Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.

Recuerdos de primavera

VI

Sakura Haruno

Día 5

–¡NO ME CONSIDERO UN HOMBRE PACIENTE, UCHIHA! – volvió a exclamar Akaoshi, esta vez el tono de su voz sonó maniaco, desbordante de locura.

Sasuke se deslizo sigilosamente hasta donde descansaba su katana, la sostuvo con familiaridad y la coloco entre sus rasgadas ropas. Sakura en cambio, le observaba incrédula y totalmente aturdida.

–E-es imposible – tartamudeo al tiempo que hiperventilaba sin comprender lo que estaba sucediendo –. Estaba segura de que no nos encontraría. La barrera debió funcionar, esto no... yo... yo...

–Eso ya no importa – le corto Sasuke con gravedad.

–Es mi culpa... todo esto es mi culpa – se dijo Sakura escandalizada sin escuchar lo que él le decía.

A pesar de estar absorta se las ingenió para concentrarse y analizar rápidamente la situación. Ambos estaban en tétricas condiciones para una batalla. Ella con el chakra justo para sobrevivir y él sin las energías necesarias para mantenerse en pie. Al mismo tiempo, Akaoshi podría estar en perfecto estado de salud o sucumbiendo ante sus heridas pasadas, sin embargo considerando la suerte de Sasuke y Sakura las probabilidades de que esto último fuera cierto llegaban a ser nulas.

–Sakura – le llamo la poderosa voz de Sasuke luego de unos segundos de silencio.

Cuando hubo salido de su ensimismamiento, Sakura se fijó en el joven. Este le devolvía una mirada intensa a pocos centímetros de distancia.

Cualquiera que no conociera a Sasuke se hubiera intimidado ante semejante ojos llenos de oscuridad, pero para Sakura fue el impulso necesario para hacerla entrar en razón. No lograría nada buscando culpables, debían actuar o morir. Se impresiono de sobremanera al interpretar el silencio de Sasuke con tanta fluidez y familiaridad. A pesar de sus actos fallidos por intentar alejarla de él, comenzaba poco a poco a sentirlo más cercano.

–¡TE CONVIENE SALIR, MALDITA SERPIENTE!– vocifero Akaoshi tras la cortina de agua interrumpiendo la conexión que prevalecía entre ambos.

Sasuke torció el cuello en dirección a la cascada haciendo ademan de ir tras el jefe de Shinsei y Sakura no se lo impidió. Sabía que persuadirlo para que no peleara sería inútil, a estas alturas ya no era una simple batalla para destruir al otro, ahora era personal, el orgullo de ambos se vio pisoteado por el otro y asuntos como aquel no podían pasar a la ligera.

–Evita cualquier ataque en tu flanco izquierdo – dijo por fin Sakura colgando el bolso en sus caderas –. Te cubriré y...

–No – le interrumpió Sasuke –. No pelearas.

–¿Por qué no? – aspecto molesta apretando ambos puños al punto que sus dedos se tornaron blanquecino.

–No serás más que un estorbo – el pelinegro medito unos instantes, como si se arrepintiera de lo que había dicho –. Quédate aquí, estarás segura.

Sakura arrugo el entrecejo denotando molestia. No se quedaría de manos cruzadas, la niña de 12 años que debía ser protegida ya no existía, pero él aun no lo veía así. Sasuke creía que Sakura subestimaba a Akaoshi pero la realidad era que él la subestimaba a ella. Estuvo a punto de seguirle pero el Uchiha leyó sus movimientos antes de que la pelirrosa pudiera reaccionar.

–Espera... – susurro pero sus palabras fueron ahogadas por el Sharingan que la atravesó sin piedad alguna.

Cuando volvió a abrir los ojos la imagen de la cueva fue suplantada por una oscuridad tenebrosa, casi palpable. Movió la cabeza de un lado a otro sin distinguir nada, la penumbra era tal que no sabía cuándo dejaba de ser el suelo y comenzaba a ser el techo. El aire que respiraba le congelaba los pulmones, hacia tanto o más frio como dentro de la cascada generándole así una serie de escalofríos en todo el cuerpo. Levanto sus manos pero no las podía ver. La densidad de las tinieblas hacia que su cuerpo no se moviera o respirara con naturalidad. Parpadeo un par de veces acostumbrándose a las sombra procurando no alterarse más de lo que ya estaba. Dio unos pasos forzosos sin escuchar las pisadas bajos sus pies, tampoco oía los ligeros jadeos que daba por el esfuerzo de moverse, ni mucho menos los latidos desenfrenados de su corazón desbocado. La falta de sonidos le hacía sentir enferma, aquel lugar hermético le daba ganas de gritar para compensar el silencio sepulcral.

–¿Sasuke-kun? – dijo con un deje de temor.

Una ráfaga de viento le rozo las mejillas. No supo de donde venía. Estaba desorientada y el sonido que genero su voz dejo un eco macabro que le erizo los vellos de la nuca. Controlo su respiración entrecortada para no sucumbir a la desesperación.

Todo está bien – se tranquilizó mentalmente botando aire por la boca –. Esto es solo un Genjutsu.

Cerró los ojos y se sentó en el infinito suelo negro con las piernas cruzadas en busca de la concentración necesaria para apaciguar sus nervios. Perder la calma no era su estilo. Toda la vida había trabajado bajo presión, incluso le agradaba que así fuera, su cerebro aparentemente lidiaba mejor en las situaciones estresantes que cuando su vida no estaba en peligro. Sin embargo una sensación de pánico indescriptible se sobreponía a su perfecto autocontrol. No era por causa de la soledad, la falta de sonido, estar en penumbras o el caer bajo las garras de un poderoso Genjutsu. No. Nada de eso podía aterrarla tanto, su miedo tenía otro origen, otro nombre...

Escudriño el lugar con ojo crítico e hizo uso de las medidas convencionales para escapar, pero ninguna funciono. Un sello, luego otro y otro. Comenzaba a desesperarse. Sin duda alguna estaba en presencia de un jutsu complejo, digno de un Uchiha. Sasuke se había tomado las molestias necesarias para evitar su salida a través de los métodos clásicos. ¿Por qué lo había hecho? ¿No quería que fuera un estorbo o se preocupaba por su seguridad? Sintió un cosquilleo en el abdomen desechando aquella idea tan ilógica. Tomo aire por la nariz y exhalo por la boca en busca de su máxima concentración. No quería llegar a usar su Byakugō no In pero consideraba que esa situación lo ameritaba, y con creces.

Contuvo la respiración e hizo un único sello antes de abrir los ojos con brusquedad haciendo que la marca en su frente brillara, iluminando un poco a su alrededor.

–¡Kai! – sentencio la pelirrosa mientras toda la penumbra que le rodeaba comenzaba a llenarse de luz.

Una sonrisa de satisfacción llego a sus labios cuando la imagen que se proyectaba delante de ella eran las estalactitas de la cueva y el sonido de la cascada llegaba a sus oídos como una hermosa melodía. Sasuke podía ser un genio pero todo jutsu tiene su punto débil y aquel no era la excepción.

Se levantó mareada midiendo internamente sus reservas de chakra. No fue una brillante idea utilizar las pocas fuerzas que aun tenia, pero Sakura tenía prioridades y él estaba por encima de todas.

Giro hacia la salida de la cueva. Se alegró al ver que la tenue luz del sol aun prevalecía en las afueras del lugar aunque eso no llego a tranquilizarla del todo. No sabía cuánto tiempo había quedado atrapada bajo ese Genjutsu, podían haber pasado minutos, horas o días y pensar que había perdido otra oportunidad de salvarlo le hacía sentir un nudo en la garganta que le arrebata la respiración.

Termino por ajustarse la mochila y sin más preámbulos salto hacia la cascada.

Aterrizo tambaleándose sobre unas rocas. Estaba empapada de pies a cabeza con la fría agua de la cascada rociando su cuerpo. Reprimió las ganas de tiritar cuando una ráfaga de viento otoñal heló su nariz. Una vez estabilizada levantó el rostro encontrándose con un cielo demasiado nublado y un escenario para nada prometedor. El claro estaba vuelto trisas, el rio que surcaba de frente a la cascada prácticamente había cambiado de rumbo, el aire apestaba a metal y sangre y los árboles que antes se enfilaban alrededor yacían calcinados por llamas rojas y negras.

Siguió buscando rápidamente con la mirada hasta toparse con él. Un grito quedo atorado en su garganta al verlo sosteniendo el peso de su cuerpo con la katana clavada entre las piedras. A simple vista no tenía heridas graves – más de las que ya presentaba – pero estaba segura de que las vendas ocultaban la mayoría de ellas. Corrió hasta él sin detenerse en observar a su oponente.

–¡Sasuke-kun! – le llamo con un hilo de voz.

El aludido movió únicamente sus ojos clavándolos en el rostro de Sakura. Un destello de contrariedad y evidente enfado surco la mirada del Uchiha.

–¿Estas bien? – pregunto Sakura con la respiración entrecortada.

–¿C-cómo? – intento quejarse pero un movimiento le hizo soltar un bramido de dolor.

–Te curare, no te muevas – junto chakra y coloco las manos sobre la espalda desnuda del pelinegro.

–Vaya, vaya ¿Pero que tenemos aquí?

Los brazos de Sakura se tensaron y sus pupilas se dilataron en respuesta al sonido de aquella voz que arrastraba las palabras. Sasuke debió sentir su pánico, pero no podía hacer nada al respecto, solo estaba en condiciones de observar y escuchar. La pelirrosa trago saliva y con evidente temor levanto lentamente la cabeza hasta encontrarle.

Más allá, cerca de donde el rio seguía su curso natural, se dibujaba la silueta de una persona levantándose del suelo con evidente dificultad. Trastabillo un poco al incorporarse dejando entre las piedras un charco de sangre que se mezclaba con el agua del rio. Tenía el torso al descubierto con profundas heridas que hacían juego con su aspecto demacrado y temible. El cabello grisáceo caía como lluvia plateada por todo su cuerpo magullado hasta llegarle casi a las rodillas, enredándose en el camino con la docena de aguijones metálicos que protruían de su espalda dándole la apariencia de un cuerpo espín al asecho. Zarandeo su cabeza hacia atrás en un movimiento tan brusco que simulo a la perfección el efecto que generaba un látigo al tensarse.

Sakura reprimió las ganas de dar un paso atrás en señal defensiva. Aun con el rostro oculto entre los cabellos podía ver su sonrisa. Mostraba los dientes bañados en sangre en una extraña mueca, como si el dolor que debía causarle las heridas en su cuerpo no era más que una sensación placentera. Paso la lengua por la comisura de su labio donde una gota de sangre escapaba lentamente.

–¿Esta es la razón por lo que has tardado tanto en aparecer, Uchiha? – escupió Akaoshi irguiéndose con parsimonia mientras inclinaba la cabeza con admiración. Estaban a metros de distancia pero Sakura sabía que la estudiaba con descaro de arriba a abajo. El hombre soltó una carcajada cínica pasando una mano sobre su alborotado cabello –. No te culpo, es todo una belleza.

Bajo las manos de Sakura, Sasuke se removía con el deseo de matar a Akaoshi de una vez por todas.

–Esto es entre tú y yo – rugió el pelinegro escupiendo sangre al hablar seguido de una tos que hizo vibrar las manos de la Haruno.

–¡Sasuke-kun! – dijo con la angustia plasmada en su voz lo cual genero una serie de carcajadas por parte de Akaoshi.

–Que retrato tan conmovedor – se burló con voz socarrona. Sakura le dedico por primera vez una mirada ponzoñosa esperando que no cometiera el mismo error de Sasuke en considerarla poca cosa.

El momento en que el par de jades se clavaron en Akaoshi, este cambio por completo su expresión a una de estupefacción. Algo había hecho mella en él pues seguía perforándola con la mirada extrañada y, como si de un psicópata se tratara, corrigió en segundos sus gestos retornando a aquella sonrisa escalofriante que mostraba los dientes enrojecidos por la sangre.

–Oh, pero miren nada más quien nos acompaña – hizo un sonido gutural ahogando una risilla –. Eres la pupila favorita de Senju Tsunade... Si, la flor de Konoha – entrecerró la mirada y bajo la voz hasta convertirla en un susurro -. Haruno Sakura.

El instante en que pronuncio su nombre una descarga eléctrica le recorrió la medula en señal de peligro. Trago en seco e hizo lo posible por no demostrar la incomodidad que le genero Akaoshi al dirigirse a ella.

–¿Cómo sabe mi nombre? – dijo sin pensar.

Akaoshi ladeo la cabeza al lado opuesto que lo hacia la comisura de sus labios en un intento de mostrarse intrigado.

–¿No lo sabes, preciosa? – dijo entretenido. A su derecha estaba clavada uno de sus largos aguijones, similar a una espada, que desenterró lentamente sin alejar la atención de ninguno de los dos –. La protegida de mi querida Tsunade-hime, la hermosa flor de la aldea oculta entre la hoja, la gran medic-nin de la cuarta guerra ninja. Tus habilidades médicas te preceden y esa belleza legendaria que estremecería a cualquier hombre me hace pensar que las historias son ciertas – sonrió con diversión –. Eres toda una diosa, pequeña Sakura.

–¿Esperas que te crea toda esa basura? – escupió Sakura rechinando los dientes. Que le adulara no la hacía cambiar el perfil de criminal demente que se había establecido en su cerebro, todo lo contrario se sentía peor, como si la insultara.

–Prepotente y orgullosa – se mofo Akaoshi carcajeándose sutilmente –. Todo un encanto.

Sasuke se mantuvo aséptico ante el comentario pero aun así Sakura sentía como se contraían los músculos de la espalda del pelinegro. Agacho la cabeza lo suficiente para llegar hasta su oreja.

–¿Cómo te sientes? – le susurro Sakura sin que llegara a oídos de Akaoshi.

–Está demasiado interesado en ti – le advirtió el Uchiha sin escucharla en lo más mínimo. Empleaba el mismo tono de voz pero con cierto deje de incomodidad al momento en que agrego –. Úsalo a nuestro favor.

–¿Cómo está tu amado Uchiha? – intervino Akaoshi al sentirse desplazado de ser la atención principal de Sakura – ¿No lo lastime lo suficiente? o ¿Es demasiado débil como para hacerme frente? – una nueva risotada se filtró en su garganta – ¿Acaso La basura de Orochimaru no le enseño nada? ¿Ni siquiera curarse a sí mismo? ¿Y qué me dices del maldito de Kabuto? – el tono de su voz se tornó áspero e iracundo al pronunciar los nombres de aquellos dos sujetos, sobretodo de aquel último. Luego negó con la cabeza de un lado al otro como si quisiera quitarse algo de encima regresando de nuevo hacia Sasuke con fuerzas renovadas –. Que patético, y eso que te tenía en alta estima, Uchiha.

Sakura vio aquello como una oportunidad para poner a prueba la idea de Sasuke y también una vía de escape antes de que el pelinegro saltara sobre Akaoshi con la katana en ristre.

–¿Qué trata de decir? ¿Conoce a los tres Sennin?

–Solo a los que me interesan – concluyo el hombre limpiando ausentemente la sangre del aguijón que había extraído de la tierra.

–¿Qué pueden tener en común Tsunade-shishou, Orochimaru y tú? – volvió a preguntar Sakura forzando la conversación más de lo que debería.

–Mucho, querida. Más de lo que te imaginas – continuo Akaoshi sin molestarse por el hecho de que quería sacarle información, todo lo contrario parecía disfrutar las caras de tormento e intriga tanto de Sakura como de Sasuke cada vez que una palabra salía de sus labios ensangrentados.

–Mi maestra jamás trabajaría con alguien como tú – increpo a la defensiva.

–Eres una ilusa si crees que tu querida sensei ha caminado toda su vida bajo la luz de la honestidad y la honradez – como era de esperarse Akaoshi sonrió divertido bajo la reacción de sobresalto por parte de Sakura. Para él todo aquello era un entretenimiento que lo deleitaba de sobremanera –. Tsunade-hime no es tan diferente de Orochimaru, de ti o de mí – prosiguió el hombre –. Todos perseguimos un sueño, incluso algunos compartimos las mismas metas. No nos importa lo que tengamos que hacer para alcanzar lo que queremos, lo conseguimos a toda costas sin importar nada ni nadie. El pequeño Uchiha es un experto en la materia ¿no es así, Sasuke?

La frecuencia cardiaca de Sakura aumento precipitadamente. Algo en ella estrujo su pecho cuando bajo la mirada y se fijaba en el pelinegro aun en cuclillas. Al tener las manos sobre su espalda desnuda podía sentir como su respiración volvía a ser más pesada y profunda, como la de un cazador asechando a su presa.

Hubo un silencio prolongado hasta que por fin la voz de Sasuke se alzó sobre la cascada tras ellos.

–Ahora lo recuerdo – sentencio a secas.

No era la respuesta que Sakura esperaba, en realidad aguardaba por un arrebato de ira o gritos llenos de maldiciones, viniendo de Sasuke aquello sería una respuesta innata en él.

En la distancia, Akaoshi no se mostraba contrariado sino más bien complacido.

–Tardaste bastante, pensé que jamás lo recordarías – argumento el hombre colocándose la espada/aguijón sobre el hombro.

–¿Qué sucede? – pregunto Sakura intercalando su atención entre el frio Uchiha y el psicópata de Shinsei – ¿Lo conoces?

–Hace mucho tiempo – explico Sasuke con monotonía –. Trabajaba con Orochimaru en alguna de sus investigaciones, lo vi un par de veces cuando entrenaba. No volví a saber más de él después de aquel incidente en el país de Té.

La pelirrosa arrugo el entrecejo.

–¿De qué incidente estás hablando?

–El día en que fui traicionado por esas asquerosas serpientes rastreras – intervino Akaoshi apretando los puños con fuerza. Se le veía alterado sin perder ese toque lunático que comenzaba a ser característico en él. Levanto la quijada soltando una risa resignada y con fuerzas renovadas y un toque de sarcasmo continúo diciendo –. Es duro cuando confías en alguien y luego te da la espalda ¿no te parece, pequeña Sakura?

La aludida se sobresaltó un poco por el cambio que tomo la conversación y más aún cuando Akaoshi la miro primero a ella y luego a Sasuke dejando en el aire un mensaje que de alguna forma pudo interpretar.

–Veo que lo entiendes – agrego el jefe de Shinsei deleitándose por la vista –. Los verdaderos amigos apuñalan de frente*, Sakura. Tenlo siempre en cuenta.

Ella trago saliva nerviosa.

–No sé de qué estás hablando – mintió.

–¡Claro que lo sabes! ¿O debo hacer memoria de tu "mortal" historia con el menor de los Uchiha?

Sakura abrió los labios para refutarle pero su aliento fue lo único que salió de entre ellos. Contuvo la necesidad de mirarle pero fue inevitable, quería de alguna forma ver el rostro de Sasuke. Bajo los ojos hasta fijarse en él. Estaba quieto, muy quieto, sino fuera por su respiración podía pasar fácilmente por una estatua de mármol. Gris y fría. Akaoshi sonrió de medio lado, complacido.

–Al parecer no hay necesidad de recordar.

–No caeré en tus juegos mentales – le repudio la pelirrosa queriendo sonar decidida.

–Oh, no. No podría jugar contigo – señaló el hombre fingiendo sentirse insultado –. Y menos cuando somos algo así como hermanos de traición. Mmm, me gusta como suena. Hermanos de traición.

–No somos ni seremos hermanos. Nunca.

–Claro que si, Sakura. Tú y yo somos iguales. Sufrimos el mismo dolor, fuimos abandonados por alguien a quien apreciamos y que nos dio la espalda. Pero eso no nos impidió seguir adelante y surgir, dispuestos a continuar sin mirar atrás – desvió la atención de Sakura hasta llegar a los profundos ojos negros de Sasuke –, aunque no estemos dispuestos a perdonar a aquellos que tanto mal nos han hecho.

Obligarla recordar tiempos pasados era una jugarreta burda y sucia. Quería sollozar pero se lo impidió. Eso es lo que él quería, quebrantarla hasta hacerle creer cosas que no son... o que tal vez si eran...

–Se lo que tratas de hacer – concluyo Sakura luego de unos segundos de silencio.

–Admitir la realidad siempre es duro, preciosa.

–Esa no es la realidad. No lograras que crea cada una de tus palabras.

Akaoshi sonrió divertido.

–Eso lo podemos cambiar.

–Cállate, desgraciado – le corto Sasuke sin poder contener la ira en sus palabras.

–¿Te molesta que digamos la verdad, Uchiha? – se mofo Akaoshi regresando al joven bajo las manos de la pelirrosa –. A nadie le gusta escucharla y menos aquel que empuña la espada.

–¿Por qué te traicionaron? – se adelantó a decir Sakura cuando percibió el aumento del poco chakra que aun tenia Sasuke. Volvió la mirada de nuevo a Akaoshi, decidida a encontrar la verdad tras todo aquello – ¿Que ocurrió para que no pudieras llegar a perdonar?

–Se de trampas, dulzura. Y despistarme no es una buena idea – arqueo una ceja plateada sin cambiar el gesto entretenido.

–No es ninguna trampa – dijo con toda sinceridad.

Akaoshi frunció el entrecejo. Estaba contrariado.

–¿Qué intentas hacer, Sakura?

–Probar algo – le respondió por lo bajo.

–¿Por qué? Morirán de todos modos.

–Quiero saber – se detuvo un momento para buscar el valor antes de seguir –. Solo... quiero saber.

Hubo silencio después de esa petición en donde Sakura aguardo expectante mientras que Sasuke continuaba concentrando chakra silenciosamente.

–Eres toda una belleza, Sakura – respondió por fin Akaoshi relajando sus gestos –. Intentas encontrar la luz en las tinieblas, pero lo único que lograras es perderte entre ellas.

–No lo hare. Solo... – susurro temerosa –, solo quiero comprender.

–Te arrepentirás de conocer mi historia.

–Ponme a prueba – esta vez no hubo vacilación en su mirada – ¿Qué sucedió, Akaoshi?

Era la primera vez que decía su nombre y tal vez él se impresiono ante ello pues dio un ligero respingo que hizo cambiar por unos instantes ese semblante de maniaco sin escrúpulos al de un ser humano con un terrible pasado. Bajo la mirada a sus pies, formo un puño con su mano libre y con la otra apretó aún más la empuñadura de su espada.

–Confié en él, ¿sabes? – inicio Akaoshi en un tono de voz áspero. Jadeaba forzosamente mientras sostenía su postura erguida. De alguna forma lo que decía le estaba afectando tanto física como psicológicamente –. Le ayude con cada uno de sus experimentos, le di parte de la información que había recopilado todo esos años, hice su trabajo sucio por tanto tiempo que mis manos no conocían otro color más que el de la sangre fresca. Obedecí todas y cada una de sus peticiones ¿Y que recibo a cambio? Un intento fallido de asesinato junto a todos los datos de mi investigación hurtados por esos canallas.

–El proyecto "Eien" – dijo Sasuke como si los recuerdos regresaran a su mente de un solo golpe. Giro su cabeza y dedico su mirada a una Sakura desconcertada –. Buscaban la clave de la inmortalidad.

– "Eien"...Eternidad... – tradujo la pelirrosa por inercia regresando de nuevo al hombre de cabellos plateados en la lejanía –. Todo este tiempo tu...

–¿Fascinada? o ¿Consternada? – quiso saber un curioso Akaoshi retornado de nuevo a su carácter terrorífico –. La inmortalidad es un sueño cotizado por egoístas y ambiciosos como Orochimaru, sin embargo necesitaba un toque maestro para poder alcanzar el propósito que tanto anhelaba. Tanto él como yo buscamos esa pieza faltante al rompecabezas, era lo único obstáculo que nos separaba de nuestro más anhelado sueño. No obstante Orochimaru intento matarme cuando nuestros experimentos no estaban llegando a ninguna lado, por lo que presidio de mis conocimientos hurtando lo poco que había guardado para mi secretamente. Ese fue su gravísimo error – explico con una sonrisa socarrona –. Poco después encontré lo que nos hacía falta. Estaba a un solo paso de lograr mi sueño, solo precisaba de un poderoso jutsu que daría origen a un ser indomable, infinito... un ser inmortal – respiro hondo rebosante de júbilo. Una vez calmado su estupor, giro la cabeza clavando de nuevo sus en ojos en los de Sakura –. Ahí es donde entra en escena tu querida maestra.

–Tsunade-shishou – pronuncio la Haruno temblando ligeramente.

Un destello enfermizo apareció en los brillantes ojos amarillos de Akaoshi. El hombre desde la distancia removió con su mano magullada el cabello plateado que cubría una sudorosa frente. En ella estaba tatuado en todo el centro una equis de color negro similar al rombo que Sakura tenía en la suya.

–Sí, hermosa, hablamos del Byakugō no In de tu querida sensei y que, por lo que veo, has podido desarrollar tú también. Impresionante debo admitir, pero aún sigue siendo débil.

Akaoshi leyó la expresión de Sakura pues continuo diciendo.

–No fue fácil, debo admitir. Mi quería Tsunade-hime no es una mujer fácil de doblegar, me tomo varias semanas hasta que por fin pude sonsaque la información que quería. Después de eso fueron varios meses de intensa búsqueda los que me llevaron a perfeccionar el jutsu definitivo. Ahora, gracias a esto – golpeo dos veces con el dedo índice la marca en su frente con orgullo –, soy invencible, ahora soy inmortal.

Una ráfaga de viento trajo consigo un cumulo de hojas secas que cubrió parcialmente la silueta de Akaoshi. Sakura se separó de Sasuke para que este no percibiera el temblor en sus manos. Conocía a la perfección aquel Kinjutsu, cada debilidad, cada fortaleza, incluso ella podía aplicar la Restauración Divina sin mayores problemas. Sin embargo, en las manos equivocadas, podía ser utilizado para propósitos oscuros, al punto de considerarse un jutsu prohibido que solo podía ser transferido directamente de un Senju.

–T-tu... Lo que hiciste fue... – tartamudeo Sakura incrédula ante sus propias deducciones.

Akaoshi cubrió su rostro con una mano en busca de cordura la cual perdió en un sobresalto de esa risa neurótica que se extendió con la siguiente ráfaga de aire.

–Abstente a las consecuencias de tu propia curiosidad, lindura.

–Sakura – le llamo Sasuke levantándose a su lado - ¿De qué está hablando?

La pelirrosa abrió los labios pero no pudo formular palabra alguna. Seguía abrumada y confundida, las náuseas se intensificaron temiendo que en cualquier momento caería como una hoja seca destruida por el otoño.

–¡Vamos, dulzura! – le alentó Akaoshi centellando de ansiedad –. Dijiste que no te arrepentirías. Ahora ¡Díselo!

Nunca había visto a Sasuke preocupado por algo ajeno a él desde que eran tal vez Genins. Estaba de pie demasiado cerca de ella, podía percibir el calor que emanaba de su cuerpo haciéndola sentir segura pero aun así no llegaba a tranquilizarla con solo su presencia.

–Sakura – dijo nuevamente Sasuke obligándola a que le mirara –. Estas temblando.

No se había percatado hasta que él lo apunto ¿Qué le sucedía? ¿Era tan débil como para que las palabras de un lunático la alteraran de esa manera? Buscó calmarse al tiempo en que Sasuke volvía a hablarle.

–Sakura ¿Qué sucede?

–¡¿Qué esperas, preciosa?! – grito emocionado Akaoshi – ¡Habla!

–Para poder transformar el jutsu se necesita un poder aun mayor que tú propia fuerza – explico Sakura sin conseguir el valor suficiente para volver a dirigirle la mirada al pelinegro –. Necesitas la vida de otros para compensar la tuya.

Sasuke no se sintió satisfecho con aquella respuestas por lo que insistió diciendo.

–¿Qué quieres decir?

La garganta de Sakura ardía pero aun así continuo.

–A la muerte no le gusta que escapen de ella... y si lo haces, nunca se verá complacida. Es por eso que buscara la forma de arrastrarte hasta caer bajo el manto de La Parca... a no ser que le des algo a cambio... – se abrazó a si misma con una sola mano intentando reconfortarse de alguna manera antes de continuar –. La única forma en que puedes hacerlo es entregarle tantas vidas como sea posible... consumir la energía de miles de cientos de almas para convertirte en una persona que jamás muere – trago en seco al tiempo que culminaba con voz fría –. El nacimiento de un ser inmortal.

Cuando hubo comprendido el trasfondo de las palabras de Sakura la cólera del Uchiha se esparció como pólvora. De sus ojos irradiaba furia que hizo juego con el Susanoo que ahora rodeaba a los dos ninjas de Konoha. Le dirigió una mirada asesina a Akaoshi arrojando las palabras con ardor.

–Todo este tiempo, tu...

–¿Pensaste que formé esa estúpida organización con el fin de destruir a mugrientos civiles sin un futuro más allá de la muerte? – Salto el jefe de Shinsei como si de un chiste se tratara –. Sabía que no podía alcanzar esa meta por mis propios medios, necesitaba mentes blandas, fáciles de moldear a mi placer. Les hice creer en algo vano por lo que pelear – formo un puño con su mano al punto de que esta empezara a temblar de euforia –. Años planificación por fin dieron frutos, después de tanto tiempo mi sueño se hará realidad y con ello por fin matare a los traidores que intentaron destruirme.

–Lo que hiciste fue inhumano – concluyo Sakura sintiendo como la bilis llegaba peligrosamente a su boca –. Destruiste tres pueblos solo para tener más almas.

–Como dijiste La Parca no se complace fácilmente, querida – se burló sonriendo de oreja a oreja controlando las ganas de soltar una carcajada –. Es tan ambiciosa que no le satisface obtener un puñado de vidas a cambio. Oh, no, no, no. Eso sería casi un insulto. Lo delicioso que será para ella terminar con mi vida debe de producirle tal placer que necesita compensarlo con millones de vidas a cambio. Es por esa razón que está tan desesperada por alcanzarme – Estaba al borde de la locura, se podía ver en el destello desquiciado de sus profundos ojos ámbar – ¿Quién diría que un alma vale más que la de tantas personas inocentes? Es estúpido, y más si se trata de una tan podrida y sin esperanzas como la mía. ¿Ves, pequeña Sakura? No hay luz en estas tinieblas, no conseguirás nada. Pero es así como estaba planeado todo, es así como La Parca lo ansía y para mí sus deseos son órdenes, incluso si eso me lleva a ensuciar mis manos de sangre, incluso si debo de matar a quienes amo, incluso si eso me lleva a la locura – de la nada Akaoshi comenzó a saltar con delirio intercalando entre un pie y el otro acompañado de una sonrisa que ahora era una mueca que se desviaba entre demencia y dolor – ¡Ellos están aquí! ¡Puedo escuchar sus voces en mi cabeza! – chillo dándose golpes en la sien mientras reía con un tono áspero. Sasuke y Sakura lo analizaban desde la distancia, sin bajar ni un instante la guardia –. Dicen mi nombre una y otra vez, sus últimos alaridos de dolor están grabados sobre fuego en mis recuerdos... gritan de placer.

Cuando hubo terminado el episodio de desquicio los brazos de Akaoshi cayeron a ambos lados de su cuerpo como peso muerto. Dejo de sonreír. Ahora su semblante era serio, concentrado en elegir una de las espinas de su espalda desenterrándola con fuerza de entre las costillas.

–Solo necesito un sacrificio más para completar mi sueño – murmuro tenebrosamente.

Sasuke dio un par de pasos dejando a la pelirrosa a su espalda.

–Quédate a un lado, Sakura.

–¡Tendrás el honor de ser esa última alma, Uchiha! – el hombre hizo un par de sellos y la marca de su frente brillo al tiempo en que las líneas negras se deslizaban sobre su pálida piel - ¡Arte Ninja Creación de Renacimiento - Jutsu Fuerza de un Millar!

Sakura hizo ademan de querer detener al pelinegro pero antes de que su cuerpo reaccionara él ya había saltado con agilidad hasta chocar su katana contra la de Akaoshi.

–¡Sasuke-kun!

La velocidad de los dos cuerpos frente a ella no le permitía respirar con naturalidad. Eran un par de destellos que se golpeaban con frenesí levantando hojas marchitas a su paso. Sakura parpadeo incrédula. Odiaba admitirlo pero si se entrometía en aquella batalla titánica seguramente acabaría muerta, por lo que necesitaba idear un plan, y rápido. Obligo a su mente trabajar al doble de su capacidad normal. La fuerza bruta no funcionaría en esta situación, es lo que Akaoshi quería que pensaran ¿Qué podía hacer? ¿Qué debía hacer?

«¡Sakura!»

–¡Ino! – dijo demasiado sorprendida por la voz de su amiga.

«¿Qué sucede? Vamos de cami...»

–No hay tiempo, Ino. – le interrumpió mientras se alejaba del epicentro de la pelea antes de que fuera degollada por los violentos ataques que se profanaban aquellos hombres –. Akaoshi nos tiene acorralados.

«¿A-Akaoshi?» – tartamudeo Ino en respuesta.

–Necesitamos ayuda – apremio Sakura sin quitar un instante los ojos de la pelea.

«Estamos demasiado lejos, nos tomara un tiempo llegar hasta donde ustedes están»

No sabía porque esperaba buenas noticias, tener esperanzas era algo innato en ella, pero en ese preciso instante dudaba de que tan fuerte eran esos sentimientos. Instintivamente llevo sus manos al pecho presionándolo con fuerza.

–Sino hago algo Sasuke morirá, Ino – balbuceo dolida por ser tan inútil, por ser de nuevo esa niña de 12 años que tanto aborrecía. Las lágrimas tentaban con brotar de sus ojos cada vez que veía como lastimaban a Sasuke mientras ella solo contemplaba desde la distancia. Estaba a punto de romperse en mil pedazos, creía que era fuerte pero la realidad era otra –. Morirá Ino... – concluyo en un sollozo sintiendo como todo su cuerpo temblaba –, no lo puedo permitir... él...él...

«Hey, frente de marquesina» - dijo Ino dándole una cachetada mental que la hizo entrar en razón -«No te atrevas a caer en la trampa de Akaoshi, solo quiere jugar con tu mente, él sabe cómo manejar a las personas utilizando el pánico y el miedo a su favor ¿No fuiste tú la que insistía en que no debía acobardarme? Confió en ti, Sakura. No nos defraudes»

La frustración se apoderaba de cada centímetro de su cuerpo, pero al repasar las palabras de Ino las pupilas se le dilataron al tiempo en que sus labios quedaban entreabiertos por la sorpresa.

–¿La trampa de Akaoshi? – repitió para ella misma.

Una idea surco su mente. La interrupción de Ino le había caído como anillo al dedo, ahora tenía un plan descabellado, para muchos un intento fiel de suicidio, pero para Sakura la única opción que tenía para detener de una vez por todas a Akaoshi.

«¿Estas escu...?»

–¡Eres brillante, Ino! – grito emocionada. Se retiró aún más de la batalla y comenzó a hacer una serie de sellos uno tras otro –. Enlázame con Sasuke, necesito decirle algo.

...

Pasaron casi quince minutos y la atmosfera se había tornado más densa conforme la batalla se prolongaba. Sasuke estaba exhausto, sin chakra y con las heridas antiguas mezcladas con las nuevas deteriorando increíblemente sus fuerzas, ya para ese entonces, deplorables. Akaoshi jadeaba con tal satisfacción que cualquiera dudaría de su estado mental. Tenía un aspecto lamentable, aún peor que el mismísimo Uchiha, pero su rostro se regocijaba por cada segundo en que la pelea tomaba el aliento de su contrincante.

–¿Qué sucede, Uchiha? ¿Agotado ya? – el hombre limpio con el dorso del antebrazo la sangre que caía silenciosamente de sus labios.

Akaoshi resoplaba fatigado al tiempo en que desviaba la mirada en busca de la pelirrosa. Sasuke le imito pues no había sabido nada de ella desde que Ino los enlazara y le dijera su plan. El jefe de Shinsei la encontró segundos antes que el Uchiha, lo supo cuando la sonrisa sádica se dibujaba de nuevo en su rostro maniaco. Sentada entre las hojas caídas de un árbol y totalmente inmóvil estaba Sakura. Sus ojos cerrados expresaban concentración pura, sus manos formaban el sello Hitsuji y la marca de su frente brillaba con fuerza.

–¿Qué está haciendo tu novia? – pregunto Akaoshi ladeando la cabeza.

–La pelea es aquí, bastardo – gruño Sasuke aprovechando la brecha que le proporciono el descuido de Akaoshi para atacar.

Salto sobre una roca y atravesó el pecho del jefe de Shinsei con su katana. Los ojos del Uchiha quedaron estáticos al ver como el filo de la espada atravesaba perfectamente el tórax del hombre de un lado al otro. Akaoshi no se movió para esquivar el ataque, como era de esperarse, ni siquiera desvió la mirada de la pelirrosa que seguía meditando en la distancia. Un hilo de sangre recorrió el labio de Akaoshi al tiempo que giraba su cabeza para prestarle atención a la cara atónita de Sasuke que no comprendía como el hombre seguía con vida.

–¿Te he dicho alguna vez que me encantan las trampas?

Sasuke maldijo en voz alta. Todo había sido parte de su plan para distraerlo y así quedar atrapado en su jugarreta sucia. De la nada los aguijones de metal chirriaron desde la espalda del hombre y saltaron por todos lados formando una especia de jaula que rodeo a Sasuke junto a lo que al parecer era un clon de Akaoshi. Las energías que mantenía reservadas le fue arrebata por aquella prisión junto al poco aliento que le quedaba. Cayo de bruces al suelo sin un ápice de fuerza y fue entonces cuando lo vio. El verdadero Akaoshi corría por fuera de los barrotes de la jaula con su espada en ristre y en dirección a...

–¡Sakura! – le llamo Sasuke desgarrando su seca garganta.

–No pudiste salvarlos – le recrimino Akaoshi con satisfacción –, y ahora no podrás salvar a una simple niñita.

En un ágil movimiento salto con el aguijón que usaba como espada preparado para clavárselo a la pelirrosa en donde debía estar su corazón. A centímetros de chocar contra el pecho de Sakura un par de jades le regresaron una mirada victoriosa.

–¿Crees que no predije tu pequeño jueguito? – dijo Akaoshi clavado la espada en el costado de Sakura.

El hombre espero pacientemente hasta que se disolviera el jutsu clones de sombra frente a él pero el cuerpo que yacía bajo sus pies seguía integro, saliendo sangre a borbotones y sonriéndole triunfantemente.

–¿Fascinado? o ¿Consternado? – pregunto en un tono carente de diversión. Las pupilas ámbar de Akaoshi se dilataron al tiempo en que Sakura golpeaba con la palma de su mano la frente del hombre - ¡Sello Espiral de Hagi!

Los tatuajes que resaltaban sobre la piel del hombre se desmaterializaban junto a su sonrisa gloriosa.

–¡T-tu! – increpo Akaoshi dejando salir un hilo de sangre por la comisura de sus labios.

Antes de que pudiera hacer otra jugada sucia la katana de Sasuke zumbo por los aires y atravesó la espalda del hombre dejándolo totalmente indefenso y sin fuerza. Akaoshi cayó sobre sus rodillas con el sonido de sus huesos crujir bajo las rocas del rio, preso del pánico. El aguijón que usaba como espada trastabillo a un lado mientras expelía una gran cantidad de sangre revelando los últimos segundos que le quedaban de vida. Los dorados ojos crepitaban involuntariamente con un sentimiento del cual no había expresado aun y que seguramente nunca hubiese querido admitir en toda su vida.

Miedo.

Un silencio opacado por la caída del agua sobre las rocas a lo lejos llego a la par de una brisa helada que le calo lo huesos. Sakura sentía como su corazón tamborileaba con la intensión de escapar de su pecho. El torbellino de pensamientos nublaba la poca estabilidad que aun profesaba. Todo había terminado, él había muerto bajo la katana de Sasuke, pero ¿Por qué aún se sentía tan turbada tan... tan aterrada?

–¡Teme! ¡Sakura-chan! – grito alguien desde la arboleda junto a ella acercándose hasta donde estaba Sakura.

Una mota amarilla cubrió su rango de visión. Los ojos ámbar de Akaoshi fueron suplantados por unos azules enérgicos y amables. La miraba escudriñaba cada centímetro de su rostro al igual que ella lo hacía con el Jinchuriki del Kyubi.

–N-Naruto – tartamudeo incrédula después de segundos de intensa meditación buscando en sus recuerdos en donde había visto aquel rostro tan noble.

–Sakura-chan ¿Estas bien? Estas llorando – le pregunto Naruto demasiado preocupado.

¿Lloraba? Instintivamente llevo ambas manos a las mejillas húmedas donde la marca de las saladas gotas seguía desparramándose en silencio.

–¡Sakura! – volvió a llamarla alguien más, esta vez reconoció la voz más deprisa. La había escuchado numerosas veces en su cabeza.

–Ino – murmuro cuando el rostro molesto de su amiga llego hasta el rango de visión de la pelirrosa.

–¡Casi no das un susto de muerte! ¿Cómo te atreves a hacer un plan tan descabellado? ¡Usarte como carnada humana ante un psicópata al asecho! ¿Has perdido el juicio? – exploto la Yamanaka evaluando a Sakura con las manos llenas de chakra – ¿Qué si no hubiera funcionado? Solo porque te sirvió en los primeros exámenes Chunnin no significa que tienes que usarlo cada vez que te quedas sin imaginación para idear una trampa.

–Digas lo que digas funciono – objeto el Nara observando el cuerpo sin vida del jefe de Shinsei –. Akaoshi está muerto.

–¡No la animes, Shikamaru!

–¿Cómo está Sakura-san? – pregunto la tenue voz de Hinata.

–¿Cómo crees que este? – exploto Ino sin reservarse un poco la amargura que llevaba consigo.

–¡Dobe! – gruño Naruto regresando su atención a Sasuke que escapaba de la prisión donde Akaoshi lo había confinado – ¿Cómo te atreves a permitirle hacer esta estupidez? ¡¿Estas demente?!

–Naruto-kun – le detuvo la voz de Hinata al tiempo en que llegaban Kiba y Shino que habían quedado rezagados.

El rubio alcanzo al Uchiha para enfrentarlo cara a cara.

–Dame una sola razón para no partirte en dos esa cara de asqueroso presumido.

–Era nuestra mejor opción y la tomé – explico Sasuke calmadamente, como si lo que había ocurrido fuese algo tan común como el sol saliendo de entre las montañas al amanecer. Cerró ambos ojos buscando calma –. No me arrepiento de haberlo hecho.

–¡Deberías, pedazo de...!

–¡Naruto basta! – le detuvo Sakura en la fina línea entre la inconciencia y a lucidez –. No fue su culpa, le obligue a hacerlo.

El Uzumaki quedo perplejo con el puño a punto de descansar en la mejilla de Sasuke.

–Pero...

–Fue mi decisión – tartamudeo Sakura empezando a ver todo borroso –. Yo le obligue a hacerlo, yo...

–¡Sakura-chan!


Día 9

Sentía como su cuerpo se lamentaba cada instante en que permanecía en esa camilla. Era de noche, lo sabía porque la ventana que daba a un pueblo que, seguramente era Takigakure, le regresaba un panorama de un cielo oscuro oscilante en estrellas y con una brillante luna en compensación. Se incorporó con un dolor punzante en el costado y un terrible dolor de cabeza. No recordaba haberse lastimado allí, bueno, no recordaba mucho de lo que había sucedido.

–Sakura-san – dijo la dueña de un par de ojos perlados sentada finamente a su derecha.

–Hinata – susurro Sakura al reconocerla. Intento sonreírle pero una mueca dio paso a través de la molestia en su costado.

–No debes moverte. Aun estas...

–¿Dónde está Sasuke? – le interrumpió respirando con dificultad – ¿Está bien? ¿Qué paso con Naruto y los demás?

–Todos están bien – le ayudo a incorporarse colocando dos almohadas como soporte en su espalda mientras continuaba con parsimonia –. Estábamos preocupados porque no despertabas, Ino-san dijo que fue un colapso por insuficiencia de chakra, en los casos normales deberíamos estar alertas pero como tienes el Byakugō no In...

Soltó un suspiro de alivio donde los músculos de su cuello se relajaron y su pulso se hubo normalizado. Dejo descansar la espalda sobre la montaña de almohadas antes de comenzar un intenso interrogatorio contra la Hyūga con tal de estar al corriente de la situación.

En pocas palabras tenía cuatro días inconscientes, cosa que no le agrado para nada. En todo ese tiempo la organización Shinsei se disolvió sin quedar ni un solo seguidor vivo o en libertad. Los pocos que aun acataban las doctrinas de Akaoshi fueron capturados e interrogados en profundidad. Los shinobis de Konoha ayudaron a Takigakure a estabilizarse y dejar todo en perfecto orden. Kiba, Shino y Shikamaru partieron a la hoja para llevar un informe preliminar a Kakashi-sensei el día anterior por lo que actualmente solo permanecían Sasuke, Naruto, Hinata e Ino bajo el cuidado del país de la Cascada. Todo estaba en orden. Por fin volvía a reinar la paz.

Cuando hubo pensado en sus compañeros Sakura sintió la necesidad preguntar una vez más.

–Hinata – inicio por lo bajo demostrando sumisión – ¿Dónde está...?

–La última vez que los vi estaban en la azotea – contesto la Hyūga al descifrar los pensamiento de Sakura –. Ino-san dijo estrictamente que no te movieras.

–Se cómo trabaja mi cuerpo, Hinata. Solo necesito un punto de apoyo ¿Me ayudarías?

La ojiperla dudo por un instante previo a ser convencida por Sakura.

Caminaron con lentitud por los sinuosos pasillos del hospital de Takigakure. A pesar de estar lleno por infinidades de pacientes caídos en batalla la calma era patente. Aun le dolía el costado pero pronto sus habilidades regenerativas se sobrepondrían al malestar, es más ya estaba sintiendo como el dolor se atenuaba poco a poco mientras caminaban lentamente entre las puertas de las habitaciones.

Sakura miro de reojo a Hinata luego de cruzar un recodo. Le había hecho muchas preguntas sobre los acontecimientos de los últimos días, pero existía una en particular que temía hacer.

–Hinata...

–¿Si?

–¿Naruto sabe lo de Udon?

Vio primero como el rostro pálido de ella se impresionaba por la pregunta para luego dar lugar a una mirada triste y deprimida.

–Ino-san nos contó – explico utilizando su tenue voz –. Su cuerpo había desaparecido por un par de días luego de la trampa que les tendió Akaoshi. Poco después lo encontraron cerca de la cascada donde ustedes estaban... lo trajeron hace tres días atrás... – sus pasos comenzaron a disminuir y Sakura no tuvo más remedio que seguirle el ritmo –... Estaba irreconocible... – continúo con dolor –. Naruto-kun no lo sabe pero, según los forenses, había rastros de tortura.

Eso explica como Akaoshi dio con nosotros – medito en pensamientos –, seguramente forzó a Udon a utilizar sus habilidades sensoriales para encontrarnos... para matar a más gente... para cumplir su sueño...

–¿Te duele algo, Sakura-san? – pregunto Hinata deteniendo la marcha por completo.

–Estoy bien – se adelantó a decir.

–Creo que deberíamos detenernos a descansar.

–No – negó firmemente –. Por favor.

–Pero...

–Quiero verlos, Hinata.

Perder a un compañero debe ser difícil, pero perder a un amigo tan cercano, a un hermano, es aún más doloroso. Sakura no se imaginaba el calvario por el que pasarían Konohamaru y Moegi. Es por eso que necesitaba ver a esos dos a como dé lugar, era más que una petición, era un deseo que calmaría de alguna forma su alma.

Hinata a su lado asintió solemnemente. Debió reconocer la necesidad imperiosa de Sakura por llegar hasta donde ellos estaban pues en una sonrisa dulce agregó.

–Está bien. Vamos.

Continuaron el camino hasta toparse con las escaleras que daban a la azotea. Subieron con parsimonia escalón por escalón. Agradeció en silencio la atención de Hinata por cada paso que daba. No alcanzaba a tener las fuerzas suficientes para deambular por sus propios medios y ciertamente se desvanecería si la Hyūga no estuviera a su lado.

–Espero que te haya quedado claro, Teme – le previno una voz que se filtraba a través de la puerta uno escalones más arriba.

–¿Pretendes amenazarme, Dobe? – aspecto Sasuke en respuesta.

–Tómalo como quieras, pero te lo advierto. Es mi hermana de quien hablamos, si llegara a pasarle algo te juro que te quitare el único brazo que te queda.

–No alcanzas intimidar tan siquiera a una roca – se mofo el pelinegro aparentemente divertido por el ultimátum de Naruto.

–¡Me revienta esa actitud de superioridad! ¿Crees que no te estoy hablando enserio? Te lo puedo demostrar aquí y ahora.

–No estoy dispuesta a interrumpir otra de sus peleas en la azotea de un hospital – les aclaro Sakura atravesando la puerta rodeando el cuello de Hinata son su brazo.

–¡Sakura-chan! – grito Naruto con su peculiar entusiasmo.

–Deberías estar en cama – bramo Sasuke arrugando el entrecejo demostrando irritación.

–¿Quién los detendría sino estuviera aquí? – se burló la pelirrosa con la intención de disminuir la tensión en el aire. Se soltó de los brazos de Hinata manteniéndose en pie por sí misma y les dedicó una sonrisa a todos los presentes exponiendo infinita felicidad al verlos allí, sanos y salvos.

–No estás en condiciones – se acercó Sasuke enfrentándola con aquel rostro mosqueado que comenzaba a dejar mella en forma de arrugas entre sus cejas –. ¿Por qué la trajiste, Hyūga?

Hinata se sobresaltó posando los brazos en el pecho en busca de protección.

–Esto... yo...

–No te atrevas a pagarla con Hinata. Ella no ha hecho nada malo – le defendió Naruto acercándose hasta ella y tomándola por la cintura la atrajo hasta su cuerpo quedando en claro que no debía ni siquiera mirarla de reojo –. Y es señorita Uzumaki, para tu información.

En respuesta Hinata se sobresaturo de hormonas que se reflejaban en sus mejillas ardientes de vergüenza. Sasuke, por el contrario, veía la escena con el mismo semblante hostil de siempre. Sakura sonrió divertida. Podían colocarle al pelinegro la escena más hermosa que existiera en el mundo y tendría el mismo efecto que si degollaran a un conejito frente a sus ojos.

–Es más, aun no te perdono por no ir a mi boda, Teme – dijo cruzándose de brazos –. Fue una linda ceremonia, ¿cierto, Hinata?

Su esposa se encogió de hombros, apenada, mientras que el Uchiha regresaba la atención a Sakura sin prestarle la mínima importancia a las palabras de Naruto.

–Vamos, te llevare de regreso a la habitación.

–Estoy bien, Sasuke-kun.

–Tienes que descansar. Dentro de tres días partimos y no quiero tener que soportar tus quejas cuando estemos de camino al país de la Tierra.

Sakura arqueo una ceja sin comprender. ¿Partir? ¿Con Sasuke? ¿Desde cuándo esos eran sus planes?

–¿De qué hablas?

Naruto se adelantó a explicarle.

–Kakashi-sensei mando una carta con una misión para ti, Sakura-chan – de entre sus ropas saco un pergamino que le extendió a la pelirrosa, ésta lo sostuvo aun sin entender por lo que Naruto prosiguió –. Dice que partirás con Sasuke en una misión en el país de la Tierra. Los detalles están ahí escritos – dijo con flojera de explicar el resto de la información, en cambio agrego con evidente sarcasmo y un toque de cinismo –. El Teme le pareció una maravilla que le acompañaras en su eterno viaje por la... ¿Expiación? ¿Redención? ¡Bah! ni recuerdo como le dices, personalmente me gusta llamarle "excusa barata para no regresar a Konoha".

La vena de la frente de Sasuke palpito peligrosamente en señal de atentar contra la vida de todos los presente, en especial la de un rubio ninja imperativo cabeza hueca.

–Preferiría ir solo, pero son órdenes del Hokage – murmuro Sasuke para dejar en claro que no estaba de acuerdo con la decisión de su sensei.

–Pero... He estado mucho tiempo fuera de servicio ¿lo considera conveniente? – pregunto Sakura aun sin creérselo del todo.

–Kakashi-sensei tendrá sus razones – explico Naruto encogiéndose de hombros.

La pelirrosa imito al rubio y se dirigió estaba vez hacia Sasuke.

–¿Estás seguro que quieres que te acompañe?

–No es mi decisión – repitió.

–Oh, vamos, Dobe – se burló Naruto dándole unas palmadas a su amigo en la espalda –. Mueres por irte con Sakura-chan de viaje, como los viejos tiempos.

–No me toques, Usuratonkachi – escupió el Uchiha en un tono que indicaba amenaza pura.

–Más te vale cuidarla – sentencio el rubio haciéndose el sordo –. Es una misión extra que te otorgo como futuro Hokage.

–Dije que me soltaras – le recrimino de nuevo sin prestarle atención a las palabras de su amigo, como de costumbre.

Siguieron así por un buen rato donde Sakura disfrutaba cada insulto que se profanaban. Era como ver a su antiguo equipo 7, solo faltaba la imagen de Kakashi-sensei sermoneándolos desde la distancia, sin tomarse la molestia de detenerlos si comenzaban a pelear. Suspiro dejando entrever el miedo mezclado con la intriga.

De misión con Sasuke-kun – pensó abrigando un ligero temor acompañado de una sensación de vértigo que no tenía nada que ver con su estado de salud. Levanto los ojos al tiempo en que una campana a lo lejos marcaba las doce de la noche. El cielo comenzó a despejarse revelando una noche de luna llena donde las estrellas brillaban tenuemente -. Solo espero que el destino nos depare un mejor comienzo juntos... y, tal vez, un mejor final.

Día 10


N/A:¡Muy buenos días/tardes/noches! Espero que estén súper bien.

Me divertí como no tienen una idea leyendo sus comentarios, son fantásticos, de verdad ¡Muchas gracias! Este capítulo fue largo, el más largo hasta ahora, y de verdad espero que les haya gustado :) Esta vez les debo las escenas SasuSaku pero esta parte de la historia en especial debía hondar en otros temas.

Como ven este es el fin del segundo Flasback, ahora regresaremos a la actualidad (hay que recordar que Sakura le está contando esta historia a Sarada). He visto que muchos que quieren saber la reacciones de Sarada, pero tranquilos todo a su tiempo :D

Hay una frase en medio de la historia que tiene un *, eso es porque la frase que está escrita no es de mi autoría.

"Los verdaderos amigos apuñalan de frente – Oscar Wilde"

Es una frase que puede ser vista como una forma de traición o de honestidad. No entrare en polémicas con esto, solo me pareció necesario acotar el verdadero dueño de la frase (aunque es evidente, no tengo tal nivel de fluidez y poder literario en mis dedos xD). Además, no sé si estoy infringiendo una norma de Fanfiction, de ser así me lo hacen saber por favor, pues he escrito unas frases en los capítulos consecutivos y no quiero generar inconvenientes hehe.

Imposible no darles las gracias a: UchihaAlex17, dannyta, rowyna, SparksMirror, Aidil, Yume no Kaze, Amy-Light95, Kasumineko, Nekatniss, tatutu, Lizie-azul, Andy, minako marie, , Andrymchan, Tobias, Yuipab, flor de cerezo y todos los que dejaron un follow, un favorite o los que siguen la historia desde el anonimato. Millones de gracias por su eterno apoyo! Cuídense muchísimo, Saludos!

Bye Bye :D