Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
IX
Sakura Haruno
Día 58
Despertó con los sonidos de su reparación agitada seguido del eco de un grito que se desvaneció antes de poder reconocer lo que decía. Sentía un fuerte dolor en la sien derecha, ahí donde la golpearon con la intensión de dejarla inconsciente, cosa que funcionó muy bien. Cuando hubo despertado del todo analizó rápidamente su estado general. No presentaba ninguna lesión importante en órganos y tejidos, solo un ligera contusión en la cabeza que comenzaba a curar instantáneamente, nada de lo que preocuparse.
Una vez auto diagnosticada con un simple episodio de jaqueca, se dedicó a estudiar el lugar. Tuvo que parpadear un par de veces para adaptarse a la pobre luz de la antorcha que flameaba en la pared de piedra justo encima de ella. Intuyó que estaba en una especie de cueva rocosa, y término por concluir su análisis gracias al arco de roca que daba hacia un paisaje envuelto en una oscura nieve bajo la noche de invierno.
–Las montañas – se dijo Sakura cambiando la posición de su cuerpo tullido a una más cómoda. Las manos le pesaban a causa de los grilletes a su espalda y las piernas descubiertas empezaban a congelarse conforme el frio seguía penetrando en el lugar sin clemencia alguna.
Considerando que su Byakugō no In podía resistir temperaturas infrahumanas sin alterar del todo su estado de completa homeostasis, debía tener demasiado tiempo allí, el suficiente como para que su cuerpo perdiera calor de una manera tan dramática. Y para corroborar aquella hipótesis estaba la fría noche que se dibujaba a las afueras de la cueva. Estaba segura de que la última vez que estuvo despierta era de mañana, antes que la noquearan de la forma más tonta posible, y ahora, a pesar de las fuertes ventiscas que se desataban a las afueras de la cueva, podía deducir fácilmente que era la madrugada del día siguiente. Una hora muy común para que los criminales hicieran su trabajo sucio.
Levantó la mirada y registró la cueva con sumo detenimiento. Era profunda, no muy alta, sin embargo lo compensaba en amplitud, cosa que ayudaba a diseminar con mayor facilidad el frio invernal que se desataba afuera, al punto de calarle los huesos y forzarla a castañear de manera involuntaria. Las paredes, pedregosas y húmedas, formaban una especie de circulo mal dibujado, con centenares de rocas deformes que proyectaban un escenario tétrico y oscuro que lucía aun peor con la tenue llama que tentaba con apagarse en cualquier momento.
Continúo inspeccionando la cueva hasta notar algo entre unas rocas cerca de donde ella estaba. Era un bulto envuelto en una capa verde de la forma más precaria posible, donde una larga melena azabache sobresalía junto al rostro de una mujer inconsciente. A pesar de la poca luz, pudo reconocerla al instante. Era la muchacha de la posada donde se hospedaban, la recepcionista. Su rostro llegaba a ser más pálido que la nieve y sus labios habían perdido el color de la vida. No había necesidad de pensarlo mucho, por su condición y posible temperatura corporal estaba pasando por las últimas etapas de la hipotermia.
Hasta ahora la respiración de Sakura, al igual que su frecuencia cardiaca, se habían mantenido estables. No era la primera vez que se convertía en rehén de algún psicópata con una extraña necesidad de arruinar la paz entre las naciones Shinobis. Pero, después de ver el cuerpo casi desvanecido de la mujer, las imágenes comenzaron a aglomerarse en su cabeza, recordando el último lugar donde había estado antes de ser capturada. Su pulso se aceleró descomunalmente y las extremidades iniciaron un episodio de escalofríos que iban más allá de la falta de calor. Si ella estaba allí junto a la recepcionista, Sasuke podría estar...
–No está muerta– ronroneo una voz entre las sombras –, aun.
Sakura torció el cuello hasta enfocar una figura esbelta que jugueteaba con algo entre las manos. Era una mujer de cabellos amarillos como el sol, sentada con las piernas cruzadas sobre una roca a lo alto de unas estalactitas. Su rostro, perfilado y níveo, le causó cierta curiosidad. Era una cara que llegaba a tener un aire familiar, demasiado familiar, a pesar de aquellos ojos rojos que le devolvían una mirada poderosa y vengativa existía algo en esa mujer que le hacía sentir incomoda.
–Tienes un muy mal sueño, querida – articuló, pasándose entre las manos un objeto que Sakura no pudo distinguir por la falta de luz – ¿Alguien te lo ha dicho alguna vez?
– Yūhi – soltó la pelirrosa escuchando a su propio cerebro trabajar a toda máquina.
La aludida asintió gustosa sin poder contener la sonrisa que se dibujaba en sus labios.
–Tardaste mucho – bramo con tono burlón cambiando la posición de sus largas piernas revelando un tatuaje de dragón que comenzaba en su talón y seguía hasta perderse entre el largo vestido –, pensé que me descubrirían en el restaurante.
–El restaurante – repitió Sakura abriendo los ojos desmesuradamente.
La mesonera. La mujer que les había atendido la noche anterior. No recordaba bien su rostro pero estaba segura de que era ella, era Yūhi. Aun así la sensación de familiaridad se remontaba a mucho tiempo atrás, mucho más lejano que una cena casual acompañada de una tímida camarera.
Sakura pasó la mirada de Yūhi a la mujer casi muerte en el suelo de piedra. Nada de eso encajaba. Su sospechosa número uno, la recepcionista envuelta en la capa verde, resultó ser una víctima más de la peligrosa desertora de Konoha, incluso la mujer de la tienda de ropa encajaba más en el perfil de Yūhi que la supuesta mesonera de aquel restaurante.
–La utilice a través de un Genjutsu – explicó percatándose de las dudas de la pelirrosa saltando de donde estaba con gracia –, uno sumamente débil, debo admitir. Casi ridículo.
–¿Qué les has hecho? – gruñó Sakura con la furia surcándole las venas como pólvora – ¿Qué le has hecho al pueblo entero?
–Un favor.
–Esto no se ve como uno – dijo señalando el cuerpo casi sin vida de la recepcionista.
La mujer desfiló bajo la luz tenue de la antorcha haciendo gala del hermoso y elegante vestido que utilizaba aquella noche con el cual mostraba demasiada piel, como si el frio fuera una preocupación innecesaria. Su cabello caía como rayos de sol sobre su espalda haciendo juego con los movimientos petulantes y vanidosos que realizaba al caminar.
Sakura midió disimuladamente la tensión de las cadenas en sus muñecas quedando muy desconcertada. Los grilletes no eran ni la mitad de fuertes de lo que esperaba, con un solo movimiento de su súper fuerza las destrozaría sin ningún problema. Estaba claro que Yūhi la tomo como una Kunoichi sin talento, y ese terrible error lo tomaría como ventaja.
–¿Cuál es tu fin? – murmuro Sakura alternando su atención entre el caminar pomposo de Yūhi y las respiraciones lentas de la mujer en el suelo. Estaba estable, pero debía permanecer alerta.
–¿Por qué estas interesada en saberlo? – se burló Yūhi viéndola de reojo – No eres más que una inútil mujer, no entiendo que vio Uchiha-san en ti.
Un instinto asesino quiso hacer mella sobre el juicio de Sakura pero supo controlarlo, si Yūhi quería verla como una persona sumisa y sin potencial así sería.
La mujer meneo el cabello permitiéndole a la luz llegar hasta su pálido rostro dándole a la pelirrosa una mejor vista de su semblante. Las pupilas se le dilataron exorbitantemente y su aliento se volvía una mota de humo cuando dedujo estupefacta cual era el linaje sanguíneo de la mujer frente a ella.
–Eres una Yamanaka – tartamudeo incrédula.
Se escuchó el crepitar de la antorcha al quemarse. Yūhi detuvo su caminar y arrugo el entrecejo.
–Mi madre lo era, yo no.
–Ahora todo tiene sentido – articulo casi hiperventilado. Era por esa razón que le parecía tan familiar. Por fin las piezas comenzaban a encajar una por una –. Eso explica... Tu... El pueblo... Un Genjutsu – balbuceaba cosas sin sentido, pero no podía detener al torrencial de ideas que surcaban su mente. Levantó la mirada, aturdida ante sus deducciones, recorriéndole un escalofrío por toda la espalda –. El pueblo entero está bajo una ilusión...
Las palabras no llegaron a afectar a Yūhi dándole a entender a Sakura que estaba en lo correcto.
–Sabes demasiado para ser una simple niñita – alegó la mujer con desdén. Volvió a darle la espalda cruzándose de brazo en dirección al arco de piedra que delimitaba la cueva –. Tu marido está a punto de llegar, no le hagamos esperar.
Como muy bien predijo Yūhi, una sombra apareció lentamente de entre la tormenta. La silueta dio un par de firmes pasos hasta que su cuerpo choco contra la luz de la antorcha revelando su oscuro semblante. La capa negra de viaje que siempre llevaba consigo estaba humedecida por la nieve y sus labios agrietados por el frio hacían juego con el rostro demacrado y furibundo. Una vez dentro ambos ojos pasaron de un profundo azabache a exponerse los temibles Dōjutsu preparados para atacar.
–¡Sasuke-kun! – gritó Sakura aliviada por verle sano y salvo.
–¡Uchiha-san, querido! – le interrumpió Yūhi pavoneándose con descaro frente al pelinegro cubriendo a Sakura de su rango de vista –. No soy una mujer que ruegue a los hombres pero no me diste más alternativa que secuestrar a tu doncella para que así vinieras ante mí.
Evidentemente Sasuke no se inmuto, solo se quedó inmóvil estudiando el lugar con ojo crítico moviéndose solo lo suficiente para llegar su vista hasta el rostro de Sakura. A pesar de la poca luz la expresión del Uchiha se sobrecargó de ira que se vio reflejada en su tensa mandíbula y hombros contraídos cuando examino el estado de la pelirrosa.
–¿Te encuentras bien, Sakura? – masculló Sasuke sin cambiar la postura indómita.
–¡Si! Pero... – señaló el cuerpo casi sin vida de la recepcionista un par de metros más allá.
Sasuke mantuvo la misma posición, similar a una perfecta estatua de mármol, pero Sakura comprendía lo que quería decirle aun si no movía un músculo.
–Como era de esperarse del último descendiente del clan Uchiha – aseveró Yūhi volviendo la atención de nuevo a ella – ¿Cómo te las arreglaste para llegar sin ambos brazos?
La pelirrosa abrió los labios escandalizada.
–¿Qué le hiciste? – rugió Sakura alternando la vista entre la mujer y Sasuke.
Ella dejo salir una risilla antes de responder.
–¿De que serviría jugar con alguien si no le pones dificultades en el camino?
El recuerdo de cómo la recepcionista había golpeado inocentemente el brazo de Sasuke en la mañana mientras desayunaban la hizo atar los cabos sueltos. En ese momento debió inyectarle con algún paralizante, un veneno lo suficientemente fuerte como para sacar a Sasuke de la jugada, o disminuir las probabilidades de que estropeara el plan que Yūhi había ideado.
–No necesito mis brazos para acabar contigo – manifestó Sasuke abandonando la capa humedecida con un simple movimiento de su cuello, flexionándolo lo suficiente como para que el fuego iluminara aún más sus ojos severos.
–Tan egocéntrico como siempre – declaró Yūhi divertida – Temo desilusionarte pero no eres el único capaz de usar Genjutsus en este lugar.
–¡Es una Yamanaka! – le advirtió Sakura en un intento desesperado porque Sasuke llegara a la misma conclusión que ella.
–Lo sé – dijo él sin dirigirle la mirada –. Nos dio bastantes pistas en aquella tienda.
–¿Con que te distes cuenta? – se burló Yūhi entretenida.
–Nadie puede olvidar por completo a otra persona a voluntad propia – explicó con seriedad –, a no ser que alteres su mente con un jutsu.
El portarretrato de la tienda de ropa donde se reflejaban la propietaria y su posible esposo era la explicación a las deducciones del Uchiha. Era cierto, borrar los recuerdos de alguien no es una tarea sencilla, pero existe un poderoso clan con una gran destreza en la manipulación de la mente humana. Los Yamanaka.
–¿Fue muy obvio? – pregunto Yūhi pavoneándose por la cueva mientras ocultaba entre su vestido el objeto con que jugaba minutos atrás.
–No tanto como "Todo forastero que atraviesa el arco de Gan'u queda hipnotizado por la belleza del pueblo" – recitó Sasuke con un deje de molestia. Tomó aire lentamente controlando su instinto asesino y agrego –: Modificaste los recuerdos de todas las personas de la ciudad a tus anchas, proyectando nuevas memorias a través de técnicas de ilusión. Es así como mantienes el control del pueblo en contra de su propia voluntad. Usas el poder de los Yamanaka junto al poderoso Genjutsu de los Yūhi generando una utopía de la que es imposible escapar.
El sonido de un par de aplauso hizo eco en la cueva. Bajo la luz de la antorcha, Yūhi se regocijaba con descaro frente a ellos, disfrutando todo aquel espectáculo a lo grande. Al pelinegro no le agrado la respuesta arrogante de la mujer, por lo que arrugo el entrecejo cuando ella inicio una sesión de carcajadas que oculto con el dorso de su pálida mano.
–¿Siempre tienes ese ceño fruncido, amor? – dijo Yūhi dibujando una sonrisa ladeada – Dime ¿Qué te perturba más? ¿Mi ingenioso plan? ¿El grandioso poder que poseo? o ¿El secuestro de tu querida doncella?
Sasuke no presto atención a lo dicho por la mujer, en cambio dio un parpadeo cargado de cólera donde el Sharingan de tres espirales giro drásticamente hasta convertirse en el mortífero Magenkyō. Sakura dio un respingo al ver el gesto de odio que se trazaba en el rostro del Uchiha.
–Quieres el mismo fin que Madara anhelaba en la cuarta guerra – arrojó el pelinegro.
–No me compares con ese hombre despreciable de tu clan – escupió Yūhi alejando cualquier indicio de felicidad retorcida que mostraba antes –. Esto es simplemente una antesala a lo que le tengo preparado a Konoha. Solo vine a probar mis poderes. Cuando llegue el momento regresare a la aldea y pondré a todos bajo mi jutsu. Borrare los recuerdos de cada uno de sus seres queridos y los obligare a matarse entre sí hasta que no quede nadie con vida – los puños que se formaron en sus manos temblaron cuando continuo –. Como ves he planeado todo esto desde hace mucho tiempo. Mi deseo es el control infinito sobre las mentes humanas, mi sueño siempre ha sido y será la venganza y tú más que nadie debe de comprenderlo, Uchiha-san.
El terror volvió a invadir a Sakura. Sus ojos jades presas del pánico llegaron al inquebrantable rostro del Uchiha. No era un secreto para nadie que Sasuke estuvo en esa misma encrucijada hace tiempo atras, una que lo llevo a tomar malas decisiones y casi destruir la poca llama de humanidad que aún habitaba en él. El temor de Sakura era que aquella pequeña flama que aun ardía en el fuero interno de Sasuke se apagara por las palabras venenosas que Yūhi profesaba.
–¿Por qué hacer todo esto? – exigió saber Sasuke ante un silencio que prevaleció por demasiado tiempo.
–¿Estas interesado en unirte a mi causa? – preguntó Yūhi con mucho interés.
–Odio perder el tiempo con preguntas estúpidas – aseveró el pelinegro.
–Entonces ¿Eso es un sí?
–Te estoy dando la opción de no matarte hasta escuchar tus razones.
–¡Jah! Como si matarme fuese una opción.
–No tientes a la suerte.
–La suerte siempre está de mi lado. Es por eso que estoy segura, no, estoy convencida de que te unirás a mi después de escuchar mi historia sobre esa asquerosa aldea que ustedes llaman hogar.
Sasuke apretó la mandíbula y la alentó diciendo:
–En ese caso, no perderás nada con intentarlo.
Por un instante solo se escuchó la ventisca en las afueras de la cueva y la pesada respiración de Sakura. No negaría que la propuesta de Sasuke la estremecía hasta la última fibra de su cuerpo, sin embargo se mantuvo al margen pues, más que saber los motivos de Yūhi, quería conocer cuál sería la respuesta del Uchiha.
–Tus deseos son ordenes – dijo por fin la mujer haciendo una reverencia en señal de burla hacia Sasuke. Este respondió con un gruñido que hubiese pasado desapercibido sino fuera por el eco de la cueva que lo amplifico hasta escucharse como el rugir de un lobo. Sakura sintió como las cadenas entre sus manos llegaron a pesar más que antes al igual que los pensamientos que revoloteaban en su mente.
Yūhi meneo su cabello y se acercó hasta el cuerpo inerte de la recepcionista olvidada entre la capa verde y la fría roca.
– Todo pasó hace cuatro años atrás – rememoró mientras veía como la mujer en el suelo tiritaba por el frio que asechaba en la cueva –. Ellos me consideraron una amenaza a su preciada Konoha, por lo que optaron por la salida más sencilla: el exilio. Mi madre estuvo a favor de las decisiones del consejo y mi padre nunca le importo lo que sucediera con su única hija ¿Cuál fue la causa de mi destierro?, se preguntaran – expuso seriamente –. El nacer de dos clanes tan poderosos fue mi maldición y mi condena. Temían que en un futuro llegara a ser un peligro inminente para todos, y ¿saben qué? tenían razón – dijo demostrando irritación y odio en cada una de sus palabras –. Si antes no tenían suficientes razones para odiarme, ahora las tendrán, pero antes necesito perfeccionar mi plan – la sonrisa divertida llego de nuevo a sus labios –. Por algo Uchiha-san está aquí.
–Nos atrajiste hasta acá solo para obtener mi Sharingan – concluyo Sasuke iracundo –. Tenías todo planeado.
–Pues claro, querido. Solo necesitabas un incentivo – increpó señalando a Sakura –. Tú débil y estúpida esposa por tu poderoso Dōjutsu – una risa de satisfacción carraspeo su garganta –. Pero estoy dispuesta a esperar una colaboración de tu parte donde no involucremos la fuerza bruta – dejo salir una risilla entre dientes – ¿No lo crees, Uchiha-san? Destruir el lugar que tanto daño nos hizo es la única manera de encontrar la paz y estoy segura de que estás de acuerdo conmigo.
Yūhi se regocijaba ante el silencio impuesto por Sasuke, mientras que él seguía evaluando la situación sin mover ni un solo músculo. La espera era extenuante y el temor de que aquellas palabras terminaran por extinguir esa pequeña llama dentro de Sasuke era algo que Sakura no podría tolerar. No otra vez.
– ¿Ahora lo ves, Uchiha-san? – surgió de nuevo la voz de Yūhi sobreponiéndose al ruido de la tormenta –. Tú y yo somos iguales, nadie puede desprenderse de su pasado, estamos atados a él como esclavos moribundos, sin poder desear jamás la luz de la libertad... Tanto tu como yo compartimos el mismo pasado y probablemente el mismo futuro. Ese es nuestro destino, Uchiha-san – sonrió con satisfacción al ver como Sasuke tensaba la mandíbula –. No podemos escapar de él.
Antes de que otra palabra saliera de Yūhi, Sakura se había despojado de sus ataduras y saltó hacia ella con el puño en alto. Si la mujer no se hubiese percatado a tiempo del sigiloso movimiento de la Kunoichi estaría hecha trisas, como las rocas de la cueva done antes yacía su cuerpo. El polvo se esparció por unos instantes con la sinfonía del eco que había dejado el golpe de la pelirrosa dejando a una Yūhi totalmente anonadada.
–Haz cometido un grave error – murmuro Sakura irguiéndose con dificultad al tiempo que se limpiaba el frio sudor que caía de su frente y le dedicaba una mirada inyectada de odio a la mujer en el suelo –. Yo no soy débil.
Aquel movimiento fue el incentivo suficiente para sacar a Sasuke de su ensimismamiento, pues cambio a una pose ofensiva y le regreso una mirada a Sakura en señal afirmativa. Esta asintió y se abalanzaron al unísono sobre Yūhi para atacar con todas su fuerzas. Sasuke se vio muy limitado por la falta de ambos miembros superiores, pero no por ello disminuyo su destreza, inclusive se las ingenió para utilizar la espada con los dientes y así amedrentar contra su oponente severamente. Del otro lado, la pelirrosa asediaba con gran vehemencia, evidentemente a Yūhi le tomó por sorpresa las habilidades de Sakura y más aún que podía resistirse a sus astutos Genjutsus e increíble control mental. Lo que no sabía la mujer era que la Haruno había entreno por mucho tiempo con Ino, lo suficiente como para hacerle frente a cualquier Yamanaka sin mayores problemas, fue por esa razón que durante toda la batalla Yūhi se mantuvo a la defensiva. Sus Genjutsus, a pesar de ser sumamente poderosos no le llegaban ni a los talones al tenebroso Magenkyō que bañaba de sangre el ojo derecho de Sasuke mientras que Sakura danzaba alrededor de la caverna aprovechando las debilidades del lugar a su favor. Lanzaba golpes a diestra y siniestra, donde puñados de rocas e inmensas estalactitas caían como una lluvia de escombros a su alrededor. No pasó mucho tiempo antes de que Sasuke y Sakura la acorralaran y la dejaran sin probabilidades de escapar. La batalla fue ardua. El frio y las dificultades que les proporciono Yūhi retraso bárbaramente su victoria, pero lo lograron. Yūhi, por su parte, les observaba desde el suelo de la cueva totalmente incrédula, casi sin aliento.
–¿C-cómo? – tartamudeo luego de escupir un poco de sangre al hablar.
Estaba muy malherida, pero no lo suficiente para morir bajo el techo de aquella cueva. Sasuke le observaba de pie, pulcro e inmaculado, junto a una Sakura que respiraba cansada por la gran cantidad de engería que aquella pelea le hubo arrebatado, no obstante se mantuvo firme. No quería demostrar su agotamiento frente a Yūhi ni muchísimo menos frente a Sasuke, porque, aunque no quisiera admitirlo, ella también tenía un orgullo que mantener. Sin embargo, a pesar de su gran esfuerzo por mantener su cansancio bajo perfil, el Uchiha le devolvió una mirada inquisitiva y como si pudiera leer sus pensamientos le preguntó:
–¿Te encuentras bien?
–Si – respondió con vehemencia.
Él asintió ante su contestación, satisfecho.
–Ve por ella – le ordeno Sasuke señalando el cuerpo de la recepcionista que salió ilesa de la terrible batalla que allí se liberó.
Sakura, haciendo gala de sus habilidades como medic-nin, estabilizó a la pelinegra rápidamente manteniendo su atención sobre Sasuke a la distancia. Se había detenido frente al cuerpo de Yūhi acuclillándose con una calma envidiable. Sus ojos azabaches perdieron cualquier asomo de odio o maldad, en cambio mostraban serenidad, al tal punto de que Sakura creyera ver compasión en ellos.
–¿Qué quieres, Uchiha? – le increpó Yūhi furiosa – ¿Ahora te burlaras de mí? ¿No te bastó solo con vencerme?
El aludido guardo silencio unos instantes sin quitarle la mirada de encima a la rubia mujer en el suelo de piedra.
–Yo también estuve en el camino de la venganza – musitó Sasuke dejando que algunos flecos de su largo cabello ocultaran parcialmente su rostro –. Vagué mucho tiempo bajo la oscuridad, se vuelve tu compañera, tu guía, al punto en que nunca podrás deshacerte de ella – su voz, gruesa y profunda, resonaba bajo la oscuridad de la cueva llegando hasta Sakura como una ventisca helada. Podía percibir la pena y el sufrimiento en cada frase, al punto en que podía sentirlo parte de ella. Sasuke levantó la quijada y continúo con determinación –. Lo que buscas no lo encontraras... una vez que completes tu deseo comprenderás que la paz que tanto anhelabas jamás se hará realidad. He recorrido ese sendero, y sé que te toparas con un callejón sin salida, porque lo que alguna vez creíste que sería la solución terminara siendo tu perdición.
El Uchiha recobro la postura estoica de siempre y se dispuso a ponerse de pie dejando el rostro de Yūhi lleno de estupefacción.
–No te matare – dijo Sasuke con seriedad.
–No necesito tu compasión, Uchiha – se burló Yūhi mostrando unos dientes llenos de sangre.
–No es compasión.
–¿Entonces qué? ¿Es la forma en que redimes tus pecados?
–Mis pecados no merecen ser perdonados –concluyó secamente dándole la espalda –. Pero tú aun estas a tiempo.
A pesar de estar muy malherida, Yūhi se mofó en una risotada:
–Nunca te imagine como un hombre de profundas palabras.
–Es tu decisión ahora – expresó Sasuke dando por terminada aquella discusión. Se dirigió ésta vez hacia Sakura y con una seña agrego –. Colócale el sello.
–Hai.
Del equipaje de Sasuke extrajo un pergamino largo que adornó con letras de color negro y rojo mientras se acercaba a la desertora de Konoha con cautela.
–Ya veo porque necesitaban comprar pergaminos con tanta urgencia – se burló Yūhi al ver el papel que Sakura adhería a su pecho.
–No eras la única que tenía todo bajo control – le explico la pelirrosa sin un ápice de orgullo o maldad en sus palabras.
Una vez unido el papel a su piel, hizo una gran cantidad de sellos hasta que el cuerpo de la mujer comenzó a brillar con demasiado fulgor desmaterializándose por completo de la cueva en menos de un minuto. El poco chakra que aun tenia Sakura se fue en aquel jutsu, el cuarto Hokage lo podía hacer por sí solo sin mayores inconvenientes, pero para alguien tan poco diestro en el arte de la teletransportación requería de un sello hecho de un pergamino especial, tres personas apoyando el jutsu desde Konoha y una cantidad descomunal de energía. Por tal motivo las piernas le temblaron sin lograr evitar su caída de bruces al suelo.
–Sakura – le llamo Sasuke abalanzándose hasta su lado sin poder hacer nada por evitar el golpe de la Haruno contra las frías rocas.
–Estoy bien, Sasuke-kun – jadeo Sakura intentando sonreír aunque estaba segura que había salido una mueca retorcida en vez de una risa tranquilizadora.
Dos esferas azabaches le estudiaban con tenacidad. Quería creer que estaba preocupado, molesto o tal vez feliz por salir vivos de la misión, pero la ausencia de sentimientos en los gesto de Sasuke no le facilitaba la interpretación de esos ojos abismales.
–Toma de mi chakra – le apremio el Uchiha acercándose hasta mostrar su hombro derecho para que ella lo tocase.
–No – le desaprobó Sakura rotundamente –, ya bastante tenemos con que uno de nosotros este débil.
Observó como Sasuke meditaba en silencio. Se le notaba tranquilo y apaciguado cuando, con dificultad, tomo asiento junto a ella reposando la espalda contra la pared de piedra.
–¿Qué haces? – pregunto dubitativa sintiendo su cercanía como la de una oleada de calor que tentaba con reflejarse en sus mejillas.
–Si salimos con este clima moriremos – levantó la mano derecha con gran esfuerzo. Hizo un par de sellos tembloroso generando así un débil Katon que termino por ser una fogata improvisada que, junto a la antorchas en las paredes, iluminaba la cueva con las suaves flamas rojizas –. Pasaremos la noche aquí.
Sakura dudó unos segundos antes de acomodarse mejor al lado del Uchiha envolviendo a ambos con la gran capa de Sasuke, mientras que la de ella cubría el cuerpo dormido de la joven recepcionista del otro lado de la fogata. Las llamas poco a poco cobraron vida alimentando la cueva con su calidez y su crepitar, siendo esto junto a los sonidos de la tormenta a las afueras de la cueva, los únicos ruidos que rompían el silencio entre ellos, hasta que Sakura se atrevió a preguntar:
–Sasuke-kun.
–¿Hmp?
–¿Cómo supiste que estaba aquí, en las montañas? – murmuro jugando con sus dedos bajo la gran capa negra.
–No lo sé – admitió con indiferencia luego de unos segundos de meditación –. Una corazonada, tal vez.
La pelirrosa dejo que unos mechones de rosados cabellos ocultaran sus ojos.
–Disculpa si fui un estorbo – dijo de soslayo. Era una de sus tres reglas básicas y ya había roto la primera, ojala y aquello no se volviera costumbre –. De verdad no quise...
–No te disculpes – le interrumpió Sasuke con la mirada fija en las llamas que para ese entonces habían crecido lo suficiente para calentar el aire a su alrededor –. No me molestare por eso – luego soltó una sonrisa ladeada –, y menos hoy que es navidad.
–¡¿Que?! – exclamó Sakura girando la cabeza con tal rudeza que los músculos de su cuello chillaron de dolor – ¡¿Cómo es posible?!
Sasuke contuvo una risa de autosuficiencia.
–Sabía que te pondrías así.
–¿Cómo quieres que me ponga? – infló sus cachetes en señal de reproche y domino las ganas de volver a gritar – ¿Cómo sabes que es navidad?
–Fue una de las cosas que delataron a la ciudad – explicó –. No hay adornos por ningún lado ni gente celebrando. Yūhi debió alterar esa parte de sus recuerdos también – entrecerró los ojos y se fijó en Sakura con el ceño fruncido –. Pensé que lo sabias.
Ella, apenada, regreso cabizbaja a jugar de nuevo con sus dedos con la intención de no dirigirle la mirada a Sasuke.
–No lo note.
El pelinegro guardo silencio unos momentos antes de soltar un resoplido con fuerza.
–Bueno, ahora ya lo sabes.
Dejo salir el aire de sus pulmones con desanimo. Tenía tantas ideas y planes para pasar la navidad. Pensaba en regalarle algo a Sasuke hecho por ella misma o comprarle algo de utilidad, aunque la oferta de ayudarle con su nuevo brazo siguiera en pie estaba segura de que no sería una opción que el contemplara gustoso. A final de cuentas el único regalo que obtuvieron ambos fue el de la mujer de la tienda, que a pesar de no saber que era navidad les había dado bondadosamente aquellas hermosas piedras.
Cuando hubo pensado en ese pequeño detalle reparó que algo faltaba entre sus ropas. Miró disimuladamente de un lado para otro en busca de un destello ámbar entre las frías rocas a su alrededor.
–¿Sucede algo? – dijo Sasuke advirtiendo la inquietud que profesaba Sakura.
–N-nada – mintió.
Él estaba al corriente que fingía, era demasiado notorio, pero no indago más en el asunto, tal vez por un sentido de buena educación o de su común desinterés. La pelirrosa le observo por el rabillo del ojo una vez que el silencio se instaló entre ambos de nuevo. Sasuke movía la mano tullida disimuladamente creyendo que sobre esforzando sus músculos arreglaría su problema de parálisis. No admitiría que necesitaba de ayuda médica, eso sería rebajarse a nivel de un mortal paciente, pero ella era incluso más testaruda que él.
–¿Duele? – pregunto por lo bajo. Al no resibir respusta continuo diciendo –: Yūhi es una persona inteligente. Estudió todos tus anticuerpos sin excepción. Tu sangre es un coctel de antídotos para casi cualquier veneno, crear uno del cual no puedas defenderte es de por si un hazaña – se acercó con cautela hasta tocar su brazo –. Permíteme.
–No lo hagas – dijo Sasuke en un silbido.
Sakura levantó la mirada para obsérvale.
–Pero...
–Incluso si quieres corroborar el tipo de veneno te tomara demasiado chakra.
Tenía razón, lo mejor sería esperar, aunque no le gustara mucho esa decisión.
–Cuando me recupere será lo primero que haga, lo prometo – farfullo cabizbaja perdiéndose en el crepitar de las llamas.
Hubo un silencio prologando hasta que Sasuke levantó la voz susurrando.
–Lo sé – interpelo con un deje de molestia –. Antes de que termine el invierno me obligaras a tener ambos brazos.
–Sasuke-kun... – murmuro Sakura incrédula.
El Uchiha cerró los ojos relajando los músculos de su tenso cuello.
–No es necesario que lo prometas porque sé que lo harás de todas maneras.
Sakura abrió los labios para decir algo pero los volvió a cerrar. Comenzaba a creer que Sasuke la conocía más que ella a él, y eso le causaba envidia. Tal vez sus actos o forma de pensar eran demasiado predecibles, todo lo contrario al laberinto sin salida de la mente del pelinegro.
Volvió la vista a la tormenta que se desataba fuera de la caverna. Quería seguir hablando con Sasuke pero no tenía más que decirle y no se le ocurría otra cosa más que abrazar sus piernas, acurrándose entre sus propios brazos preparada para descansar con el calor que le proporcionaba la capa que la envolvía, el fuego de la modesta fogata frente a ellos y la calidez de su cercanía.
N/A: ¡Un enorme saludo a todooos! Espero que estén súper.
He aquí el cierre del tercer Flashback, espero que les haya gustado :) Les recuerdo que Sakura está contándole la historia a Sarada de cómo Sasuke obtuvo de nuevo su brazo. Sé que algunos no les gusta esta idea pero más que no soportar ver al pobre hombre sin una extremidad es porque me dificulta escribir ciertas escenas a futuro. Disculpen de antemano :'(
A partir de ahora la historia se desarrollara de la misma manera (con los recuerdos y todo eso), pero con algunos cambios que espero les gusten (no más OC por un buen tiempo, I promise ;w;). El capítulo de la semana que viene será un "Especial" y estoy tan ansiosa porque lo lean que lo más probable es que lo publique antes de tiempo :D
Haré una aclaratoria rapidito: Sasuke y Sakura tienen 32 años en el presente, y en el pasado (tiempo en donde se desarrollan los flashback) tienen 19 – 20 años abarcando así sus 2 años de viaje juntos. Estaba usando una wikia de Naruto donde salían estas edades, pero no son las correctas: en realidad tienen 34 años en el presente y en el pasado tienen 20 – 22 años. Aun así continuare la historia en base a las primeras edades que describí. Gracias a Yume no Kaze por notarlo :)
Gracias infinitas por todos esos grandiosos reviews y a todos los que dieron un follow y/o un favorite \o/ No saben el inmenso poder que tienen sus palabras y es gracias a ustedes que toda esta locura sigue viento en popa y seguirá hasta el final :)
Me despido entonces deseándole lo mejor del mundo, cuídense muchísimo y nos leemos pronto.
Bye Bye :3
