Capítulo 8: Los Señores Demonio
Una niebla espesa cubría el Mar de las Tinieblas. En casi toda la orilla del agua negruzca y la arena grisácea se esparcían cráteres humeantes. Gran parte de las edificaciones estaban totalmente destruidas. Parecía que se hubiera desatado una guerra, una larga y terrible guerra que ya había durado cuatro años. Y, en la profunda imagen incolora del oscuro lugar, una luz púrpura y negra iluminaba el terreno a su paso.
Al resplandor del emblema de la Oscuridad, Lyramon avanzaba sin vacilar. Detrás de ellos, el payaso, el androide y la demonio observaban el resultado de la terrible lucha que se desataba. Hacía ya unos minutos que caminaban en la costa, y aun no hallaban lo que los datos corruptos buscaban. Según Piedmon, era muy probable que intentaran reclutar a los digimon que habitaban el Mar a su siniestro plan. Empezaba a entender que la idea original de todo era reconstruir el Digimundo para hacerlo el hogar indicado para ellos. Su objetivo era muy similar al de los digimon oscuros. Y, especialmente, era demasiado parecido a la misión de Apocalymon.
-¿Cómo es que estos dos digimon se hicieron tan poderosos? –pregunto LadyDevimon, interrumpiendo las cavilaciones del payaso.
-Porque son Señores Demonio. Supongo que les habrá impresionado la destrucción de la que son capaces –señalo Lyramon, haciendo referencia al estado lamentable en el que se hallaba el Mar.
-Barbamon también era uno de esos Señores Demonio, pero logre derrotarlo –señalo Piedmon-. Estos dos son aún más poderosos.
-Por supuesto. Son dos de los siete originales. Todos los Señores Demonio son poderosos, pero ninguno se compara al poder de los originales. Superan sus propios límites porque son los primeros de su especie.
-¿Y cómo llegaron dos de los originales a este bellísimo lugar? –pregunto LadyDevimon. El aire oscuro del Mar, impregnado de sentimientos negativos, hacía que se sintieran muy bien. Les encantaba estar allí.
-Hace mucho tiempo; en otro mundo, seducidos por las promesas de poder de un malvado y poderoso monstruo del Área Oscura, se desato una rebelión de digimon oscuros –la voz de los datos corruptos se crispo de ira. Recordaban perfectamente el nombre de la criatura que había provocado ese alzamiento. Pero no iban a nombrarlo. Los recuerdos de su pasado en el cementerio de los datos borrados eran cosas que intentaban olvidar-. Los Siete Señores Demonio eran los líderes de esa rebelión. Junto con su armada, conocida más tarde como los Soldados de Pesadilla, desafiaron a los dioses. Las Cuatro Bestias Sagradas los enfrentaron valerosamente, pero incluso su poder más grande fue inútil contra la unión de las fuerzas oscuras. FangLongmon fue derrotado, y sellado en el Área Oscura por el líder de los rebeldes. Cuando lograron eso, creyeron que tenían el Digimundo a sus pies, pero se equivocaron. Alguien más se alzó para desafiarlos.
-¿Quién? –pregunto Piedmon, prestando mucha atención a cada detalle del curioso relato. Entre más supiera a futuro, más oportunidad tendría de encontrar una falla que le permitiera hacerse con el ejército del digimon corrupto.
-Yggdrasil. Se había ocultado por muchos años, pero cuando vio que el Digimundo era amenazado, regreso junto a su legión de servidores. Los Caballeros de la Realeza enfrentaron a los Señores Demonio y lograron derrotarlos. Para impedir que volviera a ocurrir una guerra semejante, los dispersaron en los mundos paralelos. Demon logró huir antes de ser destruido, y Leviamon fue enviado en su forma de novato. Ninguno de los dos sabía que el otro estaba en este espacio temporal hasta que los niños encarcelaron a Demon aquí. Ahora, luchan entre sí por dominar el Mar de las Tinieblas, aunque sospechamos también hay una disputa de por medio que están resolviendo.
-¿Deberíamos preocuparnos por ese tal Yggdrasil? –pregunto Andromon. Lyramon negó con la cabeza, al tiempo que apuntaba el emblema negro en otra dirección, pero no hallo lo que esperaba encontrar.
-Las dimensiones paralelas no nos interesan. Es demasiado complicado viajar a ellas como para lograr algo atacándolas. Además, con esta nos basta y nos sobra. El inepto que intente dominar todos los mundos conocidos está destinado al fracaso.
Por encima de sus cabezas, sin que ninguno de los cuatro digimon lo notara, unas formas blanquecinas se ocultaban en la niebla. Un rostro extraño, formado a partir de estelas blancas muy pálidas que revoloteaban entre la niebla, observo a los digimon que caminaban en dirección al sitio central de la batalla. Ahora sabía que Lyramon buscaba a los Señores Demonio. El comentario que había hecho hacia un momento, en referencia a los que trataban de dominar dimensiones alternativas, no le había agradado en absoluto.
Era un virus informático creado a partir de datos extraños que provenían de muy lejos. Su amo, el Emperador, buscaba probar el poder de sus nuevos juguetes. Había enviado tres diferentes virus a ese mundo. Uno de ellos ya había sido derrotado hacia cuatro años. El otro esperaba en el Internet por una nueva oportunidad. Y este, el tercero, ya tenía un nuevo objetivo. Le haría pagar al digimon corrupto lo que había dicho, y ya sabía cómo. Con una risa inaudible y maquiavélica, atravesó el espacio en dirección al Digimundo.
-Estuve antes en el Mar. Siempre me imagine que quien lo dominase sería un ser muy poderoso –comento Piedmon, harto de caminar en silencio. Sentía que si se distraía un momento, algo sucedería que lo borraría de la existencia.
-Tal vez podamos arreglar que te construyan tu nuevo palacio aquí. ¿Qué te parece? –ofreció Lyramon.
-Muy generoso. Ustedes sí que saben convencer –admitió el payaso, que observo un casi imperceptible resplandor a lo lejos. Parecía alguna especie de fuego.
-Debemos cuidar a nuestros aliados –los datos corruptos también apreciaron el resplandor-. Hemos llegado al lugar indicado. La niebla nos impide verlo, pero allá a lo lejos está el epicentro de este combate. Mejor despejar el camino –levanto en alto el emblema de la Oscuridad-. ¡Control Corrupto!
El collar emitió un destello púrpura. La niebla a su alrededor empezó a despejarse, revelando el territorio oculto por la bruma. Montones de cráteres, algunos muy enormes, se erigían a lo largo de toda la costa. Apenas habían visto una pequeña parte de la destrucción que asolaba al Mar. Esa zona estaba particularmente afectada. La saliente de tierra, donde antes se erigía un faro ocultando una Aguja de Control, había desaparecido casi por completo. Los edificios estaban en absoluta ruina. Las aguas estaban cubiertas de restos de madera, piedra, metal, retazos de tela, escamas rojizas, y hasta un medallón blanco con líneas que formaban un dibujo vago de un ojo, que flotaba cerca de la orilla. Lyramon se inclinó y lo recogió, admirando y reconociendo el diseño. Y, por último, a lo lejos se observaba que las aguas negras estaban moviéndose con mucha turbulencia. Un fuego rojizo anaranjado ardía con fiereza y orgullo, dejando entrever dos formas cercanas a ese incendio.
-Es físicamente imposible que el fuego logre arder sobre el agua –señalo Andromon.
-No es fuego ordinario. Son las Llamas Infernales de Demon. Y la turbulencia es obra de Leviamon, seguramente. Esas dos formas a lo lejos deben ser ellos –los cuatro dedicaron unos segundos a observar a los combatientes. Eran dos enormes formas monstruosas e indefinidas a la distancia. Una de ellas volaba sobre el Mar, con unas alas gigantescas. La otra se sumergía de tanto en tanto, mientras la primera forma seguía arrojando fuego a la superficie-. ¡Demon! ¡Leviamon! ¡Es tiempo de que ustedes y nosotros hablemos! –llamaron los datos corruptos. Pero las dos formas siguieron impasibles, sumergidas en su guerra.
-No los oyeron –señalo LadyDevimon.
-Si lo hicieron. Hay una diferencia entre no escuchar, e ignorar. No consideran importante lo que vamos a decir –Lyramon levanto su mano derecha enguantada. Apunto con cuidado hacia los Señores Demonio-. ¡Juicio de la Oscuridad!
El rayo de líneas negras atravesó el espacio, pasando entre la distancia que separaba a los dos Señores Demonio. El objetivo nunca había sido atacarlos, sino llamarles la atención. Con velocidad, las dos formas se acercaron a la orilla, una volando y la otra surcando las aguas. Ambas se detuvieron a unos pocos metros de la orilla, tan cerca del digimon corrupto como su tamaño y poder les permitían sin provocarlo. Piedmon oculto su expresión de sobresalto cuando observo las heridas que les habían provocado cuatro años de violenta guerra.
Las alas demoníacas de Demon no podrían realmente sostenerlo en el aire, pues estaban llenas de agujeros y no daban ningún tipo de aleteos, por lo que seguramente volaba por levitación. Había perdido ambos zapatos, dejando entrever por debajo de los jirones de su túnica unas piernas con garras rojizas y una piel purpúrea. Sus cuernos estaban rotos, uno por la punta y del otro apenas sobresalía un asta quebrada de su túnica. No llevaba su medallón, y toda su ropa estaba llena de agujeros y manchada de barro y aguas negras, además de que el borde del decorado dorado prácticamente había desaparecido por las rasgaduras. Lo único que aún conservaba su brillo digno de un Señor Demonio eran sus ojos grisáceos, que atesoraban un odio tan grande que no se podía comprender.
Las condiciones de Leviamon eran un poco mejores. Le faltaban muchas de sus escamas rojas, principalmente en la zona de sus dos colas, una de las cuales había sido cortada por completo. Las espinas azuladas de sus patas y su espalda parecían haber sido arrancadas, apenas quedaban algunos vestigios de que antes estuvieran. Muchos de los dientes de su enorme boca estaban rotos o caídos, y su lengua púrpura presentaba quemaduras. La placa metálica de su hocico estaba bastante abollada. Pero sus ojos, dos pupilas rojas como la sangre, expedían una luz malévola y furiosa.
-¿Quién eres, que te atreves a entrometerte en mi batalla? –exclamo Demon, con una voz profunda y ronca. Con el rabillo de sus ojos, no perdía de vista a Leviamon. Los datos corruptos pusieron una enorme sonrisa en sus facciones.
-Déjanos presentarnos a nosotros mismos, poderoso Demon –la voz del digimon corrupto era educada y con muy bien aprendida cortesía, pero con un pequeño tono de autosuficiencia que evidenciaba claramente que lo trataban como a un igual-. Nosotros somos los datos corruptos, que conformamos a este ser llamado Lyramon. Nuestros acompañantes forman parte de los aliados que hemos reunido últimamente. Te presentamos al increíble Andromon, maestro de la tecnología y la informática; al poderoso Piedmon, señor de los digimon de la Oscuridad y del Infierno; y a la majestuosa LadyDevimon, a la cual suponemos que reconoces.
-Por supuesto que la reconozco. Fue mi aliada hace algún tiempo, y parte de mis Demon Corps –le echo una mirada muy meticulosa a la demonio, y también al payaso y al androide-. Veo que hay digimon aquí que han sido recreados a partir de los datos corruptos. Es muy inusual ver tantos de ustedes en un solo lugar. ¿Qué interés tienen los datos corruptos en el Mar? ¿Y qué hacen en compañía de un digimon que una vez fue aliado de mi enemigo? –inquirió, echándole una mirada lúgubre a Piedmon. Leviamon emitió un gruñido, y un brillo azul salió de su enorme mandíbula entreabierta. Observando esto, el demonio aéreo esgrimió llamas rojas y anaranjadas en sus manos. Para impedir que volviera a comenzar la batalla, el payaso interrumpió con un pequeño y elaborado discurso.
-¡Eso fue hace mucho tiempo! –protesto el arlequín-. Su apoyo fue únicamente enviar un par de sentimientos oscuros a distraer a los malditos niños, de los cuales se libraron con mucha facilidad. Estuve atrapado en el Vació durante años, hasta que Lyramon me libero y me dio un lugar a su lado. Y les estoy muy agradecido por eso –declaro Piedmon, fingiendo que se sometía a los deseos del digimon corrupto, y que no planeaba nada en su contra.
-Muchas gracias por tus amables palabras, querido aliado –reconoció Lyramon en voz alta-. Con respecto a nuestra presencia en este espacio, debemos responder que estamos aquí en busca de aliados poderosos que nos apoyen en nuestra misión.
-¿Acaso intentan ordenarme? ¿Se creen superiores a mí, intentando engañarme con esa cortesía aparente?
-¡No! Mucho nos tememos que habéis confundido nuestras palabras. Lo que ofrecemos no son órdenes, sino una propuesta valiosa. Les ofrecemos a los dos, y a todas vuestras tropas y subordinados, una alianza con nuestra facción.
-¿Bajo qué objetivos? –Demon, dándose cuenta de que la batalla contra su antiguo aliado tardaría en reanudarse, aterrizo sobre la arena gris.
-La conquista, destrucción y reorganización de todos los mundos que conocemos: El Digimundo, el Mar de las Tinieblas, y el mundo de los humanos. Y entonces, cuando ya no halla fuerzas que se opongan a nuestra alianza invencible, nos repartiremos todas las ganancias, para gobernar a los nuevos habitantes bajo nuestra voluntad –los ojos de Lyramon emitieron destellos de un carisma increíble. Apenas acabaron de hablar, Andromon y LadyDevimon levantaron su mano izquierda en puño hacia el cielo plomizo, al tiempo que Piedmon esbozaba una sonrisa maléfica.
Demon se tomó aproximadamente un minuto para terminar de pensar en la propuesta.
-Sus palabras nos recuerdan a Apocalymon. También ofrecían un mundo nuevo, pero sus promesas no valían nada. Me hubieran traicionado apenas tuvieran el poder que querían y su plan estuviera completo. No creemos en sus palabras ni juramentos, datos corruptos.
-Ha pasado mucho tiempo de la caída de Apocalymon, quienes también nos traicionaron. Fueron momentos de angustia y dolor para nosotros. Hemos aprendido de sus errores, y no compartimos sus ideales tal cual los expusieron. Lo prometemos. Y nosotros siempre cumplimos nuestras promesas –respondió el digimon corrupto. Al ver la expresión del Señor Demonio, supieron que nunca aceptaría su generosa propuesta. Al ver su renuencia, sacaron el digivice corrupto y lo enfocaron a un costado de la playa. Una puerta oscura, que conducía a una llanura rocosa, se abrió en el aire-. Ya que vemos tu negación, la respetaremos. Aun así, no podemos dejar que esta batalla continúe afectando a nuestros planes. Esta puerta te conducirá fuera del Mar, y es un camino rápido hacia el Área Oscura. Considéralo un regalo de nuestra parte para confirmar una posición neutral entre nuestras facciones.
Demon observo la puerta, considerando que sería una buena idea tomarse un descanso luego de tanto tiempo de lucha, y una oportunidad para reclutar a más digimon a sus legiones. Redujo su tamaño a uno similar a los humanos para poder atravesar el portal. Avanzo hacia la rendija del Mar de las Tinieblas, dando una última mirada al lugar incoloro, y dejando una última advertencia a Lyramon.
-Aun así, no dejare que nadie esté por encima de mí. ¡Yo seré el señor de todos los mundos, y si se interponen en mi camino, los destruiré!
-La oferta sigue en pie si desean aceptarla más tarde. Denle nuestros saludos cordiales a GranDracmon –Demon apenas tuvo tiempo de escuchar el último comentario, antes de retirarse y cerrar la puerta para tener la seguridad de que no lo siguieran. Lyramon deshizo su sonrisa, adoptando una expresión pensativa-. Él nos desafiara y nos enfrentara. Es la única forma en que lograra su objetivo de apoderarse de todos los mundos. No hay más opción. Sus datos son parte del código primario, la cuarta parte. Tendremos que enfrentarlo –el brillo de sus ojos bajo a un amarillo pálido por la decepción. Hubieran querido que Demon los apoyara. Eso habría adelantado casi todo su plan. Bueno, aún tenía ideas de respaldo.
-¿Y qué hay de ti, Leviamon? ¿Qué responderás? –le pregunto el payaso al monstruo marino. La criatura verdosa retozaba en las aguas, mientras sus graves heridas empezaban a cerrarse lentamente. Su boca se entreabrió, pero ni un sonido fue emitido. Este Señor Demonio en particular era incapaz de hablar, pero se comunicaba por telepatía.
-Yo acepto. Conozco a Lyramon de la ocasión en que llegaron al Mar junto al emblema de la Oscuridad. Y sé que sus promesas son ciertas, y sus ideales morales son aceptables. No son como Apocalymon. Me uniré gustoso a este magnífico ejército que se está formando, pero por supuesto que pido un puesto de alto rango.
-Y ya lo tienes –respondió inmediatamente Andromon.
-En esta alianza no hay rangos, no hay líderes. Lyramon parece la cabeza de este ejército, pero en realidad no es así. Nosotros tenemos prioridad porque sabemos el plan y tenemos el poder para ejecutarlo –le aclaro LadyDevimon.
-Un sistema inusual, para una misión inusual. Pongo a disposición todos los recursos de los que el Mar de las Tinieblas dispone.
-Tu cortesía se ha vuelto impecable, Leviamon, algo muy admirable. Con tu permiso, hay algo que debemos hacer –anuncio el digimon de ojos dorados. En su mano izquierda llevaban el digivice pálido, y en su izquierda el emblema negro. Se acercaron a la orilla, junto al leviatán, e introdujeron ambos en el agua oscura. No hubo ningún cambio aparente en el dispositivo, pero el collar empezó a brillar y a emitir un aura negruzca. Las copias de este, ubicadas en el bolsillo de Piedmon, la cintura de LadyDevimon y en una pieza del brazo de Andromon también reaccionaron con auras similares, que se extinguieron en unos pocos segundos-. Ahora que están unidas al Mar, las copias del emblema se alimentaran de la energía del original. Y el poder que tienen crecerá, permitiéndoles corromper grandes cantidades de datos, y generar muchísima energía de la Oscuridad, suficiente como para que cada una abra puertas a voluntad a este lugar. Serán la marca de nuestra alianza –tomaron una nueva copia, y se la alcanzaron a Leviamon, el cual la tomo con su enorme pata y admiro el diseño de su símbolo.
-El símbolo de nuestra alianza, la marca de las Tinieblas.
Al levantar la vista para admirar el poder de su nuevo aliado, un movimiento capto su atención. Observando detrás del Señor Demonio, vieron como una sombra caminaba sobre las aguas negras del Mar. Una forma que se hacía más nítida a cada momento avanzaba en dirección a aguas abiertas, deslizándose como un fantasma. Los ojos dorados de Lyramon se abrieron desmesuradamente. Su mano se movió de forma casi instantánea, y sus dedos apuntaron a esa forma ensombrecida, la cual empezaba a desvanecerse.
-¡Espera! ¡No te vayas! ¡No nos dejes! –gritaron, observando impotentes como la forma se difuminaba a cada momento.
-Lyramon –la voz de Piedmon les llego desde muy lejos, como si estuvieran a más distancia que los tres metros que los separaban-. ¿Qué estás haciendo?
Al oír las palabras del payaso, el digimon corrupto reacciono. Lograron regresar a la realidad, para descubrir que todos los estaban mirando. Incluso Leviamon parecía extrañado por lo que acababan de hacer. El mismo Lyramon no entendía su propia reacción. Habían llamado a esa forma negra casi de manera instintiva. Era la misma forma que aparecía en sus sueños, cada vez que cerraban sus ojos de serpiente. Aun no averiguaban que era esa forma, ni de dónde venía, ni la razón por la cual los perseguía tan seguido. Tenían que descubrir la realidad, pero no podían decírsela a nadie. Ni siquiera a sus aliados.
-Nosotros… Creímos ver a uno de los digimon Sombra allá a lo lejos. Ahora que lo notamos, no han aparecido –inventaron la primera excusa que pudieron, matando dos pájaros de un tiro.
-Cuando la batalla empezó, se ocultaron en las profundidades. No han venido desde entonces. Supongo que empezaran a salir ahora que las aguas están más calmas.
-Habrá que acelerar el proceso. Ellos son muy útiles a su manera –se dirigió a LadyDevimon, entregándole el digivice-. Continúen buscando ese castillo. Y consigan todos los datos que puedan sin llamar mucho la atención. Cualquier dato sobre algún Señor Demonio deben informarlo de inmediato –la demonio asintió, al tiempo que despegaba y abría una puerta hacia el Digimundo-. Andromon, ustedes tienen que establecer una base en la Ciudad Androide y hackear cualquier equipo que esos niños utilicen. Así sabremos sus movimientos –el digimon Androide asintió, al tiempo que levantaba su copia del emblema y viajaba él también-. Piedmon, tú te quedaras aquí con Leviamon. Habrá una batalla pronto, una muy importante. ¿Qué sabes de música rock?
-Nada. Supongo que es algo que usan esos torpes humanos –adivino el payaso.
-Correcto. Supongo que no es necesario que sepas mucho más. Solo tienes que encargarte de WarGreymon en cuanto aparezca. Ve eligiendo la ubicación de tu nuevo palacio, si Leviamon lo permite.
-Los digimon Sombra lo construirán en donde desee, pero primero habrá que hacer que regresen a la superficie.
-De eso nos encargamos nosotros. Control Corrupto –en las manos de Lyramon, los datos corruptos formaron su lyra. Sus manos rasguearon lentamente las cuerdas, creando una melodía hermosa. Hasta el Señor Demonio y el arlequín se permitieron disfrutar de la forma en que esa música se te metía en la mente, y susurraba palabras que poseían el alma. Era casi una orden, una orden de que salieran. Ambos comprendieron que estaba usando la música para atraer a los habitantes del Mar de vuelta a la playa. Lentamente, unas formas oscuras se deslizaron desde el fondo de las aguas hacia los datos corruptos, siguiendo el poder de sus hermosos acordes.
-Eso fue simplemente hermoso –admitió Davis, casi sin aliento.
-¡Se sintió tan bien que podría enfrentar a mil enemigos a la vez! –exclamo V-mon, emocionado.
-Esa reacción era predecible –le comento Agumon a Tai, mientras ambos reprimían las carcajadas ante la forma en que sus pupilos se gritaban las hazañas que realizarían. Suutseemon aguanto todo lo que pudo, pero esas voces eran tan incordiosas para él que estuvo a punto de borrarlos del mapa. Afortunadamente, Ebonwumon lo advirtió y decidió interrumpirlos.
-Muy bien. Ahora que tienen el poder de la digievolución, podrán enfrentar a esos malvados que amenazan nuestro Digimundo.
-Justamente iba a preguntar algo en relación a eso –comento Mimí-. ¿A que nos enfrentamos realmente?
-LadyDevimon. Ella tiene que estar detrás de esto. Eso significa que Demon debe estar intentando vengarse –opino Yolei.
-Demon, por lo que sabemos, aún se encuentra el Mar. No creo que pudiera planear esto desde allá –las corrigió Tentomon-. Pero Izzy encontró algo muy extraño cuando analizo a ese Megadramon.
-Tentomon está en lo cierto. Observen esto, por favor –Izzy enseño su computadora, y mostró la página del análisis en la Ciudad Androide. Cuando Gennai leyó la palabra corrupto, su expresión se hizo sombría.
-¡Los datos corruptos! –exclamo, asombrado y asustado-. ¡Los datos corruptos y la Oscuridad trabajan juntos nuevamente! ¡Esto es muy funesto!
-¿Qué tan grave es realmente? ¿Qué son los datos corruptos? –quiso saber Cody, empezando a entender que esto era algo que ellos desconocían.
-Los datos corruptos son una especie de información cuyo código se ha alterado. Bajo ese tipo de alteración, cada uno de los datos que integran a un digimon tiene conciencia por sí mismo, logrando que se comporten de manera particular. Para empezar, sus reacciones, pensamientos, e incluso sus habilidades son más efectivos de lo normal. Esto ocurre por la forma de comunicarse y actuar en equipo que tienen los datos corruptos, formando una conciencia colectiva capaz de cosas que no podemos imaginar. Justamente por esto es que es tan raro hallarlos. Además de que es muy difícil que ese código se altere, cuando los datos corruptos están en estado libre, el Digimundo los borra automáticamente al Área Oscura –Gennai removió recuerdos en su mente, recordando todo lo que sabía sobre la corrupción-. Aun así, en ocasiones se forman los llamados digimon corruptos, como los que enfrentaron.
-Monochromon, Greymon, Devimon, Megadramon, y también LadyDevimon –enumero Tai-. ¿Los datos corruptos son rojos?
-Correcto. Al parecer, alguien logro la manera de corromper los datos de los digimon. Y luego los vuelven a formar a partir de esos datos corruptos, más poderosos de lo que eran antes.
-Si sumamos eso a la presencia del emblema de la Oscuridad, se puede concluir que la corrupción y la Oscuridad están trabajando juntas nuevamente –el dragón azulado se veía muy perturbado ante esa conclusión.
-¿Nuevamente? ¿Cuándo se unieron la Oscuridad y la corrupción antes? –pregunto Joe.
-Hace siete años –respondió secamente Baihumon, hablando nuevamente. A pesar de que había sido el más callado de las cuatro bestias, fue el que peor reacción provoco. Todos los elegidos se quedaron congelados ante sus palabras. Recordaban lo que había sucedido siete años atrás-. Apocalymon fue el último usuario conocido de ese emblema. Cuando se rumoreo sobre un nuevo digimon oscuro, decidí adentrarme en el Área Oscura en busca de respuestas. Y lo que encontré fue realmente horrible –sacudió su cuerpo herido, recordando el horror de su viaje-. La cantidad de datos corruptos que habitaban el Área Oscura ha desaparecido casi por completo. Pero no pude hacer mucho más, los poderosos digimon que merodean por ese lugar me atacaron sin cesar, obligándome a retirarme –al notar la mirada de desaprobación de Ebonwumon, el tigre agacho la cabeza-. Fue imprudente, lo sé, pero necesitaba respuestas.
-¿Respuestas? Sabemos que Apocalymon se los llevo cuando escapo de allí –al ver la expresión de horror de los jóvenes, el ave de fuego soltó una carcajada-. ¡No hay de qué preocuparse! La data residual de ese demonio viajo a otra dimensión, buscando como huir de nosotros, pero fue derrotada y destruida por tres poderosos guerreros de ese lugar, acompañados por humanos. Al parecer, la idea de que humanos y digimon pueden trabajar juntos para volverse poderosos no esta tan errada.
-¿Qué tiene que ver Piedmon en todo esto, y que es la protección sagrada? –pregunto Sora, luego de recuperarse de la idea de que el malvado digimon que habían derrotado pudiera haber regresado.
-Piedmon debió regresar de alguna manera. Y tiene que saber que es ese monstruo de ojos dorados –Wormmon conocía sobre el suceso de los Dark Masters-. Ambos pidieron la protección sagrada a cambio de favores, de manera demasiado parecida.
-Tal vez trabajen juntos, o uno sea subordinado del otro, lo que explicaría la presencia de LadyDevimon en el asunto –propuso ChingLongmon-. La protección sagrada es un sistema de seguridad de los digivice que impide que alguien tenga acceso a los datos allí contenidos. Eso es lo que se robaron. Ahora poseen información residual de cada enemigo al que han matado ustedes dos –Yolei y Ken se pusieron a pensar en eso. No creían que hubieran matado algo tan importante como para que se tomaran tantas molestias en engañarlos-. Me imagino lo que piensan. Supongo que buscaban los datos de MaloMyotismon. Son lo más valioso que podrían contener.
-¿Se puede poner peor? –murmuro Mimí.
-Ya se puso peor –Gennai tomo el maletín que había traído, y lo abrió. Saco un trozo de roca, que no parecía demasiado importante. Sin embargo, luego de que los elegidos lo vieron más de cerca, descubrieron que estaba grabado con una especie de inscripción en una lengua desconocida-. Esta es una antigua profecía. Es tan antigua que mucho de ella se ha perdido luego de que su información se desordenara. Pero advierte acerca de la llegada de la Ultima Bestia.
-¿La Ultima Bestia? –murmuro Patamon, asombrado por lo horrible que sonaba.
-Sí. Dice: ''…la Ultima Bestia se alzara de las cenizas… la suma del poder de los datos corruptos y la Oscuridad… siete cabezas, diez cuernos, mil cadenas… su poder será abominable, y su mera existencia significara la aniquilación… todo a su paso se convertirá en dolor y corrupción… lo único que podría detenerlos…'' –Gennai termino de leer.
-¿Qué? ¿Qué los detendría? –pregunto Kari.
-No lo sé. Hay muchas partes de la profecía que están muy dañadas. Pasare cada instante de los próximos días intentando recuperar lo que se pueda de ella.
-Hemos pasado aquí mucho tiempo. ¡Mientras hablamos, esa criatura podría estar destruyendo el Digimundo! –protesto Suutseemon, alzando el vuelo rápidamente en dirección al sur. Cuando apenas podían verlo, emitió un destello rojo y desapareció luego de acelerar a velocidad supersónica.
-Tiene razón. Es hora de que regresemos. Buena suerte, niños elegidos –Ebonwumon emprendió el viaje de regreso a sus dominios, al tiempo de que Baihumon hacia una inclinación de cabeza y emprendió un trote veloz. ChingLongmon voló hacia los cielos, agitando la cola a modo de saludo, y desapareció en una nube de tormenta. Los once jóvenes y doce digimon estaban a punto de retirarse, pero Gennai tenía que hacer un último anuncio.
-Temo tener que informar que Andromon ha desaparecido –los elegidos quedaron paralizados ante la noticia-. Lo han visto en ciertos territorios, preguntando sobre un castillo extraño y los Señores Demonio. Todo parece indicar que se ha convertido en un digimon corrupto.
Davis apretó los puños. Hacía apenas unos días, él mismo se había quejado sobre que el androide no los ayudaba. Ahora sabían la razón. Pero no era el único que se estaba perdiendo entre las Tinieblas.
Había caído la noche oscura. Junto al condominio en donde vivía T.K. con su madre, un auto estaba estacionado. Era un viejo modelo deportivo de color azul oscuro, convertible. Apenas tenía dos asientos de cuero. Aun a pesar de no ser un modelo relativamente nuevo, el cuero de los asientos y la pintura lisa y perfecta evidenciaban que ese coche era de excelente factura. En el asiento del conductor, un hombre dormitaba recostado contra el respaldo, con sus manos cruzadas sobre su pecho.
La piel de su cuerpo era grisácea, y sus ojos eran casi tan amarillos como los de Lyramon. Su cabello estaba totalmente cubierto por un sombrero azul, al igual que toda su ropa. Los bordes plegados de su gabardina eran grises, y tanto en ellos como en su pecho y su sombrero destellaban pequeñas protuberancias amarillas. Varias cintas le cerraban la gabardina, y dos cinturones le rodeaban la estrechísima cintura y su sombrero. Sus guantes y zapatos eran marrones, y un bastón metálico descansaba junto a la palanca de cambios.
Si hubiera estado despierto, habría oído el sonido de los zapatos arañar el suelo. Una mujer volvía de la zona más cercana del edificio. Tenía el rostro atractivo, tan pálido como su blanco cabello. Su vestido rojo destacaba en la noche, además de su sombrero a franjas rojas y violetas. Sus guantes destacaban, no solo por el color purpúreo y el largo hasta sus codos, sino por un llamativo diseño en la muñeca. Un cinturón del mismo color le rodeaba la cintura como al hombre del auto, y también era el mismo tono de sus zapatos. Como detalle final, llevaba unos lentes de sol que ocultaban sus ojos. Apenas vio a su compañero durmiendo, apretó los dientes y levanto la mano.
-¡Despierten! ¡No es momento para dormir! –le grito la mujer, al tiempo que lo golpeaba en la cabeza. El hombre despertó de repente y soltó una queja lastimera.
-¿Por qué hicieron eso? ¡Solo tomábamos un descanso!
-No podemos descansar cuando el plan está en su primera fase. Ya llegara el momento, pero por ahora debemos concentrarnos –dieron un suspiro, al tiempo que se sentaban en el asiento del acompañante-. ¡Ese chiquillo no hizo más que mirar televisión y ejercitarse! Nos aburrimos tanto que nos daban ganas de dormir también, pero por supuesto que no lo hicimos.
Ambos se quedaron en silencio por unos instantes, el cual rompió el hombre del sombrero azul.
-Arukenimon, hay algo que nos molesta.
-¿Qué es, Mummymon? –le respondió la mujer araña.
-Hace ya algún tiempo que revivimos gracias a la gracia de Lyramon y los datos corruptos, pero aun así seguimos sin hablar seriamente de nuestra relación.
-La única relación que tenemos es que fuimos creados juntos, por lo que somos una especie de hermanos –Mummymon trago saliva al darse cuenta de que tenía algo de razón. Saltaron del asiento del coche por la sorpresa.
-¡Eso no puede ser verdad! –lloriquearon, pero no cambio en nada la expresión de la mujer.
-Esa es la verdad. Acéptalo de una vez –sacaron un teléfono celular de su bolsillo y leyeron el último mensaje que acababa de llegar. Pusieron una amplia sonrisa.
-Lyramon informa que el Mar de las Tinieblas es nuestro ahora, y que Leviamon y los digimon Sombra se han unido a la causa –el hombre momia alzo un brazo en señal de triunfo-. También dicen que podemos tomarnos la noche cuando el jovencito se duerma. Ya tienen suficiente información por el momento. Ahora hay que esperar a que se despierte, y debemos vigilar si regresa a la escuela.
-Correcto –con una sonrisa, Mummymon arranco el silencioso auto, y ambos digimon corruptos se perdieron en la noche profunda.
Continuara...
