Capítulo 4: El Secreto de la Sombras
T.K. estaba muy enojado. Dejar escapar a Devimon no era algo que le agradara. Aun recordaba a ese digimon que enfrentara en la Isla File, y el terrible sacrificio de Angemon. Ese recuerdo nunca se borraría de su mente.
-¿Qué hacían estos digimon aquí? –pregunto Yolei, mientras abrazaba a su recién recuperado Hawkmon. Tai se acercó. Agumon parecía cansado. El dinosaurio naranja nunca hubiera creído que se toparía con un Greymon tan poderoso. Cierto recuerdo se le vino a la mente. La última vez que había peleado contra un Greymon fue cuando digievoluciono a SkullGreymon. Un mal recuerdo.
-No tengo idea de que hacían aquí –respondió Tai. Abrazo a su hermana, que aún tenía la respiración acelerada. Miro a T.K. El joven rubio tenía una cara de ira, y era obvia la razón. Pero no era una justificación para lo que había hecho-. ¿T.K.?
-¿Si, Tai? –pregunto. El morocho se paró junto a él. T.K. no entendía que se suponía que quería, hasta que recibió un terrible y fuerte puñetazo en la cara. Cayó al suelo, con la cara roja en el sitio donde había recibido el golpe. Sus amigos ahogaron una exclamación de sorpresa. Kari miro la escena con horror.
-¡Tai! –le grito a su hermano, que no pareció escucharla. T.K. se levantó, mientras revisaba su cara. Le quedaba la mejilla inflamada, el ojo morado y un corte sangrante en el labio. Yolei trago saliva. Patamon estaba consternado.
-La próxima vez, presta más atención a tus amigos –su voz sonaba lúgubre y enojada-. Si no fuera por Wormmon y Ken, que estaban atentos, Kari estaría muerta –todos tragaron saliva. Tai tenía razón. Había estado muy cerca, y T.K. podría haber hecho algo al respecto.
-¡Un gran trabajo Ken! –exclamo Wormmon. Trataba de terminar con la pelea, pero noto algo escalofriante-. ¿Ken? ¿Dónde estás?
-¡Es cierto! ¡Ken desapareció! –exclamo Cody. Davis reviso en el gimnasio y nada. Tentomon recorrió las gradas volando sin resultados. Yolei miro en su D-3, pero tampoco lo detectaba. No había dudas. Ken Ichijouji no estaba cerca de ellos. Se había desvanecido sin decirle a nadie, ni siquiera a Yolei o Wormmon. La chica se puso pálida y le asomaron unas lágrimas de las comisuras de los ojos.
-¡No es posible! ¡Ken! ¡Ken! –empezó a gritar su nombre y a revisar todo el lugar. Nada. Marco su número en el celular. Se oyó un sonido de su canción favorita. Cerca de las gradas, Izzy saco el celular del joven. Al pensar en la idea de que podría estar bajo los escombros, todos se horrorizaron.
-No está ahí –dijo Tai-. Recibiríamos la señal del digivice. Ken desapareció totalmente. Esto me da muy mala espina –Wormmon empezó a llorar silenciosamente. Era su deber proteger a Ken. Había fallado terriblemente.
-¡Ken! ¡Ken! –empezó a lamentarse el pequeño insecto-. ¿Cómo es posible? Nadie desaparece así nada más de la nada.
-De hecho, si es posible –aclaro Gatomon-. Yo misma vi como alguien desaparecía de la nada. Créeme que es mucho peor cuando lo ves con tus propios ojos –Kari sabía que se refería a ella. Y eso le sugirió donde podría estar Ken.
-¿Quieres decir que podría ser que se lo haya llevado la Oscuridad? –Yolei observo que la chica castaña empezaba a temblar de nuevo-. ¿Al Mar?
-¡No empecemos a suponer cosas sin saber bien que paso! –protesto Davis. Se ponía nervioso cada vez que alguien mencionaba ese lugar tenebroso.
-Es cierto lo que dice Davis –T.K. se puso en pie-. Tal vez solo se hartó de nosotros y se fue. Tal vez está revisando en su casa buscando su viejo traje de Emperador de los Digimon.
-¡Como puedes decir eso! –Wormmon encaro al rubio-. ¡Ken jamás haría eso de nuevo! ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!
-Pues la verdad me interesa una mierda.
-T.K.… –Patamon se estaba asustando mucho. Volaba junto a su compañero.
-Se pueden ir todos al diablo. Incluido tú –el chico rubio se fue caminando, ante la mirada atónita de sus amigos. Patamon cayó al suelo. No podía creerlo. Justo cuando estaba por perderse de vista, T.K. se atrevió a dar una última mirada hacia atrás. Kari habría jurado que era a ella a quien miraba. Lo que pudo apreciar, en esos ojos azules que tanto le encantaba ver, la dejo congelada. Incluso la mirada de Larios no era nada comparada con el odio que acababa de ver. T.K. también se había ido, y era su culpa.
-Qué extraño. Esos tres digimon estaban en la lista de los que desaparecieron –informo Izzy. También él trataba de terminar con el lúgubre ambiente que se había formado. Pero no lo consiguió. Kari se puso a caminar en dirección a su casa. No quería que vieran como le caían lágrimas a montones. Agumon, Patamon y Gatomon la siguieron. Yolei estaba a punto de ir tras ella, pero Tai la detuvo.
-Hay cosas más importantes que hacer. Tenemos que ir a decirles a los padres de Ken lo que paso. Yolei y yo haremos eso. Mientras, alguien tiene que ir a buscarlo –se dirigió a los que quedaban de la segunda generación de niños elegidos-. Davis, V-mon, Cody y Armadillomon buscaran a Ken en el Digimundo. Hawkmon y Wormmon vayan a revisar los alrededores –miro a su amigo pelirrojo-. Izzy, habla con Gennai sobre esos digimon. Y envía correos a los demás para que sepan lo que paso. Hay que encontrar a Ken, este donde este.
Los jóvenes y sus digimon asintieron y fueron cada uno a su tarea. La situación se había vuelto muy delicada.
-Todo de acuerdo al plan –dijo Lyramon. Ken estaba en una silla reclinable, dormido. En ocasiones, hacia un movimiento inconsciente, pero la mayor parte de tiempo solo se quedaba totalmente quieto. Piedmon observaba al muchacho de cabello azulado. El payaso no entendía que se suponía que quería lograr el digimon corrupto. El D-3 estaba sobre una mesita junto a la silla, pero aún no había hecho nada con el aparato.
-¿A qué esperan? Ahí está el digivice. Podrían sacar lo que necesitan ahora mismo y acabar rápido con esto.
-No, no podemos. Una barrera impide que nadie tome los datos que están allí guardados. Se le llama la protección sagrada. Para romperla, debemos hacer que el dueño del digivice renuncie a esa protección –respondieron los datos corruptos.
-¿Por qué todo debe ser tan difícil? –Piedmon estaba muy fastidiado.
-Porque es la naturaleza de las cosas. Y como tal, todo es difícil en esta vida –Lyramon tomo el digivice corrupto y saco una ventana. En ella se veía la imagen de MaloMyotismon-. No tuvimos suerte con sus datos. Estaban demasiado dañados para poder regenerarlos. Y eso que fuimos a todos los lugares en donde fue destruido. Aun así, hay algo más que nos impide controlar correctamente el poder de la Oscuridad.
-Conozco bien esos poderes.
-Lo sabemos. Tenemos una pregunta para ti, Piedmon –el payaso levanto la cabeza, mientras bebía un sorbo de la copa sobre la mesita-. ¿Cuál es el secreto de las Sombras?
-El placer personal. Deben hacer lo que les da más placer, seguir los instintos más oscuros que tienen. Esa es la manera en que podrás entender el poder de la Oscuridad –el digimon respondió con una sonrisa en su máscara. Le encantaba ese tema de conversación.
-Y aún sigue hablándonos en singular a veces. No se acostumbra, o trata de molestarnos. Ese es su placer, juguetear con los demás hasta irritarlos –los datos corruptos pensaron, buscando sus instintos oscuros-. Nosotros no tenemos ningún Demonio. No somos como los demás. Formamos una entidad física a partir de muchas conciencias. No tenemos esa vocecita que susurra al oído ideas macabras –entonces notaron que ese era justamente su placer-. Nosotros somos las voces. Nosotros susurramos en la mente de otros. Es nuestra manera preferida de trabajar, y la que mejor se nos da.
Lyramon sintió como las Tinieblas recorrían su cuerpo. El emblema negro comenzó a brillar con intensidad. Del digivice corrupto, emergieron un cúmulo de datos rojizos que se agruparon para tomar una forma humanoide.
-Control Corrupto –por efecto del ataque de Lyramon, la forma se unifico, dando lugar a una criatura similar a los humanos. Pero estaba vestida de negro. Su brazo izquierdo era una garra de uñas rojas como sus ojos. Su vestimenta estaba decorada con calaveras y demás símbolos maléficos, además de fisuras por doquier. Piedmon se paró de su silla, sorprendido.
-¡LadyDevimon! Ya te extrañaba –miro a los datos corruptos, quienes hacían girar el emblema de la Oscuridad entre sus manos-. Ahora podrán manejar los datos de los digimon oscuros. Y supongo que tu guantelete será aún más poderoso.
-No solo eso. Ha aumentado nuestro dominio del emblema. Es la hora de ejercer nuestro placer, y ser los Demonios de otros –la sonrisa de Lyramon se hizo aún más grande cuando se arrojó a las tenebrosas profundidades del emblema de la Oscuridad.
T.K. estaba tirado en su cama, amargado. Primero, se había peleado con Kari por unos inútiles celos. Luego, había discutido con Patamon porque tenía la idea de que ellos siempre serian amigos. Y, ahora, había despreciado a todos sus amigos porque ninguno lo entendía. No podía dejar que la Oscuridad siguiera creciendo.
-Eso es lo que somos. Somos el cazador de Tinieblas. Donde haya Oscuridad, la destruimos –pensó. Estaba tan inmerso en su pensamiento que no noto que acababa de hablar en plural.
-Pero Kari siempre estuvo ahí para ayudarnos. Siempre estuvo ahí para nosotros, y vencimos gracias a ella –por alguna razón, su mente pensaba como si fuera más de una persona. Pero tampoco noto esto-. Ella es la Luz. Nuestra Luz.
-Nuestra Luz no nos defendió de la Oscuridad hoy. Estaba más ocupada poniéndose celosa de una pobre chica de ojos negros. Su Luz empieza a decaer a favor de otros instintos. No es la misma chica que conocimos aquel día en que la niebla cubría el cielo. No es la misma chica a la que cuidamos en esa ciudad bombardeada –su otra voz susurraba palabras que convencerían al más terco. Era casi un embrujo-. No es la misma chica de la que nos enamoramos ese día de niebla. Ha cambiado.
Estas cosas hacían a T.K. pensar. Era cierto. Esa voz, que le parecía suya, tenía razón. Bajo el colchón, la copia del emblema de la Oscuridad emitía ráfagas de luz purpúrea que llenaban el cuarto con una invisible atmósfera siniestra.
-Basta, por favor –Gatomon no podía seguir viendo como su compañera lloraba sin parar. Patamon estaba acostado junto a ella, también muy triste. Agumon no había podido soportarlo. Estaba en el balcón, observando en busca de más digimon. Sabía que era muy poco probable que encontrara algo, pero era la única excusa que se le ocurría para no tener que ver como la hermana de su camarada se ahogaba en llanto. Kari estaba totalmente destrozada. La mirada de T.K. la había dejado sin alma.
-Es mi culpa –susurro. Patamon y Gatomon prestaron oídos a sus palabras. La chica había dejado de llorar. Su rostro estaba enrojecido por la pena. No podía aguantar todo eso que pasaba.
-No lo es. T.K. ya actuaba extraño antes –Patamon soltó un suspiro melancólico-. Una cosa es que peleen, pero otra muy distinta es que te dejara morir. Si te hubiera visto, te habríamos salvado y se habrían arreglado los problemas. También tengo parte de culpa. Ahora están peor.
-Esto es muy extraño –razono Gatomon-. Eran muy fuertes. Y Devimon habría provocado esa reacción en T.K. siempre. Ya sabes lo que paso con Patamon hace siete años –Kari asintió. Se lo habían contado. Si eso le pasara a su Gatomon, perdería la razón. Definitivamente. Y entonces noto algo extraño.
-A Ken también le paso lo mismo. Y desapareció –la chica y los digimon intercambiaron una mirada-. Parece una conspiración.
-Ahora que lo dicen –Patamon pensó en algo que había visto cuando era Tokomon, luego de renacer-. La última vez que Agumon peleo con un Greymon, se convirtió en un SkullGreymon y causo un desastre. Ese incidente hizo que Tai perdiera su Valor durante un tiempo.
-Es como si alguien tratara de provocarnos –pensó Kari. Se le ocurrió una teoría, pero no la expreso en voz alta. Ya había causado suficientes problemas con ese tema-. Esa chica alemana, Sophia, no estaba en ese momento. Ella nos hizo esto. Es una enviada de la Oscuridad.
-Eso ya lo sabemos –le dijo su pensamiento, o lo que ella creyó que era su pensamiento-. Lo supimos en el momento en que la tocamos. Lo supimos en el momento en que se nos acercó. Lo supimos en el momento en que vimos esos ojos de Tinieblas. Ella es maldad pura. Y quiere robarnos a T.K. Pero no la dejaremos. Haremos cualquier cosa, pero no dejaremos que acabe con nuestra Esperanza.
-Es cierto. No la dejaremos –pensó Kari. Esa maldita chica lamentaría el día en que se habían encontrado. Porque la Luz siempre destruye a la Oscuridad.
-Kari, hace tiempo que te quedaste pensando –Gatomon había visto como hacia algunas expresiones faciales. Patamon también la vigilaba de cerca.
-No pasa nada. Después de lo de hoy, estoy cansada. Necesito dormir un rato –Patamon salió volando y fue a ver a Agumon en el balcón. Gatomon se quedó un segundo más, dudando. Kari la miro con esos lindos ojos que tenía, asegurándole que todo estaba perfectamente. La gata digimon camino hasta encontrarse con Agumon y Patamon. Por su expresión, notaron que algo no andaba bien.
-¿Algún problema? –pregunto el dinosaurio.
-Sí. Hay algo en Kari. Es como si su Luz estuviera apagándose. No lo entiendo –Gatomon miro hacia la habitación de nuevo. En el tejado vecino, DemiDevimon vigilaba. Ni siquiera sus ojos se podían ver en las sombras.
-¡¿Cómo?! ¿T.K. se enojó con Patamon? No es posible –Matt no podía creer lo que Izzy le decía por teléfono. Había recibido el correo, pero no lo había creído sin una confirmación. Parecía increíble.
-Así fue. Le dijo que se fuera al diablo. Nos lo dijo a todos.
-No lo creo. No puedo creerlo. ¿Incluso a Kari? –Matt no necesitaba que Tai lo insinuara para darse cuenta que había algo entre ellos dos, por mucho que Davis lo negara.
-Eso fue otra cosa rara. Ella cayó desde una gran altura, y T.K. podía rescatarla, y no lo hizo. Si Stingmon no estaba ahí, no quiero pensar en lo que hubiera pasado.
-¡Maldición! Debe ser que las hormonas lo vuelven loco. Ya mismo cancelo la gira y regresamos.
-No hay que ser tan drásticos. Por ahora, ven con Sora, Gabumon y Biyomon a buscar a Ken en el Digimundo. Hay que darle un tiempo para que se calme. Era predecible que se enojaría si volvía a encontrarse con un Devimon.
-Está bien. Envíale un saludo a Tai de nuestra parte –colgó. No lo podía creer. No importara cuanto se lo dijeran, tenía que verlo para estar seguro. Su hermano, ¿peleando con todos? No parecía real. Mucho menos que no ayudara a Kari. Se había arriesgado a ir al Mar de las Tinieblas por ella. Algo muy malo tenía que estar pasando.
Sora apareció en la puerta del hotel. Por su expresión, y su ropa, se notaba que venía por algunas atenciones especialmente ardientes de su novio. Pero no era momento para romance. Era una situación de emergencia. Le contó todo con rapidez, y ella no puso reclamos. No era el momento para discutir.
-También me sorprende esto –dijo ella, al escuchar toda la historia-. Y me suena raro que un Greymon y un Devimon trabajen juntos. Algo está pasando aquí. No podemos descartar que tenga que ver con las desapariciones. Vamos a tener que averiguar quién está detrás de todo esto –Sora se podía imaginar a más de un enemigo que era capaz de algo tan horrendo, pero no sabía quién tendría tal poder para llevarlos al mundo real. Le habían comentado de uno, pero se suponía que lo habían encerrado en otro mundo-. ¡Biyomon!
El ave rosada salió del armario, seguida por Gabumon. Los jóvenes les explicaron todo, y a los digimon se les paro la respiración cuando oyeron todo lo que sucedía. Gabumon sospecho de inmediato sobre que era una trampa. Matt asintió.
-Y lo peor es que Ken desapareció –término el rubio. Ya estaba todo contado. Ahora solo tenían que ir a buscar al ex chico súper dotado. El único problema era que no sabían a donde estaba-. Y no sé si podremos hallarlo. Si esto es obra de la Oscuridad, no sabemos hasta donde puedan llegar. Quizá… –se detuvo un instante, sin querer considerar esa posibilidad-. Quizá ya sea tarde.
-¡Nunca es tarde! ¡Está prohibido perder las esperanzas! –le recordó Gabumon-. Hay que suponer lo mejor. Si la Oscuridad está detrás de todo esto, pasaron por muchos problemas para atraparlo. Lo necesitan vivo.
-En eso tiene razón –Sora estaba de acuerdo con el digimon-. No importa que T.K. no este, la Esperanza sigue viva. Más tarde habrá que tener una charla con él.
-Y no saldrá fácil de este embrollo –afirmo Matt, sonándose los nudillos. Sí que le iba a dar una lección por todo lo que estaba causando. Se lo debía a Tai.
Sora saco una computadora portátil y la encendió. Biyomon y Gabumon se apretaron para ser el primero en regresar. Les encantaba estar con sus compañeros, pero siempre extrañarían su hogar. La pelirroja coloco el digivice frente a la pantalla.
-¡Puerta al Digimundo ábrete!
Pero la puerta no se abrió. La habitual luz blanca no apareció. Sora y Matt intercambiaron una mirada de sorpresa. Eso nunca había pasado. Desde el incidente de MaloMyotismon, viajar al Digimundo a través del Internet era fácil con un digivice. Lo que pasaba ahora era totalmente anormal.
-¿Qué pasa? –Sora lo intento de nuevo, y de nuevo. Nada. Su digivice no reaccionaba. Biyomon estaba a punto de formular su teoría, pero Gabumon se le adelanto.
-¿Podría ser obra de los poderes de las Tinieblas? –los cuatro se sentaron a pensarlo. Si así era, nadie podría viajar al Digimundo, y Ken no tendría quien los buscara allá. Todos los niños elegidos estaban en el mundo real, y también sus digimon. Nadie quería arriesgarse con ese encapuchado de los ojos dorados. Y ahora, no podrían ir a buscarlo.
Detrás de la pared de la habitación de hotel, Phantomon sostenía su copia del emblema. El símbolo triangular relumbraba, haciendo que el digimon corrupto sonriera de pura malicia.
Ken Ichijouji despertó. Los parpados le pesaban, le costaba abrirlos. Le dolía la cabeza. Se llevó la mano a la nuca, y esta rozo algo suave y extraño. Al tener esta sensación, el joven abrió los ojos por completo y admiro el paisaje.
Se encontraba en alguna especie de bosque. Apenas podía ver los árboles cercanos, pues todo estaba cubierto de una niebla muy espesa. Estaba solo en ese espacio tan raro. Se incorporó con dificultad. No recordaba mucho. Hizo memoria para intentar comprender que hacía en ese bosque neblinoso.
-Recordamos que estábamos en el juego de soccer. Estábamos ganando, pero no habíamos terminado sin ganar en la apuesta de Tai. Nos estaba resultando difícil. Le pasamos el balón a Davis –su memoria, refrescada por ese pequeño lapsus de recuerdos, empezó a regresar. Recordó la batalla, los digimon que habían enfrentado, que la digievolución DNA había salido mal, el incidente de Kari, la furia de T.K., la acción rápida de Stingmon, y lo que había pasado junto a las gradas. Alguien lo había secuestrado. No había dudas. Miro alrededor, en busca de alguien, pero no encontró a nadie.
-No hay nadie aquí, aparte de nosotros –susurro una voz desconocida. A Ken le pareció oír un eco detrás de ella, como si viniera desde un lugar lejano. Busco a la persona dueña de la voz, pero la espesa niebla no le dejaba ver más allá de un par de metros-. Aquí estamos.
Una figura apareció entre la neblina. Apenas podía ver su silueta. Ken trato de acercarse para distinguir quién era, pero sus pies no quisieron avanzar.
-¿Quiénes somos? –pregunto el joven. No reparo en que hablaba como si él y el sujeto oculto entre la neblina fueran compañeros. Le parecía lo más natural hablar en plural-. ¿Dónde estamos? ¿Dónde están nuestros amigos?
-Nos dejaron solos aquí. No les importamos.
-¿Qué estamos diciendo? ¡Nosotros si les importamos! ¡Wormmon nunca nos dejaría en la estacada! Y Yolei tampoco. Nuestros amigos nos ayudaran, estemos donde estemos –replico Ken.
-Ellos no saben dónde estamos. No nos encontraran. Solo podemos quedarnos aquí y esperar lo imposible –respondió la voz del sujeto misterioso. La sombra empezó a desvanecerse y se deshilacho. Ken se quedó solo en ese bosque extraño. Sus piernas pudieron moverse nuevamente.
Empezó a recorrer el bosque, en busca de sus amigos. Pero no importaba cuanto buscara o gritara, ellos no aparecerían. El joven no estaba encerrado en un lugar material, sino en una proyección mental de su propia mente. Un lugar en donde él normalmente tendría cierta potestad, pero ya no. Porque ahora, muchas voluntades formaban parte de su ser. Los datos corruptos se habían enlazado al alma de Ken Ichijouji, controlando sus acciones. Solo necesitaban una cosa. Debía renunciar a su protección sagrada.
-Suficiente por hoy –Lyramon se colgó el emblema al cuello-. No debemos presionar más de lo necesario, o cometeremos un error. Tomaremos un descanso en el apartamento.
-¿Qué haremos en su ausencia, mis señores? –LadyDevimon se inclinó ante el digimon corrupto. Piedmon recordó que ella ahora también formaba parte de la voluntad unida de los datos corruptos. Su lealtad seria innegable. Tenía que encontrar aliados que no estuvieran bajo el control exclusivo de Lyramon.
-Buscar datos. Necesitamos un organizador para esta base –levantaron los brazos para indicar esa sala llena de computadoras y equipo de alta tecnología-. Tenemos una idea. Un viejo conocido tuyo, Piedmon. Debes ir tras él. LadyDevimon se quedara a vigilar a Ichijouji. No despertara. Su voluntad forma parte de la nuestra ahora, aunque no tiene conocimiento o potestad alguna sobre el resto de nosotros. La Luz y la Esperanza –Piedmon y LadyDevimon pusieron unas idénticas expresiones de odio al oír esas palabras- están casi en la misma situación. Cuando la mente de la Bondad renuncie a la protección sagrada, tendremos el poder que andábamos buscando. Y averiguaremos donde está su pieza de la Digiarmadura.
El digimon corrupto abrió la puerta hacia el mundo real, pero no se llevó el digivice corrupto. Piedmon y LadyDevimon lo necesitarían para recolectar los datos necesarios para su misión maléfica. Atravesaron el portal, apareciendo en su apartamento. El celular sonó con un tema de rock, indicando que uno de sus vigías debía reportar algo. Lyramon tomo el aparato y escucho lo que su subordinado informaba. Una nueva llamada, en el teléfono de línea, les obligo a contestar ambos a la vez.
-Excelente. La Esperanza ya no es el guardián de la Luz. Id los dos a vigilar al chico Takaishi. Lo necesitamos fuera del camino para la siguiente fase del plan.
-Sí, señores –respondieron dos voces al unísono en ambos teléfonos, justo antes de colgar. Dos digimon corruptos se reunirían para preparar las ideas macabras de Lyramon. Eran los mismos que engañaron a las familias de Ken y T.K. Un viejo recuerdo, que sin duda pondría alerta a los niños elegidos. No eran los más listos, pero si lo más expertos en pasar desapercibidos. Lyramon se recostó en un mullido sofá, permitiéndose unas horas de sueño reparador. Su plan, tan largamente estudiado y repasado, no se desplomaría solo porque se distrajeran un rato.
Continuara…
