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Sin embargo, Nitori

Disclaimer: personajes no son míos.
Advertencia: Spoiler 2da temporada. Referencias a FrFr!


Capítulo 3
De braza y literatura

—Ai —llamó Matsuoka-senpai.

Hace días que su senpai no se dirigía a Nitori a nivel personal. No por desavenencias, las cosas se dieron de ese modo. Ya no compartían habitación, y Nitori tuvo que hacer tripas corazón para soportar al imbécil de Mikoshiba tarde, mal, y nunca. Esto porque Mikoshiba decidió unilateralmente que él era la mejor compañía que podía tener Nitori-senpai.

Parecía que solo podía entablar una conversación con Matsuoka-senpai en la piscina. Ese era el tipo de relación que sostenían ahora. Más que de senpai-kohai, se trataba de capitán-subordinado. Mejor a que nada.

Pero en su rol de capitán, Matsuoka-senpai no se guardaba ninguna crítica.

Matsuoka se arrodilló junto a la piscina con el cronómetro en mano, y Nitori, que acababa de terminar los 200 metros braza, se quitó el gorro de goma de la cabeza e intentó recuperar la respiración. Estaba exhausto.

—Ai —repitió.

Nitori levantó la cabeza, su manzana traicionera se movió de arriba hacia abajo. Conocía muy bien esos ojos de disconformidad: una mirada intensa que Matsuoka-senpai solía reservar para Nanase-san, pero a Nitori jamás.

No supo cómo sentirse al respecto.

—Escucha… deberías pensar menos y sentir más. Fluye.

Y ahora su senpai hablaba como Nanase-san. Tenía que ser una broma ¿Qué fluyera? Aquello distaba de ser una instrucción técnica. Frente a una situación así, tan anormal y atípica, Nitori solo podía reaccionar de una manera:

—¡S-Sí! —la respuesta normal y típica en un Nitori Aiichirou.

—Quiero que veas unos videos.

A eso otro, solo podía seguirle la incertidumbre verdadera.

—¿Unos… videos?

Después de la cena, Matsuoka-senpai llegó con una videocasete y una grabadora noventera a la habitación de Nitori. O bien, la habitación de Nitori y Miko Momo-kun: el pandillero de Mikoshiba 2 se empeñó en borrar el «shiba» del letrero a la entrada del dormitorio y sobreescribir un absurdo.

Nitori sabía que aquello no duraría. Los profesores no consentirían aquel daño a la infraestructura. Pero eso es punto y aparte.

—Este es Nagisa —explicó Matsuoka a Nitori mientras instalaba el sistema de video—, le pedí a Gou que lo grabara. Me debe unos cuantos favores —sonrió.

Sus afilados dientes relucieron.

—¿Gou-san? ¿Alguien dijo Gou-san?

Por supuesto, Mikoshiba quien solo oía lo que quería oír, no tardó en aparecer. Revoloteaba por la habitación con escándalo, volvía a parecerse más a una libélula que a cualquier otro ser vivo.

—Ah Momo, eres tú —Matsuoka-senpai se sentó en la cama de Nitori y antes de ponerle play al video, le explicó a Momo (apodo que el muchacho se puso para ligar con Gou, hay que ser patético…) de qué se trataba todo. Terminó así—: Quiero que Ai compare lo que hace Nagisa y lo que hace él. Por qué no te nos unes, sabes de natación, nos vendría bien cualquier comentario.

Mikoshiba estalló en emoción.

Nitori se encogió de hombros. Llevaba una vida humillante. Que su senpai se preocupase por él estaba bien. Estaba muy bien. Pero eso de que su kohai (¡su kohai!) le diera recomendaciones técnicas... así nunca se haría respetar.

Y el video comenzó.

Con un montón de folios y su portaminas en mano, Nitori anotó todas aquellas cosas que describía Matsuoka-senpai acerca del estilo de Nagisa-kun. No se perdió ni un detalle. Tampoco pasó por alto aquella nostalgia con la que hablaba Matsuoka-senpai acerca del chico del Iwatobi. Pero a lo mejor, no anotó todo lo que dijo Mikoshiba.

El muchacho hablaba muy rápido, ni que Nitori supiese taquigrafía.

Además, Mikoshiba no debería estar ahí.

—¡Nitori! ¿Pero estás viendo el video? —gruñó Matsuoka-senpai.

El muchacho, avergonzado, dejó de anotar por un segundo y observó la grabación.

Sus ojos claros se abrieron mucho.

El estilo de Nagisa era OTRA COSA. Único. Excepcional. No emergía demasiado del agua, era del tipo de nadadores de braza más plano que ondulado. Se sumergía con rapidez, sus piernas se contraían, daba una patada vigorosa y certera, y sus brazos… imposible, parecían extenderse bajo el agua.

—Increíble —se le escapó a Nitori.

Quién nadara así.

—Y ahora es tú turno —sonrió Matsuoka-senpai cambiando la cinta.

Nitori gritó horrorizado ¿en qué momento le habían grabado?

·

·

Le dijo a Mikoshiba que ya lo alcanzaba en la piscina del Samezuka, que tenía primero que terminar unos trabajos pero que no tardaba. Lo cierto es que Nitori no llegó a la práctica de ese día.

Dinos como sobrevivir a nuestra locura. Aún le quedaban esas diez páginas. Diez jodidas páginas.

Esto es lo que harás, se dijo Nitori. Te sentarás en la silla del escritorio, abrirás el libro, leerás hasta el final, y lo comprenderás.

Sobrevivirás a la locura, Aiichirou.

Apiló los cuadernos y folios esparcidos en el escritorio, arrimó los demás accesorios contra la pared. Abrió el libro en la página que tenía marcada, se concentró en leer. O eso quiso él.

A lo lejos, sonaba el tic-tac de un reloj.

Las torres de folios se mecían amenazadoramente.

Y a ratos, se le venía a la cabeza las sorprendentes brazadas de Nagisa-kun.

Luego de ver el video, Nitori había llegado a la conclusión de que él no tenía madera de nadador ni de deportista en general. No importaba cuánto se esforzara ni cuánto lo deseara. Por mucho que madrugase y practicase horas extras, algo en él no funcionaba. Era momento de aterrizar en el mundo real: jamás podría nadar al lado de su senpai.

Sus habilidades eran otras.

Y la natación, una pérdida de tiempo. Como suena.

Se enjuagó las lágrimas con el bordillo de la camisa.

Su profesor de literatura le había dicho que escribía bien, y que sus análisis literarios eran muy buenos, pero que nunca abarcaban todo el sentido del libro y se quedaban en detalles. Lo que no estaba mal, pero tampoco bien.

Nitori sabía perfectamente cuál era su problema: nunca se había terminado ni un libro, y todos sus análisis los escribía a la rápida.

Se preguntó qué pasaría si enfocaba todas esas energías que destinaba a la natación en sus actividades curriculares. Así por probar.

Cambio de planes: leer completamente el libro que analizarían la próxima clase. Y no solo se leería el libro hasta su última página, también investigaría sobre la vida del autor, sobre el contexto histórico en que fue creada la historia, y luego levantaría el brazo y pronunciaría el mejor análisis que su profesor haya escuchado.

Una crítica sin pie a subjetividades. Y un escrito impecable.

Su flequillo se meció de un lado a otro y sus ojos, todavía con lágrimas, brillaron con un convencimiento que se asemejaba más a una súplica.

Dejó Dinos como sobrevivir a nuestro locura sobre el escritorio y corrió hasta la biblioteca a por el libro de aquella semana. En lugar de pedirlo, decidió leerlo allí, en las típicas butacas rojas que los alumnos del Samezuka solían usar para dormir en los descansos entre clase y clase. Leyó hasta que se quedó sin ojos.

Memorizó la hoja en donde hubo quedado y volvió a la habitación en la punta de sus pies.

Al día siguiente tampoco fue a la práctica. Ni el siguiente a ese. Se valió de toda su habilidad para eludir a Mikoshiba, no quería dar explicaciones. A nadie en realidad.

Por primera vez, se sintió afortunado de no compartir habitación con Matsuoka-senpai.

Y el cuarto día, tal como lo tenía planeado, Nitori alzó la mano al aire y el profesor de literatura le dio la palabra.

—Nitori-kun ¿tienes un momento? —le preguntó el maestro al toque de la campana.

El maestro estaba impresionado. Que no se había esperado aquel enfoque de la obra tan inesperado, era la primera vez que escuchaba algo así y blabla. Nitori, al parecer, gozaba de una habilidad poco natural para relacionar conceptos.

—Siempre creí que eras del tipo holgazán, pero cuando te esmeras... Eres excéntrico Nitori-kun ¿sabes? Eso a veces es bueno en ambientes más artísticos. Deberías explotarlo.

Nitori pensó que era lo mejor que le podían haber dicho

Entonces ¿por qué se sentía tan frustrado? Había sido muy fácil.

Se aferró al tirante de su bandolera de lona y abandonó el despacho de su profesor.

Su manzana volvió a moverse de arriba hacia abajo.

Apoyado en la pared contraria, Matsuoka-senpai le esperaba con su mirada más iracunda.


Notas

Holas! Primero gracias por los reviews, especialmente a los anónimos porque no puedo enviarles un PM de agradecimiento. Los títulos, como pueden ver, no son mi fuerte. Si tienen críticas no se las guarden. Espero les haya gustado el capítulo. Y en otras notas, Dinos como sobrevivir a la locura existe de verdad, no es invensión mía. No es necesario que lo lean, pero lo recomiendo: es un libro muy curioso. Adieu !

Japiera Clarividencia