Me hubiera gustado subir antes este capi, pero no me fue posible, así que aquí esta lo mas tempra que pude; espero que les guste y bueno también quiero agradecer todos sus comentarios, a todos los nuevos lectores por ponerme como favoritos y también por no solo comentar el ultimo capi, si no todos los que les han sido posibles, no tengo palabra para agradecerles, disfruten el capi.
Capítulo 40
Está vez las pesadillas fueron diferentes, me vi entre doctores que hablaban sin parar, con términos que no comprendía, confundiéndome, para después escuchar un solo susurro "Katniss… muto… eliminar", este susurro iba aumentando cada vez más, mientras los doctores seguían en una discusión muda para después transformarse en aquellos seres que cobraron la vida de Finnick.
De alguna manera yo estaba consciente de que era una pesadilla, que simplemente tenía que abrir los ojos para despertar, cosas que intente pero no lograba conseguirlo, aun me veía perseguida por aquellos mutos, hasta que decidí parar y relajarme, hasta que finalmente los pude abrir poco a poco, sin gritos ni llantos.
Al buscar acurrucarme con mi chico me percate que su lado de la cama estaba vació, que no estaba a mi lado como siempre; justo cuando empezaba a incorporarme me percate de un movimiento en la ventana, él veía fijamente hacia el exterior, la luz de la calle y de la luna me ayudaban a distinguir un poco sus facciones, su gesto era de una preocupación, frunciendo la entre ceja y viendo insistentemente a un punto, era evidente que algo lo inquietaba, nunca me había pasado en despertar y no tener a mi chico a un lado.
No sé por qué, pero no dije nada simplemente me quede observándolo, dejando que la luz dibujara su perfil.
Peeta suspiro, supongo yo que tratando de… encontrar un poco de tranquilidad o buscando alguna forma de ordenar sus pensamientos. Después de un largo rato, me pregunte si no tendría frío, puesto que yo no había querido moverme por lo frío que se sentía su lugar al tener las frazadas de lado. Cuando me estaba animando a hablar él se movió y salió en dirección al baño, sin darse cuenta que todo este tiempo lo había estado observando.
Estos últimos días el agotamiento estaba haciendo de las suyas, por lo que el sueño me estaba venciendo cuando Peeta regreso a la cama, yo no hice nada por moverme, simplemente sentí a mi chico envolviéndome bien con las frazadas.
-Ay Katniss… - susurro, no estaba del todo segura que el supiera que lo estaba escuchando – bonita estoy muy preocupado, no me hagas esto por favor – sentí como levemente pasaba sus manos sobre mi cabeza, acariciándola; su declaración me dejo muy quieta, me sentía muy mal por preocuparlo de esa manera – no es justo, tú debes estar bien, después de todo lo que hemos pasado… yo que pensé que todo iría mejor, que podríamos… que podríamos estar juntos sin ningún problema – él continuaba con su leve toque sobre mi cabeza – ahora que… he podido controlar más ese veneno que aún queda en mi organismo, que no he permitido que las crisis afecten mi estado de ánimo, que ya no te veo como un peligro – todas estas palabras me estaban tomando por sorpresa – que no he permitido que las crisis ganen, que ya casi no he tenido noches de confusión y esas ganas aterradoras de salir a buscarte para hacerte daño – con esto Peeta me daba entender que había tenido más episodios, que no solo habían pasado las crisis que yo había visto, si no que había más, de las cuales nunca me entere – por favor… permite que te ayudemos en esta ocasión, por favor cuídate, porque si tú no estás bien, yo tampoco lo estaré – sentí como su abrazo se hizo más fuerte – Te amo bonita, te amo mucho y siempre lo haré –
Sabía que si abría mis ojos las lágrimas comenzarían a salir, era desconcertante todo, no soportaba ver a Peeta así, no quería ni imaginarme por todo lo que había pasado mi chico al sobrellevar esas crisis sin nadie a su lado, con la confusión tan severa en la que debió estar.
No pude evitar que mi garganta lanzara un gemido de tristeza, que acompañaban mis lágrimas, delatándome ante mi chico.
-¿Kat? –
-oh lo siento tanto Peeta – no deje que reaccionara, en menos de un segundo estábamos sentados abrazándonos o más bien yo aferrada a su cuello – yo… no me gusta verte así, te prometo que haré caso a los doctores, por ti seguiré las instrucciones y lamento tanto escuchar eso de las crisis ¿Por qué no me habías dicho antes? –
-Bonita… tranquila… yo – él se veía muy perturbado, tal vez nunca se imaginó que lo estuviera escuchando.
- Peeta yo… no quiero que me ocultes cosas, así como yo no te las oculto, por dolorosas que sean, al contrario, ahora me siento muy mal de saber que has tenido crisis y no he estado para apoyarte, ósea has fingido estar bien delante de mí – mis lágrimas aun salían, sin permiso o más bien era que no me podía controlar.
-Bonita, cálmate - él frotaba mi espalda, trataba de reconfortarme – no sé porque este pasando esto, pero quiero que estés tranquila, que en este momento solo te preocupes por tu salud, lo demás lo resolveremos más adelante –
-Pero tú también eres importante, recuerda que sí tú no estás bien yo no lo estoy, que…-
-Vamos Kat, sabes que yo estoy bien, que lo importante es que… tomes la decisión más adecuada, la mejor decisión para tu salud –
Peeta estaba extremadamente preocupado, pero no dejaba de ser tierno, hacía que tuviera tantos sentimientos a la vez; angustia, tristeza, impotencia, frustración, que me era difícil sobrellevar, por lo que empecé a llorar nuevamente, me sentía tan ridícula, se supone que lo menos debía era preocuparlo, hacerle ver que yo iba estar bien, pero con Peeta me era imposible contenerme.
-No pequeña, no te pongas así – la voz de Peeta se escuchó entrecortada, está situación nos tenía muy alterados a ambos.
-Pe… Peeta te prometo que seguiré las instrucciones del doctor, que… mañana mismo empezaré el tratamiento, pero no te quiero ver preocupado –
-Katniss, eso es inevitable y lo sabes, pero es un alivio escuchar que dejaras que… los médicos te traten –
Simplemente nos abrazamos, no había palabras para expresar todo lo que sentíamos, las acciones era la mejor manera, con abrazos y besos, con caricias que nos tranquilizaran, al menos por el momento.
Sin darnos cuenta estábamos acostados abrazados, incluso nuestras piernas estaban entrelazadas, Peeta me tenía bien sujeta con su mano izquierda, apoyando con fuerza sobre mi espalda baja, mientras que con su mano derecha me acomodaba mechones rebeldes de mi trenza, a la par que pasaba acariciando mi mejilla. Por mi lado yo lo rodeaba con mi mano izquierda a la altura de su cintura, tratando de no hacer tanta presión sobre sus costillas aun vendadas. Mi mano derecha lanzaba caricias a sus hombros y su pecho, en ese momento me hubiera gustado más que no trajera playera, sentir sus músculos era algo que me… atraída mucho. Empecé a sentir un leve sonrojo en mis mejillas, ¿Cómo era posible que estuviera pensando en… ese tipo de cosas después de haber estado llorando hace un momento? , solo esperaba que la obscuridad no le dejara ver a mi chico la línea de mis pensamientos.
Las caricias que Peeta me daba en mi mejilla eran tan reconfortantes, hacia vibrar cada punto que recorrían sus dedos, yo no sabía si él sentía lo mismo cuando mis manos pasaban por su rostro o algún otro punto de su pecho, solo esperaba que sí, puesto que era una sensación muy agradable.
Nuestras bocas se unían a cada rato, el sueño y cansancio que había tenido hace un momento se fue despejando, lo que mas me interesaba era tener los labios cálidos de mi chico entre los míos, darle roces y saborear la canela a la que siempre sabían por alguna extraña razón. Después de un largo beso, donde nos tuvimos que separar por la falta de aire, mi mejilla decidió recorrer la de Peeta, hacerle una caricia a través mi pómulo y mi cachete, sintiendo su barba de un día, sintiendo un rico cosquilleo; Peeta me jalo más hacia él, pegando nuestros cuerpos lo más que podía, mientras yo continuaba pasando mi cachete, incluso mi nariz sobre su mejilla, hasta que abrí los ojos y vi su lóbulo, que me llamaba a ser… un poco traviesa, ya que recordaba muy bien que ese era un punto muy sensible de él. No lo pensé dos veces y me fui acercando con leves besos sobres su oreja hasta llegar a su lóbulo, en cuanto mis labios hicieron una leve caricia, sentí como Peeta apretaba el abrazo, tensando gran parte de su cuerpo. Mi chico busco distraerse, ya que su mano fue directo a mi cabello, deshaciendo mi ya maltrecha trenza, así como también con la mano que me abrazaba empezó a subir y a bajar por mi espalda; todo esto en verdad me hacía sentir poderosa, me alentaba a seguir.
-K…Kat – mi nombre salió más como un jadeo.
-¿Si? – pregunte.
-Yo… te amo mucho bonita – logró decir mi chico, a pesar de que yo seguía con mi labor.
-Yo también te amo – le susurre prácticamente sobre su oído, lo que provoco que su piel se le erizara.
No sé si eran las hormonas, pero la situación era tan contrastante con respecto hace un momento, donde me sentía triste por ver a mi chico preocupado y todo el problema de mi salud, pero ahora me sentía… en otro lugar, era como si fuera otra persona, una persona que no le importaba el mañana, sino que simplemente me importaba él, el ahora y lo que estábamos sintiendo.
Por la misma circunstancia creo que mi cuerpo era el que empezaba actuar, a reaccionar, sintiendo cosas que solo experimentaba cuando la situación se iba poniendo más… intensa; esta vez estaba dispuesta seguir, tenía que encontrar la forma de que ambos nos sintiéramos… bien, alejados de todos los problemas y creo que esa era una forma muy adecuada. Mi mano que se aferraba alrededor de Peeta fue la que empezó todo, ya que poco a poco encontró lugar para subir su playera y tocar su piel directa, acariciar su espalda baja, hasta rozar el resorte de su pantalón de pijama.
Peeta no se quería quedar atrás, así que empezó a besar mi cuello, pero no eran besos desesperados como en otras ocasiones, eran roces, toques con sus labios, pero a veces eran besos… tronadores. Sus manos tampoco se quedaron atrás, me imito y fue metiendo su mano con la que me tenía aferrada debajo de mi playera del pijama, subiendo y bajando por toda mi espalda, incluso viajo más abajo, sin importarle el resorte del pantalón, por lo que yo también lo imite y volví a su lóbulo, provocando varios gemidos por su parte.
-oh Kat- suspiro a la vez que su boca buscaba la mía.
El beso empezó tranquilo, pero tanto él como yo, teníamos nuestras manos subiendo y bajando por la espalda, mientras que la otra estaba jugando con el cabello del otro. Mi lengua decidió ser más audaz, buscando dominar en todo momento, justo cuando sentí que lo estaba logrando algo me distrajo, distracción que Peeta aprovecho para tomar el dominio del beso, pero a pesar de que en varias ocasiones nuestros besos y caricias habían sido así de intensas, nunca me había tocado sentir… como Peeta estaba… tan inquietado, la presión que sentía en mi vientre y mi pierna era nueva, era… excitante, así que me pegue más a él (claro si es que era posible), Peeta inmediatamente reacciono a mi movimiento, sin embargo continuo con el dominio del beso, sentía que su boca abarcaba todo, seguimos así hasta que nos separamos por algo de aire, pero aun así el siguió con leves besos y roces en mi cuello, mientras que yo aun estaba… concentrada en todas las nuevas sensaciones que estaban pasando por mi cuerpo.
Volví a tratar de enfocarme en él, en hacer que se sintiera bien, en provocarlo aun mas, por lo que me dirigí nuevamente a su lóbulo, pero antes de llegar a él, sentí algo nuevo, algo que me saco de control.
-Oh, Peeta – gemí sobre su oreja al sentir que su mano había dejado mi espalda y ahora tenía mi playera hasta arriba, no sé cómo es que llego hasta ahí, pero ahora mis pechos estaban libres de tela y él aprovecho eso para acariciar uno de ellos, enviando un … cosquilleo de ese punto a mi centro, así que Peeta había descubierto un punto muy sensible de mi anatomía – ah…- gemí nuevamente cuando volvió a repetir el movimiento, supongo yo, que para confirmar cual había sido el punto en especifico.
-Música para mis oídos – dijo mi chico en un susurro.
-Yo… - por alguna razón empecé a sentirme mareada, no sé si era por todas las sensaciones nuevas que estaban pasando por mi cuerpo. Ambos respirábamos con dificulta, jadeantes como si estuviéramos haciendo mucho ejercicio. Apoye mi cabeza sobre su hombro y cerré los ojos, tratando de controlar el mareo.
-Bonita… ¿estas… bien? – dijo mi chico entre beso y beso que me daba a mi cabeza.
-S… si – me escuchaba muy agitada.
-¿Kat? – mi chico empezó a alejarme de él para poderme ver a los ojos – ¿nena que pasa? – esta vez se escucho preocupado en vez de excitado.
-Es que… esto… todo es muy…- empecé a sentir como el calor recorría mis mejillas.
Peeta termino de moverse para prender la luz de la lámpara de la mesita de noche, no sin antes bajar mi playera del pijama a su posición original.
-Bonita perdóname yo… no debí dejar que esto se pusiera así, que… -
-No digas eso, esto es de ambos – conteste algo enfadada, lo que menos esperaba es que se volviera a preocupar – es más, apaga esa luz y ven aquí – me recosté boca arriba, pero no pude evitar tocar mi cabeza para ver si controlaba el mareo.
-¿Katniss te sientes mal? ¿no es así? – el tono de Peeta era severo y alertado al mismo tiempo.
-Es solo… un mareo, ven y abrázame – le extendí los brazos como si fuera una niña pequeña.
-No… creo que es mejor que vaya por el doctor Marck o por la doctora Ingrid – Peeta se estaba poniendo de pie – seguramente los tipos que están afuera pueden hablarle por radio – Mi chico aun tenía un leve problema en su anatomía, a parte que su pantalón del pijama estaba muy torcido.
-Peeta – casi grite – espera, no me dejes – trate con el chantaje para que me hiciera caso – ya está pasando, a parte creo que… tienes que arreglar un pequeño inconveniente – con toda la pena del mundo le señale su problema.
-oh yo…- creo que nunca me había tocado ver a mi chico tan sonrojado y sin saber que decir.
-Ven aquí – yo nuevamente le tendí la mano, no me sentía capaz de levantarme – por favor –
-Bonita te tiene que ver el médico –
-No quiero un médico, al que quiero es a ti, por favor – volví aplicar los pucheros que Prim hacia cuando quería conseguir algo – estaré bien, mañana empezare el tratamiento, no te preocupes por eso, yo te lo prometí, quiero que… -
-Pero… te sientes mal –
-Ya paso, seguramente fue… pues- no supe como contestar.
-Espera, necesito ir al baño, no te levantes – el tono de Peeta estaba más tranquilo, simplemente lo vi desparecer por la puerta del baño.
Al regresar se veía más tranquilo – ¿quieres que te traiga algo? ¿un vaso de agua, té o leche? –
-No solo ven aquí – Peeta se metió en la cama, pero me obligo a ponerme de lado para que me abrazara desde atrás, para rodearme con sus brazos pero sin darme la cara.
-Vamos a dormir ya es muy tarde y tú necesitas descansar – dijo mientras enterraba su rostro en mi cabello.
-Pero yo… Peeta-
-Bonita solo descansa, recuerda que el doctor dijo que nada de esfuerzos y no estás durmiendo como debe ser, todo esto es mi culpa, así que por favor hazme caso, descansemos un rato –
Decidí no empezar una discusión, en parte él tenía razón lo mejor era que me atendiera todo este asunto, estar sana para poder estar tranquila, tanto él como yo, así que mañana en cuanto me despertara, hablaría con mi madre para saber su opinión al respecto y que me diera un consejo, yo no quería operarme, no quería salir del distrito por nada, solo esperaba que la solución del doctor Marck fuera la más conveniente, que no fuera necesaria esa cirugía.
n/a: Pequeñas mentes sanas e inocentes, discúlpenme por pervertirlos jajajaja, no en serio no quiero ser la causante de quitarles su inocencia, se que hay muchos menores así que por favor padres de familia fíjense que leen sus hijos es muy importante. Bueno espero que le haya gustado y ya saben entre mas comentarios mas rápido escribo jajajaj. Saludos y cuídense mucho, no hagan cosas buenas que parezcan malas y no hagan cosas malas que parezcan buenas jijiij.
