Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
XIII
Sakura Uchiha
–Buen día, Uchiha-san – saludó la mujer regordeta del puesto de frutas donde Sakura siempre iba a comprar – ¿Cómo sigue Sarada-chan? Escuche que está enferma.
–Estaría mucho mejor si no escapara al jardín con este clima– dijo Sakura refunfuñando en desaprobación.
La mujer soltó una carcajada.
–Es idéntica a su padre, recuerdo al pequeño Sasuke correteando por ahí después de practicar con la shuriken bajo la lluvia. Todo un encanto.
–Considero que se parece más a su madre – señaló la voz de Ino a su espalda –. Ambas son igual de tercas.
Sakura giró sobre sus talones para encontrarse a su mejor amiga con cara de autosuficiencia a su lado. Llevaba consigo una cesta a medio llenar con vivieres y el rubio cabello atado en una coleta alta como solía usarlo cuando era una niña.
–¿Qué estás haciendo aquí, Ino? – preguntó Sakura viendo cómo se acercaba a sostener una colorida manzana.
–Lo mismos que tu – aseveró con una sonrisa ladeada –. Consintiendo el paladar de mí esposo.
La pelirrosa abrió los ojos de pura sorpresa ¿Cómo se había enterado que Sasuke estaba en la aldea? No tenía ni doce horas de haber llegado y ya estaba, seguramente, en la boca de medio mundo, porque si Ino Yamanaka se encontraba al tanto de una noticia tan jugosa difícilmente se reservaría esa información para sí misma.
–Vaya, que rápido vuelan las noticias – ironizó Sakura terminando de colocar un par de tomates en la bolsa de compras que llevaba consigo –. Pensé que no lo sabias.
–¿Crees que no voy a enterarme de semejante novedad? – se burló –. No me insultes, Sakura.
Terminaron de comprar un puñado de diversas frutas, se despidieron de la buena mujer del puesto y caminaron de regreso a sus casas. El departamento de Ino quedaba en la misma dirección que el de Sakura, antes de una bifurcación, cerca de un gran árbol de cerezos que, para esa época, estaba a punto de estallar en un festival de pétalos rosados.
–¿Cómo está Sasuke-kun? – preguntó Ino dándole una mordida a la manzana que acababa de comprar – ¿Qué tal le fue en su misión?
–Bueno, ya sabes cómo es Sasuke de expresivo – Sakura se encogió de hombros mientras seguían el camino sobre el pavimento humedecido por la lluvia de la noche anterior.
Ino le devolvió una mirada desafiante.
–¿No te ha dicho nada o no le has preguntado?
–Da lo mismo, Ino – dejó salir un resoplido –. Si quiere decirme algo lo dirá eventualmente.
–Tal vez sean buenas noticias – le alentó.
–Nunca son lo son.
Escuchó como la Yamanaka soltaba una fuerte bocana de aire.
–Suenas tan optimista como tu madre, Sakura.
–No soy como... – mordió su lengua al rememorar los sucesos de la noche anterior y bajó la mirada avergonzada.
–No te dejes llevar por lo que te dijo Mebuki-san – le tranquilizó Ino junto a una pequeña sonrisa amistosa.
–Tienes razón – llevó un mechón rosado de su cabello tras su oreja sin despegar los ojos de los charcos de agua que se esparcían a lo largo del camino –. Y disculpa por lo de anoche, de verdad lo lamento.
–No seas tonta, no te mortifiques por tonterías. Dejémoslo en el pasado ¿Te parece?
Aunque así lo deseara era algo que no podía pasar por alto. Aun se sentía sumamente avergonzada por el show que su madre montó la noche anterior. Y estaba segura que, luego de aquella pelea, la relación con Mebuki estaba irremediablemente rota.
–Gracias – dijo encogiéndose de hombros –.Y gracias por acompañarla a casa.
–Habrias hecho lo mismo por mi – Ino debió percibir su desasosiego porque lo siguiente que dijo fue en un tono de voz mucho más enérgico con la intención de levantar sus ánimos –. Se supone que no debo decirte lo que te voy a decir pero, como me caes bien, te lo diré.
–Que sorpresa – dijo Sakura rodando los ojos. Otro chisme que Ino no podía mantener atado a su lengua.
–No seas aguafiestas, frente de marquesina.
–Admite que serias una pésima espía.
–Deja de irte por la tangente – bufó Ino cruzándose de brazos – ¿Quieres escucharlo o no?
Mentiría si dijera que no le llamaba la atención el secretito que guardaba la Yamanaka, sin embargo no demostraría su interés por el tema.
–Me lo vas a contar de todas maneras – le espetó con indiferencia mal fingida.
–Deja de jugar ese papel de Uchiha apático que no te queda bien. Sé que te mueres de ganas por saberlo.
–Está bien – dijo Sakura resignada –. Dispara.
Ino se sintió complacida por aumentar la curiosidad de la pelirrosa y, con un tono de misterio y un deje de diversión, le dijo:
–Adivina quién viene de camino a la aldea.
–No sé, dímelo tú. Eres Ino Yamanaka "la que nada se le escapa"
–Lindo eslogan, pero eso no viene al caso – admitió la rubia y le regreso una mirada conspiradora a Sakura –. Tsunade-sama llegara a la aldea este fin de semana.
La pelirrosa palideció de golpe aminorando la marcha.
–¿Que? – balbuceó sin poder creérselo.
–Ella me dijo que no te dijera nada, pero no podio contenerlo por más tiempo y vaya que me he resistido. Te advierto que no me ha aclarado nada de su visita. Tal vez sean buenas noticias para tu situación ¿no crees? Shizune-san también vendrá y... – se detuvo en pleno monologo para regresarle a Sakura una mueca disgustada – ¿Por qué colocas esa cara de tragedia? Pensé que te alegraría saberlo.
No respondió al instante. Tenía la mirada en el suelo, mordiendo inconscientemente la uña de su pulgar. Aun preservaba esa mala costumbre cuando analizaba una situación que le generaba ansiedad, y la visita inesperada de su antigua sensei podía considerarse como una.
–Sasuke está aquí – murmuro por fin Sakura sin dirigirle la vista a Ino.
–¿Y? No recuerdo que Sasuke-kun deteste a Tsunade-sama.
–No es eso.
–¿De qué te preocupas entonces?
La pelirrosa alejó el pulgar de sus labios para tragar en seco.
–Tsunade-shisou terminará por decírselo todo.
Ino la observó con los ojos abiertos como platos y sostuvo a Sakura por el brazo para detenerla en medio de la calle.
–Espera un momento – la forzó a que regresara su atención a ella – ¿Sasuke no lo sabe? – la pelirrosa desvió la mirada –. Sakura, mírame a los ojos ¿No le has dicho nada?
Aguardó unos segundos antes de contestarle.
–No.
–¿Y qué rayos estas esperando para decírselo? – explotó Ino soltando el agarre de brazo de Sakura.
–No lo sé.
–¿Tienes miedo? – el silencio que expuso la Uchiha fue sentencia suficiente para incrementar la molestia de Ino –. Oh vamos, Sakura. Eres demasiado valiente como para temer en la respuesta de Sasuke.
–Naruto ya intento convencerme, dudo que tú puedas hacerlo – le explicó con calma –. Aguardare hasta que sea el mejor momento.
–¿Cuándo será el mejor momento? – dejó salir un resoplido –. Mira, cuando Sasuke se entere en vez de estar viajando por todos lados se quedara junto a ti y a Sarada ¿No eso lo que siempre has querido?
–No de esta forma.
–Aun así debes decírselo, Sakura.
–Esta vez no volverá – chilló –. No creo poder soportarlo. Sarada no se merece esto.
Ino hizo una pausa y, esta vez, bajó la voz hasta convertirla en un murmullo.
–Esto no es tu culpa.
–Ya te he dicho que odio que me mires así, Ino – increpó con los ojos entrecerrados.
–Sakura... – intentó corregir sus gestos pero la pena aún se reflejaba en su mirada.
–Si Sasuke llega a hablar contigo, no le digas nada. Miéntele. – le cortó Sakura inexpresiva. Ya estaba harta de ese repertorio de caridad innecesaria que todo el mundo insistía tener para con ella. No lo necesitaba, y tampoco lo quería –. Al menos sé que Shikamaru permanecerá callado, y Kakashi-sensei no regresara sino hasta después del Hanami. Para entonces Sasuke estará de camino al norte y todo seguirá como antes.
Ino continuaba mirándola con expresión deprimida.
–¿Y Sarada? – preguntó –. Al menos dile la verdad a tu hija.
–Lo saben demasiadas personas. Ya tengo suficiente lástima que manejar con todos ustedes.
–Esta no es la solución, Sakura.
–Confío en ti, Ino – expresó en un intento por zanjar esa conversación a su final. Estaba siendo muy ruda, pero sus amigos no le daban otra opción. Debía proteger a Sasuke de la verdad, de lo contrario lo perdería para siempre. Llevó una mano a su pecho aferrándose al collar bajo la tela de la blusa y regreso su atención de nuevo a Ino –. Lamento que te tengas que involucrar en todo esto.
Ino aguardo unos segundos sin quitarle la mirada de encima.
–Has aprendido a mentir – señaló en tono triste –. Antes era más fácil saber cuándo decías la verdad y cuando no.
–No te lo estoy obligando a hacerlo, es un favor que te pido como amiga – relajó las arrugas entre las cejas, manteniendo sus ojos sobre los azules de la Yamanaka –. Sabes que no haría nada de esto si no fuera necesario, Ino.
–Nada de esto es necesario, Sakura – le dijo mientras fruncía el ceño con fuerza. Le dio la espalda moviendo su cabello amarillo que caía como rayos de sol por su espalda. Sakura abrió los labios para decirle algo pero Ino fue más rápida –. Puedes quedarte tranquila – expuso –. No le diré nada a Sasuke, a fin de cuentas ese es tu trabajo.
Vio como la Yamanaka siguió su camino hasta la bifurcación, perdiéndola entre un grupo de personas que transitaban por la vía y el tronco del cerezo a punto de florecer.
Apretó con fuerza la bolsa que cargaba en su mano derecha y se dispuso a seguir su camino de vuelta a casa dejándose llevar por el torrente de personas que iban en el mismo sentido.
–Esto es lo mejor, Sakura – se trató de convencer entre sus pensamiento –. Es lo mejor.
El sol debía estar en el cenit, o cerca de él. Era difícil identificar la hora con tantas nubes en el cielo. Podía ser temporada de lluvia, pero ya estaban a finales de Marzo y las precipitaciones insistían en dejar un aire lúgubre en Konoha, incluso ahora que se acercaba el Hanami.
Sakura continuó su camino con los mismos ánimos que profesaba el viento que alborotaba su cabello. En estos momentos ya nada alteraba de manera importante su dramática vida, sin embargo no estaba hecha de piedra como para pasar las discusiones y los reproches de sus amigos por alto. Y de esa manera, aunque no quisiera aceptarlo, las palabras de Ino la habían afectado aunque sea un poco, lo suficiente para que cuando cruzó el siguiente recodo no se percatara de las personas que venían en sentido contrario perdiendo el equilibrio después de golpearse con uno de ellos. Estuvo a punto de caer pero un brazo la sostuvo con fuerza por el hombro.
–Que niña tan despistada ¿Cómo no pones atención por dónde caminas? – preguntó una voz gruesa y áspera.
–¡Abuelo! No seas malo con ella – le reprochó su acompañante. Una chica le devolvió una mirada preocupada – ¿Se encuentra bien?
–Sí, gracias – respondió Sakura incorporándose toscamente sin verles detenidamente a ninguno de los dos.
–¿Todos los de Konoha son así? ¿Torpes e Idiotas?
–¡Abuelo! Ella no tiene... – la muchacha se detuvo en seco cuando observó detalladamente a la pelirrosa – ¡Sakura-san!
La aludida parpadeo un par de veces al recibir el saludo tan amistoso.
–¿Si?
–¡Si, es usted! – Reconoció emocionada – ¿No nos recuerda?
–Claro que no nos recuerda, fue hace mucho tiempo – bramó el anciano que le hacía compañía –. Esta niña no tiene buena memoria ¿se te paso eso por alto, Akane?
–¿Akane? – repitió Sakura llegándole imágenes de una pequeña niña de cabellos rizados, de un viejo refunfuñón y de una hermosa granja en alguna parte de los bosques del país del Trueno – ¡Akane! ¡Masashi-dono!
–Ves que si nos recuerda, Abuelo. Tú y tú malhumor nos llevara a un hotel de mala muerte.
–¡Tanto tiempo sin verles! – regresó Sakura esbozando una sonrisa –. Como has crecido, Akane. Recuerdo cuando eras apenas una niña.
–Ya soy una Chunnin, Sakura-san. No me subestime.
–Qué alegría es volver a verlos ¿Qué los trae por Konoha?
–Estamos de paso, mañana partimos rumbo al país del Té.
–¿Están buscando alojamiento?
–Si. Mi abuelo ha espantado a todos los gerentes de los hoteles por los que hemos pasado.
–No me interesa en lo más mínimo el paquete de lujo con baños termales, solo quiero una cama donde dormir – gruñó Masashi cruzándose de brazos.
–Puedo ofrecerles mi casa, tenemos una habitación extra – le dijo Sakura gustosa –. Sería un honor tenerlos como invitados.
–Suena excelente – saltó Akane volviéndose a su abuelo – ¿Qué te parece? ¿Mejor que las aguas termales?
–¿No hay problema, Masashi-dono? – insistió la pelirrosa.
El anciano aguardó unos instantes posando primero la mirada en su nieta y luego en una muy carismática Sakura antes de aceptar la derrota.
–Espero que sepas cocinar, mocosa. Tengo mucha hambre.
...
–¡¿QUE?! – gritó Akane que inspeccionaba cuidadosamente las decoraciones de la casa de los Uchiha. Se había detenido en una de las estanterías de la sala, señalando el portarretrato donde yacía la foto de Sasuke, Sakura y Sarada tomada hace dos meses atrás. La expresión en el rostro de la Chunnin era de pura incredulidad, la misma que habían mostrados todos en la aldea cuando Sakura llegó con Sarada recién nacida entre los brazos junto a Sasuke como esposo. Ya había olvidado como se veía el asombro que despertaba la noticia en los demás cuando veían a su pequeña familia, pero Akane se lo recordó con creces cuando insistía en señalar el retrato del estante, sin poder creérselo aún – Sakura-san y Sasuke-sama... ¿ustedes?
–Sí, nos casamos – le gustaba decir esas palabras, era inevitable no ruborizarse.
–¿Y te asombras, Akane? – dijo Masashi trastabillando con un bastón de madera tallado –. Esos dos estaban muertos por el otro la última vez que los vimos – dio un fuerte resoplido de fastidio –. Par de idiotas.
–¿Dónde está Sasuke-sama? – preguntó Akane tomando asiento en el mueble.
–Ahora está en una reunión con el Hokage, no tardará en llegar.
–¿Con Uzumaki-senpai? – los grandes ojos verdes de Akane centellaron en asombro. Sakura había olvidado lo mucho que la niña idolatraba a Naruto.
–Ya va a empezar a babear – sentenció Masashi con su particular disgusto.
Todos los presentes estaban demasiado enfrascados en su conversación actual que no repararon en la llegada de un cuarto invitado a la reunión improvisada que se desarrollaba en la sala de los Uchiha.
–Mamá – llamó la voz de Sarada desde el final de las escaleras. Llevaba el mismo vestido blanco que se había puesto en la mañana. Raramente usaba ese atuendo, solo cuando se trataba de una ocasión especial. Y aparentemente la llegada de Sasuke era motivo suficiente para lucirlo.
–Sarada. Pensé que estabas con Chōchō – articuló Sakura.
–Se fue hace un rato – no dejaba de mirar a los recién llegados de manera calculadora, como su padre lo hubiera hecho.
–Ven pequeña – le invitó Sakura –. Te presentare a unos amigos.
–¡Oh! ¿Ella es la pequeña Uchiha-chan? – exclamó Akane asombrada, sin quitar la mirada de Sarada que se acercaba hasta ellos con la poca confianza que le expresaba a cualquier extraño –. Eres la viva imagen de tu padre.
–Pero seguramente tiene el carácter podrido de la niña – dijo Masashi señalando a Sakura con la cabeza.
–¡Abuelo!
–¿Conoce a mi papá? – preguntó Sarada cambiando sus gestos rígidos a unos más interesados. Cualquier tema relacionado con Sasuke despertaba la curiosidad de la menor de los Uchiha, de eso no había duda.
–¡Claro! La última vez que los vimos fue hace más de diez años y aun así el recuerdo está fresco en mi memoria – le explicó Akane señalando su sien con un dedo –. Son gente difícil de olvidar. Le salvaron la vida a mi abuelo, y la mía también.
–¿Enserio? – insistió Sarada tomando asiento en un sillón con la mirada fija en Akane.
–¿Te vas a poner a contar esa historia? – dijo Masashi naturalmente disgustado.
Akane sonrió antes de decir:
–Es una historia que vale la pena contar.
Día 112
Marchaban como de costumbre. Sasuke tres metros por delante y Sakura admirando su espalda cubierta por la capa negra desde la distancia. El silencio les acompañaba desde la fiesta en la mansión hace muchas semanas atrás, y ninguno de los dos estaba dispuesto a romperlo.
En ese momento atravesaban un gran bosque, lleno de frondosos árboles que clamaban a gritos la llegada de la primavera. Las hojas brillaban con un verde vibrante junto a las pequeñas gotas de roció, vestigio de la suave llovizna de un par de horas atrás. Los rayos de sol eran cálidos, los ruidos del bosque eran casi música y el olor a flores era arrastrado por el aire como un perfume. El escenario de esa tarde irradiaba tal sensación de paz que dejaría extasiado a cualquiera. Lástima que Sakura no pudiera disfrutarlo en su total esplendor, pues, sus motivos para permanecer abatida eran mayores que los motivos que tenía para sonreír.
Había llegado a la conclusión de que su viaje se había tornado en una completa pesadilla. No lograba sentirse del todo agusta cuando era escoltada por ese nuevo Sasuke que le acompañaba. En cambio se sentía incomoda, por no decir avergonzada, molesta o increíblemente intimidada por la presencia del Uchiha. La mezcla de tantas emociones terminaba por confundirla terriblemente. Pero era la impotencia la que surgía como un nuevo sentimiento que sobrepasaba al desasosiego que llevaba consigo desde hace tiempo atrás. No solo por lo cabeza dura que llegaba a ser su acompañante, sino también por lo ridícula que comenzaba a comportarse ahora que Sasuke la había besado. Intentaba contenerse pero cada vez que él respondía a sus "Buenos días" y veía como sus labios se movían en un escueto monosílabo se sonrojaba como una adolescente hormonal. No era su culpa, su cuerpo reaccionaba estúpidamente cuando estaba cerca de él y más aún después del incidente de la yukata ¿Tan horrible se veía con aquel kimono? A ella no le agrado mucho, era algo que ni en sus sueños más descabellados pensaría en vestir. Pero cometió el error de pedirle ayuda a una muchacha del hotel donde se había hospedado y lo que para Sakura era "un simple vestido para fiesta" para la mucama fue "Poca tela, muchas piernas".
A pesar de la terrible yukata, la pelirrosa se las ingenió para cubrir la mayor cantidad de piel posible. Lucia extraña y algo estrafalaria, pero estaba segura que el maquillaje estaba bien hecho y se había dedicado por casi una hora en arreglar su cabello. Sin embargo, sus esfuerzos por vestirse decente se fueron a la basura con el arrebato de cólera del Uchiha. No entendía que había pasado por la mente de Sasuke en ese momento, lo cierto del asunto era que el plan por sonsacarle información al traficante se desborono como una edificio de naipes cuando la raptó para escapar de la fiesta.
Luego de aquel penoso espectáculo se sintió sumamente humillada, con el poco orgullo que aun preservaba hecho trizas, rompiendo de esa manera su segunda promesa de Mantener su dignidad intacta. Al menos la tercera era inquebrantable. En esos momentos, ni en un futuro cercano, se imaginaba cayendo enamorada de Sasuke, o quien sea que era el sujeto que continuaba acompañándola en su viaje. A esas alturas estaba segura que conocía pobremente al hombre que caminaba frente a ella. Lo consideraba como un desconocido, como si se tratara de una simple roca. Fría y sin sentimientos.
Recordaba a Sasuke como un muchacho difícil de relacionarse e imposible de entender, que con paciencia, tiempo y algo de suerte, podías permitirte obtener su confianza, la suficiente para que expresara una pizca de esos pensamientos que permanecían oculto bajo la gran muralla que era su mente. Sin embargo, la historia era muy distinta ahora. Sakura trataba con un nuevo nivel de soberbia que rayaba en lo inimaginable. Al principio creyó que debía ser condescendiente, que con el tiempo él consentiría el emprender una nueva relación y volver a ser amigos. Vaya que fue una ilusa al pensar eso. Era obvio que él no quería llegar a una posible reconciliación, o una simple tregua. Bastaba con ver como se dirigía hacia ella. Solo le miraba cuando formulaba una pregunta – que no salía de los estándares de la misión – o respondía a sus saludos matutinos por mera formalidad. Estaba equivocada si alguna vez tuvo esperanzas por retornar su vieja amistad. Ahora entendía que todo aquello era más un sueño que una realidad.
Salieron de entre la espesura del bosque cuando el sol marcaba la mitad de la tarde donde se toparon con un hermoso claro, estrecho y tortuoso. Rocas de diversos tamaños se arremolinaban a lo largo de un rio sinuoso que serpenteaba frente a ellos en una corriente constante y ruidosa. Por encima de éste se proyectaba un puente de madera que formaba un perfecto arco desde un extremo al otro del claro. Algunas tablas estaban humedecidas y endebles, pero pese a su antigüedad lucía bastante resistente. Bajo el puente el canal de agua era traslucido, poco profundo, que comenzaba bajo una cascada de al menos diez metros de altura y se perdía a lo lejos entre unas rocas cubiertas en una gruesa capa de moho.
Sakura se detuvo a admirar la cortina de agua dejándose bañar con las pequeñas gotas que chispeaban su capa de viaje. Un par de rocas sobresalían a lo largo, rompiendo la caída del agua estrepitosamente, permitiendo entrever que tras la cascada no había más que una pared de piedra maciza. Se imaginó como debía lucir una cueva allí. Un lugar pequeño y abandonado por el sol. Permitió que su mente formara imágenes muy vividas que, junto al sonido de la cascada, consiguieron hacerla recordar la misión de un frío otoño hace ya demasiado tiempo atrás.
Un estremecimiento la hizo desviar la mirada hasta posarla en el abismo azabache que aguardaba por ella desde la mitad del puente. Estaba de pie, observándola en silencio, aguardando pacientemente al ver que no le seguía. Su pulso se aceleró con su simple contacto visual y llevo una mano a su pecho por simple reflejo. No podía creer como alguien tenía tanto poder con solo usar sus ojos, y no lo decía por sus Dōjutsu, era algo mucho más tenebroso que un simple poder ocular.
Dio un último vistazo a la cascada, desechando la posibilidad de volver a encontrarse con el Sasuke de sus recuerdos para enfrentar la realidad de aquel extraño sujeto que aguardaba por ella en medio del puente.
Terminó por acercarse al pelinegro cuando un puñado de voces se alzó desde lo alto de la cascada. Ambos ninjas elevaron la mirada al unísono.
–¡Te lo tienes merecido! – gritó alguien desde la cúspide.
Era difícil distinguir las siluetas por la altura y la posición del sol, pero Sakura estaba segura que aquello era la voz de un niño. Entre sus manos sostenía algo grande y pesado. Escuchaba ruidos extraños, como una especie de gimoteos que se mezclaban con los llantos que profesaba la caída de la cascada. Algo no andaba bien.
–¡Deja de moverte! – le recriminó otra voz dirigida a lo que sea que soportaba el primer infante.
–¡P-por favor, no lo hagan! – le suplicó el bulto que forcejaba con fiereza. Era la voz de una niña.
–¡Lánzala de una buena vez! – le apremio el segundo crío que obligo a su compañero a deshacer el agarre, dejando que el cuerpo que mantenía entre sus brazos cayera desde lo alto.
Sakura cambio la posición de su cuerpo y contrajo los músculos de sus piernas preparada para saltar, pero una mancha negra se adelantó a sus movimientos y sostuvo ágilmente el cuerpo de una pequeña entre sus fuertes brazos antes de caer sobre los filos de las rocas del rio. Las voces en lo alto se disiparon rápidamente una vez Sasuke sostuvo el bulto. Sakura le observó aterrizar sigilosamente del otro lado de puente, levantando una pequeña capa de tierra cuando sus pies tocaron el suelo. Una vez estuvieron a salvo corrió hasta llegar a donde aguardaba su compañero.
–¿Estas bien? – fue lo primero que soltaron sus labios cuando derrapó hasta quedar de frente al cuerpo que aún permanecía entre los fornidos brazos del Uchiha.
Efectivamente era una pequeña niña, de al menos cinco o seis años de edad. Sus ojos verdes estaban a rebosar de lágrimas que rodaban por sus mejillas pálidas. Usaba un vestido rojo, lleno de lodo y con uno de los tirantes rotos. La piel bajo sus hombros estaban tatuados las marcas de dos manos que la habían zarandeado brutalmente. Estaba herida.
–¿Quién te hizo esto? – preguntó Sakura entrecerrando los ojos.
La pequeña no respondió, solo dirigió una mirada temerosa hacia la cumbre de la cascada donde antes estaban los dos niños que, probablemente, la había empujado sin piedad alguna para que el rio terminara por hacer el trabajo sucio que ellos no pudieron concluir. Sasuke interpreto su silencio e hizo ademan de levantarse e ir, seguramente, a darle un buen escarmiento a ese par de bribones.
–¡No! – gritó la niña al ver las intenciones del pelinegro. Se aferró con sus pequeñas manos a la capa negra que vestía Sasuke. Estaba temblando –. No me dejen, por favor. No me dejen.
–Está bien, pequeña – le tranquilizó Sakura tocando la coronilla del rizado cabello para hacerle sentir segura –. No nos iremos a ningún lado.
Su cuerpo era diminuto y más aún cuando Sasuke la mantenía envuelta en un abrazo protector que dejó una sensación extraña en el pecho de Sakura.
–¿L-lo prometen? – preguntó la niña entre hipidos.
–Estarás a salvo con nosotros – dibujó una dulce sonrisa – ¿Cómo te llamas?
La niña parpadeo varias veces para limpiar el exceso de lágrimas sobre sus pestañas.
–A-Akane.
–Akane. Es un lindo nombre – mantuvo la sonrisa al tiempo en que señalaba al pelinegro –. Él es Uchiha Sasuke y mi nombre es Haruno Sakura.
–¿Cómo el árbol de cerezos? – poco a poco las arrugas en su frente se relajaban y sus pequeñas manos dejaban de temblar.
–Exactamente – asintió gustosa –. Además, soy doctora.
–¿De verdad? – preguntó temerosa.
–Claro. Dicen que soy de las mejores – agregó para aquietarla.
Por puro instinto médico reparó en las heridas más superficiales y las estudio en silencio. Fue un vistazo rápido, pero concluyo muchas cosas de su estado. Lo que más le inquietaba de todo era lo qué había hecho esa pobre criatura para recibir semejantes maltratos. Nada de eso le traía buena espina.
–¿Me permites revisar tus heridas?
Akane se aferró a la capa de Sasuke. Era muy ingenua al confiar en un par de extraño, pero no lo suficiente para saber que los doctores y las batas blancas siempre serian sinónimos de agujas y sufrimiento.
–¿Me dolerá? – preguntó sin alejar el agarre de Sasuke.
–Te sentirás mejor.
Lo meditó un par de segundos. Posó primero la mirada sobre su salvador, que permaneció impertérrito durante toda la conversación, hasta terminar en el rostro de Sakura que aguardaba pacientemente su respuesta.
–E-está bien – dijo, no del todo segura.
Sasuke accedió a la petición de la niña y se colocó en pie, llevándola en brazos hasta un gran roble para recostarla delicadamente sobre sus raíces salientes. Sakura le siguió de cerca sentándose a un lado de Akane preparada para atender sus heridas.
–No tardes – fueron las palabras que Sasuke le dirigió antes de regresar al rio para llenar sus reservas de agua.
Sakura conservó su atención sobre el Uchiha por una pequeña fracción de segundo, controlando su súbito aumento de pulso. Eran las primeras palabras que le escuchaba decir en toda el día.
–¿Sasuke-sama es siempre tan serio? – intervino Akane sobre sus pensamientos forzándola a pisar de nuevo la tierra.
–Sí – le respondió Sakura regresando su mirada a la niña –, lo es.
–Da un poco de miedo.
Sakura la notó ligeramente asustada, o más bien intimidada.
–Y eso que hoy está de buenas – Akane tiritó en señal de angustia. Aparentemente su intento de burla no sonó muy tranquilizador, por lo que buscó otra forma de apaciguar los nervios de la pequeña –. No tienes nada de qué preocuparte. No te hará daño. Si no le quites los tomates de su almuerzo estarás a salvo.
La niña frente a ella abrió los ojos como platos.
–¿Le gustan los tomates?
–Es su fruta favorita – dijo Sakura encogiéndose de hombros.
–¡Igual que a mí!
–Si le gustan los tomates no puede ser una mala persona ¿verdad? – se sintió inexplicablemente sorprendida ante la sinceridad de sus palabras.
–¡Tienes razón! – Akane liberó toda la tensión que mantenía sobre sus hombros en una sonrisa. Un ligero rubor hizo acto de presencia sobre las redondas mejillas cuando se quedó mirando la espalda de Sasuke –. Además es muy... lindo.
Sakura no pudo reservarse del todo una risilla que contuvo en una especia de mueca medio deforme. Le costaba creer ese don innato que llevaba Sasuke con el que podía seducir con facilidad a cualquier mujer, incluso con su personalidad pedante y ese horrible mal genio. No entedía como ella había caído alguna vez bajo sus encantos.
–¿Te gusta? – le preguntó Sakura arqueando una ceja.
La niña terminó por enrojecerse como su fruta favorita.
–¡No! E-eh bueno... si... es lindo... pero... – tartamudeó mientras bajaba la mirada hasta su vestido lleno de tierra humedecida –, no es correcto enamorarse de alguien que ya tiene una persona especial.
–¿De qué hablas? – dijo sin darle importancia.
–Sakura-san y Sasuke-sama son...
–Oh, no, no, no – el tono de alarma en su voz sonó exagerado. Ya había pasado por esa confusión en Gan'u, y no estaba dispuesta a mantener esa farsa otra vez –. Sasuke y yo no tenemos nada. Solo somos ami... compañeros.
Colocó ambas manos sobre las heridas de Akane en busca de una distracción para sus volátiles pensamientos. No quería volver a pensar en Sasuke de esa manera, bastante problemas tenía con sus sentimientos contradictorios como para agregar otra ansiedad al montón.
–¿Son ninjas? – preguntó la inocente niña una vez las manos de Sakura brillaron de chakra color verde.
–Sí – respondió la pelirrosa agradecida por el cambio de conversación –, somos de Konoha.
–¡¿De Konoha?! – exclamó Akane de un salto. Los ojos le brillaban de pura emoción –. ¡Debe de conocer al héroe de la guerra!
–¿Hablas de Naruto?
–¡Si! – el dolor que debía causarle sus heridas estaba siendo opacado por su actual entusiasmo –¿Puedes contarme sobre él?
Sakura dejó escapar la tenue carcajada que había reprimido minutos atrás. Nunca se imaginó que sus dos viejos amigos del equipo 7 llegarían a ser tan populares entre las chicas. Sasuke por su absurda belleza Uchiha y Naruto por su noble representación en la guerra. No se extrañaría que Kakashi-sensei tuviera un club de fans escondido en algún lado.
Complació los deseos de Akane mientras continuaba entendiendo sus heridas. Aparentemente estaba encantada con cualquier cosa relacionada con el chico del Kyubi. No le importaba que se refiriera a él como un hiperactivo ninja cabeza hueca, ni se inmutaba por los insultos que de vez en cuando salían inconscientemente de su boca al recordar viejas anécdotas de su mejor amigo.
Mientras charlaban no apreció el paso de los minutos conforme el sol se movía en lo alto. Le había tomado más tiempo atender a Akane de lo que había previsto. Tal vez por la amena conversación o por el sinfín de heridas que, aunque eran de poca gravedad, se esparcían por su pobre cuerpo magullado.
El sol había descendido bastante, al menos una hora, y la llegada de la noche se acercaba con excesiva prontitud. Sin embargo, Sasuke no interrumpió su trabajo, procuro permanecer alejado sin llamar demasiado la atención, cosa que Sakura agradecido enormemente. No estaba de ánimos para encararle, o simplemente no tenía la valentía para hacerlo.
–Y ahora ¿Cómo te sientes? – quiso saber Sakura alejando sus manos de la última herida sanada.
–Mucho mejor – admitió Akane contenta.
–¿Puedes levantarte?
–Sí, ya no me duele el tobillo – trastabillo un poco al colocarse de pie pero se las arregló para permanecer erguida sobre su extremidad lesionada –. Muchas gracias, Sakura-san.
–No es nada – le dedico una sonrisa antes de señalarle la tira rota de su vestido –. Ven. Te lo arreglare.
Akane se acercó hacía Sakura y le dio la espalda. Estaban cortos de tiempo sin embargo su extrema curiosidad era algo que debía ser aplacada. Quería saber que había llevado a la niña a ser secuestrada y lanzada sobre una cascada, quien sabe, tal vez podía ayudarla.
–Akane – dijo Sakura formando un lazo sobre el hombro con los tirantes rotos – ¿Por qué te atacaron esos niños?
La niña tembló ligeramente.
–B-bueno... – balbuceo de nuevo y comenzó a jugar con sus dedos –. Creo que odian a mi familia.
–¿Por qué lo dices?
–Todos en el pueblo creen que mi abuelo fue el culpable de la peste.
–¿Peste? – repitió la Haruno sin entender.
Terminó de arreglar su vestido y Akane se volvió para verla.
–¿No lo han escuchado?
–Somos viajeros – le explicó aun con el rostro intrigado –. Estamos de paso por estas tierras.
–Oh, ya veo.
Antes de poder escuchar una explicación más detallada Sasuke se materializó a un lado de Sakura como si fuera un fantasma, generándole a ésta un escalofrío que le recorrió toda la espina dorsal. Detestaba cuando hacía eso.
–Sakura – sentencio el Uchiha con aquello voz omnipotente típica en él –. Debemos seguir.
–¿Ya se van? – dijo Akane desilusionada.
–Tenemos que seguir nuestro camino – anunció Sakura igual de desalentada que la niña, y no estaba segura si era por alejarse de la única persona que estaba dispuesta a tratarla como un ser viviente, o soportar otro día con Sasuke y su silencio sepulcral.
–Pero ya va a oscurecer – advirtió Akane señalando las luces del atardecer que rasgaban el cielo sobre ellos – ¿Por qué no se quedan?
–No tienes por qué preocuparte – dijo la pelirrosa mostrando una sonrisa amable.
–Ustedes me salvaron la vida. Debo agradecérselos de alguna forma – giró todo su cuerpo en dirección contraria a la apuesta del sol y apuntó con su dedo índice un camino entre los arboles del bosque –. Mi abuelo vive un poco más allá, siguiendo el rio. Tiene una granja y es muy grande, hay muchas habitaciones. Podrán quedarse por esta noche si gustan.
La invitación sonaba muy tentadora, podían darse el lujo de desviarse al menos por una noche. No perderían mucho tiempo.
–¿Tu abuelo lo aceptara? – preguntó Sakura omitiendo la posible cara de enfado que debía tener Sasuke a su lado.
–¡Claro! – sentenció Akane alzando los brazos –. A él le encantan las visitas.
...
–Sabes que odio las visitas, Akane – manifestó una voz áspera a través de la puerta corrediza que separaba el porche del recibo –. Y mucho más si son extraños.
Sakura jugaba con sus pies, intentando hacer oídos sordos a la discusión que se desarrollaba al otro lado de la puerta. Akane les pidió que aguardaran un segundo tras la puerta mientras le participaba a su abuelo de su llegada, y ese pequeño segundo se transformó en casi quince minutos de discusión familiar. Aparentemente Akane no había acertado en el gusto de su abuelo por los invitados sorpresa, pero sí que decía la verdad cuando se refirió a lo grande de aquella vivienda.
Era un inmueble antiguo, construido con un tipo de madera resistente, de una sola planta, con el tejado algo roído por las fuertes enredaderas que se las maquinaron para rodear ciertos sectores de la casa, generándole un aspecto rustico y extrañamente hermoso. La pintura de las paredes estaba craquelada, algunas ventanas estaban destruidas o cubiertas por tablones de madera y los jarrones que debían engalanar la entrada con flores primaverales yacían hechos trizas cerca de una columna. Sin embargo, a pesar de la fachada descuidada y la forma tan rudimentaria con que arreglaba los daños de la casa, los alrededores mostraban un cuidado muchísimo mayor. De un lado se exhibía un sembradío de un fuerte color verde, listo para ser cosechado en cualquier momento, y del otro unos pocos animales pastaban en silencio o dormían unos al lado de otros justo debajo de las estrellas que se habían apoderado del cielo nocturno.
En todo el rato que llevaban esperando la respuesta de su no muy feliz anfitrión, Sasuke permaneció callado, como siempre. Estaba de brazos cruzados, descansando todo su cuerpo sobre una columna de madera rodeada a medias en una fuerte enredadera. No se había quejado en el camino a la casa del abuelo de Akane, pero tampoco aprobó la noción. Sakura ya comenzaba a acostumbrarse a su constante mudez, y eso no terminaba por agradarle.
–Son buenas personas – continuo Akane intentando convencer a su muy inflexible abuelo.
–No podrás hacerme cambiar de opinión.
–Vamos – insistió –. Son amigos de Uzumaki-senpai.
Sasuke se mofó a sus espaldas y Sakura le vio de reojo. Ya se lo imaginaba pensando algo como "¿El baka un senpai?" bajo esa sonrisa ladeada que la pelirrosa no pudo evitar imitar. Al menos un sentimiento distinto a la indiferencia había surcado su rostro.
–Pueden ser amigos del mismísimo Hokage – prosiguió la voz del hombre–, pero a mi casa no entran.
–Me salvaron la vida, abuelo.
Hubo un silencio incómodo donde Sakura detuvo su infantil juego de pies y levantó la mirada a la puerta frente a ella.
–¿Cómo es eso de "te salvaron la vida"? – regresó el anciano en un tono más desafiante.
–Una historia muy larga – señaló Akane para restarle importancia –. Ven, te los presentare.
Unos pasos cortos y apresurados, seguramente los de Akane, eran acompañados de pisadas que arrastraban los pies. Deslizaron la puerta corrediza de un solo golpe permitiendo que la luz de la casa chocara contra el rostro de Sakura y el perfil de un muy malhumorado Sasuke.
Sakura se impresionó mucho cuando vio llegar a la pequeña niña de rizados cabellos acompañada de un hombre alto, bastante longilineo, como de la edad de Jiraiya-san antes de morir. Sostenía el peso de su cuerpo sobre su pierna derecha, puede que la otra tuviera una lesión que sus largos años impedían regenerar correctamente. Pero fue cuando el anciano distinguió los rostros que esperaban en el porche de su casa que abrió por completo sus parpados mostrando un perfecto arco senil en la amplitud de su perlado iris.
–¡Ustedes! – chilló el hombre, señalando a ambos ninjas de Konoha con el dedo acusador mientras su rostro se contraía deliberadamente por la impresión.
El sobresalto en la cara del anciano cuando los reconoció fue transmitida al rostro de Sakura casi por mimetismo.
–¡Ojisan! – articuló con los labios entreabiertos. Ya entendía porque se había impresionado al verlo. Conocía a ese sujeto, era aquel ninja que había ayudado en el país de la Cascada cuando tuvo su misión contra Akaoshi. Él le había dicho dónde estaba Sasuke, y fue gracias a ese buen anciano que pudo salvarle la vida.
Sasuke no se vio interesado en el efusivo saludo. No debía conocer al hombre, puede que jamás lo había visto en toda su vida, por lo que permaneció estoico junto a Sakura sin inmutarse tan siquiera un poco.
–¿Les conoces, abuelo? – dijo Akane sin saber en dónde detener la mirada.
–Tsk, si – chasqueó la lengua disgustado y se cruzó de brazos antes de desviar la mirada –. Los dos me salvaron la vida.
–¿A ti también?
–Ha pasado mucho tiempo, Ojisan – intervino Sakura sin poder contener una sonrisa.
–Masashi, mocosa – gruñó el hombre haciendo mueca con sus labios –. Tengo nombre y es Masashi.
–Abuelo, no seas irrespetuoso – le ordeno la niña.
El aludido hizo caso omiso a las palabras de Akane y se dirigió de nuevo hacia sus nuevos invitados.
–¿Cómo es eso que salvaron a mi nieta?
–Bueno... – comenzó Sakura llevando una mano a su nuca.
–Te lo contare mientras cenamos – dijo Akane entrando a la casa, apremiando a los demás con un movimiento de su pequeña manito –. Vengan, pasen.
Sakura aguardo unos segundos por la respuesta de Masashi. Éste lo único que hizo fue darles la espalda rezongando con evidente molestia:
–Háganlo antes de que me arrepienta.
A diferencia del porche, el interior de la casa era cálido y refrescante. El piso estaba hecho de largas tablas de tatami de una suave textura. No había necesidad de tantas ventanas, las puertas dejaban entrar la luz suficiente durante el día y en el caso de la noche la iluminación estaba encargada de unas lámparas de aceite que discurrían a lo largo de los pasillos. La gran mayoría estaban apagadas en ese momento pero la que Masashi sostenía sobre sus arrugadas manos mientras los conducía por los corredores de la casa, alumbraba lo justo para distinguir el suelo por donde caminaban.
Akane había cambiado su vestido por uno limpio y sin remendar. Les alcanzó de camino a la cocina y permaneció todo el trecho hasta llegar al comedor junto a Sakura. Parloteaba sin cansancio sobre las aventuras que horas atrás la pelirrosa le había contado sobre Naruto. Era claro que la niña se desvivía por el rubio, al punto de considerarse una fanática. Sakura sentía cierta lastima por ella, si llegara a conocer el torpe temperamento de Naruto entendería que no era un príncipe de cuentos de hadas.
Por suerte la cena estaba casi lista y había suficiente para todos. Masashi les ordenó a Akane y a Sakura, con su respectivo mal humor, que terminaran de arreglar las cosas para la cena mientras tomaba asiento sobre el suelo de tatami en un extremo de la mesa y Sasuke en el extremo contrario. Ambos lucían sus respectivas arrugas en el entrecejo y los brazos entrelazados a nivel del pecho. Daban la impresión de ser una imagen transitoria, como si fuera el pasado y el presente de una misma persona refunfuñándose entre sí. Un retrato de por sí espeluznante.
Akane y Sakura acataron las órdenes de Masashi sin queja alguna. Sirvieron la mesa con cuidado trasladando la comida recién hecha de la cocina al comedor. Se dejaron llevar por conversaciones triviales y hasta infantiles por parte de Akane que Sakura alentaba inconscientemente. Todo aquello le traía a la pelirrosa una oleada de calidez hogareña que echaba de menos. El preparar la comida en una cocina en vez de una olla bajo el calor de la fogata, el dormir bajo un techo distinto a las ramas de los árboles y el calor que conservaba las paredes de una casa, al contrario del frio aire de la intemperie, la transportaba a un ambiente lleno de paz y tranquilidad que solo podía ofrecerle las comodidades de un hogar.
Fue así como se dejó llevar por los recuerdos de su querida aldea. A mediados del año pasado había comprado un pequeño departamento en los suburbios de Konoha. Era su primer vistazo a la independencia. Dejaría de vivir con sus padres para adentrarse en las obligaciones de mantener una casa por sus propios medios. Recordaba que estaba comenzando a equiparla, comprando un par de estantes y utensilios para la cocina, pero sus deseos por amueblar lo que sería su nuevo hogar quedo a un lado cuando comenzó aquella interminable misión con Sasuke. No culpaba al Uchiha por alejarla de su amada aldea y su trabajo en el Hospital Central. Estaba en capacidad de rechazar en continuar bajo la compañia del pelinegro. Con una simple carta o una llamada a Konoha todo se resolvería. Estuvo tentada a hacerlo en las últimas semanas cuando Sasuke se trasformó en un ogro gruñón. Soportar su mal humor era una cosa, pero que se atreviera a invadir su espacio personal y destruir su confianza era demasiado para ella.
Motivos suficientes tenía para extrañar a todos sus amigos. Quería estar rodeado de gente cariñosa y amable. Los recuerdos habían sido constantes y muy recurrentes luego que sufrió de aquel extraño insomnio el invierno pasado. Durante las noches en vela se detenía a pensar cómo debían estar todos en Konoha, si la echaban de menos, si anhelaban su regreso tanto como ella lo hacía. Sin embargo, existía algo que le impedía seguir bajo esos nostálgicos recuerdos y la forzaba a regresar a la realidad de su misión.
Terminó de colocar todos los utensilios en la mesa y su mirada se fue instintivamente a la de Sasuke sentado en un extremo de la misma. Se había quitado la capa, dejándola junto al resto de su equipaje a un lado de donde estaba sentado. Tenía la mirada perdida en un punto sobre la mesa, aguardando a que Sakura terminara por servirle. La pelirrosa entendió el silencio de su compañero de viaje y se acercó hasta él con un bol repleto de arroz. Fue en ese momento en que Sasuke levanto los ojos y los dirigió hacia ella.
Hubo una especie de duda en el rostro del Uchiha antes de desviar la mirada hacia otra parte. Sakura parpadeo un par de veces sin comprender su reacción. Pensó en decirle unas palabras amables, algo para aligerar el pesado ambiente entre ambos, sabía que no funcionaría, pero seguía siendo demasiado testaruda para no intentarlo.
–¡Itadakimasu! – anunció Akane obligando a Sakura a regresar a su asiento, interrumpiendo cualquier posibilidad de decirle algo a Sasuke.
Como era de esperarse ninguno de los dos hombres sobre la mesa respondió, simplemente se limitaron a tomar sus palillos y comenzaron a comer en silencio.
Sakura les imitó, degustando cada bocado cuidadosamente.
–Está delicioso, Masashi-dono – dijo la pelirrosa luego de saborear la comida.
–Mi abuelo es un buen cocinero – alegó Akane entre bocados.
–No lo pongo en duda.
–También hace unos postres muy deliciosos. Sabe hacer unos dangos exquisitos.
–Siempre he querido hacer dangos – admitió Sakura.
–Yo también se hacerlos ¡Te puedo enseñar!
–Basta de sonar como unas viejas adictas a la cocina y vamos a lo importante – bramó Masashi indudablemente molesto. La paciencia no era una virtud de la que gozaba su anfitrión, de eso no cabia duda. Dejó a un lado los palillos y, colocando los codos sobre la mesa, se dirigió a su nieta – ¿Qué te pasó, Akane?
La niña desvió la mirada de Sakura con timidez.
–Esto... yo... – su voz temblaba. Era fácil deducir que temía por la respuesta que daría su abuelo cuando le contara la verdad –. M-e lanzaron desde el borde de la cascada.
–¡¿Que?! – gritó Masashi golpeando la mesa con los puños, indignado. Sakura, al igual que Sasuke, detuvieron la comida y se enfrascaron en la conversación que, aunque era algo personal, estaban intrigados por conocer con mayor detalle lo sucedido – ¿Quién fue?
Akane dudó antes de responder.
–U-uno niños.
Masashi entrecerró los ojos.
–¿Es por lo de la peste?
–S-si – respondió bajando la mirada hasta ocultarla entre los mechones de su rizado cabello.
Sakura pudo ver como Sasuke arrugaba el entrecejo. Él no estaba al tanto de ese detalle, tal vez si indagaba más sobre el tema podrían aclarar ciertas lagunas que había dejado los acontecimientos anteriores.
–Disculpe que lo interrumpa, Masashi-dono, pero ¿Por qué lo están culpando? – intervino Sakura.
El rostro del anciano pasó de molesto a iracundo en una sola contracción de sus músculos faciales. Era un tema que no le gustaba tocar.
–Podemos ayudar – le alentó la pelirrosa.
–¿De verdad? – inquirió Akane incrédula.
–Haremos lo que sea que esté en nuestras manos. Solo tiene que contarnos lo sucedido.
–No entiendo muy bien lo que está pasando pero mi mamá me lo explicó hace poco – se adelantó a revelar Akane esperanzada por la mano amiga que le estaba extendiendo aquellos ninjas de Konoha. Podía ser una niña pequeña, pero era consciente de que la situación ameritaba medidas mayores –. Verán – continuo –, mi abuelo tenía muchos animales aquí en la granja, pero de repente todos enfermaron. El rio queda cerca, y las personas en el pueblo creen que los animales contaminaron las aguas y es por eso que...
–Basta, Akane – la detuvo el anciano sentenciando la conversación a su final con un nuevo golpe de su puño sobre la mesa. Luego digirió una mirada severa que alternaba entre Sakura y Sasuke –. Les advierto a ustedes dos. No se metan en lo que no les importa. Ya bastante tengo con deberle la vida como para que estén husmeando en mis problemas – hizo una pausa y se colocó de pie de un salto, sin quitar la mirada de ninguno de sus invitados –. Akane, espérame aquí. Ustedes dos síganme. Les enseñare sus habitaciones.
Antes de colocarse en pie, Sakura le regreso una mirada de soslayo a Akane que se encogía de hombros. En ese momento no podía hacer nada por ella, pero le hizo una promesa en silencio: y era que las cosas iban a cambiar.
Se levantó obedientemente al mismo tiempo que Sasuke lo hacía, tomaron sus cosas y partieron del comedor hacia un largo pasillo pobremente iluminado. No caminaron mucho hasta toparse con una hilera de puertas corredizas que se extendían a lo largo de las pálidas paredes. Fue allí donde Masashi detuvo la marcha, les volvió a encarar y señaló la primera puerta.
–Este será la del Uchiha y aquella de la mocosa – dijo mientras indicaba un cuarto cerca de donde estaban y luego otro bastante alejada. Sakura pudo notar como pronunciaba con cierto desagrado el apellido de Sasuke. Cuando lo salvo aquella vez de las heridas que la batalla contra Akaoshi había dejado sobre su pierna, recordaba que había pronunció el nombre Uchiha con cierta ironía y desagrado, igual que en esta ocasión –. Mi habitación está al final del pasillo – el hombre señaló con la lámpara una puerta al final –. Si necesitan algo no me despierten, ingénienselas.
–Gracias, Masashi-dono – susurró Sakura en una reverencia.
El hombre se detuvo escudriñándola con la mirada.
–La mejor forma de agradecerme es que no estorben.
Y sin más regresó sobre sus pisadas hacia la cocina donde aguardaba su nieta, dejando solos en el pasillo a sus dos viejos salvadores.
Escuchó como un puñado de grillos rasgaron el silencio de la noche. Se volvió hacia Sasuke que, a pesar de no haber la luz necesaria para distinguir los detalles del lugar, podía diferenciar la severidad en sus rasgos cuando éste le devolvió la mirada. Era la primera vez en todo el día en que le dirigía su atención de esa manera.
Su oscuro cabello hacia juego con la penumbra del pasillo. Al no tener la capa negra encima, sus brazos quedaban al descubierto, y aunque estuvieran ocultos por las mangas de su camisa, alcanzaba a ver como la masa de músculos se contraía cuando formó dos puños a ambos lados de su cuerpo. El mismo efecto surgió sobre su espalda y cuello. Daba la impresión que quería decirle algo, pero contenía la necesidad de hacerlo.
–Descansa – dijo por fin Sasuke opacando el cantar de los grillos con su voz imperiosa –. Mañana será un largo día.
Y antes de que otra cosa sucediera, se dio la vuelta y dándole la espalda se adentró en su habitación.
Sakura no se percató que hasta entonces había aguantado la respiración. Liberó el aire oprimido en sus pulmones y relajó los hombros. Se volvió a su habitación no sin antes echar un último vistazo a donde minutos atrás estaba Sasuke.
Ya alcanzaba a comprender porque se sentía tan extraña cuando recordaba su vieja vida en Konoha. Todo tenía una simple explicación: no quería regresar. Sonaba ilógico pero una pequeña parte de ella no deseaba volver atrás, y es que, de alguna forma, le gustaba creer que Sasuke la necesitaba a su lado para anirmale, para hacerle sentir el hogar que alguna vez tuvo.
O tal vez, era ella quien necesitaba de él.
N/A: ¡Saludos, gente bonita! Espero que estén súper bien.
Con este capítulo damos comienzo al Flashback más largo de todos. Y también le damos la bienvenida a nuestros últimos OC: Masashi y Akane. Hace diez páginas atrás, en el Capítulo III, cuando Sakura salvó a un hombre que fue atacado por Akaoshi y este le dice dónde está Sasuke para que ella pueda rescatarlo, ese viejito refunfuñón es Masashi :D
Muchos me han preguntado si Sarada saldrá con mayor recurrencia en los capítulos que vienen y la respuesta es nop :(. La cuestión es la siguiente: mi intención es adelantar la historia del pasado lo más que pueda para poder enfrascarme en la del presente con mayor fluidez. Pero no se alarmen, nuestra pequeña Uchiha tendrá un papel súper importante en los capítulos posteriores a este Flashback y en los útilmos capítulos. Y hablando de últimos capítulos, si mis cálculos no me fallan y si no me invento otra loquera en el camino, creo que hemos llegado a la mitad de la historia. No quiero alargarla demasiado porque sería muy tedioso, y ya bastante les estoy haciendo sufrir con los misterios que guarda Sakura y Sasuke (perdónenme por eso, me gusta mantener la tensión xDu)
Ahora bien, la semana pasada no tuve tiempo de dedicarles unos agradecimientos como Dios manda y en esta ocasión se los daré recargado:
Cuando comencé a escribir esta descabellada aventura me dije: "Si la leen al menos cinco personas, habrá valido la pena" Pero cuál es mi sorpresa que, la semana pasada, llegamos a más de ¡100 follows y favorites! Ni en mis sueños pensé superar la cifra de 20 lectores. No digo esto con falsa modestia, de verdad queu no. Dicen que soy muy, muy, muy pesimista (aunque prefiero el término de "optimista informada", como diría Antonio Gala), y me cuesta creer aún todo lo que hemos logrado, siento que es demasiado surreal. Es por eso que les doy un GRACIAS cargado de muchísimo cariño, como el que ustedes colocan en cada uno de sus reviews todas las semanas. ¡De verdad que son increíbles!
Ahora si me despido. Les deseo lo mejor del mundo, cuídense muchísimo y ¡Que las fuerza los acompañe!
Bye Bye :3
