Los personajes no me pertenecen, son propiedad del gran Charles Addams.


Capítulo 5.

POV Gomez.

Pocas veces en mi vida me he sentido nervioso por algo. Pero estar finalmente en el altar esperando a la mujer de mis sueños, hace que el tiempo se ralentice. Y que por una vez en la vida, los nervios se apoderen de mi cuerpo.

Faltan unos minutos para que Morticia haga su camino hasta aquí, a mi lado, para que comience nuestra nueva vida juntos. Una vida que finalmente podremos compartir por toda la eternidad.

Creo que la única vez que he llegado a sentirme tan nervioso, incluso aterrado, fue meses atrás, la noche en que casi la pierdo por una estupidez…de haberla perdido, sé que mi vida se habría acabado aquella misma noche, literalmente. Una vida sin ella, no es nada.
Llegué a este mundo únicamente para estar con ella, para dedicarme en cuerpo y alma total y completamente a ella. ¿Qué sentido tendría una vida sin ella a mi lado?

Y todo fue culpa de Nancy…pero en parte se lo agradezco. Aquello desencadenó a la decisión que tomé, y que nos trajo a este gran y maravilloso día.

Flashback –

Era la noche después de la breve pero intensa discusión que tuve con Morticia. Estaba completamente desesperado por verla, pero ella tenía que estudiar para un examen, y muy a mi pesar, decidimos intentar pasar la noche separados.

Eran las tres de la madrugada, había estado pensando la manera de demostrarle que todo lo que le dije anoche era completamente en serio. Pero seguía dando vueltas en la cama, sin ninguna idea de momento, y con demasiadas ganas de verla. Me levanté ya exasperado y fui a la puerta, me paré en seco en el momento en que mi mano tomó el pomo de ésta. ¿Estaría mal ir a verla un segundo? –pensé– sabía perfectamente la respuesta. Estaría mal. Porque no puedo estar solo un simple y escaso segundo con ella, pero tampoco podía estar sin ella. Sin ella a mi lado, algo tan simple como respirar, me resulta imposible, su ausencia hace que el oxígeno a mi alrededor sea casi inexistente.

Creo que nunca supe hasta dónde podía llegar mi autocontrol hasta que la conocí.

Volví a la cama y cogí el móvil. Estaba a punto de marcar su número cuando alguien llamó a la puerta. Al pensar que quizá lo más probable es que fuera Morticia, salté de la cama con toda la rapidez que mi cuerpo me permitió, y abrí la puerta.

Para mi mala suerte, quien había llamado era alguien quien realmente, no tenía muchas ganas de ver. Nancy. Mi cara mostraba a la perfección el chasco que me había llevado.

–¿Qué haces aquí? –pregunté de manera distante y ciertamente desagradado por su presencia.

–¿Estás solo? Me gustaría hablar contigo un momento.

–Si estuviera solo creo que habrías escuchado perfectamente a Morticia gritar de placer, ¿No crees? –sabía que aquello iba a dolerle, y era precisamente lo que quería causar en ella.

Y por su expresión lo había logrado.

–Ya. ¿Podemos hablar o no? –preguntó de nuevo.

No me apetecía para nada hablar con ella, pero hice un esfuerzo por todos los años de amistad que nos habían unido.

–Pasa.

Al entrar a la habitación se sentó en mi cama. Cogí uno de los puros de mi escritorio y me senté en la silla. La miré fijamente, exasperado por su largo silencio comencé a hablar yo.

–Bien, te escucho. –la animé para que hablase de una vez por todas.

–Bueno…primero que todo, quiero disculparme por lo de anoche.

–Creo que no es conmigo con quien tienes que disculparte de buenas a primeras. –dije interrumpiéndola, claramente enfadado.

–Lo sé, pero deja que hable, por favor, necesitaba hablarlo todo contigo primero. –intenté calmarme mientras fumaba y escuchaba todo lo que tuviera que decirme. – Mira, siento mucho lo de anoche, no estaba en mis planes hacer lo que hice, y supongo que tampoco puedo culpar al alcohol, porque simplemente me animó a hacer lo que no me atrevería estando sobria.
Llevo…llevo enamorada de ti desde casi el momento en que nos conocimos. Por eso cuando nos dijiste que llevabas años comprometido ya no podía expulsar a mis sentimientos de mi corazón así como así. Por eso simplemente me hice a un lado en el plano amoroso, y disfrutaba de tu amistad, y lo sigo haciendo. Pero…algo en mí confiaba en que nunca te volvieras a encontrar con ella, y que yo podría estar contigo. Pero cuando apareció, casi por un regalo del destino, intenté darme por vencida, porque ni yo ni nadie puede negar que estáis hechos el uno para el otro, que claramente sois almas gemelas. Y aun así, no pude, simplemente no pude hacerme a un lado definitivamente, creía que aún podía llamar tu atención de alguna manera.
Y al veros ayer, me puse celosa, ¿Por qué no podías haberme elegido a mí? Pero eso estaba más que claro. Ella llegó mucho antes que yo a tu vida, y no tenía derecho alguno a meterme en vuestra relación…pero a veces el amor es ciego, y harías cualquier cosa por la persona que te gusta. Por eso mismo, lo siento.

Me quedé pensativo un buen rato. Algo en su disculpa hizo que una idea apareciera en mi mente, definitivamente, por fin sabía qué tenía que hacer.

–Di algo, por favor. –suplicó Nancy.

–Voy a pedirle a Morticia que se case conmigo. Pero esta vez tal y como ella merece. –dije sin vacilar.

Nancy me miró totalmente desolada, casi furiosa, y comenzó a llorar en silencio. Se levantó de la cama y al llegar a la puerta paró en seco un segundo para girarse y mirarme.

–Que seáis felices. –dijo con la voz rasgada. Pero realmente, no creí que sus palabras fueran sinceras.

Al salir dio un notorio portazo que francamente, no me importó. Había hecho lo correcto en decirle eso. Morticia era y será siempre lo más importante en mi vida, y no me importaba nada de lo que tuviera que sacrificar para poder pasar la eternidad a su lado.

Volví a la cama e intenté dormirme, pero de nuevo, fue en vano. Con mi nuevo plan en mente me era imposible conciliar el sueño, tenía que ser una declaración perfecta, una declaración digna de ella. Pero necesitaba ayuda.
Me levanté y fui al armario, saqué una camisa y unos pantalones negros y me cambié. Cogí las llaves del coche y salí de la habitación.

Al llegar al parking y meterme en el coche supe a quién tenía que ir a pedirle ayuda, a mi madre. Arranqué el coche y fui directo hasta mi casa. Cuando llegué eran casi las cinco de la mañana, sabía que mi madre aún estaría despierta, pues hasta que no comienza a amanecer no va a dormir un rato hasta la hora de desayunar.

Entré en casa y la escuché en el sótano, bajé las escaleras y la encontré delante de su gran caldero, que la hacía parecer tan pequeña, leyendo su libro de pociones. Levantó la vista del libro cuando escuchó el crujir de los escalones y su cara de sorpresa al verme me recordó que no venía a verla demasiado a menudo.

–¿Gomez? ¿Qué haces aquí? –me preguntó totalmente sorprendida.

–Mamá, necesito tu ayuda. –pretendía que mi voz no sonase completamente desesperada, pero lo estaba.

Me indicó que me sentase en una de las sillas que había al lado de las escaleras y ella se sentó a mi lado.

–¿Ha pasado algo? –preguntó preocupada.

Le expliqué todo lo que había pasado, desde la noche anterior hasta la visita de Nancy esa misma noche.

–Mamá, ¿Cómo puedo declararme a Morticia? Hace doce años resultó mucho más sencillo…quizá porque lo hice de manera mucho más sencilla, ahora quiero hacerlo por todo lo grande, de la mejor manera posible, tal como ella merece.

Ella me miró pensativa y finalmente me aconsejó.

–Sé que es una respuesta totalmente típica, pero necesitas guiarte por tu corazón, deja que él hable por ti. –era un buen consejo, pero no me ayudaba del todo…aun así acepté su consejo sin rechistar.

–Gracias mamá. –mi madre se levantó de la silla y comenzó a rebuscar en el armario, hasta que sacó una pequeña caja que parecía un joyero, estuvo buscando algo un buen rato hasta que sacó alguna cosa y volvió hasta mi lado. Abrió la palma de mi mano y depositó algo en ella.

–No puedo aconsejarte mejor, pero sí puedo ayudarte en algo más. –al mirar lo que me había entregado vi que era un anillo con un gran diamante negro en el centro – Éste es el anillo con el que se me declaró tu padre. Cuando murió lo guardé, hasta hoy. Sabía que llevarlo puesto ya no era su cometido, y ahora, su destino es estar en tus manos, hasta que se lo entregues a Morticia. –sonreí en agradecimiento y la abracé – ¿Sabes? El día en que las Frump llegaron a esta casa, y vi cómo os mirasteis Morticia y tú nada más veros, algo en vuestras miradas se encendió, como si de repente ambos estuvierais completamente vivos, y cuando vi lo mucho que os queríais nada más conoceros, supe que el destino os había puesto en el mismo camino, que habíais nacido para estar juntos. Y sé que ni tan solo la muerte podría separaros, porque no solo os une vuestro amor, cuando dos personas nacen para estar juntas, sus almas se unen en una sola, y nada, jamás, podrá separarlas.

Al escuchar las palabras de mi madre la abracé con más fuerza, intentando no llorar. Ella y Fétido siempre me apoyaron cuando decidí esperar a Morticia, nunca dudaron de nuestro amor, y escucharla decir eso…me abrumó completamente.

–Muchísimas gracias, mamá…sigo sin saber cómo hacerlo, pero ahora estoy completamente seguro de que haga lo que haga, será perfecto para ella. –ella me sonrió, y se levantó para seguir con lo que estaba haciendo antes de que llegase.

Al regresar a la residencia, ya en mi cama miraba el anillo, dándole vueltas sin parar pensando en cómo me declararía, esperando que la inspiración llegase a mí de manera casi divina.

Pasaron un par de días y no se me ocurría ninguna manera de declararme.

Estaba de un humor horrible, y cualquiera lo podría haber notado. Y no ver a Morticia por las noches por culpa de los exámenes no hacía más que empeorar la situación. Sinceramente mis instintos asesinos estaban a flor de piel, y todo me irritaba. Así que decidí volver a pedir consejo, y a la vez, salir y despejarme.

Llamé a mi primo Balthazar y quedamos aquella misma noche en un bar cerca de su casa. Aunque no nos habíamos visto en mucho tiempo, era en una de las personas en quien más confiaba, y sabía que él iba a aconsejarme bien. Cuando me derrumbaba pensando en que quizá nunca más volvería a ver a Morticia, él siempre era el hombro en quien me apoyaba. Animándome a seguir creyendo que volvería a verla.

Salí de la habitación y de camino al parking me encontré con Ophelia.

–¡Gomez! ¿Cómo estás? –me preguntó con su típica simpatía. Intenté hacer un gran esfuerzo por ser lo más agradable posible con mi cuñada, además de que quería saber cómo estaba Morticia, sus mensajes me dejaban algo más tranquilo, pero saber la opinión de su hermana tampoco estaba de más.

–Bien, voy a ver a mi primo Balthazar un rato. ¿Tú cómo estás? ¿Y Morticia? –eso último lo pregunté como si mi vida dependiera de su respuesta, y técnicamente era verdad.

–Yo estoy bien. Y Morticia también dentro de lo que cabe, solo estresada por todos los exámenes y prácticas que le han puesto a la vez. Y te echa mucho de menos, no deja de hablar de ti y de decirme las ganas que tiene de poder pasar ya una noche contigo. Más de una vez he tenido que pararle los pies porque en medio de la noche necesitaba verte desesperadamente. –me alegraba saber que ambos estábamos en la misma situación, que necesitábamos vernos desesperadamente. Pero también me preocupaba el hecho de que tuviera tanto trabajo. Pensaba compensárselo de la mejor manera posible en cuanto termine.

–Ya le digo cada cinco minutos cuánto la echo de menos con cientos de mensajes, pero díselo de mi parte también. Y gracias por cuidarla. –le dije sinceramente.

–Lo haré.

Me despedí de Ophelia y fui a por mi coche.

Cuando llegué al bar, mi primo ya estaba esperándome en una de las mesas.

–¡Baz! ¿Cómo estás, viejo? –le pregunté mientras me sentaba a su lado.

–Nada mal la verdad, ¿Tú qué tal? Tienes una cara horrible… –comentó preocupado.

–No me extraña, hace días que no pego ojo como es debido, sin Morticia no puedo dormir más de diez minutos seguidos.

–¿Habéis discutido? –preguntó alarmado.

–¡No! Para nada, solo está en época de exámenes, y necesitaba su espacio para estudiar, pero está siendo terriblemente complicado para los dos, ella está igual que yo, no podemos aguantar sin vernos tanto tiempo.

–Pero, ¿Cuánto hace que no os veis?

–Pues ya van cuatro días, el último día que nos vimos fue el sábado pasado, y ese día sí que discutimos… –confesé apesadumbrado.

–¿Qué pasó? –preguntó.

Inmediatamente le expliqué todo lo ocurrido con ella y Nancy.

–No me extraña que tengas esa cara si no habéis podido estar juntos después de eso.

–Sí…por eso necesitaba verte, tengo que pedirte consejo.

–Claro, viejo, dime.

–Voy a pedirle que se case conmigo, sí, ya sé que lo hice, pero esta vez quiero hacerlo por todo lo alto, y no sé cómo hacerlo. –dije ya exasperado.

–¿No has pensado en algún lugar que le guste mucho a Morticia? Un lugar en el que tanto tu acción como el ambiente sea un recuerdo perfecto para ella.

Me quedé pensando un momento su observación, y finalmente me iluminé.

–¡En un cementerio! ¡Pero que estúpido he sido, si era más que obvio! –dije con énfasis levantándome de la silla.

–Ahí lo tienes. –dijo él sonriéndome.

–Gracias Baz.

El resto de la noche nos quedamos charlando, poniéndonos al día sobre nuestras vidas desde que no nos habíamos visto, hasta que finalmente decidimos marcharnos.

Al regresar a la residencia sentí que incluso tenía un poco de sueño, quizá es porque ya no me reconcomía no saber cómo declararme. Pero ahora tenía que planear en qué cementerio hacerlo, tenía que ser uno perfecto.

Entré a mi habitación, me puse el pijama y me fui directo a la cama, no sin antes enviarle un mensaje a Morticia. Me apeteció enviarle algo más romántico, así que me devané los sesos hasta que se me ocurrió qué escribirle, y finalmente lo que surgió fue un poema.

''When the blazing sun has turned to mud,

And the moon lies dead in a pool of blood,

And the tom–tom beat of eternity stars,

Whom will I love in my heart of hearts?

Morticia.''

Esperé ansioso su respuesta. Dejé el móvil apoyado contra mi pecho, y cuando sentí la vibración de que había llegado un mensaje, finalmente mi corazón pareció latir de nuevo al leerlo.

''Es injusto que me envíes algo así y no pretendas que vaya ahora mismo hasta tu habitación para besarte por toda la eternidad. Me las pagarás por hacerme sufrir de esta manera, necesito verte. Je t'aime, mon cher.''

Con tan solo leer el final del mensaje sentí como mi sangre hervía, y de estar ella aquí, estoy más que seguro que dormir sería lo último que habríamos hecho.

Cogí el móvil y volví a enviarle otro mensaje.

''Te prometo que pienso compensarte todo el tiempo que estemos separados…en todos los sentidos. Yo también te quiero, Tish. Buenas noches.''

Me desperté la mañana siguiente al escuchar el móvil, pensaba que era el despertador, pues normalmente no me hace falta, ya que me despierto siempre a la misma hora instintivamente, pero ese día tenía que entrar una hora antes a clase.

Miré la pantalla aún con un ojo cerrado y vi que era una llamada de mi madre, no el despertador que había puesto a las siete, y que eran las seis de la mañana. Descolgué la llamada.

–¿Sí? ¿Ocurre algo, mamá? –pregunté preocupado, aún algo somnoliento.

–Gomez, ven a casa inmediatamente…han encontrado al primo Balthazar muerto y está aquí la policía, quieren hacerte unas cuantas preguntas. –dijo ella fingiendo angustia, pero reconocí automáticamente el orgullo en su voz.

Me incorporé inmediatamente, sintiendo la emoción en mi cuerpo. ¿Era sospechoso de asesinato? Hacía muchos años que no intentaban culparme de un crimen. Y esta era la primera vez que era por alguien de mi propia familia.

En nuestra familia no es extraño que nos asesinemos unos a otros, puesto que provengo de asesinos y psicópatas, es de algo de lo que estoy realmente orgulloso, no todo el mundo puede presumir de tener unas raíces tan espectaculares como las de los Addams.

Pero era obvio que yo no tenía nada que ver con el asesinato de Baz.

Me vestí lo más rápido que pude y puse rumbo a mi casa. Allí estaban esperándome cuatro agentes de policía, sentados en el sofá, y mi madre junto a ellos en una silla.

–Gracias por venir tan rápido, señor Addams, por favor toma asiento, tenemos que hacerte unas preguntas. –dijo educadamente uno de ellos. Cogí una de las sillas y me senté junto a mi madre. Él sacó una libreta y comenzó a preguntarme lo ocurrido. –¿Anoche te encontrabas con Balthazar Addams, no es cierto?

–Sí, salimos a tomar algo y a charlar. Y después cada uno se fue por su lado. Me sorprende tanto como al resto su trágico accidente. –dije con sinceridad.

–Bien. Uno de sus vecinos confirmó que te vio con él anoche en un bar, fuimos a preguntar a dicho bar y todos dijeron lo mismo, que os vieron salir juntos, y que tú fuiste la última persona con quien le vieron. No hemos encontrado ningún otro testigo, así que eres el principal sospechoso de su asesinato hasta que se demuestre lo contrario. No podemos hacer nada más, porque no hay pruebas concluyentes de que seas tú el asesino, pero tampoco podemos afirmar lo contrario. ¿Podrías decirnos qué hiciste después de despediros?

–Claro, cogí el coche y volví a la residencia universitaria a dormir. Y nada más.

–¿Te vio alguien llegar?

Pensé un momento en si me crucé con alguien.

–Creo que no, llegué cerca de las tres de la madrugada a la residencia, y a esa hora no hay nadie trabajando en recepción. A no ser que hubiera alguien rondando por el edificio y no le viera, no tengo ni idea. –respondí con total sinceridad.

–Entonces iremos a investigar a la residencia por si alguien puede apoyar tu coartada. Gracias por vuestra colaboración, os informaremos si el caso avanza. –dijo el agente, y dicho esto, los cuatro se levantaron y se marcharon.

–Gomez, a mí puedes decírmelo, ¿Mataste a tu primo? –preguntó mi madre ilusionada.

–No, mamá, no fui yo. –dije. Vi un atisbo de decepción en su rostro.

–Otra vez será entonces. Avisa a Morticia, hoy terminan las pruebas forenses de Balthazar, así que mañana podremos celebrar su funeral.

¿Funeral? No lo había pensado. Si quería sorprender a Morticia, el funeral de Baz sería el lugar ideal, y más siendo el principal sospechoso del asesinato. ¡Era la ocasión perfecta!

Un chico…una chica…una tumba abierta, y la declaración más perfecta que haya ocurrido en toda la historia de los Addams.


¡La declaración de Gomez está cada vez más cerca! ¿Saldrá tal como él espera?

El poema es del episodio ''Green-eyed Gomez'' de la serie de los 60.

Espero que os haya gustado el capítulo, agradeceré infinitamente vuestros comentarios. Y gracias por todo vuestro apoyo.

PD: La semana que viene me voy de vacaciones, así que hasta de aquí tres semanas no voy a poder escribir nada. ¡Pero volveré con más historias y mucho mejores! Ya tengo en mente un par sobre Gomez y Morticia, espero que se me ocurran muchas más.