Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
XIV
Sasuke Uchiha
Día 113
Despertó por el sonido que generaban las pisadas tras la puerta de su habitación. Era un ruido tenue, como una hoja deslizándose sobre el suelo de madera. Giró la mirada hacia la ventana. Faltarían alrededor de unos treinta minutos para el amanecer, una hora poco común para cometer un crimen.
Se quitó de encima la gruesa manta con desde. Aquel sonido, más que alertarlo de un posible enemigo, le generaba un fastidio enorme por tener que levantarse y lidiar con el imbécil tras la puerta. Seguramente se trataba de un adolescente con un futuro para nada prometedor en el rubro de la delincuencia, o unos niñatos sin una pizca de inteligencia que buscaban venganza por la "peste" que asechaba el pueblo. Sí, algo había captado de la difusa conversación durante la cena y con ello pudo sacar sus propias conclusiones.
Masashi, el viejo que les había dado hospedaje en contra de su propia voluntad y buen juicio, estaba siendo culpado de una enfermedad que atentaba contra la vida de todos las personas del pueblo, una enfermedad hídrica probablemente, causada por el ganado muerto que infestó las aguas del rio. Sasuke abrigaba muchas dudas sobre aquello. Había encontrado una cuantas pistas que le conducían hacia un posible culpable, alguien quien pensó nunca más volver a encontrarse. Pero no se adelantaría a dar conclusiones hasta no estar del todo seguro, necesitaba encontrar más indicios y ratificar sus conjeturas.
No obstante los aldeanos no compartían su misma perspectiva ni paciencia por los hechos sucedidos. Ellos, en cambio, necesitaban con urgencia echarle la culpa de sus problemas a alguien, y por los visto su mejor opción fue tomar a un viejo gruñón que vivía a las afueras del pueblo como chivo expiatorio.
En el remoto caso de que Masashi fuera el culpable de la peste, no sería de extrañarse que los aldeanos desearan cobrárselas muy caro al anciano ¿Y qué mejor manera de hacerlo que lastimar a su familia? Es por esa razón que intentaron matar a su nieta lanzándola por la cascada. Y como su intento de asesinato fue frustrado por la entrada oportuna de Sasuke, ahora se dedicarían a algo más práctico: hurtar y destruir la propiedad del viejo.
Quien quiera que fuera el que estaba tras la puerta y los motivos que debía tener, se arrepentiría de haberlo despertado.
Se terminó por levantar en silencio, tirando con rudeza el resto de la manta que le cubría. Cerca de un estante descansaba su katana y la tomó por puro instinto. Si activaba su Sharingan seria escarmiento suficiente para aquellos bribones, pero la espada daría un efecto más dramático. Llego hasta la puerta, preparado para cualquier cosa que llegara a encontrarse, y la deslizo de un solo golpe.
Como la noche anterior, la luz seguía siendo escaza, pero no le fue difícil apreciar a la culpable de interrumpir su sueño. Ahí, en medio del pasillo y caminando de puntillas, estaba nada menos que Sakura. Vestía su típico atuendo de viaje, con la mochila a cuestas y el cabello ligeramente desordenado cayendo sobre sus hombros.
–¿Qué haces? – sentenció Sasuke sin poder controlar su voz grave. De entre todas las personas nunca se detuvo a pensar que podía encontrarse con su compañera de viaje.
–Sa-Sasuke – tartamudeó aferrándose a las correas de su mochila intentando protegerse del Uchiha.
Demonios. Estaba asustada ¿Qué tanto daño le había causado como para alarmarla de esa manera con solo dirigirle la palabra?
–No sueles estar despierta tan temprano – dijo, corrigiendo el tono de su voz.
Ella bajó la cabeza para mirar sus pies desnudos al mismo tiempo en que relajaba los hombros.
–No he dormido muy bien últimamente.
Sasuke frunció el ceño. Había pasado mucho tiempo desde los episodios de insomnio de Sakura. Se supone que ya no existían, él se había encargado personalmente de que nunca más volvieran a suceder...
Pasó la mirada del par jades que evitaba su rostro a la mochila que cargaba a cuestas. Esa vista no le agrado en lo más mínimo. Era claro que Sakura estaba preparada para largarse, huir para dejarlo atrás.
No la culpaba si quería escapar y regresar de vuelta a Konoha, en realidad había tardado mucho en escabullirse. Debía darle crédito, ella soportó lo que ningún ser humano había soportado jamás: vivir una travesía a solas junto a él, junto a Sasuke Uchiha. Un hombre frio, calculador, con un pasado oscuro y un futuro incierto. Sería un hipócrita si afirmara que jamás la había tratado mal durante sus misiones, porque lo había hecho y muchas veces. Desde palabras venenosas, miradas iracundas, intentos de asesinato ¡Maldita sea, la había besado! Eso debía ser espanto suficiente como para hacerla correr de vuelta a su muy amada aldea. Pero no, nada de eso la hizo dudar de quedarse a su lado. Se había comportado como el mayor de los imbéciles y Sakura seguía caminando a sus espaldas pacientemente, sin remordimientos ni odio en sus ojos.
Era por esa razón que la escena que se retrataba frente a él no tenía sentido. Porque en todo el tiempo que llevaba junto a ella había aprendido algo, y era que: Sakura no era de las personas que escapaban. Ella no era una cobarde.
–¡Sakura-san! – intervino la voz de Akane que se acerba a hasta ellos con pasos cortos pero ruidosos.
Ambos se voltearon a ver a la pequeña llegar.
–Akane – saludó Sakura con una sonrisa de bienvenida en su rostro.
–Buenos días – dijo la recién llegada. Luego se giró hacia el Uchiha e hizo una torpe reverencia –. Buenos días a usted también, Sasuke-sama.
El aludido respondió cruzándose de brazos y frunciendo aún más la piel de su frente.
–¿Estas lista? – le preguntó Sakura.
–Si. Ya tengo todo preparado – anunció la niña señalando la capa que cargaba sobre sus hombros.
–¿A dónde van? – dijo Sasuke sin contener la curiosidad.
–Sakura-san es una medic-nin – le explicó Akane con excesivas energías –. Sabe cómo curar la peste. Le pedí que por favor atendiera a la gente del pueblo que está enferma. Pero no le diga nada a mi abuelo, Sasuke-sama. Se molestara si se entera de lo que estamos haciendo.
Ambas se devolvieron una mirada cómplice. Era curioso como habían formado un lazo de amistad tan rápido y con tanta facilidad. Sasuke carecía de esa habilidad, y dudaba tenerla en un futuro. Puede que, por esa razón, sentío un poco de envidia al ver como Sakura sonreía alegremente por algo ajeno a él.
Sacudió con fuerza la cabeza, despejando la mente de esos ridículos sentimientos y regresó su atención a su compañera de viaje.
–¿Podemos hablar un momento, Sakura?
La pelirrosa asintió no sin antes aferrarse aún más a la correa de su mochila. Sasuke se alejó del pasillo, aun con la katana entre sus manos, hasta llegar a una especie de jardín que estaba en el interior de la casa, bordeado por habitaciones a ambos lados. Aguardó estoicamente hasta que Sakura le alcanzó luego de intercambiar unas cortas palabras con Akane.
–¿Qué sucede? – preguntó la pelirrosa.
Sasuke la analizó unos segundos mientras se acercaba. Seguía sin regresarle la mirada.
–Tenemos que seguir – le recordó a secas–. Estamos atrasados por un día completo.
–Perdona Sasuke pero es necesario – su voz no mostraba la determinación que reflejaba aquellos brillantes jades –. Tal vez pueda echarles una mano.
–Nuestra misión también es importante.
–Este es un pueblo pequeño, su asistencia médica debe ser escasa. Tengo que quedarme, Sasuke.
La observó unos instantes en silencio. Ya no usaba ese molesto honorífico "kun" cuando se refería a él. Sakura estaba siguiendo sus mismos pasos. Estaba creando una distancia entre ambos, intentaba alejarse.
–¿Estas segura de lo que haces?
–Sí, lo estoy – agregó.
No había manera de hacerle cambiar de opinión. Estaba decidida a hacerlo, y él no se tomaría la molestia de obligarla a pensar lo contrario. Eso sonaba a un trabajo demasiado arduo y que posiblemente conllevaría a otra discusión sin sentido entre ambos.
–Les hare compañía – determinó Sasuke regresando de nuevo al pasillo, dándole la espalda con la katana aferrada por su mano vendada –. Así comprare provisiones.
–Si eso es lo que quieres hacer – le escuchó decir tras él en un tono bajo, como si estuviera hablando consigo misma.
Sasuke la observó por el rabillo del ojo. No, no es lo que quería hacer. Lo había dicho como una simple excusa para estar cerca de ella, vigilarla y estar seguro de que no cometiera una estupidez. Una estupidez como escapar, sabía que Sakura no pensaría tan siquiera en la posibilidad de hacerlo, pero si de alguna manera algo le llegara a pasar, aunque sea la cosa más insignificante, Sasuke no se lo perdonaría jamás.
...
El sol había hecho su aparición cuando bajaron hacia el pueblo. La granja del anciano Masashi estaba alejada de todo ser vivo con inteligencia. Tuvieron que caminar a la par del rio por al menos unos veinte minutos hasta toparse por fin con un poco de civilización que constaba de varias casas dispersas y uno que otro molino de viento.
A pesar de estar en el país del Trueno, el triste anfitrión de una de las peores guerras ninjas de la historia, no se mostraba por ningún lado el rastro desbastador de las desgarradoras y sangrientas batallas de hace 3 años atrás. Por el contrario, cada vez que se acercaban al corazón del pueblo se percibía una sensación vibrante, llena de energía.
Poco a poco fueron dejando las verdes praderas para introducirse en calles adoquinadas, rodeadas de viviendas altas y rupestres, adornadas con vividos posters que anunciaban un supuesto festival en los próximos días. Akane parloteo un buen rato sobre eso. Al parecer era una celebración homologa al Hanami. No se consideraba un Hanami per se, porque en aquellos lados no crecían arboles de cerezo pero eso no era una impedimento para disfrutar de una digna festividad primaveral. Sakura le siguió la corriente a Akane muy gustosa, ignorando por completo la presencia de Sasuke a sus espaldas. De alguna manera el pelinegro lo prefería así, no era bueno sacando tema de conversación. En realidad no era nada bueno conversando en general. Además, Sakura lucía contenta. No la veía sonreír de esa manera desde el incidente en el bote y ya estaba muy en claro quien era el culpable de su desasosiego.
El reloj de la gran plaza por donde pasaron marcaba las siete de la mañana. El astro rey proyectaba sus brillantes luces sobre la piel bronceada de los pueblerinos que transitaban por sus lados. En todo el medio de la plaza se alzaba una inmensa fuente sin una gota de agua en su interior. Puede que usara agua del rio para su funcionamiento, y nadie se arriesgaría a que lanzara por todos lados la posible causa de su famosa peste.
Pasaron por unas casas aledañas a la plaza hasta detenerse en una calle muy concurrida donde yacía el centro asistencial en el que mantenían a los enfermos del pueblo. No era tan grande como un hospital, sino más bien como un ambulatorio dotado con lo necesario para cubrir las necesidades de la población. Debía ser el más grande de la aldea, o el único en la región.
Akane se detuvo a media cuadra, lejos de la entrada. Estaba consciente de que no podía pasar más allá de las puertas de hierro del ambulatorio, seguramente esa fue la razón por la cual tembló cuando se dirigió a ambos ninjas de Konoha.
–Debo irme a casa, regresare dentro de un rato – observó inconscientemente a ambos lados de la calle con preocupación.
Sasuke, al igual que Sakura, advirtieron de camino que las personas en el pueblo observaban a Akane con recelo, incluso cuando permanecía oculta en la seguridad de su capa podían identificar a la nieta de Masashi por los rizos que escapaban de su capucha.
–Me quedare contigo – dijo Sasuke con demasiada naturalidad, tanta que fue inevitable no impresionarse con las palabras que fluyeron de sus labios, pero se las ingenió para mantener un rostro impertérrito.
Akane no se vio tan impresionada como Sakura, pero ésta, al igual que Sasuke, se reservó sus comentarios.
–No. Usted debe de ayudar a Sakura-san con los enfermos – le detuvo Akane. Demostraba cierto grado de firmeza en su voz. Quería sonar valiente –. Yo puedo cuidarme sola.
Sasuke dio una rápida ojeada al rostro de la pelirrosa a su lado. Él estaba al corriente que era un completo idiota, pero no lo suficiente como para no interpretar la ansiedad en los ojos jades de su compañera de viaje. Ella no estaría tranquila si Akane no se viera escoltada por alguno de los dos, y por algún motivo él tampoco.
Sasuke llevó su pulgar derecho a los labios, dio un mordisco hasta que la sangre brotó de una pequeña herida e hizo una serie de sellos que precedió a una nube de humo. Una vez se hubo dispersado la bruma que se desplegaba bajo sus pies, un majestuoso halcón extendió sus alas para volar alrededor de Sasuke y terminar pulcramente sobre su hombro izquierdo.
–¡Oh! ¡Vaya! – sentenció Akane señalando el animal con el dedo índice totalmente anonadada – ¡Es hermoso!
Sasuke se volvió al animal sobre su hombro para darle una única orden:
–Protégela.
El halcón asintió solemnemente antes de volver a extender sus alas y llegar hasta un lado de Akane. La niña ahogo un gritillo cuando aterrizó con elegancia.
–¿No muerde? – preguntó sin quitar la mirada de encima de las pardas y hermosas plumas del ave. Sasuke negó con la cabeza – ¿Tiene nombre?
–Horus.
–Bueno, Horus-chan ¿Podrías, por favor, hacerme compañía hasta mi casa? – un chillido salió del animal en señal afirmativa. Akane sonrió feliz –. Muchas gracias, Sasuke-sama. Estaré de vuelta pronto.
El pelinegro hizo un leve asentimiento antes de ver como la niña se despedía de ambos ninjas de Konoha con un enérgico movimiento de su diminuta mano y se perdió a lo lejos con Horus volando cerca de ella.
–Gracias – dijo Sakura a su lado con una sutil sonrisa en sus labios.
–No lo hice por ti – le corrigió Sasuke a secas.
–Lo sé.
Intercambiaron una fugaz mirada cargada de tantas cosas que Sasuke se obligó a desviar sus ojos a otro lado. Era la primera vez que ella le dirigía la mirada en todo el día y él no tenía el valor de sostenerla por más de un par de segundos.
Cobarde.
Caminó hasta donde un tumulto de personas se arremolinaba entre las grandes puertas de hierro que separaba la calle del campo de batalla que debía estar desarrollándose dentro del ambulatorio. Sakura le siguió obedientemente pisándole los talones.
Se hicieron paso entre la multitud hasta llegar a la entrada donde un oficial menudo, de ojos saltones y piel morena hacia anotaciones de las pocas personas que entraban y salían del lugar. Sakura se adelantó para atravesar la puerta.
–Alto ahí – les detuvo el hombre que resguardaba la entrada. Y sin mirarlos levantó con desdén una mano hacia un cartel que guindaba en la puerta de hierro –. Si no son personal de salud o no presentan algún síntoma de la lista no se les permite el paso.
–Disculpe pero somos ninjas de Konoha – se justificó Sakura –. Hemos venido a ayudar.
–¿De Konoha? – el hombre levantó una ceja y volvió su atención a ellos –. Si quieren ayudar pueden decirle a Tsunade-hime que se pase por acá a echarle un vistazo a esta locura que vivimos. Tal vez ella sepa que hacer.
–Bueno, no soy Tsunade-shishou, pero soy una medic-nin.
–No luces como una – dijo el hombre señalando con un lápiz el cuerpo de Sakura, sus ropas y, por su puesto, su flameante y llamativo cabello rosa.
–¿Disculpa?
–Eres demasiado joven, niña ¿Dónde está tu credencial?
Una vena latío fervientemente en la frente de Sakura cuando frunció los labios, reprimiendo la necesidad de blasfemar contra el guardia de seguridad. Sacó de mala gana una tarjeta del bolsillo de su mochila y se la extendió con rudeza. Que el sujeto dudara sobre sus conocimientos era un grave insulto hacia su orgullo como profesional. El hombre chasqueó la lengua, sin estar convencido aun sobre la identidad de Sakura hasta que leyó su nombre en voz alta.
–Ha-Ha-Haruno Sa-Sakura – tartamudeo incrédulo. Las manos comenzaron a temblarles y sus pupilas se dilataron exorbitantemente – ¿Usted es Haruno Sakura?
–Si – respondió Sakura con los brazos cruzados sobre el pecho y de un muy malhumor.
–¡Oh! ¡Es todo un honor tenerla con nosotros, Haruno-san! – ahora su postura era de respeto y se dirigía hacia Sakura como si se tratara de una celebridad. Al parecer el nombre de la pelirrosa era muy famoso entre los ninjas médicos, probablemente se había forjado una buena reputación luego de su representación en la guerra.
–¿Sigue considerando que soy muy joven?
–Discúlpeme, no sabía que era usted.
–Le recomiendo trabajar en su cordialidad – le espetó en tono desaprobatorio –. Solo porque este lugar es un ente público no quiere decir que deba tratar a todo el que pase como basura.
–Tiene razón, Haruno-san – se inclinó tres veces en una serie de reverencias toscas –. Perdóneme.
Sakura asintió no del todo contenta.
–Ahora, si es usted tan amable, quisiéramos hablar con alguien a cargo.
–Como no, Haruno-san. Usted siempre será bienvenida. Venga, la llevare hasta el departamento de epidemiología – se detuvo un instante al ver al pelinegro – ¿Quién es su acompañante?
–Uchiha Sasuke – dijo Sakura señalándolo con el pulgar.
El idiota terminó por abrir sus ojos hasta estar a punto de salirse de sus cuencas mientras le devolvía una mirada insólita a Sasuke.
–El gran y legendario Uchi...
–Ahórrate el saludo innecesario – le detuvo el pelinegro cuando vio como abría la boca para lanzarle, seguramente, un ridículo discurso que no estaba dispuesto a escuchar.
–Cl-claro, claro – tartamudeó el hombre mientras le señalaba la entrada y les permitía el paso –. Es todo un privilegio tenerlos ambos aquí. Pasen, por favor.
Una vez adentro el guardia cerró la puerta y le indicó a uno de sus compañeros que cubriera su puesto en su ausencia. Le entregó dos cubrebocas a cada uno y los condujo a través del recinto.
Dentro apestaba a hacinamiento, incluso con la boca cubierta por la tela se percibía un aire pesado y rancio. El calor humano desprendía una sensación tan fuerte que tomó a Sasuke por sorpresa. La gente corría de un lado a otro sin detenerse por un segundo a observar su alrededor. En el suelo se extendía catres roídos que soportaban el cuerpo enfermizo de uno o dos aldeanos por falta de espacio. Las cortinas separaban cubículos improvisados en lo que antes era la sala de espera de aquel centro de salud. En conclusión: todo estaba sumergido en el caos.
Sakura a su lado entrecerró los ojos con firmeza y evaluó la situación mientras seguían el paso del guardia de seguridad. Sasuke estaba seguro que ella observaba detalles que él posiblemente pasaría por alto. Datos tan efímeros y triviales como la posición de los cuerpos sobre las camas, la ritmicidad de sus respiraciones entrecortadas, todos los signos y síntomas que podía conducirla a un posible diagnóstico.
Salieron del ajetreo que se vivía en las salas para subir por unas escaleras de caracol hasta un tercer piso. Al final del pasillo había una puerta blanca con un viejo letrero que decía: "Solo personal autorizado" donde el movimiento de personas era mil veces más reducidos que en los niveles inferiores.
El guardia abrió la puerta anunciando a Sasuke y a Sakura con exagerada propiedad.
–¿Haruno-san? ¿Estás seguro? – repitió una mujer regordeta con lentes de media luna que dejo de teclear unas cosas sobre el computador de la repisa luego de reconocer el nombre de la pelirrosa.
–Sí, es ella – insistió el guardia sin poder ocultar su emoción e hizo señas para que pasaran –. Venga, pasen. Los dejare en buenas manos.
–Buen día – saludó Sakura acercándose hacia la mujer seguida de Sasuke a sus espaldas mientras que el oficial cerraba la puerta tras ellos y regresaba a su respectivo puesto de trabajo.
–¡Oh! Pero que grandes noticias – aplaudió emocionadísima la mujer mientras rodaba hasta ellos con una sonrisa que hacía ver sus mejillas más grandes –. Es toda una sorpresa verla aquí, Haruno-san.
–Muchas gracias. Hemos venido a ayudar – dijo la pelirrosa señalando con la cabeza a su compañero de viaje.
La mujer se ruborizó cuando depositó su atención en Sasuke. Ahora su rostro parecía un redondo y perfecto tomate.
–¿Usted es Uchiha Sasuke?
Pensó en responder esa pregunta retórica con un monosílabo molesto, un gruñido de fastidio o un insulto bien trabajado, pero se contuvo. Simplemente asintió en respuesta.
–Es muchísimo más guapo en persona – alegó la mujer en una sesión de parpadeos incrédulos –. Diganme ¿Qué necesitan?
–Quisiera que por favor nos facilitara toda la información que tenga sobre el caso de la peste – intervino Sakura –. Estamos dispuestos a hacer lo posible por ayudar.
–En seguida, Haruno-san.
Minutos después, Sakura estaba sentada frente a una torre de papeles sin despegar la mirada de archivos y archivos de información. Formulaba preguntas concretas a la mujer, sobre el estado de los pacientes, sus síntomas y demás cosas que escapaba de los pobres conocimientos de Sasuke sobre medicina. Sin embargo, permaneció atento a todo lo que decían aquellas dos, tal vez podía sacar su propio diagnóstico sobre la situación que atentaba contra la salud de los aldeanos con lo poco que podía escuchar y comprender.
–¿Están seguros de que están tratando con una peste? – preguntó Sakura luego de casi media hora de registrar y leer lo más importante.
–Este es un pueblo pequeño, Haruno-san. Nuestro laboratorio no tiene los reactivos necesarios para poder hacer un procesamiento de las muestras tan avanzado como quisiéramos. Pero todos los diagnósticos microbiológicos que hemos realizado indican que estamos tratando con un tipo de enterobacteria, Yersinia pestis para ser exactos – dijo la mujer que traía un poco de café caliente para ambos ninjas de Konoha.
–Me es difícil creer que detectaran una forma patógena en el agua del rio. Es más factible que sea otra especie, una enterocolitica o pseudotubercolisis por ejemplo, son muy escasas las probabilidades pero pueden usar como vía de transmisión el agua... – explicó Sakura antes de interrumpirse ella misma – pero no concordaría del todo con los síntomas – dio un sorbo a su bebida –. Ya comienzo a entender su dilema.
–Hemos hecho múltiples análisis y todos llegan a la misma conclusión. Tal vez sea una nueva cepa, Haruno-san.
–Una muy extraña – volvió la mirada a un informe que llevaba un buen rato analizando en silencio – ¿Quién dirige el caso?
–Amai-san.
–¿Amai? – coreó incrédula.
–¿Le conoce? – la mujer mantenía la misma consternación que Sasuke, aunque ella lo demostraba con mayor facilidad.
–¡Claro que le conozco! Es un buen amigo – la pelirrosa dibujó una sonrisa en su rostro –. Trabajamos juntos en la división médica durante la guerra.
A Sasuke no le gustó por donde iban las cosas ¿Quién era ese tipo para que Sakura se impresionara tanto? No era alguien que él recordara, tal vez fuera un don nadie, o eso prefería.
–¡Oh! Que hermosa coincidencia.
–¿Desde cuándo está acá? – preguntó Sakura muy ansiosa.
–Llego precisamente ayer de Kumogakure luego de que solicitáramos apoyo al mismísimo Raikage. Amai-san nos ha ayudado mucho. Es el mejor medic-nin que tenemos en el país.
–¿Interrumpo algo? – dijo una voz desde la puerta.
Todos giraron al unísono para encontrarse a un muchacho joven de cabellos castaños, con la bandana de la aldea oculta entra las Nubes atada orgullosamente sobre su frente. Llevaba una bata blanca con las mangas arremangadas por debajo del codo y un puñado de papeles en su mano derecha.
–¡Amai! – saltó Sakura colocándose en pie y acercándose al joven.
Por alguna extraña razón Sasuke sintió como lentamente su sangre comenzaba a hervir bajo sus venas cuando la pelirrosa recibió al tal Amai con demasiada efusividad. Esperaba que el sujeto fuera un enano con forúnculos en el rostro, nariz torcida y lomo en la espalda, no un pomposo niñato con aires de erudito y cara de tonto. Aunque la situación de la nariz se podía arreglar.
–Sakura – saludó Amai mostrando una perfecta hilera de dientes blanquecinos – ¿Qué estás haciendo por estos lares?
–Sasuke y yo estamos de paso – dijo señalando al pelinegro a su espalda –. Una misión de Konoha.
–¿Uchiha? – repitió con impresión –. He escuchado mucho de ti.
–No puedo decir lo mismo – bramó Sasuke. Ya se había tragado muchos insultos, pero con ese mocoso no se iba a contener.
–Amai, lamento mucho lo que está sucediendo – intervino Sakura al percibir la amenaza en la voz del pelinegro –. Me gustaría ayudar.
–Siempre quieres ayudar – agregó Amai demasiado amigable, tanto que llegó a sonar ridiculamente empalagoso.
Sakura se ruborizo tenuemente.
–Necesitare su laboratorio.
–Seguro. Denle todo lo que necesite – ordenó Amai a la mujer regordeta. Luego regresó la mirada a Sakura –. Tengo que lidiar con los pacientes abajo. El hacinamiento no es bueno, hare lo posible por reagruparlos. Luego te alcanzo en el laboratorio ¿Te parece? Mantenme al tanto de lo que encuentres.
–Está bien.
El sujeto mantuvo una sonrisa ladeada sin quitarle la mirada de encima a Sakura.
–Es un gusto tenerte de vuelta, Sakura.
Y antes de que Sasuke dijera o hiciera algo que lamentaría, Amai se retiró del lugar cambiando la ruma de papeles por otra más grande. La pelirrosa se volvió hacia la mujer que esperaba emocionada las directrices de su nueva jefa.
–Tomen muestras de todos los pacientes y del agua del río, las analizare personalmente. Quiero repetir las pruebas de inmunodiagnóstico para estar seguros.
–La noto muy feliz, Haruno-san – agregó la mujer mientras mostraba una sonrisa risueña – ¿Es por Amai-san?
Sasuke tensó su cuello por puro instinto y regresó la mirada en espera de la contestación de la pelirrosa.
–Es porque estoy haciendo lo que amo – le corrigió Sakura con ternura pasando un mechon de cabello tras la oreja –. Tengan todo preparado para cuando vaya al laboratorio por favor. No hay tiempo que perder.
–Sí, Haruno-san – asintió la mujer y salió entre pasos presurosos.
Luego, Sakura se regresó hacia el pelinegro con un semblante totalmente distinto en su rostro. Era como si para el resto del mundo usara esa sonrisa alegre y miradas amables pero para él solo quedaba las sobras de una mascaras pintada en la tristeza de su pasado juntos.
–Lo lamento, Sasuke – siseó Sakura reordenando los papeles sobre la mesa para evitar regresarle la mirada –. Esto tomara más tiempo del previsto.
Sasuke se mantuvo callado por unos segundos, dejando que el sonido de los folios moviéndose fuera el único que interrumpiera el silencio.
–¿Cuánto necesitas? – dijo por fin.
–Tres días. Cinco cuando mucho – se detuvo un segundo y dejó salir un profundo suspiro –. Creo que algo más complicado que una enfermedad está sucediendo aquí.
Aguardo unos instantes, sin quitarle la mirada de encima a Sakura.
–Una semana – decretó colocándose en pie y dejando su taza de café intacta sobre la mesa –. Si no logramos resolver este problema se lo dejaremos a Kumogakure. Esto es su jurisdicción, no la de nosotros.
Sakura dio un giro inesperado y se plantó frente a Sasuke con los ojos abierto como platos.
–¿Nos ayudaras? – su voz sonaba esperanzada, con un toque de inocencia que hizo sentir un cosquilleo en el pecho al pelinegro.
Sasuke tragó en seco, le dio la espalda hasta la puerta y antes de partir le dijo:
–Lo haré a mi manera – y sin esperar una respuesta por su parte salio de la habitación cerrando la puerta tras él.
...
Sasuke aprendió algo importante sobre la gente de aquel pueblo mientras caminaba silenciosamente por sus calles. Sabían cómo mantener la calma. La peste no era un limitante para levantarse cada día y seguir su trabajo, no es que tenían insensibilización colectiva por los enfermos, todo lo contrario, se les veía decididos a mantenerse positivos incluso en presencia de situaciones tan adversas como la que estaban viviendo. Razón por la cual no le extrañó que los preparativos para el festival del fin de semana seguían en pie, y tampoco le causo curiosidad ver cómo se recolectaba víveres y suministros para donarlo a los convalecientes en el centro de salud.
Sin embargo, el único lugar que permanecía solitario y desprovisto de vida en toda la aldea eran las calles que rodeaban el rio. Una cinta amarilla impedía el paso al supuesto origen de su enfermedad. Aunque todos estaban al tanto de ello, la precaución nunca estaba de más. Sasuke no se inmutó por ello e ignoró el "Peligro. Área contaminada" que apuntaba un cartel naranja. Se acuclilló con la mirada fija en la corriente sinuosa del rio y bebió un poco de su contenido. Se sentía pesada, con un sabor extraño, difícil de identificar pero fácil de pasar por alto. Luego de saborearla la escupió con rudeza hacia un lado. Todo comenzaba a cobrar sentido, y no le gustaba el camino por el que comenzaba a dirigirse sus deducciones.
–¡Sasuke-sama! ¡No lo haga! ¡Deténganse!
Unos brazos le rodearon el cuello desde su espalda con una fuerza insignificante.
–Suéltame – le ordenó Sasuke desajustando el agarre de Akane con delicadeza. Se volvió a colocar de pie y giró para observar como la niña le regresaba la mirada con lágrimas en los ojos.
–Sasuke-sama ¿Por qué lo hizo? Puede contagiarse con...
–¿Cómo llegaste?
El chillido del halcón sobre sus cabezas se adelantó a la respuesta de la niña.
–Horus-chan, es un buen compañero – declaró Akane limpiándose el exceso de lágrimas con el puño cerrado –. Debe quererlo mucho, Sasuke-sama. Voló directo hacia usted.
El pelinegro frunció el ceño hacia el animal y comenzó a alejarse del rio entre grandes zancadas.
–Ve a casa – le sugirió a Akane –. Tengo trabajo que hacer.
Salió del cercado con la esperanza de que la niña no le siguiera, pero aparentemente Akane tenía mucho en común con Sakura. Ambas eran igual de testarudas.
–¿Qué haces? – le preguntó Sasuke luego de cinco minutos de persecución. Tenía cosas más importantes que hacer que servir como niñera.
–Sasuke-sama es muy alto – señaló Akane desde su espalda con mejor ánimo que cuando lo encontró en el rio.
–Hmp.
–¿Puede hacer aparecer cualquier animal, Sasuke-sama? – se acercó hasta su lado con un interés evidente por entablar una conversación –. Me gustan los ponis ¿Puede traer un poni?
–No.
–Lastima – dijo, encogiéndose de hombros –. Aunque Horus-chan es un ave muy bonita, no es tan bonita como un ponis, pero sí que es elegante.
Sasuke apresuró el paso. Tal vez así la dejaría atrás y se aburriría de andar acosándolo. Sin embargo los niños no eran tan diestros en captar las indirectas como los adultos porque, cuando cruzó una esquina, Akane le alcanzó con un nuevo torrencial de preguntas.
–¿Siempre camina tan rápido, Sasuke-sama? ¿Es por eso que viaja tanto? Debe llegar muy rápido a cualquier lugar – parloteó la infantil voz de Akane. Pensaba que la había perdido, pero la niña se encargó de encontrarlo rápidamente y con energías renovadas–. ¿Desde cuándo se fue de Konoha? ¿Es muy bonito por allá? Sakura-san me dijo que todo es muy lindo. También me contó mucho sobre Uzumaki-senpai ¿Usted también lo conoce?
Sasuke se detuvo y dio media vuelta para encarar a la niña. Akane dio un respingo pero continuó observándole con aquellos pares de ojos jades que eran endemoniadamente iguales a los de Sakura. Brillantes e inocentes.
–¿No tienes que hacer cosas de... niña? – dijo controlando un gruñido.
–Mi madre me enseñó que siempre hay que atender a los invitados correctamente – señaló mientras movía de un lado a otro la falda de su vestido.
–En ese caso ¿vas a perseguirme todo el día?
–Prefiero acompañarlo.
Dejó escapar un resoplido y continuo resignado su camino con una muy terca Sakura en su mejor versión de mocosa impertinente de cabellos rizados, y un majestuoso halcón que revoloteaba sobre sus cabezas.
Pasó toda la mañana buscando pistas sobre una corazonada que esperaba no fuera verdad, pero los indicios que poco a poco conseguía le dirigían hacia un único culpable. Si todo llegara a ser cierto, Sakura había acertado en algo: Todo aquello era mucho más complicado que una simple enfermedad.
Terminó por sentarse en una banca de la gran plaza con la fuente sin agua frente a él cuando el sol en lo alto marcaba la hora del almuerzo. Akane se mantuvo firme ante su decisión de acompañarlo a todos lados como una buena anfitriona o como una fastidiosa abeja, de cualquier forma siguió pegada a él como chicle hasta que se detuvieron a descansar.
Ahora la niña estaba hurgando entre las raíces de un pequeño árbol de flores blancas, algunas habían caído al suelo y se detuvo a jugar un rato con ellas. Sasuke la observó desde la distancia. Aquellas flores le eran familiares, y más aún cuando distinguió la forma de los pétalos y el olor a primavera que emanaba de ellos cuando Akane se acercó hasta él con una entre sus manos.
–Mire, Sasuke-sama, es una Camelia Blanca. Crecen muchas por aquí en primavera ¿No le parece hermosa?
Akane le extendió la flor entre sus manos. Ya recordaba donde la había visto antes. Fue en otoño, cuando Sakura le salvó la vida en el país de la Cascada.
–¿La conoce? – preguntó Akane intrigada al percibir la profundidad con que Sasuke estudiaba a la flor.
–Si – murmuró sin quitar la mirada de la Camelia.
–Debería regalarle una de estas a Sakura-san.
Sasuke arqueó una ceja sin comprender.
–¿Por qué?
–Cuando uno quiere mucho, mucho, mucho a alguien le regala esta flor – explicó la niña –. Mi papá me dijo una vez su significado – hizo un esfuerzo por recordar las palabras cerrando los ojos –. La Camelia Blanca quiere decir inocencia y amor puro. Sí, eso fue lo que me dijo. Papá la usó para confesársele a mamá cuando eran jovenes ¿No le parece romántico?
Sasuke observó la flor, inexpresivo. Recordaba cómo, en la cueva, Sakura miraba los pétalos de la Camelia con gran añoranza. "Fue un obsequio" le había dicho en aquella ocasión. Alguien se lo había regalado, una persona en Konoha que la apreciaba enormemente y que ella también le tenía en alta estima. Quien quiera que sea el que le había regalado la flor, ahora estaba muy lejos y Sasuke no sabía si sentirse contento por ello o terriblemente culpable por ser la razón de que Sakura siguiera alejada de todo cuanto ella amaba.
–¿Qué es eso? – murmuró Akane trayendo a Sasuke de vuelta a la realidad.
Tenía la quijada levantada, mirando algo a lo lejos con el rostro contrariado. Sasuke la imitó y observó la cumbre de las colinas que se desplegaban a lo lejos de la aldea. Entre la copa de los árboles del bosque se alzaba un humo negruzco y espeso, que se movía con gran vehemencia en sentido noreste. Sasuke se colocó de pie de inmediato.
–La granja – soltó sin pensar.
Akane a su lado volvió a empañar sus ojos en lágrimas y se estremeció deliberadamente.
–A-abuelo.
Sasuke maldijo por lo bajo y le hizo una señal a Horus en lo alto. El halcón lo interpretó inmediatamente y levantó vuelo en dirección a la granja. El pelinegro vio a la niña tiritando de miedo, con la mirada fija en el humo de la lejanía. Si la llevaba consigo sería muy peligroso, pero si la dejaba ahí sería presa de cualquier asaltante, y no se atrevería a que se repitiera la escena de la cascada otra vez.
–Sostente – ordenó Sasuke cargando a la niña como si se tratara de una pluma.
Y antes de escuchar alguna queja por parte de Akane salió corriendo hacía la granja. No oyó ningun grito de la niña mientras aceleraba el paso sobre los tejados, ni cuando atravesó el prado a todo velocidad dejando huellas sobre la tierra humedecida o cuando saltó entre las ramas de los árboles del bosque.
Les tomó menos de cinco minutos llegar a la granja. Sasuke aterrizó silenciosamente y dejó a Akane libre en el suelo cerca de él para mantenerla vigilada. El humo comenzaba a disiparse gracias a la pronta reacción del halcón que había llegado antes que ellos y el fuego se extinguió en su totalidad. La casa no se vio comprometida ante las llamaradas, el ganado se las ingenió para escapar del fuego pero el sembradío a un lado no tuvo tanta suerte.
–Toma – dijo Sasuke entregándole a Akane el cubrebocas extras que le habían entregado en el hospital –. Quédate aquí. Horus estará alerta.
No le estaba escuchando, la niña continuaba en shock por todo lo que sus ojos estaban percibiendo. Al parecer no fue muy buena idea traerla consigo.
–A-abuelo – fue lo único que pudo interpelar con su rostro empapado en lágrimas.
Sasuke volvio maldecir en silencio, se volvió hacia el sembradío y se acercó hasta las cenizas que quedaban de la cosecha. Todo se había perdido. Lo que antes era un campo verdoso ahora se había reducido a manchas negras esparcidas como una pequeña mina de carbón.
Al principio pensó que debía ser obra de algunos vándalos que querían hacerle la vida imposible al viejo Masashi, pero cuando tocó los rastros de tierra calcinada bajo sus pies y percibió un olor ponzoñoso en el aire, se percató que estaba en presencia de alguien más astuto, alguien muchísimo más infame que un puñado de niñatos con sed de venganza.
–Les dije que no se entrometieran – gruñó una voz a su lado.
Sasuke había percibido su chakra mucho antes de llegar por lo que no se inmutó por la llegada de Masashi. Lo vio de reojo, solo para estar seguro de que estaba sano y salvo, y así era. Lucia intacto, lo único distinto que llevaba consigo era una mancha negra en la mitad el rostro y huellas de sus propias manos sobre la camisa. Al menos no estaba cerca cuando todo sucedió, eso será un gran alivio para Akane.
–Ustedes mocosos emporaron toda – escupió el sujeto con recelo formando una perfecta línea blanca con sus pobladas cejas –. Lo único que saben hacer los Uchiha es destruir todo lo que ven con esos malditos ojos.
–No solucionara nada culpando a otros – le dijo Sasuke colocándose en pie.
–Nada de esto hubiera pasado si no metieran sus narices en lo que no les importa. Ustedes alborotaron a los delincuentes que hicieron esto.
–Esto es más complicado de lo que usted piensa – corrigió el pelinegro hastiado por la actitud del anciano–. No lo sabe pero está tratando con alguien peligroso.
–¿De qué demonios estás hablando? – como era de esperarse la paciencia no estaba a favor de la cordura de Masashi – ¿Sabes algo sobre esto?
–Mantenga la calma – su voz estaba lejos de sonar tranquilizadora –. Le prometo que solucionaremos esto.
–Mira, Uchiha. Quiero que te quede en claro que yo nunca pedí su ayuda. Ni la tuya ni la de esa ridícula mocosa de cabello rosado que se la está dando de heroína trágica allá en la aldea. Sé que está intentando curar la peste, no soy un idiota, los escuché hablando en la mañana.
–En ese caso debería confiar en que así será. Ella es la mejor en su área y está dispuesta a resolver todo este problema incluso si usted no está de acuerdo. Hare mi parte también, así que no estorbe – dijo Sasuke creyendo que de esa manera había zanjado la conversación a su final.
Masashi guardo silencio por unos instantes e imitó la profundidad de las duras facciones del pelinegro.
–No confió en ti, muchacho – continuó entornando los ojos hacia los de Sasuke – Me traes muy mala espina. Sé que la mocosa es una buena medic-nin y estoy seguro que se las arreglará para curar a los enfermos porque es demasiado terca de creer en una causa perdida, pero tú – le señalo con el dedo acusador sin alejar la mirada–, tú eres distinto. Guardas demasiados secretos y sé que tienes algo entre manos. Los Uchiha siempre ocultan cosas que terminan por dañar a todos a su alrededor, son como una eterna plaga que se extiende por generaciones – apretó con fuerza la mandíbula y bajó el tonó de su voz hasta convertirlo en un siseo amenazador –. Soy un hombre de palabra. Los dejare quedarse en mi casa hasta que lo considere necesario, pero si llego a saber en lo que estas metido y es algo que pone en riesgo la vida de mis nietos, la de mi hija y la de cualquiera en la aldea, te juro por mi honor que terminare con tu linaje de odio de una vez por todas y liberare al mundo de la maldición de los Uchiha para siempre.
N/A: ¡Buen día, hermosos lectores! Espero que estén súper bien.
Perdonen no haber publicado ayer, he estado enferma estos últimos días (no se preocupen, no es nada grave) y preferí aguantarme hasta hoy para pulir los últimos detalles luego de un necesario y reparador sueño n_nu
Con respecto al capítulo, lo considero ligero y transicional, no revela información despampanante pero sí que les he dejado una que otra pista para futuros capítulos. Vemos como Sasuke se va dando cuenta de ciertas cosas con respecto a Sakura que le harán reflexionar. Entiendo que quieran más escenas Sasusaku. Lamento lo lento que va la historia entre esos dos, pero me cuesta acelerar las cosas y no quiero que se vea forzada su relación, solo les pediré un poquitito de paciencia, les prometo que pronto las cosas cambiaran.
Por otro lado, Amai es un personaje de Naruto, no es un OC. Él aparece en un capítulo de relleno en el anime. Necesitaba un medic-nin de Kumogakure y googleando me lo encontré, fue pura casualidad y por si fuera poco es super cuchi :3
Refrescando la memoria: en el Capítulo III se nombra por primera vez la Camelia Blanca, que es la flor que le regalaron a Sakura. Y Sasuke sabe la existencia de la flor porque en el Capítulo V, cuando estaba en la cueva, se la encuentra entre las cosas de Sakura. Todos los significados de las flores que están en esta historia son reales, no me los he inventado jeje.
Tengo un anuncio importante que hacerles, espero que no me odien :( Todo este tiempo he publicado 1 capitulo por semana porque estoy atrapada en un paro nacional universitario desde julio de este año, lo que me dio algo de tiempo libre para escribir. Gracias al Cielo reanudamos actividades académicas en enero, pero lamentablemente no podré actualizar con tanta frecuencia. Así que, a partir de ahora comenzare a publicar cada 15 días más o menos. No será por mucho tiempo, tal vez por un mes y medio mientras retomo la rutina (o menos). No se alarmen, no dejare las cosas a medias, he sido muy fiel a la hora de publicar y espero haberme ganado su confianza en ese sentido. De todas maneras les pido mil disculpas de todo corazón ;w;
Ahora si me despido dandoles como siempre y como nunca las gracias. Se les quiere un mundo, cuídense muchísimo, nos leemos en enero y ¡Que tengan unas Felices Fiestas y un Prospero Año Nuevo!
Bye Bye :3
