Capítulo 7: El Concilio Sagrado
Piedmon salto al suelo. En la Ciudad Androide, Lyramon los había llamado a todos a su base. LadyDevimon y Andromon ya habían llegado, y los tres entraron a la cámara subterránea. Lyramon no estaba allí. En una pantalla, apareció su rostro. La imagen estaba bastante distorsionada, pero notaron que no estaban en su forma natural ni en la de Larios. Aun así, sus ojos dorados brillantes eran claramente visibles.
-¿Algún progreso con el castillo? –preguntaron a través de las copias del emblema negro.
-Nada –reporto Piedmon.
-Revisamos muchos, pero aún nada –añadió la demonio.
-No encontramos a ningún digimon que supiera sobre ese castillo, aunque averiguamos algunos rumores sobre el paradero de un Beelzemon –la voz metálica de Andromon molestaba al payaso-. Pero no son más que meros rumores. No muchos digimon quieren hablar sobre un Señor Demonio.
-Lastima. En todo caso, se suspende por ahora. Hay algo más que debemos hacer. Tomen un descanso y esperen a nuestra llegada. Estamos en un asunto importante, llegaremos pronto.
-Y como siempre, nos dejan aquí para aburrirnos –Piedmon se sentó en la silla, hizo aparecer una copa con algún vino morado y cruzo las piernas-. ¡No te apures!
Los digimon corruptos intercambiaron una mirada divertida, al tiempo que la pantalla se distorsionaba y desaparecía la imagen.
Natsuko Takaishi acababa de terminar una llamada telefónica con el director de su emisora. Había pedido que le asignaran la noticia sobre el concierto de la nueva banda de rock, "Los Encapuchados del Infierno", y no sobre el incidente de hacía varios días en la escuela de su hijo. Estaba ya harta de que aparecieran digimon a arruinar todo cuando las cosas parecían en perfecto orden.
Desde ese día de la pelea, T.K. no quería ir a la escuela, Patamon ya no estaba, no respondía llamadas ni mensajes de sus amigos, y para colmo lo había pescado hablando consigo mismo en plural. Era tal como había dicho el agente del FBI que la había visitado. Recordaba que le había pedido que escondiera un collar en alguna parte de la casa cercana a su hijo. El hombre del sombrero azul había dicho que los síntomas se harían más evidentes. Y ahora veía que tenía razón.
-¡Ya llegue! –grito su hijo, al tiempo que se escuchaba la puerta. Natsuko fue a verlo, dispuesta a contarle acerca del collar para saber que estaba pasando, y le sorprendió notar que no estaba solo. Junto a él, había una chica que ella no conocía-. Ella es Sophia, la chica nueva de este año –la presento el rubio. La chica hizo una pequeña reverencia.
-Espero que tenga buenos días, señora Takaishi.
-Espero que también tú los tengas –respondió la madre de T.K. Por alguna razón, esa chica le daba una sensación bastante inquietante. Había saludado correctamente, su japonés había mejorado, no estaba mal vestida ni nada de eso, pero igualmente producía a su alrededor una atmósfera de catástrofe inminente.
-Vamos a mi habitación –la chica no se hizo esperar y entro con él, dejando a su madre sin que pudiera explicarle acerca del agente y el collar. Exhalo un suspiro, y se colocó en la computadora para adelantar lo que pudiera.
-¿Por qué no has venido a la escuela en estos días? –le pregunto ella, sin rodeos en cuanto a lo que pensaba.
-No quería ir –respondió el rubio, un poco molesto por la pregunta. La chica castaña le acaricio la mano para tranquilizarlo. T.K. dio un respingo al notar la suave piel de la alemana.
-¿Por qué te peleaste con tus amigos? –pregunto ella-. ¿O fue solo por Kari?
-La primera –afirmo T.K. rápidamente, pero Sophia le clavo una mirada profunda de sinceridad. Casi se sintió obligado a responder la verdad-. Ambas razones. No quiero ver a mis amigos, y a ella mucho menos. Quiero olvidarla, borrarla de mi mente.
-¿Ella te gusta?
-Si –confeso él. Nunca hubiera creído que esa chica fuera capaz de sonsacarle todo de una mirada-. Hace años. Cada vez que la veo, mi corazón se acelera. Logro mantener el auto control porque sé que ella es mi amiga, y su hermano también. No quedaría nada bien que la invitara a salir. Igualmente, note desde hace tiempo que no es solo que ella me parece bonita, es mucho más. Creo que estoy enamorado.
-¿Crees? ¡Con semejante reacción, es obvio que sí, y mucho! –Sophia saco un cigarrillo de su chaqueta y lo encendió con un mechero metálico que escondía en su media. Lanzo una bocanada de humo sobre el rubio, haciendo que se pusiera a toser-. Es evidente también que no tienes experiencias anteriores con el amor. Déjame decirte que olvidar a alguien que amabas no es tan sencillo como cerrar los ojos y no verla. Si quieres quitártela de la cabeza, faltar a la escuela para no verla te tomara años. Y te harás pedazos el corazón –suspiro. Parecía que ella ya había pasado por algo parecido anteriormente. Y su tristeza aún era fácilmente apreciable.
-¿Eso te paso? –pregunto T.K., intrigado.
-No exactamente. Estuve enamorada, pero no de una persona, por así decirlo. Fue complicado –Sophia se aferró el cuello. El rubio noto que tenía una marca. Parecía una cicatriz que le recorría toda la garganta. Era casi invisible, a menos que la vieras a corta distancia. No quiso indagar con respecto a eso. Algunas cosas estaban mejor en secreto-. ¡Como sea! Tienes que volver. No arriesgues tu futuro por no querer ver a una chica. Si tratas de no cruzarte con ella, no lograras olvidarla. Al contrario. La recordaras y extrañaras cada vez más. Solo ve e ignórala. Demuéstrale a ella que no le importas, y terminaras convenciéndote tú mismo.
Debajo del colchón, la duda de T.K. generaba que el emblema negro empezara a invadir la habitación con su atmósfera de Oscuridad. Normalmente, Patamon la habría sentido, pero no estaba allí. El joven estaba tan inmerso en sus cavilaciones que no noto como una oscura voluntad se unía a su alma y se adueñaba de su mente lentamente.
-¿Y si no podemos? –pregunto el rubio. De sus labios, las palabras de los datos corruptos emergían con naturalidad. Esa era la prueba absoluta de que su alma estaba dejando de ser solo suya.
-¡Por supuesto que no podremos! Ella es demasiado importante para nosotros. Ella nos ilumina con su Luz y nos deja aturdidos fácilmente. En cuanto veamos esos ojos rojizos, ¡caeremos rendidos a sus pies! –las voces múltiples de Lyramon le susurraron en su mente palabras que nadie más podía oír.
-Entonces recuerda esto, y allí veras que podrás –T.K. iba a replicar, pero no pudo. Sus labios no podían, y tal vez tampoco querían, moverse. Jamás había besado antes a una chica. Siempre creyó que su primera experiencia seria con Kari. Pero jamás se atrevió, porque ella era su amiga especial. ¿Para qué arruinar la amistad con un sentimiento tan trivial como ese? Ahora que lo pensaba, era mejor así.
Sophia separo sus labios de los del joven. Sonrió al ver su expresión atolondrada. Era obvio que acababa de llevarse su primer beso. Era mejor que fuera así, rápido y dulce. Aunque quizá no debió encender el cigarrillo. Sin duda afectaba al sabor. Si le empezaba a gustar, terminaría convirtiendo a T.K. en un fumador pasivo.
-Lo intentare –afirmo el rubio.
-Excelente –opino ella, dándole otra chupada al pitillo. Lo apago sobre su muñeca, que tenía leves quemaduras de tantas veces que había hecho eso-. Que linda atmósfera que hay aquí. Nada de calor, un poco de frió –sonrió dulcemente, tanto que te olvidabas de que acababa de esconderse un cigarrillo a medio consumir. Tomo el D-Terminal del joven y leyó sus mensajes-. Parece que tus amigos tuvieron problemas. Te mandaron más de veinte mensajes desde varias direcciones distintas, algunos de ellos un poco desesperados. Y este de hoy te advierte de una reunión con un tal Gennai. ¿Quién es?
-¿Con Gennai? –eso era importante. Pero si asistía, tendría que discutir con Tai, y seguramente también con su hermano Matt. No estaba para regaños-. Nadie importante.
-¿Alguien digital? –pregunto la chica de ojos negros. Por la expresión de T.K., supo que si era así. Iba a seguir preguntado, pero el reloj sobre la mesita emitió un sonido, marcando las cinco de la tarde. Sophia miro el reloj con una expresión de terror-. ¡Mierda! ¡Es tardísimo! ¡Me tengo que ir ya mismo! –acto seguido, estaba a punto de salir corriendo por la puerta, pero se detuvo un instante-. Si quieres otro, ven el lunes –su voz sonaba tan dulce que era irresistible. Salió de la habitación y en menos de dos segundos estaba en la calle, corriendo a toda velocidad. Natsuko apenas logro verla, tecleando en la computadora.
-Esa chica parece educada, pero es un poco rara –pensó ella-. Pensaba que mi hijo estaba enamorado de su amiga Kari.
Estaba a punto de desechar esos pensamientos, cuando le pareció ver un reflejo en la pantalla. Miro hacia atrás, buscando la fuente de esos dos círculos amarillentos que habían aparecido de la nada. Pero no llego a ver nada. Hasta había olvidado que le iba a comentar a su hijo sobre el collar y el agente. Si lo hubiera hecho, tal vez pudieran haber descubierto que la conspiración se movía sobre rieles.
-Todo de acuerdo al plan –Lyramon se movió en la cornisa de la ventana. La mujer había visto el reflejo de sus ojos en la pantalla. Si alguien los veía en esa forma, se arruinaría su plan. No podían permitirlo. Dieron un salto hacia el suelo, mientras cambiaban a su forma verdadera. Solo debían encontrar una conexión a Internet y se reunirían con sus aliados.
Gennai, vestido como siempre con su túnica blanca de jedi, esperaba pacientemente en una colina rocosa. Los niños elegidos tenían que estar por llegar, y no solo ellos. El asunto se había ido totalmente de las manos del guardián. Ahora, las Bestias Sagradas tomarían medidas para averiguar quién estaba detrás de las desapariciones. Esto preocupaba al hombre, ya que siempre que las Bestias Sagradas se reunían, cualquier discusión podía acabar en una batalla destructiva. Junto al tronco de árbol en el que se sentaba, vigilaba un maletín bastante grande. Si el contenido tenía que ver con la situación actual, tendrían que hacer algo con urgencia. O sería el fin de todo lo que protegía.
-¡Señor Gennai! –llamo una voz. Izzy subía la colina, con Tentomon volando sobre su cabeza. Detrás de él, venían Tai, Agumon, Davis, V-mon, Cody, Armadillomon, Kari, Gatomon y Patamon. Luego, un poco más atrás, llegaron Joe y Yolei empujando una silla de ruedas con Ken y Wormmon. Los seguían Matt, Sora, Biyomon, Gabumon, Gomamon y Hawkmon. Por otro lado, llego Mimí sobre Togemon. Gennai espero a que todos estuvieran sentados en círculo junto a él.
-¡Niños elegidos! ¡Nos vemos una vez más! –el Agente saludo, uno por uno, a los ya no tan niños elegidos. A pesar de la alegría que parecía invadir el aire, su expresión era de profunda preocupación-. Es una lástima que este encuentro sea en tan negras circunstancias.
-Si lo piensas detenidamente, todos nuestros encuentros han sido cuando había muchos problemas –opino Cody. Hizo un recuento de humanos y digimon, aunque ya lo habían hecho antes. Esperaba que el resultado no fuera el mismo de antes. Faltaba uno de los jóvenes. T.K. no había llegado.
-Ya no podemos esperarlo. Los demás miembros de esta reunión están por llegar –informo Gennai, adivinando lo que Cody pensaba.
-¿Los demás? –pregunto Tentomon, sin saber a quienes podía referirse. En ese momento, una nube de tormenta azul oscura cubrió el cielo, al tiempo que un trueno resonaba. No caía ni una gota de lluvia, pero los rayos y los truenos se intensificaban. De entre la nube, una forma alargada de color azul se abrió paso, hasta que su rostro estuvo justo por encima del guardián del Digimundo.
-¡Aunque algunos de ustedes ya lo conocen, es un placer presentarles a ChingLongmon, el sabio defensor del Este! –exclamo. El enorme dragón hizo una inclinación de cabeza, que provoco que algunos de los eslabones de sus cadenas tintinearan.
-¡Las demás Bestias Sagradas ya han llegado! –informo ChingLongmon.
La tierra empezó a temblar fuertemente cada varios segundos, señalando la presencia de un enorme ser terrestre. Una tortuga verdosa de proporciones gigantescas apareció en el horizonte, acercándose a cada paso. Tenía un árbol sobre su caparazón, rodeado de esferas verdes muy similares a las azuladas de su camarada dragón. Tenía dos cabezas, que presentaban leves diferencias en sus rasgos.
-¡El anciano defensor del Norte, Ebonwumon! –lo presento Gennai.
-Es un gusto conocer a los famosos niños elegidos, que han salvado este querido Digimundo tantas veces –saludo la Bestia Sagrada. Por el sur, un resplandor rojizo ilumino el cielo azul-. Esperaba que se demorara un tiempo más, pero parece que hoy no es mi día de suerte.
-¡Ya ha llegado el defensor del Sur, el terrible Suutseemon! –anuncio Gennai al ver el resplandor. Una enorme ave de cuatro ojos, que parecía envuelta en llamas carmesí, aterrizo junto a Ebonwumon. También le rodeaban esferas rojas en torno a su cuello. Tenía seis pares de alas, y en su espalda sobresalía una especie de propulsor de cohete. No dijo ni una palabra. Su sola presencia era atemorizante.
Por el último lado, un brillo blanquecino ilumino el ambiente y se presentó la última de las Bestias Sagradas. Era una especie de tigre blanco, que tenía una máscara y armadura azulada en sus patas delanteras. Sus patas traseras y su cola estaban adornadas con un círculo con púas. Alrededor de su esbelta figura, se acumulaban varias esferas blancas.
-Y el último, el más joven y poderoso. ¡El defensor del Oeste, Baihumon!
Ya se habían reunido todas las Bestias. Cada una compartía la característica de los cuatro ojos y las esferas de diversos colores en torno a sus cuerpos. Y todas estaban esperando. No era normal que se convocara a un concilio. Esto solo sucedía cuando algo realmente grave y desconocido pasaba.
-¿Podemos dejar las formalidades y concentrarnos en el asunto que nos trajo aquí desde el principio? –Suutseemon no parecía muy feliz, más bien malhumorado. Ebonwumon lanzo un suspiro y negó con la cabeza derecha, al tiempo que la izquierda respondía.
-Siempre quieres ir al grano rápido, ¿cierto?
-Algunos dejamos asuntos sin resolver que debemos ir a terminar –replico el ave con sarcasmo-. No estamos todo el día retozando como si no hubiera nada importante que hacer.
-Yo no… –se defendió Ebonwumon, pero fue interrumpido por ChingLongmon.
-Nadie aquí hace eso. Todos trabajamos duro para mejorar este Digimundo a cada día que pasa. Y si quieres ir al grano, Suutseemon, no comiences una pelea que sabes que no se resolverá fácilmente –el dragón estaba muy harto de discutir con su colega en llamas. Siempre contradecía todo lo que los demás decían, causando esos conflictos. Solo Baihumon se salvaba de esas situaciones. Rehuía el contacto con las demás Bestias, a menos que se tratase de una situación extrema como esta-. Y para explicarlo, aquí están los niños elegidos. Por favor, dejadlos hablar y relatarnos lo que ha estado aconteciendo –hizo una señal a los jóvenes. Ya habían designado a Izzy para que hablara, así que el pelirrojo se puso de pie y se aclaró la garganta.
Comenzó relatando las primeras desapariciones, mencionando a la mayoría de los digimon más conocidos que se habían esfumado. Relato lo que había comenzado a suceder desde hacía poco tiempo, el aumento desmedido, y toda la información que habían proporcionado los testigos. Describió a la criatura encapuchada de ojos dorados, causando que Gennai y las Bestias se pusieran meditativos. Acabo con el escalofriante dato de la desaparición de ese Barbamon. Ebonwumon soltó una exclamación de sorpresa.
-Increíble. Muchos digimon temen a Barbamon, maestro de los Ángeles Caídos, y algo va y lo extermina sin dejar rastros –la tortuga alzo la mirada al cielo-. Y se han robado sus datos. No hay otra explicación para este asunto. Los eliminan para conseguir su información, aunque aún ignoremos que hagan con ella.
-¿No es obvio? Buscan hacerse más poderosos. Opino que es la obra de un grupo de digimon malignos y sagaces que trabajan juntos para ganar más poder –replico Suutseemon.
-No formemos juicios apresurados –le respondió Gennai-. La historia aún no acaba. Aun han pasado otras cosas. Ken, ¿podrías relatarnos lo que te sucedió?
-Por supuesto –el joven de pelo azulado trato de incorporarse, pero Wormmon no quiso moverse de su regazo, y Yolei y Hawkmon se pusieron delante para impedírselo también. Nadie iba a dejar que hiciera esfuerzo excesivo. Era la recomendación médica, la de sus padres, y ahora la de su novia y su compañero también. Definitivamente tendría que contar la historia en la silla de ruedas. Ken suspiro y se recostó, en parte agradecido por no tener que pararse.
Describió con detalles la batalla contra Devimon, Greymon y Monochromon. También su encuentro con la niña de las tribunas (a quien ya habían identificado como una especie de copia de Kari a sus ocho años) que le había hecho ese ataque de Mirada de Medusa. Y luego revelo lo que había acontecido en esos extraños sueños. Ese bosque que lo había conducido hacia años al Mar junto con Yolei y Kari, y la niebla que le impedía ver al sujeto de la capucha que había dicho que le quitaría la Semilla de la Oscuridad. No revelo que él y ese ser eran una sola alma en ese momento, porque la desconexión había borrado esa parte de su memoria, como siempre. Finalmente, contó acerca de su ilusión del Emperador torturando a ese Wormmon imaginario en su antigua base, y la presencia de Osamu y la criatura de ojos dorados.
-Debimos imaginarlo –dijo Suutseemon, al escuchar que le habían quitado la Semilla-. Esa criatura está reuniendo antiguos poderes oscuros. Dejar la Semilla de Millenniummon en el cuerpo de un humano tonto que no sabría controlarla fue un error grave desde el inicio.
-Tranquilo –le respondió ChingLongmon-. No había nada que pudiéramos hacer. Creíamos que era imposible retirar esa Semilla, hasta ahora. Para quitarla, se necesita que la voluntad del portador sea muy poderosa –se dirigió a Ken-. Pero tanto poder no se puede hallar en ningún ser humano. La imagen de Wormmon en ese sueño representaba a todos tus seres amados que querías proteger de ti mismo, de esa Semilla, representada por el Emperador de los Digimon. La aparición de tu hermano también podría ser la voluntad de su espíritu que te apoya en todo momento –el joven sonrió, mientras abrazaba a su digimon-. Pero lo que me perturba es que ese digimon extraño haya logrado entrar en tu subconsciente, y esa extraña arma que te entrego. Si también fuiste capaz de utilizar su ataque, estamos en presencia de algo que nunca antes habíamos visto.
-¿No deberíamos revisar en la base de datos en busca de alguna mención sobre ese guantelete o ese digimon? –pregunto Izzy. Estaba registrando cada información en su computadora, sospechando que si se perdía algo no podrían responder a la cantidad de incógnitas que se presentaban últimamente.
-Yo mismo lo haré, ya que algunos piensan que estoy sin hacer nada –respondió Ebonwumon. Suutseemon, para tranquilidad de ChingLongmon, no puso ninguna protesta ridícula.
-Hay algo más –Ken saco una libreta de su bolsillo y la abrió en la última página-. En el guantelete había un símbolo extraño en la zona de la palma. También vi la misma insignia en el collar que llevaba el encapuchado –los recuerdos habían aflorado en la mente del joven durante su convalecencia en un hospital. Todos los niños elegidos, junto con los padres y sus digimon, habían esperado a la información de los médicos, con el corazón acongojado. Cuando les habían dado a conocer que la herida de su cuello no era grave, y que la habían suturado de manera eficiente, todos los humanos y digimon habían vuelto a respirar.
-Déjame verlo –pidió Gennai. Se acercó, y Ken le entrego la hoja de la libreta. En ella, el guardián vio el símbolo de la Oscuridad. El triángulo, con la línea divisoria central, la línea divisoria superior, y las dos que se cruzaban con la central. Su expresión de curiosidad paso a una de sorpresa y miedo, que se transformó casi al instante en una de absoluto pavor-. ¡Nunca creí que volvería a ver este símbolo! ¡Pensé que se había destruido!
-¡¿Qué es?! –preguntaron casi todos los niños elegidos y sus digimon a la vez. Únicamente Ken se quedó callado. Miraba hacia abajo, con la mirada perdida. Al mismo tiempo, Kari sintió un escalofrió. Gatomon y Wormmon notaron que sus compañeros palidecían, e intercambiaron una mirada.
-Este símbolo fue grabado en el décimo emblema –respondió Gennai-. El emblema de la Oscuridad. Representa las siete líneas de los siete Pecados Capitales, y de los Siete Señores Demonio.
-¿Cómo puede existir ese emblema? –pregunto Palmon, al notar que Mimí estaba a punto de hacer la misma pregunta.
-Si existe un emblema de la Luz, debe existir un emblema de la Oscuridad –respondió Kari. No levantaba la cabeza. Miraba hacia el suelo, como si estuviera triste. Estaba tan pálida que les pareció que era un fantasma vestido de rosa y amarillo-. Debimos saber eso desde un principio. Es una regla fundamental de todos los mundos. La Oscuridad se mantendrá viva mientras la Luz exista.
-¿Qué te está pasando? –pregunto Tai. Agumon se acercó a Kari, tratando de verle la cara. Gatomon le tomo la mano a su compañera, pero ella ni lo noto. Ken estaba en las mismas. Matt y Sora se sentían enfermos. Hasta las Bestias Sagradas notaban que algo había cambiado en el ambiente.
-La batalla se ha detenido –murmuro Baihumon. Era la primera vez que se le oía decir palabra. La mayoría de los presentes lo observaron, notando que su armadura no era tan sublime como les había parecido. Estaba rajada y sucia, además de que su pelaje había tenido mejores momentos. Pareciera como si la Bestia Sagrada hubiera peleado recientemente. También se lo notaba agotado. Gatomon y Patamon cuchichearon entre ellos, sin saber cómo era posible que uno de los digimon más poderosos que existían fuera herido de esa manera.
-Baihumon tiene razón –concordó el ave de fuego-. La batalla que se libró durante más de cuatro años en el Mar de las Tinieblas ya se detuvo. El temblor se sentía hasta aquí, pero ya no.
-Y ese escalofrió que sienten tiene una justificación –concluyo Gennai. Cerró los ojos, reuniendo la entereza para afirmar la terrible verdad-. El emblema de la Oscuridad se ha unido al poder oscuro del Mar. Si así es, la criatura de ojos dorados tiene a su disposición una fuerza maligna de proporciones gigantescas.
-¿Quién es esa criatura? –grazno Hawkmon, tratando junto a su compañera de que Ken no se desmayara.
-Se hace pasar por humano como un agente del FBI llamado John Larios –respondió Davis, cruzándose de brazos. Con todo lo que el digimon corrupto había hecho, no era de extrañarse que el joven morocho quisiera hacerlo picadillo-. Hablo con mis padres. Le dijeron todo lo que sabían de V-mon, sobre mí, y sobre todo lo relacionado con el Digimundo.
-¡También con los nuestros! –se sorprendió Tai, sujetando a su hermana. Davis noto que Kari estaba bastante mal y fue a ayudarlo, aunque deseaba haberse dado cuenta antes.
-Y con los míos –murmuro Mimí.
-Y los míos –repitió Yolei.
-Y con la madre de T.K. –revelo Patamon.
-Con todas nuestras familias –concluyo Izzy, luego de escuchar respuestas de parte de todos los jóvenes.
-Ha averiguado acerca de ustedes. Está planeando algo muy terrible, y ahora debemos considerar que el Mar de las Tinieblas está bajo su control –ChingLongmon emitió un rugido de preocupación.
-¡Hay algo más! –exclamo Matt. Saco su digivice y se lo mostró a las Bestias-. Algo muy raro paso cuando tratamos de abrir la puerta al Digimundo. Sora y yo no lo logramos. Y Gabumon y Biyomon tampoco pueden digievolucionar. De hecho, Yolei fue la que nos abrió la puerta.
-¡A Ichijouji y a mí nos pasó eso mismo durante la pelea en el campo de soccer! ¡XV-mon y Stingmon no pudieron digievolucionar DNA! –Davis aun trataba de sostener a Kari junto con Tai. Pero ella los empujo a los dos, argumentando que estaba suficientemente bien como para caminar por sí misma-. Y el D-3 de Kari no brillo cuando trataba de curar a Aquilamon del ataque de Devimon, pero sí lograron digievolucionar en Silphymon.
-Eso suena muy extraño. Los digivice no se descomponen –Gennai pidió que le pasaran los aparatos. Los examino un par de minutos, revisando que estuvieran funcionando correctamente. Comprobó todas las posibilidades, y descarto que haya sido un mal funcionamiento de los dispositivos-. Están funcionando bien. La única manera de que hayan fallado al hacer algo es que su dueño tenga un desequilibrio emocional cuando lo intente utilizar –les devolvió los aparatos. Ken se puso a pensar que tal vez su inseguridad provoco que no pudieran formar a Paildramon. Kari no encontró razón para el fallo, porque no sabía que había una copia del emblema negro en su casa afectándole tan seguido. Matt y Sora intercambiaron una mirada de terror. ¿Podría ser que su relación sentimental estuviera impidiéndoles usar los dispositivos?
-De cualquier manera, no podemos dejar que ese incidente se repita. La digievolución es una parte vital del proceso de los digimon, y algo absolutamente necesario si queremos derrotar a este oponente tan misterioso –las palabras de ChingLongmon estaban llenas de razón. Tanto los jóvenes como sus digimon bajaron la cabeza, comprendiendo el significado profundo de estas palabras-. Y por esa razón, necesitaran nuestra fuerza.
Las esferas de las Cuatro Bestias empezaron a refulgir con diferentes resplandores, dependiendo de cada uno. Las esferas de ChingLongmon lanzaron sendos rayos de energía azulada que baño a los jóvenes y sus digimon en su resplandor. Las de Ebonwumon fueron las siguientes, despidiendo luces verdosas. Baihumon arrojo resplandores blancos hacia ellos. Y Suutseemon proyecto los últimos destellos rojizos. La fuerza resultante era un espacio de luz multicolor, realmente hermoso y cálido.
Por un instante, Ken olvido que la Oscuridad había estado en su interior. Se abandonó a ese poderoso sentimiento de felicidad que lo invadía por completo. Sin embargo, algo no estaba bien. Sentía como si una parte de él no estuviera de acuerdo con esa luz. Y esa parte deseaba algo distinto. Esa parte saltaba de alegría con la noticia de que el Mar ahora estaba en manos de la criatura.
Kari estaba en un dilema aun peor. Era como si una parte de su alma estuviera desesperada por quedarse en ese cálido resplandor por siempre. Liberarse de las ataduras corpóreas y dejar de sufrir en el mundo material, aunque no lo hacía porque sabía que la necesitaban. Pero la otra instaba a la primera parte a hacerlo, a entregarse a la dicha y olvidar a todos los mundos. Pero eso era algo que ella no podía hacer.
Matt, Tai y Sora no tuvieron esa misma sensación, pero tampoco lo pasaron como sus demás compañeros. Había algo más además de la felicidad que generaba ese resplandor. Una pequeña vocecilla susurraba, gracias a la exposición al poder de la Oscuridad, que no importaba cuanta Luz los rodeara, la Tiniebla continuaría creciendo. Y sabían que tenía razón.
Joe, Cody, Yolei, Izzy, Davis y Mimí solo sintieron la calidez y fuerza que otorgaba ese hermoso poder divino. Los digimon solo sintieron la fuerza que les otorgaban, el poder de la digievolución. O, como a otros les gustaba llamarlo, la Digientelequia.
Lyramon entro en la base. Estaban usando su forma original. Piedmon se terminó su copa y se puso de pie. LadyDevimon y Andromon le hicieron una pequeña reverencia. El payaso no estaba feliz por esa última acción, pero se lo guardo.
-Vamos, hay que hacer un viajecito –tomaron el digivice pálido y apuntaron hacia una pared. Una puerta oscura, como una rajadura temporal, se abrió. El D-3 de Ken le había dado al digivice corrupto la habilidad de abrir la puerta al Mar de las Tinieblas. Esa era siempre la idea, viajar a ese otro mundo de maldad y dolor.
-¿Qué es ese movimiento? –pregunto el único digimon que no estaba hecho de datos corruptos. Un temblor venía a través de la puerta. Toda la base se cubrió de la energía maléfica del Mar.
-La batalla entre dos Señores Demonio originales –respondieron, mientras guardaban el digivice y sacaban el emblema de la Oscuridad-. Leviamon y Demon combaten por dominar ese territorio. Ya es hora de que entiendan que eso no sirve de nada –sonrieron macabramente-. Pero a nosotros nos hace falta su ayuda. ¡El emblema nos guiara!
Los cuatro digimon atravesaron la puerta, encabezados por el monstruo de ojos dorados y el collar negro. Era la hora de detener ese combate, y de unir el poder del emblema con el Mar. Si lo conseguían, tendrían la llave a un poder casi ilimitado. Lo único que hacía falta para completar esa parte del plan, era lo más importante. Algo que no habían ubicado aun.
La esencia de la Oscuridad.
Continuara…
