Se suponía que este capítulo se publicaría el día viernes; pero estuve muy ocupada con trámites de la universidad, ya que inicio clases mañana; y por ende no estaré por estos lados. También quiero recordarles que este fic solo tendrá cuatro capítulos, y el último lo estaré publicando el día martes. Así que sin más, les dejo el tercer capítulo.


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— ¡Soy un cobarde!... ¡¿Por qué tengo tanto miedo sobre estos sentimientos?!—el peliverde se reprochaba a si mismo mientras se veía frente al espejo de su baño—sino soy capaz de vencer a un enemigo como la inseguridad, ¿Cómo pienso proteger a los ciudadanos de verdaderos enemigos?

Midoriya se encontraba en una batalla interna, no sabía qué hacer, ya no soportaba seguir callando todo lo que sentía por su compañera. Anteriormente se había jurado callar y enterrar sus sentimientos; pero al final fue difícil; el amor no era algo que se podía ocultar tan fácilmente, lo que conllevaba a un sufrimiento que solo desaparecería si hiciera el intento de confesar sus sentimientos. Pero muy en el fondo sentía miedo de no ser correspondido.

—Un héroe no debe rendirse; aunque en estos momentos solo aspiro a convertirme en uno—suspiró después de darse cuenta de su comentario—no es momento para eso—sacudió su cabeza con la intención de hacer desaparecer esos pensamientos— ¡un héroe nunca se rinde ante cualquier obstáculos!—dijo con orgullo.

Finalmente se había decidido; lo primero que haría al llegar a la academia, seria hablar con Uraraka y declararle su amor, no importaba ser rechazado, aun asi debía intentarlo, y tal vez asi darle paz a su mente y a su corazón.

Creo que lo mejor sería confesarme en otra ocasión—toda la valentía que Midoriya tenía el día anterior, había llegado a su fin. Ya tenía las palabras adecuadas que diría; ya las había practicado la noche anterior. Pero en el momento que vio entrar a Uraraka por la puerta del salón; su cuerpo se convirtió en un imán de nervios, por lo cual ahora desistía de su decisión, siendo al final el mismo cobarde que no era capaz de hacer lo más simple.

¿Pero que podía hacer si era la primera vez que confesaría sus sentimientos a la chica que le gustaba?

Para los demás parecería fácil; pero las personas que tienen esa clase de sentimientos no la ven asi, porque sienten temor de ser rechazados; en cambio, hay algunos que tienen suerte de que su amor sea correspondido. Pero él no sabía a qué grupo de personas pertenecía, ya que no se atrevía a confesar su amor.

Y para su mala suerte, el timbre había sonado anunciando el final de las clases, y estaba perdiendo la oportunidad de hablar con Uraraka. Estuvo a punto de salir corriendo detrás de ella; pero su inseguridad lo detuvo, dejando que la joven desapareciera de su vista.

—Por temor a las consecuencias, callé un amor que pudo ser correspondido. Pero ahora, esa persona es feliz con alguien más. Tal vez, si no hubiese sido un cobarde, no estuviese lamentándome en estos momentos, y ahora ella sonreiría a mi lado… Una de las frases de mi autor favorito—dijo Iida mientras acomodaba sus anteojos.

Pero al ver que Midoriya no captaba sus palabras, suspiró derrotado. Tomó sus libros y mochila, y comenzó a caminar en dirección a su compañero que se mantenía de pie junto al pupitre.

—Si sigues de cobarde, alguien podría alejar a Uraraka-kun de tu lado—dicho esto, Iida salió del aula, dejando solo al peliverde.

—No quiero que eso suceda—al darse cuenta de las palabras de su amigo, velozmente salió corriendo del salón, al punto de casi caerse. Pasó a Iida, y este sonrió al ver su rostro de determinación.

— ¡URARAKA-SAN!—gritó a todo pulmón. Después de correr desesperadamente, la había alcanzado en la entrada de la academia.

La castaña al escuchar su nombre se giró en sus talones encontrándose con su compañero que yacía casi agachado con sus manos en sus rodillas tratando de calmar su respiración.

— ¿Deku-kun?—dijo algo extrañada.

— ¡TE AMO!—confesó a los cuatro vientos.

Como acto reflejo, cerró sus ojos, temeroso por escuchar la respuesta a su confesión. Pero en esos momentos sintió un cálido abrazo que lo trajo a la realizad, y al abrir sus ojos, vio cómo su compañera se aferraba fuertemente a él.

—Pensé que nunca lo dirías—lágrimas de felicidad caían por su mejillas—Deku-kun, yo también te amo.

Midoriya también se aferró a su compañera. Estaba feliz porque sus sentimientos eran correspondidos. Uraraka también lo veía con amor, asi que era tiempo de que ambos se dieran la oportunidad de ser felices.


Quiero agradecerle a cada una de las personas que leen esta pequeña historia, me hacen feliz con su apoyo. Y espero seguir contando con ustedes en los próximos proyectos, porque quiero que sepan que seguiré escribiendo más de estos dos tiernos y hermosos.

Les recuerdo que en mi perfil les comparto mi página de Facebook, ahí estaré compartiendo actualizaciones e información sobre mis próximos proyectos.

-Gracias por leer