Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.

Recuerdos de primavera

VIII

Sakura Haruno

Día 57

El cielo de aquella mañana permaneció nublado dándole al pueblo un aspecto tétrico que hacía un fuerte contraste con la actitud vigorizante de la joven Haruno. Por primera vez en tanto tiempo pudo conciliar el sueño en su totalidad. No tuvo ninguna interrupción abrupta durante la noche, ni sensación de cansancio al despertar. Durmió tan plácidamente que no necesito de mucho maquillaje para ocultar las facciones abatidas que llevaba consigo desde los días anteriores. ¿Qué había pasado con su extraño y repentino insomnio? No tenía ni la más remota idea, y tampoco se detuvo a averiguarlo cuando bajó a desayunar en compañía de su supuesto esposo que, por extraño que sonara, se le veía ausente e intranquilo.

Sakura no se percató de ese detalle sino hasta que ordenaron unas bebidas calientes y se sentaron junto al ventanal del cafetín que daba hacia la silenciosa calle de Gan'u. Sasuke se apropió de una silla de manera inconsciente y ella procuro usar una que quedara de frente a él, para estudiarle mejor y confirmar sus crecientes hipótesis.

La primera señal que previno a Sakura de que algo no estaba bien fue justamente después de despertar de su muy apacible sueño, encontrándose a Sasuke sentado sobre el diván. Se impresiono mucho pues tenía los antebrazos apoyados sobre sus piernas, la espalda rígida y el rostro sombrío bajo el largo cabello negro. Las sabanas alrededor del mueble estaban casi lisas, como si nadie hubiese pasado la noche allí. Y sus ojos parecían hundidos, con las escleras enrojecidas, mirando a un punto fijo en la alfombra que se extendía por encima del suelo de madera.

Nunca había visto al pelinegro tan alterado. Sasuke Uchiha podía ser muchas cosas: orgulloso, soberbio y prepotente pero jamás sería considerado como una persona quebrantable. Jamás.

Sakura se movió entre las sabanas haciendo acopio de su precario autocontrol cuando las pupilas brumosas de Sasuke llegaron hasta los jades de ella. Tuvo que parpadear varias veces antes de aceptar que el pelinegro tenía la mirada sobre su persona y no en algo a su alrededor. La observaba de una manera tan profunda que sintió como la atravesaba y llegaba hasta las profundidades de su alma en un intento desesperado por decirle algo. Pero, antes de poder comprender más allá del par de esferas que aguardaban en el diván, Sasuke desvió su atención a la alfombra bajo sus pies descalzos, soltó una fuerte bocanada de aire y se dirigió hacia el baño sin decir palabra alguna, cerrando la puerta tras él en un suave "clic".

Esa debió ser la primera pista de Sakura con respecto al estado del Uchiha, no obstante la paso por alto pues estaba más impresionada por su noche tranquila que por el rostro severo de su compañero de viaje. En su defensa, Sasuke solía tener esa expresión en la cara constantemente, solo que en ésta ocasión las facciones eran más intensas y menos inexpresivas que de costumbre.

Ahora, sentados en la mesa del cafetín de la posada, Sakura lo veía todo con mayor claridad. Ahí, frente a ella, Sasuke tomaba un humeante café bajo un silencio inquietante, con los ojos azabaches fijos en una grieta sobre la mesa de caoba. La examinaba tan rigurosamente que Sakura no se extrañaría que en cualquier momento activara su Rinnegan con tal de pulverizar el desperfecto frente a él. Y, por si fuera poco, sostenía la taza con los nudillos blanquecinos por la tensión que ejercía sobre el mango de la misma, tentando con la integridad de la pobre vasija de porcelana en un intento por controlar sus emociones.

Sakura tenía miedo de preguntar qué le sucedía, no debía ser adivina para saber cómo respondería ante sus indagaciones, no obstante le dio otro enfoque a la situación. Si no podía saber que le pasaba a Sasuke, le haría cambiar de ánimos, pude que así conseguiría distraerlo de ahogarse entre sus propios pensamientos. A fin de cuentas no perdía nada con intentarlo.

–¡Lo he decidido! – exclamó con muchas energías después de buscar el periódico en la estantería que quedaba en la entrada del cafetín. El Uchiha la vio llegar y tomar asiento, luego bebió un poco de café dedicándole toda su atención a la pelirrosa. Sakura pudo ver como sus ojos aún seguían alicaídos y oscuros, sin embargo mantuvo su sonrisa cuando continúo diciendo –: Te ayudare a reconstruir tu brazo, Sasuke-kun.

Sus palabras quedaron flotando en el aire en un silencio que se prolongó lo suficiente como para considerarse incómodo. Sakura aguardo pacientemente hasta que el pelinegro bajo la taza con gracia, sin hacer ruido y cerrando los ojos con cansancio dijo:

–No.

–¿Por qué no? – pregunto cruzándose de brazos.

–Estoy bien así.

La pelirrosa arrugo el entrecejo. Esperaba esa respuesta tan escueta de su parte, pero aun así no se daría por vencida. Estaba dispuesta a hacerle cambiar de opinión. Consideraba aquello como una buena idea, una que lo animaría y le haría sentir mejor.

–Te he visto entrenar. Será más fácil hacer los jutsus con ambas manos. Puedo pedirle a Katsuyu-san que nos transfieran células del primer Hokage – explico mientras gesticulaba con sus brazos para mayor énfasis –, y en un par de semanas ¡Taran! ¡Tendrás de nuevo tu brazo izquierdo!

Al parecer sus buenas intenciones estaban haciendo efecto sobre el pelinegro, pues ahora pasaba de un rosto moribundo a uno irritado. No era precisamente lo que quería cambiar pero prefería al Sasuke amargado que al Sasuke abatido.

–No lo haré, Sakura – refunfuño manteniendo los ojos cerrados en busca de paz interior.

–Tómalo como un regalo de navidad adelantado – le tentó con una sonrisa. Ya podía ver como se alejaba lentamente el aura de oscuridad que le envolvía.

–Me niego – continuo Sasuke furibundo.

–Será mucho más cómodo hacer los trabajos cotidianos.

–He sobrevivido todo este tiempo con un solo brazo.

–Al fin y al cabo es tu mano dominante.

–No me importa.

–¡Vamos, admite que es una excelente idea!

–Sakura – sentención el pelinegro verdaderamente molesto. Tal vez su plan por traer de vuelta los ánimos de Sasuke se le había escapado un poco de las manos –. Hay cosas más importantes de las que ocuparnos.

Ella volvió a cruzarse de brazos.

–¿Qué puede ser más importante que tu brazo?

–Espero que no te hayas olvidado de nuestra misión – increpo irónico controlando su tono creciente de voz para no ser escuchado por la rubia camarera que deambulaba por la mesa contigua.

–Lo sé – respondió Sakura.

Sasuke frunció los labios.

–No parece.

–Estoy hablando de algo que te será muy útil a largo plazo – aseguro la Haruno sin perder el entusiasmo –. No me tomara mucho tiempo, puede que unas dos semanas o menos. Te prometo que no nos desviaremos de nuestra misión, solo será por...

Sus labios quedaron entreabiertos con las palabras a medio terminar, liberando su aliento que se fundió en el aire como una mota humeante cuando el puño del Uchiha crujió sobre la mesa en un golpe seco, ahí donde estaba la grieta que tanto examinaba minutos atrás. El arrebato de ira fue percibido solo por unos niños que salieron disparados en busca de sus padres en una esquina del cafetín, además de la pelirrosa que seguía con el rostro contrariado.

–Quiero que te quede algo muy en claro– continuo Sasuke enfatizando cada palabra con rudeza y elevando la voz de manera amenazadora después de cada frase –. Este es el último lugar en todo el maldito mapa y nos estamos quedando sin pistas. Como vez, Yūhi tiene que estar aquí sí porque sí. Ahora, sino te importa, preferiría que te preocuparas un poco más por ti en vez de andar ofreciendo brazos nuevos al primer idiota que se te ponga al frente, tal vez así entiendas de un buena vez que es más importante nuestra misión que estar fantaseando todo el día con esas ideas disparatadas en tu cabeza.

Sakura llevo una mano a su pecho y arrugo la tela de su camisa con fuerza. Las palabras de Sasuke no le habían afectado, sino la forma en como las había pronunciado. Él no era de los que perdían la cordura y se dejaban llevar por las emociones. Sasuke era frio y calculador, un hombre que controlaba todo de una manera muy precisa, sin dejar margen de error en ninguno de sus actos, era por esa razon que nada de eso tenía sentido.

–Sasuke-kun... – susurro en un tono dolido pero al mismo tiempo protector.

Él, al escuchar la voz de Sakura, abrió los ojos como platos dejando ver la perfecta circunferencia de sus negros iris. Estaba alarmado. Nunca había hecho un acto tan deliberado y eso debía de perturbarlo de sobremanera. Ahora su mirada se había transformado, ésta vez, en la profundidad de sus ojos abismales, había un pequeño atisbo de culpa.

–Sakura, yo... – comenzó a decir en un tono de voz agobiado. Sakura no estaba segura si se estaba lamentando o si se iba a disculpar, de todos modos nunca lo sabría porque sus palabras fueron ahogadas cuando alguien llego hasta su mesa.

–¿Primera pelea como recién casados? – interrumpió la recepcionista pelinegra que les había atendido el día anterior.

Sakura estaba absorta por la escena vivida segundos atrás pero no lo suficiente como para que sus mejillas no se sonrojaran ante el comentario. Había olvidado el pequeño detalle de su falso matrimonio con el Uchiha, sin embargo una parte en su cerebro estaba siempre dispuesta a colocarla nerviosa cada vez que alguien se lo recordaba. Sasuke, en cambio, trago saliva, cerró los ojos, respiro hondamente y, como si nada hubiese pasado, ignoro a la recién llegada enfrascándose en el periódico y su taza de café caliente. Al menos había regresado un poquito de ese carácter de egocéntrico refunfuñón dejando ese inusual rostro apesadumbrado en el pasado.

– No es nada – tartamudeo la pelirrosa buscando las palabras adecuadas para contestar –, solo estamos desayunando.

–Debo decirles que son un encanto de pareja – sonrió ladeando la cabeza. Usaba una yukata como el resto de personal femenino, pero esta era menos recatada y demasiado llamativa. Chasqueo la lengua para llamar la atención de ambos –. Y bien ¿Están interesados en alguno de nuestros paquetes?

–No realmente – admitió Sakura encogiéndose de hombros.

–¿Están seguros? A pesar de ser invierno pueden optar por el paquete de excursión a la montaña, es el lugar más hermoso y el más codiciado por los turistas ¿Ya les hable de nuestros precios accesibles?

–Gracias por preocuparse, pero estamos a gustos así.

–Es una pena que no deseen ir. Es un lugar encantador en esta época del año – chillo con un deje de decepción que casi sonó real –. Si necesitan algo mas no duden en comunicarse conmigo.

–Es usted muy amable – inquirió Sakura. Una idea brillo en su mente y con tono causal pregunto –: Ya que lo menciona ¿Sabe de un lugar donde vendan pergaminos? Queremos enviar un mensaje y nos quedamos sin papel – se encogió de hombros –. No estoy con ánimos de perderme en la ciudad, la última vez en un pueblo vecino terminaron por robarme todo lo que llevaba conmigo, fue una experiencia desagradable.

Su compañero de viaje tenso los hombros y le regreso una mirada fugaz a Sakura. De alguna u otra forma Sasuke tenía razón. Es verdad que la misión era prioritaria en todo ese asunto, incluso más que su brazo, y que a pesar de sus actos precipitados y violentas palabras ella no se sentía ofendida por ello y quería dejárselo en claro.

–¿Teme que la roben aquí, en Gan'u? – regreso la voz de la mujer irrumpiendo la tenue conexión entre ambos ninjas. Arqueo una ceja en señal de burla al tiempo en que soltaba una risotada – ¡Jah! Es un buen chiste. Este lugar es el más seguro de los cinco reinos, no verán ningún sospechoso en 100 millas a la redonda.

–¿De verdad? – susurro Sakura admitiendo sorpresa.

–¡Claro!

–¿No han tenido problemas con ladrones y asesinos? ¿Nunca? – insistió.

–Hubo un tiempo en que sí, pero desde hace unos meses el pueblo ha estado en completa paz. No debe de preocuparse por pequeñeces como esa.

Sakura no le dirigió la mirada al pelinegro, eso hubiese sido demasiado obvio. Todo aquello olía a algo extraño, como había dicho el Uchiha la noche anterior "Ningún pueblo es libre de la amenazas de ladrones, ni siquiera Gan'u". Sakura relajo su postura demostrando tranquilidad y sosiego.

–Es un alivio escucharlo.

–Además – prosiguió la mujer colocando una de sus manos en la cadera y la otra sobre la mesa posando en una especie de interés sexual que rayaba en la exageración para con Sasuke –, si llega a sucederle algo su galante esposo la protegerá ¿No es así, Uchiha-san?

La mirada llena de odio y rencor que Sasuke reservaba solo para un grupo selecto de individuos apareció en su rostro helando la atmosfera en un abrir y cerrar de ojos.

–No lo ponga en duda – respondió el Uchiha destilando veneno en sus palabras.

Sakura no podía ver su propio rostro pero estaba segura que la cara de sorpresa era exagerada. ¿Estaba segura de lo que acaba de escuchar? Una parte de ella quería creer que Sasuke en realidad se preocupaba por su bienestar, pero la otra mitad razonable y sensata de sí misma le decía que todo era una farsa de su plan encubierto, una forma de que todos creyeran su supuesto matrimonio.

La risita divertida de la recepcionista la desligó de sus pensamientos regresando a la cafetería de la posada de un golpe.

–Oh ¿Es usted siempre tan frio, Uchiha-san?

El aura que rodeaba a Sasuke comenzaba a tornarse más densa conforme la mujer abría la boca.

–Ehm, disculpe... – quiso detenerle Sakura pero la mujer hizo oídos sordos a su voz.

–¿Teme por la integridad de su amada o el daño que usted pueda hacerle? – insistió la recepcionista. Sakura pudo jurar que el chakra del Uchiha comenzaba a cumularse en su ojo preparado para rodar los espirales del Sharingan. La mujer se incorporó de golpe y relajo sus gestos a unos más divertidos mientras golpeaba el brazo derecho de Sasuke con demasiada energía – ¡Oh, vamos! Es una broma, no tiene que fruncir así el ceño.

Si aquello fue un chiste ninguno de los dos le vio la gracia y la mujer lo percibió rápidamente. Carraspeo varias veces la garganta señalando con el dedo hacia la ventana del cafetín.

–Hay un puesto a dos cuadras en dirección este, podrán conseguir su pergamino allí – explico –. ¿Saben? Deberían probar esos nuevos aparatos que están saliendo, se llaman teléfonos. Son más útiles que la correspondencia.

–Lo tomaremos en cuenta – dijo Sakura temiendo que la amenaza del Sharingan aun latiera peligrosamente en el ojo del Uchiha –. Muchas gracias.

–A sus órdenes – dio una reverencia y regreso a su puesto como si nada.

La tensión no ceso lo suficientemente rápido como Sakura hubiese querido. Sasuke seguía viendo a la recepcionista hasta perderla de vista entre una familia numerosa que recibió con excesiva energías en la entrada de la posada.

–Parece demasiado sospechosa – concluyo la pelirrosa jugando con el té verde que despedía un aroma que le causo nauseas.

–Tanto que llega a ser absurdo – agrego Sasuke.

–Es como si no encajara en este lugar.

Sasuke tomo un sorbo del café llegando de nuevo a sus niveles basales de ira. Ya no lucía absorto en sus pensamientos ni con ese aire oscuro que lo ceñía en una bruma impenetrable. De alguna forma había regresado el Sasuke de siempre, el joven que le hacía compañía entre la nieve de su largo viaje, y ella estaba feliz de haber logrado cambiar su ánimos a uno más apacibles. Aunque nunca llegaría a enterarse de lo que pasaba por la mente de Sasuke – sus preocupaciones y angustias – le confortaba verle más tranquilo y sosegado.

Sakura dejo salir un suspiro mientras tomaba un sorbo de su té verde sin quitar la vista del pelinegro que leía distraído los titulares de la sección internacional. Estaba concentrado. Podía escuchar como los engranajes de la cabeza de su acompañante trabajaban a su máxima potencia. Lo normal sería intercambiar ideas y buscar una solución en conjunto, pero así era el modus operandi de Sasuke "pienso solo, actúo solo" y ella no tenía el poder ni la destreza para hacerle cambiar de parecer.

–Iré a comprar los pergaminos – no le entretenía ver a Sasuke arañando los confines de sus pensamientos en busca de una solución mientras ella se quedaba admirándolo. Quería salir y analizar la situación por sí misma, y quien sabe, conseguir más información en el camino. Antes de partir un par de ojos azabaches la obligaron a frenar su intento de huida – ¿Sucede algo, Sasuke-kun?

–Ten cuidado – murmuro Sasuke despegando los ojos de la mesa.

Sakura parpadeo un par de veces y termino por dedicarle una sonrisa.

–No te preocupes, lo tendré.

...

–Es poco usual su compra – dijo el joven tras el mostrador de la tienda después de entregarle una bolsa con los pergaminos que había comprado.

–¿Por qué lo dice? – quiso saber Sakura intrigada sosteniendo el paquete entre sus brazos.

El muchacho se encogió de hombros.

–Es difícil conseguir a alguien que quiera enviar cartas por estos lados.

–¿De vedad? – arqueo una ceja –. Debe ser por esos nuevos aparatos que están saliendo.

–También vendemos teléfonos – añadió –, y aun así no son muy solicitados por los clientes.

–¿Por qué?

–Quien sabe – respondió desalentado –. Tal vez no tienen motivos para cómpralos.

Sakura hizo una mueca con los labios.

–Suena como si nadie tuviera un ser querido al que llamar.

–O a quien recordar.

Parpadeo unos instantes pero se guardó sus suposiciones para otro momento.

–Gracias por su compra – añadió el joven –. Regrese cuando quiera, siempre será bienvenida.

Entre ambos hicieron una reverencia en señal de despedida antes de que Sakura atravesara la puerta que daba a la calle, respirando el cálido aire de Gan'u. El poco tiempo que llevaban en aquel pueblo le hacía sentir una extraña sensación de intriga y placer. Todo era tan cautivador, como sacado de un cuento de hadas. Desde el hablar de las personas hasta el suave clima tan acogedor, nada comparado a sus días en la intemperie que sacaban su lado salvaje atente el peligro. La ciudad, en cambio, emanaba tal seguridad y calidez que sus sentidos poco a poco perdían su agudeza habitual adaptándose a su nuevo alrededor.

Si fuera por ella duraría horas fantaseando sobre como seria su vida en Gan'u, la tranquilidad de la ciudad, las personas finas y recatadas, todo era de ensueño. Pero algo en Sakura le susurraba con desesperación que eso no debía bajar la guardia, que debía permanecer alerta y jamás sucumbir a las tentaciones de aquella utopía.

La voz de su consciencia se materializo frente a ella en un par de ojos azabaches que le regresaban una mirada inquisitiva. Ahí aguardando pacientemente junto a un puesto de revistas estaba un Sasuke meditabundo con el entrecejo naturalmente fruncido.

–¡Sasuke-kun! – inquirió Sakura al verle – ¿Qué haces acá?

–Tardabas mucho – se justificó manteniendo el brazo sobre la katana oculta por la capa en señal de aburrimiento –, así que vine a buscarte.

Sakura bajo la mirada avergonzada por la sonrisa que quería dibujarse en sus labios.

–No tenías por qué preocuparte.

–No lo hago – índico tajantemente –. Levantaremos menos sospechas si permanecemos juntos.

Si en algún momento tenía ánimos de sonreír Sasuke se tomó las molestias necesarias para destruirlas en una sola frase.

–Ya veo – susurro Sakura desviando la mirada hacia las montañas que surcaban la ciudad con tal de no verle.

Inconscientemente se vio atraída por aquel cumulo rocoso de una forma casi hipnótica. Desde que llegaron a Gan'u no había reparado en muchas cosas, entre ellas el inmenso peñasco que les rodeaba con magnificencia. Daba la impresión que en cualquier instante comenzaría a llover rocas cubiertas de una sutil capa de nieve. Era un espectáculo tan magnifico que llegaba a ser surreal. La sensación de estar en el fondo de un precipicio y al mismo tiempo sentir que estaba tan cerca del cielo que podría tocar las nubes le hizo dibujar una pequeña sonrisa en su pálido rostro.

–¿Por qué ríes? – dijo la voz de Sasuke a su lado.

–Es bellísimo ¿no crees? – le respondió señalando con el dedo la muralla natural que les rodeaba.

Escucho como el aire salía lentamente de los pulmones de Sasuke. Al igual que ella, quedo ensimismado por la belleza que les otorgaba aquel risco.

–Parece sacada de un cuento – observo Sakura.

La fantasía no duro mucho pues Sasuke interrumpir sus pensamientos con brusquedad.

–Vamos – dijo despegándose de la pared de la tienda en donde estaba recostado. Sonaba de mejor ánimo, al parecer las montañas habían hecho un efecto más poderosos del que Sakura hubiese pensado. Ojala hubiese usado esa idea antes, durante el desayuno.

Vio como le daba la espalda ondeando su capa e incitándole a seguirle, pero:

–¿A dónde? – quiso saber la pelirrosa arqueando una ceja.

Sasuke ladeo la cabeza con tal de mostrarle solo el perfil de su rostro mientras la comisura de su labio se curveaba ligeramente denotando diversión.

–A donde mi supuesta esposa desee ir.

Toda la gama existentes de rojos se colorearon en las mejillas de Sakura. Odiaba como el Uchiha conseguía desequilibrarla con una sonrisa ladeada y un par de palabras irónicas, y se odiaba así misma aún más por caer en sus terribles encantos.

–¡No digas eso! – exclamo alterada en un tono de voz que hubiera preferido no usar.

Sasuke se encogió sutilmente de hombros quedando como el inocente de la historia. Quería perturbarla, y sabía muy bien cómo hacerlo.

–¿Y bien? – insistió el pelinegro retornando a su típico semblante de seriedad divina.

Después de recobrar la compostura y el pobre orgullo que aun preservaba, Sakura señalo:

–No lo sé ¿En dónde podríamos buscar más información?

–Da lo mismo. La ciudad es un mosaico por donde la mires.

–Entonces ¿Puedo elegir el destino? – cuando Sasuke asintió y un brillo de emoción llego a los ojos de la pelirrosa. Llevo el dedo índice a sus labios deliberando su nuevo rumbo –. Mmm, me gustaría comprar algo de ropa nueva para el invierno.

–Bien.

Dio media vuelta y se adentró entre la multitud que iba en sentido contrario. Sakura se sobresaltó al tiempo en que apremiaba el paso para alcanzarle.

–¡Espérame, Sasuke-kun!

Curiosamente solo existía una única tienda de ropa abierta en tres cuadras a la redonda. No pasaron por alto aquel hecho tan atípico pero aun así entraron al establecimiento no sin antes intercambiarse una mirada de advertencia.

–Buen día, jóvenes – les saludo una hermosa mujer de mediana edad con voz ceremonial. Vestía elegantemente, acorde con el negocio y el resto de Gan'u en general –. Bienvenidos.

–Muchas gracias – dijo Sakura haciendo una reverencia al mismo tiempo que Sasuke le imitaba.

La mujer les respondió con el mismo gesto.

–¿En qué puedo servirles?

–Necesitamos ropa de invierno, algún abrigo estaría bien.

–¿A medida?

–Por talla.

–Por este lado – Levanto un fina mano señalándoles el camino –. Síganme, por favor.

El local en sí era una casa modificada para adaptarse a las necesidades de la tienda. El piso era de un fino tatami y las puertas de las habitaciones eran corredizas, típico de una vivienda tradicional. Mientras atravesaban un pasillo decorado con el aroma de cientos de Lilys del valle la mujer que encabezaba la marcha se dirigió a ellos con sumo respeto.

–Temo ser inoportuna, pero ¿puedo hacerles una pregunta? – comentó esperando por la interrupción de alguno de los dos. Como no recibió ninguna protesta prosiguió –: Sus rostros no me son familiares. Ustedes no son de por aquí ¿cierto?

–No, estamos de paso – contesto Sakura sonando casual.

–En ese caso les encantara la ciudad. Todo forastero que atraviesa el arco de Gan'u queda hipnotizado por la belleza del pueblo – expreso la mujer con alegrías renovadas.

–Sin duda es una ciudad muy pintoresca.

–Es un buen lugar para hacer una familia – opino inocentemente.

Como era de esperarse las repuestas por parte de ambos fueron las de siempre, Sakura sonrojada y Sasuke inmutable. La mujer les dedico una sonrisa al tiempo en que abría la puerta de una de las habitaciones. Dentro había ropa finamente acomodada en estantes de madera que rodeaban toda la sala. En una esquina junto a una ventana había una pequeña mesa con las mismas flores del pasillo de dónde venían.

–Los abrigos están de este lado, junto a la colección de primavera – indico con la mano el estante del lado derecho.

–Gracias – murmuro Sakura.

–El caballero puede esperar por este lado si gusta – señalo la mesa en la esquina donde Sasuke obedientemente tomo asiento en el suelo de tatami. La mujer hizo una reverencia desde la puerta después de que sus clientes estuvieran a gustos en la habitación –. Les traeré un poco de té. Permiso.

–Necesitas un nuevo abrigo, Sasuke-kun – considero Sakura después de un buen rato escavando entre la ropa de color negro de la sección masculina. Encontró uno largo, lo bastante para cubrir los 1,83 metros del pelinegro. Extendió la tela y se la exhibió con un deje de emoción – ¿Qué te parece este?

–¿Qué tiene de malo mi abrigo? – gruño Sasuke colocando uno de sus bazos sobre la mesa para sostener su cara de fastidio con la palma de la mano.

–Tiene tres parches y se deshilacha en las puntas – dijo con molestia –. Esas son las señales más evidentes de que tienes que cambiar de abrigo.

–Hmp.

–Nada de "Hmp". Escogerás uno – concluyo a secas.

Sasuke bufo impaciente por salir del lugar.

–Tenemos cosas más importantes que ir de compras, Sakura.

–Dijiste que podía escoger el destino ¿No? Además, no voy a permitir que te de hipotermia por andar de cascarrabias – seguía moviéndose entre la ropa oscura en busca de otro abrigo sin prestarle atención a las muecas de disgusto por parte de su acompañante. Tomo un saco azul marino y lo extendió – ¿Y este? Es lo suficientemente grueso para el invierno. Aunque el negro se ve de mejor calidad – recapacito un instante y levanto ambos para que él los viera – ¿Cuál te gusta más?

–Me da igual – confesó el pelinegro sin darle importancia.

–Si escoges uno saldremos más rápido de aquí – explicó Sakura disgustada haciendo muecas con los labios como una niña pequeña.

Sasuke cerró los ojos en busca de paciencia.

–¿Por qué no eliges algo para ti?

–Solo si me prometes que tomaras un nuevo abrigo – propuso a la defensiva.

Luego de un par de segundos de reflexión sobre la terquedad de la Haruno y las pocas ganas que tenía el pelinegro de extender aquella discusión, Sasuke asintió resignado. Sakura no dijo nada, en cambio arrugo el entrecejo y se acercó hasta la mesa donde estaba él inclinándose hasta quedar cara a cara.

–Promételo – le susurro levantando el dedo meñique de su mano izquierda.

Sakura pudo ver como el Uchiha se asqueaba por su insistencia pues le dedico una mirada llena de recriminación.

–¿No estas exagerando?

–Solo dame la mano – dijo al tiempo en que agarraba la mano derecha de Sasuke y unía su dedo con el suyo en un símbolo que sellaba sus palabras. Sakura sonrió dulcemente a rebosar de satisfacción – ¿Ves? No fue difícil.

El pelinegro mantuvo un rostro contrariado que divagaba entre el asombro y la fascinación. Los meñiques de ambos permanecieron entrelazados por un largo tiempo, en donde sus miradas seguían conectadas profundamente. Por instinto a la proximidad de Sasuke el corazón de Sakura inicio un ciclo de latidos desbocados que amenazaban por llamar demasiado la atención. Los ojos azabaches que la estudiaban con determinación borraron la sonrisa que yacía en sus labios cambiándola por suaves temblores que combinaban perfectamente con sus respiraciones forzosas y pulso descontrolado.

–¿No confías en mi palabra? – apuntó Sasuke modificando por completo su semblante impregnado por la sorpresa a uno grave y ciertamente dolido.

–Y-yo... – tartamudeo Sakura demasiado nerviosa.

Por acto reflejo desvió la mirada y se alejó del contacto de la mano de Sasuke, sin embargo este fue más rápido y le sostuvo la muñeca obligándola a regresar de nuevo su atención a él.

–Te hice una pregunta, Sakura.

La pelirrosa podía sentir el ardor que le provocaba la mano del Uchiha sobre su piel. Estaba decidió a recibir una respuesta a como dé lugar y ella no tenía las fuerzas para responderle. Tenía demasiado pánico, demasiado miedo.

Sasuke se separó hábilmente de Sakura cuando la puerta rodo silenciosamente mostrando a la mujer con el juego de té que había ido a buscar.

–Disculpen la demora – dijo la mujer atravesando el salón con parsimonia.

–No se preocupe – intervino la pelirrosa regresando a las estanterías como si nada hubiera pasado.

Las manos le temblaron cuando tomo la primera prenda que se le topo por el frente. No quería admitirlo pero Sasuke tenía razón, no confiaba en él, quería hacerlo, pero el terrible pasado que compartían seguía siendo el principal contenedor en todo ese asunto.

–¿Le agrada las Yukatas? – observo la proveedora alterando aún más a la sensible Sakura.

La aludida bajó la mirada hasta sus manos corroborando lo que la mujer le estaba preguntando. La tendencia de su cuerpo era siempre escapar de la presencia de Sasuke cuando la situación se tornaba demasiado incomoda, fue por esa razón que quedo del otro lado de la habitación sosteniendo ropa de la temporada de primavera.

–Eh, bueno... si – admitió incomoda.

–Las confeccionamos a medida. La que sostiene era un encargo de la señora del Feudal, pero quedó embarazada poco antes de terminarlo y nunca lo pudo usar. Es por eso que la tenemos de este lado de la tienda.

Sakura se detuvo a apreciar la pieza con mayor detenimiento. La tela y el diseño en general eran preciosos. Tocó los bordados sintiendo el relieve bajo la yema de los dedos. Tenía distintos matices de rojos que hacían juego con los llamativos colores de un dragón que se alzaba desde la base, pasando por la espalda hasta acabar finamente en el busto.

–Es realmente hermosa – murmuro absorta ante tanta belleza –. Siempre he querido usar una.

–Si desea podemos tomarle las medidas, aunque estamos algo justo con los encargos de primavera podemos llegar a un acuerdo.

–Oh, no, no, no – exclamo Sakura sobresaltada por el interés de la mujer –. No se preocupe, está bien así. Solo necesitamos ropa nueva, algo sencillo.

–Si cambia de opinión sabe dónde encontrarnos – agrego en una reverencia.

Sakura le regreso el gesto. Una vez incorporada algo le llamo poderosamente la atención. Cerca de una de las estanterías había un portarretrato de un hombre joven, bajo y regordete abrazando a una mujer que sonreía ampliamente bajo las luces de los fuegos artificiales.

–¿Es su esposo? – pregunto Sakura por simple curiosidad.

La proveedora vio lo que le señalaba y con el rostro carente de sentimientos le respondió.

–No, no sé quién es ese hombre.

Ante la respuesta, Sakura hizo lo posible para no sorprenderse. Se le veía tan feliz, un recuerdo que alguien atesoraría gratamente y aun así ¿no lo conocía?

–Tome su té, se va a enfriar – le apremio la mujer señalando la taza que aguardaba en la mesa antes de dirigirse a la puerta corrediza.

–Lo siento – se disculpó atravesando la habitación. Tomo asiento del lado contrario a Sasuke e interrumpió ágilmente la salida de la mujer con una pregunta inocente –: ¿Por qué no nos acompaña?

–¿No tiene problema? – pregunto anonadada por la petición justo antes de abrir la puerta corrediza.

–Sería un placer – insistió Sakura junto a una sonrisa que llegaba a ser más conspiradora que de bienvenida.

La mujer tomo asiento en un lado de la mesa quedando Sasuke a su derecha y Sakura a su izquierda.

–Es poco común que los clientes quieran tomar el té conmigo.

–¿Por qué lo dice? – quiso saber Sakura arqueando una ceja.

–Atendemos a gente de clase, muy refinada, no se toman la molestia de conversar con los propietarios de las tiendas. Los que habitan en la ciudad son familias de gente poderosa e influyente y los que la visitan son aquellos que buscan lo mejor de lo mejor.

Inevitablemente llego hasta su mente la pregunta que le había hecho a la recepcionista de la posada durante el desayuno.

–Deben de ser el objetivo de muchos ladrones y secuestradores.

–Oh, no, querida. Este es una ciudad muy tranquila, no tenemos ese tipo de problemas.

–¿Cómo pueden evitar esos problemas si carecen de protección policial? – intervino Sasuke con rudeza.

–Es usted muy observador – le alago la proveedora tomando un sorbo del té –. Antes teníamos ninjas de la aldea oculta entre la Roca pero después de un tiempo nos dimos cuenta que no había necesidad de tener a guardias custodiando el pueblo si la montaña es nuestra mejor defensa contra criminales y asaltantes.

–¿La montaña? – repitió Sakura sin comprender.

La proveedora asintió contenta.

–Si alguien intenta atacarnos el guerrero de las montañas se encargará de ellos.

–¿Es una leyenda del pueblo?

–Es una de las leyendas más antiguas de todo el país de la Tierra – asevero la mujer posando la mirada entre ambos muchachos llenos de curiosidad. Sonrió con dulzura y agrego – ¿Desean que le cuenta la historia?

–Si es usted tan amable – le apremio Sakura sin querer sonar tan desesperada.

–Permítame – busco entre los cajones que estaban cerca de la ventana y extrajo un envoltorio que dejo sobre la mesa con cautela. Regreso a su asiento con elegancia e inicio el relato junto a una voz suave pero poderosa –. Hace mucho tiempo atrás, tiempo en donde los shinobis no habitaban la tierra y las estrellas eran algo más que astros resplandecientes en la gran bóveda celeste, existía un noble guerrero. Aquel hombre era audaz y valiente, defendía a los aldeanos de cualquier enemigo para poder prevalecer la paz y la justicia entre los suyos. Todos en el pueblo le estimaban por ser el héroe que les protegía fielmente con su escudo y les defendía con su gloriosa espada sin miedo a perder la vida con tal de mantenerlos a salvo.

»Pero a pesar de resguardar a sus seres queridos existía algo en él que le hacía sentir vacío, algo que no le permitía ser feliz. Cada vez que arrebata la vida de un adversario con tal de salvar la de un aldeano se hundía más en la miseria. Su pasado estaba manchado en la sangre de hombres que jamás llegaría a conocer. Se decía que su labor era honrada y virtuosa, sin embargo el peso de la sangre de tantas personas era una carga que nunca podrá ser aliviada con palabras de ánimos.

»Fue por esa motivo que deicidio pedir consejo a la anciana del pueblo en un intento desesperado por buscar una solución a su sufrimiento. La sabia mujer, al ver directo a los ojos del guerrero, pudo distinguir la tristeza que habitaba en su corazón. "Debe ir en busca del prado donde los rayos del Sol toquen con mayor ardor la tierra bajo sus pies" le dijo "Ahí encontrara una razón para sonreír". Sin demora, el buen hombre partió con paso presuroso hacia donde la anciana le había indicado. Temía dejar a sus queridos aldeanos sin protección, pero era preciso adentrarse en aquel viaje y poder así calmar su alma devastada.

»Caminó por días y días sin descanso alguno, hasta que, en una hermosa mañana soleada, mientras continuaba con su travesía en busca de la felicidad, se topó con un valle repleto de flores y arboles hermosísimos. El guerrero quedo maravillado con el espectáculo que le rodeaba. Jamás había visto un lugar tan vibrante y lleno de luz, ni siquiera en su cálido pueblo natal donde el sol solía rociar con su brillo todos los días del año.

»Absorto entre tanta belleza llegó a ver a las orillas de un rio rocoso la silueta de una mujer. Le tomo mucho tiempo distinguirla a causa del intenso halo de luz que rodeaba su cuerpo, pero la atracción que ejercía la joven muchacha fue impulso suficiente para acercarse y observarla detenidamente.

»Era, sin duda alguna, la doncella más hermosa que alguna vez había visto en su vida. De cabellos dorados que caían como rayos sobre sus finos hombros, junto a unos ojos azules que resplandecían como el cielo en un día de verano. Aquella joven muchacha era nada menos que el mismísimo Sol que brillaba bajo la forma de una gentil princesa sobre las nubes en el cielo. Resplandecía durante todo el día como una encantadora estrella sobre el firmamento azul y, en las noches, dormía acunada sobre la luz de la luna menguante.

»"Es usted" dijo muy impresionada la joven estrella una vez que el hombre estuvo a su lado. "¿Nos hemos visto antes?" preguntó el guerrero anonadado. Ella, junto a una amable sonrisa le respondió "No necesito ver para conocer el corazón de un noble guerrero".

»Fue allí donde una llama ardió en el pecho del hombre y supo que frente a él estaba el aliento que le faltaba para poder seguir viviendo.

»Habló durante horas, días y semanas con la bella doncella. Sus días tristes y oscuros por fin se llenaron de luz. Ella no veía sus manos manchadas, ni su tormentoso pasado, sino su futuro juntos y el amor que se profesaban el uno al otro. Sin embargo, una felicidad tan hermosa no podía durar para siempre.

»Lo que el guerrero no sabía era que, además del hermoso Sol, existían otras estrellas que regían la bóveda celeste como dioses silentes bajo el firmamento azul. Esos antiguos y poderosos astros se horrorizaron al descubrir la verdad sobre El Sol y el noble guerrero. Decidieron entonces pedir ayuda a las ninfas de las nieves y las tormentas que junto ellos vieron aquello como un acto impuro entre un humano y una princesa, algo que no podían tolerar entre los seres divinos. Así pues, para evitar cualquier conflicto, idearon un plan en contra de los dos amantes. Atacaron sin piedad la aldea donde habitaba anteriormente el guerrero con la intención de atraerlo de regreso. Una vez el buen hombre se hubo enterado de lo sucedido los astros en el cielo le dieron un ultimátum: "Dejaremos a tu pueblo en paz si te alejas de los rayos del sol para siempre". Luego de escucharles el pobre guerrero tuvo que hacer la decisión más difícil de su vida y, con un dolor punzante en su pecho, acepto los acuerdos de los dioses del cielo, porque prefería vivir en la oscuridad, alejado de su amada, antes de sacrificar más vidas humanas solo por alcanzar su propia felicidad.

»Así pues, lo llevaron hacia las montañas del norte, confinándolo a vivir eternamente entre las solitarias rocas del risco empinado. El Sol quedo escandalizada por tal alto de crueldad y exigió su liberación inmediata, pero las estrellas en el cielo negaron la petición de la pequeña doncella y, para evitar que alguna vez se osara a liberarlo, lanzaron una maldición sobre ella diciendo: "Si alguna vez tu brillo vuelve a tocar este pueblo el guerrero y su gente morirá bajo tu luz". La princesa no podía tolerar ver caer a su amado por su culpa, es por esa razón que se vio obligada a alejarse de las tierras del norte para siempre.

»Es por esa razón que El Sol nunca acaricia nuestra querida montaña con sus brillantes y cálidos rayos. Y si elevan la vista hacia el risco a nuestro alrededor podrán ver las lágrimas de héroe de las nieves como gotas de lluvia rocosa que se esparcen sobre las laderas para protegernos a costa de la tristeza de su corazón devastado.

La mujer termino el relato bajando la taza de té vacía junto a un ruido seco en la habitación.

–Esta es la historia del guerrero de las montañas – agrego con suavidad –. Donde todas las primaveras la princesa le regala el aroma de los campos llenos de flores a su amado, mientras que él la colma de hermosos sonidos bajo los susurros del viento como un poema de amor eterno.

Las lágrimas en los parpados de Sakura tentaron con caer sobre sus mejillas. Limpió sus ojos rápidamente con el dorso de su mano mientras Sasuke dejaba a un lado la taza de té a medio tomar. No podía decirlo a ciencia cierta, pero algo en la pelirrosa le decía que la historia no solo había conmovido su corazón, sino también el de un frio ninja.

El envoltorio sobre la mesa fue abierto por la proveedora con suma lentitud, revelando dos piedras preciosas. Una tenía un pétalo amarillo en su interior generando un color ámbar, similar a los rayos del sol. La otra, en cambio, lucía un copo de un plateado tan radiante como la nieve.

–Estas piedras simbolizan a la hermosa princesa y al noble guerrero de las montañas – explico la mujer con un deje de nostalgia –. Cuando dos personas se aman de verdad se intercambian estas piedras en señal de completa entrega.

–Es una historia muy triste – inquirió Sakura ocultando los sollozos de su garganta –. El guerrero y la doncella no podrán volver a verse nunca más.

–La distancia no es un problema – confeso la mujer con dulzura –. El problema somos los humanos, que no sabemos amar sin tocar, sin ver o escuchar. Y el amor se siente con el corazón, no con el cuerpo.*

Sakura bajo la mirada mientras la mujer extendía algo hacia ella.

–Tengan – le dijo con la piedra ámbar dirigida a la pelirrosa y la plateada hacia Sasuke –. Quiero obsequiarles estas piedras.

–Pero... – quiso interrumpirle la Haruno con los ojos abierto como platos.

–Francamente no recuerdo porque las tenía en primera instancia – rio sin darle importancia –. Les serán más útil a ustedes.

Rechazar aquel gesto le pareció muy grosero por lo que ambos aceptaron las piedras como si fueran un tesoro muy preciado.

–Gracias – murmuro Sakura en nombre tanto de ella como de Sasuke –. Es usted muy amable.

–Oh no, linda. No digas tonterías – negó la mujer moviendo la mano. Escaneo el contenido de las tazas en la mesa y se levantó con gracia –. Iré a traer más té.

–Muchas gracias.

Un vez la proveedora se hubo retirado, Sakura se dedicó a apreciar el regalo que sostenía entre sus dedos. Cavia en la palma de su mano, no era tan pequeño ni tan grande, solo lo justo. El brillo que emanaba cuando la luz de la estancia atravesaba la piedra le daba un toque casi mágico, como si un pedazo de sol estuviera allí dentro.

Levanto la vista, curiosa por como seria la piedra de Sasuke, sin embargo él no la había tomado. La pequeña esfera irregular permanecía quietamente sobre la mesa aguardando a ser tomada por él joven muchacho.

–¿Sucede algo, Sasuke-kun? – quiso saber Sakura al ver el rostro contraído y sudoroso del Uchiha.

–N-no... no puedo... mover mi... – balbuceo con desconcierto.

Un sonido de tazas rompiéndose llego tras la puerta de la habitación obligando a Sakura a levantarse.

–¿Qué fue ese ruido? – pregunto con evidente nerviosismo. Algo no estaba bien.

Sasuke se retorcía en su puesto tratando de ponerse en pie en vano. Elevo la quijada dirigiéndole a la pelirrosa una mirada de advertencia.

–S-Sakura... Huye.


N/A: ¡Hola a todos! Espero que estén súper bien :)

Nunca me cansare de darle las gracias por tan lindos comentarios. ¡Son unas personitas maravillosas!

Lo prometido es deuda y he aquí el 8vo cap. No sé si recuerdan en el Capítulo I cuando en el recuerdo de navidad Sarada compara a Sasuke con el guerrero de las montañas y Sakura dice que esa es la historia favorita de su hija. Bueno, es esta :D ¡Taran! De ahora en adelante haré este tipo de acotaciones con frecuencia. Se que hay momentos muy difusas en este flashback como el insomnio de Sakura y las actitudes de Sasuke. Son cosas que se desarrollaran más adelante, todo poco a poco jeje Mi intención no es enredar las cosas con los saltos que hay entre el pasado y el presente, pero haré mi mayor esfuerzo por crear escenarios sólidos y con una secuencia temporal entendible.

"La distancia no es un problema. El problema somos los humanos que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. Y el amor se siente con el corazón no con el cuerpo" – Gabriel García Márquez.

Me despidió de nuevo dándole las gracias a todos los que dejaron un review, un follow o un favorite y a los que siguen en la historia en silencio que, aunque no sepa sus nombres, igual los aprecio enormemente. Todos son increíbles. No los citare por miedo a pasar uno por alto (cometí el error el cap pasado y me siento muy apenada por ello ;w;) pero quiero que estén al tanto de que aprecio enormemente lo que hacen y no lo digo solo por decir, recuerdo cada uno de sus reviews y los llevo conmigo como un recordatorio de que hay gente súper linda que, a pesar de no conocer a los autores de los FF, los alientan con sus ánimos infinitos para seguir adelante. Por eso y por muchas cosas más les doy las ¡Gracias!

Ahora si me despido de verdad xD Como siempre cuídense muchísimo, miren a los dos lados antes de cruzar la calle, coman todos sus vegetales y nos leemos pronto

Bye Bye! :3