Capítulo cuatro
Si pasaba por la librería antes de ir a casa probablemente se inspire y escriba algo interesante. En definitiva las cosas no salieron como ella planeó y cada que recordaba la mirada de Inuyasha sentía ardor en las mejillas y frio en las manos.
Observó los libros del autor en el escaparate y sonrió ante la ilusa idea de creer que él podría ayudarla, él… ¿quién demonios era él?
Siempre ocurría que se encariñaba rápidamente con cualquiera que le hablaba, amaba al mundo y a cada persona que lo habitaba y entonces aparecía él.
¿Y si era verdad? Si de verdad vivimos con otro tipo de seres a nuestro alrededor, ¿cuántas personas lo sabrían? ¿cuál era la realidad? Sintió nauseas.
Dejó el libro a un lado y comenzó a masajear su brazo izquierdo, aún le dolía, a pesar de que ya habían pasado casi dos semanas.
-¿Te gusta ese autor?- preguntó una voz femenina, una joven de no más de veinticuatro con el cabello recogido en alto y unos bellos ojos castaños que resaltaban con el rosa de sus mejillas.
-Un poco- respondió Kagome con una frialdad que quiso disimular.
-A mi también me agrada, aunque debo decir que es mejor leerlo que hablar con él- Sango sonrió esperando que Kagome dijera algo pero esta solo la miraba con mucha sorpresa. Recordaba las palabras de Inuyasha tronando en sus oídos
"si haces algo imprudente créeme que lo sabré". Era momento de salir de ahí y rápido.
-Supongo que sí- sonrió para no demostrarse descortés, tomó un libro del estante- iré a pagar esto, adiós- Dos pasos más y era libre, pero claro eso no estaba en los planes de la joven de coleta.
-Kagome, mi nombre es Sango. Tenemos que hablar.- La voz de Sango se tornó seria y casi autoritaria.
Kagome hizo como que no la escuchó, dejó el libro al costado de caja y salió presurosa, para cuando estuvo a punto de echar a la carrera Sango ya la tenía agarrada de un hombro.
-No voy a hacerte daño Kagome, solo quiero hacerte unas preguntas- Aquello la aterrorizó más. Eran las mismas palabras que usaban los malos de las películas.
-¡Suéltame! ¡No voy a ir! ¡Y puedes decirle al imbécil de Inuyasha que se vaya al diablo!- Sango la miró desconcertada y luego rió de buena gana, esa chica a penas y lo conocía y ya sabía que Inuyasha era un tonto.
Kagome sintió un leve sonrojo, luego de aquel griterío la gente se había colocado alrededor creyendo que eran dos amigas peleándose por el tal Inuyasha.
-Vamos chica defiende a tu hombre- gritó una mujer apoyando a Kagome, la joven se quedó petrificada, Sango la tomó de la mano y la jaló hasta llegar a una pequeña cafetería.
Kagome no dijo nada, solo miraba el suelo, Sango la miró con tristeza.
-Oye, te he buscado sin que nadie se entere- Kagome la vio a los ojos y sabía que no mentía –No estaba segura de esto, pero no tenemos mucho tiempo, sé que no quieres verte implicada en esto, no sé qué hizo Inuyasha pero créeme no dejaré que te lastime.
-¿Eres amiga suya? ¿no comprendo por qué todo es tan misterioso? No entiendo nada, todo el tiempo tengo la sensación de que me siguen y …- Kagome volvió a bajar la mirada, se sentía cansada, quería ir a casa, tomar un baño y mirar una película, quizás una de esas de finales tristes.
-Más que su amiga soy algo así como un guardián. ¿Recuerdas lo que te dijo Inuyasha?- Kagome asintió con la cabeza "Soy un mitad demonio", se sobresaltó cuando el mozo dejó dos tazas en la mesa, una de café y otra de chocolate caliente.
-Lo que dijo no tenía sentido, pero tengo la sensación de que me he metido en un gran problema.
-Más grande de lo que crees – sentenció la joven al tiempo que bebía un sorbo de café.
-¿Y es verdad? – Sango enarcó una ceja – Me refiero a lo que él dijo… sobre sus – Kagome colocó sus manos sobre su cabeza en un intento de mímica.
-¿Si no fuera cierto crees que yo estaría aquí?
-¿Y siempre es así cuando alguien lo descubre?- Kagome bebió un poco del chocolate.
-No, por lo general nadie lo descubre y si alguien lo hace simplemente se le vigila por una semana, sabemos que no pueden decir nada, sería una locura ¿no crees?- Kagome la miró sin entender, entonces ¿por qué a ella? Si decía algo los demás también lo tomarían a la broma.
-Tu caso es diferente, Kagome. A ti te envió Kikyo y eso no es nada alentador. No puedo darte información de ella, solo puedo decir que si esa mujer está metida en esto es porque planea algo, algo grande.
-¡Miroku! ¡Aparece, ahora!- Inuyasha no dejaba de dar vuelta por la sala mientras condensaba toda su ira en un puño.
Ni bien el hombre se materializo el mitad demonio lo tomó por el cuello
-Se lo dijiste a Sango- sentenció con ira
-Probablemente hurgó en mis recuerdos- Miroku hablaba con voz serena, su actitud siempre fue muy pasiva.
-Está con Kagome, la ha encontrado- seguía caminando, izquierda, derecha, vuelta.
-¿no crees que es lo mejor? – el hanyou lo fulminó con la mirada- Las cosas no van bien Inuyasha, trata de calmarte, no puedes perder el control. Sabemos que Kikyo la envió, tenemos que averiguar para qué.
¿Por cuanto tiempo más el fantasma de esa mujer iba a seguirlo? Ella provenía de un largo linaje de sacerdotisas, debido a la guerra declara entre demonios y sacerdotisas y siendo Kikyo la última de su estirpe quedó como prisionera en la mansión de los Taisho, por un lado porque si la abandonaban ella quedaría a merced de cualquier otro demonio y por otro lado, si no la tenían bajo su cuidado también sería una amenaza. Y entonces él tenía que fijarse en ella, de todas las personas en el mundo, el hijo media sangre tenía que enamorarse de la sacerdotisa.
-Inuyasha, ellas son muy parecidas, sé que no lo has ignorado, ¿no crees que eso significa algo?- Miroku lo miró con seriedad, Inuyasha se detuvo a un metro de él.
-Significa que tiene una cara común. –Miroku puso los ojos en blanco, ¡es que ese hanyou idiota no podía dejar el sarcasmo de lado! Suspiró y trato de retomar la seriedad de la situación.
-Déjenla en paz Miroku, dile a Sango que no la busque más, yo también dejaré de vigilarla, esa niña debe estar temblando de miedo-. No dejaba de pensar en la mirada temblorosa de Kagome, era como la de Kikyo cuando llegó por primera vez a la mansión Taisho.
-Inuyasha, ella tiene mucho poder espiritual, tu a penas y puedes controlarte… uno de estos días dejarás de hacerlo entonces Sango y yo…- Inuyasha lo fulminó
-Entonces ustedes tendrán que matarme, lo sé- Los ojos de Miroku no relucían ningún sentimiento, ese era su deber y llegado el momento no dudaría.
Hola!
Me disculpo por la demora, me había prometido colgar un cap por semana pero ¡cómo se nota que las clases comenzaron! Supongo que muchas (o) de ustedes andará igual, gracias por su tiempo y espero que les haya agradado el cap.
Por cierto, muchas gracias por los comentarios y respecto a la duda de la edad Kagome tiene 16 e Inu 27.
:D
