por mi espalda. Voy a esperar a Carlisle."
Es por Rissa, hoy por fin van a quitarle los puntos de los párpados, por eso está tomando un baño en lugar de una ducha.
"Pero tenemos que ir." Le dice Quil. "No puedes quedarte aquí para siempre. Mira, nos hemos puesto vuestras sudaderas con capucha y no nos reconocerán." Afirma sonriéndole confiado.
Entonces vuelvo a mirar a Jacob.
No parece querer cambiar de opinión.
"¿Jake?" Le llama Rissa avanzando con una toalla a modo de vestido por el pasillo tanteando las paredes por lo que varios vamos a ayudarla solo que es Jake quien primero llega y la coge de la mano para guiarla y pararla.
"Estoy aquí." Le dice. "¿Ocurre algo?"
"Necesito champú." Afirma.
"Puedes usar el mío." Le dice. "Sé que es del barato, pero…"
"No, no me has entendido." Le dice. "No queda."
Entonces es Quil quien corre al baño y cuando sale por la puerta lo hace sonriéndo como si se aguantara la risa y me hace gestos para que vaya.
"¿Cómo no va a quedar?" Le dice Jacob. "Ayer quedaba casi medio bote."
Es entonces cuando llego al baño y veo que en el suelo junto al baño está tirado el bote vacío del champú de todo a 1 dólar que usamos todos desde que estamos allí y en la superficie del agua del retrete hay una capa de espuma en proceso de desaparecer que da a entender qué ha pasado con el contenido del bote por lo que me aguanto las ganas de reír al ver lo lista que es esa mujer y lo cojo para salir.
"Jacob, ella lleva razón." Le digo mostrándole el bote vacío bocabajo. "Aquí no queda ni una gota."
"Pero no es posible, esta mañana me he bañado yo y quedaba casi medio bote." Dice.
"Sí, bueno, pues ahora no queda, y tienes que salir porque tengo el pelo hecho un cisco y necesito lavarlo." Afirma ella desde la cocinita que tienen cogiendo un bollo lleno de azúcar en polvo y un vaso de leche que se sirve poniendo un dedo cerca del borde hasta que el líquido le toca la piel para parar de servirse.
"Pero lo tienes limpio." Afirma él. "Creo que aguanta como…"
¡Pufff!
Se eleva una nube de polvo blanco junto a la cabeza de ella y tose disipándolo para descubrir que tiene la cabeza como si se le hubiera caído todo el azucarero glass encima.
"Bueno." Dice Jared casi riéndose tras la sorpresa de ver cómo la chica había soplado el azúcar para hacer la nube. "Creo que ya no aguanta sin lavársela otro día más."
"¿Vas a ir a comprar el champú ya?" Le dice ella. "¿O tengo que echarme por encima algo más y que parezca un accidente?"
"Vale." Dice Jacob. "Saldré a comprarte el champú, pero haz el favor de dejar de hacer eso."
"Gracias, no me gusta quedar por tan torpe." Afirmó ella frotándose la cara con un trapo para quitarse el polvillo blanco que estaba hasta en las vendas. "Será mejor que vaya a ducharme y luego ya desayunaré."
"¿Necesitas ayuda?" Le pregunto.
"Para eso ya estoy yo." Afirma Leah apareciendo en el marco de la puerta del cuartito donde se había metido a dormir dado que la noche anterior había llegado demasiado tarde por la noche tras haber viajado dos días antes a casa para avisar a los mayores y nuestras familias sobre dónde estábamos. "Y ya que salís, traer algo que huela mejor, esto apesta."
"Leah, no podemos abrir las ventanas para ventilar de día." Le dice Paul. "Y por la noche entra olor a fritanga del restaurante del final de la calle."
"Sí, sí, lo que vosotros digáis." Nos dice. "Venga, iros tranquilos, nosotras nos quedamos aquí."
"Ah, y chicos…" Nos dice Rissa.
"Dinos, Rissa." Le dice Embry.
"Nada de chuches a las niñas hasta que coman." Nos dice. "No creáis que no lo sé, se acabó darles esos caprichos hasta que no coman, que luego hay problemas. ¿Habéis oído?"
"Sí." Le decimos.
La verdad es que es curioso cómo las madres saben esas cosas aún cuando nadie les ha dicho nada.
Y hablando de madres… me pregunto cómo estará Emily. La dejé sola y me preocupa, aunque le haya llamado casi a diario desde que estamos allí.
Madres…
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Carlisle)
"Vaya… pensaba que era este apartamento…" Murmuro dando un par de pasos atrás para volver a mirar el número que hay sobre el umbral de la puerta y comprobar que es el adecuado, sin embargo, llevo un rato llamando y nadie se mueve al otro lado.
Ding-dong… Ding-dong… Ding-dong…
Por fin, ruidos casi inperceptibles al otro lado y la mirilla que hace un claro oscuro unos segundos antes de abrirse la puerta ligeramente.
"Perdón." Digo.
"Pasa y baja la voz." Me dice Leah al otro lado. "¿Te ha visto alguien fuera?"
"No, la gente está en el campus a estas horas." Le digo. "Ya veo que has vuelto."
"Solo me fui a avisar en casa." Me dice. "¡Rissa, tu matasanos está aquí ya!"
"¿Y esa hostilidad?" Le digo.
"Unos amiguitos vuestros de camino de vuelta." Me dice yendo a coger la mano de Rissa para guiarla al sofá donde la ayuda a sentar.
"Lo siento." Me dice ella. "Los chicos salieron a dar una vuelta con las niñas."
"¿Estás bien?" Le digo apreciando una ligera mancha en su pelo. "Tienes una mancha en…"
"Leah, me habías dicho que no tenía ya nada." Le dice ella.
"Sí, bueno, no es demasiado perceptible para nadie que no sea 'especial'." Le dice sacudiéndole un poco el polvo de la mancha. "Ya está, perfecta. ¿Empezáis ya? No quisiera que os pillaran en actitud comprometida, probablemente Jake nos hiciera a alguno de nosotros atacarte porque eres el abuelo de Nessy."
"Leah, un poco de suavidad." Le dice Rissa girando suavemente la cara.
"No te preocupes." Le digo apreciando su hospitalidad. "Estoy acostumbrado, ya es bastante que nos dejen estar en el mismo cuarto." Afirmo sonriendo para abrir el maletín que he llevado para echar un ojo al grupo, sobre todo a ella. "Vamos a ver esas heridas." Le digo para que me tienda el brazo donde aún se pueden apreciar las marcas de quemaduras como piel más clara. "Vaya, ya veo que te las han atendido."
"Jake me da la crema que nos recomendaste al menos dos veces al día." Me dice sonriendo. "¿Qué tal están?"
"Van perfectamente." Le digo. "No creo que te queden marcas, al menos no demasiadas." Afirmo sonriéndole aunque no pueda verme, feliz por las noticias que van saliendo. "A ver esa espalda."
Con cuidado se va girando hasta quedar tumbada bocabajo en el sofá con la cara al lado opuesto al respaldo.
Es curioso cómo a pesar de sus heridas parece estar tan fresca.
"He estado llevando el corsé hasta hoy." Me dice. "Es que he tomado un baño y luego me encontraba tan a gusto que me ha dado pereza ponérmelo."
Eso parece evidente al ver que lleva unos vaqueros hasta casi la rodilla y una camiseta cortada bajo el pecho para coserle una goma manualmente a juzgar por el acabado de la costura, lo que la hace perfecta para mirarle cómo avanza los daños de la espalda sin hacerla quitar ropa.
"No creo que sea necesario que sigas llevándolo más." Le digo comprobando que la espalda parece estar de nuevo en su sitio y sana, entonces saco la máquina de radiografías portátil y comienzo a pasarla por la zona de su columna que quedó en mala posición en la pelea. "Sí, parece todo en su sitio. Creo que con que lleves una faja o algo para los músculos será suficiente." Le digo aún más feliz ante su evolución. "Te has recuperado de maravilla."
"¿Y eso es bueno o malo?" Dice Leah. "Quiero decir, es evidente que es bueno, pero… ella es humana ¿no?"
"Sí, y su ritmo de curación es humano, humano y perfecto." Afirmo evaluando la recuperación. "Bueno, vamos a los ojos."
"Eso costará más ¿no?" Me dice ella sonriendo ampliamente e incorporándose con cuidado de no retorcer la espalda lo más mínimo.
"Un poco más, sí." Le digo sonriéndole tranquilo. "¿Tienes ganas de poder moverlos?"
"Tengo ganas de volver a ver las sombras de color de mis hijas." Me dice sonriendo feliz.
Es curioso cómo parece conformarse solo con eso, con ver sombras de color, con 'ver' a la gente tocándoles con su permiso y dependiendo de un bastón o el brazo de algún amigo para poder caminar.
"¿Vais a volver a estudiar aquí?" Le pregunto quitándole la venda para ver sus párpados con puntos y las gasas con el bálsamo para cicatrizar sus quemaduras y heridas.
"Sí, los dos queremos acabar la carrera." Afirma. "Y cuando acabemos estamos hablando de algo."
"Vaya, eso es genial." Le digo sonriéndole de nuevo mientras le voy quitando las curas una a una, primero los algodones dejando los puntos al descubierto antes de prepararme para coger lo que necesito para encargarme de los puntos. "Bueno… ¿lista para los puntos?"
Entonces Leah se pone tras ella y le pone una mano en el hombro para que ella le ponga la mano sobre esta y asienta levemente.
"Sí." Afirma.
"Leah, si quieres puedes sentarte con ella y darle la mano." Le digo conmovido por el sentimiento que parecen compartir esas dos mujeres, el mismo que hay entre Rosalie, Alice y Bella. "Puedo hacer lo mismo si te sientas también con ella."
"No quiero molestar." Me dice.
"Oh, vamos, Leah." Le dice Rissa antes de que pueda mediar yo. "No me hagas reconocer que me da miedo que me quiten puntos. Me vas a hacer parecer una blandengue."
"Creo que los dos te guardaremos el secreto." Le digo sonriendo al entender que es broma en parte.
"Vale, me sentaré a tu lado y te cogeré la mano, pero no pienso ponerme pegada para que luego me caigan culpas." Afirmó acercándose para sentarse cerca en el sofá pero separada en la otra punta para cogerle y darle la mano.
"¿Listas?" Les digo.
Leah mira a Rissa y ella traga y asiente un poco suavemente.
"Sí, estoy lista." Afirma con poca fuerza en la voz pero aún así, valor.
"Bueno... pues vamos allá." Digo cogiendo las pinzas y las tijeras de uñas de Reneesme para inclinarme sobre ella. "Voy a tener mucho cuidado, pero si te duele no dudes en hacérmelo saber."
"Cuando llegaron ahí no me dolieron." Me dice.
"Pensaba que habías estado inconsciente." Dijo Leah confusa.
"Pues por eso no me dolió." Afirma ella.
"Veo que el humor no lo pierdes." Le digo contento de que tenga tan buen humor.
"Sí... bueno… cuando te falta algo el humor es lo único que te queda para compensarte." Afirma señalándose los ojos de lejos con la mano libre y sonriendo. "En fin, que esa no la vi venir y he contestado lo primero que se me ha pasado por la mente."
"Muy buena." Le digo notando cómo aprieta la mano de Leah. "Lo siento."
"No importa, tienes que tirar del hilo para sacarlo." Afirma ella.
Sonrío. Esta chica es realmente especial.
"Será mejor que vayas a lavarte un poco los ojos." Le digo. "Cuando vuelvas le echaré un ojo a esos párpados." Le prometo para que me sonría y se levante, junto con Leah.
"Leah, no te molestes." Le dice sonriéndole. "Oh, y ofrécele a Carlisle un trago de lo de Rissa."
"Pero eso es de tu hija." Le dijo Leah.
"Creo que tiene mucha, un vaso menos no le hará daño." Afirmó ella encontrando por fin la pared para irse por el pasillo.
"Déjale las bolsas a la niña." Afirmo para Leah.
"Mejor, no sabía cómo negarme a lo que me ha dicho." Afirma. "A esta chica se le va la cabeza, solo porque estos bobos le consiguieran más bolsas anoche no quiere decir que pueda ir dando a todos por ahí."
"Sí, es una chica realmente especial. Por cierto, le traje más de regalo." Le digo sonriendo y sacando la nevera llena de bolsas de sangre de trasfusiones que le había conseguido para la niña. "Supuse que a vosotros os costaría conseguir unas cuantas."
"Gracias." Le digo.
"En realidad los chicos querían mandar animales." Afirmé. "Pero les dije que probablemente a los padres no les gustase que la niña matase animales vivos."
"Igual cuando crezcan un poco más." Me dice.
"Esa chica…" Le digo mirando al cuarto de baño donde oímos que sale un ruido de agua corriendo y sus ligeros gemidos cuando el jabón le pica en las heridas casi cicatrizadas. "Es como una medicina con su optimismo y su comprensión."
"Es un poco tonta, pero se hace querer." Me dice Leah controlando el baño dejándome ver su preocupación por aquella chica aún cuando no está cerca.
"Estábamos contentos porque pensábamos que Nessy y él harían buena pareja, porque ambos son mestizos, pero… creo que a quien realmente pertenece es a esta chica." Le digo.
"Pensaba que queríais a Jacob como nieto adoptivo." Me dice.
"Sinceramente, creo que probablemente esté mejor ahora." Le digo sonriendo. "Y siempre será uno de los nuestros. Como ella y las niñas ahora."
Leah está aliviada, no necesito leerle la mente para darme cuenta, los 'chicos-lobo' son francamente abiertos en cuanto a sentimientos se refiere.
Y de nuevo estoy a punto de abrir la boca cuando pasan dos cosas casi simultáneos.
"¡AHHHHH!" Grita Rissa en el baño mientras oímos un ruido de algo que se le ha caído al suelo.
"¡Rissa!" Grita Leah saltando sobre el sofá para ir hacia el baño justo mientras la puerta casi explota al estamparse contra la pared dejando entrar a una tropa de chicos encabezados por Jacob que corre al baño con el mismo grito que Leah.
Entonces yo también corro y en una milésima de segundo estoy allí, en la puerta bloqueada por los chicos para ver a Jacob en el baño, con Rissa entre sus brazos y Leah un paso atrás de la espalda de ella mientras Rissa se mira las manos como petrificada.
"¿Qué pasa, cielo?" Le dice Jacob preocupado. "¡¿Qué le habéis hecho?" Nos grita a Leah y a mí.
"Rissa, qué te pasa." Le pregunto acercándome para encontrarme con que Sam y Paul me paran de un hombro cada uno mirándome de forma amenazadora. "Rissa, qué te ha pasado. Por favor, dime qué te ocurre." Le digo observando cómo tiembla.
"Mis manos…" Consigue acabar murmurando tras decir palabras inconexas.
