Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
II
Sarada Uchiha
La cortina de la ventana se movía con sutileza a la par de los susurros de viento. A lo lejos escucho unas pisadas que se alejaban lentamente de su habitación, porque ahí es donde estaba. No necesitaba abrir los ojos para reconocer la suavidad de las sabanas, el aroma del Iris blanco recién cortado a su derecha - donde debía de estar su mesa de noche - y lo que termino de resolver sus dudas fue el suave pelaje de Motas - el osito panda - en la cabecera de la cama.
Se movió con dificulta incorporándose junto a un episodio de tos que dejo fluir con naturalidad. Llevo sus manos hasta el pecho en un intento frustrado por calmar el desastre que ahora eran sus pulmones y regreso la vista a la ventana. El cielo seguía siendo gris, impidiéndole descifrar la hora con la posición del sol. ¿Que había pasado? ¿Cómo había llegado hasta allí? Un efímero recuerdo de unas vigas de madera le hizo cerrar los ojos concentrándose en las imágenes que poco a poco llegaban a su mente enlazando los cabos sueltos. Si antes no le dolía la cabeza ahora sentía que le explotaría sin previo aviso.
Llevo ambas manos hasta su rostro caliente por la fiebre, cubriendo la vergüenza que le acongojaba ¿Cómo pudo ser tan torpe? Soltó un bufido de frustración. La humillación de haber desfallecido en plena misión la hizo sentirse enferma, más de lo que ya estaba.
Antes de ahogarse en una mar de insultos para sí misma la puerta se abrió, mostrando la esbelta figura de Sakura envuelta en un delantal estampado y una bandeja con comida en ella.
–Mamá - susurro Sarada al reconocerla.
–¿Cómo te sientes? – pregunto con aquella voz maternal que la hacía sentir aún más culpable.
No le respondió. Quería saber que había sucedido pero para ese entonces ya se había hecho un relato bastante verosímil de los acontecimientos.
Justo antes de perder el conocimiento, y desmayarse ridículamente ante el público de constructores que contarían la divertida historia de la niña Uchiha por días, pudo reconocer la voz de Sarutobi-sensei. La había salvo de una caída dolorosa, se prometió darle las gracias la próxima vez que lo viera. Acto seguido de su dramática caída, la llevaron directamente al Hospital Central, donde su madre la atendería sin importar si su condición merecía esperar en comparación a otros pacientes, y no la culpaba, había algo que superaba el triaje convencional y era el título de "hija".
Una vez estabilizada y diagnosticada con alguno de esos nombres extravagantes, típicos de la jerga médica, y demostrando que no había ningún peligro, la trasladaron a su casa para mayor comodidad. Sakura se habrá tomado el día libre y probablemente la semana completa para cuidarla, todo por culpa de sus aventuras de entrenamiento bajo la lluvia.
–Te traje algo para comer – dijo la pelirrosa interrumpiendo la cadena de eventos en la mente de Sarada obligándola a caer de nuevo en la realidad -, como te saltaste el almuerzo me imagino que debes de tener hambre.
Lo admitía, tenía hambre pero la carencia de apetito le hacía ver todo repulsivo. No lo demostró con la mirada, simplemente acepto la bandeja donde una sopa caliente esperaba por ella y le agradeció a su madre con asentimiento de cabeza.
–Ya no tienes casi fiebre – afirmo Sakura tocándole la frente con el dorso de su fina mano -. Te sentirás mejor en un par de días. Tienes un resfriado común, nada grave, aunque empeoraste por el excesivo entrenamiento. Konohamaru estaba muy preocupado, y también tus amigos. La próxima vez que te quieras divertir bajo la lluvia piénsalo dos veces, shanaro.
Sarada vio cómo se cruzaba de brazos en desaprobación. No era un regaño, no lo sintió como uno, la voz que utilizo sonó más a un leve reproche que a un irritable sermón.
–Lo siento – dijo por fin la pequeña Uchiha regresando la mirada a la sopa sobre su regazo.
–Está bien, pequeña – murmuro Sakura rozándole la rosada mejilla por la febrícula -. Vamos, tomate tus medicinas y come algo, te sentirás mejor dentro de un rato.
–Gracias… mamá.
La noche paso sin mayores inconvenientes. Escuchaba cada vez que Sakura abría la puerta para verla descansar. Fueron cuatro las veces que le tomo la temperatura disimuladamente y, cuando de golpe regreso la rebelde tos, se apareció como un rayo para posar la mano en su espalda aliviando el malestar con una de sus hábiles técnicas. Ciertamente pudo descansar lo suficiente a costa del desvelo de Sakura, cosa que no ayudaba para nada a su autoestima.
La mañana del día siguiente aparecieron Sarutobi-sensei, Boruto y Mitsuki para visitarla. Le trajeron algunas flores que hicieron compañía a las que su mamá cambiaba todos los días en la mesita de noche. Era un pequeño ramo de claveles amarillos, de esos que se escogen al azar en un intento apresurado por salir de una floristería con algo distinto a un juego de rosas. Konohamaru le entrego el paquete a Sakura orgulloso de su idea por traer un regalo a su protegida. Grave error. La pelirrosa, en un intento de mostrarse amable, los recibió con una sonrisa que mezclaba agradecimiento e incredulidad. Sarada contuvo las ganas de reír cuando su mamá arrugo el entrecejo al momento de colocar los claveles en el jarrón de la mesita de noche, manifestando su gratitud ante el presente pero sin demostrarlo con palabras.
Un hecho que pocos conocían era que, para Sakura, las flores eran algo más que un montón de pétalos que lucían decorativos y agradaban a la vista. Para ella tras cada tallo y espina había un simbolismo que respetaba profundamente, por lo que era comprensible su ofensa ante la elección de aquel tipo de flores para su hija. Sarada, por su parte, no les culpaba. Infería que sus amigos y su sensei desconocían el significado de esos claveles amarillos. Nadie en su sano juicio le daría a una persona convaleciente un puñado de claveles que representaban, en el lenguaje de las flores, un claro mensaje de rechazo, desprecio y desilusión para quien los reciba. Además, estaban hablando de un patético trio liderado por un revoltoso rubio carente de escrúpulos; un simpático niño de dudosas procedencia y un Jounin tan despistado que desesperaría a cualquier mujer. Una combinación para nada prometedora. Aun así, para Sarada, ese trio de incompetentes le hacía sonreír incluso en circunstancias tan triviales como aquella. Ellos eran sus amigos, como su segunda familia.
Una vez superada la penosa escena de las inapropiadas flores – percibida solo por Sarada -, Sakura hizo los saludos de rigor antes de retirarse y dejarlos charlar tranquilamente. Hablaron por un buen rato donde su sensei se excusó, pues tenía una misión importante, mientras que Boruto y Mitsuki se quedaron un poco más colocándola a Sarada al tanto de su misión actual.
–El trabajo fue duro ¿sabes? – le reprocho Boruto sentado en una silla al revés, apoyando el mentón en el respaldar –. Después de que nos comentaron que estabas bien Sarutobi-sensei nos mandó de nuevo a la mansión ¿Cómo hiciste para cargar esas vigas estando así? ¿Eres un fenómeno o algo así? Dattebasa.
–¿Qué tratas de decir con eso? – bramo Sarada a punto de bañar sus ojos con el carmesí del Sharingan.
–N-nada, nada – se arrepintió Boruto desviando la mirada.
–Nos informaron que debemos seguir con la misión toda esta semana – agrego Mitsuki tomando un sorbo del té que Sakura les había traído a la habitación.
–Y tendremos que hacer tu parte, para variar – le reprocho de nuevo el Uzumaki -. En la próxima misión te tocara hacer trabajo doble para compensarlo, o tal vez mas dangos. Lo que te parezca más factible.
–Interesado – le gruño Sarada cruzándose de brazos.
–Lo de los dangos no es mala idea, tu mamá hace unos increíbles, Sarada. Vaya que es buena cocinera, y también una increíble medic-nin – le alago Mitsuki comiendo uno de los dichosas bolitas. Después de que la pelirrosa se enterara de que todos amaban sus dangos no dudaba en consentir sus paladares.
–¿Viste como la atendió cuando llegamos al hospital? ¡Fue asombroso! – exclamo Boruto con su indiscutible voz chillona -. Fue toda una escena. Te examino en menos de diez segundos y ya sabía que tenías, es como si sus ojos tuvieran una máquina de rayos X. Luego te sentaron y con un golpe en la espada ¡Bam! Estabas tosiendo como loca.
–Y eso no fue todo ¿Recuerdas al shinobi que llego cuando regresábamos a la construcción, el de la pierna amputada? – intervino Mitsuki.
–Uuy, sí – dijo Boruto con desagrado -. Tenía mala pinta.
–Supe que Uchiha-san pudo salvarle la vida ¡Incluso la pierna!
–¡¿Enserio´ttebasa?!
Siguieron alabando las habilidades de su madre por uno buen rato donde Sarada meditaba lo que decían en silencio. Sakura Uchiha era reconocida por sus amplios conocimientos heredados de la mismísima Tsunade-hime legendaria Sennin y Godaime Hokage. Tenía unos zapatos muy grande que llenar, pero lo hizo y con creces. Supero a su maestra como nadie lo hubiera hecho, ni siquiera la mismísima Shizune-san. Sarada no decía todo aquello simplemente porque era su madre, todos lo hacían, en todo caso el único que tendría las posibilidades de superarla sería el primer Hokage, pero tenía sus dudas. Había visto muchas veces a su mamá en acción, llena de sudor y sangre, atendiendo a cientos de personas sin descuidar a ninguno. Creía difícil que alguien destacara tanto como ella lo hacía.
–Tenemos que irnos. El deber llama – alerto Mitsuki después de unos minutos más de conversación. Se levantó haciéndole una seña a Boruto para que lo imitara -. Vamos.
–No quiero ir, es mucho trabajo, aun me duelen los hombros de tantas vigas que cargue – se lamentó el rubio a punto de llorar.
–No seas un vago. Sarada necesita descansar y nosotros vamos tarde para la construcción.
Después de un par de reproches por parte de Boruto, se despidieron y Sarada volvió a quedar sola. Paso el día leyendo un libro y viendo televisión, pasando los canales totalmente desganada. En un experimento por salir del circulo vicioso en que se había convertido su día, probo levantarse para estirar las piernas. Mala idea. Aun no tenía las fuerzas suficientes, aunque los episodios de tos habían disminuido, las energías que le quedaban las gastaba en su tosca respiración y el pasar las hojas de la novela "Como debe morir un ninja". Ante tal debilidad física, se rindió y quedo postrada en la cama todo lo que quedaba de tarde hasta muy entrada la noche.
–La lista de la morgue es muchísimo más optimistas que ese libro – considero Sakura irrumpiendo en la habitación junto a un vaso lleno de agua y un par de píldoras en la otra mano.
–No tengo más nada que leer – increpo Sarada dejando la lectura a un lado para tomar sus medicamentos.
–¿Cómo te sientes?
–Mucho mejor, ya no tengo tanto dolor, aunque si algo de malestar.
–Déjame revisarte.
Sarada le permitió que levantara su camisa para inspeccionarle la espalda con las manos llenas de chakra color verde. Obedeció cada vez que le pedía exhalar e inhalar, y en un par de minutos Sakura le regreso una mirada de satisfacción.
–Hija mía tienes que ser. ¡Sanas como un bólido!, dentro de poco estarás dando saltos con Boruto y Mitsuki lista para tu próxima misión.
–Eso espero, no soporto estar tanto tiempo en cama. Es aburrido.
–Te puedo dar algunos libros que tengo, son algo viejos pero muy buenos.
–La mitad de tus libros son de jutsus médicos – murmuro sin querer sonar grosera –, nada de eso me agrada.
–Acabas de apagar la pequeña esperanza que albergaba de que seas un medic-nin – dijo Sakura bajando la cabeza desalentada.
Normalmente las personas estaban dispuestas a seguir el camino de alguien que admiraban profundamente. En el caso de los pupilos continuarían el legado que dejaban sus maestro y en el caso de los hijos el de sus padres. Era casi un sentido del deber que debía de ser respetado. El inconveniente radicaba en que, para Sarada, sus dos grandes ejemplos a seguir eran un padre nómada con un claro desinterés por su familia y una madre que gastaba sus energías todos los días en la sala de un hospital. Ninguna de esas dos vidas tan disparejas llamaba su atención, en lo absoluto.
–Lo siento, mamá – articulo Sarada encogiéndose de hombros y querer desilusionar aún más a Sakura se justifico diciendo -. No le tengo mucho afecto a la sangre, especialmente a la ajena.
La pelirrosa curvo sutilmente los labios al tiempo en que se sentaba en la orilla de la cama tambaleándose un poco.
–Eso es bueno – murmuro.
Sarada cruzo las piernas bajo las sabanas para darle más espacio sin quitar aun el rostro interrogativo.
–¿Por qué lo dices?
–Porque pensaras dos veces antes de lastimar a alguien - concluyo con naturalidad.
Sarada arrugo el entrecejo molesta.
–Suena a debilidad.
–Todo lo contrario – intervino su madre viéndola con determinación -. Cualquiera puede golpear a otra persona, hacerle daño a alguien más es muy sencillo. El verdadero desafío es comprender a tu rival y buscar soluciones no por la fuerza sino a través de las palabras.
–Si ese es el caso ¿Debo tener compasión por el enemigo? – entendió Sarada sin perder el disgusto ante el comentario.
–Solo debes de comprender sus ideales, compartir su dolor sin que eso haga cambiar tus principios.
–Pero él no tendrá los mismos principios que yo. No dudaría en atacar.
–Eso es lo que los hace diferentes – añadió Sakura obligando a Sarada a cambiar el ceño fruncido a un rostro lleno de confusión e intriga. La pelirrosa debió percibir el cambio en la expresión de su hija pues suavizo sus gestos y continúo con voz gentil -. La meta en una batalla no es acabar con la otra persona y terminar un conflicto con los puños cerrados. Descifrar las calamidades de tu contrincante puede hacerte entender lo duro que ha sido para él vivir en este mundo shinobi.
Sarada bajo la mirada. Su madre tenía razón. Todo aquello le recordaba algo que había aprendido el día anterior, solo que estaba vez se aplicaba a otra situación, pero el fin era el mismo.
–Empatía – dijo por fin después de un par de segundos de meditación.
–Exactamente – sonrió Sakura feliz por la respuesta de la pequeña Uchiha.
–Sarutobi-sensei nos ha enseñado sobre eso.
Sakura se acercó a Sarada, le quito los anteojos con delicadeza y los dejo en la mesita de noche junto al libro que estaba leyendo minutos atrás.
–Konohamaru vivió tiempos difíciles – siseo sin ver directamente a los ojos azabaches atentos a cada palabra -. La guerra te hace ver las cosas de manera distinta, te cambia, te hace más fuerte.
–La cuarta guerra… - repitió Sarada para sí misma.
Jamás escuchaba a Sakura hablar sobre la guerra. Cuando podía exprimirle algo de información comenzaba con "fueron días muy difíciles", pasando por "perdimos a muchos compañeros" y terminaba agregando con sus inconfundibles sonrisas "Gracias al cielo que todo eso ya termino, no hay necesidad de contar historias tristes". Pero generalmente era Sarada la que preguntaba, su madre de ningún modo rememoraba aquellos días.
–No sueles hablar de eso - comento la menor de los Uchiha -. Nunca.
–No es el típico cuento de hadas que le narras a tu hija antes de dormir – enfatizo Sakura, advirtiendo el interés de su hija por conocer más información sobre la guerra por lo que concluyó diciendo -. Bien, mucha charla por hoy. Es hora de descansar.
–No tengo sueño - se adelantó a decir -. Quiero que me cuentes una historia.
–Sabes muy bien que no hablare de la guerra.
–Lo sé – debía improvisar algo rápido, algo que no cambiara el rumbo de la conversación y así enterarse sobre la desempeño de sus padres durante el combate -. Pero puedes contarme algo distinto.
–¿Cómo qué?
–No lo sé – un bombillo se encendió en alguna parte de su cerebro. Sakura era medic-nin, seguramente su trabajo durante la guerra había sido atender pacientes gravemente heridos, lo peores casos son los que ocurren durante las batallas. Sonrió internamente y agrego con un toque de inocencia en su voz -. Que tal, el peor paciente que te ha toco atender.
Sakura arqueo una ceja.
–¿Por qué preguntas eso?
–Curiosidad.
–¿De verdad quieres saber? Tomando en cuenta tu pobre afecto por escenas de cuerpos en descomposición.
–Tómalo como una oportunidad para hacerme cambiar de opinión sobre ser una medic-nin – estaba cerca, ya podía imaginarse los admirables actos heroicos de su madre. No resistió el silencio así que insistió -. ¿Y bien? ¿Cuándo fue? ¿Quién fue?
Sakura coloco el dedo índice en su mentón, pensativa.
–Fue unos tres años después de la guerra – Sarada dejo caer la cabeza decepcionada, estaba tan cerca y al mismo tiempo tan lejos. Escuchó como Sakura reía divertida - ¿Desilusionada?
Su madre era perceptiva, demasiado para su gusto.
–Algo – bufo cruzándose de brazos.
–¿Quieres que aun así te lo cuente? No tiene nada que ver con la cuarta guerra.
–Sigo con la curiosidad ¿Qué tan malo puede ser?
–Bastante malo. No solo por sus heridas, sino por su mal genio y ese incorregible carácter de autosuficiencia – bufo Sakura negando con la cabeza en desaprobación.
–Ahora sí has despertado mi intriga, suéltalo ¿Quién fue?
La pelirrosa dio un fuerte resoplido antes de decir con un deje de cansancio.
–Tu padre.
–¡¿Que?!
Sarada dio un respingo donde Motas cayó de medio lado. No tenía las gafas puestas pero estaba segura que Sakura reprimía una carcajada.
–Imagine que pondrías esa cara.
–¡¿Como pretendes que me ponga?!
–Tranquila, Sarada.
–¿Papá estuvo a punto de morir? ¿Qué le sucedió? ¿Cómo paso? – grito sin medir el tono de su voz. Tosió un poco por el exceso de energía que empeño, pero no le importaba. Ya no le interesaba la guerra, quería saber más sobre esa historia ¿Qué le habría sucedido a su papá como para merecer el puesto número uno en la lista de "peores pacientes" de su madre?
–Si quieres que te cuente tienes que calmarte. La historia es bastante larga – le advirtió la pelirrosa buscando una posición más cómoda en la colcha -. Fue durante una misión que duro dos años.
–¿Enserio? – dijo emocionada – Dime ¿Cómo paso?
–Bueno, todo comenzó…
N/A: ¡Buenas, gente bonita! Espero que estén súper bien :)
Millones de gracias por todos esos reviews, follows y fav. Cada vez que leía uno me sacaban una sonrisa tan grande como la de Cheshire, y no exagero. Me contenta mucho que les guste la historia, tenía tanto tiempo sin publicar algo que había olvidado lo lindo que es recibir mensajes como los de ustedes. De verdad, muchas gracias.
Bueno, he aquí el segundo capítulo. Sé que el anterior termino con demasiado drama, pero necesitaba una excusa para enfermar a Sarada y, al parecer, desmayarla en plena misión fue la primera opción que contemple viable jeje. En fin, les adelanto que el siguiente será parte del pasado y desde la perspectiva de Sakura.
Una cosita que quisiera acotar. Cuando comencé a escribir este Fic empecé a indagar en el lenguaje de las flores y realmente me encanto. Era un tipo de comunicación que se utilizaba en la época victoriana que me pareció una forma curiosa y muy sutil de dejarles mensajitos conforme la historia se desarrolla. Esto explica porque verán algunas referencias de flores durante las narraciones. No los saturare sobre este tema, simplemente los colocare en los momentos adecuados.
Sin más que decir me despido. De nuevo les agradezco enormemente por los mensajes: Lizzet, Yarlx, tatutu, Aidil, eliimg y todos aquellos que dejaron follows y fav y los que siguen la historia desde el anonimato. Gracias ¡Son increíbles! Cuídense mucho, nos leemos.
Bye Bye :3
