Nota:

Gracias por el apoyo que recibe este fic.

Ahora inicia la aventura! Como les dije antes, esta historia esta indirectamente relacionada con mi anterior fanfic (La Semilla de la Discordia) al cual planeo sacarle secuela una vez que haya concluido esta serie!

Bueno, aquí los dejo con el cap 3 de "Sonrisas y Burbujas". :D

Cap 3. Derpy y Spike.

-¿Trajiste los Muffins?

-¿Trajiste la jema?

Un encuentro poco usual se llevaba a cabo en el quiosco, en el centro de Ponyville. Spike el dragón, y Ditzy Doo (mejor conocida por los ponys del pueblo como Derpy Hooves) se vieron ahí para hacer un pequeño intercambio.

-Aquí la tengo.- dijo Derpy, tocando su alforja. En ella había una extraña y nada agraciada joya llamada "llanto de pegaso", la cual poseía un sabor exquisito para un dragón, pero que no era muy codiciada entre los pony debido a su extraña forma, y su carencia de brillo.

Para el ojo inexperto, no era más que un trozo deforme de carbón. Pero a los ojos de un dragón, era un manjar digno de un dios.

-Bien, yo traje los muffins.- el pequeño bebé dragón mostró una caja de cartón, la cual contenía dichos postres.

-¡Excelente! ¿Vamos al parque?- Derpy estaba ansiosa por comer los muffins de chocolate que le había preparado el pequeño reptil.

-Mmm… no lo sé.- dijo Spike.- Qué te parece si vamos al castillo. No habrá problema si vas conmigo.

Resulta que la semana pasada, Derpy hacía una entrega especial a Zecora (váyase a saber de parte de quien era el paquete), y al ir galopado a través del oscuro bosque Everfree, se tropezó con lo que al principio parecía ser un gigantesco trozo de carbón.

Al examinar con un poco más de detalle aquel objeto, se percató de que era exactamente igual a uno que tenía el Doctor en su laboratorio (al cual casi nunca la dejaba entrar).

Una vez hecha la entrega, regresó a Ponyville para mostrarle la roca al corcel.

Pero, durante el viaje, se topó con Spike, quien le explicó que esa era una joya bastante escaza y codiciada por los dragones.

Derpy le ofreció la pierda… a cambio de que él le preparara algunos muffins.

-Insisto en que quiero ir al parque.

-Ok, ok… Iremos al parque.

-¡Yay!- la pony aplaudía con sus cascos.

-…

Mientras se dirigían al parque, Derpy no pudo resistir la tentación de romper el silencio que se había formado entre ellos dos.

-Así que… ¿te gustan las joyas?- dijo, entre risitas.

-¿Eh?

-Bueno, eres un dragón… los dragones comen joyas…

-Ajá…- Spike estaba comenzando a lamentarse el estar ahí.

Ya habiendo llegado al parque, se sentaron en una banca y sacaron los aperitivos. La caja de Spike contenía nada menos que 15 muffins de chocolate recién hechos. Por su parte, la pegaso sacó de su alforja la tan preciada gema.

-Es toda tuya.- ofreció amablemente al bebé dragón, quien comenzaba a salivar al ver tremendo manjar frente a él. Al instante le dio una mordida digna de un cocodrilo, dejando la mitad sobre la manta que la envolvía con anterioridad, y masticando la otra con increíble facilidad.

Derpy nunca creyó que los dientes de dragón fueran tan duros.

-No solo nuestros dientes lo son.- explicó Spike.- Las escamas que cubren mi cuerpo me protegen de toda clase de peligro. Un ejemplo: ¡puedo nadar en lava como si nada! Sorprendente ¿Eh?

-Wow…- la pegaso escuchaba con asombro cada palabra que salía de la boca del dragón mientras devoraba los pocos muffins que le quedaban.- No lo creo…

-¡Pero es cierto! Pregúntale a Rarity, ella estuvo ahí cuando me lancé a ese cráter de lava ardiendo.- aseguró el dragón.

Pasaron las horas y, a pesar de haberse terminado la comida, los dos amigos seguían ahí, platicando y descubriendo todas las cosas que tenían en común. Como por ejemplo, el hecho de que los dos cumplían funciones similares en la villa: Spike siendo el mensajero de las princesas, y Derpy como la cartera de Ponyville.

Derpy se soltó hablando de sus desventuras a la hora de llevar una carta a su destino, mientras que Spike fanfarroneaba sobre su amistad con las princesas.

-Una vez conocí a un tal Steven Magnet, ¡Un monstruo marino! ¿Puedes creerlo?

-Pues… soy un dragón así que… Sí.- Ambos rieron.

Siguieron así por lo que parecieron horas, y para el final del día se habían hecho buenos amigos. Era relajante el poder sentarse a platicar con tan a gusto…

-Bueno, te veo mañana.- le dijo Derpy al pequeño dragón.

-¿A la misma hora?- pregunta Spike.

-A la misma hora.

Luego de esto, cada quien se fue por su lado. Spike regresó al castillo de la princesa, y Derpy…

-Volví…

Nadie para recibirla.

-… ya sabía.- la pegaso bajó la mirada y se dirigió a la cocina.

Vivía sola, a las afueras de Cloudsdale. De pequeña, soñaba con abandonar aquella ciudad flotante, e irse a vivir a cualquier otro lado. Lastimosamente, era aún un sueño el cual veía muy difícil de realizar. Aun cuando tenía una pequeña casa en Ponyville, en su tiempo libre siempre venía aquí, el único punto intermedio entre ambas ciudades, en el que podía ser ella misma

Tomó un bote de helado, se encaminó al sofá y, justo cuando estaba a medio camino…

(Toc, toc, toc).

-¿Eh? ¿Quién será a esta hora?- dijo, un tanto irritada.

(Toc, toc, toc).

-¡Ya voy!- al abrir la puerta, pudo sentir el cálido aire del atardecer. Los últimos rayos de sol desaparecerían dentro de uno cuantos minutos, provocando un descenso en la temperatura bastante drástico. Aunque estando bajo techo no habría ningún problema, aún a esa altura.

La pegaso se llevó una gran sorpresa al no ver a nadie en la entrada, solo una caja atada a un par de globos.

"Para Ditzy Doo, alias: Derpy Hooves", decía una pequeña nota.

Derpy miró en todas direcciones, en busca de quienquiera que haya dejado dicho paquete frente a su casa. Pero al no ver nada, se resignó a tomarlo para revisar su contenido.

Cerró la puerta, fue otra vez a la cocina, sacó unas tijeras y abrió el paquete, con la esperanza de que fuera algún regalo o algo así. Pero lo que encontró fue algo sin precedentes. Algo que la dejó helada con solo una mirada.

Dentro de aquella caja, había algo que nunca creyó volver a ver. La última evidencia que quedaba de aquel pasado, el cual ha estado tratando de olvidar a lo largo de los años.

-¿M-Mamá?- su llanto no se hizo esperar.

Se trataba de la última foto de su madre, antes de "aquel incidente" en el campamento de vuelo.

(Flashback…)

-¿Estas lista para ir al campamento de vuelo mañana, Ditzy?- una hermosa pegaso, con pelaje morado y melena rubia entró en la habitación de su pequeña hija, la cual aún seguía haciendo su maleta para el campamento.

-Y-ya casi.- decía la potranca, mientras metía torpemente una bufanda en una maleta, la cual estaba a tope por tantas cosas que la pequeña había insistido en llevar.

-Oh, Ditzy… Deberías considerar aunque sea un poco lo que te dije.- de inmediato, la madre sacó todos los objeto de la maleta y los volvió a meter en orden, haciendo que quedara un hueco para la bufanda y algo más…

-¡Ya te dije que no!- la pequeña se cruzó de cascos, haciendo caso omiso de las advertencias de su madre.- Quiero ir a ese campamento. ¡Incluso Fluttershy, la hija de los vecinos irá!

-Lo sé, pequeña.- la rodeó con su pata.- Pero al menos ella tiene a esa tal Rainbow para que la defienda. Tú, por otro lado…

-Ya sé…

La pequeña Ditzy Doo recordó lo que pasó la última vez que se acercó a aquella potranca de melena multicolor: ella le restregó el ser tan torpe, y, burlándose de su estrabismo, provocó que toda la escuela la señalara de fenómeno por toda la semana.

RD era una pony cruel a los ojos de Derpy, y que solo ayudaba a quien creía conveniente.

Aunque su padre era un buen pony, ella no había heredado la nobleza de este. En varias ocasiones se le veía disculpándose por las molestias que generaba la boca floja que llevaba por hija.

Lástima que no estaba enterado del daño que le causó Rainbow Dash a Ditzy Doo.

Inclusive Fluttershy lamentaba todo lo que ella le hacía pasar a la pequeña potranca.

Aquella niña no medía las consecuencias de sus acciones, e inclusive, a pesar de tener la admiración de muchos de sus compañeros, había quienes la tachaban de desequilibrada, opresora, y hasta tirana.

Era ella, o ella. Lo único peor que RD, eran otros tres abusadores, los cuales llevaban a cabo pequeñas competencias semanales con ella para ver quien hacía llorar más a Ditzy Doo; Ellos siempre ganaban.

El solo hecho de pensar que su hija estaría 7 días completos con esos abusivos, sin ninguna clase de autoridad que la proteja (es bien sabido que ha habido competencias clandestinas y potrillas desaparecidas en aquél campamento), le provocaba un hueco en el estómago.

No quería dejar a Ditzy sola con esa clase de ponys por toda una semana. Pero no le quedaba de otra. Era prácticamente obligatorio para todo aquel que haya nacido en Cloudsdale asistir.

La madre se quedó ahí, mirando a su pequeña "bebé" ir de un lado al otro de la habitación, chocando cada dos por tres con la pared o algún mueble a causa de su poca percepción de la profundidad.

De la nada, una sonrisa iluminó su cara.

-Oye, Ditzy.- llamó.- ¿No piensas llevarlo a él?- dijo, señalando un muñeco de felpa, el cual descansaba sobre la mesita de noche.

-… No.- esa fue la respuesta que dio la niña luego de mirarlo por un rato.

-¿Pero, por qué?- preguntó su madre, alarmada.

-Porque… es feo.- era un dragón.

-¡¿Feo?! P-Pero, ¿Por qué dices eso? ¡Creí que te gustaba!- aquel peluche era un regalo que le entregó su marido a Ditzy Doo el año pasado, en su cumpleaños. Se trataba de su juguete favorito al cual había llamado Muffin (nombre un tanto obvio).

Dizty no iba a ningún lado sin él. Eran prácticamente inseparables… aunque de dos semanas para acá, se les veía un poco distantes. El padre atribuyó esto al crecimiento de la pequeña pony, quien dentro de poco debería ir olvidándose de varios de sus antiguos juguetes.

-Sí.- respondió la pequeña.- Los dragones son feos, porque son crueles y codiciosos. ¡Destruyen todo lo que tocan, roban tesoros y comen ponys! Me lo dijo OpenSkies.

-Oh… vaya…- su madre no parecía contenta con aquel comentario. Ditzy últimamente se había vuelto una niña muy voluble, al grado de que cualquier cosa la afectaba seriamente.- Ditzy, eso que dices es verdad, pero,- puso su casco en su cabeza y, con un tono maternal, le dijo- no todos los dragones son malos… tal vez.

-¿Qué quieres decir?

-Me refiero a que no todos tienen que ser malos… Los ponys les temen a los dragones porque son diferentes a nosotros, más no porque sean realmente malos. ¿Entiendes?

-No.- Ditzy frunció el ceño, como muestra del poco caso que le hizo a su madre.

-Bueno… algún día lo entenderás. Pero ahora debes dormir, ya es tarde.

-¡Pero no tengo sueño!- protestó.

-Vete a la cama… mañana te espera un gran día.- trató de aparentar optimismo pero, teniendo en cuenta la situación que se aproximaba, le era un poco complicado mantener la sonrisa…

Aquella noche, Ditzy Doo no pudo dormir, puesto que no podía dejar de recordar lo que le había dicho su madre…

-Diferentes… Los ponys los evitan porque son diferentes.- dijo en una voz casi inaudible.

Acto seguido se giró para quedar de cara al pequeño muñeco de felpa, el cual seguía ahí, sin hacer nada (aunque tampoco es como esperase que se moviera, o algo). Lo miró por un largo rato, hasta que…

-¿A quién le interesa?- comenzó a llorar de la nada.- Ser diferente solo significa que los demás te van a evitar siempre…

Al poco rato se quedó dormida.

Una pony tan pequeña e inservible como ella, que había nacido en una ciudad tan elitista como Cloudsdale… ¿qué de bueno podía tener eso?

Desde hacía ya mucho tiempo que Ditzy Doo soñaba con irse lejos, y nunca regresar. Pero era imposible. Su familia estaba allí, y no podría vivir por su propia cuenta siendo como es. La única escapatoria sería abandonar la escuela, pero sus padres no la dejarían.

Tenía que encontrar una manera, pero entre más la buscaba, más creía que no habría otra opción.

Tenía que abandonar Cloudsdale.

(Fin del Flashback).

-…

Derpy no paraba de llorar. El solo hecho de recordar aquellas palabras, las cuales cambiaron por completo su visión de sí misma, y a la pony que se las enseño, la llenaban de una enorme tristeza.

Ella era diferente a otros ponys, pero el ser diferente no era nada malo en lo absoluto. Ella había aprendido a aceptarse a sí misma con el paso de los años. Esto, gracias a que conoció a alguien que le enseño lo maravillosa que era…

No tenía muchos amigos, y la sombra de su pasado no la dejaba en paz, ni aun estando en Ponyville. Pero de todas maneras, logró levantarse, a pesar de las burlas, gracias a aquella lección que le dio su madre.

-Mamá…- abrazó la foto, y siguió llorando por un buen rato.

A la mañana siguiente, se despertó como si nada. Y la foto, junto con la caja, había desaparecido misteriosamente.

-¿Acaso fue solo un sueño?- no lo fue.

Tal y como se lo había prometido a Spike, se vieron frente al quiosco a la misma hora que ayer. Fueron al parque, platicaron, fueron por algo que comer, y siguieron así por lo que parecieron horas. Al terminar el día, Derpy se tuvo que ir, ya que tenía una cita muy importante con "cierto pony".

-No hay problema.- le dijo Spike.- Sé perfectamente que tú y el Doc son buenos amigos.

-C-cállate.- se sonrojó.

Mientras se alejaba volando, la pegaso no pudo evitar en repetidas ocasiones mirar hacia atrás… Recordando aquellas palabras.

"Los dragones son diferentes… Pero no malos", pensó.

Spike era la prueba viviente de ello. Era un dragón, el cual ha pasado toda la vida rodeado por ponys, ¡y mírenlo! Convivía en perfecta armonía con ellos.

Sonrió.

-Creo que mamá tenía razón.

Siguió volando, sin darse cuenta de que estaba siendo observada…

-¿Es ella?

-Sí…

Dos voces resonaban entre los arbustos. La veían volar con ojos codiciosos, deseosos de poner sus garras en la pegaso de crin rubia y pelaje gris.

-¿Qué hacemos ahora… Rover?

Detrás de ellos, se materializó como por arte de magia una figura erguida y de mediana estatura. Se trataba de los perros diamante, quienes regresaron a Ponyville con la intención de hurtar aquella extraña gema que Derpy Hooves encontró tiempo atrás.

-Ella sabe cómo identificarla entre tantas piedras que hay en el bosque Everfree… El amo estará muy contento una vez que se la llevemos para que encuentre la joya por él.- rió Rover.

Él y sus compañeros regresaron rápidamente al bosque Everfree, donde aquél que orquestaba esta aventura desde la sombras, los estaba esperando.

La travesía de Derpy estaba a punto de comenzar…

Continuará…

Hola! Lamento la tardanza (iba a subirlo el lunes por la mañana), pero surgió una situación la cual no me dejó escribir. En fin, ya estoy aquí! :D

Si, si… (e_é) Ya sé que ahora hay una versión canon de Minuette completamente diferente a la tratada en este fic, pero a mí la verdad me da igual. Haré de cuentas que este es un universo alternativo/casi idéntico al canónico, ¿vale? (n_n) En fin. Muchas gracias por leerlo, y hasta la próxima.

-BROHOOF!-