Capítulo 9: Concierto Diabólico

Oscuridad. Había Oscuridad por doquier.

El Mar de las Tinieblas mostraba sus más llamativos tonos grisáceos, mientras el joven rubio caminaba a través de la playa repleta de escombros resultantes de la terrible batalla. T.K. aún no se explicaba que estaba ocurriendo. Hace unos instantes, estaba recostado en su cama, y ahora caminaba por esa playa deprimente. Llego a la conclusión de que debía estar en un sueño. O, mejor dicho, en alguna pesadilla. Observo a lo lejos, tratando de encontrar la razón de su presencia allí. Cuando vio una figura que se le acercaba caminando sobre la arena grisácea, lo comprendió.

-¿Por qué nos hemos invocado a este terrible lugar? –pregunto el elegido a Lyramon, quien lucía su acostumbrada capa hasta los tobillos. Nuevamente, no logro percibir cuando su alma y la del digimon corrupto se fundieron en una, tiñendo los ojos del muchacho con la tonalidad dorada de un demonio. Bajo esa mezcla, T.K. ya no era diferente a una de las millones de conciencias que conformaban a Lyramon.

-Porque hay algo de lo que debemos hablar –señalo el monstruo de ojos dorados-. Nuestro encuentro con Sophia de ayer fue muy satisfactorio. Y ese beso nos dejó sin palabras.

-Es normal. Fue nuestro primer beso –el joven se recostó en la playa, contemplando el cielo plomizo-. No sabía que ella fumaba.

-En Alemania debe ser normal –respondió Lyramon, mientras se recostaba junto a T.K. como si fueran viejos amigos de toda la vida.

-Tal vez teníamos razón. Si queremos olvidar a Kari, debemos concentrarnos en Sophia. Ella siente algo por nosotros –se interrumpió un segundo, recordando los profundos ojos negros de la hermosa joven-. Pero, sinceramente, no sabemos qué hacer. Nunca hemos salido con ninguna chica –sonrió al recordar los chillidos de Davis cuando creyó que saldría con la elegida de la Luz-. Bueno, no de manera oficial.

Ambos rieron al recordar esa curiosa experiencia. Las carcajadas siguientes lograron convertir el aspecto deprimente del Mar en algo mucho más alegre, como si solo fuera una fotografía elegante en blanco y negro.

-No es nada difícil. Hay que llevarla a algún lugar interesante en los próximos días. Mañana es viernes, mejor no faltar a la escuela y la invitaremos a una cita –le sugirieron, cuando las risas bajaron su intensidad.

-¿Dónde? No creemos que a ella le guste ir a alguno de los lugares que frecuentamos –respondió el joven, pensando en un lugar apropiado.

-Aún no sabemos eso, así que es mejor llevarla a donde cualquier chica querría ir –el digimon se hurgo el bolsillo-. ¿Recordamos el reportaje en el que nuestra madre está trabajando?

T.K. observo como los datos corruptos le tendían un par de boletos rojos. Al verlos, noto que eran invitaciones gratuitas para un concierto de una nueva banda de Rock, los Encapuchados del Infierno.

-¿Un concierto? ¿No será demasiado concurrido? Podría ser más apropiado una ubicación más íntima –replico, sonrojándose por la idea que daba su comentario.

-Eso todavía no. Si vamos muy rápido solo la confundiremos. Es mejor comenzar con cosas como estas, en eventos emocionantes. No nos fue fácil encontrar estas entradas.

-Lo vemos. Hasta tienen nuestros nombres –era cierto. Los boletos tenían escritos pulcramente, en marcador negro, los nombre de Sophia Prediger y Takeru Takaishi-. Muchas gracias por esto. Supongo que ya debemos irnos.

-Claro –respondió Lyramon, al tiempo que los dos se incorporaban. Se despidieron estrechándose las manos, y luego el rubio camino tranquilamente por la playa. Cuando se estaba alejando, sus ojos regresaron a la normalidad, y su presencia en ese sueño inducido por los datos corruptos se desvaneció. Lyramon contemplo como la figura de T.K. desaparecía en un movimiento borroso. Mientras esbozaban una sonrisa maliciosa de satisfacción, se dirigieron hacia las aguas negruzcas. Pusieron un pie sobre la superficie, caminando como si su cuerpo no pesara más que una pluma, y pasearon sobre el Mar durante algunos minutos.


Pronto, avistaron a lo lejos un pequeño islote. Sabían que allí estaba ella, pues allí la habían invocado. Tenían pleno poder sobre las conciencias de las personas a las que ataban sus almas.

Asomándose para ver si había alguna forma de salir, Kari contemplo la llegada de la figura encapuchada. Antes de que pusiera percibir los detalles detrás del digimon corrupto, este adopto la forma de John Larios, el falso agente del FBI. Al ver a ese hombre y su sonrisa de deleite, la joven sintió un escalofrió, que terminó por convertirse en una terrible furia.

-¡Tu! ¡Maldito Larios! ¿Qué significa todo esto? –le exclamo la joven, encarándolo. Lyramon pudo haber unido su alma a la de ella para que se tranquilizara, pero no era la idea que pasaba por su mente. Lo que le iban a comunicar en ese momento debían decírselo en condición de enemigo. Era parte del plan.

-Una pequeña sorpresa de nuestra parte. Tenemos que decirte algo muy importante –Kari solo sintió más y más ira ante la absoluta tranquilidad del digimon.

-¡No quiero saber nada que tu tengas que decir! –le replico en un grito. Por un momento, pensó en golpearlo, pero se aguantó las ganas. Larios aún estaba parado sobre las aguas oscuras, y ella no tocaría ni una sola gota de ese Mar. Temía lo que pudiera suceder. Se limitó a pararse sobre la playa, asegurándose que la marea nunca tocara sus dedos descalzos. En ese momento noto que aún llevaba su camisón, lo que le provoco vergüenza y más odio hacia ese falso agente.

-¡Eres el responsable de las desapariciones! ¡Y de la reaparición de Piedmon y LadyDevimon! ¡Secuestraste a Andromon! –los acuso la chica. Los datos corruptos soltaron una risa maligna totalmente actuada, pero convincente. Realmente les disgustaba tener que asesinar a los digimon para obtener su información. Hubieran preferido un método más pacífico. El demonio se llevó la mano a la cara y se quitó los lentes de sol, revelando sus aterradores ojos dorados. Kari sintió que un escalofrió le recorría la espalda. Si hubiera recibido la Mirada de Medusa, no habría surtido ningún tipo de efecto. Ya estaba más que aterrorizada.

-Tienes razón. Fuimos nosotros. Somos los datos corruptos –se presentaron-. Por ahora, el nombre humano de John Larios será suficiente para que nos identifiquen. Igualmente, hay otro asunto del que queremos hablar.

-¿Hablar? ¿Desde cuándo el villano habla tan tranquilamente con los héroes? –respondió la chica, reuniendo el poco valor que le quedaba.

-¡Villano! –el falso agente llevo una mano a su boca en señal de sorpresa-. Vemos la influencia de las Bestias Sagradas en tus declaraciones. Nosotros no somos villanos. Somos víctimas, que se han convertido en revolucionarios.

Antes de que Kari pudiera entender a que se referían, una nueva mirada de esos ojos de serpiente la dejo helada.

-Nos encontraremos en un lugar público. Para hacerlo perfectamente equitativo, solo estaremos nosotros con la compañía de unos pocos aliados. Ni nosotros ni ellos iniciaremos ninguna hostilidad, lo prometemos.

-¿Se puede confiar en sus promesas?

-Siempre cumplimos nuestras promesas –le respondieron con mucho orgullo-. Las invitaciones les llegaran en breve.

-Pero…

Antes de que la protesta surgiera de sus labios, Larios realizo una señal con su mano derecha. La chica sintió como si acabara de bajar de una montaña rusa larga y peligrosa. Todo se volvió negro, y luego las cosas parecieron ponerse de cabeza. Finalmente, despertó en su propia cama.

Por un momento, considero la posibilidad de que hubiera sido un mal sueño. Pero entonces noto que, aunque estaba cubierta por varias sabanas, sus piernas estaban tan heladas como si hubiera estado a la intemperie. Se estremeció. No había sido un sueño.


Davis toco a la puerta. A pesar de que sabía que no era buena idea que alguien viera a un dragoncito azul, DemiV-mon no paraba de intentar salir de la mochila. El joven tenía que forcejear para tratar de que los múltiples vecinos no notaran que llevaba algo vivo. No tenía mucho éxito, pero al menos les hacía creer que era un gato o un cachorro. Mejor eso que un digimon.

Escucho un rechinido de bisagras, y se abrió una pequeña rendija en la entrada. Joshua, con una mirada de sueño, asomo apenas un ojo marrón.

-¿Quién se atreve a tocar a la puerta del Rey Demonio? –al escuchar eso, Davis puso cara de sorpresa. DemiV-mon se detuvo por un segundo en sus forcejeos. La mirada de sueño del italiano se transformó en un destello divertido. El color oscuro del bronceado de su piel empezaba a desvanecerse-. ¿Nadie entiende una broma hoy en día? ¿Tan mal estamos?

Aun así, les abrió la puerta.

Su apartamento era bastante particular, por no decir muy raro. Para empezar, las paredes y pisos estaban forradas de libros y papeles. Había prácticamente de todo: Novelas conocidas, libritos para niños, periódicos de muchas editoriales distintas, best sellers, cuentos populares, artículos de revistas, tablas de madera grabadas, piedras de diferentes formas y tamaños con símbolos indescifrables, y algunas cosas que se asemejaban demasiado a órdenes de desalojo, multas, y cosas por el estilo. En resumen, parecía que el joven quería formar una biblioteca privada sin fines de lucro.

-Disculpen el desorden.

-Este lugar es un poco… –Davis no hallaba la palabra correcta para describirlo.

-¿Raro? No eres el primero que lo piensa. Y no serás el ultimo –se dirigió a un pequeño escritorio donde reposaba lo que parecía una placa de madera extraña, grabada con letras chinas. Literalmente chinas-. Esta es una copia original de El Arte de la Guerra de Sun Tzu. Obviamente, no puedo leerlo, pero es fabuloso pensar que estas tiras de bambú se esconden secretos capaces de convertir cualquier ejército en una fuerza invencible.

Por la expresión de su rostro, parecía que estuviera hablando de algo muy valioso. Ni el elegido ni su digimon pudieron entender que pasaba por su cabeza.

-¿Quieren un dulce? –pregunto. De un cajón, que antes no habían visto por varios papeles que estaban encima, saco varias barras de chocolate. El dragoncillo se abalanzo sobre ellas a una velocidad que ningún ojo humano podía ver. Ambos adolescentes estallaron en carcajadas al ver como intentaba comerse una barra entera con esa pequeña boca. Era tan hilarante que casi se quedaron sin aire. Los interrumpió el sonido del celular de Davis, que empezó a sonar sin parar.

-¿Tai? ¿Qué pasa? –respondió, luego de ver el remitente. Estuvo pegado al aparato por unos minutos, con una cara evidente de preocupación. Joshua arqueo una ceja luego de que colgó, pero no perdió la expresión de inquietud.

-¿Ha sucedido algo?

-Sí. Parece que Larios, el falso agente del FBI que es nuestro enemigo, logro meterse en la mente de Kari mientras dormía. Le dio un mensaje. Dijo que enviaría invitaciones para una reunión. Y lo extraño es que entiendo a qué se refiere –saco un par de papeles rojos de su mochila-. Me encontré con esto cuando me desperté. Son de un concierto, de una banda nueva.

-¿Los Encapuchados del Infierno? –antes de que Davis pudiera siquiera sorprenderse por su acierto, el italiano saco otro boleto-. Me lo encontré esta mañana frente a la puerta. Tiene mi nombre.

-¡También este! –el elegido mostró ambos boletos-. Y lo más extraño es que el segundo tiene el nombre de DemiV-mon.

-Eso sí que es raro –acepto Joshua-. Esa banda ha repartido boletos gratis por toda la ciudad. Todas tienen el nombre de su destinatario. Según su oficial de prensa, es una táctica publicitaria. Pero siempre dude de eso –rebusco entre los papeles del escritorio hasta hallar varias hojas unidas por un clip-. ¡Aquí está! Según la lista de entradas, muchas de ellas acabaron en bandas callejeras, de esas que les dan miedo a todos los ciudadanos decentes. Sospechaba que era una conspiración de algún secretario de la policía para iniciar una guerra de pandillas, pero esta nueva información parece apuntar a que hay algo aún más siniestro de por medio. ¿Podrías llamar a tu amigo para comprobar si también recibieron entradas?

Haciendo caso del consejo, Davis llamo a Tai. Luego de una conversación, que duro suficiente para que el dragoncito se acabara los chocolates, colgó con una expresión sorprendida.

-Él y Kari recibieron entradas. Y también Sora, Matt y Ken. También incluyo a sus digimon, incluso supo que Patamon está en su casa y no en la de T.K. –ambos jóvenes intercambiaron una mirada de sospecha-. ¿Cómo sabe eso?

-Capitulo trece de El Arte de la Guerra. ''No será ventajoso para el ejército actuar sin conocer la situación del enemigo, y conocer la situación del enemigo no es posible sin el espionaje.'' Hay espías vigilándolos, y nos los han notado. Ese Larios no es un principiante. Ese concierto es una trampa.

-Seguro tienes razón –el elegido le hizo una seña a su digimon-. ¡Vamos, DemiV-mon! Tenemos que estar preparados.

Antes de que pudieran irse, Joshua lo tomo del brazo.

-¿Van a ir, a pesar de que saben que es una obvia trampa? –nuevamente, Davis no pudo responder antes de que el italiano hablara-. En ese caso, nos encontraremos allí.

-Será peligroso. Podría haber una pelea. Y podrías salir herido –le replico el digimon con su vocecita. El joven sonrió ante esa declaración.

-Si no tengo el valor de ir a un concierto de rock, ¿cómo seré un periodista investigador algún día?

Su sonrisa era tan alegre que Davis y DemiV-mon no quisieron discutírselo.

-Nos veremos allí –prometió el elegido, mientras ambos se dirigían a la puerta. Pero entonces recordó algo que había sucedido ese día en la escuela-. T.K. por fin regreso a la escuela. Y estuvo todo el rato hablando con Sophia. Prácticamente me ignoro.

-Esto no es bueno. Hay que asegurarnos de que Kari no se entere –Joshua esbozo una sonrisa nerviosa-. Si en algo soy bueno, es en analizar a la gente. Y si esas dos se cruzan con el rubio de por medio, realmente habrá guerra.


El muelle estaba abarrotado de gente. La mayoría eran jóvenes, de entre quince y veinticinco años. Por aquí y por allá se los veía, distribuidos en pequeños grupos. Entre los mismos grupos se notaban características similares, como tatuajes idénticos y ropa de colores. Cualquier idiota notaba que eran bandas callejeras, y no todas estaban en alianza. Se respiraba tensión alrededor, como si en cualquier momento se pudiera iniciar una pelea.

T.K. caminaba entre esos mismos muchachos de miradas escalofriantes. Había decidido vestirse en plan informal, buscando no llamar la atención, pero era obvio que su nueva amiga no compartía su sentido de la invisibilidad. Sophia se había vestido con unas calzas negras, una camiseta sin mangas color rojo sangre, botas grises y azules, y se había dejado suelta la cabellera castaña. Había que admitirlo, le quedaba muy bien. Tanto que no solo dejaba al rubio sin habla, sino que atraía miradas por doquier. Y no exactamente miradas inocentes. Había pocas chicas en ese lugar, y ninguna era tan guapa. Ni tan atrevida.

-¿Concierto? ¡Esto parece más una lista de los más peligrosos de Japón! –susurro la chica con nerviosismo-. ¡Aquí hay suficientes mafiosos para que la policía tenga trabajo por años! –bajo la vista hacia su imprudente atuendo-. No me habría vestido así si hubiera sabido lo peligroso que seria.

-¿Por qué te vestiste así para empezar? Incluso en un concierto normal hubieras llamado la atención –le pregunto T.K.

-Una chica siempre debe verse bien para un novio nuevo –replico ella, con una sonrisa que podría provocar un desmayo.

Al rubio se le acelero el corazón al considerar las palabras de Sophia.

-Su nuevo novio –pensó. Por un momento, se imaginó que estaba con otra chica castaña. Y que ella le decía esas mismas palabras, con una sonrisa muy diferente, pero también hermosa. Deshecho rápidamente esos pensamientos-. Es mejor así –murmuro para sí.

-¿Dijiste algo?

-Nada –mintió él.

-Como sea, este lugar es un campo minado. Una pequeña chispa y todo se convertirá en una pelea a gran escala. Estos tipos no están jugando. Podría haber gente que salga malherida, o algo peor –la chica trago saliva al considerar lo que podría sucederles. Bajo aún más la voz-. Por suerte traje mi amuleto de la suerte.

-¿Amuleto? –pregunto el elegido de la Esperanza.

-Mira en mi bota izquierda –murmuro ella con la voz casi ininteligible. Saco su encendedor y prendió un cigarrillo para relajarse. El rubio noto que algo asomaba de su calzado, algo que solo se notaba si lo mirabas de muy cerca. El mango de un pequeño cuchillo militar.

-¿De dónde sacaste eso? –pregunto él, alarmado. Sophia le lanzo una mirada a los alrededores, comprobando que nadie lo hubiera oído. Semejante descubrimiento podría ser la chispa que se necesitaba para iniciar el incendio.

-Te lo contare después. Es hora de entrar, ya casi empieza.

Ambos se dirigieron hacia la entrada, sin notar que alguien que no era un pandillero los vigilaba. Mostraron sus entradas al guardia, que las tomo y las sello. Cuando T.K. lo miro a los ojos, el hombre rehuyó su mirada. Le pareció extraño, pero no tanto como la mafiosa concurrencia. Entraron en el domo destinado a albergar a las personas.

En el cielo, lo que parecía una tormenta poderosa empezaba a formarse, como previniendo lo que estaba a punto de ocurrir.


Tai se froto las manos, tratando de mantener la calma. Al igual que a T.K., no le habían gustado nada todos esos pandilleros. Estaba por armarse algo muy gordo, se respiraba en el aire.

-Esos malditos guardias no dejaran pasar a nadie que no tenga entrada –comento Upamon al ver como los rudos sujetos les pedían las entradas a un montón de muchachos de unos veinte años. Considerando que los jóvenes usaban tatuajes que decían cosas tétricas, y estaban cargados de cadenas y navajas, debían ser muy valientes.

-No son humanos –replico Gatomon, olisqueando el aire-. Son digimon.

-Seguramente Bakemon. Deben estar usando su habilidad de transformación para verse como humanos –coincidió Ken. Su cuello aún tenía una cicatriz, pero por demás estaba bien. Le habían mandado invitación, y eso demostraba que Larios quería que fuese. Si era una trampa, la enfrentaría sin dudarlo.

-Aún peor, son Bakemon corruptos –confirmo Izzy, luego de analizarlos con su computadora-. Supongo que no podremos entrar. Solo hagan sonar mi teléfono y entraremos enseguida, por más escándalo que causemos.

Se marchó, con Tentomon siguiéndolo con su disfraz. Joe, Gomamon, Cody, Upamon, Yolei y Poromon también se quedaron esperando. Antes de irse, la chica de cabello púrpura le lanzo una mirada de alerta a Ken. No quería tener que preocuparse de nuevo como antes. Y su novio no estaba dispuesto a dejarse atrapar tan fácilmente de nuevo.

-¡Davis! ¿Cómo has estado? –lo sorprendió Joshua, atrapándolo por detrás.

-¡Nos vimos hace horas! –protesto él. A continuación, le presento a Tai, Sora y Matt. Cuando el italiano vio que Kari los acompañaba, Davis creyó ver como tragaba saliva. A continuación, estaban a punto de inventarle nombres para explicar a sus digimon disfrazados, pero no hizo falta.

-Si ustedes son humanos, yo soy Julia Roberts –replico cuando intentaron engañarlo. Renunciaron a la idea, y entraron todos juntos. Los guardias parecían asustados cuando sellaron sus boletos. Tenía sentido, considerando lo que eran.

Aprovechando la confusión que causaron unos torpes de una pandilla que intentaban pasar sin entradas, Joshua separo a Davis de los demás por unos segundos.

-¡Takaishi y Prediger están aquí! –le susurro en el oído. Ambos intercambiaron una mirada de nerviosismo. No podían dejar que ambas castañas se encontraran. Seria llama más que suficiente para encender el Infierno que estaba por suceder.

-¿Qué hacemos? –pregunto el elegido, pensando a toda velocidad. Las ideas que se le ocurrieron eran tan absurdas que hasta él noto que eran inútiles.

-Los vigilare. Estén preparados. Algo va a pasar –acto seguido, se lanzó a seguir al rubio y su nueva novia. Davis quería advertirle a Tai sin que su hermana lo escuchara, pero no era fácil. Finalmente, cuando fue con Sora a pedir unas bebidas, logro contárselo a los demás.

-T.K. no vino por una coincidencia –razono el elegido del Valor-. Larios nos está probando. Está tratando de crear discordia entre nosotros.

-Definitivamente no podemos dejar que Kari se entere que la alemana este aquí. Y mucho menos con T.K. –advirtió Gatomon.

-¿Voy a ver como esta? –pregunto Patamon. En realidad, solo buscaba una excusa para ver a su compañero de nuevo.

-No. Primero debemos ver que se supone que pasara aquí –le respondió Tai.

-Es obvio que Larios organizo todo esto. Este concierto es una farsa. Quiere encontrarse con nosotros en un lugar donde no podamos pelear, como aquí. Demasiadas personas pueden salir heridas –dijo Wormmon.

-Es cierto, y tampoco nos eligieron al azar –agrego Ken-. Gabumon y Biyomon no pueden digievolucionar –los aludidos bajaron la mirada, avergonzados-, Patamon tampoco, y Davis y yo no logramos que formen a Paildramon. Nos seleccionó porque somos los más vulnerables. Y fuimos tan inocentes que le seguimos el juego.

-No se saldrá con la suya –murmuro Matt, pero estaba más concentrado evaluando a la banda. Ya estaban reunidos en el escenario, y todos los instrumentos listos. Solo faltaba el vocalista principal. Todos los músicos portaban idénticas capuchas negras rojizas, haciendo honor a su nombre. Sus equipos eran de muy buena calidad, no parecían una banda cualquiera. Alguien con mucho dinero los financiaba.

Kari y Sora regresaron de la barra, y por sus expresiones se notaba que no estaban nada felices.

-¡El idiota solo vende alcohol! ¡Hay menores aquí, bebiendo como si nada! –exclamo Sora, indignada.

-No creo que a nadie le importe –murmuro Biyomon debajo de una gorra rasta. Trato de no levantar la voz, ya que ya habían llamado mucho la atención.

-¡Aun así es repugnante!


T.K. aun vigilaba alrededor, intentando advertir si algo podía salir mal en cualquier momento y tenían que correr. Le preocupaba la manera que tenía Sophia de fumar como un vampiro. Y si algo pasaba, no sabía que haría ella. Por su cara, se diría que era modelo de revistas, no una pandillera con un cuchillo de combate.

Casi se le salto la cabeza de los nervios cuando alguien choco contra él. Estaba a punto de decidir si le daba un puñetazo o se alejaba con toda la velocidad de sus piernas, cuando noto que lo reconocía. Joshua trato de aparentar sorpresa ante el rubio.

-¡Hola! ¿Qué hacen ustedes dos aquí? –intercambio una mirada de satisfacción con la alemana. Ella noto que los había seguido.

-Tengo que ir al baño –se excusó, aprovechando para largarse de allí. El italiano la contemplo mientras se alejaba.

-Debería seguirla –agrego T.K., pero el joven de ojos marrones lo detuvo.

-Ella ha estado en lugares peores. ¿Viste la forma en que fumaba? Se usa para estar listo en caso de que haya una pelea. Le quemas el cigarrillo en el ojo, y sacas el cuchillo que guardas en el tobillo –el rubio se sorprendió de que hubiera notado que ella tenía ese puñal-. Esa chica tiene muchas sorpresas. Y yo también debo ir al baño.

Joshua desapareció tan rápido como había aparecido. El elegido de la Esperanza se preguntó qué habría pasado para que esos dos tuvieran alguna confidencialidad. Era un novato en el tema de las citas, así que empezó a pensar que tenían alguna relación secreta. Los dos eran europeos, los dos eran nuevos. Empezaba a irritarse cuando noto que la banda daba un aplauso. El vocalista principal acababa de llegar.


-¿Es Larios? –pregunto Davis, viendo como el vocalista tomaba su lugar frente al micrófono y agarraba la guitarra eléctrica que su compañero le alcanzaba.

-Es muy alto para ser Larios –replico Sora. El sujeto media más de dos metros y, por lo que sabía, el agente falso no era tan alto.

-Sin duda alguna son los datos corruptos –confirmo Kari.

-Es cierto. Esa aura oscura es inconfundible –la secundo Ken. Casi sentía como se extendía el poder del Mar de las Tinieblas alrededor.

-¿Alguna señal de otros digimon que no sean los Bakemon? –pregunto Agumon.

-Nada –respondió el dragoncito azulado, saltando de la mochila de Davis.

-¿Habrán venido solos? –se preguntó Kari, usando el plural de forma inconsciente.

-Ni idea, pero no podemos hacer nada mientras haya tanta gente alrededor –concluyo el elegido del Valor.

Solo quedaba esperar a ver qué sucedía.


Lyramon tomó el micrófono. Ya estaban listos para lo que seguía. Se tomaron unos segundos para afinar su voz, y luego le hicieron una seña a quien controlaba el reflector. De inmediato, el faro los enfoco, mientras el público pandillero hacia silencio. Los datos corruptos sonrieron. Era hora de comenzar el espectáculo.

Con un sonoro grito, inicio la canción. Las manos de los Bakemon recorrían las cuerdas con habilidad, habían practicado mucho para ese momento. Sin embargo, la habilidad de Lyramon de tocar y cantar a la vez dejo impresionados a la mayor parte del público, que ya gritaba enfervorizado. Hasta Matt se había concentrado en escuchar la melodiosa voz que sonaba para relajar los ánimos de las pandillas.

-Es increíble –murmuro el rubio-. Los demás son regulares. Todo bien, pero nada especial. Larios tiene una manera de tocar que es única. Cada nota tiene una intensidad que te deja pasmado. Y no puedo creer que sea capaz de cantar con ese talento además. Si no fuera porque es el malvado que trata de dominar el Digimundo, lo invitaría a mi banda.

-¿De qué lado estas? –le espeto Tai, aunque no había mucho que pudiera decir para molestarlo. Hasta él estaba impresionado, o mejor dicho, totalmente fascinado por la música del digimon corrupto. No por nada se llamaban Lyramon. La música era parte de su esencia, parte de su identidad, parte de su poder.

-¿Es un ataque o algo? –pregunto Ken. La manera en que había logrado calmar y fascinar a todos le inquietaba.

-No. Al menos, no que yo conozca –murmuro Biyomon-. Hay muy pocos digimon que usan ataques con música.

-Nunca habíamos oído antes de los datos corruptos. Y no sabemos si es realmente un digimon –le replico Gabumon, tan hipnotizado como su compañero.

-En eso tienes razón.

-¡Silencio! –grito alguien entre el público. Incluso la enorme masa de personas, provenientes de los fondos más bajos de la ciudad, había dejado de lado sus diferencias para ponerse a alabar al músico principal. Su voz denotaba no solo talento, sino una intensa práctica, además de una habilidad carismática sin límites. Y sus acordes eran tan complicados y hermosos que te tomaban el alma y la llevaban a un estado superior. No había manera más aceptable para describir la poderosa influencia que ejercían sobre esos humanos.

La canción misma era esplendida, aunque algo lúgubre. Hablaba sobre las maldades que cometían las personas que deseaban poder. Y describía las maneras en que los oprimidos se vengaban de sus gobernantes maliciosos. Era muy larga, llena de estribillos complicados en inglés. Sin duda alguna, pronto se convertiría en la más escuchada en miles de mp3.

A Kari no le gusto para nada. Había un mensaje de rebeldía en cada palabra, pero no de una rebeldía adolescente. Esa canción podría provocar algo más que una pelea de bandas. Podía provocar una revolución. Buscaba hacerlo.

-¡Una revolución contra las Bestias Sagradas! –comprendió la elegida de la Luz de pronto. Eso era lo que habían dicho en su sueño. Querían derrocar a ChingLongmon y compañía. Eso era lo que querían hacer. La gran pregunta, que aún no se respondía, era porque. Nadie hacia nada sin una razón, ni siquiera los digimon, a menos que estuvieran totalmente locos. Ya se habían encontrado con más de un chiflado.

-¡Muchas gracias! –exclamo Larios, una vez que termino la canción. De tan abstraída que estaba pensando en las implicaciones, Kari no se había dado cuenta. Los datos corruptos tomaron el micrófono, mirando directamente a la multitud-. ¡Su apoyo nos viene muy bien en este momento!

El público enfervorizado demostró su apoyo a las palabras del digimon.

-¡Muy bien! Antes de continuar con este concierto, debemos hacer un anuncio. Como bien deben saber, las entradas no fueron repartidas al azar, sino que las enviamos de puerta en puerta con la especifica necesidad de traerlos a todos ustedes –más vítores del publico mafioso-. Y, entre ellas, hemos enviado algunas a estrellas locales conocidas. ¡Que suba al escenario nuestro primer invitado inicial, Matt Ishida de los Teenage Wolves!

En el instante en que se hizo el anuncio, el reflector apunto directamente al grupo de los elegidos que estaban junto al escenario. Montones de pandilleros empezaron a gritar, instando a Matt a subir al escenario para recibir el homenaje. En algún lugar, perdido entre la maraña de personas vestidas con cadenas y puntas, T.K. dio un respingo. ¿Qué rayos hacia su hermano en ese concierto lleno de gente criminal? Al rubio empezó a parecerle que lo estaban vigilando. Y no le gustaba nada.

Tai hizo un rápido análisis frió de los hechos. Si su amigo no subía, el público empezaría a enfadarse, y podía pasar cualquier cosa. Estaba dispuesto a pelearse con los cientos de pandilleros y criminales callejeros, pero sabía que eso solo pondría en peligro a sus amigos. No quería imaginarse lo que les pasaría a su hermana y a Sora si algo así pasaba. ¿Dos chicas jóvenes y guapas acompañando al cabrón que los había provocado? Al elegido del Valor le dio un escalofrió helado, que recorrió su espina dorsal.

Podían usar a los digimon para salir de allí, pero eso podría ser una trampa. La provocación necesaria que requería Larios para comenzar una pelea, a sabiendas de que alguien podía salir herido. Y si el digimon corrupto era tan fuerte como sospechaban, las cosas acabarían muy, pero muy mal. Solo les quedaba una opción.

-Tendrás que subir –le señalo a su amigo.

-Lo sé –se resignó el rubio-. Estén preparados por si algo surge. Este no puede ser el plan que tiene Larios. Tiene que haber algo más.

-Estaremos listos –prometió Gabumon, aunque no sabía si podrían enfrentar a los secuaces de los datos corruptos si él y Biyomon aún no podían digievolucionar. Sora trago saliva, preocupada, pero comprendiendo que era necesario. Matt paso lentamente entre el público, que se apartaba de su camino como si sostuviera una bomba, mientras algunas chicas aullaban invitaciones sumamente atrevidas. Subió al escenario sin apresurarse, observando cuidadosamente a los músicos. Ellos trataban de ignorarlo, pues le temían. Por más digimon corruptos que fueran, seguían siendo simplemente Bakemon.

-¡Bienvenido! ¡Contábamos mucho con tu presencia, y la agradecemos! –Larios pasó el brazo sobre los hombros de Matt, y lo llevo junto al micrófono frente a las miradas emocionadas de los fanáticos. Todos ellos aplaudieron con mucha intensidad.

-Esto… Muchas gracias por su… Amable invitación –tartamudeo el elegido de la Amistad.

-¡Agradecemos tu agradecimiento! –exclamaron, provocando algunas risas entre el público. Incluso el mismo Matt tuvo que reprimir una risita. Desde abajo, los elegidos y sus digimon no se perdían ni un detalle de todo lo que sucedía-. Es difícil ser músico en estos días. Dejar de ser novatos es muy difícil para algunos –dijeron, con un tono de voz misterioso. El rubio casi ahogo un grito al entender la indirecta.

-¡¿Cómo lo sabe?! –era simplemente imposible. Desde su punto de vista, el elegido no entendía cómo podrían saberlo los datos corruptos-. ¡A menos que lo estén causando!

Antes de que pudiera ponerse a pensar más sobre el tema, Larios volvió a hablarle.

-¿Con quién has venido hoy al concierto? –preguntaron. Era absurdo, considerando que ellos habían enviado las invitaciones. Pero aun así, la respondió.

-Con unos amigos y amigas –bajo la capucha, el digimon dibujo una sonrisa pícara.

-¿Amigas? –insinuó, logrando que los pandilleros rieran nuevamente.

-Y mi novia –añadió el rubio, causando aún más risas. T.K., escondido entre ellos, no reía. Estaba muy ocupado mientras imaginaba a su hermano y a Tai siguiéndolo entre los dos. Ni siquiera notaba la larga ausencia de Sophia.

-¡Oh! ¡Por supuesto, casi nos habíamos olvidado de eso! –soltaron una risotada. En ese momento, Matt capto como uno de los guardias le hacía una señal a Larios. Los datos corruptos sonrieron-. ¡Es tiempo de presentar a nuestro segundo invitado! Aunque, lamentablemente, este llego sin invitación. ¡Muéstrate, Demon!

El reflector enfoco las vigas del techo. Miles de cabezas de mafiosos callejeros miraron hacia arriba con sorpresa.

Encaramado en ellas, con un tamaño aun similar al humano, el demonio soltó una maldición. Sus ojos grises observaron con ira a Lyramon bajo su disfraz. Todas sus heridas se habían regenerado del todo, y sus ropajes estaban sin macula. Un nuevo medallón le colgaba del pecho. Y, ahora descubierto, un aura de poder oscuro empezó a emanarle del cuerpo.

-¡No puede ser! –grito DemiV-mon, horrorizado-. ¡Él debería estar encerrado en el Mar de las Tinieblas!

-¡Datos corruptos! –rugió el Señor Demonio, al tiempo que sus ojos lanzaban destellos de ira-. ¡Les advertimos que no se interpusieran en mi camino! ¡Pagaran las consecuencias! –alzo sus garras violáceas, que se recubrieron de llamas anaranjadas. No le importaba quienes estuvieran en el escenario. Solo quería acabar con el digimon corrupto por su atrevimiento.

Matt se quedó paralizado del miedo. T.K. observaba la escena, sin poder creer que Demon hubiera escapado. Tai trataba de pensar en una forma de salir de esa situación, pero no se le ocurría nada. Gabumon trato de lanzarse hacia el escenario, pero se lo impidió el muro de jóvenes que observaban expectantes la escena. Sora parecía a punto de gritar.

-¡Llamas Infernales!

Continuara…