Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
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Sasuke Uchiha
Día 83
El invierno de aquel año pasó con demasiada prontitud, de una forma casi efímera. Caminaban a través de un inmenso campo de arroz, un claro indicio de que habían dejado la nieve atrás para adentrarse poco a poco en las praderas que anunciaban el inicio de la primavera.
Las finas hojas verdes le llegaban hasta la cintura y a su acompañante que marchaba de frente a él casi le rozaba la mitad del brazo. Usualmente marcaba el paso, pero aquel día no se sentía con ánimos de dirigir. Además, la pelirrosa se había despertado con demasiadas energías aquella mañana, por lo que le cedió el comando inconscientemente.
Ahora era Sasuke el que se quedaba rezagado, siguiendo las pisadas de su fiel acompañante unos metros más allá, permitiéndole así estudiarla en silencio desde la distancia y divagar en sus pensamientos.
Si sus cálculos eran correctos, habían pasado más de dos meses desde que viajaba junto a Sakura. No negaría que antes los días eran iguales, demasiado monocromáticos. Buscar por aquí, resolver por allá, una que otra batalla, nada que alterara de manera importante su estilo de vida nómada. Despertaba solo por las mañanas y continuaba el camino en compañía de su indispensable Katana, todo era lo mismo... hasta que ella llego.
Al principio le sentó como un chiste de mal gusto, casi un insulto. Se suponía que debía de hacer todo aquello por sí solo, era su camino de redención, no necesitaba tenerla como un lazarillo que movía la cola cada vez que le llamaba por su nombre. En aquel entonces no comprendía cuales eran las razones por las cuales necesitaba un compañero para sus misiones y mucho menos llegaría a entender que retorcida y absurda conclusión llego el Hokage para escoger, de entre todos los ninjas de Konoha, a una medic-nin con complejo de inferioridad y con uno de los peores pasados junto a Sasuke. Una decisión tan irracional que sin lugar a dudas acarrearía terribles consecuencias a futuro.
Contempló la posibilidad de apelar contra la decisión de Kakashi, tal vez los años estaban afectando esa pervertida cabeza de espantapájaros, pero se contuvo. Sasuke se había prometido así mismo que sería una persona más consiente y menos idiota. Si quería redimirse debía hacerlo de la forma en que su hermano Itachi se sintiera orgulloso. Fue por esa razón que dejo su tiempo a disposición de las necesidades de Konoha, cualquier misión que necesitaran él estaría dispuesto a ayudar sin reproches ni quejas, por lo que debía tragarse su orgullo y aceptar la decisión de los altos cargos cuando escogieron a Sakura como su pareja de viaje.
Las primeras semanas opto por usar la indiferencia como principal arma contra la pelirrosa, tal vez así se daría por vencida y se iría de vuelta a la aldea, pero no funcionó. Sakura era la personificación de la testarudez y lo había aprendió por las malas. Jamás dejaba de sonreír y eso le crispaba los nervios, incluso cuando estaba triste y melancólica – algo que llegaba a ser muy frecuente – se las ingeniaba para permanecer entusiasta al punto de rayar en una alegría absurda.
Pasaron los días y su actitud para con ella seguía siendo la de un arisco de mierda, cosa que se le daba muy bien. Mantenía la distancia, hablaba lo justo y cuando acampaban se escabullía hacia los alrededores para entrenar, reduciendo cualquier posibilidad de entablar una conversación. No entendía que lo movía a actuar como el patán de siempre pero repotenciado y el no comprenderse a sí mismo le cabreaba aún más.
Continuaron viajando por el país de la Tierra siempre a manos de un antipático Uchiha y una perseverante Haruno, hasta que de la noche a la mañana las plegarias de Sasuke fueron escuchadas. Un día, antes de llegar a ese pueblucho de Gan'u, Sakura escogió un nuevo compañero de viaje: el silencio. Ya no se tomaba la molestia de dirigirle la palabra ni de tan siquiera mirarle, y si antes eso le hastiaba su silencio era mil veces peor. ¿Qué demonios le sucedía? Primero quería amordazarla de una vez por todas y luego se desesperaba por no escuchar su voz. Ni él mismo podía concebir su propia estupidez. Y, para colmo, Sakura se notaba más afligida que de costumbre lo que lo llevo a salir de su perfecto estado de indolencia para poder recuperar la vieja actitud chocante y positiva que tanto maldecía y, contradictoriamente, extrañaba de ella. Y así lo hizo. Le tomó tiempo, días de estudio y noches sin dormir pero de alguna forma todo salió a la perfección y Sakura volvió a ser la parlanchina sonriente de siempre, pero, al mismo tiempo, Sasuke llego a una terrible conclusión.
La presencia de la pelirrosa estaba haciendo mella en él de una manera peligrosa. Se prometió a si mismo jamás volver a experimentar esa clase de sentimientos que solo complicaban todo, pero ahora estaba confundido ¿Que debía hacer? Dejarse llevar o controlar sus impulsos. Una minúscula parte de sí le susurraba que siguiera sus instintos, pero otra voz le gritaba desesperadamente que no necesitaba de todo ese circo de majaderías, que todo aquello solo lo haría más débil, y como era la parte sensata y cuerda de su mente, opto por hacerle caso. Joder, si alguien escuchara el revoltijo de pensamientos que ahora era su mente lo calificaría como un patética marica.
Soltó una sonrisa ladeada llena de frustración y levantó la cabeza al cielo nublado en busca del aire suficiente para drogarse en oxígeno. Estaba cansado de ese maldito conflicto mental que no hacía más que transfórmalo en un desquiciado. Bajó la mirada lentamente hasta fijarse de nuevo en el camino, y ahí, danzando frente a él entre las hojas verdes del campo de arroz, estaba la razón de sus tormentos.
Se movía con gracia, jugueteando inconscientemente con las plantas que le rodeaban como si de una niña se tratara. Tenía ese toque de inocencia que le desesperaba y siempre era acompañaba de ese enfermizo entusiasmo, incluso cuando él se comportaba como un profesional cabron ella seguía actuando igual de dulce e ingenua. Sin lugar a dudas Sakura era inquebrantable, podía destruirla con palabras venenosas o miradas iracundas y aun así se la ingeniaba para dibujar una sonrisa en su rostro.
Salieron del arrozal cuando el sol marcaba la media tarde. Tras el campo de arroz se ocultaba un extenso prado, donde prevalecían aun pequeños vestigios del invierno. Sakura se sobresaltó ligeramente y dio media vuelta para encararle.
–¡Mira, Sasuke-kun! ¡El rio! – dijo mientras señalaba el camino de agua que corría a lo lejos –. Por fin lo encontramos.
Como era de esperarse sonreía, y para empeorarlo todo, el viento movió su cabello trayendo consigo el olor a cerezos que emanaba de ella como un perfume. Sasuke se removió incomodo por el repentino aroma. Dio unos pasos hasta llegar a su lado y sin dirigirle la mirada susurro:
–Apresurémonos antes de que anochezca.
Bajaron una pequeña colina hasta terminar cerca de una cabaña a la orilla del rio. Frente a la casa de madera flotaban cinco botes, dos estaban dañados, los otros dos encallados y uno listo para partir con un hombre soltando las cuerdas que ataban la canoa al muelle.
Sakura se adelantó para alcanzar al sujeto que partía mientras que Sasuke mantenía el mismo ritmo tranquilo tras ella.
–¡Disculpe! – gritó – ¡Disculpe, señor!
El hombre levantó la cabeza y entrecerró los ojos para poder enfocarse en la mota rosada que se le acercaba.
–¿Si? – preguntó el sujeto quitándose el innecesario sombrero de paja.
–Usted alquila botes ¿verdad?
–No después de las cuatro de la tarde, niña – respondió al tiempo en que regresaba a su laboriosa tarea de desatar la canoa.
–Pero necesitamos llegar al pueblo – explicó Sakura.
–Sin excepciones – gruñó el sujeto disgustado.
–¿Qué haremos? – murmuró la pelirrosa hacia Sasuke en busca de apoyo.
El par de jades que tenía por ojos le hizo sentirse aturdido, por lo que tuvo que desviar la mirada hacia el bosque que bordeaba el rio por ambos lados en busca de una distracción.
–Iremos caminando.
–¿Por el bosque? – increpo Sakura viendo donde señala el Uchiha –. Es casi imposible atravesarlo.
–Entonces caminaremos por el rio.
–Es ilegal atravesarlo a pie.
–Volaremos con el Susanoo – votó con evidente molestia.
La pelirrosa abrió los ojos de par en par.
–¡Ni lo pienses!
Sasuke estaba seguro que, para ese entonces, la vena de la impaciencia estaba brotando de su frente.
–¿Para qué pides mi opinión entonces?
Sakura se mordió el labio inferior y clavó la mirada en sus pies, Sasuke, en cambio, reprimió una sonrisa de autosuficiencia.
Ella no lo sabía pero cada gesto que hacía significaba algo distinto, lo había aprendido en su viaje junto. La mordida del labio era clásico de cuando quería decir algo pero temía que fuera estúpido o que él le rechazara con rudeza, para la situación actual ambas opciones eran válidas. Y la mirada desviada a los pies era su forma de buscar valor para sobreponerse al sentimiento anterior.
Sasuke terminó de interpretar la expresión de la medic-nin y se acercó al sujeto del muelle antes de que otra palabra saliera de la boca de Sakura.
–¿Cuánto cuesta el viaje al pueblo? – le aspecto el Uchiha disgustado.
–¿Eh? – bramó el hombre volviendo a colocarse el sombrero con desdén –. Ya te dije, no hago viajes después de las cuatro.
–¿Cuánto? – repitió, esta vez con voz más gruesa que de costumbre.
–400 – respondió a la defensiva.
Sasuke asintió mientras sacaba de entre sus ropas una bolsa con una suma sustancial de dinero que lanzó ágilmente hacia el pecho del sujeto. El hombre la sostuvo a punto de perder el equilibrio sin comprender del todo lo que sucedía.
–Con eso será suficiente – zanjó Sasuke inexpresivo.
El sujeto no sabía en que fijarse, si en la bolsa entre sus manos, el oscuro muchacho o la radiante pelirrosa. Después de un largo periodo de silencio el pelinegro arrugo el entrecejo
–¿Algún problema? – insistió denotando molestia en sus palabras.
–Oh, no, no, no. De ninguna manera – negó con energías dándoles paso al bote con una reverencia tosca –. Pasen adelante, los llevare con gusto.
Cuando ambos subieron a la pequeña embarcación escuchó como la Haruno farfullaba para sí misma algo que sonó como: "Sin excepciones mis polainas". Sasuke tuvo que hacer acto de su fino autocontrol para no reírse. Sakura era tan ingenua que ni un insulto decente se pudo inventar para la situación.
Zarparon en dirección este. El hombre que les guiaba estaba en la popa del bote, contando en silencio las jugosas monedas con un brillo avaro en sus ojos, afirmando ese famoso dicho de que "el dinero lo compra todo". Sasuke se ubicó en los asientos del medio. Dejó la katana a su izquierda y el pesado equipaje en el suelo. Calculó que el viaje les tomaría alrededor de dos horas, tiempo suficiente para tomarse un merecido descanso, sin embargo no reparó en que una distracción se apoderaría de su mente como un si fuera un hechizo.
Había tomado lugar en la parte delantera del bote uniéndose al panorama que se reflejaba frente a Sasuke, dejándose llevar por el viento que alborotaba su cabello rosa de una manera casi seductora. Estaba disfrutando del paisaje que le ofrecía el país del Campo de Arroz. Se le veía contenta, señalando uno que otro detalle que cualquiera sin sentido del arte natural pasaría por alto. Habló por un buen rato sobre los arboles del bosque y de su alto contenido vitamínico, proteico o algo por el estilo, eran otras de esas patrañas médicas que Sasuke no entendía. Sin embargo no le desagradaba escucharla, incluso llegaba a ser curiosamente terapéutico.
A mitad de camino Sakura dejó de hablar y se dedicó a contemplar en silencio lo que le rodeaba. Tenía el codo apoyado en el borde del bote y con la mano sostenía su fina quijada exponiendo su perfil hacia Sasuke que, inconscientemente, se quedó observándola con sumo detenimiento.
Sus pestañas eran largas y curveadas, de un color más oscuro que el de su rosado cabello. La piel, tersa y pálida, estaba sutilmente sonrojada a nivel de las mejillas a causa del frio dándole un aspecto risueño, casi infantil. Tenía el rostro de una niña indefensa, pero sentada como estaba dejaba ver parte de su torneado cuerpo. El cuerpo de una mujer.
A pesar de lo que dijera medio mundo sobre su pobre inclinación a los afectos humanos, Sasuke seguía siendo un hombre y como tal tenia necesidades que la pelirrosa no ayudaba mucho a controlar. No había necesidad de decir que Sakura estaba dotada de todo aquello que volvía demente a cualquier ser humano con sobredosis de testosterona. Delgada, esbelta y con unas piernas de muerte. Joder, sí que tenía buenas piernas. Sin darse cuenta se quedaba analizando toda su fisonomía, fantaseando sobre que había más allá de esa capa de viaje. No duraba mucho tiempo sumergido en sus especulaciones sobre el cuerpo de Sakura, era consciente de aquello, por lo que hacía acopio de su indispensable autocontrol desviando sus pensamientos de algo menos carnal a asuntos más importante como la misión o la necesidad de una buena dosis de arduo entrenamiento para despejar su mente.
Soltó un suspiro imperceptible y retiró el largo cabello negro del rostro que comenzaba a fastidiarle. Estaba molesto, más de lo usual. Se suponía que descansaría en esas dos horas de viaje, meditar o cualquier idiotez que le relajara. Pero ahí estaba, con un dolor de cabeza de los mil demonios y el deseo de querer estrangular algo a flor de piel.
Normalmente estaba atento a todo lo que sucedía a su alrededor, desde el pájaro volando sobre ellos hasta el cardumen de peces que nadaban bajo el bote. Sin embargo existía alguien que lo sacaba por completo de su ensimismamiento y era la voz de esa persona que le observaba detenidamente desde la proa del bote.
–Sasuke-kun – repitió por segunda vez una muy preocupada Sakura.
Cuando levantó la mirada la encontró con el rostro contrariado por el descuido del Uchiha. Sasuke bajó la mano que permanecía sosteniendo el exceso de cabello azabache que volvía a caer en su pálido rostro. Debía de lucir demacrado porque le seguía observando con desconcierto.
–¿Estas bien?
Recurrió a uno de sus monosílabos como respuesta para tranquilizarla, pero como era de esperarse no funcionó. Sakura movió su cuerpo hasta quedar cara a cara con él y se acercó lo suficiente con algo entre las manos.
–¿Te molesta el brazo? – susurró como si se tratara de un secreto de estado.
–No – respondió Sasuke levantando su nuevo brazo izquierdo para probarlo.
Era cierto, no le dolía, todo lo contrario era magnifico. Ahora podía realizar cualquier labor tan fácil y rápida como antes. Hacer sellos, blandir la katana incluso tareas tan tontas como cambiarse o comer eran un paseo. Había olvidado lo indispensable que era tener ambas manos. A pesar de todo no le dio la razón a Sakura, eso sería rebajarse demasiado, y su orgullo no lo permitiría. Simplemente le agradeció y continuaron con sus vidas como si nada hubiera cambiado.
–¿En serio? – repitió Sakura con un brillo de complacencia en sus ojos jades –. Qué alivio.
Sus delicados hombros se relajaron al tiempo en que bajaba las manos del pecho. Tenía algo entre ellas, algo muy preciado pues lo sostenía con firmeza. La curiosidad de Sasuke venció sobre su indiferencia pues carraspeo un poco llamando su atención.
–Sakura – dijo.
La aludida parpadeo un par de veces antes de hablar.
–¿Si?
Sasuke señalo con la mirada hacia el bulto que sostenía la pelirrosa.
–¿Qué tienes ahí?
Las mejillas rosadas por el frio pasaron ahora a un fuerte color rojizo en el rostro de Sakura. Estaba avergonzada, eso era evidente.
–¿Conoces el lenguaje de las flores, Sasuke-kun? – comenzó diciendo mientras seguía ocultando lo que sea que tenía entre las manos. El Uchiha no tenía ni idea de lo que le decía pero tampoco afirmaría su ignorancia, por lo que permaneció callado. Ella comprendió el silencio pues continúo en un murmullo suave –. Cuando era pequeña me pasaba horas en la floristería de los Yamanaka. Ino lo detestaba, prefería salir a jugar en vez de cuidar la tienda de su familia, pero a mí me fascinaba. Había tantos tipos de flores y aromas que me divertía recordar los nombres de cada una de ellas – hizo una pausa y se burló de sí misma, tal vez por admitir su extraña adicción al estudio. Sonrió ante el recuerdo y prosiguió con parsimonia –. Ahí aprendí que cada pétalo cuenta una historia, que cada flor significa algo.
Abrió las manos revelando una pequeña flor con cinco diminutos pétalos al mismo tiempo en que despedía un sutil aroma dulzón que llego con la siguiente ráfaga de viento. El clásico olor a primavera.
Sakura pasó una mano por su cabello colocándolo tras la oreja, símbolo claro de timidez.
–Esta se llama Violeta Azul – explico al tiempo en que la extendía hacia él con un deje de nerviosismo –. Quiero regalártela.
Sasuke tomó la flor con su brazo vendado. Desde la palma de su mano se veía aún más pequeña, como un pedazo indefenso y frágil de la naturaleza que fácilmente podía extinguir con la fuerza de su puño. No había necesidad de que le dijera su significado, de alguna extraña manera sabía lo que quería decir y fue por esa razón que un fuego en su interior comenzó a crecer poco a poco. Era ira lo que se expandía por sus venas y en un acto de hostilidad le regreso una mirada profunda a Sakura, tomándola por sorpresa.
–¿Por qué? – bramó iracundo.
Ella parpadeo asombrada. Seguramente no era la respuesta que esperaba.
–¿Qué dices? – balbuceo.
–No soy el mismo de antes, Sakura. Pensé que te había quedado claro – escupió en un arrebato de irritación ante aquella cara ingenua.
La pelirrosa pensaría que estaba siendo injusto, un completo patán. Por mucho autocontrol que decía tener la rabia era una de las pocas cosas que no podía mantener bajo perfil por mucho tiempo. Ahora, esperaba por el espectáculo de lágrimas que saldría de los ojos jades que le observaban directamente, pero no sucedió, en cambio respiro profundo y se encogió de hombros.
–Tienes razón. No eres el mismo Sasuke de antes – admitió calmadamente, resistiendo las duras palabras que le lanzaba con fiereza. Sakura bajó la mirada y la clavó en sus pies –. Pero para mí, sigues siendo la persona que salvó a tantos de las manos de Akaoshi, el que rescato a esos aldeanos de Gan'u. Eres mucho más de lo que crees que eres.
Ahí estaba el por qué odiaba tanto a Sakura. ¿La razón? Simple: aún tenía esperanzas en él.
–Te intente matar más de una vez y aun así ¿quieres confiar en mí? – rememoró alzando la mano donde tenía la flor que le había regalado.
–Si mal no recuerdo yo también intente hacerlo – dijo a la defensiva sin ningún ápice de orgullo.
Sasuke arrugo el entrecejo, su dolor de cabeza no ayudaba en nada. Pelear contra la obstinación de la Haruno era extenuante y más cuando el otro combatiente era igual de terco e insistente.
–¿Qué te hace creer que soy lo que piensas?
Movió las delicadas manos con timidez.
–Yo solo confió que es así.
–Maldita sea, Sakura. ¡Buscas a alguien que no existe! – razonó con dureza.
Sakura duró unos segundos sin hablar, tiempo en que Sasuke se proclamó vencedor, pero no podía estar más equivocado. La mirada que le regreso la pelirrosa estaba cargada de benevolencia.
–Te equivocas – aclaró con seguridad y de la nada le sonrió de la forma más dulce posible –. Te encontré a ti.
Mantuvo la sonrisa por unos segundos más antes de darse la vuelta y seguir con su mirada fija en el rio dejando a un Sasuke contrariado y furibundo.
Eso no estaba bien, nada de eso estaba bien. Sasuke no merecía que alguien se preocupara por su bienestar, no merecía que alguien creyera en él, incluso aquella vez en Gan'u cuando en la tienda le preguntó "¿Por qué no confiaba en él?" era en sí una pregunta retórica. Nadie en su sano juicio confiaría en un hombre que traicionó a su aldea, a sus mejore amigos, a su familia... a su hermano. Pero ella no lo veía así. No veía su pasado oscurecido por la venganza y bañado en la sangre de inocentes. Sakura aún seguía viendo luz donde siempre existiría la oscuridad. No, no podía permitir que continuara depositando sus esperanzas en una causa perdida, debía hacerla entrar en razón, cambiar esa falsa imagen que se había creado de un Sasuke que merece el perdón y el afecto de otros.
Apretó con fuerza el puño vendando, ahí donde descansaba la pequeña flor que ahora se había convertido en pequeños pedazos violeta que se esfumaron lentamente con los últimos alientos del invierno. En ese momento se había propuesto una nueva meta, un nuevo objetivo que estaba decidido a cumplir, porque a pesar de ser un traidor Sasuke Uchiha siempre cumplía sus promesas.
–Lleva mucho rato viendo esas flores, jovencito – reconoció la anciana mujer, la dueña del puesto de flores en donde estaba.
Sasuke se fijó por primera vez en la propietaria del negocio. Tenía el cabello plateado, casi blanco, los movimientos de su cuerpo eran lentos pero firmes y su rostro moreno denotaba años de sabiduría que muchos considerarían ancestral. La mujer se detuvo a su derecha y admiraba las mismas flores que había señalado con igual devoción.
–Veo que le gustan las Flores de Cerezo – observó la anciana colocando ambas manos sobre su bastón –. ¿Sabe que cada flor simboliza un sentimiento?
Sasuke asiente en respuesta regresando su atención de nuevo a los pétalos blanquecinos del Cerezo en exposición.
–Ésta en particular significa inocencia, simplicidad y primavera – hizo una pausa luego de acariciar los pálidos pétalos –. También tiene otro significado pero usted ya lo sabe ¿O me equivoco?
Sasuke bajó la mirada trayendo consigo más recuerdos de los que podía soportar. Ambas manos se transformaron en puños hasta que sus nudillos se tornaron blanquecinos.
–Dígame ¿Les extraña? – preguntó la mujer atrayendo la mirada del pelinegro hacia ella.
–¿Disculpe? – pregunto Sasuke intentando sonar cordial.
–A su familia – se explicó con parsimonia – ¿Les extraña?
Aquella era una pregunta filosa incluso para alguien tan distante como él. Mentiría si le decía que no, pero los propósitos por los que hacia aquel viaje eran más importantes que permanecer junto a ellas.
–Es duro el viaje cuando los más preciado esta tan lejos de ti – comprendió la anciana ante el silencio impuesto por Sasuke.
Trastabillo con ayuda de su bastón a la estantería contigua. De allí tomó un único tulipán rojo como la sangre. Los pétalos brillaban por el roció de la lluvia de aquella mañana. Sasuke conocía lo que simbolizaba esa flor, ella se lo había enseñado durante su viaje hace demasiado tiempo atrás. A pesar de no tener interés por el tema del lenguaje de la flora le gustaba escucharla hablar y sin darse cuenta había aprendido incluso hasta como atender las quemaduras con solo chakra y un poco de suerte.
–¿Hermosa, verdad? – dijo la anciana obligando a Sasuke a pisar tierra de nuevo y sin más preámbulos le extendió el tulipán recién cortado hacia él –. Lléveselos a su esposa.
Aquello lo tomo por sorpresa.
–Pero...
–Considérelo un obsequio.
Era realmente hermosa, tan hermosa como ella. No era algo que él solía hacer, entregar flores a una mujer entraba en la categoría de un patético idiota. Pero, por extraño que sonara, quería dárselas, ver su rostro cuando recibiera la flor.
–Temo que se marchitara – reconoció Sasuke.
La buena anciana colocó una mano sobre su brazo izquierdo y agregó en una sonrisa.
–En ese caso debe darse prisa.
N/A: ¡Gente bonita! Espero que estén súper bien.
He aquí el Especial de esta semana ¡Taraaan! :D ¿Qué les pareció? Espero de verdad que les haya gustado. Este ha sido el capítulo más difícil que he escrito hasta ahora, pero me encantan los desafíos y sin duda, Sasuke-cubito-de-hielo-Uchiha, califica como uno.
Espero que se notara el contraste entre el pasado y el presente. Es decir: desde la línea horizontal hacia arriba es el recuerdo de Sasuke (el de 19 años), y de la línea horizontal para abajo es Sasuke del presente (el de 32 años). Si el capítulo quedo un poco confuso en este aspecto, me disculpo ;w;
Ahora es tiempo de pulir nuestras memorias: en el Capítulo VII, cuando Sarada habla con Chōchō y ésta le dice que tuvo una misión donde escoltó a una anciana florista a un pueblo vecino, bueno, esta es la abuelita :) Como ven, no escribo muchas cosas al azar, todo tiene su razón de existir :D
Otra cosita. Abandonare a Sarada por unos poquitos capítulos, no serán muchos, volverá dentro de poco no desesperen xD Y el capítulo que sigue será publicado en la fecha normal, es decir el martes de la semana que viene, pues necesita mucho cariño y dedicación.
Las flores de este capítulo significan: Violeta Azul (confianza y desvelo) y el Tulipan Rojo (amor eterno).
Ahora como siempre y como nunca les doy las Gracias por esos detallazos de reviews que dejan cada semana. También a todos esos que dejan un follow y/o un favorite, al igual que esas personas que siguen la historia desde el anonimato. Valoro mucho el tiempo que se toman en leer los capítulos cada semana y por siempre estar al pendiente :) Cuídense muchísimo y nos leemos pronto!
Bye Bye :3
