LO SE, EXTRAÑABAN EL LEMMON, ASI QUE NO LO EXTRAÑEN MAS Y DISFRÚTENLO.

CAPITULO 9

A pesar de que su mente era un lio, a pesar de no haberse acercado en un mes a esa criatura que una vez que sus ojos se mostraron eran completamente intensos como los de él, y sentía como si la criatura atravesaba su alma, y a pesar de todo sentía muchas emociones juntas.

Pero a pesar de todo, ni un solo día dejaba de amar a esa mujer que lo había salvado múltiples veces en su existencia y que ahora no había cambio alguno, bueno tal vez uno, la amaba más cada día, y hoy era la muestra de ello, un mes de aliviarse de la pequeña Eileen, Hermione se aproximó a su despacho vestida de una manera muy provocadora solo para él, quería un poco de intimidad, realmente lo necesitaba.

Y en el instante en que cruzo el umbral no pudo reaccionar, se vio a si misma con la espalda estampada contra la pared y en dos segundos la tenía en brazos.

La boca de Severus estaba sobre la suya, explorando e investigando en su interior dos segundos después.

-. Envuelve las piernas alrededor de mí -. Dijo, y la tomo con fuerza el trasero.

Hizo lo que le dijo.

Estaba contra la pared con las piernas abiertas y sus botas colgando a los lados como una rana a la que diseccionar, rendida a lo que él tuviera planeando.

Aceptaba que Severus dirigiera esta faceta de ellos, el sexo.

Él estaba al mando de cualquier orden que le diera a su cuerpo y ella deseaba tanto que la tocara que no tuvo que pensárselo dos veces en ese momento.

-. Bájame la cremallera y saca mi miembro -.

También hizo eso.

Sus caderas se echaron hacia atrás para tener acceso, pero su boca y su lengua seguían explorándola mientras le bajaba la cremallera de los pantalones para darle paso a su miembro, duro como el acero y cubierto en seda.

Le acaricio la piel con la mano lo mejor que pudo y se deleitó cuando lo toco emitiendo un sonido gutural.

Severus metió la mano por debajo de su falda y los dedos dentro de su ropa interior.

Rasgo su ropa interior por la parte de atrás, partiendo el material como si fuera una goma antes de atravesarla con su enorme erección.

Hermione grito mientras la llenaba, tan abierta debido a su tamaño que la retorcía de la sensación.

Severus la soltó durante unos segundos hasta que sus cuerpos finalmente se unieron.

-. Mírame y no pares -. Severus la tomó con fuerza del trasero y empezó a embestirla.

Duro.

Hondo.

Verdaderas estocadas castigadoras, castigadoras por todo lo que habían tenido que esperar para volver a estar juntos sin importar ya que un mes, era mucho para los dos, y esa agresividad era por el tiempo perdido, pero a Hermione no le importaba.

Eso era lo que quería de él mientras la mirara fijamente con el negro ardiente de sus ojos.

-. ¡Severus! -. Gimió, y se retorció contra la pared de su despacho mientras la tomaba con fuerza; su miembro era dueño de todo su cuerpo.

Hermione siguió mirándole a los ojos.

Incluso cuando sentía que aumentaba la presión en su matriz y la punta de su miembro daba contra la parte más recóndita a la que podía llegar, seguía mirándole.

Era tan íntimo que no habría podido apartar la mirada aunque hubiese querido.

Necesitaba tener los ojos bien abiertos.

-. ¿Por qué hago esto, Hermione? -. Le preguntó.

-. No sé, Severus -. Apenas podía hablar, y quería retar su paciencia.

-. Claro que lo sabes. ¡Dilo, Hermione! -. Hermione se tensó cuando un orgasmo empezó a apoderarse de ella, pero él inmediatamente redujo el ritmo, aminorando las embestidas contra su excitado sexo.

-. ¿Qué te diga qué? -. Grito, frustrada, se aprovechaba y ella estaba perdiendo.

-. Di lo que quiero oír. Di la verdad y dejaré que te corras -. Le atravesó poco a poco y le mordisqueo en su hombro desnudo.

-. ¿Cuál es la verdad? -. Ahora estaba empezando a sollozar, completamente a su merced.

-. La verdad es… -. Gruñó el resto en tres duras embestidas intercaladas. -. ¡Me dejaste esperar… todo un… mes! -.

Hermione soltó un grito ahogado con la última embestida.

Aumentó la velocidad, penetrándola más rápido.

-. ¡Dilo! -. Gruñó.

-. ¡Te deje esperando un mes!... ¡Lo lamento! -.

-. Ahora lo haces -.

En cuanto dijo esas palabras su dedo gordo encontró su clítoris y tuvo un orgasmo, que rompió tan fuerte en ella como una poderosa ola en la orilla.

Como si fuera una recompensa por aceptar su error.

Lloro durante todo lo que duró, bien sujeta a la pared de su despacho, y Severus seguía dándole ese placer abrasador.

Severus de lo más profundo de su pecho emergió un fuerte rugido mientras llegaba al clímax con una mirada casi aterradora.

Dio una fuerte estocada final y se enterró en ella, hasta que su dulce néctar lo empapó.

Aplastó sus caderas contra las de Hermione y la besó, y los últimos movimientos fueron más lentos y suaves.

Sus fuertes brazos todavía la tenían levantada y no sabía cómo pero fue capaz de besarla de una manera extremadamente dulce que contrastaba del todo con el sexo salvaje de hacía un momento.

-. Espero que hayas aprendido -. Dijo con la voz ahogada. -. La lección -.

La bajó de la pared, la sujetó hasta que sus pies estuvieron estables y luego la soltó, con la respiración entrecortada.

Hermione se apoyó en la pared en busca de sujeción y vio cómo Severus se volvía a subir los pantalones y la cremallera.

Su vestido cayó de nuevo hacia abajo. Si alguien hubiera entrado en ese momento no habría rastro de que acababan de hacer amor de manera salvaje contra la pared.

Todo era una ilusión.

Severus subió la mano hacia la mejilla de Hermione y le sujetó con firmeza pero con suavidad.

-. Creo que Eileen llora. Te necesita -.

Llevó la mano a su cara, a sus labios, a su barbilla, a su cuello y la deslizó por su cuerpo hacia abajo.

Su mirada de deseo le decía que no quería irse, pero por una extraña razón, lo haría, eso no solo lastimaba a Hermione, le disgustaba y la confundía, no sabía porque tenía esa actitud, y leer su mente no solo estaría mal, sino que no lograría nada, no era tan buena como Severus para leer la mente, la bloquearía.

Severus la besó en la frente con dulzura.

Se detuvo, tomó aire como si pudiera olerla y a continuación se fue de su despacho, hondeando su capa detrás de él, tan imponente como cuando entraba o salía a un lugar en su papel de autoridad.

Se quedé ahí de pie después de que se cerrara la puerta y escucho con atención, con su cuerpo todavía vibrando del orgasmo, la ropa interior alrededor de su cintura y un hilito de semen cálido deslizándose por su muslo.

El sonido de sus pisadas alejándose era un ruido que no le gusto, no sabía porque se comportaba así, porque le evadía, ya ni siquiera hablaban antes de dormir, simplemente se dormía, aunque ella sabía de sobra que no se encontraba dormido, la evadía, debía descubrir porque, ya se había casando de ser paciente.

Iba a seguirlo, pero el sonido del llanto la despertó de sus ensoñaciones y decidió ir a ver a Eileen.