Capítulo 10: El Ángel y el Demonio
-¡Matt! –el chillido de Sora resonó en todo el domo, mientras un silencio mortal recorría las filas de criminales tatuados. Todos observaban, sin que nadie pudiera hacer nada al respecto, como las ardientes llamas se dirigían casi en cámara lenta hacia el escenario. Los elegidos tenían el corazón totalmente detenido durante ese instante, y sus digimon hacían otro tanto. Nadie se esperaba lo que ocurrió.
Rápido como el rayo, Lyramon salto sobre Matt. Lo sujetaron fuertemente, y se arrojaron junto a él hacia atrás, cubriéndolos con su capa a ambos. Todos los músicos volvieron inmediatamente a su forma verdadera, y se lanzaron hacia adelante. Una enorme congregación de Bakemon, que fue sumando más miembros entre los agentes de seguridad y demás asistentes de producción, detuvo el avance de las Llamas Infernales. Los cuerpos de los digimon corruptos se incineraban con facilidad, dispersando datos escarlatas que se dirigían inmediatamente el digivice corrupto escondido entre las ropas del monstruo de los ojos dorados.
Mientras los últimos fantasmas se desintegraban, los datos corruptos observaron la escena con tristeza.
-Ellos no se merecían morir. No después de tanto tiempo y esfuerzo invertidos en practicar –suspiraron, disimulando su desolación con habilidad frente al elegido de la Amistad-. Por lo menos la corrupción de sus datos impidió que fueran enviados al Área Oscura para deleite de los monstruos que viven allí –se referían a la maldición de los digimon que eran asesinados por los Siete Señores Demonio originales. Sus datos serian devorados en el cementerio por las legiones infinitas de demonios que estaban encerrados en ese lugar. Habían desarrollado una manera de que la información corrompida regresara al dispositivo inmediatamente, sospechando de antemano que enfrentarían a esa maldición. La atracción también servía con los datos normales, pero no estaban seguros de sí podría superar esa abominación. Y no estaban dispuestos a averiguarlo.
Al ver que los últimos Bakemon se desintegraban, levantaron nuevamente la capa. Un resto de las llamas la alcanzaron, y la impregnaron al instante. Matt tuvo miedo de que fueran incinerados, pero inmediatamente noto que eso no sucedía. La capa, de alguna manera, lograba detener el fuego demoníaco. El escenario si se había encendido y ardía incesantemente, había ceniza y hollín por doquier, y hacia tanto calor como en un horno, pero al menos estaba vivo. De repente, las Llamas Infernales acabaron, y Demon observo el resultado de su ataque.
Lyramon arrojo la capa al suelo, y la pisoteo para apagar el fuego que devoraba la tela. Matt le echo un rápido vistazo, y noto que era mucho más gruesa de lo que había sospechado. Al ver el escenario, el reflector aún seguía apuntándole, cosa que le pareció de lo más molesta y atrevida. También vislumbro el cuerpo verdadero del digimon corrupto, y noto algunas quemaduras ligeras que se regeneraban con rapidez, pero lo que desvió la mayor parte de su atención fue la expresión sorprendida del Señor Demonio.
-¿A prueba de fuego? ¡Sí, claro! –se quejó Lyramon, refiriéndose a esa capa que aún ardía. Se suponía que estaba reforzada para ser imposible de incendiar. Dejaron la vana tarea de intentar apagarla y encararon al enorme digimon maligno y furioso.
-¡Nada es a prueba de mi fuego! –les increpo Demon, mientras sus manos se recubrían de una nueva capa de llamas anaranjadas. Parecía listo para convertir a todas las personas del domo en ceniza.
-Demon, te has atrevido a interrumpir nuestro concierto. Pagaras las consecuencias. ¡Control Corrupto! –inmediatamente, su cuerpo se rodeó de datos de color rojo escarlata. Tomaron forma recubriendo su brazo derecho, su pierna izquierda y su cabeza. El Yelmo del Conocimiento, el Guantelete de la Oscuridad y la Greba de la Esperanza se materializaron, fulgurando en colores llamativos, y dispersando sus efectos respectivos de miedo, curiosidad y confianza.
Demon, al ver las piezas de la Digiarmadura, supo que tendría lugar una batalla. Su tamaño se incrementó repentinamente. Ese último movimiento fue la gota que colmó el vaso. Se desato el pánico entre el público, y las reacciones fueron tan variadas y extrañas que convirtieron el concierto en una absoluta locura.
Algunos de los criminales se quedaron pasmados, sin saber qué hacer, como si les hubieran apagado los cerebros en forma masiva. Otros pusieron pies en polvorosa rápidamente, tal vez la reacción más acertada. Unos cuantos empezaron a maldecir, pues habrían hecho casi cualquier cosa por seguir escuchando la manera en que tocaban los datos corruptos. Algunos de esos dejaron de insultar para sacar navajas, cuchillos, tasers, barras y nudillos metálicos, y otras armas blancas variadas. Entre ellos, varios claramente aún no se atrevían a sacar los revólveres y pistolas ocultos, pero notoriamente visibles.
-Hay que hacer algo –repuso Tai al ver todo el escándalo y bullicio que causaba la presencia del Señor Demonio-. ¡Matt quedara en medio de todo!
-Yo me encargo –le respondió su compañero, despojándose de su disfraz. Corrió entre la multitud, algunos de los cuales le dedicaban miradas atónitas, aunque la mayoría seguían concentrados en los digimon demoníacos.
En la cintura de Tai, su digivice empezó a brillar con un fuerte resplandor anaranjado. Agumon sonrió, pensando en hacía cuanto que no realizaba esa digievolución.
¡Agumon warpdigivols a… WarGreymon!
El poderoso digimon de nivel mega alzo el vuelo, directo hacia el escenario. Sin embargo, lo cegó un resplandor repentino, que provenía del reflector que tan molesto les había parecido. Desde una viga, donde estaba colocado el armatoste, una estrafalaria figura dio un enorme salto. Piedmon había estado allí escondido todo el tiempo. Se lanzó, espadas en mano, directo contra su antiguo rival. WarGreymon llego a verlo, y detuvo las espadas con sus garras. Se escuchó el rechinido metálico del metal contra el metal. Ambos retrocedieron, en guardia, y el payaso guardo su espada izquierda.
-¡Tornado de la Oscuridad! –la ráfaga de aire lanzo al dragón hacia atrás, pero se recuperó con rapidez, dispuesto a responderle.
-¡Mega Tornado! –empezó a girar con velocidad, y se lanzó contra Piedmon. Al notar que no había suficiente espacio para esquivarlo, el payaso infernal coloco sus armas en posición defensiva, entrecruzándolas. Atrapo la punta del Mega Tornado con habilidad, y resistió el impulso por unos segundos. Luego, dejo que el ataque lo arrastrara hasta una esquina, y ambos se encararon con un odio irreprimible.
-¡Por fin algo con lo que entretenerme! –exclamo Piedmon.
-Esta vez, ¡te derrotare! –le respondió WarGreymon, lanzándose contra él-. ¡Dramón Killer!
El aliado de los datos corruptos salto hábilmente para esquivarlo, pero su oponente lo siguió con terquedad. Tai, quien ya había visto al odiado payaso, se acercaba corriendo. Sospechaba que, incluso con la mayor experiencia en combate que ahora poseía su compañero, no podría vencer solo al digimon. Ese Hombre Demonio era muy astuto y muy poderoso. Resignado, decidió que ayudaría a WarGreymon a eludir sus ataques y ganar tiempo mientras sus compañeros hacían algo respecto a Demon y compañía.
Matt buscaba una manera de salir de allí, pero no parecía haberla. Mucho del escenario era devorado por el fuego maligno del Señor Demonio. Aun miraba directamente a Lyramon, esperando el primer descuido de este para atacar. Sin embargo, los datos corruptos eran mucho más precavidos, y tampoco demostraron hostilidad. Sabían, tal como ocurrió un momento después, que Demon perdería la paciencia y los atacaría.
Las Llamas Infernales no habían reducido en lo más mínimo su temperatura. Avanzaron como antes, raudas y temibles, pero los datos corruptos estaban preparados.
-¡Revelación del Conocimiento! –se activó la visión del mapa de datos. Al poder ver cómo funcionaba la energía detrás del ataque, planearon rápidamente un contraataque-. ¡Esperanza Persistente! –acto seguido, saltaron, aprovechando la inmunidad de la greba al fuego demoníaco, y atravesaron el ataque, cortando las llamas con el haz de luz dorada. Rápidamente, Demon se cubrió con su barrera. Al ver esto, el demonio de ojos dorados sonrió ampliamente.
La Greba de la Esperanza no solo atravesó las llamas malignas en un arco refulgente. En cuanto la luz dorada hizo contacto con la barrera, creo un agujero en esta, por el cual Lyramon conecto su terrible patada.
El Señor Demonio salió despedido hacia atrás, casi chocando contra la pared del domo. Logro detenerse ondeando sus alas, pero los datos corruptos aún no habían acabado. Con destreza, incluso en el aire, le apuntaron con la palma abierta del guantelete negro. Entre su ropa, el emblema destello con una luz púrpura, alimentando el poder del ataque para hacerlo más poderoso.
-¡Juicio de la Oscuridad! –con un amplio abanico de movimientos, logrados luego de ver la gravedad en el mapa de datos, los datos corruptos se mantuvieron en posición, mientras un rayo de líneas negras tres veces más terrible de lo normal golpeaba directamente a su enemigo en el pecho, aun aturdido por el ultimo impacto. El gigantesco cuerpo de Demon trasvaso la pared, dejando un enorme agujero, y llevándose algunas vigas de apoyo. La estructura parecía cada vez más precaria.
-¿Lo derroto? –pregunto Davis, impresionado por la hábil combinación, justo en el momento en que los datos corruptos aterrizaban en el escenario sin ningún problema.
-¡No! –negó Ken. Como recalcando su respuesta, el monstruo entro nuevamente al domo, rodeado de mucho fuego iracundo. Por su expresión, incluso con la capucha, todos notaron que estaba tremendamente furioso.
-¡Se atreven a atacar a un Demon Lord! –chillo, recalcando su título al decirlo en su idioma original. Extendió sus garras, frente a las cuales se dibujaron círculos que parecían de ocultismo. De cada uno de los tres majestuosos símbolos emergió un Devidramon, los cuales presentaban cicatrices y otras marcas de mil batallas, demostrando ser veteranos en combate. Además, emitían cierta una cierta aura de respeto, digna de aquella raza. No eran simples dragones, sino poderosos y temibles monstruos provenientes del Área Oscura, quienes eran parte de la armada que Demon había dejado allí. Los datos corruptos sospechaban que tendrían que vérselas con algo similar, y les hirvió la sangre al recordar anteriores sufrimientos a manos de algunos digimon similares.
-¿Un par de inútiles del Área Oscura? ¿Es en serio? –le mascullaron. El Devidramon de la derecha se lanzó directo hacia el escenario, con sus garras destellando en tonos carmesí. Sin vacilar, le apuntaron con el guantelete-. ¡Juicio de la Oscuridad!
El ataque atravesó el pecho del demonio sin dificultad, y continúo hasta el Demon Lord, que aún no se acercaba. Prevenido sobre esto, Demon se cubrió con su barrera nuevamente, y las líneas negras se estrellaron contra el sin causar daños. Esto confundió al Señor Demonio, pues el anterior ataque la había atravesado fácilmente.
-Ya veo. Ese ataque de antes era especial. La Digiarmadura me va a traer dolores de cabeza –en ese momento, con la cabeza fría, podía planear su estrategia detrás de sus soldados. Si era atacado una vez más, si se enojaría, y su ira era tan terrible que perdía la razón. Pero, contra enemigos que realmente podían infringirle daño, debía ser cuidadoso. Barbamon era aún mejor para eso, tanto que se volvía cobarde. Había que aprovechar ese enorme poder que les había sido concedido por el Destino.
Y debía recuperar lo que se le había sido arrebatado.
Mientras un segundo Devidramon se abalanzaba sobre el digimon corrupto, el tercero bajo hasta los espectadores, dispersando terror por doquier. Varios intentaron atacar al demonio utilizando cuchillos, machetes, pistolas, navajas, tubos metálicos, e incluso sus propios puños. Sin embargo, ningún ataque así era efectivo contra semejante digimon.
-¡Hay que detenerlo! –exclamaron Davis y DemiV-mon a la vez. El pequeño dragón azul se lanzó a la carrera, mientras el D-3 destellaba con un resplandor blanco.
¡DemiV-mon digivols a… V-mon!
¡V-mon digivols a… XV-mon!
El dragón azul golpeo rápidamente a su oponente en el huesudo cráneo. El Devidramon se recuperó rápidamente del ataque y lanzo un gruñido de dolor e ira. Sus Garras Carmesí atacaron a XV-mon a tal velocidad que apenas pudo esquivarlo. Davis comprendió rápidamente lo fuerte que era su oponente, y se prepara para dar una batalla sin rendirse. Afortunadamente para él, no tuvo que hacerlo.
¡Wormmon digivols a… Stingmon!
-¡Ataque de Aguijón!
Stingmon conecto su ataque justo en el cuello del Dragón Maligno, causándole no solo un terrible dolor, sino también un daño considerable. Para no ser menos, el dragón azul ataco casi al mismo tiempo.
-¡X-Láser! –le dio directo en el pecho, logrando que se disolviera en polvo digital. Ken y Davis chocaron las palmas por su victoria, pero quedaron desprevenidos ante el ataque de un nuevo Devidramon del Área Oscura. Mientras ellos se encargaban de ese, Demon había invocado a una docena más de esas horribles bestias, causando un desastre en el concierto, y marcando que el público criminal se pusiera en fuga.
Ambos digimon recibieron el impacto de las Garras Carmesí. Aun heridos, se levantaron en el aire, listos para contraatacar, pero tuvieron que ponerse espalda contra espalda cuando un segundo demonio los rodeo.
-¡Gatomon! –llamo Kari, al ver a sus amigos en problemas. Su digimon no lo dudo un segundo, y dio un enorme salto en el aire.
¡Gatomon ultradigivols a… Angewomon!
A la luz del ángel, ambos dragones oscuros soltaron gruñidos de molestia. Un tercero bajo a toda prisa, tratando de sorprenderla por la espalda, pero se llevó una temible sorpresa cuando la Arcángel se volteó con una flecha luminosa en las manos.
-¡Flecha Celestial! –el proyectil atravesó limpiamente el pecho del demonio, matándolo en el acto. Los tres digimon, tras intercambiar una mirada de complicidad, encararon a sus dos oponentes.
Lyramon golpeo a patadas al Devidramon que trataba inútilmente de atraparlo. Su agilidad era tal que el Dragón Maligno no tenía oportunidad. Con un certero puntapié en la quijada, acabaron con su enemigo, recolectando sus datos en el digivice pálido. El aparato llevaba absorbiendo los datos de todos los digimon caídos desde hacía bastante rato. Con cada enemigo muerto, el poder de los datos corruptos aumentaba.
-¿Esto es todo? –le preguntaron al Demon Lord, que observaba la batalla desde una posición segura. Rápidamente, otros tres nuevos dragones negros se interpusieron entre él y los datos corruptos.
-Curiosamente, deberían hacerse esa misma pregunta. No han hecho más que usar las técnicas de la Digiarmadura. ¿Acaso no tienen poder por si mismos? –se burló Demon, tratando de provocarlos. Pero, ante ese comentario, Lyramon esbozó una sonrisa divertida.
-¡Tienes toda la razón! –le respondieron. Miraron fijamente al Señor Demonio, mientras sus pupilas disminuían su tamaño drásticamente-. ¡Mirada de Medusa!
Ante esa siniestra técnica, los tres dragones quedaron congelados en el lugar, llenos de terror. Sin embargo, Demon no sufrió el efecto atemorizador. Era demasiado poderoso para verse afectado por la mirada demoníaca de esos ojos amarillos. Rápidamente, el digimon corrupto esgrimió su brazo izquierdo, que se rodeó de una fulgurante aura carmesí.
-¡Cuchilla de Corrupción Demoníaca! –dieron un rápido salto, en el mismo instante que su brazo izquierdo formaba una espada roja de pura energía corrupta, que medía dos metros más que la punta de sus dedos. Demon apenas alcanzo a usar su barrera antes de que Lyramon la impactara con su cuchilla, atravesando unos treinta centímetros. Los tres Devidramon paralizados ni siquiera habían notado cuando la hoja les había rebanado el cuello a una velocidad sorprendente, y se desintegraban con rapidez.
Al notar que su escudo no soportaría impactos sucesivos de esa peligrosa técnica, Demon aprovecho su velocidad para esquivar la espada. Detrás de él, el muro de acero del domo fue atravesado como si se tratara de papel. El Demon Lord atrapo a sus oponentes por el torso, y los arrojo contra la pared opuesta. El demonio impacto contra el domo, pero sus daños se regeneraron al instante. Fue entonces que, al continuar activado el campo de datos de su Yelmo del Conocimiento, notaron algo con el rabillo de su ojo dorado. Se formó una nueva sonrisa en sus labios.
-Con que enviando una fuerza de respaldo escondida, ¿eh? –pensaron. Rápidamente, sostuvieron en alto su digivice, apuntando a través del agujero que se había originado por el cuerpo del Demon Lord en su primer ataque-. ¡Control Corrupto!
Una gran cantidad de datos rojizos atravesaron el hoyo, dirigiéndose hacia el muelle. Dándose por satisfechos, se abalanzaron nuevamente sobre Demon, esgrimiendo su espada de energía carmesí a una velocidad aterradora.
T.K. no había huido con los criminales. Al ver aparecer a todos los digimon en las sucesivas batallas, comprendió que ese concierto había sido una emboscada. Las entradas que habían aparecido de la nada en su habitación ya deberían haberle advertido que era un mal asunto, pero su vista estaba cegada a la realidad. Ahora, quería ayudar a derrotar a Demon y sus vasallos, pero no tenía como hacerlo. Bajo los brazos, frustrado. Sin Patamon a su lado, se sentía inútil.
-¡T.K.! –escucho la voz de su compañero de repente. El pequeño había echado a volar en cuanto empezaron a aparecer los Devidramon. Por fin, el elegido de la Esperanza y su digimon se encontraron, y Patamon se lanzó a sus brazos-. ¡Sabía que estabas bien! Por un momento pensé…
-No pasa nada –no era ni el lugar ni el momento para eso. Su furia ya se había desvanecido. Ahora solo estaba interesado en arreglar las cosas, y en ganar esa batalla contra las Tinieblas-. ¿Estás listo para mostrarles a esos demonios lo que pueden hacer los niños elegidos?
-¡Por supuesto!
-¡Muy bien! ¡Vamos!
El digimon salto hacia arriba, encarando al primer Dragón Maligno que se interpuso en su camino. T.K. saco su digivice, el cual jamás abandonaba, incluso en una situación absurdamente segura como un concierto. Con su suerte, podía esperarse cualquier cosa.
¡Patamon digivols a… Angemon!
El Ángel observo al demonio, el cual no dudo un instante en atacarlo salvajemente. Evadiendo con habilidad las Garras Carmesí, lo golpeo a bastonazos con fiereza. Brazo, codo, pecho, y un remate terrible en medio de la cabeza. El Devidramon cayó al suelo, atontado, y no llego a recuperarse antes de su final.
-¡Golpe de Fe!
El rayo de luz blanca le impacto directo en el pecho, matándolo. Angemon sonrió satisfecho, pero estaban lejos de terminar. Alertados por la derrota de su compañero, tres dragones más atacaron al Ángel simultáneamente. T.K. observo como su compañero luchaba desesperadamente.
-Puede manejar a uno, y se las arregla con dos, pero no sé si podrá con tres –pensó el rubio preocupado-. Vamos a necesitar ayuda.
Fue entonces que noto una cosa que debió haber advertido antes. El escenario ya casi se había quemado por completo.
No había rastro de Matt.
Biyomon ataco inútilmente a uno de los demonios, pero nuevamente su Espiral Mágico fue bloqueada sin complicaciones por la resistente piel del monstruo. Evadió el brazo con dificultad, sabiendo que un solo impacto de las Garras Carmesí podía ser letal. Sora trataba de distraer al dragón, pero no era tan tonto para atacar a alguien que no podía hacerle daño.
-¡Fuego Azul! –el chorro de llamas golpeo la espalda del desprevenido Devidramon, enojándolo. Allí llegaba Gabumon, y no venía solo. Matt lo acompañaba, con la ropa chamuscada. Sora corrió a sus brazos y se lanzó a ellos. Había estado pensando en lo peor, pero ahora podía respirar tranquila. No entendía porque Larios había salvado a su novio, pero eso ya no importaba. Solo quería asegurarse de salir con vida de ese muelle, y sobrevivir al concierto diabólico que se había desatado.
-¡Aun no puedo digievolucionar! –se quejó Biyomon, luego de ver como el Dragón Maligno decidía que enfrentarse a ambos novatos sería una molestia, e intentaba apoyar a los otros demonios contra Stingmon, XV-mon y Angewomon.
-Matt, ¡déjame intentarlo! –pidió Gabumon. El rubio asintió.
¡Gabumon digivols a…
-¡No! –grito el digimon, resignándose-. Yo tampoco puedo.
-¡Maldito Larios! ¡Él tiene la culpa! –le explico a Sora. Ella no dejaba de marcar con su celular.
-¿En serio? Me lo imaginaba –su cara mostró una expresión frustrada cuando su celular emitió un pitido-. ¡Yolei no me responde! ¿Qué están haciendo?
Ambos decidieron, intercambiando una mirada, que solo podían ir a comprobar que estaba sucediendo. Acompañados por sus digimon, salieron corriendo del domo.
Una nueva ola de fuego demoníaco incendio la viga, mientras Lyramon saltaba de un lado a otro para evadir los ataques de Demon. Ambos estaban en un punto muerto. El Demon Lord no conseguía alcanzar al digimon corrupto con sus llamas ni sus garras, y los ataques del monstruo de ojos dorados eran bloqueados por la barrera o atrapados por las garras purpúreas. Podían seguir batallando hasta que se quedaran sin energía. El Señor Demonio empezaba a enfurecerse.
-¿Dónde están mis refuerzos? –se preguntó el demonio.
-Ocupados, con unos de nuestros amigos –le respondieron, como si pudieran leerle la mente. Habían sospechado lo que pasaba por sus pensamientos en ese instante que Demon se había distraído-. Si tienes un plan, siempre es aún mejor tener un plan de refuerzo –se rieron con regocijo-. ¡Y es todavía más útil tener dos planes de refuerzos!
¿Dos? ¿A qué se referían? El demonio empezó a sospechar que lo habían engañado, y que ese lugar había sido preparado como emboscada. Necesitaba averiguar cuál era el plan que estaban ejecutando los datos corruptos. Tenía que sonsacárselos.
-¡Nunca conquistaran nada! –les grito-. ¡Ni siquiera pueden detenerme! ¡Son débiles!
-Oh, tienes razón –sonrieron, encaramados en una viga mientras observaban al Señor Demonio volando casi demasiado cerca-. No tenemos la fuerza, no nosotros. Pero sabemos quienes sí la tienen, quienes nos ayudaran a hacer nuestra revolución.
-¿Otro digimon corrupto? –pregunto Demon, sorprendido.
-El más poderoso de todos.
-¿El más poderoso? –pregunto el Demon Lord, adquiriendo una expresión totalmente aterrorizada-. ¡¿Él?!
-No, no Él –respondió Lyramon, temblando de solo pensarlo-. El poder que posee el demonio sin nombre es demasiado terrible para ser controlado. Además, ese ser aún no ha renacido –se secaron el sudor y la sangre verdosa de la frente con su mano izquierda-. Nos referimos a la encarnación más poderosa del Dios del Área Oscura, ¡el Programa Aniquilación!
¡El Programa Aniquilación! El cuerpo de Demon también empezó a temblar incontrolablemente. Había sido creado una vez, que él supiera, en una dimensión lejana, y los únicos testigos vivos habían sido los digimon del Área Oscura que espiaban otros mundos incansablemente. Se decía que el mismísimo GranDracmon había visto todo el episodio de principio a fin.
Y el autor de semejante hazaña había sido Él, el demonio sin nombre, el Dios del Área Oscura, el diabólico vestigio divino, el mal corrupto encarnado. Eran muchos apodos para esa criatura, cuyo nombre verdadero había sido olvidado, y el alias que se adjudicaba era tan terrible de decir que hasta los Demon Lords no lo pronunciaban. Su historia había caído en la Oscuridad, llenándose de mentiras, engaños, y leyendas. Lo que si se sabía, era que no solo era real, sino que podía aparecer donde fuera. Reencarnaba en diferentes dimensiones, adoptando distintos cuerpos, todos ellos seres ordinarios, y los convertía en avatares de la destrucción y la masacre. Era un digimon corrupto, pero no se relacionaba con los demás datos corruptos. Formaban un ser tan maléfico y despiadado como nunca se creyó que fuera posible.
Si Lyramon deseaba utilizar el mismo poder, entonces había un gran problema.
-¡No podrán controlar ese enorme poder! –les increpo.
-Tenemos una pequeña idea con respecto a eso –respondieron, riendo como lunáticos, mientras sus ojos brillaban de manera maligna y divertida-. Pero ya te hemos dicho demasiado –se dieron cuenta, justo cuando empezaban a atascarse de la risa-. ¡Es tiempo de que nos encarguemos de ti!
Dieron un salto, mientras su brazo se rodeaba nuevamente de energía corrupta.
-¡Cuchilla de Corrupción Demoníaca!
Angemon esquivo nuevamente al Devidramon, pero los otros que lo rodaban le impedían moverse. Parecía inútil escapar, y combatir era demasiado difícil. T.K. también notaba que los tenían arrinconados. Allí, en ese mismo instante, encajonados entre los demonios y la pared, ya no sabía qué hacer. No había traído el D-Terminal, así que podía olvidarse de Pegasusmon. Y sin el poder sagrado, no tenía mucho más que hacer. A lo lejos, contemplo como un Dragón Maligno era desintegrado por una Flecha Celestial de Angewomon.
-Un momento. ¿Angewomon? –pensó de pronto el rubio. Entonces, recordó que su compañero había estado quedándose con los Kamiya, y que ellos habían estado en la reunión con Gennai. Una idea cruzo su mente-. ¡Angemon! ¿Recibiste la energía de ChingLongmon?
-¡Es cierto! –respondió su compañero. Con tantas cosas que habían pasado, se había olvidado de eso. Ambos rubios, humano y digimon, sonrieron y encararon a sus acorraladores con valor.
-¿Creen que nos han vencido? –pregunto el elegido de la Esperanza, sonriendo ante los Devidramon-. ¡No saben en lo que se han metido!
Los ahora cuatro dragones negros rugieron, enfadados, y se lanzaron a gran velocidad contra Angemon y T.K., con sus garras destellando con un color rojo de muerte. Sin embargo, fueron cegados por la luz que empezaron a emitir el D-3 verde y el cuerpo del Ángel.
¡Angemon ultradigivols a… MagnaAngemon!
El más cercano de los demonios ni siquiera vio cuando la espada Excalibur le atravesó el pecho. El segundo pudo verla, justo cuando se enterraba en su cuello, pero no logro hacer nada al respecto.
Los dos sobrevivientes admiraron el escudo, espada y casco púrpuras, las ocho poderosas alas, y los adornos dorados. Todo en el Arcángel emitía poder, y su mirada estaba cargada de lastima por el Destino que sufrirían sus oponentes.
-Si se van ahora, sus vidas les serán perdonadas –les advirtió. Pero los Devidramon eran combatientes expertos, leales a su Demon Lord, y estaban enojados. No se retirarían, aun cuando eran tan ampliamente superados por el poder de MagnaAngemon. Arremetieron con fiereza, y el digimon sagrado suspiro de amargura.
-Que sea como ustedes lo han querido.
Mientras bloqueaba las Garras Carmesí del primero, ataco al segundo, cortándole el brazo izquierdo, y luego la cabeza. El sobreviviente ataco nuevamente, con una terrible furia, pero contra el Escudo Beam, su ataque se deshizo en nada. Con una triste expresión, un nuevo tajo de Excalibur acabo con los problemas del Arcángel. T.K. observo la tristeza de su compañero.
-Eran digimon malvados, no hay razón para tenerles piedad –comento el rubio.
-Si no se siente tristeza ante algo tan terrible como la muerte, aunque sean enemigos, entonces se tiene un corazón demasiado frió y cruel –le respondió.
El elegido reflexiono sobre esas palabras. Tenía razón. No había forma de rebatírselo. Todo lo que había pasado, la caída, la pelea, todo había sido culpa suya. Desde que se había encontrado con aquel Devimon, había removido antiguos odios en su interior. Odios que creyó que había sepultado desde hacía años. Era tiempo de calmarse y arreglar las cosas. Especialmente con sus amigos. Especialmente con Kari.
-Si Angewomon está aquí, entonces también Kari –razono. Haría las paces, pero aún había un problema. Si se enteraba que Sophia lo había acompañado, se armaría algo bien temible. Recordó la expresión de la castaña cuando vio a LadyDevimon por primera vez. Trago saliva, asustado. Haría las paces, pero poco más. Y sería mucho mejor tomárselo con toda la calma posible.
-Vamos, MagnaAngemon. Hay que encargarnos del único culpable de tantas vidas perdidas –ambos observaron hacia arriba, donde aún continuaba la feroz batalla entre el Demon Lord y el digimon corrupto.
Mientras T.K. pensaba en ella, de una forma muy curiosa e irónica, Kari pensaba en él. Era verdaderamente una conexión más allá de todo lo imaginable. Más allá de la Luz y la Esperanza. Era algo a lo que la elegida nunca había sabido ponerle nombre. Hasta hace poco, podía decir que era su mejor amigo, su compañero de armas, pero siempre estaría ignorando la verdad. Era algo más que eso. La forma en que se había puesto celosa le había confirmado lo que se había negado desde hacía tantos años, y que nunca después pudo olvidar.
Él era su amor. La persona con la que quería pasar sus años. El que quería que fuese el padre de sus hijos. Quien la acompañara para todo el resto de su vida. Esa era la verdad.
Con estos pensamientos corriendo por su mente a velocidades súper sónicas, la elegida de la Luz observaba como los tres digimon enfrentaban y destruían dragón tras dragón. Nadie podía detenerlos. Una sola distracción era suficiente para que representase su final. Y el polvo digital brillaba, antes de ser absorbido hacia arriba. Ella ya había notado ese extraño hecho, pero aún no entendía que significaba. ¿Sería acaso la manera tan extraña en la que Larios robaba los datos de otros? No lo sabía, pero sospechaba que había algo más detrás de eso.
XV-mon dio un golpe terrible a uno de los Dragones Malignos que se había acercado demasiado. El digimon golpeo contra la pared, para luego regresar al aire, enfurecido. Cuando el muro detrás de él se resquebrajo, todos en el lugar se sorprendieron.
-¡Cuerno Planeador!
Aquilamon, surgiendo de la nada, golpeo directamente al Devidramon en el pecho. Por supuesto, fue un golpe letal. Los demás dragones se alejaron, atemorizados por la presencia de un nuevo rival. Montada sobe su lomo, Yolei salto directo al suelo en una caída de más de diez metros, con una expresión esperanzada.
-¡Davis, Ken, Kari! ¡Vengan, tenemos problemas!
-¿Dónde te habías metido? –le grito Davis, un poco enojado por no tener la ayuda prometida. Lo que si recibió fue un golpe demoledor, directo del puño de la chica. Se acomodó sus anteojos, antes de reemplazar la expresión de ira por preocupación.
-Nos ocupábamos del problema de afuera. ¡Son demasiados! –observo el desastre que se había formado en el domo-. ¡Necesitamos ayuda! No podemos detenerlos mucho más tiempo.
Los tres elegidos intercambiaron una mirada de horror. Algo muy malo estaba pasando afuera, y ellos no lo habían sabido. Tenían que ir a ayudar, pero no podían dejar a todos esos demonios allí. Kari dirigió una mirada hacia su hermano, pero no pudo hallarlo. Debía de encontrarse en alguna parte, luchando junto a WarGreymon contra ese payaso infernal.
En ese momento, una brillante luz blanca anuncio la digievolución de MagnaAngemon. Estaban tan concentrados luchando, que ni habían notado la presencia del rubio en el lugar. Fueron testigos de la masacre que realizo el Arcángel, y de la mirada que daban hacia arriba. Entonces, T.K. noto que sus compañeros lo observaban.
-¡Hola! –quería decir algo para romper el hielo. No se pensaba lo suficientemente valiente para ver a Kari a sus preciosos ojos. No después de lo que había entendido. Se acercó a sus amigos con lentitud, bajando la cabeza para mostrar su arrepentimiento. Trato de parecer lo más lastimero que pudiera, pero entonces una mano tomo la suya. Davis le apretó el puño fuertemente, con una enorme sonrisa en su rostro.
-¿De dónde saliste? Bueno, no importa, ¡pero es genial! –la enorme sonrisa que puso hizo que el rubio se tranquilizara-. Alguien debe ir a ayudar a esta fastidiosa –Yolei puso mala cara. Ken se adelantó.
-Tal vez deberíamos ir Davis y yo, ya que Angewomon y MagnaAngemon tienen más ventaja ante los Devidramon –el elegido de la Esperanza dio un respingo. No, no podía ver a Kari a los ojos. No podía decirle que ahora salía con Sophia. No después de que había descubierto lo que sentía por ella. Tenía que pensar rápido.
-¿La situación afuera es muy grave? –pregunto T.K. apresuradamente.
-Bastante –repuso la chica de cabello lila.
-Entonces, necesitaras mucha ayuda. MagnaAngemon es fuerte, podemos vencer a los que quedan sin problemas –observo por un instante la expresión asustada de los labios de Kari. No pudo evitar la sensación de querer saber su sabor-. Y luego ayudaremos a Tai con Piedmon. Mientras Larios pueda con Demon, estamos bien –todos vieron arriba, donde el Demon Lord usaba su escudo para bloquear un Juicio de la Oscuridad.
-¿Seguro? –Ken no estaba convencido.
-Ya lo vencimos una vez, esta no será diferente.
Kari recordó la anterior derrota del payaso. No pudo evitar la sensación de que algo no saldría bien, pero decidió que debía confiar en él. Luego, tal vez pudieran hablar de lo que había pensado. Se sonrojo.
-Tiene razón. Con MagnaAngemon y WarGreymon, podrán contra ese monstruo –por primera vez, se miraron a los ojos. Un anhelo invisible que ambos escondieron.
-¡Pues bien! –Davis tuvo suficiente con eso-. ¡Vamos Yolei! ¡No es tiempo para que tú e Ichijouji se pongan a besuquearse! –tuvo que correr, ya que la chica fue a perseguirlo por su enorme falta de respeto. Ken los siguió, temeroso de lo que pudiera hacer su novia, junto con el dragón azulado y el insecto gigante. Kari y Angewomon fueron las ultimas en irse, dando una mirada de advertencia a T.K. y MagnaAngemon. Los rubios la entendieron, y las vieron irse. Se dieron vuelta, observando a la última docena de Devidramon.
-¡Qué diablos! –la emergencia de Yolei parecía grave, pero esto no se lo esperaban. En la noche profunda, Zudomon, MegaKabuterimon, Ankylomon, Gabumon y Biyomon estaban disparando sus técnicas al agua. Davis observo todo extrañado-. ¿Emergencia? ¿Están tratando de conseguir la cena?
-¡No, tratamos de pararlos! –argumento Zudomon. Se vio un movimiento en el agua-. ¡Martillo Vulcan! –descargo su ataque sobre la superficie. De entre las aguas oscuras, salieron momentáneamente del agua un Divermon y un Gesomon, justo antes de volver a ella y empezar a desintegrarse. Inmediatamente, la superficie bullo con la presencia de innumerables digimon marinos. Gesomon, Divermon, Raremon, Tylomon, Mantaraymon, Shellmon, Ebidramon, Octomon, Depthmon, Archelomon, Coelamon, Gizamon, e incluso algunos Gomamon y Betamon. Era un ejército enorme, conformado exclusivamente por digimon acuáticos.
-¿De dónde han salido todos estos? –pregunto Ken, impresionado.
-Vinieron en secreto por debajo de la superficie. Hace mucho rato que intentamos pararlos, pero son interminables –respondió Joe, agobiado-. Hasta hay algunos que antes no conocíamos, Izzy los acaba de analizar –el pelirrojo usaba su portátil, buscando alguna razón de porque todos esos digimon trabajan juntos.
-¿Y porque no vienen de esa parte? –Kari señalo una zona donde no había ni uno de ellos. Todos intercambiaron miradas extrañadas, hasta que Angewomon decidió averiguar qué sucedía.
-¡Flecha Celestial! –el haz de luz se metió justo en la zona quieta. Parecía un desperdicio de energía, hasta que una enorme figura salió a la superficie. Un monstruo enorme soltó un rugido aterrador.
-¡No! ¡Lo reconozco! ¡Lo derrotamos hace cuatro años! –chillo Cody, luego de ver el enorme MarineDevimon esgrimir un tentáculo. Increíblemente, atrapo a dos Raremon y un Shellmon, los elevo por los aires y empezó a apretujarlos con su temible fuerza. A la vez, ataco con su Tormenta Infernal a varios Divermon, desintegrando a varios de ellos.
-Déjame ver –murmuro Izzy, revisando su computadora-. Ese MarineDevimon es un digimon corrupto. Los demás no lo son –levanto la cabeza, desconcertado.
-¿Por qué los ataca? –pregunto Yolei, aún más confundida.
-Porque esta con Larios, amor. Demon debe haber enviado a los demás, pero adivinaron su movimiento y enviaron a ese demonio a detenerlos –dedujo Ken, como buen detective.
-¿Entonces es una batalla entre Demon y Larios? –pregunto Cody, frunciendo el entrecejo-. ¿Quién está ganando?
-Por ahora, parecían empatados –le respondió Kari, viendo al Hombre Bestia Acuático pulverizar otra línea de enemigos. Entonces, comprendió lo útil que podía ser ese digimon-. Hay que dejarlo seguir con lo suyo. Nos está ayudando.
Cody lo miro con amargura.
-Bueno, mientras no lastime a nadie que queramos, no me importa –varios Gizamon empezaron a trepar por el muelle-. ¡Detenlos, Ankylomon!
-¡Presión de Megatones! –el ataque causo unas la caída de la estructura, la cual arrojo al agua a la mayoría de los Anfibios. Aun así, otros montones de digimon mas empezaron a subir a la playa y el muelle sobre los cuerpos desintegrándose de sus compañeros.
-¿No se acaban nunca? –pregunto Aquilamon, derribando a varios con sus Aros Explosivos. Angewomon ataco directo al agua con su Atmósfera Celestial, causando una autentica masacre. Gabumon y Biyomon la tenían difícil, pero siempre era útil acabar con algunos de los más pequeños, especialmente en las cantidades que llegaban.
El verdadero problema empezó cuando una extraña ola gigante apareció de la nada y golpeo a MegaKabuterimon. El Insecto intento zafarse sin éxito, pero termino derribado. Izzy comenzó a gritar su nombre, pero algo más lo retenía bajo el agua. Zudomon fue a ayudarlo, pero una figura pequeña y veloz, similar a la que detenía al escarabajo, le dio un tremendo golpe con una especie de bastón. Ambos digimon ultra retrocedieron, mientras el ejército marino se abría para dar paso a dos criaturas humanoides.
-Vaya, tenemos un par de buenos oponentes, hermano –dijo el de la derecha, una especie de digimon cruza entre humano y tortuga, con cabellos plateados y ropa azulada.
-Sí, esto será divertido –repuso su hermano, muy similar, pero su ropa era verde y su cabello azul. Ambos cargaban bastones, con un extremo filoso, y el otro parecía una pieza de revolver.
-¿Y esos dos? –pregunto Joe, preocupado porque no parecían débiles.
-Shaujinmon y Sagomon –aclaro Izzy, mirando la pantalla-. Nivel ultra. Son digimon muy raros. Seguramente provienen del Área Oscura.
Ambos hermanos dieron señales de alegría al saber que los consideraban raros. Parecían gemelos, por la forma en que hablaban, completando las frases del otro en complicidad. Parecía que supieran exactamente lo que pensaba el otro. Además, tenían el complejo del guerrero adicto.
-¿Les damos una paliza… –sugirió Shaujinmon.
-..Con nuestras técnicas combinadas? –completo Sagomon.
Atacaron a una velocidad abrumadora. Zudomon y MegaKabuterimon trataron de alcanzarlos, pero los demonios eran tan rápidos, que simplemente parecían no moverse. Se deslizaban por los brazos enormes sin dificultad, golpeando en las articulaciones con sus lanzas, utilizando su poderoso ataque Getsugazan. El Insecto y el Animal Marino eran demasiado lentos para alcanzar esos cuerpos tan pequeños con instrumentos tan grandes como el Cuerno Mortal y el Martillo Vulcan.
-No podrán ganarles –noto Joe con facilidad.
-Angewomon es más rápida –sugirió Izzy, pero inmediatamente le vio un problema-. Pero ellos son dos, y están en su elemento. Necesitamos otro digimon ultra pequeño y veloz.
Las miradas se cruzaron rápidamente en XV-mon y Stingmon, tanto que ambos se sintieron un poco inhibidos. Davis estaba dispuesto a intentarlo, pero Ken continuaba dudando.
-No funciono la otra vez. Aún no sabemos cuál es el problema –argumento.
-¡Es Larios! ¡De alguna forma lo está haciendo! –repuso Matt, totalmente furioso, pero disimulándolo con habilidad.
-Está bastante ocupado ahora –razono Sora, golpeando a un Gizamon con un madero muy largo-. ¡Es el momento!
Ken dudaba, pero al ver la mirada implorante de Yolei, gano la suficiente fuerza de voluntad para al menos intentarlo. No sabían que era justamente esa duda la que generaba el conflicto en la digievolución DNA. Davis jamás dudaba, y si sus sentimientos no estaban conectados, no habría forma de lograrlo.
-Lo intentaremos –Ken trago saliva, tratando de concentrarse.
-¡Lo lograremos! –le respondió su amigo. XV-mon y Stingmon estrecharon las manos, preparados. Los D-3 emitieron su luz característica.
¡XV-mon!
¡Stingmon!
¡DNA digivols a… Paildramon!
Todos, sin excepción, celebraron al ver como el Hombre Dragón surgía de entre el resplandor. Rápidamente, se abalanzaron sobre él una docena de enemigos, pero todos ellos fueron detenidos en medio del aire.
-¡Súper Ataque! –los cañones escupieron ráfaga tras ráfaga de poderosos proyectiles que acababan con esos digimon marinos sin problemas. Dirigiendo los cañones, Paildramon logro alcanzar a Sagomon en gran parte de su cuerpo, justo antes de que realizara otro golpe directo en el brazo de Zudomon. Volando a altísima velocidad, sorprendió a Shaujinmon antes de que notara su presencia, le encajo un puñetazo devastador. Ambos chocaron en la superficie del agua, sobre la que estaban de pie sin dificultad.
-¡Como te atreves…
-…A meterte en nuestra pelea!
Antes de que pusieran poner más objeciones, un temblor a sus espaldas les paró los pies. MarineDevimon los identifico como capitanes de la horda marina, y atrapo a cada uno con un tentáculo. Empezó a asfixiarlos con una constricción brutal.
-¡Acaba de aparecer otro digimon ultra! –exclamo Izzy-. ¿Qué es esto? –sus ojos no se despegaban de la pantalla-. ¿Mermaimon?
-¡Cruz Bombardera Norteña!
Algo dorado, enorme, y sin duda doloroso, golpeo al digimon corrupto en medio de la cara. MarineDevimon cayó de espaldas, soltando a los hermanos demoníacos. Ellos respiraron agitadamente, y dirigieron sus agradecidas miradas a su salvadora. Una sirena de cola negra, con un ancla dorada por arma, que lleva un sombrero pirata y un atuendo muy revelador, hizo una leve reverencia a sus enemigos expectantes en el muelle.
-¡Hola! No sabía que los datos corruptos habían reunido a semejantes aliados –sus ojos se clavaron en Ken-. ¡Qué chico más guapo!
-¡Hey! ¡Él es mío! –se quejó su novia de cabello lila.
-Pues que mal gusto –se quejó la sirena, haciéndose la ofendida. Yolei casi sacaba humo, roja como un tomate. Kari estaba indignada por la manera en que se dirigía a su amiga.
-¡Como te atreves! –le espeto.
-¡Sí! –La secundo su compañera con alas-. A poco eres una zorra con cola.
-¿Me lo dices a mí? No creo que con semejante vestidito blanco tengas nada que señalar al respecto –comento Mermaimon, juguetona.
-¡Huy! ¡Eres peor que LadyDevimon! –Yolei le arrojo una piedra, que ella bloqueo con su ancla sin problemas-. ¡Y no estamos aliados con los datos corruptos!
-Ah, ¿sí? –la pirata sonrió al ver a MarineDevimon incorporarse-. Yo me encargare de este dulce, ustedes vayan por el otro lado. Acaban de aparecer un par de enemigos poderosos por allá.
Los gemelos se miraron, emocionados, y desaparecieron bajo las aguas en un instante. Mientras tanto, el Hombre Bestia Acuático trataba de atrapar a Mermaimon, pero era como capturar humo con las manos. Era escurridísima, muy rápida, y bastante lista. Esquivo una y otra vez los tentáculos del demonio, y espero a que estuviera listo para disparar su Tormenta Infernal. En ese instante, salió del agua un momento.
-¡Saqueo de Encanto! –inmediatamente, el monstruo se tragó su técnica, quedando hipnotizado por la belleza de la sirena. Ella rió traviesa, y le apunto al pecho con su ancla dorada, dándole un beso goloso a su arma-. ¡Anclaje de Blitz!
Un rayo de luz dorada salió del instrumento y atravesó el pecho de MarineDevimon. El demonio marino soltó un rugido de dolor, justo antes de comenzar a desintegrarse en datos corruptos. Los jóvenes quedaron impresionados.
-Ese digimon era fuerte antes –opino Cody-. Y ahora estaba corrompido, por lo que debería ser aún más poderoso. ¿Y ella lo derrota sin problemas?
-Al parecer tiene de que presumir –repuso Angewomon-. Yo me encargo.
-Y yo te ayudo –la secundo Aquilamon, luego de ver la expresión de su compañera.
El águila le arrojo sus Aros Explosivos, pero la sirena le esquivo. La Arcángel trato de acertarle con su Atmósfera Celestial, pero tampoco acertó el blanco. Sería una larga batalla. Yolei y Kari animaban a sus digimon con una fiereza que a los chicos les dio mucho, pero mucho miedo.
-Sí que lo toman en serio –comento Ken, susurrando.
-¡Cuidado! –le advirtió Davis, cuando un Gomamon trato de morderlo. Logro mandarlo al agua de un golpe, pero dos Depthmon lo reemplazaron. Todos la tendrían difícil, conteniendo la marea innumerable de legiones de Demon.
La pared del domo estallo, y una esfera de energía se estrelló en el agua con una potencia temible. Piedmon salto por el agujero, seguido por WarGreymon y Tai.
El arlequín estaba enojado. Su oponente era mucho más poderoso de lo que fuera hace siete años. No tanto en lo que respecta a su propia fuerza, sino a la experiencia de batalla. La diferencia era notable. El dragón ya no atacaba sin más, esperando acertarle al payaso, sino que planeaba sus técnicas y las ejecutaba de forma correcta y planificadora. Además, para hacerlo peor, el maldito niñato no dejaba de distraerlo de una manera u otra. Era realmente un incordio.
-¿Qué te parece lo que hemos mejorado? –se burló Tai. No podía creer lo fácil que parecía. Antes los habían aplastado con sencillez, pero ahora podían igualar a su oponente y no se dejaban engañar por sus trucos. Piedmon había intentado dos veces usar sus pañuelos, probo con aros en llamas, desapareció con papeles de colores, nieblas insólitas, y una cantidad de trucos raros. Todo eso sin contar, por supuesto, sus espadas mágicas. Aunque habían logrado mejorar, ese payaso no caería fácilmente.
-Bastante bien. Ahora si me entretienen –respondió Piedmon con una sonrisa diabólica. Salto hacia atrás, posándose en la superficie del agua con una extraña facilidad, como si su cuerpo fuera más liviano que el aire. Sus manos desenvainaron hábilmente sus espadas-. ¡Espadas de Triunfo!
WarGreymon desvió la primera ráfaga con sus Dramón Killer, pero las hojas encantadas volvieron volando, obligándole a lanzarse en una carrera para esquivarlas. El payaso no dejaba de guiarlas, pero no lograba que tocaran los puntos débiles de la armadura del dragón. Empezaba a molestarse de todo eso. Había recibido instrucciones específicas de no matar ni al digimon ni al humano. No conseguirían los datos de sus digivice si no los obligaban a renunciar a la protección sagrada.
Entonces, sin aviso alguno, un Depthmon agarro la pierna del Hombre Demonio y trato de arrastrarlo hacia abajo. El demonio soltó una maldición, lo tomo por su brazo y su cola, y lo partió a la mitad sin contemplaciones. De entre las aguas, docenas más de digimon marinos trataron de atacarle, en tal cantidad que tuvo que llamar de vuelta a sus espadas y usarlas contra ellos.
Tai y WarGreymon también la estaban pasando mal, siendo atacados por otra enorme cantidad de súbditos del Señor Demonio. Ambos digimon la tenían difícil, especialmente porque la cantidad de enemigos era enorme, y no les importaba que estuvieran atravesados por una espada o unas garras, seguían atacando. Era realmente una carnicería. Tai se sintió enfermo.
-¿De dónde diablos salen tantos? –mascullo, mientras le daba un puñetazo a un Divermon que trato de empalarlo con un arpón. De la nada, seguían viniendo más, solo para ser despedazados por los nivel mega. Entonces, la marea interminable se detuvo, y todos se retiraron de una forma inusual. Parecía que se habían rendido, pero dos formas emergieron del agua.
-¡A por ellos! –gritaron ambos hermanos. Sagomon intento atacar a WarGreymon, mientras Shaujinmon entrechocaba su bastón con las espadas de Piedmon.
El payaso advirtió que su enemigo tenía la espalda desprotegida, así que envió dos de sus espadas por detrás con sigilo. Shaujinmon sintió el doloroso impacto de ambas hojas, y dio un salto para alejarse del Hombre Demonio. Sin embargo, eso era lo que él esperaba. Con habilidad, salto junto al hombre tortuga y le coloco una mano en el pecho.
-¡Tornado de la Oscuridad! –lanzado por la corriente de aire, el demonio golpeo la arena con un ruido sordo. Su hermano lanzo un grito al verlo derrotado, pero eso fue un grave error. Aprovechando su distracción, WarGreymon le atravesó el pecho con sus Dramón Killer y lo arrojo a la arena junto a su gemelo. Luego, levanto el vuelo hasta unos cinco metros de altura.
-¡Tai, aléjate! –haciendo caso de la advertencia, el morocho se alejó lo más posible de Sagomon y Shaujinmon-. ¡Terra Forcé!
La esfera de energía impacto la arena, lanzándolo todo por los aires. Piedmon la había esquivado, pero los hermanos no tuvieron ese Destino. Una vez despejado, Tai descubrió que ambos estaban muy gravemente heridos. Sin embargo, con una voluntad insospechada, lograban mantenerse en pie.
-Nos han… Ganado… –tartamudeo Sagomon, sosteniéndose en su hermano.
-Si… Debemos… Retirarnos… Antes de que logren… –a Shaujinmon le fallaron las fuerzas para hablar, así que decidió que tenían que irse antes que nada. Una ola de agua sorpresiva los cubrió, impidiendo que nadie viera el momento en que escapaban. Piedmon estaba a punto de atacar nuevamente al dragón naranja, pero le llego un mensaje mental de su copia del emblema.
-¡Activa el segundo plan de refuerzo! –le urgió Lyramon. Un sonido de llamas en el fondo le hizo notar al arlequín que debían estar esquivando alguna técnica de Demon. El primer plan de refuerzo era MarineDevimon. Y el segundo esperaba en el Mar.
-¡Me gustaría acabar esta pelea, pero tengo cosas más importantes que hacer! ¡No se preocupen, que esto es solo un interludio! –informo a Tai y su digimon. Genero un portal con su copia del emblema negro, y desapareció en la puerta oscura. WarGreymon descendió a tierra.
-Vamos a ayudar a Kari y los demás –decidió Tai-. Con suerte, Demon y Larios se mataran el uno al otro.
-¡Muy bien! –respondió el dragón, tomo en brazos al morocho, y se lanzaron en dirección a la costa donde se reunía la maraña principal de digimon marinos.
Al llegar, notaron que las cosas no iban bien. Angewomon y Aquilamon no lograban atrapar a Mermaimon, y el ejército parecía interminable. Pero algo más llamo la atención del elegido del Valor. El agua estaba muy negra. Demasiado negra.
-¡El Mar de las Tinieblas! –exclamo Ken, luego de ver esas aguas negruzcas. Todos detuvieron lo que estaban haciendo y observaron ese extraño fenómeno. Mermaimon contemplo todo con mirada lúgubre, e inmediatamente desapareció en dirección a las profundidades.
Uno de los Ebidramon sintió algo en torno a su pinza, e inmediatamente lo jalaron hacia debajo de manera escalofriante. Un Divermon también sufrió el mismo Destino, seguido por una línea de Shellmon. Otros empezaron a caer sin explicación, dejando a los elegidos y sus compañeros anonadados. Las aguas eran cada vez más oscuras, y Kari estaba cada vez más aterrada.
-Han traído el Mar aquí. ¡Lo han hecho! –exclamo, pálida como un cadáver. Angewomon se ubicó inmediatamente entre ella y las aguas negras. Todos se alejaron.
Una forma neblinosa surgió de las aguas. Luego otra, y otra, y otra. Docenas, cientos de ellas. Caminaban en silencio a la playa y el muelle, exterminando a las tropas del Demon Lord. Esquivaban todos los ataques con una extraña habilidad, licuándose en niebla oscura. Todos observaban, demasiado pasmados e impresionados para hacer nada al respecto. Cientos de datos eran enviados al digivice corrupto, pues ya casi no quedaban miembros de las legiones acuáticas. Cuando el último de ellos cayo, los digimon Sombra se detuvieron. Sus miradas se levantaron al unísono hacia el cielo nocturno, y todos ellos tenían la mirada perdida.
-Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… –murmuraban sin cesar, como si fuera un cántico siniestro. Eran tantos que la única palabra sonaba como un eco infinito.
-¡No! ¡No! ¡Aléjense de mí! –gritaba Kari, paralizada en el lugar. Tai y WarGreymon se interponían entre los Profundos y ella, pero aun así cayó al suelo. No le respondían las piernas. Su rostro era una máscara de miedo y desesperación.
-Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… Princesa… –lo decían una y otra vez. Izzy estaba pasmado, pero un sonido de su computadora le llamo la atención.
-Son Shademon –informo-. Según el analizador, residen en los lugares donde no hay Luz. Lugares donde solo reina la Oscuridad –mientras hablaba, los Shademon terminaron su letanía, y empezaron a marcharse a través del portal oscuro abierto bajo el agua. La mano enguantada de Piedmon, dando un irónico saludo, emergió durante unos segundos, para luego desaparecer a través del portal.
-Parece que lo logramos –murmuro Yolei. Antes de que Davis pudiera dar un grito de victoria, empezó a sonar una música muy extraña. Sonaba muy bajo, pero parecía que tuvieran a quien la tocaba justo al lado. Era una canción muy triste, muy lúgubre, extremadamente lamentable. En los cielos negros, enormes nubes de una tormenta repentina resonaron con fiereza.
Matt estaba totalmente paralizado.
-¡Las notas de la muerte! –exclamo-. ¡T.K.! –inmediatamente, echó a correr hacia el domo ya muy dañado, seguido de cerca por Gabumon.
Lyramon y Demon se habían enzarzado en una guerra personal. Las llamas ardían en casi todas partes. Muchas vigas estaban marcadas con las garras del Demon Lord, y otras tantas con la espada del digimon corrupto. Las paredes estaban tan dañadas que parecían a punto de desmoronarse. Muchos impactos de la Esperanza Persistente y el Juicio de la Oscuridad estaban desperdigados por doquier.
MagnaAngemon acababa con el último de los Dragones Malignos sin esfuerzo. Su compañero observaba como terminaba la lucha entre el Señor Demonio y el Demonio Corrupto.
-¿Dónde están Tai y WarGreymon? –pregunto el digimon alado.
-Según mi digivice, afuera, junto a los demás –eso significaba que estaban a salvo. Ambos esbozaron una sonrisa, pero luego T.K. miro hacia arriba. Era hora de intervenir-. Hay que atacar a Demon. Es el más peligroso –opino el rubio, planeando su estrategia-. Por la espalda, un golpe directo debería bastar.
El Arcángel asintió, aunque no estaba convencido. Espero al momento en que pudiera sorprender al Señor Demonio desprevenido. Entonces, se lanzó al ataque. Los datos corruptos, al verlo, pusieron una demoníaca sonrisa. Demon sospecho algo, pero no logro anticiparse.
La espada Excalibur atravesó directamente el cuerpo, rasgando la túnica roja. El Demon Lord soltó un chillido de ira y dolor, y tomo la punta de la espada por delante. Rápidamente, le pego un codazo en el casco, agrietándolo con su terrible fuerza. Se quitó la hoja del cuerpo y encaro a MagnaAngemon, totalmente enloquecido de ira. Lyramon aprovecho la ocasión para enviar un mensaje a Piedmon, y se escabullo al escenario. Tomaron en sus manos la guitarra de rock, que milagrosamente se había salvado de ser pasto de las llamas, y esperaron.
-¡Demon! ¡Pagaras por tus pecados! –el Arcángel se alejó del Señor Demonio, y preparo su espada. T.K., sabiendo lo que vendría, se puso a cubierto-. ¡La Puerta del Destino!
El peligrosísimo ataque se materializo. El Demon Lord maldijo cuando vio girar el círculo dorado. Entonces, las dos mitades del portal al Vació se separaron con una dramática lentitud. Una fuerza de succión atrapo al demonio y lo jalo hacia la puerta con una potencia aniquiladora. Demon trato de frenarse con todas sus fuerzas, pero fue inútil. Arrojo una oleada de Llamas Infernales, que fueron tragadas sin causar daño alguno. Cada vez, se acercaba más y más.
-¡Eso! ¡Sigue así, MagnaAngemon! –le animo T.K. con mucho ahínco. En ese instante, incluso con el ruido de fondo, noto que empezaba a escucharse un sonido melodioso. Lyramon había comenzado a rasgar las cuerdas de la guitarra eléctrica con la mano derecha enguantada. El sonido le era vagamente familiar, y cuando repitió un estribillo, lo reconoció-. ¿Para Elisa? –conocía la bagatela, la pieza más famosa compuesta por Beethoven. La manera en que la tocaban los datos corruptos, incluso con una guitarra, era simplemente magistral. No entendía que estaban haciendo, pero ahora mismo no podía distraerse. El demonio de la capa roja está a punto de ser tragado por La Puerta del Destino, exactamente a unos pocos metros.
-¡Sí! –festejo el elegido de la Esperanza. Pero fue celebrar antes de tiempo.
Con un grito por el brutal esfuerzo que estaba realizando, las garras púrpuras sujetaron los extremos del portal, aferrándose con una fuerza aterradora incluso para un demonio. Sin dejar de gruñir, el Demon Lord retorció lentamente el metal dorado hasta deformarlo. Finalmente, lo doblo sobre sí mismo con un chirrido desgarrador. La puerta se deshizo en datos, ante la mirada atónita de ambos rubios.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, el Señor Demonio apuntaba a MagnaAngemon con sus garras rodeadas de fuego demoníaco.
-¡Llamas Infernales!
El Arcángel bloqueo las ardientes llamaradas con su escudo, pero no fue suficiente. Su cuerpo empezó a arder por el terrible poder que poseían. Rápidamente, sus alas fueron devoradas por las llamas. Su cuerpo cayó al suelo, con quemaduras graves que se habían extendido sin cesar. T.K. estaba sin habla, totalmente anonadado. Al segundo siguiente, corría hacia su compañero.
-¡MagnaAngemon! –gritaba, mientras caían lágrimas de sus ojos azules. Puso una mano sobre el pecho del ángel, y se alivió al comprobar que aún seguía con vida. Cuando levanto la vista, el Demon Lord estaba junto a ellos. Sus garras le apuntaban al pecho. No había fuego en ellas, pero no era necesario. Un golpe certero sería suficiente.
-¡T.K., MagnaAngemon! –el rubio oyó la voz de su hermano, lejana, como si viniera desde una cueva, y por debajo de la música de las cuerdas tintineantes. En ese momento, la voz de Matt volvió a sonar-. ¡Salgan de aquí! ¡No oigan la música!
Pero era tarde para eso. Matt y Gabumon ya habían llegado a medio camino entre la abertura y el ángel caído. Sora, Tai, Biyomon y WarGreymon estaban justo detrás, luego de haber seguido al elegido de la Amistad a toda velocidad. Kari venía en los brazos de su compañera, pues aún no habían dejado de temblarle las piernas. En ese instante, la bagatela llegaba a sus últimos acordes. Ya no había más duda, eso no era música, sino una especie de técnica.
Demon, con una velocidad asombrosa, logro crear un círculo mágico y desapareció del lugar. Solo medio segundo después, la mano del digimon corrupto toco la última cuerda. Sus ojos se abrieron en toda su extensión, más brillantes que el oro, y con un poder oscuro e inimaginable.
-¡Melodía de Corrupción Psicótica! –gritaron, con una potencia abrumadora. La última nota resonó con una onda expansiva tan rápida como el sonido. Todos los digimon, de manera inmediata, brillaron con un débil resplandor dorado y perdieron su digievolución. El domo y todos los alrededores temblaron. La tormenta retumbo con rayos negros, púrpuras y rojo escarlata. Finalmente, toda la estructura cayó sin remedio, en una avalancha de polvo y material.
Piedmon camino por encima de los escombros dispersos. El escenario había quedado sepultado bajo toneladas de concreto y metal. El payaso estaba impresionado. Lyramon le había ocultado semejante cantidad de poder, una fuerza simplemente arrolladora. Dudaba que algo hubiera sido capaz de sobrevivir.
De entre los escombros, destaco sorpresivamente una señal de energía oscura proveniente del emblema de la Oscuridad. Un conjunto de líneas negras, formando el ya conocido Juicio de la Oscuridad, abrieron un agujero. Un instante después, salió Lyramon, cargando en brazos a un desmayado T.K. El rubio estaba magullado y sangrante, pero al menos seguía vivo. Los datos corruptos lo dejaron en el suelo, y observaron cómo este empezaba a retorcerse y despertarse.
-Recordatorio personal: Nunca volver a utilizar la Melodía de Corrupción Psicótica con una guitarra eléctrica. Es demasiado volátil –murmuro el Demonio Corrupto. Su guantelete negro se había quedado sin energía en esa última técnica, como así también la pieza dorada de la Digiarmadura. Apenas quedaba un halito de fuerza en el casco. Tendrían que esperar que se recargaran antes de volverlas a utilizar.
Los ojos azules del elegido de la Esperanza se abrieron, observando hacia todas partes. Al ver a Piedmon junto al demonio de ojos dorados, trato de incorporarse rápidamente, pero no lo consiguió. Lyramon se inclinó junto a él.
-Tus amigos están sepultados bajo los escombros. ¿Qué haremos al respecto? –los ojos del rubio cambiaron a dorado, evidenciando la fusión entre su alma y la de los datos corruptos. El joven tenía lágrimas en los ojos.
-¡Tenemos que salvarlos! ¡Nosotros causamos esto! ¡Es nuestra responsabilidad! –sus palabras evidenciaban los pensamientos del digimon. El demonio asentía con la cabeza-. Ellos tienen que estar vivos. Tienen que estar bien. Creemos en ellos. Tenemos Esperanza.
-Lo único que necesitamos –respondieron. La Greba de la Esperanza mostró una luz dorada, anunciando como los sentimientos del rubio recargaban su poder. Sin perder tiempo, levantaron el taco, apuntando al suelo-. ¡Revelación del Conocimiento! ¡Esperanza Persistente! –gastando lo último que quedaba de potencia en el Yelmo del Conocimiento, encontraron las ubicaciones de los sepultados. Y con la enorme fuerza de la Esperanza de T.K., golpearon los escombros. Líneas de luz dorada se movieron a gran velocidad, impactando en ciertos lugares, descubriendo a los demás elegidos y sus digimon sin más heridas que las causadas por el derrumbe. Todos estaban inconscientes, pero seguían vivos. El rubio contemplo a Kari, que sostenía a Salamon en sus flacos y arañados brazos.
-Gracias… –susurro, justo en el momento en que perdió nuevamente el sentido. Piedmon hizo un mohín de asco al ver que los datos corruptos sonreían. Por más que los necesitaran vivos, odiaba dejar así a enemigos a los que detestaba con todas sus fuerzas.
Un movimiento fue captado por los ojos dorados. La sombra estaba allí. Parecía sonreír al ver la buena acción que habían hecho. Iban a llamarla, pero inmediatamente se deshizo. El misterio de que era esa figura que los acosaba en sueños continuaría un tiempo más.
-¡Datos corruptos! –se oyó el grito. En el cielo, Demon resplandecía en ira. Su capa estaba muy rasgada, y las partes sangrantes de su cuerpo evidenciaban que había recibido la onda expansiva. Su rostro estaba lleno de una furia descontrolada-. ¡Me las pagaran! ¡Juro que los destruiré! ¡Lo juro por el poder del Kishin!
Ante esas palabras, todos quedaron paralizados. Tanto Lyramon como Piedmon, e incluso los jóvenes que se acercaban tambaleándose hacia sus compañeros. Davis y los demás no habían recibido toda la fuerza de la onda, pero los había arrojado hacia atrás. Sus digimon también habían vuelto a sus formas anteriores. No sabían lo que quería decir Demon con esa palabra, pero la forma en que la pronuncio fue suficiente para llenar todo de miedo. Era como si esa simple palabra representara el miedo, la oscuridad y la desesperación.
Incluso Arukenimon y Mummymon se estremecieron. DemiDevimon y Phantomon se miraban, sin saber qué hacer. Los cuatro digimon corruptos habían vigilado la situación a distancia. El grito del demonio se había oído en muchos kilómetros a la redonda. En ese momento, varios de los criminales que formaban parte del público eran arrestados por una enorme cantidad de policías que se habían reunido. Muchos de ellos eran prófugos conocidos. Una verdadera fiesta para los tribunales.
-Está loco. La presión de la obra le ha jodido la mente –opino Piedmon, luego de recuperarse del efecto aterrorizante de la palabra prohibida.
-Esta desquiciado. ¡Quienes pronuncian esa palabra sufren la maldición del demonio sin nombre! –le advirtió Lyramon al Demon Lord, pero este no parecía dispuesto a escuchar razones. Su ira estaba descontrolada-. ¡Con semejante juramento, no podemos mantener en pie nuestra propuesta, lo sentimos!
-¡Cállense! –les espeto. Un instante después desapareció en un círculo mágico. Los datos corruptos menearon la cabeza.
-Se quedara un buen rato en el Área Oscura a recargar sus fuerzas. Mientras tanto, no molestara –observo a los jóvenes que se incorporaban con dificultad. Levantaron los brazos con gestos destinados a impresionar-. ¡Jóvenes elegidos! ¡Queremos hacerles una propuesta!
-¿Una propuesta? –pregunto Tai, mientras su Agumon trataba de despejar su mareo.
-¡Sí! ¡Únanse a nosotros! ¡Juntos lograremos la igualdad en el Digimundo, el mundo humano y el Mar! ¡Nadie podrá amenazar la seguridad otra vez, y la Justicia reinara por siempre! –todos quedaron atónitos, incluso el payaso.
-¿Qué se supone que está planeando? –se preguntó el Hombre Demonio.
-¡Jamás nos uniríamos al enemigo! –respondió Davis, hablando por todos.
-¿Enemigo? –esbozaron una sonrisa triste-. Somos solo un digimon que ha sido despreciado por sus semejantes, desterrado a la Oscuridad y olvidado tras siglos de sufrimiento. ¡No somos vuestros enemigos! ¡Solo queremos abrirles los ojos! –iban a seguir con su discurso, pero Sora estaba enfadada.
-¿Y así lo intentas? –pregunto, señalando los escombros. Biyomon se unió a la queja.
-¡Sí! ¡Dijiste que no nos atacarían! ¡Mentirosos!
-¿Nosotros? Fue Agumon el que digievoluciono primero –comento el digimon corrupto. Tai advirtió que tenía razón. Demon no había sido parte del trato. Era un vacío legal.
-¡Tú nos impides digievolucionar! –lo acuso Gabumon.
-Cuando aprenderán que son ustedes mismos quienes se ponen trabas –le rebatieron-. ¿Acaso no se dan cuenta que las Bestias Sagradas los engañan a sus espaldas? ¿Logran mantener el orden en el Digimundo sin ustedes? –los elegidos iban a contestar, pero el profundo significado los empezaba a asustar. Sus palabras eran demasiado correctas, demasiado bien planeadas, totalmente convincentes.
-¿Y qué hay de los digimon que mataron? ¡Y cuando secuestraron a Ken! ¡Y unirse a Piedmon y LadyDevimon! –les grito Yolei, quien era la más enojada.
-Los digimon se matan entre si todos los días. Es parte del curso natural de los acontecimientos. Tuvimos que secuestrar a Ken porque no se ofrecería para la operación, y se los hemos devuelto casi intacto. Nunca corrió peligro, Andromon mismo hizo la intervención –algunos apretaron los dientes ante esta declaración-. Y en cuanto a Piedmon y LadyDevimon, ellos son iguales a nosotros. Despreciados y olvidados. Es por eso que hacemos lo que hacemos. No queremos seguir con esto, pero es lo único que podemos hacer para sanar esta iniquidad. ¡La Justicia nos favorece!
-¡Cállate! –le grito Davis. Arranco directo hacia ellos, corriendo como desbocado. Cubrió los pocos metros que los separaban en unos segundos, pero ese fue demasiado tiempo para Lyramon. Ya lo habían visto venir desde hacía rato cuando levanto la mano para darles un puñetazo.
-Conste que tú nos atacaste –señalaron.
-¡Davis, no los mires a los… –decía Ken, pero el digimon corrupto fue más rápido.
-¡Mirada de Medusa! –sus ojos dejaron al joven paralizado, que cayó al suelo inconsciente. DemiV-mon estaba a punto de gritar, pero no le quedaban muchas fuerzas. Rápidos como el rayo, los datos corruptos atraparon al moreno y lo depositaron con cuidado en el suelo-. Despertara en unos cinco minutos. Aprovechen para pensar en nuestra generosísima oferta –acto seguido, tanto el Demonio Corrupto como el Hombre Demonio desaparecieron en un portal oscuro.
Reaparecieron en un techo alejado, justo junto a los demás digimon corruptos. Arukenimon, Mummymon, Phantomon y DemiDevimon sonrieron a la vez.
-¿Qué hacemos ahora, señor Lyramon? –pregunto el murciélago.
-Pueden descansar, si lo desean. Suspenderemos la vigilancia. Tómense un tiempo de ocio, incluyéndote, Piedmon –el monstruo de ojos dorados se sentó en el suelo con repentino cansancio. Ese ataque era poderoso, pero la cantidad de energía que requería era exorbitante. No era algo para usar muy seguido-. Nosotros también descansaremos. Que tengan buenas noches –inmediatamente, le entregaron el digivice pálido al payaso, y se transportaron con un portal a algún lugar. El arlequín no sabía adonde fueron, pero su mirada delataba que se sentían complacidos. La emboscada había salido bien, y había derrotado a los elegidos totalmente. Lyramon sí que era poderoso, y también muy listo. En ese momento, Mummymon hizo un comentario.
-¿Y esa chica? –una figura avanzaba hacia el domo destrozado y derrumbado-. Es la que vino con Takaishi. No la vi salir.
-Tal vez porque eres idiota –supuso su compañera de rojo. Phantomon pasó de la pelea y se largó. DemiDevimon, luego de ver como ella le daba un puñetazo, se burló y también se marchó. Piedmon, en cambio, tomo los binoculares y observo a Sophia caminar entre los escombros con una agilidad sorprendente. Una idea curiosa se formaba en la mente del payaso.
-¡Diablos! –se quejó Davis, que acababa de despertarse-. ¡Nos humillo horriblemente! ¿En serio cree que nos uniremos a él?
-En serio lo cree –comento Kari, que se había sentado mientras su hermano intentaba vendarle sin ser necesario, como buen hermano mayor preocupado-. Sus palabras eran sinceras. O al menos son muy buenos mintiendo –observo a T.K., que se disculpaba con Tokomon.
-¡Cierto! –noto Agumon al ver la escena-. ¿Qué hacías aquí? No te habíamos dicho –le pregunto al rubio.
-Me engaño. Me tendió una trampa para que viniera. ¡Y caí directo en ella! –golpeo el suelo. Estaba confirmado el regreso de Piedmon, y no le gustaba nada-. ¿Qué tipo de digimon es Demon? ¡Ni siquiera MagnaAngemon pudo derrotarlo! –todos se sorprendieron, a sabiendas del enorme poder del Arcángel.
-Lo siento, te falle –Tokomon parecía entristecido. Su compañero le sonrió y lo acaricio, indicándole que no pasaba nada. En ese momento, la castaña se presentó a su lado. Estaba lista para confesarle lo que sentía. No iba a perderlo como antes. Iba a pasar el resto de su vida al lado de su amado, era lo que más deseaba. Sin embargo, en ocasiones, el Destino es caprichoso.
-¡T.K.! –el grito de una voz conocida sorprendió a varios de ellos. Sophia, rápida como el rayo, se tiró a los brazos del rubio-. ¡Estaba muy preocupada! ¡Con todo el alboroto, pensé que te había pasado algo! –la forma en que lo abrazaba era inconfundible. Kari perdió el aliento.
En su pecho, por alguna razón, sintió como si un cristal se estuviera quebrando en pedazos. Era una sensación mil veces peor que nada que hubiera sentido antes. Nunca había pasado por un dolor más grande. Y, sin embargo, luego de ser asaltada por él, no sintió nada. Solo fue un instante. El peor instante de su vida. Y después, nada.
-Estoy bien –trato de que no notara que Kari estaba justo al lado. Pero las lágrimas de preocupación que caían de esos hermosos ojos negros le confirmaron que una pelea tan tonta no importaba ahora. Intercambio una mirada con la elegida de la Luz, que se había quedado ahí parada sin decir ni hacer nada, que fue reveladora. Se levantó con dificultad, tomo en brazos a Tokomon, y se fue caminando, mientras Sophia lo ayudaba a sostenerse.
-¡T.K.! –lo llamo su hermano. Matt estaba preocupado por las cosas que su madre le había dicho-. ¿Estás bien?
-Por supuesto, hermano –respondió él, sin detenerse. Ambos caminaron lentamente, sin detenerse, y se perdieron en la lejanía. Kari los seguía con la mirada. Una lágrima bajaba por su mejilla, pero era tan pequeña y delicada que solo Salamon la vio. Se acarició con el tobillo de ella, tratando de consolarla.
Davis sintió una vibración en su bolsillo. Saco su celular nuevo. Había estado sonando desde hacía tiempo, pero ni se había dado cuenta de lo concentrado que estaba en la batalla. Tenía veinte llamadas perdidas de Joshua.
-¿Cómo conseguiste mi numero? –pregunto luego de responder.
-Me dedico a conseguir cosas –aseguro el joven con voz divertida-. ¿Está Prediger por ahí?
-Ni preguntes si estamos bien –farfullo el moreno-. ¿Por qué tanto interés en esa?
-¡Esa chica oculta algo! Estoy en casa. Ven mañana, y te diré lo que he descubierto. Créeme, hay algo en esa chica que no está bien. No te acerques a ella.
Davis miro, tragando saliva, el sitio adonde la joven se había ido con T.K. Joshua podía ser un raro, pero parecía un gran investigador. Si decía que algo no estaba bien, debía tener razón. Una duda se formaba en su mente.
En un lugar oscuro, cubierto por las Tinieblas, algo dormía. Aun no llegaba su momento. Sin embargo, una risa sombría salió de su mente infernal. El Kishin dejo escapar carcajada tras carcajada.
-Demon. Te has condenado a ti mismo. Pronto, sufrirás nuestra maldición.
Continuara…
