Capítulo 12: Los Nuevos Elegidos

-No podemos dejar que nada interfiera con el proyecto –afirmo una siniestra voz que resonaba en los muros de piedra.

-Pero está muy mal. No será mejor que lo que su aprendiz hizo, mi señor –respondió una voz chillona que replico rápidamente.

-No hay mucho que podamos hacer al respecto. Es el Destino que vi. Y ellas están de acuerdo. Debemos terminar el proyecto. La Dimensión Maldita se está moviendo más rápido de lo que esperábamos. Y aún faltan años para que suceda la sexta señal –replico la voz siniestra.

-Es cierto. Pero está esperando demasiado de ellos. Recuerde que lo han traicionado más de una vez, mi señor.

-¿No te dijo que dejaras de llamarlo así? –pregunto una tercer personaje, esta con un claro tono femenino. Se oyó un carraspeo de parte de la voz chillona.

-Aun así, yo le tengo el debido respeto. Y sé que el proyecto es necesario. Sin embargo, aún pienso que condenar a un inocente a sufrir todos esos pecados pasados es una locura. No sé en qué están pensando ellas.

-Ellas han verificado lo que yo vi también –acabo la voz siniestra-, y saben que no hay más que hacer. Si no sucede, las consecuencias serán absolutamente desastrosas –suspiro con pesar-. No hay nada que podamos hacer. Él ya ha dispuesto las piezas de esta partida. Los datos corruptos son solo una pieza más de este juego de guerra y muerte. Un juego que no podemos permitirnos perder.


El hielo y la nieve acumulados por muchos años hacían el lugar una maravilla congelada. El Polo Norte, donde el sol casi nunca pegaba con fuerza, lucia sus mejores colores para recibir a unos invitados inesperados. Donde miraras podías encontrar montones de digimon acostumbrados a este territorio, pero todos habían huido luego de ver a las tres figuras que caminaban por el bello territorio.

Lagos de hielo quebradizo engañosos, montañas de nieve y escarcha que se derrumbaban sobre los intrusos, fosos cubiertos de rocas afiladas y congeladas, trampas fabricadas a partir de madera y piedra, y un cerco electrificado protegían esa zona específica, de unos cuatro kilómetros cuadrados. Un castillo gris, que destacaba mucho en los alrededores blancos, se encontraba en el centro, justificando la cruel y malvada seguridad. Y los tres digimon avanzaban en fila india, esquivando fácilmente esos intentos de detenerlos.

-Estas trampas no son útiles en digimon ultra, no se para que alguien las colocaría –señalo LadyDevimon, caminando a la cabeza de la fila.

-Tal vez quería armar una buena obra. Siempre es necesario conseguir un gran escenario, y hacer una tremenda producción para que todo este impecable –sugirió Piedmon, observando el ingenioso diseño de unos cables blancos que apenas destacaban en el terreno. Si alguien los tocaba, seria golpeado por un tronco congelado que vendría por detrás, o por un segundo que llegaba por delante un instante después. El que había hecho esas trampas no era ningún tonto.

Un sonido estruendoso resonó en los alrededores. El payaso infernal puso una expresión fastidiada antes de ver atrás, hacia la figura encapuchada que acababa la fila de los tres demonios.

-Y debieron advertir que era tanto camino en este lugar. Hubiéramos conseguido un abrigo, o mejor nos teletransportaríamos justo frente al castillo –se quejó Lyramon, justo antes de que prorrumpiera en otro escandaloso estornudo. Un moquillo blanco caía de su nariz.

-Lo sentimos. No podemos acercarnos con los emblemas, el guardián lo notaria y nos atacaría –explico la demonio, que extrañamente se desplazaba por tierra-. Él coloco todas estas trampas, y detecta a cualquier enemigo que venga por aire. Es muy poderoso, no podemos vencerlo solos.

-¿Qué nivel? –quiso saber el Hombre Demonio, sonriendo ante la expectativa de una buena batalla.

-Suponemos que mega. Es un enorme dragón metálico azul –respondió ella.

-¿Dragón metálico azul? –murmuraron los datos corruptos-. Ya nos imaginamos que es. Sí, tendría la capacidad de hacer estas trampas. Esto no será sencillo –estornudaron de nuevo-. Maldito resfriado. Seguro que es el resfriado mortal.

-¿Resfriado mortal? –pregunto la Ángel Caído, extrañada.

-¡Sí! ¡Siempre hay algún resfriado terrible por ahí circulando! –se sorbieron los mocos ruidosamente-. O tal vez sea Lupus. No, es poco probable. Nunca es Lupus –se encogieron de hombros, ante las atentas miradas del arlequín y la demonio. No entendían a que se referían, aunque lo sospechaban. Lyramon había estado viendo extraños videos con su computadora portátil, eventos del mundo humano. Se reían de una manera tan escandalosa que hacían ver a sus estornudos como susurros.

-Cada vez se asemejan más a un humano –pensó Piedmon, secretamente molesto-. Esto es ridículo. Un maldito digimon que quiere ser humano. Y es realmente insoportable.


Continuaron caminando por unos minutos. Esquivaron las últimas trampas, llenado al borde de un lago congelado. En el centro, en una pequeña isla cubierta de nieve, se alzaba el majestuoso castillo. Los portones asemejaban una calavera grisácea. Las murallas parecían construidas de huesos, dándose este efecto por los relieves que había en ellas. Cada una de las siete estaba coronada por un cristal verdoso brillante tallado como un círculo extraño y antiguo. Un balcón, tallado como la garra de una bestia abominable, apuntaba al cielo azulado.

-Lindo diseño –opino el Hombre Demonio.

-¿Lo plagiaras? –quiso saber Lyramon, sonriendo maléficamente. El payaso considero la pregunta.

-No vale la pena, es demasiado antiguo –observo el lago de hielo-. ¿El guardián está bajo el lago?

-Sí. En cuanto lo pisemos, aparecerá –respondió LadyDevimon. No se veía nada bajo la superficie casi traslucida, pero eso era engañoso. Si había una criatura capaz de sobrevivir a semejante temperatura, y de hacer todas esas trampas, no podías confiar ni un instante en su ausencia. Seguramente ya los había visto, y los estaba evaluando.

-¡Muy bien! Mejor comprobemos si sigue aquí –Lyramon saco las piezas de la Digiarmadura de su mochila y se las equipo. Hubieran podido hacerlo más rápido desintegrándolas con el Control Corrupto, pero eso le quitaba la gracia. Había cierta satisfacción en hacer las cosas a la manera tradicional.

-Revelación del Conocimiento –el mapa de datos no se hizo tardar. Enfocaron el lago, encontrando la señal del guardián-. No hay duda alguna. Es un Darkdramon. Tiene sensores de alto rango e intelecto desarrollado, pero sus estadísticas de poder son normales para uno de su especie –dirigieron su mirada al castillo-. La Greba de la Bondad sigue allí. Además, hay dos digimon. Uno tiene el potencial de un ultra regular, pero el otro es un nivel mega superior a lo ordinario. Ambos poseen códigos demoníacos –pusieron las manos sobre el casco. Hubo un sonido que pareció de un estornudo reprimido-. No podemos precisar más. El material del que está hecho desvía la señal de exploración.

-¿No que el análisis de ese aparato era preciso? –le debatió el payaso, encontrando una excusa para quejarse. Ya la venia buscando desde hacía rato.

-Hay algunas cosas que están ocultas al mapa de datos. Por ejemplo, la ubicación de los Códigos Corona. Sin la pieza que combina con esta, no podremos encontrarlos. En cuanto al castillo, es sin duda una fortaleza secreta de los Siete Demon Lords. Los sellos de la Puerta del Pecado están grabados en el portón –dieron un resoplido para contener otro estornudo-. ¿Qué digimon sería tan tonto de ocupar esa fortaleza? Es un suicidio enfrentar a un Demon Lord furioso.

Como recalcando sus palabras, el lago comenzó a resquebrajarse. Una forma emergió de las aguas heladas, agitando cuatro alas azul etéreo. El Darkdramon, cubierto por una armadura azulada, levanto su brazo derecho, una peligrosa lanza metálica, y señalo a los tres intrusos. Su voz era robótica, dando un eco metálico a cada palabra.

-¡Largaos, invasores, o sufriréis la ira del guardián! –anuncio, poniendo mucho énfasis en su propio puesto-. ¡Nadie se acerca al castillo de los Demon Lords!

Esas últimas palabras parecieron despertar un recuerdo en la mente de Piedmon. Lyramon había dejado claro que no había forma de que pudiera vencer a un Demon Lord, incluso peleando con todas sus fuerzas. ¿Realmente había un Demon Lord vivo que reclamaba la fortaleza? Si era así, podían dar la pieza por perdida.

-¿Un Demon Lord? –el digimon corrupto comenzó a reír, pero fue interrumpido por un gruñido del guardián-. ¡No hay ningún digimon de esa categoría en ese castillo!

-¡Maldito! ¡No niegues la noble cuna de mi señora! –le espeto el Cyborg. En ese instante, se escuchó una voz encantadora.

-¿Alguien ha venido? –Darkdramon de inmediato aterrizo sobre la superficie que el mismo había quebrado, y se puso firme. Una figura vestida de negro había aparecido en el balcón. Llevaba tanto maquillaje que no se le podía ver la piel, varias peinetas estaban incrustadas en su cabello negro petróleo, su mano derecha estaba recubierta por un guante dorado, cuatro alas de murciélago salían de su espalda, y su kimono dejaba entrever unas elegantes y generosas curvas. Rió suavemente, observando a los intrusos, mientras sus cintas negras revoloteaban a su alrededor. Levanto su mano izquierda en un saludo aparentemente cortes, pero luego hizo una señal felina, cortando el aire con las uñas púrpuras.

-¡No esperaba tener un invitado tan guapo! –su rostro era sumamente bello, y sus ojos estaban fijos en Piedmon. Casi podía verse como se le caía la baba al mirarlo-. ¡Vamos, ven, que hace demasiado tiempo que me aburro!

-Interesante propuesta –murmuro el payaso, poniendo una sonrisa que difícilmente podía ser mayor. LadyDevimon puso una cara tan mala, que parecía que hubiera visto a Angewomon lanzándole besos.

-Lilithmon, ¿eh? –comento el digimon corrupto. Inmediatamente, empezó a reír desenfrenadamente, hasta que se atraganto por un nuevo estornudo. La Señor Demonio parecía bastante molesta, y Darkdramon parecía aun peor.

-¿Hay algún problema, humano? –parpadeo con sus largas pestañas, haciendo gala de su gruesa sombra de ojos-. ¿Acaso ese bello ejemplar es tu compañero? –ante la idea, los tres demonios presentaron reacciones totalmente distintas, pero igualmente asombradas. Piedmon olvido toda idea de diversión ante la repugnancia, LadyDevimon se quedó tan asombrada que no supo que responder, y Lyramon tuvo que aguantarse las lágrimas de la risa.

-Lamentablemente, señorita Lilithmon, comete tres graves errores –replicaron los datos corruptos-. Uno, no somos un humano, sino el digimon corrupto que gobierna sobre los demás. Dos, hablarle a seres de nuestra posición como si fuéramos meros sirvientes –la mirada de la Señor Demonio confirmaba que eso era lo que pensaba-. Y tres, creer ciegamente que tienes la fuerza para ser considerada una Demon Lord –pusieron una sonrisa maléfica-. A seres de ese poder, créenos que les temerías.

-¡Cállalos, Darkdramon! ¡Arráncales la cabeza! –grito la soberana del castillo, totalmente encolerizada. Señalaba con su garra dorada al Demonio Corrupto. El Cyborg levanto su enorme lanza, dispuesto a asesinar sin piedad.

-¡Lanza Gigastick! –arremetió rápidamente contra los tres demonios, con su brazo derecho rodeado en energía azulada, sin importar nada que pudiera pasar. LadyDevimon alzo el vuelo, mientras Piedmon y Lyramon se arrojaron a los lados para evitar la peligrosa técnica. El dragón, haciendo gala de su capacidad de reacción tan avanzada, rápidamente ataco al digimon corrupto por la espalda. En el último instante, se voltearon, levantando su brazo izquierdo, envolviéndose en energía corrupta.

-¡Cuchilla de Corrupción Demoníaca! –la espada detuvo, increíblemente, la lanza del Cyborg, entrechocándose en destellos rojos y azules. Inmediatamente, ambos comenzaron a intercambiar fintas y golpes. El Hombre Demonio y la Ángel Caído iban a apoyarlos, pero recibieron un mensaje mental.

-¡Vayan por Lilithmon!¡No es tan poderosa como dice ser!

Alertados, ambos intercambiaron una mirada, y se lanzaron a toda velocidad por hielo y aire hacia el castillo. Darkdramon lo advirtió. Rápidamente, formo una esfera de materia oscura en su lanza, apuntando a Piedmon.

-¡Dark Roar! –antes de que pudiera arrojarla, una rapidísima patada del digimon corrupto con la Greba de la Esperanza la desvió hacia arriba, haciendo que la técnica se perdiera en los cielos del Polo con una explosión ruidosa e impresionante. El Cyborg soltó un rugido de ira, tratando de disparar de nuevo, pero una nueva patada en el pecho de parte de su oponente lo obligo a retroceder. Lyramon coloco una sonrisa maniaca, embriagado en la emoción de batallar contra uno de los dramón más poderosos.

-¡Esperanza Persistente! –se lanzó hacia arriba en un salto, a gran velocidad, dando un talonazo envuelto en energía dorada. El dragón voló hacia atrás, aprovechando el poder de la materia oscura, esquivando el ataque. La greba atravesó el hielo, rompiéndolo, y el Demonio Corrupto desapareció tragado por el agua helada.

Darkdramon estaba a punto de ir a perseguir a los demonios, pero se abrió un nuevo agujero a unos metros del anterior, y los datos corruptos reaparecieron, frotándose todo el cuerpo con fuerza, empapados.

-¡Frió, frió, frió! –estornudaron, esta vez aun peor que antes. El Cyborg dejo escapar un gruñido biónico, dándose cuenta de que no podría ayudar a su ama. Resignándose, intento empalar al demonio de ojos dorados, pero este lo esquivo con velocidad. Sus ojos se cruzaron-. ¿No lo entiendes? ¡Te han engañado!

-¡Cállate! –golpeo, con un puñetazo, el espacio donde hace un instante estaban ellos. Una nueva Lanza Gigastick los puso en guardia. A base de movimientos veloces, evitaron el ataque, pero un roce en su hombro desgarro su capa y los músculos, tiñendo el hielo de sangre verde. Su hombro empezó rápidamente a regenerarse, lo cual solo fue otro problema para el dragón.

-¡Revelación del Conocimiento! –activando nuevamente el mapa de datos, observaron al enemigo, analizando sus fortalezas y debilidades. Tras concluir que era un ser con pocos puntos débiles, lo atacaron cuerpo a cuerpo rápidamente-. ¡Cuchilla de Corrupción Demoníaca!

La espada corrupta no logro alcanzar el cuello de Darkdramon. Maniobro en el aire utilizando su materia oscura, y esquivo la hoja escarlata. En un pequeño error, toco su hombro, desgarrando el metal azulado. Las señales de alerta empezaron a aparecer en la visión del Cyborg. Se elevó alto en el cielo helado, planeando un contraataque. El Demonio Corrupto empezó a quejarse.

-¡Vamos! ¡No seas cobarde y baja a pelear! –sus ojos se cruzaron nuevamente, y ambos aprovecharon la oportunidad de la distancia-. ¡Mirada de Medusa!

-¡Mirada Terrible! –los ojos de ambos destellaron con las respectivas técnicas, y ambos cayeron paralizados por un instante cuando los ataques se cruzaron. Lyramon cayó hacia tras, mientras Darkdramon se estrellaba contra el hielo. No sería una batalla corta.


Lilithmon observo la batalla entre su guardián y el digimon corrupto. Solo cuando LadyDevimon la encaro, flotando junto a su balcón, empezó a parecer preocupada.

-Parece que ese digimon tan raro no es un debilucho, o será que el pobre Darkdramon está algo oxidado de pasar tanto tiempo bajo el agua –la Señor Demonio soltó una risita provocativa. Parpadeo repetidamente con sus largas pestañas frente a la Ángel Caído-. ¿Se me ha corrido el rímel?

-No –le respondió la demonio educadamente-. Si abandonas el castillo ahora y nos lo entregas, perdonaremos tu vida –ante esa declaración, la Señor Demonio esbozo una sonrisa tétrica.

-¿Quieren mi castillo? Que ilusos –extendió los brazos alrededor-. Esta es una propiedad antigua de los Demon Lords. Nosotros somos sus dueños, y no dejaremos que unos insolentes intrusos nos lo nieguen –uso el plural para referirse al otro digimon presente en el lugar, que LadyDevimon no veía en ninguna parte. Tal vez estuviera escondido. Si Lyramon no se equivocaba, era un ultra. Quizás se había asustado por la presencia de tantos seres poderosos.

-¿Eres una Demon Lord? –pregunto Piedmon, subiendo de un enorme salto-. No eres lo que me esperaba. Creí que serias más espeluznante.

-Es porque soy la más comprensiva –afirmo ella-. Todos los otros son unos brutos violentos a los que solo les importa matar y destruir –coloco una sonrisa aún más temible que el Dark Roar de su guardián-. A mí me interesan otras cosas. Cosas mucho más placenteras –Piedmon camino por el balcón, exhibiendo una enorme mueca demoníaca. La Ángel Caído no parecía impresionada.

-¿Intentas engañarlo seduciéndolo?

-¿Engañarlo? ¡Solo quiero probar a semejante ricura! –argumento la mujer, mientras deslizaba su vestido ligeramente, pero de manera bien visible, hacia abajo, enseñando una buena porción de su escote. Ese movimiento pareció irritar a LadyDevimon, y su expresión divirtió a Lilithmon-. ¡Ah, ya lo entiendo! ¡Él es tu novio! –se dirigió al payaso-. ¿Te gustan así de vulgares?

-No hay nada entre nosotros –mascullo la aludida-, ¡pero no soporto que una idiota me fastidie! –sacudió sus cadenas, mientras sus ojos destellaban de ira-. ¡Onda de la Oscuridad!

Surgió una nube de voraces murciélagos que se dirigían rápidamente a la Señor Demonio. Sin embargo, ella no parecía intimidada. Sin perder la sonrisa, abrió sus labios pintados de púrpura, y algo extraño empezó a salir de estos.

-¡Suspiro Perverso! –la niebla que surgió de su cuerpo rodeo a los vampiros, y ellos se detuvieron. Ante las miradas incrédulas del Hombre Demonio y la Ángel Caído, la bruma gris había envuelto totalmente a las pequeñas criaturas, cuando varias de ellas cayeron al suelo, desintegrándose en polvo digital escarlata. Luego, la cantidad de murciélagos muertos aumento, hasta que la niebla se desvaneció, revelando la aniquilación total de la técnica. Lilithmon sonrió, aparentando inocencia.

-¿Se murieron todos? –se encogió de hombros. Su escote se deslizo un poco en manera reveladora-. ¡Que lastima! ¡Me hubiera gustado jugar un poco más con ellos!

-¡Maldita! –chillo la digimon corrupta. Se abalanzo contra la Señor Demonio, con sus ojos lanzando llamaradas de ira-. ¡Lanza de la Oscuridad! –su brazo se transformó, y la afilada arma apuntaba directo al rostro de la demonio nivel mega.

Sin embargo, algo detuvo el ataque. Una especie de círculo mágico apareció repentinamente. La lanza no llego a tocarlo, sino que fue detenida por una especie de campo de gravedad generada por esa magia negra. Y, por supuesto, el origen de semejante hechizo era la señora del castillo. Extendió una mano, colocando la palma abierta en dirección a la lanza. LadyDevimon intento nuevamente atravesar ese círculo, pero nuevamente fue bloqueada por la magia demoníaca. Lilithmon sonreía con júbilo.

-Me temo que no hay manera de que traspases mi Escudo de Defensa con un ataque tan débil. ¿Por qué no te rindes y me dejas al guapo? –Piedmon emitió una risita, considerando bastante apropiada la propuesta. Sin embargo, por debajo de sus burlas, la Señor Demonio estaba preocupada-. Es muy poderosa. Si no fuera una Demon Lord, hubiera atravesado la magia. ¿Cómo puede existir una LadyDevimon así de fuerte? –pensaba, mientras disimulaba su nerviosismo ante ellos.

-Y yo me temo que no puedo aceptar tu propuesta, Lilithmon –respondió el payaso, sin olvidar sus modales ante las damas-. Ya tengo un objetivo, y no puedo dejarlo de lado solo para divertirme –desenvaino dos de sus espadas-. Y como conozco a LadyDevimon desde hace tiempo, no puedo dejarla en esta situación. ¡Espadas de Triunfo!

Rápidamente, la digimon nivel mega alzo su otra mano, justo antes de que las cuatros filosas hojas llegaran a su círculo de magia negra. Su cuerpo se estremeció, demostrando que estaba haciendo cierto esfuerzo en detener los dos ataques combinados. Aprovechando, la demonio nivel ultra hizo una nueva carga con su lanza, logrando que la Señor Demonio retrocediera medio centímetro. El escudo no era invencible.

-¡Piedmon! ¡Por detrás! –le grito la digimon corrupta, dándole a entender el plan a través de la comunicación mental. El payaso asintió, y dos de sus espadas revolotearon en el aire y atacaron a su oponente por la espalda desprotegida. Lilithmon lo advirtió, y traslado su palma derecha a esa dirección, girando su cuerpo. Un segundo escudo bloqueo las espadas justo a tiempo. Aun así, era fácil notar que le estaba costando detener ataques por ambos lados.

-¡Vas a caer! ¡Nosotros ganamos! –le chillo LadyDevimon. La dueña del lugar sonrió nerviosamente al darse cuenta de que tenía razón. La Lanza de la Oscuridad estaba a punto de traspasar su barrera. Observo que Piedmon también sonreía, y eso le dio una idea. La Señor Demonio esbozo una expresión seductora en dirección al arlequín. Sus labios purpúreos exhalaron un suspiro, como si le estuviera punto de arrojar un beso. El Hombre Demonio pareció confundido. No era momento de seguir coqueteando.

-¡Amor Oscuro! –un corazón grisáceo se formó de la boca de la demonio, dirigiéndose rápidamente al payaso. Dándose cuenta de que era un ataque, este dio un salto en el aire, mientras el corazón impactaba en uno de los dedos de la mano bestial, haciéndolo pedazos. Sin desaprovecha la ocasión, al notar que las espadas se detenían por la distracción del payaso, Lilithmon salto hacia atrás, esquivando a LadyDevimon. Sin perder tiempo, se refugió en el interior del castillo. La digimon corrupta desahogo su frustración contra los restos del dedo mutilado.

-¡Maldición! –pisoteo los trozos del balcón. Ambos se asomaron, viendo como Lyramon y Darkdramon se incorporaban, libres de la parálisis. El Demonio Corrupto levanto su dedo pulgar, indicándoles que fueran tras ella, mientras vigilaba una nueva Lanza Gigastick del Cyborg.

Los dos demonios se internaron en el castillo, admirando la decoración. Había figuras que representaban actos pasados, batallas épicas, en las que se veían a los Demon Lords enfrentando a enemigos masivos y masacrándolos con su enorme poder. Se podía ver, por ejemplo, a Belphemon arrasando a un ejército de Monochromon, un Boltmon siendo atravesado por la garra de Beelzemon, una variedad de digimon aéreos ardiendo con las Llamas Infernales mientras una figura lejana advertía de la presencia de Demon, y varias cosas aún más malvadas y macabras. El centro era una estatua de tamaño real de los siete demonios, reunidos alrededor de una figura informe de muchas patas, que parecía aún más terrible y poderosa, además de ser dantescamente enorme. Mientras Piedmon examinaba a ese digimon formidable, un sonido de piedra resquebrajándose lo puso alerta. Se decepciono al notar que solo era LadyDevimon, que acababa de romper la cabeza de la Lilithmon de piedra.

-Es igual de molesta tallada que en persona –se explicó ella al ver la mirada reprobatoria del payaso. Había arruinado una bonita imagen.

-Como sea. No hagas más ruido. Ella podría estar observando –señalo. Los datos corruptos asintieron, sin dejar de prestar atención a todas partes. Lilithmon podría estar escondida en cualquier rincón, esperando el momento propicio de distracción.

Entraron a una nueva sala sin encontrársela. Esta parecía un comedor, donde se amontonaban docenas de viejas mesas, en las que era fácil imaginar a un ejército de demonios comiendo y bebiendo, aprestándose para combatir a los enemigos de los malignos siete. LadyDevimon pasó un dedo por una de las mesas, dejando un surco en la superficie cubierta de polvo.

-¿No sientes que es un desperdicio dejar semejante lugar abandonado? –murmuro ella-. Aquí pudieron haberse reunido las fuerzas que buscaban tambalear el orden de este mundo. Pero ahora, ese es un sueño que nadie más mantiene. Los Demon Lords se han disuelto, y nadie los reemplaza. Los intentos de conquistar el Digimundo ahora son solo trabajo esporádico de seres como nosotros.

-¿Cómo sabes todo eso? –pregunto el payaso, curioso.

-Ni idea –tenían un sentimiento increíble de nostalgia. ¿De dónde venía eso? Era la primera vez que veían esa maravilla antigua. Nunca habían estado ahí antes. Al menos, no que recordaran.

Avanzaron por una puerta lateral. Pasaron otras salas con relieves, frisos y estatuas de los Demon Lords. Parecía que a ellos les encantaba, en el pasado, recordar glorias antiguas. No había un salón que no estuviera adornado con esas macabras escenas, incluso los comedores y salones personales. Las bibliotecas estaban llenas a rebosar de antiguos volúmenes que relataban leyendas y mitos sobre los digimon del Digimundo, el Vacío, el Área Oscura y el Mar de las Tinieblas enfrentándose en cruentas batallas por dominar toda la dimensión.

-Lindo lugar. Y muy cómodo –comento Piedmon, sentado en un trono de piedra que le llegaba a la medida. A juzgar por las decoraciones especialmente dirigidas a representar llamas, llegando hasta el trono como si estuviera rodeado en un arco de fuego demoníaco, ese lugar debería estar hecho específicamente para Demon.

-Mejor bájate. No es buena idea provocar a las fuerzas del mal más antiguas –opino LadyDevimon. A regañadientes, el Hombre Demonio se bajó. Atravesaron otra sala del trono, esta enorme y llena de relieves de cadenas y con un trono gigante, que parecía pertenecer a Belphemon. Eso les dio una idea de la manera en que estaban dispuestas las salas del trono. Si la de Lucemon estaba en el centro, y las otras alrededor en forma de media luna, considerando la posición, la de Lilithmon debería estar en el punto más alejado del lado izquierdo. Se dirigieron allá, en parte porque sospechaban que ella los esperaba allí, y también porque la Ángel Caído tenía un extraño presentimiento.

Y, efectivamente, la encontraron allí. La Señor Demonio estaba sentada en un trono delicado, fabricado simulando una rosa negra abierta en flor, con finas tallas de círculos mágicos y hechizos negros, además de formas demoníacas indescriptibles. Ella alzo su mano derecha, y de inmediato cayó un rastrillo sobre la puerta de entrada que los encerró a los tres. Las miradas se cruzaron bajo el techo gris ceniza.

-Se tardaron mucho –se quejó Lilithmon, bajándose del asiento. Estiro los brazos, acomodándose, y totalmente lista para pelear a todo su poder-. Bueno, queridos, ¿comenzamos?


Un nuevo destello azul y rojo brillo en el paisaje helado cuando se entrechocaron la Cuchilla de Corrupción Demoníaca y la Lanza Gigastick. Sus respectivos portadores, repelidos por la energía del otro, chocaron contra trozos del lago que se estaba despedazando. Ambos observaron al otro, mientras las astillas de hielo se quebraban en pedazos.

Las ropas de Lyramon estaban hechas una ruina andrajosa. Su cuerpo aun presentaba quemaduras, que iban sanando rápidamente. Aun así, no era posible borrar las manchas verde oscuras que mostraban la cantidad de sangre que habían perdido. Las piezas de la Digiarmadura estaban hechas de un código especialmente grueso y pesado, así que dañarlas era algo extremadamente difícil. El Yelmo del Conocimiento se veía opaco, después de haber gastado gran parte de su energía. La greba y el guantelete aún se veían brillantes y listos, señal de que todavía tenían fuerza para continuar. Los ojos dorados no habían perdido su brillo hipnótico y lleno de goce por la intensa batalla.

El Cyborg sujetaba su brazo izquierdo, parcialmente dañado. Ambos hombros presentaban rajaduras salvajes, además de los continuos cortes e impactos que recorrían su abdomen y sus piernas. Sus alas continuaban brillando con ese resplandor plateado, y su lanza estaba intacta. Era todo lo que necesitaba. En la vista de Darkdramon, varias marcas rojas indicaban los daños recibidos. Calculo que su capacidad de auto repararse podría sanar sus daños actuales, pero si recibía un veinte por ciento más, sería otra historia. Sus niveles de energía estaban bajos, indicando que solo podría realizar su poderoso ataque Dark Roar una vez más. No podía desperdiciarlo.

-¡Lanza Gigastick! –arremetió con todas sus fuerzas contra Lyramon, en dirección justo para empalarlo con su lanza. Nuevamente, como se esperaba, los datos corruptos saltaron a un lado para esquivarlo. Pero esta vez estaba listo para contrarrestarlo.

El digimon corrupto se llevó una gran sorpresa cuando algo se enrollo en torno a su cuerpo. La cola del dragón, la cual habían olvidado ya que jamás la utilizaba en ninguna de sus técnicas, los había atrapado. Rápidamente, Darkdramon azoto el cuerpo del Demonio Corrupto contra el suelo dos veces, quebrando nuevamente la capa de hielo. Sabiendo que podían sacar su espada en cualquier momento, y cortarle la cola dolorosamente, arrojaron al digimon a un costado. Antes de que pudiera reaccionar, el dragón se lanzó contra ellos, lanza en ristre.

-¡Control Corrupto! –una buena cantidad de datos rojizos escapo del cuerpo humanoide, formando una gruesa roca en su camino. El Cyborg comprendió que acababan de formarla a partir de puros datos almacenados en alguna parte. No iba a poder atravesarla con un golpe normal.

-¡Lanza Gigastick! –su ataque pulverizo el peñasco, haciendo que parte del cual se desintegrara en polvo digital escarlata, que fue atraído por el digivice pálido. Sin embargo, el digimon corrupto había desaparecido. Un resplandor violeta hizo que el dragón observara en los restos de la roca que acababa de romper, donde el reconocible símbolo de la pirámide púrpura destellaba. Lyramon se había escondido debajo de ella, y lo había tomado desprevenido.

-¡Juicio de la Oscuridad! –la maraña de líneas oscuras golpeo el pecho del dragón, disparando nuevas señales rojas de peligro, y lanzándolo hacia arriba en una subida de unos veinte metros.

Rápidamente, Darkdramon estabilizo su movimiento en el aire con sus alas de materia oscura. Le sorprendía que su oponente pudiera moverse luego de gastar tantas reservas de energía. Con un pequeño análisis, comprobó que sus sensores aun funcionaban, y realizo un escaneo corporal del ser que estaba en el suelo helado, teniendo mucho cuidado de no mirarlo a los ojos. El resultado indico que había cinco diferentes fuentes de energía en su cuerpo. Tres señales provenían de sus piezas coloridas, ubicadas en su brazo derecho, pierna izquierda, y cabeza. El dragón dedujo que eran armas especializadas. La cuarta señal era del mismo cuerpo, la energía natural del digimon. La quinta y última se concentraba en su pecho. La intensidad sorprendió al Cyborg, luego de notar que había una cantidad tan excesivamente grande de poder reunido en ese punto, tanto que sus sensores se averiaron un momento después.

-¿Qué es este digimon? ¿De dónde proviene semejante poder? –se preguntó. La última lectura revelaba que el patrón de onda era de energía oscura. ¿Un digimon de las Tinieblas? Era posible. Raro, pero posible. No tuvo tiempo de pensar más, porque esa criatura única y extraña estaba haciendo un movimiento muy curioso. Estaba apuntando con su brazo derecho, el que llevaba esa pieza negra, directo al suelo. No tenía sentido, hasta que Darkdramon vio lo que estaba haciendo.

-¡Juicio de la Oscuridad! –anteriormente, el digimon corrupto siempre había usado el suelo como apoyo para resistir el retroceso de ese ataque. En esta ocasión, estaba haciendo lo opuesto. Impulsado por las líneas negras, el demonio de ojos dorados salió volando en línea recta. Su dirección iba justo hacia el dragón azulado-. ¡Esperanza Persistente! –su pierna izquierda salió disparada hacia el rostro del Cyborg, envuelta en luz dorada. Justo antes de que lo lograra, las alas de materia oscura maniobraron para hacer un giro en el aire. El rostro draconico pasó a centímetros de la punta de la Greba de la Esperanza, esquivando por muy poco. Sin embargo, el ataque aún no había acabado.

-¡Cuchilla de Corrupción Demoníaca! –la espada estaba lo suficientemente cerca para ser una amenaza. Darkdramon intento alcanzarlos con su lanza, pero tenía un gran problema. Su arma era poderosa a distancia media y larga, pero casi inútil estando justo enfrente, ya que no podía atacarlos. La hoja escarlata corto el pecho del dragón al menos tres veces, todas ellas muy profundas. Pero el pequeño impulso que le había dado por esos golpes los distancio, el espacio justo para que pudiera usar su ataque. Y Lyramon no podía volar. Si podía atravesar su DigiCore, sería un golpe definitivo. Y si no, aún les quedaba suficiente materia oscura para un último Dark Roar. Eso sí que los acabaría.

Con velocidad, levanto la lanza. Sin embargo, el dragón mecánico se quedó congelado al ver la sonrisa enorme del digimon corrupto. Habían levantado una mano, que sostenía un aparato blanco, y apuntaban al cielo en su caída.

-¡Control Corrupto! –una nueva masa de datos rojos formaron un enorme peñasco, diez veces más grande que el anterior, justo sobre Darkdramon. La sonrisa enorme del demonio no se desvaneció en ningún momento, mientras caía hacia el lago de hielo. El Cyborg no podía hacer mucho para detenerlos, tenía que encargarse primero de la roca. Alzo su lanza, sin dejar de vigilar a los datos corruptos.

-¡Lanza Gigastick! –envuelta en destellos, el arma atravesó la roca. El guardián se quejó, con un gruñido, de la cantidad de energía que tuvo que gastar para romperla. No podía seguir desperdiciándola. Y, con esa enorme fuente de poder en su pecho, su oponente tenía más reservas que las suyas. Tenía que acabar esa batalla inmediatamente.

-¡Oye, Darkdramon! –se escuchó. Era la voz de Lyramon, no había dudas. El dragón azulado estaba confundido-. ¡Ya nos divertimos! ¡Es hora de acabar con esta pelea! ¡Un final espectacular! –el Demonio Corrupto estaba de pie sobre el hielo, sonriendo. El Cyborg bajo volando, cautelosamente, pero vio que no había ataque de parte del digimon de ojos dorados. Una idea se formó en el cerebro mecánico. Su energía estaba muy baja, su índice de daño estaba justo por encima del límite que se había impuesto para auto repararse. Sin duda alguna, eso del final rápido era lo mejor que le podía pasar.

-¿A qué se refieren con eso del final? –pregunto, aterrizando en una zona del hielo que aún era firme. Uso el plural ya que noto como ellos se describían a sí mismos en esta forma. Su sistema de conexión accedió a la Internet, aunque la mayoría de sus sensores parpadeaban en alerta roja, y estaban muy lentos. Coloco una rápida descripción del digimon, tratando de buscar cualquier información disponible.

-Nos referimos a un ataque final. Lanzaremos nuestras técnicas a la vez, y gana la más fuerte. Tan simple como eso –el demonio alzo el brazo derecho-. ¿Estás de acuerdo?

-Está bien –respondió Darkdramon. Sus pensamientos dispararon señales ante la oportunidad. Su ataque utilizaba materia oscura, que absorbía cualquier cosa. Atravesaría el ataque del digimon, y en un ser tan pequeño, sería un golpe mortal. Era la manera perfecta de terminar el combate. Estaban bastante cerca, pero se acercó aún más. No podía darle espacio al digimon corrupto para esquivarlo. Juzgando por la distancia, ya no podría hacerlo. Tampoco el dragón podría, pero eso no era un inconveniente. Apunto su lanza directo al corazón de su enemigo. Un pequeño punto negro empezó a expandirse de la filosa punta.

-¿Listo? –preguntaron. Apuntaron con el Guantelete de la Oscuridad directo hacia el Cyborg. O, más exactamente, al centro de su arma. El guardián asintió. Una sonrisa maniaca apareció en el rostro del digimon corrupto-. ¡Juicio de la Oscuridad!

-¡Dark Roar! –la esfera de materia oscura fue lanzada con todo la potencia que le quedaba. No había forma en que la vencieran.

Los dos ataques colisionaron. Las líneas negras parecían detener la materia oscura, pero el dragón sabía que era una ilusión. Inmediatamente, su técnica empezó a devorar paulatinamente el Juicio de la Oscuridad. Era bastante lento, pero poco a poco alcanzo el brazo del demonio de ojos dorados. El ataque estaba a apenas unos centímetros de llegar al guantelete, y absorberlo junto a todo el cuerpo del digimon. Justo en ese momento, se abrió una ventana en la visión del Cyborg. En ella, resultado de su búsqueda en Internet, había un reportaje de un periódico importante. Hablaba sobre la amenaza de un misterioso digimon oscuro con ojos dorados que estaba asesinando masivamente. La máquina gruño de la sorpresa, pero no por el reportaje.

Su Dark Roar se había detenido.

-¡No es posible! –exclamo. Su técnica no podía ser repelida. Ningún ataque antes había sido capaz de superar la capacidad de la materia oscura. Todos morían, absorbidos por la esfera, intentando escapar inútilmente. Hasta ahora. Este ser, que era temido extensamente en el Digimundo como el monstruo de ojos dorados, había conseguido lo que se creía imposible.

-Si es posible, si lo ves desde nuestro punto de vista –afirmaron los datos corruptos, respondiendo a la pregunta-. Tu materia oscura en estado puro absorbe materia y energía, comprimiéndola y causando su desintegración. En cambio, nuestra energía oscura es lo opuesto en menor escala. Al alimentar el poder del guantelete con la fuerza del emblema negro, simplemente le damos a tu Dark Roar un festín interminable de todo lo que pueda comer –observaron la esfera, mientras proseguían con la explicación técnica-. Pero esta cantidad tiene un límite, que ya ha sido alcanzado. Si aumentamos la potencia del Juicio de la Oscuridad, ¿qué crees que pasara? –el Cyborg comprendió entonces que había sido engañado. No podía escapar, no le quedaba energía para seguir atacando. Había perdido mucho antes de que comenzara el combate. Había sido derrotado en el momento en que ese digimon se había puesto esa arma.

-¡Control Corrupto! –la potencia de las líneas negras aumento descontroladamente. La técnica de Darkdramon fue rápidamente repelida, empujada directo hacia su punto de partida. Su propio ataque, empujado por la fuerza de la energía oscura, le atravesó el pecho, despedazando su cuerpo mecánico. Con un sonoro ruido de motores y metal, cayó al hielo helado, mientras sus datos escapaban de su cuerpo envuelto en un charco de aceite y sangre. Una sonrisa apareció en su rostro devastado.

-¿Realmente me equivoque? –le pregunto a Lyramon, que había caminado hasta estar junto a él. El digivice pálido absorbía lentamente todos los datos del dragón.

-Sí. Has sido engañado –le respondieron.

-En realidad, ya lo sabía, pero no quería admitirlo. Supuse que ella tenía sus razones para mentir. Creo que ni siquiera lo sabe –soltó una carcajada cibernética. Una sonrisa relajada se dibujó en el rostro pálido-. Hagan un buen uso de mis datos, ¿está bien? Creen el lugar para los que ya no pertenecen aquí –su cabeza fue finalmente desintegrada, y toda su información fue succionada al interior del dispositivo. El digimon corrupto lo observo, y asintió con la cabeza.

-Lo prometemos. Y nosotros siempre cumplimos nuestras promesas.

Luego de permanecer en un minuto de silencio, el demonio camino hacia el castillo. El casco se había agotado, pero no era necesario usarlo para notar que todo el lugar temblaba. Allí dentro ocurría una batalla de alto rango. Cuando estaba a apenas unos pasos, una zona de la torre del extremo izquierdo estallo, derrumbando la estructura. Un trozo del cristal verde cayó justo frente a ellos. Extrañados, lo tomaron, ya que una forma grisácea se expandía por la superficie del mismo. El espejo reflejo los ojos dorados, y no solo eso, sino algo que no debería estar allí. La niebla adopto la forma del bello rostro de Lilithmon.

-¿Hola? ¿Dónde has estado? –miro sobre su hombro. Una sombra de duda apareció bajo el maquillaje-. ¿Y Darkdramon?

-Lo vencimos –respondieron sencillamente. La expresión de la Señor Demonio pareció sorprendida, y también algo entristecida.

-Vaya. Nunca creí que él pudiera perder –observo la mirada atenta del Demonio Corrupto-. ¿Sabes qué?, me agradas más que Piedmon, ahora que te veo bien. ¿Cuál es tu nombre? –se puso un tanto coqueta.

-Nuestro nombre es Lyramon.

-¿Lyramon? Nunca había oído hablar de ustedes. ¿Por qué no vienen conmigo? ¡Seguro que la pasaríamos de maravilla! –su belleza no admitía un no por respuesta.

-El Hechizo del Espejo no funciona en nosotros. No puede atravesar nuestros ojos –la Señor Demonio pareció sorprendida. Luego, su expresión se volvió ensoñadora.

-Guapo, inteligente, fuerte, ¡y además de todo se me resiste! –parecía enloquecida-. ¡Suficiente de coqueteos! ¡Definitivamente me gustan! –chillo como una adolescente enamorada-. ¡Vengan, por favor! ¡Muéstrenme quienes son realmente!

-No podemos. Estamos muy ocupados –de forma repentina, la imagen se desvaneció, dispersándose en niebla gris. Algo debería de haber pasado para que ella ya no pudiera contactarlos. Inmediatamente después, de los restos de la torre, algo enorme salió disparado y atravesó varias paredes. Un rugido, que debería pertenecer a una criatura horrorosa y poderosa a juzgar por su sonido, sacudió todo el lago congelado. Una forma amorfa se desvaneció entre los escombros.

-¿Empress Emblaze? –se preguntaron, allí parados, mirando los restos.


-¡Amor Oscuro! –un nuevo corazón grisáceo estuvo a punto de golpear a Piedmon, pero fue esquivado con un vigoroso salto. Ya hacía rato que repetían esa rutina. LadyDevimon volaba, tratando de superar la barrera de la Señor Demonio con su lanza, pero no tenía mucho éxito. Normalmente, la habrían acorralado como antes, pero ella había aprendido de su último encuentro, y no dejaba moverse al payaso. Y eso sí que lo fastidiaba.

Ya había intentado, pero Lilithmon no le dejaba usar sus Espadas del Triunfo. Se ocultaba tras su Escudo de Defensa, lanzando sus besos malditos o la niebla asesina. En una ocasión, Piedmon había logrado sujetarle las manos con lazos coloridos, pero ella se había zafado sin problemas convirtiéndolos en cenizas. También trataba de alcanzar a la Ángel Caído con su garra dorada cada vez que se acercaba. Había algo muy peligroso en esa zarpa.

-¡Tornado de la Oscuridad! –le lanzo unos escombros causados por un ataque anterior, pero nuevamente fueron repelidos por ese símbolo tan detestable. Parecía que no había forma de vencerla. LadyDevimon se elevó hasta el techo, pensando que hacer.

-¡Suspiro Perverso! –la niebla gris salió de su boca, y se dirigía a la digimon. Pero la demonio ya había pensado en algo para contrarrestarla.

-¡Melodía Mortal! –una nueva nube de murciélagos, está envuelta en llamas, se abalanzo hacia la Señor Demonio y su bruma malévola. Increíblemente, en el momento en que el primero rozo la técnica de la digimon nivel mega, se produjo una explosión de llamas. La Ángel Caído había sospechado que esa niebla venenosa era inflamable, y no se había equivocado. Al despejarse el humo, la mujer demoníaca estaba escudada por sus símbolos, pero se veía cada vez más enojada.

-¡Espadas de Triunfo! –distraída por la explosión, no había visto al payaso lanzar sus hojas, y estas la sorprendieron por detrás. Dos de ellas desgarraron el kimono violeta, una atravesó el ala inferior derecha, y la última le hizo un corte en el cuello inmaculado. Gotas de sangre cayeron al suelo pétreo.

-¡Ah! –chillo ella, tanto por el dolor como por la impresión y la furia. Su mano tapo rápidamente la herida, mientras con la otra retenía una nueva incursión de las espadas por el lado izquierdo. Los murciélagos en llamas, los que había sobrevivido a la explosión, llegaron por el frente, amenazándola. Antes de que pudieran tocarla, las cintas filosas de su cuerpo saltaron a defenderla, rebanando a todas las criaturas nocturnas. LadyDevimon dejó escapar una sonrisa, seguida de la frustración al ver que su enemiga seguía con vida. La herida de su cuello no era grave.

-¡Fallaste! –le acuso mentalmente al payaso.

-No puedo hacer mucho si hay humo en el escenario. No podía ver correctamente –se justificó Piedmon, tratando de atacarla por todas partes. Sin embargo, ella parecía haberse cansando de jugar, y estaba deteniendo las espadas con habilidad, moviendo los círculos de manera veloz.

-¡Me las van a pagar! –chillo nuevamente. Levanto los brazos, creando un nuevo círculo, pero este se veía mucho más peligroso que los anteriores-. ¡Magia de Lilith!

Del oscuro hechizo surgieron cuatro rayos negros, que atacaron velozmente. Los demonios los esquivaron, haciendo movimientos extremadamente rápidos. Sin embargo, no pudieron evitar ser rozados en unas ocasiones, dejando heridas leves. El ataque por fin acabo, y ellos se detuvieron. Lilithmon parecía enojada.

-¿Por qué no se mueren de una vez? –les pregunto, ya dejando su método seductivo. Suspiro, alzo los brazos, recitando una especie de conjuro. Piedmon y LadyDevimon se pusieron en guardia-. ¡Empress Emblaze! –el aire pareció distorsionarse, anunciando algo muy tenebroso. Justo sobre la Señor Demonio, se abrió un portal oscuro, trayendo consigo una forma enorme y aterradora. No había manera de definir al monstruo invocado, además de que era un demonio repugnante y terrible. El ser embistió al Hombre Demonio y la Ángel Caído, obligándolos a usar todos sus recursos para no ser capturados por la extraña cosa.

Ojos, brazos, cabezas, todo se mezclaba mientras el payaso evadía ese cuerpo horripilante. Intento usar sus Espadas del Triunfo y su Tornado de la Oscuridad, pero fueron inútiles. La Lanza de la Oscuridad se quebró contra el cuerpo del ser, mientras uno de los brazos derribo la pared de la sala del trono. La torre entera cayo, derrumbándose estruendosamente. La digimon corrupta logro escapar volando, y Piedmon aparto los escombros bruscamente. Sin embargo, el demonio gigante aún seguía destruyendo todo. Detrás de él, Lilithmon, amparada del derrumbe, examinaba un trozo de espejo verde. No podían escuchar lo que hablaba, pero parecía sonreír.

-¡Hay que matar esa cosa! –grito la demonio voladora, esquivando sus ataques. El payaso asintió, mientras se alejaba del monstruo y prepara su energía. Primero, llamo la atención del demonio usando explosiones mágicas. Cuando el horrible ser se lanzó hacia él, sonrió, juntando las manos, haciendo una rara pose con los dedos entrecruzados.

-¡Hechizo Final! –de sus manos surgió una estela blanca pálida, como si fuera gravedad, e impacto directo en el cuerpo del enorme monstruo, con una fuerza y velocidad devastadoras. La criatura cayó hacia atrás, derribando una pared, y sorprendiendo a la Señor Demonio, que dejo caer el trozo de vidrio verde. El monstruo comenzó a desintegrarse, no en datos, sino en extrañas sombras que se desvanecían en el aire.

-¡Lanza de la Oscuridad! –LadyDevimon se había escurrido por un costado, donde Lilithmon no podía verla, y cuando la vio distraída, la ataco directamente. Fue demasiado rápido para ella, y su cuerpo flaco fue atravesado por la recién reformada pica negra. Más sangre salpico el suelo, esta vez en buena cantidad, y mancho el vestido púrpura. Aun atravesada por la técnica, la mujer no se rindió.

-¡Uña Názar! –esta vez sí logro alcanzar a la demonio voladora. Su garra se enterró profundamente en el brazo, dejando una mancha verdosa. Ambas retrocedieron, quitando sus armas del cuerpo de la otra. La Señor Demonio sujeto su herida, y su rostro expresaba mucho dolor-. ¡Maldición! –comenzó a lanzar insultos tan fuertes que hubieran dejado a cualquiera boquiabierto.

-¡Ya estas demasiado herida! –le grito LadyDevimon-. ¡Ríndete! ¡No puedes ganar! –repentinamente, la herida de su brazo pareció empeorar. Cayó de rodillas, ante el rostro sonriente de la digimon nivel mega.

-¿Quién es la que está herida? Te he infectado con un virus muy poderoso. No podrás moverte, y morirás lentamente –dirigió su mirada hacia Piedmon, que acababa de reducir la distancia-. ¡Ahora te toca a ti, querido! ¡Amor Oscuro! –un nuevo corazón apareció, acelerando hacia el rostro del payaso. Él salto para esquivarlo, pero se encontró directamente con un nuevo círculo esperándolo a varios metros del suelo-. ¡Magia de Lilith!

Era demasiado tarde para moverse, y sería imposible en medio de un salto. No le quedaba más opción que soportarlo. Alzo sus dos manos enguantadas, preparado para detener el hechizo.

-¡Tornado de la Oscuridad! –el impulso atajo los rayos negros, pero la fuerza de rebote lo lanzo hacia atrás. Choco contra el suelo lleno de escombros restantes de la destrucción del Empress Emblaze. Por un instante, cerró los ojos. Cuando los abrió, Lilithmon apareció repentinamente a su lado. Su mano derecha, envuelta en su garra dorada, le apuntaba al pecho.

-¡Uña Názar! –lanzo su garra al atuendo rojo, pero el arlequín rodó por el suelo y esquivo la técnica hábilmente. Tuvo que continuar moviéndose, sin espacio para contraatacar, porque la Señor Demonio intento cortarlo una y otra vez. Cada ataque se acercaba cada vez más, mientras ambos se desplazaban sobre la escombrera que antes había sido el salón de una Demon Lord. Finalmente, Piedmon debió atrapar su brazo, que estaba a casi nada de su máscara. Unos centímetros más, y lo conseguiría.

-¡Onda de la Oscuridad! –una nueva nueve de murciélagos atrapo el cuerpo ensangrentado de la demonio, lanzándolo contra la pared. Atravesaron el muro de piedra, pasando por el salón de Barbamon, y llegaron a su cámara del tesoro. En ella, montones de cofres y adornos diversos, que reflejaban brillos en oro y plata deslucidos y cubiertos de polvo, las criaturas arrojaron a la maga negra.

-¿Quién era la que estaba infectada y no podía moverse? –LadyDevimon aterrizo con majestad en el salón, rodeada por sus vampiros-. No nosotros, claramente.

-¿Cómo? ¿Cómo es que puedes soportar mi virus? –pregunto su enemiga desde el suelo, escupiendo sangre. Un charco de su recién abierta herida mancho el suelo. No era capaz de moverse, y no sabía la razón. Sentía como algo reptaba por su cuerpo, algo peligroso y mortífero, como si su virus se le hubiera invertido.

-¡Porque ellos, LadyDevimon, son la verdadera Demon Lord que gobernó este castillo! –anuncio la voz de los datos corruptos. Acababan de atravesar el resto del lugar. Piedmon se acercaba dando saltos-. Esa es la razón de que tu virus no funcionase. Y esa es la razón de que no puedas moverte. Ellos te han infectado cuando la lanza te atravesó –los ojos dorados brillaron con certeza mortífera.

-¿Veneno? ¿Usaste Veneno en mí? –la mujer intento ponerse en pie, pero cayó al suelo resbalando en su propia sangre. Antes de que llegara a tocar el suelo, el Demonio Corrupto la atrapo, tomándola en sus brazos. Una sonrisa apareció en el bello rostro-. ¡Qué dulces!

-No podemos dejar que una señorita, por más Señor Demonio que sea, sufra de esta manera –Lyramon la sostuvo en brazos, ignorando la sangre que manchaba su ropa-. ¿Dónde está el Greba de la Bondad? –al ver la mirada de desconcierto que puso, supieron que no sabía lo que era-. Una pieza de armadura color lila, correspondiente a la pierna derecha.

-Allá –ella señalo un cofre en el salón. La Ángel Caído floto hasta el arcón y lo abrió. Saco de allí la pieza, claramente marcada con el símbolo de la Bondad-. ¿Darkdramon sabía que yo no era la verdadera Demon Lord? –ellos asintieron-. Lo imaginaba. Pobrecito, siempre me sirvió tan fielmente, nunca podría agradecerle lo suficiente –soltó una risita ahogada-. Sabía que no era la auténtica. Nunca pude ser lo suficientemente malvada. No se me da nada bien –escupió sangre al suelo. Sus datos comenzaban a temblar-. ¿Él sí lo es? –señalo un enorme cajón, que parecía sellado con magia. Los datos corruptos parecieron entender lo que había allí.

-¿Digievoluciono hasta su forma mega? –ella asintió-. Entonces tampoco. El verdadero Demon Lord Belphemon nace directamente de su digihuevo en esa forma.

-Todo lo que hago es equivocarme –sus piernas comenzaban a desintegrarse-. Bueno, al menos morí de una manera digna –se alzó rápidamente, besando al digimon corrupto con sus labios púrpuras. El payaso pareció ofendido por esa acción-. Este mundo ya no es para mí. Tal vez, en algún lugar, ustedes puedan crear el país que nos acepte como somos. Y en ese entonces, me gustaría estar a su lado –con una sonrisa alegre, muy inusual en una Señor Demonio, sus datos se desintegraron, siendo atraídos al interior del digivice corrupto. Lyramon bajo sus brazos de manera curiosamente melancólica. Sus mejillas estaban ruborizadas.

-¿Pasa algo, director? –pregunto Piedmon, observando cómo destacaba el color rojizo en la pálida piel. El digimon corrupto sacudió la cabeza, mientras su rostro volvía a su color habitual.

-Nada –LadyDevimon les alcanzo la greba de color lila. Ellos la colocaron a su pierna, aunque parecía muy pequeña, y la pieza cambio de tamaño y se adaptó perfectamente a su cuerpo. Se la calzaron con tranquilidad, probando su movilidad.

-¿Qué hacemos con el digimon en esa caja? –pregunto la demonio.

-Será muy útil. Hay que abrir ese sello mágico.

-¡Ningún problema! –el payaso rajo el sello con su espada, sin que este pudiera resistir demasiado. Levanto la espada para acuchillar al digimon que reposaba dentro, pero Lyramon le hizo una señal con la cabeza.

-No dijimos que había que matarlo. Será igual de útil así como esta, y mucho más fácil de transportar. Si lo atacas, pasara de su Modo Sueño a su Modo Furia. Y tenemos que recuperarnos de esta última pelea –sacaron el digivice-. Lo llevaremos así al Mar. Leviamon sabrá qué hacer con él.

Los tres demonios revisaron el resto del tesoro de la cámara, y exploraron los escombros del viejo castillo. Determinaron que no era muy útil como base de respaldo, ya que estaba tan viejo y descuidado que no se les ocurría como Lilithmon había decidido vivir allí. Finalmente, reunieron todos los tesoros en un punto alrededor del gran cofre donde dormía Belphemon, y los llevaron directo a través de un portal oscuro al Mar de las Tinieblas.


-Los estaba esperando –acababan de llegar, y Andromon estaba de pie sobre la playa. Podría haber contactado mediante el emblema negro, pero parecía que este asunto era muy importante-. Ha hablado con un hacker. Reviso la cuenta mientras hacíamos la inspección. No pudo detenernos, pero noto que estábamos revisando allí.

-¿Scar? Debimos saber que tendría contactos habilidosos en informática –Lyramon señalo a unos digimon Sombra, que empezaron a arrastrar los tesoros a la cámara donde los depositaba el leviatán.

-No solo eso. Ha encontrado algo. Grabamos la conversación, si la quieren oír –añadió el robot.

-Por favor –respondieron. El rostro de Andromon se paralizo, se escuchó un pequeño sonido agudo, y unas extrañas voces distorsionadas con aparatos empezaron a resonar. No era posible distinguir mucho sobre ellas, debido a las medidas de seguridad que habían tomado los dos, pero se notaba que la primera hablaba con una frialdad impensable en un humano.

-¿Estás seguro de que la seguridad de la cuenta fue violada? Mi cliente no estará satisfecho sin detalles.

-Estoy seguro. Es más, hubo dos intrusiones. La primera fue de un principiante, no pudo atravesar el firewall y logre rastrearla –esta voz era más tímida, hablando con tartamudeos y pausas-. Pero la segunda, justo mientras hacia el rastreo de la primera, sí que era avanzada. No pude buscar nada, no pude siquiera identificar el programa. Manipulo la cuenta a voluntad, aunque no toco un centavo. Ni idea quien puede tener semejante habilidad.

-¡No te pago para que falles! –gruño la voz fría, furibunda. Se escuchó un carraspeo de la voz tímida.

-¡Lo siento Scar! ¡Esto súpera mi habilidad! ¡Es el trabajo de un experto! –parecía intimidado-. No tengo más detalles del segundo hacker. No parecía alguien normal.

En ese momento, acabo la grabación con el mismo sonido agudo del principio. El Demonio Corrupto parecía desconcertado. Unos Shademon comenzaban a cargar, en un grupo de diez, el enorme cofre donde dormía el Señor Demonio.

-¿Dos intrusiones? La segunda debió ser la suya, ¿y la primera? –pregunto el demonio de ojos dorados.

-Se realizó desde una computadora pública en Odaiba. Una cámara que interferimos revelo que el estudiante de intercambio italiano entro allí en el momento estipulado –respondió la voz mecánica.

-¿Randazzo? Ese chico mete la nariz en todo, sea peligroso o no –Lyramon suspiro de frustración-. Ahora, Scar debe de saber desde donde intentaron acceder a la cuenta de sus clientes. ¿Hará algo al respecto?

-Reservo unos boletos para el siguiente vuelo a Tokio –respondió Andromon.

-¡Cancelen esos boletos! ¡Hay que ponerle todos los retrasos posibles a ese mercenario! ¡No puede llegar a Japón antes de que hagamos nuestra jugada con Takaishi, o lo arruinara todo! –exclamo repentinamente el digimon corrupto. LadyDevimon y Piedmon observaban, empezando a entender la importancia de que el robot revisara esa cuenta.

-Así lo haremos. Él no llegara a Odaiba sin problemas –se abrió un nuevo portal, que se tragó al digimon androide, regresando a la base secreta bajo la ciudad. El Demonio Corrupto se derrumbó sobre una silla plegable, que parecía haber sido colocada allí justamente para él. Sorbieron un batido de fresa con una sombrilla que habría encajado perfecto en una isla paradisíaca.

-¿Qué tienen planeado para ese rubio? –pregunto el payaso, tumbándose en la silla al lado, hecha específicamente para su tamaño-. ¿Matarlo? ¿Obligarle a renunciar a su protección sagrada?

-Ninguna de las dos. Tenemos algo muy interesante para él, que nos dará una posibilidad más contra Demon, además de resultar tremendamente beneficioso en el futuro –soltaron una risita-. Ese Demon Lord sufrirá el peor susto de su vida cuando vea lo que le tenemos planeado.

-Genial –murmuro Piedmon. Observo que su palacio aún tenía problemas con el asunto de las almenas que había pedido. Dio un salto para comenzar nuevamente a quejarse al menor pretexto. LadyDevimon meneo la cabeza, divertida por esa actitud. Aún tenían que asimilar que eran un Demon Lord. Eso explicaba porque Lyramon los había elegido. No había formado su equipo de digimon ordinarios, sino de los más poderosos que podían encontrar.

-¿Quiénes son los demás, si estos dos eran falsos? –pregunto al demonio de ojos dorados. Este dio un nuevo sorbo al batido antes de responder cansinamente.

-Solo sabemos que MarineDevimon es la forma ultra del Leviamon –a lo lejos, ambos digimon observaron al reptil rojo retozando adormilado entre las aguas negras-. De los demás, aún no hemos hallado mucho. Es muy probable que el SkullSatamon que formaba parte de los Demon Corps fuera otro de ustedes, pero sus datos desaparecieron. Nos llamó la atención un rastro minúsculo de una energía que no pudimos reconocer –se encogieron de hombros-. Bueno, tal vez regreso al Digimundo solo. Como sea, aún hay cosas de las que preocuparse –su mirada destello-. Scar no debe llegar a Japón –arruinando el efecto dramático, estornudaron estruendosamente. La demonio no pudo evitar una risita ante la cómica situación. Lyramon se sorbió los mocos.

-¡Maldito resfriado!


Davis se escondía detrás de unos arbustos, vigilando a un pequeño pájaro que caminaba de un lado para el otro en una rama baja. Cuando el ave diminuta miro un auto que circulaba por la calle, el elegido salió corriendo de su escondite. Cruzo a toda velocidad, agradeciendo que fuera la última calle antes de llegar a su escuela. Aunque, considerando que ya atardecía, y que era sábado, eso se veía muy raro. Estaba agradeciendo a su buena suerte, justo cuando sintió que una ráfaga de viento pasaba a su espalda. El coche que miraba el inofensivo animal casi lo había atropellado. Se pudo escuchar el sonido del grito del conductor.

-¡Mocoso idiota! –el auto doblo la esquina, mientras el corazón del elegido continuaba acelerado. De su mochila, una cabeza azul se asomó.

-¡Davis, ten más cuidado! –se quejó V-mon-. También me pueden atropellar a mí.

-Sí, lo siento V-mon –suspiro, caminando lo más rápido que podía. Solo tenía que doblar la esquina y no habría más problemas ni accidentes sin sentido. Casi se sentía en una especie de película de terror americana, de esas exageradas en las que estaban luchando para no morir a manos de la Muerte. Aunque no se podía llamar exagerada a la maldición que le había caído encima.

-¡Ya casi llegamos! –el dragoncito azul se bajó de un salto, cruzando el patio vacío. El elegido intento vanamente seguirle el paso a su compañero. Cuando llego a la puerta del salón de computación, el digimon ya llevaba estaba sentado esperándolo-. ¡Te tardaste mucho! –se quejó, riendo.

-¿Estas intentando que me maten? –pregunto el morocho, observando las ventanas cuidadosamente. El promedio de accidentes era de tres por día, y ya iban dos, así que aún quedaba una oportunidad para que el Kishin intentara matarlo.

-¿Quién quiere matarte? –Tai abrió la puerta, pues había escuchado la voz de su protegido. Davis agarro a V-mon por los brazos y se lo llevo dentro a una velocidad que dejo a todos pasmados.

-¡Bien! ¡Seguro de nuevo! –exclamo, riéndose de sus precauciones anteriores. Un sonido de tecleo se interrumpió, y una voz lacónica le rebatió su afirmación.

-En realidad, en una sala llena de computadoras, ¿no podría suceder que alguna explotase y te volara la mitad del cerebro? –Joshua dejo a un lado la computadora de Izzy, sonriendo con suficiencia-. Y eso podría afectar a alguien más aparte de ti. ¿Crees que se contenta solo con hacerte sufrir a ti y no atacar a tus seres queridos? –los ojos café del italiano observaban a cierta chica castaña de reojo, quien tenía a Gatomon en su regazo.

-¿Maldición? –pregunto Agumon.

-Sí. Davis dijo el nombre maldito y ahora cayó bajo sus efectos. En cualquier momento, algo podría pasarle. Y este lugar es menos seguro que un campo de concentración –todos se estremecieron ante la ridícula e irrespetuosa comparación.

-Pareces teórico de la conspiración –le señalo Sora, sentada junto a Matt.

-Lo soy –afirmo él, dejando a todos asombrados-. Escribí un informe para denunciar las manipulaciones que se llevan a cabo con el Internet, usándolo para rastrear los patrones de comportamiento humanos –la mitad de las personas y digimon en la sala no entendieron eso, y la otra mitad pensó que estaba loco. Davis se sentó, teniendo mucho cuidado de agachar la cabeza por si ocurría otro accidente falso potencialmente letal.

-Estamos todos –afirmo Tai, sentándose junto a su hermana.

-No, faltan tres –le corrigió Izzy. Tai hizo un recuento, dándose cuenta de a qué se refería. Pero solo faltaban un humano y un digimon. Ellos llegaron dos minutos después, sorprendiendo a gran parte de la concurrencia. Y enfureciendo a Kari.

-¡¿Tu?! –grito, señalando a la alemana que entro detrás del rubio.

-¿Qué tiene que sea yo? –repuso ella, intercambiando miradas que aterrorizaban. Casi se podía ver una línea de relámpagos que salían de los ojos de ambas. Joshua se levantó y camino hasta bloquear la agresión visual.

-Si quieren arrancarse la cabeza, por favor, háganlo afuera y dejen terminar la reunión en paz –miro a ambas, se acomodó el cuello, y luego se sentó, continuando con su tarea de teclear a una velocidad pasmosa.

-¿Tregua? –pregunto la elegida de la Luz.

-Mientras dure la reunión –respondió Sophia. Ambas se ubicaron en sus respectivos asientos, y Kari tuvo que tragarse que T.K. se sentara junto a ella. El rubio no miro siquiera a su hermano, luego de varias semanas separados, sin contar el concierto demente. Eso preocupo a Matt.

-Bien, ya estamos todos –afirmo finalmente Izzy-. Inauguramos la reunión dándole la bienvenida a dos nuevos elegidos. Si desean decir algo… –Joshua ni se inmuto, continuando con su tarea de registro de la reunión. La alemana de ojos negros negó con la cabeza. La atmósfera era pesimista y bastante desanimadora.

-Bien, supongo que hay que comenzar discutiendo lo que paso la semana pasada –sugirió Wormmon.

-¡Nos hicieron pomada! –resumió Davis, causando asentimientos. Nunca antes habían sido vencidos de manera tan humillante. Y, para peor, la propuesta del digimon corrupto no había hecho más que empeorar todo.

-Eso fue extraño –admitió Gomamon-. ¿Qué quiere realmente ese sujeto?

-Conquistar el Digimundo, como siempre –sugirió Cody-. Solo que primero fue por nosotros. Es muy listo.

-Es probable que ese Larios solo haya mentido para ver sus reacciones –propuso Sophia, intentando no mirar a la elegida de la Luz-. O la propuesta fue para tratar de ponerlos de su lado… –se interrumpió por un estornudo, que atajo con un pañuelo-. Perdón, estoy un poco resfriada.

-¿No deberías estar descansando? –pregunto Mimí, hablando desde una computadora encendida, junto a su novio Michael, Betamon y Palmon.

-Un pequeño resfriado no me matara –esa respuesta le crispo los nervios a Kari. Logro atajar su reacción de gritarle, pero no pudo evitar pensar en el significado de esas palabras.

-¿Puede ser? ¿T.K. se lo dijo? No, no puede ser. Él no haría algo así –quería creer que era una coincidencia que mencionara eso. Hacia un par de años, les había pedido a todos sus amigos que mantuvieran en secreto lo que había pasado cuando enfrentaron al ejército de Machinedramon. Por alguna razón, que ella atribuía a sus hormonas entrando en acción, le daba vergüenza que mencionaran ese suceso.

-Kari –le susurro su compañera. Se había perdido una buena parte de la conversación, sumida en sus pensamientos-. No creo que le haya dicho. Fue una coincidencia –aceptando las palabras de la gata, continuo prestando atención a la reunión.

-Hay algo que Gennai me informo que todos deberían saber –informo el elegido del Conocimiento.

-Hace tres días, hubo un incidente en el Polo Norte. Tres digimon, identificados como Larios, Piedmon y LadyDevimon, atacaron un castillo que pertenecía a una Lilithmon, guardado además por un Darkdramon –Tentomon se encogió de miedo-. Los derrotaron, y hubo una batalla muy impresionante. Hubo testigos que vieron al monstruo de ojos dorados matar al dragón mecánico con su propio ataque.

Todos se quedaron pensativos ante estas palabras. Era como si no hubiera nada que pudiera detener al ejército revolucionario. Arrasaban con digimon de todo tipo, incluso con los Señores Demonio. Pero, al pensar en este grupo en particular, una idea paso por la mente de Joe.

-En general, la cantidad de digimon de nivel mega en el Digimundo es realmente baja. Cuando uno aparece, suele causar un gran revuelo. ¿Y ahora aparecen incluso Señores Demonio de la nada? ¿A alguien más le parece muy raro?

-Joe tiene razón –le apoyo Matt-. ¿Puede alguien o algo estar haciendo que aparezcan estos digimon así como así?

-Nadie ni nada puede obligar a los digimon a digievolucionar. Si no queremos, no lo hacemos –le replico Poromon.

-Si eso es cierto, entonces hay algo que ignoramos. Algo que se está escondiendo de nosotros –el teórico de la conspiración se las arregló para hablar, y continuar escribiendo a una velocidad que impresionaba, a la vez-. ¿Quién está ayudando al enemigo? ¿Quién es ese que se esconde en la sombras y que le allana el camino? Para manipular la evolución en seres de ese poder, tienes que tener una fuerza muy superior –ante ese discurso, todos quedaron impresionados. El mismo Joshua se veía pensativo, y dejo escribir. Se le veía concentrado y confuso-. Si hay un digimon, o incluso un humano, con esa capacidad, significa que algo muy extraño está pasando. Algo que ignoramos, y que podría ser terriblemente peligroso –acabo de hablar, y el ambiente estaba aún peor que antes. Ahora todos estaban friéndose los cerebros para entender que rayos estaba pasando.

En ese instante, Kari vio algo muy extraño. Una luz que cruzaba la habitación velozmente, cruzando frente a sus ojos, tomando una forma romboide. Tal vez fue su imaginación, pero le pareció ver que los ojos negros de Sophia, al mirar esa luz, se cruzaron con los suyos. En ese momento, algo se apodero de su cuerpo. Era como si le estuvieran arrebatando su voluntad. Pero no era desagradable, sino bello. Como si estuviera a punto de arreglar un error que aún no había cometido.

-El que posee tal poder es el instigador. A él no le importa lo que suceda con tal de completar sus planes y causar las siete señales. Quiere desesperadamente completar su plan, y llegar a la séptima para poder reunir de nuevo a los siete avatares y cumplir la Leyenda –dijo la elegida de la Luz, con una voz que ni a ella misma le parecía la suya. Algo más había hablado a través de su cuerpo.

-¿Instigador? –pregunto Tai, preocupándose.

-¿Siete señales? –pregunto Michael, sorprendido.

-¿Leyenda? –pregunto Davis, confundido.

-Sí. La Leyenda del Final, que anuncia el plan del instigador para usar la Maldad Final y hacer que la Nada se devore el Multiverso entero –esta vez fue la alemana quien hablo con una voz rara, dejando a T.K. perplejo.

-¿Sophia? –la chica se dio la vuelta para mirar a su novio, pero tuvo que agachar la cabeza para reprimir otro ruidoso estornudo.

-¡Maldita sea! ¿Qué diablos fue eso? –la castaña se agarró la cara, y parecía más estupefacta que todos los que la miraban, a los cuales ni siquiera notaba. Kari pensó por un momento que tal vez la estuviera copiando, pero luego cambio de idea. Ella también había sentido a ese ser de luz. ¿Qué estaba pasando?

Nuevamente, tras confirmar que no podían explicar que había sido todo eso, continuaron hablando sobre todo lo que sucedía. Izzy y Tentomon dieron una nueva lista de desaparecidos, que se hacía peligrosamente grande a cada momento. También evaluaron la cantidad de digimon corruptos que estaban circulando por el Digimundo actualmente. Esa cantidad también se iba incrementando constantemente. Aunque una minoría de aliados de los elegidos estaban buscando y eliminándolos, parecía que regresaban de manera casi inmediata.

-Seguramente, como demostró en el concierto, Larios es quien los hace aparecer –propuso T.K.

-Sin duda. También dicen que hizo aparecer rocas durante su pelea con Darkdramon –confirmo Tentomon.

-Entonces, ¡tenemos que eliminar a ese tipo! –exclamo V-mon.

-Digimon disfrazado –le corrigió Wormmon-. Creo que su forma original es la que usa para luchar, la que vimos allí –salto del regazo de Ken al suelo-. Pálido, muy alto, con una espada roja en el brazo, esa armadura de colores, y esos ojos dorados que dejan a todos helados.

-¿Deberíamos hacer un perfil suyo en el analizador? –sugirió el italiano. Parecía que estaba entusiasmado cuando descubrió ese programa, lo suficiente para pedirles que le dieran una copia para su portátil. Izzy no había tenido ningún problema-. Sería interesante.

-Tenemos muy poca información. Aún no sabemos casi nada de él –le respondió Cody.

-Sabemos algo –interrumpió Davis, levantándose como si fuera un gallardo caballero-. ¡Nos tiene miedo! ¡Por eso nos ataca primero! –puso una expresión de orgullo máxima. Su digimon lo apoyaba con una idéntica actitud.

-¡Lo dice el que esta maldito! –señalo Yolei, levantando una mano para darle un puñetazo-. Hablando de eso, ¿seguro que eso es cierto?

-Podemos hacer la prueba –sugirió Joshua, sonriendo de una manera que al moreno le pareció aterradora. Sin embargo, se dirigió a Kari-. Kamiya, ¿verdad? Si es una cámara digital, podría funcionar –saco un espejo de escritorio de su mochila, dejándolo apoyado sobre la silla de Davis-. Sácale unas fotos al espejo, y luego veámoslas para comprobar si hay una manera de retirarla.

-De acuerdo –siguiendo el plan del italiano, fotografió el reflejo del joven varias veces, quien hizo una postura especialmente ridícula. Luego, coloco la memoria en la computadora encendida. Todos se arrimaron para ver las fotografías, y retrocedieron impactados casi al instante.

-¿Qué pasa? –preguntaron V-mon y Davis a la vez, viendo las caras horrorizadas de sus amigos. Apartaron a todos, empujándose para ser el primero en ver las imágenes, aunque luego desearon no haberlo hecho.

En la primera foto, se veía un halo negro traslucido que se había pegado a la silueta reflejada. Estaba colocado el programa de presentación, así que fueron apareciendo las demás. En la segunda foto, ese halo estaba mucho más grande y desarrollado. En la tercera, todavía más, formando una silueta medio metro por encima de él. En la cuarta, la forma adoptaba una apariencia reconocible, una especie de cara hecha de niebla negra. En la quinta, esa cosa aparecía con ojos y boca difuminados. En la sexta, hasta aparecían unas espinas extrañas, curvadas hacia cualquier parte y que surgían de todos lados. Pero la última, la séptima, mostraba la escena más aterradora. Esa misma cara estaba riendo, riendo malignamente, y sus ojos rojos destellaban en una Oscuridad tan terrible que hacía ver al emblema negro como un insecto.

-Ese es el Aliento de la Oscuridad del demonio sin nombre, el Dios del Área Oscura. No hay manera de retirarlo. Es un poder divino –murmuro Izzy, que leía algo en un correo de Gennai. Le había pedido información al Agente sobre el Kishin, luego de que Demon lo mencionara. Al principio, no quiso decirle nada al respecto, y el elegido sospechaba que tenía algo que ver con lo oscuro que era se tema. Luego de que le informo sobre el juramento del demonio, acepto enviarle un mensaje con todo lo que sabía acerca de ese ser.

-Según Gennai ese monstruo peleaba con GranDracmon, el actual gobernante del Área Oscura, por el dominio de ese lugar. No se sabe exactamente la razón, pero al parecer el demonio sin nombre era más fuerte, pero aun así GranDracmon se las ingenió para ganar. Pero antes de morir, Él prometió que su alma regresaría una y otra vez para vengarse, que todos los que pronunciaran su nombre prohibido perecerían, y lo ha cumplido. Destruye mundo tras mundo, reencarnando y asesinando con una rabia ilimitada sin cesar. Nadie sabe cuándo puede aparecer, y su apodo es sinónimo de muerte y masacre –relato Tentomon, que siempre acostumbraba estar informado sobre cualquier cosa que pudiera ayudar.

-Eso da miedo –murmuro Palmon. Esa misma idea pasaba por la mente de todos.

-Con nuestra suerte, seguro que nos lo encontramos –predijo Mimí, temblando. No era la única. La suerte que tenían era tan horriblemente mala que no se podía creer.

-Y con nuestra suerte, seguro que Murray lo hace peor –opino Joshua-. Me informaron que planea venir a Japón. Si eso pasa, tendremos enemigos en tres frentes –levanto su dedo índice-. Demon y sus legiones del Área Oscura –levanto el dedo medio-, Larios y sus digimon corruptos –levanto el dedo anular-, y Edward Murray y su SGFDBD –ante las caras intrigadas, revelo la sigla-. Servants of God to Find and Destroy all the Beings Digitals. O, en japonés, Sirvientes de Dios para Encontrar y Destruir a todos los Seres Digitales.


El aeropuerto estaba totalmente lleno. Incluso aunque era noche cerrada. Y, en una sección con una pista, que era la única que estaba vacía en ese momento, algo inusual estaba ocurriendo. Un avión pequeño acababa de aterrizar. Varios hombres bien vestidos estaban bajando cajones del aeroplano. Y un hombre de cabello negro, junto a un niño que era claramente su hijo, bajaron juntos al suelo de la cabina de los pasajeros.

-¿Esto es Japón, papa? –dijo el niño en inglés. Su cabello oscuro le llegaba largo hasta los hombros. Sus ojos verdes destellaban en la oscuridad iluminada por incontables luces. Su padre le sonrió.

-Por supuesto, Alphonse –respondió Edward Murray. En ese momento, tres hombres de la sociedad bajaban una enorme maleta. El niño les advirtió que tuvieran cuidado, que esas eran sus cosas. Su padre rió ante el tamaño desproporcionado del paquete. Su hijo seguramente se había traído de todo en esa cosa.

-¿Vas a bajar? –pregunto. Iba dirigido a una tercera persona, que aún estaba sentado en el asiento de pasajero. Este hombre vestía un traje negro petróleo, llevaba el cabello rubio dorado casi al rape, unos labios finos y una expresión de absoluto aburrimiento. Lo más destacable, sin embargo, eran sus ojos grises, libres de toda emoción, y una gruesa cicatriz que le atravesaba la mejilla izquierda, desde el ojo hasta el cuello. Se levantó, bajo del avión, y se inclinó ante Edward.

-Gracias por traerme –su japonés era simplemente perfecto. Empezó a caminar para salir del lugar.

-Espera –lo detuvo el moreno. El hombre con la cicatriz se detuvo y lo observo-. Dijiste que alguien o algo había hackeado tus boletos, y por eso no podías venir en un avión normal. ¿No te parece raro?

-¿Algo? –pregunto el rubio.

-Sí. Un ser que no merece llamarse humano. Y, por lo tanto, no merece vivir. Tal vez ellos fueron quienes sabotearon tu viaje –puso una cara de repugnancia absoluta-. Si es así, puedo ayudarte a cumplir tu misión y encontrar a tu objetivo. Después de todo, es como buscar una aguja en un pajar. Y tú puedes ayudarme, ya que eres más astuto y hábil que los torpes que suelen apoyar la causa –le extendió la mano-. Por supuesto, tendrás un sueldo excelente. ¿Qué opinas, Scar?

Scar dudo, pero solo un instante. Luego, estrecho la mano de Edward Murray. Alphonse, quien vigilaba su maleta, vio toda la escena. Y también una cámara, que en ese momento estaba siendo usada por alguien que no era una autoridad del aeropuerto.

-Scar ha llegado a Tokio. Y esta con Murray –la voz de Andromon, a través del emblema negro, llego a los datos corruptos.

-Maldición. No debe, bajo ningún concepto, llegar a Odaiba. Y tampoco ese nazi de Murray. Aún hay demasiadas cosas en juego –fue la respuesta.

En el cielo, una forma oscura observo la escena. Un ser maligno prestaba atención a cada palabra. Lo que había dicho el instigador pesaba en su mente. Ya habían elegido. Solo había que esperar a la cuarta señal. Y, entonces, ese mundo se acabaría.

Continuara…