Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
XXI
Sasuke Uchiha
El calor de la tina se había dispersado por toda la habitación quedando una tenue neblina que mantenía empañado el espejo del lavamanos del baño de los Uchiha. Sasuke estaba sumergido en la calidez del agua, con el torso desnudo y el resto de su cuerpo oculto bajo el denso manto espumoso que poco a poco comenzó a dispersarse hasta quedar una fina capa de burbujas. Había colocado un pañito en sus ojos, dejando que su cuello reposara en el borde de la tina mientras que sus brazos descansaban sobre el marco de la misma. Podía decir que por primera vez después de tanto tiempo se sentía relajado. Los viajes siempre lo dejaban extenuado y los momentos que le dedicaba al descanso eran insuficiente o prácticamente nulos. Sakura tenía razón, necesitaba un merecido respiro, este iba a ser su ultimo día en Konoha y debía disfrutarlo a como dé lugar ¿Y qué mejor forma de relajarse que permanecer todo el día en la serenidad que transmitía su hogar en compañía de nada menos que su esposa? No podía recordar cuando fue la última vez que tuvo una idea tan brillante como aquella.
En principio, su plan por descansar se vio frustrado por cierta persona de cabellos rosados. Se suponía que iba a recuperar las energías para seguir su camino el día siguiente, dispersar la mente y regresar de nuevo a su largo viaje, pero, evidentemente, las sesiones de intimidad que tuvo hace un par de hora atrás con Sakura en la oscuridad de su habitación se prolongó lo suficiente para dejarlo casi extenuado, sin embargo era algo de lo que jamás se arrepentiría, después de todo debía disfrutar a toda costa antes de que el día llegara a su fin.
En ese momento se detuvo a pensar sobre ese detalle ¿Cómo diantres podía resistir tanto tiempo sin estar a su lado? ¿Cómo demonios llegaba a tolerar la distancia que los separaba? Sasuke contrajo los músculos de su mandíbula de manera imperceptible. Era la primera vez después de tanto años que se hacia esa pregunta.
Sasuke Uchiha nunca seria conocido por ser una persona necesitada. Prefería ser autosuficiente, independiente, no esperar nada de nadie. Ese era el futuro que alguna vez se había idealizado después de que la Cuarta Guerra concluyó. Vivir la soledad siempre fue la meta a llegar y en aquel entonces creyó con gran firmeza que así debía terminar su vida. Pero todo su perfecto plan colapsó como una torre de cartas con la llegada de Sakura. Ella se las ingenió para que él cambiara su forma de ver el mundo, ella lo transformó en una persona distinta, ella lo convirtió en un mejor hombre.
Ahora, luego de profundizar en esa pregunta que seguía rondando su cabeza, Sasuke llegó a una conclusión que su Yo del pasado hubiese considerado imperdonable.
El permitirse querer a alguien otra vez.
Esa era la simple respuesta a todo su dilema, porque si quieres a alguien de la misma manera que lo hacen los Uchiha es comprensible que la distancia duela, que la separación llegase a ser la forma más cruel de tortura. Los casi tres días que llevaba en la aldea le habían hecho evocar sensaciones y sentimientos que mantenía reprimidos para que estos no terminaran por desplomar su fuerza de voluntad.
Siempre se culpó por no poder estar a un lado de Sarada, verla crecer y compartir la sensación de tener un papá en su vida, sin embargo sus múltiples misiones y largos viajes le impedían regresar de nuevo a su hogar para cumplir el rol tanto de padre como de esposo. Meditaba mucho sobre ese punto durante sus solitarias noches en medio de los bosques y bajo las estrellas en medio del desierto. Quería regresar, estar a su lado de nuevo, vivir con su familia otra vez. Pero no podía abandonar su misión, aun cuando veía el dolor en los ojos de Sakura y el resentimiento en la mirada de Sarada, para Sasuke era imperativo continuar aun si con ello se ganaba el odio de su propia familia.
Aun con su firme decisión de continuar sobre el camino de su largo viaje, era difícil desprenderse de la necesidad de estar bajo la calidez de un hogar. Tal vez fue por obra del destino que se topara con esa anciana florista hace unos días atrás, aquella que le obsequio el Tulipán rojo para que Sasuke pudiera regalárselo a su esposa. Una excusa torpe y ridícula para regresar de nuevo a la aldea aunque sea por un corto periodo de tiempo y así encontrarse de nuevo con Sarada y Sakura. Todo por ese simple Tulipán.
Sasuke formó una sonrisa irónica en su rostro. Solo a él se le ocurriría echarle la culpa a una flor para justificar su regreso de nuevo a Konoha.
–¿Sucede algo, Sasuke-kun? – dijo la voz de Sakura sacándolo de su ensimismamiento.
Sasuke retiró el paño de su rostro, irguió su cabeza y depositó los ojos en los de la pelirrosa frente a él. Estaba en el otro extremo de la tina, con el cabello atado en un moño alto hecho a medias dejando ciertas hebras rosadas adheridas sobre su cuello. Sus mejillas estaban ligeramente ruborizadas por el vapor del baño y su cuerpo estaba hundido en el agua dejando solo al descubierto sus finos y pálidos hombros junto a ese pequeño lunar al final de su clavícula. Habían decido tomar una ducha juntos para tomarse enserio el propósito de "descansar", y a decir verdad les funcionó de maravilla.
–No pasa nada – mintió con exagerada naturalidad.
–Estabas sonriendo – apuntó Sakura parpadeando con vivo interés – ¿En qué pensabas?
–Ya te dije que no pasa nada.
Llevó un brazo hacia una pequeña mesa donde reposaba una botella de sake que seguía un rápido descenso. Había dos vasos, uno para cada uno, pero Sasuke había tomado en solitario durante toda la tarde. Le pareció extraño que Sakura no se llevara tan siquiera un sorbo a los labios. Ella no era una persona adepta a los licores fuertes o al alcohol en general, sin embargo aquello le causó curiosidad.
–¿Tienes hambre? – preguntó Sakura observando como Sasuke vació el vaso en una sola sentada.
–No realmente – admitió indiferente – ¿Y tú?
–Tampoco tengo mucha hambre. Pero no almorzamos y lo único que tienes en el estómago es sake.
No había reparado cuanto tiempo llevaba inmerso en aquel baño, a fin de cuentas poco le importaba, prefería continuar en la tranquilidad de la tina junto a su esposa bebiendo sake sin ninguna preocupación adicional.
–No me extraña que nos saltáramos una comida – observó Sasuke jugueteando con la taza vacía sin quitar su mirada de la de Sakura –. Estábamos muy ocupados.
Como era de esperarse, la pelirrosa se ruborizo, intensificando el color rojizo que el vapor de agua había hecho sobre sus mejillas. Sasuke formó una nueva sonrisa ladeada. Jamás expresaría con palabras lo mucho que la había extrañado. No solo por estar cerca de ella, extrañaba muchas cosas más, como escuchar sus fastidiosas y constante preguntas, esas discusiones que terminaban en besos reconciliatorios, su mirada llena de una genuina ternura que invadía a Sasuke de una paz incalculable. La extrañaba como nunca, y estar con ella era todo lo que necesitaba para poder sentirse completo.
–No es un buen justificativo – Sakura cruzó los brazos sobre el pecho y desvió la mirada como si se tratara de una niñita berrinchuda. Por todos los cielos ¿Cómo podía esa mujer hacerle perder la cordura con solo una simple mueca?
–Para mí lo es – Sasuke se inclinó un poco sin quitarle la mirada. La tina era lo suficientemente grande para los dos, fue por esa razón que tuvo que desplazarse sobre el agua hasta quedar cerca de ella obligándola a que le regresara su atención –. Y también podría saltarme la cena en este preciso instante.
–Sa-Sasuke-kun – titubeó avergonzada pero con la quijada en alto, como si quisiera demostrar que no estaba nerviosa por su repentina cercanía.
–¿Qué? – quiso sonar juguetón mientras inclinaba un poco la cabeza para admirarla mejor – ¿Prefieres salir a dar una vuelta?
–Me hubiese gustado pasear contigo por el parque – dijo Sakura sin quitar el cruce sobre su pecho.
–Todo fue tu culpa ¿Quién te manda a quedarte semidesnuda en la cama?
–E-estaba viendo el álbum de fotos.
–Ese sí que es un pésimo justificativo – se alejó un poco de ella para detenerse a admirar su siguiente expresión –. Si quieres podemos salir ahora.
–Bueno… en realidad… – ahora comenzó a juguetear con los mechones de cabello rosado que habían caído sobre su cuello.
–¿No te gusta la idea?
–Preferiría quedarme un rato más aquí – admitió en un tímido susurro.
–Demonios, Sakura ¿Desde cuándo te volviste tan traviesa?
–¡No es eso!
–Podemos continuar donde quedamos hace un par de horas atrás –confirmó Sasuke sin poder contener la necesidad de sonar tan interesado.
–Creo que has bebido demasiado.
Sasuke desvió la mirada hacia la botella medio vacía. Ella tenía razón. Ese era otro efecto adverso del alcohol en su sistema, lo convertía en un hombre más volátil. No perdía la lucidez ni el poder de discernimiento, pero le hacía ser más expresivo y menos antipático, algo que podía ser un muy mal presagio o tal vez un beneficio poderoso en ciertas ocasiones, como esta.
–¿Quién tuvo la brillante idea de beber en la tina? – dijo el Uchiha arqueando una ceja.
–La botella estaba llevando polvo en la alacena – murmuró, encogiéndose de hombros –. En algún momento teníamos que utilizarla.
–Pero tú no has bebido nada.
Sakura pasó un mechón de cabello humedecido tras la oreja.
–No tengo ganas de beber.
Sasuke hizo una mueca.
–Algo me dice que estas colocando a prueba ese extraño experimento de embriagarme para ver qué sucede. Hace muchos años quisiste hacerlo pero nunca tuviste la oportunidad.
–Me has atrapado – dijo levantando las manos en señal de derrota.
–¿Y qué piensas esperar? ¿Hacerme beber hasta que pierda el conocimiento?
–No sería útil que perdieras el conocimiento.
–Maldición, Sakura. Me estas matando – dijo Sasuke acercándose hasta ella, colocando ambas manos sobre el borde la tina, acorralándola en una esquina sin posibilidad de escape.
–Sa-Sasuke-kun – esta vez su voz sonó impresionada por el repentino movimiento del Uchiha.
El pelinegro formó una sonrisa lasciva en su rostro.
–Tu sola te lo buscaste.
Bajó hasta los labios de Sakura con la intención de besarla hasta arrebatarle el aliento, y así lo hizo. Ella llevo ambas manos hasta el cuello de Sasuke para acercarlo lo más posible hacia su lado de la tina. El pelinegro no se detuvo a ser gentil o en realizar movimientos lentos y suaves, todo lo contrario, dio paso a una serie de besos raudos, entreabriendo sus labios para amoldarlos con mayor firmeza sobre los de Sakura. Sentía como la pelirrosa se estremecía maravillada una vez alejó el brazo vendado del borde la tina y lo llevo hasta la espalda de ella para acercarla más, destruyendo la distancia que existía entre ambos cuerpos.
De alguna manera el agua que seguía cubriendo la mitad de sus cuerpos comenzó a hervir y la atmosfera dio inicio a un ascenso dramático de la temperatura. Sasuke no entendía cómo era posible todo aquello. Siempre había besado a Sakura, pero cada vez que lo hacía lo dejaba como un completo desquiciado, perdiendo la función de su juicio y la conexión con el mundo exterior.
Hasta que de repente, todo se evaporó.
–¡Mamá, Papá! – gritó la voz de Sarada desde el piso inferior como un zumbido lejano, similar al de una pequeña mosca chocando sobre la ventana – ¡Ya llegamos!
Sakura siempre había sido la fuerte de la relación, porque en esas circunstancias Sasuke jamás se hubiese alejado para terminar aquel beso, ni siquiera en el hipotético caso de que su hija estuviera llamando a la puerta del mismísimo baño.
–¿Ya llegaron? – preguntó Sakura arqueando una ceja con el pecho subiendo y bajando a raudales antes de que sus parpados se abrieran lo suficiente para ver todo el contorno de su iris jade – ¡Ya llegaron!
–¿Quiénes llegaron? – preguntó Sasuke inmutable, con la respiración regularizada pero con el corazón a punto de saltarle del pecho.
–Le prometí a Boruto y a Mitsuki una cena – advirtió escandalizada y totalmente pálida – ¡Oh, rayos! ¡Se me olvido por completo!
Saltó de la bañera salpicando agua por todos lados. Tomó la bata de baño para cubrir su cuerpo desnudo, dejando a Sasuke una diminuta fracción de segundos en la que pudo admirar toda su silueta rociada con pequeñas gotas de agua. Gruñó por lo bajo sin que ella se diera cuenta. Esos bribones eran las personas más inoportunas de todo el mundo.
–¿Para qué invitaste a esos dos? – quiso saber Sasuke relajándose en el borde de la tina esperando que la molestia no se filtrara en sus palabras.
–Merecen una recompensa luego llegar de una pesada misión ¿no crees? – se quitó el tirante que mantenía el cabello rosado ajustado en el moño, dejándolo caer por encima de sus hombros.
–¿No deberías terminar de recompensar a tu esposo? – señaló Sasuke cruzándose de brazos, con la esperanza de que tal vez la pelirrosa cambiara de opinión y se quedara unos instantes más junto a él.
–¡Por todos los cielos! – exclamó sin escucharlo mientras se ajustaba a medias la bata sobre la cintura – ¡Nuestras ropas están tiradas en el piso de la cocina!
Y fue así como todo el calor que alguna vez se había establecido en el baño se precipitó a una triste y aburrida temperatura ambiental.
–Vamos, vístete. Hay que recibirlos ahora – dijo la pelirrosa saliendo del baño como un bólido.
Sasuke lanzó una maldición hacia el techo y refunfuño entre dientes:
–Voy a destruir a esos imbéciles.
Salió de la tina de mala gana y se vistió con lo primero que encontró en la habitación. Un fuerte dolor de cabeza se apodero de él cuando reconoció a la persona frenética en la que se había transformado su esposa. Correteaba por todos lados sin un orden establecido mientras terminaba de arreglarse. Hubo un punto en que comenzó a correr en círculos en busca de su otra zapatilla y no fue hasta que Sasuke le dijo que la tenía calzada que se dio cuenta de ello.
Mientras él terminaba de tirar la ropa sucia observó como Sakura se había vestido con una camisa blanca, holgada, sedosa y con una hilera de botones al frente. Una muy mala opción de vestuario cuando se está apresurado. Sasuke se había dado cuenta pero con el apuro que llevaba la pelirrosa, no le dio la oportunidad de decirle que los primeros dos botones estaban abiertos y dejaban ver gran parte de su brasier color negro, sin embargo ella ya se había precipitado escaleras abajo.
Por un momento pensó en apresurarse para detenerla, pero Sakura era ridículamente ágil y él se tornaba más lerdo con la sobredosis de alcohol en su sistema. A fin de cuentas, cuando Sasuke pisó el último escalón, ella ya estaba saludando a los recién llegados con su típica sonrisa maternal.
Sasuke, que a pesar de estar apresurado por detener a Sakura y su posible bochorno público, se detuvo a estudiar a los recién llegados desde la seguridad del último peldaño de la escalera.
Era un raro e incongruente grupo de tres niños con poco o nada en común, un grupo que le hizo recordar de manera paradójica a su viejo equipo 7. En lo que a Sasuke respectaba, Sarada era la única que tenía un aspecto normal en aquel trio. A un lado de su hija, con ese molesto cabello amarillo radioactivo que dolía a la vista, estaba Boruto. Ya lo había conocido en la mañana antes de que buscara a su hija para ir de misión. Viéndolo con mayor detenimiento podía deducir una simple cosa: los genes Uzumaki hicieron estragos en ese mocoso. Desde donde lo vieras era la viva imagen del Dobe y eso le traía muy mala espina. No quería ni imaginarse que bizarro y morboso jutsu podía haber creado con tal de hacer una legendaria travesura, de las mismas que su padre hacia cuando era tan solo un bribón. Y para colmo de males, era compañero de Sarada. Esos dos tenían una relación demasiado estrecha. Boruto le sonreía con demasiada familiaridad y se insultaban de forma que Sasuke le parecía muy sospechosa. Sin embargo, el que le traía más desconfianza de los tres era ese niñato llamado Mitsuki. Era alto para su edad, delgado y con el cabello plateado, igual que el de Kabuto. No entendía que extraña fascinación poseía Orochimaru por tener aliados con el pelo de ese color, una manía que concordaba a la perfección con la mente psicópata del viejo sannin. Otra de las muchas cosas que le hacía sentir incomodo era esa sonrisa gentil que el tal Mitsuki tenía tatuada en el rostro. Si quería verse amable lo había logrado, pero al mismo tiempo generó una luz de alerta en los pensamientos de Sasuke.
Hizo un último escaneo a la cara sus invitados. Nada en esos dos Gennin le inspiraba confianza, y mucho menos su sensei, el pervertido nieto del tercer Hokage. Sasuke comprimió un fuerte suspiro entre sus costillas. Si ellos pretendían cenar bajo el techo de su casa se abstendría a las consecuencias de su malhumor.
Luego de su minuciosa pero rápida inspección hacia los compañeros de equipo de Sarada, Sakura se acercó aún más hasta ellos para recibirlos.
–Bienvenidos, chicos – saludó una vez hubo divisado a Mitsuki y a Boruto– ¿Qué tal su misión?
Los ojos de ambos mocosos se abrieron de par cuando se posaron en el busto de Sakura. Ya era demasiado tarde, pensó Sasuke. El daño estaba hecho.
–Muy bien, Uchiha-san – dijo Boruto con demasiada formalidad, evitando desviar la mirada hacia lugares impropios. Al menos el niño estaba consciente de que si veía más de la cuenta recibiría una dosis del Sharingan de Sasuke. Muy inteligente.
–Mamá – le llamó incomoda Sarada al darse cuenta de que su madre estaba revelando más de la cuenta.
–Qué alegría que toda haya salido estupendamente – les congratuló Sakura sin escuchar a su hija – ¿Pudieron atrapar al oso?
–Nos costó un poco, pero pudimos hacerlo – dijo Mitsuki imitando el gesto de Boruto.
–Que bien. Los felicito a los tres, hicieron un buen trabajo.
–Mamá – volvió a insistir Sarada totalmente avergonzada.
Al ver que Sakura no entendía las indirectas, Sasuke no le quedó más remedio que entrar en escena y acercarse hasta ellos con las manos en el bolsillo. Para ese entonces el dolor de cabeza estaba a punto de romperle las sienes. Estaba seguro que necesitaría terminar de beber la botella de sake que había quedado olvidada arriba en el baño, sería la única forma de poder continuar la velada sin perdidas mayores.
–¡Cariño! – dijo Sakura haciendo ademan de que se acercara un poco más –. Mira, te presento a Mitsuki, el compañero de grupo de Sarada. Boruto ya lo conocías de esta mañana.
Sasuke se situó a un lado de Sakura y observó a ambos muchachos con el entrecejo fruncido.
–Sí, lo conozco – advirtió como Boruto tragaba en seco y palidecía de repente –, por desgracia.
–¡Sasuke-kun! – le regañó Sakura.
Sasuke vio la cara de insistencia en el rostro de Sarada y la vergüenza en los ojos de los otros dos Gennins hasta terminar en la camisa de Sakura que dejaba ver el contorno de sus senos y el brasier color negro. Sasuke hizo una mueca desaprobatoria. El espectáculo debía concluir. Se acercó entonces a su esposa para susurrarle al oído al punto en que sus labios rozaran su pálida oreja.
–¿Cómo quieres que me controle cuando estas vestida así, Sakura? – murmuró con la voz ronca.
Contuvo la necesidad de morderle la oreja de manera seductora, tenía espectadores y además estaba Sarada. Podría estar medio ebrio, pero aún estaba consciente de que había cosas que no debían salir de la privacidad de su recamara.
Sakura bajó la mirada hacia su camisa y su rostro se transformó en un tomate. Llevo ambas manos hacia las hileras de botones y termino de abrocharlos cubriendo lo que debía permanecer oculto.
–E-Eh Sarada – tartamudeó la pelirrosa, avergonzadísima – ¿Por qué no vas ordenando la mesa mientras termino de arreglar la cocina?
–Está bien – dijo Sarada feliz porque podía alejarse del lugar para sufrir la humillación que su madre le había hecho pasar frente a sus amigos en paz.
Sakura, a pesar de ser la viva imagen de una farola encendida de la vergüenza, le dirigió un susurro hacia Sasuke con voz autoritaria.
–Pórtate bien – señaló con sus grandes ojos del color del jade hacia los pequeños invitados.
No podía prometerle tal cosa, pero siempre se le dio bien mentir. Así que simplemente asintió.
En menos de un segundo quedó solo en medio de la sala junto a Boruto y Mitsuki. El primero estaba nervioso por permanecer a solas con el mayor de los Uchiha y el segundo simplemente se le veía demasiado calmado para no reconocer el peligro que significaba tener la presencia de un Sasuke molesto frente a él, pero el pelinegro le haría cambiar esa mirada de tranquilidad en su rostro, de eso podía estar seguro.
–Me tomó años ver lo que ustedes fisgonearon por casualidad – inquirió en un gruñido, haciendo referencia a la pasada escena con Sakura y su pequeño descuido con la camisa. Sasuke mantuvo la mirada unos instantes más antes de agregar –: Siéntanse con suerte, hoy no tengo ánimos de matar niños.
Los dos mocosos se estremecieron ligeramente. Sasuke contuvo una sonrisa al ver el efecto de sus palabras plasmada en sus infantiles caras.
–Lo lamento mucho, Uchiha-sama – señaló Boruto demostrando seguridad –. No va a volver a pasar.
Sasuke lo ignoró por completo y se fue a su verdadera presa de la noche.
–Eres Mitsuki ¿No? – preguntó con el entrecejo fruncido.
–Sí, Uchiha-sama – afirmó, aun con esa sonrisa petulante entre sus labios.
–Me han dicho que tu padre es Orochimaru – no quería sonar desesperado, pero necesitaba confirmar la información de boca de ese mocoso – ¿Es eso cierto?
–Si – hizo un asentimiento con la cabeza en señal de orgullo –. Mi padre me ha hablado mucho de usted y debo decir que es todo un honor y un verdadero privilegio conocerlo por fin, Uchiha-sama.
Sasuke arrugó aún más su ceño antes de darle la espalda.
–Al final de la cena te arrepentirás de lo que has dicho.
Sasuke no estaba seguro si a la final Mitsuki se lamentó de sus palabras, pero vaya que había hecho hasta lo imposible por sacarle toda la información que pudiera, haciéndolo sentir verdaderamente incómodo.
Se habían sentado en la mesa del comedor, adornada con el Tulipán rojo que Sasuke le había regalado a Sakura hace casi tres días atrás, cuando llegó a la aldea y ella lo recibió en el puente a las afueras de la misma. Como era de costumbre, Sasuke se ubicó en la cabecera, Sakura a su derecha y Sarada a su izquierda. Boruto optó por sentarse a un lado de Sarada, como si Sasuke fuera lo realmente estúpido para no darse cuenta de sus verdaderas intenciones. Sin embargo el hijo del Dobe corrió con la misma mala suerte que el experimento de laboratorio de Orochimaru. Los atosigo con preguntas indiscretas y miradas funestas. El dolor de cabeza seguía atentando con su cordura y hacer sentir a esos dos mocosos las personas más miserables era casi una necesidad imperiosa. Hubo un momento en la cena que tuvo que contener una risa de pura frustración. Si alguien escuchara el desastre que el alcohol había hecho con su humor y su genio le obligaría a abstenerse de beber otra copa por el resto de su vida.
Después de los sin fin de puntapiés que Sakura le proporcionaba por debajo de la mesa y la cara de vergüenza que seguía adornando la mirada de Sarada, Sasuke terminó su cena, igual que el resto de los incomodos invitados. Todos se dispersaron alrededor de la casa casi por repulsión magnética. Nadie quería estar cerca del pelinegro, y él podía compartir ese sentimiento. El dolor de cabeza seguía en aumento y la necesidad de sake le hacía compañía. Se dispuso entonces a entrar en la cocina donde su esposa comenzaba una nueva sesión de lavado de vajillas. La vio unos segundos recordando su increíble sesión de besos esa mismísima mañana, en ese preciso lugar. Recorrió el piso de la cocina y se fijó que sus ropas habían desaparecido. Sakura fue bastante oportuna en esconder los restos de su aventura matutina, ella tenía la sensatez que a él le faltaba, y más aún cuando los efectos del licor le arrebataban el poco juicio que aun habitaba en Sasuke. Tal vez esa era la razón por la que el pelinegro se sentía como una completa basura luego de que la cena hubiera concluido. No se detuvo a pensar que el espectáculo receloso que montó contra Boruto y Mitsuki fuese a ser el motivo que su conciencia utilizaría para atormentarlo. Comportarse de esa manera no era lo habitual en él y estaba seguro que Sakura no estaba contenta con los resultados de los pequeños altercados ocurridos durante la comida. Y no podía culpar, tenía toda la maldita razón.
–Estaremos en el jardín – anunció Sarada, asomando su cabeza por el marco de la puerta.
Sasuke la observó de reojo.
–Les llevare unos dangos y un poco de té – dijo Sakura sin quitar la mirada de su trabajo en el lavavajilla.
–Gracias, mamá – Sarada observó a Sasuke unos instantes y se fue sin mirar atrás.
–Iré con ellos – se ofreció Sasuke.
–Ni te atrevas – le detuvo Sakura girando la cabeza y dedicándole una de sus profundas miradas.
Con o sin alcohol, Sasuke odiaba que le ordenaran las cosas, sin embargo era su esposa, debía controlar esa pequeña flama de ira que comenzaba a surcar sus venas.
–¿Disculpa? – replicó sin las intenciones de sonar altanero.
–Ya he evaluado tu faceta post-alcohol y me he dado cuenta que es terrible.
–¿De qué hablas? – él sabía muy bien de que estaba hablando.
Sakura cerró la llave del agua y se secó las manos en el delantal que llevaba puesto, el mismo que Sasuke le había arrebatado en la mañana.
Esta vez se dirigió hacia él con la mirada turbia, irritada.
–Has actuado terriblemente hoy. Me inclino a pensar que es el sake el que te ha hecho hablar de esta manera, y espero que así sea. El alcohol exacerba ese terrible malhumor que llevas siempre haciendo que todos a tu alrededor se sientan incomodos – concluyó Sakura en un tono de voz moderado, sin llegar a sonar demasiado molesta – ¿Qué pretendías ganar con todo esto?
–Por si no te has dado cuenta, el hijo del Dobe no le quita la mirada de encima a nuestra hija y ese niñato de pelo raro tiene una sonrisa tan sospechosa como la de su supuesto padre.
–¿Aun estas desconfiando de ellos dos? – dejó que sus manos chocaran contra sus muslos con fuerza – ¡Son unos simples niños, Sasuke!
–No me gusta como compañeros de equipo para Sarada – las sienes le latían, y si él creía que antes el dolor de cabeza no lo había encolerizado ahora lo había hecho con creces –. Hablare esto personalmente con Naruto.
–¿Qué necesidad hay de hacerlo? Ellos son muy buenos amigos, no los vas a separar porque te exaspera verlos juntos.
–No me harás cambiar de opinión.
Sakura frunció fuertemente el ceño.
–¿Por qué no aceptas la realidad de una vez por todas, Sasuke? – replicó en un susurro, sin quitar la mirada del Uchiha en ningún instante.
El pelinegro tensó la mandíbula en respuesta.
–¿Cómo pretendes que esté de acuerdo con esto?
–No es solo esto. Nunca te ha gustado aceptar la verdad. Siempre quieres cambiar las cosas incluso aquellas que no pueden ser cambiadas.
Algo no estaba bien, aquellos ojos jades se lo decían en un silencio espectral. Sasuke dio un paso hacia delante con firmeza, afianzando su postura y tenacidad hacia lo que estaba por surgir a continuación.
–¿Por qué este repentino cambio de conversación? – bramó con dureza.
–Siempre persigues metas que no tienen ningún sentido. Te dejas llevar por las emociones y nunca te detienes a pensar un instante en las cosas que suceden a tu alrededor.
–No estás hablando solo del equipo de Sarada – aseveró.
Sakura dudó un breve instante retornando a la línea de conversación anterior.
–Sarada se siente a gusta en su grupo ¿Es que no lo ves?
–Lo que no veo es hasta dónde quieres llegar – entrecerró los ojos ligeramente –. Dime lo que quieres decir de verdad, Sakura. Sé que esto no es una molestia reciente de una trágica cena.
La pelirrosa bufó exasperada.
–¿Por qué tienes que comportarte de esta manera? – preguntó tiritando ligeramente.
–¿De qué hablas? – dijo Sasuke a la defensiva.
–Desde que te conozco actúas así. Siempre quieres hacer las cosas a tu manera y esperas que todo salga según tus planes. A veces eres demasiado sordo y ciego, al punto en que te niegas a aceptar lo que pasa justo al frente de ti, dejando que la vida pase sin importarte lo que te puedas perder de ella.
El cuello de Sasuke se tensó de repente.
–¿Estás diciendo todo esto por mis misiones?
Sakura desvió la mirada por una pequeña fracción de segundos, demostrando que tenía razón y eso no hizo más que hervirle la sangre.
–Solo quiero que comprendas que hay cosas que no puedes cambiar – dijo la pelirrosa.
–No estas siendo muy clara.
Ella entreabrió los labios para decir algo, pero se arrepintió.
–Olvídalo – le dijo a Sasuke en un tono de voz que empeoro a un más el humor del pelinegro.
–No – se negó con hosquedad y dio un nuevo paso hacia delante –. Hablaremos de esto ahora.
–Estás cansado, Sasuke. Podemos discutir esto después.
–No le des más largas al asunto – rugió por lo bajo y la obligo a que le devolviera la mirada –. Dime lo que estás pensando. Ahora.
–Ya te dije todo lo que tenías que saber.
–Sigo sin comprender.
–Tengo fe de que algún día lo harás.
En ese momento, la poca claridad que albergaba la calma de Sasuke se nubló.
–¡Por un demonio, Sakura! No sé leer mentes, dime de una maldita vez lo que piensas en vez de dar rodeos sin sentido. No creas que soy idiota. Sé que te has reservado muchas cosas estos últimos días con tal de no decírmelas en la cara. Sobre mis misiones, los largos viajes, sobre tus padres, por Sarada, incluso por ti misma. Siempre espero por el momento en que te escuche decir lo que de verdad piensas de mí, de esta familia y de nuestras vidas, pero cada vez que intentas insinuar algo terminas ocultando todo en esa ridícula sonrisa haciéndome creer que todo está bien cuando no es así.
Estaba a segundos de que su cabeza explotara en mil pedazos. Apretaba con fuerza la mandíbula y los vasos del cuello le latían de pura ira contenida. Sakura frente a él lucia pálida, sus labios estaban firmemente cerrados en una perfecta línea. Le sostenía la mirada pero de su boca no salió ni una sola palabra.
–Mierda – dijo Sasuke alejándose de ella con las ganas de romper algo a flor de piel – ¿Dónde está esa botella de sake?
La voz de Sakura sonó como un ronroneo pero con un deje de autoridad.
–No seguirás bebiendo.
–Solo necesito calmar este dolor de cabeza – sentencio Sasuke pasando una mano por el cabello azabache, llevándolo todo hacia atrás.
–Atenuarlo con alcohol no suena a algo producente.
–No estoy de ánimos para tus regaños – no quería sonar agresivo con ella, pero en esas circunstancias le era inevitable.
–Déjame aliviar tu dolor – dijo por lo bajo, con ánimos de llegar a una posible tregua.
–Estoy bien, solo déjame tranquilo.
–Pero…
De repente el timbre de la casa sonó dos veces consecutivas, colocándoles de sobre aviso que alguien aguardaba en la entrada de su casa. Sasuke, sin esperar que Sakura se ofreciera, se encaminó en dirección a la sala.
–Iré a ver quién es – anunció, antes de salir de la cocina.
Intentaba alejar de sus pensamientos la amargura que se había apoderado de sí y la única manera que veía posible hacerlo era enfrentarse a otro adversario. La persona tras la puerta sería, por desgracia, su siguiente víctima.
Atravesó en unas cuantas zancadas la distancia que lo separaba del recibo. No estaba lo suficiente concentrado para poder distinguir el chakra de la persona que aguardaba del otro lado de la puerta, es por eso que cuando la abrió se llevó una no muy grata sorpresa cuando el invitado sobre el tapete de bienvenidos no era más que el mismísimo Hokage.
–Hey, Sasuke – le saludó el clon de sombra de Naruto con esa asquerosa sonrisa animada que tanto le hacía crispar los nervios.
El aludido frunció aún más el ceño, si es que eso fuera posible.
–Contigo quería hablar – advirtió Sasuke dando un paso hacia el porche y cerrando la puerta tras él para que nadie les interrumpiera.
–Te ves terrible' ttebayo – reconoció Naruto arqueando una rubia ceja – ¿Sucedió algo?
–Mucho ha pasado y tú me harás sacar de dudas – se había reservado su dosis de palabras amargas cuando estaba con Sakura, pero con el Uzumaki no tenía planeado ser indulgente.
–¿Es sobre tus misiones? – se cruzó de brazos sin comprender –. Ya me diste el reporte ayer.
Sasuke apretó con fuerza los puños a ambos lados de su cuerpo.
–¿Puedes explicarme qué demonios pasó por tu cabeza cuando decidiste colocar al hijo de Orochimaru con Sarada?
Los ojos azules de Naruto se abrieron un poco y bajó ligeramente los hombros.
–Ya entiendo tu malhumor – observó.
–Espero que tengas una explicación decente y que me convenza de creer que esto es una buena idea.
–No soy tan idiota como para colocar a tu hija con cualquiera, Sasuke. Hemos investigado a fondo todo lo que tiene que ver con Mitsuki. Él está limpio.
–Pero su supuesto padre no es reconocido por hacer proezas heroicas.
–Comprendo. Te preocupa lo que pueda hacer Orochimaru con Mitsuki. Crees que puede utilizarlo como marioneta para conseguir el Sharingan de Sarada. Quiero que entiendas que hemos evaluado todos los escenarios posibles, fuimos muy precavidos al escoger los equipos. Konohamaru está al tanto de la situación. Nada de eso va a sucederle a Sarada, te lo prometo.
Sasuke cruzó los brazos sobre el pecho.
–Te dije que me convencieras y aun no lo has logrado.
–¿Qué mierda te está pasando? Estas actuando muy extraño – exclamó Naruto con evidente malestar –. Esto no es solo por Mitsuki ¿verdad?
–Eso no te debe importar – zanjó el Uchiha a la defensiva.
–Para tu mala suerte te conozco muy bien, y sé que algo te está pasando, Sasuke – aguardo unos segundos en los que estudio el rostro del pelinegro con extremo cuidado y agregó –: ¿Sucedió algo con Sakura-chan?
Aquello no le sentó muy bien a Sasuke.
–¿Debería pasar algo con ella?
–No, pero presiento que el problema no es solo los compañeros de equipo de Sarada.
–Abstente a responder la pregunta que te hice, Naruto – le advirtió controlando su ira a punto de desbordarse otra vez.
El rubio hizo otra pausa, esta vez mucho más prolongada, como si quisiera indagar sobre el asunto pero comprendiendo al fin que no debía inmiscuirse en cuestiones ajenas, incluso si estas involucraban a sus mejores amigos.
–Bien – dijo Naruto soportando el peso de su cuerpo sobre su pierna derecha – ¿Qué quieres saber sobre Mitsuki?
–Todo – saltó a decir Sasuke denotando autoridad –. Desde donde vino, cada una de sus habilidades, cuáles son sus verdaderos motivos en permanecer en Konoha.
El rubio hizo una mueca entre divertida e incrédula.
–Estas bromeando ¿verdad?
–Nunca bromeo – dijo a secas.
–¿Qué crees que va a salir de ese pobre muchacho? ¿Eh? El hecho de que tenga un parentesco con Orochimaru no quiere decir que se va a convertir en un secuas leal como Kabuto Yakushi o caer en la locura demencial como lo hizo su hermano.
El frio de la noche fue el único que pudo controlar la furia que se encendió en Sasuke luego de escuchar el nombre de aquellos sujetos. Taladró al Uzumaki con una mirada inyectada en odio seguida de unas poderosas palabras que helaron el ambiente a su alrededor.
–Jamás hables del hermano de Kabuto frente a esta casa, Naruto. Jamás.
El rubio dejó escapar un suspiro de frustración y mantuvo sus orbes azules fijos en las esferas azabaches del Uchiha.
–Incluso después de tanto tiempo de amistad no puedes depositar tu confianza en mí, o en Sakura-chan. Ese siempre ha sido tu problema.
–Por alguna extraña razón todos se han encargado esta noche de enunciar a medias cada uno de mis errores pero ninguno tiene el valor de decírmelo en la cara.
–Razones sobran.
La mandíbula de Sasuke vibró ligeramente.
–Tengo mis motivos para desconfiar, Naruto.
–Sasuke, he encubierto tu mentira por más de doce largos años – comenzó el rubio con esa seriedad poco frecuente en él –. Sakura-chan continua sin saber que tiene un maldito sello en su cabeza que reprime sus recuerdos y tampoco me he tomado la molestia de decírselo. Tu hija ha vivido en la ignorancia desde entonces porque así lo quisiste y todos hemos respetado tu absurda decisión. Ambas han vivido bien todo este tiempo, están sanas y salvas, como te lo he prometido cada vez que abandonas esta aldea por tus misiones. Han vivido bien y no han tenido mayor inconveniente más que tener un esposo nómada y un padre ausente. Como ves, he cumplido con mi palabra y creo que merezco un poco de confianza por tu parte, aunque tú sigas negándomela constantemente ¿No te parece? – sentenció con la esperanza de que esa discusión terminara allí y ahora. Profundizó el ceño en su frente antes de continuar –. Así pues, cuando te digo que Sarada está bien en su grupo junto a Mitsuki, Boruto y Konohamaru es porque lo está.
Las densas nubes que avecinaban una nueva oleada de lluvia se cernieron con mayor densidad, pero no cayó ni una sola gota. Así como se veía el firmamento sobre sus cabezas era como se reflejaba el rostro de Sasuke. Nublado por sus problemas, por sus secretos y las mentiras que forzaba a su familia a arrastrar.
Aunque no quisiera admitirlo, Naruto tenía razón. Ese idiota estaba en lo cierto con cada una de esas palabras pronunciadas. Estaba dejando que esa tormenta de sentimientos encontrados se apoderara de él, cubriendo su calma, apagando su cordura. Dejó dominarse por el cólera, y en este momento no estaba seguro si el alcohol fuera el verdadero culpable de la pérdida de su control.
–¿Ahora si te convencí? – quiso saber Naruto aguardando la respuesta de Sasuke con un tono de voz más amistoso.
El pelinegro relajó los hombros y su mandíbula dejó de estar tan tensa. Levantó la mirada hacia el cielo y contuvo la risa mordaz que estaba a punto de salir de entre sus labios. Había olvidado lo que se sentía tener un amigo que te hiciera entrar en razón.
–Me reservaré un puñetazo para la próxima ocasión – respondió Sasuke bajando la cabeza y masajeándose la nuca.
–Bien, y ahora trata de trabajar en ese malhumor ¿quieres? El alcohol nunca te ha hecho bien.
Sasuke ignoró ese último comentario cuando preguntó:
–¿A qué has venido?
–Vine a buscar a Boruto, iremos a casa de sus abuelos – señaló con su pulgar la calle tras él –. Hoy es el cumpleaños de Hanabi y le darán una sorpresa. Tengo que ir con Boruto a comprar unas cosas antes de llegar.
–Pudiste venir personalmente – observó.
–Tengo mucho trabajo – el clon de sombras se encogió de hombros –. Iré más tarde.
–Sobre tu hijo – advirtió Sasuke regresando a su nuevo tono cabreado –. Habla con él y dile que calme sus hormonas de una buena vez o tendré que encargarme personalmente.
–¿De que…?
Naruto no pudo terminar la oración cuando el resonar de unos tacones se alzó sobre su voz y opacó por completo las siguientes palabras que pretendía pronunciar. Ambos ninjas dirigieron su atención hacia la mujer que aguardaba frente a la acera de la casa de los Uchiha. En una de sus manos llevaba una cesta de mimbre, con multiples artículos en su interior, desde dulces de extravagantes colores hasta pan recién horneado. El cabello castaño claro tras sus orejas estaba en perfecto estado, al igual que el pulcro qipao blanquecino que hacia juego con esa postura dominante y altiva que siempre la caracterizaba.
Sasuke frunció el ceño al verla.
Era Mebuki Haruno.
–¿Naruto-kun? – dijo la mujer acercándose hasta el susodicho con los ojos iluminados de pura emoción. Esa alegría no perduro lo suficiente cuando se volteó a ver al pelinegro. Las pupilas se le dilataron y sus labios se entreabrieron para pronunciar su nombre –. Sasuke…
El aire alrededor de ellos se tornó pesado, denso. Sasuke mantuvo su mirada fija en Mebuki. Tenía casi una década sin ver a esa mujer, y aunque las estaciones pasaran nada de esa extraña sensación que le hacía sentir cuando le dirigía la mirada había desaparecido. Odio, rencor, ira. Nada bueno estaba punto de ocurrir.
–¡Mebuki-san! – saltó a decir Naruto percibiendo lo cargado que se había transformado la atmosfera a su alrededor –. Que gusto volverla a verla.
–Oh, pero si es el Hokage en persona que ha venido a visitar a mi hija y a mi pequeña Sarada – dijo Mebuki regresando de su pequeño trance y devolviéndole a Naruto un saludo amistoso mientras terminaba de acercárseles –. Aun cuando esta tan ocupado toma tiempo para visitar su mejor amiga.
–No es nada – Naruto se rascó la nuca incómodo.
–Buenas noches, Mebuki – dijo Sasuke mordiéndose la lengua cuando el tono de su voz estuvo a segundos se sonar arisco.
–Que inesperada visita – se posiciono a un lado de Naruto y se cruzó de brazos con la cesta guindando de su codo –. No te he visto en un buen tiempo.
–Regrese hace casi tres días.
–Ya veo. ¿Todo bien en tus viajes?
–Si.
–¿Y te vas pronto?
–Mañana a primera hora.
Mebuki formó una sonrisa irónica.
–Me lo suponía.
Sasuke dedujo que no era seguro replicar ante ese comentario, pero el dolor de cabeza le hacía creer que contestarle a su suegra era una buena forma de drenar un poco de esa irritación que crecía cada segundo que permanecía junto a ella. Sin embargo, antes de que su mente maquinara una ingeniosa respuesta que daría inicio a una segura confrontación familiar, Boruto abrió la puerta.
–Oh. Buenas noches, Mebuki-san – saludó el joven Uzumaki cuando vio a la mujer, luego dirigió sus ojos hacia los de su padre y una ceja se arqueo en su rostro – ¿Viejo? ¿Qué estás haciendo aquí?
–Boruto, excelente, tan oportuno como siempre – dijo Naruto colocando una mano sobre el hombro de su hijo –. Es hora de irnos, tu tía Hanabi está de cumpleaños y hay que hacer unas compras antes de ir a casa de tus abuelos para la fiesta.
–Lo sé, mamá me lo dijo antes de salir de misión esta mañana. Se suponía que era yo el que te iba a pasar buscando por la torre del Hokage ¿Se te olvido acaso?
–Creo que entendí mal – volvió a rascarse la nuca y a sonreír como un idiota.
–Siempre entiendes mal – sentenció Boruto negando con la cabeza – ¿Mitsuki y Sarada pueden ir con nosotros?
El Hokage se encogió de hombros.
–No creo que tengan inconveniente – se dirigió al único Uchiha presente – ¿Algún problema, Sasuke?
El aludido recapacitó por un instante. Reconocía que aún no estaba muy seguro de los nuevos compañeros de Sarada. Ese tal Mitsuki no le inspiraba ni la más mínima de las confianzas, y Boruto no hacía más que hacerle sentir incomodo cuando estaba cerca de Sarada. Sin embargo, la discusión previa con Naruto le había hecho recapacitar sobre muchas cosas y entre ellas la confianza.
–Está bien, Sarada puede ir – respondió de mala gana –. Pero debe regresar temprano.
–Perfecto, iré a avisarles – dijo Boruto regresando al interior de la casa en busca del resto de su equipo.
Mebuki a un lado terció el rostro en desaprobación luego de escuchar la decisión de Sasuke.
–Deberías consultarlo con Sakura primero – opinó, aunque más que una sugerencia sonó a un reclamo –. Sarada estuvo toda la semana enferma, debería descansar en vez de andar en una fiesta.
–Sarada está bien. Hoy fue de misión con su equipo – explicó Sasuke llanamente.
–¡¿Cómo has dicho?! – explotó la mujer alzando la voz más de la cuenta. Los ojos estaban a punto de saltarle de las orbitas y el rojo de la ira se infiltró en su rostro – ¿Quién fue el de la brillante idea de dejar que mi nieta enferma saliera de misión?
Sasuke se cruzó de brazos e hizo acopio de la facie más arrogante y autoritario de la que era capaz.
–Yo le di permiso.
–Tu…– levantó el dedo índice de su mano libre y señaló a Sasuke murmurando cosas ininteligibles. Furiosa era un calificativo pobre para describir a Mebuki en ese instante –. Iré a hablar con Sakura al respecto. Permiso.
La mujer atravesó el umbral resonando sobre el suelo sus molestos tacones hasta desaparecer en alguna parte de la casa de los Uchiha. Sasuke bajó sus manos y formó dos puños a ambos lados de su cuerpo. Como lo había predicho, nada de esto saldría bien.
–Las cosas van de maravilla con tu suegra ¿Eh? – apuntó Naruto queriendo aligerar el sobrecargado aire a su alrededor.
–Como siempre – gruñó Sasuke. Dejó en libertad todo el aire que tenía comprimido en sus pulmones y se volvió hacia su único amigo –. Cuida a Sarada ¿quieres?
–La acompañare con un clon de sombras si es necesario.
Sasuke asintió una única vez.
–Confío en ti, Dobe.
–Más te vale, Teme – respondió el rubio en una sonrisa.
El Uchiha dio media vuelta y regresó al interior de su casa. Boruto, Mitsuki y Sarada pasaron a su lado charlando vivarachamente ante la idea de ir a la fiesta de Hanabi. Sarada buscó su mirada por un instante para luego seguir su camino sin ni siquiera dirigirle una palabra. No debía ser adivino para deducir que estaba molesta. La cena con sus amigos debió ser uno de los recuerdos más bochornosos que su hija poseería a lo largo de su vida. Ese rechazo iracundo, digno de una Haruno molesta, era una dosis de su propia medicina. Se prometió hablar con ella en algún momento. Las charlas no era algo que Sasuke dominara, pero como padre se lo debía, al igual que una merecida disculpa. De eso se preocuparía después, por ahora tenía un problema mucho mayor que se estaba desarrollando en ese preciso instante en la cocina de su casa.
No necesitó acercarse demasiado hasta donde Mebuki y Sakura estaban discutiendo. Desde el otro extremo del comedor se podían escuchar sus voces encolerizadas.
–…Por milésima vez. No fue Sasuke. Fui yo quien le dio permiso a Sarada para ir de misión – afirmó Sakura. Se le oía tensa, con la voz debilitada por la pelea que se avivaba unos metros más allá.
–¡Por todos los cielos, Sakura, deja de encubrirlo! ¿Es que nunca te cansas? – vociferó Mebuki al borde del colapso –. Ese hombre lo único que le interesa son sus viajes y sus misiones, nunca ha pensado en el bienestar de Sarada ¿Cómo va a dejarla ir de misión luego de estar terriblemente enferma durante una semana? ¡Ese hombre esta demente!
–No hables de él así, te puede escuchar…
–¡Que me escuche y se entere del horrible ejemplo de padre que es!
Sasuke estaba paralizado en medio del comedor cuando una descarga eléctrica le recorrió la medula espinal justo en el momento en que la mujer continúo diciendo:
– Es un hombre ruin y despreciable. Viene después de tanto tiempo a tomar decisiones como si tuviera un poder supremo. Y por si fuera poco es un asqueroso alcohólico ¿crees que no me di cuenta? Su aliento apesta a sake ¿Cómo una persona va a poder cuidar a mi nieta si está hundido en el alcohol?
–Solo bebíamos un poco antes de la cena – le defendió Sakura –. Sasuke no es un bebedor empedernido.
–¡Eso es lo que tú no sabes! ¿Qué si durante su viajes se revuelca en el fango borracho y maloliente? Te aseguro que debe tener otras manías que desconocemos, y esta fase de bebedor es solo una de ellas.
–¿Cuál es tu afán de transformar a Sasuke en la peor ser humano del mundo? – hubo una pequeña pausa en la que Sakura recobro el aliento o controlo sus nervios para que la voz no se le desquebrajara. En esa posición Sasuke no podía averiguar demasiado de lo que sucedía en la cocina y eso terminó por empeorar el dolor que seguía latente en su cabeza.
–Solo quiero que tú y Sarada estén bien, que tengan un futuro más brillante. Y al lado de ese hombre no lo conseguirán – regresó Mebuki.
–Él no se merece este horrible trato que le estas dando.
–Y tú no te mereces esta miserable vida.
–Amo a mi esposo, madre – sentenció Sakura con firmeza –. Siempre lo hare.
–¿Qué debo hacer para que entres en razón? Ese hombre no es lo suficientemente bueno para ti, cariño. Mira a Naruto. Aun cuando tiene un puesto tan importante como el de Hokage ha venido hasta acá para buscar a su hijo. Eso es lo que hace un verdadero padre – Sasuke escuchó como Mebuki soltaba un fuerte resoplido, transformando su voz a un todo más sereno – ¿Has pensado en lo que te dije cuando vine la noche pasada?
–No creo que me interese – concluyó Sakura indiferente.
–Ese amigo tuyo, Kankurō, aún sigue en la aldea. Creo que se quedara mañana para el Hanami. Deberías llamarle ¿no lo crees? ¿Aun tienes su número? Creo que lo vi en el mismo sitio donde lo deje, bajo el portarretrato que tanto me gusta de Sara…
–¡¿Cómo puedes pensar en eso cuando MI esposo está de vuelta?! – exclamó Sakura indignada.
–Solo te estoy dando opciones, linda. Él se ve muy interesado en ti, seguro harán una linda pareja.
–Por todos los cielos – estaba a punto de estallar, pero se controló – ¿Es que nunca te cansas?
–Deberías tomar en cuenta los consejos que te doy. Dicen que las madres siempre tienen la razón.
–¿Qué clase de madre quiere que su hija termine con su matrimonio?
–Esta relación que tienes con Sasuke te esta envenenando, Sakura.
–¿Regresaremos otra vez al mismo asunto de siempre?
–Por todos los cielos ¡Estoy buscando la forma de hacerte feliz, hija!
–¡Lo único que estas intentando hacer es alejarme de la persona que amo de verdad!
–¡¿Cuándo será el día que entiendas que esto no es bueno para ti?!
–¡El mismo día en que tú comprendas lo contrario!
El silencio que precedió aquella frase fue lo más semejante a una lanza que atravesó a Sasuke desde la distancia. El Uchiha contrajo involuntariamente los músculos de su espalda, como si estuviera a punto de entrar a una batalla, pero antes de dar un paso hacia la cocina la voz de Mebuki surgió de nuevo con la tristeza plasmada en cada frase.
–Veo que ya no tiene sentido hablar contigo. Nada de lo que te digo te hace cambiar de parecer.
–Creo que por primera vez estamos de acuerdo en algo – dijo Sakura en el mismo tono de desolación.
–Lamento mucho esto, Sakura. Te quiero porque eres mi hija, pero las decisiones que has tomado en tu vida no han sido las correctas y temo que el futuro de Sarada se vea comprometido por todo esto – se escuchó como removía algunas cosas mientras continuaba diciendo –: Espero que reflexiones sobre todo lo que te ha pasado y lo que te he dicho. De ahora en adelante puedes considerarte libre de mi prejuicio. No volveré de nuevo a esta casa, no soy lo suficientemente fuerte para verte sufrir al lado de esta miseria que haces llamar vida. Te deseo todo lo mejor, cariño. Solo espero que tarde o temprano termines de aceptar tus errores.
Los tacones volvieron a resonar sobre el piso de madera y la figura de Mebuki se materializo frente a Sasuke. La mujer dio un diminuto respingo cuando lo vio, pero su semblante se mantuvo impertérrito. Caminó hasta él con paso digno, deteniéndose a medio metro de distancia.
–Espero que sea consciente de que usted es el culpable de toda esta desdicha – susurro Mebuki fijándose directamente en los ojos azabaches de su yerno –. No solo ha destruido a mi familia, sino que también ha devastado a la suya propia – irguió su espalda aún más y sin mirar atrás siseó –: Buenas noches.
Sasuke no la observó irse, pero el sonido de la puerta al cerrar fue suficiente para asegurar que Mebuki estaba fuera de sus vidas para siempre.
Llevó su atención hacia el único pedazo de iluminación que había en toda la casa, allí donde debía estar Sakura. El silencio a su alrededor era espeluznante y el dolor de cabeza atentaba con arrebatarle las poco fuerzas que aún le quedaba. Dio un paso hacia delante y el resto de su cuerpo continuo por simple inercia hasta el marco de la cocina, donde se filtraba la luz opaca y sin vida.
No hizo ruido cuando entró, pero cuando sus ojos encontraron a los de Sakura sintió que el mundo se le vino abajo.
Estaba sentada en una silla de la mesa que daba al bar. El delgado y frágil cuerpo de la Uchiha temblaba con cada nueva respiración entrecortada. Una de sus manos cubría sus labios, como si quisiera reprimir un inevitable sollozo desde su garganta. Sus ojos estaban perdidos en el jarrón que soportaba en su interior el Tulipán rojo que había traído del comedor de la sala. Esos grandes jades que siempre estaban llenos de vida, ahora lucían abandonados, desprovistos de esa luz que tanto la caracterizaba.
Para Sasuke, esa visión le destrozo algo en su pecho. Ella siempre había sido una mujer fuerte y tenaz, y verla simplemente en ese estado lo hacía sentir impotente, demostrando que no era capaz de protegerla sino de hundirla a un más en la soledad de su tristeza.
–Sakura – fue lo único que pudo pronunciar una vez dio un paso en la cocina.
La aludida levantó la cabeza sin haberse percatado de la presencia de Sasuke. Se colocó de pie casi de inmediato e intentó ocultar la mirada más abatida que alguna vez había visto jamás.
–Lamento mucho que hayas escuchado eso, Sasuke-kun – murmuró desviando sus ojos hacia sus pies. Jugaba con sus manos en un intento por controlar sus nervios.
Sasuke la observó inexpresivo, aunque en su pecho una serie de emociones encontradas querían derrotarlo y apoderarse de su ser. Se acercó hasta ella lo más cerca que podía. Desde esa distancia la veía como lo opuesto a lo que en realidad era, desde allí pudo darse cuenta de la fragilidad de su esposa.
–Ella tiene razón – murmuró Sasuke a secas.
–No – dijo Sakura rápidamente elevando la quijada. Sus ojos se llenaron de esas cristalinas gotas que Sasuke había olvidado que existían –. Mi madre no tiene la razón. No te atrevas a pensar eso. Por favor… simplemente… no…
Y después de tantos años reprimiendo su dolor, Sakura se desplomó a llorar.
Sasuke no hizo movimiento alguno cuando el rostro de la pelirrosa se hundió en su pecho y sus finas manos se aferraron a su camisa. Ella intentaba contener el llanto, pero las lágrimas seguían debatiendo entre su fuerza y la necesidad de drenar todo lo que llevaba consigo. Sasuke bajó la mirada hasta su propio pecho, siendo un simple espectador de los tormentos que Sakura llevaba consigo.
Por mero instinto llevo ambos brazos alrededor de ella y la acercó aún más hacia él, intensificando los llantos ahogados de su esposa. Sentía como temblaba bajo su regazo, empapando su camisa con suaves gotas de dolor. Recordó que minutos antes de que tan siquiera Naruto y Mebuki llegaran a la casa, él había mantenido una ardida discusión con Sakura, lo que terminaba por empeorarlo todo, haciéndolo sentir el ser más despreciable que alguna vez piso la faz de la tierra.
Aún escuchaba los sollozos de la pelirrosa con demasiada nitidez. Sasuke no sabía que decir, como siempre las palabras nunca fueron lo suyo, pero le gustaba pensar que hay ocasiones en que el silencio debía ser el mayor consuelo que una persona podría necesitar.
–E-esto es mi culpa… t-todo esto es mi culpa – tiritó Sakura afianzando el agarre de sus manos en la camisa de Sasuke.
–Tú no has hecho nada malo – dijo de manera fría e impasible.
–Pero…
–Nadie está buscando un culpable.
Se separó lentamente de él, limpió su rostro con sus manos antes de levantar la quijada empañada con caminos de agua. Estaba más calmada, sin embargo la desolación nunca abandono su mirada.
–Esto no es justo, Sasuke-kun ¿Por qué simplemente no podemos estar juntos sin que exista algún obstáculo entre nosotros? – quiso saber Sakura regularizando su respiración y terminando de limpiar las lágrimas que quedaron atrapas entre sus pestañas.
Sasuke guardo silencio ante esa interrogante. Se quedó observando a Sakura unos instantes más antes de alejarse de ella dando un paso hacia atrás.
–Ven. Acompáñame.
Los parpados de la pelirrosa se abrieron y cerraron un puñado de veces, aclarando su semblante y transformándolo a uno dubitativo.
–¿A dónde vamos? – preguntó sorbiéndose la nariz.
–No pudimos salir a pasear al parque pero podemos arreglárnosla en el jardín de atrás.
Sakura aun sin comprender, siguió fielmente el camino que Sasuke le indicaba hasta salir a la oscuridad de la noche. El cielo seguía exactamente igual a como lo había visto minutos atrás, como si el clima quisiera crear una analogía que concordara a la perfección con el estado de ambos Uchiha.
El pelinegro giró la cabeza y le señaló un puesto en el piso de madera, ahí donde Sarada y sus compañeros habían dejado unos cuantos dangos intactos y la tetera con te en su interior. Sakura se sentó obedientemente donde su esposo le había indicado, con las piernas guindando en el borde y sus pies descalzos rozando la superficie del verdoso pasto. Sasuke buscó en una mesita cercana de donde estaban, una manta limpia que había quedado de la colada del día de ayer. Regresó hasta Sakura y la coloco sobre sus hombros, tomando asiento a su lado para admirar las espesas nubes en el cielo sin decir una sola palabra.
Sintió como Sakura se envolvía en la manta para protegerse del helado viento que seguía arremetiendo sobre aquellos inicios de primavera. Aguardaron unos minutos más en silencio, detallando las flores del jardín, el pasto a su alrededor y las nubes que se cernían densamente sobre sus cabezas.
Cualquiera que se sentara en ese preciso lugar diría que todos aquellos detalles daban un toque tétrico y carente de vida. Sin embargo, antes de que pudieran entristecer el ambienta con algo peor como una lluvia torrencial, una luz color verde apareció entre un arbusto seguida de otra, luego un par más, hasta convertirse en cientos de pequeñas estrellas que habían descendido del cielo para iluminar esa triste noche.
Eran luciérnagas que comenzaron a moverse sutilmente de un lado para otro sobre las hojas de los arbustos. Sasuke siguió el ritmo de unas cuantas, perdiéndose por completo en la escena que se proyectaba frente a sus ojos, sintiendo una incongruente sensación de paz.
Giró el cuello hacia Sakura, para mirarla por el rabillo del ojo. Estaba admirando en silencio lo mismo que él. Su rostro ahora estaba más tranquilo y las lágrimas que cubrían sus mejillas habían desaparecido por completo. Ese sencillo cambio de escenario generó una trasformación en el semblante de la pelirrosa bastante drástico. Aunque en la profundidad de sus ojos se proyectaba cierto atisbo de dolor, la tímida sonrisa que se dibujaba en sus labios hizo sentir a Sasuke el alivio que necesitaba.
Sakura se volvió hacia él usando movimientos lentos y apaciguados, regresándole una mirada suave.
–¿Puedes abrazarme, Sasuke-kun? – le dijo.
–¿Tienes frio? – le preocupaba que pudiera resfriarse por las bajas temperaturas, por eso le coloco la gruesa manta. No pensaba que necesitaría más calor que ese.
–No – negó con la sangre fluyendo hasta sus pómulos –, solo quiero que me abraces. Me siento segura cuando lo haces.
Sasuke no era partidario de los actos de afecto de ese tipo, pero si existiera cualquier cosa en este mundo para que Sakura se sintiera mejor, aunque fuese la cosa más insignificante, él estaba dispuesto a hacerlo.
Tomó una fuerte bocanada de aire antes de acercar a Sakura sobre su regazo. Su cuerpo era delgado y muy ligero, por lo que no le fue difícil colocarla cerca de él, de manera que la cabeza de ella quedara reposando sobre su pecho junto al resto de su torso y sus finas piernas descansaran por encima de uno de los muslos del pelinegro. Daba la impresión que estuviera cargando a una niña de cinco años entre sus brazos, y a pesar de soportar la mitad del cuerpo de Sakura sobre el suyo propio, debía admitir que se sentía extrañamente cómodo.
–Gracias – murmuró Sakura entre sus brazos sin despejar aun ese ligero rubor en su cara.
Sasuke respiró inconscientemente el aroma a cerezos que desprendía su cabello. Para ese entonces el dolor de cabeza ya se había esfumado casi por completo.
–¿Quieres té? – le ofreció inexpresivo.
Sakura observó las solitarias tazas a un lado de ellos.
–Debe estar frio.
Tomó la tetera con su mano vendada, quitó la pequeña tapa y la acercó hasta sus labios para generar un diminuto Katon que hizo calentar el té en su interior. Una vez caliente, sirvió en la taza más cercana hasta llegar casi al tope y se la acercó a Sakura que la sostuvo con ambas manos junto a una pequeña sonrisa entre sus labios.
–¿Qué mujer puede quejarse de un esposo que calienta el té sin la necesidad de una estufa?
Sasuke no le vio la gracia al comentario lo que hizo borrar por completo la sonrisa de Sakura del rostro.
–Dijiste que tenías tiempo sin hablar con Mebuki – estaba claro que no debía reabrir una herida tan reciente, pero si no lo hacía ahora no volvería a discutir sobre ello nunca más.
Antes de sorber la primera gota de té, Sakura alejó la taza de porcelana, perdiéndose en las ondas que hacia el líquido entre sus manos con cada nueva ráfaga de viento.
–No quería que te preocuparas.
–Sabes que no me gusta que me ocultes cosas, Sakura.
–Lo sé – dijo con un tono arrepentido que le hizo sentir culpable –. A mí tampoco me gusta que tú me mientas.
–Es algo que tenemos en común – explicó Sasuke relajando los hombros –. Deberías decírselo a Mebuki, así se daría cuenta que nos llevamos mejor de lo que ella piensa.
–Es enserio, Sasuke – ella tampoco le vio la gracia a su comentario. Aparentemente, en ese momento, ninguno de los dos estaba en condiciones de animar o ser animado –. Perdona por ocultarte sobre las visitas de mi madre.
Sasuke hizo una pausa donde se sirvió té en su propia taza. No era el sake que esperaba, pero cualquier bebida estaría bien para ese momento.
–Está bien, Sakura – llevó la taza a sus labios y bebió un poco sin mirarla detenidamente –. Después de todo ese no ha sido el mejor secreto que me has guardado.
Al estar tan juntos uno del otro, Sasuke pudo sentir como el cuerpo de su esposa tirito entre sus brazos.
–¿D-de que hablas? – un pequeño matiz de duda llego hasta los labios de la Uchiha.
–Con el tiempo has aprendido a mentir y a ocultarme cosas. A pesar de que nunca quise que aprendieras, terminaste por hacerlo.
–¿Eso crees?
–Indudablemente.
Escuchó como Sakura tragaba saliva.
–Solo por curiosidad – jugó de nuevo con el contenido de su taza usando una voz casual – ¿De qué secreto estás hablando?
–¿No lo recuerdas? Estábamos de misión juntos, hace más de doce años atrás.
–¿A sí? – de repente sonó aliviada, o eso creyó pensar Sasuke.
–¿De verdad no lo recuerdas?
–No realmente.
Sasuke soltó un fuerte resoplido.
–¿Ahora será mi turno de contar la historia?
Entre sus brazos Sakura se acomodó preparada para escuchar atentamente cada una de las palabras del pelinegro.
–Más te vale que sea una muy buena.
Día 401
El invierno había regresado. La temperatura disminuía conforme la tarde llegaba a su culminación, dejando finos destellos blanquecinos entre el firmamento que había dado paso al comienzo de la noche. El cielo seguía parcialmente nublado y los copos de nieves que caían eran pequeños fragmentos que humedecían lentamente la roída capa de Sasuke.
Acababa de salir de una batalla ardua, una donde casi pierde de nuevo su brazo derecho o peor aún, su vida. Las heridas más graves estaban en proceso de curación mientras seguía el sendero que las gotas de su propia sangre marcaban bajo la suave nieve. Jadeaba de manera superficial, comprimiendo una hemorragia que subsistía a nivel de su flanco izquierdo. Midió internamente la cantidad de chakra que la pelea le había dejado, esperando que fuera la suficiente para terminar de recobrar las energías antes de regresar a acabar con esos desgraciados.
Se había topado con un grupo de ninjas mientras buscaba información sobre su misión actual en una villa cercana. Eran alrededor de cinco sujetos con el aspecto más nauseabundo que Sasuke alguna vez había visto. Reconoció al instante la mayoría de los rostros. Todos figuraban en el libro Bingo como un quinteto de malhechores sin escrúpulos, deseosos de satisfacer sus gustos en la matanza y otros ideales absurdo que solo unas mentes pobres y cortas de visión podían tener. Lamentablemente se toparon con la persona equivocada para asesinar, porque Sasuke estaba lejos de aceptar ser degollado por unos ridículos ninjas, incluso si estos fueran de clase S. A él le habían designado ese mismo puesto cuando era tan solo un joven de dieciséis años por lo que la intimidación de su rango criminal no formó parte de su encuentro.
Una vez se cruzó con ellos no tuvo más opción que adentrarse en una batalla que asumió no se prolongaría demasiado, sin embargo, por su increíble orgullo Uchiha, subestimó gravemente a aquellos sujetos y lo que había pensado que sería una pelea corta y rápida se había extendido hasta el anochecer, obligando al grupo a la retirada y dejando a Sasuke muy malherido.
Ahora seguía caminando por el bosque con el ceño fruncido y el odio transpirando por su piel. Una vez que se recuperara y se restableciera en armamento regresaría a matar a cada uno de esos ninjas, borrando su nombre del maldito libro Bingo y de la faz de la tierra para siempre.
Luego de lo que fueron casi diez minutos de lenta caminata, divisó a lo lejos una cabaña de madera. Estaba sucia y algunas ventanas le faltaban vidrios, pero cuando Sasuke y Sakura se toparon con aquella vivienda desolada en su paso por esas tierras les pareció el mejor sitio para pasar la noche.
Cuando pensó en Sakura una punzada de dolor le atravesó el abdomen, ahí donde mantenía su puño firme para controlar la herida sangrante. No se había olvidado de que ella estaba aguardando por él desde hace quien sabe cuántas horas, lo que de verdad le fastidiaba era el futuro escenario que se formaría cuando Sakura lo viera en esas condiciones. Se suponía que llegaría dos horas antes del atardecer y para ese entonces las estrellas cubrían el cielo y los copos de nieve continuaban su trayectoria hacia su húmeda capa negra.
A través de una de las ventanas rotas se proyectaba la luz de las velas que Sakura mantenía encendida dentro de la cabaña. Sasuke cerró los ojos unos instantes y abrió la puerta dejando que el chirrido de las bisagras lamentarse se proyectara por toda la habitación.
Lo primero que sus ojos encontraron fueron los de la pelirrosa, sentada cercana a una mesa carcomida por los años. Su fino rostro se transformó en una mueca de horror cuando se fijó en el semblante del Uchiha, levantándose temblorosa de donde estaba. Esa era la imagen que se había imaginado Sasuke en sus pensamientos, y por algún motivo se odio así mismo por ser el motivo de la preocupación de ella.
–Por todos los cielos… – susurró Sakura acercándose hasta él con paso apresurado.
–Estoy bien – le dijo a secas, cerrando la puerta a sus espaldas y examinando con la mirada el alrededor de la habitación – ¿Dónde están las reservas de armas?
–¿Qué?
Sasuke se hizo camino por la cabaña encubriendo lo mejor que pudo la cojera que la herida en su costado le forzaba a hacer.
–¿Qué te sucedió? ¿Por qué estás tan herido? – volvió a preguntar la pelirrosa controlando la angustia en cada una de sus preguntas.
–Tuve un enfrentamiento con unos ninjas que del el libro Bingo – continuó rebuscando entre su equipaje de viaje esperando conseguir lo que necesitaba.
–Tienes heridas muy delicadas. Quédate quieto para…
–Necesito más shurikens – explicó sin verla a los ojos –. Luego me encargare de mis heridas.
–¿Estás pensando en regresar? – tartamudeo Sakura a sus espaldas – ¿Estas demente?
–Debo terminar con la misión.
Tomó asiento en la silla donde minutos atrás Sakura aguardaba por su regreso y vertió el contenido de su mochila sobre la vieja mesa. Estaba de un humor de perros, y el dolor que le proporcionaba las heridas le hacía sentir más impotente que nunca.
–Esto no tiene sentido, Sasuke. Debes esperar a que te recuperes.
–No hay tiempo – se quitó la capa con un movimiento de sus hombros para mayor comodidad y continuo en la búsqueda de más sellos y armas.
–¿Cómo pretendes que esté tranquila cuando te están matando ahí afuera?
–Terminare de sanarme por mi cuenta. Tu solo quédate.
Se retiró la camisa de un tirón, dejando su torso desnudo a la inclemencia del frio del invierno. Con la ropa puesta no se había percatado de lo grave que eran sus heridas, ahora que podía verla con mayor detalle estaba seguro que había perdido mucho sangre y por lo poco que sabía de medicina sumado a la instrucciones básicas que Sakura le había enseñado durante su viaje juntos, era evidente que las cosas no pintaban bien.
–Sasuke, por favor. No vayas – le escuchó decir a la pelirrosa acercándose hasta donde él estaba.
–Debo hacerlo. Sino nunca terminaremos este trabajo – tomó un vendaje que descansaba en el desastre de cosas que tenía sobre la mesa, limpió precariamente su herida y comenzó a vendarla rápidamente.
–Permíteme – pidió Sakura tocando su hombro. Ese tacto le generó el estímulo que necesitaba para colocarse en pie y alejarse de ella. No estaba de ánimos para actos compasivos y miradas de soslayo. Tenía el deseo infernal de salir de aquel lugar para encontrarse con esos desgraciados y acabarlos de una vez por todas, y la presencia de Sakura no hacía más que hacerle dudar.
–No gastes tus energías en mí – bramó iracundo.
Escogió una nueva camisa al azar y la vistió precipitadamente, esperando que si hacia movimientos rápidos el dolor no se prolongaría demasiado. Se ajustó su indispensable Katana en el cinto y tomó la capa vieja que Sakura tanto aborrecía, pero en estas circunstancias prefería tener algo que lo protegiera del frio aun si con eso debía soportar las quejas de su compañera de viaje.
–Te lo pido, por favor… – tiritó a sus espaldas mientras se ajustaba con dificultad la capa a nivel del cuello – no vayas…
–No me harás cambiar de opinión, Sakura.
–Pero mírate. Esos sujetos pueden hacerte más daño aun.
–No más del que yo le hare a ellos.
–Sasuke, por lo que más quieras, escúchame…
–Si prefieres puedes acompañarme – dijo con la mano sobre el picaporte, lamentándose inmediatamente de sus palabras. No quería que ella fuera, podía colocarla en peligro –. Pero debes quedarte en la retaguardia, en un lugar donde puedas estar segura.
Cuando giró la cabeza para verla, Sakura estaba cabizbaja, con sus pequeñas manos jugando sobre su propio regazo.
–N-no… no puedo ir – respondió casi en un susurro.
–Es mejor así – musitó Sasuke aliviado.
–Pero yo no estaré tranquila si tu estas allá afuera – esta vez levantó su cabeza y dio un paso hacia delante acercándose a él.
Sasuke la observó unos instantes. Estaba decidida a hacerle cambiar de opinión, pero su orgullo Uchiha había sido pisoteado por esos sujetos y ni siquiera las insistencias de la Haruno le harían retractarse de su decisión.
–Ya he perdido demasiado tiempo. Me voy.
Sin más nada que unas pisadas para advertirle, Sakura le sostuvo de la capa y se aferró a ella con firmeza.
–¡Sasuke! Por favor, detente, no vayas.
–¿Qué demonios te sucede, Sakura? – explotó el Uchiha impaciente, girando para encararla –. Debes comprender que debo terminar esto.
–No deberías ir solo, podrían lastimarte aún más… no puedo soportar verte así…
–Debo ir.
Se zafó de ella con un solo movimiento y abrió la puerta que le separaba de la nevada que se había intensificado durante su corta estadía dentro de la cabaña. Si se apresuraba podía llegar antes de que ellos se recuperaran y los tomaría con la guardia baja
–Esto es una locura, Sasuke.
–Solo cállate y déjame en paz.
Dio un par de pasos hacia la nieve pero su capa fue retenida de nuevo por las manos de Sakura.
–¡Te mataran!
–¡Deja de ser tan insoportable, Sakura!
–¡Piensa un poco en los demás!
–¡Estoy pensando en los demás, maldición! – gritó con la mandíbula tensa y los hombros cuadrados. Estaba perdiendo el control, necesitaba bajar los humos y no sucumbir ante el cólera que invadía su sistema. Cerró los ojos por un instante y controlo el tono de voz que utilizó para sus siguientes palabras –. Quédate aquí y mantén la calma, regresare antes del amanecer.
Dio media vuelta y continuo su camino, hasta que una ventisca helada arrastro el susurro de Sakura, dejándolo inerte en medio de la noche de invierno.
–¿Cómo pretendes que este calmada cuando el padre de mi hijo saldrá a una muerte segura?
El corazón le falló un latido y el dolor que antes sentía en todo su cuerpo desapareció casi instantáneamente. Giró sobre sus talones con paso extremadamente lento hasta depositar su mirada en la de Sakura. Estaba allí en medio de la nevada más fría de aquel invierno, con esos jades brillando en la oscuridad de la noche con un destello que las mismísimas estrellas envidiarían.
–¿Qué has dicho? – dijo Sasuke con firmeza.
–Y-yo… – balbuceó jugando de nuevo con sus manos.
–Sakura – regresó la corta distancia que los separaba, enfrentándose a ella cara a cara – ¿Qué has dicho?
La pelirrosa deslizó ambas manos hasta descansarlas sobre su plano vientre en un gesto que expresaba algo más profundo, algo que hizo remover miles de sentimientos en el pecho de Sasuke, algo que jamás pensó sentir nunca en toda su vida.
–Estas… – murmuró, intentando analizar todo lo que estaba sucediendo.
–Si – dijo Sakura con voz tímida.
–¿Tu estas…?
–Dos meses.
Sentía la boca seca y todo a su alrededor comenzó a dar vueltas.
–¿Por qué no me lo habías dicho? – preguntó con el entrecejo ligeramente fruncido.
–No lo sé. Creo que por la misma razón que Hinata no le había dicho a Naruto – bajó la mirada y la fijó entre sus pies hundidos en la nieve –. Tenía miedo.
–¿Tenías miedo de cómo iba a responder?
–A veces no escuchas razones, Sasuke. Como en este momento cuando te vas a un pelea sin sentido… h-he pensado en decírtelo pero… y-yo solo temía que…
Sin importar el dolor, sin importar su orgullo, sin importar nada en este mundo Sasuke se acercó aún más a Sakura y la abrazó como jamás había abrazado a alguien en toda su vida. En ese momento olvido quien era, su estúpido carácter pedante, su pasado y sus recuerdos. Todo lo que importaba era ese momento que lo llevaría a un futuro del que pensó nunca existiría.
–Sa-Sasuke-kun – balbuceó Sakura anonadada.
–¿Cómo demonios piensas que voy a reaccionar, Sakura? – dijo más rudo de lo que hubiese querido sonar.
–No estas molesto…
–¿Cómo puedo estarlo?
–No lo sé, tenía muchos escenarios en mi cabeza y ninguno terminaba en un abrazo.
Deshizo el agarre pero no se alejó de ella. Aún tenía sus brazos alrededor de la cintura de Sakura, asegurándose de que estuviera allí frente a él.
–Entonces – siseó bajando la mirada hasta el vientre de la pelirrosa –. Estas embarazada.
–Bueno – se encogió de hombros ruborizada –, no creo que sea algo difícil de creer, considerando las tantas veces que… bueno…
Una sonrisa ladeada que tanto quería formarse en sus labios surcó el rostro de Sasuke, iluminándolo por completo.
–Estas embaraza – repitió aun sin poder creerselo.
Sakura imitó ese brillo de emoción que se dibujaba en la mirada del Uchiha.
–Sí, Sasuke-kun. Vamos a ser padres.
Las luciérnagas seguían titilando entre las flores del jardín. Ambos Uchiha veían el espectáculo con detenimiento una vez Sasuke dejó de hablar. Nunca se le había dado bien contar historias, ésta en particular no era la excepción. Pasó muchos detalles por alto, omitió bastantes cosas, pero la esencia del recuerdo le abasteció de una paz de la que había olvidado sentir.
Sakura sobre su regazo respiró hondamente.
–En ese momento decidiste no ir a buscar a esos ninjas – agregó calmadamente –. Quien diría que Sarada te haría cambiar de opinión aun sin haber nacido.
Sasuke arqueo una ceja.
–Dijiste que no lo recordabas.
–No sería capaz de olvidar ese día – masculló por lo bajo.
–¿Estabas usándome para que te contara una historia?
–Lo que es igual no es trampa – dijo haciendo referencia al recuerdo de la boda de Shikamaru y Temari que Sasuke había "supuestamente" olvidado. Sakura acarició el brazo de Sasuke con la mirada ausente en las luces verdes de las luciérnagas más allá –. Ese día me sentía un poco mal, tal vez los síntomas del primer trimestre. Gracias por refrescarme la memoria.
–Ese siempre ha sido el mejor secreto que me has guardado – afirmó Sasuke.
–Pero fue un lindo secreto a fin de cuentas.
Sasuke colocó ambos brazos hacia atrás como soporte para alejarse de la pelirrosa y así pudiera devolverle la mirada.
–Y bien – dijo impaciente – ¿Qué otro tienes bajo la manga?
–¿Q-que? – tartamudeo Sakura palideciendo ligeramente.
–Hablo de otro secreto.
–No sé a qué te refieres.
El ceño de Sasuke se frunció formando una perfecta línea negra con sus cejas.
–Puedes comenzar con decirme ¿Quién es ese tal Kankurō del que tu madre estaba hablando?
La palidez en el rostro de su esposa se disipó y respondió con indiferencia.
–Un amigo.
–¿Un amigo?
–Si, Sasuke.
–No sonaba como uno.
–¿Te estabas resistiendo en hacer esa pregunta desde hace cuánto tiempo? – preguntó divertida – ¿Antes o después de contar la historia del día que te enteraste que estaba embarazada?
–Solo responde a la pregunta.
–Ya te dije que es solo un amigo. Es el hermano de Gaara, lo viste en la boda de Shimakaru y Temari.
–¿Y porque está interesado en ti?
–Un momento ¿Estas celoso? – quiso saber entretenida. Él no le respondió –. Oh, vamos. Sasuke ¿En serio crees que te estoy engañando?
–No me gusta las insinuaciones de tu madre para que busques otra pareja.
–Sabes que jamás haría algo así – esta vez estaba bastante seria –. Da la impresión que no me conocieras.
–Solo es una observación.
–Siempre has sido demasiado celoso, Sasuke. Incluso cuando no hay necesidad de serlo ¿Recuerdas la Camelia Blanca que llevaba conmigo el día en que te encontré luego de tu pelea contra Akaoshi y sané tus heridas dentro de la cueva tras la Cascada? Asumo que pensaste que un pretendiente me regaló esa flor.
–¿Y qué demonios querías que pensara? Akane me contó el significado de esa flor. No me fue difícil sacar conclusiones.
–Fue un niño de ocho años que se cayó de un árbol en la aldea. Yo le curé la rodilla en el Hospital Central y en eso me regaló la Camelia. Se llama Yukito. Ahora está felizmente casado y con un bebe en camino.
–Pudo haber sido cualquiera.
–¿Y qué me dices de Amai?
Contuvo la necesidad de proferir una maldición entre dientes.
–No me hables de ese sujeto.
Sakura cubrió sus labios con una mano, ahogando una segura carcajada.
–Eres toda una ternurita cuando te pones celoso ¿lo sabias?
–No estoy celoso – bramó Sasuke, bastante molesto por el comentario y por la conversación en general.
–¿Entonces porque pones esa cara?
–Es mi cara de siempre.
Sakura cruzó sus piernas que quedaron formando un nido entre las de Sasuke. Volvió su mirada hacia las luciérnagas que aun danzaban entre las ramitas de las flores que la pelirrosa había arreglado el día anterior con gran energía.
–Te echare de menos cuando te vayas mañana.
Sasuke no sabía si fue la forma en que lo dijo o la tristeza con que la escucho pronunciarlo, pero le hacía sentir demasiado culpable, tal vez fue por esa razón que sus siguientes palabras fueron más un acto impulsivo que una intención premeditada.
–No me iré.
El rosado cabello giró en sentido contrario que su cabeza lo hacía, dirigiéndose a él con los ojos abierto como platos.
–¿Q-Que?
–Pretendo quedarme – explicó sin poder evitar el magnetismo que le hacía observarla con sumo detalle –. Al menos hasta tu cumpleaños.
–¿De verdad?
–¿Por qué te impresiona?
–¿No estás ocupado?
–Te estoy diciendo que me quedare, Sakura – musitó, perdiendo cierto toque de sensibilidad.
–¿Lo dices por lo que dijo mi madre? – se encogió de hombros un poco desilusionada –. Si es por eso…
–No – ese era ni por asomo el motivo de su decisión.
–Entonces – sus ojos se iluminaron de nuevo – ¿Iras al Hanami mañana?
–Aparentemente.
Esa sencilla y genuina sonrisa que se dibujó en el rostro de Sakura era el motivo por el que quería quedarse, verla así era todo lo que necesitaba.
–Será nuestro primer Hanami en familia – alegó la pelirrosa.
–Sí – susurró Sasuke –, asi lo será.
Después de ese instante, todo quedo en un silencio agradable y ambos continuaron viendo las luciérnagas danzar bajo los primeros brotes de un pequeño árbol de cerezo en la lejanía.
N/A: ¡Hi, hermosos lectores! Espero que estén super bien :3
Aun no me puedo creer que tengamos 200 follows, eso es demasiado asombroso y un poquito intimidante si me atrevo a decir n_nu . Nunca pensé que tantas personas pudieran leer esta historia, es simplemente irreal! Por eso y por muchas cosas más, les doy infinitas gracias por ese inmenso apoyo, de verdad que son un encanto :3
Les traigo un capitulo (como cosa rara) ridículamente largo desde la perspectiva de nuestro hermoso cubito de hielo. Son muchas las conversaciones y saltos de emociones que hay en este apartado, espero que no quedara tan brusco. Sé que Sasuke es una persona poco comunicativa, es por eso que lo embriague para soltarle la lengua y facilitar un poco la escritura (lo sé, una excusa bastante mala xD). Cualquier duda que tengan con gusto se las aclarare, por ahora no hare ninguna notita porque de verdad no sé qué acotar jeje.
Por cierto, creo que es tiempo de decir que ya nos acercamos al final de este Fic. Tengo planeado hacer cinco o seis capítulos más (a no ser que escriba de más y tenga que dividir uno a la mitad, cosa que se está volviendo muy frecuente). Lo que si es seguro es que este capítulo será el último desde la perspectiva de Sasuke (ya no más cubito de hielo derretido ;w;) y el que viene regresaremos con Sarada que la tenemos bastante olvidadita, pero nuestra pequeña Uchiha de ahora en adelante será un personaje crucial en todo este drama familiar que pronto llegara a develar sus secretos. Oh, y se me olvido decirles la última vez. Esta historia no está relacionada con la película de Boruto - Naruto the movie (ya había escrito el Fic antes de ver la peli), es por eso que algunas personalidades no estan tan acorde a la realidad ej: Mitsuki, Boruto, Naruto etc. Gracias a asuna blanca por recordarme :D
Muy bien, es todo por ahora. Como siempre y como nunca le doy las gracias, espero que de verdad les haya gustado esta actualización. No hay fecha aún para la siguiente (estoy a finales del semestre ;w;) pero tomare tiempo para adelantarla poco a poco. Sin más que decir me despido, cuídense muchísimo y nos leemos pronto.
Bye Bye :3
