EPÍLOGO
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((Y una vez más, muchísimas gracias por haberme seguido a lo largo de estos 91 capítulos más este epílogo.
Cada capítulo me reafirmo más en que sois los mejores fans que una autora de fics pueda tener (y probablemente una autora en general también).
Ya van siendo muchos capítulos juntos, algunos que van, vienen… pero la mayoría seguís aquí, fieles a la historia y perdonando los momentos flojos que mi cabeza pueda tener. Sobre todo contando con que finalmente me he decidido a dar el pasito y estoy pasando un par de novelas originales que había escrito en mi época de bachillerato y universidad para intentar publicarlas, así que espero que como mínimo, la gente que las pueda llegar a leer sean tan agradables y geniales como sois vosotros.
Y… ¡Jo, otra vez se me han vuelto a saltar las lagrimillas tontas!
Jesús, que tonta puedo llegar a ponerme cuando acabo una historia…
En fin, seguiremos con la historia de Leah, que a la pobre la dejé colgada y ya he vuelto a acabarme de leer los fics de Laki y Holly y estoy lista para continuar con la historia de Leah, lo que pasa es que creo que va un poco lenta porque estoy un poco de secano, así que… como siempre, comprensión para esta pobre mujer.
Y de nuevo, algo que no me cansaré de repetir nunca… ¡MIL GRACIAS POR HABERME SEGUIDO DURANTE TANTO TIEMPO! Y esperemos que esto no acabe aquí, jajajaja.
Besitos y nos seguimos viendo en la historia de "Diana cazadora y el hijo de Lycos (Lycaon no)".))
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5 años después
"¡Atrapad a ese alce blanco!" Grito alguien.
"¡Va hacia la derecha!" Grita otro.
"Jesús…" Dice Leah sentada en su puesto de recepción con los libros de economía básica en las rodillas para coger el teléfono mientras la campanilla de viento de la puerta suena. "Buenos días, un segundo, ahora estoy con usted. Vamos… vamos… ah, oye, tenéis un alce blanco correteando por el sector de aves… Sí, ahora mismo iba a avisarle… Perfecto, te lo agradecería, tengo alguien esperando. Gracias Jake."
"¿No deberías llamarle Doctor Black?" Le dice Charlie sonriéndole con un zorro en una jaula de trasporte para gatos grandes.
"Jake será siempre Jake." Le dice Leah. "Mierda, los modales. Buenos días agente Swan, en qué puedo ayudarle."
"Ah, sí, me han dado un aviso de animal herido y he ido a cogerlo." Le dice él. "Por lo que se ve calló en la trampa para cazarlo porque había estado robando gallinas a unos kilómetros de Forks."
"Vale, espera que avise a alguien para que venga a cogerlo." Le dice ella volviendo a coger el teléfono tras el mostrador.
"Preferiría que viniese Rissa, tengo otro paquetito para ella." Afirma Charlie.
"El paquetito se entrega solo." Afirma una chica rubia con el flequillo pelirrojo vestida con una camisa a cuadros aguamarina casi a juego con el cinturón de textil caqui sobre unos vaqueros a los que habían cortado las patas para hacerlos shorts y unas botas de monte con tacón bajo las que sobresalían un par de calcetines del mismo color que la camisa.
"¿Ya sabe tu madre que te han vuelto a coger?" Pregunta Leah a la chica.
"No." Dijo ella.
"Donna Black." Dice una voz tras ellos haciendo que la rubia cierre los ojos dorados como el oro y ponga una mueca de dolor. "¿Se puede saber qué has hecho ahora? No hago más que salir a recoger un aviso de oso dando problemas cerca de casas varios cientos de kilómetros al norte y vengo y veo que te han traído en un coche patrulla."
"Es que estaban intentando talar el hábitat de una manada de lobos de cerca del parque nacional de Olympic…" Dice ella.
"Vete a buscar a tu padre, ya hablaremos tú y yo de esto cuando volvamos a casa." Le dice la chica morena tanto de piel como de pelo suelto en la espalda y vestida con un uniforme verde con el logotipo de la reserva en el pecho y un estetoscopio que se pone colgando del cuello con un maletín en la mano y una jaula como la del jefe Swan en la otra. "Leah, avisa por favor a Kasim de que tenemos otras serpientes inidentificadas en esta jaula, necesito que les eche un vistazo, probablemente estén un poco idas, les he puesto anestésico para cogerlas."
"Tranquila Rissa." Le dice ella sonriéndole. "Por cierto, tu marido y jefe mío Jake está cazando un alce blanco que se les ha largado por la reserva."
"Perfecto, ahora mismo cojo mi 'walki' y pregunto." Afirma ella sonriéndole antes de ponerse seria. "Donna, vamos que vas a echar una mano al resto. Y nada de cazar ¿me has oído?"
"Nunca cazo animales de aquí." Afirma ella.
"Charlie, si quieres puedes echarnos una mano." Le dice Rissa sonriéndole de nuevo a él. "Apuesto a que como cazador no tienes precio."
"Lo mío es cazar criminales." Le dice él.
"Bueno, pues un alce es lo mismo solo que con más cuidado porque como te envista te puede partir varias costillas."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jake)
"Ya casi lo tenemos…" Susurro por el intercomunicador antes de ver cómo aparece alguien más en escena y levantar el arma. "No, oye, haz el favor de salir de ahí."
"Dejármelo a mí." Afirma la joven morena con un mechón rojo en el flequillo avanzando lentamente hacia el animal.
"Bellatrix Black, haz el favor de retirarte, ahora mismo." Le digo.
"Sé que puedo hacerlo." Me dice sin retroceder y susurrando sin casi mover los labios.
"Dios… eres igual que tu madre." Afirmo.
"Cuidadito lo que dices, campeón." Me dice Rissa por el comunicador. "Te recuerdo que el padre también es cabezota."
Es entonces cuando vemos que el animal se pone nervioso y mi hija extiende la mano hacia él para ponérsela en el morro y poco a poco, acariciarle y calmarlo.
"Ya está…" La oigo susurrar al animal dado que estamos cerca. "Ya pasó… tranquilo, estamos aquí…"
Definitivamente, esta chica ha sacado su habilidad de calmar animales salvajes de su madre, el otro día fueron dos mapaches y hoy el alce blanco.
Entonces la veo ponerle un collar con correa y volver a acariciarlo para calmarlo sin problemas, para coger el comunicador de su hombro y hablar.
"Ya lo tengo. ¿Dónde tengo que llevarlo ahora?" Pregunta.
Entonces es cuando salgo del follaje donde me había escondido del animal para no asustarlo hasta que le hubiese disparado el dardo tranquilizante.
"Ven, tiene una pata herida y hay que atenderlo antes de llevarlo a su zona de recuperación." Afirmo.
"¿Ibais a sedarlo?" Me dice levantando una ceja.
"Es la forma de hacerlo." Le digo.
"Mamá no aprobaría eso." Me dice manteniéndose seria.
"Dejemos a mamá al margen de esto." Le pido. "Y de todas formas, hay que sedarlo cuando lleguemos a la caseta de curaciones porque tengo que operarle."
"Pero está asustado, y le duele mucho." Me dice.
"Por eso mismo." Le digo. "Aún eres demasiado joven para entenderlo, pero un animal asustado y herido es peligroso, aunque sea herbívoro."
Como siempre me sigue con la cabeza gacha, pensando en lo que sea que piense cuando pasan estas cosas.
Cada vez que la veo así no puedo evitar pensar en que me recuerda a su predecesora en nombre y sonrió.
Hoy lleva puesta su camisa de cuadros rosa desgastada y un par de vaqueros remangados en los bajos para hacerles llegar al final del gemelo, dejando ver unos calcetines de algodón blancos y unas botas de monte viejas y medio sueltas.
Desde su pecho tintinean y emiten pequeños destellos plateados cuando la luz del sol los besa, un par de chapas plateadas de metal donde están grabados su nombre, grupo sanguíneo y por detrás, un teléfono al que llamar si le pasase algo. Ese es un regalo que Rissa les hizo cuando tuvieron edad suficiente para comenzar a meterse en líos, cuando decidieron contarle a ella y luego ella a mí a modo de secreto, que pretendían seguir la carrera 'verde' de su madre; todos llevamos unas como esas, ocultas bajo las ropas y asegurándonos que nadie las ve para que no nos puedan llegar acciones legales por lo que hacemos.
"Veo que ya has encontrado a nuestra otra hija." Me dice Rissa cuando nos unimos camino a la cabaña de curaciones mientras ella parece venir de fuera con Donna con el pelo peinándoselo para dejárselo perfecto como siempre a su lado.
Es curioso cómo ambas hermanas mellizas se parecen tantísimo pero a la vez se diferencian tanto; y su mismo uniforme lo deja bien patente, dado que Bellatrix viste como es debido y Donna de una forma… digamos que un tanto potenciando su feminidad en lugar de apropiadamente para tratar con animales salvajes.
"Déjame adivinar, otra vez han vuelto a pillaros haciendo algo." Les digo.
"En realidad me pillaron a mí." Dice Donna. "Trixxy se fue antes de que la pillaran y yo me sacrifiqué por todos."
"Donna, que Charlie sea amigo de la familia no garantiza que vaya a ser tan benévolo la próxima vez." Le digo para suspirar.
"Creo que un buen castigo sería ir a limpiar las jaulas." Les dice Rissa sonriéndome dándome a conocer que es un buen castigo. "Los herbívoros manchan mucho, y hay un par de jaulas con descomposición, así que hay que limpiarlas a fondo. Decirle a Leah que os diga dónde está Irwin y que él os guíe en las labores de limpieza."
Ambas refunfuñan pero obedecen, como siempre.
"No sé qué hacer con esas dos. No paran de meterse en líos." Le digo a Rissa mientras nos ponemos los guantes de látex tras sedar al animal con ayuda de la otra doctora.
"Son iguales a mí cuando tenía su edad." Me dice ella sonriéndome y poniéndose la mascarilla de operaciones. "Ya aprenderán a hacer un trabajo más fino."
"Lo que me extraña es que sea Donna precisamente a la que pillen siempre." Le digo preocupado. "Quiero decir, es hija en parte de Jagger."
"Sí, es cierto." Me dice. "Pero tú eres su padre, o al menos todos lo vemos así. Y tú no corres tan rápido como su auténtico padre. Además, sabes que no la pillarían si ella no se dejara."
"¿Y por qué iba a ser tan tonta de dejarse pillar?" Le digo mientras nos ponemos a atender al alce.
"Piensa un poco." Me dice sin mirarme, centrada en el alce que tenemos delante. "A su hermana nunca la pillan."
"¿Insinúas que se deja pillar para que no pillen a su hermana?" Le digo.
"Oh, vamos, no me digas que no te habías dado cuenta." Me dice. "Donna es tan linda que no se lo tienen en cuenta, en cambio Trixxy es más calmada. Probablemente en un futuro sea ella la que le ayude a Donna y no al revés."
Eso cobraba sentido.
Bellatrix era más calmada, más racional y cautelosa. Nunca caía en trampas, sacaba buenas notas y todo el mundo la quería.
En cambio Donna era más explosiva, más impulsiva, fresca y acelerada. Si no caía en trampas era porque era demasiado rápida y para cuando saltaban ya había pasado ella, sus notas no eran malas pero tampoco tan buenas como deberían; y desde luego que todo el mundo la quería, el problema era que la mayoría de hombres jóvenes de la reserva en la franja de los 15 a los 28 la querían entre sus sábanas, y yo tenía que andar con demasiado ojo.
"Me preocupan las niñas." Le digo aprovechando que la otra chica es árabe y sabe lo justo de inglés. "Algún día vamos a tener un disgusto con Donna."
"Oh, vamos, tiene mucho cuidado." Me contesta Rissa.
"Me refiero a con los chicos." Le digo. "Tiene a media reserva detrás y en Forks y Port Angels tiene a otros tantos esperándola."
"Tiene parte de los genes de Jagger, y qué." Me dice ella.
"Pues que no quiero tener que ir por ahí partiendo cabezas." Le digo.
"Oh, vamos, papá." Me dice ella divertida. "No seas retrogrado. Donna sabe perfectamente cómo va eso, no tiene ojos más que para Seth."
"Quien por cierto también tiene que controlarse horrores para no ir por ahí partiendo cabezas." Afirmé.
"Salen juntos, y todos lo saben." Me dice. "Tranquilízate un poco ¿quieres? Me fío de Seth, no le harán nada malo."
"¿Y qué hay de Seth?"
"Sé que habéis hablado ya de eso." Afirma pidiéndome que le pase el bisturí de nuevo para usarlo y volver a pasármelo. "Y te recuerdo que yo puedo ser más mala que tú."
"¿Qué le has dicho?" Le pregunto con curiosidad.
"Que ahora que soy veterinaria sé perfectamente cómo hacer para 'capar' cánidos, así que como me entere de que usa su 'cosita' para corromper a mi joven hija antes de los 17 o 18, yo misma me encargaré de anestesiarle y acabar con los impulsos de traicionarnos de la manera más efectiva."
Eso hace que me duela la entrepierna pero ni aún así puedo reprimir una carcajada de gusto. Sin lugar a dudas, no tengo nada que temer, Rissa no ha cambiado demasiado y sigue siendo la Trixxy que me enamoró cuando mis ojos se posaron en ella la primera vez.
Sigue siendo toda una loba por dentro y una 'dama-alfa' digna de retarme para arrebatarme el liderazgo de la manada, solo que sigue prefiriendo ser mi esposa en lugar de la alfa.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Billie)
"Buenos días." Saludo a Charlie cuando viene a buscarme a casa para llevarme a la de mi hijo.
"Buenos días." Me dice. "¿Listo para ir a comer con tu familia?"
"Déjame adivinar, otra vez ¿no?" Le digo imaginándome qué ha pasado.
"Otra vez." Asiente. "Cualquier día esa chica se va a meter en líos."
"Es una buena chica." Le digo.
"Sí, si el caso es que nunca hace nada incriminatorio, tan solo está en la escena de las denuncias." Me dice. "Pero los dos sabemos que no es casualidad que esté allí."
Evidentemente, mis nietas parecen haber heredado ciertas ocupaciones de su madre. Y ahora ambas o al menos Donna, estaba metida en peleas medioambientales, de una forma un tanto… activa.
"Agradezco que las cuides así." Le digo a Charlie.
"No hay de qué, para eso estamos los amigos." Me dice. "Aunque… sinceramente, no sé muy bien qué opinan los padres, no parecen demasiado duros con ellas en ese tema."
"Es algo… complicado." Le digo. "Pero te aseguro que se lo toman muy en serio."
"Por cierto, qué tal está tu hija Rachel." Me dice. "¿Sigue en Seattle?"
"Sigue trabajando allí, pero dentro de poco espera que la puedan trasladar a Forks." Le digo. "Y Paul está más que feliz ante la idea."
"De todas formas, ha sido un detalle de tus hijos el invitarnos a ver el futbol allí." Me dice.
Si supiera que había sido Rissa y por qué…
Pero no dije nada, simplemente me limité a desviar el tema hacia el trabajo en la reserva.
"Por cierto, a que no sabes lo que me ha tocado hacer hoy." Me dijo. "Me han dado una escopeta con tranquilizantes y me han dejado que ayudara a sedar a un alce que se les había escapado de su cercado. Pero al final lo han cogido antes de que pudiera localizarlo."
"Vaya, pensaba que no disparaban contra animales." Le dije recordando que mi nuera era la dama de los animales, no parecía temer a ningún animal, solo les mostraba respeto y era capaz de calmar lo que fuese.
"No sé cómo habrá acabado todo." Me dijo. "Pero no he oído ningún disparo. Aunque he visto que tienen cosas que necesitan permisos especiales."
"Creo que lo tienen al día." Afirmé. "Pero Rissa estaba buscando no sé qué papeles que necesitaba para que le dieran otros para… dios sabe qué, siempre están haciendo papeleos."
"Tienen demasiadas cosas allí." Me dice. "Y eso que no es demasiado grande. Por cierto, no sé si sabrás algo de lo que tengo oído que fueron pidiendo unos papeles a nuestro cuerpo para hacer no sé qué de expansión por un terreno cerca de vuestra reserva."
"No sé nada." Le digo un poco sorprendido de que hayan comenzado algo tan cerca de la reserva como para no habernos dicho nada a los del consejo.
Entonces llegamos a la curva donde ya se puede comenzar a ver la casa a la que vamos.
Allí, al pie de la loma, cerca del acantilado, se erige un edificio que parece parte del bosque que le rodea.
"Vaya, cada vez que vengo me sigue cogiendo el aliento como la primera vez." Me dice Charlie.
"Ambos son parte de la tierra, hijos del bosque." Le digo mientras llegamos al camino donde hay que desviarse para llegar a la casa.
Allí, como siempre, está el coche ambos para emergencias, junto a una de las motos que usan las niñas para moverse, la otra supongo que estará con las dos de los padres y el coche de mi hijo en el garaje bajo la casa.
"Me recuerda un poco a la casa de los Cullen." Me dice Charlie.
"Qué dices." Le digo riéndome al ver la facilidad de ese error. "Esta casa es parte del bosque, toda ella está en sintonía con el bosque, y la de tu familia… digamos que mataron una parte del bosque para hacerla."
Es cierto que en cuanto a modernismo ambas son parecidas, pero a la vez, son sus ocupantes las que las hacen diferentes. Los Cullen están muertos, y su casa es fría, a pesar de la calidez de los sentimientos que encierran dentro, en cambio mi hijo y su familia son cálidos, viven en la naturaleza porque son parte de ella y eso está patente en la casa y el resto.
"Abuelo." Me saluda mi nieta Bellatrix mientras Charlie baja del coche para intentar ayudarme a bajar, solo que las dos niñas son más rápidas, sobre todo Donna.
"¿Qué tal el viaje, abuelito?" Me dice Donna sonriéndome con sus ojos dorados que demuestran su auténtica naturaleza. "¿Te ha cansado la espalda?"
"Estoy mayor niñas, pero no tanto." Les digo riéndome con sus bromas. "¿Y vuestros padres?"
"Mamá está arriba, Anubis ha vuelto a quedarse embarazada, así que ahora Fang tiene peleas a diario y mamá tiene que ocuparse de ella y de las heridas de él." Me dice Bellatrix sonriéndome y empujando mi silla.
"Sigo diciendo que deberíais soltar a ese pobre lobo en la naturaleza." Le digo.
"Fang no es un lobo entero." Afirma Donna casi riéndose. "Como nosotras, tampoco somos enteramente humanas."
"¿Y vuestro padre?" Les pregunto.
"Una urgencia, ha habido una alarma de avistamiento de un oso, ha ido a encargarse de que los ciudadanos de los pueblos no cojan escopetas para salir a cazarlo mientras los de la reserva de conservación iban a rastrearlo y cogerlo." Afirmó Bellatrix.
"Por lo que se ve estaba herido." Afirma Donna.
"¿Y ya está bien que vosotras tengáis acceso a esa información?" Les dice Charlie.
"Lo hemos oído cuando hablaban." Dice Donna. "Pero no hay secretos entre nosotros ¿verdad, abuelito?"
"Sois unas brujas." Les digo divertido.
"¡Mamá, el abuelo y Charlie ya están aquí!" Llama Bellatrix mientras Donna nos lleva al salón.
"Ahora voy." Afirma ella. "Cuidado con Fang, se ha puesto en su sitio."
"Venga, Fang." Le dice Bellatrix cuando le vemos sentado en un sofá como si fuese suyo. "Bájate de ahí."
"Baja tu culo gordo y peludo de ahí." Le dice Donna llendo a cogerlo para que este le gruña un poco pero no le ataque cuando le coge de los sobacos de lobo y lo levanta para bajarlo al suelo. "Charlie tiene que sentarse."
"Por mí no le molestes, si es su asiento…" Le dice Charlie cuando el lobo vuelve a saltar para subirse.
"No, tiene que acostumbrarse a quedarse en el suelo." Afirma ella. "Fang, bájate de ahí, ahora mismo. Eh, no bromeo, bájate ahora mismo."
"Donna, así no se hacen las cosas." Afirma Rissa llegando desde nuestras espaldas para darme un beso en la mejilla antes de dirigirse de nuevo a su hija. "Fang, por favor. ¿te importaría bajarte de ahí? Necesitamos ese asiento para Charlie, que es más mayor y tiene que sentarse ahí. Por favor." Le dice al animal para que se estire y salte al suelo para morder un cojín y llevárselo a un rincón junto a la ventana mientras por la puerta entra una perra bastante gorda ya.
Sin embargo, no es esa obediencia de un animal casi salvaje hacia las chicas de la casa, sino el olor que me ha llegado cuando mi nuera me ha dado el beso.
"Rissa." La llamo. "¿Todo bien?"
"Perfectamente, ahora mismo voy a hacer algo para que piquéis mientras vemos el partido." Afirma sonriéndome. "Pero primero… manos, la pobre Anubis está un poco pachucha y me ha manchado."
Es entonces cuando decido seguirla hasta la cocina para ver cómo saca alitas de pollo adobadas para poner la freidora a calentar.
"¿Segura que todo está bien?" Le pregunto.
"Claro." Afirma sonriéndome. "¿Por qué no iban a estarlo, Billie?"
"¿Y ya sabe Jacob que has vuelto a vomitar?" Le digo para hacerla que se frote los labios en la comisura rápidamente. "Me dijiste que era un virus estomacal."
"Y eso pensaba." Afirma ella.
"Pero no es eso solo ¿no?" Le digo para que sacuda la cabeza y sonría suavemente.
"Vale." Le digo levantando las manos. "Yo no quiero saber nada, primero díselo a mi hijo."
"Pensaba hacerlo, esta noche." Afirma sonriendo.
"Vale, pues… esperaré a que él lo sepa y nos lo diga para alegrarme." Afirmo. "¿Te echo una mano con esas alitas?"
"Había pensado hacer también unas varitas de pescado, como las de la señora Clearwater, pero… creo que saldría perdiendo." Afirma sonriendo.
"Nadie puede igualar las varitas de pescado de Sue." Le digo sonriéndole. "Pero las barritas de pescado con mango, coco y lima de la joven Señora Black están comenzando a hacerle competencia."
"Pues fíjese usted, señor Black Sr." Me dice correspondiendo a mi broma. "Que da la casualidad que tengo coco seco, mangos recién traídos y limas de ayer, podría hacer otro cubo de eso para el partido. Como en los restaurantes de marca, opción carne y opción pescado. ¿Qué me dice?"
"Que como sigas mimándonos así al final acabaremos por venir todos a cenar aquí." Le digo divertido.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
"¡Touch-down!" Gritamos en el salón felices al ver cómo nuestro equipo marca otra vez.
"Mmmmm… estas varitas de pescado están de muerte." Dice Embry.
"Eres un tragón, te has llevado la última." Le dice Leah.
"Voy por más." Afirma Rissa cogiéndo el cubo vacío.
"Te acompaño." Le dice Leah.
"No, deja, voy yo." Le digo levantándome para seguirla a la cocina. "Si tienes tanto calor igual no deberías entrar en la cocina." Le digo cogiéndola suavemente por detrás para pasarle una lima más y besarle el cuello.
"Bueno, con las ventanas abiertas no tengo tanto calor." Afirma sonriéndome y mirándome un segundo antes de volver a las barritas de pescado medio fritas para volver a ponerlas a freír. "Además, es normal."
"¿Otra vez tienes fiebre?" Le pregunto besándole la frente por un lateral. "No…"
"No, no es fiebre." Me dice girándose en mi abrazo para ponerse cara a cara conmigo sonriéndome. "Resulta que no era un virus estomacal."
"Espero que no fuese nada más gordo." Le digo preocupado y confuso porque si fuese así no estaría sonríendo.
"Hombre, gordo va a ser, depende cómo lo mires." Me dice divertida.
"Er… vale, ahora ya me he perdido." Afirmo. "¿Es algún tipo de enfermedad?"
"No." Afirma cogiendo más coco seco para hacer la salsa de las barritas y poniéndolo en un bol antes de ponerse ambas manos sonriendo en el vientre.
Entonces caigo.
No, no puede ser eso.
"No…" Le digo aluciando feliz.
"Ya te digo si es." Afirma.
"¡No me lo puedo creer!" Afirmo gritando feliz, riéndome y cogiéndola en brazos para girar con ella en brazos antes de bajarla y besarla como nunca antes la hayan besado.
"¿Qué pasa?" Nos pregunta Seth con Embry y el resto apelotonándose en la barra-mostrador. "¿Estáis todos bien?. ¿Os han saltado el acéite hirviendo?"
"No, tengo la mujer más maravillosa del mundo." Afirmo antes de volver a besarla y parar para mirar al resto. "Me acabo de enterar que vamos a volver a ser papás."
"¡Felicidades!" Nos dijeron todo felices a su manera.
Felicidades, no hacía falta que nos las dieran, ya éramos felices.
Si alguien tuviese que redefinir el concepto "felicidad" en la enciclopedia, sin lugar a dudas podrían preguntarme. Les daría toda mi vida como definición y aún me sobraría felicidad para vivir otra vida más.
(Salto espacio-temporal)
8 meses después
"Jake." Me llama Rissa cogiéndome del antebrazo mientras nos ocupamos de repartir unos cubos de carne a un puma y unos lobos.
"¿Qué te pasa, cielo?" Le digo.
"El hospital." Me dice.
"¿Cómo?" Le digo confuso.
"Llévame al hospital." Afirma. "¡Jake!"
"Pero nos dijeron que salías de cuentas en medio mes." Le digo dejando los cubos.
"¡Jake, que voy a romper aguas!" Me dice apretándome aún más con dolor. "¡Por dios, llévame al hospital!"
"Cógete a mí." Afirmo dejando los cubos en el suelo para cargar con ella justo antes de pinchar el comunicador. "Leah, deja lo que estés haciendo y llama a quien sea, que alimenten a los bichos, me voy a llevar a Rissa al hospital."
"¿Ha pasado algo?" Me dice.
"Creo que ha llegado el momento." Afirmo.
"¿Llamo a una ambulancia?" Me pregunta tras un momento de silencio.
"No, la llevo yo." Afirmo.
Para cuando la ambulancia llegara, probablemente ya fuera tarde, así que corro con ella en brazos hasta el coche y allí la ayudo a sentar en el asiento de copiloto que reclino para acomodarla y me monto en el coche sabiendo que es muy poco probable que tenga un accidente aunque conduzca a más de lo permitido; pero por si acaso, saco mi camiseta que es blanca por la ventanilla y la engancho bien con esta para que no se escape.
"Jake…" Me llama Rissa en medio de punzadas de dolor.
"Aguanta un poco más, enseguida llegamos." Le digo.
Ya hemos tenido las niñas en casa, no pienso dejar que se repita, no ahora que sé que lo que saldrá será humano o, como mucho, con mi genética aletargada.
(Salto espacio-temporal)
"Venga, respira hondo." Le pido a Rissa en el paritorio.
Al final resulta que sí, había llegado el momento. He avisado a mi padre y al resto y ahora estaba allí dentro, cogiéndole la mano a mi esposa mientras ella hacía fuerza para intentar acabar de dilatar y sacar nuestro bebé.
"Venga, otra vez… respira bien hondo." Le digo dándole palmadas en la mano.
La vez anterior había dado miedo, pero esta… tenía el presentimiento de que todo iba a ir bien.
Rissa estaba terriblemente sudada y colorada a corros, parecía sufrir, pero ni de lejos como la vez anterior en que casi la habíamos perdido al sacarle las niñas de dentro.
No, esta vez era todo normal.
"Venga, sé que puedes hacerlo." Le digo frotándole la mano. "Ya verás, va a salir un niño o niña precioso y sano. Y le vamos a cuidar entre los cuatro. Y las niñas van a tener algo en lo que volcarse cuidándolo y protegiéndolo y van a dejar de hacer esas cosas que hacen a escondidas." Afirmo para hacerla sonreír.
"Vale, creo que ya casi corona." Dijo la matrona. "Ahora tienes que empujar con toda la fuerza que puedas."
"Ya lo has oído." Le digo haciéndola mirarme entre jadeos del esfuerzo. "Cogemos aire… más aire, tramposilla." Le digo viendo que coge poco y haciéndola respirar para coger más esta vez. "Y hacemos fuerza mientras lo soltamos." Le digo recordando lo que había leído mientras esperábamos que llegara ese día.
Esta vez es totalmente diferente. Noto la fuerza guardada dentro de ese cuerpecillo femenino que está a punto de romperme algún hueso de la mano y entonces… plop, un sonido extraño, otro de un tortazo y de pronto…
"¡Guaaaaaa!" Grita alguien berreando. "¡Guaaaaaa!. ¡Guaaaaaaa!. ¡Guaaaaa!"
"Es un niño." Dice la partera.
Sonrío apoyando mi frente en la de Rissa mientras ella me devuelve la sonrisa feliz y jadeando intentando recuperar el aliento.
Entonces la beso con todo el amor que me hace sentir.
"Ya tenemos alguien a quien le siente bien el azul." Le digo sonriéndole.
"A Donna también." Me dice sonriéndome y dándome otro beso antes de quedarse como muerta, sin fuerzas.
"Bueno… ahora será mejor que salga." Me dice la matrona. "Tiene que enseñar al bebé en cuanto lo limpiemos un poco."
"Te espero al otro lado, no te vayas sin mí ¿eh?" Le digo a Rissa para que me sonría ampliamente y me haga un gesto de que me vaya con la mano.
No puedo aspirar a más felicidad, probablemente ya le haya robado parte a otra persona, porque sin duda es imposible que alguien pueda ser tan feliz como soy yo.
Tengo una mujer perfecta para mí, valiente y arrojada; un par de niñas mellizas a las que quiero con locura y me llenan de felicidad aunque a veces me traigan problemas por ser 'eco-guerreras' y haber tomado el puesto que su madre dejó vacante como Bellatrix; y ahora también tengo un futuro hombrecito que algún día probablemente tome el legado que mi padre me deje y yo a él.
"¿Qué tal están?" Me dice mi padre junto al abuelo de Rissa y al de 'Trix'.
"Rissa está de maravilla." Les digo mirando sobre todo a Mustafá, el abuelo de Rissa que está presente desde un avión privado en videoconferencia desde un portátil que Kasim lleva en brazos. "Y ha sido niño." Afirmo con miedo a que se me caiga de los brazos a pesar de ser los mismos brazos que antes han tenido a Donna y sobre todo a Bellatrix II.
"Por Alah y Mahoma." Dice el hombre del portátil. "Un auténtico hombrecito."
"Mira Musta, se parece a ti." Le dice el abuelo de Bellatrix sonriéndole y bajándole un poco la manta que le cubre para enseñárselo a la cámara. "Es como una mezcla entre tú y el padre del bebé."
"Estoy seguro que será un hombre tan bueno como sus ancestros." Le digo sonriéndole.
Supongo que era un poco raro estar hablándole a un hombre como aquel, padre de uno de los mayores jéques de Egipto, precursor de una de las mayores fortunas árabes del mundo; pero tal y como nos había dicho Edmound, el abuelo de Bellatrix, hacía años ya, cuando aceptó que Rissa era Bellatrix reencarnada, Mustafá había nacido siendo un cabrero y había ganado todo lo que tenía con sudor de su frente, no era para nada un hombre que se esperaría de alguien con tanto dinero y poder en su país. Nos había ayudado a fundar la reserva, había comprado los terrenos en que hoy en día estaba emplazada la reserva donde trabajábamos con especies para rehabilitarlas y donde habíamos comenzado un par de programas de repoblación de fauna en peligro que podrían vivir en nuestro estado y otros cercanos; así que hoy en día era también uno de los 4 fundadores de la reserva, y el accionista mayoritario tras su propia nieta: Rissa.
"Creo que he hecho bien cargando la bodega del jet." Nos dijo ocultando las lágrimas que asomaban por el rabillo de aquellos ojos tras las gafas pequeñas con cristales gruesos debido a su avanzada edad. "Por Alah, que ese chico será grande."
Eso nos hizo reír felices; porque como había dicho, nuestra felicidad era completa y gigante, desorbitada.
Y con ayuda de los dioses, Alah o quien fuese, seguiría así muuuuuuchos… muchos años.
