Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Recuerdos de primavera
XXV
Naruto Uzumaki
Cuando Naruto se enteró que Sakura había empeorado de nuevo, no dudó en salir de su oficina rumbo al Hospital Central. Todas las reuniones programadas para ese día las canceló sin ni siquiera re ojear con quien había planeado las cuatro conferencias, las dos juntas diplomáticas y la entrevista para una revista importantísima que redactarían un artículo sobre los diez ninjas más influyentes de la actualidad. Su asistente Moegi casi le da un infarto cuando la dejó a cargo del papeleo y la reprogramación de sus actividades. Habitualmente, Naruto creaba una docena de clones de sombras para poder cumplir con los requerimientos que su puesto como Hokage le exigía. Pero ese día no estaba en condiciones de mantener ese jutsu, no cuando su hermana estaba internada en el Hospital luchando de nuevo por mantenerse en pie.
Caminaba bajó el manto de un cielo ceniciento. Había llovido durante gran parte de la noche y toda la mañana, y por lo visto, la tarde sufriría la misma suerte. Le tomó menos de lo que esperaba llegar al Hospital. Era un lugar fácil de encontrar al ser tan inmenso. La edificación en sí era sólida, de bases grandes y con cientos de ventanas de vidrio polarizado dispersas homogéneamente en los muros macizos que el mismo Naruto mandó a edificar.
Una vez atravesó la entrada donde las puertas se abrieron mecánicamente para él, recibió el saludo de todos los presentes con un asentimiento respetuoso de la cabeza bajo un silencio doloroso. Nadie se atrevía a dirigirle directamente la palabra, estaban al tanto de lo que había sucedido y de lo que Sakura significaba para él, por lo que unas palabras de condolencias no servirían de mucho.
Caminó por la entrada ondeando su capa de Hokage hasta divisarla cerca de la recepción. Como se lo imaginaba, Hinata estaba allí esperándolo con su paciencia infinita. Naruto sabía que ella había salido apresurada de casa, pues solo llevaba un vestido sencillo y su cabello atado en una coleta alta, un indicativo silencioso de su creciente preocupación hacía la situación tan delicada. Naruto lamentó enormemente haberle dicho la verdad a Hinata sobre el repentino deterioro de la enfermedad de Sakura. Hinata estaba al tanto que la salud de la Uchiha nunca fue estable, pero al enterarse que su enfermedad había tomado un camino sin retorno la deprimió hasta el punto de hacerla sentir culpable por no haber ayudado a su amiga lo suficiente.
El Uzumaki caminó con paso seguro hacía su esposa, recibiendo miradas indiscretas de las personas a su alrededor. Hinata se giró al sentirlo venir mostrando un rosto quebrantado y reafirmando lo que pasaba por la mente del Hokage. Estaba inquieta.
–Naruto-kun – le saludó con una voz apagada una vez llegó hasta la recepción.
–¿Cómo está? – susurró Naruto por lo bajo para que ella fuera la única que le escuchara.
–Tsunade-sama y Karin-san están atendiéndola en este momento. Creo que aún sigue inconsciente. No nos permiten el paso a la UCI.
Por ser el Hokage, esa restricción podía pasar a segundo plano con solo sentenciar una orden, pero no quería interponerse de esa manera. Naruto de ningún modo había sido un líder tirano, y aunque la desesperación crecía dentro de él, no estaba en sus planes pisotear las reglas del Hospital.
–Lamento que te enteraras tan tarde, Naruto-kun – regresó Hinata viéndole con aire de verdadero sentir –. Anoche en el festival te escuche decir que tenías mucho trabajo acumulado, es por eso que le pedí a Shikamaru-kun que no te dijera nada para así no preocuparte. Si necesitas molestarte con alguien es conmigo.
No había caído en cuenta que desde que salió de la torre del Hokage su rostro era una expresión de completo malestar. Ceño fruncido, labios tensos y mandíbula adolorida. No era para menos que estuviera así. La forma que llegó a enterarse de la situación de Sakura fue por mera casualidad, cuando un clon de sombras caminaba por la aldea ayudando a una anciana a llevar su mercado y ésta le contó que, cuando fue al Hospital esa mañana, vio a la doctora Uchiha convaleciente en plena emergencia. Siendo el líder de Konoha, detalles como esos no deberían pasar de largo entre el papeleo que llegaba a su oficina. Debieron de comunicarle lo sucedido de inmediato, en el mismo instante en que Sakura atravesó la puerta del Hospital. Y lo que más le dolía de entre todo, era que Hinata lo sabía y lo mantuvo oculto de él. Motivos sobraban para que Naruto odiara todo lo que conllevara a mantener una mentira.
–¿Has estado cuanto tiempo aquí? – preguntó el Uzumaki evadiendo la mirada de su esposa. Por duro que se viera, no estaba muy contento.
–Me entere en la madrugada, para ese entonces ya te habías ido a la oficina. Lleve a Hima-chan a la academia y Boruto dijo que vendría más tarde con Mitsuki. Ino-san llamó explicándome que había encontrado a Sakura-san inconsciente en las escaleras de su casa junto a Sarada. Luego la trasladaron de urgencias al Hospital.
Al escuchar el nombre de la hija de Sasuke, se sobresaltó levemente.
–¿Cómo esta Sarada?
–Shizune la recogió de la cafetería hace unos momentos y la dejaron en la sala de espera de UCI – bajó la mirada hasta sus pies –. Me preocupa muchísimo, creo que está muy desolada.
–Y más ahora que Sasuke se ha ido – resopló Naruto.
Hinata levantó el rostro y quedo pasmada en medio de la recepción.
–¿Q-qué? Pero… ¿Por qué?
–Ya envié a alguien a buscarle, espero que no haya ido tan lejos. Necesita estar aquí junto a ellas ahora más que nunca – los ojos perlas tan puros y nobles de Hinata estaban llenos de un desasosiego que hizo a Naruto relajar por primera vez el rostro. Ella era una persona sensible y al mismo tiempo la mujer más arraigada que jamás conocería, y verla tan preocupada le proporcionó el empujón que necesitaba para salir de ese cascaron indolente que se había forjado desde esa mañana –. Hablaremos de esto después – añadió luego de un sonoro suspiro –. Por ahora me gustaría hablar con Tsunade.
–Ino-san acaba de pasar por acá, me dijo que nos esperaría arriba junto a Sarada. Podemos ir a hablar con ella mientras Tsunade-sama termina de examinarla.
–Bien.
Naruto giró de camino al elevador.
–Naruto-kun – le retuvo la suave voz de su esposa.
–No estoy molesto contigo, Hinata – le reconfortó dando solo media vuelta sin poder ocultar su semblante quebrantado –. Pero no puedo estar tranquilo en este momento.
–Lo sé – susurró hasta llegar a su lado, tocando su mano de una forma tan familiar y cálida, siendo capaz de reconfortarlo con un sencillo contacto –. Solo quiero que sepas que estaré aquí si me necesitas.
Después de eso, Naruto pudo dibujar una pequeña sonrisa en sus labios.
–Gracias, Hinata.
Subieron a la cámara de metal sin separar su mano de la de ella y ascendieron hasta el quinto y último piso del Hospital. Unos cuantos encargados del lugar saludaban con mucho respecto al matrimonio Uzumaki, aunque la incomodidad de la situación era palpable y las palabras se veían cortadas cuando salían apresurados del elevador.
Hinata caminó fielmente a su lado cuando pasaron por el pasillo del temido quinto piso. Aquel lugar no tenía muy buena fama entre los médicos y enfermeras. Allí llegaban los casos delicados con diagnósticos desconocidos, esos donde la esperanza se evaporaba entre las mascarillas de oxígeno y el opaco sonido del monitor de signos vitales. El ambiente era sombrío, aun con tantas paredes blancas y con el piso perfectamente lustrado que hasta podía ver la silueta de sus cuerpos al caminar. Nada en ese lugar podía trasmitir anhelo, confianza o fe. Claramente aquel sitio era donde la gente acababa reunida en silencio a la espera de un milagro.
La sala de espera de la UCI estaba casi deshabitada. Los muebles azules hacían un contraste tan pobre con las muros que Naruto creyó podían ser del mismo color. Había una ventana grande que iba desde el techo al piso y ocupada toda la extensión de una pared. Era casi un repelente para cualquier que sufriera de vértigo. Sintió como Hinata apretaba con cuidado su mano para llamar su atención.
Naruto giró a ver a Ino sentada en uno de los muebles. Llevaba el cabello suelto que apartó con cansancio cuando llevó una taza de café a los labios y a dos almohadones de distancia, sentada viendo el panorama tras el cristal de la ventana, reposaba Sarada.
–Naruto – llamó Ino, impidiéndole que evaluara a la menor de los Uchiha con detenimiento.
La Yamanaka caminó hasta donde estaban, sosteniendo su preciada taza de café con ambas manos. El cansancio se veía incluso en la forma en que sus pasos oscilaban discretamente sobre el pulido suelo.
–¿Y bien? – preguntó Naruto casi en un susurro una vez Ino estuvo lo bastante cerca.
–Sin novedades – respondió, reafirmando sus palabras con una negación de la cabeza –. Tsunade-sama y Karin llevan un buen rato ahí metidas en la habitación de Sakura. Shizune sale de vez en cuando para buscar resultados y análisis, pero al parecer todo sigue igual.
–¿Cómo está…? – susurró Hinata sin poder continuar la pregunta, pero el resto quedo implícito.
–No ha hablado mucho – dijo la Yamanaka viendo de reojo a Sarada –. Creo que esta pensativa, y eso nunca es bueno.
–Boruto dijo que vendría más tarde. Será bueno que tenga a sus amigos cerca.
–Lo que necesita es alguien con quien hablar – agregó Naruto.
–Está confundida. Y… – Ino dudó en seguir.
Tanto Naruto y Hinata fruncieron un poco el entrecejo.
–¿Qué sucede, Ino-san? – inquirió la ojiperla.
Los finos dedos de la rubia jugaron con la taza. El café en su interior formaba líneas de humo blanco, como si fuera una escurridiza serpiente.
–Creo que está muy resentida, puedo sentirlo incluso cuando no pronuncia palabra alguna. Cuando estuve a punto de hablar de Sasuke sus ojos se llenaron de odio. Jamás la había visto de esa manera – confesó Ino sin poder quitar la mirada del líquido pardo entre sus manos.
–Esa niña ha vivido mentiras tras mentira – concretó Naruto apretando el puño oculto en su capa de Hokage –. Esto nunca debió pasar. Pudimos evitarlo.
–Sakura no quería que nadie se enterase de su situación – le defendió Ino sin muchos ánimos –. Incluso ha sido un misterio para las mismas personas de la aldea. Kiba, Rock Lee, Gai-sensei, Shino, todos ellos ignoraban lo que pasaba con ella. A unos pocos nos dejó saber lo que en realidad pasaba, y solo a unos cuantos la complicaciones que tuvo en los últimos meses.
Naruto escuchó como Hinata tragaba grueso antes de intervenir:
–Es verdad que… – de nuevo no pudo terminar la oración, el dolor se lo impedía.
–Sí, está muy complicada – compendió la Yamanaka, aun con la mirada ausente –. No hay rincón de su cuerpo que no se haya visto afectado por esta maldita enfermedad.
–¿Y el sello? – dijo Naruto haciendo que Ino elevara la cabeza casi espantada por su imprudencia –. Tranquila, Hinata está al tanto.
La Uzumaki asintió muy seria, relajando así la repentina tensión subyacente en los hombros de Ino.
–No tengo idea – miró hacía el pasillo que continuaba a las habitaciones bajo un letreo que rezaba en grandes letras rojas "No pase, solo personal autorizado" –. A pesar de todo, el sello siempre ha sido muy sólido, pero no es el momento de comenzar a ser descuidados. Por algo Karin está aquí.
Hubo un corto silencio, uno sobrecargado de rigidez, uno que Naruto no sabía si era a causa de su actual conversación o lo sombrío que resultaba ese lugar.
–No hay que perder las esperanzas – advirtió Ino sin sonar muy emocionada por ello. Tal vez ese horrible y tétrico ambiente aunado a la situación poco alentadora, no ayudara en lo absoluto en mantener la mente positiva.
–Jamás pensé que esto pasaría – dijo Hinata rompiendo débilmente la tensión.
–Nadie se lo esperaba – continuo Naruto, regresando otra vez a Ino cuando una nueva duda surgió en sus pensamientos – ¿Qué hay de los padres de Sakura-chan?
–Están en la oficina de la directora. Llegaron hace poco. Mebuki-san no ha parado de llorar, Kizashi-san ha intentado calmarla, pero creo que es imposible. Están aguardando a que Tsunade-sama se desocupe para hablar con ellos y explicarles la situación.
–¿Ellos no sabían de esto? – quiso saber Hinata.
Ino negó con la cabeza.
–Creo que eso es lo que más les ha golpeado – volvió a ver a Sarada. La niña no se había movido ni un centímetro de donde estaba –. Pensé que sería bueno que viera a sus abuelos, pero todo empeoró. Intenté separarlos de ella para no agobiarla con tantas cosas a su alrededor. Al menos Sasuke no está por estos lados para terminar de arruinarlo todo.
–Viene de regreso – anunció Naruto con bastante seguridad gracias a su poderoso jutsu de reconocimiento –. Esta cerca de la aldea.
–¿Q-que? – al balbuceo de Ino le siguió una palidez repentina –. Esto no es bueno para ella, está muy sensible después de lo ocurrido anoche, ver a Sasuke solo empeorara las cosas.
–¿Qué ocurrió anoche?
–No me ha dicho mucho, pero cuando las encontré en las escaleras de la casa, Sakura tenía una herida en la cabeza. Sarada le susurraba que todo iba a estar bien, que Sasuke no volvería a lastimarla.
Hinata abrió los ojos como platos.
–¿Dices que Sasuke-kun golpeó a Sakura-san? – preguntó.
–No lo sé – concluyó Ino encogiéndose de hombros con cansancio –. Solo te digo lo que vi.
Naruto se tomó unos segundos para ver a Ino detalladamente. El cabello estaba aplacado y el cuerpo rígido. La taza de café no era la única que había consumido, había manchas secas en su ropa que la delataban. De cualquier forma en que se viera, Ino no estaba en condiciones ni mentales ni físicas para continuar con su labor de guardián autoproclamado de la familia Uchiha.
–Te ves demasiado cansada, Ino-san – advirtió Hinata como si pudiera leer los pensamientos de su esposo –. Deberías tomar una siesta.
–No puedo. Kakashi-sensei dijo que llegaría hoy en cualquier momento y me pidió que le informara de cada detalle. Ha estado tan angustiado desde que supo la noticia, que regresara antes de lo previsto de sus vacaciones. Además – sin la necesidad de mirar a Sarada, susurró –, no puedo irme si ella aún está aquí. No puedo dejarla sola.
El rostro de Naruto no alcanzaba a demostrar expresión alguna. Después de convertirse en Hokage, su temperamento hiperactivo se vio aplacado por la seriedad que su posición como líder de la aldea le demandaba. Ahora se mostraba como un hombre inexpugnable, tenaz, seguro, sin que nada pudiera turbar su semblante de firmeza solidificada conforme los años transcurrían. Aún con ese caparazón indestructible que mostraba al resto del mundo, dentro de él existían sentimientos; ocasiones en las que penosamente podía mantener al margen esa cara estoica que tanto trabajo le tomó forjar. Y ver a Sarada allí, sentada mirando la ventana, pensar en su madre moribunda que la forzó a vivir en la ignorancia durante años, el tener un padre ausente que arrastraba un pasado tan frío como un tempano de hielo, estar consciente de que su familia se ha fragmentado de una forma que jamás podía volver a repararse una vez más. Todo aquello era demasiado, nadie merecía una vida plagada en mentiras. Esa era una de las pocas situaciones donde Naruto perdía un poco de ese rígido cascaron, y permitía dejarse dominar por sus emociones.
–Yo me hare cargo del resto, Ino – susurró el Uzumaki concentrado en Sarada a lo lejos.
Ino abrió los ojos, perpleja.
–Pero tienes demasiadas obligaciones, Naruto. Eres el Hokage.
–Y es por esa razón que me quedare – la mano de Hinata apretó la suya con delicadeza, enviándole su aprobación. Naruto se volvió hacia la Yamanaka –. Estaré todo el día aquí si es necesario.
El tono de voz fue concluyente, por lo cual Ino no tuvo más remedio que asentir, aunque no quedo muy gustosa con ello. Hinata deshizo el lazo que existía entre sus manos, dejando a Naruto un pequeño instante donde sus fuerzas se vieron disminuidas, pero la mirada en esos ojos perlas fue lo justo para renovarle.
–Estaré con los padres de Sakura-san – dijo Hinata acariciando su brazo en señal de apoyo.
Naruto pudo dibujar una diminuta sonrisa.
–Gracias, Hinata.
Vio cómo su esposa era escoltada por Ino hacía la oficina de Tsunade, esperando que pudiera reconfortar a Mebuki y a Kizashi de la misma manera que ella lograba hacerlo con Naruto, con tan solo un simple roce de manos.
Sarada en el mueble, seguía con la mirada perdida en las gotas de agua que comenzaban a morir hasta casi desvanecerse de aquella tarde. Naruto caminó hasta ella, con la capa ondeándole ligeramente por su espada. Fue entonces cuando Sarada reparó en su presencia.
–Hokage-sama – musitó con un hilo de voz.
Desde la corta distancia que los separaba, Naruto pudo apreciar lo que los engaños podían destruir en un ser humano.
–¿Viendo la lluvia? – preguntó, ocupando todo su concentración en no desviar la mirada de ese rostro adolorido que seguía observándole junto a esas esferas azabaches ausentes de esperanzas.
–¿Ha venido a ver a mamá?
Naruto asintió. Las gotas dejaron de caer, pero el cielo seguía igual que siempre, igual que el semblante de Sarada.
–¿Cómo te encuentras? – quiso saber en un tono neutro, sin sonar demasiado animado ni muy taciturno.
Sarada regresó la mirada a la ventana.
–Mejor que ella – musitó refiriéndose a Sakura.
Por un momento Naruto se mantuvo callado, compartiendo su sufrimiento en el silencio. Se imaginó por un instante a Boruto y a Himawari pasando por la misma situación que Sarada. Eso no hizo más que hacerle sentir más impotente, desequilibrando aún más su perfecto cascaron.
–Deberías comer algo, Sarada. Te ves muy cansada – apuntó Naruto serio.
–No tengo hambre – respondió mirándole por el rabillo del ojo.
Naruto frunció el cejo.
–¿Quieres hablar sobre lo sucedido?
–En realidad no, Hokage-sama – regresó la mirada hacía la entrada del Hospital que se exponía cinco pisos por debajo de donde estaban.
Naruto dio un paso al frente para observar lo que ella veía. Las personas desde esa altura, y tras el empañado vidrio de la ventana, se trazaban como delineaciones malogradas de un dibujante poco experimentado. Solo se podían distinguir varias sombrillas que protegían la cabeza de las personas de los vestigios de la lluvia. La diversidad de colores fue lo único que le daba un toque de vida a aquel día tan lúgubre.
Naruto ya lo había percibido desde hace mucho, incluso pudo determinar el camino que tomaron desde la entrada de la aldea hasta el Hospital, pero Sarada carecía de la capacidad de distinguir el chakra de las persona, razón por la cual, su mirada se crispó de golpe cuando lo vio llegar.
– ¿Qué hace él aquí? – escupió con los ojos inyectados en sangre.
Allá abajo, serpenteando entre las sombrillas, estaba Sasuke marchando unos pasos por delante de Shikamaru. Ambos caminaban con seguridad, ondeando sus capas empapadas por la lluvia hasta perderse en la entrada del Hospital. Naruto desvió los ojos hacia Sarada que tenía todo el cuerpo tenso, como si se estuviese preparando para entrar en batalla.
–Lo he mandado a llamar – respondió Naruto calmadamente.
Sarada desprendió su atención del vidrio empañado, devolviéndole a Naruto una mirada que comenzaba a nublarse en odio.
–¿Por qué? – rugió con fuerza.
Naruto frunció el entrecejo.
–Es tu padre, Sarada.
–Ese hombre no es mi padre – entrecerró los ojos –. Él nunca lo fue.
No pasó ni un minuto cuando el sonido del ascensor les advirtió de la llegada de Sasuke y Shikamaru. Sarada se colocó de pie con movimientos muy pensados, similares al de una maquina con engranajes complejos que estremecieron sus articulaciones hasta dejarla rígida a un lado de Naruto. Ambos llevaron instintivamente su atención a las dos siluetas que aparecieron en la sala de espera de la UCI.
Shikamaru fue casi directo a hablar con un par de enfermeras que se encontraban en la recepción, Sasuke le seguía de cerca, sin embargo sus ojos cambiaron de dirección hasta los de Naruto y Sarada generando un momentáneo desconcierto en su mirada.
–Te dije que no regresaras – bramó Sarada.
Las pocas personas que estaban sentadas en la sala, giraron a ver lo que sucedía. Sasuke quedó imperturbable en medio de la recepción, con el cabello goteándole frías lágrimas de lluvia.
Naruto percibió como el aura de Sarada se ennegrecía, como su chakra se descontrolaba.
–Vete – dijo la Genin con el cuerpo temblándole desde los pies hasta la coronilla. Un único parpadeo fue suficiente para mostrar un Sharingan de tres espirales en cada ojo – ¡He dicho que te fueras!
La gran mayoría de los espectadores dieron un respingo.
–Sarada – le susurró Naruto queriendo alertarla.
–¡No! ¡Esto no tiene nada que ver con ustedes! – gritó a voz populi, sin medir la intensidad con que se expresaba. Dio varios pasos al frente hasta acercarse a Sasuke, con los ojos bañados en lágrimas tan cristalinas que con el carmesí de su Dōjutsu daba la impresión que lloraba sangre –. ¡Eres una escoria! ¡¿Cómo te atreves a regresar?! ¡¿No tienes vergüenza de lo que has hecho?! ¿Eh? ¡¿QUIEN DEMONIOS TE CREES PARA VERLA DE NUEVO?!
–Cálmate, Sarada – le pidió Naruto acercándose hasta ella, a punto de sostenerla por el brazo, pero Sarada dio otro paso hasta Sasuke que seguía inexpresivo en medio de la sala.
–Lárgate de aquí – le ordenó autoritaria, permitiéndole a las lágrimas continuar rodando por sus mejillas – ¡MALDICIÓN! ¡VETE DE UNA VEZ POR TODAS!
–¡Sarada! – vociferó Naruto haciendo temblar el lugar.
Los familiares de los pacientes seguían ahogando un gritillo en sus gargantas mientras veían mudos la escena; Shikamaru les susurró algo a las enfermeras que salieron como bólido hacia lugares opuestos mientras que Sasuke continuaba con la mirada fija en Sarada que aún sostenía el Sharingan en sus ojos.
En un breve instante, Shikamaru intercambió una señal con Naruto y éste pasó la mirada hacia su mejor amigo. El mayor de los Uchiha lo recibió impertérrito, ocultando de una manera tan inhumana el dolor que todo aquello debía estar causándole.
Naruto caminó hacia el frente y se interpuso entre Sarada y su padre.
–Sígueme – le dijo a la Genin y persiguió el camino que una de las enfermera había tomado. Al no sentir las pisadas de Sarada alcanzándole, giró el rostro para mostrarle un perfil grave –. Es una orden, Sarada.
Mantuvo la marcha cuando unas rítmicas y cortas pisadas le hicieron compañía a las suyas. Atravesaron el pasillo sin intercambiar palabra. Sarada le seguía fielmente mientras que Naruto lideraba el camino hasta toparse con las escaleras. Una de las enfermeras les esperaba con un deje de temor, abrió la puerta que les separada de la azotea permitiéndole el paso al Hokage y a la hija de Sasuke. Antes de perderse escalones arriba, Naruto se volvió a darle un gracias silencioso a la mujer para apaciguar su nerviosismo.
Había una puerta al final. Era de hierro viejo y oxidado. Cuando remodelaron el Hospital Naruto pidió que la azotea permaneciera igual que siempre, un simple capricho que se concedió como Hokage. Salieron entonces hacía el aire libre, dejando un rechinar molesto al abrir la puerta y recibiendo un aroma de tierra humedecida como bienvenida.
–¿Tienes frío? – peguntó Naruto deteniéndose a un lado de Sarada sin llegar a ver su rostro oculto entre mechones de un denso color negro.
–No – le escuchó decir.
El Uzumaki asintió y caminó hacia el borde, donde la baranda limitaba una caída estrepitosa hasta la entrada del Hospital. El cielo compuesto en insistentes nubarrones comenzó a placarse, pero la densidad de las nubes no se iría tan rápido. Sin embargo, los cientos de árboles de Cerezo que habían florecido hace unos días engalanaban la aldea de una manera inusual, opacando pobremente la tristeza de aquella tarde. Naruto observó todo con cierta nostalgia. Un aire helado le congeló los pulmones y se dejó llevar un instante por la sensación de quietud que había en aquel lugar.
Cuando pasaron casi tres minutos, escuchó como Sarada alzaba la voz.
–Lamento mucho lo que acaba de ver, Hokage-sa…
–Aquí fue la primera vez que pelee seriamente con Sasuke – le interrumpió sosegado por el clima tan embriagador que había en aquel sitio.
–¿Disculpe?
Una bandada de pájaros realzó vuelo desde su escondite hasta perderse entre unos edificios a lo lejos. Naruto respiró hondamente.
–En aquel entonces Sasuke y yo éramos Genin y no nos llevábamos muy bien. De hecho, nunca nos llevábamos bien, peleábamos por cualquier estupidez'ttebayo – por simple inercia, forjó una sonrisa triste –. Intente acabarlo aquí, al igual que él intentó hacerlo conmigo. Sakura-chan quiso detenernos interponiéndose entre nosotros… casi muere en el fuego cruzado. Kakashi-sensei nos salvó a los tres esa vez.
Su respiración era tranquila y seguía el compás del viento a su alrededor.
–¿Por qué me cuenta todo esto? – preguntó Sarada, regresando su tono de voz al mismo que le había escuchado cuando la encontró en la sala de espera.
–Todos tenemos derecho a enfadarnos alguna vez, Sarada – susurró aun sin devolverle la mirada –. Estoy convencido de que tienes razones infinitas por las cuales odiar a Sasuke, pero ¿Estas completamente segura de condenarlo sin saber su historia?
Al no responderle, Naruto dio la vuelta para poder estudiar la expresión de la niña. Aguardaba en medio de la azotea, a menos de tres metros de distancia de donde él estaba. Sus ojos ya no estaban teñidos en aquel color carmesí, y no lo decía solo por su Sharingan, en su mirada ya no moraba esa sacudida de odio que nació una vez se encontró con su padre.
Ella elevó la quijada hasta clavar su atención en Naruto.
–Es tiempo de que conozcas la verdad, Sarada – le dijo seriamente.
–¿La verdad? – repitió la pelinegra sin poder ocultar un súbito escalofrío.
–Odio las mentiras y esta en particular ha llevado demasiados sufrimientos como para no salir a la luz.
Aunque el color de su iris era tan espeso que difícilmente podía diferenciarlo de la pupila, Naruto pudo ver como se dilataban los ojos de Sarada, reflejando su consternación. Podía leer sus pensamientos con solo verle al rostro lleno de incertidumbre, de dudas, repleto de vacilaciones.
–¿Estas dispuesta a escucharla? – preguntó Naruto.
Sarada llevó ambas manos hacia el pecho y apretó con fuerza la tela de su camisa. En su cuerpo tembloroso se veía la debilidad de una simple niña de trece años, pero en su mirada yacía el anhelo de conocer la verdad.
–¿De qué está hablando, Hokage-sama?
–Todo este tiempo te han ocultado muchas cosas, Sarada. Debo admitir que incluso yo he sido cómplice de esta locura, pero hoy he decido a abrirte los ojos hacia la realidad – el Uzumaki frunció el cejó, dejando que la capa se moviera libremente con la siguiente oleada de aire primaveral –. Es tiempo de que conozca la verdad tras la historia de tus padres.
Ante sus palabras, Sarada lo único que hizo fue mantenerse increíblemente tiesa, a la expectativa de lo que fuera que iba a surgir de esa conversación y Naruto tomó aquello como una respuesta positiva para seguir con algo que prometió nunca revelar.
–¿Sakura-chan te ha contado historias de su viaje junto a Sasuke?
Sarada parpadeó, seguro no esperaba una pregunta sino más bien respuestas.
–Unas pocas – tartamudeó.
–¿Sabes quién fue Akaoshi? – soltó de golpe Naruto.
–Sí – afirmó Sarada aun sin entender a donde iba la conversación. Naruto esperó unos segundos mientras ella aclaraba su garganta –. Akaoshi fue el cabecilla de Shinsei – explicó –. Una organización encargada de la aniquilación de personas que carecían de habilidades ninja. Atrajo a mucha gente consigo con ese propósito, pero en realidad necesitaba ayuda para poder cumplir su verdadero propósito que era alcanzar la inmortalidad. Asesinó a muchas personas para conseguir más almas y poder negociar con La Parca, y así nunca morir… – detuvo su relato para arquear una ceja hacia Naruto –. Pero ¿Qué tiene que ver todo esto con la verdad?
–Tiene todo que ver – le explicó muy serio –. Porque el día de la muerte de ese sujeto fue cuando todo comenzó.
–¿La muerte de Akaoshi?
El Uzumaki profundizo su mirada.
–Akaoshi no es su verdadero nombre. Todo es una mentira que le hemos hecho creer a Sakura-chan desde hace más de trece años.
Para ese momento el temblor de Sarada se había intensificado.
–¿Q-qué?
–Su verdadera identidad es Akao Yakushi – expuso Naruto –. Akao fue un niño sin padres que creció en un orfanato bajo la tutela de una joven monja llamada Nonō Yakushi. Vivió por mucho tiempo en aquel lugar junto a otros huérfanos, entre ellos un niño llamado Kabuto. Ambos eran inseparables, tal vez porque experimentaron en carne viva las tragedias de la guerra y lo efímera que puede llegar a ser la vida humana. Una amistad en tiempos tan duros puede llegar a ser la más fuerte de todas. Y así fue. Los dos compartían ambiciones que solo el dolor de una guerra podía crear en un ser humano. Ambos deseaban descifrar el extraño acertijo de la eternidad. A pesar de su infantil y, para ese entonces, inofensivo sueño fue creciendo hasta invadir la mente de ambos. Pero un día sus caminos se separaron. Kabuto fue absorbido por la raíz ANBU y Akao continuo su vida en el país de la Cascada.
»Pasaron los años y ninguno se volvió a encontrar, sin embargo algo que no estaba en los planes de Akao sucedió. Una extraña enfermedad comenzó a destruir poco a poco su cuerpo. Al ser educado bajo las doctrinas de su querida madre Nonō Yakushi, era muy diestro en el conocimiento del arte médico, pero nada de lo que hacía daba resultado. Su plan para alcanzar la inmortalidad menguaba peligrosamente. Sus estudios e investigaciones no serían completados a tiempo. Es por eso que pidió ayuda a su apreciado hermano Kabuto, la única persona que aun confiaba y que seguía persiguiendo el mismo deseo que él.
»Escuchó rumores de que Kabuto estaba trabajando con Orochimaru, uno de los tres legendarios Sannin que codiciaba un mismo sueño en común. Una vez lo hubo localizado, Akao fue con Kabuto y le explicó de qué trataba su investigación. Kabuto quedo muy impresionado por los avances de su querido hermano adoptivo, pues aquello era una jugosa información para Orochimaru y más para la situación en que se encontraba pues, unos meses atrás, el tercer Hokage le había profanado una maldición que no permitía a Orochimaru utilizar sus brazos. Hicieron entonces una tregua: intercambiarían datos con tal de beneficiarse uno del otro creando lo que se conoció como el proyecto "Eien". Sin embargo, con lo que Akao no contó fue que sería traicionado por Orochimaru y también por su leal secuaz… su muy apreciado hermano Kabuto.
»Akao escapó de la trampa que le tendieron ambos traidores en el país del Té. Por poco y muere en el intento, pero se las ingenió para salir de los colmillos de la serpiente. Fue así como conoció a Tsunade-baachan. Estaba moribundo en un pueblo de camino a Konoha y ellos le encontraron. En aquel entonces Tsunade era Godaime Hokage y tuvo que salir a una reunión importante en el país del Té. De regreso, mucho antes de llegar, se topó con Akao. Tsunade no quería dejarlo medio muerto a mitad de la carretera, así que lo llevó a un posada y lo cuidó por un tiempo. Los que le acompañaban no se dieron cuenta de quién era en realidad aquel sujeto. En ese año Akao no figuraba ni siquiera en el libro Bingo, ni su nombre era de importancia, además de que él no llegó a utilizar el apellido Yakushi ante ninguno, por lo que no le dieron tanto valor. Pero Akao fue mucho más astuto y se aprovechó de los conocimientos de Tsunade-baachan, sonsacándole información sobre su Byakugō no In. Una vez que obtuvo lo que quería, escapó. No dejo rastro alguno. Le buscaron por unos días, pero no consiguieron nada. Como estaban cortos de tiempo, pues el Hokage no puede permanecer ausente tanto tiempo de la aldea, dejaron el asunto hasta ahí y regresaron a Konoha. Después de eso no se supo nada de Akao por mucho tiempo.
–No… no tiene sentido – interrumpió Sarada queriendo enlazar las historias por su cuenta pero lo veía imposible – ¿Por qué mi mamá le llama Akaoshi si su verdadero nombre es Akao Yakushi? ¿Por qué debo saber la historia de este sujeto para conocer la verdad? ¿Qué tiene que ver todo esto con mis padres?
–Es importante que entiendas quien fue Akao, de donde vino y porque hizo lo que hizo – Naruto la observó un instante –. Te dije que al morir ese sujeto fue cuando las mentiras comenzaron.
–¿Las mentiras?
Naruto se cruzó de brazos, buscando la manera de controlar esa quimera hecha a base de farsa y engaños y así poder desenlazar todo aquel nudo de problemas.
–Como muy bien lo dijiste, Akao consiguió la clave para la inmortalidad a través del Byakugō no In de Tsunade-baachan, modificándolo a su antojo. Negoció entonces con La Parca, dándole miles de almas en compensación de la suya propia ¿cierto?
Sarada asintió.
–En ese caso – prosiguió Naruto –, si Sakura-chan te contó sobre su primera misión con Sasuke en el país de la Cascada para derrotar a Akao, debió hablarte sobre la pelea que tuvo contra él.
Sarada se cruzó de brazos con fuerza, pero Naruto pudo ver que ese gesto era simplemente para encubrir el temblor en sus manos.
–Recuerdo un poco sobre eso – dijo la niña rebuscando entre sus memorias a una velocidad vertiginosa –. Si… mamá me lo contó… creo que ella le tendió una trampa a Akaoshi... perdón, a Akao, utilizándose ella misma como carnada y bloqueando el Byakugō no In de ese sujeto haciéndole un sello en la frente. Terminó por morir cuando Sasuke lanzó su katana y le atravesó el pecho.
–Eso no sucedió – contraataco el Uzumaki con vehemencia mientras que Sarada controlaba su expresión de sobresalto.
–¿Qué dice, Hokage-sama?
Naruto tragó grueso. A partir de aquí no había vuelta atrás, desde este punto en adelante se adentraría a terreno peligroso, pero no le importaba. Ya su cascaron de indolencia se había desintegrado y las mentiras acabarían ahora.
–Akao no murió en manos de tus padres. No de esa manera – Naruto distrajo su vista hacia la panorámica que se exponía alrededor de la azotea –. En realidad Akao estaba seguro de que moriría ese día. Había gastado demasiado su cuerpo. Un ser humano no es contenedor suficiente para tantas almas. Estaba entrando en la locura, y sus energías eran consumidas por las voces de todos lo que alguna vez asesinó. La única forma de permanecer en este mundo era traspasando su alma a otro cuerpo, dejando que el suyo propio fuera consumido por los lamentos de aquellos que mató. Y el cuerpo más cercano que tenía ese día era el de Sakura-chan.
–¿Qué-e? – tartamudeó Sarada a su espalda – ¿Esta tratado de decir que dentro de mi madre está el alma de Akao?
–Akao lo intentó, pero no pudo hacerlo – respondió rápidamente, creyendo que de esa manera aliviaría la angustia de Sarada. Un pensamiento inútil sabiendo que lo que venía a continuación era peor de lo que ella pudiera imaginarse –. Sakura-chan es una persona muy fuerte. Batalló internamente con Akao, pues éste deseaba apoderarse de su cuerpo a toda costa. Nadie sabe lo que sucedió con exactitud, pero lo cierto es que Sakura-chan lo venció tanto en mente como en alma. Sin embargo, a pesar de todo lo que ella hizo para evitar que Akao obtuviera su cuerpo, él dejó una parte de sí mismo dentro del cuerpo de Sakura-chan.
–¿De qué cosa esta hablando, Hokage-sama? – dijo Sarada hacia el viento.
Naruto tomó aire y se aferró con fuerza a la baranda de hierro.
–Le transfirió todos sus recuerdos. Desde la primera muerte hasta la última que una vez Akao hubo presenciado o realizado. Las imágenes más sangrientas y horribles que un humano podría resistir. Torturas y sacrificios infringidos en niños y ancianos, en mujeres y hombres. Todos los experimentos atroces que Akao había ejecutado para conseguir la clave de la inmortalidad.
Aun de espaldas a Sarada, Naruto aguardó un instante, esperando que ella pudiera procesar lo que había dicho.
–E-esto es... esto es horrible – hubo un corto silencio donde Sarada intentaba controlar su adolorida garganta –. Si lo que dice es cierto… que Akao introdujo sus memorias en la mente de mamá ¿Cómo es posible que ella haya vivido todo este tiempo con esos recuerdos?
–Porque Sakura-chan no los tienes.
–¿C-cómo? ¿De qué está hablando? ¿Por qué no lo recuerda?
Naruto elevó la quijada hacia el cielo donde los rayos del sol luchaban por atravesar las densas nubes que seguían untando el día en una afligida tarde de primavera.
–Porque así lo decidió tu padre.
–¿Sasuke? – susurró Sarada.
–Luego de la batalla con Akao, por órdenes de Kakashi-sensei, tus padres se fueron de misión por un largo tiempo. Era su primer trabajo juntos después de años sin haberse encontrado – reveló Naruto y al no verse interrumpido, prosiguió –. Las primeras semanas de viaje Sasuke se percató de algo. Al principio era simple deducciones, sin embargo poco a poco se dio cuenta que Sakura-chan estaba actuando extraño. Lloraba mientras dormía, tenía con frecuencia muchas pesadillas y se despertaba en medio de la noche susurrándose cosas para calmarse. Sufría de un terrible insomnio que la debilitaba cada día más. No era la misma Sakura-chan de antes, y Sasuke lo sabía.
–Durante ese tiempo llegaron a un pueblo llamado Gan'u en busca de una delincuente llamada Yūhi – agregó Sarada rápidamente, como si los recuerdos regresaran a su mente apuñaleándola con fuerza. Naruto se volteó a verla con un deje de impresión, recibiendo la mirada sobria de la menor de los Uchiha –. Mamá también me contó esa historia, Hokage-sama.
–¿Sabes quién fue Yūhi? – le interrogó deshaciendo su momentánea perplejidad. No se imaginaba que Sakura le hubiese contado esa historia también.
–Creo que sí. Era una mujer que provenía de dos clanes de aquí de la aldea. Su madre era una Yamanaka y su padre venía de la misma familia que Kurenai-san. Son dos clanes muy poderosos, uno trabaja a base de manipulación mental y el otro con Genjutsus muy fuertes – Sarada aprisionó aún más sus brazos contra el pecho –. Recuerdo que Yūhi fue la culpable de borrarle la memoria a todas los habitantes de Gan'u con un poderoso jutsu mezclando los conocimientos de sus padres.
–Exactamente – consintió Naruto, sin desviar la mirada de Sarada –. Sakura-chan y Sasuke fueron a Gan'u en busca de Yūhi para poder llevarla ante la justicia. Pero en ese momento Sakura no estaba en buenas condiciones, como te he dicho estaba muy distraída y sus problemas de sueño aumentaban cada vez más.
»Con todo esto pasando, una noche mientras descansaban en una posada, Sasuke decidió utilizar su Sharingan en Sakura-chan para descubrir de una vez por todas que era lo que le sucedía. Lo que halló fue lo más horroroso que algunas vio en su vida, y conociendo a tu padre es muy difícil que algo lo altere con facilidad. Eran los recuerdos de Akao Yakushi, esos era lo que atormentaban a tu madre todas la noches – esta vez Naruto no pudo seguir observando a Sarada, por tanto tuvo que desviar la mirada de nuevo al borroso cielo –. Al reconocer la causa del insomnio, Sasuke se encargó de extinguir todo los recuerdos que Akao Yakushi había introducido en Sakura-chan, borrándolos de su memoria para siempre.
»Al principio no sabía cómo hacerlo. Pensó en utilizar un Genjutsu para bloquear esa parte de sus recuerdos, pero solo lo utilizaba de manera momentánea teniendo resultados temporales. Sakura-chan le había demostrado el día en que derrotaron a Akao que ni su más poderoso poder ocular podía contra ella. Si llegara a utilizarlo de manera permanente tarde o temprano Sakura-chan descubriría lo que él había hecho y rompería el Genjutsu para de nuevo desatar todas esas calamidades que atentaban contra su salud. Sasuke no sabía qué hacer, quería ayudarla pero estaba atado de manos.
»No fue sino hasta que enfrentaron por fin a Yūhi que pudo concretar un plan más sólido. Con solo el Sharingan de Sasuke no podría destruir esos recuerdos, es por eso que tomaría en cuenta el mismo jutsu con que Yūhi manipuló las mentes de los habitante de Gan'u. Utilizaría los conocimientos de los Yamanaka y las habilidades oculares de los Uchiha para destruir los recuerdos desde la raíz y así Sakura-chan nunca se percataría de lo que había sucedido.
»Por unos meses Sasuke me pidió en secreto todo lo que sabía de los Yamanaka. Me contó la situación de Sakura-chan y cuál era su plan. Yo le ayude a desarrollarlo, con apoyo de Ino y su familia. También nos auxilió Kurenai-sensei sobre los Genjutsus de su clan y lo que pudieron sonsacar del interrogatorio de Yūhi una vez fue trasladada a Konoha para presentar cargos por sus actos criminales. Armamos una increíble red de información. Trabajamos sin descanso por semanas, muy pocas personas fueron las involucradas en todo esto porque Sasuke así lo quiso. Prefería mantener toda esa investigación bajo perfil. Y antes de que acabara el invierno, Kakashi-sensei completó la pieza faltante para terminar el sello definitivo.
Una nueva brisa helada les atravesó a ambos, pero el temblor que suscitaba en el cuerpo de Sarada estaba lejos de ser causado por el frio a su alrededor.
–Quiere decir… – se atrevió a hablar con cierta dificultad –. Quiere decir que mamá está bajo un sello para olvidar los recuerdos que Akao Yakushi depositó en ella.
–No solo para olvidarlos – le corrigió Naruto –, Sasuke hizo más que eso con los recuerdos de Sakura-chan.
–¿Q-qué hizo Sasuke?
Naruto no necesitaba leer su mente para reconocer el terror infundado en esa pregunta. Luego de recuperar un poco de ese aire puro y frío en los pulmones, se atrevió a girar la cabeza hacía ella.
–Sasuke modificó ciertos detalles de las memorias pasadas de Sakura-chan para que jamás conociera quien fue el verdadero Akao Yakushi – soltó Naruto, demasiado duro, demasiado severo –. Tu padre quería que ella olvidara todo lo relacionado con ese sujeto, es por eso que modificó algunas cosas, como por ejemplo el verdadero nombre de Akao.
Sarada descompuso el cruce de sus brazos al dejar los labios entreabiertos por la sorpresa.
–Es por eso que mamá le llama Akaoshi – concluyo la Genin.
–Sasuke no quería que Sakura-chan olvidara recuerdos tan importantes como su primer encuentro, como ella sanó sus heridas y salvó a muchos de la masacre que Shinsei había hecho, pero tampoco se podía arriesgar a que indagara en la historia de Akao. Es por eso que modificó su nombre en su memoria, transformando a Akao Yakushi en Akaoshi, al igual que cualquier recuerdo de sus pesadillas, noches sin dormir y sus días tristes. Toda la historia que tu madre te contó sobre Akaoshi es verdad, cada parte de ella. La única diferencia que existe entre la historia real y la versión de Sakura-chan, es que a esta última le faltan espacios, ciertos sucesos, lagunas que Sasuke creó con tal de bloquear a través del sello todo la verdad referente a Akao Yakushi – soltó una fuerte y profunda bocanada de aire –. Él erradicó lo que estaba destruyendo a Sakura-chan para poder salvarla de su sufrimiento.
–¿Por qué Sasuke hizo todo esto? – preguntó Sarada al asecho.
Naruto entrecerró lo ojos. La voz que uso para referirse a Sasuke fue fría, más que la brisa que seguía acariciando sus mejillas.
–Creo que la respuesta es evidente, Sarada – dijo el Uzumaki con severidad.
Ante él, la mirada de Sarada se tornó oscura y desesperada.
–No, no lo es – sus ojos azabaches estaban llenos de lágrimas cristalinas, pero ninguna brotó de entre sus parpados –. Él no la ama, nunca lo ha hecho ¿Cómo puede pensar que esa es la razón por la que ayudo a mi madre, Hokage-sama? No tiene sentido, nada de lo que me ha dicho tiene sentido. Sasuke no es más que una escoria. Jamás se preocupó por nosotras, nunca estuvo atento a lo que sucedía con su familia ¡Ni siquiera sabía que ella estaba enferma!
Naruto se alejó de la baranda para enfrentarse de lleno a esos turbios ojos que solo la desesperanza del corazón de un Uchiha podía reflejar.
–Estas equivocada, Sarada – le cortó inflexible –. Sasuke sabe desde hace mucho tiempo de la enfermedad de Sakura-chan.
–¿Qué-e? – balbuceó Sarada palideciendo de repente.
–¿Sabes que tu padre me matara si te digo lo que te voy a decir? – reconoció Naruto agotado, relajando sus tensos hombros y masajeándose el puente de la nariz –. Mira, la imagen que te has creado de Sasuke está totalmente errada. Él es, sin lugar a dudas, un completo idiota, en eso estamos de acuerdo ¿no? Pero es el idiota más valiente que alguna vez he conocido en mi vida – respiró hondo, controlando su alborotado temperamento antes de continuar –. Luego de que todo el asunto de los recuerdos de Akao Yakushi se hubo resuelto, Sasuke y Sakura-chan continuaron con su eterna misión. El insomnio había desaparecido, la salud de Sakura-chan estaba mejorando. Por fin todo había vuelto a la normalidad, todo gracias al sello. En ese tiempo se casaron y quedaron embarazados de ti. El día que naciste ambos tuvieron que buscar refugio y no les quedo de otra más que llegar a una de las guaridas de Orochimaru. Ahí residía una antigua compañera de Sasuke llamada Karin. Creo que ambos la recordamos muy bien – Naruto elevó una ceja para hacerle recordar aquella vez hace unos meses atrás cuando Sarada pensaba que Sakura no era su verdadera madre. La Uchiha frente a él desvió la mirada. Naruto se encogió de hombros y prosiguió–. En fin, Karin accedió a atender el parto de Sakura-chan más que por petición del Teme fue por un favor que debía pagar cuando Sakura-chan le salvó la vida. Fue por eso que Karin atendió el parto y ahí naciste tú – entrecerró los ojos formando dos líneas celeste en ellos –. El problema fue lo que sucedió durante el alumbramiento.
Sarada se mostraba alerta. Naruto aclaró su garganta para continuar.
–Cuando las mujeres dan a luz, cualquier sello que lleve consigo se debilitara y el que Sasuke había hecho en Sakura-chan no era la excepción. El Teme estaba al tanto de esto por lo que no sabía a quién más acudir que a Karin. Ella es una especie de "medic-nin" que podía fácilmente atender el parto, además de que es una experta en sellos por lo que actuaría rápidamente si las cosas se salieran de control. En ese momento era su mejor y única opción.
–Entonces – meditó Sarada –… si el sello se debilitó durante el parto ¿los recuerdos de Akao que estaban reprimidos en la mente de mamá regresaron a ella otra vez?
Naruto negó con la cabeza antes de confirmarlo con palabras.
–No regresaron, peor aún – susurró con desprecio –. Akao había dejado dentro de Sakura-chan no solo sus memorias si no también lo que le había obligado a apresurar su investigación a toda costa – hizo una pausa controlando el gruñido que siguió después –. Akao le transmitió su enfermedad.
El pánico se estableció en el rostro de Sarada de una forma que hizo a Naruto sentir un puñal atravesándole el estómago. Todo esto era demasiado para ella, pero debía continuar, aun cuando el dolor que trasmitía la frágil niña al frente de él fuera una especie de tortura.
–¿S-su enfermedad...? – repitió la Uchiha con un hilo de voz.
–Con el sello que Sasuke hizo en Sakura-chan controló de alguna manera que la enfermedad no se manifestara. Como ya sabes, la finalidad del sello no solo era reprimir los recuerdos de Akao, sino también borrar todo lo referente a él. Y, aunque nadie sabía que ese sujeto había introducido algo más dentro de Sakura-chan, la enfermedad no podía expresarse ya que el sello la reprimía. Es por eso que antes de tu nacimiento ninguno sabia de su existencia.
»Luego de que llegaras al mundo Sakura-chan no tuvo manifestación de síntomas, todo lucia normal. Pasaron los primeros dos meses luego de que nacieras y Sakura-chan convenció a Sasuke de vivir en Konoha. El Teme no le gustó mucho la idea, pero al fin y al cabo terminó por aceptar su petición, y ambos regresaron para quedarse. No sabes el susto que pasamos cuando los vimos llegar con un bebe en brazos. Nadie se imaginaba que se casarían y mucho menos que tuvieran una hija. No lo tomes a mal, pero tu padre es arrogante y estúpido, no sé qué vio Sakura-chan en él – dijo Naruto negando con la cabeza –. Una vez los tres llegaron a la aldea compraron una casa para vivir, cuidaban de ti e incluso fueron al nacimiento de Himawari. ¡Después de tanto tiempo Sasuke regresaba a Konoha!... Pero las cosas no duraron mucho – su voz se apagó por completo cuando susurró hacia Sarada –. Tú tenías tres años cuando todo sucedió.
Faltaba poco para que el sol terminase en las lejanías del oeste. El cielo de aquel día de verano estaba teñido en matices naranjas y rojizos, como si las alargadas nubes estuvieran incendiándose. El mismo efecto en el cielo se veía entre los columpios del parque donde Hinata mecía a un ruidoso Boruto, mientras que Sakura-chan le imitaba empujando la silla de Sarada. Las risas de los dos niños inundaron el aire a su alrededor sin despertar a la pequeña Himawari, que seguía durmiendo en el coche que Naruto vigilaba receloso a un lado del banco donde estaba sentado. Observó como el diminuto pecho de su hija subía y bajaba en respiraciones cortas, asegurándole que su sueño difícilmente sería interrumpido por los ruidos de su hermano mayor y de su amiga Sarada.
Naruto sintió como un peso muerte caía a un lado de la madera donde Sasuke había tomado asiento con cara de pocos amigos.
–Jamás volveremos a ir a ese lugar – decretó el Uchiha seguido de esa clásica irritación que comenzaba a hacer un efecto permanente entre sus cejas en forma de arrugas.
–Oh, vamos. No fue tan malo – le clamó Naruto golpeando con fuerza el hombro de su amigo, pero éste lo recibió con una mirada asesina que hizo retractar al Uzumaki de su afirmación –. Está bien, si lo fue. Pero nos divertimos bastante.
Habían ido a una heladería cercana a la floristería de los Yamanaka. Era un lugar muy popular en Konoha, y los niños querían conocerla. El problema fue lo que sucedió dentro del lugar, donde Boruto hizo la travesura de su vida lanzando restos de helado, chocolate y demás cosas que estaban en la venta hacia toda la estancia. La pequeña rabieta causada por un capricho del infante al querer un helado estúpidamente grande que Naruto le negó, fue el incentivo necesario para armar un escándalo atroz. A fin de cuentas, Sasuke fue el que controló la situación pero a un alto costo, monetariamente hablando. El dueño casi los vetó de por vida con solo la mirada, pero al saber que se trataba del héroe de la cuarta guerra y su familia, hizo la vista gorda. Es por ello que la rabia de Sasuke tenía un importante justificativo, a fin de cuenta su pulcro orgullo y lustrosos zapatos habían sido ensuciados por un revoltoso niño de tres años.
Un ronroneó proveniente del coche donde dormía Himawari obligó a ambos a mirar como la bebé seguía dormitando en la seguridad de sus cobijas.
–¿Aun duerme? – dijo Sasuke en una forma de pregunta incrédula más que en tono afirmativo. Con el revuelo que había sucedió en la heladería era muy difícil creer que un ser vivo no se hubiese al menos alarmado.
–Es un angelito – explicó Naruto acariciando la mano de su hija que sobresalía en forma de un pequeño puño a nivel de su cabeza. Sonrió con dulzura –. Tiene el sueño tan pesado como yo. Si te soy sincero, cuando Hima nació pensé que no volvería a dormir en un mes. Boruto nos dejó traumados.
Sasuke se relajó en el respaldar del banco.
–De tal palo tal astilla – ironizó el pelinegro.
Evidentemente, a Naruto no le agradó la comparación.
–¿Y qué me dices de Sarada? – preguntó a la defensiva, señalando a la niña columpiándose más allá –. Espero que no tenga tu humor de perros.
–Es muy tranquila – Sasuke observó lo que Naruto le señalaba en esa aura paterna que a duras penas mostraba a los demás –. Es muy obediente y sensata – luego miró a las risas estruendosas de Boruto, sonriendo de medio lado –, nada comparado a tu terrible versión de bolsillo.
Naruto no pudo ir contra esa línea de pensamiento, su hijo era tan parecido a él que asustaba.
Sin pensarlo, se quedó mirando como Sarada se sostenía con fuerza de los brazos de Sakura para pasar de los columpios al tobogán, seguido de un caprichoso Boruto que también quería ir hasta allá. Sarada bajó al suelo y caminó a un lado de su madre, subió las escaleras con una habilidad poco acorde a su edad y se deslizó con tal facilidad que cuando a Boruto le toco su turno, quedo como un completo tonto al revolcarse en la arena al final de la rampa.
–Esa niña será como tú ¿sabes? – sentenció Naruto, viviendo de la forma más ridícula un simple Déjà vu, comparando la imagen de sus hijos con las de un hiperactivo niño rubio y un apático muchacho del clan Uchiha.
–No, no lo será – le susurró Sasuke a su lado, desviando la mirada hacia el rostro de Sakura –. Ella será igual a su madre.
Por injusto que sonase, Naruto esperaba que fuese verdad. A pesar de la salida de Sasuke desde las sombras de su pasado, Sakura era mucho más fuerte que él, incluso que el mismo Naruto. Todos la catalogaban como la chica débil del antiguo equipo 7, pero los que pocos sabían es que en realidad, la persona que mantenía la esperanza viva entre ellos, que en silencio soportaba los golpes que el destino insistía en derribarla, era aquella chica de cabellos rosados.
Desde la distancia, Sakura aplaudía con cierto cansancio el logro de Sarada al caer con tal pulcritud al final del tobogán, y al mismo tiempo alentaba a Boruto que podía hacer lo mismo solo si se esforzaba. Naruto frunció el ceño fuertemente.
–Lo has notado ¿verdad? – dijo hacia Sasuke, esperando que su voz mantuviera la calma.
Sasuke se irguió incómodo.
–Ella intenta ocultarlo, pero desde hace un par de meses para acá Sakura ha actuado muy extraño – espetó muy serio –. Anoche la sentí levantarse e ir al baño de invitados para no despertarme. Creo que la escuche vomitar.
Naruto arrugó el entrecejo.
–¿Cómo va la situación del sello? ¿Sus recuerdos siguen reprimidos?
–Todo está en perfecto estado. Después del nacimiento de Sarada no hemos tenido más problemas – Sasuke se inclinó, colocando los codos sobre sus muslos sin quitar la mirada de Sakura –. Es algo más.
Los ojos azules de Naruto siguieron el trayecto de los de su amigo.
–¿Has hablado con ella?
–Hoy después de la cena le preguntare. Aunque seguro evadirá el tema – dijo Sasuke muy tenso.
–Quien sabe – parloteó Naruto queriendo aliviar la rigidez de los hombros del pelinegro dándole unas palmadas en la espalda –, tal vez sea un nuevo bebé ¿eh?
Sasuke forzó una sonrisa a medias que no duró demasiado, pues entre la tierra seca del parque, todos vieron pasmados como Sakura se tambaleaba cerca del tobogán. Sus verdes ojos se voltearon hacia arriba perdiéndose entre los parpados y su cuerpo comenzó a caer como una hoja muerta de un lejano otoño.
–¡Sakura-chan! – vociferó Naruto colocándose de pie.
Antes de asimilar lo que sucedía, Sasuke ya había saltado hasta donde ella estaba evitando que cayera en medio de la tierra. Él siempre había sido más rápido que Naruto y su reacción reflejaba la creciente preocupación que le invadía. El mayor de los Uzumaki sostuvo con fuerza una parte del coche de Himawari, viendo como el cuerpo de Sakura quedaba tendido inerte bajo la luz mortecina del parque a su alrededor. Sasuke la sostenía con fuerza de los hombros, la zarandeó sutilmente esperando que respondiera, sin embargo la cabeza de Sakura suspendía como peso muerto entre los brazos del pelinegro.
Entre el sobresalto, Boruto quedo en lo alto del tobogán sin saber qué hacer y Sarada comenzó a llamar a su madre desmayada a gritos. Hinata absorta por lo sucedido, se acercó hacia el cuerpo inconsciente y llevó ambas manos hacia el pecho de Sakura. Luego de lo que apreció una eternidad, sus ojos se abrieron desmesuradamente.
–Hay que llevarla al Hospital, Sasuke-kun – dijo Hinata muy agitada. Naruto pocas veces había visto a su esposa de esa manera. Algo andaba muy mal.
–Naruto – le llamó Sasuke tan serio que de alguna forma expresaba una desbocada angustia en su voz.
El Uzumaki entendió lo que quería decirle y asintió sin vacilar. Sasuke desapareció sin ver hacia atrás, dejando a su hija bajo la protección de su único amigo. Hinata fue muy ágil y controló como toda una profesional el llanto de Sarada antes de que se intensificara, y Boruto descendió por primera vez del tobogán con gran pulcritud pero sin recibir halagos por su pequeño logro, solo los tristes sollozos de la pequeña Sarada.
...
Pasó una semana. Para muchos, una semana normal, para Sasuke, la peor semana de toda su vida. Sakura había sido internada en el Hospital Central para someterla a una lista de exhaustos exámenes con la idea de conocer cuál era la causa de su repentino decaimiento de salud. Aunque por fuera se viera consciente y radiante, aun no daban con algo concreto sobre su diagnóstico. Sakura se quejaba con bastante frecuencia sobre su estadía. Hablaba con todos como si nada hubiera pasado y le reclamaba a Tsunade y a Shizune que era una exageración mantenerla enclaustrada por tanto tiempo en lugar de soltarla para ayudar a verdaderos pacientes.
Sarada fue a visitar a su madre un par de veces en las que no estaban torturándola con agujas, placas de rayos X y tomografías computarizadas. Sakura comentaba que en cualquier momento emergería de su frente un tercer ojo por recibir tanta radiación. Al menos no perdía ese singular carisma y su curioso sentido del humor.
Sasuke, por el contrario, se veía taciturno. Nunca salió del Hospital, estaba pegado como chicle a la habitación de Sakura aun cuando Tsunade le decía que lo sacaría a patadas de ahí si continuaba quebrantando las normas. Aun así, no piso las afueras del centro asistencial en ningún momento. La única forma en que se veía más relajado era cuando Sarada llegaba con una nueva dosis de sonrisas para regalar, esa fue la mejor terapia que Sasuke pudo recibir.
Fue el último día de esa semana cuando dieron la noticia. Era un viernes por la tarde, a la misma hora en la que Sakura se había desmayado hace siete días atrás. Tsunade reunió a Sasuke en la oficina y le permitió a Naruto entrar, más que por apoyo moral fue por su fastidiosa insistencia. Cuando los dos tomaron asiento la antigua Godaime comenzó a explicar minuciosamente cada resultado. Usaba términos médicos que ninguno de los dos entendía, comentó varias suposiciones de su caso y nombró muchas predicciones poco esperanzadoras.
Entre tanta cháchara, lo que Naruto pudo captar fue un término muy afanoso que Tsunade utilizó para despistarle, pero que a la final sonaba a un tipo muy extraño de "cáncer", o eso es lo que todo los medic-nin querían creer con tal de salir del vórtice de incertidumbre en que estaban. Para ellos era mejor saber el nombre de una enfermedad para así poder batallarla que luchar contra algo que desconocen, aun sabiendo que podían estar equivocados.
En el transcurso de la discusión, Naruto observó el semblante de Sasuke. Indescriptiblemente serio, sentado tan rígido como una roca. Estaba atento a todo lo que Tsunade le decía, escaneaba cada palabra para recordarla con sumo detalle. Sasuke era un hombre que no le agradaba perder el control y más en una situación donde la vida de Sakura pendía de un hilo.
–Tampoco podrá tener más bebes – explicó Tsunade siendo bañada por la luz del sol que traspasaba las cortinas a su espalda –. No podemos permitir que el sello vuelva a debilitarse, de lo contrario la enfermedad podría esparcirse más rápido o terminaría por matarla. Desde el nacimiento de Sarada han pasado tres años, en todo ese tiempo esa… cosa ha hecho estragos con el cuerpo de Sakura, no quiero imaginarme que sucedería si el sello volviese a romperse…
Esa fue una de las noticia más dolorosas que recibieron esa tarde, incluso Naruto sintió un hueco en el pecho al escucharla, no podía imaginar lo que estaba sufriendo Sasuke en ese momento.
–Hemos encontrado una forma de mantenerla estable, pero no es un tratamiento definitivo ni un cura prometedora – prosiguió Tsunade –. Solo estamos retrasando lo inevitable.
–Le pido que no hable del sello a Sakura – bramó el Uchiha manteniendo una voz increíblemente neutra –. No sería conveniente.
Naruto se alzó molesto.
–Demonios, Sasuke ¿No crees que ya has alargado esta mentira por mucho tiem…?
–Espera Naruto – le detuvo la mujer elevando la mano para callarlo.
En ese momento y como nunca antes, Tsunade veía a Sasuke con unos ojos calculadores pero al mismo tiempo suaves, como si hubiese arrepentimiento en su mirada.
–Muchos te han culpado, te han insultado, y te han despreciado por manipular la mente de mi protegida. Incluso yo te di un golpe en la cara cuando me entere de lo que habías hecho – explicó Tsunade e hizo una pequeña pausa –. Pero nadie se ha detenido a ver lo que has hecho por ella, ni te han dado las gracias… porque si no fuese por ti, para este momento Sakura estaría muerta – la mujer se colocó de pie e hizo una profunda reverencia hacia Sasuke haciendo que Naruto quedara atónito en su puesto –. Gracias por todo lo que has hecho por ella, Uchiha.
La sala se llenó de un silencio que perforaba sus oídos de una manera punzante. A la espera de una respuesta por parte de Sasuke que nunca llegó, Naruto vio como el pelinegro arrastraba su silla hacia atrás haciendo que ésta repiqueteara sonoramente en la sala. Se dispuso a alejarse del escritorio y llegó hasta la puerta de la oficina, desapareciendo tras ella sin decir ni una sola palabra.
Naruto tragó saliva. Miró a Tsunade que seguía inclinada hacia el asiento donde antes estaba Sasuke. No se movía, respiraba entrecortadamente y sus puños estaban cerrados a ambos lados de su cuerpo. Pudo ver como unas gotas caían del rostro de la mujer, resbalando por su nariz y empapando los papeles de su escritorio. Jamás la había visto así, Tsunade mostraba ser una mujer dura, indómita, casi indestructible… casi.
Naruto bajó la mirada y se dispuso a seguir el rastro de Sasuke. Conocía a la vieja Godaime y lo único que necesitaba en ese momento era la soledad.
Caminó medio trotando por los pasillos del Hospital hasta llegar a las escaleras que daban a la azotea. Podía percibir el chakra del Uchiha inerte por encima de su cabeza. A pesar de toda la información que había recibido, lucia fluido, aunque excesivamente denso.
Subió el último escalón con paso lento. Sasuke estaba viendo el inicio de un cielo pobre en estrellas, que opacaban los rastros del atardecer en la lejanía. Naruto, al igual que su amigo, lo único que hizo fue observar.
–¿Recuerdas esa vez cuando dije que no me arrepentía de lo que había hecho? ¿De haber dejado que Sakura atacara a Akao Yakushi con sus propias manos? – reconoció Sasuke sin darse la vuelta. Sus brazos guindaban sin vida ambos lados de su cuerpo.
Naruto no dijo nada, su silencio era más que repuesta.
–Aquella vez era un idiota que decía la verdad – reconoció el Uchiha –. Pero después de eso no existe día en que no maldiga esa decisión que tomé.
–Sasuke…
–Es mi culpa, Naruto... – le cortó con dureza, ahora sus brazos se empuñaban tensos, sacudiéndose tenuemente –. Siempre lo ha sido y siempre lo será.
–Si no hubiera sido por ti la enfermedad de Sakura-chan se hubiera esparcido hace años. El sello la protegió aun cuando no sabíamos que Akao había dejado algo más que sus recuerdos dentro de ella – el Uzumaki caminó la distancia que los separaba hasta llegar a su lado, colocándole una mano en el hombro de su amigo esperando que de esa manera se sintiera reconfortado –. La has salvado, Sasuke.
–Lo único que hice fue entregarle la muerte que yo merecía – rugió interrumpiendo el contacto con una elevación de su hombro.
Se acercó hacia la baranda, dejándose rociar con la suave brisa. Naruto más atrás se quedó quieto estudiando sus movimientos.
–¿Qué harás? – preguntó por fin el Uzumaki.
–Debo irme – dijo Sasuke indolente, respondiendo lo que Naruto esperaba oír –. Buscare de alguna forma una cura para la enfermedad de Sakura...
–¿Qué pasara con Sarada? – le recriminó molesto.
–Estará bien.
–No seas idiota, Sasuke – se había controlado por la pena que su amigo llevaba a cuestas, pero era difícil mantener su propio temperamento bajo perfil –. Ella te necesita, ambas te necesitan...
–Sarada necesita a su madre – sentenció Sasuke iracundo, girando para enfrentar a Naruto.
–Y también necesita a su padre.
–No, no merecen tener cerca al causante de todo esto – rugió decidido.
El color de sol se extinguió por completo en el cielo, y las luces artificiales de las calles eran las estrellas que carecía el cielo esa noche.
–Ella no estará feliz con esta decisión – le recriminó Naruto.
En aquella oscuridad, el cabello de Sasuke se confundía con el cielo.
–Lo hago por ella – susurró, aferrando las manos en el hierro de la baranda al punto en que sus dedos se tornaron blanquecinos.
–Lo sé – concordó Naruto soltando un sonoro suspiro, vaciando sus pulmones por completo –. También lo haces por Sarada, y por ti mismo. Porque sabes muy bien que no podrías soportar perder a Sakura-chan.
Esta vez, Sasuke se alejó de donde estaba y se acercó a Naruto.
–¿Intentaras detenerme?
–Esta vez dejaras la aldea por un motivo distinto. Una razón por la que vale la pena luchar.
Los dos intercambiaron miradas serias.
–Prométeme que las cuidaras en mi ausencia.
–Juro que las protegeré hasta que regreses – le reafirmo el rubio decidido, y antes de continuar una sonrisa ladeada se formó en la comisura de su labio –. Solo te advierto que no tardes demasiado, Teme. De lo contrario tendré que ir a buscarte, y sabes por experiencia que siempre traigo tu culo de vuelta a la aldea.
Por primera vez en esa semana, Sasuke sonrió. Era una sonrisa triste, pero que al fin y al cabo era una sonrisa llena de sinceridad.
–Gracias, Naruto.
Naruto hizo una pausa en su relato del pasado. Sarada seguía viéndole como si fuese un enemigo a temer, una bestia salvaje. Y de alguno forma lo era, porque en ese momento estaba siendo el hombre que terminó por destruir su mundo lleno de mentiras.
–Sasuke siempre se ha culpado por la enfermedad de Sakura-chan – continuó Naruto esperando que la neutralidad de su voz se reflejara en sus facciones –. Sus viajes no son precisamente para proteger la aldea, sino para buscar una cura a su enfermedad – relajó los hombros antes de susurrar –. Sasuke ama demasiado a Sakura-chan para soportar perderla.
El rostro de Sarada quedó oculto entre mechones de negro cabello. El frio seguía azotando su cuerpo, pero ella permanecía quieta en medio de la azotea del Hospital.
–Mientes – dijo arrastrando cada letra.
Naruto contrajo los músculos de la cara.
–¿Sarada?
–¡Mientes! – gritó elevando la mirada perlada en una capa de lágrimas que rompieron en caminos sobre sus mejillas –. ¡No te creo nada de lo que dices! ¡Todo esto es una mentira! ¡Él no ama a mamá! ¡No puede hacerlo! ¡Él nos odia! ¡¿Cómo va a quererla si la golpea?! ¡No tiene sentido!
–No sé qué historia te habrás inventado, pero te aseguro que Sasuke jamás tocaría un cabello de Sakura para hacerle daño – le refutó Naruto. Esperaba que para ese entonces todo lo que había dicho fuese la evidencia suficiente para poder hacerla cambiar de parecer.
–P-pero anoche – lucia aturdida, como si en su interior se librara una batalla entre la verdad revelada y la mentira con que había crecido –. Anoche lo escuche. Escuche como le gritaba a mamá. Como se peleaban, como él la golpeo con un jarrón. Estaba furioso porque creía que le engañaba con Kankurō-san y cuando le dije que mamá estaba enferma él se impresionó… él no sabía que ella está muriendo… él… él…
–Sé lo que pasó en tu casa después del Hanami – le interrumpió con serenidad, haciendo que Sarada dispusiera de nuevo su total atención en él –. Sasuke fue a mi oficina a media noche. Yo tenía que encargarme personalmente de un papeleo que había dejado varado luego del festival. Sasuke entró a la oficina hecho una fiera. Él pensaba que Sakura se encontraba estable y que su enfermedad se había estancado. Pero la verdad era que en los últimos meses había empeorado considerablemente. Ella no se lo dijo a nadie. Ino, Shikamaru, Kakashi y yo nos enteramos por mera casualidad. Como era de esperarse, Sakura nos obligó a jurar que no le dijéramos nada a Sasuke, de lo contrario él nunca regresaría a la aldea a no ser que encontrara la cura a su enfermedad costara lo que costara, y ya sabes lo obstinado que es tu padre cuando se propone algo. Fue por eso que cuando Sasuke descubrió el engaño, explotó de ira, llegó a mi oficina y me estampo un golpe en la cara. Y como muy bien había predicho Sakura, me informó que regresaría al norte siguiendo la pista que había dejado atrás y que no retornaría hasta encontrar la cura.
Sarada miró sus manos que seguían temblando.
–Esto… esto no puede ser…
La capa de Hokage desapareció de los hombros de Naruto y cayó en los de la pequeña Uchiha. El contacto generó una única sacudida generalizada en el cuerpo de Sarada. Elevó los tormentosos ojos azabaches siendo recibida por la amabilidad que trasmitían el mar celeste del Nanadaime.
–Todo lo que te he dicho es la verdad – explicó, de nuevo usando un tono suave, lejos de ser autoritario o insensible –. Sakura no quería que te enteraras de su enfermedad, por eso te la ocultó. Y ella no te contó cuales eran los verdaderos propósitos de Sasuke durante sus largos viajes por qué le había prometido a él no decírtelo.
Sarada quiso decir algo, pero se arrepintió, en cambio se acurrucó en la capa de Hokage que le llegaba por debajo de las tobillos, dejándose llevar por los sollozos y las silentes lágrimas. Naruto se acercó a ella y colocó una mano en la coronilla en un gesto tranquilizador.
–Entiendo que todo esto sea demasiado complicado, Sarada. Sé que tienes dudas del cariño que ellos tienen entre sí a pesar de la ausencia de su compañía – el viento volvió a soplar, sin embargo esta ves Sarada estaba quieta frente a él –. La distancia nunca ha sido un problema para ellos. Su amor trasciende fronteras. No sé si alguien pueda amar igual que esos dos. Todos somos demasiado egoístas para alejarnos de nuestros seres queridos, no me imagino separado de Hinata por tanto tiempo. Sasuke no lo demuestra pero la separación de su familia le golpea cada vez que sale por las puertas de la aldea. No juzgues a tu padre porque nunca ha estado a tu lado, él solo ha prolongado la salud de Sakura-chan sacrificando el tiempo contigo para que así pudieras crecer con una madre – una triste sonrisa se dibujó en el rostro de Naruto –. Además… el simple hecho de perder a Sakura-chan destrozaría a Sasuke. Es algo que él no podría soportar.
–Entonces… – masculló con la voz desquebrajada –. Todo esto… ¿Todo esto es verdad?
–¿Qué sentido tendría mentirte?
–Los recuerdos de Akao… el sello que mi padre colocó en la mente de mamá… mi nacimiento… y esa extraña enfermedad – no le miró cuando continuó –. Entonces... todo esto es mi culpa...
–No, no lo es – dijo Naruto muy calmado, estaba seguro que tarde o temprano llegaría a esa conclusión.
Los sollozos se intensificaron mientras respiraba con dificultad.
–Si yo no hubiera nacido mi mamá no estaría enferma… el sello permanecería intacto… nadie sufriría por esto...
–Creo que no me encuentro en la necesidad de contarte mi historia, Sarada. Todos en la aldea la saben mejor que yo – explicó el Uzumaki mirándole de soslayo –. Mi madre murió porque cuando nací el sello que mantenía a Kurama se rompió, al igual que mi padre y cientos de aldeanos. No fue mi culpa y tampoco es la tuya el haber nacido.
Naruto acarició de nuevo la coronilla de Sarada como si se tratara de algo muy delicado y frágil mientras ella continuaba sus sollozos inconsolables.
–Eres muy fuerte, Sarada. Necesitas seguir siéndolo – le dijo con cariño –. Sakura te necesita, y Sasuke aunque no lo creas, también.
–L-lo siento, Ho-Hokage-sama – balbuceó de manera casi inteligible –. N-no creo ser tan f-fuerte.
–Las lágrimas no demuestran debilidad.
Quería calmarse, quería respirar con normalidad pero seguía hundida en un mar de llanto tan denso que Naruto solo podía ser un espectador de su dolor.
–L-lamento… L-lamento m-mucho lo que h-ha pasado… T-todo lo que h-he dicho… – trató de decir Sarada.
–Está bien. En ese momento no sabías la verdad – susurró tranquilo –. Me quedaré a tu lado hasta que te sientas mejor'ttebayo.
–G-gracias, Hokage-sama.
Ambos se quedaron quietos, sin volverse a dirigir otra palabra, esperando que la tarde llegara a su fin y diera inicio a una desolada noche sin estrellas, una extraña noche de inicios de primavera.
N/A: \o/
¡Listo! ¡No más secretos! ¡Todo ha sido revelado! Me he quitado un peso de encima al publicar este capítulo, pero al mismo tiempo siento un terrible y espantoso miedo. Espero no haberles decepcionado .w. Elegí a Naruto para relatar la verdadera historia porque sería mucho más convincentes si venía de alguien como él (además que me encanta el personaje y mucho más después de ver Boruto). Gran parte de este capítulo lo escribí a la par del Capítulo VI, por lo que todo estaba planeado desde el principio.
Este Fic surgió en mi mente luego de ver una página específica del Gaiden (no recuerdo cual capitulo), en donde sale Sakura enferma recostada en una cama con Shizune atendiéndola y me dije: ¿Sakura puede tan siquiera enfermarse? Fue ahí donde mi mente estalló como la escena de Kingsman y comencé a escribir. Ademas de que esta es mi ilusa imaginación de creer que la verdadera razón por la que Sasuke se la pase de vagabundo fuera de la aldea no sea más que por su Waifu.
En esta ocasión no hare notas, de lo contrario me llevaría casi todo el día en ello y esta N/A sería interminable jeje n_nu. Por ahora, si tienen alguna duda con gusto se las aclaro.
Me despido no sin antes darles las gracias por todos esos lindos comentarios, de verdad que son una ternurita de personas :3 La siguiente semana no habra capitulo porque será un capitulo doble, como ya les había comentado, y será publicado dentro de quince días, es decir dentro de dos semeanas es el final de esta historia (ya me está entrando la nostalgia ;w;). Espero que estén muy bien y que disfrutaran aunque sea un poquito de esta alocada y penúltima entrega jeje. Un abrazo enorme a todos, nos leemos pronto y cuídense muchísimo!
Bye Bye :3
