Hola! les traigo el... Penúltimo capítulo :o A la reina se le comienza a salir de control. Espero que lo disfruten :) y espero leer sus comentarios ;)

Capítulo 5: Nacimiento.

La reina Serenity presentaba sus primeras contracciones. Los médicos y enfermeras corrían de un lado a otro, mientras que las teorías sobre el padre de la futura soberana y del porqué la reina mantuvo la privacidad durante el embarazo se expandían por toda la Vía Láctea.

Las cuatro niñas guardianas, deseosas de conocer a su protegida, no dejaban de fantasear sobre cómo sería. ¿Qué tan bella sería? ¿Sería reconocida por ser una reina justa o prospera? ¿Tal vez por ambas razones? ¿Sería piadosa y querida por todos, como su madre? ¿O severa y respetada con recelo, tal como su abuela?

-¡Se tardan mucho! –Exclamó una ansiosa Venus. – ¿Estará todo bien?

-Pero si apenas han pasado dos horas desde que comenzó el trabajo de parto. –Le calmó Mercury. –Y generalmente, los lunares tardan de tres a cuatro horas.

-Rayos… -Murmuró la auto-declarada líder de las sailors guardianas, jugando con los pliegues de su faldita color naranjo.

-Ánimo. –La consoló Mars. –Si ya hemos esperado nueve meses, ¿qué son sólo dos horas?

-Mars tiene razón. –Prosiguió Jupiter. – Ya verás como pasa volando el tiempo.

A penas terminó esas palabras, el llanto de un bebé se comenzó a oír desde el cuarto de la reina.

Las cuatro niñas se levantaron al mismo tiempo del suelo y, con una expresión llena de alegría, corrieron a conocer a la pequeña.

Los médicos dejaron la habitación, con sus rostros iluminados por la felicidad. Tal como se vio en los exámenes, la heredera era mujer. Una bella niña de cabellos dorados, de ojos azules como el zafiro y con un aura tan hermosa que simplemente era imposible no maravillarse.

La reina era la más feliz de todos. Decidió ponerle a la niña Serenity. No con el fin de que ambas tuvieran el mismo nombre, sino porque aquella criatura transmitía eso, serenidad.

La joven reina, al ver que quedó sola con su hija, sacó de la mesa de noche de su cuarto un extraño cristal. Ese resplandeciente objeto salió de su vientre una semana antes de dar a luz. Sabía muy bien que era. Era el cristal de plata, el alma de su pequeña princesa que había visto en el caldero madre brillar.

Rápidamente sacó la imagen del caldero de su mente. Recordar su viaje a aquel lugar, siempre le hacía sentir escalofrío.

Las cuatro niñas ingresaron al cuarto. La reina dejó el cristal de plata en su mesita de noche y les presentó, a las guardianas, a la recién nacida princesa Serenity.

-¡Es hermosa! –Gritó Venus.

-Venus, -le señaló Mars –La asustarás con esos gritos.

Fuera de eso, la pequeña princesa lunar sonrió. Mostrando una sonrisa tan cálida como el sol.

-Al parecer le agradaste. –Dijo la reina.

Un guardia del palacio entró a toda prisa.

-Mi reina, hay alguien que pide ver a la… -No alcanzó a finalizar, cuando una mujer pelinegra entró a la habitación.

La mujer tenía la piel tan blanca como la nieve. Sus ojos eran como los de las serpientes. Tenía un cabello negro y ondulado. Era alta y llevaba un vestido de muy buen gusto. Serenity veía en aquella mujer una elegancia digna de una reina, pero también podía ver… Aunque se negara a aceptarlo, veía oscuridad.

-Joven reina. –Dijo la mujer pelinegra, con una voz casi de ultratumba. –Esperaba su invitación para conocer a la futura heredera. –Miró a la niña tal como un cazador ve a su presa.

- ¡Tú no eres bienvenida acá! –Le gritó Venus.

Serenity dejó a su hija en la cuna y miró con cautela a la visita. Alejó suavemente a las niñas. Sabía que debía ser cautelosa con sus palabras.

- Si es paz lo que buscas, eres bienvenida. Mas si deseas el mal, me temo que no puedes seguir en mi reino. –Dijo con una sorprendente calma.

-Joven reina. El mal, el odio, el rencor y todo lo relacionado con la oscuridad son necesarios. –Respondió la mujer. - Debe aceptar la oscuridad para que exista la luz. Acéptame, a mí y a la oscuridad. Así todo irá mejor.

Serenity tomó aire mientras miraba de reojo a su bebé.

-Me temo que no puedo permitirle seguir en mi reino…

-Neherenia. –Continuó la mujer, con una sonrisa diabólica. –Bien, pero sería muy descortés de mi parte no obsequiarle nada a tan hermosa niña, ¿no?

La reina tomó el cristal de plata rápidamente y apuntó hacia Neherenia, lanzándole un haz de luz tan resplandeciente que casi la deja ciega.

Neherenia aulló de dolor, mientras era arrastrada hacia el espejo dorado, obsequiado por los reyes de la Tierra.

-Muy pronto este reino será destruido… -Dijo, mientras un manto oscuro cubría a la recién nacida. – ¡Y esta bella princesa morirá sin haber realizado la sucesión! –Gritó. – ¡Está es mi maldición!

La princesa comenzó a llorar, revelando el símbolo lunar en la frente. El manto oscuro entró dentro de su cuerpo. Neherenia sonrió a la reina mientras era sellada dentro del espejo.

Las guardianas se miraron con asombro y miedo. Serenity no estaba mucho mejor.

-Niñas… -Logro decir. Trató de mantener la calma y sonreír. –No se preocupen. Todo está bien. Esa mujer no volverá jamás.

-Pero… -Balbuceó Mars. –La maldi…

-Eso no pasará. Somos el reino más poderoso del sistema solar. ¿Realmente creen que podrá ser destruido? –Suspiró. –Tomaré medidas de seguridad. Enviaré a todos los lunares a la Tierra y dejaré el reino como una verdadera fortaleza. Sólo estaremos nosotras, imposibilitando que algún otro visitante indeseado ponga los pies en la Luna.

Las niñas salieron del cuarto. Serenity quedó sola junto a su hija. Contempló a la dulce niña y luego al espejo dorado.

-Por todas las estrellas del universo… Sólo espero no haber cometido un gran error. –Sacó a la niña de la cuna y la abrazó. –Prometo que haré todo lo necesario para que tengas una larga y feliz vida. Ninguna maldición te podrá arrebatar de mi lado, mi pequeña.