Capítulo 2: Caldero.
Apenas acabó de dibujar el portal, la expectación de la reina se fue desvaneciendo. No ocurrió nada.
-¡Maldición! –Exclamó mientras golpeaba el falso portal con ira. -¿Cómo pude ser tan estúpida? –Las lágrimas comenzaron a empapar sus mejillas níveas. Aquel portal era su única esperanza. Representaba el fin de todos sus problemas… Era demasiado perfecto para ser cierto.
Su destino era ser la última reina con sangre de Selene. Su destino era no ser madre. Su destino era saber que, por su culpa, el reino de la Luna sufriría un baño de sangre.
Se sentía miserable, impotente e inútil. Tendría que aguantar esas miradas de incomodidad y preocupación por parte de su reino. Las mismas que el anciano médico le dedicó mientras le entregaba el sobre con aquel lapidario diagnóstico. No, no lo podría aguantar.
De pronto, las runas del portal comenzaron a emitir un suave brillo color purpura. Serenity se alejó rápidamente de él, sin darle crédito a sus ojos. Era real ¡Ese portal funcionaba!
A medida que todo el portal emitía un brillo más intenso, el palacio completo comenzó a temblar.
La reina, casi en trance, se acercó a la pared iluminada con todos los colores del universo. Era lo más hermoso que jamás había visto en su vida.
Dos brazos salieron desde las runas más grandes del portal y, antes de que la joven reina pudiera reaccionar, la tomaron de su vestido y la arrastraron hacia el interior. Trató de zafarse desesperadamente, pero cada esfuerzo fue inútil.
Aquellos brazos la tenían agarrada con fuerza y la arrastraban del mismo modo que un agujero negro tragaba un planeta enano.
A penas fue engullida, el movimiento telúrico acabó y el dibujo del portal se desvaneció. El silencio se apoderó del palacio.
…
Una risita dulce y traviesa hizo reaccionar a Serenity. Se sentía aturdida y desorientada, como cuando se tiene una horrible pesadilla. Pero, en vez de despertar en su cuarto, se encontraba en un lugar iluminado por millones de estrellas resplandecientes.
Se levantó tan rápido que una jaqueca taladró su ya confundida cabeza. Su mirada recorrió todo el lugar. El suelo y los pilares estaban hechos de un mármol tan blanco, que brillaban casi tanto como las estrellas.
-Lo hice… -Balbuceo, incrédula. –Estoy en el caldero primordial. –Continuó, mientras miraba las millones de estrellas que, lentamente, se movían hacia todas direcciones.
Comenzó a caminar sin una dirección en particular, maravillándose por las estrellas de su alrededor. Todas eran muy bellas, pero sólo debía sacar una. Sólo una de ellas sería su pequeña y amada princesa.
-Todas están impaciente. –Dijo una suave voz femenina. –Algunas llevan siglos acá, regenerándose tras sus violentas muertes pasadas. Otras, no han salido fuera de acá desde la creación del universo.
-¿Quién eres? –Le preguntó la reina, asustada. Buscando el origen de la voz.
-Yo soy la guardiana de este lugar. Cuido de las estrellas, escojo el lugar y la época de su nacimiento… Y si es que realmente deben nacer.
Aquella mujer tenía el cabello blanco, largo y liso. Su rostro era de una edad incalculable. Podía representar diez años, como cien. Sus ojos eran rojos e inexpresivos. De estatura baja. Tal vez unos cincuenta centímetros.
Llevaba un vestido del mismo tono que su cabello, el cual era ajustado al comienzo y englobado desde la mitad inferior. En sus manos llevaba un báculo que brillaba tanto como ella.
Poderosa. Fue la primera palabra que pensó Serenity al verla. Poderosa, invencible y… Muy solitaria.
-Un gusto volver a verte, Serenity. Te vez muy saludable y hermosa. Como lo han sido todas las descendientes de Selene. ¿No crees que es curioso que todas las descendientes sean mujeres?
-¿Cómo es que…?
-¿Cómo sé eso? –Rio a carcajadas. -Yo lo sé todo sobre cada estrella que entra o sale de acá. –Respondió instantáneamente. -¿Quieres un té o algo? Uf… eres la primera persona física que viene a este lugar. A veces me siento muy sola. Las estrellas no hablan mucho y debo hacer millones de cosas… Sabías que una vez…
-No. –Dijo rápidamente. No quería perder el tiempo haciendo vida social en el lugar más sagrado del universo. -No quiero ser descortés, -se apresuró en decir, al ver el rostro triste de la guardiana. -pero sólo vengo a buscar una estrella…
-Eres infértil. –La resplandeciente mujer se cruzó de brazos. -Quieres ser mamá y pretendes argumentarme con que, si no eres madre, se desatará una guerra en tu reino. Pero en verdad eso no te importa. Te da igual lo que ocurra con tu reino.
-¿Cómo…?
-Sólo hay una estrella que no posee un destino definido. –Le volvió a interrumpir. –La única que podría permitir que saliera del caldero. Es la más hermosa y brillante que jamás se ha creado. –Se encogió de hombros. –Pero te advierto, joven reina, que su salida al universo me obligará a liberar a la estrella más oscura y maligna que se ha forjado.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Las estrellas nacen con un orden respectivo. Ésto para evitar un desequilibrio en el universo. –La miró de pies a cabeza. –Nada de lo que sucede allá es casualidad, Serenity. Si te entrego esa estrella, será la más hermosa y poderosa mujer que vaya a conocer tu mundo. Pero la hermosura trae consigo la envidia. El poder trae guerras. La luz trae la oscuridad.
La reina tragó saliva.
-Abrirás la caja de pandora, Serenity. Aquella estrella tendrá momentos de grandes alegría en aquel universo. Pero también de intenso dolor. Será responsable de la vida de muchos, pero de la muerte de otros.
-No si la mantengo alejada de todo peligro. –Dijo al fin la reina. Su tono era firme y seguro. –Todo ese sufrimiento del que hablas, sólo ocurriría se la otra estrella se le acerca, ¿o me equivoco?
-Sus destinos se cruzarán, es imposible que…
-¡Yo soy la reina más poderosa del sistema solar! –Rugió. –Si me dices que aquella estrella es la única que puede ser mi hija, correré el riesgo. No será difícil. Sólo debo reforzar la seguridad, colocar sailors en lugares estratégicos y cortar relaciones con otros planetas. No llegué tan lejos para dejar a mi reino sin una heredera.
La guardiana del caldero comenzó a jugar con su báculo.
-Tú no escuchas. –Se lamentó.-Es eso o realmente no te importa tu reino, como dije antes. Sólo quieres ser madre.
-Claro que me interesan, por eso…
-Te dije que será poderosa. Te dije que el poder causa guerras. Te dije que será hermosa. Te dije que la hermosura trae envidia… Ella será pura luz, y la luz atrae a la oscuridad. Si te llevas a esa estrella pura y resplandeciente, debo liberar a la peor de todas. –Respiró hondo. –Por favor, por tu reino, no lo hagas…
