Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.

Recuerdos de primavera

XXVI

Sakura Uchiha

Luego de que Kankurō la encontrara casi desmayada en pleno Hanami, Sakura no tuvo más remedio que aceptar su caballerosa propuesta de acompañarla de vuelta a casa. El joven de Suna se mostró muy angustiado por la súbita caída de Sakura tras la tienda de sushi en el festival, e insistió por un buen rato que debía avisarle a Sasuke sobre aquello. De alguna forma y después de explicarle que lo ocurrido era por un fingido cansancio a causa de exceso de trabajo, Kankurō terminó por ser convencido y la escoltó sin hablar mucho del tema hacía su vecindario.

Le agradeció profundamente una vez llegaron a la puerta de la casa. Sakura no estaba segura de cómo había llegado caminando hasta allí. Las fuerzas que tenía se le iban en mantenerse de pie y evitar una oleada de tos que atentaba con revelar su mentira. Sentía que sus piernas eran de gelatina, le costaba mantenerse erguida y las manos le temblaban tanto que cuando sostuvo el manojo de llaves tuvo que ocultarlas para que Kankurō no las escuchara repiquetear.

Se despidió de él con una sonrisa tan forzosa que seguramente había salido una mueca desagradable, pero para ese entonces ya había entrado a la seguridad de su casa cerrando la puerta con cierta dificultad. Dejó en libertad la tos que traspasó sus pulmones y la hacía respirar aturdida en busca de aire. Llevó una mano a los labios mientras que la otra buscaba la pared para sostenerse y evitar caer al suelo. No podía encender la luz, no conseguía el interruptor y todo estaba hundido en una espesa oscuridad.

Fue cuando sonó el primer trueno que Sakura perdió el equilibrio y tropezó con los portarretratos de la entrada, haciendo que estos cayeran al suelo en un sonido que hizo armonía con el rugir del cielo. Se quedó unos segundos ahí, tumbada entre las fotos de su familia desparramadas por el piso de madera, esperando que de esa manera pudiese recuperar un poco de estabilidad y que su pecho dejase de atormentarla con una siguiente sesión de ruidosos golpes.

En la mano que cubría su boca, sintió un líquido que no esperaba aún. Alejó el brazo y, aunque en la estancia la luz no alcanzaba a ser la necesaria, pudo distinguir el olor metálico de la sangre. Entre sus dientes se filtró una maldición justo en el instante en que la lluvia comenzó a sonar contra la ventana. Trastabilló en el suelo en busca de fuerzas para levantarse. Sintió un papel de pergamino bajó una de los portarretratos y lo arrugó sin ver de qué se trataba, de esa forma intentaba controlar la desesperación que poco a poco se apoderaba de su torpe y lánguido cuerpo.

Evitando utilizar su mano ensangrentada se colocó de pie, esperando conseguir una pared cerca de donde estaba. Cuando logró erguirse, caminó pesadamente arrastrando sus pisadas hacía la escaleras. Se detuvo ante el primer escalo para medir la horrorosa distancia que la separa desde donde estaba hasta la habitación principal, imaginándose la futura caída que obtendría entre los peldaños al no presentar las fuerzas necesarias para tan siquiera respirar con normalidad.

La garganta comenzó a arderle en el momento en que la imagen de Sasuke se formó en su mente seguida de la de Sarada. Ese fue el impulso que necesitaba para dar un paso adelante y ascender. No podía permitirse que ellos la vieran de esa manera, necesitaba regresar al Hanami, debía volver con ellos antes de que notaran su ausencia. Subió y subió, con el corazón latiéndole tan fuerte que lo escuchaba palpitar en sus oídos. Los músculos le tiritaban bajo la piel, todo su cuerpo estaba siendo soportado por la pared mientras que su mano limpia hacia el trabajo de conservar el equilibrio.

Nunca se enteró como llegó al segundo piso o como abrió la puerta de su recamara, sin embargo la falta de aire le recordó que en cualquier momento caería de nuevo fatigada en el suelo. Trastabilló entonces hacia el baño lo más rápido que pudo, aprovechando la energía que conservaba antes de agotarse. Encendió la luz de la habitación y se precipitó al lavamanos terminando de escupir más sangre. Una vez hubo pasado el episodio de tos, limpió la evidencia que aquel líquido vital pudiese revelar. Mojó su rostro con un poco de agua fría e intentó calmarse al ver el reflejó tan tétrico que le devolvía el espejo. Miró su yukata que milagrosamente salió ilesa de una posible mancha y observó los alrededores del baño donde no quedara ninguna evidencia de la cual debería deshacerse.

Controló un poco de su escaso chakra para estabilizarse antes de rebuscar en la estantería del baño el medicamento que necesitaba para dominar el episodio al que estaba siendo sometida. Revisó dos veces más hasta darse por vencida. Seguramente estaría en alguna parte de la habitación, ocultos en un lugar donde Sasuke no pudiera verlos. Se devolvió hacia la puerta del baño abriéndola lentamente para encontrarse con la luz de la estancia encendida y con un Sasuke furibundo aguardando en la entrada.

– Sasuke-kun – susurró con un hilo de voz a causa de su adolorida garganta.

La luz había sido encendida, pero de alguna forma trasmitía un resplandor opaco que manchaba tenuemente el cuerpo rígido del Uchiha. Sakura tembló cuando posó su atención en los ojos azabache que la estudiaba rigurosamente. Esto no estaba bien, él no debería estar allí, no debería verla en ese estado.

–¿Qué haces acá? – preguntó de la forma más casual que pudo, esperando que su tormentoso pecho no se estancara o que sus piernas perdieran el equilibrio de nuevo. Sakura tragó grueso con dificultad – ¿Por qué no estás en el Hanami…?

–¿Hace cuánto? – le cortó Sasuke usando una voz imponente que la hizo retroceder internamente.

Un nuevo trueno rasgó el cielo tras la ventana. Sakura llevó una mano hacia el collar bajo la yukata.

–¿Qué dices?

–¿Hace cuánto me has estado ocultando esto? – espetó Sasuke sin mover ni un solo músculo de su cuerpo.

–No sé de qué estás hablando – mintió, esta vez de una forma no muy convincente.

Él entornó los ojos hacia los de ella, a solo instantes de transformarlos en una oleada carmesí.

–Sabes muy bien lo que te quiero decir.

Sakura alisó su yukata forzando a su cuerpo a moverse con naturalidad. Desvió la mirada hacia la ventana humedecida por la lluvia, mostrando una sonrisa difícil de mantener.

–Aun no comienzan los fuegos artificiales, si tardamos mucho nos los perderemos…

–No saldrás de este lugar hasta que hablemos.

Escuchó unos pasos acercarse hasta ella, pero ella no tenía el valor de elevar el rostro.

–No quiero discutir en este momento, Sasuke. Vamos a disfrutar del Hanami – le pidió con suavidad.

–Ya le has dado demasiada larga al asunto – dijo el Uchiha estampándose frente a ella, haciéndola sentir más débil de lo que ya estaba –. Esta vez hablaras. Quieras o no.

La determinación junto a la fuerza de voluntad era lo único que la mantenía con la fortaleza para seguir de pie. Frunció el cejo, formando ambos puños con sus manos para controlarse a sí misma y no caer en medio de la habitación mientras él estuviera allí.

–Déjame salir – musitó Sakura con determinación, mirando fijamente el pecho de Sasuke.

–No.

–Sasuke…

–He dicho que no, Sakura.

La lluvia continuaba repiqueteando en la ventana cuando la pelirrosa tiritó.

–Bien, si quieres que peleemos así será. Al parecer tratar de pasar una noche los tres es imposible para esta familia – se movió hacia la cama y se sentó en ella, cruzándose de brazos aparentando molestia pero en realidad lo hacía para poder sostener su falsa fachada.

El cuerpo de Sasuke giró hacia el de Sakura. Lucia inexpresivo, pero no de la misma manera que siempre se mostraba.

–Dime que tanto ha evolucionado – le ordenó Sasuke desde lo alto.

–Estoy igual que siempre – respondió Sakura expresando naturalidad pero temblándole las piernas ligeramente –. Nada ha cambiado.

–Vi los portarretratos tirados en la entrada, tu chakra es más débil que de costumbre y tu Byakugō no In no está haciendo todo el trabajo que debería para terminar de tragarme tu "nada ha cambiado".

–Me tropecé al entrar. No fue nada – le cortó cuando una nueva sesión de tos estaba a punto de exponerse. Necesitaba buscar su medicina cuanto antes. Miró a Sasuke elevando una ceja – ¿Ya podemos regresar?

El rostro del pelinegro se crispó de tal manera que el siguiente sonido del cielo no hizo ningún efecto de intimidación en aquel pesado ambiente.

–Sakura. Mi paciencia tiene un límite – siseó Sasuke pronunciando cada palabra de manera árida, dura, dolorosa –. Te recomiendo que hables ahora.

–¿Me estas amenazando? – terció Sakura respirando con dificultad.

–No es eso.

–Tu intimidación no me hace efecto ¿sabes?

Sasuke chasqueó la lengua de pura exasperación.

–Dime que tanto ha evolucionado.

–Te estoy diciendo que todo está bien.

–¡Por un demonio, Sakura, no te creas que soy un idiota! ¡Sé que me has mentido todo este tiempo! – bramó Sasuke perdiendo la cordura. Su semblante estaba conmocionado al punto de dejarse llevar por las emociones y abandonando su típico semblante estoico. Por meró instinto Sakura retrocedió espantada por la reacción de Sasuke, manteniendo el agarre de su collar bajo la tela de la yukata. Al ver aquello, las arrugas en la frente del pelinegro se extinguieron. Regresó a su postura indómita, y sin suavizar sus palabras le volvió a preguntar en un tono más bajo – ¿Qué tanto ha avanzado?

Sakura sentía su garganta rodeada en llamas. Bajó la mirada hacia sus pies. Ya no podía sostener esa mentira, no había forma de poder continuar con aquello.

–Ya afectó todos mis canales de chakra, se está diseminando más rápido de lo que esperábamos.

–¿Y el elixir que conseguí hace dos meses atrás? – repuso Sasuke ávidamente –. Se supone que lo retrasaría.

–Hace tres meses alcanzó mis pulmones y todos los canales – explicó neutral, bajando sus hombros hasta decaer completamente –. Para ese entonces ya era muy tarde.

Un silencio torturador se estableció entre ambos. Sakura sentía como el peso de todo su mundo se derrumbaba sobre sus hombros, asfixiándola, corrompiéndola, oprimiendo todo su cuerpo hasta destruir lo único que la hacía mantener viva.

–Demonios – bramó la áspera voz del Uchiha.

Sakura elevó la mirada, pero solo podía ver la espalda de Sasuke alejándose hasta la pared más cercana.

–Sasuke…

–¡Maldición! – volvió a vociferar, esta vez estampando su puño tan fuerte que dejó un agujero entre la puerta y el espejo del dormitorio.

Sakura abrió los ojos como plato y se colocó de pie tan rápido que se sintió mareada.

–¡Sasuke, detente! – le pidió acercándose hasta a él, pero cuando estuvo a centímetros de tocarle el hombro, él se dio la vuelta mostrándole los ojos inyectados en sangre.

–¡¿Por qué me has ocultado esto?! – gritó de tal manera que Sakura creyó sentir como el piso bajo sus pies tembló.

De nuevo llevó sus manos hacia el collar bajo su ropa esperando conseguir la fuerza que necesitaba para sostener esa mirada que Sasuke de devolvía.

–Yo no… yo no quería que… – tartamudeó indefensa –… sabía que reaccionarias de esta manera… es por eso que le advertí a Ino que…

–¿Qué dijiste? – le interrumpió Sasuke bajando la voz hasta hacerla sentir una navaja en la garganta de Sakura.

–¿Eh? – dijo, tratando de controlar su respiración.

–¿Yamanaka lo sabía? – preguntó Sasuke iracundo – ¿Ella estaba al tanto de que tu enfermedad ha empeorado?

–Estábamos intentando en lo posible de mantener todo bajo control – le quiso calmar pero no podía pensar en nada optimista para ese momento –. Tsunade-shishou ha regresado con un nuevo tratamiento y…

–¿Naruto también lo sabe? – le volvió a cortar Sasuke monitoreando los gestos de la pelirrosa como si pudiese descifrar algo entre sus atormentados ojos jades –. Te he hecho una pregunta, Sakura.

Dudó en hablar, pero al final terminó por confesarle.

–Le pedí que no te dijeran nada, no es su culpa, si quieres molestarte con alguien que sea conmigo.

La forma en que él la observaba, esa forma en que sostenía el dolor que con tanto esfuerzo Sakura quiso evitar, se perdió en una oleada de cólera. Sasuke se volvió hacia donde estaban sus cosas y comenzó a buscar a tiendas su vieja mochila de viaje junto a la gran capa negra.

–Sasuke ¿A dónde vas? – preguntó Sakura atormentada por lo que veía.

–¡Matare a ese desgraciado! – gruñó tomando lo que necesitaba.

–¡Él no ha hecho nada malo! – le defendió con un hilo de voz.

–¡Los dos me mintieron en la cara! ¡¿Cómo pretendes que me quede sin hacer nada?! – dijo mirándola de frente.

Sin verla de nuevo, Sasuke se dirigió hacia la puerta.

–¡Espera…! – gritó la pelirrosa.

En su intento por alcanzarle, tropezó de nuevo con algo y un jarrón cayó desde algún lado de la repisa hasta romperse en su cabeza y hacerla perder todo soporte. Sasuke no pudo predecir lo que había sucedido a sus espaldas, y no fue hasta que vio a Sakura tendida en el suelo que saltó hasta ella con el rostro envuelto en asombro.

–Sakura – le llamó la voz de Sasuke, esta vez en un tono turbado.

Ella sintió como los brazos de pelinegro se acomodaban alrededor de su débil cuerpo. Había perdido por un instante la conexión con el mundo que la rodeaba. No escuchaba, veía o podía decir algo. Lo único que percibía era la cercanía de Sasuke acariciándola como si se tratara de un objeto frágil hasta depositarla sobre la superficie de la cama. También pudo sentir la gruesa mano de él tocándole el cabello y manchándose de la sangre que el jarrón le había provocado en la cabeza. El chakra de Sasuke llegó hasta ella, y como se lo esperaba, su jutsu de sanación no funcionó. Esperó pacientemente hasta que el Uchiha desistió en su imposible intento por curar su herida. Sus sentidos volvieron para enfocar a un Sasuke arrodillado a un lado de la cama. Verlo así le hacía sentir el peor de los sufrimientos. Verlo así no hacía más que servirle como un horroroso recordatorio de lo que las mentiras podían lograr.

–El panorama nunca ha sido el mejor, pero siempre nos hemos mantenido firmes ante las adversidades – le susurró Sakura llevando con suma dificultad una mano hacia la mejilla de Sasuke –. Sé que esto no debería haber terminado de esta manera…

–Aún no ha terminado – rugió Sasuke sin ánimos de ser duro con ella –. Me niego a pensarlo.

Sakura esbozó la más triste de las sonrisas mientras él seguía estudiándola en una rigidez inexpugnable.

–¿Cuánto tiempo? – preguntó el pelinegro con suavidad.

–Seis meses – susurró Sakura alejando su mano de la mejilla de Sasuke al sentir como sus músculos crujían bajo sus manos.

Duró un par de segundos observándola antes de colocarse de pie.

–Debo irme – le informó.

–¿Q-que? – balbuceó Sakura. Esperaba esa respuesta desde un principio, pero una parte de su ser aguardaba esperanzada a que dijera lo contrario.

–Hablare con Naruto. A fin de cuentas tengo un puñetazo reservado solo para él.

–Espera… ¿Te iras? ¿Regresaras a tu absurda misión? – la mirada de Sasuke fue contestación suficiente. Sakura aprisionó aún más el collar bajo su ropa – ¿Nos dejaras de nuevo?

–Es por tu bien – le respondió inexpresivo.

–Si velaras por mi bien no te irías sabiendo que antes de que termine el año moriré.

–Jamás vuelvas a pronunciar esa palabra – dijo Sasuke tajantemente –. Ya te dije, esto no terminara aquí. No de esta manera.

Sakura sintió la necesidad de llorar, pero se lo impedía, aun cuando su adolorida garganta se preparaba para romper su voz.

–Nunca has querido aceptar la realidad – le dijo con los ojos jades clavados en su abismo azabache.

–Esta no es mi realidad, Sakura. Nunca lo será.

Se colocó la capa de viaje sobre los hombros con un ágil movimiento que oscureció toda la habitación en un mar de penumbra, trayendo la noche consigo desde las afueras.

–Aguarda – le pidió Sakura creyendo que de alguna manera podría detenerlo –. Escucha lo que voy a decirte…

–Regresare dentro de dos semanas – murmuró Sasuke sin verla, tomando de nuevo la mochila vacía y acercándose hasta la puerta.

–No puedes irte dejando las cosas así.

–No hay tiempo.

–Pero…

La mano de Sasuke se detuvo en el pomo de la puerta por un instante.

–Te hice una promesa de que vivirás lo suficiente para olvidar todo esto – musitó apaciguado –. Es una promesa que pretendo cumplir.

–Por favor. Espera…

No tenía energías para detenerle, ni fuerzas para hacerle cambiar de opinión. Pero en ese momento eran dos personas las que estaban sufriendo. Él soportando la verdad que Sakura le había ocultado, y ella resistiendo de nuevo su dolorosa partida.

–Quédate aquí mientras busco a Yamanaka. Estaré más tranquilo si estas con ella. Y… – Sasuke abrió la puerta de par en par, dejándose inundar por las tinieblas del pasillo –, dile a Sarada que tuve que regresar al norte con urgencia.

–No – gritó Sakura intentando levantarse de la cama arrastras – ¡Aguarda! ¡Espera!

...

Parpadeó con excesivo esfuerzo hasta poder acostumbrarse a la luz que emanaba de las lámparas del techo. Todo a su alrededor estaba hecho de un puro blanco, las paredes, las sabanas, incluso la sensación que la envolvía. Sabía que no estaba muerta, de estarlo el dolor que sentía en ese momento debería ser inexistente, y la sensación de una mascarilla en su rostro que resecaba sus labios y el de agujas atravesándole la piel de sus brazos, estaría ausente.

Escuchó el rítmico sonido del monitor de signos vitales a su derecha, como si fuese el zumbido de una abeja. Intentó moverse pero no yacía con las fuerzas para tan siquiera mover su cuello hacia la mujer que le observaba. Al principio no podía saber quién era, con tanta luz a su alrededor Sakura solo podía distinguir la silueta de ese alguien a su lado.

–¿Ts-Tsunade-shisou? – preguntó con una voz que no parecía ser la suya, moviendo sus agrietados labios solo lo suficiente para emitir un sonido audible.

–Vaya que te gusta armar revuelos – le regañó la voz de su antigua maestra. Luego de un par de parpadeos, Sakura pudo distinguir más que la silueta, ahora alcanzaba a ver su rubio cabello y esas canicas castañas atentas a ella – ¿Cómo te sientes?

–Creo que bien – dijo Sakura, siendo sus palabras opacadas por la mascarilla.

–Demonios, Ino tiene razón. Sabes mentir estupendamente – advirtió Tsunade negando con la cabeza –. Si de verdad te sintieras bien te daría un golpe en la cabeza para que reflexionaras sobre tu increíble testarudez.

Por un motivo absurdo quiso reír, pero sintió como sus labios se desquebrajaban al formar una mueca. Continuó parpadeando y estudiando el lugar hasta donde su vista le permitía adaptarse. No cabía dudas de que estaba en el Hospital de Konoha, las maquinas a su alrededor y ese fuerte olor a antiséptico llenó sus deplorables pulmones. Sentía las piernas encalambradas, al igual que los brazos y el cuello. Estaba segura que si se movía, su columna repiquetearía hasta hacerle recordar la cantidad de horas que había permanecido en esa posición.

–¿Qué sucedió? – dijo Sakura sintiendo la garganta increíblemente seca. En realidad la pregunta fue retorica, ella sabía lo que había sucedido. El sueño que acaba de tener no había sido precisamente una ilusión. Era el recuerdo de una pesadilla. Miró entonces a Tsunade que seguía fielmente a su lado con el rostro tan serio que sus labios fruncidos formaban una perfecta línea recta – ¿Dónde está Sarada? ¿Está bien?

–Por fin se ha quedado dormida. Llevaba casi dos días en vela esperando a que despertaras – sentenció la mujer en un tono autoritario –, es una niña tan obstinada como su madre.

Sakura descansó aún más su cabeza sobre la cómoda almohada.

–Seguro que sí.

El sonido del monitor a su lado aumentó de intensidad cuando Tsunade regresó a ella con la mirada turbia y lóbrega.

–Naruto habló con ella, Sakura.

–Entonces… ¿Ya lo sabe? – musitó la pelirrosa impresionándose a sí misma por la tranquilidad con que lo había dicho –. Creo que no soy una buena mentirosa después de todo – le dijo en tono de burla que no sirvió para nada en alegrar la expresión de Tsunade.

–¿Por qué no me lo dijiste? – en los ojos de la antigua Godaime habitaba un sentimiento de consternación y sufrimiento – ¿Por qué no me contaste esto? Sabes que habría hecho…

–Lo sé, Tsunade-shishou – dijo Sakura forzosamente, queriendo alcanzar la mano de su antigua maestra y tranquilizarla, pero todas sus fuerzas se iban en mantener la mirada fija en ella –. Fue usted la que me enseñó que ninguna causa está perdida.

–Veo que no te lo enseñe correctamente – susurró, dolida.

–Hay batallas que no podemos ganar.

–Solo si se pierde la esperanza.

Sakura liberó un suspiro de debilidad.

–Nunca he perdido las ganas de vivir, Tsunade-shishou.

Ella la observó aun lado de la camilla con el rostro perdido en un sentimiento que Sakura no llegó a comprender.

–Pero has perdido las ganas de luchar.

Sus miradas se sostuvieron en un doloroso encuentro lleno de emociones que ninguna de las dos estaba dispuesta a decir en voz alta. Más allá, la puerta se abrió de una manera fantasmagórica, dejando alzar la silueta de una ausente Shizune enfrascada en una ruma de papeles que Sakura descifró eran de su caso.

–Tsunade-sama, Karin acaba de entregarme unos resultados que debería echarle un vistazo. También he recibido un informe detallado de… – se interrumpió la propia Shizune al llevar su atención desde los documentos hasta depositarla en la pelirrosa, abriendo lo ojos desmesuradamente – ¡Sakura-chan! Oh, qué alegría que este despierta. Es una excelente no…

–Shizune. Estas en un Hospital – le recordó Tsunade con autoridad –. Compórtate.

Sakura sintió pena por como la pelinegra perdió cierta emoción en sus ojos, encogiéndose entre la torre de papeles que llevaba consigo. Intentó tragar saliva, pero sentía la boca como el desierto. Se volvió con cierta dificultad hacía Tsunade.

–¿Karin está aquí? – preguntó la pelirrosa.

–Ya te lo dije – rugió la mujer impertérrita –. Armaste un tremendo revuelo.

–Todos hemos estado muy preocupados por ti, Sakura-chan – murmuró Shizune acercándose hasta ella y devolviéndole una sonrisa tranquilizadora.

La aludida cerró un poco los parpados con cansancio.

–Lamento mucho todo esto.

–No te angusties – se adelantó a decirle –, muchos estarán felices de que despertaste de nuevo.

–Gracias, Shizune-san – quería decir que de verdad se sentía reconfortada por esas palabras cuando en realidad lo que hacía era hacerla sentir peor por haber preocupado a tantos con su mentira.

Tsunade hizo un ruido excesivo con una carpeta donde garabateaba unas cosas, cerrándola de golpe para llamar la atención de las dos ninjas presentes.

–Por ahora te haremos unos exámenes de rutina – dijo sin mirar a la pelirrosa a los ojos –. Necesito que estés en buenas condiciones para la cirugía. Descansa y haz todo lo que te diga ¿Quedó claro?

Sakura pudo pronunciar un tenue "Hai" antes de escuchar el sonido de los tacones de su antigua maestra resonar en la habitación hasta atravesar la puerta a lo lejos.

–Tsunade-sama está un poco dolida por lo que le has ocultado en los últimos meses – le escuchó decir a Shizune mientras se acercaba hasta donde descansaba.

–Estaba preparada para esto – mintió, aguardando que sus ojos le jugaran una mala pasada y comenzara a llorar en cualquier momento. Respiró hondamente, procurando calmarse antes de volver hacia Shizune – ¿Quiénes más se han enterado?

–Creo que todos en la aldea – le respondió mientras revisaba la bolsa de solución que guindaba sobre la camilla –. Tus padres están aquí, pero aun no podemos traerte visitas.

–No tengo fuerzas para hablar con ellos – señaló.

Shizune bajó los brazos, dejando de trabajar un instante para sostener la mano de Sakura y así reconfortarla en un tacto suave.

–Lo mejor será que descanses por ahora. Tomate enserio lo que dijo Tsunade-sama – le susurró la pelinegra.

Sakura asintió dificultosamente.

–Lo hare.

Shizune ratificó la afirmación de Sakura con un mismo movimiento de cabeza, antes de tomar de nuevo sus cosas y retirarse de la sala.

–Shizune-san…

–Él está aquí – le dijo la mujer antes de salir de la sala –. Naruto lo convenció de volver.

–Por favor, aunque él insista, no le permitas entrar – le pidió Sakura con un hilo de voz –. Aún no.

–Entiendo – concordó Shizune mirándola de reojo –. Regresare en un momento, mientras tanto descansa, Sakura-chan. Lo necesitaras.

...

El tiempo en ese lugar avanzaba con torpeza, de una manera tan lenta y aburrida que la única cosa que identificaba el paso de las horas era la enfermera que administraba una potente droga dos veces al día. Ese era el único instante en que veía un ser humano que no quisiera hablar con ella sobre los trazos de su electrocardiograma o de la siguiente tanda de exámenes de laboratorio. Era una mujer regordeta, de mediana edad y lentes de media luna. No era una señora agradable, en realidad era bastante antipática pero prefería que la trataran como una persona normal en vez del sobrecargado consuelo que traía Shizune e Ino. Tsunade, por su parte, seguía estando tensa, pero con el pasar de los días se fue ablandando hasta convertirse en la mujer que le enseñó a golpear el suelo hasta hacerlo trizas. Sakura lo comprobó cuando se enteró que estaba en una de las mejores habitaciones del Hospital en vez de una regular.

–Un momento – le dijo una mañana a Tsunade que pasó a medirle la presión arterial – ¿Esto es una habitación privada? ¿Por qué me tratan de manera especial? Debería estar con los demás…

–No estás en posición para quejarte de esas nimiedades – le rugió su sensei y siguió un monologo con tono burlesco sobre la mala organización de las prioridades de su antigua pupila.

Otra persona que veía con frecuencia era Karin. En realidad se la pasaba más tiempo entre microscopios y tubos de ensayo, pero cuando necesitaba alguna muestra iba personalmente hasta la habitación porque no confiaba en ninguna persona más que en ella misma. Y ante la cantidad de muestras de sangre que seguía hurtándole de sus adoloridas venas, Sakura llegó a la conclusión de que la pelirroja era en realidad un vampiro que buscaba sedienta algo de comer, no podía haber otra explicación razonable para tanto protocolo.

En algún punto de los cuatro días que habían transcurrido desde su llegada al Hospital – que Sakura pensó habían sido casi un mes – alguien cambió las cortinas de la habitación de un azul pálido a un blanco cegador pero que a la final mantenían oculta la ventana hacia la vista de la aldea por cuestionas que pudieran afectar su estado. Como si recibir un poco de aire o recordar cómo se veía el sol fuesen más peligroso que quedarse entre cuatro paredes sin más compañía que un par de sillas vacías y una mesa para visitantes que nunca había sido usada.

Una noche donde la desesperación le jugó una mala pasada, le dio por salir de la cama aun cuando el monitor de signos vitales seguía ululando. Se colocó de pie, arrastró el aparato consigo y el sonido de su corazón aumentó de manera ensordecedora hasta el punto de perforarle los oídos. Se obligó a caminar sin fuerzas hasta la ventana para quitar esas horrendas cortinas pero antes de poder dar un paso más, Shizune y la enfermera regordeta se materializaron a su lado como si se trataran de la mismísima elite ANBU, remolcándola de nuevo a la seguridad de su cama. Cuando Tsunade se enteró de aquello armó un muy estructurado sermón sobre la poca colaboración que Sakura prestaba a sus cuidadores, seguido de una reprimenda que se asemejaban a aquellas que le proporcionaba cuando era tan solo una genin en entrenamiento.

Después de su fallido intento por hacer desaparecer las cortinas, Sakura quedo sin energías para continuar haciendo rabietas. Desde que había llegado no había presentado mayor mejoría. Aunque ya no necesitaba la mascarilla de oxígeno, el respirar se le hacía dificultoso. Además, debía consumir el poco chakra que aun albergaba cada vez que alguien se acercaba hasta ella para así mejorar su semblante y no verse tan alicaída. Dormía incómodamente, con muchas interrupciones, y antes de conciliar el sueño sentía que el aire le faltaba en sus pulmones despertandola al instante. De alguna forma le recordaba a aquellos días cuando el insomnio le atacaba todas las noches. En aquel entonces viajaba con Sasuke pero poco a poco perdió toda esa ansiedad que tanto la acongojaba y pudo volver a dormir tranquilamente.

El recuerdo de Sasuke la hizo acomodar las almohadas que servían de soporte en su espalda, una vez pudo sentarse en la camilla, intentando desviar su mente hacia otros pensamientos. Miró el reloj que guindaba sobre una pared cerca de la desolada silla de visitantes. Marcaban casi las cuatro de la tarde, faltaba mucho para que las visitas terminasen pero era la primera vez que iba a ver a alguien distinto a su "sequito de médicos locos" como lo llamaba Karin, así pues deseaba verse decente aun cuando el permanecer en esa posición fuese más forzoso de lo que se imaginaba.

La enfermera regordeta pasó para decirle un sinfín de normas que Sakura se sabía al pie de la letra, antes de permitirle al primer invitado el paso a la sala. Como solo podía entrar una persona por vez, tuvo que pensar detalladamente a quien quería ver primero. Y fue luego de una larga y metódica charla consigo misma decidió por fin con quien deseaba encontrarse.

La puerta de la habitación se abrió silenciosamente. Sakura, con mucha dificultad, observó al hombre surgir desde el pasillo que se detuvo un instante a verla acostada en el cama. Sus ojos negros seguían siendo amables y protectores, y su cabello revuelto no había cambiado nada con el pasar de los años. Cerró la puerta sin quitar su atención de Sakura, dibujando una sonrisa que ésta no podía ver.

–Y pensar que Naruto y Sasuke eran los problemáticos del equipo – le saludó Kakashi acercándose hasta la silla que aguardaba por él a un lado de Sakura. Tomó asiento y volvió a sonreír tristemente tras la máscara de su rostro –. Les has ganado con creces.

–Kakashi-sensei – su voz sonó apagada pero en realidad luchaba con que las lágrimas no brotaran de sus ojos.

Él hizo una pausa para admirarla.

–Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos vimos – argumentó el antiguo Hokage a lo que Sakura asintió con pesadumbre.

Le hacía sentir bien que Kakashi no hubiese cambiado nada en los últimos años. Su mirada seguía llena de calma, trasmitiéndole seguridad en los pocos gestos que podía ver.

–¿Cómo te has sentido? – quiso saber el famoso ninja copia.

–Según los últimos resultados tengo los valores en el rango de normalidad. La hemoglobina está un poco baja pero han administrado medicamentos para…

–No te pregunte por tus exámenes de laboratorio, Sakura – le cortó sin ser muy rudo al respecto.

–Es casi lo mismo.

–Un par de números no me dicen como estas en realidad.

–Hemos estado en peores situaciones – dijo Sakura en un intento por aligerar el ambiente – ¿no le parece, Kakashi-sensei?

El hombre a su lado dudó un instante antes de asentir.

–Y siempre salimos de ellas – susurró.

–Y bien – dijo Sakura queriendo cambiar de tema, esperando no sonar tan agotada – ¿Cómo han estado sus viajes?

–Tranquilos.

–Las vacaciones le sientan bien.

–A ti también te sentarían unas buenas vacaciones.

Sakura se encogió de hombros.

–Estar aquí encerrada podría considerarse como unas.

Kakashi arqueó una ceja.

–¿Qué mejor que dormir en el trabajo?

–Usted en algún momento debió de quedarse dormido en la torre del Hokage ¿Por qué yo no podría hacerlo en el Hospital?

–Creo que estamos hablando de circunstancias totalmente distintas. Yo era un muy perezoso Rokudaime, tú, por el contrario, eres la Kunoichi más testaruda que he conocido.

–Muchos me han llamado de esa manera.

Kakashi se encogió de hombros.

–Tendrán sus razones.

A pesar del dolor y la fatiga, Sakura pudo dibujar una sonrisa. Volvió de nuevo la mirada a las tibias sabanas que cubrían sus piernas rozándola suavemente con su mano cuando Kakashi se quedó mirándola con fijeza.

–¿Por qué me has mandado a llamar? – susurró él.

Sakura formó un puño con las sabanas arrugándolas en su regazo.

–¿Qué dice, Kakashi-sensei? – le dijo por lo bajo.

–Muy pocas personas han entrado a verte, Sakura, en realidad soy la primera visita que has tenido desde que ingresaste. El paso por esta área está estrictamente vigilado y solo un grupo selecto de personas les seden el paso – reconoció el hombre inclinándose en la silla hasta soportar sus codos sobre la superficie de sus rodillas – ¿Por qué me has elegido a mí?

Esbozó una nueva sonrisa, pero esta era una mucho más triste.

–Nada se le escapa de las manos, Kakashi-sensei. Siempre va un paso por delante de todos.

–Te darás cuenta que no eligen a los Hokage al azar, todos debemos tener un vista aguda y más cuando se trata de tu vieja y tozuda pupila – agregó no muy contento.

Seguía con la vista perdida entre sus puños que estrangulaban la tela blanquecina. Un repentino desvanecimiento quiso hacerla derrumbarse por completo sobre la montaña de almohadas, pero pudo controlar el impulso de caer. No debía mostrarse débil, no en ese momento.

–Siempre he querido hacerle una pregunta, Kakashi-sensei – siseó ocultando los ojos entre la cortina de cabellos rosados –. Pero nunca he tenido la oportunidad.

De alguna forma, el segundero del reloj que guindaba en la pared comenzó un rítmico sonido al unísono con el monitor que media su frecuencia cardiaca. Incluso las respiraciones profundas de Kakashi llegaban hasta los oídos de Sakura, haciéndola sentir extrañamente segura al percibir a su sensei justo a su lado.

–¿Por qué me escogió como compañera de Sasuke en su misión hace más de diez años? – preguntó Sakura con el siguiente latido de su corazón, aun sin levantar la mirada –. De entre todas las personas yo era la menos indicada para estar junto a él ¿Por qué lo hizo?

Escuchó como Kakashi tomaba una fuerte y ruidosa inspiración. Sakura creyó que se tomaría su tiempo para meditar una respuesta congruente, pero cuál fue su sorpresa cuando casi de inmediato dio su opinión al respecto.

–Sasuke siempre ha sido un hombre difícil de comprender – usaba esa voz tan profunda que la hacía remontar a lo años en que era una niña bajo su cuidado –. No puedo decirte que en ese entonces lo conocía lo suficiente para poder entender sus pensamientos porque sería una gran mentira. Aun siendo su sensei por tantos años creo que nunca pude alcanzar ni acertar el verdadero dolor por el que sufrió Sasuke. Y tú tampoco. Ya que la única forma de entender al otro es cuando tú mismo has pasado por esa situación, y en ese momento estaba seguro que nadie podía ser capaz de comparar su dolor con el desconsuelo del pasado de Sasuke.

Repentinamente la mano de Kakashi llegó hasta la suya que aprisionaba aun la sabana, obligándola a levantar la mirada y dirigirse al rostro amable de su sensei que aguardaba por ella.

–Pero a diferencia de muchos, tú eras la única capaz de ayudar a soportar el peso de su oscuridad sin que esta te hundiera a ti también – continuó el viejo Hokage –. Sabía que no forzarías a que cambiara, solo le indicarías el mejor camino y si él estaba dispuesto a continuar lo haría por su propia voluntad – las mejillas se elevaron un poco tras la máscara negra marcando en sus ojos el dibujo de una sonrisa –. Puede que no lo vieras en aquel entonces, pero a decir verdad tú eras la única capaz de poder ayudarlo en su camino de redención. Y… sin darte cuenta, tú terminaste por ser su camino.

El sonido del segundero dejó de sincronizarse con el del monitor cuando este último aumentó su ritmo de una forma que Sakura no pudo controlar. Relajó los puños hasta desvanecer la tensión que yacía sobre la tela, sintiendo la calidez que emanaba la mano protectora de Kakashi sobre la suya.

–Además – continuó su viejo sensei guiñándole uno de sus ojos, aquel que tenía la cicatriz –, siempre me parecieron una curiosa y divertida pareja.

Y como si fuese la cosa más fácil, Kakashi consiguió la forma para que Sakura forjara una sincera sonrisa y se despojara por un instante de todo lo malo que sucedía a su alrededor.

–Gracias, Kakashi-sensei – le dijo girando la muñeca para sostener con fuerza la gruesa mano que la hacía sentir como una pequeña niña –… Gracias.

La puerta volvió a abrirse, desconectando las miradas de ambos para dirigirla hasta la recién llegada. El corazón de Sakura dio un brusco vuelco que se vio reflejado en el aparato a su derecha. Aun cuando la puerta no estaba del todo abierta y que mostraba solo la mitad de su cuerpo, para Sakura era muy fácil reconocer la silueta de su hija. Aprisionó inconscientemente la mano de Kakashi contra la suya esperando conseguir un poco de valor. No había visto a Sarada desde el Hanami hace muchos días atrás y esta iba a ser la primera vez que la vería sin que ninguna mentira se interpusiera en su camino.

–Creo que tienes visitas más importantes – reconoció Kakashi colocándose de pie y desenlazando su mano de la de Sakura en un gesto protector y paternal.

La pelirrosa no sabía muy bien en donde depositar la mirada, pero Kakashi se lo dejó muy fácil cuando le devolvió la última sonrisa cálida de su visita.

–Nos vemos después ¿está bien?

Ella asintió con cansancio, viendo como su sensei desaparecía de la habitación no sin antes detenerse en la puerta medio abierta para acariciar la coronilla de Sarada de la misma manera que hacía con Sakura en los tiempos cuando el equipo 7 aún existía.

La enfermera regordeta estaba oculta en el pasillo y escoltó a Kakashi de vuelta a la sala de espera, mientras que Sarada cerraba la puerta a sus espaldas. Sakura la observó desde la cama con los ojos pesados por la energía que requería mantenerse en esa posición, pero no se detendría a descansar mientras su hija estuviera allí. Debía mostrarse fuerte, incluso cuando nada parecía ser favorecedor.

–Mamá – musitó Sarada lejos de donde Sakura estaba.

–Hey, pequeña – le saludó con la sonrisa que Kakashi había forjado en su rostro – ¿Cómo estás? Me dijeron que no has dormido muy bien.

La dos manos de Sarada estaban entrelazadas para mantenerlas firmes, pero incluso desde la distancia Sakura podía ver como temblaban.

–¿En serio te estas preocupado por mí en este momento? – susurró la niña empañando sus profundos ojos negros.

–Pues claro – le dijo Sakura con calma –, por algo soy tu madre.

Las pequeñas piernas de Sarada trotaron hasta alcanzar la cama de Sakura. Elevó los brazos y los envolvió alrededor del cuello de su madre siendo muy cuidadosa de no lastimarla o recargar todo su peso sobre ella. Los ojos jades de la pelirrosa se abrieron de sobremanera, esperando una respuesta totalmente distinta. En todos los días que llevaba allí no se imaginaba que el reencuentro con Sarada comenzara con un abrazo sino más bien con reproches sobre las farsas que le hizo creer.

–L-lamento mucho to-todo lo que h-ha pasado – balbuceó la niña entre sus brazos, descargando todo su sollozo en cientos de cristalinas lagrimas –. N-nunca quise… y-yo…y-o…

–Hey, hey – intentó calmarle Sakura acariciando la espalda de su hija que tiritaba con la siguiente oleada de llanto.

Sarada se separó mostrando unas pestañas empapadas y unas bolsas oscuras alrededor de los ojos. Hipaba sin la capacidad de controlar las lágrimas que seguían cayendo mientras que Sakura amortiguó las suyas propias de una manera que considero casi imposible.

–Ven acá – le dijo la pelirrosa limpiando las mejillas coloradas de su hija al mismo tiempo en que hacia el esfuerzo sobrehumano de moverse, dándole un espacio en la camilla para que estuviera más cerca. Luego se preocuparía del sermón de la enfermera y sus estrictas normas intrahospitalarias, por ahora Sarada debía estar cerca de ella, porque más que una petición era una necesidad. Limpió una nueva lagrima del rostro de su hija con suma quietud –, no pongas esa cara tan triste.

–L-lo siento t-tanto – volvió a tartamudear Sarada.

–No hay nada de que disculparse, pequeña – acarició el cabello revuelto de su hija formando una mueca de aflicción –. Yo soy la que debería…

–No – sus gestos se transformaron a unos más serios, aunque la desolación no desapareció nunca de sus ojos –. Tú no has hecho nada malo. Sé que quisiste ocultarme esto para no lastimarme. Has sido muy fuerte mamá y yo nunca me he dado cuenta de todo lo que había pasado sino hasta que terminaste aquí. Soy yo la que debo de pedir disculpas por lo mal que me he comportado estos últimos días. He querido pedir perdón a ti – bajó un instante la mirada regularizando su respiración –… y a papá.

Otra vez la imagen de Sasuke se formó en sus pensamientos.

–¿Ya no estas molesta con tu padre? – asumió Sakura sosegada.

–Lo juzgue antes de conocer la verdad – dijo en una voz apagada –. Fui muy mala con él.

–¿No has intentado hablarle?

Sarada cerró con fuerza los parpados.

–N-no puedo – chilló de manera que Sakura pudo sentir lo molesta que ella estaba consigo misma –. Soy una cobarde, mamá – dijo de nuevo al borde de las lágrimas.

–Sasuke-kun entenderá. Él sabe por todo lo que has pasado – dejó disimuladamente que su cuerpo descansara por completo sobre las almohadas mirando a Sarada con cierto aire de bondad –. Tu padre te quiere más que a nada en el mundo, no tienes nada que temer.

–Lo que yo he pasado no es nada comparado a lo que ustedes han tenido que luchar.

–Pero no fuimos justos contigo – le corrigió Sakura con tristeza –. No es bueno mentirle a tus seres queridos. No debí mantenerte oculto nada de esto, tal vez de esa manera no sentirías tanto dolor. Espero que no tomes ese mal ejemplo.

–Eres la persona más fuerte que conozco, mamá – saltó a decir, haciendo que la pelirrosa abriera los parpados más de la cuenta –. Eres y seguirás siendo el mejor ejemplo que alguna vez haya tenido.

Y después de tantos días sin verla, una sonrisa apareció en los labios de su hija. Sakura volvió a contener las lágrimas y permitió que Sarada se acostara a su lado para poder sentirse reconfortada.

Los minutos que pasó con la pequeña Uchiha le parecieron instantáneos. Dicen que los mejores momentos duran pocos, y considerando lo eterna y solitaria que había sido su estancia en el Hospital, descubrió que el reloj se adelantaba precipitadamente, como si el tiempo quisiera que los momentos felices se conformaran con segundos breves pero memorables, mientras que la soledad debía verse acompañada de la eternidad de los minutos pasar.

–Oh, te traje unas flores pero no permiten colocarlas en tu habitación – anunció Sarada bastante molesta por las restricciones del Hospital. Sakura no sabía cuánto tiempo llevaban hablando, pero el semblante de la niña ahora era más sereno y feliz –. Son unos Iris blancos del jardín de la casa.

Sakura sonrió. Ella siempre colocaba Iris blancos a sus pacientes para que de cierta manera llegara una señal de esperanza, era lindo que Sarada se lo recordara.

–Vaya, has aprendido bastante – observó Sakura.

La pelinegra se encogió de hombros.

–Bueno, tengo una mamá que le gustan mucho las flores.

–Le diré a Shizune que las coloque de contrabando en algún lugar. Este sitio no es un lugar muy agradable ¿no te parece?

Las dos miraron el alrededor envuelto en una capa de perfecto y pulcro blanco que hacía ver demasiado radiante aquel lugar.

–Seguramente – concordó Sarada haciendo una mueca.

Por segunda vez esa tarde la puerta se abrió.

–Lamento interrumpir – dijo una voz gruesa asomando una mata de cabello amarillo por la rendija de la puerta.

–Hokage-sama – saludó Sarada sonrojándose ligeramente.

El rostro de Naruto formó una sonrisa.

–Shizune está buscando a Sarada-chan y la hora de visitas está por terminar.

–Oh, claro – se irguió sobre el espacio de la cama que Sakura le había otorgado y se volvió a su madre muy seria –. Tienes que descansar para la operación de mañana. Tsunade-sama está preparando todo.

–Seguro que debe de estar con los pelos de punta – se burló Sakura mirando de reojo a su mejor amigo.

–Ya sabes cómo es la Baachan de estresante – agregó Naruto rascándose la nuca.

Sarada saltó fuera de la camilla de una manera pulcra y refinada.

–Nos vemos pronto, mamá.

Como había hecho en su pasada despedida con Kakashi, regresó una sonrisa a sus labios.

–Claro que sí, pequeña.

Antes de que Sarada se diera la vuelta y desapareciera, Sakura le hizo una seña para que se acercara. La niña parpadeó un par de veces sin comprender. Dio un paso al frente y los débiles dedos de la mano de la pelirrosa chocaron con la frente de Sarada dejándola con la boca ligeramente abierta.

–Pensé que me ibas a… – susurró la Genin, esperando un beso en la frente en vez de un toque como el que Sasuke solía hacerle entre las cejas.

–Duerme tú también ¿sí? – pidió Sakura con dulzura.

Sarada acarició su frente y salió medio caminando medio trotando de la habitación. Naruto la observó escabullirse.

–Gracias, Naruto – le dijo Sakura haciendo que éste se girara para verla –. No sé qué hubiera hecho sin ti.

Los ojos azules de su mejor amigo brillaron en la incandescente luz de la habitación.

–No digas tonterías, Sakura-chan.

–Lo digo de verdad – insistió con suavidad. Y esbozando una sonrisa, dijo de nuevo –. Muchas gracias, hermano.

El actual Hokage llevó otra vez la mano a la nuca rascándola con más energía, mostrándose como el viejo torpe ninja cabeza hueca que conoció hace tantos años atrás.

–Guárdate todas esas energías para mañana' dattebayo.

–Cuida a Sarada – agregó Sakura, recibiendo una mirada fugaz de Naruto –. Haz que descanse.

Hubo un corto silencio donde solo la maquina seguía su danza rítmica a un lado de la camilla.

–Lo hare – dijo Naruto en un tono que sonó entre serio y alicaído.

Antes de lo que hubiese querido la puerta se cerró escuchando el clic del seguro, certificando que nadie más entrase a la habitación. Sakura soltó un suspiro hundiéndose aún más en las almohadas que soportaban su espalda. Ya no tenía fuerzas para aparentar con su último invitado aunque hubiese preferido soportar un tiempo más con el semblante apaciguado.

–Le pedí a Shizune que no te dejara entrar pero aun así te las ingeniaste para pasar desapercibido – susurró Sakura mirando las cortinas moverse cuando la ventana se abrió y dejó pasar a la imponente figura de Sasuke – ¿Cuánto tiempo llevas allí escondido?

Aun cuando la luz del lugar era tan radiante que nada podía pasar desapercibido en la habitación, Sasuke trajo consigo la oscuridad de la noche que se pintaba tras la ventana. Sus ojos estaban cubiertos de una capa misteriosa, como si quisiera ocultar en su rostro el reflejo de sus verdaderas emociones pero su mirada señalaba el tormento que quería reservar. Algo en Sakura se destruyó en cientos de miles de pedazos al verlo allí. Había hecho hasta lo imposible para evitar el sufrimiento que se filtraba en esas esferas azabaches, y estaba convencida de que el dolor de su verdadero estado de salud sumado a la mentira que sembró en él terminaron siendo un desconsuelo mayor del que ella quería protegerle.

–¿Por qué me miras con esa cara? – preguntó Sakura

La cortina se movió al compás del viento de la misma manera que lo hacia la negra capa del Uchiha.

–Sakura – pronunció las tres silabas con voz ronca.

Le costaba respirar, y no por el simple hecho de que sus pulmones resolvieron en convertirse en esponjas inservibles, sino por ver su rostro devastado por la realidad de que ella estaba postrada en una cama sin una vista optimista de un futuro prometedor.

–¿Por qué entraste? – preguntó Sakura, volviendo a sostener la sabana con los puños que cada vez temblaban más y más –. Sabes muy bien porque no quería que entraras a la habitación y es precisamente para no tener que soportar que me mires de esta manera.

El viento que pasó a través de la ventana olía a tierra húmeda y a primavera. Ya podía ver por fin lo que se ocultaba tras las cortinas, y reafirmando la hora que señalaba el reloj de la pared, un cielo negruzco abrazaba la aldea junto a centenares de titilantes estrellas. Una triste noche sin luna.

Sasuke se mantenía tieso dándole la espalda a la ventana por donde había entrado. Nada en sus rasgos había cambiado desde que aterrizó de improvisto en la habitación. El mismo semblante estoico de siempre. Sakura podía desde la distancia percibir el crujir de su mandíbula, la impotencia transpirando por sus poros, la tensión en su cuello. Lo conocía demasiado bien como para no darse cuenta de lo que podía estar pasando por su cabeza.

–¿Por qué no seguiste tu camino al norte? – la pregunta salió de sus resecos y pálidos labios sin haberla repasado una vez por su mente. El brazo ocultó en la gruesa capa de Sasuke vibró casi imperceptiblemente.

–Me enviaron la noticia de tu recaída – susurró, manteniendo toda su atención en ella –. No podía seguir sin antes verte de nuevo, saber que estabas segura.

Esas palabras generaron un desplomo en Sakura mayor del que ya sentía. Suavizó sus gestos, mirando a su esposo de la forma más dulce de la que era capaz.

–En ese caso serás mi última visita antes de que Tsunade-sama te saque a patadas – quiso sonar divertida, pero el intentó de sonrisa se perdió en una mueca de cansancio. Sasuke entrecerró los ojos y la estudió con detalle, haciendo que Sakura levantara su huesuda mano para hacerle una diminuta seña –. Ven, acércate.

Por un momento perdió la vista y se dejó llevar por los sonidos a su alrededor. Estaba agotada, pero no lo suficiente para reconocer el caminar de Sasuke que seguía el ritmo del monitor, hasta detenerse en la silla donde ocupó su sitio una vez Sakura pudo distinguir su rostro de nuevo.

–¿Cómo te sientes? – preguntó Sasuke oscureciendo la habitación con solo su presencia.

–Mucho mejor que tú y tu ceño fruncido – bromeó, y esta vez fue un poco más real. La vista le seguía fallando sin embargo su oído seguía muy atento a lo que se desarrollaba a su alrededor, fue gracias a eso que reconoció una diminuta risa proveniente de la garganta de Sasuke. Sakura le devolvió con dificultad el gesto – ¿Qué?

–Nunca pierdes tu sentido del humor.

No sabía que su mano pesara tanto, lo supo cuando la levantó torpemente de entre las sabanas y acarició el difuso rostro de Sasuke.

–Si con eso puedo robarte una sonrisa mi misión está hecha.

Sasuke guardo silenció. Sakura sabía que la estaba evaluando de la forma en que los médicos hacían para concluir su estado como "catastrófico", pero cuál fue su sorpresa cuando Sasuke le susurró con suavidad.

–Aun llevas ese collar.

Por meró instinto, llevó la mano hacia su cuello, para después concluir que ese movimiento tomó más energía de la que había planeado.

–Si – murmuró Sakura tocando la superficie del collar que reposaba sobre su pecho–. Recuerdo cuando me lo regalaste en navidad. Sarada y yo estábamos sentadas en medio de la sala viendo la chimenea cuando Horus llegó con nuestros paquetes. Pensé que la piedra se había hecho trisas en la cueva de Orochimaru cuando Sarada nació. Nunca imagine que tomarías las piezas e hicieras un collar tan bonito.

Sakura hizo el esfuerzo de mover su mano jalando un poco el collar para poder verlo con sus propios ojos.

–Siempre lo llevo conmigo – continuó –, es un recordatorio de que, a pesar de que estés lejos, una parte de ti siempre está conmigo.

Dejó caer de nuevo la mano evitando en lo mediado de lo posible verse más fatal de lo que ya estaba. De nuevo el sonido del monitor ascendió entre su silencio, haciendo que su frecuencia se desequilibrar unos latidos cuando sintió la mano de Sasuke enlazarse con la suya.

–Perdóname, Sakura – dijo con voz gruesa.

Ella torció un poco la cabeza para intentar enfocarle. Como ya sabía, Sasuke casi nunca pedía disculpas… casi.

–Perdóname por todo lo que te hecho pasar – regresó el Uchiha ocultando los ojos tras esa mata de cabello negro –. Perdóname por lo que he dejado de hacer por ti, por Sarada, por no ser el esposo que mereces ni el padre que siempre quisiste que cuidara a nuestra hija.

Sin medir sus reservas de energía, apretó la mano de Sasuke contra la suya. El tacto era reconfortante, no de la manera que lo había transmitido Kakashi, éste en cambio era un contacto cargado de todo eso que ambos necesitaban del otro. Su simple presencia.

–Claro que no, Sasuke-kun – le corrigió Sakura con un hilo de voz, forzando a que las lágrimas no brotaran de sus ojos en cualquier momento –. Fuiste lo mejor que me ha pasado en la vida. Sin ti no hubiese visto crecer a Sarada, no hubiese conocido lo hermoso que es ser una madre – una sonrisa espontanea se dibujó en ella –. Sin ti no hubiese conocido lo que es una familia.

Ahora podía verlo mejor. El pequeño episodio de ceguera había pasado para encontrare con el rostro de Sasuke que le devolvía una mirada densa. Sus cejas estaban relajadas, ya no tenía el entrecejo fruncido o los labios formando una línea recta. Fue allí donde se perdió en esos ojos insondables, recordando todas y cada una de las razones por las cuales lo amaba.

–Quiero ver las estrellas contigo, Sasuke-kun – le pidió Sakura.

–No puedo sacarte de la habitación.

–Entonces llévame hasta la ventana – no perdió el contacto con él, simplemente apretó aún más sus manos hasta formar un lazo entre ambas –. Hoy quiero dormir en tus brazos.

–Tsunade me sacara a patadas.

Sakura esbozó una nueva sonrisa.

–Tendrá que sacarme a patadas contigo porque tú no te iras.

Le fue imposible descifrar el trayecto que Sasuke tomó hasta llevarla a una pulgadas de la ventana, o como se las ingenió para hacer que el monitor de signos vitales llegara hasta un lado del afanoso sillon donde estaban. Lo único que recordaba era como él la tomó en sus brazos usando movimientos delicados, rodeándola con familiaridad, pasando sus brazos alrededor de sus hombros y por debajo de las rodillas. Pudo oler su aroma cuando acunó su cabeza en el pecho de Sasuke. Ese olor a hierbabuena le hizo respirar con normalidad y la capa que él se había quitado ahora la arropaba como una cálida sabana.

La ventana seguía abierta pero la cortina dejó de moverse. Sakura no necesitó buscar una posición cómoda en la silla, Sasuke se encargó de que su cuerpo descansara en la seguridad de su regazo de una forma tan grata que se dejó llevar por la sensación de protección que emanaba su esposo. Sus delgadas piernas se encontraban descansando sobre un muslo de Sasuke, mientras que su lánguido torso era acunado en el brazo vendando de éste.

Se quedaron allí en silencio por un tiempo impreciso, perdiéndose entre las estrellas del cielo. No se trataba de una quietud incomoda donde ninguno tenía nada que decirle al otro. Para ellos las palabras llegaban a sobrar, solo necesitaban de su cercanía para poder complementarse.

–Es una linda noche ¿No te parece? – reconoció Sakura al tiempo en que Sasuke acariciaba inconscientemente la curvatura de su cadera bajo la capa de viaje.

Luego de un tiempo sin recibir respuesta, Sakura se regresó a verlo, encontrándose de nuevo con el entrecejo contraído de Sasuke.

–Hey – le llamó, pero de nuevo no escuchó decir nada por su parte. Levantó con torpeza la mano y con su dedo índice y medio golpeo el espacio donde las arrugas se concentraban en su frente –. Deja de tener ese ceño tan fruncido.

Sasuke no pudo ocultar su asombro y enfocó de nuevo a Sakura, forjando una sonrisa de medio lado.

–Siempre es hermoso verte sonreír – justificó la pelirrosa.

–Prefiero verte a ti feliz.

–Lo soy. Siempre lo he sido.

–¿De verdad?

La duda en la pregunta de Sasuke no le agradó en nada.

–¿Por qué se te hace tan difícil creerlo?

–Porque siento que soy el único que ha recibido bendiciones en esta familia – siseó tan bajo que Sakura le costó enlazar todas las palabras.

Ella cruzó infantilmente los brazos sobre su pecho haciendo que su corazón latiera un poco más fuerte por el repentino movimiento.

–Creo que no te ha quedado claro lo mucho que te amo, Sasuke – dijo Sakura inflando los cachetes y mirando a otro lado.

Una brisa pasó entre ellos.

–No dices eso con frecuencia – terció Sasuke ocultando su fascinación.

–Mucho menos tu – se jactó esperando que el sonrojo avivara un poco su rostro. Sasuke contrajo los músculos de sus brazos, Sakura lo pudo sentir aun cuando la tela de la capa lo separaba de él. Desenlazó entonces las manos sobre su pecho y giró para entornar sus jades hacia el Uchiha –. Pero me lo demuestras cada día en que estas fuera de la aldea intentando salvarme.

Sasuke continuó acariciando con su pulgar la piel de Sakura, haciéndola sentir cosquillas entre cada circulo que hacia sobre su cadera. Continúo creando un camino ausente por su cintura y ella terminó por acurrucarse aún más en su regazo.

–Cuéntame una historia – dijo Sakura mirando fijamente las estrellas –. Un recuerdo que pueda utilizar.

–¿Un recuerdo que puedas utilizar? – repitió Sasuke. Sintió las vibraciones que generó la gruesa voz en su mejilla, allí donde el rostro de Sakura descansaba en el pecho del Uchiha – ¿Para qué?

–Para poder dormir en los brazos de Sasuke-kun.

Una mueca se trazó en el rostro del pelinegro.

–Sabes que no soy bueno contando historias.

–Y yo no soy para nada buena escuchando. Por algo somos una excelente pareja ¿no lo crees?

Sasuke rio antes de volverse de nuevo a la noche.

–Ahora que lo dices – reconoció, mirando a las estrellas –. Este cielo me recuerda a esa vez.


Día 354

Era la primera vez durante su viaje juntos que se topaban con el mar. Fue un hallazgo fortuito, ninguno de los dos esperaba alcanzar la costal. La idea era seguir la ruta y adentrarse en las montañas tomando más altitud, pero el mapa que llevaban consigo y el desequilibrado sentido de orientación de Sakura los llevó por el camino equivocado. Estaban en algún lugar del país del Fuego, bordeando la frontera con el país del Té. El plan consistía en llegar a una colonia que les daría cobijo antes de seguir su misión, pero cuál fue su sorpresa que en medio de las insistencias de cierta pelirrosa tomaron el recorrido incorrecto y terminaron en un acantilado hacia el mar.

El comentario zagas de Sasuke sobre lo despistada que podía llegar a ser Sakura no se hizo esperar, haciendo que esta se sonrojara y terminara por molestarse con él cuando la comparo con una almeja y su capacidad de ubicarse en el espacio. Como ya era de noche y el dar la vuelta para retomar el sendero de regreso al bosque no sonaba a un plan alentador, decidieron acampar cerca de unas rocas donde el terreno era suficientemente sólido y la vista llegaba a ser bastante impresionante. Tal vez fue esa la razón por la cual los quejidos de Sasuke desaparecieron una vez armaron la tienda y encendieron la fogata. A pesar de haberse desviado por mucho de su actual camino, debía admitir que el panorama era algo excepcional. Al no haber pueblos cerca no existía contaminación lumínica que embaucara la luz de las estrellas en el cielo, dejándolas titilar entre un manto tan negro como los ojos del Uchiha. El eco del mar colisionando bajo las rocas del acantilado era un sonido armonioso conducido por una brisa salada que alborotaba sus cabellos. No había nada en el horizonte, ninguna isla, ciudad, pueblo o montaña, solo una línea ínfima y casi inexistente que separa el cielo del manto oceánico. La sensación que trasmitía aquel pedazo de naturaleza alcanzaba los senderos de lo indescriptible. Si alguien pudiera designarle a la palabra paz un lugar en el mundo, puede que ese pequeño lugar lo sería.

Sakura se había colocado un grueso abrigo luego de salir de la tienda de campaña. El otoño estaba sobre ellos de nuevo y la brisa marina se lo recordó arrastrando consigo la humedad de la noche. Miró alrededor de su improvisado campamento esperando hallar a Sasuke cerca de la fogata o preparando lo necesario para que ella cocinara la cena, pero no había rastros de él en ninguna parte. Se envolvió fuertemente en su abrigo sin alejarse demasiado del fuego. Esperó unos minutos con la idea de que el Uchiha había ido a cazar o a comprobar el perímetro, pero le parecía extraño que no le avisara antes de marcharse. Él siempre le anunciaba a donde iría y que iba a hacer para que estuviera tranquila, esperándole sin mayores preocupaciones, pero en esta ocasión Sasuke había desaparecido casi por completo.

Una alarma de pánico se apoderó del corazón de Sakura cuando su mente maquinó lo peor. Desde terribles imágenes de un Sasuke moribundo y malherido, hasta las de una una muerte exitosa que la dejaba sola al borde de aquel acantilado. Desechó al instante todas esas ideas funestas antes de que el tamborileo en su pecho se trasmitiera a sus piernas y comenzara a temblar de la angustia. Afianzó el abrigo a su alrededor hasta envolverse sobre él con fuerza, tomando la decisión de ir en su busqueda por los alrededores. Caminó hacia el bosque, rodeó arboles decorados con hojas marchitas y circunvalados por arbustos compuesto por ramas secas y coloreados con los tonos del otoño que, aunque era de noche, la oscuridad dejaba cierto matiz naranja a su alrededor. Revisó varias veces el área con la esperanza de encontrar a Sasuke con su pose de autosuficiencia y sonriéndole de medio lado con una mano sobre su indispensable katana, pero no había rastros de él.

Zigzagueó ansiosa entre el tronco de los arboles precipitándose de regreso al acantilado una vez percibió el chakra de alguien cerca del lugar. Desde donde estaba no podía distinguir esa sensación tan fluida y serena que se dibujaba en algún punto lejos del campamento. Sakura carecía de la capacidad de rastrear el chakra de los demás, pero podía percibir el de una persona si ésta se encontraba en un radio considerable. Mantuvo la guardia en alto, disminuyendo el desliz de sus pisadas entre las hojas secas sin dejar de analizar a la persona que estaba al borde del precipicio que daba hacia el mar.

No fue sino hasta que salió de la espesura del bosque cuando reconoció de quien se trataba. Se sintió como la almeja con que Sasuke la había comparado por no haber reconocido el chakra del mismísimo Uchiha. Lo descubrió con los pies descalzos sobre la fría roca y sin ningún abrigo que mantuviera su calor corporal, como si el frío de la noche fuese una preocupación innecesaria. Sakura estuvo a instantes de llamarle por su nombre, sin embargo se contuvo. Viéndole tendidamente en el espacio que separaba el filo del acantilo del infinito mar, pudo comprender porque no acertó a reconocer el chakra de Sasuke desde la distancia. Éste fluía distinto de lo normal, como si se hubiese amoldado de manera sincronizada con las olas del mar. Sus hombros se mostraban relajados, dejándose llevar por la brisa que revolvía el cabello azabache, embriagándose en el aroma de la sal.

Sakura le admiró un rato más antes de acercarse hasta él sin hacer mucho ruido, posicionándose a un lado para admirar también el paisaje.

–¿Te gusta el mar? – preguntó la pelirrosa perdiéndose entre el sonido de las olas y el tintinar de las estrellas en el cielo sin luna.

–No realmente – siseó Sasuke.

La pelirrosa se volvió a ver el perfil del Uchiha con una mirada contrariada.

–¿Por qué?

–Fue el primer lugar al que llegue después de conocer la verdad sobre Itachi – confesó, sin perder la conexión que tenía con el paisaje frente a él.

Sakura se encontró desviando los ojos hacia las olas que rompían sobre las rocas. Escondió las manos de manera que el viento helado no la terminara por congelar, abrazándose a sí misma de manera instintiva.

–Lo lamento – le dijo con verdadero sentir –. Pensé que te gustaba el mar, parecías lleno de paz.

–¿Por qué siempre te disculpas? – quiso saber en un tono molesto. Bajó la mirada y trazó el camino que seguían los ojos de Sakura hasta detenerse a ver la espuma que formaba el agua al colisionar con la pared maciza que los separaba del mar –. Ya te he dicho que no me gusta que digas esa palabra.

–Y a mí no me gusta verte triste – le dijo la pelirrosa reforzando su propio abrazo aún más.

–¿Por qué asumes que estoy triste?

–Ahora que te observo me doy cuenta que, cuando ves el mar, lo único que hay en tus ojos es dolor – se encogió de hombros –. No me gusta que sientas dolor, Sasuke-kun.

Escuchó como una risa burlona se disipó desde la garganta de Sasuke.

–Demonios, Sakura. Siempre sacas unas extrañas deducciones.

–Hey – le reprochó, esta vez elevando la quijada hasta toparse con la mirada del Uchiha, haciéndola dar un pequeño respingo de pura impresión.

–No te preocupes por mí – le susurró Sasuke –. Estoy bien.

Ella asintió no muy complacida, desviando la mirada hacia el mar.

–Es muy bonito el paisaje – reconoció Sakura inhalando el aroma que desprendió la siguiente oleada –. Es una pena que las cosas hermosas no siempre traigan buenos recuerdos.

Sintió el cuerpo de Sasuke girar hacia el de ella, confrontándola de manera que Sakura se vio forzada a regresarle la atención que él le estaba colocando.

–Sakura – la forma en que pronunció su nombre la hizo estremecer por dentro.

–¿Si?

–Estamos en el país del Fuego – advirtió Sasuke más serio que de costumbre –. Konoha queda muy cerca, creo que es lo más cerca que hemos estado desde que comenzamos nuestro viaje.

–¿Por qué dices eso? – escudriñó la expresión inerte del pelinegro pero no le tomó demasiado tiempo llegar a comprender a donde quería llegar con esa insinuación, lo cual no hizo más que molestarla severamente –. No estarás pensando en que regrese de nuevo a la aldea ¿verdad? pensé que nuestra conversación en el puente había quedado muy clara, Sasuke.

–Es todo lo contrario – le explicó sin cambiar el tono de su voz –. Creo que después de ese día me convertí en una persona demasiado egoísta.

Los parpados de Sakura se abrieron hasta mostrar todo el borde de su iris jade.

–¿A qué viene eso? ¡Claro que no lo eres!

–Sí, lo soy – reprochó Sasuke con serenidad.

–¿Ahora quién es el que está sacando extrañas deducciones? – descompuso el cruce de sus manos que abrazaban su propio cuerpo para enfrentarse de lleno a Sasuke – ¿Debo recordarte la vez que nos salvaste a todos en la guerra? ¿O cuando Akaoshi atacó? ¿Incluso en Gan'u cuando Yūhi robó los recuerdos de esos aldeanos?. Ningún egoísta salvaría a tantas personas sin recibir nada a cambio. Sería el egoísta más estúpido del mundo.

–¿Me estas llamando estúpido? – dijo el Uchiha elevando una ceja.

–¡Claro que no! no tergiverses las cosas – bramó Sakura formando dos puños a ambos lados de su cuerpo –. Solo quiero decir que no eres eso que estás pensando.

–Te equivocas – le reprochó de nuevo junto a la misma tranquilidad de hace unos instante.

Sakura relajó su cuerpo tenso, llegando a perderse en la noche que se proyectaba en los ojos del pelinegro frente a ella.

–¿Sasuke-kun?

–Soy egoísta porque no quiero que te vayas de mi lado, Sakura – dijo con vehemencia, sin dudar en ningún momento de sus palabras o de la mirada que le estaba devolviendo.

La misma fuerza con que las olas azotaban la roca bajo sus pies lo hacía su corazón entre sus pulmones, haciéndola retener el aliento de golpe.

–Sa-Sasuke-kun…

–Quiero darte algo – dijo Sasuke buscando un objeto en el bolsillo de su pantalón. Cuando lo hubo sacado, Sakura abrió los ojos como platos de la misma manera en que sus labios se entreabrieron por la sorpresa.

–¿Esto… esto es…? – tartamudeo la pelirrosa totalmente incrédula.

Entre la mano vendada del Uchiha descansaba una pequeña piedra plateada, con un copo de nieve en su interior. La superficie irregular centellaba tenuemente con la luz de la noche, como si se tratara de una diminuta estrella robada del mismísimo cielo.

–Es la piedra que me obsequió la mujer en Gan'u la vez que derrotamos a Yūhi – memoró Sasuke.

–Recuerdo haber perdido la mía durante el ataque – dijo Sakura bastante apenada por aquello.

–Lo sé. No pude encontrar tu piedra. La busque antes de partir pero creo que Yūhi la robó – jugó con el objeto entre sus dedos moviéndolo de manera que brillara escasamente alrededor de su mano –. Sin embargo – agregó Sasuke por lo bajo –, creo que esta es la única que necesitamos.

–¿De qué hablas? – dijo Sakura arqueando una ceja –. La idea es intercambiar ambas piedras entre dos personas que se aman de verdad en señal de completa entr…

Las palabras terminaron por disolverse en su boca al caer en cuenta del significado que acaba de evocar. Según la vieja leyenda del país de la Tierra sobre el guerrero y la doncella, la finalidad de obsequiar aquella piedra era un gesto que iba más allá del de un simple regalo. Eso no hizo más que alterar a la pobre Sakura que no conseguía articular una nueva palabra cuando los ojos de Sasuke se fijaron de nuevo en los suyos.

–No necesito que me des nada, Sakura – murmuró el Uchiha muy serio –. Todo lo que has hecho por mi vale más que una simple roca.

La pelirrosa quería decirle algo pero aun prevalecía el mutismo desde su garganta, sintiendo como los latidos desbocados de su corazón terminarían por hacerla perder la razón.

Entre las rocas, Sasuke dio un paso al frente y su rostro se volvió más serio.

–Escúchame bien lo que te voy a decir, Sakura. Espero que te quede muy claro porque no pretendo decirlo dos veces – gruñó el Uchiha acompañado de esa insensibilidad tan característica –. Estoy consciente de que no soy el hombre que mereces. Aunque insistas en decir lo contrario, nunca podré ser la persona adecuada para ti y no intentes contradecirme – resopló un instante apretando la piedra en su mano, formando un puño en esta–. A veces me pregunto si eres demasiado ciega como para no ver el miserable vengador que te hace compañía todos los días, pero siempre buscas lo mejor de la gente hasta el punto de hacerles olvidar lo malo que alguna vez hicieron en sus vidas. Tú me has perdonado demasiado, Sakura, tanto que no valgo lo suficiente para ti. Es por esa razón que debería haberte dejado hace mucho tiempo atrás, debí dejarte ir desde el primer día que nuestra misión comenzó, en Gan'u cuando Yūhi atacó a esa aldea o luego de que sanaste a todos los aldeanos de la peste. Debí hacerlo, cada momento me maldecía por arrástrate en este viaje que no te llevaría a ningún lado, pero luego de que me alcanzaste esa noche y me detuviste a mitad del puente tu... Demonios – gruñó hastiado sin poder encontrar las palabras para seguir –, esa vez debí dejar de pensar en mi un momento y enfocarme en lo que sería mejor para ti, pero eso implicaría que debías regresar de nuevo a Konoha... eso significaría dejarte ir… Es por eso que después de ese día no he podido hacerlo… – le miró con el ceño relajándose lentamente – no puedo dejarte ir otra vez, Sakura. No puedo hacerlo porque soy un maldito egoísta.

Exhaló una fuerte bocanada de aire y extendió la mano donde sostenía la piedra dejándola en las manos de la pelirrosa.

–Esto te pertenece, Sakura.

La cara la sentía caliente y estaba segura que su corazón no podía ir más deprisa de lo contrario terminaría desmayada entre las rocas del acantilado. Bajó la mirada hacia la piedra plateada entre sus manos sin poder creérselo del todo.

–Estas diciendo que… – tartamudeó Sakura.

–No puedo pensar en otra persona que pueda llevar el emblema Uchiha en su espalda más que tú – dijo Sasuke, haciéndola estremecer de puro asombro.

–S-Sasuke-kun.

–No soy capaz de pedir que te vayas, pero entenderé si no quieres aceptarlo, si deseas regre…

–Eres un completo idiota – bramó con las lágrimas abordando sus ojos jades hasta hacerlos centellar. Sostuvo la piedra llevándola hasta el pecho, apretándola con fuerza sobre su abrigo – ¿Cómo te hago entender que no quiero a otra persona si no a ti? No pretendo irme, Sasuke. No pienso hacerlo, no quiero hacerlo – cerró los parpados creyendo que así detendría el llanto pero le era inevitable –. Estar a tu lado es lo mejor que me ha pasado en la vida… ahora… ahora soy muy feliz porque estoy junto a ti. Esto… yo… y-yo…

Una mano gentil limpió la lágrima que se deslizaba por una de sus sonrojadas mejillas. Abrió los ojos cuando la otra mano de Sasuke le acarició la nuca, encontrándose con el rostro del Uchiha a poca distancia del de ella. Respiró el aroma que emanaba de él mientras se colocaba de puntillas, dejándose llevar por los labios de Sasuke que llegaron hasta los suyos. El beso limpió sus lágrimas de felicidad transportándola a un mundo en el que jamás soñó estar. La seguridad que transmitía los brazos de Sasuke la hundió en su propio mar de ensueño, en olas de encanto que la deslizaban a la más sublimes de las locuras, sintiendo el dominio de sus manos jugar con su cabello rosado haciéndola delirar hasta desvanecerse de la realidad.

Cuando el aire salado que les ofrecía el mar les fue insuficiente, fue entonces cuando pudieron separar sus rostros para respirar el frío aliento del otro. Sakura parpadeo sintiendo las pestañas húmedas por las lágrimas pasadas, reconfortándose al ver de nuevo la noche tan hermosa que seguía dibujándose en los ojos de Sasuke.

–Seguiré a tu lado sin importar lo que suceda – dijo la pelirrosa levantando una mano al rostro de Sasuke para apartar un grupo de mechones negros.

–Vaya – se burló Sasuke formando una sonrisa ladeada –. Sí que eres testaruda.

–Debiste habértelo pensado antes de proponerme matrimonio.

–¿Quién dijo que nos casaremos?

Los parpados de Sakura se abrieron de golpe y el color desapareció de su cara. Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar alguna palabra, las carcajadas guturales de Sasuke la hicieron enrojecer hasta la punta de los pies.

–¡Sasuke-kun!

–Fue inevitable – continuó Sasuke en tono pícaro –. Caes muy fácil en mis trampas.

Sakura miró hacia otro lado mientras se cruzaba de brazos, demasiado abochornada para poder encararle.

–No es divertido.

–Claro que lo es – y al ver que la pelirrosa seguía con el rostro perdido entre sus pies, Sasuke resopló bastante molesto –. Maldición, Sakura. Fue una estúpida broma ¿Ahora es mi turno de hacerte entender que si quiero casarme contigo? ¿No te dije hace un instante que eres la única persona en el mundo a la que amo?

–Q-que… – tartamudeó Sakura sintiendo un temblor generalizado aleteando cada partícula de su cuerpo – ¿Qué acabas de…?

Cuando elevó la vista de nuevo hacia Sasuke él había desviado la suya hacia el mar. No estaba sonrojado, eso sería algo inaudito viniendo de alguien tan preciso y controlador como él, pero estaba segura que esa tensión en sus hombros no era más que una forma de controlarse así mismo por revelar algo que normalmente mantendría oculto entre sus pensamientos.

–Mierda – rugió más molesto de lo que esperaba –. Deja de hacerme perder la cordura ¿quieres?

Ahora fue el turno de Sakura de reír. Llevó ambas manos hacia el cuello de Sasuke y se colgó ligeramente de él para robarle un beso. La respuesta de Uchiha fue regresar hacia ella y sostenerla por la cintura para mantener el equilibrio.

–¿Ves? – dijo la pelirrosa sonriendo –. Hay formas de poder remplazar recuerdos malos por otros buenos. Ahora cuando veas el mar recordaras esta noche.

Sasuke volvió a formar una sonrisa ladeada.

–¿Cómo demonios lo haces, Sakura?

Ella se acercó hasta sus labios susurrando entre ellos.

–Tendremos toda una vida para averiguarlo.


N/A: Hi, hermosos lectores :)

Antes de pasar al último capítulo, les robare unos segunditos de su tiempo para hacer unas pequeñas notas.

1. La primera parte del este capítulo es sobre la pelea que Sarada escucha en el Capítulo XXIII. Así aclaramos nuestras dudas de lo que pasó en realidad y porque Sakura tenía un golpe en la cabeza.

2. Este flashback es el único que se pierda en la línea de tiempo, pues es un punto medio entre la boda de Temari y Shikamaru (Capítulo XX) y el día en que Sasuke se entera que es papá (Capítulo XXI).

3. La historia de la piedra que nombran en el flashback es así: Sasuke se la regalaron en Gan'u en el Capítulo VIII. Luego, en este capítulo que acaban de leer, se la regala a Sakura en su curiosa forma de proponerle matrimonio. Después, el día en que Sarada nace, la piedra se rompe (Capítulo XXIV). Y finalmente, como Sasuke, a su manera, es súper detallista, tomó los restos de la piedra y hace un collar que se lo regala a Sakura en el Capítulo I (no los culpo si no lo recuerdan, fue hace demasiado tiempo n_nu).

Lamento si en este capítulo Sasuke se ve un poco fuera de personaje, pero es difícil crear una propuesta de matrimonio con su personalidad de cubito de hielo. Bueno, espero no haberles enredado mucho con estas notas, jeje.

Nos leemos a la vuelta ;)