Capítulo 11: La Maldición del Kishin

La Oscuridad se removía en sus presencias. Nuevas víctimas se acercaban. El demonio sin nombre rió con impunidad. Nadie podía hacerles nada. Eran el Dios Demonio del Área Oscura. ¿Quién enfrentaría a sus poderes divinos? ¿Quién desafiaría a los terribles cuyo nombre estaba maldito? Nadie. Nadie, excepto él. Ese bastardo que les negó su trono. Ese maldito que se sentaba ahora en el lugar que le correspondía a Él por derecho divino. El Rey de los Vampiros siempre había ostentado que no le temía a su maldición. Pronunciaba su nombre impunemente. Y, tarde o temprano, se lo harían pagar. GranDracmon pagaría sus errores, y todos los años de vergüenza y dolor con su propia sangre.

-Aún no llega el momento –murmuraron en las Tinieblas. Les habían aconsejado esperar el momento propicio para renacer. Y su consejero era un sabio respetado. Lo habían echado sin contemplaciones, pero le harían caso. Su idea era perfecta. Ni ellos mismos pudieron haber pensado en algo mejor. Mientras tanto, se contentarían con disfrutar de la maldición que Demon se había dejado caer por causa de su furia ciega. Jurar por el poder del Kishin era lo peor, y se castigaba con dureza. No dejarían pasar esa oportunidad.


Davis dejo a un lado el paraguas blanco que lo había defendido de la lluvia torrencial, y toco a la puerta de Joshua. Esta vez, no tardo ni diez segundos en abrirles al elegido y su dragoncito.

-¡Pasad, rápido! –susurro el italiano, mirando alrededor como si esperara que alguien los estuviera vigilando. No había nadie, pero igualmente dio un último vistazo y cerró la puerta con rapidez.

El apartamento estaba igual. Los mismos papeles y libros, o unos muy similares, se encontraban desperdigados en cualquier orden. Lo único distinto era que sobre la mesa había más organización.

Davis noto que había un conjunto de extrañas fotos y documentos. Entre las imágenes, había muchas que parecían sacadas de Internet, y otras con espionaje. Las personas retratadas no parecían saber que les habían tomado fotos. Había varias que mostraban a un hombre alto, de cabello negro oscuro y largo, usaba un bigote pequeño y una barba espesa, con rasgos afilados y unos ojos verdes almendrados. En ocasiones, acompañaba a un niño pequeño que no parecía tener más de diez años, que compartía su apariencia.

-¿Ya las viste? –pregunto Joshua. Sostenía en sus manos varias barras de chocolate, que desaparecieron en cuanto DemiV-mon las vio. El dragoncillo comenzó a devorárselas en el suelo.

-¿Quién es este tipo? –pregunto el morocho.

-Si tengo razón, un futuro problema. Se llama Edward Murray. Ese sujeto es parte de una de mis investigaciones. Créeme, no es un buen tipo. Y tampoco ellos dos –señalo otro conjunto de imágenes. Había una imagen separada de las demás, donde había un hombre desconocido. Estaba vestido con un traje negro, perfectamente arreglado, mientras arrastraba a una mujer de unos sesenta años, con un vestido blanco y verde realmente espantoso, del hombro hacia alguna parte. Por las fotos de mala calidad era imposible ver más detalles, pero no parecía nada amigable.

El otro hombre, retratado en múltiples imágenes, era sin duda alguna John Larios. Ese cabello cobrizo y esos lentes de sol eran clarísimos.

-¿Cómo conseguiste esto? –pregunto Davis, observando al digimon corrupto de pie junto al condominio de los Kamiya. Al notar a las personas vestidas de rojo y azul, dio un salto de la sorpresa-. ¡Arukenimon y Mummymon! ¡Ellos también fueron revividos!

-¿Así se llaman la mujer de rojo y el hombre del bastón? No parecen digimon –señalo el italiano.

-Lo son. Esos son disfraces.

-¿Disfraces? Eso no lo sabía. Debo anotarlo –tomo una libreta, y empezó a tomar apuntes del asunto-. ¿Cuál dirías que es el objetivo que siguen?

-Si son digimon corruptos, supongo que trabajan para Larios –se encogió de hombros-. ¿No ibas a comentarme algo sobre Sophia? Dijiste que ella ocultaba algo.

-¡Cierto! –exclamo Joshua. Paso unas cuantas páginas y se aclaró la voz-. Creo que ya te había mencionado que ella tenía un pasado raro, además de que no existe oficialmente –Davis asintió-. Bien, ahora fíjate en esto. Logre acceder a su cuenta del banco.

-¿Tiene una cuenta en el banco? –pregunto el elegido.

-Sí. Ha hecho retiros esporádicos durante los últimos siete años, lo cual no tiene sentido si ella fue encontrada hace cinco años, en 2001. Esta cuenta no ha tenido ni un solo deposito desde que fue creada. En ese momento, la cantidad inicial era un aproximado de medio millón de dólares –Davis quedo boquiabierto.

-¡Medio millón! ¿De dónde saco todo eso? –Joshua pasó una página.

-Fue transferido desde otra cuenta. Una cuenta privada de alta seguridad. Para tener una, se necesita pagar por ciertos privilegios a una sociedad de bancos totalmente ilegal en Suiza –el morocho se atraganto-. Y, para alguien que hace semejante cosa, medio millón son unas monedas. Intente averiguar sobre esa cuenta, pero estaba muy bien protegida. Lo único que pude sacar en limpio fueron estas pistas –alargo la mano a la mesa y levanto tres fotos-. Estaban en una página relacionada, pero abierta al público. Hay una recompensa enorme por encontrar a esta chica –la primera foto era de una niña de unos seis o siete años sentada en una hamaca en un pequeño y bello jardín lleno de muchas flores y plantas exóticas. Llevaba un vestido negro de una pieza que le llegaba a los tobillos. Tenía el cabello castaño largo y enmarañado hasta la cintura. Sus ojos eran muy oscuros, y su rostro infantil denotaba tristeza. Esa chica parecía ser muy infeliz, a pesar de estar rodeada de tanta belleza.

-¿Sophia? –pregunto Davis. Joshua asintió, y luego levanto otra foto.

-La primera era de hace ocho años, según la fecha de la captura, así que debía de tener siete. Esta es la que estaba al lado –la segunda foto no tenía fondo. Se mostraba la imagen de una joven sentada en la misma hamaca, pero esta parecía la hermana mayor de la niña. Se parecía a Sophia, pero había ciertas diferencias. Sus ojos en la foto eran un poco más grandes, su cara tenía una forma distinta más ovalada, y su expresión era más adulta y mayor que la apariencia infantil de la chica que conocían. Además, era un poco más alta.

-No es ella. Parece como si fuera su hermana, o algo así –opino el moreno.

-Cierto. Mira como esta su expresión. Creo que es una imagen fabricada a partir de la otra, sumando más edad –señalo la foto de la Sophia niña-. Lo cual, teniendo en cuenta que ella recibió mucho dinero de esta cuenta, es muy interesante –la expresión del italiano parecía hambrienta. Sus manos temblaban. Apenas podía contener la emoción de ese misterio. Fue en ese momento que Davis noto que lo que más le encantaba era saberlo todo sobre los que estaban a su alrededor. Un chismoso nato.

-¿Lo habrá robado?

-Son unas monedas para esa cuenta tan cara. La recompensa es mayor que medio millón. Tiene que haber otra razón –argumento.

-Entonces no se me ocurre nada –dijo el joven. DemiV-mon, ya con el estómago lleno, salto a sus brazos.

-¡Tal vez ese tipo es su padre! –opino el dragoncillo, señalando la foto del hombre del traje. Joshua rió nerviosamente, algo que ya se hacía común en él.

-Ese tipo no tiene hijos. Es un caza recompensas apodado ''Scar''. Le dicen así porque se supone que tiene una cicatriz en la mejilla izquierda, pero no se nota con esta foto –los tres la miraron, pero estaba demasiado pixelada-. Tiene fama de ser muy cruel y fiero. Se le atribuyen varios asesinatos, pero nunca se han podido comprobar. Averigüe sobre él. Esa mujer tenía un problema de demencia. Se había escapado de su marido, al que acusaba de maltratarla. Scar la encontró y la llevo de vuelta a su casa –el rostro del joven se ensombreció-. Y, dos meses después, se la encontró muerta en su habitación. Su esposo la había asesinado antes de suicidarse. Al parecer, las denuncias de maltrato no eran falsas.

-Significa que si Scar no la hubiera encontrado, ella seguiría viva, ¿no? –pregunto Davis, también sombrío. Sin embargo, en su interior, bullía de ira. No podía entender como había alguien tan desconsiderado e inconsciente.

-Algunos presumen que Scar los asesino porque el hombre no pago por el trabajo. Con este tipo no se juega –dejo la foto, con respeto, sobre la mesa-. Aun no sé qué tienen que ver. Esta tercera foto estaba agregada, junto con una dirección de email. Por supuesto que no la usare, no me metería con este tipo. Sin embargo –miro alrededor-, no me agrada como va esto. Si Sophia está conectada con Scar, algo muy malo está pasando –miro a DemiV-mon-. Aunque no creo que Scar pueda hacer nada contra un digimon. ¡Huy! ¡Con tanta charla, se me ha olvidado mencionártelo! Ayer seguí a la alemana en el concierto, pero ella y T.K. me vieron. Dijo que iría al baño, algo que se usa como excusa para huir o evitar situaciones embarazosas, y despareció entre la multitud.

-¿Desapareció? –pregunto Davis.

-¡Sí! Pensé que había ido a su casa, dejando plantado a tu amigo, pero fui allí y tampoco estaba. Cuando vi las noticias, decían algo del muelle y me di cuenta que había sucedido un incidente misterioso. ¿Me lo explicas?

Davis pasó la siguiente hora hablando sobre lo ocurrido en el muelle. Se trabo en algunas partes, y su relato era incompleto, pero fue suficiente para que el italiano entendiera lo que había sucedido. DemiV-mon se había dormido sobre una montaña de papeles.

-O sea que hubo una batalla –repitió él, lentamente-. Y John Larios gano.

-Y nos arrestó la policía, pensando que éramos criminales –recordó la cara que pusieron sus amigos cuando los esposaron porque los confundieron con una banda de locos incendiarios. Kari no había dicho nada. Estuvo todo el rato como hipnotizada, mirando una pared sin escuchar a nadie. En ese momento, una oficial argumento que había sido víctima de abusos. La que se armaría en su casa, ni se la quería imaginar. La mayoría de los jóvenes la pasarían muy mal. Él se había salvado porque su madre se rió ante las acusaciones de la policía, y le dio una coartada perfecta para demostrar que no era su culpa lo que paso en el muelle. Irónico.

-Además de que Demon escapo –Davis completo la historia de muy mala suerte que tuvieron el día anterior. Se quedó pensativo un instante-. Eso que dijo fue raro. Le juro que lo mataría. Y lo juro por un nombre extraño –recordó cual era-. Kishin.

En el momento en que lo dijo, soplo un viento extraño. DemiV-mon tuvo un mal presentimiento, y se acurruco entre los papeles, pero sin despertarse. Joshua puso mala cara.

-¿No dijiste que Larios afirmo que esa palabra estaba maldita?

-Cierto –murmuro el elegido. Se miró las manos, pero no tenían nada. El italiano lo miro atentamente. Se encogió de hombros.

-Tal vez exageraba –bostezo-. No acostumbro levantarme tan temprano un domingo.

-Lo mismo digo –dijo Davis, riendo. Paseo la mirada por toda la habitación-. ¿Para qué tanto papel?

-He estado recolectando información sobre múltiples casos. Y el más interesante siempre ha sido el de los digimon –miro al dragoncito azul-. Seres que están hechos en datos, pero pueden convertirse en carne y hueso. Tienen extrañas habilidades que contradicen la lógica. Evolucionan espontáneamente, a veces con la ayuda de humanos, cambiando de manera casi mágica. Se unen a las personas de maneras que no podemos llegar a terminar de entender. Y hay ciertas restricciones en la manera en que los adultos pueden verlos, ya que al principio no eran capaces –al escuchar esto último, el elegido se sorprendió.

-¿Cómo sabes eso?

-Hace siete años, nadie podía verlos, exceptuando los niños –respondió con sencillez, mientras se cruzaba de piernas.

-No todos, solo los niños elegidos –afirmo Davis, dándose cuenta de algo muy importante, cuando una idea que le venía a la cabeza seguido surgió una última vez-. ¿Podías verlos hace siete años, cuando nadie más parecía hacerlo?

-Sí. ¿A qué viene el interrogante?

-¡Eres un elegido! –grito el moreno, con tanta fuerza que despertó al pequeño bebe digimon junto a ellos. Joshua no expreso la sorpresa como lo esperaba. Apenas levanto una ceja.

-¿En serio? Lo venía sospechando. Pero no tengo un digimon. No creo que haya uno que sea mi compañero –soltó una risita-. Tengo una personalidad un poco problemática.

-¿Tienes algo como un digivice? –Davis saco su D-3. Ante la negativa del italiano, no se desanimó-. Debes de ser uno de esos no reconocidos. Varios elegidos no supieron que lo eran hasta ir al Digimundo una vez.

-Interesante –murmuro su amigo.

-¡En ese caso, te llevare conmigo en la próxima reunión! Es en una semana, cuando las cosas estén más tranquilas –se dio cuenta de que se estaba tardando. Su madre había programado una pequeña salida familiar, aunque la verdadera razón, que Davis ni sospechaba, era vigilarlo para que no hiciera otra estupidez.

-De acuerdo –acepto Joshua, pensativo-. Sería interesante saber más cosas sobre este caso.

Davis lo saludo, coloco a DemiV-mon en su mochila, y salió apresuradamente del apartamento. Aun cuando se iban, el joven italiano tenía un mal presentimiento.


-¿Crees que Demon esté planeando algo? –pregunto el digimon azulado-. Y Larios también hace cosas raras. Nos pidió que nos uniéramos a él. ¿Qué está pasando?

-Seguro que nos tiene miedo –aposto Davis-. Y por eso trata de confundirnos. Sabe que nosotros somos los más fuertes –llego al final del pasillo, y puso un pie sobre las escaleras. Entonces, una ráfaga de viento repentina lo golpeo en la espalda, haciéndole perder el equilibrio. El paraguas blanco cayó al suelo, rebotando en las escaleras. El morocho lo siguió trastabillando, incapaz de detenerse. Vio como el paraguas, con su afilada punta directamente en línea hacia su tráquea, se detenía un instante en el pie de la escalera. A ese paso, caería justo sobre la sombrilla.

-¡Davis! –grito el pequeño dragón, que se revolvía completamente en la mochila del elegido. El D-3 brillo con un resplandor cegador.

¡DemiV-mon digivols a… V-mon!

El Pequeño Dragón empujo a su compañero rápidamente. Davis cayó de costado en el pie de la escalera, junto con su digimon. El paraguas golpeo el suelo inofensivamente. Joshua bajo las escaleras con una expresión entre sorpresa e interés.

-¿Estás bien? –pregunto el dragoncillo.

-¡Por supuesto! –en realidad solo presumía. Tenía el hombro adolorido por el golpe. Se lo froto disimuladamente para no preocupar a V-mon.

-Esto no puede ser una coincidencia –alego el italiano, examinando la punta filosa del paraguas mientras tragaba saliva-. Si caías unos centímetros más, tendrías una traqueotomía gratuita –el elegido esperaba que eso hubiera sido una broma de mal gusto-. Esa maldición es real.

-¿Real? –tanto Davis como V-mon quedaron aterrados. Si Larios había dicho la verdad, estaban en un gran problema.

-Deberías estar alerta de accidentes potenciales –mascullo el joven investigador, pensando-. Pero es imposible predecir tantas cosas –soltó aire-. Buscare como anular maldiciones, pero no esperes muchos resultados. ¿Dijiste que iban a una salida familiar?


Mientras humanos y digimon intercambiaban ideas para proteger al elegido, una sombra maligna tapo el sol durante una fracción de segundo. La voluntad oscura del Kishin sonrió, atrapada aun en un cuerpo etéreo sin forma, hasta volver a renacer. Aun no llegaba el momento. Si su consejero, tan enormemente admirado, decía la verdad, entonces deberían esperar algún tiempo más antes de hacerlo.

Se fugaron del mundo lentamente, pensando en la forma en que le harían pagar a Davis Motomiya por su atrevimiento. Pero no todavía. Aún tenían tiempo, tiempo para prepararse. No sería fácil hacer ese movimiento. Y aún les quedaba el asunto de Demon. Estaba en el Área Oscura, así que la tenían muy difícil. No se acercarían tanto al palacio de GranDracmon. No después de lo que él les había hecho.

Pero ya se acercaba el momento. Por fin tendrían un poder tan terrible que el Rey de los Vampiros no podría detenerlos. Incluso el Programa Aniquilación sería algo pasajero contra lo que les había sugerido ese ser. La Leyenda del Final se acercaba. Y era hora de que ocurriera. Si era cierto, debería esperar a la cuarta señal.

Y luego, el Multiverso entero estaría a sus pies.


Leviamon retozaba en las aguas negras con suavidad, disfrutando de un momento de relajación luego de cuatro años de batalla continua. A su alrededor, solo se escuchaban los sonidos de las pequeñas olas y las corrientes, sumados a los ecos distantes de roca y arena.

Aprovechando el momento de descanso, Piedmon había empezado con la construcción de su palacio. Los Shademon arrastraban pesados bloques por la playa, mientras el arlequín vigilaba con una copa de vino añejado en la mano. Había tardado horas en decidirse, alegando la buena vista, la ubicación ventajosa, el tamaño de la costa, y otras excusas similares. A este paso, tardarían meses en hacerlo, aunque trabajaran todos juntos.

-¡Leviamon! –se oyó la llamada mental. La voz de Lyramon, acompañada por los ecos de sus montones de conciencias, resonó en su cabeza. El Demon Lord abrió un ojo fugazmente, comprobando que Piedmon no se había movido ni un centímetro. La llamada era solo para él.

-¿Sucede algo? –pregunto el enorme leviatán.

-Nos llamó la atención algo que ocurrió durante nuestra batalla con Demon. ¿La observaste?

-Completa –respondió el señor del Mar-. Lucharon de una manera formidable. Incluso él no sabía qué hacer.

-Eso es lo que nos llama la atención. Aun con las piezas de la Digiarmadura, no deberíamos ser capaces de vencer a un Demon Lord original –la voz hizo silencio por un instante-. Sabemos que hay muchos Señores Demonio, incluso algunos como Ghoulmon y Murmukusmon, pero todos ellos no pasan de ser digimon ordinarios. Solo hay Siete Demon Lords en cada mundo, que están conectados a las fuerzas oscuras, cuyos datos siempre van a las mismas formas, y cuyos poderes son mucho más enormes.

-Saben mucho acerca de los Demon Lords –se sorprendió el enorme cocodrilo-. Es cierto, así es. Pero hubo un mundo donde comenzó todo eso, y de ese mundo provengo. Tengo memoria de todas mis vidas anteriores, además de que poseo habilidades que ningún otro tiene. Mi fuerza es superior a la de los demás Leviamon, incluso a la de otros Demon Lords, ya que mi intelecto está más desarrollado –hubo un momento de pausa. Lyramon noto que era de auto regocijo por haber sido de los primeros Demon Lords, un honor discutible-. Eso suele repetirse en los demás originales, como la habilidad de Lucemon de hacer un Vida o Muerte especialmente poderoso, o la de Beelzemon de copiar las técnicas de sus rivales cuyos datos haya absorbido.

-Curiosas habilidades. Es por eso que nos pareció que Demon era demasiado débil. Normalmente, él las habría utilizado contra nosotros, pero no utilizo ninguna. Eso hace discutible su enorme poder, como él lo llama.

-Su poder era temible hace muchos años. Cualquier Demon Lord tiene técnicas poderosas, como el Virus Oscuro, y el poder de manipular las sobrescrituras de datos a voluntad. Pero, sin duda, el más peligroso poder del original era su capacidad para llegar a una forma súper mega al absorber grandes cantidades de energía maligna.

-¡Justamente de eso hablamos! ¡Demon estaba cargado con suficiente energía oscura para poder destruirnos en su máximo poder, pero no lo utilizo! Prefirió atacar con sus técnicas al nivel de un Señor Demonio normal. Eso no tiene sentido.

-Muy cierto –respondió Leviamon, tan intrigado como el digimon corrupto por esta extraña situación-. Lo mismo ocurría cuando luche contra él. A pesar de absorber mucha de mi energía oscura, la que procede de este Mar, no llego a su forma máxima. Fue como si algo lo limitara.

-¿Qué fue lo que ocurrió durante la rebelión contra el Dios, en la que se fundaron los Demon Lords? –preguntaron. Iba a responder, pero entonces ocurrió un estrepitoso ruido. Unos digimon Sombra habían empezado a discutir con algunos Bakemon que estaban llevando los bloques a la parte más elevada, aprovechando su capacidad de volar. Parecía que Phantomon lideraba la facción que estaba tratando de mejorar el sistema para cargar los bloques, pues varios Fantasmas se quejaban de que eran muy pesados.

-¡Oigan! ¿Van a seguir quejándose o trabajaran? –se quejó el payaso, levantando una daga. El nivel ultra empezó a disculparse inmediatamente, pero no hubo tiempo para que ninguno de los dos hiciera algo. Un portal oscuro se abrió, revelando a LadyDevimon, que volvía de su cacería y búsqueda del castillo.

-¡Señorita LadyDevimon! ¿Cómo les ha ido? –pregunto Phantomon, tratando de calmar los ánimos.

-Ni bien ni mal. Encontramos el castillo, pero está muy bien resguardado –suspiro. No tenía heridas graves, pero parecía agitada. Había huido de un enemigo con el que no podía tratar.

-¿No deberíamos avisar al director? –se refería al digimon corrupto. Había empezado a llamarlos así desde que vio la forma en que superaron a los elegidos. Considerando que había pasado un solo día, y que ya todos lo sabían, se notaba que los nombraban bastante.

-Ellos también están descansando. Será mejor esperar a que ellos mismos terminen. El castillo no se moverá, y el guardián tampoco.

-Como quieras –respondió Piedmon, encogiéndose de hombros, e ignorando la personalidad múltiple de los datos corruptos nuevamente. Miro de reojo a los Fantasmas y Sombras-. ¿Ustedes no eran escenógrafos? –todos volvieron a trabajar de inmediato.

-Parece que encontramos el castillo donde está la Greba de la Bondad –reporto Leviamon-. ¿Qué harán al respecto?

-Como dijo ella, no se moverán. Los iremos a buscar en un par de días.

El Señor Demonio capto un tono ligeramente fastidiado. Algo había ocurrido que molestaba a los datos corruptos. Seguramente no lo dirían, así que continuó con su relato de los tiempos antiguos.

-Bueno, pues ocurrió que vencimos a FangLongmon y Lucemon lo sello en el Área Oscura. Luego de eso, fuimos sorpresivamente atacados por los Royal Knight. Luchamos por meses, pero sus armadas estaban frescas y ellos nos superaban en número. Belphemon fue el primero en caer, lo atacaron Examon, Duftmon y aquel cuyo nombre no recuerdo. Beelzemon intento enfrentar solo a Magnamon y LordKnightmon, y pago el precio. Lilithmon fue emboscada por Sleipmon. Logro vencerlo, pero recibió apoyo de Gankuumon y fue su final. Yo mantuve una larga batalla contra Dynasmon y Craniummon, pero no fui vencido hasta que todos quedamos agotados y Gallantmon me sorprendió. Lucemon libro una batalla personal contra Alphamon, lo cual fue una absoluta estupidez, pero él no acepto ayuda. Supongo que eso acabo mal, porque también murió. UlforceV-dramon persiguió a Demon, quien se retiró antes de tiempo, dejando la retaguardia desprotegida, lo cual fue nuestra perdición. Se podría decir que nuestra derrota fue, la mayor parte, su culpa.

-¿Y Omnimon? Él debería haber hecho una parte importante –pregunto Lyramon, intrigado.

-No lo sé. Tal vez fue con el niñato de UlforceV-dramon a perseguir a Demon. No creo que lo pudieran haber vencido de otro modo, ya que había pasado a su forma más poderosa. No pude verlo, ya que Gallantmon me vaporizo con su maldita Ejecución Final –replico el Demon Lord, enojándose repentinamente al recordar su derrota más grande. Los datos corruptos entendieron entonces porque odiaba tanto a Demon. Y, además, ya sabían todo lo que necesitaban.

-Muy interesante. Creemos que ya sabemos porque Demon tenía ese problema. Tendría sentido. Ya puedes volver a descansar. Muchas gracias –Leviamon sintió como las conciencias de Lyramon se retiraban.

¿Qué habrían sacado de esa conversación? ¿Omnimon tenía alguna relación con la debilidad del Señor Demonio? El enorme cocodrilo empezó a pensar en esa posibilidad. ¿Qué se escondería realmente detrás de aquel misterio? Si había una posibilidad de que pudieran vencer a Demon, entonces había que aprovecharla, y desaparecer a ese perro traicionero.


T.K. despertó con un sobresalto. Por un momento, aun creyó que tenía la garra purpúrea del Señor Demonio en el cuello, asfixiándole. Respiro aceleradamente, tratando de calmarse. Había tenido una pesadilla espantosa. Tuvo un nuevo sobresalto al notar que no reconocía el lugar.

Estaba en una cama de sabanas amarillo pálido. El lugar alrededor estaba escasamente decorado. Apenas había un reloj de escritorio y un póster de un equipo de soccer español que utilizaban camisetas a franjas rojas y azules. Justo a su lado, envuelto en una cobija azul, descansaba Tokomon, profundamente dormido. Solo en ese momento, T.K. noto que aún llevaba la ropa con la que había ido al concierto.

Fue entonces que recordó lo que había pasado. Luego de salir de los restos del domo derrumbado, se habían cruzado con un cerco policial. Sophia había empezado a llorar de la nada, actuando como niña pequeña, diciendo que tenía mucho miedo de los monstruos. Los policías se tragaron la actuación, y los trataron como un par de amigos que habían ido a un concierto de buena fe, y acabaron en una locura llena de mafiosos y criaturas peleando. Les dieron café, ofrecieron llamar a sus padres para que los recogieran, o incluso a un hospital. La manera en que la alemana los había convencido dejo a T.K. totalmente pasmado. Aunque su aspecto loli había ayudado mucho.

Luego de despedirse de los oficiales, a Sophia le había entrado la risa floja. Habían burlado a los policías muy fácilmente. Ni siquiera notaron que el bulto que llevaba él era un ser vivo, o que la chica escondía un cuchillo en su bota. Estaba tan cansado que el trayecto a su casa le pareció una eternidad. Tan largo, que decidió no hacerlo. Telefoneo a su madre para que supiera que se quedaba en casa de un amigo, y siguió a la alemana.

Por fin recordó donde estaba. Era la casa de Sophia.

Camino despacio, asegurándose de no despertar al digimon. Llego a la sala. No había mucho que contar, apenas una mesa, ni un toque personal. Parecía que lo hubiera comprado apresuradamente, y sin molestarse en decorarlo.

Sophia estaba dormida en un sofá. Al verla en pijama, el rubio se sonrojo ligeramente. Usaba una pieza larga de franela, roja y negra, con dibujos de dragones chinos. Era la cosa más claramente adornada de todo el apartamento. De hecho, solo había una habitación, como se demostraba al verla allí. En ese caso, debía de vivir sola. Considerando que estaba en su casa, el elegido trato de verla lo menos posible. El pijama era bonito, pero le quedaba chico por una talla. Verla desnuda hubiera sido menos provocativo.

Para evitar pensar en ella, empezó a revisar el único armario. Afortunadamente, los cajones no contenían ropa, sino papeles y objetos. Había un medallón de plata con un lobo grabado, un anillo con una piedra verde brillante, alguna cantidad de dinero para bolsillo, un cargador de celular, un par de navajas suizas oxidadas, unos papeles que parecían cuentas y documentos sin mucha importancia, y fotos, las cuales sí que eran interesantes.

Había varias de la misma Sophia. Todas eran antiguas, de cuando tenía menos de diez años. Se la veía feliz, posando para algunas, aunque había que notar que en todas aparecía con ropa gastada y vieja. No había ni una de cuando era más pequeña ni mayor, lo cual constituía un misterio.

Las últimas fotos, juntas en un fajo, mostraban a un sujeto vestido con un traje gris, que tenía una cicatriz clarísima en la mejilla izquierda, que la recorría del ojo hasta la quijada. En algunas, tenía cabello castaño, en otras rubio claro, en una era moreno, y en otra lo llevaba oscuro y largo. En varias cargaba con un espeso bigote, en otras, diversas barbas, a veces cejas diferentes, y distintos colores de ojos. Parecía que usaba disfraces muy seguido. Y en todas se lo veía siniestro y extraño. Algunas parecían sacadas en movimiento, otras desde lejos.

-¡Ah! –se escuchó el bostezo. Inmediatamente, el rubio soltó las fotos y las puso en el cajón. Sophia se había despertado. Parpadeaba, mirando alrededor. Cuando vio al joven, salto de la nada, sacando su puñal. Se tardó unos tres segundos en reconocerlo y darse cuenta de la situación-. ¿T.K.? ¿Cómo llegaste aquí?

-Tú me trajiste aquí, ¿recuerdas? –alego él, mirando fijamente la afilada hoja del cuchillo.

-¡Cierto! –replico ella, guardando el puñal y aferrándose la nuca-. No me acordaba. Me desperté con dolor de cabeza.

-¿Estás bien? –pregunto el rubio.

-Perfectamente, comparado con otros días. Esos hubiera querido morirme –que expresión más horrorosa que se le había ocurrido usar-. Ni idea porque. Los doctores no sirven.

-Bueno, tal vez sean porque vas a fiestas como esas –bromeo.

-¡Tú me diste los boletos! ¡Eres un maldito infeliz! –su voz sonaba enojada. Su rostro expresaba alegría.

-Bueno, es mi culpa, no me di cuenta de que era una trampa –se acercó y la tomo de la mano-. ¿Me perdonas?

-Si –respondió ella, mirándole directamente. Esos ojos negros se clavaron en los suyos de una manera muy extraña. Parecía que estuviera sorprendida-. ¿Paso algo anoche?

-¿Además de que casi nos matan, engañaste a los polis, y le dijiste a Tokomon que era muy mono? –empezó a asustarse. ¿Qué habían hecho?

-No, nada. Créeme, te acordarías.

T.K. no supo cómo interpretar eso, además de que aún era un noviazgo menor. Si hubieran ido tan lejos, no sabría que decirle a su madre. Y después de lo que había pasado la noche anterior, no sabía que pensar con respecto a Kari.

-Bueno, supongo que debería irme –dijo él, tratando de romper la atmósfera que se había empezado a formar.

-¡No, espera! –por primera vez, ella se sonrojo-. ¿Te podrías quedar un tiempo más?

Eso tomo al rubio desprevenido. ¿Qué quería? Entonces lo recordó. Eran novios. Ella esperaría que le diera un poco más de cariño. No podía romper una relación así de la nada. Sería totalmente desconsiderado. Además, si empezaba a pensar que cierta compañera de clases era la razón, podía ser peligroso. Sumando las navajas en su cajón, Sophia parecía a cada momento más peligrosa.

La abrazo suavemente. Se sentaron en el sofá. T.K. trato de estar lo más lejos posible de su cuerpo, pero ella misma se acurruco contra él, dejándolo como un tomate. Se acarició contra su piel, haciendo que el elegido notara que la franela era igual de suave que la tez de la joven. Y, dolorosamente, recordó que la de Kari también estaba en esa clasificación.

Sacudió la cabeza. Era muy irrespetuoso pensar en otra chica cuando estabas en un momento íntimo con tu novia. Bueno, al menos eso pensaba.

-Se siente tan bien –susurro ella. Por una vez, parecía contenta. Había cerrado los ojos, y parecía disfrutar enormemente de la situación. El rubio no dejaba de estar turbado. La alemana lo miro. Una negrura infinita-. Supongo que es normal que te pongas así con tu primera novia –le dio un rápido, pero nada despreciable, beso en los labios. Nadie podría haberse quejado.

-Sí, supongo –sentía como si tuviera fiebre. Era simplemente demasiado. Se quedaron así por unos minutos, hasta que el elegido de la Esperanza recordó algo-. ¿Qué paso con Joshua anoche? ¿Nos estaba siguiendo?

-Seguro. Ese chico es un metiche absoluto. Siempre esta es todas partes –rió maliciosamente-. Por eso se la jugué yo también. Me metí a su casa.

-¿Hiciste qué? –pregunto el rubio, sorprendiéndose.

-Forcé la cerradura. Su casa es bien rara. Había papeles y libros por todas partes. No conoce la idea de organización –se separó un poco de él, arreglándose el cabello-. Pero había más cosas detrás de los papeles. Encontré una puerta oculta.

-¿Qué había ahí? –quiso saber T.K.

-El baño –ambos rieron ante esa ocurrencia-. Curioso, pero también estaba empapelado con cosas raras. No sé cómo vive ese rarito. Bueno, lo importante es que encontré otra puerta. Era su habitación –la chica tomo aire para decir lo que seguía-. Había fotos de digimon por todas partes. Miles. Y no solo de ellos. También vi otras en las que estás tú, y otros niños, creo que los llaman elegidos –puso una expresión desconcertada-. ¡Ichijouji y Motomiya estaban ahí!

-Sí, ellos son elegidos. El principio de la segunda generación –explico el rubio.

-¿Y Kari también? –diablos, Joshua sí que había conseguido muchas fotos.

-Sí. Ella y yo, además de nuestros hermanos mayores y otros cuatro amigos, somos la primera generación.

-Entonces se conocen desde hace mucho –parecía un poco celosa. Tenía razones-. Unos siete años, creo. Cuando los digimon alteraban el clima.

-¿Los veías en ese momento? –pregunto él, sorprendido. Que recordara, no cualquier lo hacía-. ¿Es posible que seas una elegida?

-¡¿Yo?! –salto en el aire, llena de alegría-. ¡¿Estás seguro?!

-Si los veías en ese momento, si, sin duda tienes un compañero esperándote en alguna parte.

-¡Sí! –dio un largo grito. Empezó a correr de un lado a otro, llena de emoción. El rubio sonrió al notar lo muy feliz que estaba. Era normal. Él también se habría emocionado de saberlo así.

-¿T.K.? –los gritos había despertado a Tokomon. Sophia rápidamente lo alzo en brazos, chillando sobre lo mono que era. El digimon estaba un poco asfixiado, pero su compañero estaba muriéndose de risa.


-¿Estás seguro de lo que dices? ¿Demon juro por el demonio sin nombre? –pregunto una voz educada y cortes. Un destello dorado y azul se vio en el Vació.

-¡Sí! –confirmo un enorme ser dorado que relucía en la negrura donde no había nada.

-Es un idiota. Se ha condenado a sí mismo. ¿Fue él quien lo convenció?

-Supongo. Se ha quedado quieto últimamente.

-Tiene el asunto de la Dimensión Maldita, así que no creo que haga más jugadas.

-No creo que le importe.

-¿Cómo no podría? No es tan insensible. Créeme, es imposible que sea así de malvado. Ningún digimon es tan cruel.

-No tienes idea. Eres demasiado bueno. Le quieres ver un lado amable a cualquiera. Hasta le verías una parte bondadosa al Dios Demonio.

-En realidad, hasta ellos tienen una parte buena –susurro una dulce voz. Una luz ilumino el lugar, formando cristales romboides-. No hay ser que no la tenga. Por ejemplo, tu siervo, Juzgador –se dirigía al ser más pequeño, que destellaba en dorado y azul-. Él es un ser formado por pura energía negativa, y aun así es un digimon con corazón. ¿No te parece curioso?

-Como siempre, vuestra sabiduría infinita nos abruma –respondió el Juzgador. El ser dorado emitió una risita, aceptando su derrota.

-Aunque el nombre Kishin este maldito para seres que no sean como nosotras –empezaron los cristales nuevamente-. Él es solo un pobre digimon que ha perdido el camino. Aun no es tarde para encauzarlo.

-¿Después de todos los mundos que ha destruido? Tendrá que ser algo grande. Muy grande –replico el enorme ser dorado.

-Tendrá la oportunidad. El problema es que la segunda señal se acerca. Temo lo que ocurrirá ese día –respondió el Juzgador.

-El día de los recuerdos futuros. Será problemático –opino la criatura dorada, con una voz estentórea.

-''El día que la Esperanza –recitaron los cristales de luz- abandonara a las Bestias Sagradas para unirse a la Oscuridad. Ese día será conocido como el día de los recuerdos futuros. Y ese día se verá el efecto de la técnica apocalíptica de la Maldad Final, cuando el Multiverso sufra el poder devorador infinito de la Nada y desaparezca en ella. ''

Los tres seres guardaron silencio. Un silencio sepulcral.

-Solo algo nos salvara del Final –replico el ser azul y dorado.

-El elegido de la Leyenda. El elegido de los ojos rojos –termino la voz estentórea-. Rojos como la sangre derramada.

Continuara…