Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.

Recuerdos de primavera

XVI

Sakura Haruno

Día 116

Anotó un par de cosas en la tabla que llevaba consigo sin quitar la vista del paciente que yacía sobre la cama. Era un hombre menudo, de piel morena y ojo cetrinos – rasgos clásicos de los aldeanos del país del Trueno – que se removía incomodo entre las ásperas y viejas sabanas. Aún persistía ciertas molestias al sentarse o moverse y los síntomas no habían desaparecido del todo pero, en términos clínicos, estaba en mejor condición que los días anteriores, al igual que la gran mayoría de los pacientes del lugar. El riguroso tratamiento que planificaron los cuidadores junto a Sakura y Amai estaba marchando como lo planeado o incluso mejor de lo que esperaban. Sonaría apresurado proclamar la situación como un éxito rotundo, sin embargo ya podían darse el lujo de relajar los hombros y considerar que las personas infectadas estaban fuera de peligro.

Sakura alejó la tabla colocándola de nuevo dentro de un sobre metálico que guindaba a un lado de la camilla y volvió a sonreírle a su paciente. Ante el silencio expectante el hombre volvió a acomodarse entre la montaña de almohadas en su espalda con un deje de nerviosismo.

–¿Y bien, Haruno-san? – tartamudeo – ¿Ya puedo salir de aquí?

–Ha mejorado muchísimo. Lo dejaremos en observación por un par de días más, solo por precaución – llevó una mano hacia la del paciente donde un fino tubo plástico conectaba su cuerpo a una bolsita de suero sobre la cabecera –. No se preocupe, Kyo-san. Pronto podrá regresar a casa.

La ilusión brillaba en los grandes ojos ambarinos del hombre.

–¿Podre ver a mi hijo?

–Todo volverá a ser como antes.

–Oh, gracias, Haruno-san – le devolvió la sonrisa y colocó su mano libre sobre el dorso de la de Sakura. Su voz sonó quebradiza por la felicidad que conjuntamente empapaba sus parpados – No sabe lo feliz que me hace. Por favor, dígame ¿Cómo se lo puedo agradecer?

–Prométame que se portara bien y que tomara todos sus medicamentos sin excepción ¿está bien? – arqueó una ceja en señal de advertencia.

El sujeto dejo escapar una carcajada y terminó por asentir vigorosamente. Sakura intercambio otras palabras con el paciente previo a su salida del cubículo. Arrastró la cortina de color verde que escondió la camilla sin poder borrar la felicidad de su rostro.

–¿Siempre sonríes sola? – llamó una voz a su lado.

Sakura se sobresaltó cuadrando los hombros y giró sobre sus talones para ver al muchacho que llegaba desde la camilla contigua.

–Amai.

Vestía pulcramente, con el uniforme de Kumogakure en perfecto orden y la inmaculada bata blanca arremangada hasta la mitad del brazo. El cabello castaño caía hacia el lado izquierdo de su frente donde el protector de su aldea resplandeció tenuemente cuando inclino su cabeza para apreciar a Sakura.

–Estas feliz – dedujo curvando la comisura de su labio –. Has hecho un buen trabajo con todos los aldeanos, Sakura.

–Estaríamos dando vueltas en círculos si no fuera por ti – se adelantó a agregar la aludida encogiéndose de hombros avergonzada –. Lo importante es que ya todos están fuera de peligro.

–Y el pueblo te lo agradece.

El rubor no tardó en aparecer en sus mejillas. Amai escondió sus manos en los bolsillos del pantalón y le hizo señas a Sakura para que le acompañara por el pasillo.

–Ven. Tienes cara de necesitar un café bien cargado.

Se encogió de hombros sin poder borra la pena de su rostro y marchó a su lado entre las demás piezas que se esparcían a ambos lados del camino. Estaba consciente de que tenía un muy mal aspecto. La noche anterior pudo dormir un poco, aunque no lo suficiente para borrar las oscuras ojearas y la palidez de su cara. Se colocó un poco de maquillaje antes de salir de la habitación que le habían proporcionado en el centro de salud. A decir verdad fue un pobre intento por encubrir su cansancio, sin embargo cada minuto de desvelo valió la pena. El problema de mayor relevancia había sido controlado. La peste dejaría de azotar esas tierras y quedaría como un recuerdo fraudulento de una extraña primavera. Pero existía otro problema que aún no estaba resuelto y que Sakura desconocía por completo. El avance de la investigación en las afueras de la aldea era un total misterio, un misterio que comenzaba a alimentar la curiosidad de una joven pelirrosa.

Cruzaron una esquina al final del pasillo donde terminaban las camillas y comenzaba la central de enfermería. Sakura observó de reojo cuando Amai se detuvo en el pasillo para tomar dos tazas de café que le ofrecía la mujer regordeta del departamento de epidemiología. Las dudas y la curiosidad le carcomían como una plaga que arrastraba dentro de sus venas y no conocía a otra persona en toda la aldea que pudiera darle aunque sea una pista sobre lo que estaba sucediendo más que su viejo compañero de guerra.

–Amai – llamó su atención mientras este le entregaba la taza a rebosar de aquel líquido café – ¿Puedo preguntarte algo?

–Seguro – dijo Amai ausentemente agradeciéndole a la mujer con una reverencia que Sakura imitó antes de seguir su camino –. Dime ¿Que necesitas?

La pelirrosa jugó con los bordes de su taza antes de aventurarse a averiguar:

–¿Me preguntaba si sabes algo sobre la investigación que están llevando allá afuera?

–¿De qué hablas? – preguntó Amai vacilando con torpeza, manteniendo su atención en el pasillo sin ventanas por donde caminaban.

–¿Cómo va el trabajo de investigación con los rastreadores de la Nube?

–Creo que bien – respondió escuetamente dándole un sorbo a su bebida.

Sakura no se sintió complacida con la respuesta. Algo estaba sucediendo.

–¿Han podido encontrar al culpable de la peste? – insistió.

–No lo sé – dijo Amai encogiéndose de hombros.

–¿Estas evadiendo la pregunta? – formó una mueca de disgusto con sus labios –. Dime la verdad, Amai.

El muchacho se vio derrotado cuando descendió los hombros con fuerza.

–Lo lamento, Sakura – se detuvo en medio del pasillo y le regresó una mirada de soslayo –, pero no puedo hablar de eso.

Por algún motivo no le sorprendió esa respuesta, es más, la estaba esperando.

–¿Qué sucede? – exigió en voz baja sin quitarle la mirada de encima.

Amai dudó un par de segundos. Miró a ambos lados del pasillo aparentando desasosiego cuando un grupo pequeño de personas que pasaban por allí se perdían en el puesto de enfermería que habían dejado atrás. Aguardo un instante y regresó la vista a Sakura una vez estuvieron solos. La pelirrosa tuvo que controlar el impulso de dar un saltito de impresión cuando los ojos de Amai encontraron los suyos. No había notado hasta ahora que tenía un par de esferas teñidas en un profundo color negro azabache… un negro abismal igual a los de Sasuke.

–No lo tomes a mal – se adelantó a decir en un intento por amortiguar sus siguientes palabras e hizo un último escaneo al pasillo bajando el tono de voz hasta transformarlo en un murmullo –, pero los de inteligencia no te tienen mucha confianza y me pidieron que bajo ninguna circunstancia te suministrara información sobre el estatus de su investigación.

–¿Por qué? – farfulló luego de recuperarse del sobresalto que los ojos de Amai hicieron en ella – ¿Lo dicen porque Sasuke es mi compañero de viaje? ¿Sospechan de él?

–Siempre sospecharan de él, Sakura – recalcó con tristeza.

Frunció el entrecejo al punto en que sus cejas estuvieron a punto de juntarse para formar una perfecta línea rosada.

–Él ha cambiado, es una mejor persona.

–Y te creo, de verdad que sí – intervino Amai para dejarle entender que estaba de su lado –. Pero ningún shinobi de la Nube aprecia a Sasuke. Todos seguirán recordándolo como un traidor y un vengador. Es una suerte que llegaran a una aldea alejada de Kumogakure, de lo contrario lo encarcelarían en un calabozo solo por diversión morbosa. Y por si eso fuera poco lo someterían a algo que ellos les gusta llamar justicia "igualitaria".

Sakura abrió los labios con indignación una vez hubo llegado a la conclusión de lo que aquella frase significaba.

–Eso es una barbaridad – expuso entre dientes –. Sasuke perdió un brazo también ¿Qué mayor igualdad que esa?

Amai se encogió de hombros.

–Si hubiese sido a manos del Raikage la cosa sería distinta.

–¡Vaya justicia!

–Tienes que comprender que la gran mayoría de Kumogakure son personas resentidas, y más si alguien ha maltratado a uno de los suyos.

–Sigue siendo una total y completa locura – recalcó Sakura encolerizada.

Amai arqueó una ceja.

–¿Estas molesta?

Sakura se cruzó de brazos evitando mostrar una mueca que afirmara la pregunta de Amai.

–Solo me gustaría hacerles ver a los de Kumogakure que Sasuke es una mejor persona de lo que ellos piensan – su voz disminuyó en intensidad conforme la frase llegaba a su fin. Era impresionante como a estas alturas seguía defendiéndolo a toda costa, incluso después de lo que él le había hecho en las últimas semanas.

–No puedes cambiar la manera de pensar de todos, Sakura.

Regresó de nuevo la vista a su taza de café que había perdido parte de su calidez.

–Tienes razón – inquirió derrotada, con una sonrisa triste entre los labios y la mirada perdida en las ondas del líquido espumoso entre sus manos –. No tengo el poder de convencimiento de Naruto. Nadie creería en mis palabras.

–Yo sí lo hago – murmuró Amai regresándole la mirada otra vez.

Sakura parpadeo anonadada hacía él.

–Gracias – le respondió en un murmullo casi imperceptible.

Amai dejó ver su perfecta dentadura en una amplia sonrisa, forzando a Sakura a admirarle con detalle y fue de esa manera que pudo notar las diferencias.

El iris de Amai era sin lugar a dudas una perfecta esfera oscura sobre un fondo blanco perlado que emanaba calidez y amabilidad entre cada parpadeo. La mirada de Sasuke era distinta. Cuando sus Dōjutsu estaban ausentes el color de sus ojos mostraba un denso azabache que eclipsaba toda la pupila otorgándole un aura sombría, misteriosa, enigmática. Cada vez que Sakura se topaba con esos ojos su corazón latía con fuerza, como si en cualquier momento pudiera saltar de su pecho. Sus piernas temblaban y un hormigueo recorría su columna hasta acabar en la base de su cabeza haciéndola perder la cordura. No existía otra mirada que la alterara de esa manera más que los ojos de Sasuke.

–Sabes – continúo Amai rascándose la nuca con un deje de nerviosismo luego de un silencio que se había vuelto incomodo –, mañana es el Festival de primavera. Todos están muy emocionados y más ahora que conseguimos curar la peste.

–Oh, lo había olvidado – dijo Sakura bajando de la nube en la que se había montado inconscientemente.

–N-no es gran cosa – tartamudeo el joven mirando con nerviosismo a sus pies –. Es simplemente una celebración que hacemos cada 28 de marzo, ya sabes, como el Hanami pero sin los cerezos.

Sakura abrió los ojos impresionada.

–¿Mañana es 28 de marzo?

–Si – sonaba extrañado cuando agregó –: ¿No lo sabias?

–Cuando estás tan enfrascada en tu trabajo se te pasan los días por alto – llevó por primera vez la taza de café a sus labios y dio un pequeño sorbo a su contenido.

–¿Es una fecha importante?

–No realmente – dijo con indiferencia. Saboreó el café que descendía por su garganta antes de preguntar de forma casual –: ¿Iras al festival?

–Bueno – Amai volvió a ponerse nervioso –, primero quería saber si tenías planeado algo que hacer mañana en la noche.

–Pensaba quedarme un tiempo más. Quiero ayudarlos en lo que pueda antes de partir – señaló al pasillo que habían dejado atrás –. Si quieres puedes tomarte el día libre, no tengo problema en cubrir tu turno.

–En realidad tenía otra idea en mente – ahora su rostro estaba incendiado en un color rojo brillante.

–¿De qué habas?

–Veras... – dejó sobre una mesa de madera, cerca de donde estaban, la taza de café que tentaba con caerse en cualquier momento de sus dedos tembloroso –, me preguntaba si… me preguntaba si querías ir al Festival de Primavera… mañana… conmigo.

Sakura quedo con los labios entreabiertos, pestañeando más de la cuenta.

–A-Amai… – fue lo único coherente que pudo responder.

–No lo tomes como una cita si no quieres – se apresuró a corregirse él mismo volviendo a colocar la mano tras la nuca y desviando la mirada al suelo.

–Eres muy dulce Amai… – susurro Sakura preparada para negar la invitación de manera cordial pero se detuvo a media frase.

¿Por qué no hacerlo? ¿Qué le impedía divertirse un poco? Llevaba de misión por casi cuatro meses sin descaso, una noche que pasara fuera de servicio no alteraría el transcurso de su viaje y si tenía algo de suerte podría despejar un poco la mente. No perdía nada con intentarlo.

–Entenderé si no quieres ir – le tranquilizó Amai ocultando su desilusión.

–Me encantaría a ir contigo al Festival – respondió en una tímida sonrisa.

El joven medic-nin abrió los ojos entornándolos a los de Sakura.

–¿De verdad?

–Claro, será divertido.

–Vaya, eso es excelente – el muchacho no sabía cómo manejar tanta felicidad más que hacer movimientos incoherentes con su mano en busca de la taza de café –. Te veré mañana al anochecer en la fuente ¿te parece? – Sakura asintió con un deje de duda que oculto en una sonrisa –. Nos vemos mañana.

Ella hizo una pequeña reverencia.

–Nos vemos mañana.

Aun cuando Amai desapareció por la puerta de la central de enfermería la sensación de culpa no se disipó del pecho de Sakura. Era un sentimiento extraño, como si estuviera traicionando a alguien por el simple hecho de tomar una decisión tan trivial como aquella. Tal vez ir al festival no era una buena idea después de todo.

Era medio día cuando salió hacia la calle principal con la intención de relajarse y recordar cómo se veía el sol. No se había dado cuenta hasta ahora que llevaba recluida dentro del edificio por más de tres días. Aun le debía a Masashi-dono una visita a la granja para preparar unos deliciosos dangos, aunque la estaba prolongando a propósito, no se encontraba de ánimos para hablar de nuevo con Sasuke, y temía que si se volviera a topar con él terminaría por lanzarle el repertorio de insultos que la última vez se había reservado.

Alzó los brazos sobre la cabeza y dejo que los rayos del sol la rociaran con su sutil calidez. Era un lindo día como para no detenerse un momento a admirar las suaves nubes danzando en un cielo azul celeste. Las personas que caminaban por la calle lucían renovadas, vigorizantes. En la boca de todos estaba el tema del dichoso festival del día de mañana, los reparativos, las actividades recreativas, la comida y demás. También parloteaban, en menor proporción – pero con igual grado de importancia –, sobre el rumor de la cura de la peste que poco a poco iba tomando más fuerza. Sin importar el tópico que se desarrollara en las conversaciones de los aldeanos sus resplandecientes sonrisas llegaban a ser una especie de alegría contagiosa que alcanzo al rostro de Sakura.

De alguna extraña manera todo en aquel lugar le recordaba a su aldea natal, Konoha. Su gente vivaz y alegre, los niños correteando por las calles, los cariñosos pacientes que agradecían su esfuerzo con una sonrisa genuina. Eso la llevo a pensar en sus muy queridos amigos ¿Qué sería de la vida de ellos? ¿Cómo estaría Naruto? ¿Qué tan terrible debía ser la vida de la pobre Hinata luego de casarse con el ninja más torpe de toda la aldea de la Hoja? ¿E Ino? Supo hace poco que fue ascendida a un puesto importante en la sección de inteligencia de Konoha. También estaba el importantísimo anuncio de Shikamaru que estaba a pocos meses de su boda con Temari ¿Y que había de Tenten? ¿Cómo le iría Lee? ¿Estarán todos bien? Nunca había durado tanto tiempo sin ver a sus viejos compañeros. Antes se los encontraba muy seguido en el Hospital Central luego de revolcarse en una misión suicida que luego recordarían como una anécdota súper divertida.

Todo el aire que había llevado hasta sus pulmones lo dejo escapar de golpe permitiéndole a uno de sus flequillos rosados revoloteara sobre su frente. Vaya que la nostalgia la estaba atacando con gran ahínco esos últimos días. Eso de andar melancólica y decaída se estaba tornando en una costumbre que preferiría evitar, después de todo era un día demasiado hermoso como para andar cabizbaja. Sus amigos seguramente darían lo mejor de sí mismos si estuvieran en su lugar.

Hizo un asentimiento con la cabeza y colocó los brazos en jarra aprobando su propia moción mental.

Siempre positiva, Sakura – se dijo en sus pensamientos –. Este es un gran día y nada podrá arruinar tus ánimos. Shanaro.

Y como si el destino quisiera ponerla a prueba, una voz chirriante cerca de un puesto de fruta exclamó su nombre con gran entusiasmo.

–¡Sakura-san!

La aludida coloco una mano en forma de visera sobre sus ojos para protegerlos del sol y los entrecerró para enfocar una pequeña mota rosada que corría hasta donde estaba.

–¡Akane! – formó una genuina sonrisa de oreja a oreja una vez la reconoció. Llevaba mucho tiempo sin ver a esa pequeña traviesa de cabellos rizados y aunque era poco tiempo el que llevaba conociéndola, le había agarrado un cariño tremendo.

Akane se adelantó dejando a dos personas que la acompañaban unos pasos más atrás. Una de ellas era una mujer de mediana edad, con un vestido largo que se tensaba en un gran bulto a nivel del abdomen. Debía tener un embarazo bastante avanzado considerando el tamaño de su vientre, puede que esté pasando por el último trimestre aproximadamente. Su aspecto físico era muy similar al de la niña. Enormes ojos de un alegre color verde manzana, nariz pequeña y redondeada, una frente bastante amplia y cientos de tirabuzones que caían sobre sus hombros en una marea castaña, aunque, a diferencia de Akane, los de la mujer dejaban ver ciertos destellos rojizos. Sin pensarlo mucho Sakura llego a la conclusión de que se trataba de la madre de la pequeña niña. Ambas tenían esa aura bondadosa que las envolvía bajo esos densos bucles castaños.

El otro acompañante que flaqueaba por el lado derecho de la pequeña Akane era, por el contrario, alguien que se alejaba de todo concepto de gentileza o amabilidad del cual pudiera calificarse.

–¡Mira, Sakura-san! ¡Me encontré a Sasuke-sama de camino! – señaló la infante jalando a Sasuke por la manga de la camisa hasta posicionarlo justo a su lado.

Sakura ocultó por todos los medios una expresión de molestia, asombro o desconcierto ¿Lo había invocado con el pensamiento? Si ese era el caso, debería dejar de pensar en Sasuke con tanta frecuencia o dejar de retar al destino al decir que "Nada podría arruinar sus ánimos", así se evitaría encuentros tan desafortunados como aquel.

Levantó la mano y la movió en señal de saludo hacía el pelinegro.

–Hola – Sakura se mordió la lengua casi al instante. Un torpe y ridículo saludo, eso fue lo único que su grandiosa mente pudo maquinarse para recibir al pelinegro. Brillante.

Sasuke no le quedó más remedio que asentir ante el saludo de Sakura con un mínimo movimiento de su cabeza seguido de un profundo parpadeo. Por lo visto él estaba compartiendo, en una clase de rara empatía, la misma incomodidad que ella reflejaba. Mirada distante, hombros cuadrados, cuello tenso, incluso esas micro expresiones en su rostro que Sakura captó casi al instante le dejaba en entender que Sasuke no quería estar allí. Lo más probable es que había sido arrastrado en contra de su voluntad por una muy persuasiva niña de seis años.

–¡Vaya! – intervino la mamá de Akane acercándose a Sakura, rompiendo por completo la tensión que se había establecido entre los dos ninjas de Konoha – ¿Usted es de la que todos hablan?

–¿Disculpe? – dijo Sakura sin comprender.

–Sí, ella es de quien te conté. La que me salvo en la cascada junto a Sasuke-sama – le explicó Akane y se volvió a la pelirrosa para presentarla –. Ella es mi mamá, Sakura-san.

–Estoy eternamente agradecida con ustedes – hizo una reverencia hasta donde su embarazo se lo permitía –. No solo salvaron a mi hija sino también a la gente del pueblo.

–No hay nada que agradecer – expuso Sakura moviendo las manos en negación.

–Tonterías. Le debemos mucho. No basto con todo lo que hicieron sino que también limpiaron el nombre de mi padre.

–Estamos felices de ayudar.

–¿Les importaría almorzar con nosotros? – señaló con la mirada a ambos ninjas –. Seria todo un honor tenerlos en nuestra mesa.

Sakura dudó por lo que fueron casi medio minuto en los que su mirada se volvió a topar con la de su compañero de viaje. Sus penetrantes ojos negros llegaron a los de ella con una intensidad indescriptible que hizo efecto en su corazón, desbocándolo en una sesión de latidos desenfrenados. Los ojos de Amai no lograrían jamás conseguir el mismo efecto y poder que Sasuke trasmitía con solo un parpadeo.

Fue la descarga eléctrica que atravesó su columna la que obligó a Sakura a desviar la mirada a la mujer que aguardaba su respuesta. Forzó una pequeña sonrisa en sus labios cuando volvió a alzar la voz:

–Nos encantaría – mintió Sakura y sin más preámbulo se pusieron en marcha.

La comitiva de camino a la casa de Akane fue inconscientemente organizada de manera que Sakura no se encontrara en la tediosa necesidad de hablar con Sasuke, cosa que agradeció en silencio. Él se encontraba sumergido en una profunda disputa sobre "ponis e invocaciones" que Akane lideraba con gran entusiasmo. De lo poco que Sakura pudo oír, logró concluir que era más un monologo que una conversación, y esa inverosímil plática se remontaba a alguna antigua discusión que ambos ya habían sostenido pero que la pequeña seguía insistiendo con gran devoción.

La madre de Akane fue en esta ocasión la compañera de la pelirrosa. Ambas lideraban el camino mientras charlaban amenamente.

–¿Lleva mucho tiempo de viaje, Sakura-chan? – quiso saber la mujer a su lado.

–Cuatro meses – redondeo la pelirrosa.

–Eso es mucho tiempo ¿No extraña su aldea?

Esa pregunta era un golpe bajo. Ya podía ver las intenciones que el destino se había forjado con tal de hacerla dudar sobre el "mantenimiento de sus ánimos", pero se las arregló para no reflejar la tristeza en su rostro y demostrar serenidad en sus siguientes palabras.

–Un poco, a decir verdad.

–No debe de sentirse tan sola – dijo la mujer dando una ojeada por encima del hombro hacía Sasuke que caminaban galantemente tras ellas –. Ha estado muy bien acompañada.

Sakura imitó el movimiento de la mujer y regresó instantáneamente la mirada al frente con el rubor sucumbiendo sobre la piel de su rostro cuando Sasuke la avisto en su radar.

–Hacen una linda pareja – continuo la mujer pícaramente al leer la reacción de Sakura una vez se hubo topado con los ojos del Uchiha.

Terminó por ruborizarse hasta las orejas ¿Por qué todo el mundo saltaba a la conclusión de que Sasuke y ella estaban juntos? ¿Y porque descabellado motivo seguía colocándose nerviosa cada vez que se lo recordaban?

–N-no somos pareja – balbuceo Sakura. Había aclarado ese punto tantas veces que para ese entonces ya había perdido cierta veracidad.

La mujer dejó escapar una risa irónica.

–Está bien. Vamos a creerte.

Sakura abrió los labios para refutar pero se contuvo. No tenía buenas bases para llevarle la contraria a la mujer sobre sus afecto para con Sasuke, y algo en ella le decía que perdería esa conversación en el hipotético caso de que se hubiera llevado a cabo.

Llegaron por fin a una casa modesta a mitad de la calle. Era un recinto pequeño pero cómodo. El techo no era lo suficientemente alto para el metro ochenta de Sasuke por lo que tenía que agachar un poco la cabeza cuando pasaba por los marcos de las puertas y esquivaba los candelabros con cierta dificultad. Sakura se mordió la lengua cuando el Uchiha casi colisiona con el arco de madera que separaba un pasillo del comedor, pero sus risas ahogadas fueron percibidas por el pelinegro que respondió con un entrecejo fruncido que disipo la felicidad en los labios de Sakura.

–Tiene una linda casa – se adelantó a acotar la pelirrosa desviando su atención de la recelosa mirada de Sasuke.

–Muchas gracias, la compramos a principios de este año – señaló la mujer.

–Antes vivían en el país de la Cascada ¿cierto?

–Sí, mi padre, Masashi, es un ninja de la Cascada, pero luego de que Shinsei apareciera y destruyera medio país decidió que todos teníamos que mudarnos por el bien de los niños. La granja donde está viviendo ahora es un viejo terreno que compró hace muchísimo tiempo. Está muy descuidada porque solo venía al país del Trueno cada primavera a revisar la siembra y el ganado. Hace un mes despidió al poco personal de la granja y se instaló allá. Yo no puedo vivir en la colina por ahora – acarició su vientre con el cariño propio de una madre –, es por eso que compramos esta pequeña casa hasta que nazcan los niños.

–¿Son gemelos? – saltó Sakura emocionada.

–Si, son dos fuertes y muy vivarachos bebes.

Hizo ademan de querer tocar el vientre de la mujer pero se detuvo un instante para pedir su permiso.

–¿Puedo?

–Claro – le invitó.

Sakura acaricio el bulto con la misma delicadeza que la mujer había hecho segundos atrás. Percibió el movimiento de uno de los pequeñuelos casi al instante. Sonrió dulce y espontáneamente antes de retirar la mano y regresar la atención de nuevo a la futura madre.

–Son dos bebes muy sanos. Felicidades.

–Gracias, Sakura-chan.

–¡Mami! – centelló la voz de Akane asomando su cabeza por el marco de la cocina permitiendo que sus rulos hicieran un divertido movimiento tipo resorte – ¡la comida está lista!

–Oh, que descuido. Deben estar hambrientos – movió su mano incitándolos a que se sentaran en la mesa del comedor –. Vengan, por aquí.

El almuerzo fue agradable. La pequeña y revoltosa Akane se encargaba de entablar temas de conversación que rayaban en lo absurdo pero que a la final terminaba por divertir a todos en la mesa. Aquello fue un método infalible para que Sakura se alejara de cualquier contacto con Sasuke que, como era de esperarse, permaneció como una gárgola durante toda la comida. Ese pequeño detalle no paso por alto por la mamá de Akane y como buena madre preguntona insistió en sonsacarle algún tipo de conversación sin tener buenos resultados.

–¿Desea un poco más, Sasuke-kun? – preguntó la mujer esperanzadas por hacerle soltar algo distinto a un efímero monosílabo.

–No, gracias – dijo Sasuke respetuosamente.

–Hay más puré de papas.

–No se preocupe.

–¿Y pie de manzana?

Sasuke negó con la cabeza y la mujer se rindió en un sonoro resoplido.

–Me recuerda mucho a mi padre, Sasuke-kun – reconoció en una mueca mientras negaba con la cabeza –. Ustedes dos tienen un aire tan similar que asusta.

Sakura y Akane se rieron por lo bajo incrementando la incomodidad de Sasuke.

–Sin embargo, ambos comparten esa necesidad imperiosa de preocuparse por los demás más que por ustedes mismos – prosiguió la mujer inclinándose sobre la mesa en dirección al Uchiha mostrando un rostro afable –. Permítame agradecerle de nuevo por salvar a mi pequeña Akane, Sasuke-kun. Fue muy valiente.

–No fue nada – respondió Sasuke cerrando los ojos y cruzándose de brazos. Si antes se sentía incómodo ahora estaba al borde de la vergüenza.

–Es usted muy modesto.

Sakura se preguntó cómo se debería ver Sasuke apenado, sería un espectáculo digno de ser presenciado, pero la mamá de Akane no le permitió indagar mucho en sus locos pensamientos pues ahora se dirigía hacia ella con la misma mirada que le había devuelto al Uchiha.

–También le doy las gracias, Sakura-san. Mi familia estará eternamente agradecida con ustedes dos.

–Ya no nos perseguirán ni nos miraran feo por las calles gracias a ustedes ¿verdad, mami? – razonó la pequeña Akane.

–Tienes razón – puntualizó la mujer irguiéndose con dificultad –. Todos en la aldea han pedido disculpas por quemar el sembradío y los ataques contra Akane, incluso han tenido un lindo detalle con mi padre. Le darán un puesto de honor durante el Festival de Primavera de mañana.

–Eso es maravilloso – aplaudió Sakura con verdadero entusiasmo.

–Me imagino que ustedes también asistirán al festival ¿no es así, Sakura-chan?

Sakura bajó la mirada y jugó con el borde del mantel que sobresalía de su lado de la mesa.

–A decir verdad – balbuceo en un murmullo, apenada – estaba planeando en ir.

Sasuke frente a ella arqueo una ceja. No vio venir esa pequeña declaración por su parte.

–¿De verdad? – dijo la mujer esbozando una sonrisa – ¿Y usted, Sasuke-sama? ¿Le gustaría ir?

–No realmente – admitió Sasuke sin quitar la mirada de Sakura.

La pelirrosa quiso evadir los ojos del Uchiha pero siempre existía esa sensación que la atraía de nuevo al par de esferas azabaches como si fueran una especie de imán. Sakura tragó saliva cuando se encontró con el rostro furibundo de Sasuke ¿Era recelo lo que habitaba en sus ojos?

–Oh vamos, Sasuke-sama. Puede ir conmigo ¿le parece? – le animó Akane formulando su mejor opción de manera que sonara irresistible –. Seremos una linda pareja.

–Anímese, Sasuke-kun. Será divertido – alentó la mujer.

Sasuke mantuvo su atención en Sakura – que para ese entonces era un manojo de nervios – hasta que volvió a cerrar los ojos con fuerza y dejo salir un sonoro resoplido.

–Eso es un "sí" en idioma Uchiha – tradujo Sakura antes de que Sasuke dimitiera la petición con una escuetas palabras por su parte.

–¡Perfecto! – saltó la mujer colocándose en pie –. Vengan, necesitaran un lindo kimono y una despampanante yukata.

Cuando escucharon la última palabra algo en Sakura se removió con gran incomodidad, incomodidad que Sasuke de alguna forma también compartió, trayendo consigo el recuerdo de una fiesta poco memorable para ambos.

–No debe preocuparse – le detuvo Sakura con la intención de evitar disgregarse en desagradables memorias.

–¡Claro que debo! Y no te sientas culpable. Como ves, me es imposible lucir una yukata con dos personas brincando en mi vientre.

Sin esperar una afirmación u otro rechazo cortes, la mujer les indicó el camino hacia una puerta al final de un estrecho pasillo dejándoles sin más remedio que seguir sus pisadas sobre el suelo de tatami. Sasuke volvió a agacharse un poco cuando atravesó el marco de la puerta luego de que Sakura y Akane pasaran por delante de él.

Entraron a una habitación de mediano tamaño, sin ventanas, con un escritorio, varios portarretratos dispersos en las paredes y un gran armario donde la mujer rebuscaba como si se le fuera la vida en ello. De verdad que estaba muy entusiasmada sobre el asunto del vestuario, tanto que no reparo en el desastre de ropa que dejaba tirado en el piso conforme seguía escarbando entre abrigos y vestidos.

–¡Acá están! – sentenció la mujer sacando al menos tres yukatas que Sakura tomó rápidamente para evitarle cargar con tanto peso –. No tengo muchas pero puedes elegir entre estos trajes, somos casi de la misma talla.

–Muchas gracias – susurró avergonzada la pelirrosa.

–Para nuestro apuesto Sasuke-kun debo tener un kimono de mi esposo escondido por alguna parte.

–¿Su esposo no lo necesitara? – preguntó Sakura sin detenerse a pensar que la pregunta podría llegar a ser demasiado personal.

La mujer ralentizó sus movimientos hasta detener su búsqueda en el armario. Regresó su atención a Sakura mostrándole un rostro empañado en la tristeza. Akane que estaba cerca de la puerta también bajó la mirada mientras retorcía el borde de su camisa rosada.

–Mi querido Jinn murió hace unos meses atrás – se alejó del armario reposando de nuevo sus manos sobre la superficie de su vientre –. No sabía que estaba embarazada en aquel entonces.

Sakura llevó instintivamente una mano a su pecho resistiendo el dolor que transmitieron las palabras de la mujer.

–Como lo lamento… no lo sabía…

–No te angusties, Sakura-chan. Mi esposo siempre fue un hombre feliz y muy optimista, nos duele aun su perdida pero intentamos recordarlo con una sonrisa – señaló un portarretrato que se exponía en la pared –. Esta es una fotografía de Akane en su primer día en la academia. Fue nuestra última foto en familia.

Sakura se acercó para examinar más de cerca la imagen. En ella se plasmaba una pequeña familia. Akane usaba el simple vestido rojo que llevaba consigo cuando la salvaron de la cascada, aunque en la foto estaba limpio y sin remandar. De un lado posaba su madre, que en ese momento tenía el abdomen perfectamente plano pero con la misma carismática sonrisa de siempre. Y del otro lado…

–Fue poco antes de partir a su última misión contra Akaoshi – terminó de explicar la mujer acariciando el borde del marco –. Murió en batalla.

Las pupilas de Sakura se dilataron con el miedo plasmado en su rostro una vez sus ojos se toparon con los del hombre que posaba en aquella imagen. Las piernas comenzaron a temblar al compás de su respiración entrecortada y no pudo contener la necesidad de llevar una mano hacia sus labios para cubrir la expresión de terror.

–¿Sucede algo, Sakura-chan? – preguntó la mujer a su lado.

–Lo lamento mucho – interpeló Sakura con la voz quebrada y la mirada ausente –, pero debemos irnos.

–¿Tan rápido? – inquirió desilusionada.

Sakura dejó sobre el escritorio las yukatas e hizo una profunda reverencia para ocultar con los mechones de su cabello las lágrimas que tentaban con desbordarse.

–Debo atender unos asuntos sobre la vacuna – mintió en un chillido casi imperceptible. Debía escapar, debía salir de allí cuanto antes –. Discúlpeme.

Trastabillo un par de veces cuando zigzagueo entre los pasillos de la casa. Evitó a toda costa correr dentro de la vivienda pero una vez estuvo en el jardín de la entrada salió disparada chocando con cualquiera que se interpusiera en su camino.

Las lágrimas terminaron por abordar sus parpados desparramándose sobre sus mejillas como cascadas de agua salada. Mientras corría su respiración entrecortada se mezclaba con los sollozos. Un terrible dolor en el pecho, ahí entre las costillas donde debía estar su corazón destrozado, incrementó de una manera exorbitante conforme las imágenes comenzaban a aglomerarse en su cabeza. Era una sensación asfixiante como si una vieja herida volviera a abrirse solo que esta vez llegaba con la intensidad de mil lanzas.

Todos sus sentidos se apagaron. No escuchaba los sonidos de la gente en las calles que se disipaban conforme abandonaba el centro de la ciudad. El viento primaveral que cortaba sus mejillas secaba las lágrimas que eran remplazadas casi al instante. Su visión nublosa era de poca ayuda en ese momento, solo podía confiar en que sus piernas la condujeran a un lugar apartado, lo suficientemente lejos para ahogarse en sus penas.

El camino de baldosas que adornaba las calles de la aldea fue suplantado por el verdoso pasto que bordeaba los prados donde el rio sinuoso surcaba sus laderas como una ruidosa serpiente. Aunque estaba lo suficientemente lejos de la casa de Akane, continúo su huida por lo al menos cinco minutos más, hasta que sus devastados pulmones le pidieron a gritos que parara en busca de aire. Abrió los ojos y parpadeo un par de veces para poder enfocar el lugar al que había llegado.

Se había acercado al rio más de lo que había calculado, y por lo visto había recorrido un trayecto largo, tanto que el puente de madera por donde habían llegado hace casi una semana se alzaba a lo lejos. Árboles frondosos la rodeaban bajo largas ramas que hacían filtrar la luz de sol como gotas de roció. Un joven roble se erguía majestuosamente a su izquierda y fue el tronco de aquel pequeño árbol el que sirvió como bálsamo para las lágrimas de Sakura. Dejó que su cuerpo reposara sobre la corteza. Llevó una mano a los labios para comprimir el siguiente sollozo que escapaba de su boca. Fue hasta entonces que sus piernas comenzaron a flaquear otra vez. Sentía como latía los vasos de sus miembros con demasiada fuerza. Los sonidos regresaron. El llanto de la cascada se confundía con los suyo y el tenue frio de la tarde avivó el rubor en sus mejillas.

Un eco de pisadas ligeras llegó con los movimientos del rio frente a ella. El recién llegado debía estar al menos de diez metros de distancia del roble que soportaba su peso, no lo suficientemente lejos para no verla pero lo justo para escucharla gimotear.

–Lo conocí – hipó Sakura sin darse la vuelta para enfrentarlo. Sus palabras sonaban apagadas y húmedas. Quería ocultar su voz quebradiza, pero ya era demasiado tarde para disimular su llanto de Sasuke –. Conocí a ese hombre – la mano que cubría sus labios ahora aprisionaba su pecho mientras que la otra abrazaba su abdomen en un intento por amortiguar el dolor que le causaba el recuerdo –. Y-yo… y-yo lo vi morir entre mis brazos.

–¿Qué sucede, Sakura? – murmuró Sasuke cauteloso.

–Fue mi culpa – dijo sin poner demasiada atención a la preguntaba que había hecho el pelinegro –. Todo esto fue mi culpa.

La imagen de una zona invadida por la muerte. Cadáveres esparcidos en un campo de batalla. Un agujero en la tierra donde un hombre agonizando recordaba a su familia con su último aliento de vida. "M-me recuerdas a e-ella" le había dicho minutos antes de morir. Tal vez era por los ojos de Akane, tal vez por los ojos de su esposa que eran igual de verdes que los de Sakura. Sus gemelos posiblemente tendrían el mismo color jade de su madre, unos niños que nunca conocerán a su padre por culpa de su completa incompetencia… Todo por su culpa…

–Sakura – volvió a llamarle Sasuke. De alguna forma, con su perfecto intelecto Uchiha, terminó de atar los cabos sueltos, pues lo siguiente que dijo fue con un tono que casi podría considerarse consolador –. Akaoshi fue el culpable de su muerte, no tú.

–Te equivocas – tartamudeo la pelirrosa. Levantó la quijada y se apartó lentamente del tronco donde se estaba apoyando –. Si hubiera actuado de la manera correcta, si hubiera escaneado el perímetro, si me hubiera percatado de su existencia él estaría vivo. Podía salvarlo, sé que podía… solo sí… solo sí…

–No puedes cambiar el pasado.

–Pero si cambie el presente y el futuro de esos niños – dejó escapar otro sollozo y ocultó su rostro entre sus manos temblorosas –. No conocerán a su padre. Él no los vera crecer. Todo esto es mi culpa, Sasuke… es mi culpa.

Sasuke dio un paso hacia delante para acortar la distancia.

–Sakura, detente.

–E-es mi culpa – repitió la pelirrosa haciendo oídos sordos a sus palabras –. Es m-mi culpa.

–Akaoshi lo mató – insistió Sasuke manteniendo el mismo tono de voz.

–Él no lo hizo… fui yo…

–Sakura…

–¡FUI YO!

Su grito fue precedido de un fuerte golpe en el centro del tronco del roble a su lado. Pedazos de corteza volaron por los aires y donde descansaba el puño sangrante de Sakura estaba un agujero que dobló el árbol por la mitad. Si no fuera por las fuertes raíces que se entretejían bajo sus pies y la inestabilidad del chakra de la pelirrosa en ese momento, lo que antes habría sido un joven roble, se convertiría en escombros de lo que pudo ser un majestuoso árbol.

Jadeaba con fuerza. El dolor en sus nudillos le tensó el brazo que permanecía aún extendido y sangrando. No le importó. Prefería cientos de veces aquella sensación displasentera que el desastre que se arremolinaba en su pecho. Puede que si siguiera arremetiendo contra el roble conseguiría opacar la opresión entre sus costillas, solo debía seguir insistiendo hasta quedar sin aliento y disipar el tormento que cargaba sobre sus hombros. Pero antes de poner su plan en acción dos manos le sostuvieron por los antebrazos y la alejaron de su inocente víctima obligando a girar hacia él.

–No lograras nada destruyendo ese árbol – le recriminó el Uchiha forzándola a que le mirara directamente a los ojos.

–¡Déjame! – pidió en un chillido intentando zafarse de él moviéndose de un lado para otro.

–Cálmate, Sakura…

–¡No! Todo fue mi culpa – se removió con mayor ahínco con las lágrimas empañando su visión.

Sasuke, consciente de la fuerza sobrehumana de Sakura, hizo acopio de su sagaz agilidad y la atrapo entre sus brazos en un intento de abrazo que impedía de esa manera cualquier posibilidad de escape por parte de ella. Sakura insistió en su forcejeo por unos segundos, pero la falta de aire que entraba entrecortadamente a sus pulmones, el llanto que nublaba su juicio y la desesperación que colapsaba todo su ser la forzó a dejar de removerse desenfrenadamente entre los brazos de Sasuke que rodeaba su cuerpo. Su frente perlada por el sudor de la carrera estaba adherida al pecho del pelinegro. Volvió a percibir el aroma a hierbabuena característico de él. Los latidos de su corazón eran rítmicos, fuertes, nada comparado al descontrol que se vivía dentro de su pecho. Sin embargo, la cercanía de Sasuke, sus brazos protectores, cada partícula que su cuerpo transmitía era una sensación de tranquilidad y paz, pero, de alguna manera, Sakura no podía tolerar ese consuelo, no se lo merecía… y mucho menos si venia de él…

–Déjame ir, Sasuke – balbuceo aún con la frente hundida en el tórax de él.

–No lo hare hasta que te calmes – sentenció el Uchiha decidió a apaciguar el episodio de crisis que aun yacía latente en el cuerpo de Sakura.

–Suéltame.

–Basta, Sakura.

–¡Suéltame!

Buscó fuerzas de donde no tenía y empujó a Sasuke hasta alejarse de él, golpeando su pecho con las palmas extendidas. Dio un par de pasos torpes hacia atrás y levantó la mirada hacía el pelinegro, pero esta vez sus ojos no denotaban tristeza sino confusión y prejuicio.

–¿Qué estás haciendo aquí? – le espetó Sakura levantando la quijada.

El pelinegro apretó los puños con fuerza.

–Debes descansar – dijo secamente –, no has dormido lo suficiente. El insomnio debió empeorar estos últimos días…

–¿Por qué me seguiste? – interrumpió arrugando aún más el entrecejo. Tenía demasiados sentimientos encontrados y sabía que se estaba dejando llevar por el cataclismo de emociones que yacía dentro de ella pero aun así, insistió –. ¿Por qué me seguiste, Sasuke?

–La razón por la que estoy aquí no tiene importancia.

–¡Claro que importa! – sentenció alterada.

Sasuke frunció el ceño con fuerza.

–¿Qué ganas con todo esto, Sakura?

–¡Quiero descubrir quién demonios eres! – razonó al borde de la desesperación –. Siento que ya no te conozco, eres una persona totalmente distinta al Sasuke que alguna vez conocí – reprimió la siguiente oleada de llanto con una inspiración profunda, levantando la quijada demostrando determinación –. Pensé que estos tres años te habían cambiado, que volvías a ser el orgulloso niño del que me enamore.

A Sakura no le importó decir aquella última frase, de todas maneras estaba hablando en tiempo pasado, sin embargo algún efecto tuvo que tener en Sasuke porque, sin previo aviso, desvió la mirada por una pequeña fracción de segundos.

–Estas diciendo tonterías.

–¡Hablo con la verdad! – gritó sobre el ruido del rio –. Ahora estas aquí, a mi lado, cerciorándote de que no cometa una estupidez, incluso he llegado a pensar que te estabas preocupando por mí como lo hacías cuando éramos niños… pero días atrás insistías en tus planeas por alejarte de mí, has intentado apartarme de tu vida sin importarte lo que pueda pasar conmigo– se detuvo un instante con los labios temblorosos–… incluso me besaste a la fuerza.

–Eso fue un mal entendido – dijo con demasiada rapidez.

Sakura entrecerró los ojos.

–¿Esa es la forma en que te zafas de los problemas? ¿Con excusas baratas?

–Nunca quise forzarte a hacerlo – prosiguió Sasuke.

–¡Pero lo hiciste!

–No tuve otra opción.

–¡Siempre tendrás más opciones! – respiró entrecortadamente en un intento por calmarse – ¿Qué tan difícil puede ser compartir con alguien más lo que estás sufriendo? De esa manera evitarías confundirme, Sasuke, porque, en este momento, ya no sé quién eres. En un instante resultas ser un buen amigo que ayuda a quien más lo necesite y de pronto te transformas en el completo idiota que has intentado construir en los últimos meses.

Por un momento el ruido de la cascada mezclado con el rio fueron los únicos sonidos que se interponían entre ellos dos. Sakura endureció sus facciones y sin quitar la mirada de él, preguntó:

–¿Sabes una de las cosas que más me duele? – relajó los hombros y se limpió los rastros de lágrimas que aun quemaban su rostro –. Que ni siquiera te importa por lo que estoy pasando o por lo que tú me has hecho pasar. Tal vez disfrutas engañándome… o tal vez disfrutas el verme llorar.

En un acto reflejó Sasuke dio un paso al frente acortando aún más la distancia entre ambos. Desde allí Sakura podía escuchar la profundidad de las respiraciones del pelinegro. Los músculos de su espalda se contrajeron.

–Deja de inventarte cosas que no son ciertas, Sakura – la severidad que transmitió sus palabras dejaban ver la sinceridad de las mismas, pero Sakura aún seguía creyendo que un matiz de mentiras se filtraba en los ojos de Sasuke, o tal vez eso es lo que quería creer para no volver a salir lastimada.

–¿Entonces porque no confías en mí? – susurró Sakura con el cuello extendido para poder observarle cara a cara.

–Confió en ti.

Su corazón dio un vuelvo cundo le escuchó admitir esa pequeña confesión, pero no se dejó llevar por ese sentimiento, no dejaría que unas sencillas palabras le hicieran cambiar toda la perspectiva que se había hecho de Sasuke.

–Pero no confías lo suficiente como para compartir tus verdaderos pensamientos.

El Uchiha sostuvo la mirada antes de pasar una mano por su cabello suelto. Estaba impacientándose, eran temas de los que no le gustaba indagar.

–¿Cuál es tu afán de alejar a todos de ti? – continuo Sakura agravando el tono de su voz conforme las preguntas se formulan en su boca –. Quiero saber qué te pasa, Sasuke. Quiero ayudar.

–Basta, Sakura.

–¿Por qué no lo intentas?

–Es complicado – le cortó Sasuke.

Y fue así como la paciencia de Sakura se perdió completamente.

–¡Tu eres la única persona que hace parecer lo simple, complicado! – las lágrimas quisieron abordar de nuevo sus parpados pero se obligó a mantener la compostura. Se había prometido una vez nunca llorar por él, y bastantes promesas habían roto junto a Sasuke como para llevar otra acuestas – ¡Deja de ser tan orgulloso y pedante por una vez en tu vida! ¡Se supone que este es tu ridículo camino de redención, un camino que no ha logrado más que sacar lo peor de ti! ¡Deberías tratar de enmendar los errores de tu presente antes de vivir enfrascado en los pecados de un pasado que te arrastrara hasta llevarte a la locura! – no midió la intensidad de su voz, por lo que volvió a jadear en busca de aire y el silencio sepulcral que interpuso Sasuke no hizo más que hervirle aún más la sangre –¡Por Kami, Sasuke! ¡Di algo!

–¡¿Qué quieres escucharme decir, Sakura?! ¿Eh? – la vena en el cuello del Uchiha latió con fuerza al mismo tiempo que lo hacia todo su cuerpo. Había dado otro paso hacia el frente sin perder la conexión entre las miradas de ambos –. Nunca seré la persona que quieres que sea. Ya te lo dije una vez.

–¿Crees que busco a alguien que no existe? – rememoró Sakura a secas.

–Estás perdiendo tu tiempo si piensas lo contrario. Solo un tonto guardaría esperanzas.

–Entonces seré la mayor de las tontas porque aun no comprendo cómo puedo seguir creyendo en ti.

–¡¿Qué demonios debo hacer para que entiendas que no quiero tu estúpida compasión?! – explotó con evidente enfado, gesticulando más de lo que normalmente hacía – ¡No quiero tus esperanzas! ¡No quiero que sigas teniendo fe en una causa perdida!

–¡Deja de creer que eres poca cosa, Sasuke!

–¡¿Por qué sigues insistiendo?! ¡¿Cómo puedes ser tan ridículamente ilusa?! – los puños de sus manos vibraron con fuerza –. Fui un vengador, un desertor – dijo en un tono de voz más bajo –, he intentado matarte con tal de lograr mis objetivos ¿Qué te hace creer que merezco tu perdón?

–¡Tal vez si compartieras un poco las cosas serían distintas, pero tu gran cabezota debe de estar hecha de piedra porque no puedes comprender algo tan sencillo como eso!

–¡¿Esa es tu forma de conseguir lo que quieres?! ¡¿Forzando a las personas a decir lo que deseas escuchar?!

–¡No te estoy forzando a hablar, Sasuke!

–Si ese fuera el caso esta discusión no tiene ningún sentido.

–¡Estas desvariando!

–¡No, no lo estoy! ¡Tu eres una completa niña obstinada que solo quiere hacerme perder la cordura! – escupió Sasuke envuelto en la ira –. No es mi problema que las cosas no estén saliendo según tus jodidos planes. Sé que esto no es lo que esperabas pero es lo que soy. No sé qué fantasía de mierda te habrás creado para pensar que hare las cosas a tu manera solo porque sí, y si te molesta tendrás que seguir lidiando con ello porque no pretendo que continues esperando como una completa tonta a que las cosas cambien solo porque así lo quieres – hizo una pequeña pausa antes de continuar –. Alguien me dijo una vez que las personas nunca cambian, Sakura, pero no le creí… hasta ahora – frunció el ceño con la mirada fija en los jades de la pelirrosa –. Veo que no importa lo que haga o diga para hacerte entrar en razón, siempre seguirás con tu condenada insistencia incluso cuando te intento hacer entender lo contrario – gruñó con fiereza antes de agregar –. Ahora comprendo que siempre seguirás siendo una completa molestia.

El puño de Sakura voló por los aires hasta aterrizar en la quijada del Uchiha en un golpe que hizo vibrar la longitud de su brazo. Fue un movimiento tosco, poco pensado, casi inconsciente. No había utilizado toda su fuerza, solo lo justo para drenar la ira que esas últimas palabras le habían provocado. Por efecto del golpe la mandibula de Sasuke se zarandeó ligeramente hasta que su cabello azabache llegó a cubrir parcialmente su rostro, ahí donde los nudillos sangrantes de Sakura habían descansado sobre la pálida piel del Uchiha.

–Eres un idiota – expresó en una voz monótona y carente de sentimientos.

Jadeó sonoramente cuando se volvió a erguir con extrema cautela. Sasuke pudo fácilmente esquivar su puño. Él era muchísimo más ágil. Con su Sharingan podía ver cosas antes de que sucedieran, pero... por alguna razon... no lo hizo.

Una suave brisa primaveral arrastro consiguió el resto de las lágrimas del rostro de la pelirrosa. Dio un paso hacia atrás antes de darle la espalda a Sasuke sin poder contener la impotencia que seguía atacando su juicio.

–Está bien, Sasuke. Has dejado todo muy claro. Ya puedo ver el tipo de persona en la que te has convertido – sentenció con la mirada perdida en el rio frente a ella. El dolor en su pecho se había transformado, ahora era una sensación de vacío aplastante que logró destruir sus fuerzas, dejando en libertad una silentes lagrimas que llevaban otro significado, otro desconsuelo. Levantó la mirada hacia el cielo carente de nubes –. Haz lo que quieras, no te detendré. Pero lo único que te pedire en este momento es que al menos me dejes sola para poder sufrir en paz.

Aguardo unos instantes con los ojos fijos a lo alto y comenzó a caminar en silencio hacia a la aldea... sin que otras pisadas le sirvieran de compañia.


N/A: ¡Saludos, gente bonita! :D Espero que estén súper bien.

Ustedes son lo máximo, de verdad que sí. Aun cuando la distancia entre las publicaciones es de tantos días, siguen la historia y dejan unos mensajitos súper lindos cada vez que se pasan por acá. Hace unos días llegue cansada de clases y me encontré con sus reviews. Eso fue estimulo suficiente para levantarme los animos y seguir escribiendo, es por eso que les agradezco mucho el tiempo que se toman en leer, de verdad gracias :3

Ahora bien, existen ciertos detalles en este capítulo que debo acotar: el papá de Akane es el hombre que murió en el Capítulo III. En aquel entonces les dije que esa escena era un "Relleno oficial" y luego de pensarlo mucho me decidí en darle un poco más de protagonismo. Así que, a fin de cuentas, el hombre es más oficial que relleno jeje.

Con el próximo capítulo terminamos este flashback. Trabajare duro para que quede presentable. Tengo como referencia el Capitulo XI que por alguna razón a todos les encantó. Espero repetir esa emoción para próximas entregas, it's a promise ;)

Releyendo este capítulo me he dado cuenta que no es taaan despampanante como me lo imaginé y me da mucha pena el haberles hecho esperar dos semanas para leer algo tan recurrente, por eso les pido disculpas :( Estoy agarrando de nuevo el ritmo a la universidad, puede que pronto regularice las publicaciones a una vez por semana. Por ahora la siguiente será el 2 de Febrero.

Me despido entonces dándoles de nuevo las gracias por mantenerse al pendiente de esta historia. Les deseo lo mejor del mundo. Cuídense muchísimo y nos leemos pronto.

Bye Bye :3