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Sin embargo, Nitori
Disclaimer: personajes no son míos.
Advertencia: Spoiler 2da temporada. Referencias a FrFr!
Capítulo 8
De ayudar y admirar
—¿Cómo? ¿Otra vez está con su libro de sobrevivir a la locura? Nitori-senpai, cómo se nota que le gusta ese libro ¿de qué va?
Nitori bajó lentamente el libro de la altura de su rostro y observó los ojos de gatos de su kohai.
—Odio este libro —murmuró.
Apenas las palabras salieron de su boca, supo que era cierto.
—Pero… pero creí que le gustaba leer.
—Claro que sí me gusta leer, pero eso no quiere decir que todo lo que lea sea de mi agrado.
Nitori se aclaró la garganta. A veces hacía ese gesto cuando se las daba de senpai.
—Escucha esto: El hombre creía firmemente que su madre estaba, con el anticuado auricular descolgado, al otro lado del hilo, a más de mil kilómetros de distancia. Incluso estaba convencido, de una manera muy poco científica, de que por ser medianoche, una hora en que tenía pocos usuarios la línea telefónica, podía oír la respiración de la persona que guardaba silencio al otro extremo del hilo; y como se trataba de la respiración de su madre, sintió una especie de opresión en el pecho.
Cerró el libro y observó a Mikoshiba con interés. Mikoshiba parpadeó perplejo.
—No entiendo —dijo al fin—. ¿Cuál es su punto?
—Que no hay punto. Tengo que escribir un ensayo de una obra a la cual, no le he encontrado el punto y nunca lo haré. Estoy bloqueado. Maldición.
Nitori se extendió a lo largo de todo el escritorio. Mikoshiba se paró al lado de Nitori y le miró muy serio.
—Entonces acepto el desafío.
—¿Eh? —Nitori parpadeó perplejo.
—Que lo acepto, acepto el desafío. Me leeré el libro y le diré el punto de todo. Encontraré todos los puntos. Haré un tejido de tantos puntos que encontraré. Tejeré una bufanda para la linda de Gou-san ¡Y PREPARARÉ MUCHO CAFÉ!
Y dicho aquello último, Mikoshiba extrajo de los bolsillos de su sudadera deportiva una hoja arrugada y manoseada que estrechó contra la mesa con ímpetu.
Nitori le arrebató la hoja y la ojeó rápidamente. Eran instrucciones paso a paso de cómo usar la dichosa cafetera.
—Yamazaki-senpai se cree el muy serio, pero en el fondo siempre quiere ayudar —explico Mikoshiba con el pecho inflado—. No me costó demasiado conseguir que me escribiera las instrucciones. Pero tiene una letra horrible.
Nitori pensó que horrible era justamente la palabra que describía la caligrafía de Yamazaki-senpai. Sin embargo, esa palabra no describía a Sousuke para nada. Aunque Mikoshiba tenía razón y el muchacho era muy serio, tanto que llegaba a dar miedo de solo mirar, Yamazaki-senpai se preocupaba por otras personas, como de los Nitori Aiichirou que son un fiasco de nadador. Y sorprendentemente, los volvía buenos nadadores. Como suena.
Ocurrió, no sabía cómo, que Yamazaki-senpai se enteró del entrenamiento secreto de Nitori en la piscina. En lugar de delatarlo, o solo mofarse (que era lo que Nitori habría esperado de un chico de la capital), Yamazaki lo había ayudado. Y aunque no podía asegurarlo, tal vez él era quien le dejaba las barras de cereal energéticas y las botellas de agua carbonatada junto a su bandolera de lona, en los vestuarios.
Sin poder evitarlo, Nitori sonrió.
Mikoshiba, quien hacía funcionar la cafetera, sonrió con él. Y pronto, la habitación 210 se llenó de curiosos, de interesados, y de procrastinadores, quienes llegaron atraídos por el olor a café. Hasta Matsuoka-senpai llegó con su taza color marrón, y Yamazaki-senpai para ver qué tan bien lo hacía el Mikoshiba 2.
—Nada mal —dijo Yamazaki-senpai. No hizo más comentarios al respecto.
—Pero no anden trasnochando —amenazó a su vez Matsuoka-senpai—, que mañana volveremos a medir los tiempos de nado ¿Qué te parece, Ai?
Nitori se volvió rojo. Fue incapaz de responder.
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Exhaló hondo, había llegado la hora.
Sabía que había muncha gente detrás de él. Los kohai hablaban y especulaban. Apostaban por lo bajo, metían ruido, lo sabía. Y sin embargo, Nitori no oía nada.
Se acomodó los googles y flectó las rodillas. Los dedos de sus pies se aferraron al borde externo del poyete; la superficie del agua parecía un espejo; los brazos esperaban la señal.
Sonó un silbato.
Como un acto reflejo, sus brazos se sacudieron, y todo su cuerpo se desequilibró hacia adelante. Extendió los brazos, las piernas se impulsaron lo más lejos de la plataforma, y por un momento, un breve instante, Nitori voló por los aires.
El estilo pecho es el más lento de los cuatro estilos competitivos. Y sin embargo, Nitori nunca se había sentido tan ligero, tan rápido. El agua se escurría con suavidad por su piel y le producía un suave cosquilleo. La distancia con Iwashimizu-kun iba en aumento. La pared estaba cada vez más cerca. Sus manos chocaron contra el borde de la piscina y su cabeza emergió del agua sin poder creerlo. Las gotas escurrieron por su rostro y se colaron por su boca.
El cronómetro no engañaba: había logrado un record.
Así fue.
—Y este chico ¿Nakano-senpai? ese imbécil del club de yudo, dijo «obvio que Aiichirou estaba dopado» entonces ¡PUM! Naka-senpai y Uocchi-senpai le dieron dos codazos que le quitaron la respiración. Y luego ¡KUAAAGH! Iwa-senpai le dio un golpe samurái en la cabeza ¡Iwa-senpai! Nitori-senpai, ahora todos te respetan.
Mikoshiba no había dejado de hablar sobre el triunfo de Nitori. Y Nitori se sentía avergonzado, pero qué le iba a hacer. Matsuoka-senpai tenía razón, era momento de aceptar sus virtudes.
Mikoshiba estuvo hablando como una hora, hasta que Nitori le recordó que cortaban el agua caliente a las nueve. Mikoshiba, a quien casi siempre se le pasaba la hora de la ducha, agarró sus cosas y se fue corriendo a los baños sembrando destrucción a su lado. Nitori aprovechó que se sentía de buen humor y se dispuso a ordenar un poco la habitación.
Tan animado se sentía, que hasta le dieron ganas de ordenarle la cama a Mikoshiba. O extendérsela, si igual el muchacho pelirrojo nunca fue muy exigente en cuanto al modo correcto de ordenar una habitación.
Entonces descubrió, entre medio de las sábanas, un ejemplar de Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura con anotaciones en papeles de colores pegadas entre las hojas, y un marcador de nutria entre sus páginas.
—Momo-kun —soltó Nitori tomando el libro entre sus manos.
Sus ojos se enmudecieron.
Nitori-kun admiraba a Matsuoka-senpai por muchos motivos. El primero eran las habilidades extraordinarias que poseía en cuanto a natación se refería. Su técnica era perfecta, y su velocidad insuperable. Desprendía tanta pasión que contagiaba, y Nitori nunca antes había experimentado algo así. Cuando se dio cuenta que era un muchacho atormentado, lo admiró mucho más porque se dio cuenta que era humano. Y ahora que era capitán, lo admiraba el triple porque Matsuoka-senpai demostró ser una persona de confianza, y esta la traspasaba a todo el equipo.
Pero Momo-kun admiraba a Nitori-senpai por motivos que Nitori era incapaz de dilucidar.
La gente a su alrededor trataba de ayudarlo. Yamazaki-senpai, Matsuoka-senpai, Momo-kun. Incluso el inepto de Nakagawa-kun le estuvo explicando la técnica para lanzar el balón de basketball desde la línea de tiro libre.
¿Acaso tan mal estuve que todos se preocupan por mí? se cuestionó Nitori.
Cuando Mikoshiba llegó a la habitación, con su cabello encrespado y húmedo, nunca se había encontrado con todo tan ordenado.
—¡Increíble! —dijo y comenzó a aletear por la habitación como una libélula roja.
—Increíble —repitió Nitori para sí.
Había llegado el momento de hacer las cosas bien.
Notas
Holas! Bueno... intento escribir esta historia en paralelo a la serie, a lo mejor ya se habían dado cuenta, pero lo aclaro por si acaso. Y si alguien no sabía, el poyete es esta banqueta de salida o plataforma que hay a la orilla de cada carril. Nunca me salió del todo bien la entrada al agua (mis rodillas se flectaban), pero me gustaba la sensación adrenalínica que producía aferrar los dedos de los pies en el borde del poyete. Cosas...
Gracias por seguir, leer, y comentar. Nos leemos (ya quedan pocos capítulos)
Japiera Clarividencia
