Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
XX
Sakura Uchiha
Estaba acostada bocabajo en la cama matrimonial, jugando con sus piernas mientras pasaba las páginas del álbum de fotografías. Lo único que cargaba encima era su respectivo collar color ámbar. El resto de sus ropas estaban dispersas en alguna parte de la habitación y su cuerpo desnudo estaba cubierto por las suaves sabanas blanquecinas. Sasuke bajó a tomar agua hace un par de minutos. Le había dicho que se vistiera para salir a dar una vuelta por la aldea, una idea bastante tentadora a decir verdad. Normalmente su tiempo para hacer actividades recreativas se veía muy reducido por las horas de trabajo. Las guardias, sus pacientes, el atender a Sarada. Todo aquello consumía bastantes horas de su día a día, y cuando por fin encontraba un vacío temporal donde no tenía una obligación pendiente, lo invertía en arreglar la casa o tomarse la molestia de dormir una hora adicional.
Curiosamente esa semana estaba libre del trabajo. Había pedido unos días para cuidar de Sarada mientras estaba enferma. Se reincorporaría luego del Hanami, dentro de dos días, y como su hija estaba en mejor estado de salud ¿Qué mejor forma de pasar ese tiempo que ir de paseo con su esposo?
Sin embargo, a pesar de la excelente idea de Sasuke por tomar un poco de aire fresco, aquel álbum de fotografías la abstrajo por completo. Sarada lo había sacado hace unos días del baúl de su cuarto para avivar su interés o aplacar su curiosidad con respecto al pasado de sus padres. A estas alturas, Sakura no sabía a ciencia cierta porque se su hija resolvió sacar aquel polvoriento libro, pero vaya que le pareció fascinante ver de nuevo esas antiguas imágenes. Cada una revelaba historias pasadas, historias que hicieron remover cientos de recuerdos en la mente de Sakura.
La puerta de la habitación se abrió silenciosamente. La pelirrosa desvió la mirada del álbum sobre el borde de la cama, hacia su esposo de pie frente a la puerta. Andaba descalzo, vestido únicamente con el pantalón gris oscuro que llevaba en la mañana. El cabello azabache estaba atado precariamente en una media coleta, dejando al descubierto esos flameantes ojos que la hacían alucinar. De sus labios sobresalía un palillo con tres dangos en él, que se movió ligeramente cuando preguntó:
–Te dije que te cambiaras – Sakura no pudo interpretar si el tono de su voz era disgustado o divertido.
–Mira lo que encontré – señaló el álbum frente a ella con una sonrisa –. Son las fotos de la boda de Shikamaru y Temari.
–Hmp – se acercó hasta ella tomando lugar en el lado libre de la cama.
–Oh vamos, Sasuke. Al menos finge demostrar interés.
Tomó con su mano vendada el palillo del dango y comió uno sin dirigirle la mirada a la pelirrosa.
–Recuerdo vagamente ese día.
Sakura rodo los ojos.
–Cualquier cosa que no te interesa la borra de tu disco duro para siempre.
–Fue hace demasiado tiempo, Sakura – dijo buscando sentarse de forma indiferente.
–Es la única boda de nuestros amigos a la que has asistido. Mira – apuntó una de las fotos donde salían ellos dos, vestidos elegantemente con la fiesta de Shikamaru y Temari adornando el fondo de la imagen – ¿Recuerdas algo?
Sasuke se inclinó un poco para apreciar mejor lo que le indicaba y formó una sonrisa ladeada, de esas que usaba para derretirla complemente.
–Te recuerdo con ese vestido.
–Es enserio Sasuke – intentó no ruborizarse.
–También te recuerdo sin ese vestido – resoplo juguetón.
Sakura dejó de jugar con sus piernas y se estremeció bajo las sabanas. Ahí estaba otra vez, haciendo de las suyas para descontrolarla. Soltó un suspiro aparentando sosiego y tornó la mirada otra vez a las fotos.
–¿No tienes memorias de este día?
Duró un par de segundos antes de responder
–No, Sakura – volvió a masticar un nuevo dango –. Lo mío no son las celebraciones multitudinarias.
–¿Qué es algo memorable para ti entonces?
–No sé – llevo sus ojos hasta clavarlos en los de ella –. Tal vez hoy pudiera contarse como uno.
¿Cómo lograba ser tan ridículamente seductor? Se removió incomoda entre la sabanas e hizo una mueca con los labios.
–Estas de muy buen humor – sentenció con la intención de sonar apaciguada, como si sus fascinantes labios o su mirada sugerente no hicieran mayor efecto en ella –. Andas más parlanchín que de costumbre.
–¿Y eso te disgusta? – arqueó una ceja.
–No es lo común en ti.
–Está bien, te ignorare entonces.
–¡No! – giró para encararle y se sonrojo por sonar tan desesperada –. Digo, no – corrigió el tono de su voz en un carraspeo de su garganta –. Sigamos hablando, me gusta hablar contigo.
Sasuke terminó de comer el último dango y soportó el peso de su propio cuerpo con las manos sobre la cama.
–¿Quieres hablar de esta boda?
Los ojos de Sakura brillaron de emoción.
–Te hare recordar cada detalle.
Día 278
El flash de la cámara fotográfica los cegó por una fracción de segundos. Sakura parpadeo varias veces para adaptarse de nuevo a la luz de la recepción de la boda de Shikamaru y Temari. La molestia en sus ojos y la cara de pocos amigos que llevaba Sasuke como tarjeta de bienvenida, era un sacrificio pequeño para tener una foto actualizada junto él. Hizo una nota mental una vez el hombre dejo de apuntarlos con la cámara. Debía tener varios duplicados de esa foto y atesorarla por el resto de su vida. Quien sabe cuándo tendría la oportunidad de poder retratar otro momento tan conmemorativo como aquel.
Habían pasado alrededor de nueve meses desde el comienzo de su misión, y más de cinco desde su paso por el país del Trueno, cuando Sakura tuvo el valor de poder decirle a Sasuke todo lo que sentía y él dejo de ser un pesado ninja que no quería admitir sus sentimientos. Después de aquello, todo comenzó a mejorar entre los dos.
Las primeras semanas, luego de su beso en el puente, la tensión se había esfumado poco a poco y la incertidumbre dejó de existir entre los jóvenes ninjas de la Hoja. Tomando en cuenta la nula dedicación de Sasuke en abordar cualquier tipo de conversación, era todo una primicia que se dedicara a hablar con ella durante su viaje. Ese fue el primer indicio que de que poco a poco se estaban acercando. Ahora intercambiaban información sobre los datos que obtenían durante las misiones, se ayudaban mutuamente en la búsqueda de comida y si alguno de los dos salía lastimado el otro se encargaba de atender sus heridas. En menos de lo que esperaban se habían complementado de una manera tan sólida que Sakura jamás pensó que fuera posible. Había olvidado esos primero meses llenos de incomodidad, cuando él trataba de ignorarla y alejar con la firme decisión de hacerla dudar para que regresara de vuelta a Konoha. Por suerte Sakura era una persona bastante tozuda y los planes del Uchiha se fueron a la basura en el momento en que ambos aceptaron por fin la realidad, y era que, sin lugar a dudas, esos dos estaban perdidos uno por el otro, de maneras totalmente distintas pero con igual intensidad. Sasuke jamás se atrevería a revelar con palabras sus verdaderos sentimientos, pero lo transmitía a través de actos que hacían sonreír a Sakura, permitiéndole apreciar la seguridad que le transmitía su cercanía.
Recordaba una ocasión hace unas semanas atrás – poco antes de la ceremonia de Shikamaru y Temari y luego de que Sakura hubiese superado una pequeña fractura en su pierna izquierda – en donde tenían que subir un risco bastante empinado. Ella afirmaba rotundamente estar en perfecto estado físico como para subir el peñasco sin problemas, pero Sasuke juzgó su juicio de médico y se reúso firmemente a que escalara con su pierna recién curada, aludiendo a las probabilidades de que se volviera a romper y tuvieran que detener el viaje. Después de una discusión bastante ridícula que no se prolongó demasiado, Sakura aceptó subir en la espalda del pelinegro, permaneciendo ruborizada por todo el camino hacia la cima.
Sasuke tenía una forma muy particular de demostrar preocupación y cariño hacia ella. Era claro que el contacto físico no era una expresión de afecto común entre los dos. Luego del beso en el puente, pocas habían sido las oportunidades de poder tener un tiempo para ellos. Muchos creerán que por viajar durante largos días en compañía del otro y dormir en la intemperie bajo la soledad de los bosques, le permitirían tener horas de sobra para poder repartir un poco de caricias. Pero el inclemente sol que quemaba su piel cada día, la travesía de pasar por los retos que le ofrecía la naturaleza como profundos acantilados, ríos turbulentos y montañas pedregosas, sumado a la tarea de detener a rufianes y malhechores en cada una de las aldeas por las cuales debían transitar, les dejaba con las energías justas para subsistir el día. Sin embargo, con el tiempo – y luego de superar la típica vergüenza inicial de su relación –, hacían lo posible para poder tener un momento a solas, donde nadie pudiera interrumpirlos, ni siquiera Horus, el halcón de Sasuke, que frecuentemente regresaba con cartas de Kakashi-sensei para conocer el estatus de su misión. Normalmente esos gloriosos minutos en los que permanecían a solas, eran los justos para calmar su necesidad por el otro. Eran contadas las ocasiones que había besado a Sasuke, pero todas y cada una habían sido memorables. Hace una semana atrás, antes de arribar a Suna para la boda, llegaron a un nuevo nivel de cercanía. Se habían hospedado en una simple posada en la frontera del País del Viento y Sakura necesitaba curar las heridas de Sasuke luego de un enfrentamiento con un par de ninjas que venían persiguiéndoles desde hace días. Ella sabía que él podía atender sus propias lesiones, a fin de cuentas le había ensañado como hacerlo, pero esa silenciosa regla que se había forjado entre ambos de cuidar del otro cuando uno estuviese herido, hizo sonar una campana de alarma en Sakura. Fue por esa razón que entró a su habitación en la posada, no tenía otro motivo más que ese, sin embargo, entre la proximidad de sus cuerpos, la adrenalina de casi haber muerto en batalla y la soledad de la recamara, las cosas se salieron ligeramente de control, y, como si fuese obra del mismísimo destino, la posadera del lugar los interrumpió antes de que pudieran quitarse algo más que la capa de viaje.
Luego de aquello Sakura se sintió muy avergonzada. Aunque le apenaba aceptarlo, podía admitir en la seguridad de sus pensamientos que quería estar al lado de él, ahora y por el resto de su vida. No podía imaginarse a nadie más que a Sasuke para compartir cada uno de sus días, ya que la única persona en todo el mundo de la cual estaba perdidamente enamorada era ese malhumorado y antipático Uchiha.
A lo largo de su vida, algunos jóvenes shinobis le habían confesado sus sentimientos, como Amai y el buen chico de la cuarta guerra, pero a ninguno pudo aceptar. Sería injusto que vivieran bajo un cariño no correspondido, porque a pesar de que ella no quería aceptarlo en aquel entonces, Sasuke continuaba revoloteando en su corazón como un fantasma que espantaba a cualquiera que intentara ocupar su lugar. Tardaron varios años y se vieron forzados a pasar por muchos trágicos momentos, pero el mundo resolvió unirlos por fin. No obstante, Sakura continuaba con un miedo que le aprisionaba el pecho. No estaba segura si Sasuke la amaba. Indudablemente le había demostrado con el pasar de los meses, que – a su manera –, se preocupaba por ella y la cuidaba receloso, pero las dudas siempre continuaban golpeando su conciencia con excesiva insistencia.
Sakura meneó la cabeza ante esas corrientes de ideas y se acercó por fin hasta el fotógrafo frente a ellos. Estaba en una fiesta y no se atrevería a andar pensando en cosas sin sentido que pudieran destruir sus ánimos, había ido a disfrutar y eso es lo que tenía en mente.
Le agradeció al fotógrafo en una pequeña reverencia, mientras Sasuke seguía gruñendo cosas sin sentido unos metros más allá. Sakura le ignoró sin problemas, ya se había acostumbrado a su mal genio, incluso podía ver cierto encanto en esos ojos apáticos.
–Podría por favor hacer un duplicado de esa fotografía – pidió Sakura en un murmullo para que el supersónico oído Uchiha no pudiera captarlo.
–Seguro, se la hare llegar con los novios.
–No – su negación vino muy deprisa lo que hizo arquear una ceja al fotógrafo – ¿Puede hacérmela llegar personalmente?
–Está bien – dijo el hombre con la cámara guindando de su cuello. Sacó una tarjeta del bolsillo de su chaqueta y se la extendió a Sakura –. Acá esta mi número.
–Muchas gracias.
–Disculpe mi atrevimiento pero debo decir que hacen una pareja encantadora – advirtió el sujeto –. Estaría muy honrado de ser el fotógrafo de su boda.
Antes de que Sakura pudiera corregirle, ya se había esfumado para inmortalizar otros momentos de la celebración de Shikamaru y Temari. Sasuke le había dejado muy en claro que su relación debía pasar desapercibida durante toda la fiesta y Sakura estaba de acuerdo con ello. No le agradaba la idea de ser el centro de cotilleo de sus viejos compañeros, y vaya que sería el chisme del año.
Sakura vio de reojo a Sasuke que aguardaba por ella con las manos en los bolsillos, impaciente por salir de ahí de una vez por todas. Vestía con zapatos negros relucientes, una chaqueta y pantalones del mismo color y una camisa blanca que quedaba ligeramente ajustada a nivel de los brazos. Lo sabía porque le había espiado mientras se terminaba de alistar en la habitación del hotel, fue pura casualidad que pasara por su recamara justo cuando se abotonaba la camisa, una casualidad que cautivó gratamente su vista.
La corbata que colgaba de su cuello era delgada, de un color azul tan oscuro que difícilmente podía ser diferenciado del color azabache de su cabello, que para ese momento permanecía ligeramente alborotado y excesivamente largo. Hace unos meses atrás, Sakura le pidió en reiteradas oportunidades que permitiera cortárselo, al menos lo suficiente para que no le estorbara la vista, pero Sasuke siempre salía con la misma excusa de siempre:
–No soy tan idiota, Sakura – decía –. Tu historial de cortes de cabello es de temer.
Sakura siempre terminaba bufando contra eso. Una sola vez cortó su propio cabello con un kunai y fue para proteger la vida tanto de él como la de Naruto durante los exámenes Chunnin. Hizo una mueca de disgusto ante el recuerdo y bufó entre dientes algo que sonó como: "Uchiha desconsiderado"
Dio unos pasos resonando la suela de sus zapatillas sobre el suelo de madera, regresando a su puesto habitual a un lado de Sasuke.
–¿Es necesario estar aquí? – musitó el pelinegro sin ánimos de adentrarse a la recepción que aguardaba por ellos unos metros más allá.
–Son nuestros amigos, Sasuke – le regañó Sakura alisando la falda de su vestido –. Estamos de paso por sus tierras el día de su boda, sería una total falta de respeto si nos atrevemos a faltar. Ya perdimos la oportunidad de ver la ceremonia, no podemos saltarnos también la recepción.
Sasuke resoplo tan fuerte que un mechón de cabello revoloteo en su frente.
–Esto es una ridiculez.
–Resiste solo un par de horas, toma todo el sake que quieras si es necesario. Luego regresaremos a nuestro aburrido viaje.
–¿Por qué lo llamas aburrido? – preguntó con un deje de molestia.
–Solo será divertido cuando pueda acercar un kunai a tu nuca – dijo, haciendo referencia a un imposible corte de cabello.
Se aventuraron por fin a la gran estancia que aguardaba frente a ellos. Como era de esperarse todo estaba finamente adornado, desde las decoraciones de las mesas hasta las guirnaldas del techo. Debía admitir que Temari tenía un gusto exquisito, Shikamaru seguramente debió aportar a los arreglos de la celebración con un asentimiento flojo de la cabeza para salir del paso. Pensándolo bien esos dos eran una paradójica y divertida pareja, Sakura había apostado en que terminarían juntos al igual que Naruto y Hinata. Meditó en silencio sobre ese punto. Debería considerar la posibilidad de ejercer una nueva profesión, como la de casamentera, sus corazonadas siempre daban en el blanco.
Continuaron caminando entre cientos de rostros conocidos. Sakura sintió un zumbido de emoción cada vez que saludaba a un viejo compañero, asaltándola la nostalgia y los recuerdos de su aldea natal.
Las primeras personas con quien se toparon durante su estadía en la recepción fueron Kiba y Shino que intentaban calmar a un muy desesperado a Akamaru lleno de arena y tierra humedecida. Fue una primera charla increíblemente amena – a pesar de que el Aburame era un hombre de pocas palabras y que Kiba decía más de la cuenta – para Sakura era algo fácil con que lidiar, después de todo estaba adiestrada en mantener conversación con ninjas revoltosos y de malgenio.
A los pocos minutos, se cruzaron con Rock Lee y Gai-sensei. Ésta, a diferencia de la anterior, fue un reencuentro incomodo, y más cuando Rock Lee señaló lo hermosa que estaba Sakura esa tarde, elogio que no le gusto para nada a Sasuke y más aún cuando insistió en que la pelirrosa debía regresar a Konoha cuanto antes. El Uchiha supo controlar su claro indicio de enfado – después de todo tenían que ocultar su relación – pero la atmosfera a su alrededor se tornó un poco densa, por lo que no les quedó más remedio que despedirse de ambos ninjas y seguir su camino por la recepción.
Se detuvieron a congratular a los novios una vez éstos estuvieron libres de los saludos de rigor con el señor feudal y su familia. Shikamaru estaba extrañamente guapo y con un nuevo nivel de aburrimiento en su cara que superaba a todos los que Sakura alguna vez había visto, haciéndole competencia a la amargura que se tallaba en el entrecejo de Sasuke. A su lado y creando un fuerte contraste con el desinterés de su nuevo esposo por los sin fin de invitados, estaba Temari. Resplandecía bajo la luces de la recepción como toda una princesa de cuentos de hadas. Lucia preciosa en aquel vestido sedoso, que caía como olas hasta acabar en una magnifica cola que la hacía ver elegante y refinada. Sakura reprimió la absurda necesidad de llorar cuando la vio. No quería arruinar el traje de la novia con sus lloriqueos innecesarios, pero la alegría de ver a esos dos juntos le dio una nostalgia gigantesca.
Afortunadamente Sasuke sabía calcular cuando las lágrimas estaban a punto de florecer de sus ojos, así pues, se despidió de los recién casado de la forma más cortes de la cual era capaz y la llevó a un lugar lejos de la multitud para permitirle moquear en paz.
–¿Vas a llorar o no? – preguntó Sasuke cruzándose de brazos al ver que Sakura resistía la necesidad de desbordarse en llanto, y sus motivos eran evidentes. Primero: no quería que él la viera llorar y segundo: se arruinaría el maquillaje.
–No seas rudo Sasuke. Es un momento muy emotivo, las bodas siempre lo son – se sorbió la nariz y elevó la mirada hacia el techo mientras limpiaba una tentativa lagrima de uno de su ojo –. Y no, no pienso llorar si eso te preocupa.
–Hmp. Como quieras.
El pelinegro llevó su taza número seis de sake a los labios y la vacío en un instante. Se había tomado muy enserio la consejo de Sakura de beber lo necesario para soportar al menos un par de horas en aquel lugar.
–¿No crees que has tomado demasiado? – dijo Sakura dubitativa.
–No lo suficiente – su aliento desprendió un ligero olor a alcohol que previno a la pelirrosa –. Ya hicimos lo que teníamos que hacer – advirtió, dejando a un lado el vaso de vidrio –. Ahora, larguémonos de aquí.
–¿Por qué la prisa? – dijo una voz muy familiar que arribó desprevenidamente desde su derecha –. Aun no sirven el postre.
Kakashi les devolvía una mirada intrigada. Sakura trazó una sonrisa llena de felicidad en su rostro. Tenía meses sin ver a su antiguo sensei. Vestía tan formal como el resto de los invitados. La única porción de su piel que era visible para el resto de mundo eran sus pómulos, frente y ojos, y allí, bajo las dos esferas azabaches, descansaban las marcas del sueño que el puesto como líder de Konoha se lo remarcaba.
Sasuke colocó ambas manos dentro de bolsillo de sus pantalones una vez hubo reconocido a su antiguo y despreocupado sensei.
–El Hokage debe de tener mucho tiempo libre para saltarse sus deberes y viajar para una boda.
–Cuestiones diplomáticas – se justificó hundiéndose de hombros y señalando con la quijada a los recién casados que seguían saludando a los invitados –. Es la hermana del Kazekage y su esposo es mi mano derecha, no sería correcto saltarme la celebración.
–¿Ves?– le susurró la pelirrosa dándole a Sasuke un ligero empujón –. Te lo dije.
–Te veo muy bien, Sakura – señaló Kakashi ladeando la cabeza –. El viaje te ha cambiado el semblante.
–Gracias, Kakashi-sensei – dijo con una sonrisa–. También me contenta verle.
–Sé que estamos en una fiesta y que no deberíamos hablar de trabajo, pero me es inevitable preguntar ¿Qué tal va su misión? Ya que no están dispuestos a responder mi correo ni tener algo más moderno que un halcón para comunicarnos, me temo que debo recurrir a la charla cara a cara para poder estar al tanto de lo que ocurre en su viaje.
–Hemos estado ocupados – respondió Sakura con timidez.
–¿Qué tan ocupados?
–Lo suficiente como para no molestarnos en enviarte un mensaje cada vez que te carcoma la curiosidad – bramó Sasuke.
Kakashi que, a pesar de no mostrar gran parte de su rostro, dejaba entrever cierto aire de suspicacia e intriga surcando su mirada.
–¿Ustedes dos me están ocultando algo?
–Nada, Kakashi-sensei – se adelantó a negar Sakura, agilizando su mente para idear un plan que borrara la mirada curiosa del Hokage –. Todo ha transcurrido con normalidad. Después del altercado con Yūhi en Gan'u y de la peste en el país el Trueno el resto de nuestro viaje ha sido muy calmado.
–Sí, recuerdo esos reportes. Bastante inconclusos, debo decir.
–No estamos dispuesto a escribir una novela de bolsillo luego de cada misión, Kakashi – dijo Sasuke.
–Al menos sería bueno que actualizaran con frecuencia su estatus actual. Han dejado muchos temas sin reportar ¿Que me dicen de la misión de infiltración en la que debían obtener datos sobre el traficante de armas para TenTen? – esta vez se volvió hacia el Uchiha –. No recibí información esa vez. Esperó que me puedas iluminar sobre lo ocurrido, Sasuke.
–Tuvimos un altercado. Las cosas no salieron como lo planeado – precisó a secas, no estaba cómodo hablando del tema. Afianzo las arrugas entre sus cejas cuando agregó –: Es lo único que necesitas saber.
Sakura comenzó a jugar con las manos, incomoda por el recuerdo de aquella noche cuando Sasuke la secuestró y la acorraló en la habitación de aquel hotel. Una memoria bastante desagradable que prefería desechar de su mente.
–Está bien, está bien. Confiare en tu palabra – otra vez regresó hacia la pelirrosa –. Tú siempre fuiste más dada la comunicación con otro ser vivo, Sakura ¿Hay otra cosa de la que debo estar al tanto?
–No realmente, Kakashi-sensei. Aunque suene extraño todo ha sido muy tranquilo. Como le dije, no hemos tenido otra situación delicada desde la peste hace varios meses atrás.
–¿No ha aparecido otro grupo organizado como Shinsei o una nueva Yūhi que les fastidie la existencia?
–Hasta los momentos no.
–¿De verdad? – soltó el aire de sus pulmones con fuerza –. Esperaba alguna novedad.
–Suena como si esperara una tragedia – apuntó Sasuke arqueando una ceja.
–No realmente, pero una historia jugosa siempre es de interés.
–Bueno – explicó Sakura tranquilamente, colocando las manos en jarra –, lamento decirle que durante nuestro largo viaje no ha pasado gran cosa entre Sasuke y yo – palideció de golpe y comenzó a negar con la cabeza cuando Kakashi hizo una mueca curiosa –. No es eso… digo… no entre nosotros obviamente, sino en la misión… ya sabe… todo ha sido muy tranquilo… – tenía la lengua trabada, y las cosas estaban saliéndose de contexto –. Bueno… en pequeñas palabras, Kakashi-sensei… La paz sigue reinando… No hay más peligros al acecho… y… y… sin novedades.
Sasuke se mantuvo impertérrito durante todo el balbuceo ininteligible de Sakura. Él sí que podía mantener encubierto cosas tan importantes como su relación pero ella tenía que perder el habla en el intento.
–Ya veo – dijo Kakashi pasando su inquisidora mirada por sus viejos pupilos –. Sin novedades será.
–¡Sasuke! ¡Sakura-chan! – gritó una voz muy familiar desde su espalda.
Ninguno de los dos se tomó la molestia de girarse para reconocer a la persona que les había llamado, pues en menos de lo que esperaban Naruto saltó hasta ellos y envolvió sus manos sobre el cuello de sus viejos compañeros de equipo.
–¡Naruto! – le regañó la pelirrosa ante la efusividad de su saludo.
–¡Los he echado de menos!
–¿Dónde está la chica Hyuga para que te controle de una buena vez, Dobe? – espetó Sasuke iracundo.
–Hinata fue al tocador hace un momento. Y es U-zu-ma-ki. No sé cuántas veces te lo he dicho.
–Creo que ya has repartido tu dote de cariño por hoy, Naruto – dijo Sakura con la vena de la impaciencia latiendo en su frente –. Me estas asfixiando.
–Oh, vamos Sakura-chan. Tienes que admitir que me extrañaste – se defendió mientras zafaba a sus amigos de su agarre.
–En este momento lo estoy cuestionando.
–Bah, digas lo que digas sabes que en el fondo echaste de menos al único y mejor compañero de equipo que alguna vez has tenido.
Sasuke arrugó el entrecejo al escuchar ese comentario.
–¿Qué insinúas, Dobe? – le retó el Uchiha.
–No me vengas con esa ridícula cara de huraño que sabes muy bien de que estoy hablando. Además estoy muy molesto contigo ¿Vienes a la boda de Shikamaru pero no a la mía? Muy lindo detalle de tu parte, Teme.
–Por lo menos acá sirven otra cosa que no sea ramen.
Naruto abrió por completo esos ojos azul celeste, totalmente impresionado.
–¿Cómo sabes que hubo ramen en mi boda?
–Simple intuición – se burló con hosquedad.
–¿Cómo lo has hecho, Sakura? – se dirigió hacia ella con los puños formados a ambos lados de su cuerpo – ¿Cómo has podido soportarlo por tanto tiempo?
–Simple – le dio una ojeada cómplice a Sasuke con un mensaje que él solo pudiera descifrar –. Ya soy inmune a su malhumor.
El pelinegro se reservó una sonrisa divertida, aunque una ligera curvatura de su labio casi lo delataba.
–Yo no hubiese podido tolerarlo, suena como una eterna condena – continuo Naruto cruzándose de brazos y negando con la cabeza – ¿Sabes? Si me dieran a elegir entre el Seppuku e ir de misión con el Teme, prefiero mil veces la primera opción. Una muerte rápida es mucho más digna.
–Si estuvieras de misión conmigo, me encargaría personalmente de preparar el ritual y ser tu Kaishakunin – señaló Sasuke cabreado –, nada me sería más placentero. Puedes tomarlo como mi regalo de bodas atrasado.
–Bastardo – levantó el dedo índice y apuntó al pelinegro entre las cejas –. Si alguna vez llegas a casarte también te deseare la muerte, dattebayo.
–Suena a algo que puede ocurrir pronto – intervino Kakashi desviando la mirada hacia Sakura que se sonrojó deliberadamente.
–¿Qué cosa? ¿Morir? – preguntó Naruto sin comprender – ¿Te vas a morir, Teme?
–No tengo planeado hacerlo si aún sigues vivo, Dode. Recuerda, soy tu Kaishakunin.
–Me refería más a un matrimonio, Naruto – le corrigió Kakashi aumentando la incomodidad de Sakura.
–¿Cómo? – dijo Naruto sin comprender – ¿Cree que Sasuke se va a casar pronto?
–No lo sé – se encogió de hombros aparentando inocencia –, tal vez.
–Kakashi-sensei, que divertido es – concluyó Sakura moviendo la mano de manera excesiva para cubrir su propia risa nerviosa –. Siempre diciendo puras tonterías.
–Sakura-chan tiene razón, el Teme nunca pensaría en casarse, para eso debe de tener primero una pareja y lo único que pasa por su cabeza en su camino de la… ¿Cómo lo llamas? ¿Reparación? ¿Revelación?, siempre lo olvido. En fin, con eso en mente no tiene tiempo para… un momento – Naruto entornó los ojos hacia Sasuke y se inclinó lo suficiente para evaluar sus facies, analizando cada centímetro de su expresión actual de la cual, normalmente, carecía – ¿Por qué tienes esa mirada? Sera posible que… – abrió los parpados y palideció como si acabara de ver a un fantasma– ¿Tienes alguna novia de la que no me he enterado?
Sakura tragó grueso y comenzó a sudar. Vaya que no se le daba bien mentir, y más ahora con esa mirada de Naruto que esperaba una respuesta contundente por parte de Sasuke. Éste, por el contrario, cerró los ojos con cansancio y soportó el peso de su cuerpo en una de sus piernas, demostrando indiferencia. Él sí que sabía encarar una buena cubierta.
–No digas sandeces, Naruto.
–¿Soy tu maldito mejor amigo y no me dices cuando tienes novia? – resonó indignado, haciendo oídos sordos a lo que le acababa de decir Sasuke – ¡Primero mi boda y ahora esto! ¿Es que no te cansas de insultarme?
–Tú eres el que se está inventado todo, Usuratonkachi.
Naruto negó con la cabeza y se cruzó de brazos.
–No me convences, sé que estas ocultando algo – y como nadie le interrumpió continuó diciendo –: ¿Y bien? ¿Quién es? ¿Es bonita? Debe de quererte mucho como para tolerar a semejante personaje. Una total santa – se volvió hacia la pelirrosa aún más intrigado – ¿Tú la conoces, Sakura-chan?
–E-eh, yo… – el ataque de pánico le robó el habla.
Para ese momento todo le daba vueltas. Se sentía enferma. Las náuseas y el mareo atentaban con expulsar lo poco que había comido. Evitó por todos los medios buscar refugió en los ojos de Sasuke, ya bastantes sospechas albergaba Naruto como para darle más pistas sobre algo que debería permanecer en el total anonimato.
–Sí que la conoce – afirmó Kakashi ayudándola, o peor, hundiéndola aún más en su vergüenza. Se volvió hacia Naruto y se lo confirmó con un asentimiento de su cabeza–, la conoce muy bien.
–¿De verdad, Sakura-chan? – preguntó Naruto emocionado por conocer más – Dame una pista ¿La conozco?
–Desde la infancia – respondió Kakashi por ella, de nuevo.
–¡¿De verdad?!
–Estudiaron juntos.
–¡¿Es de Konoha?!
–Y Sasuke la ve todos los días.
–¡Kakashi-sensei! – exclamó Sakura al borde del síncope.
–Eres todo un pillo, Sasuke – dijo Naruto golpeando al pelinegro amistosamente en el brazo.
–No te atrevas a tocarme – le advirtió asqueado. A él tampoco le gustó el camino que tomó la plática –. Y deja de hacerte ideas disparatadas en esa cabeza hueca.
–Oh vamos, Sasuke ¡No lo hagas más intrigante! Demonios ¿Tengo que sacarte las cosas a la fuerza? Me estoy impacientando. Muero de curiosidad, dattebayo.
–Prefiero que mueras por el filo de mi katana.
–Quiero conocerla en persona – afirmó gustoso mientras asentía vigorosamente –. Hinata estará contentísima de conocer tan buena noticia.
Kakashi disfrutaba de todo el escenario que él mismo había creado con los brazos entrelazados sobre el pecho. Sakura le observaba entre disgustada y avergonzada. No podía recordar cuando fue la última vez que había detestado tanto a su sensei.
–¿Por qué tan sonrojada, Sakura? – preguntó el Hokage percatándose de que tenía la mirada fija en él desde hace casi un minuto – ¿Tienes algo que compartir?
–N-no es nada – respondió mientras se alisaba la falda en busca de una pose que intentara recobrar algo de su dignidad perdida –. Iré a buscar a Hinata. Permiso.
Se mordió la lengua cuando sus piernas le pidieron correr a toda máquina, deseosas de drenar la adrenalina que se arremolinaba entre sus músculos.
Su sentido femenino la orientó hacia el baño casi por inercia. Dentro estaba todo solitario. Hinata debía de haber regresado a la fiesta, tiempo que aprovecharía para respirar profundo y retomar de nuevo el ritmo normal de su pulso. Necesitaba practicar sus mentiras si quería seguir encubriendo su relación con Sasuke, porque, si continuaba actuando de esa manera, todo el mundo se enteraría antes de lo que ella quisiera.
Cuando iba por la tercera respiración honda para poder calmar su inquieto corazón, el sonido de alguien sufriendo un arca llego hasta sus oídos. El ruido se repitió al menos dos veces más hasta que el consecuente eco del vómito y su característico olor impregno el ambiente.
–¿Hinata? – susurró, le era difícil percibir el chakra de la Hyuga con tantas personas en un mismo radio de recepción. Un nuevo sonido de arcada la instó a repetir – ¿Hinata? ¿Eres tú?
–¿S-Sakura-san?
La voz provenía de uno de los cubículos, del último para ser precisos. Sakura se acercó hasta allá descubriendo como parte del vestido de Hinata se dejaba ver por la rendija inferior de la puerta metálica. La abrió rápidamente encontrándose con una escena bastante común para ella, tomando en cuenta la cantidad de personas que había visto vomitar, Hinata no era ni por asomo la peor de ellas. Sin embargo, verla ahí tirada en el suelo, pálida y bastante deshecha la alertó rápidamente.
–Hey, tranquila – bajó hasta su altura y le acarició la espalda, liberando un poco de chakra color verde para aliviar su malestar –. Respira profundo.
–G-gracias.
–¿Comiste algo que te hizo mal?
–No – negó con la cabeza para confirmarlo –. Pero ya me siento mejor.
–Ven, siéntate aquí – bajó la tapa del retrete y la ayudo a colocarse de pie hasta sentarla lentamente –. Toma un poco de aire y descansa, te arreglare el maquillaje y el peinado.
Hinata asintió avergonzada, permitiéndole a Sakura trabajar libremente en sus terribles fachas. La ayudó a lavarse la cara y a retomar un poco el color. La pelirrosa se ocupó de ella hasta dejarla como nueva mientras la Hyuga permanecía encorvada y con la pena nublando su rostro. Luego de casi diez minutos, Sakura se atrevió a alzar de nuevo la voz en un susurro.
–Hinata.
–¿Si? – contestó en un tono quebradizo.
–¿Puedo hacerte una pregunta?
–Seguro.
–¿Cuánto tiempo llevas embarazada? – preguntó casualmente mientras terminaba los últimos retoques de su maquillaje.
–¿E-eh? – el rubor en su mejillas no tardó en aparecer.
–Naruto no lo sabe ¿o me equivoco?
Hinata bajó la mirada hasta las manos temblorosas sobre su propio regazo.
–Aun no me he atrevido a decirle.
–¿Por qué no lo has hecho? – dijo, alejándose de ella para enfocarla mejor.
–Me da miedo – susurró.
–¿Miedo de cómo va a reaccionar?
–Si – siguió jugando con sus manos sin levantar la mirada –. Tener un hijo es un paso muy importante. No hemos hablado de esto aún. No sé si Naruto-kun está preparado o quiera tener un bebe.
–¿Estas de broma? – expuso Sakura, bastante crispada luego de escuchar aquel pretexto. Se agachó un poco para obligar a la Hyuga que le devolviera la mirada –. Mira, tú más que nadie en todo el mundo entiende a Naruto. Sabes que él creció sin una madre y sin un padre. Lo que más anhela es tener una familia, verla crecer y ser parte de la vida de esa persona que está creciendo en tu vientre – sonrió tenuemente para descargar la tensión en los hombros de la ojiperla –. Él prometió protegerte, Hinata. Ese idiota puede ser muchas cosas pero no es un cobarde. Si eso es lo que te atormenta te aseguro que no retrocederá a su palabras. A fin de cuentas ese es su camino ninja ¿no es así?
Hinata parpadeo un par de veces digiriendo sus palabras una por una.
–Tienes razón, Sakura-san.
–Claro que la tengo – se burló divertida.
–Muchas gracias.
–No es nada, Hinata, o debo decir ¿Futura mamá?
La ojiperla se encogió de hombros y se sonrojó naturalmente.
–Es verdad – masculló incrédula –. V-voy a ser mamá.
–¡Y serás la mejor del mundo! – dijo la pelirrosa sin poder contener la emoción –. No sabes lo feliz que me hace escuchar tan hermosa noticia, Hinata. Felicitaciones.
–Gracias, Sakura-san – sus ojos perlados brillaron en un destello de esa alegría que seguramente había mantenido reprimida por semanas.
–Deja de decirme "san", me haces sentir demasiada vieja.
–Lo siento – y agregó con una sonrisa –, Sakura-chan.
–Ahora suenas a tu marido.
Las dos se rieron hasta que consideraron conveniente salir de aquel lugar. Sakura guio a Hinata hasta la seguridad de su mesa sin la amenaza de una nueva sesión de náuseas y mareos. Le dijo que aguardara allí mientras iba en busca de Naruto lo antes posible, esos dos necesitaban una charla con extrema urgencia.
Regresó entre sus pisadas de nuevo hasta su antiguo equipo 7. No tardó mucho en encontrarlos. Estaban en el mismo lugar y en la misma posición, sin embargo, esta vez había una persona extra en el pequeño círculo.
Ino ocupaba su lugar junto a un Kakashi serio, un Naruto silente y un Sasuke oscurecido. Su conversación debía ser muy delicada para que todos ellos cambiaran sus expresiones joviales a unas tan graves.
Sakura estuvo a punto de interrumpirles, pero no lo hizo, en cambio ocultó lo mejor que pudo su chakra antes de acercárseles. Sasuke le había enseñado como hacerlo para pasar totalmente desapercibida incluso cerca de un rastreador, les era de gran utilidad cuando necesitaban hacer una misión que requería un sigilo total. Aparentemente las sesiones de practican dieron frutos, porque, aunque se notara grosero, quería saber que estaban discutiendo esos cuatro.
–¿Ha tenido otro episodio? – preguntó Ino casi en un murmullo una vez Sakura pudo acercarse lo suficiente para escucharles, ocultándose tras una pilar.
–No – dijo Sasuke –. Después de lo ocurrido en Gan'u ha estado en perfecto estado.
–Entonces funcionó – alegó contenta.
–No debemos bajar la guardia – apuntó Kakashi con los brazos entrelazados sobre su pecho –. Es un sello creado a base de diversos jutsus provenientes de tres poderosos clanes. Puede ser muy inestable. Hay que mantenerlo vigilado.
–¿Has visto algún cambio? – volvió a preguntar Ino regresando la atención hacia Sasuke– ¿Crees que pueda fallar?
–No lo creo – negó el Uchiha –. Hace unos meses atrás, cuando estábamos de misión en el país del Trueno durante la peste, nos topamos con un superviviente del clan Uzumaki.
Naruto se sobresaltó sutilmente pero luego volvió a hundirse en su silencio misterioso. Debía tener otras ideas en la cabeza que no le permitieran pensar en la posibilidad de conocer a alguien de su propio clan. Sakura meditó en silencio esa última acotación. No recordaba que en su paso por el país del Trueno llegaran a conocer a un Uzumaki.
–¿De verdad? – interpeló Ino demostrando la emoción de la que Naruto carecía en ese momento.
–Los Uzumaki son un clan especializado en sellos – acotó Kakashi, como si fuese un dato importantísimo en el cual debían enfocarse –. Un hallazgo bastante útil.
Sasuke asintió.
–No hizo un estudio a fondo, pero pudo evaluar el sello sin que se percatara. Dijo que es bastante sólido, casi perfecto.
–Esas son buenas noticias – regresó Ino con la intensión de elevar los ánimos en el pequeño círculo, pero la mirada del pelinegro le advirtió de que algo malo sucedía – ¿Porque pones esa cara, Sasuke-kun?
–Porque el "casi" no es tolerable para él – dijo Kakashi en respuesta.
Sasuke oscureció aún más sus ojos en una mueca disgustada. Se volvió hacia el rubio a su derecha.
–Naruto – su voz era profunda, demasiado intimidadora –. Debes comunicarte con él. Tal vez así conseguiremos la información que nos hace falta para ajustar detalles en caso de que las cosas se salgan de control.
–¿Por qué no mantienes comunicación con él por tus propios medios? Después de todo tu lo conoces personalmente – preguntó Kakashi sin ánimos de sonar a la defensiva.
–No quedamos en buenos términos una vez me fui de la aldea. Es un viejo obstinado, dudo mucho que quiera ver mi cara ahora – negó con la cabeza, agotado –. Es por eso que la única persona que escuchara es a Naruto. Tiene buenas referencias de él, no debería ser un problema sacarle algo de información adicional.
–Suena fenomenal. Así puedes aprender de tus raíces ¿Qué te parece Naruto? – añadió Ino con un apagado entusiasmo.
–No me siento cómodo con esto – respondió Naruto por fin, luego de casi medio segundo de meditación – ¿No sería correcto decirle de una vez por todas la verdad a…?
–No – le cortó Sasuke de golpe –. De lo contrario todo lo que hemos hecho no tendría sentido.
–Vivir una mentira es lo peor que puedes hacerle, Sasuke – su voz era sería, demasiado seria –. Tú pasaste por lo mismo alguna vez ¿O no recuerdas a Itachi?
Los puños de Sasuke a ambos lados de su cuerpo vibraron tenuemente.
–Esto es diferente.
–¿Qué tanto?
–Itachi mintió por amor a su familia y a su aldea. No tenía otra opción.
Naruto abrió los ojos como plato y sus labios se entreabrieron.
–Entonces… – balbuceó en un murmullo casi imperceptible –, estás haciendo todo esta locura porque amas a…
–¡Sakura! – se sobresaltó Ino generando un giro sincronizado de cabezas hacia la pelirrosa que no le quedó más remedio que salir de su improvisado escondite como si nada hubiese pasado.
–Disculpa que los interrumpa – dijo queriendo sonar casual.
–No seas tonta – alegó Ino acercándose hasta ella –. Vaya, siento que tengo una eternidad sin saber de ti.
–Debo decir lo mismo – dijo Sakura en una sonrisa.
–¿Cuándo fue la última vez que nos vimos?
–Creo que fue en el país de la Cascada, cuando nos enfrentamos a Akaoshi.
Ino tragó en seco una vez escuchó el nombre del antiguo jefe de Shinsei, y el aire a su alrededor se tornó muy pesado.
Sakura omitió la atmosfera de misterio que rondaba sobre el pequeño grupo y se giró hacia el rubio, que permanecía tan pálido como el papel, y colocó una mano en su hombro trayéndolo de nuevo a tierra firme
–Naruto, Hinata te está buscando.
–¿E-Eh? – musitó el rubio aun con la mirada incrédula.
–Hinata te está buscando – repitió con paciencia –. Ha estado un poco mal del estómago, deberías ir a verla.
–¡¿Hinata está enferma otra vez?! – vociferó con espantó cambiando por completo sus expresiones fáciles.
–¿Otra vez? – preguntó Ino arqueando una ceja.
Naruto se veía alarmado y bastante preocupado.
–A vomitado con frecuencia estos últimos días. Creo que es el ramen.
–¿Eso es lo que le das de comer a tu esposa? – se sobresaltó Ino.
–Al parecer tiene un envase de ramen creciéndole en la panza – explicó Sakura sin esperar que entendiera el doble sentido de sus palabras.
–Iré a verla – sentenció Naruto dando media vuelta, no sin antes dedicar un último vistazo hacia Sasuke y luego hacia Sakura con un deje de desconcierto en su mirada.
Ino le siguió de cerca, con un nivel igual de preocupación hacia la joven Hyuga. Kakashi no tardo en retirarse también. Fue secuestrado por un viejo empresario que quería discutir una posible inversión en Konoha, algo sobre edificios y cosas que superaban los conocimientos básicos de Sakura sobre negocios y arquitectura.
Miró a Sasuke a su lado, una vez estuvieron solos, sin saber muy bien que hacer luego de escuchar aquella extraña conversación. Él captó ágilmente la pregunta que estaba formulándose en los labios de Sakura antes de que pudiera tan siquiera exponerla en voz alta.
–Es tiempo de irnos – ordenó el Uchiha dándose media vuelta, bebiendo la última taza de sake de esa noche.
Sakura asintió sin ánimos. Habían pasado casi tres horas en la fiesta y hablado con la mayoría de sus compañeros. No existían más motivos para que Sasuke continuara complaciéndola en perdurar un rato más en la celebración, y por extraño que parezca, ella había perdido las ganas de contradecirle.
–Está bien.
Era bastante oscuro cuando salieron de la recepción, y pese a estar en un pueblo en medio del desierto, la noche alcanzó temperaturas infrahumanas que obligaron a Sakura a castañear.
Subían por una calle empinada, solitaria y adoquinada, iluminada por cientos de faroles titilantes en dirección al hotel donde se estaban hospedando.
Sakura se sumergió en sus pensamientos analizando lo poco que pudo escuchar de aquella extraña conversación entre Sasuke, Naruto, Kakashi e Ino, pero nada de lo que habían dicho le encontraba sentido. Repasó una y otra vez sus diálogos esperando encontrar algo, pero nada encajaba, todo se veía muy difuso y difícil de entrelazar. Era como un gran rompecabezas que sería imposible de resolver si no tenía todas las piezas consigo, y conociendo a Sasuke difícilmente le sacaría alguna información al respecto.
Repentinamente sobre sus hombros cayó una chaqueta negra que cubrió su piel congelada. Parpadeo incrédula antes de respirar profundamente el aroma que desprendía la tela, reconociéndolo casi al instante. Se volvió hacia Sasuke que caminaba a su lado con las manos en el bolsillo, y mirando con su habitual indiferencia a un punto fijo al final de la calle.
–Gracias – murmuró Sakura abrigándose en la calidez de la chaqueta.
–¿Te sucede algo? – preguntó sin quitar la atención a lo lejos.
Sakura ocultó el mentón en la pequeña cueva improvisada que le ofrecía el saco sobre sus hombros.
–No es nada.
–¿Te incomodó la conversación con Kakashi?
–Ahora que lo mencionas… – sus mejillas se tornaron ligeramente rosadas, y no precisamente por el clima a su alrededor –. Kakashi-sensei ya lo sabe.
–Ciertamente.
–Fue mi culpa – consintió Sakura abatida–. Creo que soy muy torpe para mentir.
–Vaya que lo eres – dijo en tonó sarcástico.
Se volvió hacia él con los cachetes inflados.
–¡Hey!
–Tú lo mencionaste – recordó mientras se hundía de hombros, quedando como el inocente de la historia.
–Sí, pero las parejas convencionales tienden a contradecir eso con una frase tierna. Deberías probar algo como "No, cariño, no eres torpe, solo te hace falta más práctica". Así no me haces sentir mal.
–¿Por qué diría eso? No quiero que aprendas a mentir.
–¡Pero tú lo haces a la perfección! Lo que es igual no es trampa. Y no trates de cambiar la conversación.
Volvió la mirada de nuevo a la calle frente a ella y frunció el ceño.
–¿Ahora estas molesta?
–No lo sé – dijo afianzando las arrugas de su frente con mayor fuerza –. Tal vez lo este.
Una risa divertida se coló desde la garganta de Sasuke.
–Eres imposible.
Sakura comenzó a caminar más deprisa para dejarlo unos pasos más atrás.
–Ahora si estoy molesta – le dijo por encima del hombro.
Cruzaron la calle hasta llegar a un callejón estrecho que continuaba el camino por unas escaleras que daban hacia el hotel. Era un trecho un poco oscuro, pero era más corto que caminar por la calle principal y, por si fuera poco, no hacia tanto frio.
Sakura agradeció internamente no haberse calzado algo con tacón, de lo contrario sufriría las consecuencias de unas posibles ampollas luego de aquella infinita y empinada subida. Se acurruco en el gran saco de Sasuke perdiéndose en ese encantador olor a hierbabuena, mientras continuaba subiendo las escaleras unos cuantos metros por delante de él. Las farolas estaban dispersas en el angosto trayecto y la luz de la luna permaneció ausente durante todo el camino, dándole a ese pequeño trayecto un aire oscuro pero extrañamente acogedor. El silencio les hizo compañía hasta la mitad del empinado camino, cuando una gruesa voz se apodero de las solitarias y frías escalinatas.
–Estas hermosa esta noche, Sakura – la voz de Sasuke sonó tan suave y cautivadora desde su espalda que la tomó desprevenida.
La pelirrosa se detuvo en medio del escalón y se dio la vuelta de golpe, regresando la mirada hacia el Uchiha que se había detenido cuatro peldaños por debajo de ella.
–¿Qué dijiste?
Aunque era poca la luz que arrullaba la soledad de ese pequeño lugar, pudo ver como una sonrisa se ocultaba en esa cara estoica.
–Sabes que no lo repetiré.
–Pero no pude ver tu rostro cuando lo decías – bajó un escalón para acercarse más a él.
–¿Escucharlo no es suficiente?
–Pero me estas quitando el pequeño y hermoso placer de ver tu cara cuando me das un cumplido, y debo decir que las veces que lo has hecho son contadas.
–¿Entonces debo recordarte lo hermosa que te ves todos los días? – espetó molesto.
El corazón estuvo a un latido de romperle las costillas.
–Lo acabas de decir…
Sasuke chasqueó la lengua y hundió más sus manos en el bolsillo del pantalón.
–Eres astuta – otra vez ese tono entre cabreado y divertido que la hacía dudar si estaba de buen humor o a punto de insultarla.
–Esta vez solo fue suerte – señaló honestamente.
Sasuke subió hasta quedar separado de ella por un único peldaño, permaneciendo a la misma altura, encontrándose sus miradas sin esfuerzo alguno. Sakura aguantó la respiración. Desde allí podía percibir su aliento impregnado bajo el olor del sake, pero sus ojos reflejaban un destello de sinceridad, demostrando que estaba lo suficientemente lucido para poder discernir entre sus pensamientos y la debilidad que pudiera ofrecerle el alcohol en su organismo.
Sasuke formó una sonrisa de medio lado e inclino ligeramente su cabeza hacia su hombro derecho.
–Eres ridículamente hermosa, Sakura.
La aludida coloco ambas manos sobre el pecho de Sasuke, creyendo que así no perdería el equilibrio y evitaría desvanecerse en medio de las escaleras.
–Gracias, Sasuke-kun. Tú también estas muy guapo– murmuró Sakura con las mejillas ruborizadas.
–Hmp – dijo sin saber muy bien donde depositar su mirada.
–A ti también te gusta que te de cumplidos ¿no es así?
–No les doy la importancia que tú les das.
Sakura dejó escapar una risilla juguetona.
–No importa si me das o no cumplidos, Sasuke-kun – le tranquilizo con una sonrisa figurándose la incomodidad que tenía el Uchiha de seguir hablando sobre ese tema–. Lo único que me importa es que estés aquí conmigo, incluso si no dices ni una sola palabra. Por ahora debes de estar bajo los efecto del sake – comenzó a juguetear inocentemente con la corbata que se mecía al compás del viento helado –. Lo tomare en cuenta para futuras referencia.
–¿Piensas embriagarme solo para complacer tus caprichos?
–No lo sé – dijo con tranquilidad –. Me intriga conocer que efectos adversos puede generar el alcohol en ti además de hacerte decir cumplidos.
–¿De verdad lo quieres saber? – preguntó atrevido.
–Claro, sería algo así como un experimento. Lo haría por el bien de la ciencia.
Sasuke llevó sus manos hasta la cintura de Sakura y la atrajo hasta él con gran agilidad haciendo que sus cuerpos se unieran perfectamente. Por un momento, la Haruno perdió la conexión con el mundo que le rodeaba y se enfrasco en las abismales esferas azabaches que la estudiaban detalladamente.
–En ese caso – susurró con aquella voz gruesa y seductora que la hizo estremecer. Acercó sus labios hacia los suyos con la tentativa de besarla, pero se detuvo a milímetros de ella, agregando bajó esa encantadora sonrisa ladeada –: Temo decirte que pagaras las consecuencias de tu propia curiosidad.
–¿Qué sucede? – dijo la voz de Sasuke cuando la habitación se hundió en un súbito silencio.
–¿Eh? – preguntó Sakura. Parpadeo varias veces enfocando el lugar a su alrededor. Había regresado de nuevo a la comodidad de su habitación, luego de haberse perdido de lleno en aquel grato recuerdo de hace muchos años atrás.
–De repente te quedaste callada – agregó el Uchiha a su lado.
–Ah no… no es nada, solo estaba pensando en ese día – cerró el álbum para restarle importancia y estiró su brazo para dejarlo sobre el baúl frente a la cama.
–¿Y bien? – susurró Sasuke a su lado
–¿Y bien qué?
–¿En qué estabas pensando?
–Bueno, en muchas cosas. De lo hermosa que se veía Temari, de Hinata y su primeras señales de embarazo, lo extremadamente fría que son las noches en Suna – se detuvo de golpe, haciendo que la sangre fluyera de nuevo a sus mejillas –. Y también… bueno eso no tiene importancia.
Las arrugas en la frente de Sasuke regresaron.
–¿Te encuentras bien?
–Sí, estoy perfectamente – lo dijo demasiado deprisa, revelando cierto matiz de mentira.
–Sakura – le llamo Sasuke impacientándose.
Sakura comenzó a jugar con sus manos, sin la valentía de mirar directamente a su esposo a los ojos.
–Solo estaba pensando en cómo terminó ese día.
–¿Y porque te sonrojas?
–Oh vamos, Sasuke – su corazón tamborileaba con violencia entre sus costillas–. Debes comprender que esa fue mi… ya sabes… mi primera… Shanarooo. No quiero hablar de eso ¿está bien?
Pasó de estar bocabajo a recostarse de medio lado, con los brazos entrelazados sobre el pecho, dándole la espalda al pelinegro. No quería verle, estaba molesta. Esa noche significó mucho para ella y él simplemente lo vio como un día más en el calendario.
–Sakura – pronuncio su nombre casi por silabas.
–¿Qué quieres?
Sintió como la mano de Sasuke tomaba uno de sus mechones de cabello, alisándolo entre sus dedos, trasmitiéndole una descarga eléctrica que le recorrió toda la medula espinal. Su respiración era profunda, inalterable, la podía escuchar cada vez más cerca hasta que sus suaves labios rozaron la piel de su hombro en un delicado beso.
–Era de noche cuando llegamos al hotel. Te pedí que revisaras mi brazo antes de que te fueras a dormir a tu habitación – murmuró con sus labios aun rozando su hombro –. Más que una petición era un simple capricho por estar unos minutos más cerca de ti luego de nuestro camino por las escaleras. Estabas irresistibles ese día, Sakura ¿Cómo demonios lo haces? ¿Eh? ¿Volverme así de inestable? – dejó escapar una risa desde su garganta deteniendo los latidos del corazón de la pelirrosa –. No quise obligarte a hacer algo que no querías, pero estaba devanándome los sesos cada vez que te veía cerca de mí. Sin embargo después de esa noche deje de pensar demasiado las cosas y espere a que todo siguiera su curso – volvió a hacer una pausa alejando sus labios de la piel del hombro de Sakura –. Recuerdo que estabas nerviosa y extrañamente tímida, pero pude ver la seguridad en tus ojos –. Sakura abrió los parpados y giro el cuello hacia él. Su mirada azabache era seria, fijándose con detenimiento en los jades de ella como si quisiera trasmitir a través de sus ojos lo que no podía decir con palabras–. Recuerdo ese día, Sakura – susurró –. Recuerdo cada detalle.
–¿Y porque dijiste lo contrario?
–No lo sé. Detesto cuando hablas demasiado – reconoció alejándose de ella –. Tal vez soy un masoquista.
–Estas volviendo a mentir – señaló, aunque no estaba del todo segura.
–Solo quería escucharte mientras contabas la historia – se justificó elevando el rostro indómito hacia ella –. Me gusta ver cómo te emocionas cuando relatas nuestro pasado.
Las orejas de Sakura se tornaron de un fuerte color rojizo tan intenso como el tulipán que él le había regalado el día de su llegada.
–¿Me estabas colocado a prueba?
–Es entretenido. Te sonrojas con demasiada facilidad – apuntó burlesco.
–Es tu culpa – reforzó el cruce de sus brazos sobre el pecho y dejó sobresalir su labio inferior en un intento de puchero.
–No soy tan idiota después de todo.
–Sí que lo eres.
El siguiente movimiento de Sasuke la tomó totalmente desprevenida. Con increíble agilidad la giró sobre la cama, depositándola en el centro de la misma, con la mirada fija en el techo. Luego él paso una rodilla por encima del cuerpo de Sakura hasta posicionarla a un lado de la cadera de ella, dando a entender que no tenía escapatoria. La coleta que mantenía el cabello azabache en su lugar se había desecho, dejando que los largos flequillos le hicieran cosquillas en el rostro de su esposa. Sakura pestañeo un par de veces una vez Sasuke quedo encima de ella. La luz de la estancia era la justa para poder apreciar su torso desnudo, la firmeza de sus brazos, la rigidez de su ancha espalda. Verlo así era simplemente una vista embriagante y cautivadora.
Sasuke sonrió de medio lado y Sakura desvió la mirada avergonzada. Él sabía que ella le estaba examinando, difícil seria no hacerlo, y más cuando estaba en esa posición que le hacía perder la los estribos.
–Te pedí que te cambiaras – ronroneó el Uchiha con esa voz juguetona que le arrebataba el aliento –. Al parecer no podremos salir a ninguna parte esta tarde.
Bajó hasta posicionar sus labios en el cuello de Sakura, comenzando una serie de besos que la hacían estremecer de sorpresa.
–Sasuke-kun – murmuró Sakura.
Sintió como Sasuke se reía en su cuello, con los labios aun sobre su piel. Él sabía que eso la hacía delirar por completo.
–Dijiste que me harías recordar cada detalle de ese día ¿no es así? – murmuró el pelinegro regresando su mirada hacia la de ella.
Sakura dibujó una sonrisa en el rostro y entrelazo sus manos sobre el cuello de Sasuke sin poder contener un sonrisa genuina en sus labios.
–Aceptare las consecuencias de mi propia curiosidad.
N/A: ¡PPL! Espero que estén super mega ultra hiper bien :D
Debo decir que, con el pasar de los días, he llegado a una conclusión: no merezco unos lectores tan hermosos como ustedes. Es enserio, se recontra pasaron de linduras ¿Cómo lo hacen? Cada vez que leía un comentario no me lo podía creer. Me dejaron sin palabras. Creo que un gracias se queda corto con todo lo que tengo para agradecerles :'3 Y bueno, en mi torpe forma de devolverles aunque sea una sonrisa les he traído un doble capítulo con una dosis Sasusaku justa y necesaria. En realidad sería un único capitulo pero (como cosa rara) me sobrepase y escribí demasiado. No me gusta que los capítulos queden tan largos, por eso lo dividí, y así cuando tengan un tiempito leen uno y después el otro jeje.
Bien, con respecto a esta parte de la historia la tenía planeada desde hace mucho tiempo pero cuando la comencé a escribir, me lo pensé bastante. No sé si se ve demasiado atropellada, ya saben, me gusta que la historia avance a modo tortuga n_nu Por ahora no hare aclaratorias sobre ciertos detalles. Ustedes son extremadamente inteligentes, tengo miedo de que averigüen cosas que aún no han sido reveladas o que se me salga un spoilazo xD Sin embargo, si tienen alguna duda con gusto se las aclaro.
Bien, es tiempo de poner a prueba nuestras neuronas:
1. Cuando Sakura se levanta en la mañana para despedir a Masashi y Akane se encuentra con Sasuke sentado en la silla y tiene un dejavu, haciendo alusión a la escena del capítulo VIII cuando estaban en el hotel, en Gan'u.
2. En el capítulo XI, cuando Sakura esta reunidas con sus amigas hablando sobre la boda de Temari es porque (indudablemente) la iba a colocar en un futuro, y aquí esta ¡Taraaan! :)
Antes de despedirme quiero volver a pedir disculpas. Sé que he sido muy inconsistente con las fechas y los días de publicación desde que comenzó el año. Cada vez que llega un martes me deprimo demasiado porque sé que debo actualizar pero no tengo tiempo para hacerlo. Hoy pude secuestrar un poco de tiempo para terminar de escribir y poder subir los capítulos ;w; He aprendido la lección: Jamás publicar una historia estando en clase, Jamás. Nota mental actualizada.
Listo, creo que es todo por ahora. Los capítulos son estúpidamente largos, y estas notas quieren salir más extensas conforme pasan las semanas, jeje. Me despido de nuevo dándole las gracias infinitas por todo lo que hacen, de verdad son lo máximo. Les agradezco todos esos reviews, todos esos follows, cada uno de esos favorites, el apoyo, la incalculable paciencia. Oh vaya, no sé qué decir ¡Estoy demasiado feliz y todo es gracias a ustedes! :3 Perdonen la incoherencia, es que de verdad no sé qué decir, son de verdad increíbles.
Cuídense muchísimo y nos leemos pronto.
Bye Bye :3
