Capítulo 1: El Emblema de la Oscuridad
Davis atrapo a un DemiV-mon bastante enfurruñado en su mochila. Agarro al pequeño digimon azul y lo saco a la rastra.
-¡DemiV-mon! ¡Te he dicho mil veces que no puedes ir conmigo a la escuela! –gruño Davis mientras sujetaba a su digimon.
-Pero…
-¡Sin peros! –Davis se revisó el uniforme verde-. No creo que los maestros estén muy contentos de ver a un digimon después de todo lo que paso. Y tampoco combinas con el color del uniforme –los dos se empezaron a reír. Finalmente, Davis dejo de actuar como el malo y acepto-. Está bien, te llevare. Pero te vas a tener que quedar bien escondido, ¿de acuerdo?
-¡Sí! –el grito fue muy fuerte. Rápidamente lo metió en su mochila, justo cuando su hermana abrió la puerta.
-¿Se puede saber qué piensas hacer con ese monstruo tuyo? –le increpo.
-¿Qué monstruo? –Davis agarro la mochila como si no pasara nada, pero como miraba a Jun no noto que DemiV-mon se movía, y era claramente visible. La chica de 21 años no podía creer la inmadurez de su hermano. Señalo la mochila.
-El que hay en esa mochila que se mueve –Davis se apresuró a ponerla a su espalda. Jun se empezó a reír con ganas-. ¡No te preocupes, hermano! Ya sé que tienes un digimon. La mitad de mi universidad me pide que traiga una foto –Davis se rindió y abrió la mochila. DemiV-mon salto a los brazos de la hermana de su compañero. Jun se asustó y casi dejo caer al digimon bebe. El dragoncito azul se acurruco contra el pecho de la joven, y ella soltó un suspiro de ternura cuando vio la carita que ponía-. ¡Es adorable! ¿Cómo consiguió un tonto como tú esta cosita tan linda? –se acarició contra el suave cuerpo del digimon. Davis puso cara de fastidio, pero se fijó en el reloj del escritorio.
-¡Es tarde! ¡Nos vamos! –grito, al tiempo que agarraba su mochila y a DemiV-mon. Salió corriendo y cerró la puerta. Su madre, quien estaba lavando los platos, se asomó tarde para verlo irse.
-¿Tu hermano acaba de decir que saldrían en plural? –pregunto.
-No, escuchaste mal –aseguro Jun con una sonrisa.
-Está bien –iba a seguir con los platos, pero se detuvo pensativa-. Jun, quiero que vigiles a tu hermano. Creo que anda en algo raro.
-¿Por qué lo dices?
-El otro día, llamo a la puerta un hombre estadounidense. Mostró una placa del FBI. Se llamaba John Larios. Dijo que quería hablar con Davis, pero él justo había salido. No sé qué pasa, pero no me agrada. Me hizo algunas preguntas, y después se marchó –la señora Motomiya se quedó preocupada. Jun no necesitaba hablar con ese agente para saber el motivo de su visita.
Davis entro corriendo en el salón de clase. Ya había dejado a DemiV-mon en el salón de computación con un chocolate bastante grande. Con suerte, no se movería en todo el día. No tuvo que mirar mucho para encontrar a las tres personas, vestidos con el uniforme verde, que quería encontrar.
-¡Chicos! –saludo. Los tres que estaban charlando junto a la ventana se dieron vuelta para ver a Davis.
-Hola Davis –saludo T.K.
-Te esperábamos –comento Kari. Apenas dijo eso, las mejillas de Davis se sonrojaron.
-Supongo que nos veremos más a menudo –comento Ken. Davis se acercó y le paso un brazo por los hombros, con su natural actitud amigable y feliz. Era el primer semestre que Ken pasaría en su escuela, y estaba sumamente emocionado-. Casi llegas tarde.
-¡Ya se! –se quejó. Miro hacia ambos lados como si lo vigilaran y susurro al oído de su amigo-. ¿El bicho está cerca de las pantallas?
-Si te refieres a Wormmon, está en mi casa –le respondió. No veía necesidad de susurrar, nadie les prestaba atención-. No me pareció adecuado traerlo. Se aburriría mucho en la sala de computación.
A Davis no se le había pasado eso por la cabeza. Su sonrisa se congelo. T.K. y Kari comprendieron, por su expresión, que se había traído a DemiV-mon.
-¿En qué estás pensando? ¿Qué pasaría si algún maestro o alumno lo viera? –lo amonesto T.K.-. Nosotros no trajimos a nuestros digimon, y creo que Cody y Yolei tampoco. Supongo que deberías imaginarte que…
No pudo continuar. Su expresión quedo paralizada. Davis no entendió que pasaba. Estaba a punto de comentarle algo a Ken, pero descubrió que también estaba congelado. Kari tragaba saliva, y miro sobre su hombro. Casi esperaba que hubiera algo detrás de ella.
T.K. se pegó al vidrio de la ventana y miro hacia todas partes. Busco en los techos cercanos. No vio nada extraño, pero aún seguía intranquilo. Ken se sentó en su lugar, agarrándose la cabeza con las manos.
-¿Ichijouji? –Davis trato de moverlo, pero no reaccionaba-. ¿Kari? ¿T.K.? ¿¡Que les pasa!? –el grito sobresalto a Ken. Se incorporó con lentitud, bastante pálido.
-La Oscuridad –susurro. Davis no entendió a qué se refería.
-La Oscuridad está cerca –confirmo Kari. No dejaba de mirar hacia la puerta del salón-. Pero no es posible. MaloMyotismon fue destruido. No debería haber Oscuridad –estaba a punto de salir corriendo del salón, pero el sentimiento empezó a desvanecerse-. Ya se detuvo.
-Si –suspiro T.K. Había apretado tanto la mano que se había clavado las uñas en la palma. Se froto las marcas que le ardían-. Tal vez no los vencimos a todos. Demon aún está encerrado en el Mar de la Tinieblas, ¿no?
-Eso creo –respondió Ken. Davis empezaba a ponerse celoso de que hubiera otra cosa en que T.K. y Kari coincidían y él no sentía nada. Que Ken también pudiera sentirlo solo aumentaba su frustración.
-¡Eso que importa! ¡Si Demon vuelve, lo encontraremos y lo derrotaremos! –exclamo, levantando el brazo. Qué suerte que nadie les prestaba atención, porque habría quedado como un lunático.
-No lo entiendes –Kari se sentó y dejo caer la cabeza sobre el escritorio.
-Nunca estuviste en el Mar de las Tinieblas, Davis –le aclaro T.K.-. Nosotros tuvimos muy malas experiencias en ese lugar. Todo lo que venga de ahí es malévolo y debería ser destruido –no pudieron charlar mucho más, pues la profesora entro al salón. Rápidamente, todos los alumnos se apresuraron a sentarse en sus lugares.
-¡Alumnos, bienvenidos al nuevo semestre! Tenemos tres alumnos nuevos que se presentaran antes de que comience la clase –miro a Ken-. El primero ya escogió su lugar. Ken Ichijouji, ¿podrías ponerte de pie por favor?
-Claro –respondió Ken. Apenas la profesora había dicho su nombre, empezaron los susurros. Aún se recordaba la noticia de la repentina desaparición y reaparición del chico superdotado. Para esos chicos, era casi como tener una celebridad en la clase. Aunque, si lo pensaban bien, eran un total de cuatro las celebridades. Era rumor popular, aunque no oficial, sobre la participación de Davis, T.K., Kari y Ken en el incidente de hacía cuatro años. Cosas así no se olvidaban fácilmente.
Ken dio un pequeño discurso. Todos escucharon con atención, esperando que mencionara algo sobre su desaparición o los incidentes de hacía cuatro años. Por supuesto, no menciono nada sobre eso, decepcionando a los jóvenes. Cuando termino, Davis levanto el pulgar en señal de que había hecho un buen discurso. Ken volvió a sentarse, justo junto a la ventana, a la izquierda de Davis.
-Muy bien. Ahora les presentare a los otros dos, que son extranjeros –abrió la puerta del salón-. Pasen, vamos.
Dos chicos vestidos de verde entraron en el salón. Eran una chica y un chico. Ambos debían tener unos quince años.
-La primera, Sophia Prediger, que viene de Alemania –comento la profesora. La chica medía un metro sesenta de altura. Era flaca, con la piel ligeramente pálida. Tenía el cabello castaño claro, peinado con una banda negra. Sus ojos eran de un sorpresivo color oscuro, que a los chicos los volvió locos desde el principio. Había que admitirlo, a pesar de tener una cara un poco infantil, era muy guapa. Los jóvenes empezaron a comentar lo linda que era de manera casi instantánea. Varios de ellos incluso se habían quedado con la boca abierta. Ella sonrió, de manera tan dulce que algunos quedaron atontados.
-¡Hola! Me llamo Sophia. Espero que podamos aprender juntos. Y que mi japonés no esté muy mal –se presentó, con las mejillas sonrojadas. Tenía la voz bastante más grave de lo que se esperaría. Sus ojos de infarto recorrieron el salón, causando palpitaciones aceleradas por doquier.
-Y el joven se llama Joshua Randazzo, y viene de Italia –informo la maestra. El joven que señalaba era un poco más bajo que Sophia. Tenía las manos en los bolsillos, y no sonreía en absoluto. Parecía aburrido. Tenía el cabello castaño oscuro, la piel un poco bronceada, y unos ojos marrones bien comunes. Parpadeaba, como si estuviera cansado. Un observador más sutil habría notado que miraba de manera disimulada a la chica alemana. No dijo ni una palabra, aunque la mayoría esperaban que si lo hiciera. La profesora supuso que no hablaría bien el japonés-. Puedes sentarte detrás de Motomiya. Ese lugar siempre está vació. Sophia, querida, ve a ese asiento a la derecha de Kamiya.
Ambos se dirigieron a sus bancos, de maneras bien diferentes. Joshua se sentó rápidamente, sin emitir palabra. Sophia se detuvo a hablar con cada alumno en el camino, quienes no perderían la oportunidad de conversar con ella. Cuando llego al banco, Kari la saludo educadamente.
-Bienvenida. Soy Kari Kamiya –le tendió la mano.
-Gracias –tomo la mano extendida y la estrecho. Al instante en que entraron en contacto, quedaron paralizadas. El color desapareció del rostro de Kari.
-Esta chica no es normal. La Oscuridad la rodea –observo que sus ojos tenían el color de las aguas del Mar de las Tinieblas. No le había parecido así antes-. ¿De dónde vienes realmente, Sophia?
-¿Por qué tengo este mal presentimiento? –se preguntó Sofía. Casi cerró los ojos, cegada por un flash misterioso que parecía provenir de la misma Kari-. Es como si tuviera un sol detrás. Esta chica…
-…No me agrada –pensó Kari. Ambas llevaban demasiado tiempo estrechándose las manos, y sus sonrisas se habían desvanecido. Davis las miraba, extrañado.
-¿Qué le pasa a Kari? Hace mucho que está saludando a esa chica –se preguntó en voz alta y pensativa.
-Se están declarando formalmente las hostilidades –respondió una voz detrás de él. El chico nuevo si hablaba el idioma, y bastante bien-. Ahora mismo está por empezar la guerra.
-¿Guerra? –pregunto Davis. Un curioso pensamiento de una Kari vestida de camuflaje, con un cuchillo entre los dientes, se le cruzo por la cabeza. La verdad, si alguien pudiera ver eso además de él, habría pensado que era un pensamiento un poco idiota.
-Sí, guerra. Si observas con cuidado, se nota que ambas son el mismo tipo de chica. Bonita, popular y codiciada. La tal Kari era la reina en este salón, y acaba de llegar una competidora. Ambas tendrán más de una reyerta mientras todos nosotros decidimos quien manda. Es la ley de la secundaria –el joven tenía el codo apoyado en la mesa, y la cabeza sobre su mano. Hablaba tan rápido que costaba entender lo que decía. Parecía que tuviera una habilidad para el discurso acelerado. Davis se volteó a mirarlo.
-Lo que estás diciendo me parece una tontería. Tampoco que ser popular fuera de vida o muerte. Y Kari no es así.
-Davis tiene razón. La conocemos muy bien y siempre le importaron más sus amigos que ser bonita –le apoyo Ken.
-Eso debía ser antes, pero la gente siempre cambia. Ya verán como empieza a disputarse con la alemana por ser la más conocida. Es la ley social –se encogió de hombros-. A mí me da igual, francamente las chicas son guapas, pero dan muchos problemas. Siempre piden una cosa, y luego otra, y después a no quieren nada y piden más. Es aterrante.
-Pues yo creo que Kari es mil veces más linda que esa europea –opino Davis, enfurruñado.
-No sé, Sophia también parece muy bonita –contesto Ken.
-¿¡Que!? ¿Cómo puedes decir eso Ichijouji? –Davis sonrió sádicamente-. Se lo diré a Yolei.
-¡No, por favor! –se aterro. Ken y Yolei llevaban algunos meses saliendo. Como se peleaban ella y Davis, su enojo se podía redirigir para cualquier parte.
-¡Motomiya! ¡Ichijouji! ¡¿Pueden hacer silencio?! –las chicas ya estaban sentadas, y la clase ya había comenzado. Sin que Sophia lo notara, Kari no le sacaba los ojos de encima. A sus pies, un charco negruzco había salido de la nada.
-No me cae bien, T.K. –comento Kari. Ya habían terminado las clases.
-Es la quinta o sexta vez que lo repites. Ya me parece que tienes algo contra ella –respondió el chico rubio. Soltó un bufido de cansancio. Los dos estaban fuera de la escuela, mientras todos los alumnos se retiraban. Davis había ido a recoger a DemiV-mon, Cody se había apurado para ir a su clase de Kendo, Ken y Yolei habían desparecido de manera "misteriosa", Matt y Sora estaban en un recital del primero, Mimí en América, Joe haciendo algún examen en quién sabe dónde, Tai había salido temprano por una explosión en un laboratorio (que Kari sospechaba que él mismo la había causado), e Izzy seguro charlaba con Tentomon con su computadora. En resumen, T.K. era el único que podía escucharla.
-Es que ella resuma Oscuridad –Kari estaba muy alterada-. Me asusto la cantidad de sombras que la rodeaban. ¿No puede sentirlo? ¿Sus lindos ojitos te dejaron ciego?
T.K. estaba a punto de protestar por ese último comentario, pero justamente apareció Sophia.
-¡Hola! Creo que no nos presentaron –ignoro totalmente a Kari, cosa que a ella no la dejo nada contenta-. Soy Sophia.
-Me llamo Takeru Takaishi, pero puedes llamarme T.K. –respondió él. Noto la mirada lúgubre de su amiga y decidió que tenía que jugar en su bando-. Justamente estábamos hablando de ti.
-¿En serio? –sus ojos negros se desviaron un instante a Kari. La manera en que se miraron aterro a T.K. Parecían dos bestias a punto de atacarse la una a la otra. Solo faltaba que se golpearan sin avisar.
-Si –le toco el hombro de manera supuestamente casual. No sintió nada. Tal vez Kari exageraba. Esa chica era muy tierna para ser una aliada de las Tinieblas. Le veías la cara y notabas que era aún una niña. Busco una excusa rápida para irse-. ¡Miren la hora que es! Tengo que irme, nos vemos luego.
Se quería largar antes de que se desatara la tormenta. Esas dos no tardarían en pelearse. Cuando estaba a punto de irse, Sophia le guiño un ojo. Para desgracia del rubio, Kari también lo vio. T.K. se fue pensando en que nunca había visto a su amiga tan furiosa. O tal vez, la palabra correcta era celosa.
Piedmon se había aburrido a más no poder. Lyramon le ordeno que no saliera ni se dejara ver. El payaso aún no entendía que se suponía que trataban de hacer. Habían aparecido de la nada, después de varios años en los que había sufrido encerrado en el Vació. ¿Por qué lo rescataban justo en ese momento? Y lo más importante, ¿cómo lo habían hecho? Muchas ideas pasaban por la cabeza del digimon, pero ninguna le complacía del todo. Las tres piezas de armadura de colores estaban colgadas de la pared. Una sola mirada le había bastado para comprobar que sus datos eran corruptos.
Había examinado cuidadosamente cada grabado y cada símbolo en ellas. Nunca había visto nada parecido, ni recordaba nada similar. Sospechaba que tenían algo que ver con su liberación del Vació.
En ese instante, la puerta se abrió. Piedmon alcanzo a ver a los datos corruptos mientras cambiaban de forma. Al parecer, podían convertirse en cualquier humano. No sabía cómo se suponía que lo hacían, pero con ellos todo era posible. Ya había visto sobradas muestras de la cantidad de extrañas habilidades que poseían. Y, si no mal recordaba, ahora tenían un digivice hecho de datos corruptos. Otra cosa para añadir a su desopilante catálogo.
-Es tiempo que me lo digan todo –opino el digimon payaso.
-Por supuesto –respondió Lyramon, terminando de adoptar la forma en que lo había liberado, su favorita-. Siéntate, por favor.
Piedmon se sentó en una silla cómoda y amplia, señal de que ellos se habían preparado para ese momento. Tomo la botella de vino que había sacado de la nevera anteriormente y la hizo levitar para servir en dos copas. Los datos corruptos bebieron un sorbo. El mismo payaso ya había comprobado que era bebida de excelencia.
-¿Por dónde comenzamos? –pregunto Lyramon-. Supongo que por la última ocasión en que nos vimos. Nosotros apoyamos el plan de Apocalymon para crear un nuevo Digimundo, y le dimos los datos corruptos necesarios para que mutara en su versión más poderosa de sí mismo. Nos ofreció un lugar a su lado, pero fuimos engañados. Como temía nuestro poder, nos encerró en esto –y saco un colgante que guardaba en su bolsillo. Tenía un símbolo, el mismo triangulo de su guantelete. Piedmon reconoció la forma de la parte negra que estaba unida al colgante.
-¿Un emblema? ¿No los había obtenido todos? –inquirió el payaso.
-Obtuviste ocho de los diez. El emblema de la Bondad ya había sido ocultado previamente, así que no estaba con los demás. Este es el emblema de la Oscuridad –Lyramon sonrió y acaricio el collar. El emblema despidió una débil luz oscura, que hizo que Piedmon se sintiera muy emocionado-. Fue creado para mantener el equilibrio. No podían hacer un emblema de la Luz si no existía el de la Oscuridad. Es una pequeña contradicción de los Códigos Originales, y también de este mundo. Sin la Luz no existe la Oscuridad, y sin la Oscuridad no existe la Luz.
Rieron por un instante, pensando en la cruel ironía. Ese emblema había sido creado para hacer retroceder a las Tinieblas, y ahora las apoyaba. Qué curioso era el Destino.
"Apocalymon se hizo con él antes de hablar con nosotros. Cuando obtuvo lo que quería, nos encerró dentro con un hechizo. De esa forma, creyó poder controlar los datos corruptos. Pero nuestra presencia corrompió los datos del emblema, impidiéndole usarlo. Ya tenía lo que quería, así que le restó importancia a ese contratiempo."
"Esperamos pacientemente a que él tuviera algún problema que nos brindara la oportunidad de escapar, y sucedió. Cuando los niños elegidos regresaron de su supuesta muerte, sentimos el miedo en su código de datos y supimos que usaría el Big Bang del Universo en cuanto se viera derrotado. Aprovechamos ese momento y arrojamos el emblema, tomando control de su cuerpo por un instante. Pero calculamos mal, y la curvatura dimensional nos atrapo en el momento en que empezaba a cerrarse. Caímos en un letargo por efecto de las terribles energías que se desencadenaban."
"Pasamos mucho tiempo dormidos. Lo que sucedió en ese tiempo son especulaciones y sospechas. Despertamos en el Mar de las Tinieblas, ya con esta forma y el emblema colgado al cuello. Lo que nos había despertado era un brillante resplandor que invadía el Mar. Dos de los niños elegidos, los que has reconocido esta mañana, escapaban de allí con sus digimon. La puerta se cerró, sin que pudiéramos acertar a entender como entraron."
-Déjame adivinar, ¿hablaste con Dragomon? –jugo el payaso. Lyramon asintió.
-Sí. Era el único capaz de abrirnos la puerta de salida. No estaba exactamente feliz, pero al menos lo invadía el alivio porque su plan había resultado. Necesitaba que alguien se deshiciera de la influencia del Emperador de los Digimon en su Mar, pero no podía o no quería hacerlo el mismo. Llamo a la Luz al Mar de las Tinieblas, apostándose todo a que nunca querría regresar. Si ella hubiera querido derrocarlo, lo habría logrado.
-¿Dragomon vencido por una niñita? –Piedmon parecía al borde de las carcajadas, pero las reprimió-. Es una posibilidad. Esa chica es peligrosa. Ese poder de la Luz destruyo a uno de los Dark Masters.
-Machinedramon, lo sabemos. Pues no estaba de muy mal humor, pero nos pidió algo a cambio de sacarnos. Había invocado el emblema de la Oscuridad, luego de sentir ese poder que se desencadenaba en algún lugar de este mundo. Pero el emblema era datos corruptos, y lo sigue siendo. Generosos como somos, le suministramos cantidades industriales de energía de las Tinieblas, permitiéndole digievolucionar a Leviamon. Estaba tan feliz, que nos hizo un regalo extra. Nos dio el Guantelete de la Oscuridad –señalaron la pieza negra colgada en la pared-. Y nos contó su leyenda. La Digiarmadura se creó a partir de un programa antiquísimo de los Códigos Originales. Por cada emblema que se creaba, los datos del Digimundo creaban una pieza a partir de los datos de esos emblemas. Las piezas aparecían en cualquier parte del Digimundo, pero se fueron dispersando y sus funciones verdaderas se olvidaban.
-¿Cómo alguien olvidaría una Digiarmadura? Cualquiera la querría. Por mí, quien se olvide de ella es un torpe inútil –opino Piedmon, después de beber hasta vaciar la copa.
-En realidad, se olvidaron porque no había nada que recordar. Fue concebida para que solo los humanos pudieran usarla. Por eso, Leviamon pensó que como nuestro código corrupto ahora asemejaba las cadenas humanas, nosotros podríamos usarla. Y no se equivocó. Hemos averiguado mucho más, y no nos resultó fácil. Nos tomaron cuatro años encontrar esas tres piezas, a base de rumores, preguntas y sobornos. La mayoría de los digimon creen que son un mero adorno, ya que no pueden usarlas.
-Y no podías liberarme del Vació sin esas piezas, ¿no es así? –el digimon payaso trataba de confirmar su sospechas.
-Correcto. Necesitábamos la Greba de la Esperanza para abrir la grieta dimensional, y el Yelmo del Conocimiento para ubicar el lugar correcto. Como puedes notar, lo hicimos lo más pronto que pudimos. Tu ayuda en nuestra misión es crucial.
-¿Y cuál es esa misión? –eso era lo que Piedmon mas deseaba saber. Lyramon sonrió, y sus ojos dorados relumbraron de emoción.
-Vengarnos. De los digimon por desterrarnos de su hermoso mundo solo porque éramos diferentes. Y de los humanos por crearnos distintos. Todos los mundos pagaran el precio de su desprecio hacia nosotros. Corromperemos las raíces del Universo conocido. Y tú nos ayudaras, Piedmon, y obtendrás un poder más grande de lo que nunca podrías haber soñado.
El payaso no necesito más de un segundo para aceptar la oferta. Ambos sonrieron, y brindaron por la venganza. Bebieron hasta la última gota, disfrutando el buen gusto del digimon corrupto.
-¿De dónde conseguiste ese digivice? –quiso saber Piedmon.
-El emblema de la Oscuridad no solo puede darle energía a los digimon malignos, también corrompe los datos ordinarios. Lo creamos a semejanza de los digivice de los niños elegidos. Aunque tiene nuestro toque estético personal –dejaron escapar una risita. Sacaron el digivice corrupto y lo colocaron sobre la mesa. Era más grande que los D-3. Tenía una pantalla muy curiosa. La tocaron, y varias pantallitas se elevaron, mostrando imágenes de varios digimon y cadenas de datos-. Estuvimos reuniendo los datos de muchos digimon. Son necesarios para nuestro plan. Como también necesitamos los datos contenidos en ese D-3 de Ken Ichijouji. Necesitamos los datos de todos los digivice de esos niños elegidos, pero el suyo primero que ninguno.
-¿Y cómo lo obtendremos? –pregunto Piedmon. Saco una de sus espadas nuevas e hizo ademán de afilarla.
-No. No es buena idea revelarnos aun. Que crean que están seguros. Tenemos un pequeño truco que les hará recordar viejas épocas –sonrieron malignamente. Tocaron la pantalla del digivice corrupto, y tres ventanas con las imágenes de tres digimon aparecieron. Piedmon vio sus elecciones y empezó a soltar carcajada tras carcajada.
-¡Eres diabólico! ¡Realmente monstruoso! –Lyramon soltó un bostezo. Estaban agotados. Pero aún no era momento de descansar. Había mucho que hacer.
Continuara…
