CAPITULO 24
-. ¿Qué hace aquí señora Snape? -. Ron se lo dijo saboreando las últimas palabras como si no creyera lo que el mismo acababa de decir.
-. Vine a verte, es obvio, a verte por última vez, y ver si podemos regresar a lo que éramos antes -.
Captó la atención de Ron, que la volvió a mirar:
-. ¿Ultima vez? Cuándo decías que me amabas, Cuando éramos la mejor pareja de todo Hogwarts, O cuando me esquivabas, para ir a tocarte mientras pensabas en el murciélago -.
Hermione cruzó los brazos disgustada.
-. Me refiero, cuando éramos amigos, cuando compartíamos nuestro interés por la magia, cuando hacíamos bromas tontas con Harry, sin que nadie saliera lastimado -.
Ron se encogió de hombros y volvió a su misma posición.
-. Siga soñando señora, usted misma dejo todo eso atrás, desde que decidió regalarle lastima al despreciable murciélago, cuando en realidad me amaba a mí -.
-. Ron no sigas con eso, no regale nada, me llego de la nada y no se la razón, hable claro contigo pero siempre ignoraste mis explicaciones, si quisiste creer tus mentiras fue por ti -.
Ron suspiro cansado.
-. No hay nada de qué hablar, váyase que su engendro de marido y de hija la necesitan, esperare pacientemente, a que usted venga arrastrándose, a suplicarme que me quede con usted, yo no cometí el error… Usted lo hizo -. Ron la corrió con una señal de su mano como cuando ahuyentas a alguien, y no quieres verlo; Hermione se resignó, sabía que nunca lo haría cambiar de opinión.
-. Está bien Ron, solo pensé que te podría hacer cambiar de opinión, pero parece que me equivoque, espero que cambies, siempre estaré para ti, así como Harry, cuídate… Ron -. Hermione se dio la vuelta pero viendo atrás esperando que Ron reflexionara pero no vio reacción, suspiró y continuó su camino.
Ron volteó después de un tiempo, mientras la veía dar vuelta y verla por última vez, siempre se grabaría esa imagen, y aunque tal vez en el fondo estaba equivocado, le deseaba la felicidad a ella.
Y ahora, cuando por fin su vida tomaba un rumbo, un sentido y una tranquilidad, aprovechaba su día libre mientras Ginny se había llevado a Eileen a pasear, y lo único que su cuerpo y mente pedían era el estar con Severus y unirse como uno, pero ya no de manera lenta, sino de su manera acostumbrada pero siempre esperada, de manera salvaje y sin miramientos.
Se acercó a su despacho y lo vio sentado en su escritorio, leyendo su ya acabado libro de pociones, que se había vendido rápidamente, apenas saliendo a la venta, y que ahora solo pensaba en la segunda parte, sintió a Hermione cruzar la puerta que se encontraba a su espalda, pero no quería arruinarle el momento, así que mejor espero su llegada, esperando ver que planeaba.
-. Es tu libro terminado, eres todo un escritor, felicidades -. Le besó y empezó a alejarse de el, para sentarse en la silla frente a su escritorio.
-. No -. La sujetó en su regazo. -. No solo fui yo, también te debo mucho a ti y me gusta tenerte en mi despacho. Me tranquilizas, Hermione. -. Apoyó la cabeza sobre la de ella. -. Eres mi rayo de luz en una niebla de ignorancia y frustración -.
-. ¿De verdad? ¿Te gusta que venga y te complique el día y te distraiga de pensar en tu siguiente libro?, te estoy interrumpiendo -.
-. No, no me interrumpes -. Le pasó los labios por el cuello. -. Me demuestras que te importo -. Dijo en voz baja.
-. Me importas, Severus -. Respondió con un susurro.
-. Quiero demostrarte lo mucho que tú me importas -. Gruñó mientras la levantaba del suelo y la sentaba sobre su gran mesa de trabajo.
Hermione dio un chillido cuando se abalanzó sobre ella y le abrió las piernas con la cadera para poder colocarse entre ellas.
-. ¡Severus! ¡Estamos en Hogwarts! ¡En tu oficina! ¡Si alguien entra! -. Metió la mano en la bolsa trasera de su pantalón y saco su varita, moviéndola solo Hermione escuchó el sonido de la puerta cerrándose con seguro mágico, para que nadie entrara.
-. Te deseo tanto ahora mismo… Te necesito, Hermione, por favor… -. Tras ponerse encima de ella, la agarró, la echó hacia atrás en la mesa y empujó fuerte contra su sexo.
Dejo que tirara de ella y la deslizara hasta el borde, mientras su cuerpo de Hermione se relajaba y se encendía.
Sus largos dedos de Severus se abrieron camino hasta sus bragas con decisión y se las bajo por las piernas, por encima de las zapatillas, y las tiro en algún lugar del suelo de su despacho.
Hermione se había dado cuenta de que definitivamente Severus era un oportunista cada vez que decidía ponerse falda.
-. Estás loco -. Murmuro Hermione, sin importarle ya que estuvieran a punto de tener sexo en su escritorio en mitad de su despacho.
-. Loco por ti -. Dijo, mientras le toqueteaba el clítoris y hacía que se excitara.
Hermione escucho el tintineo de su cinturón y luego de su cremallera de Severus.
Y entonces Severus se hundió en ella con ese delicioso calor, de manera lenta y profunda.
Se inclinó hacia ella y le tomó la cara con las dos manos.
La besó con fuerza, metiéndole la lengua en la boca como le gustaba hacer.
Severus tenía el control durante el sexo.
Quería tener la lengua y los dedos y su sexo dentro de ella, todo al mismo tiempo.
Como si de esa forma pudiese reclamarla completamente.
No sabía por qué, pero era su forma de hacerlo.
Y a Hermione le encantaba.
Se trataba de una forma sincera y totalmente directa.
Sabía lo que pasaría entre Severus y ella y siempre acababa en un orgasmo que le dejaba temblando.
Severus empezó a moverse y ella hizo lo mismo.
De manera salvaje.
Estaban totalmente desenfrenados y teniendo sexo apasionadamente encima de su escritorio cuando se escuchó que alguien llamaba a la puerta.
En la cual también había olvidado poner un hechizo silencioso, pero eso no lo haría divertido de haberlo hecho.
-. No respondas -. Jadeó Hermione, casi a punto de llegar al orgasmo.
-. Ni de broma -. Gruñó mientras la embestía más rápido y su miembro se hinchaba hasta ponerse más duro que el metal justo antes de correrse.
Deslizó sus dedos mágicos sobre su clítoris y quiso morir de placer, tanto que tuvo que morderse el labio para no gritar.
Severus no se quedó atrás.
Le tapó la boca con la suya para evitar que ninguno de los dos gritara y se inundó con su orgasmo.
Sin darse cuenta se dejó de oír el ruido de la puerta queriendo entrar, mientras solo se escuchaba los pasos alejándose, y la respiración de ambos al recuperarse de su clímax, mientras Severus seguía dentro de ella y calmando su respiración pegando su frente con la suya.
VAMOS POR LOS ULTIMOS CAPITULOS. NO SE LOS PIERDAN…
