Los personajes no me pertenecen, son propiedad del gran Charles Addams.
Capítulo 4.
Los días al lado de Gomez pasaban increíblemente rápido, y pensar que nuestro reencuentro fue hace casi un mes…
Ophelia en seguida hizo amigos y estábamos la mayoría del tiempo separadas, a excepción de los descansos entre clase y clase, y las comidas. Aun así estábamos más unidas que nunca. No importaba que estuviéramos casi todo el día separadas, ahora era mucho más diferente que en el instituto. Ella tenía su vida aparte de mí, y yo de ella, pero sabíamos que podíamos contar con la otra en cualquier momento.
Respecto a las noches, era obvio saber lo que iba a pasar. No podía dormir sin Gomez, ni él sin mí. El primer día que nos encontramos fue horrible estar separados durante toda una noche. Después de nuestra cita fue como si aquella droga nos hubiera vuelto a enganchar.
Y no iba a mentir, me encantaba, me encantaba que él tuviera esa dependencia hacia mí al igual que yo la tenía hacia él.
Bueno, aunque por las noches dormir…no es que durmiéramos mucho. Al estar todo el día separados por las clases cuando teníamos un momento a solas no pensábamos desperdiciarlo, y nuestra pasión no nos lo iba a permitir igualmente.
A quien no parecía gustarle mucho eso era a Nancy, ya que compartíamos pared con pared. No hacía falta fijarse mucho en que estaba colada de Gomez. Aunque… ¿Y quién no lo estaría? Y aunque no soportaba cómo le miraba, no puedo reprochárselo, porque cualquier persona del universo querría estar con un hombre como él.
Lo único que me sabía mal era que Gomez no pasaba mucho tiempo con sus amigos. Y tenía ganas de que pudiera estar con ellos además de conmigo. Me encantaba acaparar todo su tiempo, pero no era justo. Por eso quería proponerle de salir el próximo fin de semana todos juntos…aunque eso incluya tener a Nancy cerca. Pero por él soportaría cualquier cosa.
Antes de decidir nada necesitaba comentarle todo esto a Ophelia.
Después de mi última clase aquel día fui a buscar a mi hermana hasta su facultad, donde quedábamos siempre para ir juntas a comer después.
Esperé sentada en las escaleras del edificio hasta que ella salió.
–Hey Tish, ¿Cómo te ha ido en clase? –preguntó Ophelia mientras me ayudaba a levantarme del escalón.
–Bien, los profesores están muy contentos conmigo, he sacado la mejor nota en el primer trabajo que nos han puesto. ¿Y a ti?
–Eso es genial, seguro que seguirás así todo el curso. –dijo Ophelia enganchándose a mi brazo – Pues muy bien, aunque al principio del día me he estado aburriendo mucho, porque estaban explicando cosas que sabía de sobras.
Me encantaba que Ophelia me explicara hasta lo más mínimo que le pasaba. Y pensar que hace unos años prácticamente no nos dábamos ni los buenos días…
Al llegar a nuestra habitación dejo la mochila con cuidado sobre el escritorio. En cambio Ophelia la tira de cualquier manera sobre la cama.
Me estiro sobre la cama y mi hermana saca a relucir su instinto de gemela al instante en que me mira.
–¿Qué te pasa? Te preocupa algo, ¿Verdad? –y como si leyera mi mente ella sola se respondió – Tiene que ser algo relacionado sobre Gomez.
–Sí…pero no es nada malo, creo. Es solo que desde que nos reencontramos hemos estado totalmente enganchados, sin contar el tiempo que pasamos separados por las clases y cuando estoy contigo. Y quería proponerle de salir con sus amigos este sábado, pero…aquí viene la parte mala supongo. Eso implicaría que Nancy también vendría con nosotros, y no me hace ninguna gracia tenerla cerca de Gomez. Aunque realmente no me preocupa, porque creo ciegamente en él, en quien no confío es en ella, y lo noté nada más verla por primera vez.
–Parece una chica simpática. –comenta Ophelia – Pero tienes razón en lo de no confiar en ella, hasta yo he visto como mira a Gomez. Y Cómo te mira a ti…ahí mucha simpatía no veo. ¿Le has dicho algo para que te mire con tanto desprecio? Que tontería, tú no harías algo así si no fuera necesario.
–No, de hecho las pocas veces que he hablado con ella he intentado ser simpática y agradable…dentro de lo que eso puede ser posible para mí. Más bien creo que es porque Gomez se pasa todo el día hablando de mí, y que por las noches…le toca aguantar nuestros apasionados encuentros por estar en la habitación de al lado. –Ophelia me mira entre horrorizada y a punto de partirse de risa.
–Doy gracias a no compartir habitación con ella. Pero entonces es normal, está celosa, al igual que tú por lo que parece, y como ella no quiere cagarla con él no dice nada, pero su mirada lo dice todo, solo que Gomez está muy ocupado embobado contigo como para darse cuenta de eso.
–Entonces, ¿Crees que es buena idea lo de salir con sus amigos?
–Claro, Nancy no se atreverá a hacer nada, y sus amigos echarán de menos pasar tiempo con él. Coméntaselo esta noche.
¿Qué haría yo sin ella? Dejar que los celos me consumieran sin motivo alguno seguramente.
–Gracias Ophelia, después hablaré con él entonces. –digo, mientras le doy un abrazo.
Después de comer, y una pequeña siesta, ambas nos pusimos con nuestros respectivos trabajos de clase.
He de admitir que el día a día sin tener a Gomez al lado era horrible, prácticamente me faltaba el aire si no lo tenía cerca. Por suerte con las clases y los trabajos la noche llegaba rápido, dentro de lo que cabe, y podía volver a estar con él.
Me había acostumbrado a echarme una siesta por las tardes, y así poder aguantar despierta por la noche el máximo tiempo posible. Cada segundo a su lado era un tesoro.
Después de la primera semana que pasamos juntos, acabé llevando la mitad de mi ropa allí, para así no tener miedo de llegar tarde a clase. Así solo tenía que preparar la mochila con los libros del día siguiente.
Cuando terminamos de cenar miré el horario que nos entregaron el primer día de clase, y preparé la mochila.
–Ophelia me marcho ya.
–Vale Tish, ánimo con lo que hemos hablado esta tarde.
–Gracias –me acerqué hasta su cama donde estaba leyendo un libro y la abracé para despedirme. –Hasta mañana.
Salí de la habitación y fui al ascensor, marqué el número de la cuarta planta y antes de que pudieran cerrarse las puertas, Nancy entró al ascensor.
Gracias destino, era justo a quién más quería ver ahora mismo.
–Buenas noches, Nancy. –saludé de la manera más amable que puedo. Me cruzo de brazos y aunque normalmente es mi pose natural, en ese momento sabía que era porque estaba a la defensiva.
–Hola Morticia. –saludó con una gran sonrisa, aunque más bien bastante falsa. – ¿Vas a ver a Gomez? –preguntó con cierto rencor en sus palabras.
–Claro, como cada noche. –al decir eso, Nancy me miró entre dolida y frustrada.
–Sí, os escucho perfectamente cada noche. –intenté no hacerlo, pero una media sonrisa invadió mi rostro. Y no es porque quiera ser borde con ella, o decirle algo malo sobre eso. Es que simplemente recuerdo todas y cada una de las noches que pasé con él. Y podría prometerle que no haríamos tanto ruido, pero es imposible, sé que lo es.
–Lo siento, no puedo prometerte nada, pero intentaremos que no vuelva a pasar. –no me servía de nada decirle que no quería hacerlo, que me encantaba que Gomez me hiciera gritar de placer, y conseguir hacerle gritar a él también. Pero no quería que las cosas fueran peor con ella, y por él iba a esforzarme en ser simpática con Nancy.
–Gracias. –y aunque lo dijo de manera tajante, parecía que había algo de simpatía en su voz. Parecía.
Salimos del ascensor y recorrimos el pasillo en silencio. Al llegar a las habitaciones saqué de la mochila la copia de la llave que me dio Gomez.
–¿Tienes una copia de su llave? –preguntó Nancy, y pude sentir como los celos invadían su voz.
–Claro. –antes de poder abrir siquiera la puerta, Gomez al escuchar mi voz desde el otro lado la abrió y me rodeó son sus brazos mientras me besaba como si no lo hubiera hecho en años. Al separarnos, Nancy miraba la escena atónita, y podía sentir mil dagas clavarse en mi cuerpo por cómo me miraba. Pero realmente después de ese beso todo me importaba poco.
–Hasta mañana. –dijo Gomez casi desesperado mientras entrábamos a su habitación.
En el momento en que cerró la puerta me acorraló entre ella y él. Se quedó a escasos centímetros de mis labios, hasta que finalmente se apoderó de ellos con urgencia, mordiendo mi labio inferior. Suspiré e instintivamente arqueé la espalda.
–Cara…te he echado tanto de menos hoy. –dijo mientras paseaba sus labios hasta mi cuello, clavando sus dientes en mi piel.
Eso ya se había vuelto una costumbre. Le encantaba dejarme marcas para demostrar que era suya. Y a mí me encantaba que lo hiciera.
–Querido, yo también te he echado de menos, pero vamos a tener que dejar esto para luego, necesito hablar contigo de una cosa. –realmente la charla podía esperar, pero sabía que si esto comenzaba ya no iba a querer parar, y al final no hablaríamos de nada.
–¿Ha pasado algo? –preguntó Gomez, mirándome totalmente preocupado.
–No, en absoluto, solo quería comentarte una cosa. –dije para tranquilizarle.
–Ah, entonces vamos a sentarnos. –propuso él señalando su cama. Se sentó apoyando la espalda contra la pared y yo me senté entre sus piernas. Una vez acomodados sacó un puro del bolsillo de su americana y se puso a fumar –¿De qué se trata?
–He estado pensando que sería buena idea que este sábado saliéramos con tus amigos. Desde que llegué casi no has pasado tiempo con ellos, y seguro que tienen ganas de estar contigo. Y aunque me encanta que estemos juntos siempre, también es bueno que salgas con ellos de vez en cuando.
–Me parece una idea brillante, Tish, mañana se lo comentaré.
–Solo faltaba que pensasen que quiero acapararte para mí sola o algo.
–¿Y no quieres hacerlo? –preguntó, acercándome más hacia su cuerpo.
–Mmh, puede ser.
–Pues yo sí que quiero, quiero que acapares todo mi tiempo, quiero ser tuyo y solo tuyo por toda la eternidad.
No dudaba en sus palabras, nunca lo hacía, pero siempre que me decía cosas así, necesitaba mirarle a los ojos, y ver que sus palabras salían directamente de su corazón.
Y una vez más, me perdí en la profundidad de su mirada. Y nada más en el universo existía, solo estábamos él y yo.
Junté nuestros labios desesperadamente y me dejé llevar como siempre hago a su lado. En ese momento poco me importaba lo que pensara Nancy, porque no iba a evitar gritar ni una sola vez. Y tampoco podría haberlo logrado de intentarlo.
Al día siguiente Gomez le comentó a sus amigos mi propuesta, y les pareció una idea genial, así que al sábado siguiente quedamos en salir por la noche a un local gótico del centro.
Cuando llegó el sábado le pedí ayuda a Ophelia para arreglarme. Al final se había convertido en mi estilista y maquilladora para ocasiones importantes y especiales. Y obviamente, el día de mi boda eso no iba a cambiar.
–¿Qué vestido debería ponerme? –le pregunté a mi hermana mientras miraba el armario indecisa.
–El que es largo y ajustado te quedaría muy bien. –comentó ella.
–Sí, pero si voy a bailar o algo es difícil moverse en él, mejor uno más corto. –dije mientras buscaba los vestidos más cortos que tenía. –Este puede estar bien. –dije al sacar un vestido de tubo de color negro, con las mangas de encaje y un gran escote, la falda me llegaba por encima de las rodillas y podía moverme perfectamente en él.
–Tish, este es perfecto. –coincidió Ophelia.
Una vez decidido el vestido, solo me quedaba maquillarme y peinarme.
Ya me había acostumbrado a usar el tipo de maquillaje que Ophelia usó en mi primera cita con Gomez, así que esta vez fue más rápida que la anterior vez maquillándome.
–¿Quieres hacerte algo en el pelo? –preguntó Ophelia.
–¿Qué te parece darle un poco de volumen? No quiero tirabuzones, pero si unas cuantas ondas.
–Entonces voy a por la plancha. –y dicho esto, mi hermana se puso a modelar mi pelo. Lo dejó perfecto, las ondas hacían que mi pelo pareciera una gran cascada que caía por toda mi espalda.
–Creo que vas a hacerme este peinado muy seguido. –bromeé.
–Siempre que quieras. –dijo ella.
–¿Qué zapatos me puedo poner? –le pregunté a Ophelia.
–Estos pegan con el vestido. –dijo enseñándome unos zapatos de tacón bajo de color negros. Y tenía toda la razón, combinaban perfectamente con el vestido.
Acordé con Gomez no vernos hasta que estuviéramos todos juntos, sabía que de ir así de arreglada y pasar el resto de la tarde juntos, todo el trabajo de Ophelia sería en vano por nuestra pasión desenfrenada. Y quizá no llegaríamos a tiempo donde habíamos quedado con los demás.
En cuanto comenzó a hacerse de noche, Gomez me envió un mensaje para avisarme de dónde habíamos quedado.
''Cara mia, ya estamos todos aquí, te esperamos en la entrada de la residencia.''
Cogí una chaqueta por si era necesario, aunque con él cerca, era difícil tener frío y el bolso con lo necesario.
Me despedí de mi hermana y fui al ascensor. Al salir ahí estaban todos, aunque al ver a Gomez, nadie más existía. Me acerqué hasta ellos y les saludé uno por uno, incluida Nancy. Tenía que reconocerlo, iba muy guapa, con un vestido rojo sangre que no dejaba mucho a la imaginación de lo corto y escotado que era. Lo importante era que Gomez no podía dejar de mirarme a mí.
Me acerqué a Gomez y le rodeé el cuello con los brazos.
–Estás deslumbrante…eres el ser más exquisito de la faz de la Tierra, nadie va a poder dejar de mirarte. –dijo Gomez, pasando sus manos por mi espalda hasta mi cintura, acercándome lo máximo posible a su cuerpo.
–Mientras no dejes de mirarme tú, el resto del mundo no importa. –le confesé, acercando mis labios a los suyos.
–Nunca podría apartar mis ojos de ti. –y sabía que era verdad. Le besé intentando contener las ganas de que aquello acabara siendo más que un beso y me separé un poco, pero sin soltarle el brazo. –Bueno, mejor que nos vayamos ya.
Fuimos caminando hasta el local, ya que el centro de la ciudad solo estaba a veinte minutos aproximadamente caminando desde la universidad. Gomez y yo íbamos delante del todo, él era el que había vivido desde siempre en esta ciudad y el único que sabía cómo llegar hasta allí.
El resto del grupo iba detrás de nosotros charlando animadamente. Menos Nancy, los demás me habían dado una muy buena primera impresión. Entre ellos se encontraban Charles y William, que iban a la misma clase que Gomez, y Steve, que iba a la misma clase que Nancy. Por lo que me había explicado Gomez, los tres primeros se conocieron en el instituto antes de entrar a la universidad, y después se hicieron amigos de él y Nancy.
Y bueno…Nancy no dejaba de echarle el ojo a Gomez durante todo el camino. Y lo entendía, estaba espectacular. En cambio Gomez no dejaba de agarrarme de la cintura y echarme miradas furtivas que me provocaban escalofríos. Me estaba volviendo loca, y me encantaba.
Al llegar al local, supe que no sería la última vez que iría allí, toda la ambientación era perfecta. Entre la iluminación roja y las paredes y cortinas negras me había quedado completamente cautivada. Al pasar la barra localicé las mesas rodeadas de sofás de estilo gótico, que juraría que eran de color rojo, ya que bajo la iluminación no se distinguía mucho el color a no ser que fuera negro. Junto a las mesas y los sofás estaba la pista de baile, y aunque el tipo de música que sonaba no era muy de mi estilo, no iba a desperdiciar la oportunidad de bailar con Gomez.
Por suerte aún no había llegado mucha gente al local, así que pudimos elegir cualquier sofá para sentarnos. Gomez fue directo al del final de la sala. Nos sentamos todos alrededor de la mesa.
–Con Fétido hemos venido muchas veces a este local. –me comentó Gomez.
Sabía que aquí no iban a servirme ningún té, y realmente era lo único que me apetecía para beber de momento. Pero sí que había una cosa que me apetecía mucho más.
Me acerqué a Gomez e intenté levantar la voz lo máximo posible para que me escuchase, ya que el local se estaba llenando con suma rapidez y comenzaba a ser difícil escuchar algo que no fuera la música o el murmullo de la gente.
–¿Te apetece bailar? –le propuse. Él no lo dudó ni un segundo, se levantó del sofá, ofreciéndome su mano para que me levantase con él, la tomé con mucho gusto y me levanté.
Nos situamos en la pista cerca de donde estábamos sentados, y comenzamos a bailar totalmente pegados. Como había dicho anteriormente, aquella música no era para nada mi estilo de baile, ni la de Gomez tampoco, pero aun así nos encantaba aprovechar cualquier ocasión para bailar.
Al mirar hacia nuestra mesa pude ver cómo nos estaba mirando Nancy, y por una vez, quise fastidiarla, por muy cruel que eso pudiera sonar. Sabía que tanto ella como yo, nos habíamos arreglado así para impresionar a Gomez, pero obviamente, él no iba a tener ojos para ella. Así que me arrimé a Gomez lo máximo posible, y le besé desenfrenadamente.
Nos separamos para recuperar el aire y antes de que pudiera volver a besarle, Gomez me llevó a través de la pista hasta la pared que quedaba al otro extremo de las mesas.
Me acorraló contra ella y se apoderó de mi boca, paseó sus manos por mi espalda hasta llegar a mis lumbares. Por un momento me miró directamente a los ojos, y sabía perfectamente lo que iba a hacer, y con todo el gentío que había a nuestro alrededor, sabía que nadie más iba a darse cuenta. Le besé en confirmación, y él pasó sus manos hasta mis muslos, y poco a poco fue subiendo la falda del vestido para poder tocarme mejor.
Definitivamente, este hombre iba a volverme completamente loca.
Después de nuestro pequeño y apasionado momento, volvimos a la mesa y me sorprendió la cantidad de vasos que había sobre ella, y para mi sorpresa, la gran mayoría eran de Nancy. Supongo que antes de aguantar nuestro amor desenfrenado, prefirió que el alcohol la consolase. A diferencia de ella, los demás estaban bebiendo con moderación y se notaba que lo estaban pasando bien.
Al sentarme, Gomez fue a buscar un cóctel para él y para mí, asegurándome que es lo que más podría gustarme de ese local. Y solo por el aspecto que tenía, no lo dudé ni un segundo, parecía estar hecho con sangre, y no sabía nada mal.
–Voy un momento al baño a retocarme el maquillaje. –le comenté a Gomez. Le di un beso en la mejilla y me levanté del sofá.
Por suerte no había mucha cola para entrar al baño. Me repasé el pintalabios y volví a salir para regresar hasta nuestra mesa.
He de admitir, que nunca, por nada del mundo, habría llegado a imaginarme que la escena que presencié, podría llegar a ocurrir en algún momento.
Me quedé completamente petrificada en el momento en que vi a Nancy abalanzarse sobre Gomez y besarle. Y lo peor de todo, es que él no hizo amago de apartarse. ¿Quería decir eso que había una remota posibilidad de que le gustase alguien que no fuera yo? Hacía un momento esa idea me parecía inconcebible.
En el instante en que la mirada de Gomez y la mía se encontraron, aquella especie de petrificación pareció desaparecer, pero sin poder controlarlo, me puse a llorar como nunca lo había hecho. Ni me molesté en coger la chaqueta que había dejado sobre el respaldo del sofá, me giré, y me fui.
Lamentablemente, no llegué muy lejos, ya que las piernas comenzaron a flaquearme cuando llegué a la esquina de la calle. Me escondí en el portal más cercano y dejé que las lágrimas fluyeran furiosas a su antojo por mi rostro.
Quizá me había engañado a mí misma todo este tiempo. Doce años es mucho tiempo, demasiado para esperar a alguien, y más siendo tan atractivo como es él…
Además, Nancy y él parece que siempre han estado muy unidos por lo que me había contado, y han estado juntos pared con pared durante dos años… ¿Por qué tendría que haberme esperado a mí teniéndola a ella?
–¡Tish! –la voz de Gomez resonaba por toda la calle, y se imponía sobre el barullo de la ciudad. No pensaba que saldría a buscarme. Me rezagué lo máximo posible dentro del portal para que no me viera, intentando controlar mi llanto para que no me escuchase, pero sabía que era imposible. A pesar de cualquier cosa, nuestra conexión era única, podríamos encontrarnos en cualquier situación.
Al pasar por delante del portal, sé que no me vio, pero sí que notó mi presencia. Se giró y me miró directamente a los ojos. Con lentitud se aproximó hasta mí, y se sentó a mi lado.
–¿Qué haces aquí? ¿No estabas muy ocupado con Nancy? Seguro que te echa de menos. –le solté aquellas palabras como si fueran puñales. Pero en ese momento no me importaba, estaba completamente dolida como para que me importase algo.
–¿De verdad crees eso? ¿Crees que te engañaría? –preguntó dolido.
Dudé por un segundo en si contestar lo que sentía o no, pero necesitaba ser completamente sincera con él.
–¿Por qué no? Hemos estado muchos años separados, y nadie te puso una pistola contra la sien para obligarte a esperarme. –dije entre lágrimas
–¿Y tú por qué me has esperado todos estos años? –preguntó resistiendo las ganas de romper a llorar.
Medité esa pregunta hasta que dejé la rabia de lado por un segundo, y dejé que mi corazón contestase.
–Porque te quiero, eres el amor de mi vida, y no podría pensar en nadie que no fueras tú. No podía imaginarme una vida sin ti a mi lado.
–¿Y crees que yo a ti no? ¿Que no te quiero con toda mi alma? Haría cualquier cosa por ti, y habría hecho cualquier cosa por estar antes contigo. Pero sabía que esperar iba a tener su recompensa, que pasase lo que pasase, el destino iba a hacer que nuestros caminos volvieran a ser uno solo.
–¿Y Nancy? –pregunté, temiendo lo que esa pregunta podía conllevar.
–¿Qué va a pasar? Pues nada. Es una buena amiga, y nada más. ¿Que está colada por mí? Claro que lo sé, eso se nota a kilómetros, y ¿Sabes? Por eso mismo dejé claro desde el momento en que noté eso, que estaba felizmente comprometido con la mujer más hermosa del universo. Cara, nunca he podido, ni podré, tener ojos para nadie que no seas tú. Eres mi vida, mi oxígeno, mi todo, sin ti sé que moriría. No puedo describir con palabras lo que me has hecho sentir siempre, desde el momento en que te vi por primera vez, me sentí completo, sentí que tenía corazón por una razón, y era por ti. Tish, nunca dudes esto, porque no hay nada más verdadero y sincero que lo que siento por ti. Y lo que ha pasado antes no me lo esperaba, ni yo ni nadie. Siento mucho que hayas tenido que ver eso, pero te juro que no ha significado absolutamente nada. Y si hace falta, pienso demostrarte de todas las maneras posibles que mi alma y mi corazón, son tuyos y solo tuyos.
Tome sus mejillas con las manos y le miré largo y tendido a los ojos. En el momento en que sentí completamente verdaderas sus palabras, le besé como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo.
–Mon amour…siento haberte dicho cosas tan horribles. –le abracé, escondiéndome en el hueco de su cuello.
–Oh Tish, ya sabes lo que me pasa cuando hablas en francés… –me acerqué más a su oído y le susurré de manera seductora.
–Oui. –se apoderó de mi boca una vez más, demostrándome que no había nada que perdonar.
Al final Nancy no se ha podido salir con la suya, y el amor a prevalecido sobre todas las cosas. Pero...¿Será la última vez que intentará interponerse entre ellos? Tendréis que seguir leyendo para descubrirlo.
¡En el próximo capítulo veremos por primera vez el POV de Gomez!
Muchas gracias por vuestros comentarios y por vuestro apoyo, espero vuestra opinión. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
