Capítulo 14: La Furia de Belphemon
No había forma de pararlo. Parte de Manhattan, en la zona de Midtown, estaba en ruinas. Una figura se movía entre los edificios, y a su paso había cada vez más desastre.
Entre los escombros regados por doquier, restos de lo que antes fuera un centro comercial, una mano surgió de entre una montaña de polvo. Mimí se incorporó, tosiendo a causa de la polvareda resultante de la última técnica del Señor Demonio. La cantidad de destrucción que causaba con cada ataque era brutal. Si sus compañeros recibieran incluso un solo golpe, acabarían vaporizados. Así de peligroso era ese monstruo.
Un sonido de pasos ligeros. Michael apareció, con el rostro lleno de pequeños rasguños. Mimí no quería imaginarse como estaba ella misma. Por lo menos no tenían heridas graves, pero seguro que su pelo era un desastre. Se rió mentalmente al darse cuenta de que no era el momento de preocuparse por su apariencia. Un temblor sacudió toda la estructura, y también la mitad de Manhattan.
-¿Estás bien? –pregunto el rubio. La elegida de la Pureza asintió lentamente, mientras sujetaba su mano y se ponía de pie. Le temblaban un poco las piernas.
-Eso creo –respondió ella. Había un gran agujero en el techo. Y parte de las paredes estaban derrumbadas. ¿Quién imaginaria que el pequeño digimon adorable que les habían dejado resultaría ser un monstruo destructivo? La castaña, ciertamente, apenas podía creerlo.
Intentaron despertar al pequeño. Sin embargo, nada funcionaba. Entonces sonó el timbre, de nuevo. Pensaron que serían los militares, por fin. Pero lo que había tras la puerta era un maniquí de paja, cuya cara estaba maquillada con colores chillones, y que tenía incrustadas varias espadas y puñales. En ese momento, escucharon un sonido metálico de un reloj despertador. Y, cuando se dieron cuenta, el pequeño había saltado por la ventana, y se transformaba en esa bestia horripilante.
Intentaron alejarlo de la casa, aprovechando su furia destructiva. Lograron llevarlo lejos, pero era todo lo que habían conseguido. El terrible Belphemon atacaba con su enorme poder, abrumando fácilmente a sus compañeros. Si no tuvieran el valor que tenían, y la voluntad de proteger la ciudad, ya hubieran huido hace mucho.
Un nuevo estruendo. A través del agujero, se pudo ver una enorme sombra. El demonio de nivel mega era enorme. Media unos treinta metros de altura. Su cuerpo perruno, musculoso y envuelto en vendas y cadenas impregnadas en fuego oscuro, asemejaba a un bestial demonio humanoide. Con sus rasgos brutales, rugía sin parar al tiempo que sus cadenas malditas intentaban atrapar algo en el aire, un pequeño punto en comparación con él. Lillymon esquivaba con dificultad las enormes armas del Señor Demonio, mientras lanzaba una vez más su Cañón de Flores. Como antes, no le hizo ningún efecto.
-¡Flechas de Hielo! –la técnica impacto directamente sobre el rostro perruno. Nuevamente, sin provocar más que enfurecer al poderoso digimon. Seadramon, asustado, retrocedió. Michael soltó una palabrota. Nada funcionaba.
-Es muy fuerte –concluyo Mimí, asustada. El monstruo incluso llevaba en su musculoso cuello el Collar de Flores, pero estaba tan enojado que no tenía ningún efecto, aparte de debilitarlo un poco. Con todo y eso, aún seguía recibiendo las técnicas de sus oponentes sin vacilar, y casi sin reaccionar. Definitivamente no le estaban haciendo ningún daño.
-¡Tenemos que hacer algo, Seadramon! ¡A este paso destruirá la ciudad por completo! –exclamo Lillymon. Comenzaba a agotarse. Ya no podía mantener a raya al monstruo mucho más tiempo. Seadramon emitió un gruñido de respuesta. También estaba cansado. Pero aun así, no podían rendirse. Tenían que defender Nueva York.
-No quería usar esto todavía –murmuro la serpiente marina-. ¡Michael!
-¡Sí! –levanto su digivice. Ante la mirada interrogante de su novia, sonrió gallardo-. Es algo que estuvimos practicando, específicamente para un momento como este –el dispositivo emitió una brillante luz cegadora. Su digimon se bañó en ella, mientras Belphemon se cubría con sus brazos. No parecía gustarle esa luz, tal vez porque era un Señor Demonio.
¡Seadramon ultradigivols a… MegaSeadramon!
-¡Jabalina de Trueno! –ante la incrédula mirada del Hada y la joven, una corriente de energía eléctrica azulada impacto en el cuello del demonio perruno, obligándolo a retroceder. El digimon Acuático soltó un rugido casi tan estruendoso como los de Belphemon. Lillymon aleteo sus alas vegetales junto al ahora enorme rostro de la serpiente dragón.
-¡Increíble! –exclamo ella. MegaSeadramon esbozo una sonrisa. Mimí estaba impresionada.
-¿Cómo digievoluciono sin la energía de las Bestias Sagradas? –Michael ya estaba enterado de la manera en que su novia y los demás elegidos lograban que sus compañeros llegaran al nivel ultra.
-Bueno, nos pusimos a pensar, y nos dimos cuenta de algo –comenzó el rubio-. Betamon me dijo que todos los digimon continúan digievolucionando si se siguen haciendo más fuertes. Entonces pensé que podría ser posible llegar más allá del nivel campeón si nos esforzábamos lo suficiente –miro hacia su compañero-. Y este es el resultado. Hace un par de meses, logro convertirse en MegaSeadramon.
-¡Increíble! –repitió Mimí. Tenía lógica. Había una manera de seguir digievolucionando sin el poder de las Bestias Sagradas. Usarlo en exceso podría hacer peligrar el balance del Digimundo, así que este descubrimiento era algo grandioso. Sin embargo, no era momento para alegrarse ahora. Tenían un gran problema con el cual tratar.
Belphemon se había sorprendido por el ataque repentino de un nuevo oponente, pero no estaba tan golpeado como para no contraatacar. En su cuello había una herida gruesa, la cual ignoraba totalmente. Lanzo otro rugido atronador.
-No sé si podamos vencerlo, incluso entre los dos –murmuro Lillymon. En ese instante, un enorme escombro golpeo el estómago del monstruo. El demonio aulló de dolor.
Sobre un edificio cercano, Piedmon observaba todo. La batalla estaba interesante. Aunque ahora que los elegidos habían obtenido ventaja, empezaba a enfadarse. Entonces noto que unas formas se movían en la distancia.
-¿Y esos quiénes son? –pregunto la voz de Lyramon. Parecía agitada. Seguramente estaba luchando. Nuevamente, el director se llevaba toda la diversión.
-Ni idea –respondió el Hombre Demonio en voz alta-. Parece otro de esos niños, y dos digimon –guardo un momento de silencio-. Gargomon y Wendigomon.
-¡Willis! –exclamaron-. ¡No lo esperábamos! Bueno, no es una gran interferencia. Lo importante ahora es averiguar sobre esa digievolución tan curiosa. Según nuestra información, Washington y Betamon no recibieron el poder sagrado. Esto es extraño –el payaso aún se preguntaba de donde lograba obtener semejantes datos-. Sin mencionar que Belphemon no durara mucho más.
Tenían razón. El Señor Demonio ya se veía agotado. Lo habían despertado demasiado pronto, y era su primera vez en Modo Furia. Desperdiciaba cantidades inimaginables de energía atacando a todas partes sin ningún tipo de estrategia. Y apenas había dañado a sus oponentes. Como enemigo, no era en absoluto un rival digno para un digimon experimentado. Para lo único que servía era para causar destrucción.
-En ese caso, habrá que proceder al plan C. Ya sabes que hacer –por supuesto que lo sabía. Solo tenía que acercarse al demonio cuando lo derrotaran. Lo cual, por cierto, no iba a tardar mucho.
-¡Mimí! –Willis se reunió con la castaña y el otro rubio. Su expresión preocupada solo estaba cubierta por su cansancio. Había venido corriendo las últimas calles.
-¡Willis! –la chica lo sostuvo, ya que parecía a punto de colapsar. Michael puso mala cara.
-¿Quién es él? –lo pregunto con altanería. Estaba un poco celoso. Pero su novia no se dio cuenta de eso.
-Él es Willis –lo presento-. Es un niño elegido de Estados Unidos. Pero se supone que estaba al otro lado del país.
-Tuve un mal presentimiento, así que vinimos a investigar –logro incorporarse sobre sus propios pies-. Desafortunadamente, tenía razón. Y eso significa que mi otro augurio también podría realizarse –empezó a temblar-. Esto es malo.
-¿De qué estás hablando? –preguntaron Mimí y Michael a la vez. El elegido del Destino reacciono y sacudió la cabeza.
-No es nada. Al menos, no todavía –observo a sus compañeros, encarando sin miedo al enorme monstruo-. ¡Por favor, Wendigomon, Gargomon, tengan mucho cuidado!
-¡Lo tendremos! –respondieron ambos a la vez. Extrañamente, la voz del Hombre Bestia verdoso era chillona, mientras que la de su hermano rojo era profunda y estentórea.
Belphemon trato de golpearlos con un puñetazo, pero ellos lo esquivaron sin dificultad, mientras el brazo del demonio gigante se enterró en el suelo lleno de escombros. Wendigomon se subió a un hotel, arranco parte del cartel, y lo arrojo directo al rostro del Señor Demonio.
-¡Cañón de Flores! –aprovechando la oportunidad, le disparo en la espalda, en medio de una de sus alas. El demonio aulló de dolor. Parecía ser una parte ciertamente sensible. Intento alzar el vuelo para atrapar a Lillymon, pero su ala herida no respondía. Aprovechando la confusión, MegaSeadramon disparo otra Jabalina de Trueno en su pecho musculoso. El Señor Demonio intento golpearlo, pero nuevamente fallo. Sus movimientos no eran lo suficientemente rápidos.
-¡Gargoametralladoras! –las gatling de Gargomon comenzaron a girar.
-¡Koko Triturador! –Wendigomon mostró sus ametralladoras ocultas.
Los gemelos dispararon a la vez. Las balas no tenían efecto en el cuerpo abultado, pero sus ráfagas subieron hasta la cabeza. Belphemon sintió peligro y cubrió su rostro canino con sus brazos, protegiendo sus ojos. Los tres jóvenes festejaban que había pasado a la defensiva, pero no duro mucho.
Con un rugido de ira, las cadenas del demonio se dispararon alrededor, impregnadas en llamas gris verdoso. El furioso Lampranthus arraso el terreno, creando un círculo de destrucción, donde todo lo que aún no estuviera demolido quedaba hecho añicos, y lo que si estaba en esa condición era reducido a polvo. Cuando la polvareda se despejo, no quedaba nada que no estuviera despedazado.
-¡Eso estuvo cerca! –exclamo Lillymon. Había huido junto con MegaSeadramon volando. Gargomon y Wendigomon habían escapado dando saltos. Ninguno de los cuatro se había quedado. No habrían sobrevivido.
-Qué suerte –se tranquilizó Willis.
-¡Miren! –señalo Michael. Belphemon parecía cansado. Ese último ataque había consumido mucha energía. Posiblemente, su invulnerabilidad aparente se desvanecería si se quedaba sin fuerzas.
-¡Es su oportunidad! –exclamo Mimí. Los cuatro digimon se lanzaron en un ataque coordinado.
-¡Cable Crusher! –el brazo del Hombre Bestia rojo se enrosco como un látigo alrededor de la pierna izquierda del monstruo. El Señor Demonio forcejeo, pero estaba muy bien enroscado. En eso, Gargomon dio un salto, se aferró al brazo con sus orejas, y salto de nuevo directo a su rodilla.
-¡Golpe Salvaje! –con un cúmulo extra grande de fuerza, golpeo la articulación, haciendo que el masivo digimon sufriera una lesión significativa. Lo que escapaba de las fauces caninas ya no eran rugidos, sino gemidos de dolor.
Por el otro lado, MegaSeadramon se enroscaba con toda su fuerza constrictora alrededor de la pierna derecha. Su fuerte cuerpo y sus filosas escamas estaban hiriendo al demonio demasiado. Belphemon trato de sacárselos de encima, pero casi no le quedaban fuerzas. No podría volver a atacar. Y, en ese instante, vio a Lillymon justo enfrente de su rostro.
-¡Caños de Flores! –esquivando la boca y los filosos dientes, le ataco entre los ojos. El Señor Demonio perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás sin remedio. Todos los digimon elegidos retrocedieron, mientras treinta metros de carne y músculos demoníacos impactaban fuertemente contra el suelo. No se levantaba.
-Entre más grandes son… –comenzó Gargomon.
-…Más duro caen –acabo Wendigomon.
-¡Lo lograron! –exclamo Michael. Los tres jóvenes elegidos chocaron palmas. Por fin se había acabado. Habían salvado Nueva York.
-¡Pero qué tierno! Los actores festejan cuando aún no se baja el telón. ¿Acaso no sabían que este solo fue el primer acto? –esa voz burlona hizo que a Mimí se le pusieran los pelos de punta. Sobre el cuerpo caído de Belphemon, Piedmon sonreía.
Todos, humanos y digimon, se pusieron en guardia. Sin embargo, el plan C ya estaba en marcha. El Payaso del Infierno saco su copia del emblema de la Oscuridad, sosteniéndola en su mano izquierda, mientras en la derecha empuñaba una espada larga. Clavo la hoja en el pecho del demonio, salpicando sangre. Coloco el collar allí, mientras un aura de energía oscura recorría al Señor Demonio. La máscara esbozaba una sonrisa infernal.
-¡Despierta, Belphemon! ¡Eres el actor principal! ¡Recupera tus fuerzas y álzate para destruir a tu enemigo! –como si entonara un hechizo, el cuerpo empezó a moverse. Habiendo acabado de recargarlo, el Hombre Demonio dio un salto en el aire, desapareciendo en un portal oscuro. Los elegidos solo pudieron contemplar con desesperación como su enemigo, ahora más fuerte y lleno de energía, se incorporaba y rugía con una fiereza brutal. Acto seguido, se quitó el Collar de Flores que limitaba su poder. El aura maligna de la bestia se incrementó, alcanzando un nivel aterrador. Estaban en un gran problema.
-¡Hay que detenerlo! –exclamo el Hada. Pero antes de que pudieran hacer nada, un extraño viento comenzó a soplar. Un tornado oscuro rodeo el cuerpo del monstruo, expandiéndose por la magia oscura. Acababa de descubrir cómo usar un hechizo.
Gargomon, Wendigomon y Lillymon, demasiado livianos, fueron arrastrados por la corriente hasta estrellarse contra los edificios. MegaSeadramon resistió por su enorme cuerpo, pero inmediatamente el enorme torbellino desapareció, para convertirse en una masa de aire concentrada, lanzada desde la mano del Señor Demonio. El digimon Acuático no pudo resistirlo, y fue arrojado directo contra el suelo, destruyendo una calle.
-¡Palmon!
-¡Betamon!
-¡Terriermon! ¡Lopmon!
Los elegidos, tomando en brazos a sus compañeros maltrechos e inconscientes, contemplaron con horror como Belphemon los observaba. Sus garras se llenaron de fuego oscuro. No había forma de sobrevivir a ese Regalo de la Oscuridad. Levanto su mano, dispuesto a ejecutar sin piedad. Michael y Willis se quedaron congelados. Estaban condenados.
-Por favor… Quien sea… ¡Alguien sálvenos! –pidió Mimí, mientras le caían ríos de lágrimas.
Y sus suplicas fueron escuchadas.
-¡Mega Láser!
Un rayo de energía púrpura impacto directo en el pecho del monstruo, arrastrándolo lejos. Los tres jóvenes vieron como un enorme dragón descendía. En un destello azul, Ken y Davis se bajaron. Corrieron hacia sus compañeros caídos.
-¡Vinimos a ayudar! –explico el peliazul. Tras ellos, el demonio empezaba a levantarse-. ¡Ese es el Señor Demonio Belphemon!
-¿Señor Demonio? –pregunto Michael.
-¿Belphemon? –Willis observo como la bestia volvía a rugir despiadadamente. Imperialdramon lo encaro, soltando un rugido de similar potencia. Estaba por comenzar una lucha entre digimon de nivel mega.
-Con razón no pudieron pararlo –Mimí observo a Palmon, gravemente herida.
-Ya es un milagro que estén vivos –puntualizo Ken.
-¡No se preocupen! ¡Vamos a derrotar a ese digimon, no importa que sea el mismísimo Dios Demonio! –Davis levanto el puño, confiado. Al mismo tiempo, el Antiguo Dragón embistió al demonio perruno con su cuerpo, acelerando al máximo con sus propulsores. Los dos gigantes atravesaron varios edificios, derraparon en el suelo, causando un estruendo que demolía los oídos. En el epicentro del combate, se escucharon dos rugidos poderosos casi al unísono.
-Davis –lo llamo el elegido de la Bondad-, recordé algo. Izzy menciono que esa maldición del demonio sin nombre suele hacerse más efectiva si el portador está en situaciones de vida o muerte ajenas a la propia maldición.
-¿Qué quieres decir? –el chico moreno no lo había entendido. Michael suspiro, teniendo que explicarle.
-¡Que si estas en peligro, esa maldición será mucho peor! –ante esas palabras, el rostro del joven se puso pálido. A sus espaldas, una titánica batalla estaba teniendo lugar. Y ellos estaban en un gran peligro.
-¡Mega Láser! –nuevamente, el dragón disparo su ataque, pero esta vez su oponente estaba preparado. Evadió con habilidad la técnica, y antes de que Imperialdramon pudiera reponerse, lo golpeo con un poderoso Lampranthus, arrojándole con sus cadenas envueltas en ese peligrosísimo fuego oscuro. El digimon elegido cayo, evitando por poco aplastar a los jóvenes.
-¡Imperialdramon! –gritaron Davis y Ken a la vez. Se dieron cuenta en ese instante. No podían derrotar al Señor Demonio. No sin que el digimon pasara a su Modo Luchador. Y eso era algo que aún no podían hacer.
-¡Cuidado! –grito Mimí. Mientras estaban distraídos ante esa revelación, el monstruo no perdía el tiempo. En sus manos, una aterradora cantidad de energía se estaba reuniendo. Una técnica mágica brutalmente poderosa fue liberada, formando un huracán de gran potencia, que devastaba los escombros sin problema alguno. El ataque se dirigía al dragón.
Sin embargo, los jóvenes y los digimon heridos también estaban en la línea de fuego.
Un sonido agudo. Chispas rojas y violetas saltaban por todas partes. Las espadas de Lyramon y MagnaAngemon volvieron a chocar, despidiendo intensas olas de energía. Si uno de esos ataques fuera recibido por un digimon más débil, habría sido totalmente descuartizado. Era una batalla aterradora.
-¡Cuidado con tu punto ciego! –advirtió el rubio, notando que el digimon corrupto, completamente acorazado con sus piezas de la Digiarmadura, se inclinaba levemente para atacar a su flanco derecho. El Arcángel se puso en guardia con Excalibur, pero el ataque era una finta. La Cuchilla de Corrupción Demoníaca se desvió, yendo hacia el lado opuesto. Notándolo justo a tiempo, MagnaAngemon lo atajo con su escudo. Incluso el duro material de Beam recibía daños importantes cada vez que esa espada lo tocaba. El ángel calculo que solo podría detener unos pocos impactos más antes de que fuera atravesado.
-¡Mirada de Medusa! –los ojos dorados se dirigían directo hacia el casco del digimon sagrado, obligándolo a apartar la mirada para no ser paralizado por el espantoso brillo de esas pupilas de serpiente. Aprovechando la ocasión, Lyramon salto hacia atrás, preparando su Guantelete de la Oscuridad-. ¡Juicio de la Oscuridad!
-¡La Puerta del Destino! –antes de que las líneas negras lo alcanzaran, el ángel materializo la puerta sagrada. Abriéndose de manera dramática, se tragó la energía oscura sin problemas, mientras la fuerza de succión comenzaba a arrastrar incluso al Demonio Corrupto. Una sonrisa apareció en los labios pálidos. El digimon se lanzó de frente hacia la técnica.
-¿Qué está haciendo? –se preguntaron digimon y elegido a la vez. Antes de que pudieran adivinarlo, el demonio salto directo hacia la puerta, lanzando una patada. La greba de su pierna izquierda brillo con destellos dorados.
-¡Esperanza Persistente! –la Greba de la Esperanza impacto directamente con la Puerta del Destino. La luz dorada atravesó el ataque de MagnaAngemon, que empezó a deshacerse en polvo digital. El Demonio Corrupto cayó al suelo sin problemas, mientras el ángel levantaba el vuelo, preparándose para cualquier sorpresa.
-¡No puede ser! –exclamo T.K., molesto. Era la segunda vez en corto tiempo que derrotaban la técnica del Arcángel. Esto era muy malo. Si la batalla continuaba de esta manera, nunca podrían vencerlo. Justamente en ese instante, luego de recibir información sobre Belphemon en Nueva York, los datos corruptos comenzaron a reír.
-¿Qué es tan gracioso? –pregunto el digimon de la Esperanza, observando atentamente las carcajadas del digimon corrupto.
-Muy simple. Parece que aún no han entendido. Con este, el Guantelete de la Oscuridad, disparamos ráfagas de energía oscura –acaricio su pieza negra-. Con el Yelmo del Conocimiento, desplegamos el mapa de datos, que nos permite ver secretos y analizar a los oponentes –mostró el casco púrpura en su cabeza-. Y luego está la Greba de la Esperanza, que desactiva la magia. Mientras la tengamos, los ataques de los digimon místicos son inútiles –sonrieron, mientras lucían la pieza dorada-. Y, con nuestra nueva adquisición, la Greba de la Bondad, tenemos un truco nuevo –golpeo el suelo con la su pierna derecha, acorazada en lila-. ¡Cadenas de la Bondad!
Unas extrañas cadenas hechas de energía violeta surgieron del suelo, justo bajo MagnaAngemon. Enredaron su cuerpo, atrapándolo con fuerza férrea. El ángel forcejeo, pero la fuerza bruta no podía ayudarlo a quitarse la técnica de encima. Alzo la espada Excalibur con dificultad. La hoja se movió a gran velocidad, cortando los eslabones mágicos. No eran nada difíciles para el filo Excalibur. Sin embargo, no era ese el plan.
-¡Cuchilla de Corrupción Demoníaca! –el Demonio Corrupto se movió a una velocidad totalmente invisible para el ojo humano. El rubio, creyendo que el objetivo era su compañero, intento advertirle, pero no pudo hablar. En primera, porque su boca fue cubierta por la mano enguantada de Lyramon. Y, en segunda, porque la espada de energía corrupta estaba a un centímetro de su cuello.
-¡T.K.! –grito el Arcángel. Corto las últimas cadenas con facilidad, y se abalanzo sobre su oponente, pero se detuvo. La hoja roja estaba a menos de un centímetro del cuello del elegido. La mirada bajo la visera del casco lo decía todo. Si se acercaba, la cabeza del joven rodaría por el suelo.
-Desactiva tu digievolución, por favor –pidió el demonio, con una voz fría y temible. No tuvo que pedirlo dos veces. Inmediatamente, el cuerpo de MagnaAngemon relumbro en luz, convirtiéndose en Tokomon. Inmediatamente, el digimon humanoide soltó a T.K. El joven tomo a su compañero, poniendo distancia entre él y el monstruo de ojos dorados.
-¿Qué es lo que quieres? –pregunto el rubio.
-Ah, es que ya no nos queda mucho tiempo para seguir peleando –explico el digimon, mientras se relajaba y se sonaba los dedos y el cuello simultáneamente-. Es una lástima. Quería comprobar el límite de MagnaAngemon –su voz parecía realmente apenada-. Pero bueno, vamos al asunto principal –saco un objeto de su capa, la cual estaba ciertamente rasgada-. Creo que te interesara lo que hay en este CD.
-No pienso aceptar nada de un digimon que estuvo a punto de matarme –opino el rubio.
-¿Matarte? ¿Dimos esa impresión? –pusieron una cara aún más apenada. Se quitaron el Yelmo del Conocimiento para continuar la conversación cara a cara-. Si hubiéramos querido matarte, hace rato que estarías muerto. De hecho, nuestros aliados tienen órdenes explicitas de no causar heridas de gravedad. Esto es una especie de juego, nada más –colocaron una sonrisa socarrona.
-¿Es en serio? –Tokomon estaba confundido-. ¿Por qué un digimon de las Tinieblas se toma semejantes molestias?
-Porque nos agradan. Ustedes siempre luchan por la verdad, por la justicia, por el bien de todos –la mirada dorada ya no parecía la de un demonio. Más bien, ahora era realmente comprensiva-. Eso es lo que queremos. Un mundo donde haya igualdad y bienestar. Y es por eso que hacemos lo que hacemos.
-¿No quieren conquistar el Digimundo? –pregunto el elegido de la Esperanza.
-¡Quién querría conquistar eso! ¡Solo daría problemas! –agito los brazos, como si gobernar el Digimundo les diera asco-. Solo queremos un mundo donde no ocurran cosas horribles. Un mundo, por ejemplo, donde Nana no tuviera que morir solo por ser diferente –unas lágrimas asomaban en los rabillos de sus ojos-. ¡Pobrecita Nana!
-Pero si Nana sobrevivió –protesto T.K., recordando la serie. De inmediato, las lágrimas del Demonio Corrupto se desvanecieron.
-¡¿En serio?! ¿Está viva? –comenzaron a bailar alrededor. El rubio y su digimon estaban muy confundidos. Solo veían mientras su enemigo mortal danzaba con alegría infantil. Sí que era un digimon de lo más raro-. ¡Viva! ¡Qué bueno! ¡Generalmente no toleramos los spoilers, pero este es el más feliz de todo el Universo! –gritaron todo eso con una expresión ensoñadora.
-¡Espera! ¿Qué diablos te pasa? –el elegido de la Esperanza estaba confundido, al extremo de enojarse. Antes de que se diera cuenta, ya le habían colocado el CD en el bolsillo.
-¡Estamos felices! ¡Nana no se lo merecía! –terminaron su danza, riendo de manera intrigante-. Allí hay algo que debes de ver. Y te recomendamos que tu novia este presente. Descuida, no hay nada prohibido –pusieron una sonrisa extraña-. Todas las instrucciones están explicadas perfectamente. Que tus amigos no lo vean. Es solo para ustedes tres. Se trata de un asunto bien serio –el digimon se dio la vuelta, mientras se abría un portal oscuro delante de él-. ¡Adiós! ¡Nos veremos en otra ocasión!
-¡Espera! ¿Qué pasara con nuestros amigos? –pregunto Tokomon.
-¡Ellos estarán bien! ¡Es una promesa! –pasaron a través del portal. Justo antes de que se cerrase, se escuchó su voz una última vez-. ¡Y nosotros siempre cumplimos nuestras promesas!
En Manhattan, las cosas se habían complicado aún más. El ataque de Belphemon podría haber causado un desastre. No había forma de que hubieran sobrevivido a un golpe directo. Aún estaban vivos solo porque Imperialdramon había defendido a sus compañeros y amigos con su propio cuerpo.
-¿Estás bien? –pregunto Ken, una vez que ceso el implacable torbellino.
-Sí. Ese ataque es poderoso, pero no me hizo ni cosquillas –estaba exagerando. Si había sentido el potente impacto. Un digimon más pequeño hubiera sido arrastrado por el tornado, hasta quedar hecho pedazos por las fuertes corrientes cruzadas.
Detrás de ellos, se escuchó un rugido. Belphemon estaba genuinamente furioso. Sus garras se encendieron con el claro patrón del Regalo de la Oscuridad. El enorme dragón también respondió con un rugido. Sus propulsores comenzaron a encenderse.
-¡Aléjense de aquí! –ordeno. Se lanzó directamente, en una embestida voladora. Su cabeza impacto contra el pecho del Señor Demonio, arrastrándolo por todo el lugar, generando una escombrera aun peor. Entre la polvareda, se escucharon los rugidos y sonidos espeluznantes de la lucha de monstruos gigantes.
-¡Vamos! –llamo Willis. Mimí y Michael tomaron a sus digimon, mientras Ken lo ayudaba con Lopmon y Terriermon. Escalaron los escombros de un edificio de oficinas medio tumbado, con numerosas ventanas cristalinas. Era una tarea penosa y difícil, pero no se podía hacer más. Tenían que alejarse antes de ser arrasados por el inmenso poder de los nivel mega. Pero, en ese momento, ocurrió algo escalofriante.
El enorme cuerpo de Imperialdramon fue lanzado hacia atrás, mientras el demonio alzaba sus cadenas, cubiertas de muchísima energía maligna. Destrozo parte de las estructuras cercanas, convirtiendo los trozos en proyectiles, que arrojo directamente al Antiguo Dragón. El digimon elegido derribo la mayoría en el aire con sus garras, pero no puso atención enfrente. El Señor Demonio estaba junto a él. El Lampranthus atrapo su cuerpo, estrujándolo cual serpientes constrictoras.
-¡Imperialdramon! –gritaron Ken y Davis a la vez. Molesto por el ruido, Belphemon tomo un enorme trozo de escombros variados y lo arrojo directamente hacia ellos.
Ni siquiera hubo tiempo de gritar, justo cuando el cielo pareció ponerse negro, y el enorme pedazo de Manhattan impacto contra el edificio, quebrando todas las ventanas con un sonido masivo de vidrios rotos.
-No nos esperábamos esto. Ese Belphemon es más salvaje de lo que imaginábamos.
El Demonio Corrupto examinaba el desastre que había provocado la colisión del proyectil del monstruo con el edificio de oficinas. Si ellos no hubieran usado el Juicio de la Oscuridad para detenerlo parcialmente, hubiera matado a los jóvenes y los digimon sin problema alguno. Pero no por nada tenían ese eslogan. Si hacían una promesa, la cumplirían, aunque fuera lo último que lograran.
-Revelación del Conocimiento –el mapa de datos revelo las posiciones de los que estaban atrapados entre los escombros resultantes. Había funcionado aún mejor de lo que esperaban. A continuación, se dirigieron hacia la esquina superior de lo que quedaba de una de las oficinas superiores. Se sumergieron en la zona donde no llegaba la luz del sol, donde había un desastre aún más desconcertante.
-¿Estás bien? –oyeron. Era la voz de Palmon. En esa esquina, Mimí se apoyaba en los hombros de su novio. Betamon aún seguía inconsciente en la espalda de Palmon, que apenas lograba caminar.
-Sí. Si esta cosa hubiera caído un poco más cerca, sería otra historia –respondió Michael. Mimí solo emitió unos gemidos de molestia. Le dolía todo el cuerpo.
-¿En dónde están los demás? –pregunto la Planta.
-Ni idea. Espero que estén bien –respondió el rubio.
-¿Deberíamos conseguir la de él también? –preguntaron unas voces en la mente de Lyramon.
-¡Esa digievolución fue muy irregular! –opinaron otras-. ¡Por supuesto que sí!
-Pero eso nos haría ver demasiado codiciosos –opino el digimon corrupto en voz alta.
-¡Necesitamos esos datos! –clamaron muchas voces a la vez.
-Está bien, solo cálmense un poco –se quejaron. A veces era difícil tratar con sus otras conciencias. Se acercaron cuidadosamente, con sigilo. Mimí comenzaba a desperezarse.
-¿Qué paso? –pregunto la castaña teñida de rosa.
-El ataque de Belphemon casi nos aplasta. Imperialdramon debe estar en graves problemas –explico Michael-. No sabemos dónde están los demás, o si están bien.
-¡Eso es terrible! –exclamo ella. En ese momento, ellos hicieron su entrada.
-Parece que la están pasando bastante mal –comentaron, de forma muy alucinante, subidos a un trozo de un techo de quien sabía que edificación. Era un auténtico revoltijo de ruinas.
-¡Larios! –lo reconoció Michael.
-¿Qué estás haciendo aquí? –pregunto Palmon. Estaba muy segura de no poder vencerlos.
-Vinimos a hacer un pequeño trato –ofrecieron con una sonrisa millonaria-. Nosotros les revelamos la ubicación de sus amigos, y ustedes nos entregan algo que nosotros queremos.
-¡No renunciaremos a la protección sagrada! –replico Mimí.
-¿Qué les parece más importante? ¿Unos simples datos o sus amigos? –con ese mero comentario, la discusión quedo zanjada. Definitivamente no había más opciones.
-¿Qué tengo que hacer? –se resignó la elegida de la Pureza.
-Ustedes dos deben sostener sus digivice mientras dicen con toda su convicción que renuncian a su protección sagrada –indicaron-. Y si, dijimos los dos –aclararon, levantando dos dedos de manera que parecía un signo de paz.
Michael y Mimí intercambiaron una mirada. Sostuvieron sus dispositivos digitales, buscando su convicción en lo más profundo de sus corazones. Y, en ese momento, exclamaron ambos a la vez.
-¡Renuncio a mi protección sagrada!
Funciono. De ambos aparatos, montones de datos salían al aire libre, para luego ser absorbidos por el digivice pálido del digimon de ojos dorados. Examinaron sus nuevas adquisiciones con evidente placer.
-Interesante. Entonces, nuestra teoría era correcta –colocaron una sonrisa diabólica-. Aquí están. Cuando consigamos los otros siete, estará completo. Y con eso, la primera parte de los seis códigos base de la Ultima Bestia –estaban pensando en voz alta. Los jóvenes y Palmon abrieron mucho los ojos al confirmarlo. La idea de los datos corruptos era traer a la vida a ese monstruo peligroso-. ¿Lo dijimos? ¡Huy, pero que torpes somos! –se quejaron, dándose un golpecito al costado de la cabeza. Era increíble la manera en que pasaban de ser aterradores a cómicos en un instante-. Como sea, sus amigos están relativamente bien. Aunque ciertamente necesitan ayuda. Están por allá, entre la zona de los escombros de los ventanales –señalaron hacia el lugar opuesto-. ¡Nos vemos después! –saludaron, desapareciendo en un portal oscuro. Mimí y Michael intercambiaron una mirada interrogante. A veces, ese digimon podía ser ciertamente desconcertante.
-¡Davis! ¡Davis, despierta! –gritaba una voz. Los ojos del joven se abrieron ante la llamada de su amigo. Sentía algo muy pesado sobre sus piernas. Casi no veía nada. Solo podía percibir una forma oscura que se movía, un breve destello azulado de su cabello. Y, nuevamente, esa presión dolorosa y fuerte sobre su cadera. Intento girar la cabeza, levantándola, para ver que estaba pasando, pero fue detenido por Ken.
-Es mejor que no te esfuerces –tenía una cara de terror, ahora más notable gracias a que sus ojos se acostumbraban paulatinamente a la oscuridad. Estaba pálido, pero por demás solo tenía unos rasguños. A un costado, logro vislumbrar un destello verde. Era la camiseta de Willis.
-Están bien –respondió rápidamente el elegido de la Bondad-. Solo quedaron inconscientes, pero los tres están en buenas condiciones considerando que podríamos estar muertos.
-¿Y yo qué? –pregunto Davis. La expresión de terror de su amigo se hizo aun peor por un instante. Eso fue suficiente para darle miedo al moreno, dándose cuenta que algo no iba nada bien. Solo había una manera de saber que pasaba-. Ayúdame a levantarme.
-No creo que sea buena idea –sí, definitivamente algo estaba muy mal.
-¡Que me ayudes, Ichijouji! –le espeto el elegido del Valor y la Amistad. Estaba enojándose. No le gustaba esa sensación que había en sus piernas.
-Está bien, pero no te asustes –acepto el peliazul. Lentamente, le ayudo a levantar la cabeza, mientras enormes estruendos se sentían. Si las vibraciones llegaban tan lejos, algo de proporciones desastrosas estaba ocurriendo fuera. Pero, cuando Davis logro levantar la cabeza, se le olvido totalmente la batalla de afuera.
Su cuerpo, de la cintura para abajo, estaba cubierto por un enorme trozo de hormigón. Era blanco grisáceo y grueso, y en ciertas partes estaba desgastado y roto. Probablemente era una pieza de pared o suelo que se había quebrado, tal vez del bloque que Belphemon arrojo, ya que no habían visto nada similar en ese edificio de oficinas. Sus piernas estaba completamente aplastadas por la roca del tamaño de una habitación, comenzando desde la cadera. El joven sentía un pequeño dolor, pero no tanto como imaginaria al ser aplastado por algo así. Tal vez había algo que impedía que lo aplastara, una punta que se clavaba en el suelo. Justo cuando empezó a pensar que tenía mucha suerte, noto algo espantoso. No lo había visto antes porque no había ningún tipo de iluminación, pero justo por encima de él, unos enormes trozos de los ventanales se balanceaban peligrosamente. Si llegaban a caer, seguramente lo partirían a la mitad limpiamente. Y herirían a cualquiera que estuviera cerca.
-Ichijouji, sal de aquí –pidió Davis, con una voz inusualmente calmada. Su amigo negó con la cabeza.
-No pienso dejarte aquí –afirmo él.
-¡No seas tonto! ¡Esos ventanales de ahí arriba están a punto de caerse! –temblaron nuevamente por la furia del Señor Demonio fuera del edificio-. ¡Es la maldición del demonio sin nombre! ¡No desaprovechara esta oportunidad!
-¡No pienses en esas cosas! –le discutió Ken-. ¡Eres Davis Motomiya! ¡Venciste a enemigos más fuertes que esa tonta maldición! –grito con toda la fuerza de sus pulmones-. ¡Es por eso que los dos vamos a salir de aquí sin problemas!
-¡Lárgate de aquí! –su orden parecía más un ruego. Podía ver a los vidrios tambalearse. Una pequeña grieta aparecía en uno de los extremos.
-¡Davis! ¡Ken! –Mimí los llamo, mientras Michael la seguía. La chica se derrumbó junto a los jóvenes, agotada y horrorizada-. ¿Están bien?
-¿Te parece que estoy bien? –chillo el moreno, causando que las risas rompieran la atmósfera maldita-. ¡No se rían! ¡Salgan de aquí antes de que esos vidrios los maten a ustedes también!
Los elegidos y sus compañeros solo miraron la situación por unos segundos. Inmediatamente después, Michael y Ken intentaban levantar el enorme trozo de roca con las manos. Mimí sujetaba a Davis, que continuaba gritándoles que se largaran, mientras lo arrastraba en dirección opuesta. Sin embargo, sus piernas continuaban muy bien atoradas. Palmon dejo a Betamon junto a los gemelos.
-Haré lo que pueda. ¡Hiedra Venenosa! –comenzó a jalar el peñasco hacia el lado opuesto. Con su fuerza, lentamente comenzaba a moverse. Los jóvenes redoblaron sus empeños. Y Davis miraba, horrorizado, como los ventanales comenzaban a temblar todavía más. Las grietas ya eran claramente visibles.
-¡Salgan de aquí ya! ¡El Dios Demonio nos matara a todos! ¡No le importara! –gritaba el moreno a todo pulmón. Pero sus amigos no se rendían.
-¡No importa lo que digas, te vamos a sacar de aquí! –afirmo Michael, jadeando por el esfuerzo.
-¡Porque somos tus amigos! –le recordó Mimí.
-Imperialdramon está luchando muy duro afuera para salvar Nueva York. ¡Nosotros no podemos rendirnos tampoco! –Ken logro levantar, lentamente, la esquina del escombro.
-¡Y no nos importa lo que piense ese espíritu del Infierno o lo que sea! –Palmon dio un salto atrás, jalando con mucha fuerza. El peñasco se inclinó sobre su eje, liberando las piernas del joven durante un instante. La elegida de la Pureza, sin desaprovechar la oportunidad, saco a su amigo de allí. Los jóvenes y la Planta soltaron la roca, que volvió a su lugar con un estruendo, sin nada debajo. Davis estaba totalmente conmovido.
-Ustedes… Son un montón de idiotas… –decía entre sollozos-. ¡Pero me alegro que sean mis amigos! –todos se abrazaron en ronda. Nadie se molestó en mirar hacia arriba. Justo cuando un temblor especialmente poderoso sacudió toda la estructura, un sonido cristalino y agudo resonó en todo el lugar. Cientos de esquirlas de vidrios les cayeron encima.
Afortunadamente, ninguna era más grande que un grano de arroz. El impacto había sido tan brutal que había pulverizado los cristales. Todos observaron la lluvia de pequeños brillos como diamantes, bella en vez de peligrosa.
-¿Qué paso? –pregunto Michael, pensando por un momento que iban a morir.
-Creo que tenemos suerte –afirmo Palmon.
-No puede ser. Él no dejaría pasar esta oportunidad. Ha estado tratando de matarme continuamente lo últimos días –Davis estaba confundido. Entonces, se le ocurrió una explicación-. ¿Podrá ser que la fuerza de nuestra amistad rompió la maldición?
-Suena muy cursi –admitió Ken. Sin embargo, no había otra explicación. Al menos, no una que ellos pudieran deducir en ese momento. El moreno se levantó repentinamente.
-¡Vamos! ¡Hay que detener a Belphemon! –sus ánimos estaba renovados. El pensar que se había roto su maldición le daba confianza-. ¡Ichijouji! ¡Demostrémosle a ese Señor Demonio que no hay que meterse con los elegidos!
-¡Sí! –también su amigo estaba listo para vencer al enemigo, sin importar quien fuera. Mimí asintió.
-Cuidaremos a Willis y los demás. ¡Denle una paliza a ese maldito! –con esta frase de despedida, ambos salieron corriendo fuera del revoltijo.
Imperialdramon ya no podía más. Había estado conteniendo el poder completo del monstruo perruno por su cuenta. Había recibido daños graves, ya que no estaba a la altura del Señor Demonio. Ya estaba en el suelo, sin más fuerzas para levantarse. Su oponente parecía sonreír, totalmente sumido en su locura destructiva, mientras preparaba sus garras para dar el golpe final.
-¡Imperialdramon! –gritaron dos voces al unísono. El Antiguo Dragón giro la cabeza, contemplando a sus compañeros surgir de entre los escombros. Era un alivio para él, ya que no había podido comprobar si estaba a salvo.
-¡No te rindas! ¡Eres el poderoso dragón que salvo al Digimundo! ¡Este enemigo no puede vencerte! –le animo Davis.
-¡Los demás están bien! ¡Hemos pasado por cosas mucho más peligrosas que esta! ¡En comparación con MaloMyotismon, Belphemon no es nada! –le recordó Ken.
Al escuchar las palabras de ánimo de ambos, usando todo su esfuerzo, el Antiguo Dragón se puso de pie. Rugió con toda la fuerza de su corazón, invocando cada pizca de energía restante en su cuerpo. El demonio pareció sorprendido por su recuperación, demostrando miedo por un instante. Con esa vacilación, fue suficiente. De los cielos, cayó un poderoso resplandor, envolviendo al dragón.
-¡Tienen razón! ¡En comparación con todos los enemigos a los que hemos enfrentado, tú no eres nada! –se escuchó la voz profunda del digimon-. ¡Porque siempre están a mi lado para ayudarme, es por eso que puedo luchar con más de la fuerza que poseo! ¡Y es por eso que te voy a vencer, Belphemon!
¡Imperialdramon cambio de modo a… Modo Luchador!
Ante la aparición del guerrero, el miedo del Señor Demonio se hizo aún más visible. Sus cadenas y sus garras se envolvieron en fuego oscuro.
-¡No esta vez! –grito Imperialdramon, poniéndose en guardia. Cuando el Lampranthus se lanzó hacia él, atrapo las cadenas, sin importar las llamas, y jalo de ellas. Belphemon se vio lanzado hacia adelante, justo para recibir un puñetazo demoledor de parte del dragón guerrero. Cayo hacia atrás, con sangre manando profusamente de su mandíbula dislocada.
El Antiguo Hombre Dragón lanzo otro puñetazo, pero este fue esquivado por el demonio. Inmediatamente, contraataco con un enorme y poderoso torbellino mágico. Sin embargo, Imperialdramon no se dejó arrastrar, avanzando paso a paso hasta el enemigo, mientras sus compañeros le apoyaban con todas sus fuerzas. Logro sacar su mano del tornado, atrapando el brazo izquierdo, que lanzaba la magia. Lo apretó con todas sus fuerzas, logrando conseguir un sonido escalofriante de huesos quebrados. Belphemon, ciego de furia ante tanto dolor, intento atacarlo con su garra derecha antes de que pudiera ponerse en guardia, pero Imperialdramon atajo el golpe, mientras su otra mano golpeaba fuertemente el estómago de la bestia. Incluso así, aún faltaba el golpe final.
-¡Láser de Positrones! –a quemarropa, lanzo su técnica con todas sus fuerzas. El rayo atravesó el cuerpo del monstruo, causando un daño interno masivo. El Señor Demonio cayó al suelo, derrotado, mientras pequeñas cantidades de datos comenzaban a desfragmentarse de su herida letal.
-¡Sí! –gritaron Davis y Ken, al confirmar la victoria del digimon elegido. Mimí, Michael, Willis, Palmon, Betamon, Lopmon y Terriermon observaron la figura de Imperialdramon Modo Luchador, bañado en sangre, cual gladiador victorioso de una batalla épica.
-¡Eso sí que fue una batalla! –exclamo una voz familiar. Desde una azotea, Lyramon hacia una seña con su pulgar, admirando la victoria de los elegidos. A su lado, Piedmon no parecía tan feliz, pero igualmente sonreía como buen Payaso del Infierno.
-¡Larios! –gritaron todos a la vez. El digimon corrupto sonrió ante el odio que veía en sus miradas.
-¡No se preocupen! ¡Nosotros nos hacemos cargo de los destrozos, ya que ha sido la batalla más fenomenal que hemos visto en mucho tiempo! –exclamaron.
-¡Pero si fue tu culpa en primer lugar! –le grito Betamon. Ante esas palabras, ocurrió un hecho inesperado.
-¿¡Tu!? –una voz ronca y profunda se hizo oír. Belphemon, aun con sus gravísimas heridas, se puso de pie. Al parecer, tenía algún asunto sin arreglar con los datos corruptos.
-¿Puedes hablar? –preguntaron ellos, sorprendidos-. Increíble. Parece que si tienes inteligencia después de todo. Pero, desafortunadamente, tu naturaleza es demasiado salvaje para conservarte. Eres muy peligroso. ¡Lo sentimos! –por la expresión que pusieron, parecía que estuvieran rechazando una cita, no hablando con un demonio gigante. A la bestia perruna tampoco le pareció gracioso.
-¡Muere! –grito, al tiempo que golpeaba el edificio con su puño. Había que admirar su tenacidad. Incluso con sus heridas, deseaba vengarse de Lyramon. Su ataque fue en vano, igualmente, ya que tanto el Hombre Demonio como el Demonio Corrupto habían saltado a otro edificio justo antes del impacto.
-Huy, pero que violento –se quejaron-. ¿No puedes aceptar nada de lo que te dicen, niño de mama? Bueno, que remedio. Va a haber que disciplinarte –aparecieron el Guantelete de la Oscuridad y la Greba de la Bondad. No iban a necesitar más.
-¡Bastardo! ¡Lampranthus! –la ira se desbordaba de manera brutal. Ese era, definitivamente, el estado más furioso y terrible de Belphemon. Sus cadenas salvajes estaban a punto de despedazar al digimon corrupto. Sin embargo, Lyramon ni siquiera pestañeo.
-¿El efecto secundario de la transferencia? –se preguntaron mentalmente-. ¡Cadenas de la Bondad! –el Demonio Corrupto clavo su greba en el techo. La técnica de la pieza de la Digiarmadura intercepto el cuerpo del Señor Demonio, y las cadenas encendidas se quedaron sin alcance, a tan solo unos metros de ambos demonios. Desesperado, la bestia comenzó a romper sus ataduras violetas. Pero aún no desaparecía la sonrisa inocente del monstruo de ojos dorados.
-¿Sabías que si se usan ciertas piezas específicas de esta armadura en combinación, se pueden incrementar los ataques formando otros más poderosos? –colocaron la palma del guantelete negro en el suelo, justo donde habían pisado con la greba en su ataque anterior-. ¡Juicio de la Oscuridad! –hubo un brillo negro leve en la zona. Levantaron la vista. Esos ojos de oro relucían de manera absolutamente perversa-. ¡Ataque cooperativo! ¡Conjuro de Magia Negra!
Justo bajo el Señor Demonio, se delineo un círculo con una estrella de cinco puntas. Parecía algo salido de una revista ocultista. Empezó a relumbrar en un intenso resplandor púrpura, mientras se escuchaba un grito de dolor viniendo de la garganta del monstruo. Al parecer, esa técnica estaba causándole algún daño invisible. Inmediatamente, todo el cuerpo del demonio se desintegro en polvo digital. Los elegidos quedaron impresionados.
-¿Derroto a Belphemon con un solo ataque? –murmuro Mimí, espantada.
-Incluso aunque estuviera herido, seguía siendo poderoso –tampoco Palmon podía creerlo-. ¿Qué son ellos?
Parado en el tejado, el Demonio Corrupto recolectaba los datos de su oponente caído. Su sonrisa no podía ser más siniestra.
-Así que si las técnicas tradicionales pueden compararse a las de los digimon de nivel ultra, las combinadas se contrastan a las de los nivel mega –musitaron, misteriosamente-. Este es un descubrimiento interesante. Adiós, elegidos. Muchas gracias por todo lo que ha pasado –desaparecieron en un portal oscuro, seguidos por Piedmon, dejando a los jóvenes en medio de toda esa destrucción.
-Listo, ya le comunique a Izzy que estamos bien –aviso Mimí.
-Increíble –admitió Ken, sosteniendo en brazos a su Leafmon. La batalla había agotado a sus compañeros por completo, haciendo que volvieran a su nivel de bebe-. No me gusta tener que reconocerlo, pero es un oponente demasiado poderoso. No sé si podremos vencerlo.
-No hay cuidado. Ya hemos derrotado a docenas de digimon demoníacos –le respondió Davis, acariciando a su pequeño Chibomon. Ante esas palabras, Willis recordó una de las razones de que fuera a Nueva York.
-¡Casi lo olvido! ¡Tenemos que tener mucho cuidado! –advirtió-. Algo viene.
-¿Algo? –preguntaron todos a la vez.
-Hace unas noches, tuve un mal presentimiento, y así supe que Belphemon aparecería –explico-. Pero mientras venia hacia aquí, tuve una premonición peor. Así que también sé que vendrá algo que lo hará ver como una luciérnaga comparada con un dragón –dijo, de manera aterradora, mientras comenzaba a palidecer aún más-. Uroboros, el demonio más fuerte.
-¿El más fuerte? –murmuro Michael. El elegido del Destino asintió, mostrando un dibujo. Una serpiente de perfil, negra como la noche, estaba mordiéndose la cola en un círculo redondo. Su ojo destellaba rojo como la sangre. Una estrella de siete puntas, cada una de ellas tocando el cuerpo de la serpiente, inscripta con misteriosas letras incomprensibles, estaba contenida dentro del círculo. Era un muy buen dibujo.
-Generalmente no me salen así, pero este lo hice en un estado de trance –comento el rubio-. Y escribí algo detrás.
Lo que había del otro lado era una poesía, aunque esta era del todo muy espeluznante:
Por nuestras venas corre la Oscuridad.
Nuestra fuerza es el poder del Odio Eterno.
Destruiremos el Todo con nuestra maldad.
Arrojaremos a los siete Dioses al Averno.
Enviaremos a la Nada fuera de la realidad.
¡Y los haremos arder a todos en el Infierno!
-¿Qué significa esto? –pregunto Betamon, intrigado.
-No tenemos la menor idea… –respondió Lopmon.
-…Pero si Willis dice que es algo muy malo, entonces así es –termino Terriermon.
-Le diremos a Izzy. Tal vez él sepa averiguar algo –propuso Ken, guardándose el dibujo y el poema-. Y ahora que lo pienso, ¿cómo vamos a volver? –ante esas palabras, Davis se quedó congelado.
-¡No tengo ni idea! –respondió.
-Creo que podríamos intentar… –Michael estaba por sugerir algo, pero en ese momento fueron sorprendidos.
-¡No se muevan! –un centenar de hombres y mujeres, vestidos de camuflaje, los tenían rodeados, y les apuntaban con muchas armas. Se adelantó un sujeto con bigote, vestido con un atuendo militar-. ¡Somos el Ejército de los Estados Unidos de América! ¡Están arrestados!
Parecía que tendrían muchos, pero muchos problemas.
T.K. y Tokomon regresaban junto a sus compañeros. Al parecer, la batalla se había terminado, porque no se escuchaba ningún ruido. Al observar con más detenimiento, se notaba que la lucha había sido intensa. Todos estaban cansados, sentados en los bancos. Pero había algo en común en todas las expresiones. Miedo.
-Son demasiado fuertes –murmuro Cody, apretando los dientes.
-Y hay demasiados de ellos –comento Armadillomon también.
-¡Mimí me acaba de enviar un mensaje! –anuncio Izzy-. ¡Todos están a salvo!
-¡Qué suerte! –exclamo Yolei, mientras Hawkmon dormitaba sobre sus piernas.
-También parece que Davis se libró de la maldición, e Imperialdramon logro pasar al Modo Luchador –leyó el elegido del Conocimiento. Un instante después, su expresión se volvió sombría-. Y Larios ha obtenido una técnica nueva. Parece que es capaz de derrotar incluso a los nivel mega sin dificultad.
-¡No puede ser! –exclamo Tai, molesto-. Esos digimon corruptos se nos escapan, y ahora ese maldito se hizo aún más fuerte.
-¿Qué paso? –les pregunto Agumon al rubio y su compañero-. Pensé que estaban peleando con ustedes –T.K. se lo pensó un segundo antes de responder.
-Parece que solo estaba haciendo tiempo. Fue capaz de mantener el mismo nivel que MagnaAngemon –miro hacia abajo-. Y luego de mostrarnos que tan fuerte era, escapo. Dijo que tenía cosas que hacer –Tokomon trago saliva. No les había dicho sobre el CD. Eso significaba que iba a tratar este asunto en privado, sin involucrar a los demás. Tenía un mal presentimiento.
-¡Maldición! –se quejó Kari, bastante enojada-. ¡No puede ser! ¿Por qué la Oscuridad tiene que regresar cuando todo iba tan bien? –todos bajaron la cabeza. Nadie tenía una respuesta.
-Yo derrotare a la Oscuridad. No te preocupes, Kari. No dejare que sufras más –pensó el elegido de la Esperanza. Y, en otro asunto, se dio cuenta de que Sophia no le había contestado aun. ¿Dónde se habría metido?
-¡Esto es excelente! –exclamo Lyramon, luego de probar nuevamente su nueva técnica combinada, el Conjuro de Magia Negra-. Con el poder de esta técnica, todo se hará más fácil. Aunque es cierto que aún tiene muchos agujeros –su expresión se volvió pensativa-. Más veloz, más alcance, y menor tiempo de carga. Además, hay que eliminar la necesidad de utilizar las dos piezas para darle más tiempo de reacción. Aún está muy lejos de ser realmente útil en batalla –suspiraron. En ese momento, ocurrió un incidente curioso.
Uno de los Bakemon que cargaba un bloque del nuevo castillo de Piedmon, repentinamente, sintió un peso extra. El bloque se le cayó en la arena gris. Y, simultáneamente, una enorme e inusitada ola lo tomo, llevando directo a la zona donde el digimon corrupto estaba practicando. El trozo de basalto iba a golpear directamente el rostro del Demonio Corrupto. Sin embargo, ellos se movieron un paso, dejado que el proyectil se hundiera en la arena sin causar daños.
-No pierden el tiempo, ¿verdad? –musitaron, mientras el Bakemon tomaba el bloque nuevamente, confundido por lo que acababa de pasar-. Apenas le acabamos de quitar la maldición a Motomiya hace un par de horas, y ya el primer intento de asesinato. Sí que eres rápido, Dios Demonio.
Así era. Aun no tenían los datos del D-3 azul. Si querían que Davis renunciara a la protección sagrada, debía estar vivo. Ningún ser, en toda la historia de los mundos conocidos, había sobrevivido a la maldición del demonio sin nombre. Solo algunos, que se convirtieron en dioses, los cuales podían deshacer sus maldiciones divinas con su magia. El resto había muerto. Solo había otra manera, aparte de esa, para que fuera cancelada esa condena. Tenía que perdonarte el propio maldecidor. Y eso era algo que nunca antes había sucedido. El Dios Demonio del Área Oscura, la encarnación del Odio Eterno, no perdonaba a nadie. Destruía mundo tras mundo, fuera quien fuera su víctima. Culpable o inocente. Digimon o humano. Guerrero o campesino. No había distinciones. Su sangre se unía a la de los cientos de miles de millones de muertos anteriores en la conciencia del mayor genocida del Multiverso.
Y por esa razón, habían probado la otra única forma de salvarse. Habían trasvasado la maldición del elegido a ellos mismos. Un método burdo, que requería el contacto de las almas. Muy pocos seres en la existencia eran capaces de hacerlo. Solo aquellos que sabían manipular almas. Y, comparando las capacidades físicas, no había nadie más adecuado para sobrevivir a la maldición que ellos. Un cuerpo que se regeneraba, velocidad extrema, y un ejército poderoso. El demonio sin nombre la tendría difícil. Y, si todo salía de acuerdo al plan, muy pronto se librarían permanentemente de esa maldición.
-Está hecho –dijo la voz mecánica de Andromon, de pie en la arena gris. El digimon corrupto comenzó a reírse. Era absolutamente humorístico.
-¡Quisiera ver la cara de Murray cuando vea su cuenta! –nuevamente, paso de lo siniestro a lo chistoso en un instante-. ¡Y también la de los políticos de Nueva York cuando vean esa donación tan enorme! Bueno, al menos no tendrán problemas para reparar Manhattan. Y Murray sí que estará molesto –se imaginaban la situación-. A este paso, parece que la conspiración que dice ese nazi que hacemos los digimon en su contra se convertirá en cierta.
-Igualmente, es un total ignorante. Como si a los digimon nos interesara interferir con los humanos –opino Leviamon vía telepática.
-Eso es cierto. El sujeto necesita que le den una buena tunda para aprender a no meterse donde no debe –añadió LadyDevimon, con un tono ciertamente malicioso.
-Por ahora, solo hay que preocuparnos por si Takaishi responde a nuestra llamada. Y hay que vigilar el Área Oscura, por si a Demon se le ocurre hacer una jugada sorpresa –puntualizo Lyramon-. Aunque, después de que la mayor parte de sus legiones fueran aniquiladas, no creemos que intente algo pronto –una sombra de duda pasó por el rostro del digimon corrupto-. A menos claro, que le pida ayuda a su viejo amigo.
-¿Viejo amigo? –pregunto Piedmon, bebiendo un vino tinto añejo.
-Sí. Hay otro Demon Lord original en el Área Oscura que podría darnos problemas. Barbamon, el señor de los Ángeles Caídos –ante ese título, los presentes dudaron. Si otro Demon Lord se unía a la batalla, las tornas se voltearían. Especialmente si Barbamon era tan cruel y poderoso como se rumoreaba.
-Barbamon no intervendrá personalmente. De hecho, es probable que incluso se niegue a hablar con Demon –discutió el cocodrilo gigante-. Es muy distinto a como era antes. Ahora dicen que solo se interesa en estudiar el Multiverso –hizo una pausa-. Aunque, es probable que ese chico talentoso si desee venir. Pero solo si le interesa.
-¿Te refieres a ese cazador? –pregunto el Demonio Corrupto-. Está totalmente loco. Hay cosas que ningún digimon puede hacer, por más poderoso que sea. Y una de ellas es desafiar al ser más poderoso de la existencia actual. Los cazadores y los vengadores son solo otro montón de ilusos que aspiran demasiado alto. Ninguno lograra inmutarlo a Él.
-¿Seguirás con esto? –pregunto una voz ajada, distorsionada por una larga barba blanca.
-Por supuesto que lo haré, maestro. Para esto fue que nací –un sonido metálico se escuchó de trasfondo a la voz profunda y rasposa-. Yo seré el cazador que finalmente lo logre. Venceré a Uroboros y me convertiré en el nuevo demonio más fuerte. Después de todo, ni siquiera Él es capaz de enfrentar al puro poder de mi mascota –un sonido atronador invadió todo el lugar. Algo inmenso se movía en el Área Oscura. Algo poderoso y dantescamente descomunal.
-Que sea como tú lo quieras, alumno mío –suspiro el Demon Lord-. Pero tenlo en cuenta: No tienes la menor idea de dónde te estás metiendo. Después de todo, estamos hablando del séptimo más antiguo del Multiverso, que no puede ser clasificado como digimon. Y, actualmente, él que ocupa el lugar del más poderoso de todos los seres –levanto su rostro-. Uroboros, si realmente te presentas en ese mundo, como dice ese joven, entonces el equilibrio de la realidad misma se hará pedazos. Después de todo, tu poder es capaz de destruir todo el Multiverso.
Continuara…
