Nota: ¡Ya la recta final! Una aviso, y es que debido al ritmo tan acelerado que está tomando la historia se Pokemon XY&Z, tal vez comience a subir mi fic acá, ya que si sigo esperando quedará más y más obsoleto :/ Como dije, ya le he avanzado bastante así que está listo para subirlo acá. ¿Quieren que lo haga? (n_n)
Sólo quería anunciar eso. Ahora, el capítulo 10...
Cap 10. Lágrimas y pesar.
Han pasado ya unos cuantos días desde que Derpy, la cartera de ojos bizcos, desapareció.
Algunos ponies creían que se había ido un tiempo a cloudsdale debido a que estaba pasando un mal rato, y es que la noche anterior a su desaparición, se le veía muy incómoda y un tanto molesta con su compañero, el Doctor Whooves.
Nada más alejado de la realidad, pero a la vez, acertado.
Si bien era cierto que pasaba por un mal rato, esto no era la razón de su desaparición.
Durante dos días enteros, se podía apreciar como el corcel, amigo de la pegaso gris, salía e iba de un lado para otro en compañía de Minuette. Los rumores hacerca de una posible infidelidad no se hicieron esperar.
Por su parte, el Doctor y Minuette no paraban de preguntarse el qué estaría haciendo aquella pony en la cueva de dicho dragón...
- Me siento mal por el, Cadence. - le decía Twilight a su cuñada a la vez que observaban al Doc y Minuette pasear juntos por la mañana desde el balcón de su castillo. - Todos se hacen una idea equivocada acerca de el Doc y Minuette por culpa de ese dragón...
- Pero le prometiste a Shinning Armor que no interferirías.
- ... Lo sé.
Twilight bajó la mirada.
- Y... ¿Como le ha ido a Spike?
Cadence trató de cambiar de tema.
- Bien... Según él. - Twilight sonrió para sus adentros.
(Alcaldía de Ponyville, rumbo al medio día...)
- ¿Aún nada? - Minuette se veía obviamente preocupada. Sus cascos temblaban de los nervios y apenas y podía mantener la compostura. Se acercaba la hora marcada y si no veían una luz brillante en el horizonte antes del medio día, tendrán que ir al Bosque Everfree a buscar a Shinning Armor...
- Aún nada.
El doc tenía en su casco un telescopio. Lo puso en su alforja apenas terminó de examinar el cielo.
- ¿Y si no llega la señal, que haremos?
- ¿Que no es obvio? ¡Iremos en su ayuda!
Minuette temía que el dijera eso.
La dentista trató de tragar saliva, pero no pudo. Tenía un fuerte nudo en la garganta que le impedía tragar o decir algo más.
Comenzó a sudar frío.
"Oh, Celestia ¿En que lío me vine a meter? - maldijo su suerte. - No debí involucrarme en esto. Debí aceptar su oferta de salirme de la misión cuando pude... ¡Por favor, Shinning Armor, ven ya!"
El miedo la carcomía por dentro. La sola idea de tener que ir allí y encarar a aquel terrible dragón...
- ¡Lo veo! - dijo el corcel, desbordante de alegría.
- ¿En serio? - la dentista se sintió aliviada.
Sentía como se le quitaba un gran peso de encima. Como si alguien llegase y le liberase de una soga que rodeaba su cuello, estrangulándola durante los últimos días.
Una sensación de paz la llenó por completo, hasta que...
- ¿Nos vamos? - el Doc la sujetó del casco para guiarla. Esto la hizo sonrojarse.
No puso objeción y se encaminó a toda prisa junto al corcel rumbo al bosque Everfree.
Durante el camino, y a causa de la prisa que llevaban ambos ponies, chocaron con Rarity, la modista del pueblo, tirando así todos los víveres que llevaba consigo.
- ¡OIGAN, USTEDES DOS! - les gritó. - ¡¿CÓMO SE LES OCURRE HACERLE ALGO COMO ESTO A UNA DAMA?! ¡¿ME ESTÁN OYENDO?!
Por desgracia para ella, ya estaban demasiado lejos para atender su queja.
(Bosque Everfree...)
Durante el trayecto hacia el bosque, el Doc y Minuette se toparon con una peculiar pareja formada por Spike y una portilla a la cual no alcanzaron a reconocer.
En fin. No le dieron importancia.
Una vez llegaron a su destino, aquel prado que se hayaba del otro lado del inmenso bosque, se sentaron a esperar por la llegada del príncipe del Imperio de Cristal.
Pasaron quince minutos, y nada.
Pasó media hora, y nada.
Paso una hora, y...
- ¿Por qué se tardará tanto? - Minuette, sentada en una roca, buscaba una excusa para salir huyendo de ahí. El deseo de salvar a Ditzy Doo había ido desapareciendo con el paso del tiempo. Llegó al punto de querer huir sin más, pero no lo hizo por miedo a lo que el doctor y Shinning Armor pudiesen pensar.
- No lo sé... Debería de haber llegado ya... - el pony terrenal lo pensó por un momento. - Tal vez algo malo le ocurrió... Tal vez...
Minuette paró la oreja. Aún cuando sabía lo que el Doc iba a decir, tenía la esperanza de estar equivocada.
- Tal vez, sólo tal vez... El fué interceptado por aquellos perros diamante. O peor aún...
- ¿Te refieres... - tragó saliva. - al dragón?
El corcel asintió.
Minuette se puso tan pálida como Rarity nada más de pensar en ello.
- ¿Y qué crees que debamos hacer? - preguntó temblando, desde su asiento.
Él la miró por el rabillo del ojo y luego, mirando al horizonte, dijo:
- Tenemos que ir y salvarlos a ambos.
La pony odontóloga casi se va de espaldas al oír esto.
- ¡¿QUÉ?! ¡¿ACASO TE VOLVISTE LOCO, PONY?!
- Eso desearía, ero no.
- ¿Eh...? - Minuette sólo se quedó ahí, mirándolo por un largo rato, con el hocico casi hasta el suelo.
El silencio inundó el ambiente. Durante lo que parecieron horas, aquél corcel miró al horizonte, tratando de visualizar el rostro de su amada en las nubes que a lo lejos flotaban. Minuette, por su parte, sólo lo veía con cara de incredulidad. ¿De verdad ese pony iba a arriesgar su vida así?
Aunque pensándolo bien, ella también estaba dispuesta a ello cuando se integró a la misión...
¿En qué estaba pensando en ese momento?
- Ditzy... - oyó decir al corcel. - Ella... Ella realmente me importa. No interesa si para volver a verla tengo que sacrificar mi vida... Conque ella esté sana y salva, me iría feliz.
Dijo esto sin siquiera voltear a ver a su acompañante.
Minuette sintió un vuelco en el estómago.
¿De verdad era asi? ¿De verdad el Doctor amaba tanto a esa yegua? ¿Por qué? ¿Qué tenía Ditzy Doo y que ella no? ¿Que la hacia tan especial para el?
Tras otro largo rato de silencio, se atrevió a hacerle la pregunta... Aquella que siempre quiso hacerle.
- ¿Tu... La amas?
El Doc sintió una corriente de aire helado recorrerle el lomo.
- S... Sí... Así es.
Esto bastó y sobró para hacer añicos el ya de por sí delicado corazón de Minuette.
La pony miró al piso, avergonzada de sí misma.
Luego de esto, se armó de valor y se posó a un lado del Doctor Whooves.
- Doctor...
- ¿Si?
- Hay algo que tengo que decirle... Pero tal vez no le guste.
- ¿Cómo?
Ella lo volteó a ver y, en medio de la calma, tomó aire y se armó de determinación para confesarle sus sentimientos.
¿Y qué si el no le corresponde? ¿Y qué si el ama a esa torpe, despistada y accidentada Ditzy Doo? Ya lo superaría. Desde potrilla se acostumbró al rechazo por parte de todos los corceles que se le cruzaban, y él no sería diferente.
Si bien era cierto que era el a quien más había querido y por más tiempo, era necesario que lo superara. Y el primer paso era este. Decirle lo que sentía, y posteriormente, esperar lo peor.
- Verá, Doc... Yo... Yo siempre...
- ¡CORRAN!
Una voz se oyó a la lejanía, acompañada del sonido del galope de no uno, sino dos ponies.
Eran nada menos que Shinning Armor y Ditzy, quien hacia lo posible por seguirle el paso.
- ¿NO ME OYEN? ¡LES HE DICHO QUE CORRAN! - pero era muy tarde.
Sobre sus cabezas se cernía una sombra tan gigantesca como el castillo de Twilight.
Este monstruoso ser descendió desde las alturas para toparse una vez más con el príncipe y la pegaso gris, además de que también estaban presentes otros dos ponies que el no reconocía.
Su sola presencia impacto a nuestros héroes. Al aterrizar, sus patas produjeron una enorme grieta en el suelo. La tierra se partía bajo sus cascos a causa del peso de semejante ser.
Comparados con él, ellos solo eran unos simples ratones.
La bestia se posó en cuatro patas para asi no ser visto desde el pueblo (aún cuando estaban demasiado lejos, no se quería arriesgar a ser detectado por la princesa Alicornio que ahí recide).
Los observó por unos segundos sólo para luego soltar una carcajada.
Los tímpanos de Shinning y los demás por poco y revientan.
- ¡Jajajajajajajajajajaja...! ¿Esto es una broma, cierto?
Shinning le lanzó una mirada desafiante.
- !No, claro que no lo es! - dijo el príncipe. - Y será mejor que no te burles mas. Puede que no sea un alicornio como mi hermana o esposa, pero puedo acabarte por mi mismo.
- ¿Ah, si? Entonces ¿por qué estabas corriendo por tu vida hace unos momentos?
Derpy se desplazó a hurtadillas hasta donde se encontraba el Doc. Esto llamó la atención del dragón...
- Hmmm... Ya veo. - se rascó la barbilla. - Así que hicieron todo esto para reunir a ese par de tortolitos... ¡Qué ridículo! Los ponies siempre tan cursis.
Derpy se ocultó detrás del Doc, a la vez que este y Minuette encaraban al dragón.
- ¿Así que han venido a llevarla de vuelta a casa...? ¡Que conmovedor! - dijo, en un tono burlón. - Sólo falta que quieran derrotarme a mí en un combate.
Acercó su cabeza hacia donde se encontraban ellos. Exhaló una nube de humo, la cual les impidió ver y respirar por un tiempo, y luego, retomó su postura inicial.
- Te lo diré por última vez, - comenzó Shinning, una vez recuperó el aliento. - mejor vete de aquí y busca un nuevo lugar de reposo, o te irá mal.
La bestia apenas y pudo contener su risa.
- ¿Es broma, no?
Pero el príncipe no flaqueó en lo absoluto.
Tras unos segundos mirándose a los ojos, ambos cayeron en la cuenta de que la única forma de terminar con el conflicto, era pelear.
Y así lo harían...
- Doc, tome a Derpy y vallanse de aquí. Yo me encargaré de este asunto.
El Doctor Whooves lo miró impresionado.
- ¡¿Como dijo?!
- Lo que escuchaste. Huyan lo más pronto posible. - comenzó a rascar el suelo con sus pezuñas.
- Pero...
- ¡Ahora! - gritó el príncipe, a la vez que lanzó un pequeño relámpago desde su cuerno para cegar al dragón.
Su táctica funcionó. La bestia no se lo esperaba para nada, quedando así ciega temporalmente.
- ¡Mis ojos!
- !Corran, corran, corran! - les indicó el príncipe, y estos obedecieron.
Los tres ponies salieron a todo galope con rumbo a Ponyville, con la esperanza de volver sanos y salvos a su hogar. Pero...
Lamentablemente fueron alcanzados por una enorme llamarada que había escupido el dragón como último recurso para evitar que escapasen.
Por suerte, Minuette logró llevarlos hasta detrás de una gran roca a tiempo.
Todo a su alrededor se incineraba, excepto ellos. Sintieron el calor abrazador rodeándolos y amenazando con finiquitar sus vidas en cualquier momento.
Una vez el calor de apagó un poco, trataron de reincorporarse, pero fueron sorprendidos con la visión de decenas de árboles calcinados.
La poca protección que les brindaban aquellas plantas se había esfumado, así como sus posibilidades de escape.
Detrás de ellos, Shinning había conseguido encerrar a la bestia en un escudo mágico gigante, pero las llamas del dragón y sus embestidas lo mermaban más y más a cada segundo.
No podría resistir por mucho tiempo.
- ¡Huyan! - hacía un gran esfuerzo por no romper su concentración. Esto era más difícil que cuando lo usó para proteger a Canterlot de la amenaza antes de su boda, ya que necesitaba reforsar constantemente el escudo.
No pasó mucho antes de que los perros diamante se hicieran presentes también.
- ¡Jefe! - gritó Rover.
Acto seguido, el y sus camaradas se dieron cuenta de que la barrera era generada por el príncipe.
Más tardaron en notar esto último que en formar parte de la acción. Se lanzaron en contra de Shinning Armor, haciendo que este perdiera su concentración y liberara accidentalmente a la bestia.
- ¡No! - gritó el príncipe al ver lo que acababa de suceder.
- ¡Ya me las pagarás más tarde, príncipe! - amenazó el dragón. - por ahora, iré por lo que es mío.
Acto seguido, voló y se posó frente a los ponies que miraban aterrorizados la escena.
- Tu vienes conmigo. - tomó a Ditzy Doo con su garra, pero mientras la levantaba, el Doc se trepó en su antebrazo para tratar de evitar que se la llevase de nueva cuenta.
- ¡Dejarla ir, maldita bestia!
Comenzó a golpear con sus cascos tan fuerte como pudo, irritando más aún al dragón.
- ¡Alejate! - con una sacudida, lo lanzó tan lejos que cayó en medio de un grupo de leña quemada.
El fuego de había extinguido, pero aún así le produjeron varias quemaduras al doc.
- !Doctor! - gritaron las dos yeguas al unísono. Este no respondía.
Minuette se apresuró a llegar al lado de su amado, mientras que Derpy sólo observaba desde las alturas, en estado de shock.
- Doctor ¡Doctor! ¿Se encuentra bien? - lo movía tanto como podía, teniendo cuidado de no lastimarlo o quemarse con la leña. Al ver que no respondía, lo arrastró a varios metros del lugar de aterrizaje.
Apenas y respiraba. Se oía el crujir de algo. Ella rezó porque sólo fuera ramas tiradas en el suelo.
- !Hm, pony estúpido! - aquel dragón se dió la vuelta para atender al príncipe Shinning Armor, dando por muerto al doc pues con la fuerza con la que lo había lanzado, era muy probable que muriera en pocos minutos, o menos...
Derpy, por su parte, no le quitaba la mirada de ensima al Doc y a Minuette. No hacia mas que mirarlos, con los ojos inyectados en lágrimas, sollozante.
Minuette trató de reanimar al pobre corcel con leves bofetadas, que al paso del tiempo serían unas fuertes cachetadas. Por su parte, el dragón hizo una señal a los perros diamante para que dejaran de forcejear con el unicornio, quien les iba ganando, a pesar del número. Estos retrocedieron y se ocultaron detrás de una pila de rocas que se hayaba a su lado.
- Mira bien, príncipe. - señaló hacia donde se encontraban Minuette y el doc. Shinning quedó horrorizado al ver a su amigo en esas condiciones. - Todo esto ha sido culpa tuya. - le recriminó el reptil. - De no haber interferido en mis actos, de haber permanecido quieto y apacible, sin meterte con migo... De no haber permitido que estos simples civiles se involucraran en tu "misión", nada de esto habría pasado. No debiste tratar de hacerte el héroe.
Su rostro denotaba satisfacción absoluta. Estaba contento consigo mismo.
Sin duda se trataba de un ser temible.
Shinning Armor se sentía terrible por haber arrastrado a aquel pobre pony a esta, que era su misión. Suya y de nadie más.
El dragón tenía razón. No debió involucrarlos, puesto que ahora sus vidas corrian peligro.
Miró al dragón a los ojos, luego, a Derpy. Esta última no le correspondió puesto que no separaba la vista (por así decirlo, pues es difícil que mire a un solo punto en concreto) de su amado corcel, y de la pony que hacía hasta lo imposible por reanimarlo.
- Lo... Lo siento. - dijo en un susurro.
- Por favor, por favor, por favor ¡No me hagas esto! ¡No nos hagas esto! - decía entre llantos la dentista, a la vez que sacudía el cuerpo inerte del Doctor Whooves.
A cada momento su respiración se hacía más débil, e iba perdiendo el color, quedando casi tan gris como la pony a la que tanto odiaba Minuette.
Al cabo de un rato, se dio cuenta de que había dejado de respirar por completo.
- ¿Eh...? - se hizo el silencio. Todos, hasta los perros diamante, estaban al tanto de la situación. - ... No... No puede... ¡No puede ser!
Su corazón se había detenido. Estaba muerto.
Tanto Minuette como Shinning y Derpy quedaron paralizados al ver esto. Los tres lamentaban su pérdida, pero sin duda la más afectada ahí era...
- ¿Doc...? - Derpy no pudo contener su llanto. - ¡Doctor!
Luchó con fuerza para liberarse de las garras del dragón, quien sólo veía burlón como la vida se había escapado del cuerpo del pobre Doctor Whooves.
La pony pegaso forcejeó hasta lograr escabullirse entre los dedos de la bestia, el cual no cabía en si mismo al ver tal derroche de fuerza por parte de Derpy.
Apenas y se liberó, Derpy voló a toda velocidad para encontrarse con su pony especial (o lo que quedaba de el...).
Se paró a un lado de la dentista, sin dejar de mirar el cuerpo sin vida de su amado corcel. Minuette la miró fijamente, pudiendo la tristeza de sus ojos bizcos.
Trató de tocarlo, pero no se atrevía. Tenía miedo. Miedo de sentir el como el calor lo iba abandonado poco a poco. Miedo de que este no reaccionara al tacto de su pezuña.
- ¿Doctor...? - fue lo último que alcanzó a decir antes de romper en llanto.
Minuette, sentada a su lado, no sabía que hacer. No sabía cómo debía reaccionar, o si debía decir algo.
No. Seguramente ella era la última pony en este mundo con el derecho de decirle algo acerca del Doc a Ditzy.
Sólo se dedicó a bajar la mirada, y llorar en silencio.
"El trató de salvarla... Y yo no hice nada... - se decía a si misma. - Debí haberlo ayudado. Tal vez de haber sido dos, habríamos podido hacer algo... Y esto no hubiera pasado."
El tiempo se detuvo, y los pensamientos de todos se centraron únicamente en la figura del corcel que se hayaba reposando ahí.
Lo que no sabían era que no todo estaba perdido. Entre los pocos árboles que quedaban a su alrededor, una silueta se deslizaba sin llamar la atención, vigilante.
Zecora lo había visto todo.
Se mantuvo distante porque en el fondo sabía que algo saldría mal. Pero ahora solo se lamentaba el no haber intervenido antes.
Pero como se ha dicho, no todo estaba perdido.
Zecora sacó de una de sus alforjas un pequeño frasco con un ronico verde brillante.
- Aún es tiempo...- dijo.
Continuará...
