Capítulo 15: El Comienzo del Final
-Maestro –comenzó una voz profunda, con un leve toque mecánico-. Ya ha comenzado. A este paso, muy pronto ocurrirá ese día. Si es que ocurre, claro.
-La probabilidad es alta –el Juzgador suspiro-. Yo, que he visto nacer al Multiverso, también lo veré morir. Que perspectiva tan extraña e irónica.
-Y cuando la segunda señal este realizada, significara que la Maldad Final aparecerá inevitablemente –repaso el discípulo-. Y entonces, usara su técnica prohibida para invocar a la Nada, causando el Final de todo lo conocido. Pero eso solo será hasta que ocurran las siete señales –meneo la cabeza-. ¿Y de verdad quiere el quinto, el instigador, utilizar la Leyenda que dejo su padre para conquistarlo todo? Está loco de remate.
-No, no está loco. Al contrario, esta tan cuerdo que da miedo. Ante la locura, él no sucumbe, y se convierte en una existencia aterradoramente lógica. Y, bajo esa lógica retorcida, debe ser el gobernante del Multiverso. Así es mi hermano –replico el cuarto.
-Es una amenaza. Si el primero estuviera aquí, ya lo habría castigado severamente.
-¡Pero nuestro padre no está aquí! –estallo el cuarto. Al notar la tristeza en la voz de su maestro, el alumno callo de inmediato-. Todos nos sentimos olvidados. El Gobernante Secreto, la Absoluta Luz Etérea, el Juzgador, el Sabio Retorcido y el Rey Dorado. Esas fueron sus sonrisas para enriquecer el espacio Vacío. Y, sin embargo, tuvo que crear a esa cosa aterradora. El séptimo, Uroboros, el demonio más fuerte.
-Sí, lo comprendo. Aunque sea su hermano, es un ser demasiado terrible –el alumno guardo silencio un instante-. Estoy preocupado por el chico. Los datos corruptos ya lo han marcado como el siguiente objetivo.
-No te preocupes –repuso el maestro-. Lyramon es solo otra víctima de sus planes. A diferencia de la mayoría, no han perdido aun la lucidez, y su corazón solo anhela un lugar al que llamar hogar. Es un mal minúsculo en comparación con la Dimensión Maldita.
-Hablando justamente de ese lugar, hay algo que me preocupa. Si la segunda señal es cierta, entonces esa cosa se va a soltar, ¿no?
-Por supuesto. Juggernaut es una bestia horrorosa. Plutomon ya está preparado para deshacerse de él. Y mi hermano, el Rey Dorado, ya está preparado para detener a los emisarios que envíen.
-Con eso, maestro, ya tenemos a tres de los siete Dioses metidos hasta el cuello en esto. Con el primero desaparecido, y el segundo y el tercero ocultos, solo falta saber que está planeando el séptimo.
-Discípulo mío, créeme que no lo sé, pero tengo un muy mal presentimiento. Recuerda cual es el objetivo principal de Uroboros –el cuarto suspiro nuevamente, esta vez con un ambiente aún más decaído.
-Asesinar al elegido de la Leyenda, ¿cierto? –su maestro asintió-. Maldita sea. Tener a la existencia más poderosa en contra, queriendo destruir nuestra única esperanza. ¡Qué mala suerte!
-No es suerte, semidiós mío, sino el inexorable Destino –le corrigió el Juzgador.
El sonido del shinai siendo agitado con fuerza, los pasos pesados, y la respiración agitada de las dos personas vestidas con equipo de kendo resonaban en la habitación. Cody y su abuelo intercambiaban golpes veloces y poderosos, mientras Armadillomon contemplaba la situación con ojos maravillados. Le encantaba esa manera frenética en que movían las espadas. Después de todo, para el pequeño digimon, la velocidad no era algo a lo que estuviera acostumbrado.
-Cody, en tus golpes hay ira e impotencia –Chikara Hida hizo un rápido movimiento, desarmando a su nieto, mandando su espada a volar con sencillez-. ¿Hay algo que debas contarme?
-Bueno, sí, lo hay –Cody paso a relatarle todo lo que había pasado en las últimas semanas a su abuelo, el cual escucho con una expresión intrigada. Se notaba que la voz del chico estaba cargada de inquietudes. Era una situación absolutamente desesperada.
-¿Así que, ellos simplemente son demasiado fuertes? –pregunto Chikara, tocándose la barbilla-. Sí, creo que entiendo cuál es la situación. Es una batalla muy complicada si tu oponente te supera ampliamente.
-¡Pero no es solo fuerza! –replico el elegido del Conocimiento y la Sinceridad-. ¡También son más rápidos, más listos, y salen de entre las piedras! –sus puños se apretaban con fuerza, mientras su cuerpo temblaba de furia bajo el equipo de práctica. Armadillomon no sabía qué hacer. Después de todo, tenía toda la razón.
-Sí, la situación parece en extremo complicada –respondió el anciano-. Pero creo que tu punto de vista es demasiado pesimista. Aún no ha pasado ninguna tragedia que debamos lamentar, así que por ahora la situación no es tan negra
-¡Eso es cierto! –murmuro el chico, dándose cuenta de un asunto importante-. ¡Ellos nos pudieron haber exterminado en el lugar, pero no lo hicieron! Algo hay aquí que es demasiado extraño –su mente estaba pensando, tratando de armar el rompecabezas. Desafortunadamente, apenas tenía una esquina de un dibujo demasiado complejo-. Tal vez quieran que todos renunciemos a la protección sagrada antes, pero entonces no tendría sentido dejar a Ken y Yolei con vida si es así. ¿Se estarán burlando de nosotros?
-Bueno, no hay que pensar en estas cosas tan lúgubres… –sin embargo, Chikara se detuvo al ver la mirada de tristeza de su nieto. Un instante después, sus palabras le dieron aún más que pensar.
-¿Qué habría hecho mi padre? –la pregunta no era para él. Cody se lo estaba preguntando a sí mismo.
La atmósfera era realmente deprimente. En ese momento, el antiguo oficial de policía suspiro, cerro sus ojos, y revelo en palabras sus pensamientos.
-Eso es algo que nunca sabremos. Los muertos no hablan con los vivos. Tal vez así es como está diseñado el mundo, de manera de que nosotros tengamos que seguir adelante, buscando la sabiduría y las respuestas que nos faltan –abrió los ojos, dándole a su nieto una mirada realmente profunda-. Sin embargo, a pesar de que tropezó en varias ocasiones, Hiroki jamás se rindió, y siguió avanzando. Eso es lo que debemos aprender de él.
-Gracias, abuelo –murmuro Cody. El tono amargo en su voz había disminuido considerablemente. Chikara sonrió, viendo los resultados de sus enseñanzas. En ese momento, se oyeron unos golpes suaves en la puerta.
-¡Oh, casi lo había olvidado! –exclamo el viejo, mientras reía, con cierta vergüenza-. Curiosamente, hace un par de días, me topé con un joven de tu edad que practicaba kendo. Así que pensé en dejar que practicara contigo, para ver qué tal se llevaban –miro hacia la puerta-. ¡Está abierta! Pasa, por favor.
Una nueva persona entro en la habitación. Ya vestido con su traje de protección, y cargando un shinai, esta persona parecía ligeramente más alto que Cody. A causa de la máscara, no se podía distinguir muy bien su rostro, pero se entreveían unos cabellos cobrizos y una piel caucásica.
-¿Viniste ya totalmente equipado? Eso debe ser pesado –murmuro Chikara, sorprendido. El joven se inclinó levemente.
-No hay cuidado, estamos acostumbrados –se levantó, para volver a inclinarse ante el elegido-. Johny Larios. Mucho gusto –ante ese nombre, el joven pego un respingo.
Creo que venía de México, ¿no es así? –pregunto el anciano, a lo que el recién llegado asintió-. Bueno, debo irme. Vendré dentro de un momento a observar –el abuelo de Cody abandono la sala. En su bolsillo había un sospechoso bulto que hacía sospechar de un paquete de yogur. El elegido del Conocimiento y la Sinceridad observo irse a su abuelo. Apenas la puerta fue cerrada, se lanzó a una velocidad sorprendente con su shinai, golpeando la espada del otro joven, que había sido levantada a una con una rapidez realmente inhumana.
-¿A quién crees que estas engañando? –pregunto el chico, apretando los dientes con furia. Su oponente hizo un movimiento rápido, desarmándolo en un abrir y cerrar de ojos, y dando un salto hacia atrás de manera muy elegante.
-A nadie. Hubiéramos inventado un apodo si quisiéramos que no te dieras cuenta –se quitaron la máscara, revelando un rostro similar al del falso agente del FBI. Parecía que fuera su versión infantil-. Y ni te molestes, Armadillomon. Sabemos todas las capacidades de Ankylomon, Digmon y Submarimon. Sin mencionar la diferencia de nivel –los datos corruptos sonrieron, mientras se arreglaban el cabello. Elegido y digimon comprendieron que no había forma de ganar una batalla contra ese monstruo.
-¿Qué quieres? –pregunto el Mamífero-. Si no vienes a pelear, entonces debe ser otra la razón. O tal vez solo vienes a molestar.
-¿Cuándo hemos molestado a alguien? –preguntaron, irónicamente.
-Apenas hace tres días –replico Cody, refiriéndose al incidente de Belphemon. Davis y compañía acababan de volver, luego de pasar por un interrogatorio completo de parte del Ejercito de los Estados Unidos. La cara que habían puesto, al saber que alguien había donado una enorme cantidad de dinero para reparar la ciudad, fue indescriptible. Realmente parecía obra de los datos corruptos, con sus múltiples conspiraciones.
-Oh, es cierto –murmuraron ellos, cerrando sus ojos dorados con elegancia-. Solo queríamos deshacernos de esa bestia horrible. Un problema menos para el Digimundo. Pero el asunto aquí es otro muy diferente, Cody Hida –abrieron esos ojos reptiloides, de una manera diabólica-. ¿Cuál es tu deseo?
Muy lejos, en el mundo digital, tres figuras caminaban por la épicamente recordada isla File. Una de ellas, con un intenso cabello pelirrojo; la segunda, volando a un metro del suelo con unas alas coriáceas; y la tercera, tomando notas en un cuadernillo con una vehemencia que dejaría sorprendido a cualquier espectador.
-Así que este es el Digimundo –Joshua apuntaba cada cosa que veía sin parar, con los ojos desorbitados-. Es mucho más interesante de lo que imaginaba –el Insecto y su compañero intercambiaron una mirada preocupada. Era la vigésima vez que el italiano decía la palabra ''interesante''. Y su expresión era, a cada momento, más espeluznante. Traerlo ya se les antojaba una mala idea. Por lo menos, se estaba divirtiendo, o eso parecía.
-Esta es la isla en la que nací –afirmo Tentomon, tratando de iniciar una conversación-. Y donde conocí a Izzy.
-Interesante –vigésimo primera vez.
-Bueno, ya deberíamos estar por llegar –el elegido del Conocimiento trato de romper la atmósfera, apartando unas ramas. El bosque se extendía a su alrededor-. Tal vez Centarumon sepa algo sobre la premonición de Willis.
-Aún sigo afirmando que debe ser algo relacionado con alquimia –protesto Joshua-. El símbolo de la serpiente que se muerde la cola es milenario, y siempre se lo ha conocido como Uroboros. No es nada especial, salvo por esa estrella de siete puntas, y los versos diabólicos.
-Eso es justamente lo que me preocupa –replico Izzy.
-Bueno, si crees que encontraremos algo en esas ruinas, no me importaría visitarlas –esbozo una sonrisa-. Suena muy interesante –vigésimo segunda ocasión. Entonces, su rostro se puso sombrío-. Tal vez podamos cambiar el curso de este conflicto, que está solo en nuestra contra.
-¿A qué te refieres? –pregunto el Insecto.
-Ya deben haberse dado cuenta de que caminamos envueltos en sombras, justo sobre la palma de Larios. Todas nuestras acciones han sido predecidas y bloqueadas. Es como si lo único que pudiéramos hacer, es seguir el guión que él nos ha escrito en esta historia –tenía demasiada razón. Luego de escucharlo, Izzy comenzó a pensar que ya no había nada que pudieran hacer. Sin embargo, aún tenían muchas cuestiones que resolver, y una de ellas era la que los había llevado allí. Quería saber porque tenía ese presentimiento tan funesto.
-Allí esta –dijo Tentomon, al cabo de un minuto. Los antiguos edificios, cubierto de maleza y moho, resaltaban a la vista. La expresión del italiano era cada vez más ensoñadora.
-¡Vamos! –chillo, comenzando a correr. A cada paso que daba, se tambaleaba como un loco. Elegido y digimon tomaron nota de eso. Cuando algo le interesaba, Joshua no estaba exactamente en sus plenas facultades mentales.
-¡Alto! –se escuchó una voz. Ellos la reconocieron-. ¡No puedes entrar aquí!
Centarumon estaba de pie en la entrada de las ruinas, mirando al joven investigador de manera sospechosa. Por su parte, el chico observaba al digimon con una expresión babeante. Su mano esgrimía el bolígrafo a velocidades nunca vistas por el hombre.
-¡Interesante! ¡Interesante! ¡Interesante! –ya iban veinticinco veces.
-¡Centarumon! –exclamo Izzy, haciendo que el guardián del lugar lo observase.
-Oh, son ustedes –comprendió, relajándose-. Supongo que este joven debe ser una nueva adición al grupo.
-Sí, él es Joshua Randazzo. Parece un poco raro, pero en el fondo es un buen chico –le presento Tentomon. A su lado, el italiano continuaba su tarea de tomar notas. La verdad, hasta el Hombre Bestia podía notar que no parecía exactamente un buen chico-. O eso creo –murmuro el Insecto. Centarumon soltó una risa al ver al elegido del Conocimiento encogerse de hombros.
-Parece tener una personalidad ciertamente curiosa. Bueno, este es un mundo grande, al igual que el suyo –soltó otra risa-. Volviendo al tema, ¿qué los trae por aquí?
-Queríamos saber si sabias algo sobre un asunto interesante –comenzó el joven de cabello castaño, diciendo la palabra por vigésimo sexta vez-. ¿Has oído hablar alguna vez de algo llamado Uroboros?
-¿Uroboros? –repitió pensativo el centauro-. No, creo que no he oído hablar de algo llamado así.
-Muéstrale –índico Joshua. Izzy saco la hoja de papel donde estaba el dibujo de Willis. Al verla, el digimon cambio levemente su expresión. Se llevó las manos a la cintura, y parpadeo con su ojo. Sus tres interlocutores notaron que no era la primera vez que veía ese símbolo. Finalmente, les indico que lo acompañaran.
-¿Por qué no fueron primero a visitar a Gennai? –pregunto el hombre caballo, mientras los conducía por el laberíntico interior.
-Él está ocupado en estos momentos. Aun trata de restaurar una profecía que podría sernos muy útil después –respondió Tentomon.
-Oh, así que se trata de la Ultima Bestia, ¿no es así? –no era sorpresa que lo supiera. En esas ruinas, había conocimientos secretos del Digimundo. Era probable que la profecía también estuviera mencionada en alguna parte, o podría provenir originalmente de allí.
-Eso creemos –respondió Izzy, apesadumbrado.
-No es bueno. Los digimon corruptos son muy fuertes. Y, si lo que escuche sobre esa Ultima Bestia es cierto, entonces está relacionada con los Demon Lords –los jóvenes se sorprendieron ante esas palabras-. Pero, hay cosas que son incluso más antiguas en esta isla. Justamente, el lugar donde he visto ese símbolo antes, es la parte más arcaica de las ruinas –el Hombre Bestia hizo silencio un momento-. ¿Han oído hablar de la diferencia entre Dioses y dioses?
-¿Qué los primeros van, sin ninguna razón en especial, con mayúscula? –respondió el italiano. Izzy le hizo una seña para que dejara de hablar.
-No. En realidad, es porque los primeros tienen potestad a una escala mayor –afirmo el hombre caballo-. Creo que ya deberían estar enterados de la existencia de múltiples mundos, los cuales se agrupan en dimensiones.
-¿La teoría de los mundos paralelos es cierta? Muy interesante –vigésimo séptima vez.
-Davis menciono que visito un mundo distinto gracias a un digimon muy raro llamado Parallelmon –recordó el Insecto.
-En cada una de esas dimensiones paralelas, existe al menos un ser que está conectado a la energía vital del espacio, convirtiéndose en un dios. La mayor ventaja de serlo, es que tus poderes aumentan considerablemente, adquieres vida eterna e inmortalidad, y la energía del mundo tiene muchas utilidades.
-¡Eso suena muy sorprendente! –exclamo Izzy-. ¿No hay ninguna contra?
-Bueno, te haces obligatoriamente el gobernante y protector de ese mundo. Actualmente, hay cuatro seres que gobiernan el Digimundo, las Bestias Sagradas. Así mismo, los dioses pueden nombrar a semidioses. Les conceden ese mismo aumento de poder, además de otorgarles una larga vida, y una conexión a la energía vital del mundo, aunque tiene varias restricciones –se interrumpió un instante, para que pudieran asimilar toda la información mientras caminaban. En realidad, Centarumon resultaba ser un buen orador-. Aun así, es peligroso nombrar semidioses al azar. A pesar de que te rodeas de poderosos protectores, ellos pueden intentar derrocarte. La inmortalidad que te protege de que otros seres te asesinen, no funciona con quienes estén conectados a la energía vital, como los semidioses de tu dimensión. Ya que los Demon Lords y los Royal Knights son semidioses de manera natural y hereditaria, esto te explica porque son tan poderosos y peligrosos.
-¿Eso significa que si apareciera un Demon Lord, podría asesinar a ChingLongmon? –pregunto Tentomon.
-Sí. Es más, si las cuatro Bestias Sagradas son destruidas por semidioses, el sucesor debe ser obligatoriamente uno o más semidioses. En ese caso, el Demon Lord se convertiría en dios y adquiriría la inmortalidad.
-Interesante –luego de decir la palabra por vigésima octava ocasión, Joshua paso la página de su cuaderno-. Entonces, siempre debe haber al menos un dios. ¿Y qué tienen que ver en todo eso los Dioses?
-Bueno… –respondió pacientemente el Hombre Caballo-. Ellos son distintos. A diferencia de los dioses, obtienen su poder de la energía de un elemento. Por eso existe el Dios del Fuego, o cosas así, pero eso no se limita a elementos comunes. Están los sentimientos, las diferentes especies de digimon, o incluso las diferentes clases de humanos. Después de todo, también debe haber un humano que ostenta el título de dios en su mundo, aunque nadie más lo sepa.
-En ese caso, debería haber muchos Dioses –opino Izzy, mientras volteaban una esquina. Ya estaba totalmente perdido. No tenía idea de cómo se orientaba el hombre caballo.
-No. Lo que los hace especiales, es que hay uno de ellos por todos los universos distintos. Esos son los Dioses, que obtienen su poder de los elementos, en todo lo que se llama el Multiverso. Toda la existencia que conocemos.
-Es complicado –repuso Tentomon.
Centarumon se detuvo sin previo aviso, tocando una piedra en la pared que aparentemente no era diferente a docenas más. Sin embargo, cuando lo hizo, una parte de la pared se deslizo hacia atrás.
-¡Un pasadizo secreto! –exclamo Tentomon.
-No sabía que había estas cosas aquí –murmuro Izzy.
-Interesante –vigésimo novena vez.
-Aquí es donde está grabado ese emblema –señalo el guardián-. Yo lo llamo ''el mural de los siete Dioses''.
A lo que se refería, era a una pared colocada justamente detrás de la muro que se acababa de deslizar, evidentemente era el secreto escondido. A lo largo del mural, se apreciaban siete dibujos antiguos, tallados por una mano hábil. Aún muchos siglos después, nunca se ha descubierto quien fue el ser que grabo esos emblemas. Incluso se sospecha que, tal vez, sean vestigios de un secreto que sacudiría la misma realidad de ser revelado.
-Ciertamente, aquí está –señalo el italiano, refiriéndose al dibujo que estaba en el borde derecho.
-De izquierda a derecha, estos son los emblemas de los siete Dioses originales. Ellos son los únicos en poseer varios títulos. Se dice que son más antiguos que el propio Multiverso. No pueden ser clasificados ni como humanos, ni como digimon, u otro ser conocido, además de Dioses. Grabados en la lengua antigua, están sus títulos principales, o eso creo –informo su guía-. No sé leerla.
-Es latín –aprecio el joven de quince años-. Yo sí puedo leerlo.
-¿En serio? –preguntaron Centarumon, Tentomon e Izzy a la vez.
-Sí. Hablo fluidamente inglés, italiano, español, japonés y francés; además de que se un poco de latín, chino mandarín, galés y sueco.
-Increíble –le reconoció el pelirrojo-. Bueno, entonces, ¿qué está escrito allí?
-Este de aquí dice ''Deus Omnia'', que significa Dios del Todo, o algo así –el dibujo, ubicado en el extremo izquierdo, era una especie de pequeña canica, pintada de un rosa claro, la cual reflejaba un brillo leve. No parecía impresionante ni llamativo, con la excepción de que a su alrededor había un circulo aparentemente vació, el cual era rodeado por una zona coloreada con un verde francamente repulsivo.
-Si las leyendas son ciertas, es el creador original del Multiverso, el Dios absoluto que gobierna sobre la realidad, al que llamamos Padre. También es el padre de los otros seis Dioses. El ser que incluso los humanos llaman Dios. El primero.
-Sigamos –pidió Joshua-. El que está a su derecha dice ''Deus ex Regum'', que significa Dios de Reyes –el emblema era un trono exquisitamente tallado. Tenía tesoros que iban de monedas a brillantes, armas varias de todas las naciones y tiempos, pieles de muchos animales, y cientos de súbditos borrosos que no parecían humanos ni digimon. El propio trono tenía un respaldo precioso, aunque inquietante, hecho de hueso y piedra, acabado en dos calaveras no humanas, cada una con una magnifica corona de oro y joyas.
-Lindo trono –murmuro Izzy, sarcásticamente.
-Debe ser un rey muy rico y poderoso –opino Tentomon.
-Ese es el hijo mayor del Padre. Lo apodan como el Gobernante Secreto, porque es el máximo rey, pero nadie sabe dónde se oculta. Dicen que, secretamente, gobierna gran parte del Multiverso. El segundo –repuso el Hombre Bestia.
-El que está a su derecha dice ''Deus Lux'', Dios de la Luz –el símbolo era simple. Tres puntos luminosos, cuyos muchos rayos se difundían por todas partes. El trabajo era delicado y bello. Parecía que había tomado mucho tiempo tallar esos resplandores.
-Ese es el más sagrado de los Ángeles, la Absoluta Luz Etérea. Dicen que nadie puede atraparlo, y que es invisible e intangible. El tercero –informo Centarumon.
-Luz… –humano y digimon elegidos pensaron exactamente en lo mismo. Tal vez, ese Dios podía tener que ver con Kari. Sin embargo, había aún más símbolos.
-Este de aquí dice ''Deus Iustitia'', Dios de la Justicia –suspiro-. Y ya te digo que este emblema no me da muchas ilusiones al respecto –se trataba de una balanza simple, de bronce, que tenía cuatro platillos. En el sentido de las agujas del reloj, los platillos contenían: Una pluma larga de ave, una máscara festiva de un color rojo rubí, una llave antigua de hierro, y un cuchillo reluciente manchado con sangre-. Creo que simbolizan, respectivamente, el peso de la palabra, el peso de los secretos, el peso de la evidencia, y el peso de la culpa.
-Oh, lo has deducido muy bien –aseguro el centauro-. Es llamado, simplemente, como el Juzgador. Dicen que mantiene el equilibrio del Multiverso, y que es el máximo juez que existe. Actualmente, dirige una organización conocida como ''Los Juzgadores'', que se dedican a proteger muchos mundos. El cuarto.
-Pues si podía haber algo peor, es este de aquí –señalo el italiano-. ''Deus Sapientiae'', Dios de la Sabiduría –el emblema era una mano humana esquelética, que portaba cinco anillos. De arriba a abajo, de pulgar a meñique, estaban decorados con cinco joyas ilustradas: Un lobo azul zafiro, un halcón blanco diamante, un cocodrilo verde esmeralda, una rana amarillo topacio, y un salmón con un curioso color violeta claro amatista.
-¿Por qué opinas que es peor? –pregunto Izzy. No veía algo tan raro en ese símbolo, además de la mano.
-Noten que están ubicados de manera en que las especies más dominantes están arriba. Es una clara referencia al poder, a la dominación, a la ventaja evolutiva que hace que se impongan los poderosos –Joshua hizo un mohín con los labios-. Parece la marca de un tirano –Tentomon, al escuchar eso, se escondió tras su compañero. Centarumon soltó un suspiro.
-Lo llaman el Sabio Retorcido. Sus experimentos son tan terribles y repulsivos que se ha ganado ese nombre, así como otros menos favorables. No se sabe dónde está actualmente, pero se han mencionada rumores de un ser oscuro que arrastra desapariciones, estragos y espantos horribles consigo. El quinto.
-Si ese Dios es tan malvado, ¿por qué no han hecho nada al respecto? –pregunto el pelirrojo.
-No hay mucho que alguien, por fuerte que sea, pueda hacer contra uno de los siete Dioses. Incluso los nivel mega están indefensos –respondió el guardián.
-Y si eso no parece muy peligroso, observa al que sigue – interrumpió el investigador-. ''Deus Bellum'', Dios de la Guerra –seis sables, cruzados en tres pares, destellaban en colores dorados. Estaban adornadas abundantemente, con un diseño complicado y hermoso.
-Yo diría que él es el más salvaje de todos –opino Tentomon.
-Para nada. Se trata del Rey Dorado, que mantiene la paz en el Multiverso. Dicen que nunca ha perdido un combate desde el Principio, y que su compromiso, sacrificio y valor no pueden ser igualados. El sexto.
-Si se fijan, esos sables son adornos. Básicamente, se trata de trofeos, no usados en batalla. Un rey guerrero, Dios de la Guerra, pero que promueve la paz. Seguramente, es el Dios que lucha para acabar con las guerras –teorizo el italiano. Su sagacidad continuaba sorprendiendo a Izzy a cada momento-. Y aquí está el último, Uroboros –allí estaba. Una estrella de siete puntas, cuyos bordes estaban llenos de extrañas runas y símbolos antiquísimos, y todo eso era enmarcado por la serpiente negra de ojos rojos que se mordía la cola en un círculo. Seguía allí, igual de atemorizante, igual de misteriosa-. ''Deus Tenebris'', Dios de la Oscuridad.
-¿Oscuridad? –esa palabra hizo saltar la alarma de Tentomon-. ¿El Dios de la Oscuridad?
-Sí. Ese es el último de los hijos del Padre –informo el Hombre Bestia-. El demonio más poderoso que jamás haya nacido. El terror del Multiverso, que se arrastra como serpiente, y cuyo poder es ilimitado. Dicen que, en ausencia del Padre, nadie más puede derrotarlo. El ser que impera sobre las Tinieblas, los Demonios, el Odio, las Masacres, la Sangre, los Muertos Vivientes, y el Terror, entre otros cosas. El séptimo –como si quisiera hacer más drama, algo por demás innecesario, callo un segundo-. Nunca escuche que lo llamaran Uroboros, pero si tiene un apodo, aunque no puedo decirlo.
-¿Por qué? –pregunto Joshua, aun examinando el emblema. Sus ojos parecían pensativos.
-Aquel que lo pronuncie, quedara maldito por toda la eternidad. Algunos dicen que no tiene nombre.
-¿El demonio sin nombre? –pregunto Izzy. Un intenso miedo hacía temblar su espina dorsal-. ¿El Dios Demonio?
-Sí, así lo llaman –estaba confirmado.
-Eso significa que el presentimiento de Willis es sobre el más poderoso de los demonios. Y dijo que vendría aquí –murmuro el italiano-. El ser más poderoso del Multiverso, Uroboros, Dios Demonio de las Tinieblas.
-¡No puede ser! –chillo el Insecto-. ¡Es muy malo, Izzy! ¡Hay que hacer algo!
-Cálmate –pidió Centarumon-. Francamente, la posibilidad de que ese Dios venga a este mundo, de entre los cientos de miles de millones que existen, es un poco ridícula. No creo que haya una probabilidad del uno por ciento siquiera de que aparezca. Ese monstruo genocida solo vaga por el Multiverso, poseyendo cadáveres, y asesinando de manera brutal.
-¿Dices que Willis se equivoca? –quiso saber el elegido del Conocimiento.
-Eso es lo que quiero creer –dictamino el centauro-. Si esa cosa viniera aquí… No me lo puedo imaginar –un sonido fue escuchado de la bolsa de Izzy. Rápidamente, saco su D-Terminal, revisando un mensaje de Tai. Le estaba informando, justamente, sobre unos extraños movimientos de un posible digimon corrupto, allí en la isla File.
-Lo siento, debo irme –se excusó-. Hay que ayudar a Tai y Agumon. ¡Vamos Tentomon! –el Insecto lo siguió volando junto a su cabeza-. Joshua, cuando termines de investigar eso, nos encontraremos en ese árbol que acordamos, ¿sí? –el italiano no respondía, enfrascado en su investigación. No tenía un digivice aún, así que alguien más debía abrirle la puerta. Tomando sus movimientos como un sí, el pelirrojo fue a reunirse con el elegido del Valor.
-Si me disculpas, hay algo que tengo que hacer –incluyo Centarumon. Se marchó, internándose en el laberinto, seguido por un suave sonido de cascos. Cerciorándose de que nadie que lo viera, el joven cayó al suelo, sujetándose el estómago. Su rostro pálido, aquejado por un terrible dolor, se retorcía de agonía.
-No puedo dejar… Que nadie lo sepa…
El sonido de una campana saco al guardián del trabajo. Gennai, enfrascado en la lectura de unas tablillas, oprimió un botón de la consola, desplegando una pantalla holográfica. Allí, Centarumon lo saludo con un movimiento de cabeza.
-Sé que estas ocupado, pero no te quitare mucho tiempo –argumento el Hombre Bestia-. Izzy y Tentomon, junto con ese joven elegido llamado Joshua, vinieron preguntando sobre un ser llamado Uroboros. Y resulta que ese ser justamente fue el demonio sin nombre. Mencionaron que Willis, elegido del Destino, tenía un presentimiento funesto en relación al Dios de la Oscuridad.
-¿Uroboros? ¿Estás seguro de eso, Centarumon? –pregunto el guardián.
-Sí. Así lo llamaron –se oyó un ruido de fondo-. Bueno, debo irme, aquí hay algunas cosas que necesitan mi atención. Buena suerte con esa profecía, Gennai –la pantalla se apagó. Inmediatamente, el hombre vestido de blanco se lanzó sobre unos cajones, olvidando las tablillas.
-El problema no es una profecía, Centarumon. El gran y terrible problema, es una Leyenda. La Leyenda del Final –murmuro, con una apariencia desbocada. Saco un cajón, y revelo un fondo oculto. Allí, tomo una llave pequeñísima, y la incrusto en una cerradura escondida en una rendija. Una sección del suelo se desplazó, dejando a la vista una caja de marfil. Dentro, un pergamino enrollado reposaba. Gennai lo saco, tomo los bordes metálicos del sistema de cierre, y desplegó el documento.
-No. No puede ser. No ahora –su rostro se mostraba asustado. En la cara visible del papel arcano, dos párrafos de tinta negra destacaban en el fondo amarillento. Y, debajo del segundo, una zona del mismo ancho tenía un ligero tono oscuro, como si estuviera manchado. El guardián cayó al suelo, su capa blanca se arremolino en la alfombra, mientras el pergamino parecía reclamar ser leído con un llamado implacable.
-Pasado el tiempo desde la primera señal, sucederá la segunda. En todos los mundos será contemplada. Los cielos se resquebrajaran ante el poder de la Nada, invocada más allá del tiempo y el espacio por la Maldad Final. La corrupción se alzara, la Esperanza caerá, y ambas juntas se convertirán en una fuerza imparable. Ante los ojos de los espectadores, en la tierra de origen del elegido prometido, Uroboros se presentara en la montaña infinita, envuelto en sombras de odio y rencor ilimitados. Juggernaut, Dios del Desastre, se liberara de sus cadenas; la Dimensión Maldita será llamada, y el Sueño despertara de las sombras, bajo la mirada del cuarto, el quinto y el sexto –leyó el segundo párrafo, con apenas un hilo de voz. El sudor caía de su frente. Un presentimiento funesto, mucho peor de lo que nunca antes había conocido, se apodero de su mente. Montaña infinita. Montaña Mugen. La isla File. Y, allí mismo, si la señal no se equivocaba, aparecería el Dios de las Tinieblas, el demonio Uroboros, con su Odio Eterno.
-¿Qué quieres decir? –pregunto Cody, sin entender de qué iba esa pregunta. Larios se tomaba la molestia de aparecerse a su abuelo, engañarlo, y solo para hablar con sin los demás elegidos. Tenía que ser una trampa.
-Es muy simple. Solo dices lo que deseas, te lo concedemos, y tú renuncias a la protección sagrada. Es hablar, nada más –explico Lyramon.
-¡Cody no caerá en tu trampa! –Armadillomon respondió por su compañero. Ambos pensaban lo mismo.
-No es una trampa, es un trato –aclararon-. Aunque, creemos que ya has pedido tu deseo –hicieron una imitación perfecta de la voz de Cody-. ''¿Qué habría hecho mi padre?'' –los ojos del joven se abrieron casi por completo.
-¡¿Cómo te atreves a decir eso?! –el Mamífero estaba muy enojado. Tal vez, nunca había estado así de furioso. Nadie se iba a meter con su compañero, y mucho menos de esa forma.
-Recuerden lo que le paso a Ichijouji. Cuando estuvimos en su mente, algo muy curioso sucedió –se apoyaban en el shinai, como si estuvieran cansados-. Apareció Osamu Ichijouji, su hermano fallecido. Normalmente, eso solo parecería una alucinación inducida por el trance, igual que su doble, pero en ese momento, el espíritu realizo una acción que el propio Ken Ichijouji no sabía. Y eso solo tiene una explicación –se refería a ese contacto que realizo con su alma. Un recuerdo no podía hacer eso. Solo un ser verdadero podría lograrlo-. Un fantasma.
-¿Un fantasma? –preguntaron humano y digimon elegidos a la vez. Lyramon asintió.
-Un espíritu, si lo prefieren. Una parte del alma de su hermano aun anhela protegerlo. Y esa es la razón de que apareciera. Sabiendo eso, nos pusimos a pensar en un pequeño asunto –levantaron un dedo-. ¿Qué pasaría si intentamos invocar al alma de otro fantasma? ¿Funcionara? Y, para asegurarnos, lo probamos.
-¿Qué sucedió? –pregunto el joven, expectante. Armadillomon noto que estaba ciertamente interesado en la respuesta. Estaba congelado en el lugar.
-Un rotundo éxito –respondió el demonio-. Al disfrazarnos como adivina, logramos traer a la realidad al espíritu del esposo de una pobre mujer viuda. Duro solo unos minutos, pero créannos que fue un momento conmovedor. Y podemos hacerlo de nuevo.
-No puede ser tan sencillo –objeto Armadillomon-. No se puede invocar a la gente muerta. Ellos se han ido.
-Y así como se fueron, podemos hacer que vuelvan un momento. El único requerimiento, es que ambos anhelen reencontrarse. Y, dada esta situación, creemos que esa condición ya está aplicada.
-¿Quieres decir que puedo hablar con mi padre? –pregunto Cody, totalmente sobrecogido.
-Sí. Solo serán unos minutos. Tú decides si los valen o no –cerraron los ojos. Ahora, solo era tarea del elegido decidir.
-Cody, creo que te están engañando –opino el Mamífero-. Y, aunque dijeran la verdad, nuestros compañeros cuentan con nosotros.
-Se de lo que hablas, Armadillomon –murmuro el chico-. Veo su plan. Tiene que hacer que renunciemos voluntariamente. Y sé que todos cuentan conmigo, pero… –bajo la mirada-. Es que yo… Realmente quiero saber si es verdad.
-¡Que no te lleve la tentación! –el digimon observo al Demonio Corrupto-. ¡Cody no caerá en tu trampa! –Lyramon suspiro.
-Bueno, si es tu decisión final, nos vamos –se colocaron el shinai en los hombros, al estilo de un espadachín de película o serie, y caminaron lentamente hacia la puerta-. Nos veremos algún día –estaban a menos de un metro de la puerta corrediza. Cuando su mano estaba a tan solo unos centímetros, la voz del elegido los interrumpió.
-¡Esperen!
-¡Bingo! –chillaron miles de voces mentales a la vez. Estaba hecho. Se dieron la vuelta, viendo como Cody los observaba con una mirada llena de odio, pero también de esperanza. Armadillomon se había quedado callado.
-Sé que mis compañeros cuentan conmigo, y sé que podría decepcionarlos –balbuceo-. Pero esto es algo que tengo que hacer… –su mano señalo al digimon corrupto-. ¿Es verdad?
-Si no confías en lo que decimos, puedes traer a tu compañero para que te lo confirme. Pero déjanos afirmarte que prometemos que funcionara. Y nosotros siempre cumplimos nuestras promesas –respondieron. El elegido del Conocimiento y la Sinceridad asintió. El pequeño digimon solo lo miraba, entendiendo que no podía cambiar su decisión. Todo había salido tal y como estaba planeado.
-¿Qué hay que hacer? ¿Primero debo renunciar? –el demonio asintió con la cabeza, ante lo que el joven suspiro. Tomo su D-3 de la mesa. Lo alzo, apuntando al digimon corrupto-. Renuncio a la protección sagrada –y, sin siquiera levantar la voz, un cúmulo de datos apareció, entrando bajo el traje de protección de Johny Larios. El digivice pálido absorbió ávidamente el flujo, mientras la sonrisa inalterada del demonio adornaba la escena.
-Y a la primera. Perfecto –se acercaron a ellos-. Ahora, solo deben cerrar los ojos. Abran sus corazones al mundo. Escuchen el sonido de la naturaleza, sientan las corrientes que fluyen en la existencia ilimitada de la realidad y la no realidad, chocando mutuamente en espirales de…
-¿Es necesario hacer todo eso? –pregunto Armadillomon, consternado. El monstruo de ojos dorados sonrió.
-No, pero sonaba muy bien. Solo cierren los ojos, y relájense. Esto podrá sentirse un poco privado –siguiendo sus instrucciones, sintieron un extraño cosquilleo. Una corriente eléctrica les recorrió todo el cuerpo. Un instante más tarde, fueron lanzados a un profundo mar de sombras.
-Es hora de despertar, niños traviesos –la voz siniestramente cómica del demonio de ojos dorados les insto a observar su entorno. Aunque, eso era imposible. Simplemente, había niebla en todas partes, y era tan espesa que no había manera de ver más allá de tu propia nariz.
-¿Qué es este lugar? –pregunto Armadillomon desde el suelo. Cody no podía verlo.
-Es la mente del señor Hida. Esta tan lleno de dudas, que la visibilidad es nula. Podría decirse que esto es en parte culpa nuestra –la voz se oía desde el frente-. Dudas, secretos, misterios. Esos sentimientos suelen llevar a confusiones, representadas en tu mente por esta espesísima niebla.
-¿Y mi padre? –el elegido no estaba de humor para explicaciones. Se escuchó una risita entre la niebla.
-Avancen. Sentimos su presencia en este espacio. Solo tienen que caminar unos metros, y lo hallaran –el demonio escucho con atención, sintiendo como el joven y su compañero digimon caminaban lentamente, teniendo cuidado de no tropezar con algo. Iban directo a la presencia extraña que detectaban.
-La memoria es algo fascinante –una voz surgió de la nada. Junto a los datos corruptos, una forma difusa acababa de aparecer. La señal no dejaba dudas: Se trataba de un alma. Y la voz les era familiar.
-Yukio Oikawa –afirmaron. No podían ver al hombre en esa mente confusa, pero lo suponían. El gran amigo del padre de Cody también había llegado, invocada su alma desde el otro lado.
-Me han descubierto muy rápido. Sí, soy yo –la niebla empezó a despejarse junto a él, dejando al descubierto el rostro grisáceo-. Estoy aprovechando la ocasión para cruzar unas palabras con ustedes, datos corruptos.
-¿Funciono? –pregunto Lyramon, deseoso de saber si realmente se podía invocar a los muertos.
-Sí. Pero les agradecería que no volvieran a entrometerse en esto. Los muertos deben quedarse donde están. Así fue dictado por el Padre en el Principio, y así será incluso hasta que la Maldad Final acabe con la realidad.
-¿La Maldad Final? ¿Eso realmente existe? –quisieron saber, incrédulos. Habían escuchado sobre la Leyenda del Final, pero se suponía que no era más que una leyenda. Sin embargo, la expresión de Oikawa no mentía. Había mucho más detrás de eso-. Sabes algo al respecto, ¿no?
-Como les dije, eso es algo que pertenece a los muertos. Y, hablando sobre lo que pertenece a quien, deberían ir a buscar lo que les pertenece a ustedes. Después de todo, es su única solución feliz.
-No hay nada feliz en el Área Oscura. Esa palabra es una mentira piadosa allí –dijeron, amargamente.
-No es allí donde me refería. La respuesta está justo frente a ustedes. Sin embargo, primero deben dejar pasar el tiempo. El protagonista de esta historia aún no llega –murmuro el hombre.
-¿Protagonista? ¿Se refieren al elegido de la Leyenda? ¿O al Dios Demonio? –debía ser uno de los dos. Si lo que el Demonio Corrupto creía era cierto, el plan podía verse terriblemente torcido. Esperaban seguir correctamente la conversación. Después de todo, aun sufrían la maldición del demonio sin nombre. Aunque, en un ser que se regeneraba, el efecto era sumamente reducido. Pero si se refería a otra cosa, si se estaban equivocando, entonces no entendían que estaba hablando, y algo funesto por suceder se les ocultaba.
-Será en este mundo. Mañana lo verán –la figura comenzaba a desvanecerse, y sin dar respuestas claras a ninguna pregunta-. ''La corrupción se alzara, la Esperanza caerá, y ambas juntas se convertirán en una fuerza imparable. Ante los ojos de los espectadores, en la tierra de origen del elegido prometido, Uroboros se presentara en la montaña infinita, envuelto en sombras de odio y rencor ilimitados…'' –su voz se apagó, dejando a Lyramon en una terrible duda. Su mente, en ese instante, debía estar llena de niebla.
-¿En este mundo? ¿¡Aquí mismo!? ¿Será esa la razón de que nuestros hermanos vinieran justamente aquí? Si fueron manipulados por el quinto, entonces él debe estar tratando de controlar la Leyenda. En ese caso, esto es una parte de su plan –un escalofrió recorrió su espina dorsal. El Sabio Retorcido no era conocido así por nada. Y la idea de que el Kishin apareciera en forma corpórea era absoluta y definitivamente terrorífica. Si Él llegaba, eso implicaría la destrucción del mundo, y el final del equilibrio soñado.
-¡Larios! –Cody caminaba hacia ellos. La niebla a su alrededor, con un sonido sibilante, se despejaba rápidamente. Eso solo podía significar que había aclarado su mente. Armadillomon, caminando junto a sus pies, tenía una expresión seria e indescifrable.
Nadie supo nunca que fue lo que escucharon. Nunca lo dijeron a nadie. Y estuvo tan profundamente sepultado en sus recuerdos, que ningún ser pudo leerlo. Y, hasta el Final, jamás se pronunció una sola palabra al respecto. Sin embargo, podía notarse que habían hablado realmente con alguien que les dio consejos. Su determinación, a futuro, jamás flaqueo en lo más mínimo.
-Ya es hora de que nos saquen de aquí –la voz de Armadillomon era suave, pero decidida. Lyramon dio un respingo. Aún estaban confundidos por las palabras de Oikawa. Si la segunda señal era verdadera, en ese caso, la Leyenda también lo seria. Y, si así era, el Multiverso desaparecería, junto con todos los seres que estuvieran en él.
-¿Larios? –pregunto el elegido del Conocimiento y la Sinceridad. Parecía haber crecido mucho. Su alma era algo totalmente diferente. La niebla de su mente estaba despejándose casi por completo, mostrando un espacio familiar. Era una ciudad, de altos edificios, en la que no había nadie. Al menos, no todavía. Las mentes eran muy difíciles de comprender.
-Cierto –murmuro Lyramon, recuperándose de la impresión. Habría que averiguar qué sucedería mañana. No podían dejar que alguien o algo interrumpieran su jugada maestra-. Esperamos que su charla haya sido agradable, nos veremos muy pronto –antes de que pudieran agregar algo más, Cody hablo con una voz llena de fiereza.
-Los vamos a detener. Ni yo, ni Armadillomon, ni ninguno de mis amigos va a tolerar todo lo que hacen. Nadie nos ha podido vencer hasta ahora, y eso no cambiara.
-Eso ha sido porque siempre han tenido la justicia de su parte. Pero, en esta ocasión, ustedes son manipulados. Ya no más elecciones entre males distintos. El bien y la justicia triunfaran de nuestra mano –la voz se desvaneció. A su alrededor, estaba nuevamente el dojo de kendo, sin cambios aparentes. Johny Larios había desaparecido, junto con cualquier evidencia de su paso por el lugar.
-¿Eh? ¿Adónde fue el joven? –pregunto Chikara Hida, abriendo la puerta, con un paquete de yogur en su mano. Elegido y digimon intercambiaron una mirada, y luego respondieron a la vez.
-Es una muy larga historia.
T.K. coloco el CD en el DVD, encendió el televisor, y se sentó en la silla. Tal como el digimon corrupto había pedido, solo estaban él, Patamon y Sophia. Le había tomado tres días hacer que ella viniera. Al parecer, tenía horarios sumamente complicados. Preparándose para cualquier cosa, el rubio oprimió el botón de reproducción.
-¡Hola! –al instante, el video comenzó con un grito de saludo de Larios. El joven agradeció que su madre no estuviera. Ese video era de por si sospechoso, no había que añadir los siniestros ojos dorados del demonio. El fondo detrás de ellos estaba hecho por computadora, un caleidoscopio de colores y formas irreconocibles-. Esperamos que todo sea como deba ser, y este la bella señorita Prediger aquí junto a ti –Sophia soltó un risita ante ese comentario-. Bueno, vamos directamente al grano. Se reproducirán unas imágenes, y esperamos que sepas reconocer a la persona en ellas –chasqueo los dedos, y las imágenes aparecieron.
Algunas estaban tomadas desde escondites, otras eran en blanco y negro, además de que iban desde cámaras de seguridad a instantáneas. Eran todas imágenes de Tokio, en diferentes barrios. La persona, claramente destacada, era un hombre alto, vestido de traje, que aparecía en ocasiones con una melena negra hasta los hombros, y más raramente con un tono castaño desordenado. La cicatriz en el lado izquierdo de su rostro le parecía familiar. Entonces, el elegido de la Esperanza cayó en la cuenta de que se trataba del mismo hombre que estaba en las fotos de Sophia. Ese mismo hombre que usaba todos esos disfraces. Con sigilo, la observo, para descubrir con horror que estaba pálida como un fantasma, congelada en el lugar. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, que reproducía más imágenes de Scar, sus labios temblando ligeramente en espasmos diversos.
-¡Sophia! –exclamo él, consternado. Ella ni siquiera se dio por aludida. Estaba demasiado asustada para hacerlo. Patamon, rápidamente, se lanzó a su regazo y se acurruco para darle calor. T.K. puso una mano en su rostro, frió como el hielo. Sintió como unas lágrimas corrían entre sus dedos.
-Me tengo que ir… –ella hablo, entre sollozos. Algo muy grave estaba ocurriendo, y el rubio no estaba enterado de nada-. Me tengo que ir lo más rápido que pueda… Antes de que él me encuentre… –la voz comenzaba a quebrársele. El joven la sujeto en un fuerte abrazo, tratando de que dejara de temblar.
-Dime que sucede –pidió él. Sin embargo, ella lo miro a los ojos, negando.
-No es algo que pueda decirle a cualquiera. Y si te lo digo, podrías estar en peligro.
-¿En peligro? –pregunto Patamon. Sophia asintió.
-No puedo decirles mucho. Solo que es muy importante que ese hombre no me encuentre –se tranquilizó poco a poco-. Y eso significa que debo irme de Japón. No parara hasta encontrarme. No importa lo que haga, él vendrá por mí –estaba terriblemente asustada. Definitivamente, esas imágenes la estaban perturbando. Tenía un pasado oscuro, eso era lo que el rubio entendía, y no quería contarlo. Si ese tipo tan siniestro estaba incluido, había razones para ocultarlo. Sin embargo, el joven tenía la necesidad de que ella se sintiera segura. No podía dejar que su primera novia viviera huyendo aterrada.
-Lo entiendo. Y por eso, no dejare que te encuentre. Nunca –sabiendo que no sería una promesa fácil de cumplir, T.K. la miro a los ojos. La alemana lloraba copiosamente, pero una sonrisa ilumino su rostro. Se lanzó a los brazos de su novio, mientras su palidez se desvanecía lentamente.
-¡Bien, esperemos que se haya dado cuenta de lo que esto significa! –las imágenes del video habían acabado, y nuevamente apareció Lyramon con su demoníaca sonrisa-. Y suponemos que acaba de ocurrir una escena sentimental. Bueno, como ves, Takeru, Scar está cerca. Sin embargo, encontrar a una sola persona en Tokio es como encontrar una aguja en un pajar. ¿Lo entiendes? –parecía que, de alguna manera, el Demonio Corrupto se las arreglaba para adivinar todos sus pensamientos. Y, para peor, era un video, había hecho esto hace mucho-. Podemos encargarnos de que ese caza recompensas no se acerque a Odaiba. Y su novia no tendría que irse. Por cierto, el nosotros hace referencia a toda la alianza corrupta. Pero, como todo en la vida, tiene un precio. Si está dispuesto a pagarlo, eso es su decisión –una nueva sonrisa, está más relajada-. Un coche te recogerá frente a tu casa este sábado. Reconocerás al conductor. Si deseas discutir el trato, sube con Patamon al auto. Si no, simplemente ignóralo. Pero debes recordar lo que está en juego. No te preocupes, no hay necesidad de una trampa, lo prometemos. Y nosotros siempre cumplimos nuestras promesas –con esa fase que ya parecía un eslogan, el video termino y se quedó en negro.
-¿Iremos? –pregunto el Mamífero.
-No tenemos opción –replico el joven. A su lado, las lágrimas de Sophia aun caían al suelo, mientras la pantalla negra parecía sonreírles diabólicamente-. No te preocupes. No dejare que nada malo te pase. No importa lo que tenga que hacer.
-¿Falta mucho? Mi paciencia tiene límites –la voz era sibilante y maliciosa. Cualquier persona que la oyera, por muy valiente que fuera, se retorcería de miedo como un niño que le teme a la oscuridad. Porque esa voz, surgida de las profundidades, era la auténtica Oscuridad.
-Calma, Envy. Lust está haciendo lo que puede. No es tan simple atravesar la Nada. Ningún otro ser sería capaz de hacerlo, salvo nuestro hermano –el acento, por así decirlo, era idéntico. Sin embargo, el tono era más calmado, y la velocidad de las palabras también difería. En cierta forma, el tono era muy cómico, como si el hablador intentase parecer gracioso.
-¡Ya lo sé, Sloth! –replico el llamado Envy-. Y no menciones a ese maldito, ¡por su culpa tenemos que hacer esto! ¡Destino ni que Destino, lo arreglo todo! La próxima vez que se atreva a hacer algo así…
-Suficiente. Parad de pelear. Lust necesita concentrarse –esta tercera voz tenía un tono totalmente neutro. No parecía tener interés en las conversaciones de Envy y Sloth. Solo parecía cuidar sus intereses-. Atravesar la Nada no es sencillo. Aquí, el tiempo y el espacio no significan nada. No existen. Aquí solo hay Nada. Y, si Lust no se concentra, debido a estar prestando atención a su pelea sin sentido, así acabaremos –el sermón no daba espacio para replica. Quien hablaba era muy sagaz-. Esto debía ocurrir. Debemos presentarnos ante los espectadores en ese día. La segunda señal ya lo ha predicho –Sloth y Envy no respondieron nada. El primero parecía avergonzado, y el segundo molesto.
-Lo sentimos, Pride –se disculpó Sloth.
-Hablas solo por ti –espeto Envy.
-Bien, espero que lo hayan entendido. Envy, cierra la boca. Sloth, ve a comprobar el sello de Hate –ante esa orden, el aludido pareció protestar, con la voz ya no tan cómica, si no tartamudeando.
-Pero, Pride…
-Sin peros. Vete ahora.
Sin discutir, Sloth se marchó. Envy y Pride escucharon una réplica, que venía de una voz firme y decidida, con el mismo tono de las anteriores. Parecía venir de todas partes.
-Pride, sabes que a Sloth le da miedo Hate. El sello no puede removerse desde adentro. Nunca se liberara.
-Debe ganar algo de valor, Lust. Hay una reputación que debemos mantener. No por nada nos llaman el ser más poderoso del Multiverso. Además, no sabemos qué efecto tiene la Nada en el sello de Hate.
-¡Déjenme salir! –sacudiendo los alrededores, esta nueva voz era terriblemente poderosa, implacable, maliciosa, brutal. Un sonido de cadenas se escuchaba de fondo-. ¡Suelten este sello ahora mismo! –Sloth reapareció, respirando agitadamente. Tenía miedo, mucho. A sus espaldas, Hate soltó una risa demente, sin sentido alguno, demostrando su poca cordura.
-Vamos, casi llegamos. Debemos estar en guardia. Envy, tu iras primero. Hay que dar una impresión correcta. Yo me haré cargo de la maldición del digimon corrupto –Pride dio las órdenes, con las risas de Hate como fondo.
-Demostrémosles a esos elegidos porque nos llaman Dios Demonio Uroboros –acabo Lust, con una sonrisa oscura. Alrededor, un símbolo familiar relumbraba en morado. La estrella de siete puntas, dentro de la serpiente negra de ojos rojos.
Continuara…
Próximamente, Los Siete Dioses.
