Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.

Recuerdos de primavera

XVIII

Sakura Haruno

Día 117

Había llorado la noche anterior y la mañana de ese día. No sabía de donde sus ojos podían sacar tantas lágrimas. Cada vez que secaba sus parpados evocaba el recuerdo del padre de Akane muerto en pleno campo de batalla haciéndola sentir la persona más miserable de todos los tiempos y el llanto regresaba con más ahínco que la última vez.

Muchos dirían que estaba reaccionando de una manera exacerbada a una situación que solo ameritaba la pena de un par de noches, que luego desaparecería con el consuelo de haber hecho todo lo que estuvo en sus manos para salvar su vida. Sin embargo, esa situación era distinta.

El pensar que unos pequeños crecerían sin un padre por obra de su completa ineptitud le destrozaba el pecho con demasiado fuerzas. No era la primera vez que escuchaba o veía a unos niños huérfanos de alguno de sus padres. Era casos comunes, sobre todo después de la cuarta guerra. No obstante, ese tipo de escenarios siempre le recordaba a sus dos viejos compañeros de equipo, y memorar el pasado de Naruto y Sasuke la dejaba con un vacío en su pecho que aún no podía ser calmado.

En ese momento, la imagen risueña de Naruto brilló con demasiado fulgor en sus recuerdos. El hiperactivo ninja cabeza hueca, el gran héroe de Konoha, su mejor amigo, su hermano. No debía ser una sorpresa que personas y niños como Akane le admiraran. A pesar de que en ciertas ocasiones llegaba a comportase como un soberano zopenco, debía admitir que era una gran persona. Si él estuviera en su situación, sabría qué hacer.

Naruto, a diferencia de ella, conocía el dolor de la perdida desde una horrible primera plana. Él entendería lo que estaba pasando y surgiría con una frase astuta que levantaría sus ánimos y le haría seguir adelante. Naruto conocía la soledad más que nadie en el mundo, ninguna persona en todas las cinco naciones Shinobi había sufrido igual o más que él… O tal vez no era la única.

Sakura ensombreció su rostro de repente. Ese era el efecto que tenía el nombre de Sasuke sobre sus pensamientos. Tristeza, dolor, pena. Nada comparado a la calidez que trasmitía los recuerdos de su mejor amigo, llenas de momentos felices y risas por doquier. Las memorias que tenía sobre Sasuke no eran así. Todas terminaban en un mismo muro impenetrable. Todos eran recuerdos fríos y vacíos.

El pensar en él hizo que bajara la mirada hacia su mano derecha. Sus nudillos estaban vendados. Los ocultaba con la manga de la yukata. La sangre se marcaba sobre la tela blanquecina dejando cuatro manchas redondeadas color carmesí. Era una herida sencilla, simple, fácil de curar. Cuando se encontró con Amai esa noche, el joven medic-nin se asombró mucho de que ella se hubiera lastimado y que no se tomara las molestias de sanarse con un ninjutsu médico. Como todo buen caballero se ofreció arreglar el desastre que ahora era su mano, pero Sakura le pidió que no lo hiciera. Quería que el dolor siguiera latente por un par de días más. De esa manera serviría como un recordatorio temporal de su total incompetencia.

Ya se estaba acercando la media noche y sus ánimos seguían por el suelo. La música que vibraba sobre el piso adoquinado, los saludos cordiales que le ofrecían los pueblerinos, la felicidad que englobaba la ciudad entera. Nada de eso le forzaba alegrarla tan siquiera un poco. Incluso las buenas atenciones que Amai estaba teniendo para con ella durante la velada, eran un estímulo pobre que solo podía obligarla a forjar una falsa sonrisa por un par de minutos. Debía de ser la peor cita de todos los tiempos. Una pelirrosa deprimida que no colaboraba en lo absoluto, acompañada de un amable y dulce muchacho que solo quería hacerla sentir mejor.

La fuente frente a ella seguía despilfarrando agua a trompicones. Era la primera vez que la veía en funcionamiento desde que llegó a la ciudad hace casi una semana atrás. Formaba una cortina de diversos colores a causa de las luces que chocaban sobre su superficie. Daba la impresión de ser una cascada. Similar a la que se había encontrado con Sasuke la tarde en que le salvo la vida. Un otoño que difícilmente podría olvidar, pero que ahora se había convertido en el recuerdo marchito de un hombre al que pensaba conocer.

Acarició instintivamente el dorso de su mano derecha empañándose las yemas de los dedos con el líquido vital que seguía emanando de las pequeñas magulladuras. Se preguntaba si lucia de la misma manera que su mano. Patética y demacrada. El recuerdo del padre de Akane era suficiente sufrimiento como para agregar otro más a sus pesares. Pero no podía dejar de pensar en Sasuke. Le era imposible no hacerlo, su mente le impedía divagar en otra cosa diferente a lo sucedido la tarde del día anterior cuando estuvieron juntos frente al rio. Aun rememoraba cada instante como si su inconsciente deseara torturarla de todas la maneras psíquicamente posibles.

La escena continuaba siendo una mancha difusa de sentimientos encontrados. De lo poco que su lucidez le permitió distinguir aquella tarde, recordaba haber visto el rostro de Sasuke impertérrito frente a ella. Sin una simple arruga o expresión que le permitiera adivinar lo que pasaba por su mente. Nada. Frio como una roca y firme como el roble que terminó por destrozar en un momento en el que la desesperación se apoderó de su ser. Luego de aquello todo se tornó muy confuso.

La imagen de Sasuke abrazándola le sonaba a un recuerdo, más que imposible, surreal. Estaba convencida de que la única forma que tenía Sasuke de confortar a alguien se limitaba a miradas severas o monosílabos insensibles. Es por eso que el simple hecho de pensar en la consolación de un abrazo, de un simple contacto por parte de él era un acto imposible. Sin embargo, no le dedicó mucho tiempo de tortura a rememorar esa laguna mental, sino más bien a la catástrofe en que se convirtió su conversación.

Por una pequeña fracción de segundo, mientras seguía llorando frente al rio, pensó que él entendería su sufrimiento de la misma forma que lo haría Naruto. No comprendía porque lo comparaba con su mejor amigo. Odiaba las comparaciones. Tal vez la frustración fue más fuerte que la razón en ese momento, motivo por lo cual no le dio tiempo al Uchiha de pensar en una forma de ayudarla. Sakura, en cambio, decidió dejarse dominar por sus emociones y vociferó todo lo que tenía atorado en la garganta desde tiempos inmemorables.

Estaba consciente de que Sasuke no era un hombre perfecto. Él había cometido muchos errores en su vida, errores que muchos considerarían imperdonables. En su pasado juntos, y en los últimos meses de viaje, Sasuke había tratado a Sakura como un objeto inservible, sin importar lo que sus actos pudieran destruir en ella. Él merecía escuchar todos los lamentos de la Haruno, todos sus reproches, y presenciar cada una de las lágrimas que habían brotado de sus ojos.

Y, aun con todas esas razones ya sean bien o mal fundamentadas, Sakura albergaba una sensación de culpa descomunal que le hacía compañía desde la tarde de ayer.

Golpear a alguien solo porque su cuerpo se sobrecargaba de sentimientos eran, sin duda, actitudes que había dejado atrás. Y el moretón que había dejado en el rostro de Sasuke era sencillamente el resultado de su actual desequilibrio emocional.

Lo que había sucedido era algo que no debía repetirse – aunque dejar en libertad todo lo que alguna vez tuvo guardado le sentó como una muy buena terapia –. Es por eso que después de lo sucedido terminó por sentirse muy mal por él.

Tener empatía era algo innato en ella, aun cuando ese idiota se había ganado un buen sermón con el pasar de los meses. Pero, reprocharle todo sus actos y, por si fuera poco, dejarle un recordatorio en su rostro en forma de un colorido cardenal, hizo caer a Sakura aún más profundo en la miseria en la que seguía hundiéndose.

Quería aclarar ese malentendido. Dejar las cosas en claro. Pero, de la misma manera que no tenía la fuerza para encarar la muerte del padre de Akane, tampoco tenía el valor suficiente para poder hablar con Sasuke sobre lo ocurrido. Nada de eso le era posible, y aunque así lo fuera, no pretendía hacerlo en un futuro cercano.

No era capaz.

Caminó hasta acercarse a la fuente. La admiró en silencio unos segundos antes de sentarse en el borde junto a un grupo de jóvenes demasiado bulliciosos. Los pies le dolían y la yukata le tensaba el abdomen más de la cuenta. Amai estaba tardando demasiado. Se había ido a comprar unas bebidas hace al menos unos buenos 15 minutos ¿Qué lo debía haber retrasado? A pesar de que la velada estaba marchando de mal en peor, quería hablar con alguien distinto a su propia conciencia. Vaya que sonaba bastante egoísta, pero si continuaba devanándose los sesos en busca de la mejor forma de culparse por sus actos, terminaría sumergida de lleno en la locura.

Intento entonces pensar en otra cosa, o mejor aún, en no pensar. Posó la vista en los adornos de la calle, trató seguir el ritmo de las notas que danzaban al compás de una florida música, incluso probo adentrarse en la entretenida conversación que mantenían el grupo de adolescentes a su derecha. Pero nada era de ayuda, y a estas alturas, algo difícilmente lo sería.

–¿Sakura-chan?

Quien quiera que haya sido el dueño de la voz la hizo dar un respingo que ocultó rápidamente. Aunque su intención era mantenerse alejada de todo pensamiento aflictivo, continuaba muy ensimismada en el torrente de ideas que aun confluía en su interior, es por eso que cualquier estimulo externo la exaltaba de sobremanera.

Giró la cabeza con extrema lentitud, como si estuviera en un profundo letargo del cual acabara de despertarse. La luz de las farolas atravesaba el cuerpo de la persona frente a ella, por lo que le costó trabajo enfocar la silueta que se erguía a su lado.

–¿Sakura-chan?

La aludida parpadeo una vez más hasta que sus pupilas se dilataron de puro espanto cuando reconoció a la madre de Akane a su lado.

Fue imposible detener el torrencial de recuerdos que invadieron su mente con tan solo verla en ese momento. Sobre los ojos de la mujer se proyectaba la imagen del su esposo con la estaca clavada en su magullado cuerpo. La sangre brotando de sus labios, acompañados de una genuina sonrisa, justo antes de susurrar sus últimas palabras. Esos mismos ojos que miraron a Sakura aquella tarde de finales de otoño habían visto a esa misma mujer. El hombre le había dicho que sus ojos se parecían a los de alguien, y ahora que conocía a Akane y a su madre, estaba segura que se refería a ellas.

–Eres tú, Sakura-chan – reconoció la mujer con un deje de satisfacción en su agitada voz. Tenía una película de sudor en su rostro y el pecho se movía con fuerza. Estaba buscándola, aparentemente con gran esmero, pero Sakura no estaba preparada para hablar con ella. Tal vez nunca lo estaría.

La pelirrosa tragó en seco e, instintivamente, movió sus ojos en busca de un motivo para huir.

–Antes de que inventes una excusa para zafarte quisiera hablar contigo – se adelantó a decirle sosteniéndole la mano sana para evitar su fuga.

El contactó la forzó a sintetizar una frase torpe para liberarse de su agarre.

–Estaba a punto de buscar a Amai – como era de esperarse, su mentira no sonó ni la mitad de convincente de lo que pretendía.

–No tomara mucho tiempo. Solo necesito que me escuches.

–Lo lamento. Pero en este momento estoy un poco apresurada ¿Le parece si hablamos mañana?

–No – sentenció con firmeza, alzando su voz sobre el ruido de la música que revoloteaba a su alrededor. Los verdes ojos de la mujer se tornaron severamente a los de Sakura –. Debemos hablar en este momento, y tú me escucharas.

Abrió los parpados lo suficiente para que el contorno de su iris brillara bajo las luces del festival. Por mucho que quisiera no podía detener lo inevitable. Relajó los brazos y, con el miedo surcando sus venas, se colocó de frente a la mujer esperando que lo peor llegase rápido.

La madre de Akane recuperó el aliento, transformando sus gestos cansados a unos inexpresivos.

–¿Es verdad que conociste a mi esposo? – preguntó de golpe sin quitarle la mirada de encima – ¿Qué estuviste con él antes de… antes de morir?

Sakura aprisionó el aire en sus pulmones buscando una respuesta que evitara que el temblor en su cuerpo se proyectara a sus palabras. Y, aunque quisiera decir algo, de sus labios lo único que salió fue una pequeña mota de aliento.

–¿Es cierto? – volvió a preguntar la mujer con un deje de dolor que se filtró desde su garganta.

Por Kami, no estaba preparada para ese momento, sabía que no lo estaba. Quería correr, escapar, cualquier cosa con tal de no estar escuchando a la viuda del hombre que ella dejo morir.

Nunca había experimentado un sentimiento de ese calibre. En sus años como medic-nin, jamás se acostumbró a ser la portadora de malas noticias. Notificar una muerte a los esperanzados familiares que mantenían la fiera convicción de que su ser querido seguía vivo era una tarea terrible. Pero, la habían entrenado para eso. Anestesiar momentáneamente esa fibra humana que permitía compartir la tristeza que sugería la pérdida de una persona a la que apenas conociste junto a su familia, era necesario para evitar desquebrajarte en mil pedazos. Sin embargo, la suma de la muerte y la culpa llegaban a ser un peso que los hombros de Sakura no podían soportar.

El cuerpo le tembló en un ligero espasmo cuando los ojos de aquella mujer seguían esperando, expectantes. Auqnue quisiera alejarse de ahí cuanto antes, no tenía el valor para mentirle una vez más.

–Fue mi culpa – tartamudeo Sakura en un susurro, con la voz a punto de quebrarse. Llevó ambas manos hacia su cara para cubrir su vergüenza. Ya no había nada que ocultar, ella merecía saber la verdad –. Todo fue mi culpa. C-como lo lamento, yo… yo…

El llanto estuvo a segundos de desfilar sobre sus mejillas, pero una mano llegó hasta su hombro haciéndola reaccionar. Sin esperarlo, la mujer se abalanzó sobre la pelirrosa y la abrazó con fuerza tomándola totalmente desprevenida. Sakura parpadeo sin comprender. Esa era una respuesta que no esperaba. En realidad, estaba aguardando por un sinfín de reproches y maldiciones que aceptaría en silencio.

Él tiene razón – dijo con voz maternal –, eres una persona demasiado buena, Sakura.

La mujer se alejó de ella y llevó un mechón de rosado cabello tras la oreja de la Haruno.

–N-no comprendo – sollozó limpiándose la nariz sonoramente.

–Mi niña – le limpió una lágrima que casi había escapado de entre las rosadas pestañas –. Ya sé lo que sucedió. Él me lo conto todo, y no quiero que te sientas culpable por lo que pasó. Mi querido esposo fue un hombre que vivió una vida feliz y llena de aventuras. Murió como un héroe y es así como lo recordaremos. Sé que hiciste todo lo posible por salvarlo, de eso estoy totalmente segura, solo quiero que sueltes esa pena que llevas contigo.

–¿N-no está molesta?

–¿Molesta? ¡¿Cómo voy a estar molesta?! Me es imposible tan siquiera pensar en ello, Sakura-chan. Has hecho demasiada cosas buenas como para que te quedes pensando en los sucesos del pasado. ¡Mira todo lo que has logrado ahora! Salvaste no solo la vida de mi hija, sino también la de mi padre y la de todos en la aldea. Hay cosas que nosotros mismos no alcanzamos a ver porque evitamos hacerlo, preferimos estar ciegos antes de admitir nuestros propios logros bajo la falsa creencia de que no los merecemos. Es por eso que alguien necesita darnos un golpe de vez en cuando para dejar de hacernos los ciegos – hizo una pequeña pausa antes de continuar –. He venido a darte ese pequeño empujón, para agradecerte por todo lo que has hecho por nosotros – dibujó una sonrisa en sus labios, acarició la superficie de su vientre e hizo una ligera inclinación con la cabeza –. Muchas gracias, Sakura-chan.

Cada palabra aliviaba poco a poco la opresión en su pecho, como si la carga que sostenía sobre sus hombros se fuera aminorando conforme la mujer hablaba. Sakura tanteó sus parpados limpiando los residuos de lágrimas que nunca salieron de sus ojos.

–Es usted demasiado amable – susurró la pelirrosa sin saber que decir en concreto.

–Oh no, pequeña. No digas tonterías.

Una sonrisa tenue apareció en los labios de Sakura.

–Gracias – dijo con serenidad.

La mujer movió la mano en señal de negación.

–Oh no, cariño. Dale las gracias a Sasuke-kun. Él ha sido el que me ha contado todo.

Las pupilas se le dilataron de repente y sus labios quedaron entre abiertos.

–¿Qué ha dicho?

–Ese muchacho se preocupa mucho por ti – susurró –. Me dijo sobre como trataste de salvar a mi querido esposo y de cómo te ha mortificado ese hecho en los últimos meses. Sasuke quería que yo no tuviera resentimientos para contigo, pero me es imposible pensar mal de alguien que ha sido tan buena con mi familia.

Incredulidad. Esa era la palabra que se dibujaba en el rostro de Sakura en ese preciso instante.

–¿Sasuke le ha dicho eso?

–Cada palabra – asintió gustosa –. Deberías hablar con él ¿No te parece?

Bajó la mirada hasta sus sandalias en busca de una distracción. Aun no podía creerse lo que había escuchado. Era simplemente inverosímil que Sasuke se preocupara por ella. Nunca lo había hecho en el pasado, y nunca lo haría en el futuro.

–Piénsalo, linda. Luego de un rato comprenderás que todo lo que te he dicho es verdad – le dio un último y repentino abrazo –. Gracias por todo lo que has hecho por nosotros, Sakura-chan. Nunca lo olvides ¿Está bien?

Aun anonadada, Sakura le regresó el abrazo permitiéndose relajar los hombros y forjar una tenue sonrisa que, a diferencia de las que había hecho en el resto de la noche, estaba cargada de una serenidad genuina.

–Yo soy la que debo darle las gracias – le corrigió por lo bajo.

–Sigues diciendo tonterías – se burló la mujer.

Intercambiaron una última sonrisa antes de que Sakura la viera partir en la misma dirección por donde había llegado, perdiéndose entre la multitud de personas que arribaban al gran festival de primavera.

Volvió a tocar la superficie de su vendaje sin creerse del todo lo que había escuchado. La imagen de Sasuke logró materializarse de nuevo en sus recuerdos, pero en esta ocasión, ya no lo veía tan lejano.

–¿Te encuentras bien? – preguntó alguien a su derecha.

Retornó su atención hacia Amai que le regresaba una mirada con la ceja levantada. El cabello castaño se arremolinaba con los soplidos del viento al igual que un botón blanquecino, similar a una flor, que sostenía en una de sus manos pero que no pudo distinguir con claridad pues lo oculto casualmente en su manga. En esta ocasión no estaba usando su respectivo atuendo de ninja ni su típica bandana. Vestía un simple kimono azul oscuro con negro a rayas que le hacía lucir muy guapo, sin embargo esos colores solo le hacía recordar a cierto pelinegro que seguía revoloteando con gran recelo sobre sus pensamientos.

–Oh, si – saltó a decir Sakura mostrando su perfecta dentadura blanquecina en una sonrisa –. Solo estaba admirando la fuente.

Amai asintió no muy complacido y le entregó la bebida que había ido a buscar.

–Disculpa la tardanza, hay mucha gente sedienta por estos lados. Ten. Espero que te guste.

–Gracias – respondió distraídamente sosteniendo el vaso con su mano sana. No quería que Amai continuara exigiendo curar su herida.

El joven a su lado se inclinó un poco para observarla cara a cara.

–Luces muy hermosa hoy – agregó en un halago que no hizo mayor efecto en la descuidada pelirrosa.

–Gracias – susurró con la mirada perdida en la fría bebida –. Es la yukata de la mamá de Akane, es una suerte que me quedara.

Amai arqueó una ceja. Tal vez esperaba una respuesta nerviosa o un suave sonrojo por parte de la Haruno.

–¿Segura que estas bien? Te noto distraída.

–No es nada – dijo con fuerzas renovadas para opacar la cara abstraída – ¿Vamos?

Haciendo gala de su caballerosidad, Amai evitó insistir en el tema y comenzaron a caminar alrededor de los diversos puestos que se amontonaban en la gran plaza mientras los fuegos artificiales hacían acto de presencia entre las estrellas del cielo.

Si hubiese estado más atenta a lo que ocurría a su alrededor o menos ensimismada el festival le hubiera sentado como una distracción perfecta. Todo en la aldea estaba finamente organizado para levantar los ánimos a cualquiera que lo necesitara, y a decir verdad, muchos en ese lugar requerían una buena dosis de sonrisas. Los niños correteando felices por las calles, la música que mantenía un aura de alegría sublime. Más de una persona se acercó a Sakura y a Amai para agradecerles por su destacada labor en curar la peste, al igual que muchos aldeanos también hicieron comentario de lo hermosa pareja que hacían juntos. Ese tipo de observaciones alteraban a Amai transformándolo en un tomate con piernas. Cada vez que salía el tópico a relucir se rascaba la nuca y negaba vigorosamente con la cabeza para no incomodar a Sakura, pero ella nunca llego a escuchar lo que sucedía a su alrededor.

Aunque usara todas sus fuerzas para evadir a Sasuke de sus pensamientos, existía un impulso más grande que su propia voluntad para dejar de preocuparse por el Uchiha. La conversación previa con la mamá de Akane seguía viva en su mente. Estaba dándole muchas vueltas al asunto, buscando la manera de que todo lo que le había dicho fuese una total y completa mentira, a pesar de que una parte de sí deseaba con gran fervor que fuese verdad. Pensar en que Sasuke pudiera ser el mismo de antes le traía una sensación de esperanza inigualable, pero volvía a caer en las memorias que habían compartido los últimos meses, forzándola a desplomarse de nuevo en la triste realidad.

Caracterizado por su dulzura y buena voluntad, Amai continuaba en la laboriosa faena de distraer a Sakura. Nombraba cosas referentes a las decoraciones de la plaza y hacia acotaciones sobre la música característica de aquella región. Le preguntaba con frecuencia si quería algo de comer o beber a lo que siempre respondía que no. A la final, como no observaba interés en las diminutas sonrisas de Sakura, terminó por hablar de sus pacientes y trabajo acumulado, quedándose sin mayores tópicos de los que discutir, o mejor dicho, de los que monologar.

Si al principio de la noche pensaba que la cita no podía ir peor, estaba muy equivocada. ¿Cómo podía ser tan insensible? Sentía muchísima pena por Amai. El joven se estaba esmerando por darle una buena velada, de verdad que sí. Pero, a pesar de sus buenas intenciones, existía otro hombre que ocupaba por completo la mente de la joven pelirrosa.

–¿Le estas buscando? – preguntó Amai a su lado.

Sakura inclinó la cabeza hacia un lado en señal interrogativa.

–¿A quién?

–A Sasuke.

Parpadeo bruscamente e intentó cruzarse de brazos pero la bebida, que seguía casi intacta, se lo impedía así que terminó en un enredo de brazos y gotas de té frio.

–¿Por qué lo estaría buscando? – increpó indiferente, formando una mueca exagerada.

Amai dejó caer los hombros, alicaído, y se detuvo en medio de la calle.

–Sakura. Lo entiendo.

–¿Entender que cosa? – preguntó a la defensiva, con el entrecejo fruncido, relajando los brazos y deteniendo su marcha entre las calles del pueblo.

–Que no tengo oportunidad contigo – le explicó con tranquilidad, devolviéndole una mirada que en el fondo demostraba un ápice de abatimiento –. Amas demasiado a Sasuke como alejarlo de tus pensamientos.

El corazón le dio un soberano golpe entre las costillas que la hizo buscar aire con desesperación. ¿Es que todo el mundo estaba empeñado en que su mente siguiera divagando entre la cordura y la razón?

–¿D-de que rayos estás hablando? – dijo como si no supiera a que se refería.

–Has estado muy distraída – explicó –, miras a todos lados buscándolo, incluso te exaltaste cuando viste a un chico alto de cabello negro que se parecía a él.

–Eso no tiene nada que ver – mintió, otra vez.

Los negros ojos de Amai se veían de un color mucho más claro cuando la luz chocaba sobre su iris. Y allí entre la oscuridad de su pupila se filtraba la tristeza que intentaba ocultar con aquella sonrisa dulce y amable.

–Hoy me iba a confesar ¿sabes? – comentó usando una voz divertida, como si se tratara de un chiste.

Sakura, asombrada, abrió los labios de hito en hito.

–A-Amai – fue lo único que pudo articular sin poder quitar la mirada de los azabaches ojos de su compañero, sintiéndose demasiado culpable por estar pensando en alguien diferente en ese preciso instante.

–Sí, lo sé, suena tonto – admitió el muchacho rascándose la nuca en señal de vergüenza, mientras que con la otra mano dejaba al descubierto una pequeña Camelia Blanca que tenía oculta en su manga. Sakura parpadeó con fuerza al ver la flor –. Sé que te encantan las flores. Recuerdo que durante la guerra les contabas a los enfermos el significado de cada una de ellas con tal de entretenerlos y separarlos del sufrimiento que les confería el estar bajo el catre de una precaria carpa en medio de una zona de batalla – suspiró entristecido y jugó distraídamente con la flor entre sus dedos –. Creo que fue ahí cuando comencé a enamorarme de ti.

Hubo un pequeño instante en donde su voz se apagó entre el bullicio de la gente. Sakura, absorta, seguía sin encontrar palabras para poder responderle. La última vez que alguien se le había declarado se remontaba a años atrás, durante la cuarta guerra. Aun recordaba al muchacho. Alto, fornido y un poco inseguro. Le fue muy doloroso escuchar la confesión de alguien que no era correspondido, pero a la final pudo llenarse de valor, negando su petición de la forma más amable que le fue capaz. En ese entonces no tenía duda de a quien pertenecía su corazón, pero ahora la duda gobernaba sus pensamientos y lo que antes debía ser un sentimiento inquebrantable, ahora se había convertido en un choque de emociones.

–Nunca pensé que podría tener una oportunidad para poderte decir lo que sentía, hasta que te volví a ver esta semana – continuo sin verle directamente a los ojos –. Creí que era cosa del destino. Llegue incluso a pensar ilusamente que tú también pudieras sentir algo por mí… pero… con el pasar de los días… me di cuenta de que jamás me miraras de la misma forma que miras a Sasuke.

Sin saber qué hacer, Sakura bajó los ojos hasta sus manos que jugueteaban torpemente con la fria bebida.

–Y-yo…

–No hay necesidad de que lo niegues. Los he visto. Sé que te preocupas por él, aun cuando quieres ocultarlo. Y sé que nunca podré hacer que te fijes en mí de esa manera – dejó salir un resoplido de agotamiento –. Y solo con el tiempo lograré llegar a admirarte con la misma devoción que él lo hace contigo.

–¿Que-e? – tartamudeó Sakura regresando su atención de nuevo al joven frente a ella –. E-estas equivocado… él…

–Vamos, Sakura. No conozco lo suficiente al Uchiha, pero no estoy ciego – sonaba un poco impaciente cuando continuó diciendo –: Él está loco por ti. Ha estado al pendiente de cada cosa que haces incluso cuando no lo ves. Es un poco asfixiante y sobreprotector. No puedo estar cerca de ti porque presiento que saltara desde algún escondite y me matara en cualquier momento con su Rinnegan.

Sakura palideció de repente luego de escuchar aquella repentina confesión.

–Estas diciendo puras tonterías.

–¿Sabes que Sasuke se quedaba horas esperándote fuera del centro para estar seguro de que estuvieras bien? – Amai resopló otra vez, exasperado –. Él subió una noche a visitarte porque le insistí que lo hiciera. Al parecer no quería interrumpirte en tu trabajo pero tampoco le agradaba estar en medio de la calle sin saber de ti. Es por eso que le deje pasar hasta tu habitación para que pudiera estar tranquilo y así dejara de espantar a todo el personal del centro. Ese Uchiha te quiere más de lo que piensas – de repente, una risa carente de diversión se escapó de la garganta de Amai – ¿Me estas escuchando? – se burló con incomodidad –. Estoy intentado convencerte sobre el amor que te tiene mi rival. Debo sonar como un completo idiota.

El corazón le estaba latiendo de tal manera que comenzó a marearse.

–Esto es… – las palabras sonaban raras, lejanas. No sabía qué hacer ni que decir en ese momento.

–Sakura – dijo Amai acercándose hasta ella para acortar la distancia entre ambos, trayendo a Sakura de nuevo a aquella dudosa realidad que aún no podía entender –. Nunca me doy por vencido, es por eso que me eligieron para esta enfermedad "imposible" de curar, y me gusta demostrarles a los demás que lo imposible puede hacerse posible. Pero esta es la primera vez que reconozco la derrota. Entre ustedes dos hay demasiada historia, y es algo con lo que no puedo competir – pasó una mano por la mejilla de Sakura regresando el mechón de rosado cabello de nuevo a su sitio tras la oreja –. No te sientas mal – le tranquilizo con una sonrisa –, al menos tendré la seguridad de que estarás con un buen sujeto.

–Amai.

–Deberías ir a buscarlo – le interrumpió antes de que pudiera pensar en algo más que decir–. Creo que lo vi por el puesto de fuegos artificiales.

–Pero…

–No compliques las cosas, Sakura – le alentó suavemente –. No te detengas a pensarlo con demasiado detenimiento. Déjate llevar por lo que de verdad sientes.

Sakura asintió con la seguridad que había perdido hace días atrás, sin saber a lo que estaba a punto de enfrentarse. Se colocó en puntillas y depositó un tierno beso en la mejilla de Amai generándole a éste un fuerte rubor en el rostro.

–Gracias por todo – dijo con gran sinceridad–. No sé cómo agradecértelo.

–Solo ve, Sakura – le alentó en una sonrisa.

La bebida cayó de su mano hasta precipitar en el suelo. Dio media vuelta y sin esperar que algo más se interpusiera en su camino corrió en la dirección que Amai le había indicado. Pasó por un grupo de personas que le miraron extrañadas y otros que le devolvieron un saludo efusivo que no pudo corresponder. No tenía tiempo en detenerse. Debía encontrarlo a como dé lugar.

Mientras serpenteaba entre la multitud, su mente trabajaba con torpeza. Intentaba concentrarse, focalizar un punto al cual dirigirse, pero solo el instinto y los fuertes latidos de su corazón le indicaban a donde bebía correr.

Llego de nuevo a la fuente donde minutos atrás había escuchado la primera revelación de Sasuke por parte de la madre de Akane. Se detuvo unos instantes para retomar aire y girar la cabeza esperando encontrar a un hombre alto vestido de negro, aunque, luego de pensarlo un poco, sería estúpido creer que Sasuke estuviera en aquel lugar. Él odiaba los centros concurridos como aquel, donde personas se arremolinaba en grupos indivisibles que evitaban el paso tranquilo entre las calles. Sasuke prefería el aire libre, el ruido de la naturaleza, la calma del silencio, la compañía de su propia soledad. Si Sakura creía que podía encontrarlo allí debía ser una completa ilusa.

Continuaba de pie, jadeando frente a la fuente cuando divisó cerca de un banco de madera a Akane. Vestía un kimono a juego con el que la pelirrosa usaba en ese momento. El cabello se apiñaba en un perfecto moño a lo alto aunque algunos mechones se desprendían en una especie de cascadas risadas sobre su mirada cabizbaja. Cuando Sakura se hubo acercado lo suficiente para enfocar el sonido de su voz, escuchó como los sollozos de la niña se acentuaban con gran ímpetu, lo que la hizo avivar su preocupación.

–¡Akane! – le llamó con un hilo de voz pero la niña estaba privada, llorando un mar de lágrimas.

Llegó hasta ella y se acuclilló para quedar al nivel de su rostro. La piel de su cara estaba fuertemente enrojecida por el llanto y los hipidos que generaba su quebrada garganta distorsionaron su voz impidiendo a Sakura entender lo que balbuceaba.

– Akane – murmuró de nuevo, esta vez en un tono más precavido – Cálmate, pequeña. Dime que sucedió ¿Te hicieron algo? ¿Estás bien?

–¿S-Sakura-san? – gimoteó la niña queriendo limpiar el desastre de sus mejillas pero le era imposible detener el torrencial de lágrimas que seguían brotando de sus ojos jades – ¿E-es usted?

Ahora podía entender lo que decía con mayor claridad, al igual que el dolor que arrastraba sus palabras. Algo había pasado.

–Sí, linda soy…

–Tiene que buscarlo, Sakura-san – sentenció la infante levantando la mirada y revelando parte de su triste mirada para luego recaer en la misma posición deprimida de hace unos segundos atrás –. Tiene que encontrarlo…

–¿De qué hablas, Akane? ¿Qué sucedió?

–Dijo que nos volveríamos a ver – sollozó mientras se resonaba la nariz con fuerza –… pero nunca dijo cuándo…

Sakura frunció el ceño con fuerza.

–No… no comprendo ¿A quién te refieres?

–Le conté sobre el significado de esto… Él quería entregársela…– de entre sus diminutas manos aparecieron algunos pétalos blanquecinos sueltos alrededor de un capullo que se extendía sobre su pequeña palma –… ahora ya es muy tarde… Sasuke-sama nunca más regresara…

–¿Sasuke?– repitió Sakura con el dolor punzante intensificándose entre sus costillas al momento que tomó la flor entre las manos. La observó por una fracción de segundos, como si fuera la cosa más frágil que alguna vez haya sostenido. Elevó la mirada hacia Akane sin poder creerse aun lo que había escuchado – ¿Sasuke iba a entregarme esto?

–Si…– chilló inconsolable hundiendo de nuevo el rostro entre la manga de la yukata.

Sakura palideció, si es que podía hacerlo aún más. Sasuke definitivamente era una caja de sorpresas. Nada de lo que había hecho concordaba con sus actos en las últimas semanas. Era como si por primera vez luego de tanto tiempo la neblina comenzara a disiparse.

–F-fue mi culpa… – murmuró Akane desconsolada.

–No, linda. Esto no fue tu culpa – se adelantó a decirle Sakura acariciándole la espalda encorvada.

La niña volvió a sollozar, dejando escapar un gorgoreo que sonaba a una negativa al alivio que Sakura quería transmitir con sus palabras porque, si de buscar a culpables se trataba, no era un trabajo difícil de realizar.

Sakura estaba convencida de que la causa de la actitud de Sasuke tenía tatuado su nombre en todas partes. Era ella la que debería estar sintiéndose culpable, y no una inocente niña de cinco años.

–Akane, escúchame – volvió a acariciar la espalda de la niña en un vano intento por apaciguar su llanto –. Necesito que me digas donde esta Sasuke ¿A dónde se fue?

–Dijo que debía seguir su misión… – explicó la niña entre balbuceos. Aun su voz seguía siendo un murmullo forzado y doloroso –… le pedí que no lo hiciera… que esperara a que le entregara la flor, que usted le respondería de la misma manera… pero aun así… aun así…

–¿De qué hablas? – ya sabía la repuesta, pero de alguna manera necesitaba escucharla.

–Sasuke-sama se fue, Sakura-san. Nos dejó… él nos dejó…

Si antes pensaba que la punzada era un dolor terrible, la lanza que cargaba aquellas palabras la arrastraron a lo más cercano de la agonía.

Por primera vez Akane levantó los ojos enrojecidos por el llanto pero sus siguientes palabras sonaron tan firmes como una roca.

–Debe ir a buscarlo. Usted es la única persona que él escuchara. Sasuke-sama necesita de alguien que se preocupe por él, y Sakura-san es la única persona que puede estar a su lado – tragó con fuerza y se limpió las mejillas con un deseo de súplica en su redondo y brillante rostro –. Por favor, no pierda a Sasuke-sama. Nunca lo pierda.

Antes que tan siquiera pudiera maquinar la información en su mente, sus piernas comenzaron a moverse de nuevo, corriendo en dirección a la colina. La voz de alguien llamándola repetidas veces se escuchaba cada vez más distante. No sabía quién era, y no se detendría a averiguarlo.

Zigzagueó torpemente entre la multitud que perdía densidad conforme se acercaba a la entrada de la ciudad. Su pecho se alzaba con demasiada violencia en busca del aire suficiente para conservar el ritmo. La música del festival se perdió bruscamente una vez se incorporó en el mar de hierba que la separaba de la granja de Masashi. Las estrellas en el cielo se desplegaban sobre su cabeza en un manto oscuro y siniestro. El frio primaveral que danzaba en forma de remolinos de viento le cortaba el aliento dificultándole el paso. Probablemente era obra de la desesperación y la ansiedad, pero la distancia que debía recorrer se había triplicado exorbitantemente. Sumado a ello estaba el incomodísimo traje y las dolorosas sandalias que no colaboraban en su carrera contra el reloj. El peinado que mantenía su rosado cabello atado firmemente en un moño, comenzó a deshacerse poco a poco hasta desparramarse sobre sus hombros una vez hubo divisado la granja de Masashi. Fue una vista gloriosa que la hizo apremiar el paso aún más, pero al mismo tiempo hizo incrementar la preocupación que se había materializado en un dolor a nivel del cuello, allí donde el llanto se preparaba para terminar por desquebrajarla en cualquier instante.

Atravesó la puerta de la casa arrastrándola con fuerza. Si llegaba a enfocarse podría percibir el chakra de Sasuke, pero su concentración estaba cayendo en picada y detenerse a tomar aire era un lujo que no podía darse.

–¡Sasuke! – gritó con la voz vuelta un lio – ¡Sasuke!

Se liberó de las molestas sandalias cuando pisó el suelo de tatami. Correteo un par de pasillos silenciosos donde su respiración entrecortada era la única señal de vida que deprendían aquellas solitarias paredes.

Sin más preámbulo se deslizó hasta la habitación que ocupaba el Uchiha. No se tomó las molestia de tocar la puerta y la deslizó con la esperanza de encontrarlo dormido, con la espada en su regazo y el cabello azabache recorriéndole el pálido rostro, pero dentro de la recamara solo había una densa penumbra. Sakura miró hacia todos lados en busca de algo que pudiera darle alguna señal de que Sasuke aun estuviera allí. Sin embargo, no estaban sus pertenencias, nada de él. Ni siquiera existía rastro de que alguien hubiera estado alguna vez en ese pequeño lugar.

Sakura llevó una mano a su pecho y lo estrujó con fuerza. La historia se estaba repitiendo otra vez y el dolor seguía siendo el mismo.

–¿Esperabas encontrarlo, mocosa?

Giró la cabeza tan rápido que su cabello flotó por los aires y formó un perfecto semicírculo alrededor de su nuca.

–Masashi-dono – susurró al ver al anciano sentado con las piernas cruzadas frente al jardín central, admirando la noche con una pipa en su mano izquierda.

–Se llevó todas sus cosas – aspiró el humó que sobrevolaba a su alrededor en una especie de nube blanquecina –. Me dijo que no te preocuparas, que estabas fuera de la misión. Ya le comunicó a Konoha de la situación.

Por un momento sintió como todas sus fuerzas desaparecían de su cuerpo.

–¿C-cómo? – balbuceó sin poder soltar el mohín que había hecho con la tela de la yukata en su pecho.

–No me gusta repetir las cosas dos veces – cerró los ojos y negó con la cabeza.

Sakura se aceró al anciano con un deje de temblor en su caminar.

–P-ero… ¿Por qué? ¿Por qué se fue?

–¿Y te sorprende? – volvió a llevarse la pipa a los labios –. Tú más que nadie la diste razones para que se largara de aquí.

Bajó la cabeza avergonzada. Observó su mano vendada con la sangre seca que manchaba la superficie de sus nudillos.

–El golpe fue un error – susurró por lo bajo.

–Imaginé que había sido obra tuya. Pero no te culpo. Se lo tenía bien merecido por idiota.

Sakura dio otro paso hacia Masashi.

–Sigo sin comprender ¿Por qué se fue así tan de repente?

–Porque es un cobarde que no puede enfrentar sus errores.

–¿Qué quiere decir con eso?

–Ya no importa – dijo restándole importancia con un movimiento de su huesuda mano –. Estarás mejor sin él. Confórmate con eso.

–Esto no tiene sentido – replicó haciendo oídos sordos al consejo del anciano –. Nada tiene sentido ¿Qué lo motivo a irse? ¿Por qué se fue sin decir nada? ¿Por qué nos dejó atrás?

–Mira mocosa – le detuvo asqueado. Volvió su cabeza para mirarla frente a frente –. No te conozco lo suficiente, y tampoco tengo punto de referencia para poder comparar, pero estoy seguro que has actuado diferente estos días. Te has vuelto en un muro de contención. Si tu verdaderos motivos fueron alejar al Uchiha o hacerle saber que eres lo suficientemente arrogante e independiente para no necesitar de él, te felicito, lo has logrado.

Sakura parpadeo incrédula.

–Yo…

–No me vengas con tus pretextos. Tuve que soportar las razones del Uchiha sobre dejarte ir, de no hacerte sufrir otra vez y demás nimiedades – le interrumpió iracundo –. Ya he escuchado bastante por una noche.

El corazón en su pecho saltó hasta estrellarse contra las costillas.

–¿De qué está hablando?

El anciano arrugó el ceño, desesperado porque Sakura no terminaba de comprender.

–Vaya que tienes mala memoria, igual que la primera vez que nos conocimos – bramó Masashi –. Te estoy diciendo que ese pedazo de alcornoque se ha ido para dejarte en paz, para que regreses a tu aldea, para que seas estúpidamente feliz. No solo es cobarde, sino también bruto e insensible. Él sabe que en todo el tiempo que llevan juntos se ha comportado como un completo desgraciado y solo lo ha hecho para evitar aceptar la realidad.

A nivel de sus parpados, las lágrimas volvieron a empapar sus ojos. Bajó la mirada hacia sus pies descalzos, esperando que el temblor que surcaba su cuerpo se desvaneciera.

Nunca llegó a tan siquiera imaginar que Sasuke pudiera hacer tantas cosas por ella. Cosas como velar por su bienestar, preocuparse en secreto… nada de eso era parte del Sasuke que recordaba. Había cambiado. Todos los malos trato que tuvo para con Sakura habían sido solo su torpe forma de alejarla, de obligarle a forjar un odio irracional hacia él. Sin embargo, mientras le mostraba la fachada de orgulloso y pedante Uchiha, del otro lado se estaba ocultando su verdadera identidad, una que no deseaba admitir, una que él prefería olvidar.

–¿Qué estás haciendo? – le preguntó Masashi arqueando una ceja al ver como Sakura seguía con la mirada pegada en una grieta entre sus pies. La pelirrosa alzó instintivamente la mirada y la llevo hasta los sabios ojos del anciano que le devolvía una expresión de exasperación – ¿Lloraras como una molesta niñita o iras a buscarle?

–M-Masashi-dono – dijo Sakura con los labios entreabiertos.

El hombre se colocó de pie con dificultad, dejando escapar un resoplido impaciente.

–Ese Uchiha ha cometido muchos errores en su vida, incluso después de retomar el camino del bien se ha tropezado con demasiadas piedras en el camino y tu más que nadie lo debe saber. Personalmente nunca he tenido buenas experiencias con ese asqueroso clan de ojos rojos, pero ese muchacho me ha hecho pensar ¿sabes? He meditado cada palabra que me dijo antes de irse y he llegado a una absurda conclusión que me cuesta admitir pero que debo aceptar – elevó su dedo índice repentinamente y señaló el rostro de Sakura –. Escúchame bien, mocosa, porque no pretendo decir esto dos veces y vaya que te gusta hacerme repetir las cosas – hizo ademan de volver a inspirar de sus pipa pero se contuvo, en cambio relajó las arrugas de su frente y continuo en un tono más grave –. Muy pocas son las personas que he apreciado en esta vida, y, por extraño que parezca, tú eres una de ellas. Es por eso que me encuentro en la obligación de darte un consejo y espero que lo sepas utilizar – ahora levantó la mano en dirección norte como si señalara a alguien en la distancia –. Si no regresas en busca de ese muchacho te estarás enfrentando a una vida sin preocupaciones, sencilla y sin ningún tipo de dolor que ese Uchiha pudiera infligirte con sus torpes palabras y mal genio. Pero si te decides en mover tus flacuchas piernas y correr a encontrarlo te toparas con una vida totalmente incierta pero que a la final habrá valido la pena – relajó los hombros y de sus labios se dibujó una sonrisa casi imperceptible –. Por alguna razón los Uchiha aman demasiado, tanto que los vuelven unos completos idiotas.

El anciano hizo una pausa, como si estuviera evaluando las expresiones en la cara de Sakura llena de perplejidad pura.

–¿Recuerdas lo que te dije la última vez? – susurró Masashi – ¿Sobre la mentira que tú misma tendrías que descubrir?

–Si – asintió con los ojos abiertos de par en par.

–¿Ya te has dado cuenta o debo de golpearte como le hiciste al bruto Uchiha ese?

Sakura no pudo contener una tímida sonrisa seguido de un ligero rubor que surcó sus mejillas. Colocó sus manos entrelazadas sobre los muslos e hizo una profunda reverencia.

–Muchas Gracias, Masashi-dono.

Un nuevo sonido de fastidio se filtró desde la garganta del anciano. Se dio la vuelta y se concentró otra vez en su pipa.

–Par de idiotas.

La pelirrosa no pudo contener una risilla que dejó escapar de sus labios. Giró sobre sus talones y preparo de nuevo sus piernas para correr hasta que sus músculos ardieran de dolor.

Volvió a atravesar la salida de la casa casi de un salto. Por un extraño motivo la oscuridad se había tornado más densa, de una forma casi impenetrable. Aun las estrellas titilaban opacamente sobre el manto de la noche, ellas eran su único guía para encontrar el camino que llevaba a las afueras del pueblo. Viró en dirección norte, a donde debería estar el rio, hacia la cascada. Ahí debía de estar él.

Se precipito hacia la espesura del bosque como un bólido. No reparó en el hecho que estaba descalza sino hasta que atravesó los primeros árboles, y las asperezas de la tierra que arañaba con fiereza la planta de sus pies se lo recordó en forma de punzadas de dolor. Mientras correteaba, el vestido se atoró un puñado de veces entre las ramas de los robles por donde pasaba. Tendría que reponerle la yukata a la mamá de Akane, aunque su aspecto actual – que seguramente era deplorable – seguía siendo una preocupación insignificante.

No tardó mucho en encontrar el rio. El sonido de su cauce la previno unos metros antes de divisarlo. Ya estaba cerca, podía percibirlo. No quería interrumpir su carrera ni siquiera para recuperar el aliento pero una torpe caída la forzó a detener la marcha. Un dolor abrasivo le recorrió la rodilla en el momento en que su pierna colisiono contra el filo del pequeño peñasco. Frunció el ceño en una mueca de dolor. Resistió la descarga eléctrica que le recorrió hasta el muslo. No podía parar a curarse. Debía seguir. Tenía que alcanzarlo.

Volvió a colocarse de pie respirando con dificultad. Levantó la vista jadeando en busca de aire. El roble que había destrozado la tarde pasada se exponía frente a ella a un par de metros, y más allá, donde el rio emprendía su curso bajó la caída de la cascada, se veía una tenue mancha negra. Era difícil distinguirla con la penumbra que se cernía sobre el claro, pero Sakura conocía muy bien quien era.

–Sasuke – susurró para sí misma con el dolor en su rodilla tensándole los músculos– ¡Sasuke! – gritó con desesperación corriendo con todas sus fuerzas. Ahora lo distinguía mejor, estaba cruzando el puente de madera – ¡Detente, Sasuke!

Pudo ver como el pelinegro dejó de caminar cuando escuchó su voz desesperada alzarse sobre el ruido de la cascada. ¿De done había sacado fuerzas para levantarse, gritar y correr? No lo sabía. Lo único que le importaba en ese momento era una sola cosa: llegar hasta él, alcanzarlo, antes de perderlo otra vez.

Continúo corriendo hasta detenerse en el comienzo del puente. El cabello alborotado, la yukata sucia y roída, la pierna sangrando y el vendaje de sus nudillos que había desaparecido le daban el aspecto de una mujer sumida en la locura, cuestión que, a decir verdad, no se alejaba de la realidad.

Trago aire repetidas veces. Desde donde estaba podía ver la ancha espalda de Sasuke bajo la negra capa. Su largo cabello azabache estaba sujeto en una media cola hecha precariamente con un retazo de los vendajes que antes le recorrían la frente, lo que le permitió ver su rostro cuando se giró sobre sus talones para encararle. Un escalofrío recorrió la columna de Sakura en el momento en que el Uchiha se fijó en ella. Pensaba que apalearía a una de sus miradas de odio o desprecio, de esas que solía enviarle cada vez que hacia algo que consideraba molesto y estúpido, pero se equivocaba. La estaba estudiando con las facciones relajadas, desprovistas de cualquier indicio de resentimiento. Aquella era la mirada de alguien desolado, debatido. Los parpados coloreados con una tenue sombra negruzca, el vacío que yacía dentro de la profundidad de sus pupilas, los hombros anchos y fuertes se mostraban alicaídos, como si mantenerse en pie fuese un trabajo tan arduo que le consumía las energías.

Jamás lo había visto de esa manera. No era oscuridad lo que se reflejaba en Sasuke. Estaba consciente de que, tal vez, no lo conocía como ella creía, pero no estaba ciega. El mostrar un sentimiento distinto a la apatía u orgullo proveniente de él era casi imposible. Pero ahora, viéndolo allí en medio del puente, con el semblante cubierto por esa falsa mascara de inexpresividad, Sakura pudo reconocer el rostro que con tanto anhelo intento ocultar esos últimos meses. Algo dentro de ella se removió con fuerza. Tal vez, solo tal vez, Masashi y los demás tenían razón sobre él… tal vez Sasuke si…

–¿Qué estás haciendo aquí? – espetó usando aquel tono de voz grueso que le hacía temblar hasta la última fibra de su cuerpo.

Esperó que la respiración retornara a su frecuencia normal y que sus latidos se regularizaran, aunque, estos últimos, serían imposibles de domar en ese preciso instante mientras él siguiera observándola de esa manera.

–¿Qué estás haciendo? – interrogó aun jadeante. Enfocó un poco más la mirada. Estaban muy lejos todavía. La luz no era suficiente pero eso no le impedía reconocer las expresiones desvaídas del pálido rostro del Uchiha – ¿Intentas huir?

–No estoy huyendo – le corrigió con rudeza. El escuchar una palabra tan similar a la cobardía debía de sentarle como una patada en el orgullo, pero Sakura no se retractó.

–No intentes disfrazar lo evidente, Sasuke.

–Solo seguiré mi misión – su cuello latió con fuerza al tiempo en que los hombros se relajaron, queriendo mostrar una certera indiferencia –. No es nada de lo que te concierna ahora que te he despojado de tus obligaciones.

–¿Qué acabas de decir? – saltó indignada. Dio un par de pasos hasta detenerse a una distancia prudencial, una donde no podía alcanzarle con un nuevo puñetazo pero que podía distinguir mejor sus facciones endurecidas –. No recuerdo que me enlistara para esta misión bajo tu tutela, Sasuke. He llegado hasta aquí por voluntad propia, no necesito de tu permiso para regresar a Konoha ni mucho menos de dar por concluida esta misión.

Sasuke la contemplo en un sepulcral silencio una vez la exigua luz de las estrellas le permitió reconocer mejor a Sakura.

–Estás herida – señaló con la quijada el hilo de sangre que descendía de su rodilla y manchaba la tela de la yukata. Los pies descalzos se asomaban llenos de tierra húmeda bajo el borde de la falda, el rosado cabello caía desordenadamente sobre sus hombros y la mano que una vez estuvo vendada volvía a sangrar, haciéndole compañía a la herida de su pierna. Sasuke frunció el ceño con excesivo malestar cuando examinó el cuadro completo de una Sakura maltratada frente a él – ¿Quién te hizo esto?

La pelirrosa imitó sus gestos y formó dos puños a ambos lados de su cuerpo.

–Tú lo hiciste.

Sasuke no es de las personas que se estremecen ante nada, pero esta vez pudo observar como sus parpados se abrían un poco más de la cuenta para luego llevar su atención a la cortina de agua que generaba la cascada con tal de no verla.

–Deberías curarte esas heridas o hacer que alguien te las vea – bramó Sasuke arrugando el entrecejo –. Podrías decirle a ese amigo tuyo de la aldea. El tal Amai. Dicen que es el mejor medic-nin del país.

Sakura arqueo una ceja.

–¿Qué tiene que ver Amai en esto?

–No lo sé – reconoció conteniendo cierto grado de impotencia cada vez que pronunciaba una nueva palabra referente a Amai –. Puede que lo escuches más a él, tal vez así consideres de una buena vez la idea de tener un poco de sensatez.

–¿Qué quieres decir con eso?

–Quiero decir que deberías dejar de preocupar a los demás con tus espontáneos actos suicidas – los músculos de la mandíbula se contrajeron y se reflejaron sobre la fina y pálida piel de su quijada –. Sueles atender a los demás como si se te fuera la vida en ello pero no te tomas el tiempo de cuidarte. Eso solo terminara por matarte.

–Deberías tomar tu propio consejo en práctica.

–No recuerdo que velar por el bienestar de los demás sea uno de mis pasatiempos favoritos.

–Exactamente – sentenció la pelirrosa conservando la mirada firme, eligiendo con excesivo cuidado lo que su boca pronunciaba –. Eso es lo mismo que me estoy preguntando ahora, Sasuke.

La distancia seguía siendo un impedimento para poder leer sus gestos, al igual que la oscuridad que se sobreponía en el claro, pero Sakura no se movió. No podía hacerlo. Ambas piernas temblaban ocultas entre la tela de la sucia yukata como si se trataran de un plato de gelatina en pleno terremoto. El viento helado que tentaba con hacerla tiritar a pesar de estar a finales de mayo, le congeló la nariz y la punta de los dedos.

Nunca antes había estado tan nerviosa. Razones faltaban, o más bien sobraban para estarlo. Si quería calmarse debía detenerse a meditar la situación. Pero emprender un viaje en el laberinto de sentimientos y emociones en el que se había convertido su mente esa mismísima noche era, de por sí, un verdadero acto suicida.

–Hoy he escuchado muchas historias – murmuró Sakura sin poder comprender como su voz podía denotar tal nivel de seguridad mientras que su cuerpo expresaba todo lo contrario –. Todas demasiado surreales. Y solo podre discernir entre la realidad y la ficción si lo escuchó de ti.

–¿A qué te refieres?

Entornó los ojos, afrontando ambas cejas en un ceño fruncido.

–Necesito hablar contigo, Sasuke.

–No, no lo necesitas – negó con demasiada prontitud, como si hubiera caído en cuenta que estaba adentrándose a un juego demasiado peligroso.

–Pero…

–Regresa, Sakura – repuso Sasuke de la forma más inexpresiva de la que era capaz de utilizar. Hizo ademan de darse la vuelta pero antes, agregó –: Ya hemos dejado las cosas en claro. Lo mejor será que vuelvas a Konoha y yo continúe con mi misión.

–Espera – sin pensarlo había recorrido la distancia que los separaba en un par de zancadas y le retuvo sosteniendo la capa de viaje forzando al Uchiha a que detuviera la marcha –. No puedes irte – dijo con firmeza.

–No hay nada de qué hablar – gruñó el pelinegro destilando impaciencia.

–No te vayas aun, Sasuke… – mantuvo al margen su dolor cuando añadio –: no otra vez.

El aludido aguardo con su atención fija en ella, como si quisiera transmitir algo que nunca sería capaz de poder decir con palabras.

–Las cosas han cambiado desde aquella vez, Sakura.

–Es por eso que debes esperar. Al menos hasta que escuches mi pregunta – pidió en un susurro –.Solo quiero que me respondas algo, Sasuke. Te prometo que te dejare en paz. Ya no seré una molestia para ti – esas últimas palabras generaron el estímulo que esperaba sobre él, pues, desde donde estaba, pudo ver como sus hombros se relajaban. Sakura tragó saliva –. Solo necesito que me escuches un momento.

Sasuke terminó por dar la vuelta quedando de frente a ella. El cabello recogido hacia atrás en la media cola le permitía a Sakura ver todas sus expresiones faciales. Ahora que estaba a poca distancia de él pudo distinguir como sus carnosos labios, esos que alguna vez llegó a probar bajo un beso plagado de un inexorable sufrimiento, formaban una perfecta línea recta que acompañaban a las inevitables arrugas entre las cejas. El moretón en su mandíbula se arremolinaba entre colores oscuros que tatuaban su piel, endureciendo sus facciones hasta asemejarse a una fría y oscura piedra. Sakura pardeo una única vez evitando mantener su concentración en la herida de Sasuke. No se había sanado. Ella afirmaba con rotunda seguridad que él se encontraba capacitado para arreglar con un simple ninjutsu médico aquel cardenal. Y también sabía que ella podía arreglar sus nudillos sangrantes y rodilla maltrecha. Al parecer ambos tenían esa extraña necesidad de sentir un dolor físico, uno que les permitiera opacar el dolor que se suscitaba en su interior, y de esa manera, no terminar consumidos en el abismo infernal que les confería sus pensamientos.

–¿Qué quieres, Sakura? – gruñó exasperado o más bien, sutilmente receloso por lo que pudiera escuchar.

Ahora que estaba atento a ella, Sakura tartamudeo. No estaba dudando, solo tenía un ligero pánico por lo que Sasuke pudiera responder.

Mantuvo entonces la mirada firme y soltó el extremo de la capa que aún se empuñaba entre su mano herida.

–¿Es verdad que has intentado alejarte de mí solo porque tienes miedo de lastimarme? – la pregunta se escurrió entre sus labios casi en un susurro. Aguardo un instante al no escuchar respuesta – ¿Es eso cierto?

Sasuke entrecerró los ojos. Ojala y Sakura pudiera escuchar al menos una parte de lo que pasaba por su mente, una fracción de su pensamientos, una idea mal formada, una excusa pobremente trabajada, cualquier cosa distinta a esa mirada desprovista de una sensación más fuerte que la tristeza.

–¿No responderás? – regresó Sakura ocultando su exasperación lo mejor que pudo.

–¿Por qué sigues insistiendo en esto, Sakura? – dijo casi de golpe.

La pelirrosa frunció el ceño. Quería evadir la pregunta.

–Respóndeme, Sasuke – bramó disgustada.

–Esto no tiene sentido – hizo señal de darse la vuelta para retirarse –. Deberías irte.

Sakura, en un intento desesperado por obtener una respuesta, le volvió a retener. Debía lucir como una completa loca desesperada, su orgullo estaba siendo pisoteado como siempre pero si quería conocer la verdad necesitaba escucharla de la boca de Sasuke.

–Aguarda. No puedes irte.

–No requiero tu permiso para largarme, Sakura – dijo de espaldas a ella.

–Pero…

–No sé qué aspiras obtener con tus incesantes preguntas pero tienes que dejar este frenético juego de una vez por todas. Entiende que tú no necesitas esto y yo no pretendo extender este infinito tira y afloja entre nosotros hasta satisfacer tus caprichos.

Sakura contuvo la necesidad de impresionarse. Sonaba irritado. No de la forma usual, sino de una forma más compleja, como si no tratara de convencerla a ella sino a él mismo.

–Estas evitando afrontar las cosas, Sasuke – siseó la Haruno con el perfil bajo, manteniendo la intensidad en su mirada –. Además, me prometiste que responderías a mi pregunta.

–Yo no he prometido nada – rememoró el pelinegro.

–Entonces déjame responder a la tuya.

Sasuke se quedó inmóvil. El viento arrastraba consigo ese suave aroma a primavera que atravesó al Uchiha y le dio de lleno a Sakura. Esta era su oportunidad, puede que la única que tendría en toda su vida para poder decir todo lo que sentía. Ahí, frente a ella, yacía el muro negro que necesitaba derribar. Solo necesitaba el martillo de sus palabras y un fuerte cincel que evocaría conforme la sinceridad y franqueza se lo permitiera. Nunca había sido dada a las frases poéticas y profundas que podían atravesar corazones de roca o cambiar esas mentes fortificadas por murallas impenetrables.

Sakura levantó la mirada hacia la espalda de Sasuke. Agradeció en silencio que se mantuviera de esa manera. No tenía el suficiente valor de decirle a la cara lo que estaba a punto de confesar. Aunque sus palabras no llegaran a él, aunque no quisiera responder a su pregunta, ella dejaría en libertad todo lo que sentía; cada una de esas sensaciones atoradas en su garganta, esa opresión en su pecho que no la dejaba respirar. Para ese momento le era imprescindible hacerlo. Y la única forma de sincerarse consigo misma era diciendo la verdad.

–¿Saku…? – preguntó Sasuke luego de casi medio minuto de silencio.

–Este momento me es muy familiar – le interrumpió Sakura con un deje de diversión en sus palabras.

La cascada sonaba con fuerza a su lado. Los músculos de la espalda de Sasuke se tensaron. Seguramente él estaba igual de agradecido en no verle directamente a los ojos mientras la conversación continuaba.

–Dejarte en medio de un banco abandono no es motivo de gracia – recreó Sasuke con dureza.

–No es eso – se dijo Sakura menando la cabeza de un lado a otro a pesar de que él no podía verle –. Acabo de recordar el día de los exámenes Chunnin.

De nuevo el sonido de la cortina de agua a su derecha impedía el mantenimiento de un silencio lúgubre. Sakura tuvo miedo de levantar la mirada, por tanto se mantuvo en la seguridad que le ofrecía la vista de sus pies descalzos y manos magulladas, permitiéndose llevar por las palabras que poco a poco comenzaron a fluir como el rio bajo el puente.

–Fue la segunda vez que tuve miedo de perderte. Luego de tu pelea con Haku me volví más susceptible sobre ese hecho – rememoró casi en un susurro mientras juagaba inquieta con la manga de la yukata –. Creo que fue en ese entonces cuando decidí que no permitiría que otro ser querido fuera lastimado en mi presencia mientras me quedaba de manos cruzadas esperando a que me rescataran… fue después de eso que quise ser una medic-nin.

»Luego de entrenar con Tsunade-sama el miedo comenzó a alejarse. Ya no sucumbía al pánico cuando un amigo caía en medio del campo de batalla porque estaba convencida de que podía salvarlo – dejó de mover sus manos, perdiendo poder entre cada frase –. Nunca más volví a tener miedo... hasta que te encontré el otoño pasado.

»Aún tengo la imagen viva en mi mente. Estabas muy malherido esa vez. Jamás había visto heridas tan graves. Entrené durante mucho tiempo para poder sobrepasar ese tipo de cosas, pero los años de experiencia nunca te prepararan para momentos como esos. Acababa de ver morir al padre de Akane, aunque en ese tiempo no lo sabía, pero aun así estaba muy dolida por ello. Ver que alguien más pudiera fallecer por mi culpa era algo que no podía tolerar. Y mucho menos si ese alguien eras tú – hizo una pausa permitiendo que su cuerpo temblara ligeramente ante el recuerdo –. Ese día pensé que en cualquier momento te irías, que esta vez seria para siempre.

»Pero, de alguna forma, encontraste fuerzas para seguir adelante, encontraste las fuerzas para sobrevivir – ahora su voz comenzó a avivarse, a tener un nuevo tono –. Por mucho que discutimos aquel día bajo la cascada, no sabes lo feliz que estuve de verte de nuevo. Sé que estas molesto porque no me quede a cuidar a los demás heridos de la batalla contra Shinsei y Akaoshi, pero, como te dije en esa ocasión, nunca me arrepentiré de salvarte.

Esta vez se detuvo a admirar la cascada que seguía repiqueteando sobre las filosas rocas. Llevó ambas manos a su pecho y estrujó con fuerza la tela de la yukata.

–Aún tengo los recuerdos de cuando escapaste de la aldea, de cuando nos traicionaste solo para conseguir tu venganza – murmuró con la mirada fija en las húmedas rocas, perdiéndose en la asperezas de su superficie –, incluso recuerdo cuando intentaste matarme.

»Pero también recuerdo el día que te sacrificaste por todos en la cuarta guerra. Cuando salvaste a cada uno de esos aldeanos del país de la Cascada. O cuando le devolviste las memorias a los pueblerinos de Gan'u. Incluso cuando salvaste la vida de Akane. Y también recuerdo la sin fin de veces que me salvaste cuando éramos tan solo unos niños.

»Tu solo vez las cosas malas que has hecho. Yo, en cambio, intento ver más allá de tu oscuro pasado, ahí donde tus ojos no alcanzan a ver – un ligero temblor le recorrió la espina dorsal, aun con la atención fija en el peñasco a su izquierda –. Si regresáramos el tiempo a aquella vez cuando casi mueres en manos de Akaoshi y tuviera la posibilidad de decidir entre quedarme con los demás heridos o ir a salvarte, aun con la duda de no encontrarte, hubiera ido en tu búsqueda. Sin pestañear. Una y mil veces iría por ti, Sasuke. Aunque me trates como a una tonta niña sin talento, aun cuando te escudas en ese silencio espectral, incluso cuando me hieres con tus palabras. Nada de eso me detendría de tomar la misma decisión – cerró los ojos un instante al sentir el alivio en su pecho–. Esa es mi respuesta a tu pregunta – susurro dulcemente –. Siempre tendré esperanzas en ti porque creo que eres una buena persona, aunque intentes hacerme creer lo contrario.

Cuando levantó la mirada se encontró con la de él. Fue un momento en donde sus sentidos se apagaron de golpe y su corazón dejó de tamborilear entre sus costillas. La omnipotencia con que se reflejaba el rostro de Sasuke bajo la tenue luz de las estrellas hizo vibrar su cuerpo. El rostro furibundo, su cuello tenso y la oscura mirada que le devolvía generaban tantas sensaciones en su interior que estaba segura que en cualquier momento estallaría sin razón aparente.

–¿Por qué yo? – preguntó Sasuke luego de maquinar un instante las palabras que deseaba pronunciar – ¿Por qué gastas tus energías en alguien que solo te ha hecho daño? ¿No te he dado suficiente razones para odiarme?

–Entonces es eso – susurró Sakura abriendo los parpados más de la cuenta –. Todo es verdad.

–¿A qué te refieres?

–Que todo este tiempo has intentado alejarme de ti – advirtió anonadada –. Cuando me besaste a la fuerza, cuando me raptaste de aquella fiesta, incluso ayer cuando me dijiste todas esas cosas…– dio un paso para acortar la distancia y extendió el cuello un poco más para no perder la conexión entre ambas miradas – ¿Por qué lo hiciste, Sasuke? ¿Hiciste todo eso porque yo no te importó en lo absoluto… o solo fue una forma de poder apartarme de ti?

Sasuke aguardo un instante antes de responder.

–Lo hice para que entendieras que lo único que hago es hacerte sufrir.

Sakura apaciguo sus gestos y levantó su mano derecha, la misma que le había golpeado la tarde anterior, hacia la herida en su quijada. Depositó sus dedos sobre la superficie de su piel y el chakra color verde comenzó a centellear como un halo de luz sobre la mejilla de Sasuke. Y donde antes se dibujaba el pasado de una discusión sin sentido ahora podía ver la verdad oculta tras el orgullo del Uchiha.

–Eres la única persona que cree eso, Sasuke – susurró Sakura aun con la mano sobre el rostro del pelinegro –. Pero, aunque no lo creas, tú me has hecho una persona más fuerte.

–Te he obligado a pasar por el mismísimo infierno, Sakura.

–Sí, tienes razón – confesó, hundiéndose de hombros –. Pero la vida es tan cruel que podemos ser reparados por la misma persona que nos rompió * ¿No lo crees?

–Y tú intentas seguirle el juego.

–No te confundas. No soy ninguna masoquista. He venido hasta acá porque necesitaba aclarar las cosas contigo. Decirte la verdad ha calmado mi alma, pero no te obligare a dar una respuesta. No te forzare a hacer algo que no quieres – Sakura hizo memoria de su pelea la tarde anterior y deslizó la mirada hasta depositarla en sus pies –. Solo deseo que entiendas la forma en que te veo ahora.

Bajó su brazo pero en el trayecto fue interceptado por el de Sasuke. Sakura se sobresaltó ante el contacto. A diferencia de su diminuta mano, la de él era gruesa y fuerte, sin embargo la sostenía con una delicadeza que jamás pensó que podía tener. El chakra que desbordaba de Sasuke bañó sus nudillos y mágicamente se extendió hasta su rodilla. Era un ninjutsu complejo que solo un muy buen dotado medic-nin podía ejecutar. No obstante, estaba hablando de un Uchiha. Él fácilmente podía encargarse de curar una herida a distancia sin mayores inconvenientes.

El dolor en su pierna desapareció casi de inmediato y la sangre semi-coagulada de su mano se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. Sasuke mantuvo su mano unida a la suya aun después de curar sus heridas. La calidez que transmitía ese simple contacto se asemejaba a una sensación de tranquilidad y protección.

–Siempre has sido demasiado descuidada – advirtió Sasuke.

Sakura dejó formar una simple sonrisa.

–Es bueno que alguien se preocupe por mí de vez en cuando – dijo, intentando de aliviar la pesadez en el aire, pero Sasuke arrugó el entrecejo con más fuerza.

–Esto no está bien, Sakura – su voz se había tornado gruesa y áspera –. No deberías seguir aquí. Tienes que regresar a Konoha.

–Pero no quiero regresar a Konoha. Quiero terminar lo que una vez comencé.

–Ayudaras a salvar más vidas si vuelves – insistió–. Esta misión lo único que ha hecho es estancar tu vida.

–Tú eres el que ha dicho que debo pensar un poco en mí – sonaba determinada, y así lo era –. Necesito estar aquí. Quiero estar aquí.

–Hay muchas personas que esperan tu regreso. Ya hable con Kakashi sobre tu dimisión, puedes regresar cuando…

–No – le interrumpió de golpe –. No pretendo regresar, no aun – bajó un poco más la voz y continuo con la atención fija en sus profundos ojos negros –. Lo único que me espera en Konoha es una habitación solitaria, Sasuke. Ayudar a las personas es lo que más me gusta, y estar en esta misión me ha recordado lo mucho que amo hacer lo que hago. También me ha enseñado grandes cosas. He aprendido muchísimo, he tropezado, he crecido y he seguido adelante – estudio su rostro unos instantes más –. No hay nadie esperando por mí en la aldea. La única persona con quien quiero estar en este momento es el tonto que quiso regalarme una Camelia Blanca pero se fue antes de que pudiera decir la verdad.

Sasuke estuvo a punto de decir algo, pero se contuvo. Ayer durante el almuerzo en casa de la madre de Akane, Sakura pudo jurar verlo al menos un poco apenado pero ahora estaba segura de que estaba en presencia de un Sasuke desprotegido, uno que estaba dejando en libertad por fin lo que sentía en realidad.

–Acepto toda la responsabilidad si decido quedarme, Sasuke.

Elevó sus parpados de nuevo hacia ella.

–No es una opción inteligente, Sakura – siseó por lo bajo.

–¿Insistirás en tu torpe plan por alejarme de ti? – hizo una mueca con sus labios –. Temo desilusionarte, Uchiha. Pero acabas de cometer un grave error porque, si mal no recuerdo, sigo siendo la misma niñita testaruda que tanto te molesta.

Sasuke levantó sus manos y las llevo lentamente hacia el cuello de Sakura para poder inclinarla y así chocar su frente con la de ella. La pelirrosa contuvo el aliento al sentir la fría piel de Sasuke sobre el tatuaje de rombo entre sus cejas.

–Nunca vuelvas a llamarte así – pidió en un susurro donde su aliento impregnó el rostro impresionado de Sakura –. No lo hagas.

La cercanía de sus cuerpos le hizo erizar la piel de la nuca y más aún cuando Sasuke abrió sus ojos y se fijó en los suyos. Por simple instinto dio un respingo, sin embargo, no se sentía aprisionada o nerviosa sino más bien segura. Por primera vez desde que estaba junto a él podía sentirse de esa manera.

Observó con cautela la forma de sus ojos que se entornaban sobre los suyos. Estaba mirándola fijamente, sin ni siquiera parpadear, y si antes no estaba nerviosa ahora tenía motivos de sobra para estarlo.

–¿E-estas bien, Sasuke? – quería bajar la cabeza para refugiarse en la vista de sus pies desnudos pero sus frentes aún seguían unidas, obligándola a mantener el contacto – ¿Qué sucede?

–Estoy pensando – dijo Sasuke.

–Siempre me ha sido difícil descifrar tus pensamientos – hizo una mueca entre divertida y disgustada, encogiéndose de hombros –, lo mejor será que me lo digas con palabras.

Sasuke se alejó un poco de ella, solo por un par de centímetros, dejando sus manos acariciando la longitud del cuello de la pelirrosa.

–Me gustaría comprender que he hecho para merecer a alguien como tú en mi vida.

Dio un nuevo sobresalto acompañado de un fuerte enrojecimiento de sus mejillas.

–E-estas exagerando…

–No, no lo estoy – el aliento del Uchiha seguía acariciado su rostro –. Eres la única persona que me ve de forma diferente, que no guarda rencores a pesar de nuestro pasado – llevó un alborotado mechón rosado tras la oreja, como muchas personas lo habían hecho aquella noche, aunque esta vez el tacto le generó una corriente eléctrica que le atravesó la espina dorsal, erizándole la piel de la nuca. A Sasuke debió agradarle su reacción, ya que respondió a ella con una sonrisa ladeada –. Estoy seguro que no existe nadie en las cinco malditas naciones que sea más testaruda que tú, Sakura.

–Eso no suena a un cumplido.

–No lo es – acordó el pelinegro y antes de continuar levantó una ceja en señal interrogativa – Estoy intrigado ¿Qué te hizo venir hasta acá a buscarme?

Sakura lo pensó unos instantes.

–Creo que fue Naruto –conclusión que generó evidente malestar en Sasuke. No debía ser adivina para interpretar esa ligera retracción de su cabeza y esa mueca en los labios –. Vamos, no pongas esa cara. Déjame explicarte – pidió tranquilamente carraspeando un poco la garganta –. Fue hace un tiempo, luego de la cumbre de los Kage. En esa ocasión estaba muy desesperada, no pensaba con claridad, y fue en ese momento cuando Naruto me dijo que odiaba a las personas que se mentían a sí mismas – dejó escapar un risilla entristecida –. Y creo que en todo este tiempo me he engañado de la forma más vil posible.

–¿De qué hablas?

–Todo pasó hace un par de meses atrás – susurró llamando aún más su atención –. Cuando estábamos en Gan'u.

Por primera vez en todo el tiempo que estaban juntos los sonidos a su alrededor se opacaron, como si la naturaleza aguardara con la misma intriga que profesaba la mirada de Sasuke.

–Necesitaba mantener mi cabeza fría. No estaba dispuesta a perderme de nuevo en mi pasado solo porque te volví a encontrar. Es por eso que decidí plantearme algunos puntos, unas reglas que seguir durante nuestro viaje juntos – los nervios le comenzaron a fallar y los labios temblorosos fueron los primeros que revelaron su vaga seguridad. Respiró hondo y exhaló lentamente por la boca –. Me prometí que jamás sería un estorbo en tu misión, que no volvería a rebajarme como lo hacía antes – tragó en seco al agregar –, y que… no volvería a enamorarme de ti.

La mandíbula de Sasuke se tensó, pero fue la mirada de Sakura la que alivió la rigidez que se comenzaba a formar en los nudos de sus músculos.

–Y es ahora que me doy cuenta – acarició de nuevo la mejilla donde antes se dibujaba el moretón de su rostro y dibujó una tímida sonrisa –, que he roto todas y cada una de esas promesas.

Los ojos de Sasuke desprendieron un brillo que Sakura pensó jamás ver. Fue una especie de destello fortuito, como si dejara ver por fin lo que con tanto esmero intentó ocultar.

Las manos del Uchiha que le acariciaban el cuello levantaron su quijada rompiendo la agonía que sugería esperar a que sus labios se unieran por fin. El rostro del pelinegro se inclinó lo suficiente hasta hundirse en un suave y tierno beso. Las mejillas de Sakura se incendiaron en un fuerte rojo carmesí cuando Sasuke entreabrió sus labios para moldearlos contra los suyos. Sakura sintió como el corazón se le detuvo de golpe. Le faltaba el aliento. Las piernas le flaquerón y tuvo que aferrarse a la capa de Sasuke para poder conservar el equilibrio. El pelinegro sintió la debilidad en el delgado cuerpo de la joven. Llevó entonces una de sus manos hasta su cintura para sostenerla con fuerza y, además, acercarla lo necesario hasta que sus cuerpos se fusionaran por completo. Sakura se estremecio. Parecía como si conociera cada centímetro de su piel, cada movimiento le dejaba una sensación de cosquilleo en el abdomen, haciéndola temblar entre el encanto de sus caricias. La mano vendada de Sasuke recorrió el contorno de su fina espalda demostrando una gentileza magistral, hasta que sus gruesos dedos se entrelazaron entre las hebras de cabello rosado haciéndole sentir un fuego en el pecho que se intensifico cuando el joven Uchiha pasó de unos movimientos sutiles a uno más apresurados. Sakura se dejó llevar por completo bajo la necesidad de seguir con aquel hambriento beso que tentaba con hacerla perder la cordura. Cerró los puños sobre la tela de la capa con más ahínco y se permitió perder en el mar de sentimientos que confluían en su interior.

Esta ocasión no se comparaba a su primer beso. Aquella vez fue un arrebato de ira y dolor, este en cambio, era todo lo que las palabras no podían decir, liberando a Sakura de cualquier duda que aun pudiera albergar en su interior.

Se separaron solo un par de milímetros, dejando que sus alientos chocharan en busca de aire. Sakura abrió por primera vez los ojos, encontrándose con los de él. El derecho era una perfecta esfera negruzca, pero el izquierdo reflejaba los espirales del Rinnegan en una serie de anillos petrificantes.

Sasuke dejó escapar una sonrisa ladeada, de esas que siempre le regresaba cuando quería demostrar su autosuficiencia, aunque, en esta ocasión, denotaba cierto grado de diversión.

–¿Ves lo que me haces hacer? – dijo burlón, domando el descontrol en su chakra para poder desactivar el Dōjutsu de su ojo.

–Hey, eso no es mi culpa – farfulló Sakura haciendo una mueca infantil con tal de ocultar su vergüenza.

–Lo dejare pasar solo porque hoy es tu cumpleaños.

Abrió los ojos de par en par, totalmente impresionada.

–¿Lo recordaste?

–No soy un completo idiota después de todo – agregó Sasuke encogiéndose sutilmente de hombros.

–Me ibas a dejar en medio de mi cumpleaños – reconoció Sakura a punto de cursarse de brazos –. Si eres un completo idiota.

–Sí, tienes razón – pasó una mano por su cabello trasmitiéndole con aquel tacto una descarga eléctrica que la hizo estremecer –. Lo siento… por todo.

Ya había escuchado sus disculpas una vez hace un par de años atrás. Fue después de la pelea contra Naruto, cuando perdió su brazo. Pero, a diferencia de aquella ocasión, ahora podía admirar al verdadero Sasuke Uchiha que tanto ansiaba encontrar.

–Yo también lo siento, Sasuke-kun – susurro Sakura bajando la mirada hacia la quijada donde antes se tatuaba el cardenal que ella misma le había hecho.

–Quiero que me escuches muy bien lo que te voy a decir, Sakura – de nuevo su voz se tornó severa y sus ojos denotaban determinación –. Jamás vuelvas a pedirme perdón, ni ahora ni nunca.

–Pero…

–No tienes nada de que disculparte conmigo, y mucho menos después de todo lo que te he hecho pasar.

–¿Seguirás insistiendo en el pasado?

–Es el único que me ha enseñado a no desviarme del camino – acarició el borde de la mandíbula de Sakura hasta terminar en su fino mentón –. Hasta ahora.

El rubor en sus mejillas era, para ese entonces, indeleble.

–De ahora en adelante te prometo que jamás volveré a hacerte daño – continuo Sasuke.

–¿Puedo seguir contigo en tu misión? – preguntó esperanzada.

Sasuke sonrió tenuemente.

–Eres la única que ha podido guiarme en el camino de la redención. Estaría perdido sino fuera por ti.

La pelirrosa imitó la tranquilidad de su rostro y enrolló las manos alrededor del cuello del Uchiha, esperando que de esa manera no volviera a escaparse de su vida otra vez. Él dejo salir una risilla juguetona y volvió apoderarse de sus labios permitiéndole a la Haruno viajar en los inexplorados confines de la felicidad.


N/A: ¡Un enorme saludo, gente bonita! Espero que estén súper bien

Y henos aquí, luego de dieciocho capítulos empapados en drama, rabia y sobretodo frustración, por fin vemos la luz al final del camino. Espero de verdad que haya sido de su agrado, es el cap más largo hasta ahora (normalmanete los hago de 7k pero este salió casi de 14k, considerenlo como un capitulo doble jeje). Me disculpo de todo corazón por actualizar tan tarde (otra vez) ;w; Lo pensaba publicar el martes pasado pero me tomo más de dos semenas completas solamente editarlo. Algunos sabios lectores me han dado el buen consejo de "tomarme el tiempo para escribir tranquila, sin apuros". Este cap necesitaba varias horas de amor y cariño es por eso que me tome el atrevimiento de posponer la entrega una semana más. Amo la puntualidad, pero prefiero la calidad antes de publicar un capitulo hecho a medias. Aun así, pido disculpas, sé que no debería actualizar tan tarde, y más porque la historia tiene muchos detalles que normalmente se nos olvida, pero por andar de morsa deje pasar el tiempo y se me acumularon obligaciones por todos lados ;w;

De ahora en adelante lo único que les puedo adelantar es que se acabaron los flashback infinitos que duran meses y nos enfocaremos un poquito más en el presente que es más importante (aún existirán recuerdos pero solo será uno por capitulo).

Con respecto al capitulo: Sé que muchos esperaban este momento Sasusaku. En retrospectiva me doy cuenta que el Fic no tiene muchas escenas de ese tipo. Debo de tenerlos decepcionados :( Pero les prometo que próximamente les daré una muy merecida dosis de lo que no pude darles anteriormente. Regresando al momento del puente, debo admitir que fue muy predecible. Prefiero dejarlos con la expectativa o, al menos, un poco sorprendidos. Es divertido cuando lees algo que no esperabas venir pero que está bien fundamentado :)

Bien, ahora es tiempo de unas cuantas notitas:

1. Para aquellos curiosos que les encantó el personaje de Masashi, les digo que su nombre fue en honor a Masashi Kishimoto (aunque estoy segurísima que Kishi-troll no es para nada grumpy) y fue gracias a él que esos dos cabezotas se dieron cuenta de sus verdaderos sentimientos.

2. Según una wiki que busque hace demasiado tiempo dice que el cumpleaños de Sakura es el 28 de marzo, y en el Capitulo XVI Amai le dice que (curiosamente) el festival es precisamente ese día ¡Y Sasuke lo recordó! :D

3. Amai literalmente significa "Dulce" y si leen varias conversaciones de Sakura con él se darán cuenta que muchas veces ella lo llama de esa manera (Gracias a Hati-chan por recordarme ese detalle xD).

4. La "Mentira" de la que se refiere Masashi es cuando, en el Capitulo XV, Sakura dice que Sasuke no la aprecia, cosa que no es verdad porque nuestro querido cubito de hielo quiere más a Sakura de lo que ella piensa :3

5. Muchos ya lo tenian en la mira, pero igual debo acotar. En el final del Capitulo XI cuando Sakura se encuentra con Sasuke que está llegando a la aldea y este le dice "¿Por qué siempre será que nos encontramos a la mitad de un puente?" estaba haciendo referencia a esta escena. Todo un amor ese cubito de hielo derretido ¿No lo creen? :3

6. Leí esta frase hace tiempo: "La vida es tan cruel que podemos ser reparados por la misma persona que nos rompió", no sé quien es su autor pero me pareció perfecta para este capítulo. Así que ¡Gracias escritor anonimo! :3.

Me han preguntado cuando volveré a actualizar y la verdad es que: no sé. No les daré falsas esperanzas diciéndoles que lo tendré listo para la semana que viene porque sería una soberana mentira, pero tampoco creo desaparecer por un mes completo (no otra vez ;w;). Solo les pido un poquito más de esa grandísima paciencia que desbordan todas las semanas.

Ok, estas notas están saliendo más largas de lo que deberían. Ya los debo tener fastidiados. Me despido dándoles las gracias por todos y cada uno de los reviews, follows y favs. No se preocupen si no pueden dejar uno de sus bellisímos comentarios en cada capítulo, con tal de que disfrutaran la lectura es suficiente satisfacción para esta torpe escritora amateur :) Cuídense muchísimo y nos leemos pronto.

Bye Bye :3