Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
XV
Sakura Haruno y Sasuke Uchiha
Día 114
Las tazas de café comenzaban a amontonarse en la mesa dejando rastros marrones en forma de aros que humedecían los papeles frente a ella. La mejor forma de suprimir sus ganas de dormir era manteniendo una sobredosis de esa humeante droga en su organismo. Sin embargo, después de todo lo que había tomado, los parpados comenzaban a pesarle y las bolsas bajo los ojos se acentuaban conforme pasaban las horas.
El día de ayer, luego de despedirse de Sasuke y Akane, se pasó todo el día entre micro pipetas y tubos de ensayo. El laboratorio no era la cosa más moderna en las cinco naciones ninjas, pero tenía lo básico y con eso bastaba para que la pupila de Tsunade hiciera un poco de su famosa magia. Organizar los cultivos y repetir las pruebas era para Sakura casi un juego de niños. Pero no reparo en que le llevaría más tiempo del que tenía planeado y terminó por usar sus instalaciones casi a media noche, cuando el pueblo estaba sumergido en el silencio y las calles permanecían desoladas.
Estuvo tentada en regresar a la granja, pero le avergonzaba llegar a esas horas tan inoportunas. Masashi-dono seguramente dejaría en libertad un sermón improvisado que Sakura no estaba dispuesta a escuchar. Prefirió entonces permanecer en el centro de salud para cubrir el turno de la madrugada y de esa manera atender a los enfermos. Fue una buena idea después de todo. Estaban cortos de personal y la situación era bastante delicada.
La señal más evidente de que todo se está cayendo a pedazos durante una epidemia es cuando la morgue se queda sin espacio y las camas comienzan a sobrar. Sucumbir a la desesperación sería lo normal considerando la situación tan deplorable en que se encontraban aquellos aldeanos del país del Trueno. No obstante, por alguna extraña esperanza – que Sakura temía fuera por su oportuna llegada junto a la de Amai – todos, incluso los pacientes, mantenían la moral en alto pues estaban conscientes de que la cura cada vez estaba más cerca. Fue por esa razón que, luego de atender a los enfermos, le habilitaron a la Haruno una sala para que pudiera estudiar el caso con calma. Era una habitación pequeña, con un gran escritorio, una computadora y un sofá en una esquina. Éste tenía unas cuantas sabanas encima perfectamente dobladas. Amai había pedido que le llevaran lo necesario para que descansara un poco, pero no estaba en los planes de Sakura dormir mientras cientos de personas yacían convalecientes tres pisos por debajo de donde ella estaba. Cargaba con las ilusiones y esperanzas de muchos aldeanos, y no pretendía descansar hasta hacer al menos un progreso en aquel callejón sin salida.
Levantó los brazos sobre la cabeza permitiéndole a su columna estirarse hasta escuchar el lamento de sus huesos y articulaciones. Movió su cabeza de un lado a otro para relajar la tensión de su cuello mientras que el moño maltrecho que hizo con su cabello se tambaleaba como un reloj de péndulo. Llevó una mano a un flequillo travieso que se había escapado, colocándolo tras la oreja para que no estorbara mientras releía los resultados hematológicos de un puñado de pacientes. Se permitió bostezar como un oso hambriento y fue cuando llevaba a sus labios su taza número siete cuando alguien llamó a la puerta.
–Pase – dijo Sakura parpadeando un par de veces impresionada por el tono áspero en el que se había transformado su voz.
La puerta rechinó con rudeza en la habitación. Sakura vio por el rabillo del ojo con indiferencias antes de volverse por completo hacia su nuevo invitado.
Usaba las mismas ropas de siempre. Pantalones grises que llegaban a mitad de la pierna, una camisa negra con su respectivo protector a nivel del pecho, la venda alrededor de la frente y su indispensable katana atada en el cinto a su espalda.
–Sasuke... – saludó Sakura parpadeando varias veces para estar segura de que era él y no una ilusión.
Cerró la puerta y caminó hacia ella con paso lento. Su entrecejo estaba naturalmente fruncido, pero en esta ocasión transmitía una sensación misteriosa. Sakura volvió a parpadear. Juraría haber visto un destello de culpa en sus ojos. Fue un brillo efímero, casi revelador, pero ella sabía que conocía pobremente a Sasuke como para andar haciendo deducciones con solo ver a esos abismales iris azabache.
–No pasaste la noche en casa de Masashi así que vine a saber cómo... – se interrumpió el pelinegro pensando mejor lo que estaba a punto de decir –, vine a que me mantengas al tanto de la situación.
Sakura formó una perfecta "o" con sus labios. Esperaba que su visita inesperada trajera un motivo distinto.
– Hemos estabilizado a la gran mayoría de los pacientes – regresó la vista de nuevo a su taza de café ocultando un deje de decepción en su voz –. Luego de la cena revisare los resultados de patología y los cultivos en el laboratorio.
–¿Has hecho algún avance? – su voz sonaba distante, como la de un extraño.
–Estamos cerca de encontrar la solución a todo esto – sentenció Sakura removiendo una caja de bolígrafos. Quería garabatear cualquier cosa con tal de mantener su mente dispersa –. No te preocupes, pronto volveremos a nuestra misión. Ya le notifiqué a Kakashi-sensei. Él está de acuerdo en que permanezcamos una semana hasta que todo se resuelva. Lamento si trabajo lento, pero hago todo lo que puedo por hacer las cosas lo más rápido posible.
–No te estoy forzando a irte si eso es lo que estás pensando, Sakura – le reprochó en un murmullo.
El primer trazo que hizo sobre el papel fue una línea gruesa y carente de pulso. Sakura mordió su lengua. Tergiversar las cosas y hacerlas parecer una tragedia eran viejas manías de su antiguo yo. Últimamente se estaba comportando como la niña inmadura y presumida que tanto detestaba. Puede que sea un mecanismo de defensa que estaba comenzando a reutilizar por culpa de Sasuke y su perfecta indiferencia, pero aun así debía calmarse. Hacerse la víctima o echarles la culpa a los demás no eran cosas de las que estaba dispuesta a retomar de su pasado.
–Disculpa – le dijo jugueteando con el bolígrafo.
Sasuke se removió a sus espaldas y carraspeo la garganta.
–Déjalo así. Tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos – se acercó a Sakura arrastrando ligeramente los pies al caminar. El aroma a metal y hierba buena la alteró cuando Sasuke se inclinó sobre su escritorio – ¿Qué otra cosa has encontrado sobre la peste? – le preguntó en su siseo
–¿Qué quieres saber?
–¿Crees que hubo manipulación humana? – dijo acercándose demasiado a su rostro.
–Sin duda alguna – tartamudeó Sakura aguardando que el rubor apareciera tarde o temprano en sus mejillas, pero antes de que sus hormonas atentaran con desequilibrarla giró la cabeza y arqueó una ceja hacia el Uchiha – ¿Por qué lo insinúas?
–Tú lo sospechabas ayer luego de ver los resultados.
–Sí, tienes razón, pero no lo di por sentado – entrecerró los ojos hacia Sasuke – ¿Has encontrado algo? ¿Alguna pista?
–Solo señales sin sentido – generó un sonido de exasperación con los labios antes de erguirse y alejar la mirada de ella.
Sakura relajó los hombros.
–Es comprensible – dijo en un intento por restarle importancia –. El autor de todo esto debe ser alguien muy astuto. No dejaría huellas a la vista, puede que incluso obligue a sus perseguidores a que sigan una pista falsa – respiró hondamente antes de preguntar –: ¿Y bien? ¿Cuál es tu plan?
–Atacar el problema desde la raíz – decretó con suma seriedad.
La pelirrosa giró la silla para verle cara a cara
–No estarás buscando al culpable tu solo ¿O sí?
Sasuke frunció el ceño.
–No esperaré tras un microscopio como tú, Sakura.
–No lo hagas, Sasuke – el mechón que había quedado tras su oreja ahora regresaba a su rostro luego de levantarse bruscamente de su silla –. Ya se le informó de la situación al Raikage. Ha enviado un equipo ninja especializado para investigar el asunto. Las personas en este pueblo son distintas a los shinobis de Kumogakure. Ellos, en cambio, no tienen un gran aprecio hacia ti, y mucho menos después de lo que hiciste en la cumbre de los Kage hace tres años – esto último lo dijo en un susurro temiendo que el pelinegro se alterara. No creía conveniente recordarle como le había amputado el brazo al Raikage ni el nulo afecto de aquellos ninjas hacia él –. Si se enteran que estás haciendo este trabajo por tu cuenta sospecharan de complicidad. Lo mejor será que mantengas tu estadía bajo perfil mientras solucionamos este lio.
–¿Quieres que me quede sin hacer nada? – largó Sasuke irascible.
–Al menos inténtalo – movió las manos impaciente.
El pelinegro apretó la mandíbula con fuerza.
–No soy otro de tus pacientes al que tienes que cuidar.
–Esto es distinto, Sasuke.
–¿Qué tan distinto? – le retó.
–Solo quiero... – vaciló un instante regresando de nuevo su atención al bolígrafo entre sus manos –. Solo quiero que no te metas en problemas.
Sakura aguardo por su respuesta levantando la quijada para observarle. No se había dado cuenta hasta ahora pero era la primera vez luego de tanto tiempo que pasaba más de un día sin él. Por lo general se la pasaban juntos, su extenso viaje y múltiples misiones se lo exigía. Y ahora que estaban distanciados, sentía nostalgia al verle. Sonaba contradictorio incluso masoquista, pero extrañaba verle caminar a su lado, despertar sabiendo que él estaría allí, aguardando pacientemente por ella cada mañana. No quería admitirlo pero comenzaba a echarle de menos.
–Debo irme – expuso Sasuke –, te dejare trabajar.
Sakura parpadeo de nuevo para ver cómo el pelinegro se alejaba hasta llegar a la puerta. Había olvidado el plan de Sasuke por distanciarse de ella. Mantener una conversación mayor a cinco minutos y que, por si fuera poco, se desviara a temas personales o triviales, rompía por completo las normas que seguramente el Uchiha se había establecido.
Vio como Sasuke colocaba su mano en el picaporte, pero antes de girarlo se volvió hacia la pelirrosa mostrando únicamente su perfil.
–Sakura.
Sintió como un escalofríos le recorrió la columna cuando escuchó su nombre proveniente de los labios del Uchiha.
–¿Si?
–¿Has podido dormir? – preguntó en voz baja.
Sakura volvió a tomar asiento.
–No mucho, es difícil conciliar el sueño cuando tienes tantas cosas por hacer – se encogió de hombros y entrecerró los ojos sin comprender – ¿Por qué lo preguntas?
Sasuke regresó la vista a la puerta y la terminó de abrir.
–Descansa – fue su respuesta –. Necesitan que estés alerta. No valdrás nada si te quedas dormida en medio del escritorio. Procura no ser una molestia para ellos ¿quieres?
Y sin más que decir, desapareció de la habitación.
Sakura quedó con la boca abierta, preparada para contestarle con unas cuantas palabras que seguramente terminarían en una airada discusión.
Dejó caer su espalda contra el respaldar de la silla y cruzó los brazos sobre su pecho. No podía decir que estaba molesta, eso sería un calificativo pobre en comparación a la ira que surcaba sus venas. Bufó de pura exasperación y volvió a garabatear cosas sin sentido en el papel frente a ella mientras hacía muecas con la boca, farfullando palabras al azar. No podía entender que descabellado sentimiento le hacía extrañar a ese completo idiota.
Mientras seguía descargando su frustración sobre el pedazo de papel, la puerta volvió a abrirse, tomando a Sakura en uno de sus peores momentos.
–Oye, Sasuke ¿Puedes explicarme porque...? – soltó de improvisto, pensando que el Uchiha volvería a enfrentarle. Pero en vez de él, un anciano le regresaba la mirada con una ceja alzada. Sakura quedó con las palabras a medio terminar entre sus labios –. Masashi-dono...
–Lamento no ser el príncipe de tus pesadillas, mocosa – le refutó el hombre cerrando la puerta tras él –. Y déjame decirte que tienes un pésimo gusto cuando de hombres se trata.
–Masashi-dono – repitió Sakura ruborizándose ligeramente –. ¿Qué está haciendo aquí? No debería permanecer mucho tiempo en este lugar. Es muy peligroso, puede contagiarse.
El anciano hizo un movimiento de manos como si espantara a una mosca frente a él y tomó asiento en una silla justo al lado de la de Sakura.
–Soy inmune a dos cosas en esta vida, mocosa: a los invitados sorpresa y a esa ridícula peste. No te preocupes por este viejo gruñón, ya bastante trabajo tienes con ese pelotón de pacientes allá abajo.
Sakura hizo una mueca en desaprobación.
–No me termina por convencerme.
–¿Y quién dijo que estoy pidiendo tu permiso para quedarme?
La pelirrosa relajó los hombros y apoyo su cabeza en la palma de su mano sin poder contener una risilla divertida.
–¿Es siempre tan testarudo, Masashi-dono?
–Hmp – ahora era el anciano él que se cruzaba de brazos y desviaba la mirada disgustado.
Sakura sonrió tenuemente. Regresó la vista hacia el dibujo abstracto que la rabia contra Sasuke le había hecho crear. Eran trazos aleatorios pero que a la final daban el aspecto de ser cientos de llamas negras que se alzaban sobre las letras de un informe que se había transformado en un papel totalmente inservible. Apartó el bolígrafo juntándolo con los demás y borró la alegría de su rostro.
–Escuché lo que le paso a su sembradío – silbó Sakura colocando por segunda vez el mechón rebelde de su rosado cabello tras la oreja –. Como lo siento.
–Deja de andarte lamentando por un puñado de coles inservibles – bramó Masashi en un tono de voz despreocupado –. Ya no se puede hacer más nada.
–Pero de ahora en adelante ya no tendrá que preocuparse por ningún tipo de ataques – le alentó Sakura dejando ver ese lado optimista que había perdido en los últimos días de viaje junto a Sasuke –. La peste nunca fue su culpa. Ya se está corriendo la voz entre los aldeanos. Pronto todos sabrán que esto fue un malentendido y que estuvieron inculpando a la persona equivocada.
El anciano entornó los ojos hacia los de la muchacha a su lado.
–Te dije que no te entrometieras en mis asuntos, mocosa.
–Lo sé, Masashi-dono – susurró con un deje de diversión sarcastica –, nos los dejó muy en claro la última vez que nos vimos.
–Hmp – volvió a refunfuñar afianzando el cruce de brazos sobre su pecho –. No has ido a la granja – continuo con la intención de cambiar de tema, al parecer no le agradaba que la conversación girara en torno a él –. Es un alivio no tener otra boca que alimentar, aunque Akane se ha vuelto más fastidiosa que de costumbre. Ahora tiene esa absurda idea de ser una medic-nin por tu culpa.
–¿De verdad? – dijo asombrada. Luego regresó su atención a los papeles sobre la mesa –. Lo lamento, Masashi-dono. Le prometo que pasare mañana a visitarle.
–No es una invitación.
–Puede enseñarme a hacer sus famosos dangos – le animó sin escuchar el malhumor que transmitió sus palabras –. Suena divertido ¿no le parece?
–No, no lo es.
–Oh vamos, Masashi-dono. Admita que me extraña aunque sea un poquito. Por algo vino a visitarme ¿cierto?
Escuchó como el anciano dejo escapar todo el aire de sus pulmones en una expiración ruidosa y cerró los ojos con cansancio.
–Mira, niña. Yo no hago visitas sociales, así que no te hagas ilusiones – Masashi se volvió hacia ella con su típico rostro molesto, aunque en esa ocasión su entrecejo estaba más fruncido que de costumbre –. He venido a hacerte una pregunta.
Aquello no sonaba a algo que le gustaría escuchar.
–¿Ocurre algo, Masashi-dono? – increpó Sakura inclinado la cabeza hacia un lado sin comprender.
–Necesito que me aclares una duda.
–¿De que habla?
–¿Confías en el Uchiha? – dijo sin rodeos, tomando por sorpresa a la pelirrosa que abrió los ojos como platos –. Eres una mocosa muy torpe para mentir, y eso es bueno. Sabré si no me dices la verdad.
Los labios le temblaron cuando dijo:
–¿Por qué pregunta eso?
–No me agradan los Uchiha, y tu novio con ese asqueroso complejo de superioridad no es la excepción.
–¿Qué hizo Sasuke? – saltó Sakura. No se había dado cuenta pero uno de sus puños estaba temblando ligeramente.
–¿Debería haber hecho algo malo para este entonces? – inquirió Masashi arqueando una ceja
–No... Bueno... ¡No! Claro que no – tartamudeo desviando la mirada del anciano –. Sasuke es una buena persona...
–Estas dudando – increpó Masashi levantando el dedo índice para señalar el rostro inseguro que reflejaba Sakura.
–No lo estoy – se defendió con torpeza.
–Ya te dije que se cuándo mientes.
–Pero...
–No confías en él – sentencio Masashi colocándose en pie de golpe –. Ya me has dicho todo lo que tenía que saber.
El anciano hizo un movimiento hosco y le dio la espalda a la pelirrosa, pero antes de que saliera del recinto la voz chirriante de Sakura se alzó con fuerza renovadas.
–Se equivoca – dijo temblando de pies a cabeza. Su mentón estaba adherido a su pecho y sus manos se aferraban al borde de su camisa. No tenía el valor de mirar a Masashi directamente a los ojos, pero no podía permitirse que otra persona odiara a Sasuke. Él cargaba con demasiado rencor en sus hombros como para agregar otra mirada de desprecio a sus espaldas –. Él puede ser un completo idiota que no sabe mostrar sus sentimientos – balbuceó cerrando los ojos con fuerza –, puede hacerme enloquecer cada vez que ignora mis palabras, incluso cuando su pasado es la peor de las maldiciones que arrastra como una sombra tras él. Pero me ha demostrado que ya no es la misma persona vengativa de antes, ahora se preocupa por los demás a su manera, ha dejado de ser egoísta y piensa en el bienestar de otros – elevó la cabeza lentamente hacia el anciano frente a ella, esta vez, una mirada llena de determinación bañaba sus grandes ojos jades –. Creame cuando le digo que Sasuke es una buena persona.
Masashi guardo silencio por un par de segundos sosteniendo la mirada que Sakura le devolvía.
–Ese tonto debe de apreciarte mucho, niña. Y más cuando hablas así de él.
El comentario hizo que la pelirrosa se sobresaltara y desviara la mirada de nuevo a su propio regazo.
–No, no lo hace – susurró con las manos en puño.
De repente y sin previo aviso la mano de Masashi acaricio la coronilla de la cabeza de Sakura, y le dio unos golpecitos con la palma abierta. La pelirrosa parpadeo incrédula y observó al anciano sin comprender.
–Masashi-dono – dijo con los ojos abiertos de par en par – ¿Ocurre algo?
–Nada – le tranquilizó mostrando una diminuta sonrisa ladeada en sus labios –. Solo acabo de darme cuenta de dos cosas.
–¿De qué se ha dado cuenta?
–Acabas de decirme la verdad, pero al mismo tiempo has mentido.
El anciano alejó la mano de su cabeza. Era la primera vez que le observaba de una manera tan dulce, casi paternal.
–¿Cuál es la verdad? – preguntó Sakura intrigada.
–Que confías en el Uchiha.
Por alguna extraña razón el corazón dio un vuelco en su pecho.
–¿Y la mentira?
Masashi termino de dibujar una sonrisa en su rostro.
–Esa te toca descubrirla tu sola, mocosa.
Día 115
Nadie se percataría de su fuga momentánea. Había dejado un Genjutsu imperceptible en la granja para que tanto el viejo Masashi como Akane no se cuestionaran su extraña desaparición. Era una ilusión bien trabajada que mostraba a un Sasuke aburrido leyendo el periódico en la soledad de su habitación. Consideraba que el espejismo era bastante creíble para que cualquier persona fuera engañada fácilmente, cualquiera menos para Sakura.
Ella no caería en ese tipo de trampa, era demasiado inteligente. Ninguna ilusión sería lo suficientemente fuerte como para retenerla. Sasuke estaba al tanto de ello. Lo aprendió el otoño pasado cuando intento inmovilizarla en uno de sus más poderosos jutsus con tal de que no se entrometiera en su batalla contra Akaoshi, situación que no salió como lo planeado y las cosas terminaron por empeorar. Después de aquello Sasuke comprendió que la mente de Sakura no era un lugar fácil de domar, y aun lo mantenía como un recordatorio importante. Sin embargo en esta ocasión la suerte estaba a su favor pues la pelirrosa no dejaría a sus pacientes ni en un millón de años, por lo tanto no pasaría la noche en la casa de Masashi, así que con el Genjutus en la granja sería distracción suficiente.
Continúo caminando bajo el manto de la noche, atravesando la espesura del bosque por donde habían llegado hace un par de días atrás. Los soplidos del viento acariciaban sus mejillas y las estrellas titilaban opacas en el cielo a causa de la neblina que se escurría sobre su cabeza. Las circunstancias eran las idóneas para pasar desapercibido entre los ninjas de la Nube. Sasuke difícilmente podría toparse con alguno de ellos, o mejor dicho, era casi imposible que ellos se toparan con él.
El corto tiempo en que su pequeño equipo "Taka" permaneció activo – e incluso luego de su desintegración – Sasuke se abasteció de múltiples maniobras para evadir a rastreadores o espías que atentaban por descubrir su paradero. Todas muy útiles para pasar inadvertido entre las personas que intentaban asesinarlo y los que deseaban con su obstinada insistencia hacerle regresar de vuelta a Konoha.
Sasuke oscureció su semblante y dejó en libertad una sonrisa sarcástica. Quien diría que después de tanto tiempo volvería a las viejas andanzas.
El ruido de la cascada comenzó a intensificarse hasta convertirse en el único sonido de la noche. Llego a vislumbrar el claro luego de pasar unos cuantos árboles que separaban el sendero del rio. Lo único que interrumpía la tranquilidad que emanaba aquel lugar era la propia presencia de Sasuke que distorsionaba la sensación de paz que ese pequeño pedazo de naturaleza podía ofrecer.
Dio unos pasos más y se detuvo a admirar la caída de agua frente a él. Sakura había hecho lo mismo cuando llegaron a la aldea y rescataron a Akane de su mortal caída. Se dejó salpicar por el agua que se precipitaba hasta las filosas rocas en el final de la cascada. Esa imagen le obligo involuntariamente abordar el recuerdo de aquel otoño donde casi muere en manos de Akaoshi. Sasuke había memorizado cada detalle de ese día. Era la primera vez que veía a Sakura desde la guerra. Tres años sin saber de su paradero y de pronto ella aparece en medio de una cueva salvándole el pellejo... otra vez ¿Y cómo se lo agradeció Sasuke? Con otro intento fallido de asesinato.
Dio un paso hacia atrás y cerró los ojos con fuerza creyendo que así desaparecería el recuerdo de su mente, pero no fue tan fácil deshacerse de la imagen de Sakura tirada en el suelo en busca de aire para vivir. Las marcas que los dedos de él habían dejado sobre el cuello de la pelirrosa llego a sus ojos con una claridad que prefería desaparecer de su memoria. Tenía ojeras tatuadas alrededor de sus parpados permitiendo que sus jades resaltaran sobre su rostro pálido. Su chakra era pobre, por no decir escaso o prácticamente nulo. Lo había usado sin medida sobre las heridas que le había causado la primera pelea contra Akaoshi. Sakura no le importó perder todas sus energías con tal de mantenerlo con vida durante quien sabe cuántos días. Ella era capaz de dar la vida por los demás, incluso por alguien como él. Ese tipo de actos desinteresados le hacían sentir a Sasuke como un completo imbécil.
Concluyo que la única manera de alejar el torrencial de ideas y pensamientos que comenzaban a alterar su mente era alejarse de aquel lugar que arrastraba recuerdos ingratos y regresar a su verdadero objetivo de la noche.
Ajustó su katana en el cinto y dio un pulcro salto hacia la cumbre de la cascada. Aterrizo con la gracia de un felino sobre una roca a lo alto. El ligero aumento de adrenalina le obligo a enfocarse en el nuevo sendero que se dibujaba a su alrededor. Levantó la quijada y olfateo el aire hinchando sus pulmones. Estaba cerca, ya podía sentirlo.
Continúo su camino bajo una noche de luna nueva. La neblina persistía sobre su cabeza, sin embargo podía ver las estrellas en la bóveda celeste. Su tenue luz era la única señal que le indicaba la ubicación exacta en donde se encontraba, al igual que ese asqueroso olor que le escocia la nariz.
Marchó por al menos cinco minutos más junto al rio, luego se alejó de éste, preparándose para bajar una pequeña saliente rocosa oculta a su izquierda. Sasuke se detuvo a analizar la superficie. Era muy lisa y angulosa por lo que no le fue difícil deslizarse sobre la tierra, levantando un poco de ella mientras descendía hasta caer sobre un suelo blando y humedecido.
Estaba en una especie de fosa natural, poco profunda, desprovista de cualquier luz que las tenues estrellas en el cielo pudieran ofrecerles. La copa de los árboles se tensaba en las alturas entrelazándose unas con otras en una especie de tela de araña. Era en sí un lugar difícil de encontrar pero muy útil. La cercanía del rio proporcionaba el agua necesaria para cualquier necesidad. La posición de los árboles, y la forma improvisada en que la naturaleza diseñó aquella saliente, daban la impresión de estar en una cueva hermética. Si querías pasar desapercibido en un lugar a la intemperie, ese era el mejor sitio que encontrarías en la zona.
Sasuke dio unos pasos hacia el centro de la fosa y respiro hondamente hasta percibir de nuevo el aroma a veneno que quemó sus pulmones. Como odiaba ese olor.
–Vaya, vaya – siseó una voz entre los árboles. Por simple instinto Sasuke dejo rodar los espirales del Sharingan en su ojo derecho. El sonido provino de las sombras a su derecha, en sentido noreste –, pero si es nada menos que nuestro querido Sasuke-kun.
Una silueta comenzó a relucir entre las tinieblas. Sus pasos resonaban en la fosa dejando un eco tenue en el ambiente. El cabello plateado brillo opacamente cuando termino por acercarse arrastrando los pies sobre la tierra humedecida. Sasuke frunció el ceño al distinguirlo. Esperaba jamás volver a ver esa cara en toda su vida.
–Sabía que tus asquerosos colmillos estaban metidos en todo este asunto.
Kabuto sonrió de medio lado dejando que sus ojos rasgados brillaran tras el cristal de sus lentes. Su piel seguía siendo escamosa e increíblemente pálida. Usaba un kimono con los colores clásicos de los seguidores de Orochimaru. A pesar de todo lo que había pasado seguía manteniendo su reacia lealtad hacia el hombre serpiente o, tal vez, le era difícil deshacerse de las viejas costumbres. De cualquier forma aquel sujeto seguía siendo el mismo animal rastrero que Sasuke alguna vez llego a conocer.
–Tardaste mucho en encontrarme – espetó Kabuto deteniéndose en medio de las sombras, lejos del alcance del Uchiha –, pensé que eras más astuto.
–Cuida esa lengua. Kabuto – bramó Sasuke canalizando chakra en su Rinnegan solo si las cosas comenzaban a salirse de control –. En nuestro último encuentro no terminaste muy cuerdo que digamos.
Kabuto se mofó.
–Eso fue obra de tu querido hermano Itachi, no tuya.
–Podemos cambiar de papeles si gustas.
Sasuke no pudo contener una sonrisa ladeada cuando Kabuto arrugó ligeramente el entrecejo. Estaba siendo precavido, mantenía una distancia prudencial y no le miraba directamente a los ojos.
–Algo me dice que no estás aquí buscando pelea, Sasuke-kun, de lo contrario ya me hubieras atacado.
–Quiero aclarar unas dudas primero, luego decidiré si debo o no matarte – sugirió el pelinegro moviendo su brazo para apartar la capa y dejar al descubierto la katana lista para ser desenfundada.
–Nunca te ha gustado el juego previo – se burló Kabuto con esa áspera voz viperina –, por lo general atacas sin esperar razones, aunque nunca llegabas a matar espontáneamente siempre dejas a tus presas moribundas en medio del campo de batalla, abandonándolas a su suerte. Ese siempre fue tu estilo, es lo que Orochimaru-sama más le fascinaba de ti. Tú creías que era un acto compasivo para con tus enemigos, pero muy en el fondo sabias que lo único que lograbas era prolongar su agonía. Todo un encanto debo admitir.
Sasuke llevó su mano vendada a la empuñadura de su espada y cerró el puño con fuerza.
–Tienes suerte de que he cambiado.
–Error – señaló en una mueca que mostró la mitad de su filosa dentadura –. Un asesino seguirá siendo un asesino, igual que un vengador siempre será un vengador. Puedes mentirte todo lo que quieras, pero tarde o temprano te darás cuenta que nadie cambia.
–Si ese es el caso, no deberías tentar a la suerte – reconoció con fiereza.
–Ahí está el Sasuke-kun que conozco. Impaciente y amenazador – dejo en libertad una risilla jovial. Luego giro la cabeza a ambos lados de la fosa analizando el terreno antes de dirigirse de nuevo al Uchiha frente a él –. Si lo que quieres es una amistosa charla lo mejor será alejarnos de este lugar ¿no te parece? – movió su mano para alentar a Sasuke a que lo siguiera –. Ven, te invitare una bebida que seguro rechazaras.
Kabuto giro sobre sus talones y camino hacia una especie de pared de roca cercana a la saliente por donde Sasuke se había deslizado. Colocó una de sus escamosas manos sobre la superficie fría y su palma brilló en un haz de luz purpura que iluminó la fosa por una pequeña fracción de segundo. Ahora las piedras fueron suplantadas por una puerta de metal oxidado, estrecho y de aspecto deplorable. Sasuke le observó en silencio.
–Seguro sabías de mi pequeña guarida bajo el rio – observó Kabuto abriendo la puerta que libero un horrible alarido que resonó en la fosa, dentro solo había un pasillo con velas encendidas. Las paredes le resultaron muy familiares. Tenían el mismo aspecto de los escondites de Orochimaru. Sasuke le devolvió una mirada inquisitiva a Kabuto que aguardaba por él con la puerta abierta de par en par –. Vamos – le incitó con un movimiento de cabeza –, te sentirás como en casa.
El pelinegro hizo un movimiento con su capa y siguió el rastro de las pisadas que Kabuto había dejado sobre la tierra. Dejaron la oscuridad de la fosa en el momento en que la puerta se cerró a sus espaldas, desmaterializándose de nuevo en un Genjutsu.
Siguieron por un camino estrecho, con un par de puertas ubicadas aleatoriamente para que cualquier curioso sin sentido de supervivencia cayera en una trampa seguramente mortal. Kabuto se movía con petulancia y una tranquilidad mal fingida. Guardó silencio durante todo el trayecto mientras serpenteaba entre los pasillos para despistar a Sasuke. Sin embargo, eso no le impidió al pelinegro tomar nota mental de las grietas que rasgaban las paredes, la cantidad de lámparas dispersas en el camino, la distribución de las puertas, todo lo que le podía servir para escapar si la situación llegase a salir de control.
Luego de lo que pareció un cuarto de hora, lo condujo por fin hasta una recamara amplia tras una puerta de madera roída a mitad de un pasillo fuertemente iluminado. Dentro se exhibían instrumentos de laboratorio dispersos sobre mesas manchadas de líquidos viscosos y recipientes de contenido sospechoso. En las estanterías que cubrían las paredes se aglomeraban libros y pergaminos de diversos colores. Un par de máquinas de gran tamaño que se desplegaban en una esquina de la habitación que seguramente serían contenedores de algún proyecto repugnante del que Kabuto estaba metido. El olor ponzoñoso que había perseguido hasta ahora se sentía en el aire, estaba disfrazado con otros aromas pero no lo suficiente para distraer a Sasuke.
Continuaron caminando hasta un escritorio forrado en papeles y tubos de ensayo vacíos. Había una lámpara que proyectaba su luz sobre un cuaderno abierto de par en par. La bombilla irradiaba un calor desatinado. Debía de tener mucho tiempo encendido, tal vez Kabuto estaba en una profunda y larga sesión de estudio antes de la inoportuna llegada de Sasuke.
–Hogar dulce hogar – se burló el hombre serpiente alzando las manos para señalar todo a su alrededor.
–Debes estar muy seguro de que no te matare para que me traigas al corazón de tu guarida – apuntó Sasuke viendo como Kabuto tomaba asiento en una silla giratoria vacilando en el intento. El pelinegro sonrió –, o muy desesperado.
–Le he agarrado el gusto a esto – mintió mientras se colocaba en una posición que reflejara indiferencia –, ya sabes, vivir al límite, bajo la amenaza de la muerte. Es casi adictivo – cerró el cuaderno de notas que tenía expuesto bajo la luz de la lámpara con un fuerte golpe en seco y su facciones se endurecieron cuando volvió a hablar –. Creo que tu juego previo ha durado más de lo que tenía planeado, Sasuke-kun. Como ves, estoy muy ocupado y mi tiempo es más valioso de lo que imaginas.
Las espirales de su Sharingan dieron un perfecto giro sobre su iris carmesí para proyectar cierto aire de tensión en el ambiente. Kabuto tragó saliva.
–He venido a buscar respuestas – increpó Sasuke.
–Si quieres saber quién es el culpable de la dichosa peste que está asechando aquel pueblucho ridículo esta frente a ti – se señaló a él mismo con arrogancia –. Ya te ahorre el innecesario trabajo de investigador privado. Puedes dar por concluida tu búsqueda.
El pelinegro frunció el ceño y liberó una sonrisa carente de felicidad.
–Lo sé, Kabuto... Siempre lo he sabido.
Kabuto comprimió la mandíbula y contrajo los músculos de su cuello con vehemencia. Aunque su cuerpo denotaba tranquilidad y desasosiego comenzaba a transpirar en abundancia. Sasuke le observó con frialdad. Había logrado asustarlo. Kabuto temía que en cualquier momento lo atacara en venganza contra los aldeanos. Sasuke no se precipitaría a hacer un movimiento en contra de él, el verlo inquieto en la silla era una vista demasiado interesante como para arruinarla con un despliegue de su katana sobre su garganta.
–Me intriga saber cómo has llegado a tan interesante deducción. Fui muy meticuloso al cubrir mis huellas ¿sabes? Por algo culpe al viejo de la granja e hice creer a todos en la aldea que la peste era obra de él – dijo Kabuto elevando la comisura de su labio en una escueta sonrisa –. Todo era bastante creíble, pero nunca me detuve a pensar que alguien como tu llegaría a fastidiar mis planes.
–Fuiste más evidente de lo que piensas – le espetó Sasuke sin moverse ni un centímetro de su posición –. El rio está contaminada desde el inicio de la cascada, lejos de la granja de Masashi – explicó con cautela –. Lo sé porque cuando llegamos a la aldea probé el agua de debajo del puente y era exactamente igual a la del rio que pasa por el pueblo, haciendo imposible que la causa de la peste sea culpa del viejo. El ganado que murió nunca fue el origen de la enfermedad sino sus primeras víctimas – controlo la necesidad de activar su Rinnegan cuando la impotencia se rego sobre sus venas –. Uno de tus repugnantes experimentos debió salir mal y contaminantes el rio como consecuencia de tu total incompetencia.
–¿Por qué crees que no fue un acto intencional? – dijo en un intento por sonar divertido.
–El sembradío de Masashi lo quemaste tú, Kabuto. Ese despreciable olor ponzoñoso que despides tú y Orochimaru estaba en la tierra quemada – hizo una mueca de disgusto con los labios –. Aun percibo esa asquerosa esencia en este lugar.
–¿Debo sentirme insultado? – se cacareo unos segundos y pasó una mano por su largo cabello plateado –. No termino de comprender porque crees que no hice todo este teatro a propósito. Ver sufrir a la gente es un pasatiempo que disfruto, Sasuke-kun.
–Ciertamente – asintió –, pero sabias que Masashi era uno de los principales comerciantes en el pueblo, lo supe luego de interrogar a los aldeanos. Asumiste entonces que la cosecha debió ser regada con el agua del rio, por lo tanto estaba contaminada. Necesitabas eliminarla antes de que el viejo vendiera toda su siembra, y de esa forma erradicarías cualquier posibilidad de contagiar la enfermedad por otras vías. Quemar la siembra fue un acto burdo pero a la vez inteligente. Nadie sospecharía que alguien ajeno a la aldea se molestaría en destruir un puñado de coles, todo lo contrario, creerían que un par de vándalos se organizaron para asaltar la granja en busca de una sana y merecida venganza.
Kabuto dejó caer por completo su espalda sobre el respaldar de la silla.
–Vaya, no sabía que podía llegar a ser tan misericordioso – ironizó.
–O tan idiota – el interpelado arrugo el entrecejo y Sasuke volvió a sacar una sonrisa socarrona –. Al parecer Itachi hizo un buen trabajo lavando tu cerebro. Ahora solo eres la mitad de repugnante que hace tres años atrás.
–Que halagador – llevó una mano hacia una taza que descansaba en el escritorio y sirvió un líquido que se alejaba de cualquier bebida corriente que Sasuke conocía –. Imagino que esa fue la razón por la cual sabías que era yo y no Orochimaru-sama. Él, en cambio, dejaría a todos los aldeanos morir lentamente.
–No precisamente – le corrigió –. Siempre fuiste más apegado a la experimentación con enfermedades que Orochimaru, él se mantiene alejado de cualquier cosa que pudiera acortar su mugrienta vida. Tú, por otro lado, prefieres jugar a ser Kami a tu manera. Alterar genomas y crear armas biológicas son tus verdaderos pasatiempos.
El hombre serpiente estuvo a punto de beber pero detuvo su taza a medio camino y entrecerró los ojos hacia el Uchiha sin mirarle directamente a los ojos.
–¿Cómo sabes que hubo manipulación en las bacterias que están en el rio?
–Tengo mis fuentes – le cortó Sasuke.
Kabuto guardo silencio mientras estudiaba el rostro de Sasuke con la mano aprisionando la pequeña taza de porcelana. Luego mostro su filosa dentadura en una mueca retorcida.
–Veo que la niña es muy talentosa – dijo por fin en un siseó que tomó desprevenido a Sasuke. Kabuto se deleitó por el ligero sobresalto en el rostro del pelinegro y por primera vez en toda la conversación relajó los hombros –. La última vez que la vi era toda una belleza de dieciséis años que aspiraba a ser la mejor medic-nin de su época. He escuchado rumores de que ahora es una mujer encantadora ¿Tu que me puedes decir al respecto, Sasuke-kun?
El pelinegro apretó la mandíbula con fuerza y sus cejas estuvieron a punto de juntarse en una perfecta línea negra.
–Algo me dice que ella está a solo horas de encontrar una cura para la peste – continuo Kabuto al no recibir respuesta –. Es muy dedicada en su trabajo ¿no lo crees? Debería hacerle una visita para conocer sus nuevas dotes.
–No la metas en esto.
–Le has agarrado cariño ¿eh?
El sonido de una maquina en alguna parte del laboratorio se activó dejando un ligero zumbido que interrumpió el silencio impuesto por ambos hombres. La atmosfera se tornó demasiado tensa, al punto de poder cortarse con solo blandir la espada de Sasuke.
–Sé que ambos están de misión juntos – regresó Kabuto jugando con el contenido de su taza –, tal vez hayas sacado provecho a la situación como lo hacías con las concubinas que Orochimaru-sama te enviaba cuando eras tan solo un mocoso vengativo. Algo me dice que es una chica fácil, y más aún cuando su enfermizo amor por ti la llevo a hacer tantas estupideces en el pasado. Debes tenerla muy bien amaestrada para que siga persiguiéndote por todos lados como una zorra en celo. Me pregunto qué tan desesperada debe de estar ahora para seguir creyendo que hay algo bueno dentro del gran Sasuke Uchiha...
Ya había desenvainado su katana cuando se precipito hacia Kabuto en un ágil movimiento que el hombre serpiente no pudo leer. Dejó que el filo de su espada descansara sobre la escamosa garganta de aquel despreciable sujeto mientras que su brazo vendado preparaba un Chidori Nagashi apuntando directamente al hombro izquierdo de Kabuto. El Rinnegan en su ojo se activó en un perfecto desfile de aros negros en un fondo gris amenazador.
–Si aprecias tus brazos será mejor que jamás vuelvas a hablar de Sakura de esa manera – susurro Sasuke destilando veneno en sus palabras –. Jamás.
Kabuto dejó escapar una risa nerviosa.
–¿Es una amenaza? – le retó.
–Más bien una recomendación – se permitió cortar la fina piel de la garganta de Kabuto dejando que un hilo de sangre escapara de la herida para luego deslizarse sobre la hoja de la katana –. Puede que cambie de opinión y elija tu cabeza de serpiente en cambio.
El sonido gutural que escapó de la seca garganta de Kabuto dejó una extraña vibración en la espada del pelinegro.
–¿Qué harás conmigo ahora, Sasuke-kun? – no se escuchaba alterado sino más bien tranquilo y analítico – ¿Buscaras la forma más creativa de matarme o puedo escoger entre el catálogo de jutsus oculares que tienes bajo la manga? Preferiría pasar por alto el Izanami, me dejo un fuerte dolor de cabeza la última vez.
–Es bueno que estés consientes de tu debilidades – expresó iracundo.
–Oh no, Sasuke-kun. No te confundas, yo no soy débil. Pero sé cuándo las cartas no están a mi favor. No estoy en condiciones para pelear en este momento, sin embargo tú tienes el deseo de matar inyectado en esos hermosos Dōjutsu.
Mantuvo la katana sobre el cuello de Kabuto por un par de segundos antes de alejarse de él con movimientos lentos, eliminando la amenaza del Sharingan y Rinnegan de sus ojos en un profundo parpadeo.
–Suena muy tentador asesinarte en este momento – llevó la espada de nuevo a su lugar y se alejó del Kabuto dándole la espalda –, pero no lo hare.
–Interesante – dijo el hombre mientras observaba la inestabilidad en los movimientos de Sasuke –. Primero tú extraña charla sobre mi doble moral y ahora este arrebato de cólera que antes hubiera significado mi muerte instantánea – formó una sonrisa sádica en sus labios y limpió la herida de su cuello con la yema de su dedo anular –. Sakura te ha vuelto más blando, Sasuke-kun. Nunca antes habías desechado la posibilidad de matar a un enemigo que odias eternamente. Esa niña debe de tener sus encantos.
Sasuke giró sobre los talones y mostro su perfil bañado en ira reprimida.
–Creo que no te ha quedado claro mi última advertencia.
–Está bien, está bien – le calmó Kabuto moviendo las manos en son de paz. Lucia más tranquilo que al principio de la conversación, como su vida no corría peligro podía darse la libertad de bajar la guardia –. Haz montando un increíble y dramático espectáculo, perdería su esencia si lo vuelves a repetir – dejó la taza (que sorpresivamente había sobrevivido al ataque previo de Sasuke) sobre la mesa –. Ahora dime la verdadera razón por la que has venido aquí. No creo que sea para entregarme ante las autoridades como un noble ninja que sirve a su nación, ese es muy al estilo de Konoha. Sería muy aburrido.
Sasuke terminó de guardar la katana deslizándola sobre su vaina.
–Necesito información.
–¿Y qué te hace pensar que te la daré con tanta fácilmente?
–Estoy intentando hacerlo por las buenas – dijo Sasuke bajando los niveles de su enfado, lo suficiente para que su voz no transmitiera su impaciencia e irritación –. No me costaría trabajo entrar a tu mente y arrancarte los recuerdos que necesito.
–Vaya que has jugado mucho con ese Sharingan. Para poder llegar a lugares tan profundos en la mente humana debes de haberte inventado una nueva forma de tortura – se burló Kabuto y volvió a recostarse sobre el respaldar de la silla –. Pero no terminas por convencerme. Necesitaras más que una amenaza para hacerme hablar. Debo alertarte que soy un hombre de gustos complejos, cualquier cosa que vayas a ofrecerme piénsala con detenimiento. Ya me has hecho perder bastante tiempo con todo este circo, necesito volver a...
–Te dejare en libertad – le interrumpió abruptamente mientras le devolvía la mirada ausente de cualquier amenaza –. No te delatare ante Konoha ni Kumogakure. Estarás impune ante la ley, te ayudare a destruir este laboratorio, borrare tus huellas en este país para que puedas escapar sin que nadie te persiga.
Kabuto cerró sus labios entreabiertos. Pasó una mano por su barbilla y la acaricio pensativo. La propuesta le interesaba, de eso no cabía duda.
–¿Cómo sé que no es una trampa para hacerme salir de mi madriguera? ¿Cómo puedo estar seguro que no estas aliado con esos ninjas de la Nube o con ese viejo Masashi que tanto idolatras?
–Sabes muy bien que trabajo solo.
–La respuesta correcta es otra, Sasuke-kun – increpó Kabuto entornado los ojos ambarinos hacia los del pelinegro –. Kumogakure te odia. Ahora que lo pienso tu fama no es muy buena por esta región. Desmembrar al Raikage no es algo de lo que enorgullecerse – dio por primera vez un sorbo a su bebida deleitándose con el sabor del líquido violáceo que se derramó por la comisura de su labio –. Admito que esos fastidiosos ninjas de la Nube han estado tras mis huellas desde esta mañana – consintió con cierto desagrado –. Son buenos rastreadores. Temía que por fin me habían encontrado pero es un alivio que tú hayas aparecido en su lugar.
–Entonces estas al tanto que no puedes escapar de aquí sin ayuda – le alentó Sasuke –. Si llegaras a colocar un pie fuera de esta zona te encontraran de inmediato, y desearas haber muerto bajo mis creativas forma de asesinato en vez de la inclemencia del país del Trueno.
La gota de aquel líquido violeta descendió hasta la línea de su quijada y Kabuto la limpio con la manga de su kimono. Hubo un silencio prolongado, donde los dos hombres sostenían las miradas con gran intensidad.
–Debes estar muy desesperado para hacer este acuerdo, y más ahora que sigues ese extraño principio de redención divina – los ojos ámbar del hombre serpiente se entrecerraron al tiempo en que movía la cabeza de un lado a otro como una cascabel –. Existe algo que te distingue de entre los demás shinobis, Sasuke-kun. Tú eres un hombre de palabra. Siempre lo has sido. Me da curiosidad... ¿Qué te está obligando a romper tu promesa de ser una mejor persona? No será tal vez por...
–¿Quieres el trato o no? – le cortó alzando la voz con rudeza.
Kabuto sonrió maliciosamente.
–Veo que no has cambiado, Sasuke-kun. Sigues siendo el mismo vengador de siempre, un asesino desalmado y un shinobi que siempre traicionara a su aldea por motivos egoístas – Sasuke apretó los puños con fuerza. Kabuto se frotó las manos, cruzo las piernas y continúo con energías renovadas –. Bien, me has convencido. Soltar la lengua por un poco de información siempre es mejor que perder la cabeza o ser perseguido por las cinco naciones.
El pelinegro cerró los ojos con fuerza. Lo que estaba a punto de hacer era necesario. Dejar en libertad a Kabuto era un precio pequeño que pagar, era la única manera de enmendar sus errores...
–Necesito que me digas todo lo que sepas de un hombre al que traicionaste – sentencio Sasuke con la mirada fija en los ojos rasgados de su interlocutor.
El hombre serpiente hizo un gesto mordaz con las manos.
–Debes de ser más específico, Sasu...
–El proyecto Eien – le interrumpió severo. Kabuto frunció el entrecejo y donde antes se dibuja un rostro sagaz ahora se proyectaban las líneas de la ira. Esa era la respuesta que Sasuke esperaba. Ambos sabían que la conversación se dirigía a turbios recuerdos de un hombre despreciable. Giró lo suficiente para mostrar su rostro endurecido por la furia –. Necesito que me hables de tu hermano.
N/A: ¡Feliz año, gente bonita! :D
Espero que la pasaran súper bien en sus vacaciones decembrinas. Los extrañe bastante, eso de publicar cada 15 días es medio triste pero será lo mejor por ahora. Como veran he regresado con fuerzas renovadas este nuevo año y que mejor forma de terminar el día que actualizando esta historia :) Espero que les haya gustado el capítulo (disculpen la espera .w.), las semanas pasadas adelante lo que pude y este fue uno de los resultados :D ¡Taraan! Este capítulo y otro a futuro serán así: mitad Sasuke, mitad Sakura. Nuestros dos tortolos tienen sus secretos bien guardados y seguirán siendo secretos por unos cuantos capítulos más, jeje.
Me despido como siempre dandole las gracias por todo, por darme esta grandiosa oportunidad, por el inmenso apoyo, incluso cuando soy nueva en la página y este es mi primer Fic ustedes se encargan de sobrecargarme de ánimos para seguir escribiendo. De verdad, muchas gracias. Besos y abarazos, cuídense muchísimo y nos leemos pronto.
Bye Bye :3
