CAPITULO 22
Apuesto que extrañaban el Lemmon, tranquilas y, disfrútenlo.
Y así todo volvía a su lugar, Hermione seguía dando clases y, como su bebé había heredado la curiosidad de ella y, el silencio en la personalidad de su padre, no había problema al tenerla en clases, dos semanas habían transcurrido desde ese acontecimiento y la familia Snape y todo Hogwarts empezaban a olvidarlo, pero algo le faltaba a Hermione, que era esa intimidad con su marido, y ese día que era el día en que había entregado su libro para publicarlo, tenía pensado una forma de celebrarlo.
Llegó a su habitación pero no pudo encontrar a su esposo, así que se dispuso a darse un baño y después se fue a dormir, quedándose con un pequeño bóxer y una playera delgada.
Cuando se estaba tranquilizando su sueño con calma, notó que unos brazos firmes la abrazaban.
El olor que adoraba pendía a su alrededor.
Unos labios la besaron.
Abrió los ojos en la noche y vio sombras.
Aunque sabía quién estaba ahí.
Su despertar fue tranquilo y suave, algo bueno y, para ella una experiencia completamente familiar después de hace mucho tiempo.
-. Estás aquí -. Murmuro contra sus labios.
-. Y tú también -. Susurró él. -. Extrañaba encontrarte en mi cama -.
Las manos de Severus habían estado ocupadas mientras ella dormía.
Se dio cuenta de que estaba desnuda de cintura para abajo; le había quitado su bóxer de seda.
Severus también estaba desnudo.
Podía sentir sus músculos duros y su piel sólida intentando mezclarse con la suya.
Su playera estaba levantada y sus pechos estaban siendo devorados por sus ásperos labios; su barbilla le hacía cosquillas en su sensible piel mientras jugueteaba con sus pezones, tirando y lamiéndolos hasta que la convirtió en una criatura que gemía y se retorcía debajo de él.
Hundió las manos en su pelo y sentía el movimiento de su cabeza mientras veneraba sus pezones y la acariciaba.
Se detuvo y le quitó la playera del todo y se quedó mirándola, hambriento y hermoso.
La luz del baño principal se filtraba lo suficiente como para permitirle verle ligeramente y se alegró.
Necesitó ver a Severus cuando se acercó a ella.
Le tranquilizaba saber que estaría a salvo con él.
-. La cama huele a ti -. Dijo Hermione.
-. Tú eres lo único que quiero oler, y ahora mismo muero por tenerte en mi boca -. Entonces le abrió las piernas y descendió.
-. ¡Oh, Merlín, Severus! -. Las maniobras de su lengua en su hendidura, arremolinándose sobre la carne acalorada abierta para él, le hizo pasar de adormilada a excitada en menos de un segundo.
No podía estarse quieta a pesar de que él la tenía bien sujeta por la cara interna de los muslos.
El orgasmo vino a ella tan rápida y tan violentamente que se escuchó a si misma gritar a su paso, mientras cabalgaba en su lengua con lujuria y sus músculos se contraían y vibraban de placer abrasador.
Severus gimió contra los labios de su sexo y se apartó, mirando probablemente lo que quería poseer.
Severus no pidió permiso.
Simplemente la poseyó.
Levantó las piernas por encima de sus hombros y la taladró fuerte y profundamente.
Hizo ruidos mientras su sexo la llenaba.
Estaba inmovilizada por su invasión y todavía no se había recuperado del orgasmo, así que solo pude aguantar mientras la penetraba.
El sexo era apasionado y brutal con él diciéndose lo bien que le hacía sentirse, lo mucho que le deseaba ahí en la cama de ambos y lo hermosa que Hermione era.
Todo pensamiento para darse por encontrada.
Para hacerse más dependiente de él.
Más enredada en su mundo.
Y ella lo sabía.
Severus le hizo llegar al orgasmo una vez más; sus caricias casi castigadoras tenían la intención de reclamar primero y dar placer en segundo lugar.
Pero el placer era infinito cuando llegaba al mismo tiempo que su explosivo orgasmo.
Sintió cómo sus lágrimas se deslizaban por las sábanas cuando acepto lo que le daba.
Dijo su nombre ahogado, le miró fijamente a los ojos como las demás veces.
Supo que había visto sus lágrimas.
Apartó sus piernas de sus hombros y se apoyó contra él, sujetándole la cara y acariciándole; examinándole con sus ojos negros, aún dentro de ella, encorvándose despacio y profundamente con su habilidoso sexo, alargando el placer.
-. Eres mía -. Susurró.
-. Lo sé -. Le respondía con otro susurro.
Le besó con sus cuerpos unidos mientras exploraba con suavidad sus labios y le daba ligeros tirones y mordisquitos sin hacerle daño.
Se aferró a ella y le besó durante mucho tiempo antes de salir de su cuerpo.
En su cabeza, hacer el amor con Severus su esposo, solo podía describirse como algo bonito.
Sabia que para otros sería pornográfico, pero para ella era simplemente un bonito acto que los unía más.
Tener relaciones íntimas así con él, que la deseaba de forma tan intensa, era una droga adictiva.
Más potente que nada de lo que hubiera experimentado antes en su vida.
Creyó que podría perdonarle a Severus prácticamente todo.
Y ese era la base de su matrimonio, pero aceptaría caer una y otra vez.
Pero aunque la vida de antes, estaba solucionada y, Hermione podía estar segura que Severus había cambiado y amaba a su hija, incluso más de lo que demostraba, por las noches seguía teniendo pesadillas, esas pesadillas en que Ron, la tocaba y la golpeaba y, que aunque ella respirara la paz profunda, seguramente él regresaría de alguna forma y se la echaría a perder.
Cada noche despertaba gritando, y esa noche no era ninguna excepción:
-. ¡No! -. Severus se despertó a su lado, mientras la abrazaba y la incorporaba sobre su regazo, aunque estaba más que acostumbrado al insomnio, él verla así, le preocupaba, no quería tocarla otra vez, hasta que se sintiera mejor, pero Hermione no quería eso. -. Por favor Severus, haz el amor conmigo te necesito, necesito que me alivies lentamente -. Severus la miro pensativo y tras discutirlo consigo mismo, decidió hacerlo, pero ahora lo necesitaba lento, no solo ella sino también él.
