Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.

Recuerdos de primavera

XVII

Sasuke Uchiha

Día 117

La única fuente que iluminaba el lugar era la opaca luz de la lámpara que bañaba la superficie del pequeño escritorio de madera. Hace al menos dos horas había desaparecido el astro rey de las inmediaciones del cielo y las estrellas ocuparon su lugar junto a las linternas que alumbraban el corazón de la ciudad a lo lejos, donde el festival de primavera estaba dando comienzo.

Sasuke permaneció un tiempo más admirando el pequeño cumulo de luces que bañaba el cielo nocturno. Tenía las manos en los bolsillos del pantalón, el cabello suelto sobre sus hombros y la mirada ausente. Estaba prolongando de manera inconsciente el escribir aquella carta, que más que un reporte de su misión sería una especie de despedida. Si, sonaba dramático y sumamente estúpido, pero el tiempo apremiaba y debía de afrontar de una vez por todas lo inevitable.

Pasó la mirada de la ventana de su habitación provisional hacia el pergamino que se extendía a un lado de la lámpara de aceite. Arrastró los pies descalzos sobre el suelo de tatami hasta sentarse con la piernas cruzadas de frente al escritorio que esperaba por él. Tomó una elegante pluma negra, la humedeció en una tinta del mismo color y la desplazó sobre el papel demostrando una caligrafía perfecta y elegante.

Sasuke no era conocido como un hombre de muchas palabras. Prefería explicar la situación de manera concisa y precisa. Nada de saludos de respeto y frases formales. Para él era un gasto innecesario de tiempo, además de una costumbre ridícula.

La gran mayoría de sus cartas estaban redactadas de la manera más práctica posible. Reflejaban el estatus de su misión sin muchos adornos. Existían casos que solo escribía un puñado de palabras como "Sin cambios importantes" u "Objetivo logrado", con eso bastaría para que Kakashi permaneciera al tanto de los avances de su misión actual – aunque la mayoría de las veces se quejaba por la inmensa falta de detalles que estaba acostumbrado a recibir como Hokage–. Es por eso que Sasuke jamás le tomaba demasiado tiempo redactar sobre el papel… hasta ahora.

No comprendía que le estaba pasando. Cada palabra que su mano trazaba en ese preciso instante era casi agónica. Algo en él le decía que estaba haciendo lo correcto, pero otra parte le clamaba a gritos lo jodidamente idiota que era como para seguir con esa disparatada idea. Sintió como sus sienes latían conforme su rígida mano continuaba danzando a lo largo del pergamino. El dolor de cabeza, que era precedido a una oleada de desprecio para consigo mismos, estaba a punto de hacer acto de presencia y eso terminó por enfurecerle aún más.

Una mancha de tinta negra se desparramó en una esquina cuando se detuvo de lleno al escribir el nombre de Sakura en el reporte. Lo había hecho con gran soltura, como si se tratara de un trazo familiar. Por simple inercia llevo una mano hacia su mejilla izquierda. Tocó la superficie de la piel hundiendo los dedos lo suficiente para percibir el dolor que los sangrantes nudillos de la pelirrosa habían dejado sobre su quijada la tarde del día anterior. Podía curar esa simple herida, ella le había enseñado como utilizar los ninjutsus médicos básicos y ese flameante cardenal en su cara no era la excepción. Sin embargo, se contuvo. Quería que el dolor siguiera latente por un par de días más. De esa manera serviría como un recordatorio temporal de su total ineptitud.

Alejó la mano de la quijada y volvió los ojos al nombre de la pelirrosa tatuado en letras negras sobre el pergamino. La imagen de Sakura empapada en lágrimas seguía viva en su mente. La había visto llorar un millón de veces cuando eran niños, incluso llego a insensibilizarse por su ridículos sollozos que no llegaban a nada, sin embargo, esta vez, fue diferente.

En todo el tiempo que llevaban de viaje juntos Sasuke nunca la había visto derramar una sola lágrima, al menos no frente a él. En una ocasión, hace un par de meses atrás, Sakura le dijo que ya no era la misma Gennin sin talento que recordaba, y tenía razón. Había madurado. Ahora la podía ver como una mujer fuerte y decidida, capaz de hacer cosas que ni en sueños pensaba que conseguiría alcanzar. Fue así como poco a poco Sasuke se creó una nueva imagen de Sakura. Una más valiente, más amable, más inquebrantable. Puede que, por esa razón, verla desquebrajada en medio del bosque, llorando desconsoladamente bajo la sombra de aquel roble le sentó como una patada en el hígado.

Recordaba como su delgado cuerpo tiritaba entre respiraciones entre cortadas. La piel de sus mejillas había perdido ese rubor característico que la hacía parecer una infantil muñeca de porcelana. Las piernas le flaqueaban al punto de casi perder el equilibrio. Su rostro empañado en la tristeza, el temblor de su cuerpo, los jades cubiertos en una capa de lágrimas cristalinas. Verla así hizo que algo en Sasuke se destrozara, como si pudiera apreciar un poco de su dolor, un diminuto pedazo de su pena.

Aquel momento fue caótico para él. Estaba en una situación delicada y su torpeza le impedía saber cómo actuar. Quería intentar calmarla, ayudarla, consolarla. Demonios, necesitaba hacer algo, no podía seguir viéndola así, simplemente no podía.

Pensó en hablar, decir un par de frases pre-fabricadas. Un "Todo va a estar bien" o un simple "No te preocupes, estaré contigo", era lo más común en esas situaciones. Sin embargo, las palabras nunca habían sido lo suyo, eso había quedado explícito en discusiones anteriores con la pelirrosa. Y, aunque hubiese querido decir algo, ella se volvió repentinamente hacia él para enfrentarle.

Normalmente nada tomaba a Sasuke desprevenido. Siempre mantenía la guardia en alto. No existían ataques sorpresas, ni emboscadas lo suficientemente bien elaboradas para que pudieran impresionarlo. El estar atento era algo innato en él. Pero nunca hubiese llegado tan siquiera a predecir lo que pasó después.

En ese momento el rostro de Sakura había cambiado, y donde antes se reflejaba desconsuelo ahora reinaba la incertidumbre. Le estaba mirando como un depredador a su presa. Analizaba cada detalle de su rostro esperando por alguna respuesta a sus sin fin de preguntas. Sasuke comprendió a donde quería llegar y se propuso a evadir el tema lo mejor que pudo y eso solo hizo enfurecer más a Sakura, al punto de no poder resistir ni un minuto más conteniendo todo el resentimiento que había reprimido durante meses.

Vociferaba con la garganta desquebrajada. Cada cosa que decía, la forma en que se expresaba, los reclamos, el desprecio con que se dirigía hacia él terminó por hacer explotar igualmente a Sasuke, despojándolo de cualquier autocontrol que profesaba tener. ¿Debía sentirse molesto por la reacción de Sakura? Joder, era un milagro que siguiera tan sólida e inquebrantable a su lado, sin quejas ni reproches, le parecía extraño que en todo ese tiempo hubiese permanecido tan paciente. Ella estaba diciéndole todas las verdades que él no quería admitir. Pero Sasuke se las arregló para despilfarrar un puñado de mentiras mal elaboradas con tal de que Sakura terminara por comprender que no existían esperanzas para alguien como él. Vaya que debía escucharse como un completo desgraciado, razones sobraban para que Sakura le golpeara en la cara con aquella fuerza descomunal. No la culpaba por haberlo hecho, él aceptaba que se merecía eso y mucho más.

Es por esa razón que la carta que estaba escribiendo era necesaria, de alguna manera lo era. Verla llorar en el bosque le hizo pensar muchas cosas. Y una de ellas era que no quería ser un culpable más de la tristeza de Sakura. No se perdonaría hacerle más daño del que ya le había provocado, no estaba dispuesto a ser el dueño de sus lágrimas. No otra vez. Y, si se alejaba de ella, dejaría de atormentarla, de hacerla sufrir. Ya bastantes problemas tenía como para que siguiera cargando con la preocupación de un indeseable compañero de viaje.

Terminó las últimas frases con apremio, formando una sombra irregular cada vez que su mano se alejaba de la fuente de luz y se reflejaba sobre la mesa de madera. Firmó el pie del pergamino con sus iniciales y lo enrolló hasta formar un cilindro. Apagó el candelabro con un movimiento de su muñeca dejando la habitación en penumbras. Se colocó de pie sin hacer ruido hasta acercarse donde su equipaje aguardaba a un lado de la puerta corrediza. Había empacado esa misma tarde. Su Katana, que reposaba a un lado, regresó a su sitio habitual en el cinto a su espalda y la capa negra de viaje cayó sobre sus hombros en una cascada negra que se confundía con la penumbra de la noche.

Salió de la habitación sin hacer el mínimo sonido. La casa estaba silenciosa. No se escuchaba el canto de los grillos ni los susurros del viento a lo largo del pasillo. Caminó con seguridad hacia el pequeño jardín central de la granja que estaba bordeado por corredores y cientos de habitaciones deshabitadas. Bajó hasta el centro del descuidado césped al tiempo en que el Sharingan giraba sobre su ojo izquierdo dejando un destello carmesí a su paso.

No transcurrió mucho tiempo antes de que el silencio reinante fuera derrocado por los insistentes aleteos de Horus. El halcón descendió hasta el antebrazo extendido de Sasuke respondiendo obedientemente al llamado del Sharingan. Estiró por última vez las cobrizas alas e hizo una reverencia con la cabeza cuando el pelinegro inactivo su Dōjutsu en un ligero parpadeo. Colocó el pergamino en el lomo del animal encajándolo en una funda especial de color negro y apostó un sello rojo sangre para asegurarlo. En el silencio, el halcón interpretó a donde debía dirigirse y la importante información que llevaba acuestas, y, antes de que el pelinegro alzara el brazo para dejarlo en libertad, Horus dejó escapar un sonido chirriante desde su garganta. Sobrevoló el pequeño jardín una única vez y se perdió en la penumbra de la noche persiguiendo las estrellas hacia el sur.

Sasuke mantuvo la mirada fija en el halcón persiguiendo su trayectoria por un par de segundos hasta que una áspera voz a su espalda le espetó con gravedad.

–La mocosa no tomara eso de buena manera, Uchiha.

Sasuke no se vio sorprendido por la llegaba de Masashi. Había percibido su chakra desde que estaba alistándose en la habitación, simplemente no pensó que el anciano llegaría a dirigirle la palabra en su última noche en aquella granja.

Giró sobre sus talones y le regresó una mirada severa al hombre. Estaba de brazos cruzados y con el frágil cuerpo reposando sobre una columna de madera en un pasillo a su derecha. No se le veía contento, las arrugas en su frente lo demostraba.

–No sé de qué estás hablando – respondió Sasuke iracundo.

–Eso que colocaste en el pergamino de tu halcón es un Sello de Fuego – señaló con la quijada a Horus que momentos atrás había tomado vuelo desde el brazo del Uchiha. Masashi fijó de nuevo al mirada en Sasuke –, un sello que solo puede ser abierto por el Hokage en persona.

El pelinegro entrecerró los ojos.

–Sabrá entonces que es información clasificada de la cual no debería entrometerse.

Masashi acomodo su postura para demostrar mayor seriedad.

–La niña confía en ti, Uchiha – señaló haciendo referencia a una muy conocida pelirrosa –. Ya le has mentido suficiente como para que la sigas haciendo sufrir.

–¿De qué mentira está hablando?

–¿Son tantas que no puedes hacer memoria? – dijo irónico, generando irritabilidad en la mirada de Sasuke. Masashi chasqueó la lengua –. No te hagas el tonto – continuo fastidiado –, sabes muy bien de que te estoy hablando.

–¿No debería estar en el festival haciendo gala de su puesto honorifico? – le interrumpió Sasuke, desvariando.

Masashi hizo una mueca.

–Poco me importa el festival.

–Y a mí poco me importa lo que usted piense de mí.

–No vengas a cambiar la conversación con temas triviales, Uchiha – sentenció de golpe levantando el dedo acusador y señalando a Sasuke desafiante –. Soy viejo pero no estúpido. Si pretendes que caiga en tus juegos mentales debes de trabajar un poco más en tu discurso.

–Si sabe lo que le conviene no estaría insistiendo sobre este tema – observó Sasuke –. Este es un asunto confidencial de la Hoja.

–Respetar la privacidad no es algo común entre los de Konoha. A ustedes le gusta husmear en conflictos ajenos ¿O debo recordar su intromisión cuando les dije que no quería su ayuda con la situación de la peste?

–¿Hubiera preferido vivir toda su vida bajo un crimen que nunca cometió?

–Con tal de no deberle otro favor a un Uchiha hubiera preferido podrirme en la mismísima cárcel.

Sasuke terminó por fruncir a un más el ceño, de tal manera que su frente era una piel corrugada por la molestia. La mirada de odio que transmitía Masashi era algo que solía ver con frecuencia. Nadie apreciaba a los Uchiha. Su estirpe era una maldición de los que todos preferirían mantenerse alejados. Es por eso que los ojos del hombre inyectados en el rencor le eran una sensación familiar, sin embargo, esta tenía un efecto diferente, uno que se remontaba a años de desprecio y enemistad.

–Se quién es usted – manifestó el pelinegro sin flaquear su mirada de la del anciano –. Ahora puedo verlo claramente.

–¿A qué te refieres?

Entrecerró la mirada y elevó la voz con rudeza.

–Ha intento ocultarlo pero un Uzumaki seguirá siendo un Uzumaki toda la vida.

Masashi abrió los ojos de par en par. No vio venir esa declaración por parte de Sasuke. El pelinegro tenía sus suposiciones pero ahora todo comenzaba a encajar y la reacción del hombre frente a él fue suficiente para afirmar su hipótesis.

–¿Cómo lo sabe? – tartamudeó Masashi encubriendo su incredulidad en una voz gutural.

–Le has llenado la cabeza a Akane historias de Naruto, uno de los pocos supervivientes de su clan. Ayer, cuando fui a casa de tu hija con Sakura y Akane, vi una fotografía cuando eras joven. El cabello rojo es difícil de pasar inadvertido entre los Uzumaki – con cada palabra que pronunciaba acentuaba el malestar en el rostro del anciano, cosa que termino por deleitar a Sasuke, pero no lo suficiente, pues faltaba la verdadera pista por la cual todas las piezas terminaron de encajar –. Por si fuera poco sabes demasiado sobre sellos, incluso descubriste el que hice en Sakura el invierno pasado. Estoy en lo correcto ¿no es así?

El silencio que hubo a continuación fue opacado por el cantar de los grillos. Masashi tragó en seco y comenzó a relajar las arrugas en su cara mas no bajó en ningún momento la guardia.

–Creo que te subestime.

–No es el primero en cometer ese error.

–Me cuesta creer que hicieras un trabajo tan impecable en el sello que colocaste en la mocosa. Si quieres escuchar mi opinión profesional debo decirte que, aunque me cueste admitirlo, es un jutsu impresionante, casi perfecto.

–Los halagos no funcionan en mí – escupió Sasuke indiferente.

–Pero los insultos sí que lo hacen, y me estoy reservando unos cuantos antes de emparejar ese golpe en tu mejilla – ahora la mirada de Masashi había vuelto a ser la misma de siempre. Llena de rencor y odio.

–Puede intentarlo si gusta – le retó con seriedad.

–Eres una completa alimaña ponzoñosa. Todo lo que tocas lo conviertes en cenizas. Nada bueno ha salido de tu clan en el pasado y tampoco lo hará en un futuro.

–Me trae sin cuidado los problemas que habrá tenido con los Uchiha – gruñó –. Pero le advierto que no juzgue mis actos solo por la historia de mi familia.

–No trates de confundirme. Ustedes son la misma basura con diferente rostro. Todo lo que sus despreciables ojos alcanzan a ver son la ruina de su maldición, y ahora la mocosa se ha convertido en otro de sus víctimas.

Sasuke chasqueó la lengua y dio un paso al frente para afianzar sus siguientes palabras.

–Vio el sello en Sakura ¿no? – su voz sonaba retadora mientras su capa se movía sutilmente al compás del suave viento de la noche –. Entenderá que todo esto es necesario. Fue la única manera de evitar que los recuerdos siguieran invadiendo su mente. Usted no la veía sufrir, yo, en cambio, si lo hice. Sakura pasaba noches enteras sin dormir por sus constantes visiones, estaba enfermando poco a poco, hubiera caído en la locura si dejaba que todo eso continuara. Hice lo que debía hacer… – hizo una pausa y apretó la mandíbula con fuerza –, estaría muerta de lo contrario.

–¿Por qué me dices todo esto? – sentenció Masashi arqueando una ceja – ¿Estas intentado justificar tus actos? No hay necesidad que me des un repertorio de excusa para comprender los motivos de este circo que has montado.

–No lo he dicho por usted – le retó Sasuke.

Masashi asintió en un movimiento que denotaba sabiduría.

–Tienes razón – susurró pausadamente –, te lo has dicho a ti mismo… para intentar convencerte de que hiciste lo correcto, porque, como estás acostumbrado a meter la pata todo el tiempo, no estás seguro si el sello que hiciste en la mente de la mocosa es un acto de caridad o una eterna maldición.

Desvió la mirada del anciano por primera vez en toda la conversación. No lo había visto de esa manera, pero tal vez tenía razón. Todo tenía un sentido y estaba dirigido hacia "la culpa". Si, Sasuke se sentía culpable de lo que hizo en la mente de Sakura, por esa razón intento alejarse de ella, distanciarse, formar una brecha que ninguno de los dos pudiera pasar. Él le había hecho demasiado daño en el pasado y continuaba haciendo lo mismo en el presente. Si continuaba a su lado terminaría por hacerla sufrir aún más.

–Ella no sabe nada ¿cierto? – volvió a resonar la voz de Masashi obligando a Sasuke a que levantara la mirada del pasto que crecía desigual bajo sus pies –. No sabe que con tus asquerosas habilidades Uchiha manipulaste su mente y colocaste un jutsu en su cerebro.

–Y prefiero que continúe de esa manera – le respondió tajantemente.

–Vivir una mentira. Clásico de los Uchiha.

Sasuke relajó los hombros y comenzó a caminar despreocupadamente hacia Masashi.

–Al parecer los Uzumaki tienden a molestarse por la presencia de los Uchiha con más frecuencia de lo que cree. Ya es una costumbre para mí.

–Arrogante y orgulloso. No entiendo que vio la mocosa en ti.

Llegó a posicionarse a un lado del anciano. Subió el desnivel de madera alzándose casi media cabeza por encima de Masashi, demostrando así su omnipotencia, pero eso no generó ningún efecto de intimidación en el hombre, todo lo contrario, aumentó la intensidad de su mal humor.

–Odio guardar secretos, y más si vienen de alguien como tú – señaló Masashi. Observó el bulto que formaba la mochila oculta bajo la capa negra deduciendo ágilmente las intenciones de Sasuke –. ¿Y este es otro secreto que tengo que guardar? ¿Tu improvisado escape? ¿No son suficientes engaños y mentiras por una noche?

–Estaré lo suficientemente lejos para cuando Sakura se entere – le explicó mientras caminaba lentamente por el pasillo de madera –. Mañana a primera hora llegaran dos ninjas a escoltarla de regreso a Konoha. Hágaselo saber.

–De eso se trata el pergamino que enviaste hace unos momentos ¿verdad? La vas a abandonar.

Esa última palabra lo hizo detenerse en medio del camino.

–Ella nunca debió estar en esta misión desde el principio – murmuró Sasuke ocultando su mirada bajo la mata de cabello azabache.

–Eres un cobarde – gruñó Masashi reprimiendo las ganas de lanzar obscenidades a diestra y siniestra –. Pensé que amabas a esa mocosa tanto como ella te ama a ti.

El corazón del Uchiha dio un vuelco inesperado que le hizo sentir un fuego en su pecho, una llamarada que se desvaneció al instante cuando sus palabras respondieron con sequedad:

–Eso a usted no le debería importar.

–¿Tu solución siempre es alejarte cuando la situación se vuelve complicada?

–Iré al festival. Luego me largare de aquí – dijo Sasuke sentenciando aquella conversación a su final –. Esta será la última vez que nos veamos – giró la cabeza para hacer una breve reverencia con la mitad del rostro cubierto por el cabello negro –. Gracias por su hospitalidad.

Hubo un silencio prolongado que hizo hervir la sangre de Masashi.

–Esperaba más de ti, Uchiha – profanó el anciano.

Sasuke se volvió al oscuro pasillo que indicaba la salida de la gran casa.

–Todos cometen ese mismo error – susurró para sí mismo y continuó caminando hasta desaparecer al final del corredor.

Sus pisadas se deslizaban sobre el piso de tatami como si se tratara de una serpiente. El cuerpo le pesaba y el dolor en su cabeza se había vuelto insoportable para ese entonces. La suave brisa que le recibió cuando salió de la granja lleno sus pulmones de un aire denso y frio.

Siguió el camino, bajando la colina y esquivando los frondosos árboles que se desplegaban a lo largo del sendero que llevaba a la ciudad. Mientras se alejaba de la granja y comenzaba a acercarse a la civilización las notas de una vibrante canción eran arrastradas por el viento primaveral. Eran sonido alegre y demasiado entusiasta. Por un momento estuvo tentado en regresar sobre sus pisadas, no le agradaba la idea de adentrarse a un festival con el terrible mal humor que cargaba consigo en ese momento, pero debía cumplir con su palabra, aunque se tratara de una simple y tonta promesa infantil.

No tardó mucho en llegar a la entrada del pueblo que ahora lucia muy diferente, a comparación de los días anteriores. Las luces titilantes entre las farolas, los lazos coloridos que guindaban sobre el techo de las casas, los anuncios flameantes y excesivamente recargados de flores y demás tonterías asociadas con la primavera. La gente caminaba por las calles con una sonrisa en sus labios tan sincera que podría llegar a ser contagiosa. Los niños corrían por el suelo adoquinado vestidos con sus mejores atuendos. A lo largo de las calles se exponían tarantines de fuegos artificiales y comida rápida en cada casa. Estaba en presencia de una transformación total, donde antes la tristeza predominaba sobre los deplorables ánimos de los aldeanos para dar lugar a un sentimiento más renovador.

A pesar de todo aquel ajetreo que transmitía una sensación vigorizante, Sasuke no podía compartir su felicidad. Tenía demasiadas cosas en la cabeza que le impedían pensar en cambiar su oscura actitud a una entusiasta y positiva. No estaba de ánimo para eso. Y muchos menos esa noche.

–¡Sasuke-sama! – gritó una voz chirriante desde una esquina sacándolo de sus pensamientos.

Sasuke instintivamente volvió la mirada al ver a la pequeña nieta de Masashi. Llevaba consigo un sencillo kimono de color amarillo opaco, con adornos florales alrededor de las largas mangas y el borde que arrastraba por el suelo. Su cabello ondulado había sido finamente arreglado en un moño alto que le hacía ver la cara más redondeada que de costumbre. A su lado, caminaba su madre. Usaba un simple vestido azul que se tensaba a nivel de su abdomen, allí donde las dos criaturas jugueteaban felizmente en su vientre.

Sasuke, una vez las hubo reconocido, se acercó hacia ellas con paso lento.

–¡Pensé que usaría el kimono, Sasuke-sama! – aseveró Akane incrédula mientras el Uchiha acortaba la distancia que los separaba.

–¿No le quedó el traje que le presté? – quiso saber la mujer arqueando una ceja.

Pero antes de que Sasuke pudiera internalizar una respuesta, las dos mujeres abrieron los ojos escandalizadas cuando la luz del farol más cercano dio de lleno con el moretón de su quijada.

–¡¿Qué le sucedió en el rostro?! – Akane fue la primera en saltar impresionada.

–No es nada – murmuró Sasuke indiferente.

–¡Como va a decir eso! Se ve muy mal, debe de dolerle mucho – dijo la mujer inclinándose para evaluar la herida con mayor detenimiento –. Tengo una pomada muy buena en la casa, aunque debería decirle a alguien que lo revise.

–No se preocupe.

La madre de Akane se cruzó de brazos en el gesto más puro de desaprobación maternal.

–Insisto en que debería decirle a alguien que le trate esa herida. Podría preguntarle a…

–Estoy bien – le interrumpió una vez hubo comprendido a quien se refería. No quería ser maleducado pero, sí quería mantenerse firme en su decisión, no debería volver a pensar en ella, al menos no esa noche.

La mujer debió entender la necesidad de Sasuke por cambiar de tema y estuvo a instantes de indagar un poco más sobre ello. Por suerte Akane era una persona demasiado impaciente como para seguir esperando una respuesta, evitándole a Sasuke la fastidiosa necesidad de seguirles la corriente.

–¡Ya hemos perdido mucho tiempo! – dio un saltito emocionada señalando a donde la música sonaba con mayor estruendo – ¡Vamos al festival!

Nadie se opuso al grito de la niña y no les quedó otro remedio que seguir su mandato.

Akane lideró el grupo por unas cuantas calles, dejando a Sasuke y a la mujer unos cuantos pasos más atrás. Caminaron un buen rato por las tiendas, recorriendo tarantines donde vendían diversidad de utensilios inservibles y recuerdos innecesarios para memorar aquel festival. No estaba en los planes de Sasuke permanecer mucho tiempo allí. Solo se mantendría unos minutos más con ellas antes de partir, lo suficiente para considerar saldada su promesa con la pequeña niña de ojos verdes.

Luego de lo que fueron media hora de marchar en círculos entre aldeanos alegres y conciertos musicales, se detuvieron a descansar en un banco de madera cercano a la fuente. La mujer tomó asiento con ayuda de Sasuke, balanceándose hasta que el peso de su vientre le hizo hundirse sobre los tablones de madera.

Ya no estoy para estas caminatas – sentencio la mujer limpiándose la frente perlada por el sudor y con la otra mano acarició su vientre –. Estos dos son más pesados de los que se imagina.

–¿Necesita un poco de agua? – preguntó Sasuke.

–Estaré bien con solo recuperar el aliento un par de minutos. No hay de que alarmarse.

–¿Estas segura, mami? – quiso saber Akane entornando los ojos como dos jades brillantes.

–Si linda – le insistió moviendo su mano en forma de abanico –. Ve a disfrutar del festival un rato.

La niña regresó su mirada a rebosar de preocupación hacia el rostro del Uchiha.

–¿Podría cuidarla mientras busco algo para que pueda beber, Sasuke-sama?

El aludido asintió una única vez demostrándole la seguridad que necesitaba para poder irse. Akane sonrió.

–Ahora ve a divertirte – volvió a decir la mujer no sin antes señalar a la niña con el dedo índice para reafirmar sus siguientes palabras –. Pero ten mucho cuidado y no te alejes tanto de nosotros ¿Está bien?

Akane afirmó gustosa y se perdió entre la multitud como una mancha amarillenta. Sasuke se dispuso entonces a tomar asiento a un lado de la mujer con cuidado para no molestarla. Dejó reposar su espalda unos instantes antes de cerrar los ojos en un intento por controlar su migraña. No sabía si lucia como una persona demacrada, pero vaya que si se sentía como una completa y total basura por dentro. En busca de una posición un poco más reconfortante, se inclinó hacia adelante dejando al descubierto parte de su ansiedad. El largo cabello azabache le caía sobre el rostro oscureciendo aún más sus rasgos. Estaba tenso, impaciente por toparse con alguien a quien no estaba dispuesto a encontrar en ese preciso momento.

–¿Sucede algo, Sasuke-kun? – se atrevió a preguntar la mujer a su lado.

Cuando escuchó el honorifico al final de su nombre una punzada de nostalgia le recorrió el pecho.

–No –mintió –, todo está bien.

–¿Seguro? – la mujer a un lado inclinó su cabeza intentando ver el perfil del Uchiha con mayor detenimiento –. No luce como alguien que esté bien.

–No tiene nada de qué preocuparse.

La mujer aguardó unos segundos antes de responder.

–Tal vez tenga razón – dijo por fin –. Tiendo a preocuparme demasiado, puede que sea el embarazo o el cambio de clima, incluso note a Sakura-chan muy decaída. No sé qué le habrá pasado – se encogió de hombros –. Debe de ser solo una alucinación de mi parte.

Se suponía que debía alejar cualquier pensamiento que pudiera hacerle dudar de su ida, pero cuando escuchó aquello le fue inevitable indagar más en el asunto.

–¿A qué se refiere? –preguntó Sasuke volviéndose hacia la mujer.

–Que he estado muy atolondrada estos días, Sasuke-kun – inquirió la mujer con un deje de disgusto.

–Me refiero a Sakura – se corrigió Sasuke impaciente – ¿La ha visto el día de hoy?

–No realmente. Solo intercambiamos unas palabras cuando deje la yukata en su trabajo – se volvió a inclinar hacia el Uchiha pero esta vez bajó la voz a un tono de misterio –. Si quiere que sea sincera creo que la vi triste – increpó en un susurro –. Estaba pálida y con los ojos enrojecidos, como si hubiese llorado por horas. No quiso hablar mucho conmigo, ni siquiera me dirigía la mirada.

–¿Esta segura? – sonó más preocupado de lo que quería demostrar.

–Actuó muy extraño ayer luego de que almorzáramos en mi casa. Estaba petrificada del espanto. Creo que hice algo malo para que Sakura-chan este tan triste – se limitó a responder angustiada –. Espero que solo sea un simple error de mi parte. No podría perdonarme si por mi culpa llegue a lastimarla. Ella ha sido tan buena con mi familia y con la aldea. No se merece estar tan triste y decaída.

Sasuke volvió la mirada al suelo y colocó sus codos sobre los muslos en señal meditabunda. El dolor de cabeza estaba a punto de destruirle las sienes y la tensión en su mandíbula se proyectaba como un fuerte dolor en su quijada.

–¿Pasa algo, Sasuke-kun? – tanteó la mujer a su lado con un deje de duda – ¿Esta seguro que todo está bien?

–Debo hablar con usted – explicó Sasuke sin desviar su atención del suelo

–¿Es sobre Sakura-chan? ¿Es cierto? ¿Hice algo malo? – la preocupación con que se había transformado su voz hizo que Sasuke ser irguiera para demostrarle un poco de tranquilidad, pero nada podía lograr si seguía manteniendo el rostro fruncido en una mueca grave. La mujer llevó una mano a su pecho y la otra instintivamente a la superficie de su vientre –. Me estas asustando, Sasuke-kun ¿Qué sucede con Sakura-chan?

No estaba seguro si debía de contarle la verdad. Podía tomárselo a mal, y su estado no era el mejor para recibir una noticia de ese calibre, sin embargo decidió intentarlo.

–Sakura fue parte del escuadrón médico que estuvo como refuerzo en el ataque de Akaoshi en el país de la Cascada hace cuatro meses atrás – rememoró Sasuke utilizando palabras secas pero sin llegar a sonar amenazante o insensible –. Ella estuvo presente en el mismo ataque donde su esposo falleció.

Los ojos jades de la mujer se abrieron tal cual platos.

–Quiere decir que… – su voz se fue entrecortando al punto de extinguirse.

–Sakura conoció a Jinn – Sasuke la observó con detenimiento –. Ella le vio morir en el campo de batalla.

La mujer llevó la mano que tenía sobre su vientre a los labios para cubrir su impresión.

–No puede ser…

–Sakura lo reconoció en la foto que usted le mostro en la tarde de ayer. Es por eso que no quiere hablar con nadie. Se siente culpable por no poder salvarle la vida – continuó Sasuke –. Ha cargado con esa pena desde hace meses, y más ahora que ha conocido a Akane y a usted.

–Sakura-chan… – tartamudeo con la mirada perdida entre la multitud a su alrededor.

–Lamento mucho su perdida – agregó rápidamente Sasuke acompañado de una pequeña reverencia –, pero quiero que sepa que Sakura hizo todo lo que estuvo en sus manos para poder recuperar a su esposo.

–Esa es la razón de porque ella ha actuado de esa manera – comprendió bajando la mano de su rostro lentamente.

–Le pido que no cambie su perspectiva de Sakura – se adelantó a decir el pelinegro –. Ella es… ella es una buena persona.

La mujer no se vio impresionada por la petición de Sasuke, pero cualquiera que conociera al pelinegro quedaría impactado por las palabras que habían salido de su boca. Interceder por alguien, hacer una petición y para colmo elogiar a una persona distinta a su hermano era de por sí inconcebible.

Ahora todo estaba más claro, a esas alturas no había vuelta a atrás, negarlo sería estúpido. Sakura había cambiado, y él también lo había hecho, la única diferencia era que Sasuke, en su afán por cumplir su venganza en el pasado, obligo a Sakura a pasar por un gran sufrimiento que terminó por convertirla en la mujer que es ahora. Pero Sasuke, en cambio, había sido transformado por la persona que él mismo había destruido en miles de pedazos.

Hubo una pequeña pausa donde la mujer a su lado dejó en libertad una pequeña sonrisa ladeada. Era un gesto diminuto, casi imperceptible, pero que de alguna forma hizo tranquilizar a Sasuke.

–Ustedes dos son unas buenas personas – alegó la madre de Akane acariciando el hombro derecho de Sasuke con ternura –. De eso no cabe duda.

–Se lo agradezco – hizo una pequeña reverencia, aunque su rostro no reflejaba la verdad de sus palabras.

–No tienes nada que agradecer, estoy en una eterna deuda con ustedes dos – hizo ademan de levantarse y Sasuke se adelantó para ayudarle –. Iré a hablar con Sakura-chan – explicó la mujer abriendo las piernas para aumentar su centro de gravedad. Se reincorporó alisando su vestido y devolviéndole una nueva sonrisa a Sasuke comentó –: Creo que necesitamos arreglar un gran malentendido ¿No le parece?

Intentó imitar su rostro tranquilo, pero no podía ni siquiera relajar la aspereza de su frente. La mujer le volvió a acariciar el brazo antes de adentrarse de nuevo en la multitud de personas a su alrededor. Sasuke la observó alejarse con la mirada perdida por un par de minutos. Era el mejor momento o el único que tendría para poder…

–Tenga – dijo Akane a su lado. Sasuke parpadeo una única vez y bajó la mirada hacia el suelo donde la niña le extendía entre sus diminutas manos una flor blanca, la misma que le había mostrado la última vez, la misma que le había visto a Sakura cuando estaba en la cueva –. Tenga – repitió al ver que no tomaba el obsequio.

Sasuke tomó la flor usando movimientos lentos.

–¿Recuerda lo que significa? – preguntó Akane jugando con sus pies. Él asiente sin quitar la mirada de los pétalos del color de las nubes –. Me gustaría que se la regalara a alguien especial – pasó uno de sus pechones de cabello rizado tras la oreja – ¿Qué le parece si se la da a Sakura-san?

No comprendía las insistencias del universo en obligarle a pensar de nuevo en ella. Primero la discusión con el viejo Masashi, luego la charla con la madre de Akane y ahora esto.

–No creo que la acepte – le cortó Sasuke a punto de devolverle la flor pero la niña le interrumpió con evidente molestia.

–Sakura-san es una persona muy buena ¡Claro que la aceptara! – le reprochó tomando la mano libre de Sasuke jalándole con fuerza –. Venga, vamos a buscarla. La vi hablando con mi mamá por el otro lado de la fuente.

Le arrastró en contra de su propia voluntad y completa falta de juicio. Caminaron hacia la fuente con paso torpe. Sasuke nunca antes la había visto en funcionamiento. Era un espectáculo de agua centellante bajo los reflectores que apostaron a lo largo de la ciudad. Se mostraban destellos de diversos colores mientras se mostraba una irregular caída de agua de diversas formas y tonalidades. Akane seguía tirando de su brazo vendado con una fuerza insignificante que fácilmente podía evitar, sin embargo se dejó llevar unos pasos más hasta detenerse cerca de un puesto de fuegos artificiales, divisando a las dos mujeres que estaban buscando.

No existía un calificativo para poder describir a Sakura en ese momento más que: hermosa. Si, se había despojado tan solo unos segundos de su incesante y maldito orgullo para poder admirarla como de verdad era: hermosa. Se veía como un árbol de cerezos, esbelto y radiante. Vestía una yukata blanca adornada con flores de color vinotinto distribuidas homogéneamente a lo largo de sus mangas y falda. Su cintura ceñida alrededor de una cinta del mismo color del adorno que mantenía su rosado cabello en un moño alto le hizo evocar recuerdos de una horrible fiesta hace mucho tiempo atrás que desecho al instante para poder seguir observándola absorto.

Las mejillas rosadas por el maquillaje cubrían las marcas de las lágrimas que había desparramado la noche anterior. Su clavícula se marcaba bajo la fina piel blanquecina, sus largas pestañas que revoloteaban con cada parpadeo, los labios tersos y suaves, que alguna vez probo con la necesidad imperiosa de clamar el fuego airado en su pecho, mostraban una sonrisa tenue pero llena de tranquilidad. La charla que estaba sosteniendo con la madre de Akane comenzaba a aclarar su semblante. La tristeza comenzaba a desvanecerse y la dulce mirada que la caracterizaba regresaba a llenar sus redondeados iris verdes, y verla así, sosegada, etérea, serena calmó la tensión en los hombros de Sasuke. Así es como quería recordarla. Llena del vigor que la caracterizaba, sin la amargura y el desconsuelo que solo él podía ofrecerle.

–¡Ve, se lo dije! – regresó la voz de Akane sacándolo de su ensimismamiento –. Estaban aquí.

A lo lejos, la madre de Akane le dio un último abrazo a Sakura y se despidió de ella dejándole un nuevo brillo en los ojos a la pelirrosa.

La mujer desapareció del lugar, dejando a la Haruno sola entre la multitud. Pero antes de que Sasuke tan siquiera pensara en la posibilidad de dar un paso para acercarse hasta ella un hombre de cabello castaño se materializó a un lado de la pelirrosa.

Era Amai.

Lo había visto solo un puñado de veces pero no le costó trabajo ubicarlo, y más ahora que le regresaba una mirada embelesada a Sakura. No estaba usando su común atuendo del país del Trueno, en cambio, vestía un simple kimono que contrastaba con el pequeño objeto que sostenía entre sus manos que, curiosamente, era la misma flor que Akane le había entregado minutos atrás.

Cuando Sakura se fijó en Amai a un lado dejó en libertad una sonrisa amplia y brillante, de esas que hacían que Sasuke perdiera la cabeza y lo dejaba como un ridículo adolescente hormonal, solo que en esta ocasión la sonrisa no era dedicada a él… sino a otro más.

–Oh – dijo Akane sin poder saber dónde fijar la mirada, si en el rostro inexpresivo de Sasuke o en la tenue sonrisa que Sakura le seguía devolviendo al muchacho del país del Trueno a lo lejos –. Como lo lamento, Sasuke-sama, no sabía que estaría con…

Hizo el esfuerzo sobrehumano de separar sus ojos del rostro de Sakura y se volvió hacia Akane.

–Debo irme – explicó dejando de nuevo la flor en las pequeñas manos de la niña –. Toma, entrégasela a ella personalmente.

–Suena a una despedida – su voz se quebró de repente.

–Lo es.

–¿Por qué se va? – chilló con los ojos llorosos –. Sakura-chan lo quiere a usted, Sasuke-sama. No se confunda, esto es solo un malentendido. Si le da la flor ella entenderá. Le aseguro que así será.

–Tengo que continuar mi misión y ella no puede seguirme.

Le costaba creer la tranquilidad con que se expresaba aunque en su pecho la punzada de dolor estaba a punto de cortarle el aliento. Akane a su lado guardo silencio apretujando la flor sobre su regazo, entendiendo las palabras del Uchiha aun a su corta edad. Sasuke le acaricio la coronilla con sutileza en señal de despedia. Se dio la vuelta ondeando la capa negra ligeramente alejandose de la niña con agilidad. Y, antes de continuar, giró el rostro para verla por última vez.

–Nos veremos en otra ocasión – murmuró para sí mismo con la mirada fija en la pequeña mota rosada a los lejos

Regresó su atención hacia el camino frente a él. Alejándose lentamente del brillo de la ciudad para adentrarse de nuevo a la seguridad que le ofrecería la oscuridad de la noche.


N/A: ¡Un enorme saludo a todo aquel que se ha perdido por estos lados! Espero que estén súper bien.

Luego de tres semanas desaparecidas he regresado. Antes de comenzar con la nota quiero pedirles disculpas por no haber publicado el martes 2 como tenía previsto. Nunca me he atrasado en las actualizaciones pero todo confabulo en mi contra para que ni siquiera pudiera tocar el teclado de la PC. La semana fue caótica en la universidad. Ya olvide lo que es dormir más de 5 horas diarias. Tenía la esperanza de poder sentarme aunque sea a responder sus lindo reviews, pero no pude ;w; Estuve tentada también a publicar la semana pasada pero al capítulo le faltaban muuuchos detalles. De verdad me disculpo de todo corazón, nunca fue mi intención dejar las cosas así.

Y, a pesar de todo esto, les seré totalmente sincera. A pesar del terrible retraso, no iba a publicar hoy. No fue sino hasta que leí sus comentarios que recapacite y decidí publicar aunque sea la mitad del Flashback. Se suponía que sería un único capitulo que sentenciaría este recuerdo a su final, pero saldría absurdamente largo. Al final me decidí en dividirlo a la mitad. El otro pedazo si es el final-final del Flashback. Lo tengo casi listo, solo falta coquetearlo un poco más.

Este capitulo en particular fue dificil per se (estamos hablando de Sasuke), pero me gustó escribirlo. Ese cubito de hielo es todo un reto jeje. Se que no es lo que esperaban, sin embargo espero que lo disfrutaran :) Ahora me tomare la libertad de robarles unos minutitos más para refrescar nuestras memorias:

1. Horus, el halcón de Sasuke, se llama así por un dios de la mitología egipcia (no encontré otro nombre de la mitología japonesa para colocarle .w.)

2. La Camelia Blanca ya ha sido nombrada con anterioridad, pero solo para que no se nos olvide significa: Inocencia y Amor puro.

3. Si, Sasuke colocó un sello en la mente de Sakura. Masashi se dio cuenta cuando fue a visitarla durante su investigación sobre la peste en el capítulo XV y le dio unos golpecitos en la cabeza para animarla, fue allí donde se percató de ese detalle. En pocas palabras Sasuke le hizo algo a Sakura ¿Qué le hizo? Lo siento pero no puedo decirselos aun… seria spoiler xD

Antes de despedirme le doy las gracias a todos por estar tan al pendiente y por tener esa paciencia infinita, por soportar tantos días sin leer un capítulo, por los cheer up, en fin ¡Por todo! También les doy las gracias a los que dejan sus opiniones y comentarios. Me gusta mucho leer lo que piensa y lo que les gustaría que pasara. Y no se disculpen por dejar comentarios largos ¡Me encanta leerlos! Que se tomen un tiempito para seguir la historia y que además se dediquen a escribir un review súper cuchi es un detalle que aprecio enormemente, de verdad, muchas gracias :3 Lamento si no he contestado ninguno aun (aunque eso no quiere decir que no los lea), ete fin de semana me dedicare a responder todos y cada uno de ellos :)

Bueno, creo que me he extendido demasiado. Basta por una madruagada. Me despido entonces deseándole lo mejor del mundo. Cuídense muchísimo y nos leemos pronto.

Bye Bye :3