Capítulo tres
Su mente se partía en dos, por un lado podría explicarle que desde hacia cientos de años que humanos y demonios vivía juntos o podría silenciarla para siempre.
Tenía que pensar bien las cosas, estas eran otras épocas, la era de la ciencia, la tomarían por loca si ella mencionaba algo, definitivamente la tomarían por loca. Tal vez solo había sobreactuado. ¿¡Maldición por qué no podía controlarse!?
-¡Miroku! ¡dónde estás! ¡aparece ahora mismo!- gritaba Inuyasha en medio de la sala, ese maldito guardián, era la enésima vez que lo invocaba.
-Veo que no puedes hacer nada solo Inuyasha- Un misterioso hombre vestido de negro se materializó en el sillón de uno. Fijó sus azules ojos en la joven y alargó su mano, la cual tenía una curiosa marca de luna llena en la palma, con intención de tocarla. El escritor fue más rápido y la apartó de un golpe. –Ni se te ocurra hacer algo pervertido- masculló.
-je je no le cuentes a Sango- dijo con nerviosismo
-¡Feh! Cómo si ese fuera mi problema-
-¿Qué piensas hacer con ella?- Preguntó el de la marca con un poco de seriedad y antes de que el otro pudiera responderle, agregó- No puedes matarla, ni borrarle la memoria.
Inuyasha lo miró con odio, ¿qué se supone que haría entonces? ¿Mudarse a un lugar lejano? ¿empezar de nuevo con alguna otra profesión o simplemente hacer nada? O peor aún ¿contarle que era un mitad demonio? No, eso último jamás. No viviría eso nuevamente.
-Tienes miedo?- Preguntó Miroku intentando usar un tono suave.
-Ja! Quién tendría miedo, es solo que es una molestia tener que explicarle todo- La última persona que supo de su naturaleza fue Kikyo y todo salió mal.
-Pronto despertará- sentenció Miroku – Te advierto, Inuyasha, no hagas algo estúpido esta vez.
Al abrir los ojos no había más que oscuridad, a penas y un rayo de luz artificial se filtraba entre una de las ranuras de las cortinas. Esa no era su casa y le dolía todo el cuerpo. Estaba en el departamento de Inuyasha, casi dio un grito cuando se percató de que el estaba sentado en sillón de uno.
-¡Acaso quieres matarme del susto!- gritó la joven y entonces recordó exactamente lo que ocurrió, tomó una postura defensiva y preguntó con voz entrecortada –por… por qué me atacaste?-
Inuyasha no respondía, sus ojos dorados brillaban como los de un felino y aunque no lo veía sospechaba que sonreía sarcásticamente. –Ya que no puedo matarte, tendré que explicarlo-
-¿Tu vas a qué? ¡Si no te he hecho nada! No entiendo por qué me atacaste, solo quise ver tu… oh por dios- dijo reaccionando y tomando más conciencia de la situación- las orejas de gato, yo no sabía que ese era tu problema, escuché de personas que nacieron con una cola pero… -
-¡Quieres callarte! ¡Hablas demasiado! Ni si quiera medio inconsciente puedes mantener la boca cerrada- Los ojos del hombre brillaron con mayor intensidad.
-¿cuál es tu problema?! Por qué siempre tienes que estar gritándome!-
-Soy un mitad demonio- sentenció
-Ah?
-Eso es todo lo que dirás?
-Bueno, ¿qué quieres que diga? ¿Que yo soy mitad ninfa y que Harry Potter es mi vecino y vamos juntos a Hogwarts?
-Eres una tonta
Un mitad demonio, por favor! Qué le costaba aceptar que nació con ciertas deformaciones, bueno, posiblemente ella no le daba tanta importancia porque no era su caso, los niños pueden ser muy crueles cuando ven a alguien diferente… quizás todo ese comportamiento era por ¿un trauma de infancia? Tal vez si le seguía el juego podría comprenderlo un poco más.
-¿Entonces eres un hanyou?- preguntó como quien pregunta por la hora
-¿Entonces tu asistes a Hogwarts? –preguntó sarcástico
-Ay por favor! ¡Estoy intentando acomodarme a la situación!- Kagome intentó levantarse e ir en busca de su celular, Inuyasha se percató de sus intenciones y en un parpadeo ya la tenía acorralada.
-¿Qué.. qué haces?- preguntó con un leve sonrojo, nunca había estado en una situación similar ¿cómo se supone que debería actuar en momentos como es? ni si quiera podía ver la expresión que Inuyasha tenía en el rostro.
-Ni si quiera pienses en llamar a alguien,
-No sé de leyes pero, ¿no es esto un secuestro?- Preguntó con un tono entre divertido y asustado, ya conocía un poco del temperamento de Inuyasha y no quería enojarlo otra vez.
-Llámalo como quieras- Por qué todo lo que le decía lo tomaba a la defensiva, al menos ya no tenía sus manos en su cuello, ya no la lastimaría, tuvo oportunidad de hacerlo cuando estaba inconsciente a menos que sea de esos psicópatas que quieren que sus víctimas estén muy despiertas. Nuevamente sintió pánico, su espalda rígida le dolía. –Tengo prohibido lastimarte, deja de tensarte tanto- Sentenció Inuyasha entre dientes.
-Entonces… - No podía ver el rostro del escritor pero juraba que tenía una ceja levantada- puedo ir a casa-
-Ja! ¿Y quién te quiere aquí?- Ella tomó sus cosas rápidamente y sintió un gran alivio cuando su mano casi toma el picaporte.
Y entonces, una de las manos del hombre se deslizó por su cintura y la otra por su mentón, acercó sus labios al oído de la joven, tan lento y tan firme -Te tengo Kagome Higurashi, si haces algo imprudente créeme que lo sabré-
Holaaa! A los que hayan leído muchas gracias y también gracias por los comentarios y su tiempo. Espero que el cap les haya gustado y si no pues seguiré mejorando. Tengan una divertida semana
