Capítulo 16: La Segunda Señal
En la profundidad del Vació, a simple vista, pero también bajo cientos de restricciones de seguridad, el cuarto y el sexto discutían. Junto a ellos, los rombos luminosos demostraban su sabiduría y experiencia, mientras intentaban dilucidar los planes de su oponente. Junto a ellos, un reloj digital de muñeca marcaba la hora. Aunque, había que señalar, los números se movían a una velocidad anormalmente lenta, como si el tiempo trascurriera con mucho retraso. En ese momento, el temporizador dio las 00:00. Un pitido comenzó a sonar, aunque era igual de lento que los números, como si estuvieran ralentizando su tiempo. Los dos Dioses cerraron sus ojos. Los rombos brillantes parecieron apagarse de tristeza.
-Está confirmado. La Leyenda es real. El Multiverso está a un paso de su completa destrucción.
-¿Están seguras? –pregunto el Rey Dorado. Era una pregunta de pura desesperación, ya que ellas casi nunca se equivocaban. El Juzgador maldijo en voz baja.
-No hay mucho que podamos hacer. Ahora que la segunda señal se cumplirá este día, eso significa que las barreras que detienen a la Nada están debilitándose. Si desaparecen por completo… El Multiverso entero será devorado en cuestión de un momento –su voz comenzó a apagarse-. Todas las vidas, tanto de inocentes como de culpables, serán eliminadas sin distinción. La Luz y la Oscuridad desaparecerán, la Esperanza morirá, el Amor y la Amistad no tendrán significado, la Pureza se esfumará, la Sinceridad y la Bondad no existirán, el Valor y el Conocimiento serán inútiles, el Destino estará eternamente maldito, y los Milagros no ocurrirán. Todas las cosas que le dan Vida al Multiverso, serán devoradas por… Algo que no entendemos.
-¡Eso es lo que me da más rabia! –grito el sexto-. ¡No sabemos nada acerca de la Nada! ¿¡De donde vino, que quiere, por qué hace lo que hace!? ¡No tenemos ni idea!
-Por favor, en esta situación terrible que tenemos en las manos, lo primero es mantener la calma –pidieron los rombos brillantes. Su luz parecía languidecer en ese espacio del Vació. El cual, curiosamente, parecía aislado de todo lo demás.
-Es cierto –el Dios de la Guerra reprimió su ira. Ya habría como descargarla después. Ya que, como bien sabia, la segunda señal significaba el comienzo del asedio del Imperio del Sueño. O, como mejor se lo conocía, la Dimensión Maldita-. Lo que tenemos que hacer ahora, en este mismo instante, es comenzar la búsqueda del elegido de la Leyenda y su compañero. Sabemos en qué Universo nacerá, algunos de sus rasgos, y, sobre todo, tenemos un precedente. ¿Qué hay del digimon?
-Ubicado. Sin embargo, no pudimos ponerlo a salvo a tiempo. Murió –ante las palabras del Dios de la Justicia, el sexto se aterro un instante-. Sin embargo, no será permanente. Su DigiCore quedo intacto. Renacerá en el momento adecuado. Si las cosas ocurren según hemos predicho, se encontrara con el elegido en el momento justo.
-Perfecto. Al menos una buena noticia –el Dios de la Guerra empuño sus armas-. Se lo que debo hacer. Cuando la Dimensión Maldita envié a sus exploradores, los interceptare. Ustedes, Homeostasis, ya han calculado la ubicación espacial de la puerta. Y será justo aquí. Mi dimensión de bolsillo, el campo de la determinación divina, ya está en posición. No dejare pasar ni a uno.
-Ten en cuenta que el guía del elegido vendrá como uno de ellos. Cuando eso suceda, debes abandonar la guardia. En ese momento, deberían estar listos –el Juzgador tenía en su mano un medallón, el cual mostraba extrañas inscripciones que no estaban en ningún idioma conocido. Descifrando la clave, el Dios asintió-. Plutomon está en posición. Cuando Juggernaut se libere, lo llevara a mi dimensión de bolsillo, la corte única. Allí hará menos daño. ¿Cómo va el rastreo del séptimo?
-Esperamos una señal en cualquier momento. Ya debería haber aparecido… –las Homeostasis se interrumpieron-. Allí esta. Esa masa incomparable de energía oscura no puede ser otra cosa. Pero… ¿Qué es eso? –por un instante, parecieron confundidas. Entonces, lanzaron un destello luminoso arcoíris. Los dos Dioses las observaron, sorprendidos-. ¡No parecía posible, pero ocurrió! ¡Lo han logrado! Sí, la aparición de un segundo mundo infinito lo demuestra…
-Con todo respeto, Homeostasis, ¿podrían decir que sucede que están tan emocionadas? –quiso saber el Rey Dorado.
-No podemos decirlo. Pero, siéntanse afortunados. Acabamos de confirmar una teoría que nos da cierta oportunidad. Ténganle fe al elegido prometido. Llegará… Y estará listo. Por ahora, sigan con sus actividades. No hay que preocuparse del Kishin.
-¿¡Que!? –ambos hijos del Padre quedaron sorprendidos. Para decir eso, algo muy bueno acababa de pasar. Ambos comenzaron a pensar que podía significar eso, pero no pudieron encontrar una razón válida.
-En ese caso, solo hagamos nuestro deber –indico el cuarto-. Hay que vigilar al Emperador del Sueño… Él podría saber algo que nosotros no. Y no podemos olvidarnos del Señor del Sueño.
-Llámalo por su nombre. No pienso escuchar que le digan Señor a ese bastardo –gruño el sexto-. Dreammon… Solo una pieza más del quinto. Una pieza que desechara cuando se le dé la gana…
En algún lugar ignoto, donde las sombras invadían todo, la voz chillona discutía con la suave voz femenina. Al parecer, la razón era la Dimensión Maldita.
-¿Qué crees que es más fuerte? ¿El Odio, o el Amor?
-¿Hm? ¿A qué viene esa pregunta?
-Eso lo ha dicho nuestro señor, durante una visión se le escapo. Dijo que esa decisión es la clave de todo. Y… Quisiera saber qué opinas, querida.
-Yo pienso que el Amor. Pero, si lo piensas, no creo que tenga que ver con él. El Odio y el Amor… Suena al elegido de la Leyenda y el Dios Demonio. Una batalla entre esos dos seres, en la que el Odio y el Amor se enfrentan por la destrucción o la supervivencia del Multiverso –teorizo la voz suave.
-Si… También pensé en eso… –la voz chillona parecía muy triste-. Es solo que también me hace recordar esa otra elección. El quinto representa al Odio, y el Amor…
-Esa visión no era respecto a ti –interrumpiendo, la voz profunda que resonaba en la piedra anuncio estas palabras-. Ni respecto al elegido. Esas palabras eran solo respecto a Uroboros.
-¡Mi señor! No lo había oído llegar. Lamento haber…
-No te disculpes. Lo extrañas. Es comprensible.
-Si… Lo siento… Pero es que aún no tengo ni una pista, y temo que vaya a acabar de la mala manera –la voz chillona casi se apagó.
-Eso es solo su decisión. Sí, el Emperador también tendrá que escoger. El amor es su única salvación… Si es que se trata del Amor correcto. Si es capaz de discernir que es más importante, podrá salvarse. Pero si no, ya lo hemos perdido.
La voz chillona, ante esas palabras, pareció entender lo que decía. La ultima respuesta, fue de parte de la voz suave, claramente femenina.
-Entiéndelo, querido. No puedes cambiar su Destino. Solo él mismo puede hacerlo. Su vida, la que tuvo como niño elegido, o la que tiene como Emperador del Sueño, esa es su última decisión.
En el apartamento de los Izumi, Izzy y Joshua recolectaban datos sobre los movimientos de los diferentes digimon corruptos. El mapa mostraba múltiples puntos rojos, circulando por todas partes. Tentomon estaba en el Digimundo, dirigiendo a los diferentes escuadrones encargados de cazarlos y eliminarlos.
-Y ese Raremon de la costa, Ogremon ya está luchando. Los avistamientos de LadyDevimon son esporádicos, parece que se mantiene al margen. Aun no recibimos respuesta sobre un posible Demon Lord que se ha visto en el continente Server, un Beelzemon, si no mal recuerdo –decía Izzy.
-¿Y qué hacemos con el Apemon?
-Piximon está en la zona, dijo que lo tendría solucionado para mañana.
-¿Y el digimon de la isla File que se le escapó a Tai?
-Oh, ese. Es un Flymon. Lamentablemente, Greymon no vuela, así que no pudo atraparlo. No te preocupes, Davis y XV-mon ya se encargan.
-Con eso, es todo lo que está a nuestra mano –murmuro el italiano-. Pero… Aún estoy intranquilo… ¿Cómo lo digo? Es como si temiera que algo muy malo va a ocurrir hoy.
-Lo mismo estoy pensando. Hay una especie de amenaza en el aire. No estoy seguro de que es. ¡Espero que Misaki esté bien! –apenas menciono estas palabras, Joshua lo miro intensamente, extrañado.
-¿Quién es Misaki?
-¿Eh? Pues Misaki es… –la expresión preocupada del elegido se congelo, pasando rápidamente a ser una de estupefacción-. No lo sé. No conozco a ninguna Misaki. ¿Por qué habré dicho eso?
-No conozco a nadie que se llame así tampoco –el italiano se llevó las manos a la cabeza-. ¿Qué está pasando? –su rostro parecía muy confundido-. Izzy, hazme un favor. Voy a hacer un experimento, así que escucha con atención cada palabra que diga, ¿sí?
-Está bien –el joven pelirrojo entendió que su compañero quería probar algo, así que decidió participar del experimento.
-Bien. Bueno, estaba pensando en que si Larios es el origen de todos los digimon corruptos, si lo derrotamos a él, solucionaremos la mayoría de los problemas. Sin embargo, también dudo de ese plan de ir a ayudar al segundo, después de todo, sus poderes deberían ser capaces de detener la rebelión y a los siete avatares, y tenemos que estar listos para cuando el Dios de la Destrucción venga.
-¡Acabas de decir algo muy extraño! –señalo Izzy.
-Es cierto –concluyo el italiano-. Estaba hablando sin pensar, y se me escapo un comentario sobre algo de lo que no conozco nada. ¿Cómo decirlo? Parece que cuando no prestamos atención a nuestras palabras, decimos cosas extrañas.
-No puede ser algo bueno. ¡Hay que decirles a los demás! –intento usar su D-Terminal, pero un extraño sonido lo detuvo-. ¿Sin señal? ¿Por qué?
-Tampoco hay líneas telefónicas –comprobó Joshua, mirando su teléfono-. Esto es muy raro. Casi como… Si alguien estuviera haciendo esto con un propósito. Seguramente se trata del Sabio Retorcido, que quiere saber cómo controlar a la Maldad Final. Y si no lo detenemos en el Área Oscura, él… ¡No otra vez, diablos! ¿Por qué me siento así de preocupado y ansioso? No lo entiendo –nuevamente, a Joshua se le escaparon más cosas extrañas. En la computadora de Izzy, viendo el alboroto, Tentomon apareció.
-¿Qué pasa Izzy? Hay muchos gritos. Creo que deberíamos prepararnos, el ejército del quinto viene en camino, y quien lo lidera es… ¿Eh? ¿Qué estoy diciendo?
-¿No hay señales de teléfono ni Internet, pero si está abierta la puerta del Digimundo? ¿Y también está afectando a Tentomon este fenómeno extraño? Se está poniendo a cada momento más grave –murmuro el pelirrojo. Afuera, se escuchó una frenada rápida, seguida de un sonido que recordaba de manera escalofriante a un choque de autos. No se equivocaban.
-No somos los únicos… –Joshua dejo la frase al aire. En las calles, se estaba dando un auténtico caos. Los autos terminaban en cualquier parte, las personas corrían frenéticamente, volaban los objetos contundentes, y todo parecía tener una extraña calma, como si estuviera organizado en una sinfónica macabra.
-¡Esta fuera de control! –Izzy comenzó a teclear-. Por lo menos, aún conservo la línea de chat con el señor Gennai. Intentare avisarle de lo que ocurre –espero un momento-. No responde. ¿Qué está pasando?
-Si a todo el mundo le está pasando esto, que tienen esos pensamientos extraños, ellos no saben de dónde viene. En ese caso… Lo único que pueden hacer es pensar que están locos –adivino el italiano.
-Tenemos que ir al Digimundo, y averiguar que está causando esto, antes de que haga más daños. Sabemos que el Dios de la Destrucción aparecerá en la montaña Mugen, podemos emboscarlo… –cerro la boca instantáneamente-. Ese comentario que se me escapo fue sospechoso.
-Ciertamente –admitió el moreno-. ¿Por qué no vamos a esa montaña? Tal vez averigüemos algo.
-Allí es donde están Davis y V-mon –señalo Tentomon desde la pantalla, escuchándolo todo-. ¿Creen que tenga algo que ver con el Flymon corrupto?
-Es una posibilidad –murmuro el pelirrojo.
-Yo diría que es seguro –acoto Joshua. Se dirigió al insecto-. Envíale alertas a los demás desde ahí, es probable que esas si sigan funcionando. Nos encontraremos allí. Sea lo que sea, lo enfrentaremos todos juntos.
-¡Buena idea!
Lo que no sabían, era que sin importar cuantos elegidos fueran allí, no podrían hacer nada. Porque lo que iba a aparecer allí, estaba más allá de su poder. Lo que iba a suceder, se grabaría en la historia de toda la existencia, como el comienzo de la época más triste y violenta del Multiverso.
El comienzo del Final.
La habitación era lujosa. Las cortinas del balcón estaban tejidas con oro, y adornadas con rubíes. Los muebles eran de ébano y marfil, y adornados con oro y plata. Había velas encendidas, que despedían un aroma suave y dulce. En una mesilla, un juego de té de porcelana delicadísima. Había cuadros y pinturas en las paredes; todos representaban siempre a la misma persona, acompañado en ocasiones de otros seres. En la aparente escena medieval, de forma muy burda, como si quisiera romper el ambiente histórico, destacaban equipos de música, videojuegos de última generación, y un televisor LED gigantesco con funciones 3D que recordaba a un cine privado. En un costado, una chimenea en la que ardían leños perfectamente cortados, caldeaba el ambiente de manera perfecta, debido a que era un complejo sistema de aire acondicionado que asemejaba una chimenea. Todo en esa habitación era una mezcla extraña de modernidad y antigüedad, como si su dueño estuviera muy aburrido como para ponerse a hacer las cosas bien, y acabara por decorarlo todo como se le antojara.
En el centro, rodeada por los demás objetos en esa espaciosa habitación, había una cama. Tenía un enorme dosel, decorado en oro y brillantes. Unas cortinas de seda vaporosa de un rojo transparente dejaban entrever al ocupante. Sobre docenas de colchas de múltiples colores, y sabanas de un material que bien se comparaba con el algodón egipcio, descansaba un niño. No debía tener más de catorce años. Su piel era pálida como el mármol. Su cabello corto y despeinado era negro azabache, su nariz respingona y cara pecosa le conferían un aspecto travieso. Su camisón estaba grabado con dibujos preciosos de dragones, en negro sobre morado. Sus labios se movían en sueños, estaba teniendo una noche agitada. Susurraba palabras, mientras sus manos viajaban en derredor, inquietas.
Este niño no era nada más ni nada menos que el Emperador del Sueño. A pesar de su aspecto aparentemente inofensivo, era bien sabido que su Imperio del Sueño había conquistado muchos mundos en el Multiverso. Su doctrina era absoluta. La pacificación, la unión, y la asimilación de Universos, en una interminable vorágine de violencia y guerra. Contra sus ejércitos infinitos, tanto de humanos y digimon como de otros seres, no había victoria posible. Toda resistencia se aplastaba sin piedad. El miedo callaba a los débiles, y los fuertes sucumbían ante la tentación de unirse a esa horda sin final. Eso era todo. Una dictadura, sin posibilidad de objeción, y el poder del Emperador era incondicional. Y, junto a él, el Señor del Sueño, un digimon mitológico y poderoso, gobernaba con puño de hierro.
En ese momento, el temidísimo Emperador se hallaba en algo que parecía una pesadilla. Sus manos se movían de lado a lado. Ya no susurraba para sí, algunas palabras eran audibles.
-Por favor… ¿Quién eres entonces? Esos ojos… Es tan suave… ¿Dónde estás? ¿Por qué has venido? ¿Qué quieres? Esos ojos… Porqué soy el Emperador, y no… No, vendrás conmigo… Esos ojos… Porque nunca había visto algo que se te compare… Y esos ojos… Esos ojos… ¡Esos ojos!
El niño despertó de su agitado sueño, respirando entrecortadamente, abriendo sus ojos azul cielo. En ese instante, se abrió la puerta lateral del dormitorio. Una figura se inclinó, entrando con dificultad, debido a su tamaño. Era un LordKnightmon, que parecía preocupado. En su armadura de un rosa pálido, figuraban inusuales diseños, hechos en oro y brillantes. Lucía una cinta blanca en el brazo derecho. Se acercó rápidamente al joven.
-¿Está usted bien, Emperador? –se inclinó en el suelo, hasta que su frente toco el piso.
-Sí, no ha pasado nada. De pie, por favor, LordKnightmon –el Caballero Santo obedeció. El niño moreno parecía tener la mirada perdida, como en trance-. Quiero que organices una búsqueda.
-¿Qué buscamos, Emperador?
-A una persona. Una persona que tiene los ojos rojos…
Antes de que pudiera dar más detalles, un intenso temblor sacudió todo. Pero no tembló la tierra. Lo que tembló fue, de una manera escalofriante e imposible, el espacio alrededor, como si hasta la realidad misma se distorsionara.
En su casa, sentado en un sillón, T.K. esperaba. Patamon, nervioso, se apoyaba en su regazo. Era el día convenido para la discusión, sábado. Aun no había respuesta del supuesto chofer que enviarían a recogerlos. Su compañero miraba nerviosamente por la ventana, una y otra vez, en intervalos de pocos minutos. Se suponía que sería fácil reconocerlo.
El rubio aun pensaba en muchas cosas. ¿Por qué hacer esto? ¿Qué era lo que realmente quería Larios? ¿De qué lado estaba? ¿A qué se refería con esas extrañas palabras que les había dicho antes, sobre la Justicia y los engaños de las Bestias Sagradas? Todo era tan extraño. Era como intentar armar un rompecabezas, mientras te faltaban todas las esquinas y las piezas centrales. No le encontraba sentido a todo.
Una vibración sorpresiva lo asusto un instante. Su celular. Se había olvidado de el por completo, en este embrollo. Reviso el número de la llamada, y soltó un suspiro. Debía haberlo imaginado, ella estaba muy preocupada.
-¿Sophia? –respondió el elegido de la Esperanza.
-T.K…. ¿Aun no ha venido ese conductor? Qué bueno. Escúchame, lo estuve pensando, y no tienes que hacer esto. Es mi problema, yo lo resolveré…
-Ya te dije que me encargare de que ese tipo no te encuentre. No te preocupes más. Quédate en un lugar seguro, y vigila, que yo resolveré el resto.
-¡Pero es una locura! –argumento la alemana-. ¿Qué pasa si estaban tratando de que bajaras la guardia para eliminarte? No me perdonaría nunca que algo te pasara cuando intentabas resolver la causa perdida que es mi vida…
-No digas eso. Ninguna vida es una causa perdida. Además, si quisiera matarme, ya ha podido hacerlo antes y no lo hizo. Hay algo mas aquí –le interrumpió el joven, pero ella continuo lamentándose, y se podían escuchar sus sollozos a través del teléfono.
-…Yo solo causo problemas, donde vaya. Siempre pasan cosas malas. Y ahora, aunque gracias a Beliamon no me siento tan sola, todo esto está por acabar. Estoy muerta de miedo por ti, por Kari, y aun más, por Yami. Siento que soy una madre horrible para ella… ¿Eh?
-¿Qué acabas de decir? –el rubio abrió grandes los ojos, y también los oídos-. Yo estaba a punto de replicarte… Y parecía que sabía de qué hablabas. Pero ya no me acuerdo de que se suponía que estaba a punto de responderte, y no entendí bien tus palabras. Esto es muy extraño.
-Es cierto. No sé que fue eso, se me escapo. Es como si no pudiera controlar mi voz. Y cada vez se pone peor. Yo y Ella deberemos marchar a los profundo de la Oscuridad, para enfrentar al Sabio Retorcido, pero su plan es perfecto. Estamos contra las cuerdas. Y hasta el poder del Infinito podría fallar… ¡Otra vez! ¡Odio esto!
-Será mejor que dejes de hablar. No me gusta como suenan las cosas que se te escapan –el elegido comenzó a cavilar en silencio, preguntándose que significaba este nuevo suceso. Comenzó a morderse las uñas. En lo profundo de su conciencia, podía escuchar ciertos recuerdos que se acercaban. Los reprimió con fiereza, asustado al notar que no reconocía esas imágenes. Lo que estaba recordando… Eran cosas que jamás le habían sucedido.
Un escalofrió corrió por su espina dorsal, ya que no pudo reprimirlos todos. Uno se escapo, y fugazmente, pudo entrever una situación de horror. Una figura oscura, encapuchada, a la que parecían seguirla las mismísimas Tinieblas, arremolinadas en una cantidad y pureza que nunca había imaginado antes. Y la figura se dio vuelta, y su rostro estaba cubierto por las sombras de la capucha, pero pudo notar que una mirada lo traspasaba. Allí, en las sombras de ese rostro pálido, veía un Terror que se acercaba inexorable, con una fuerza inimaginable, y detrás una Oscuridad Infinita. Y ese rostro sonrió, con una sonrisa tan oscura que hacía ver a todos los Demonios como insectos.
-¿Estás seguro de querer ver más? –susurro una voz, tan fría como el siseo de una serpiente, y tan llena de sagacidad que no se le podía responder.
Unos ojos se abrieron, rojos como la sangre…
-T.K. –la voz de Patamon lo saco de su ensimismamiento. Miro por la ventana. Allí, justo frente al edificio, se había estacionado un coche deportivo azul oscuro. Y, sentado en el asiento al volante, estaba alguien que les era familiar. Debieron de adivinar que sería él quien vendría. Sin más preámbulo, ambos bajaron por las escaleras. Se acercaron al conductor, casi completamente seguros de que no era una trampa.
-¿Ah? ¡Qué rápido! –exclamo Mummymon-. ¿Los hicimos esperar?
El rubio no bajo la guardia. Era evidente que se trataba de un digimon corrupto, así lo indicaba su forma de hablar en plural. Sin embargo, seguía siendo el mismo digimon que los atacara anteriormente, hace cuatro años.
-No –respondió. Sin tardanza, el conductor les abrió la puerta del acompañante. T.K., con Patamon en brazos, se sentó allí. El digimon corrupto puso el auto en marcha y circulo a cierta velocidad por las calles. Considerando que había bastantes problemas de tráfico, debía de ser muy bueno para esquivar los aterradoramente numerosos accidentes alrededor.
-¿Por qué hay tantos problemas? –pregunto el digimon naranja.
-Por lo que escuchamos, parece que hay algo sobrenatural en el aire. Podría ser una especie de hechizo a gran escala, o una técnica de lo más peligrosa. No estamos seguros. Y no solo está ocurriendo aquí, en el Mar pasa lo mismo. Esperemos que se resuelva pronto, porque la situación podría ponerse mucho peor –le respondió Mummymon, prestando extrema atención a la calle-. Nos está costando no decir alguna de esas cosas extrañas. Son bastante interesantes, pero se siente desagradable que eso salga de tu boca.
No queriendo responder, el elegido solo observo como un auto casi chocaba contra una farola. Si, la situación estaba empeorando. Si incluso afectaba al Mar de las Tinieblas, significaba que algo muy malo estaba ocurriendo.
-Y se pondrá peor –murmuro el chico. Y eso fue una predicción que, más tarde, se vio certera.
-¡Llegamos! –su chofer detuvo el auto. Una fabrica, al parecer abandonada. ¿Una especie de escondite secreto, tal vez? Sea como fuere, T.K. y Patamon bajaron. Mummymon parecía esperar a que entraran. Tal vez, no había otro lugar a donde debiera ir. Sin dejar de lado sus sospechas, elegido y digimon entraron por la puerta ligeramente entornada.
-¡Bienvenidos! –allí estaba Larios. Sin embargo, se trataba del sujeto que había visto en el concierto. Claramente, inhumano, con todo y ojos dorados. A su lado, en una silla, Arukenimon con su disfraz parecía estar impaciente. Sobre la mesa, había varios sobres marrones- ¡Tomen asiento, por favor! Tenemos algo muy interesante que hablar.
El rubio se dejo caer en la silla, sin dejar de observar a ambos digimon corruptos. No estaban LadyDevimon o Piedmon, así que el ambiente no era demasiado hostil… Pero aun así no dejaba de ser una amenaza. El monstruo de ojos dorados había combatido a la par con Demon. No era para subestimarse.
-Iremos directo al grano –dijeron, dejando caer los sobres. El contenido eran fotos. En todas, ese misterioso sujeto, Scar. Usaba múltiples disfraces, era difícil reconocerlo-. Nosotros, y no nos referimos a este digimon llamado Lyramon, sino a todo el ejercito corrupto, podemos mantener a este caza recompensas bien lejos de Sophia Prediger. Ni siquiera sabrá que ella está aquí. Sin embargo, eso costara caro.
-¿Qué quieren? –T.K. expuso su punto rápidamente. Sin embargo, no dejaba de pensar en mil cosas a la vez-. Así que se llama Lyramon. Se parece a Larios, que gracioso. ¿Qué será lo que quieren? ¿Mi protección sagrada? Si es así, se lo daré. Lo valdrá para protegerla.
-Desafortunadamente, esto implica que el costo se mantiene perpetuamente. Y, antes de que lo pienses, no se trata simplemente de renunciar a tu protección sagrada. La tuya no nos importa por ahora. Lo que queremos… Es un pequeño favor de tu parte –la sonrisa del demonio era tan amplia que parecía que su cabeza iba a partirse a la mitad-. Tu amigo Davis debe de estar persiguiendo a uno de los nuestros en la isla File. Es una emboscada. Lo llevara hasta la montaña Mugen… Y allí sucederá lo que planeamos… Y tú formas parte de ese plan…
La luz de la tarde inundaba la habitación. Pero, sin embargo, algo muy malo pesaba en el aire. Tal vez era solo el caos que se escuchaba afuera, pero Kari estaba a cada momento más nerviosa. Sentía como si hubiera olvidado algo de importancia extrema. No, era algo más que eso, lo que sentía iba más allá. Tenía una terrible impresión, como si alguien que quería mucho estuviera marchando directo a la tumba. Y lo peor, es que no sabía porque.
-Esto es rarísimo… ¿De dónde viene esta ansiedad? –se quejo Gatomon a su lado. Estaba mirando por la ventana, sorprendida. No todos los días pasaba algo anormal como eso.
-¡Izzy dice que está pasando en el Digimundo también! ¡Parece que es algo muy serio! ¡Es seguro que los datos corruptos están involucrados! –le respondió ella, leyendo el mail que había enviado Tentomon.
-Aun así… ¿Qué ganarían haciendo esto?
-No lo sé. Tal vez están haciendo una distracción. Larios no es un tonto. Ya nos engaño antes –reconoció la chica, uniéndose a su compañera en la ventana. Las calles se veían peor de lo que sonaban. Por suerte, sus padres habían decidido no dar un pie fuera de la casa. Algo grave ya había pasado, a juzgar por los sonidos de tantas sirenas a lo lejos. Y, por detrás de ese ruido de fondo, estaba ese irritante sonido que también sonaba sin cesar: Algo así como un zumbido, tan agudo que empezaba a dolerle la cabeza.
-Seria una distracción demasiado grave. ¡Mira como todo se está descontrolando! –replico la Bestia Sagrada.
-Y ese zumbido tan molesto…
-¿Zumbido? ¿Qué zumbido? No lo escucho –las palabras de la gata le sorprendieron. Ella tenía mejores oídos. ¿Cómo no escuchaba eso? Ese molesto silbido sonaba muy claramente. Un escalofrió le recorrió la espalada. ¿Solo ella podía escucharlo?
Al instante, el supuesto chiflido se hizo más fuerte. También mas grave, por lo que por fin logro entender que era. No era un sonido mecánico, ni mucho menos natural.
Era una horrenda voz sibilante.
-¿Ahora nos escuchas? Por fin. Hace tanto que estás haciendo oídos sordos que pensamos que jamás podríamos hablarte. Y eso sería una lástima.
-¿Quién eres? –pregunto la elegida de la Luz, mirando alrededor. Sin embargo, por más que miraba, no encontraba al responsable. De hecho, ni siquiera continúo buscándolo. No era necesario. No podía ver nada.
Todas las cosas alrededor perdieron gradualmente su color, y luego su textura, finalmente incluso su forma. Ya no estaba en su habitación. Ahora estaba en un lugar oscuro, vacío completamente de cualquier cosa. Intento avanzar, pero se encontró con una resistencia inusitada, no física si no mental. Tenía la horrenda sensación de que si continuaba, no habría vuelta atrás. Y lo que esperaba allá en las Tinieblas… No quería verlo. Sin embargo, antes de que pudiera retroceder, la sibilante voz hablo de nuevo.
-¿En serio eres así de cobarde? Ni siquiera te atreves a vernos. Que lamentable. ¿Se supone que eres la única usuaria de la energía luminosa en este mundo? Dejar todo ese poder en manos de alguien tan débil… Es aun más lamentable. Bueno, no queda otra opción, tendremos que mostrarnos…
Sin dejar espacio para replica, el dueño por fin apareció. Sin embargo, Kari hubiera deseado con todo su corazón que no hubiera aparecido. La forma tenía una apariencia reconocible, lo que era peor que si no la tuviera, ya que te dejaba experimentar el horror de una manera más grafica. Tanto Terror causaba esa forma, tanto miedo, que la pobre chica no se atrevió a verle el rostro. No pudo cerrar los ojos, sin embargo, y algo logro contemplar. Unas alas de murciélago, oscuras como la noche, rematadas en una afilada punta de hueso negro; unos brazos delgados, cubiertos de escamas negras con bordes púrpura, que relucían en la Oscuridad Infinita; unas manos humanas, cubiertas de esas escamas también, terminados en garras afiladas y crueles, manchadas de sangre fresca; un torso pequeño y flaco, escamado de arriba a abajo, que sin embargo irradiaba un poder terrorífico capaz de hacer llorar a cualquiera.
-¿En serio estas tan asustada? Pensamos que eras especial, pero ahora vemos que no dejas de ser una simple humana. Que miserable criatura, tan asustada… ¿Deberíamos acabar con el tormento que tan estúpidamente llamas vida? –con estas palabras, la forma camino hacia Kari. Ella no podía moverse, así que daba igual de qué forma viniera, pero hacerlo de esa manera solo la espanto más-. ¡Ve ahora a la montaña Mugen! ¡El Infinito te llama! ¡Crece la Oscuridad! ¡Vivirán los Muertos y morirán los Vivos! ¡Desesperaos, humanos, porque el Final ya ha comenzado! ¡Lloraran ríos de lágrimas, y se derramaran océanos de sangre! Porque hoy, en este mundo, ocurrirá el momento largamente anunciado… ¡La segunda señal, el día de los recuerdos futuros! ¡Todos los seres del Multiverso están advertidos! ¡Y tú, niña mortal, eres la única Luz que brilla en las Tinieblas! ¡Una Luz contaminada y débil que se está extinguiendo, al igual que este mundo! ¡Míranos!
La imperiosa orden llego a oídos sordos. Muerta de miedo, la joven elegida no podía moverse. Y el monstruo ya estaba junto a ella, y era mucho más alto, una cabeza al menos. Levanto su pálido y paralizado rostro, sujetándole la barbilla con una garra, mirándola a los ojos. Pero Kari no quería mirar, así que sus pupilas no captaron casi nada de la cara del Demonio. Solo una cosa logro ver: Un par de ojos rojos, que parecían hechos de sangre que se derramaba, mientras alrededor se extendía una piel pálida y cadavérica. Irradiaban un poder colosal y muy antiguo, maligno y salvaje, más oscuro que las Tinieblas y más eterno que la realidad.
En ese instante, viendo los ojos del mismísimo Diablo, la elegida de la Luz perdió la conciencia.
-¡Kari! –sonaban las voces al unísono. Las reconoció una a una. Su hermano. Gatomon. Agumon. Abrió los ojos, temiendo estar todavía en la Oscuridad Infinita.
-¡Por fin! –exclamo su compañera. No había nada raro. Aparte del sonido descontrolado afuera, todo estaba normal. Ella estaba sobre la cama, con un paño húmedo sobre la frente.
-¿Hermano? –pregunto, aturdida aun por esa extraña visión.
-¡Qué bueno que has despertado! Gatomon vino diciendo que te habías desmayado. Pero no tenías fiebre, ni nada anormal. ¿Sabes que paso? –pregunto Tai. La chica comprendió que se había tratado de una especie de ilusión. Pero de algo si estaba segura: Ese monstruo se estaba acercando. Y una vez que llegara, algo muy malo iba a ocurrir. Tenían que hacer algo al respecto.
-¡Tenemos que ir al Digimundo! –grito de improviso-. ¡A la montaña Mugen! Davis y XV-mon no podrán solos.
-¿Eh? Pero si te acabas de despertar… –comenzó a discutirle Agumon, pero la elegida no le dejo acabar.
-¡No hay tiempo! ¡Está viniendo! Si dejamos que llegue, ambos mundos estarán perdidos.
-¿Ambos mundos? –pregunto Gatomon, preocupada. En ese momento, Tai se puso de pie, como guiado por un poder superior.
-Vamos –dijo con firmeza. Su rostro parecía grabado en piedra. Tenía una expresión demasiado solemne para ser él mismo. Por un instante, lo observaron, incrédulos. En ese momento, todo eso se desvaneció, y volvió a ser el muchacho de siempre-. Izzy dice que Davis esta en problemas. ¿Podrás caminar? Si no, puedo llevarte en brazos –era Tai. Lo que había pasado antes, se había ido, fuera lo que fuera. Kari asintió, tragando saliva, pero agradecida de que no fuera la única que estuviera experimentando cosas todavía más raras que esos sentimientos ilógicos.
-Puedo hacerlo, estoy bien. Pero… Tengo miedo. De lo que podamos encontrar –murmuro.
-Si algo pasa, yo te protegeré –afirmo Gatomon. Agumon intento hacer una señal de la paz, aunque sus manos no eran muy adecuadas para eso, así que causo una cómica escena que relajo el ambiente.
No vieron la sombra que se deslizaba por el techo. Una sombra más oscura de lo normal. Y esta tenía ojos. Ojos rojos. Pero solo era una sombra, una ilusión enviada a través de una poderosa voluntad. Poco a poco, se desvanecía. Aun no tenía suficiente fuerza para realmente interferir en sus vidas. No hasta que llegara. Desapareció, finalmente, con un parpadeo de esos ojos malignos.
-Que rían ahora. Después será demasiado tarde…
-¡X-Láser!
Nuevamente, fue esquivado. Flymon subía a toda velocidad por la montaña Mugen. Y XV-mon le seguía, pisándole los talones, en sentido figurado. Llevaba a Davis sobre los hombros, así que no podía moverse a la máxima velocidad, lo cual impedía que lograra dar el golpe final. El digimon corrupto estaba ya herido, solo un impacto mas y sería suficiente.
-¡Casi! Mejor no sigas atacando, esperemos a ver adonde quiere ir –sugirió Davis-. Además, Tai dijo que sería lo mejor atraparlo. Podríamos sacarle alguna información.
-¿Y si nos lleva a un nido de corruptos? –pregunto su digimon.
-¡Aun mejor! ¡Más para nosotros! –exclamo el elegido. Tuvo que agarrarse con todas sus fuerzas, ya que estaban volando bajo, y el digimon debió hacer una maniobra rápida.
-¡Sujétate! –le advirtió, un poco tarde por cierto. Pero era la recta final. Delante de ellos, el digimon se había detenido. El Insecto los había guiado directamente a la cima, donde hace siete años subieran los siete niños elegidos para comprobar que se hallaban en una isla. Qué casualidad, dos veces siete. O tal vez no tanta.
-¡Se detuvo! –chillo el elegido del Valor y la Amistad. Se bajo de un salto, para permitirle a XV-mon luchar a toda velocidad, pero no fue necesario. Algo le cerraba el paso al digimon corrupto-. ¿Eh? ¿Qué hacen ustedes aquí?
-Oh, Davis. Llegaste rápido –contesto T.K. Angemon le cortaba el camino a Flymon, tanto por aire como por tierra. Con el dragón azul detrás, estaba completamente acorralado.
-¡No necesitábamos ayuda! –se quejo XV-mon. Pero el Ángel no dijo nada al respecto. Solo levanto su mano, la cerro en un puño, y disparo directo con un Golpe de Fe al Insecto. Este desapareció instantáneamente, fulminado. Los datos rojizos salieron a raudales, y desaparecieron en el aire, en busca del digivice corrupto. El moreno comenzó a hacer una rabieta.
-¡Se aparecen de la nada, y se llevan el golpe final! ¡Ladrones! Además, se suponía que había que capturarlo…
-A nosotros nos convenía que no lo atraparas. Pero te guió a donde pensábamos. Ahora, solo hay que esperar a los demás –le corto el rubio, tranquilo y sonriente.
-¿De qué estás hablando? –Davis no entendía su actitud. Le parecía extraña. Detrás, se escucharon unos ruidos. Cargados todos por Kabuterimon, aparecieron todos los elegidos y sus digimon, incluso Mimí. La advertencia de Kari sobre esa sombra extraña les había hecho sospechar, pero al ver que no había nadie peligroso, el Insecto regreso a ser Tentomon. Sin embargo, XV-mon aun se sentía ultrajado.
-¡Oye, si que eres muy molesto para ser un angelito con esa apariencia impresionante! No me molesta que te hayas unido, ¿pero al menos podían avisar? –dio unos pasos hacia Angemon, como para resolver todo con una actitud amigable. El Ángel comenzó a reunir energía en su puño nuevamente.
-No te acerques más, XV-mon. Estas advertido –le amenazo, despiadadamente.
-¿Eh? ¿Ese casco te está dejando sin oxigeno? –pregunto el dragón en tono de broma. Sin embargo, esto no era ningún chiste.
-¡Golpe de Fe! –esta acción dejo atónitos a los espectadores. Por suerte, no a XV-mon, que salto a un lado y lo esquivo. Matt y Gabumon gritaron primero, sorprendidos.
-¿Qué fue eso Angemon? ¡Acabas de atacar a XV-mon! ¡T.K., dile algo!
-¡Sí! Se supone que es tu amigo. ¿Qué estás haciendo?
El rubio no dijo nada, ni parecía indignado. De hecho, soltó una risita. Kari fue la siguiente en quejarse.
-¡Sabia que esa alemana maldita te estaba lavando el cerebro!
-¿Eh? Eres una celosa sin esperanzas –respondió. La cara de la chica se puso roja de vergüenza y enojo-. Pero Sophia no tiene nada que ver en esto. Angemon le dio una advertencia. Así debe hacerse entre enemigos.
-¿Enemigos? –pregunto Davis, que ahora entendía todavía menos.
-Ay… Tal vez tu cabeza no lo entiende, Davis. Sigues siendo el mismo pobre idiota de la primera vez que te conocí –estas palabras las dijo con una sonrisa asquerosa, además de una expresión altiva y pedante.
-¿¡Como te atreves!? –chillo el moreno, enojándose.
-¿Qué no se puede decir la verdad estos días? Las cosas están bastante mal, entonces –murmuro una voz conocida. Detrás del elegido de la Esperanza, se materializo un portal oscuro. Allí estaba Lyramon, en su apariencia digimon, con su capa y capucha además de una sonrisa burlona-. Aunque también somos desconsiderados, T.K., deberíamos explicar la situación más detalladamente para que puedan entender.
-Creemos que una imagen vale más que mil palabras –replico el rubio. Metió la mano en su bolsillo, y saco un collar. No había duda alguna. Una copia del emblema de la Oscuridad. Matt sofoco un grito de horror.
-¿Qué haces sosteniendo eso, acompañado por el maldito Larios? –inquirió Joe, moviendo sus lentes para ver si estaba viendo mal. Lamentablemente, no era así.
-¡Es un traidor! –chillo Joshua, quien estaba menos shockeado para pensar.
-No lo digas de esa forma tan fea –se quejo Lyramon-. La expresión adecuada es 'Cambio de Bando'.
-¿Cambio de Bando? –murmuro Gennai, quien había aparecido junto a Davis, sin que nadie lo viera. Los elegidos lo miraron, sorprendidos nuevamente-. ¿Será que la Esperanza ha sido arrastrada al lado oscuro?
-No exactamente. La Esperanza siempre la tiene aquel que tiene la razón, y porta el cetro de la Justicia. Y ese es… El ejercito corrupto –respondió T.K. Suspiro, y tomo aliento. Lo siguiente lo dijo en voz bien alta-. ¡Y a estos nos hemos unido!
Silencio. No podía ser más claro. Takeru Takaishi y Angemon, quienes siempre lucharan para defender el Digimundo, acababan de anunciar frente a todos sus amigos y camaradas la realidad. Ahora, la Esperanza estaba del otro lado, en las Tinieblas.
Antes de que nadie pudiera responder, ocurrió el hecho más insólito de todo el día, hasta el momento. Una voz se hizo audible. Sin duda, era imposible dilucidar de donde venia. Estaba en todas partes. Pronto se hizo claro que eran cuatro voces diferentes, pero las palabras eran demasiado vagas para entenderlas. En cambio, las emociones de estas eran muy claras.
Una vos siniestra y otra alegre y chillona hablaban juntas. Parecía dirigirse al mismo objetivo, con mucha sorpresa. Kari palideció al reconocer ese tono sibilante, el mismo de ese monstruo en la Oscuridad Infinita. Sin embargo, la tranquilizo un poco la tercera voz, que era amable y agradable. Parecía responder con toda calma, y una pizca de tristeza, a las dos anteriores. Entonces, sonó una cuarta, la peor. Horrible, desgarrada, iracunda, perversa, y totalmente malvada; estaba quejándose, al parecer, a quien tenía la voz amable. Este le respondió con firmeza, pero sin perder la compostura. Y la voz iracunda se enfado más, y estaba casi fuera de sí. Una quinta presencia, esta con un tono profundo y calmado, pareció dar una justificación. Entonces, la voz horrible bramo, colérica, y era muy diferente a los gritos de antes.
Todos en la montaña, casi cayeron al suelo, desconcertados y mareados. Había ocurrido un temblor. Pero no solo fue la tierra lo que tembló, también el cielo, y el mismo aire alrededor pareció moverse violentamente. Se escucho un chasquido, como el que hace un vidrio al rajarse.
-¿¡Qué diablos!? ¿Eso fue una técnica? –pregunto el Demonio Corrupto, quien había logrado recuperarse primero. Pero las voces comenzaron otra vez. La del tono horrendo parecía desquiciada, gritando sin parar, casi en su límite de ira. La voz amable le respondió, con calma, seguida por una acotación sarcástica de la voz profunda. Dos nuevos personajes parecieron sumarse al coro; uno con una voz hermosa y melódica, que parecía una mujer joven, o tal vez una niña; y el otro con un tono gastado y alterado, pero simpático y cariñoso, aunque teñido de preocupación. Y, nuevamente, un horrible grito del interlocutor malvado, y esta vez fue claramente un ataque similar al de un digimon.
Y nuevamente, todo alrededor se tambaleo, y esta vez varios cayeron al suelo. Mimí estaba muy mareada. Yolei tenía el rostro verde. Y T.K. ya no estaba tan confiado, parecía asustado, al igual que Lyramon. Esto no era parte del plan.
-¿Qué sucede? –pregunto Angemon.
-¡Ni idea! –respondió el rubio, mirando a su nuevo camarada, buscando una explicación.
-Tal vez… ¡La segunda señal! ¡Hoy fue el día de los recuerdos futuros! ¡Si, tiene sentido! ¡Gennai, rápido, ¿cómo seguía?!
-Los cielos se resquebrajaran ante el poder de la Nada, invocada más allá del tiempo y el espacio por la Maldad Final. La corrupción se alzara, la Esperanza caerá, y ambas juntas se convertirán en una fuerza imparable… –recito el Guardián, tal vez quien más tranquilo estaba, pero él más preocupado también.
Todos miraron al cielo luego de oír eso. Parecía un tranquilo día soleado. Pero, con horror, constataron que algo manchaba la vista, junto al sol. Una especie de grieta se había abierto, en la mismísima atmósfera. Todos lo miraron, impresionados, pues los bordes desprendían una luz pálida. Y entonces la voz horrible comenzó a hablar de nuevo, habiendo llegado ya al tope de su entereza. El personaje de la voz tranquila intento un último razonamiento desesperado, y todos los demás estaban suplicando, menos los de los tonos siniestro y profundo. Esos habían callado. Y todas las demás voces callaron también, en un silencio mortal, justo antes de que se oyera la última frase.
Esta no fue como las otras. Esta fue clara. Poderosa. Invencible. Proclamando que el Día del Juicio ya se había acabado, y este era el veredicto: Muerte. Porque el tono no podía ser más horrible, no podía ser más iracundo, no podía ser más lapidario. La condena del Destino ya había sido dictada. Solo dos palabras. Pero fueron, desde ese momento en adelante, las dos palabras más perversas y temidas de todo el Multiverso.
¡EXISTENCIA ZERO!
Los elegidos cayeron inmóviles, aplastados por una fuerza superior. Hasta Gennai y Lyramon cayeron al suelo, sin aliento, deseando haberse cubierto los oídos ante ese horror imposible. Pero era tarde. La condena estaba hecha. En los cielos, la grieta se abrió por completo, revelando un fondo verdoso extraño. Cambiaba entre múltiples tonos, desde el esmeralda al fosforescente, todas sus zonas moviéndose en forma azarosa y repulsiva. Incluso esta es una descripción muy vaga, puesto que el verdadero horror solo era posible al verlo. Esa grieta, tan asquerosa, causaba aversión a quien quiera que la viera, fuera quien fuera. No había manera de soportar la vista de eso, no sin terminar mareado y vomitando.
Y, lamentablemente, no fue solo visible en la Isla File. Las voces solo se oyeron en esa montaña, pero los temblores, el grito final, y la grieta extraña ocurrieron a gran escala.
A escala multiversal.
-Ha comenzado… –susurro el ser de la voz profunda. La voz chillona respondió frenéticamente.
-¡Era cierta, mi señor! ¡La Leyenda era cierta! ¡El Multiverso está condenado, mi señor!
-Tranquilo, amor mío, esto aun no acaba. Tal vez haya algo que podamos hacer –replico preocupada la voz femenina.
-Solo una cosa, ahora mismo: Acabar el proyecto Basilisco lo más rápido posible. Debe estar listo para cuando el Sabio Retorcido haga su jugada.
En el Vació, una Luz se hizo presente. Varios digimon que estaban allí, sorprendidos, se echaron para atrás. Una forma pequeña se hizo visible unos instantes, observando la grieta verdosa. Por extraño que pareciese, era capaz de ver esa gama de colores repulsivos sin sentir asco alguno.
-Que cosa rara… Se ve tan bonito…
Tenía una voz muy aguda, daba risa al oírlo, y encima era muy rápido para decir las palabras. La Luz era muy intensa para distinguirlo, pero parecía muy pequeño. Y luego soltó una risita inocente, al notar que lo estaban viendo, y desapareció.
El Juzgador, junto al Rey Dorado, aparto la mirada tras comprobar la grieta. Estaba claro lo que era. La Nada. Detrás de ellos, su servidor envuelto en sombras, murmuro con una voz metálica.
-¿Así que esa es la apariencia que tiene? Si, es realmente llamativa y desagradable… ¿Qué haremos ahora, maestro?
-Ahora solo queda esperar –murmuro el cuarto. En un espejo de salón, que flotaba en el aire quieto, se veía la situación en la montaña Mugen. En otro idéntico a la derecha, se veía una especie de torre enorme y poderosa. Esta empezaba a temblar, y una explosión sacudió sus cimientos. Una figura enorme surgió de entre la tierra rocosa, con unos ojos verde oscuro. Estos destellaron un momento, y una nueva explosión destruyo una montaña cercana. Le había abierto un limpio agujero.
-Apresúrate, Plutomon –suplico el sexto. Y sus manos temblaban.
En alguna parte ignota, muchas bolas de cristal mostraban múltiples situaciones. Se veía la torre siendo atacada, la isla File, el Mar de las Tinieblas, y otros lugares desconocidos. Alguien sonreía, travieso, mientras la situación parecía volverse negra.
-Muy bien. Todo ha sucedido en el momento justo. Ahora, aparecerán nuestros hermanitos en escena. Y luego, Plutomon se llevara a Juggernaut. Ustedes son tan predecibles, Juzgador y Rey Dorado. No son como él. El Gobernante Secreto. Lindo nombre. Quiero ver que me estas planeando, hermano mayor.
El Sabio Retorcido, instigador autentico de todo este desastre, simplemente tomo su taza de té mientras las cosas ocurrían. Su intervención ya no era necesaria. Los planes estaban en marcha. Él, verdadero villano, no se dignaba a mostrar su cara. Solo debía dar las ordenes, mientras a su alrededor, las bolas de cristal le revelaban como había ocurrido todo.
Pero no era necesario verlas tampoco. Ya sabía perfectamente lo que pasaría. Porque conocía las siete señales. Y las estaba causando, para ruina del Multiverso.
-Ahora, te toca a ti, mi pequeña mascota. Encuentra a Beelzemon. Y muéstrale el verdadero poder de un Demon Lord…
En el Área Oscura, Demon se sintió asustado. ¿Qué era esa grieta? No lo sabía. No estaba enterado de la situación. Solo le importaba encontrar la semilla. Nada más. Estas cosas inesperadas le ponían muy nervioso. Debía visitar pronto a Barbamon. Tal vez él supiera que estaba pasando.
Detrás de él, sus tres tenientes esperaban. Mermaimon, Shaujinmon, Sagomon. Estaban asustados, pero no lo demostraban. No querían parecer débiles frente a su amo. Pero, inevitablemente, empezaban a preguntarse mentalmente si no se habían metido en un gran problema.
El susodicho Barbamon, observando la Nada con una expresión asqueada, finalmente aparto la vista. Suspiro. Si, era lo que se temía. La Leyenda era real.
-Maestro. ¿Qué pasara ahora? –pregunto su discípulo.
-Bueno, si la segunda señal es cierta, entonces tu presa por fin se presentara. Es probable que ya esté allí. ¿Quieres ir ahora?
-No. Tengo la sensación de que la oportunidad debe venir por sí sola. La tomare cuando llegue. El Destino glorioso es mi guía –concluyo. A su alrededor, un enorme cuerpo se movía. Un poderoso monstruo, la mascota del alumno, se estremecía de miedo y asco. El joven cazador lo acaricio para calmarlo. Iba a necesitarlo, cuando se encontrara con su presa. Y también su God Killer.
En lo profundo de las aguas grises, Leviamon se agito confuso. Podía ver la grieta, también abierta en su Mar, manchando los cielos grisáceos. Los Shademon, asustados, huían a las profundidades; los digimon corruptos estacionados allí se refugiaban entre los edificios. Piedmon observaba la escena, de pie en la arena, el agua lamiéndole los zapatos.
-Esa cosa, sea lo que sea, es muy horrible de contemplar. ¿Qué habrá pasado? El director está perdiendo el control de la obra, nuevos actores llegan de improviso, y alguien parece decidido a fastidiarlo –sonrió, como si fuera gracioso-. Muy conveniente, ¿no es así?
-Bastante. Esto está planeado. Pero no es parte del plan de Lyramon. Alguien más ha metido su mano en todo esto –concordó LadyDevimon.
-Los análisis muestran que esa sustancia, sea lo que sea, está desafiando varias leyes de la física y la química al aparecer de ese modo. Es de naturaleza desconocida. Y sugerimos tratarla con precaución extrema –informo Andromon.
En la Tierra, exhalando furia de manera evidente, Edward Murray se volvió a su escritorio. Estaba en un hotel, el cual era de su propiedad. Muchos miembros de la SGFDBD se hospedaban allí, encubiertos bajo vacaciones y viajes de negocios. Normalmente, habrían conseguido hospedajes separados, pero con la cuenta de la organización totalmente saqueada, no les quedo otro remedio. Aun conservaban una buena cantidad de dinero, pero tendrían que reducir gastos.
Junto a él, estaba Scar, intentando casi con éxito que no se notara el asco que sentía al mirar esa grieta. Finalmente, desvió la mirada. Su búsqueda, hasta ahora, había sido inefectiva. Pero una pista fría había florecido en un aeropuerto. Si, la chica estaba allí.
-Esto es culpa de esos malditos monstruos, también. Solo ellos podrían hacer algo así. Repugnantes criaturas del demonio, ¿cómo se atreven a manchar el Cielo de Dios? Lo pagaran, así sea lo último que haga –murmuraba Murray con una cólera fría. El mercenario hizo un mohín con los labios.
-No sé. Es algo antinatural. Podría ser casi cualquier cosa. Mientras no estorbe a la búsqueda, no me importa.
-Scar. Es una lástima que no compartas nuestro credo. Eres el más útil de todos los que están a mi alrededor. No te preocupes, me encargare de que esos seres digitales no te vuelvan a estorbar nunca más –el director tomo un pendrive de la mesa. Estaba marcado con una calavera azulada-. Una vez que esté terminado, exterminaremos a esos bichos para siempre.
En la Dimensión Maldita, el Emperador se recuperaba de los temblores. LordKnightmon lo ayudaba a incorporarse, mientras se oía unos espantosos ruidos afuera. El Royal Knight estaba atento a cualquier situación, y se puso en guardia cuando tocaron la puerta con fuerza.
-¡Pasa! –exclamo el muchacho. Un instante después, un SkullSatamon entro, muy agitado. Hinco rápidamente las rodillas, e inclino la cabeza hasta tocar el suelo.
-¡Emperador! ¡Ha sucedido algo muy grave! ¡Ha habido una fuga!
-¿En las mazmorras? –pregunto el chico, aunque eso era evidente. Este digimon era el guardia, hasta tenía el manojo de llaves colgando de la cintura-. ¡Imposible! ¡Nunca ha habido una fuga de las mazmorras!
-¡Lo sé! Lo lamento mucho, Emperador, pero no hubo nada que pudiera hacer. Nunca antes tuvimos un prisionero de este calibre.
-¿Un solo prisionero es el que está causando ese alboroto de ahí afuera? –se impresiono LordKnightmon-. Debe de ser de una de las celdas numeradas. No, más específicamente, debe de ser de las primeras cinco, ¿no es verdad? –intento adivinar. El guardia negó con la cabeza.
-¡Te equivocas! ¡Es todavía peor! ¡Se trata del prisionero de la celda número 0!
-¡¿Juggernaut?! –chillo el Emperador, espantado. Las celdas de las mazmorras seguían un sistema de números. A menor el numero, mas fuerte su recluso. La celda número 0 albergaba a la criatura mas horrenda y poderosa de todo el Imperio del Sueño, con excepción del Señor, claro está. De hecho, había sido esté en persona quien debió capturar a ese cautivo. En otras palabras, nadie más podía vencerlo.
-¡Sí! ¡Ese mismo! ¡Los guardias intentan pararlo, pero no hay resultado! ¡Demolerá toda la ciudadela si el Señor no lo detiene! ¡Nadie más puede!
-Eso es cierto. No hay otro ser comparable a Juggernaut aparte de Dreammon. Pero él se encuentra durmiendo a estas horas, y ni siquiera un ataque directo de esa cosa lo despertara –puntualizo el Emperador. SkullSatamon comenzó a ponerse más nervioso, como temiendo un castigo. Después de todo, era la primera vez desde la creación de las mazmorras que había un intento de escape. Cualquiera habría culpado al guardia actual.
-¿Cómo escapo exactamente? –el Muerto Viviente dio un respingo ante la pregunta del Caballero Santo.
-Fue cuando ocurrieron los temblores. Luego de que esa horrible voz pronuncio esas dos palabras, la celda empezó a brillar en un color verdoso. Me pareció similar a la sustancia de afuera, también era repugnante. ¡No cabe duda de que esa cosa extraña le afecto al prisionero, y habrá invalidado alguna de las medidas de seguridad! Desde este momento, Emperador, le suplico tenga clemencia. No sabía que había alguna manera de anular cualquiera de los hechizos que…
-Sí, ya, no hay problema –respondió el muchacho, distraído. Parecía estar pensando en algo-. ¿Dices que se libero por un resplandor verdoso? ¿Y qué hay algo afuera? –camino hasta el balcón. LordKnightmon fue detrás, sosteniendo una manta por si le daba frió con ese camisón. Pero en cuanto el joven salió, se escucho un grito de horror proveniente de su boca-. ¡La Nada! ¿Significa eso que ha ocurrido la segunda señal? Si, tiene sentido. Eso explica porque todo el día fue raro. ¡No tenemos tiempo que perder! SkullSatamon, ve a la sección tecnológica y avísale a Vademon que haga lo que pueda para investigar esa grieta. También envía mensajeros a buscar por los Comandantes. Los quiero a todos en mi sala del trono en una hora. ¡Ve!
-Sí, Emperador –el guardia no se hizo esperar, y salió a toda velocidad para cumplir las instrucciones. El Royal Knight observo la expresión pálida del muchacho. Este tenía un extraño brillo en los ojos.
-Vamos, LordKnightmon. Tenemos cosas que hacer. Hay que buscar a esa persona. Ahora mismo.
-¿Qué ha pasado? –pregunto Joe, tratando de entender que sucedía. Observo alrededor. Todos estaban en el suelo. Humanos, digimon, Gennai. Incluso Larios. Estaban despiertos, parecía, pero aun no se recuperaban de lo sucedido. Se arrodillo, buscando a Gomamon, mientras se aferraba los brazos. Hacía mucho frió-. ¿Gomamon? ¿Adónde te metiste?
En realidad, su compañero estaba detrás suyo. Podría haberlo visto si volteaba la cabeza. Pero no podía hacerlo. Sus ojos habían quedado helados, sus músculos se negaron a responder. Porque había algo frente a sí que no podía ignorar.
-¿Joe? –respondió su compañero, antes de quedar helado también. No podía creer lo que sus ojos veían. No logro advertirles a los demás. Los elegidos, humanos y digimon, se levantaron uno a uno, muy mareados. El incidente de hacia unos momentos los había dejado un tanto confundidos. Sin embargo, la reacción fue inmediata. Apenas veían lo que tenía enfrente, se quedaban congelados. El frió en el ambiente aumentaba de una manera antinatural, sin prisa pero sin pausa.
Del otro lado, Angemon se puso en guardia, pero era evidente el temblor en sus manos. Lyramon no podía creer lo que veían sus ojos. T.K. estaba paralizado en el lugar. Porque había algo en medio de los dos grupos. Algo que antes no estaba ahí. Algo que había aparecido repentinamente, cuando se abrió la grieta en el cielo, mientras ellos estaban caídos por culpa de la impresión. Algo que no vieron hasta que fue demasiado tarde.
Ese algo era una forma difusa, de un negro intenso. Parecía un torbellino de niebla, pero esta era demasiado oscura. Su forma se arremolinaba, adoptando por momentos la apariencia de caras espantosas, figuras monstruosas, y representando todos los aspectos demoníacos posibles.
-¡No vean! –chillo Kari. Ella ya había entendido lo que pasaba. Sentía la misma sensación, tras ese remolino, que cuando estaba en la Oscuridad Infinita. Una forma de terror tan profundo que te tocaba el alma, retorciéndola de manera salvaje e inmisericorde. Tenía una buena idea de lo que había dentro. Y no se equivocaba.
A pesar de la advertencia, los ojos de todos estaban clavados en esa cosa. Una forma sólida se hizo visible, dentro del torbellino, algo que aparecía de tanto en tanto a través de agujeros en esa niebla negra. Apenas podías captar algo. Una mano que parecía una garra, un ala de murciélago, un cuerno oscuro, un torso cubierto de escamas. Sin embargo, lo más terrible eran los ojos. Una mirada sangrienta, que te dejaba helado, y veías en ella imágenes de horror. Era posible adivinar a ese ser, sea lo que fuera, de pie sobre una ciudad en llamas con una sonrisa maléfica en su rostro escamado, mientras los cadáveres de muchos inocentes regaban el suelo en un macabro espectáculo. La sensación de terror en ese momento era tan intensa que se te embotaban los sentidos y los pensamientos. El mundo se veía gris, tu mente era incapaz de entender porque, pero tenias la vaga idea de que era culpa de ese monstruo escondido en la niebla.
-La Leyenda se ha cumplido, parte por parte, con una exactitud perfecta –declaro el Guardián. Su expresión lo decía todo. Estaba muy preocupado.
La sensación que estaban sintiendo en ese momento, fue el peor miedo que jamás pasaron en sus vidas. Eso dijeron ellos. Y nunca, nunca, pero nunca por el resto de sus días cambiaron esa declaración. Sin importar que otra cosa se encontraran. Ni siquiera de cara al Final, nunca antes o después fueron aterrorizados de esa manera. Ese día se grabo a fuego en sus almas. Se les pregunto en numerosas ocasiones, pero tampoco fueron capaces de expresar con palabras el terror. La comparación más cercana era algo parecido a esta: Estaban todos es una pequeña habitación oscura, apiñándose contra las paredes, mientras una serpiente negra siseaba en el centro. Nadie estaba fuera de su alcance, era absurdo atacarla, y su picadura era imposible de esquivar y letal. No podías verla, pero sabias que estaba allí. Sabias que solo estabas esperando a que te atacara. La elección de correr o huir no existía. Solo podías quedarte en el lugar, paralizado, y rezar que no te eligiera. A esto, multiplíquenlo por infinito. Si puedes, cosa bastante difícil de imaginar, podrás entender porque en esa situación ninguno de ellos acertó a hacer nada. Simplemente era una pérdida de tiempo.
Una sola palabra, un solo movimiento, y ya estaban muertos.
-¡Quién diablos eres! –le grito XV-mon. No era una pregunta exactamente. Trataba de combatir el miedo con coraje, pero lo único que logro fue quedar como un suicida. Aunque, inesperadamente, recibió una respuesta.
-Nana –un sonido sibilante y perverso, que a duras penas parecía una voz, resonó en las rocas de la montaña Mugen-. Somos Nana.
-¿Qué quiere decir con eso? –se preguntaron los datos corruptos mentalmente. Normalmente lo habrían sacado de inmediato, pero esta vez les tomo unos segundos darse cuenta, debido a la dificultad de pensamiento que inducía ese monstruo-. Nana… En japonés, siete… El séptimo… –el poco color que tenían en el rostro los abandono. Literalmente parecían un cadáver. Sus ojos se abrieron desorbitadamente. Su corazón se detuvo por un instante.
-No sé qué significa eso, pero no hay duda que eres un ser de la Oscuridad. Retrocede ahora, o me veré obligado a atacarte –ordeno Angemon, por segunda vez aquel día. Sin embargo, ya no estaba tan seguro de cumplir su amenaza. Se escucho un sonido agudo desde el torbellino. Una risa.
-¿Y si no queremos? –susurro el monstruo allí dentro. Las fuerzas le flaqueaban al Ángel. Sin embargo, XV-mon si tenía valor, aunque fuera desesperado a causa del miedo. Su cerebro no solía trabajar bien, y en esta situación, es comprensible. Aun si, fue un craso error.
-¡X-Láser! –fue rápido. Muy rápido. A cualquiera podría haberlo tomado desprevenido. Pero a esa cosa, no era posible. De inmediato, una sección de la pared del remolino se solidifico. Esta recibió de lleno el impacto del ataque. Este se disperso, sin siquiera mover esa parte endurecida. De inmediato regreso a la normalidad. El esfuerzo del Dragón Mítico había sido en vano.
-¡Golpe de Fe! –Angemon reacciono luego de ver al dragón atacar. Sin embargo, el resultado fue exactamente el mismo. Una pared de sombras sólidas intercepto la técnica sin problemas. Era ridícula la manera en que sucedían las cosas. El dueño de la voz… No había necesitado moverse ni un milímetro.
-¡De nuevo! –chillaron Davis y T.K. al unísono. El terror no les dejaba pensar. Ni siquiera escucharon los gritos que pego Lyramon, intentando detenerlos.
-¡Es inútil! ¡Jamás lograran tocarlos! ¡Están enfrentando a un adversario demasiado fuera de su liga! ¡Deténgase ya, antes de que nos maten a todos! –sus ojos dorados lanzaron un destello de miedo. Sabían que la probabilidad de que lograran vencerlo era cero. No, nunca había sido tan alta-. ¡Ya basta, idiotas! ¡Nótenlo maldita sea! ¡Es el séptimo, Uroboros, el demonio más grande, y el ser más poderoso que existe!
La declaración llego tarde. Antes de que pudieran procesar las palabras, llego el contraataque. Dos enormes manos de niebla, tan grandes como elefantes y equipadas con afiladas garras, surgieron en dirección a ambos digimon desde el remolino. Una atrapo a Angemon, estrujándolo. La otra dio un golpe seco a XV-mon con su dorso. Ambos cayeron al suelo en un resplandor, mientras volvían a ser novatos. Y aun así, estaban inconscientes. Sus compañeros los atajaron en plena caída. Lyramon suspiro. Podían considerarse afortunados de seguir vivos.
Este movimiento apago cualquier resistencia que hubieran podido oponer a su presencia. Ya habían visto lo que podía hacer. Tenían la sensación de que incluso si se hubiera tratado de dos nivel mega, el resultado no se habría modificado. No había victoria posible contra ese monstruo.
-Realmente… El Dios de la Oscuridad… Uno de los siete originales… ¡Que interesante! –Joshua estaba babeando. Y también temblaba. De hecho, era un tanto horripilante verlo así, emocionado y temeroso. Más de uno pensó que estaba muy loco.
-Uroboros… Con vuestra presencia, la segunda señal se ha cumplido. La tercera sigue. Y es un paso más cerca del Final –dijo Gennai, observando al Dios sin parpadear. Este no parecía dar señales de haberlo oído. No se había movido hasta el momento. Hasta el momento.
-Hemos venido… Por una razón… –esa voz daba escalofríos. La niebla pareció girar, junto con su amo. Notaron todos entonces que era lo que estaban mirando. Larios.
-Lo entendemos –susurro muy bajo Lyramon. Aun tenían la maldición que le habían arrebatado a Davis. Nunca hubieran imaginado que el mismísimo Dios Demonio vendría a cobrarla. Estaban en el peor atolladero posible. Estaban condenados.
El Kishin dio un paso en su dirección. Y la niebla los seguía rodeando, aunque ahora era claro que ese torbellino estaba hecho de Aliento de la Oscuridad. Se acerco, paso a paso, con una calma extrema, al lugar donde estaban T.K., con Patamon desmayado en sus brazos, y Larios totalmente congelado. El suelo tenía marcas de las pisadas, la forma de pies descalzos, como si las rocas se estuvieran pudriendo con solo el contacto físico con esa cosa.
-¿Qué está pasando? –pregunto Agumon.
-Nosotros le quitamos la maldición a Motomiya. Aun necesitábamos que renunciara a su protección sagrada. Pero nos la echamos encima, pensando que podríamos librarnos. Nos equivocamos. Hemos jugado con una carta demasiado peligrosa, y ahora nos toca pagar por ello –respondieron. Sus ojos se habían apagado, parecían los de un gato enfermo más que los de un demonio. El Diablo ya estaba frente a ellos. No podían ver su mirada dentro del remolino, pero la frialdad alrededor parecía hablar por sí misma. Cayeron de rodillas, como un condenado a quien fueran a degollar-. Lo sabemos. Fue una estupidez. Aceptamos nuestro Destino –murmuro él que alguna vez fuera conocido como el monstruo de ojos dorados. Este era su final. No llegarían a cumplir su sueño. Todos sus ideales, se irían a la basura. Tanto esfuerzo para nada. Un error acabaría con todo…
-Quedan perdonados –la sorpresiva declaración tomo a todos por sorpresa, incluso al Guardián. Esta era la primera vez en toda la historia del Multiverso que alguien era perdonado por el Kishin Uroboros. No parecía real.
-¿Qué? –pregunto Lyramon, anonadados. Parpadearon con una terrible confusión-. ¿Están jugando con nosotros en nuestro final? No pueden estar hablando en serio. Nadie antes ha sido perdonado…
-¿Tienen algún problema?
-¡No! ¡Solo fue sorpresivo! –repusieron con rapidez, nerviosos-. Nos perdonan de repente… Nunca lo hubiéramos esperado. ¿Cuándo un Demonio de su nivel a dejado algo así gratuito?
-Si realmente piensan que deberían pagar su deuda… La capa seria un pago aceptable.
-¿Eh? ¿Nada más esto? –olvidando un poco con quien estaban hablando, su expresión de sorpresa se incremento. Si tuvieran un medidor, ya habría llegado al tope. A su lado, el rubio estaba en una situación similar-. Claro. Tengan.
Les doblo la larga capa marrón oscuro que usara desde hace tanto tiempo. La alargo hacia el centro del remolino. Una mano cubierta de escamas negras con bordes púrpuras, y unas garras bastante peligrosas, se asomo un segundo y la tomo. Pasaron unos segundos. Entonces, el torbellino de Aliento de la Oscuridad se disperso. La figura envuelta en la capa, con la capucha echada, fue visible. No parecía tan amenazadora de esta manera. El aura aplastante parecía haber desaparecido. El Kishin estaba cubierto de la cabeza a los pies. La prenda era demasiado larga, llegaba a barrer el suelo. Y debido a que era bastante más delgado que Lyramon, le cubría todo el cuerpo. Lo único que se llegaba a ver bajo la capucha era por debajo de su nariz. Tenía unos labios finos en una piel blanca como la luna. Sus mejillas se veían flacas, su mandíbula era pequeña. Sin embargo, aun se sentía la amenaza de la Oscuridad bajo el atavío, y algún que otro destello de esos ojos rojos.
-Ha comenzado la cuenta regresiva. El Final se acerca. ¡Es hora de que los Dioses despierten! La guerra se acerca. La Dimensión Maldita ya tiene este mundo en la mira. Y el quinto aun se esconde en las sombras. La tercera señal ocurrirá más pronto de lo que creen. Y estaremos ahí para verlo… –anuncio el Dios de la Oscuridad. Su voz había dejado de ser sibilante y escalofriante, ahora era más normal. Aun así, seguía siendo muy aguda y sagaz, y parecía hablar con un susurro que se escuchaba muy fuerte. No era una voz que pudieras escuchar en cualquier lado.
Acto seguido, la figura encapuchada sonrió, y era bastante espeluznante. Esa sonrisa parecía burlona, maléfica, inexpugnablemente sádica. Y de la nada, desapareció en una onda sombría, dejando solo unos halitos de niebla negra que se disolvieron en el aire. Mucho mayor fue el efecto que persistía en los elegidos y digimon.
-Vámonos –ordeno el Demonio Corrupto. T.K. asintió. Ya habían sido suficientes cosas por mucho tiempo. Con un movimiento de su emblema, el monstruo de ojos dorados hizo que los tres desaparecieran en un portal oscuro. El primero en hablar fue Matt.
-Cómo pudiste hacer esto, T.K. ¿¡Como diablos pudiste unirte a ese maldito!? –grito, descargando su rabia. Gennai cerró los ojos, sabiendo lo que venía.
-¿Qué significa todo eso de la segunda señal? –le pregunto Sora-. ¿Por qué acaba de aparecer el Dios Demonio?
-¿Y qué es la Dimensión Maldita? –quiso saber Armadillomon.
-Y también lo que paso todo el día es un misterio. Esto está lleno de demasiados misterios –declaro Izzy.
-Mañana. Se los responderé todo mañana –anuncio Gennai, acallando las protestas-. Mañana a mediodía, vayan a mi casa. Allí les responderé todo lo que pueda.
-Pero… –estuvo a punto de discutir Tai.
-Ahora mismo debo hacer algo. No esperaba que esto ocurriera justo ahora. No debía pasar, no aun. Cosas oscuras van a pasar. Este es un tiempo muy negro. Con eso, deberían entender la gravedad de los sucesos recientes –interrumpió el Guardián.
Los elegidos y digimon dejaron de pedir explicaciones al ver la expresión preocupada que tenia. Estaban cansados y aun asustados. Lentamente, tratando de asimilar todo lo que había ocurrido, se marcharon. Finalmente, solo Gennai se quedo allí en la montaña Mugen. Miraba la grieta, con esa sustancia verdosa que habían llamado Nada. Y cerró los ojos, lamentándose.
-Ahora, la suerte ya está echada.
Nuevos temblores sacudieron la torre. Se escuchaban gritos. Docenas de digimon, todos entre los niveles ultra y mega, salían volando por todas partes. También muchos humanos estaban por allí, la mayoría de ellos vestían armaduras o chalecos reforzados. Y todos ellos cargaban múltiples tipos de armas, desde espadas a rifles láser. Algunos incluso conducían vehículos de guerra muy variados, desde tanques hasta cañones voladores futuristas. Y había otros seres, cosas extrañas que no cualquiera reconocería. Sin embargo, a pesar de que eran muchos, y no paraban de llegar, todos acababan igual: Salían volando, mutilados o muertos, algunos incluso quemados y en llamas.
-Vaya, vaya… Parece que nuestros guardias no pueden parar a Juggernaut… ¿Qué tan poderoso puede ser? –susurro una figura alta en la oscuridad. Las luces eléctricas de la sala del trono habían fallado, así que la única tenue iluminación venia del trono del Emperador, que brillaba con una débil luz blanquecina. LordKnightmon estaba de pie a su lado.
-¿Por qué crees que le llaman Juggernaut? ¡Porque es imparable! –le reprendió alguien más, una voz de chica joven, situada a la izquierda del primero-. La pregunta es si alguien podrá sobrevivir más de cinco minutos al verlo.
-Eso es imposible. Hasta a nosotros nos iría mal contra él. Desde ya, no pienso acercarme a esa cosa, sin importar la orden –respondió una figura baja junto al que hablo antes. Parecía ser una especia de canino bastante grande.
-¿Eso no es insubordinación? –pregunto la figura a la derecha de ambos. Tenía voz de un muchacho rico y molesto, uno de esos granujas de las escuelas de lujo. Al igual que la chica de la izquierda, no tenía nada a su lado, pero no se intimidaban del hombre alto que si tenía a su lobo.
-El Emperador no nos enviaría a la muerte de esa manera… ¿Verdad? –replico una muchacha con voz zalamera, la cual estaba dos lugares a la izquierda de la chica joven. A sus pies tenía un digimon blanquecino con un par de ojos amarillentos y brillantes.
-Por supuesto que no, Miyaka. Ustedes, mis seis Comandantes, deben esperar aquí por si el prisionero se acerca demasiado. El plan de contingencia ya está en marcha. Solo debemos esperar –respondió el joven en el trono, el Emperador del Sueño.
-Si usted así lo dice, así lo haremos –respondió un joven entre la chica y la muchacha. Su cabello era blanco, y reflejaba la luz del trono con tanta intensidad que se veía claramente en la negrura. Había una figura negra junto a él que se parecía curiosamente a un Agumon.
-Qué respuesta tan tonta, Marko –se quejo la chica de su derecha.
-¿Te quejas de todo, Chiaki? Solo decía lo obvio…
-Y, como siempre, solo se arman peleas tontas. ¿No pueden llevarse bien cinco minutos? –lo interrumpió la segunda de la fila, Miyaka.
-Yo más bien diría que tres –le acompaño su digimon, dando un salto. Ahora era claro que se trataba de un gato grande y blanco.
-¿Lo dice la zorra del grupo? –señalo el chico del final, el mocoso molesto.
-Tal vez, Minamoto –señalo el hombre a su lado.
-Tu cállate, Southerlyn –dejaron escapar entre dientes Minamoto y Chiaki a la vez.
-¡Los niños son el futuro! –grito el hombre, burlándose de que ellos dos fueran mucho más jóvenes que él.
-¡Richard, compórtate un segundo, ¿quieres?! Nos haces quedar mal –se quejo su lobo.
-Que aguafiestas, BlackGaogamon. Está bien, cerrare la boca –Richard Southerlyn hizo una seña como si tuviera un cierre en los labios. Minamoto, Chiaki y Miyaka expresaron su desaprobación. Marko soltó un suspiro.
-Increíble que lograran callar a Richard. Todo un logro.
-Pero parece que es más difícil contigo –señalo Miyaka.
-¿Lo dice la más débil de los seis? –contraataco Chiaki.
-Y además la que más problemas causa, y la más nueva –remato Minamoto-. Y sin contar…
-¡Cállense, niñatos! –la defendió su Gatomon-. Lo dicen él que tiene tantos compañeros que no puede conservarlos, y la que ni siquiera tiene uno.
-¡Suficiente! ¡Dejad de pelear! –los detuvo el Emperador. Todos ellos guardaron silencio de inmediato-. ¿Cuál es el informe, Blut-Knochen? –el Comandante mas a la izquierda asintió. Tenía una visible mascara de hueso que cubría su rostro en la zona de la boca, la mejilla, y el ojo derecho. Su voz sonaba ronca y rasgada.
-Mi subordinado logro verlo. Está buscando una oportunidad. En cuanto las tropas logren la abertura, el Señor atacara. No falta mucho. Comienza a agotarse. Solo un poco, pero ya no arrasa todo de la misma manera –tenía un auricular en su oreja visible. La otra estaba tapada por esa mascara. Un digimon pequeño descansaba en el suelo, junto a él, con unos grandes ojos.
-Perfecto. En cuanto Dreammon logre herirlo de gravedad los generales de las tropas demoníacas, angélicas, selváticas y acuáticas harán un ataque coordinado. Eso debería bastar para derribarlo. Entonces, entraran en acción para inmovilizarlo. Estará mayormente derrotado, así que no habrá demasiado peligro –expuso el Emperador.
-¿Demasiado? –repitió Miyaka. Parecía preocupada.
-¿Suena muy peligroso para ti, cobarde? –se burlo Chiaki.
-Si Juggernaut te ataca, BlackAgumon y yo te protegeremos, Miyaka. No tienes que preocuparte –prometió Marko. Su compañero asintió con su enorme cabeza. El digimon de Miyaka arqueo una ceja.
-El caballero de la blanca armadura al rescate... ¿No dices nada, Southerlyn? –pregunto Minamoto. El hombre movió la cabeza, señalándose la boca, pero acabo haciendo un baile que exaspero a su digimon.
-Primero le piden que se calle, ¿y ahora quieren que hable? No entiendo a estos humanos.
-Acostúmbrate –replico una voz. Una figura acababa de aparecer detrás de ellos. Emanaba su propia luz, dejando claro que era alguien importante. Se trataba de un Lucemon Modo Caído. Tenía una expresión de suficiencia en el rostro cortado-. Por eso es que prefiero ser un Demon Lord, y no tener un humano por compañero.
-¿Y no deberías estar guardando la puerta del palacio, como es tu deber? –señalo SkullSatamon, saliendo tras del trono. Miyaka, Chiaki y Minamoto dieron un respingo. Richard soltó una risita sin abrir la boca. Blut-Knochen y Marko ya lo habían notado, a diferencia de sus camaradas, así que no se mostraron sorprendidos.
-¡Mira quién habla de deber! Si hubieras cumplido el tuyo, no estaríamos en este problema. Para tu información, estoy aquí porque también inmovilizare a Juggernaut. Esperemos que seas rápido para ponerle las cadenas anuladoras –estos dos, a pesar de que se veían bien poco con sus responsabilidades, peleaban cada vez que se veían. Hasta los Comandantes sabían que juntarlos en una misma sala era una idea bastante mala.
-Si no tuviéramos este problema, ya te habría callado la boca –replico el Muerto Viviente con furia contenida.
-¿Un ultra amenaza a un Demon Lord? ¿Eres tonto? Bueno, eso ya lo sabíamos, pero es la primera vez que lo muestras frente al Emperador.
-No te confíes. También soy un semidiós. Y no por nada fui puesto en las mazmorras. Soy capaz de controlar a la mayoría de los prisioneros. ¿Qué tal si probamos de una vez quien de los dos es el más fuerte? Claro, una vez que acabemos, no podrás replicar, estarás más muerto que un zombie.
Podrían haber seguido así por horas, molestando a todos los presentes. Sin embargo, en ese instante, todos notaron algo: Los temblores se habían detenido. Eso era raro. Aun si había llegado el ataque del Señor, deberían haber escuchado un tremendo estruendo. ¿Juggernaut se había detenido?
-¡Emperador! –salto Blut-Knochen de repente-. ¡Ha desaparecido!
-¡¿Cómo?! –el joven se levanto del trono. Aun estaba vestido con su pijama-. ¡Explícate!
-Según mi subordinado, una sombra rojiza atrapo al prisionero, y luego se desvaneció en el aire, junto con él.
-¿Sombra rojiza? –se pregunto el Emperador. En ese momento, una voz profunda sacudió toda la sala.
-Ha sido Plutomon. Se lo ha llevado. No puedo seguirlo con mis sentidos, así que debe haber sido a una dimensión de bolsillo. Probablemente… La corte única. El cuarto nos ha robado a Juggernaut.
-Tiene sentido. Plutomon es su subordinado. ¿Por qué hacer eso? No debería tener medios para controlarlo –pensó el joven-. ¿Se te ocurre una razón, Dreammon? Esta es una clara violación del contrato de nuestro Imperio. Le revocare su licencia de Shinigami inmediatamente…
-No. No es necesario. Le preguntaremos que harán con él. Y que siga con su trabajo. Es muy útil a su manera –replico el Señor.
-Muy bien. En ese caso, la celda número cero quedara vacía… A menos que quieras meter ''ESO'' ahí –sugirió el Emperador.
-Muy bien. Allí no será problema. Pero que el guardián entregue la llave. Ni siquiera a él le podemos confiar algo tan peligroso. ESO no necesitara nada. Solo dejémoslo allí, para cuando sea necesario –acabo Dreammon. Su voz se desvaneció. Marko levanto una mano.
-Emperador. ¿Podría saber que es esa cosa a la que llaman ESO?
-Una interesante cosa que encontramos recientemente. No es exactamente un digimon, pero la celda funcionara perfectamente. Podría ser incluso más peligroso que Juggernaut en las manos equivocadas –este último comentario dejo a los Comandantes anonadados. ¿Había algo más peligroso que un monstruo que solo el Señor podía parar? No parecía posible-. Ya que el problema se soluciono sin su intervención, será mejor que terminemos esta reunión. ¡Dispersaos! Los volveré a llamar en cuanto los necesite.
Richard salió corriendo de inmediato, seguido por BlackGaogamon, que parecía sumamente irritado. Los demás se inclinaron antes de marcharse. Miyaka se acerco al joven Emperador, e intercambio unas palabras con él en voz baja. Volvió un segundo después con una expresión sorprendida. Marko y BlackAgumon la esperaban junto a Gatomon. No era fácil distinguirlos en la oscuridad, pero parecían aun más sorprendidos que ella.
-¿Cuándo fue la última vez que el Emperador rechazo a Miyaka Rihaki? –quiso saber el chico de pelo blanco.
-Esta. No lo entiendo. Tenía una expresión en el rostro muy rara, como si estuviera hipnotizado… Y me ha dicho algo raro. Que buscara a una persona. Me ha dado una descripción de lo más anormal –no parecía nada feliz.
-¿Una chica? Oh, ya entiendo, ¡estas celosa! –comprendió Marko-. Estaba como si se acabara de levantar de la cama. Probablemente soñó con alguna chica guapa. Ya sabes, una de sus premoniciones. ¡No pongas esa cara! Debe de ser algo temporal, un capricho. Ya volverá a llamarte. Ha pasado antes.
-No viste su cara. Estaba muy extasiado cuando hablaba de esa chica. Era como si… No. No puede ser. ¿Se habrá enamorado de alguien que conoció en una visión? –pregunto Miyaka.
-Puede ser. No sabemos qué tan exactas son sus visiones –Gatomon se puso a cuatro patas, y sacudió la cola. No llevaba un Anillo Mágico-. ¡Vámonos! Estoy muy cansado. No me gusta cuando interrumpen mi sueño de belleza.
-Sí, sí. Tu sueño de belleza. Por eso duermes veinte horas al día –señalo la mujer. Se marcho del lugar, sin siquiera saludar al otro Comandante. Marko sonreía juguetonamente.
-¿Crees que sea un capricho? –pregunto BlackAgumon con calma.
-Tal vez. Tal vez no. En cualquier caso, será útil que se consiga una emperatriz al fin. Miyaka quedara libre entonces –respondió el chico. Su pelo blanco relumbraba en la oscuridad. Sus ojos grises parecían anegados de esperanza.
-¡Eso fue genial, Pride! La forma en que le pusiste todo ese drama los dejo a todos impresionados. ¡Deberías actuar en alguna película! –era claramente el tono de Sloth.
-No es difícil hacer eso. Cualquiera podría. Hasta Hate tiene esos episodios en sus arranques de cordura, a veces –señalo Envy.
-¡Y tu también la hiciste muy bien, Envy, con esa aura! Nadie más puede meter miedo mejor que tu –recalco Sloth nuevamente-. Y Lust con sus discursos épicos…
-Suficiente. Pronto vendrán dos visitantes. Tenemos que prepararnos. El engaño debe salir bien –ordeno Pride con su habitual tono calmado y calculador.
-Y hay que cruzar apuestas. ¿Cuál vendrá primero? El Sabio Retorcido, intrigado por esta forma… O nuestro pequeño secreto, esperando ser engañado –declaro Lust. Parecía divertirse.
-¡Apuesto por nuestro hermano! –se apresuro Sloth.
-Yo también –le siguió Envy.
-No me roben la idea… Bien, lo mismo. Tres a cero. ¿Quieres apostar, Hate? –pregunto Lust. No hubo una respuesta clara, solo unos sonidos extraños y sin contexto.
-Sin provocaciones. Hay que investigar que sello es el más adecuado para encargarse de darle tranquilidad. Si Hate no interviene, será un lastre en futuras situaciones. Comenzare de inmediato –Pride callo un segundo, pensando-. No será el quinto. Esta ocupado. Vendrá primero el secreto. Y no digan nada mas sobre engaños, o las cosas podrían salir mal. Recuerden. No debemos alterar el equilibrio del tiempo.
Continuara…
