Hola! Bueno después de... mucha demora y días extraños en mi vida, les dejo el capi, esperando que les guste, no sin antes agradecer a todos ustedes por haber llegado hasta aquí, por seguir la historia a pesar de que me he tardado mucho en subir los últimos capis, muchas gracias a todos los que me regalaron un poquito de su tiempo dejando un comentario, saben que los amo. Bueno suficiente, les dejo el capitulo. Gracias.
Capitulo 46.
No escuche a Peeta cuando entro, tal vez el llanto no me dejo oír nada, solo vi como corrió de la entrada hacia mí.
-¡Katniss! ¿Qué pasa bonita? ¿Qué tienes? – ver su expresión, su rostro distorsionado por la aflicción entre mi mirada nublada por las lágrimas, solo sirvió para derrumbarme más.
-¿Por qué? – solo alcance a decir mientras él solo intenta abrazarme una vez que estuvo arrodillado a mi lado.
-Me estas asustando mucho – Peeta volteo a ver todo el desorden de la sala, los restos del jarrón y de la pantalla – ¿Qué paso? – dijo con la voz cortada.
Yo solo negué con la cabeza, incapaz de hablar o expresar algo; me sentía tan estúpida en dejarme llevar, en estar nuevamente en un estado tan deplorable, más teniendo en cuenta que él se preocupa por mí, no solo por mi estado, sino también por mi salud, porque él no sabía nada de qué fue lo que detono todo este asunto.
Peeta no espero alguna respuesta, solo permaneció a mi lado, abrazándome con fuerza, acariciando mi espalda y mi cabeza, tratando de reconfortarme, mientras que yo solo seguía abrazando mis rodillas, no me sentía capaz de moverme, dejé que la lagrimas siguieran, al final de cuentas, él, supongo que ya se estaba acostumbrando que fuera una llorona, una débil que no sabe controlar sus emociones.
-Bonita… por favor – Peeta me hablo después de un buen rato – vamos dime que paso, dime si te sientes mal o… odio verte así – dijo desesperado.
No sé si fueron sus palabras o más bien la desesperación que se oyó en sus palabras, pero fue lo que me hizo reaccionar para tratar de calmarme, no podía permitir que se siguiera preocupando. Cuando lo vi directo a los ojos, vi que estaban a punto de soltar lagrimas, no sé si de desesperación, de miedo o de que.
Simplemente voltee a verlo fijamente para después aferrarme a sus brazos, a envolverlo con fuerza y también recibir un abrazo con fuerza, a pesar de que lo había desestabilizado un poco, fue un abrazo que incluso fue doloroso porque me aferro con potencias.
-Nena, dime que paso… -
Por más que intente no pude hablar, solo me deje llevar y volví a empezar a llorar, pero fue más tranquilo, solo dejando escapar las lagrimas, simplemente tratando de controlar su salida, por una salida más ligera y menos ruidosa.
Mi chico dejo de insistir después de un rato, solo me abrazo y dejo que mis lagrimas fluyeran, no estoy del todo segura, pero creo que en algún momento me acompaño, sus brazos eran reconfortantes, pero aún así el vacio seguía estando, esta vez era muy diferente a comparación de otras ocasiones, esta vez esa simple fecha me había afectado demasiado.
Peeta se puso de pie una vez que mi llanto paro, me tendió una mano para apoyarme y de esa manera lograr levantarme; cuando intento llevarme al sofá solo negué y trate de empezar a caminar hacia el lado contrario, él me siguió, pero estaba tan débil que me tuve que apoyar en él.
-Hey… Kat me estas asustando –
-Por… por favor ayúdame a… subir – nuevamente intente caminar, pero me sentía mareada, débil, pero sobre todo sin ganas de nada.
Peeta no dudo ni dos segundo y me levanto en brazos, yo solo lo ayude con mi peso envolviendo su cuello y recargando mi cabeza en su hombro.
-Bonita… ¿vas a decirme que pasa? o solo… ¿dime si necesito llamar al médico? – Peeta ya me había dejado en mi cama, poniendo una cobija a mi alrededor.
-No… no quiero ver a nadie solo… - yo tome a peluso entre mis brazos, de un tiempo para acá siempre estaba en mi cama, a mi lado para que fuera abrazado cada que lo necesitara y ese momento era uno de esos. En cuanto lo aferre con fuerza, sentí como las lágrimas volvían a mi, si es que en algún momento desaparecieron.
-¿Kat… tiene esto… algo que ver con…Prim? – él dudo mucho en pronunciar su nombre, pero me conocía muy bien y sabia que si mi estado de ánimo decaía tan deplorablemente era por eso.
-S… sí – mi voz se es escuchaba débil, rasposa, me dolía la garganta – por favor… solo abrázame – prácticamente le suplique.
Peeta no tardo en estar acostado a mi lado, envolviéndome en un tierno abrazo –Sh… tranquila Kat, no sé qué paso pero… debes estar tranquila –
-No… no puedo Peeta – negué con la cabeza – no puedo –
-¿Por qué no me dices que fue… lo que paso? –
-No me dijiste – mi voz era un susurro -¿Por qué no me dijiste que… hoy se cumplía un año que mi…? –
No fui capaz de terminar, no pude seguir, sabía que si continuaba hablando volvería a caer en un llanto incontrolable, volvería a dejar que la crisis se apoderara de mí –
-Oh bonita – Peeta supo al instante de que le hablaba, así que sabía muy bien la fecha por la que estábamos atravesando.
-¿Por qué no me lo dijiste? – volví a repetir, tal vez dejando que la rabia se encargara un poco de mi en ese momento.
-Yo… no sabía… Kat – mi chico suspiro muy fuerte - ¿Qué era lo que te iba a decir? Ve como te has puesto, a parte yo… yo pensé que tu… preferirías que esto… esto-
-Es que… con todo lo del problema del 13, mi enfermedad, Haymitch yo… yo no quería poner atención a las fechas, pero… hoy me di cuenta que aunque las ignore, que aunque me niegue a saber el día, sabía que este día estaba cerca, pero sobre todo sabía que esto aun no lo había superado –
-Tranquila… no… no sé qué decirte, es tan difícil, bonita en verdad me asustaste mucho –
-Perdóname –
No volvimos a decir nada, solo nos abrazamos, más bien Peeta me abrazo, hasta que mi depresión fue más fuerte y me llevo a un sueño profundo, el cual no fue grato, ya que las pesadillas estuvieron presentes, pero afortunadamente mi chico no se separó de mí y me ayudo a salir rápido de ellas.
El timbre sonó varias veces, pero ni Peeta ni yo hicimos el intento de salir, él no se quería despegar de mi, y eso lo gradecí, porque no quería ver a nadie, solo quería estar abrazada a él, escuchando el ritmo de su corazón para así irme tranquilizando, relajando, aunque cada que cerrara los ojos veía a mi hermana una y otra vez.
Peeta solo se despego de mi para bajar por algo de té y unas cuantas galletas que había horneado en la mañana. Yo no quería comer nada, no quería hacer nada, era como haber retrocedido en cuestión de segundos, sin hacer anda, sin decir nada. La única diferencia esta vez, es que mi chico del pan estaba conmigo, consolándome, abrazándome, cuidándome; esta vez no era yo quien cuidaba si no que me cuidaban.
Cuando Peeta bajo a dejar los restos de la comida y platos, el timbre volvió a sonar, por lo que abrió para dejar pasar a Paul, quien venía a checarme la presión como todos los días antes de irse a descansar.
-Hola Kat… creo… Peeta me dijo que no estabas muy bien hoy –
-No… solo – creo que fue peor verlo, porque al final de cuenta él fue parte de mi patito – no quiero hablar, solo has lo que tengas que hacer –
-Kat no… no te pongas así – me reprocho Peeta.
-No importa, por favor descúbrete el brazo para ver como esta tu presión hoy – Paul se había puesto en su rol de doctor. Yo hice lo que me pidió y lo deje trabajar, pero justo cuando estaba terminando lo vi directo a los ojos. Eran de un color amielado, nunca me había dado cuenta, a pesar de su corta edad, tenía ya marcada una arruga entre las cejas, supongo yo que era porque siempre que se concentraba fruncía el seño, como lo estaba haciendo ahorita.
-¿sabes qué día es hoy? – le pregunte, con un susurro, la garganta aun me dolía, por lo que carraspeé.
El volteo a ver a Peeta, buscando tal vez permiso para hablar de la fecha, porque era obvio que todo mundo estaba enterado del día, todo mundo estaba celebrando la caída de Snow, pero por lo visto mi chico se había encargado de que no me diera cuenta o no lo sé, tal vez eran puras su pociones.
-Otro día más – dijo Paul secamente.
-No lo creo – volví a carraspear.
-Paul ¿podrías revisarle la garganta creo que... la tiene irritada? – dijo mi chico al sentarse a mi lado.
-Claro – él saco un abate lenguas de su maletín y me lo introdujo en la boca. Yo era como un muñeco, que se dejaba hacer, no tenía ganas de moverme, de pelear esta vez de que no tenía nada, solo me deje llevar.
-Tiene muy irritada la garganta, pero… no creo que sea una infección es solo la irritación ¿te duele aquí? – Paul puso sus mando bajo mis oídos, estaban frías y recorrió toda mi garganta, yo solo negué – no tomes cosas frías ni muy calientes, trata de no hablar mucho y mañana la checare para ver si la irritación bajo –
-De por si no ha hablado mucho – Peeta hablo por lo bajo, pero aun así lo escuche.
-Bueno me retiro, cualquier cosa saben dónde encontrarme –
Justo cuando estaba por salir volví hablar – entonces para ti ¿no significa nada este día? – Paul se quedo parado en la entrada pero sin voltear a verme.
-no es que no importe, finalmente hace 365 días dejo de estar aquí con nosotros, pero… el dolor es igual ayer, hoy o mañana – sin esperar a que le contestara desapareció de la vista.
-Bonita… sé que es difícil pero…-
-Paul tiene razón – dije acurrucándome en la cama, no quería hablar, no quería saber nada más.
Fue una noche más que difícil para ambos, yo con mis gritos, Peeta tratando de consolarme; por lo mismo al día siguiente ambos teníamos muy marcadas las ojeras nuevamente, estábamos cansados, pero mi chico siguió con su rutia, empezó a hornear en mi cocina, ya que cuando pasaran los 10 días de reposo había dicho que volvería abrir la panadería. Yo ese día permanecí acostada, no me interesaba nada, finalmente tenía que estar en reposo, ni siquiera fui capaz de levantarme para asearme. Peeta intento que desayunara, pero no me sentía con ganas de nada, comí solo un poco para no preocuparlo, ya que la anemia había estado aun días pasados, así que no me iba arriesgar a que mi salud mermara. También no me sentí capaz de comer mucho porque aun tenía la garganta irritada, así que me costaba un poco pasar los alimentos.
Pasado de medio día el timbre sonó, solo rogaba que no fuera Effie, esperando que fuéramos a ver a Haymitch porque no estaba de humor para ver a nadie, pero la conocía así que entraría aquí con todo su escándalo y diciendo que no fuera una jovencita perezosa o algo por el estilo.
Paso un rato y no escuche nada, tal vez solo había sido Jeyson con algún recado para Peeta o algo de correspondencia, ya que hoy había llegado el tren.
Estaba yo envuelta en la cama entre cobijas hecha un ovillo, tal vez me había cansado de llorar, tal vez ya me había secado, pero aun sentía la tristeza latente, presente, siempre lo estaba pero hoy era con más fuerza. No sé qué hubiera hecho en esos momentos si mi chico no estuviera conmigo, él no me presionaba, simplemente me hacia compañía en mis silencios, veía que comiera algo o me abrazaba para consolarme, lo más probable es que si no estuviera conmigo, yo ya estaría totalmente loca o simplemente ya no estaría.
De repente escuche que alguien entraba a la recamara, escuche un leve suspiro, pero estaba yo segura que no pertenecía a Peeta, así que me gire para ver de quien se trataba.
-¡¿Ma… mamá?! –
-Oh mi niña – mi mamá corrió a mi lado, con los ojos llenos de lagrimas. No pude reaccionar, estaba muy impactada por su presencia, jamás me lo hubiera imaginado.
Mi madre me envolvió en un fuerte abrazo, sin inhibirse por las lágrimas, pero a la vez su gesto me… desconcertó, ya que después de la muerte de mi padre era rara las ocasiones que nos habíamos abrazado, que nos habíamos demostrado el afecto.
-¿q…qué haces aquí? – dije con trabajos, aún muy sorprendida por su presencia.
-Tenía… que verte – mi mamá lloraba mucho – saber… que todo… oh Katniss – me envolvió nuevamente en un abrazo atrayéndome hacia ella, escondiendo su rostro en mi cabello, el cual acariciaba con ternura.
Me sentía extraña, primero por la muestra de afecto de mi madre, segundo porque no esperaba verla nuevamente en el distrito y tercero porque había llegado en un momento muy difícil.
-¿qué sucede Katniss? – ella se alejó y empezó a acariciar mi mejilla –Peeta dice que… no te encuentras bien, que ayer te encontró muy… alterada – las lágrimas de mi madre aun caían.
-Yo… - carraspee – es que ayer… bueno – estaba muy desconcertada, su presencia aquí era algo… que jamás esperaba, así como sus gestos de cariño.
Mi madre me volvió abrazar, no sé qué fue lo que paso, pero ambas empezamos a llorar, peor que nunca, simplemente nos aferrábamos con fuerza, tratando de consolarnos una a la otra, era evidente que ella también sabia en que fechas estábamos, era evidente que vino en un momento muy difícil al distrito.
Entre los sollozos pude ver que Peeta se apoyaba discretamente en el marco de la puerta, supongo que no quería interrumpir el momento, pero a la vez cuidaba que todo fuera bien.
-Katniss, perdóname, sé que … no he sido una buena mamá, que… yo no supe sobrellevar las cosas – ella lloraba, dejando salir las palabras atropelladamente.
-No… no digas…- me puso un dedo sobre la boca.
-Sí, necesito pedirte disculpas, lo necesito… desde hace mucho…-
-Sabes que… no es necesario –
-Sí, lo es, estoy perdiendo a mi única hija, a lo más importante que me queda de mi vida, sé que las cosas entre las dos no han sido de lo mejor, pero… no quiero verte así, es… - mi mamá hipo entre las lágrimas – es como ver un espejo, ver mi reflejo cuando no supe… controlar mi desesperación, mi angustia y el dolor por perder a tu padre, ambas hemos pasado por cosas horribles –
Mi madre tenía mucha razón, el dejarme caer, el no levantarme de la cama, dejar que el dolor me invadiera, era como estar en las mismas circunstancias en las que ella llego a estar cuando lo de mi padre; ahora me daba cuenta del dolor por el que estaba pasando, ahora la entendía un poco mejor, pero también ella tenía dos razones muy importantes para seguir, eso era lo que nunca llegaría a entender, pero en este momento al hacerme ver como… me había dejado caer por la depresión, la comprendía un poco y de cierta manera tenía algo de empatía con ella.
-Espero que… algún día me perdones, por dejar que mis bebes sufrieran de esa manera, por dejarte toda la responsabilidad –
-Mamá… yo…- no sabía que decirle, yo siempre la había juzgado muy fuerte, la había acusado sin saber muy bien por lo que pasaba, solo ahora que tenía a Peeta era que entendía un poco su… aletargamiento, ya que incluso yo pase en algún momento por lo mismo y de solo imaginarme que pasara algo igual me estremecí a la vez que me dieron ganas de correr a abrazar a mi chico.
n/a: se que me pidieron que en recompensa el capitulo fuera mas largo, pero resulta que pues no pude, ya que termine dividiendo para sacar el capitulo siguiente, así que ya va avanzado, solo espero que esta semana pueda retomar la escritura, aunque sea en ratitos. En fin, espero que les haya gustado el capi, no olviden dejar sus comentarios y nuevamente Gracias por todo. Saludos y les digo una cosa... no he podido comprar mi peliiiiiii snif snif.
