Capítulo 2: Las Desapariciones
Había pasado una semana del comienzo del nuevo semestre. Cody y Upamon estaban yendo a toda velocidad a la sala de computación. Sus clases habían acabado algo tarde, y ese día era obligatorio traer a los digimon. Izzy había enviado una cadena de mails advirtiendo que Tentomon tenía que informarles algo importante.
-¡Ya llegamos, Cody! ¡Falta poco! –grito Upamon, en los brazos del chico de trece años.
-¡Eso lo dices porque soy yo el que corre! –se quejó su compañero. Por fin vio la puerta y entro-. Disculpen haber llegado tarde –hizo una pequeña reverencia. Davis no tardo ni un segundo en poner una queja.
-Siempre lo mismo. Como que ya me acostumbre a que tengamos que esperarte –se cruzó de brazos, fingiendo estar ofendido. Cody sonrió por la expresión tan tonta que tenía.
-Davis, no digas eso –le reprendió Tai. Se volvió hacia Izzy-. Ya estamos todos. ¿Cuál es el problema?
Izzy abrió varias ventanas en la computadora. En una, Mimí y Palmon estaban en una sala con fondo blanco en Nueva York. En otra, Joe se arreglaba los anteojos desde el sur de Japón, donde estaba en un viaje de estudios con su hermano. En la tercera, se mostraba que Matt se había ido a una mini gira con su banda, y Sora lo acompañaba. En la más amplia, Tentomon ocupaba la mayor parte.
-Muy bien –respondió el digimon insecto-. Este problema empezó cuando fue derrotado el Emperador… –noto que Ken hacia una mueca-. Cuando Arukenimon y Mummymon empezaron a hacer digimon con Agujas de Control. Algunos digimon empezaban a desaparecer sin razón ni rastro. Ni siquiera su información aparecía, por lo que tampoco renacieron. Normalmente desaparecían uno o dos por mes, pero esta última semana se desvanecieron docenas de ellos.
-¿Alguno de los que conocemos? –pregunto Matt. Tentomon negó con la cabeza, haciendo que los demás niños y digimon suspiraran de alivio.
-No por ahora. Pero es muy extraño. El señor Gennai hablo con ChingLongmon y también las Bestias Sagradas están desconcertadas. Lo más grave pasó la semana pasado, cuando muchos Bakemon y un Phantomon que construían un puente pelearon contra algo. La zona estaba devastada, como bajo el efecto de un ataque muy poderoso –Izzy abrió una ventana de imágenes, mostrando una foto de los restos del ataque de Lyramon. Tai trago saliva, impresionado. Nadie más pudo articular palabra, con la obvia excepción de Davis.
-Sea lo que sea, no nos vencerá –DemiV-mon salto con el brazo en alto. T.K. intercambio una mirada de súplica con su hermano. A veces, era incluso molesta la determinación exagerada que tenía el moreno.
-Esto no es cosa de risa Davis. Esto es muy grave –le reprocho Mimí, que también opinaba lo mismo-. Mira lo que le paso a Steve –se apartó, mostrando que estaban en un hospital. Tenía un brazo en cabestrillo, una venda alrededor de su frente, y muchos moretones y cortaduras-. Él y su Frigimon estaban en el Digimundo vigilando a un SkullMeramon vándalo de noche, cuando fue atacado. Todo lo que recuerda es que vio la batalla, pero tuvieron miedo de intervenir. Las llamas azules que despedía el digimon incendiaron el suelo. Hubo una luz amarilla, y SkullMeramon fue destruido. Dice que el digimon que lo mato los vio y los ataco con algo llamado Juicio de la Oscuridad –al escuchar ese ataque, varios de los niños dieron un respingo. La mayoría de los ataques con la palabra Oscuridad en su nombre eran muy peligrosos, y era una clara evidencia de que había un nuevo digimon de las Tinieblas suelto-. Frigimon lo empujo justo cuando volvían al Mundo Real. Esquivaron el ataque, pero ambos quedaron muy heridos por un roce.
-¿Cómo era ese digimon? –pregunto Cody. No le agradaba la manera en que T.K. miraba la pantalla. Sabía lo susceptible que era cuando se hablaba de las Tinieblas.
-No lo pudo ver. Parecía humanoide, era muy alto y llevaba una capucha. Pero lo que más miedo le dio fueron sus ojos. Dice que eran amarillos como de reptil, y estaban llenos de rencor e ira –Mimí miro al joven en la camilla-. Por eso Palmon vino aquí. Le dije que era muy peligroso quedarse allá mientras pase esto –su digimon parecía que iba a protestar, pero no lo hizo. Sea lo que fuera, las tenía aterradas.
-Lo mejor será que traigamos a Agumon, Tentomon, Gabumon, Biyomon y Gomamon. No podemos imaginar que pueda estar pasando –Tai hablaba con mucha convicción. Matt y Sora asintieron-. Y será mejor que siempre estemos listos para pelear por si acaso.
-¡Sin duda! No son los primeros testigos que hablan del monstruo de ojos dorados. La mayoría escapa por los pelos. Sea lo que sea, desaparece digimon de cualquier tipo. Hasta desaparecieron digimon nivel mega, incluido un Barbamon esta mañana –respondió Tentomon. Izzy trago saliva. Sabía lo poderoso que podía ser un Barbamon-. Supongo que eso es todo. Le diré a los demás, y mañana por la mañana vamos todos juntos.
-Ten mucho cuidado Tentomon. Si hasta un Señor Demonio desapareció, esto es grave –el pelirrojo noto algo que le molesto e hizo una última pregunta-. ¿De dónde salió ese Barbamon? Por la información que he revisado, recuerdo que digimon de ese tipo son muy raros, y aparecen en muy pocas ocasiones.
-Nadie tiene idea. Han corrido rumores extraños desde que empezaron a ocurrir estas desapariciones. Algunos dicen que Lilithmon gobierna un castillo en una zona glaciar, y otros acusan a Beelzemon de asustar a los habitantes de varias aldeas en una zona desértica. Los digimon Demonio parecen estar muy activos últimamente.
-Eso no es una buena noticia. Podrían estar involucrados –sugirió Patamon. Cody no le sacaba los ojos de encima al rubio, pero su expresión era indescifrable.
Se despidieron y cerraron la ventana. Se escurrieron del salón, tratando de no llamar la atención. Era muy tarde para estar en la escuela. Cuando estaban saliendo, Ken noto como algo se movía en una esquina.
-¿Viste eso Wormmon? –le pregunto.
-¿Qué cosa? Yo no vi nada extraño –el digimon insecto noto la preocupación de su compañero-. ¿Qué sucede Ken?
-No creo que sea nada importante –concluyo Ichijouji-. Vámonos.
A la vuelta de la esquina, Sophia se asomó de nuevo para ver adonde estaban. Sabía que los había reconocido. Eran esos chicos que habían ido a otro mundo. Los rumores corrían, pero ahora estaba segura. Había visto a sus digimon.
-No deberías espiar a otros. Es de mala educación –le susurro una voz, haciendo que la chica de ojos negros se sobresaltara. Joshua estaba detrás de ella, y ponía su habitual cara de aburrido. Sophia no estaba muy contenta. Le encantaba espiar a los demás, pero no que la espiaran a ella.
-¡Y no deberías espiarme a mí! –se quejó.
-Mejor no te metas. El asunto en el que ellos están metidos es peligroso. Si no tienes un compañero digimon podría pasarte cualquier cosa. Al menos, eso es lo que se comenta –Joshua alzo una mano en señal de saludo y se fue caminando. Sophia le saco la lengua cuando se iba, de una forma muy infantil.
-¡Que molesto! Aunque también muy guapo –pensó ella, sonrojándose.
-¡Ya llegamos! –grito Tai apenas él y su hermana entraron en su casa. Cuando vieron la sala, un hombre hablaba con sus padres. El sujeto era alto y flaco, con una mata de pelo cobrizo oscuro. Llevaba unas gafas de sol negras y un traje perfectamente arreglado.
-Ya han llegado los jóvenes. Parece que debemos actualizar el archivo con fotos más actuales –saco una cámara y tomo una rapidísima fotografía. Acto seguido, saco una placa del FBI-. John Larios, FBI. División Informática.
-¿División Informática? No sabía que existía esa División –dijo Kari.
-Es de reciente creación. Lleva siete años actuando. Debemos hablar con sus padres un momento más –Larios se quedó en la sala, charlando con sus padres. A los chicos Kamiya no les agradaba ese agente. Sin duda alguna venia para buscar algún digimon. Por suerte, Gatomon había subido por el balcón. Los esperaba en la habitación.
-¿Quién es ese hombre? –pregunto. Kari le dijo sobre él-. Pues huele raro. Normalmente, tendría olor a café, menta, o algo parecido. Pero ese hombre apesta a sangre.
-¿Sangre? –dijeron ambos adolescentes a la vez. Eso no era normal en ningún humano.
-Temo que sus hijos puedan tener esos síntomas –concluyo Larios.
-¡No puede ser! –susurro Yuuko Kamiya-. Nunca tuvieron ningún problema.
-¿Su hija no fue hospitalizada en el pasado? Les aseguramos que mis fuentes son muy confiables. Estamos bastante seguros de que pasara a largo plazo –busco dentro de su bolsillo y saco el collar con el emblema de la Oscuridad-. Si quieren pruebas, escondan esto en la casa. Ellos no deben encontrarlo. Si esperan unos días, verán que sus reacciones comprobaran o negaran nuestra teoría –vio que estaban reacios a usar algo que podría lastimar a sus hijos-. Tendremos instalada una vigilancia en todo momento. Ahora mismo está allí, y me informa que el digimon de su hija subió por el balcón –mostró que llevaba un auricular diminuto en la oreja. Susumu paso una mano sobre los hombros de su esposa y tomo el collar. Larios asintió y se puso en pie-. Tenemos otros asuntos de los cuales ocuparnos, hay mucho trabajo que hacer. Le recomiendo que lo escondan ahora, mientras están distraídos. Les daremos la oportunidad.
Se estaba marchando, pero Tai abrió justo la puerta y le cerró el paso. Kari se paró junto a él, mientras Gatomon miraba desde la habitación con disimulo. Para su mala suerte, ninguno de los tres había visto el collar y ni habían oído la conversación.
-¿Vino por los digimon? –Tai no necesitaba preguntarlo. Lo sabía.
-No podemos revelar nuestras investigaciones –afirmo Larios.
-¿Qué es lo que quiere? –pregunto Kari.
-Buscamos cierta información que no es muy valiosa –miro hacia atrás-. Y puedes decirle a tu mascota que no se esconda. Esto es solo una visita de investigación.
Gatomon salió del cuarto y se paró junto a los pies de Kari, ante la sorpresa de los padres. Notaron que era el momento indicado, y se escabulleron sin que se dieran cuenta para esconder el collar en la sala. Larios saco un cigarrillo y lo encendió. Las gafas impedían verle los ojos.
-¿Qué es lo que quiere? –repitió Gatomon.
-Siempre creen que somos inútiles. Les aseguramos que no es así. Dimos todo el apoyo que pudimos. Tratamos de ayudar desde siempre. Pero nos han rechazado en todas las maneras posibles. No nos consideran aptos para ninguna situación. Y eso nos desagrada mucho –largo todo su pequeño discurso casi sin cerrar la boca. Esta se curvo por un instante en una mueca de desprecio, pero se revirtió tan rápidamente que apenas vieron el cambio.
-¡El FBI quiere más participación en los asuntos del Digimundo! –pensó Tai-. Pero eso no es bueno. Siempre que la política se mezcla con estos asuntos, todo sale muy mal.
Larios no espero una respuesta y dio un rodeo para pasar junto a los niños y el digimon. Por accidente, rozo a Kari.
-Discúlpanos –dijo instantáneamente. Kari no contesto. Había palidecido apenas Larios entro en contacto con ella. Miro hacia abajo y vio, con los ojos desorbitados de horror, como aguas negras cubrían sus tobillos. Se volteó, mirando al agente mientras se marchaba. Larios abrió la puerta y, en el umbral, miro de reojo hacia atrás con las gafas de sol inclinadas. El tiempo pareció ralentizarse. Kari aprecio vagamente su ojo. O se lo imaginaba, o Larios tenía ojos amarillos. Estaba sonriendo. Quedo tan afectada, que no noto como salía de su casa. Tai sujeto a su hermana, que parecía al borde del desmayo.
-¡Kari! ¿Qué te pasa? –preguntaron Tai y Gatomon a la vez.
-Ese hombre no es del FBI –respondió ella, mientras el color volvía a sus facciones-. Creo que ni siquiera es humano.
Larios bajo del edificio y se encontró en la oscura calle. Dos figuras avanzaban en su dirección. Dieron una probada más al cigarrillo y observaron como las dos figuras ocultas por la noche se paraban junto a ellos. Metieron la mano en su bolsillo y sacaron dos collares más, ambos con el emblema de la Oscuridad.
-Son agentes del FBI. Tienen dudas sobre si viajar a ese mundo afecta la salud de los niños. Que los padres duden, porque es la mejor manera de convencerlos. Les daremos más instrucciones en el momento –un murciélago, o algo que lo parecía, se posó en su hombro. Larios saco otro collar y lo dejo caer. El emblema se detuvo en el aire como si levitara. Phantomon, el mismo que fuera asesinado junto a los Bakemon en la llanura, se materializo junto a ellos, sosteniendo el collar-. En la habitación del hotel, o lo que sea. Que no se den cuenta. Los cuatro se quedan vigilando, si encuentran alguno de los emblemas nos llaman de inmediato. Y asegúrense de que no se alejen de ellos. Afectaría enormemente en nuestros planes que salieran de su influencia.
El digimon fantasma asintió y salió volando a cumplir su cometido. Los dos supuestos agentes, un hombre calvo de piel azulada y una mujer pálida de cabello blanco, tomaron un collar cada uno y se marcharon. El murciélago soltó una risita.
-Esas copias del emblema de la Oscuridad causaran estragos en esos niños elegidos, señor Lyramon.
-Esa es la idea, DemiDevimon –susurraron los datos corruptos-. Vayan a su puesto. Sus conocimientos nos han sido muy útiles. Si tienen alguna idea de cómo reconfigurar los datos de MaloMyotismon, avísennos de inmediato.
-Como deseéis –DemiDevimon alzo el vuelo, escondiéndose cerca del edificio.
Lyramon llego a su apartamento. Miro primero su ordenador, pero no había nada. Paseo la vista por la sala, hasta detenerla en un instrumento de cuerda colgado junto a las piezas de la Digiarmadura. Una lyra. Su diseño era tan complicado y hermoso como el de las piezas digitales. Su marco triangular estaba fabricado en un metal dorado, labrado con imágenes de ramas, ángeles y hadas. Las cuerdas eran finísimas y muy sensibles. Era una pieza tan o más hermosa que el Guantelete de la Oscuridad, la Greba de la Esperanza y el Yelmo del Conocimiento.
La tomaron y rasguearon las cuerdas muy despacio. Una melodía bella y triste recorrió la estancia. Era el sonido de la tristeza, de la frustración. Sentían el dolor por haber sido rechazados tantas veces. Habían pasado toda su existencia en el Área Oscura, atormentados por los horribles digimon que la habitaban. Los datos corruptos no tenían lugar en el Digimundo. Eran borrados de él apenas surgían. Por esa razón, los digimon corruptos solo podían renacer en el Área Oscura.
Pero entonces, al recordar todas esas razones de su música triste, recordaron su venganza. La ira empezó a recorrer las cuerdas del instrumento, provocando que el sonido cambiara. Ahora ya no era triste, sino poderoso y fuerte. La melodía de la muerte y la desesperación. Inmediatamente, dejaron de tocar. Ese no era un instrumento cualquiera, sino un arma. Si lo utilizaban para tocar las notas de la muerte, cualquier cosa podía pasar. Era parte de la naturaleza de los datos corruptos.
Oyeron un sonido. Dejaron la lyra en su lugar y revisaron nuevamente la pantalla del ordenador. Un agujero entraba a través de la red. Se apartaron de la computadora. La puerta apareció, y la imagen de Piedmon en ella. El payaso sonrió y pasó a través de la pantalla de regreso al Mundo Real.
-Aquí los tengo. Los datos de Barbamon no fueron fáciles de conseguir –se quejó. Su cuerpo estaba magullado, y había un nuevo arañazo bajo su ojo izquierdo. Sostenía el digivice corrupto. El digimon de ojos dorados lo tomo en sus manos y tanteo la pantalla, viendo con admiración las nuevas adquisiciones de su colección.
-Los datos de los Siete Señores Demonios son esenciales para el rompecabezas. Lamentamos no poder estar allí para ayudarte, Piedmon. Trabajábamos en el plan para dividirlos. Está en pleno desarrollo. Esos chicos ya saben que algo está pasando, se acaban de reunir hace apenas una hora –los datos corruptos iban a decir más, pero recordaron algo-. Recordatorio personal: Hay que encontrar una manera de interferir sus comunicaciones, así sabremos exactamente lo que planean en cada momento.
-¿Y cuándo haremos la jugada del triple ataque? Me aburro.
-Mañana. Mañana, esos niños la pasaran bastante mal. Especialmente Davis Motomiya y Ken Ichijouji. No podrán cumplir su apuesta –rieron con absoluto regocijo diabólico. El payaso no entendió lo último que habían mencionado.
-¿Qué apuesta?
-Le apostaron a Tai Kamiya que el marcador de su juego de soccer seria de cuatro a cero a su favor como mínimo. Imagínate cómo se van a sorprender cuando vean que planeamos. Y Takaishi perderá la razón, te lo prometemos. Y nosotros siempre cumplimos nuestras promesas –esa idea hizo que Piedmon también sonriera. Era una lástima que tuviera que perdérselo. Pero había cosas que debía hacer.
Justamente en ese momento, T.K. estaba tirado en su cama. No tenía sueño aún, pero necesitaba pensar. Patamon lo observaba con preocupación. Si algo estaba mal, T.K. no podía pasarse el día entero pensando en eso. Pero el digimon sospechaba que era lo que lo tenía tan preocupado.
-¿Por qué discutiste con Kari?
-¡No discutí con Kari! –respondió el chico rubio. Al ver la mirada de duda de Patamon, se dio cuenta de que si lo había hecho-. Bueno, si lo hice. Está enloqueciendo. No pasa un día sin quejarse de Sophia. Es realmente exasperante. Ella dice una y otra vez que esa chica es de la Oscuridad, pero yo no siento nada al respecto –suspiro de frustración-. Y cada vez me habla menos. Creo que esta celosa.
-Kari no usaría algo tan serio como la Oscuridad para encubrir unos miserables celos –opino Patamon. Salto sobre su pecho y se acomodó para proyectar su cariño hacia él-. Ella no es así. Y tú lo sabes. Intenta creerle.
-Es una locura. Sophia no es mala. La ves y se nota. No sé porque Kari no lo entiende.
-O a lo mejor eres tú el que no quiere entenderla T.K. –remato Patamon. Eso sí que le dio al joven en que pensar. No noto que, debajo de su colchón, una débil luz negra purpúrea brillaba con malignidad.
-O puede ser que tus consejos no sean más que patrañas. Buenas noches –termino el rubio. Estaba muy enojado como para seguir discutiendo. Se acostó de lado, haciendo que Patamon cayera sobre el colchón. El digimon tenía lágrimas asomando de los rabillos de sus ojos, pero su compañero no las vio. El resplandor de la copia del emblema de la Oscuridad no era visible, pero sus efectos eran claros. T.K. no soñaría bonito.
Ken despertó en medio de la noche. ¿Qué se suponía que pasaba? No era normal. Bajo un segundo a buscar un vaso de agua. Era la segunda vez que se interrumpía su sueño en una misma noche. Podría ser que estuviera nervioso por el partido.
-Ya jugué montones de partidos antes y esto no pasaba. No puede ser que jugar junto a Davis me afecte tanto. ¿O sí?
Subió de nuevo. Cuando paso junto a su armario, sintió un escalofrió. Tampoco hacía mucho frió, pero eso no era la causa. Escondido en el cajón de abajo, uno que Ken nunca usaba, otro emblema de la Oscuridad relumbraba. Su oscura presencia invadía toda la habitación, pero ni el chico ni su digimon lo podían ver. El mal estaba al acecho.
Ken vio a Wormmon en su colcha. Sonrió, tratando de despejarse de sus preocupaciones. Entonces recordó esa sombra que creyó haber visto aquel día en la escuela. ¿Alguien los espiaba? ¿Un enemigo? ¿Un fan? Ni idea. Fuera quien fuera, tenían que vigilar por si regresaba. No le agradaba pensar que pasaría si era algo peligroso. Recordó la sensación que había tenido al comienzo del semestre. La Oscuridad estaba creciendo. Y eso solo era posible mientras alguien mantuviera vivos sus poderes.
-¿Quién? Jugar con esos poderes es muy peligroso. Perderá lo que más quiere en el mundo –miro nuevamente a Wormmon. No lo perdería de nuevo. Nunca más cometería ese error. Se recostó en la cama y trato de conciliar el sueño. Por alguna razón, últimamente, sentía como si en su interior se revolviera algo. Como si más de una persona controlara su cuerpo. Un escalofrió le recorrió la espina dorsal cuando recordó que era cierto que había otra influencia en su interior. La Semilla aún estaba en su cuello.
Continuara…
