Capítulo 6: Un Humilde Servidor

Greymon recibió uno de los misiles de Megadramon en el pecho y quedo prácticamente fuera de combate. Kabuterimon y Aquilamon trataban de derribar a LadyDevimon, pero no había mucho que pudieran hacer. XV-mon y Ankylomon atacaban al dragón metálico sin éxito. Tai reviso nuevamente los mensajes. Kari, Mimí y Joe no habían contestado. Sora y Matt respondieron que no podían ayudar. Y T.K., como si fuera el colmo, no lo había leído. Tai quería arrancarse el cabello de la frustración.

-Esto es el fin. Nadie vendrá a ayudarnos –se rindió Tai. Davis lo zarandeo un poco, sin perder la esperanza ni el ímpetu.

-¡Ya verás que todo saldrá bien! ¡Siempre es así! –vio como XV-mon atacaba a Megadramon con su X-Láser, sin dañarlo-. ¡Vamos, XV-mon! ¡Hazlo otra vez!

-Es increíble la manera en que Davis mantiene la esperanza incluso cuando todo se ve tan negro –le comento Cody a Yolei, sorprendido.

-Pues me encantaría compartir su optimismo –la chica aun pensaba en su novio, secuestrado en alguna parte de esa enorme ciudad mientras ellos estaban allí atascados. Le daba mucha rabia no poder hacer nada al respecto.

-¡Flechas de Hielo!

El ataque se estrelló contra la máscara metálica de Megadramon, cegándolo un instante. Acto seguido, un Seadramon apareció volando sobre la calle, listo para atacar de nuevo.

-¡Perdón por la tardanza! –grito Mimí, montada en la serpiente marina. Su novio, Michael, puso una sonrisa nerviosa de excusa. Palmon salto rápidamente del lomo.

¡Palmon digivols a… Togemon!

Togemon ataco al dragón naranja en el aire con un puñetazo. Se aferró a su cuello causando, por el peso y el impulso, que cayeran al suelo. Rápidamente, el cactus boxeador empezó a golpearlos sin cesar. LadyDevimon estaba a punto de hacer una Onda de la Oscuridad, pero se entretuvo esquivando un Arpón Vulcan lanzado por Ikkakumon. El digimon y Joe se colocaron frente a XV-mon, Ankylomon y Greymon, preparados para bloquear los posibles ataques.

-¿Están bien chicos? –pregunto el joven de pelo azul.

-¡Si hubieran llegado hace diez minutos estaríamos mejor! –le respondió Davis, aparentando estar enojado. Hasta él empezaba a quedarse sin esperanza en esa pelea.

-No te enojaras cuando veas a quienes encontramos –cuando Kari, Gatomon y Patamon bajaron de lomo de la enorme bestia marina, Davis altero su expresión al instante.

-¡¿Quién soy yo para juzgarlos?! –repitió a los gritos una y otra vez. Kari soltó una risita. Aquilamon vio lo que pasaba, y que la demonio estaba ocupado esquivando un Electroshock, y bajo a reunirse con su compañera. Kari y Yolei se abrazaron, e intercambiaron una mirada de complicidad.

-¿Listos? –pregunto la chica castaña.

-¡Claro! –le respondieron la gata y el águila.

¡Aquilamon!

¡Gatomon!

¡DNA digivols a… Silphymon!


A la distancia, Piedmon observo como todos los digimon se aprestaban a abrumar a LadyDevimon y Megadramon con su superioridad numérica. Entonces, noto que un Guardromon se le acercaba por detrás con el rabillo de su ojo.

-¿Quieres morir? –le pregunto al armatoste metálico. El digimon no respondió, pero se inclinó y le entrego el digivice corrupto. Entonces, el payaso comprendió que era un digimon corrupto y venia de parte de Lyramon.

-La operación casi termina. Cuando LadyDevimon aleje a Silphymon y a sus compañeras del resto, síguelas. Estate atento a cuando la del pelo lila se quede sola –susurraron los datos corruptos en el oído de Piedmon a través del emblema.

-¿Y si no se queda sola?

-Lo hará. Nosotros nos encargaremos de eso.


-¡Flechas de Hielo! –el ataque de Seadramon tuvo puntería perfecta, pero LadyDevimon lo volvió a esquivar.

-¡Es muy rápida! –se quejó Michael.

-¡Onda de la Oscuridad! –montones de murciélagos nublaron el cielo. Los digimon se apartaron para tratar de evitar es técnica tan molesta, pero no les fue sencillo. A diferencia de los ataques convencionales, este tenía vida propia y perseguía al enemigo. La digimon demonio se burló de la manera en que trataban de esquivarla.

-¡Burbuja de Aire! –LadyDevimon sintió un impacto a su espalda. Se dieron la vuelta, descubriendo que Patamon se había escabullido para atacarlos por la espalda.

-¡No molestes! –lo golpearon con su garra. Estaba a punto de caer en la nube de murciélagos, pero Silphymon lo atrapo. Bajo con él, atravesando con alguna dificultad el ataque de la demonio, y lo dejo en los cálidos brazos de Kari.

-Si pudiera digievolucionar le daría su merecido –se lamentó el pequeño.

-No te preocupes que nosotras se lo daremos –lo consoló Kari, al tiempo que lo acunaba con cuidado. Silphymon salto hacia la nube nuevamente.

-¡Esfera de Energía! –la bola de luz abrió un enorme agujero en el ataque de la demonio. Ambos digimon se miraron fijamente en el aire, esperando a que el otro atacara primero. Cuando LadyDevimon noto que su oponente era demasiado paciente, lanzo su reto.

-¿Qué tal si resolvemos esto de manera justa? Sin interrupciones externas –propuso la digimon demonio, con una sonrisa asomándole en sus labios.

-¡Eres la menos indicada para hablar de Justicia! –opinaron Yolei y Kari a la vez.

-Pues si no tienen interés, nosotros tampoco –se dieron la vuelta, dándoles la espalda-. Nos vamos de aquí.

-¡No lo harás! –le grito Silphymon. LadyDevimon supo que había caído y se alejó volando a toda velocidad, seguida de cerca por el ave humanoide y las dos chicas. Piedmon se quedó atento a la situación y las siguió con mucha cautela.

-Lo están haciendo excelentemente. Sigan así. Separen al digimon de sus camaradas. Nosotros haremos el resto –la demonio sonrió al escuchar la voz de los datos corruptos. Vislumbraron a Silphymon, demasiado cerca de ellos, y soltaron una maldición. Era aún más rápido que la última vez. Esa persecución no sería fácil, ni para nada común.


-¿Cómo van? –pregunto Lyramon. Andromon interrumpió un instante la operación. Levantaron su mano bisturí, bañada en sangre fresca. Ese color rojo intenso, ese aroma tan dulce. Al digimon corrupto siempre le encanto la sangre. Su propia sangre era distinta, más aburrida, y sin olor ni sabor agradables. Se auto infligían dolor para recordarse que estaban vivos, y que ahora no eran la masa de datos sin control ni forma que antes fueron. Eran distintos en ese momento. Se sentían algo más que simples programas de computadora. Eran un digimon. Estaban vivos.

-La intervención está en su punto clave –la respuesta de Andromon los atrapo desprevenidos, tan concentrados que estaban pensando en su nueva identidad-. No conseguimos separar la Semilla de la Oscuridad de su médula espinal. Hay nervios que conectan su cerebro con la Semilla, y no quieren soltarla.

-Tendremos que entrar a su alma una vez más y romper ese lazo. Y podremos aprovechar para distraer a la chica Kamiya mientras Piedmon hace su especialidad –Lyramon se recostó en la silla y saco el emblema de la Oscuridad. Cuando sus pensamientos entraron en el objeto, sintió una presencia cálida y bella, pero al mismo tiempo fría y cruel. Aun no sabían que causaba esa sensación. Algo los unía a ese collar además del simple aprecio y utilidad que tenían para ellos. Una cosa más que debían averiguar.


Yolei trataba de estar al paso de Silphymon y LadyDevimon, pero no era nada fácil. Esa persecución ya había durado mucho rato. Los digimon volaban, y eran mucho más rápidos que ella corriendo. La chica de pelo lila estaba cansándose, y sus piernas le ardían. Miro hacia atrás para ver si Kari podía seguir el ritmo, pero ella no estaba detrás.

-¡Vamos Yolei! –escucho la voz de la castaña. Se le había adelantado. No parecía cansada. Ni siquiera tenía una gota de sudor. Tenía mejor resistencia física que ella, eso sin duda, pero no era posible que la diferencia fuera tanta. Simplemente, solo podía admirar a esa amiga suya que era capaz de superar cualquier límite humano-. ¡Rápido que se nos pierden de vista!

Yolei asintió. Se pusieron a correr de nuevo, llevándola demasiado cerca de su límite. Pero Kari seguía demostrando que podía continuar. Una voluntad más poderosa que la suya la instaba a seguir. Eran muchas voluntades, a las que se había unido en un intento desesperado por olvidar el dolor de la pelea con su queridísimo T.K. Ahora la guiaban con una fuerza inusitada. Y también la controlaban, en cuerpo, alma y pensamiento.

-¿Estás bien? –le pregunto Yolei, deteniéndose un instante. Kari se había tropezado sin causa aparente. La joven de cabello lila sospechaba que a su amiga se le había venido el cansancio de golpe. La elegida de la Luz trato de incorporarse, pero sus piernas no querían moverse. Ya no las sentía. Era como si ya no fueran sus piernas las que tenía bajo la cintura.

-Estamos bien –la tranquilizo-. Sigue a Silphymon, que ya te alcanzamos.

Yolei asintió. En la charla apresurada, no había notado que su amiga hablo en plural. Continúo corriendo tras el ave humanoide y la demonio. Ninguna de las dos noto a Piedmon, que había presenciado toda la escena y ahora seguía a la joven novia de Ken.

-¿Por qué siempre somos una carga? –se preguntó Kari. Fue ella a la que Myotismon fue a buscar al Mundo Real, poniendo a su familia y a mucha gente más en peligro. Fue ella a quien casi absorbió el agujero negro de Garbagemon, de no ser por la oportuna interrupción de MetalGarurumon no se habría salvado. Fue ella quien se enfermó, provocando que su hermano y sus amigos tuvieran que arriesgar la vida en una peligrosa carrera. Fue ella la que quedó atrapada en esa misma ciudad por no irse rápido como debía, mientras que todos se habían esforzado por salvarla sin importar el riesgo. Fue ella la que fue trasportada al pavoroso Mar de las Tinieblas, obligando a T.K. a adentrarse también. Fue ella la que cayó desde esa altura porque su D-3 no pudo curar a Aquilamon, causando la pelea con el rubio.

Siempre ella la doncella en peligro. Siempre la que no puede hacer nada sola.

-No pensemos así. No es nuestra culpa que él se haya enojado. Más bien es de nuestro hermano por pegarle. No era necesario que saliera a defendernos –susurro una voz consoladora en su mente.

-Tenemos razón. Es culpa de Tai. Es culpa de los demás. No nuestra. Nosotros pusimos siempre lo mejor que pudimos. Y se los vamos a demostrar, pero ahora no podemos –y allí se quedó, sentada en el suelo, sola. Discutía con una voz en su cabeza que le decía cosas que no quería oír, pero la hacían sentir mejor. No seguiría a Yolei. También era su culpa. Que se las arreglará sola.

Se puso en pie sin problemas. Se acomodó el cabello castaño, hasta llegando a sacar un espejito de mano para ver si estaba desaliñada. No le sorprendió ver sus propios ojos, reflejados en la imagen, dorados con raja de reptil. Una parte muy profunda en ellos sonrió. La Luz se ennegrecía poco a poco.


-¿Qué está pasando aquí? –pregunto Ken. Ya no se encontraba en el bosque neblinoso. Ahora parecía estar en una sala de máquinas, llena de pantallas y controles variados. El lugar se le hacía vagamente familiar. Aun así, no conseguía recordar de donde le sonaba. Se llevó una mano a su nuca, que le dolía horriblemente, y cuando la vio descubrió que tenía alguna herida sangrante en su cuello.

-¡Ken! ¡No, por favor! –esa voz aguda era inconfundible. Wormmon estaba cerca. El joven Ichijouji corrió por los oscuros pasillos, observando jaulas y pantallas por doquier. A cada momento le parecía más familiar, y le agradaba menos. Nuevos gritos lo guiaron a una bodega en la que había varias cajas y contenedores. Un escalofrió recorrió la espina dorsal del joven.

En el centro de la bodega, estaba su digimon. El pequeño insecto yacía en el suelo, lleno de marcas de cardenales. Una figura estaba de pie junto a él. Esa ropa púrpura, esas gafas doradas. Sin duda alguna, tenía que haber un error. No era posible. Sin entender que estaba pasando, Ken corrió hacia su digimon con toda la fuerza que pudo reunir. Pero cuando apenas lo separaba un metro de Wormmon, fue repelido por una barrera invisible. Trato de golpear a la figura de púrpura, pero fue inútil.

-Yo puedo ayudarte. Siempre voy a ayudarte en lo que pueda… –decía el insecto herido. La figura sonrió y saco un látigo. Empezó a azotar sin piedad al digimon, ante la mirada llorosa de Ken. El joven no dejaba de gritar el nombre de su compañero, incapaz de hacer nada para salvarlo.

-¡No puedes hacer nada! ¡Eres un inútil! –le gritaba el Emperador de los Digimon. Ignoraba a ese joven de pelo azulado, que lloraba y golpeaba contra esa maldita barrera que le impedía pasar. Una mano se posó sobre el hombro.

-Tranquilicémonos. Esto no es real –le susurro una voz múltiple. Ken trato de ver a quien le hablaba, pero estaba envuelto en sombras que solo dejaban ver sus ojos dorados luminosos-. ¿Cómo puede existir el Emperador de los Digimon, si él éramos nosotros? Estamos en una pesadilla.

-Es muy real –respondió Ken, viendo como su doble malévolo azotaba a Wormmon sin parar-. Aunque sea falso, nos hace daño.

-Pero podemos detenerlo. Si lo vencemos, la Semilla perderá toda su influencia sobre nosotros. Es nuestra última prueba –le pusieron algo en sus manos. Ken vio el guantelete negro y púrpura. Aprecio la belleza misteriosa y atemorizante de esa pieza de la Digiarmadura. Vio el símbolo en la palma, sin saber de qué le resultaba tan familiar el sentimiento que provocaba. Eran ya muchas cosas lo que le inducían recuerdos-. Juicio de la Oscuridad. Derrotemos a esa parte oscura en nosotros, y nos libraremos para siempre de su autoridad.

-No sé qué hacer –aunque quería detener esa alucinación espantosa, no estaba seguro si debía usar ese guantelete. Sentía a las Tinieblas, que formaban esa arma tan poderosa. Y la última vez que había usado ese poder, Wormmon murió. Si lo volvía a utilizar, ¿pasaría lo mismo? Por una razón le temía a la Oscuridad.

-Haz lo que te dicte tu corazón –una nueva figura apareció entre las sombras de esa bodega maliciosa. Otra persona que no podía estar allí. Porque estaba muerto-. Hermano, tomes la decisión que tomes, no será la equivocada. Eres una persona muy distinta a la que utilizo ese poder tan peligroso hace años. No cometerás dos veces el mismo error –Osamu sonrió a Ken, quien asintió y se colocó el guantelete en su brazo derecho.

-Lo haré por ti, Osamu –Ken arremetió contra la barrera, golpeándola salvajemente. Lyramon miro a ese chico que había aparecido de la nada, invocado por los sentimientos de su hermano. El joven Ichijouji se había librado de la unión de almas por la fuerza que le daba ese extraño espectro del pasado. Estaba luchando sin la fuerza de los datos corruptos. Estaba luchando con la fuerza de su corazón.

-Ustedes también han cambiado –la mirada de Osamu no era reprobatoria ni enfadada, sino de pena. Lyramon sintió como ese espectro entraba en contacto con su alma, y lo invadía con sentimientos que nunca antes pensó que tendría. Una visión borrosa paso fugaz por su mente-. Cuando recuerden la felicidad que vivieron anteriormente, y ese lazo tan poderoso que tenían, entonces descubrirán que esta venganza no tiene sentido.

-¿Qué quieres decirnos con eso? ¿Quién es esa sombra que aparece en nuestros sueños? –Osamu no respondió. Tenían que averiguar quién era esa sombra tan extraña. Les despertaba una alegría que nunca pudieron imaginar antes. Se distrajeron al ver como Ken golpeaba nuevamente esa barrera poderosa. Unas grietas aparecían, pero eran pequeñas. Wormmon yacía en el suelo, inconsciente, mientras el Emperador se limpiaba el sudor de su frente y se preparaba para una nueva sesión de dolor.

-¡No me rendiré! ¡No dejare que me venzas! –Ken golpeo la burbuja extraña, haciendo que saltaran astillas invisibles. El Emperador miro a su contraparte bondadosa por primera vez, quien tomaba distancia para acabar con el sufrimiento de Wormmon. Abrió la palma, mientras el símbolo de la Oscuridad relumbraba en color púrpura negruzco-. ¡Juicio de la Oscuridad!

Las líneas negras golpearon contra la barrera, atravesándola. El Emperador apenas tuvo tiempo de ver el ataque antes de que le diera de lleno en el pecho y lo lanzara contra una caja. Ken se arrodillo junto al Wormmon imaginario.

-Gracias, Ken. Sabía que no eras tú –y se desintegro, para sorpresa del chico de pelo azul. Pero entonces noto que su corazón no desfallecía como antes. Esa fue la prueba final de que era tan solo una ilusión de su mente. El joven se puso en pie y observo a su Doppelgänger. Sus anteojos rotos, su ropa desgarrada, su mirada de odio. Se paró junto al Emperador y lo miro a los ojos.

-Jamás volveré a ser tú. ¡Sal de mi cuerpo para siempre! –lo golpeo en el rostro con el guantelete. Parte de su cara salto en pedazos, y vio que debajo había una superficie negra. Era como si fuera un digimon creado de Agujas de Control. Su boca, o lo que quedaba de ella, soltó un rugido de ira. Su cuerpo emitió una luz oscura y se desvaneció.

-Muy bien hecho, hermano. Estoy orgulloso de ti –Osamu sonreía. Lyramon aplaudió. Ken se sintió cansado de tanto esfuerzo y se sentó a recuperar el aliento. Pero su mente cayó nuevamente en un terrible sopor y se desmayó una vez más.


-Ya terminamos –anuncio Andromon. Sacaron el hilo y aguja que estaban usando y le mostraron a los datos corruptos el resultado. Una cicatriz bien cerrada, que desaparecería con el tiempo. Sobre una bandeja, la Semilla de la Oscuridad rezumaba maldad, ahora separada de su portador. La tomaron con el Guantelete de la Oscuridad. La Semilla trato de saltar a su cuerpo, pero la atraparon primero.

-Nos será muy útil. Avisaremos a los demás que ya pueden regresar. Dejadlo en el techo de aquel edificio –Andromon asintió. Tomaron es sus manos al desmayado joven, con su digivice en el bolsillo, y salieron de la habitación subterránea.


Yolei corría tras Silphymon y LadyDevimon, pero no podía seguir más tiempo. Se detuvo de puro cansancio. Ya no podía correr más. Un presentimiento, como si alguien la estuviera observando, la invadió de inmediato. Miro hacia todas partes, pero no hallo la causa de esa sensación. Desde un callejón, Piedmon vigilaba.

-Ve con ella, y repite nuestras palabras –el payaso no se lo pensó más de un segundo. No era el momento de ser rebelde. Cuando el plan estuviera al descubierto, sería el momento de su jugada. Hasta entonces, debía tragarse el orgullo y serle fiel-. ¡Hola!

-¡Hola! –Piedmon se acercó a Yolei. La chica no sabía quién era. Le parecía raro ver a un payaso en la Ciudad Androide. Entonces cayó en la cuenta de que debía de ser un digimon.

-¡Hola! –respondió con educación.

-Qué extraño ver otro humano por este lugar. No sabíamos que había tantos humanos en el Digimundo.

-Qué extraño ver otro humano por este lugar. No sabía que había tantos humanos en el Digimundo.

-¿Otro? ¿Viste otro humano? –pregunto Yolei, preguntándose si sería Ken.

-Sí. Estaba en el techo de un edificio, junto a varios digimon y una cosa encapuchada. No nos agrada esa cosa. Siempre que la ven, comienzan las desapariciones.

-Sí. Estaba en el techo de un edificio, junto a varios digimon y una cosa encapuchada. No me agrada esa cosa. Siempre que la ven, comienzan las desapariciones.

-Nos encargaremos de que eso no vuelva a pasar –aseguro Yolei-. Pero necesito que me digas en que edificio los viste.

-Normalmente, no pediríamos nada por revelar esa información. Pero como es tan difícil encontrarse con humanos con estos tiempos difíciles, tendremos que pedirte un favor a cambio.

-Normalmente, no pediría nada por revelar esa información. Pero como es tan difícil encontrarse con humanos con estos tiempos difíciles, tendré que pedirte un favor a cambio.

-¿Un favor? –pregunto Yolei. Una idea bastante absurda, y realmente mal pensada, se le vino a la cabeza.

-No es nada difícil. Solo los humanos pueden cumplirnos este favor. Necesitamos la información contenida en sus dispositivos, los que llaman digivice.

-No es nada difícil. Solo los humanos pueden cumplir este favor. Necesito la información contenida en sus dispositivos, los que llaman digivice.

-¿Información? –la chica saco su D-3. No veía donde podía estar esa información que decía el payaso-. Por Ken, haré lo que sea. Toma esa información –extendió el digivice en dirección al digimon. Piedmon alzo las manos, en señal de decepción. Lyramon había hecho el movimiento. De alguna manera, habían controlado el cuerpo del payaso por un instante. Eso sí que ya se le antojaba intolerable.

-Lamentablemente, no podemos hacerlo así nada más. La protección sagrada nos lo impide. Debes renunciar a ella primero. Solo debes decirlo en voz alta con toda tu convicción y sucederá. Si dudas, piensa en esto como una prueba de tu amor por él.

-Lamentablemente, no puedo hacerlo así nada más. La protección sagrada me lo impide. Debes renunciar a ella primero. Solo debes decirlo en voz alta con toda tu convicción y sucederá. Si dudas, piensa en esto como una prueba de tu amor por él.

-¿Tanto se nota que hasta un digimon se da cuenta? –pensó Yolei, un poco abochornada-. Renuncio a la protección sagrada –no pasó nada. Por la cara de Piedmon, la chica se dio cuenta de que no estaba segura por completo-. ¡Renuncio a la protección sagrada! –aún había dudas. Yolei respiro unos instantes y se concentró-. ¡Renuncio a la protección sagrada!

Esta vez, si funciono. Los datos salieron a raudales del digivice, en dirección al payaso digimon. Simulo estar absorbiéndolos con sus manos, pero realmente tenía el digivice blanco en su manga. Por las risitas que emitía Lyramon, estaba bastante feliz. Ejercieron nuevamente su habilidad de control sobre Piedmon y señalo hacia un edificio.

-Los vimos allá. Te deseamos suerte.

-Los vi allá. Te deseo suerte –estaba a punto de marcharse, pero Yolei lo tomo del brazo.

-¡Espera! No me dijiste tu nombre.

-Solo soy un humilde servidor –respondió él. Hizo una leve inclinación, a modo de saludo, y se marchó caminando tranquilo. Ya tenía lo que necesitaba.


-¡Esfera de Energía! –Silphymon arrojo el ataque hacia LadyDevimon.

-¡Onda de la Oscuridad! –los dos ataque chocaron, anulándose mutuamente. La demonio estaba muy sorprendida-. ¡Es increíble! ¡Tú poder ha crecido mucho desde la última vez!

-Ahora tengo el anillo mágico. Mi poder es más grande. Te derrotaremos de nuevo si es necesario.

-Tal vez, pero eso no importa –alegaron ellos-. ¿No te diste cuenta de que tus compañeras han desaparecido?

-No… –susurro. Miro hacia abajo, pero no las vio en ninguna parte-. Si le hiciste algo a Yolei o a Kari, nunca te salvaras de mi ira –LadyDevimon se burló de su comentario.

-Tenemos otras cosas que hacer. Y deberías ir a revisar que paso con ellas. No les hicimos nada, pero no podemos hablar por otros digimon.

Silphymon vio como la demonio se alejaba volando. Salto de edificio en edificio, deseando con todo su corazón que la advertencia fuera un engaño. Nunca debió dejarlas solas.

-¡Kari! ¡Yolei! –llamo, pero sin recibir respuesta. Empezaba a desesperarse, cuando noto una mancha lila en el espacio metálico de la ciudad. Tenía que ser Yolei. Silphymon acelero lo más que pudo, y llego junto a ese edificio. Su compañera miraba hacia arriba, pensado en cómo podría subir-. ¡Aquí estas! ¿Y Kari?

-Detrás de… –miro a su espalda, pero no la encontró-. Se supone que debería estar detrás de mí. ¡Ken puede estar allí arriba! –señalo el techo del edificio. Silphymon asintió, la tomo en brazos, y dio un salto hacia arriba. En cuanto llegaron al techo, lo vieron.

-¡Ken! –Yolei se arrodillo junto a su novio. Le sintió los latidos, suspirando de alivio cuando los noto normales. Vio unas vendas en torno a su cuello. Toco su nuca, sintiendo unas pequeñas manchas de un líquido espeso. Cuando vio la sangre en su mano, casi vomito de la impresión-. Mi amor, ¿qué te han hecho?

-Tenemos que llevarlo con Joe. Él sabrá que hacer. Y hay que encontrar a Kari –la chica asintió. Recordaba donde estaba su amiga. Saco su D-Terminal para enviar un mensaje.


-¡Mega Flama! –la enorme bola de fuego impacto el pecho de Megadramon. Ya había recibido una docena de ataques de varios digimon distintos. La fuerza y tenacidad de ese enemigo eran superiores a todo lo que nunca habían imaginado.

-¡¿Nada lo detiene?! –pregunto Cody, apretando los puños. Todos sus compañeros estaban dispersos, buscando la mejor manera de derrotar a ese ultra digimon tan poderoso. El dragón corrupto vio cómo se reagrupaban para un ataque conjunto, y alzo el vuelo. A gran altura, lanzaron varios misiles en dirección a los jóvenes y sus digimon.

-¡Cuidado! –grito Tai. Todos se pusieron a cubierto donde pudieron, pero el ataque no llego a ellos. Montones de misiles detuvieron el ataque de Megadramon.

-¡Granadas de Destrucción! –docenas de Guardromon se aprestaban a defender su ciudad. La cantidad de ataques que impactaron en el digimon ultra fue exagerada. Sin duda, no podría levantarse después de semejante ataque.

-¡Muchas gracias! –les grito Davis a los Guardromon. Entonces, de entre la nube de humo generada por los misiles, volvió a surgir Megadramon. Estaban gravemente heridos, pero también locos de furia.

-Izzy, revísalo. Busca si tiene algo especial para resistir tanto castigo –sugirió Mimí. El joven pelirrojo asintió y saco su computadora. Encendió el analizador de digimon, y su rostro reflejo la sorpresa que tenía al leerlo.

-¿Virus corrupto? ¿Qué es eso? –todos los jóvenes se acercaron a ver a qué se refería. Era cierto, en la sección donde decía el atributo, estaba escrito Virus corrupto-. Se supone que es solo Virus. ¿Qué es eso de corrupto?

-No tengo idea, pero creo que eso es lo que hace que no se rinda –Michael miro a su Seadramon con una expresión de resignación. Tai y Davis comprendieron a que se refería.

-Tendremos que destruirlo. Renacer le reiniciara el cerebro. ¡Hay que rodearlo! –Tai señalo donde debían colocarse. XV-mon voló por encima del dragón metálico. Seadramon lo encaro. Kabuterimon lo rodeo a su espalda.

-¡Ahora! –ordeno Davis.

-¡Electroshock!

-¡X-Láser!

-¡Flechas de Hielo!

El triple ataque impacto de lleno en el digimon corrupto. Sus datos empezaban a dispersarse, pero fueron captados por el digivice corrupto. Los Niños contemplaron por primera vez los datos corruptos, en su tonalidad escarlata, y se preguntaron qué sucedía. Piedmon, escondido tras el Guardromon creado por Lyramon, absorbía los datos de vuelta. No podían perderlos, eran parte de ese raro plan maestro que estaba en marcha. Acto seguido, se marchó escondiéndose en las sombras.

-¡Yolei tiene a Ken! –grito Cody, leyendo el mensaje que le había enviado. Cuando reviso el resto, su expresión denoto preocupación-. Dice que Joe debe verlo de inmediato. Algo le paso.

-¡A toda velocidad, XV-mon! –Davis monto en su digimon, que tomo en brazos al joven de pelo azul. Aceleraron, para que se dieran cuenta de que no sabían adonde se supone que debían ir. Aterrizaron en la calle, mientras Joe empezaba a gritarles.

-¡Debiste pensar en eso antes de decirle a XV-mon que me agarrara! –se quejó Joe. Davis se rasco el cabello, pensando alguna excusa. Entonces, Silphymon aterrizo frente a ellos, con Kari sobre su espalda.

-¡Es por aquí! –indico la chica castaña. Davis y compañía los siguieron hacia el edificio, seguidos de cerca por los demás jóvenes.


-¡Ichijouji! ¡Despierta ahora! –estaba a punto de golpearlo, pero V-mon lo detuvo justo a tiempo. Joe le reviso la cicatriz de la operación, haciendo que varios palidecieran por el tamaño de la sutura.

-Quien hizo esto, sabía lo que hacía –dictamino el joven de pelo azul-. Hay que llevarlo a un hospital para ver si hay algo más, pero en términos generales parece bien. No sé qué le habrá pasado exactamente –trato de levantarlo horizontalmente. Davis y Tai lo agarraron por las piernas mientras Joe e Izzy lo levantaban de sus hombros. Mimí observaba la escena con una cara entre el asco y la preocupación.

-¿Qué malvado le haría algo tan horrible? –pregunto al aire.

-Ni idea –respondió Kari. Sostenía en sus brazos a Salamon, mientras un halo negruzco casi invisible la rodeaba. La voz continuaba susurrándole verdades atemorizantes. El pequeño cachorrillo notaba que algo extraño sucedía, pero no tenía ni idea de lo grave que era el asunto.

-Y LadyDevimon se nos escapó –Pururumon se arrastró por el piso, hasta que Yolei lo tomo en brazos. Salamon emitió un gruñido de ira.

-La próxima vez la acabaremos. ¿Cómo logro revivir otra vez?

-Myotismon también regreso dos veces –comento Tai.

-Según Gennai, eso sucede porque es un digimon fantasma especial con la capacidad de que sus datos se conserven mucho. Pero LadyDevimon es una digimon demonio, no fantasma. La primera vez regreso porque sus datos renacieron. Pero cuando fue destruida en el mundo real, se supone que sus datos debieron quedarse allí y no podrían regresar para renacer en el Digimundo –explico Izzy.

-Muchas palabras para algo muy simple –opino Davis. Vio que su lado se estaba cayendo un poco y levanto más a su amigo Ken-. Seguro logro volver de alguna manera. Pero seguro que Kari la destruirá otra vez. Ya tiene mucha experiencia –le sonrió a la chica castaña.

-Es más fuerte que la última vez que la enfrentamos –le respondió-. De algún lado saco más poder.

-Como esos digimon del campo de soccer y el Megadramon. Esto no es coincidencia –a Cody aún le hervía la sangre del incidente con T.K.-. Es como si alguien estuviera desapareciendo a esos digimon para regresarlos más poderosos.

-Larios –murmuro Tai, muy enojado.

-Ese tipo, o lo que sea, va a recibir una paliza –afirmo V-mon-. Wormmon se alegrara mucho de que hayamos rescatado a Ken.

-Seguro –Mimí sonrió-. Y, Yolei, hay algo que no nos dijiste. ¿Cómo encontraste a Ken en toda la ciudad? –puso una sonrisa pícara-. ¿Lazo de amor?

-No realmente –la chica no tenía razones para no mencionar a Piedmon. No sabía quién era-. Un digimon buen samaritano me dijo donde lo había visto. ¡Era tan gracioso con esa máscara negra y blanca! No sabía que existían payasos digimon.

Ante ese comentario, los niños elegidos originales y sus digimon se quedaron congelados. Tai trago saliva. No podía ser. Se suponía que estaba en otra dimensión, o donde fuera. Pero la duda calaba muy hondo en ellos.

-Yolei, ese digimon que dices, ¿tenía cuatro espadas cruzadas a la espalda? –pregunto Kari, totalmente paralizada.

-¿Cómo lo supiste? ¿Lo conocen? Solo me dijo que era un humilde servidor.

-Eso es lo que nos dijo antes… –susurro Mimí, mortalmente pálida. Aun recordaba la muerte de Chumon. Ese recuerdo nunca sería olvidado.


-Excelente trabajo –opino Lyramon, conversando con Andromon, Piedmon y LadyDevimon en su guarida secreta-. Obtuvimos los datos del D-3 negro, y como regalo los del D-3 rojo. Tenemos la Semilla de la Oscuridad, y parte de la información de MaloMyotismon. Además, ahora podemos abrir la puerta del otro mundo al que necesitamos ir.

-¿El Mar? –pregunto Piedmon, viendo a que iba todo el asunto. El digivice de Ken era el único que podía hacerlo.

-Sí. Ese era el objetivo principal de todo esto. Hay algo allá que necesitamos. Y aliados esperando a que les demos una mano. Pero hay otra misión que les debo encargar ahora mismo.

-¿Algo interesante? –pregunto LadyDevimon.

-Una búsqueda. Deben encontrar este castillo –levanto el digivice corrupto y mostró una imagen de una especie de palacio extraño. Tenía columnas y estrafalarios balcones. Era un tanto malévolo a simple vista-. Gracias a la señal de energía del D-3 de Ichijouji, pudimos obtener esta imagen. En este castillo se encuentra la Greba de la Bondad. Es una de las piezas más importantes para nosotros. Encontrarla es la prioridad de los tres. Nosotros aún tenemos una cosa más que hacer.

Los datos corruptos usaron una computadora para abrir la puerta. Los tres digimon observaron cómo cambiaba de forma, antes de pasar a través. Piedmon aguzo la vista para saber qué forma adoptaba, pero no lo logro. Entonces se dio cuenta de su secreto.

-¡Él mismo es el espía! Eso es lo que hace mientras no estamos. Se ha infiltrado entre esos niños. Pero, ¿quién es?


En una cancha de basquetball, T.K. Takaishi jugaba solo exhaustivamente. Le gustaba relajarse en ese lugar, solo, sin que nadie lo molestara. Normalmente, jugaba despacio, para poder pensar tranquilamente, pero hoy no quería pensar. Quería distraerse. No quería que su mente estuviera sin ocupar. Porque si eso pasaba, Kari aparecía en sus ensoñaciones. Y no quería pensar en ella.

No se le ocurría una mejor manera de sacársela de la cabeza. Era esto, o hablar consigo mismo. Y, después de que su madre lo había atrapado hablando consigo mismo solo, eso no era una opción. También la estaba preocupando a ella. Tenía que pensar en algo.

-¿Y si pensamos en otra persona? –le susurro esa vocecita interior suya.

-¿Pero en quién? –se respondió a sí mismo-. Para nosotros, nadie supera a Kari –se la había puesto otra vez en su memoria. Trastabillo y cayó al suelo. Ahora, ni hasta el basquetball le impedía pensar en ella.

-Pero hay alguien en quien pensamos mucho últimamente. Tal vez, le deberíamos dar una oportunidad.

-¿Quién? –lanzo la pelota a larga distancia, encestando un tiro de tres puntos. Un breve sonido de aplausos invadió el aire.

-Ella.

Junto al borde de la cancha, Sophia sonreía. Aplaudía lentamente, sin sacar su mirada de T.K. Sus bonitos ojos oscuros eran tan profundos y tan negros como la Oscuridad que controlaba su Esperanza.

Continuara…