CAPITULO 3

Quinto mes, todo comenzaba a tomar forma, todo comenzaba a sonreírle poco a poco a la familia Snape, ya que a pesar de que Severus tenía trabajo, el cual era mucho mejor que trabajar en Hogwarts, puesto que la docencia nunca había sido su decisión, y tras haberse casado decidió abandonarla. Ahora era libre de su tiempo y de la manera de trabajar.

Hermione recibió durante su desayuno con su marido un vociferador en el cual le pedían presentarse en el Ministerio.

Hermione asistió y ahí se hizo presente Ginny, quienes hablaron con el ministro sobre el hecho de formar su asociación de PEDDOS, a lo que ambas aceptaron gustosas, Hermione estaba más que emocionada que no esperaba a decirle a Severus lo que acababa de suceder.

Pero cuando se dirigía a la chimenea que la llevaría de regreso a su hogar se encontró a Minerva en el camino.

-. Hola Hermione, ¿Podríamos hablar? -. Hermione aún se dirigía a ella de manera distante, aunque después de ayudarle a Severus el día del juicio, poco a poco iba recuperando la confianza en ella.

-. Claro Minerva -.

Se encaminaron a un café y tras breve momento de estar platicando sobre como había ido su vida de casada con el temido profesor de pociones, lo siguiente hizo que Hermione escupiera el café que acababa de tomar.

-. ¿Yo? ¿Enseñar en Hogwarts? -. Hermione no podía creerlo.

-. Si -.

-. ¿Pero de qué? -. Hermione no sabía cómo podía encajar en su casa de estudios.

-. Controlas muchas áreas, puede ser lo que quieras, pero la rama que está disponible es Pociones, estoy segura que no tendrás problemas con ello, sabiendo de quien eres esposa -.

Hermione rio por lo bajo, podía captar la ironía de su situación.

-. Está bien, podías esperar mi decisión, tengo que discutirlo con mi marido -. Minerva no podía evitar el pensar que fue lo que Hermione pudo haber visto en él.

-. Claro, la espero -.

Hermione al regresar a su hogar le dijo a Severus todo lo que había pasado, desde que salió por la puerta de su casa.

-. ¿Enseñar?, ¿Estas segura que puedes con ambas? -. Severus la veía inquisitivamente desde su sillón de lectura.

-. Por supuesto -. Le dijo cruzándose de brazos indignada -. ¿Lo dudas de mí? -.

Severus rio, se veía su esposa adorable cuando se molestaba de esa manera y más embarazada, veía la suerte que había tenido a lo largo del tiempo.

Se levantó de su asiento, se acercó a su adorable esposa, y tomándola de la cintura la acerco a él:

-. Claro que confió en ti, mi leona, solo digo que posiblemente para el embarazo, no sea correcto -. Hermione que hasta entonces había desviado la mirada viendo a la nada, lo miro y le sonrió, rodeándole el cuello con sus brazos.

-. Severus, no te preocupes por eso, yo sé que estaré bien, además ya se la clase a impartir y me sentiré segura en mi dormitorio -. Severus la vio, como si no entendiera la respuesta, a lo que Hermione rio. -. En las mazmorras -. Severus abrió más la mirada, e iba a hablar pero al ver su cara de disgusto, Severus se quedó callado y le sonrió, a lo Hermione se relajó y le beso, demostrándole que pasara lo que pasara no cambiaría de opinión pero Severus tenía otros planes.

-. ¿No creerás que te dejare ir sola? ¿Verdad? -. Hermione ahora lo vio como interrogante y él con su sonrisa cínica ya le decía todo, Hermione solo se limitó a mover la cabeza, diciéndose a sí misma que su murciélago jamás la dejaría sola y lo volvió a besar.