Capítulo 13: Canción Élfica

-¿Por qué no intervenimos y acabamos con todo esto de una vez, Juzgador? –pregunto el ser dorado a su compañero. Ellas, la luz que antes había aconsejado y abrumado a ambos digimon con sus conocimientos infinitos, se habían retirado a cumplir con algunas tareas que eran necesarias para prepararse. La Leyenda se estaba acercando, y eso solo traería problemas. Apenas les sobraba tiempo.

-Porque hacer eso podría despedazar la continuidad espacio-tiempo entera –respondió tristemente el Juzgador-. Lamentablemente, solo podemos taparle al instigador sus planes secundarios, pero no tocar el principal. La Maldad Final es algo con lo que nadie debería meterse.

-¡Es horrible! ¿Sabes lo que es estar aquí esperando a que ocurra lo peor? ¡Me da cólera no poder hacer nada al respecto mientras ese malnacido destruye nuestro Multiverso! –el cuerpo brillante y lustroso se retorció en el Vacío oscuro-. ¿De qué sirve ser el Rey Dorado si no puedes hacer nada para cumplir con tu obligación?

-Eres muy impaciente –lo amonesto su pequeño compañero azul y dorado-. La Dimensión Maldita aún no se acerca a este mundo. Cuando lo hagan, que será muy pronto, será tu momento de actuar.

-Supongo que te refieres al día de los recuerdos futuros –el Juzgador asintió. El Rey Dorado soltó un suspiro ahogado-. Qué día más raro que será. ¿Y Plutomon ha confirmado que empezaran a atacar ese día? –nuevamente, el otro digimon asintió-. Aun no puedo creer que fueran tan idiotas como para atrapar a esa cosa tan horrible. El Emperador no tiene idea de en qué está metido, aunque técnicamente, es todo culpa de su nuevo compañero, el Señor.

-Y pensar que solo es otro instrumento del instigador, el quinto. Ya casi tiene todas las piezas en su lugar.

-Y también nosotros, ¿no?

-Sí, Rey Dorado. Solo podemos guiar al elegido de la Leyenda del Final indirectamente –el Juzgador abrió su mano, revelando un pequeño resplandor rojizo-. ¿Quién lo diría? El digimon que ha sido elegido para enfrentarlo, es de hecho, su propio hijo –el ser más grande se sorprendió ante esa declaración-. Si amas algo, déjalo ir. Si vuelve a ti, es tuyo.

-Y si desprecias algo, arrójalo. Si vuelve a ti, te enfrentara para salvar a tus enemigos –el Rey esgrimió dos espadas doradas enormes, que destellaban hermosas en el Vacío-. Es nuestra última oportunidad. Todo esto para llegar a un elegido y su digimon –observo unas explosiones lejanas, donde dos o más monstruos que habitaban ese lugar se enfrentaban-. Que Dios los proteja. Y si no puede, yo mismo lo haré.

-No olvides, sexto, que tú y yo somos Dioses –replico el Juzgador.

-Y tú no olvides, cuarto, que los Dioses no son buenos siempre –remato el Rey Dorado.


Nueva York estaba repleta hasta los topes de personas, a cada cual más nerviosa que la anterior, que caminaban apresuradamente por la calle atestada, pasando a través de los puentes que salían de la conocida isla. Hacia dos mañanas, una llamada telefónica había llegado al escritorio del gobernador del estado. Se habían identificado como una organización llamada SGFDBD, sin aclarar mucho más. Una voz extraña y metálica, digna de un robot, había advertido que habría un atentado terrorista en los próximos días. Justamente, en esa enorme y caótica metrópoli, más precisamente en el área de Manhattan. Primero sospechaban de una broma, hasta que notaron que no podían rastrear el número, ni siquiera con sus equipos de mayor potencia.

En ese momento, sospecharon de un hacker de gran habilidad que estaba jugando bromas. Pero la voz advirtió que primero habría una comprobación de su poder. En el instante de que dijo eso, la oficina tembló. Se descubrió que se había detonado algo en el techo, haciendo que se sacudiera todo el lugar. Era oficial, era una amenaza real.

En la comunicación, que había sido grabada por el FBI, se advertía que el dispositivo que se planeaba usar era de gran alcance y poder. La voz robótica, que suponían que era un distorsionador, había aclarado que se trataba de un arma nuclear. Eso disparo alarmas en todas partes. Luego de pasar por varias deliberaciones, se decidió que había que evacuar la ciudad. Increíblemente, no se había pedido un rescate, ni nada parecido. Eso comenzó a instaurar la teoría de una nueva organización que solo buscaba crear caos. Las autoridades estaban confundidas, pero terminaron tomando una difícil decisión. Había que hacer un rapidísima movilización para vaciar la ciudad y encontrar esa bomba. Era algo muy difícil, ya que eran casi dos millones de habitantes, pero no podían arriesgarse con semejante amenaza.

Las tareas de evacuación estaban casi completas. Muy pocas personas, además del personal militar, aún estaban en la isla. Y una de ellas era Mimí Tachikawa.


-¿Llegaron los soldados? –pregunto Michael, al oír como tocaban a la puerta. Aún no habían evacuado a su novia, así que se había negado a abandonar la ciudad cuando había podido. Algo muy raro pasaba con el registro. A cada momento que lo actualizaban, marcando que la familia aún estaba en la zona, un raro error los marcaba como evacuados, casi como si alguien estuviera saboteándolos.

El joven fue a abrir la puerta, listo para increparles a los militares su error, pero no había un hombre de uniforme tras la puerta. De hecho, no había ni siquiera una persona. Solo una caja, grande como un refrigerador, un simple cartón color madera.

-¿Hiciste un encargo? –pregunto a su novia, que ya había bajado las escaleras. Ella negó con la cabeza. Palmon y Betamon se acercaron al paquete.

-Tengo un mal presentimiento sobre esto, Mimí. Deberíamos dejarlo aquí afuera –opino la Planta.

-¿Pero qué dices, Palmon? Si alguien se tomó la molestia de enviar esta caja, será porque quería que la recibieran –puso una mano sobre el cartón. Le pareció notar un movimiento.

-¡Espera! –su compañera la jalo hacia atrás-. ¡Recuerda que hay una amenaza! ¿Y si es esa bomba que dijeron en las noticias? –eso hizo que la elegida de la Pureza se asustara.

-¡No! ¡Vamos a morir! –se abrazó a ella, lloriqueando como niña. Sin prestar atención a la situación, Michael examinaba el paquete. Betamon también se había acostumbrado, y su fino oído no dejaba de buscar un eco que parecía provenir del enorme envío.

-Hay un sonido. La caja emite un sonido –anuncio a su compañero.

-¡¿Un reloj?! –pregunto Mimí, asfixiando a Palmon con un abrazo demasiado fuerte. Recordaba todas las películas donde se escuchaban relojes por las bombas terroristas.

-No, es una respiración –el Anfibio señalo la caja con su pata delantera-. Hay algo vivo ahí dentro.

-¡Un suicida! –grito la castaña, mientras su compañera forcejeaba para hacerse entender.

-¡No, Mimí! ¡Creo que es un digimon! –al instante, la chica de diecisiete años dejo de llorar. Se acercó lentamente al paquete, y encontró una nota que había pegada en un costado.

-¿''Cuídame''? –la castaña leyó el mensaje con una expresión desconcertada-. ¿Un digimon abandonado?

-No podemos dejarlo ahí dentro –señalo el elegido rubio-. Si está en esa caja, podría asfixiarse.

-Eso es cierto –comprendió su novia-. Pero, ¿cómo la vamos a mover? ¡Es enorme!

-Yo me encargo –respondió Palmon-. ¡Hiedra Venenosa! –sus garras arrastraron él envió hacia adentro, atrayéndolo poco a poco. Sorprendentemente, era más liviano de lo que parecía a simple vista. El digimon no debía ser muy grande. No tenían ni la menor idea de en qué se estaban metiendo. Dentro del envoltorio, el Señor Demonio Belphemon dormía tranquilamente. Por ahora.


-¡Soldado! ¿Por qué no ha sido evacuada esa familia? –señalo el teniente a la casa de los Tachikawa, viendo como arrastraban la caja hacia adentro-. ¿Y dónde está el resto del escuadrón? ¡No he visto a nadie desde hace una hora!

-No lo sé, señor –respondió el soldado, poniéndose firme. Una gorra militar le tapaba parte de la cabeza, y no permitía ver sus ojos.

-¿De qué unidad es usted, soldado? –observo atentamente al hombre, pero no pudo reconocerlo-. No lo conozco.

-Duerma, señor –susurro el supuesto subordinado, alzando la cabeza y revelando sus ojos dorados de serpiente. El teniente intento sacar su arma ante la sorpresa, pero era muy tarde-. ¡Mirada de Medusa! –el militar cayó al suelo, totalmente desmayado. Lyramon volvió a su forma verdadera a la vez que sonreía al ver su obra. Abrieron un portal oscuro, llevándose al teniente de la isla.


En el otro lado de la ciudad, en una zona deshabitada y abandonada, se amontonaban cientos de hombres y mujeres inconscientes. Todos portaban armas y ropa del ejército de los Estados Unidos. Una figura estrafalaria estaba dejando a otros dos oficiales, que no parecían más despiertos que el resto. Piedmon, con una expresión desagradable en su rostro enmascarado, observo el nuevo portal oscuro que traía al digimon corrupto con el teniente.

-¡Este es el último! –anunciaron, dejando al hombre, para luego tronar los dedos. El payaso se acercó a ellos.

-Seguro que me darán una buena explicación de porqué los dejamos vivos –adivino el Hombre Demonio.

-Por supuesto. Si encuentran a todos sus hombres muertos, pensaran en responder y armaran una táctica contra nosotros –el pálido rostro del digimon sonreía al imaginar la situación-. Pero si están vivos, no sabrán que pensar de esta fuerza terrorista. Y como les hemos echado la culpa a la organización de Murray, es de esperar que inicien una investigación exhaustiva. Y él ni siquiera lo sabe –el arlequín admitió mentalmente que el plan era bueno, pero el preferiría hacer una masacre para provocarlos más. Aun no podía contrariar al demonio de ojos dorados. No todavía.

-Bueno, ya sabes que hacer. Espera la señal, y despierta a Belphemon con el control de ultrasonido que activa la alarma –se refería a un pequeño aparato que, con un negro humor, parecía detonador de bomba. Había sido fabricado por Andromon. Colgaba de la cintura de Piedmon como un llavero-. Nosotros tendremos que acelerar el plan con Takaishi. Bueno, es el momento indicado para causar una gran confusión.

El cuerpo brillo en datos rojizos. La forma de los datos corruptos empezó a alterarse, mientras su cuerpo se hacía pequeño y delicado. El cabello castaño, la piel suave, el uniforme verde. Junto al Hombre Demonio, había una copia de Kari Kamiya.

-¿Cómo nos queda? –dijeron, imitando su voz con gran habilidad. El payaso no parecía muy impresionado.

-Horriblemente bien, salvo por los ojos, director –era cierto. Las pupilas aún eran de reptil, y tan doradas como las de una serpiente. Lyramon soltó una risita tan similar a la de la elegida de la Luz que parecía su hermana gemela perdida. Los ojos demoníacos se convirtieron en color caoba. Ahora sí que la imitación era simplemente perfecta.

-¿Van a causar confusión? –pregunto el arlequín, imaginando que se suponía que iba a pasar.

-¡Mucha! ¡Los vamos a dejar patas arriba! –una nueva risita de adolescente-. Para cuando se den cuenta, todo estará listo. ¡Será divertidísimo! –un portal oscuro se abrió bajo los pies del digimon imitador, llevándolo a Japón. Piedmon suspiro de aburrimiento, mientras abría su propio camino a la isla de Manhattan.


Davis caminaba por la calle, mientras V-mon vigilaba desde la mochila. La posibilidad de que la maldición lo atacara exitosamente se reducía cada vez que el dragón acompañaba al elegido a la escuela. Lo había salvado en tantas ocasiones, que la regla de no traer al digimon al colegio no le importaba ya.

-¡Davis! –susurro su compañero-. ¡Mira!

En un callejón, había una especie de recipiente raro. Tenía la forma de una botella, pero el diseño era muy viejo, y parecía árabe. El vidrio era púrpura claro, y tenía la parte inferior voluminosa. Estaba ricamente decorada en color dorado.

-¿Qué tiene esta cosa? –el joven tomo el frasco, observando que estaba muy sucio. Tenía algo escrito, pero estaba lleno de polvo. El elegido empezó a limpiarlo, frotándolo con fuerza, queriendo saber si era otra trampa mortal del Kishin. Entonces, el recipiente tembló y vibro en sus manos. Del susto, lo dejo caer, preparándose para que lo aplastara un piano o algo parecido. Tanto humano como digimon se sorprendieron cuando surgió una extraña niebla rojiza, adoptando una forma singular.

-¡Yo soy el genio de la lámpara mágica! –anuncio el ser humanoide. Tenía músculos por todo su voluminoso pecho desnudo, con la piel verde claro y un turbante blanco. Su barba era fina y negra, y su expresión muy solemne. De la cintura para abajo, la niebla rojiza se ensanchaba y salía de la vasija. La voz era profunda, como si viniera de una caverna. Parecía el típico genio del cine americano-. ¡Te concederé un deseo, amo!

-¡¿Genio?! ¡¿Lámpara mágica?! ¡¿Amo?! –Davis estaba tan sorprendido que no pudo hacer más que gritar. V-mon estaba totalmente anonadado, tanto que quedó mudo por un instante. Sacudió la cabeza para recuperarse de la impresión.

-¡Es como en esa película! –exclamo el digimon-. ¡El genio que concede tres deseos!

-Increíble –murmuro el moreno, observando atentamente al ser árabe. Pero entonces, recordó la película que su compañero había mencionado-. ¡Espera un momento! Los genios son tramposos, y te conceden lo que quieres de forma equivocada a propósito –su expresión se llenó de duda-. ¿Y por qué solo un deseo? ¿No eran tres?

-En realidad, normalmente es así como dices amo, pero este es mi último deseo requerido –respondió el genio verde rápidamente-. Si lo cumplo, por fin podré ir a casa con mi familia, a los cielos donde gobiernan los seres del infinito –alzo sus musculosos brazos, señalando al reino celestial azulado sobre sus cabezas-. Así que pide rápido tu deseo, amo, y te lo cumpliré sin demora –se inclinó frente a él. Davis estaba pensando rápidamente cuales cosas quería ver cumplidas.

-Puedo desear dinero. Puedo desear poder. ¡Puedo desear que Kari se enamore de mí! –ideas de ese tipo pasaban por su mente, pero debía elegir bien si era un solo deseo. Fue entonces, en ese momento, que cayó en la cuenta de que era muy raro que justo él encontrara una lámpara mágica-. Un momento, ¿me concederás el deseo que yo quiera?

-Por supuesto, amo.

-¿Lo que sea, sin importar que tan difícil parezca? –volvió a preguntar.

-Sin duda alguna, amo.

-¡Lo sabía! –señalo directamente al rostro del genio. Este pareció sorprendido por su actitud-. ¡No eres un verdadero genio! –el humanoide adopto una expresión consternada-. Vámonos, V-mon –el dueño del D-3 azul ignoro totalmente la lámpara. El genio aun parecía sorprendido.

-¿Qué pasa con el genio? –pregunto este. Señalo el rostro barbudo, que por un instante se teñía de nerviosismo.

-No hay ningún genio mágico. ¡Es todo cosa de mi imaginación perturbada por culpa de esa condenada maldición! –respondió Davis con sencillez. Su digimon quedo anonadado de nuevo, dado que también veía al hombre que había salido de la lámpara.

-¡Pero yo también lo veo! –replico el Pequeño Dragón.

-Eso es porque las mentes dotadas piensan igual. Estamos tan conectados que ya imaginamos lo mismo –esta nueva explicación sorprendió a V-mon. Sin embargo, luego de pensarlo un momento, entrechoco sus manos.

-¡Tienes razón, Davis! ¡Estamos demasiado nerviosos! –el genio abrió tanto la boca, que parecía que estuviera intentando comerse una hamburguesa de un solo bocado. No podía creer lo que estaba frente a sus ojos.

-Pero… Amo…

-¿Escuchaste algo, V-mon? –pregunto el morocho, guiñando un ojo.

-Yo no escuche nada –respondió el dragoncillo, siguiéndole el juego. Al notar que habían pasado mucho tiempo, y empezaban a tardarse, Davis agarro al pequeño y se lo llevo a toda velocidad, metiéndolo en su mochila. En el callejón, solo quedo el genio, totalmente estupefacto. Se pasó una mano por el rostro barbudo.

-Será más difícil de lo que imaginamos –los datos corruptos tomaron la lámpara, mientras el vapor rojizo dejaba de fluir desde dentro de ella. Brillaron un momento en color carmesí, adoptando una forma distinta. La figura comenzó a caminar lentamente por la calzada. Una figura vestida con un uniforme verde.

-Pero hay que admitir que es divertido –susurraron unas voces en su cabeza. El tono era sarcástico, y estaba revestido de cierta ironía.

-¡Es un completo idiota! –replicaron otras, sumergidas en un remolino de risas sin parar.

-¿Qué esperábamos? Ese chico cree que la vida es una experiencia agradable –sentenciaron otras conciencias, bastante frustradas por el incidente.

-Habría que demostrarle que se equivoca –opinaron las que habían hablado segundas, soltando risitas perversas-. No será sencillo.

-Como si no nos diéramos cuenta –replico Lyramon en voz alta.


Davis dejo escapar un suspiro de alivio al notar que habían llegado a tiempo, con unos minutos de sobra. A pesar de estar cargando la mochila enorme donde se escondía su compañero, su buena constitución física le permitía soportarlo sin muchos problemas. En la entrada, vislumbro a otro joven con un cabello negro azulado, que estaba siendo acosado por varias chicas guapas.

-¡Ya les dije que tengo novia! –parecía que esas palabras no entraban en el cerebro de las adolescentes, todas ellas emocionadas de estar junto al gran Ken Ichijouji. Para salvar a su amigo, el elegido del Valor y la Amistad le paso un brazo por los hombros.

-¡Si, eso es cierto! Sale con una chica de un año superior, mucho más bonita que todas ustedes –al oírlo de otra persona, las jóvenes por fin lo entendieron y se marcharon, decepcionadas. Ken suspiro.

-Gracias. Estaba empezando a pensar que iban a comerme –se oyeron unas risitas dentro de ambas mochilas. Debido a la amenaza constante de un ataque sorpresa, todos los elegidos habían acordado traer a sus compañeros digimon al colegio. Wormmon asomo la cabeza.

-¿En serio piensas que Yolei es así de guapa? –pregunto al morocho. Davis puso una expresión graciosa.

-No, pero no podía dejar a Ichijouji con esas locas –iba a agregar algo más, pero un puño se estrelló cual meteorito en su cráneo. Una cierta chica de cabello lila agarro a su novio del brazo, sacándole la lengua a las demás interesadas.

-¡Él es mío! –declaro ella, mientras su víctima se agarraba la cabeza adolorida. Iba a tocarse, pero una mano lo detuvo.

-Si te lo tocas, dolerá más. Con tu cabeza dura, solo espera unos cinco minutos y estarás bien –Joshua bostezo, tronando los dedos de sus manos. Parecía haber estado ocupado con ellas, seguramente frente a alguna computadora-. Por cierto, se ha confirmado oficialmente que son pareja.

-¿Nosotros? –pregunto Ken. El italiano negó con la cabeza, señalando disimuladamente. T.K. y Sophia caminaban de la mano, causando que docenas de miradas como dagas se clavaran en la espalda del rubio. El moreno se olvidó completamente de su dolor, y fue corriendo a saludarlo.

-¡Hola, T.K.! ¡Veo que tienes mucha suerte! –las mejillas del elegido de la Esperanza se tiñeron de rosado, y la alemana soltó una risita, ante esa afirmación.

-Gracias, Davis. Por cierto, Kari es toda tuya –afirmo ella. Los ojos del elegido del D-3 azul se abrieron como platos, mientras el color rojo de la cara de T.K. se hacía más oscuro.

-¿De verdad? –Sophia asintió con la cabeza-. ¡Sí! –el joven prácticamente salió corriendo, buscando a la elegida de la Luz, mientras un chillido escapaba de su enorme mochila a causa del movimiento apresurado.

-¡Davis, recuerda que estas maldito! –replico V-mon, pero su compañero estaba demasiado ensoñado para escucharlo.

-Eso estuvo de más –señalo el rubio. Su novia esbozo una sonrisa nerviosa pero satisfecha.

-Tengo que irme –le dio un beso rápido en los labios, dejándolo un poco atontado. Ni siquiera noto que era raro que ella se separara de él, si estaban en la misma clase.

-Adolescentes idiotas –murmuro Joshua, viendo toda la escena con gran desdén. Aferro su estómago súbitamente, respirando con dificultad. Miro a todos lados, asegurándose de que nadie lo viera. Nadie debía enterarse. La compasión ajena era irrelevante.


La pelota entro volando con gran precisión dentro del aro. El rubio coloco una sonrisa ganadora. Y Davis agradeció estar en el mismo equipo. La habilidad de T.K. para el basquetball era impresionante. Desde el círculo de porristas, Sophia le arrojaba besitos, mientras Kari, a un par de metros de distancia, apretaba los dientes para reprimir su rabia.

-¡Se acabó el tiempo! –anuncio el profesor, luego de tocar su silbato. El equipo ganador comenzó a festejar. Davis, T.K. y Ken entrechocaron las palmas.

-¡Somos invencibles! –anuncio el moreno. Una voz desde las gradas le bajo los humos.

-Será porque estas en el mismo equipo que T.K. –Joshua escribía en varias enormes hojas de papel a la vez, a una velocidad a la cual sus dedos eran borrosos. Se veía un poco extraño, allí sentado en las gradas, vestido con el uniforme de deportes, a pesar de que no había participado en lo absoluto, ni ese día ni en ninguna clase anterior.

-¡Que mal amigo eres! Por cierto, ¿qué haces allí? –le replico Davis.

-Certificado médico –levanto rápidamente una hoja de papel firmada con una letra casi ilegible.

-¿De qué enfermedad? –quiso saber Ken.

-Tengo las rodillas flojas –fue la sencilla respuesta.

-¿Rodillas flojas? ¡Estoy seguro de que ese papel es falso! –respondió el elegido de las antiparras.

-Tan falso como tus esperanzas.

-¿Qué dijiste?

-Nada –el italiano se hizo el desentendido, mientras continuaba escribiendo quien sabe qué cosa.

-Seguro que algún informe sobre OVNIs –pensó su amigo. Todos los jóvenes se marcharon a sus respectivos vestidores, mientras una nueva mirada de odio era intercambiada por las dos castañas. Casi se podía ver la intención asesina que tenían con la otra.

Mientras el joven se miraba al espejo, tratando de lucir gallardo, algo extraño apareció. Una sombra rojiza tomo forma, mientras el genio árabe aparecía en el reflejo detrás de él.

-¡Amo! –exclamo el ser musculoso.

-¡Tu otra vez! –se sorprendió el amo-. ¿Qué quieres?

-Según la ley de los genios, debo conceder el deseo del amo que frote la lámpara. Si cumplo este último deseo, podré ir a los cielos junto a mis hermanos. Por favor, amo, déjeme concederle su deseo –la voz del genio era suplicante.

-¡Que no escucho nada! –grito Davis, atrayendo la atención de muchos de sus compañeros. Joshua alzo una ceja-. ¡Mira lo que me hiciste hacer! ¡Ahora creen que hablo solo!

-¿Desea que los haga desaparecer? –pregunto el árabe, colocando juntas las palmas.

-¡No! ¡Quiero que tú desaparezcas! –se alejó del espejo, mientras varios jóvenes se reían. La figura del genio en el espejo era realmente una ilusión generada en la propia mente y alma de Davis. Sin duda, solo el elegido podía verlo. Prácticamente era lo mismo que estar loco.

-¡Este chico tan terco! –exclamo el digimon corrupto. Se alejaron del gimnasio, con su disfraz, subiendo rápidamente al techo. Sin que nadie los viera, sacaron un cigarrillo, y lo encendieron. Disfrutaron del humo mientras hacían aros blanquecinos.

-¡Es extremadamente idiota, o extremadamente inteligente! –replicaron unas voces furiosas.

-Lo primero, definitivamente. Es tan divertido que ya es molesto –opinaron unas terceras.

-¿Qué hacemos mientras tanto? En la próxima clase, no podremos hacer el número del genio –alegaron unas cuartas.

-Bueno, podríamos ir viendo los primeros episodios de esa serie que encontramos –sugirió el digimon corrupto en voz alta. Arrojaron el cigarrillo al suelo y lo pisotearon para apagarlo.

-¡Perfecto! –opinaron las voces segundas y cuartas a la vez.

-Son unas dos horas. O sea, entre cuatro y cinco episodios –puntualizaron las terceras.

-Son trece en total, creemos –la mano se deslizo por un costado, atravesando un portal oscuro, y sacando una mochila azulada. De ella, extrajeron una computadora portátil, la encendieron, y se conectaron a la Internet satelital. En la pantalla apareció un logotipo del emblema negro. Luego de navegar un minuto, entraron a una página en la cual se reproducía anime. Rápidamente, seleccionaron uno que estaba en la lista de recientes, con la imagen de portada de una chica de pelo rosa que parecía tener orejas de gato en la cabeza.

-Veamos si es tan gore como dicen –eligieron la opción del capítulo uno, en pantalla completa. Oprimieron sobre el botón de reproducir. Inmediatamente, una música bastante tenebrosa en latín comenzó a ser emitida desde el ordenador, mientras se vislumbraba como esa misma chica extraña de las orejas dejaba caer una lágrima.

-¿Un opening muy tétrico? ¡Genial! –dijeron cientos de voces a la vez, mientras Lyramon se recostaba sobre el duro suelo de concreto, cual almohada de plumas.


Izzy observo la pantalla de su portátil, sorprendiéndose de la escena que estaba ante sus ojos. Estaba viendo, a través de un programa de video, como Mimí y Michael le mostraban al digimon que había sido ocultado en la caja de cartón.

Tenía el aspecto de una pequeña criatura peluda, aunque no era exactamente pequeño. También se parecía bastante a un bebe oso pardo, y tenía el tamaño de uno. Su cuerpo estaba cubierto con extrañas cadenas que brillaban con un tono azulado, las cuales ataban todo su cuerpo y un reloj despertador. En su cabeza, dos líneas de cuernos alineadas enmarcaban unas interesantes cicatrices y un par de cuernos enorme. Dos orejas púrpuras terminaban de darle un aspecto muy lindo y mono.

Lo más raro de todo, estaba profundamente dormido, y eso que intentaron todo para despertarlo. Pero no dejaba de roncar, haciéndolo aún más adorable.

-¿Saben que digimon es? –pregunto Palmon.

-Ni la menos idea –respondió Izzy-. Probablemente sea un pequeño de nivel novato, aunque eso de las cadenas y los cuernos es raro.

-Tengo un mal presentimiento –Tentomon se encogió-. Me parece familiar.

-¿De esta cosita? –Mimí comenzó a reírse-. No es nada amenazante –el digimon soltó un bostezo débil. La joven se agarró las mejillas, agitándose de emoción-. ¡Qué lindura!

-¿Seguro que no quieres una copia del analizador para saber de qué digimon se trata? –pregunto el pelirrojo.

-¡No es necesario! Se lo preguntaremos cuando despierte –respondió la elegida de la Pureza, sonriendo.

-¿Y qué pasa con la amenaza? –pregunto Michael.

-Dicen que no los evacuaron por un problema técnico, ¿no? Debería ir a revisar qué pasa con esos registros. ¡Nos vemos! –Izzy apago el programa-. ¿Qué crees que sea, Tentomon?

-Ni idea. Ese digimon es un poco raro, pero no parece tan terrible –el Insecto se rasco la cabeza con sus patas-. ¿No sería mejor traerlos a través del Digimundo?

-Usaremos eso en caso de una emergencia, pero esto es cada vez más sospechoso. Tal vez el monstruo de ojos dorados este tendiéndonos otra trampa –su celular sonó con una tonada electrónica. Lo tomo junto a su oído-. ¿Sí? ¡Hola, Davis! –la mano del elegido tembló un poco-. ¿Qué? ¿Estás seguro? –se quedó unos segundos sorprendido-. Está bien, le avisare a Tai. Voy para allá. Que no hagan nada hasta que lleguemos –corto rápidamente. Tentomon empezó a preocuparse a lo grande.

-¿Qué sucede? –pregunto, nervioso.

-Hay que llamar a Tai urgentemente. Paso algo muy extraño –respondió su compañero, con una mirada enigmática y pensativa.


-¡No, pobrecita Nana! –gritaron los datos corruptos, mientras una lágrima caía de su ojo derecho-. ¡No se lo merecía, era una buena chica! –cerraron el ordenador luego de comprobar la hora. Querían ver cuanto antes el resto. Ya con el primer episodio, los había atrapado la historia, además de la cantidad de sangre y mutilaciones. Aun así, les recordaba a ellos. Olvidados y arrojados a la Oscuridad.

-Nunca más. Nunca más allá –susurro una voz mental.

-Y es por eso que hacemos lo que hacemos –se respondieron. Cambiaron de forma, convirtiéndose en el genio de la lámpara. Tenían una oportunidad en el descanso de convencer nuevamente a Davis, y esta vez no se iban a permitir un fallo. Se suponía que ese chico era ingenuo, pero había serlo resultado tanto que rayaba en la estupidez.

-Va a ser divertido.

-¡Queremos ver su cara de sorpresa!

-Más aun… ¡Queremos ver su cara cuando lo descubra!

-En ocasiones, es entretenido ser un demonio –sonrió pícaramente Lyramon.


-¡Al fin! –Davis estaba agotado de tantas clases. Todos los alumnos ya se estaban yendo. Sin embargo, él tenía que ir a comprobar que V-mon no hiciera alguna travesura. A veces era difícil tener un digimon compañero. En ese instante, un destello púrpura le llamo la atención-. ¡No otra vez! –se lamentó, viendo que la lámpara acababa de aparecerse en la parte trasera del salón.

Se acercó lentamente a la botella alargada, sin darse cuenta de que ya se había vaciado todo el lugar. Antes de que lograra tocarla, el genio salió con su habitual niebla rojiza, exhibiendo sus abultados músculos.

-¡Amo! –llamo el digimon corrupto disfrazado. Davis se golpeó la frente con la palma.

-Te dije que te fueras –replico, frustrándose. El falso genio coloco una muy creíble expresión afligida.

-Pero solo es un deseo, y tengo que cumplirlo obligatoriamente. No soy un invento de vuestra imaginación, amo, soy tan real como usted.

-Está bien, te creo –respondió el elegido, harto de tener que tratar con el árabe-. ¿Qué clase de deseo puede ser?

-El que usted desee, siempre y cuando no sea algo relacionado con los dioses y los Dioses –respondió el genio. Davis no entendió del todo eso último, pero suspiro de lastima.

-Entonces supongo que no puedes hacer nada con esta maldición, ¿verdad? –los datos corruptos fingieron examinarlo detenidamente.

-El Dios Demonio del Área Oscura. No, yo no puedo deshacer esta maldición, pero se quien si puede. ¿Desea usted que le retire esa condena? –colocaron una secreta mirada maliciosa.

-¡De inmediato! –ordeno el amo, fingiendo ser importante sacando pecho. El genio se inclinó levemente en una reverencia cortes, y luego atravesó el salón, flotando sobe sus piernas nebulosas, hacia la puerta. Se detuvo un segundo y giro la cabeza.

-Espere aquí, amo. Traeré a quien puede retirarle la maldición de inmediato. Pero es mi deber advertirle que habrá un pequeño precio de parte de esa persona –Davis coloco una expresión nerviosa-. ¡No se preocupe! Es un precio muy pequeño por tan grande favor, amo –atravesó la puerta rápidamente. El joven elegido se quedó esperando, creyéndose afortunado de que por fin se libraría de esa horrible maldición. Se sentó en su banco, mirando hacia el techo, imaginándose quien podría ser la persona capaz de ayudarle. Seguramente debería ser alguien increíble.

-¡Davis! –esa voz tan familiar. El moreno se levantó rápidamente, viendo que Kari acababa de entrar. Vestida con el uniforme verde, su cabello castaño arreglado y peinado, hasta llevaba un ligero maquillaje y lápiz labial rosa. Estaba muy guapa, tanto que al joven se le quedaron los ojos abiertos hasta el máximo posible.

-¿Qué pasa? –pregunto ella, parpadeando con sus largas pestañas de una manera que lo dejaba anonadado-. ¿Por qué te quedaste?

-Esto… –busco una excusa para no tener que argumentar que esperaba a alguien traído por un genio-. Bueno, lo que pasa es que tenía un poco de miedo con todo eso de la maldición del demonio y los accidentes mortales.

-Oh, es cierto –sin que se diera cuenta, ella había aparecido a su lado. Davis trago saliva ante la hermosa visión frente a él-. Yo también tengo miedo, ya sabes, de que algo te pase –miro hacia un lado, entristecida-. Si algo te pasara, no sé qué podría hacer. Eres muy importante para mí.

-¿En serio? –ya se estaba emocionando. Se imaginó otra decepción, pero esta vez parecía real. Kari se sentó junto a él, apoyándose en el respaldo de la silla. Sus labios temblaban.

-Sí. Si algo te pasara… Tengo miedo. Tengo miedo de no volverte a ver –le agarro la mano, colocándola entre las suyas. Estaban cálidas y suaves. Davis empezó a pensar que era un sueño. Pero no, no podía ser que fuera tan real. Eso tenía que ser un sueño hecho realidad.

-¿Kari? –pregunto él, sin poder contener su emoción. Dos líneas de lágrimas caían de sus ojos, mientras ceñía su mano. Su voz se había quebrado. Sus rostros estaban a cada momento más cerca.

-Nunca te lo había dicho, pero… –ella alargo sus brazos, casi abrazándolo-. Te amo. Siempre te he amado.

Davis se quedó de piedra, atrapado entre la emoción y la vergüenza. No podía creerlo. Había estado esperando pacientemente cuatro años por esa confesión. Y ahora que por fin la había escuchado, no sabía qué hacer. Durante un instante, pensó que ella lo abrazaría o algo, y cuando vio que Kari acercaba su cara a la suya y cerraba sus bellos ojos, lo comprendió. Siguiendo la situación, se acercó lentamente a ella, mientras bajaba sus parpados. Los rostros de ambos estaban rojos de la timidez, pero tan solo faltaban tres centímetros. Dos. Uno solo.

Sus labios se encontraron.

Era dulce, muy dulce. Jamás había probado nada tan genial. Davis estaba emocionado. Su cerebro estaba trabajando a toda máquina, mientras todo su cuerpo temblaba de la emoción.

-¡Lo logre! ¡Al fin lo logre! ¡Kari me ama! –pensó, ya sobrado de turbación, pero también muy feliz. Sentía como ella movía los labios, aun con los ojos cerrados, y eso le encantaba aún más. Tenía que ser el paraíso.

-¡¿Qué diablos es esto?! –grito una voz sorprendida. El elegido abrió los ojos, sorprendido, y se sorprendió aún más. Allí, junto a la puerta abierta, acompañada por el dragoncillo azul y la gata blanca, estaba Kari, sin arreglos ni nada, la misma de siempre. Y también estaba junto a él, maquillada y hermosa, aun con sus labios tocándose. Había dos Kari.

-¿Quién eres tú? –pregunto Gatomon a la segunda castaña, que ya había despegado sus labios de los de Davis. Su expresión parecía a medias de sorpresa, y a medias de risa, como si la hubieran atrapado haciendo una broma.

-¡Huy! No los esperábamos tan pronto –murmuro para sí misma. El elegido del Valor y la Amistad retrocedió, sorprendido. Si la de su izquierda era Kari, ¿quién era esa chica? Ella pareció responderle con una sonrisa.

-¡Davis, aléjate de esa chica! –V-mon y Gatomon se pusieron entre el joven y la castaña que sonreía. La chica había bajado la mirada, y cuando la subió de nuevo, sus ojos estaban dorados y rajados como los de un reptil.

-Que lastima, nos estábamos divirtiendo –los digimon y sus compañeros ahogaron un grito.

-¡Larios! –acusaron todos al unísono. La falsa Kari soltó una risita. Sus ojos de demonio quedaron fijos en Davis.

-¿No fuimos suficientemente buenas? –fingieron estar avergonzados. La cara del elegido ardía, y estaba más rojo que un tomate. Nunca se habría imaginado un truco tan sucio.

-¡Pagaras por esto! –el Pequeño Dragón se lanzó hacia ellos-. ¡Cabezazo V-mon! –Lyramon se apartó con suavidad, dejando que el digimon golpeara la pared con un sonido romo. Gatomon apareció por el otro lado.

-¡Golpe de Gato! –esta vez, atraparon la garra, y la arrojaron directo contra el dragoncillo. Los dos cayeron en un confuso montón, fácilmente derrotados.

-¿Acaso son tontos? –preguntaron los datos corruptos-. No pueden vencer así a un digimon de nivel mega. Acaban de desperdiciar el primer ataque –se apartaron a un lado, previendo que Davis lo intentaría a los puñetazos. Sí que estaba furioso. Esquivaron sin problemas todos sus golpes, y luego lo empujaron sin problemas con la palma de su mano-. Otro más –el elegido choco contra el muro, quedando inmóvil por un instante.

-¡Eres un malvado! –le acuso la elegida de la Luz. Su doble soltó una risita más, salto de una manera inhumana, tomo a la chica de la mano, y la arrastro sin problemas fuera del salón. Gatomon se recuperó rápido al ver la escena, y salió a perseguirlos.

Cuando llego afuera, las cosas sí que se habían complicado. Ambas Kari se agarraban de los pelos, rodando por el suelo. Los ojos de ambas estaban teñidos de dorado. El lazo de almas estaba completo.

-¡Deja a Kari! –grito la gata a la chica que parecía estar ganando. La joven se detuvo un segundo, aparentemente sorprendida, solo para que la otra la empujara a un costado. Ambas se miraron un instante, y luego miraron a la digimon con una coordinación que parecía ensayada.

-¡Atácalos! –ordenaron ambas a la vez. Gatomon parpadeo, sin saber a cuál hacer caso. Davis y V-mon, detrás de ella, se rascaban las cabezas.

-¿Cuál es la verdadera? –preguntaron a la Bestia Sagrada. La gata se dio la vuelta lentamente, consternada.

-No tengo idea –susurro, totalmente confundida y asustada. No era para menos. Las dos chicas tenían los ojos dorados. Eso significaba que la auténtica Kari tenía esos ojos. Y, aún peor, no podía distinguir cual era cual.

-¡Nosotras somos las verdaderas! –afirmaron ambas a la vez, con idénticas gesticulaciones. Se miraron la una a la otra como si estuvieran hablando con Sophia-. ¡No es cierto! ¡Nosotras somos las reales! –se agarraron del uniforme y comenzaron a forcejear nuevamente. Gatomon las separo, intentando oler a la auténtica, pero ambas tenían el mismo aroma.

-¿Por qué hablan en plural? –pregunto V-mon. Davis se encogió de hombros. Aún estaba abochornado porque había besado al digimon corrupto. Intento pensar en una solución, pero no se le ocurría nada. Si eran así de idénticas, parecía imposible.

-No sé –el elegido suspiro mentalmente. Bueno, si él no podía diferenciarlas, sabía quién sí-. ¡Quédense las dos donde están! –ambas castañas dejaron de pelearse, mientras el moreno sacaba su celular-. Voy a llamar a Izzy. A lo mejor, entre él y Tai encuentran como resolver esto.


-Tenemos que llegar a Nueva York –dijo el joven rubio.

-¿Por qué? ¿Va a pasar algo? –pregunto un pequeño digimon negro y púrpura de largas orejas.

-Sí, definitivamente va a pasar algo. Un monstruo va a despertar –respondió el elegido, mientras miraba fuera del camión que lo llevaba a la ciudad. Llegarían en poco tiempo, solo tenían que esperar que no fuera tarde.

-¿Un monstruo? –este que pregunto no era el mismo digimon. Había un segundo, de color crema y verde. Aparte de esos detalles, parecían casi idénticos.

-Uno horrible. Pero no tanto como lo que pasara después –su rostro estaba pálido. Parecía asustado. Había tenido un presentimiento espantoso, el más aterrador en toda su vida. Algo estaba viniendo, algo que era tan terrible que hacía ver las cosas que ya había visto como insectos. Algo enorme, algo malvado, algo muy poderoso, algo que era tan pavoroso que todo lo demás palidecía-. Uroboros está viniendo.

-¿Uroboros? –preguntaron ambos digimon a la vez. El joven asintió. Estaba asustado. Pero no abandonaría a sus compañeros. Ellos no lo habían hecho.

-Uroboros, el Infinito. El más poderoso de todos, el que está en la cima –Willis levanto la cabeza-. El más grande de los demonios.


Ya habían pasado tres horas, y la situación no paraba de empeorar. Casi todos los elegidos, humanos y digimon, se habían reunido en el patio de la escuela, ya acabadas las clases, y aun nadie encontraba una solución. El problema, simplemente, era demasiado grande.

Las dos Kari se habían sentado en una banca, enfurruñadas. Tai las miraba alternativamente sin encontrar nada útil. Había intentado que respondieran por separado anécdotas vergonzosas que solo ellos dos sabían, pero ambas habían contestado correctamente, muy abochornadas. Eso lo había sorprendido mucho. No entendía como Larios había sido capaz de hacer semejante cosa. Luego de que Ken llegara, había teorizado que tenía la capacidad de leer la mente, y eso podría explicar cómo pudo meterse en su cabeza y hacer esa extraña duplicación que le había costado su protección sagrada.

Yolei también intento con algunas cosas que solo ella y su mejor amiga deberían saber, pero acabo confundida. Finalmente, tuvieron que aceptar que seguramente la teoría del elegido de la Bondad era cierta. Si el digimon corrupto leía la mente, estaban en un punto muerto. No había manera de diferenciarlas, sin importar que supieran. Y también habían comprobado su capacidad de transformarse. No parecía haber ninguna diferencia física, con excepción de que ambas tenían los ojos dorados, lo cual era preocupante. Hasta sus gestos eran duplicados a la perfección.

Cody sugirió llamar a Gennai, pero por alguna razón no fue posible. Izzy sospechaba que habían interferido la línea de alguna manera. Intento todos sus trucos, pero tuvo que admitir que la capacidad de hackeo de Andromon era superior.

Matt y Sora se quedaron atrás, aun pensando en el dilema de que sus digivice parecían no funcionar. Joe y Joshua no habían podido ir, pero estaban en contacto vía Internet. A Davis aún le extrañaba que el investigador no hubiera llegado. Entonces recordó su supuesta enfermedad, y se preguntó si era más grave de lo que parecía.

En conjunto, estaban todos confundidos y sin ideas. Simplemente, este era un problema que no podían resolver.

-¡¿Que quieren decir con eso?! –chillaron las dos Kari, en un acto que parecía casi practicado-. ¡Tiene que haber una manera de que se den cuenta de que ellas son unas impostoras! –se señalaron la una a la otra-. ¡Dejen de imitarnos!

Tai comenzó a pensar en cuanto haba cambiado su hermanita. Con la adolescencia, había dejado totalmente su anterior forma de actuar, y aún más cuando conoció a Sophia. Una idea cruzo por la mente del moreno.

-Matt, llama a T.K. Que traiga aquí a Sophia. Tal vez eso pueda ayudar –sugirió el elegido del Valor. Nuevamente, hubo más y más protestas de las castañas, alegando que preferían limpiarle los colmillos a Myotismon que recibir ayuda de la chica de ojos negro.

-No hay más opción –se resignó Tai, sabiendo lo mucho que odiaba a esa joven, y sin razón válida. Otro cambio que no le agradaba nada.

-Sophia no está con T.K. –informo el rubio, reprimiendo un suspiro de alivio. Lo que menos necesitaban ahora era a un par de chicas celosas peleándose por su hermano-. Viene para acá, y dice que tiene algunas ideas.

Media hora después, el elegido de la Esperanza probó sus planes. Eran bastante innovadores, pero también fracasaron. El color de la sangre también había sido duplicado, así que no apareció el verde que habían visto en la batalla del concierto, sino el mismo rojo en ambas chicas. Aun no descubrían porque las dos tenían los ojos dorados, y porque hablaban en plural.

-Tal vez ambas son falsas –sugirió T.K. Esa idea, obligatoriamente acompañada del pensamiento de que la auténtica había sido secuestrada, les puso a todos los pelos de punta.

-¿Creen que sea así? –pregunto Yolei, aterrándose. Poromon dio un enorme salto, agitando sus alillas.

-¡Eso no puede ser! ¡No puede haber otro como Larios! –aterrizo, observando a ambas castañas-. Estoy seguro de que una de ellas es la auténtica Kari.

-Gracias por apoyarnos –respondieron las gemelas a la vez.

-Bueno, yo también quiero creer eso –el rubio menor suspiro, buscando ideas-. ¿Intentaron que digievolucionaran a Gatomon? Solo la verdadera podría.

-Ya lo sugerí, y no funciono –se escuchó la voz de Joshua desde la computadora de Izzy.

-Los D-3 brillaron a la vez. Ni idea de cómo Larios duplico el digivice –informo Tentomon.

-Ya no se nos ocurre nada –Gatomon tenía las orejas abajo, casi en el piso-. ¿Qué pasara si no podemos averiguar cuál es la verdadera?

Una imagen de dos Kari en la escuela, peleándose constantemente entre ellas, haciendo que Sophia se sorprendiera, se pasó por la cabeza de Davis. Era bastante cómico, aunque también perturbador. Sacudió la cabeza para sacarse las ideas fantasiosas.

-¡Vamos a averiguar cuál es la verdadera! –intento una idea tonta que se le acababa de ocurrir, que hasta él notaba inútil, pero de seguro levantaría el ánimo general-. ¿Larios no es un digimon demonio? ¡Hay que buscar cuál de las dos tiene cuernos en la cabeza! –se señaló el cabello. Ambas chicas idénticas pusieron expresiones de molestia.

-¡No es momento de bromas! ¡Tú idea es ridícula! –grito la derecha.

-¡Sí! Ni que fuéramos diclonius –agrego la izquierda.

-¿Di qué? –pregunto V-mon. Tai se encogió de hombros, sin saber de qué hablaba, así que todos volvieron a quemarse la cabeza buscando una solución. Todos, menos T.K. Esa palabra, sumada a la actitud normal de Kari, el complejo de hermana de Tai, y sus propias experiencias, indicaba una cosa. ¡Bingo! Ya tenía la respuesta. Solo había un pequeño problema. Tenía que hacer que Larios abriera su enorme bocota. Un problema muy pequeño.

-Si fueran diclonius, quedarnos aquí tan cerca sería suicida –comento él, fingiendo despreocupación-. Nos cortarían las cabezas antes de que pudiéramos hacer nada.

-¿Cerca? –rebatió la Kari izquierda-. Estas a más de tres metros. Ni siquiera Nana llegaría hasta allí –puso una expresión de tristeza-. ¡Pobrecita Nana!

-¡Te atrape! –el rubio señalo a la derecha rápidamente-. ¡Tú eres la real!

-¡Sí! –la elegida de la Luz se separó rápidamente de su doble, parándose junto a T.K. Sus ojos volvieron a su tono normal-. ¡Sabía que podías lograrlo! –una parte en su corazón aún tenía fe en que él la quisiera. Nunca podría perder esa Esperanza.

Todos los jóvenes festejaron, rodeando a la castaña. Los digimon se pusieron delante, sin perder de vista al digimon corrupto, que había bajado la mirada, dejando su rostro duplicado en unas sombras muy reveladoras.

-Si no es mucha molestia, quisiéramos preguntar algo –todos los jóvenes voltearon a verlos-. ¿Cómo lo supiste?

-Kari jamás usaría la palabra diclonius –informo el rubio-. Tai no la dejaría ver la serie de Elfen Lied. Pensé que si no podíamos usar información que ella sabía, teníamos que utilizar algo que tú supieras.

-Excelente. Una deducción muy inteligente –se echaron a reír-. ¡Por supuesto que no dejaría a su hermanita ver esa serie! Demasiado malvada, psicológica, gore, y sin contar los desnudos –el digimon corrupto miro a Matt sin ninguna discreción-. ¿Tu hermano sabe que ves ese tipo de series?

-¿Desnudos? –el elegido de la Amistad miro a su hermano menor de forma incomoda. La cara de T.K. se puso como un tomate al sol.

-¡Después te lo explico! –señalo a Lyramon-. ¡Tenemos aquí a Larios! ¡Es una oportunidad irrepetible! –todos asintieron, acordando con su idea. Sin el líder, el ejército de los datos corruptos debería desmoronarse. Ante esa situación, el Demonio Corrupto se echó a reír nuevamente. Su cuerpo brillo en rojo carmesí, tomando una nueva forma. Una chica de cabello rosado, con unos ojos rojos, vestida de manera estrafalaria, y con unos curiosos cuernos en la cabeza, apareció ante los elegidos y los digimon. Su sonrisa era tan inocente que no te daban muchas ganas de atacarla.

-¿Nyu? –murmuraron, con una vocecita que combinaba con la imagen. Todos en la escena estaban confundidos y sin habla.

-¡Hey! ¿Qué paso? ¿Murieron todos y debo llevar mi pala para cadáveres? –hablo el italiano desde la portátil. Como respondiendo a ese comentario, la chica rara se echó a llorar. T.K. sacudió la cabeza.

-¡Es un truco! –anuncio a todos. Patamon se adelantó.

¡Patamon digivols a… Angemon!

-¡Nyu! –la chica se tiró para atrás, golpeándose la nuca, lo cual causo más confusión. Cuando se levantó, su cabello le tapaba los ojos. Su mirada era oscura y extraña.

-¿O sea que quieres a Lucy? –la voz era la misma, pero más amenazadora. Ante eso, todos los digimon salieron de su letargo y se iluminaron en luz sagrada.

¡V-mon digivols a… XV-mon!

¡Wormmon digivols a… Stingmon!

¡Poromon digivols a… Hawkmon!

¡Hawkmon digivols a… Aquilamon!

¡Upamon digivols a… Armadillomon!

¡Armadillomon digivols a… Ankylomon!

¡Tentomon digivols a… Kabuterimon!

¡Gatomon ultradigivols a… Angewomon!

¡Agumon warpdigivols a… WarGreymon!

-Seis campeones, un ultra y un mega. Nos encanta la diversidad –la forma de Lyramon se alteró de nuevo. Ya era suficiente de juegos. El Demonio Corrupto, con sus ojos dorados brillando de poder, se presentó en toda su gloria-. Aun así, no están a nuestra altura.

-¡Eso lo veremos! ¡Cuerno Planeador! –Aquilamon se lanzó primero, pero no golpeo nada más que aire. El demonio ya estaba entre sus compañeros. XV-mon trato de darle un puñetazo, pero acabo golpeando el caparazón de Ankylomon. El dinosaurio intento aporrearlo con su cola, pero termino mandando al dragón azul a volar por accidente.

-¡Es muy rápido! –se quejó Stingmon, luego de que esquivara todas sus técnicas sin problemas. Se deslizaba entre ellos como si estuviera bailando.

-¡Atmósfera Celestial! –una cadena luminosa de Angewomon los atrapo, dejándolos de pie en un solo punto. Kabuterimon y XV-mon aprovecharon la ocasión.

-¡X-Láser!

-¡Electroshock!

Los dos ataques impactaron directo sin problemas. Sin embargo, al disiparse el humo, el digimon mostró no haber sufrido ningún daño.

-¡Control Corrupto! –las cuatro piezas de la Digiarmadura se materializaron en el cuerpo del demonio de ojos dorados-. ¡Esperanza Persistente! –la luz amarilla deshizo los lazos blancos sin dificultad. Lyramon sonrió-. Sus técnicas mágicas son inútiles contra la Greba de la Esperanza. Y, si nos disculpan, queremos evitar los ataques de tipo sagrado. Como han nombrado antes, somos un demonio –pusieron una sonrisa de oreja a oreja. De su bolsillo, extrajeron el digivice corrupto-. ¡Control Corrupto! ¡SkullMeramon, yo te elijo! –una figura musculosa apareció en una niebla formada por datos escarlatas. El digimon corrupto, envuelto en llamas azules, rugió con furia. Los jóvenes elegidos se quedaron de piedra ante lo que acababan de ver.

-¡Esa es la manera en que crean a esos digimon corruptos! –confirmo Cody.

-Ese aparato parece un dispositivo sagrado. ¿Cómo lo consiguió? –pregunto Izzy, sin poder creerlo aún.

-¡Solo es un SkullMeramon! No hay problema –los tranquilizo XV-mon desde el aire, muy confiado. Cuando un lazo blanco se le enrollo alrededor de las piernas y lo arrojó al suelo, todos los presentes voltearon la mirada. Varios lazos más, que ahora se notaba que eran vendas, envolvieron a XV-mon y a Stingmon. Antes de que pudieran reaccionar, dos formas saltaron al centro del campo de batalla.

-¡Hilo de Araña! –Arukenimon escupió una red aérea que atrapo a Kabuterimon y Aquilamon, derribándolos. Ankylomon iba a ayudarles, pero un destello púrpura lo arrojó al suelo. Phantomon agito su hoz para retirar los restos de energía, mientras el Anquilosaurio caía al suelo. Gabumon y Biyomon intentaron atacarlo, pero fueron detenidos por una fila de jeringas voladoras.

-¡Los digimon corruptos mandan! –chillo DemiDevimon, soltando una nueva hilera de proyectiles-. ¡Dardos Demi! –los novatos esquivaron su ataque, viendo preocupados como sus compañeros eran abrumados por los enemigos superiores en nivel.

-DemiDevimon, Phantomon, Arukenimon, Mummymon, SkullMeramon… –enumero Yolei, impresionada-. ¡Son demasiados!

-¡Hay que darles con todo lo que tenemos! –grito Davis. Izzy sonrió ante ese comentario, intercambiando una mirada con su compañero. El Insecto se revolvió en la red de la araña.

¡Kabuterimon ultradigivols a… MegaKabuterimon!

La red, incapaz de retener al enorme ser, se rompió, liberando a sus prisioneros. Arukenimon soltó un grito de sorpresa cuando un enorme escarabajo gigante se arrojó contra ella desde el cielo.

-¡No lo harás! –Mummymon lanzo una Necrophobia rápida con su arma, que impacto en el caparazón del digimon y lo desvió de su trayectoria, pero no hizo mayores daños. La armadura de MegaKabuterimon era demasiado gruesa para ser atravesada por una técnica así. Phantomon apareció repentinamente en el aire.

-Nosotros nos encargamos de él. Mantengan ocupados a los demás –ordeno el Fantasma. Sus compañeros corruptos asintieron, preparándose. XV-mon y Stingmon ya se habían recuperado y desenredado del Vendaje de Serpiente, y tenían a Aquilamon y Stingmon secundándolos. En el cielo, Angewomon tenía sus propios problemas.

-¡Maldita! ¡Flecha Celestial! –LadyDevimon esquivo rápidamente el haz de luz, abriendo los brazos. Su sonrisa no podía ser mayor. El plan iba sobre ruedas.

-¡Onda de la Oscuridad! –una nube de murciélagos se dirigió rápidamente hacia la Arcángel, pero chocaron con un escudo mágico. En el suelo, Kari trataba de distraer a la digimon oscura con insultos, pero ella los ignoraba sin problemas.


Comprobando que su hermana estaba a salvo, Tai centro toda su atención en Lyramon. WarGreymon no le quitaba los ojos de encima. El digimon de ojos dorados sonreía, limitándose a esperar a que su oponente atacara primero.

-¿A que estas esperando? –pregunto el moreno, sin entender cuál era la trampa. El Demonio Corrupto soltó una risita.

-Es muy simple: WarGreymon no puede vencernos. Es cuestión de pura lógica –comenzó a hacer estiramientos como si fuera un deportista-. La misma razón por la que nunca podrá vencer a Piedmon. Como es un digimon cuya especialidad son los dramón grandes y lentos, no tiene oportunidad contra oponentes pequeños y veloces. Lo superamos en poder, además –soltó una risita ahogada-. No tienen oportunidad contra nosotros.

-¡Eso lo veremos! –el Hombre Dragón arranco en un corto vuelo a toda velocidad, directo hacia el digimon corrupto, con las garras en alto. Sin embargo, no pudo tocarlos. Intento de todo, golpes cruzados, fintas, ataques ultra rápidos, pero nada sirvió.

-¡Mega Tornado! –allí mismo, a muy corta distancia, formo su técnica. Lyramon dio un enorme salto, mientras el tornado lo seguía, y se preparó en el aire.

-¡Revelación del Conocimiento! –con el mapa de datos, apuntaron con cuidado hacia el remolino de viento y metal con su guantelete-. ¡Juicio de la Oscuridad!

Las líneas negras, apuntadas con precisión, entraron en un lado del vórtice y lo deshicieron. WarGreymon se apartó, desestabilizado, sin entender como habían logrado eso. Tai también estaba estupefacto.

-¿Detuvo el Mega Tornado? ¡Imposible! –los datos corruptos aterrizaron en el suelo sin problemas, mientras el Hombre Dragón los vigilaba desde arriba. El Mega Tornado parecía inútil. También los Dramón Killer. Y usar el Terra Force en esa zona sería peligroso, además de que podrían llamar la atención de algún espectador, y este saldría herido. Fue entonces que el elegido del Valor comprendió a lo que se refería el digimon corrupto. Sus técnicas eran inútiles en un oponente tan rápido.

-Ya lo has notado –adivino Lyramon, viendo la cara de terror que ponía-. Deberían retroceder ahora. Antes de que sea tarde.

-¡Cállate! –WarGreymon se lanzó hacia ellos. Antes de que Tai pudiera decirle que se detuviera, el digimon corrupto desapareció en un borrón demasiado rápido para ser visto.

-¡Cuchilla de Corrupción Demoníaca! –el pecho del dragón estallo cuando fue alcanzado. Piezas de metal volaron en cualquier dirección. Su compañero estaba totalmente aterrorizado. El digimon cayó al suelo, mientras ellos aparecían junto a él, con su brazo rodeado de energía corrupta.

-¡WarGreymon! –Tai se inclinó junto a al Hombre Dragón, con su corazón temblando. Afortunadamente, noto que solo la armadura de su pecho había sido cortada. Su piel apenas presentaba rasguños menores.

-No es nuestro oponente adecuado. Ten en cuenta esta lección en tu siguiente batalla, Taichí Kamiya –el Demonio Corrupto se estaba alejando, pero una sombra alada paso por el suelo-. Los esperábamos; Takaishi, Angemon –el rubio y su digimon los encararon. Desde atrás, el moreno le hizo una seña.

-¡Tengan cuidado! ¡Es muy fuerte y rápido!

-Lo tendremos –prometió Angemon. Su cuerpo se ilumino en una luz dorada.

¡Angemon ultradigivols a… MagnaAngemon!

El Arcángel les apunto con su espada Excalibur, y hablo con una voz solemne.

-Por lo que has hecho, ¡debo derrotarte!

-Muy bien. Por fin una batalla de verdad. Muéstranos tu gran poder MagnaAngemon, aquel que iguala la fuerza de un Señor Demonio –se pusieron en postura de combate. El digimon sagrado levanto su escudo Beam. T.K. tenía una expresión dura es su rostro.

-¡Aquí vas a morir, Larios!


Izzy arrugo la frente. La batalla no iba nada bien.

Angewomon y LadyDevimon luchaban a la par en los cielos. Paildramon disparaba su Súper Ataque a SkullMeramon, cubierto en llamas azuladas. Ankylomon y Aquilamon trataban de detener a Arukenimon y Mummymon, abrumados por el poder de los digimon ultra corruptos. MegaKabuterimon soportaba los ataques de la hoz de Phantomon gracias a su dura coraza, pero eso no iba a durar.

-¡Mega Tornado! –SkullMeramon salió volando ante el impacto de WarGreymon. A pesar de que su armadura estaba destrozada, el daño había sido mínimo. Aun podía pelear. Tai se posiciono junto a su hermana, viendo como estaba el ambiente en general.

-¡No! –exclamo Phantomon-. ¡No deben interrumpir este combate!

-Interrumpiremos lo que se nos venga en gana –le respondió el Hombre Dragón, volando hasta donde ellos estaban-. No dejaremos que nuestros amigos peleen solos –tuvo que darse la vuelta, con su Escudo Valiente en posición, ya que percibió una llamarada azul proveniente de SkullMeramon. El ataque se estrelló contra las placas de Chrome Digizoid sin causar demasiado daño.

-Estos digimon corruptos sí que son resistentes –murmuro Tai, impresionado.

-Eso no va a servirles para siempre –exclamo Davis, sonriendo confiado. Ante esas palabras, Phantomon comenzó a soltar agudas carcajadas, molestando al joven-. ¿Qué es tan gracioso?

-Que mientras ustedes pierden el tiempo aquí, sus pequeñas amigas al otro lado del mundo la están pasado muy mal –revelo el Fantasma-. ¿O no sabían que el aparentemente inocente digimon que se encontraron no es otro que el poderoso Belphemon?

-¿Belphemon? –pregunto Kari. Izzy puso una expresión horrorizada.

-¡Por eso lo reconocía! ¡Es un Señor Demonio! –el pelirrojo recordó la amenaza, dándose cuenta de algo espantoso-. ¡Es una trampa! ¡Mimí y Palmon están en graves problemas!

-¡¿Qué?! –exclamaron varios de los digimon y elegidos a la vez. Phantomon sonrió para sus adentros. No lo habían dicho porque se les escapara, sino porque era parte del plan.

-¡Tenemos que ir ya mismo a ayudar! –exclamo Ken.

-¿Cómo vamos a llegar hasta allá? –pregunto Cody.

-¡Imperialdramon! –exclamo Yolei-. ¡Con su velocidad, él puede hacerlo!

-Pero aún no sabemos si podremos formarlo –dudo el peliazul, recordando sus fallos anteriores al intentar las digievolución DNA. Su novia le tomo de la mano y la apretó con fuerza.

-¡Si crees en ti no hay nada que no puedas lograr! –le ánimo. El elegido de la Bondad, al escuchar esas palabras, se ruborizo, y también gano algo de confianza. Miro a Davis, que asentía con la cabeza.

-¡Si, vamos a hacerlo!

-Está bien –acepto Ken-. ¡Paildramon! –lo llamo. WarGreymon sustituyo al otro Hombre Dragón, haciéndole frente a SkullMeramon.

-Yo me encargo de este.

-Cuento contigo –aterrizo junto a sus compañeros. Ellos asintieron, levantando sus D-3, y poniendo toda la confianza que podían reunir en su oración silenciosa. El cuerpo de Paildramon se ilumino en una enorme luz sagrada.

¡Paildramon digivols a… Imperialdramon!

El enorme dragón soltó un rugido que sacudió todo el campo de batalla. Phantomon se apartó de su camino inmediatamente. Hasta la Arcángel y la Ángel Caído interrumpieron una loca batalla a cachetazos al ver a ese monstruo.

-No podemos perder aquí tampoco, así que están solos –afirmo Tai. Davis y Ken asintieron, subiendo a la espalda del Antiguo Dragón, siendo cubiertos inmediatamente por el escudo. El digimon alzo el vuelo, acelerando a máxima velocidad, convirtiéndose en nada más que una estela fugaz de sus propulsores.


Willis se bajó del camión, agradeciendo al conductor. En ese instante, un temblor sacudió la tierra, y se pudo oír un rugido horroroso. Estaban en las afueras de la parte continental de Nueva York, y el mal presentimiento del joven aumento aún más.

-¡Eso suena horrible! –exclamo Terriermon, al tiempo que el conductor desaparecía junto a su vehículo en una polvareda. Nadie podía culparlo después de oír ese sonido aterrador.

-Tenemos que apresurarnos –murmuro Lopmon-. Si tu presentimiento es cierto, Manhattan se convertirá en un enorme cráter si ese monstruo está libre allí.

-Y no es lo peor. Lo peor aún está por venir –anuncio funestamente el elegido del Destino, mirando hacia la ciudad. En su mente, aun veía ese símbolo de muerte y devastación.

Una serpiente negra, con ojos rojos, que se mordía la cola en un círculo, enmarcando una estrella de siete puntas, con unas antiguas grabadas alrededor. El emblema del séptimo.

Continuara…