Nota Final: ¡Llegamos al final de la aventura!
Muchas gracias por seguir este fanfic. Se que me tardé más de un año en terminarlo, cuando a lo mucho, la serie no debía durar más de dos meses y medio (según mi antigua costumbre de actualizar cada semana), y agradezco me hayan tenido paciencia. (n_n)
En cuanto al epílogo, lo subiré dos semanas después de este capítulo.
En fin, sólo los invito a que lean mi nueva serie crossover, "My Little Ash: Atrapado en Equestria".
Muchas gracias por su apoyo. (n_n)/
Cap 11. Sonrisas y Burbujas.
(Flashback...)
- Derpy... - una yegua, débil, y con la respiración entrecortada, tirada en una nube, toma a su hija entre sus cascos y, rezando por algún milagro, trata de calmarla. - No temas... Todo estará bien.
A lo lejos, la figura de un dragón alzaba el vuelo en dirección al horizonte. Se le veía molesto. Más bien, irritado.
Se habían alejado demasiado del grupo. Aquella pelea con Rainbow Dash había sido el detonante.
Rainbow Dash... ¡Esa insolente! ¡Solo ve por si misma y quienes la siguen!
Y ahora, por ella, ambas, madre e hija, Ditzy Doo y su madre, estaban a punto de...
- ¡Oigan! - se oyó una voz a la lejanía. - ¡Las encontré!
El sonido de los aleteos le dieron a entender a la joven madre que sus vidas estaban a punto de ser salvadas.
Lo último que pudo ver antes de desmallarse, fueron las siluetas de aquellos ponies pegasos que venían en su ayuda.
" Gracias..." pensó.
(Fin del flashback).
Derpy abrió los ojos. Una vez más se había quedado inconsciente debido a... ¿A qué? Lo último que recordaba era... Era...
"¡Doctor!" los recuerdos volvieron a ella.
Miró el cuerpo inerte de su compañero a un lado. Las lágrimas brotaron nuevamente de sus ojos. Se aferró a el y lloró como no lo hacía desde pequeña.
Su llanto llamó la atención de los que ahí se encontraban.
Shinning Armor, Minuette, y los perros Diamante, se hayaba de pie a su lado. Unos la acompañaban en su pesar, otros solo la veían con indiferencia.
- ¿Por qué? ¿Por que tuvo que pasar esto? - se aferró al cuerpo del Doctor, no haciendo caso de las indicaciones del príncipe, quien le pedía alejarse del cadáver. - ¿Que fue lo que pasó? ¿Por qué me desmayé? - le pregunta a Shinning Armor, sin levantar la mirada.
- El dragón te golpeó con su cola cuando trataste de atacarlo. Caíste y te golpeaste la cabeza. - le aclaró el corcel.
- Ya veo... - estaba cegada por la ira en aquél momento, de ahí que no recordase nada.
Durante su "ausencia", aquél monstruo los trasladó a todos, como sus prisioneros, hasta su cueva. Amenazando con acabar con la vida de la pony pegaso si se rebelaban.
Así fue como Shinning Armor y Minuette terminaron ahí.
Ahora todos eran sus rehenes.
Derpy estaba que se moría de la vergüenza. Quería desaparecer. Quería que se la tragara la tierra. Cualquier cosa era mejor que tener que soportar ver cómo sus amigos eran cautivos por culpa suya.
- Lo siento... No he causado más que problemas. - susurró.
- No te sientas mal. - trató de consolarla el príncipe. - Todo fue mi culpa al involucrar civiles en una misión tan peligrosa como esta.
Dio una fuerte patada a la pared de roca.
- ¡¿Que es todo ese ruido?! - se oyó la voz del dragón, haciendo eco por toda la caverna. Acto seguido, desde detrás de la roca que los ocultaba de su vista, emergió la bestia, furiosa.
Miró detenidamente a cada uno de sus invitados. Exhaló una nube de humo y volvió a sus asuntos.
A lo lejos se podía escuchar como engullía joyas cual potrillo en la noche de Nightmare comiendo dulces. El estrés provocado por el escape y persecución de su prisionera le habían abierto el apetito como nunca antes.
Todos guardaron silencio durante varios segundos. Eventualmente el ruido cesó y el dragón se recostó, preparándose para tomar una siesta.
- Muy bien, tengo un nuevo plan para escapar. Y a decir verdad, es preferible que estemos aquí en esta cueva. Así será más fácil. - decía Shinning Armor, entre susurros.
Los perros diamante los vigilaban muy de cerca, y no iban a dejar pasar nada por alto.
- Minuette, lamento haberte metido en esto. - fue lo primero que dijo Shinning al estar seguro de que los perros no los escuchaban más. - Pero no te preocupes, yo me haré cargo a partir de ahora. Ya vi cual fue mi error; el involucrarlos a ti y al Doctor en mi misión.
Hizo un gesto para que las dos yeguas se acercaran a el.
- Mi plan consiste en esperar hasta que el dragón se duerma y crear un escudo del cual no podrá salir hasta que estemos muy lejos. Para entonces, ya habré bloqueado la entrada de la cueva haciendola colapsar por una explosión. Esto despertará al dragón, pero para ello es el escudo. Lo retrasará lo suficiente para llegar al pueblo.
- ¿Y que harás si llega al pueblo?
- No lo hará. - sonrió de manera siniestra.
(Mientras tanto en Ponyville...)
- ¿Bonbon? - Lyra mira de un lado a otro, en busca de su compañera, quien debía esperarla en el regreso a casa para después ir al cine las dos.
Trata de buscarla en la cocina, pero lo único que encuentra allí es una nota puesta sobre la mesa, la cual decía:
"Lo siento, pero un viejo amigo está de visita y no podía dejar pasar esta oportunidad de recordar viejos tiempos. Espero lo entiendas. Te veré esta noche.
Te quiere, Bonbon."
Lyra dejó caer el papel.
Salió de la cocina y se dirigió a su cuarto. Pasó toda la tarde llorando ahí encerrada.
(De nuevo, en la cueva...)
Ha pasado un cuarto de hora y Derpy se vio forzada a salir en busca de gemas de nueva cuenta, pero esta vez acompañada únicamente por un perro.
El dragón está dando señales de cansancio. Es obvio que está por caer dormido, en cualquier momento.
Shinning armor trata de aparentar lo mejor que puede, mientras que Minuette revisa el cuerpo aún inherente del Doctor.
- ¿Todavía nada? - Minuette negó con la cabeza. - ¡Maldición!
Seguramente se preguntarán ¿como que "aún"? ¿Qué está esperando Shinning Armor que pase?
La respuesta es muy simple. Justo en el momento en que Derpy quiso golpear al dragón, Zecora emergió entre el follaje y le entregó a Minuette un frasco redondo con un extraño líquido. Le indicó que se lo diera de beber al Doc, y desapareció para no llamar la atención de los villanos.
No sabían lo que se supone debería pasar pero, fuera lo que fuese, debía hacerlo rápido.
Pasaron dies minutos más, y nada. Por su parte, el dragón se veía más y más cansado a cada segundo que pasaba. Era inevitable que se quedara dormido.
Eventualmente, la bestia se recostó y cerró lo ojos por un momento. Luego los volvió a abrir para sersiorarse de que sus inquilinos siguieran ahí.
Este acto se repitió cuatro veces mas, hasta que finalmente se quedó profundamente dormido.
- ¿Ya? - susurró Shinning, ansioso por salir de ahí. Una vez con el dragón dentro del escudo mágico, los perros diamante no serían ningún problema para dos unicornios adultos. El único obstáculo aquí era...
- Nada aún... - Minuette no se separaba del Doctor Whooves.
Shinning no hizo más que obserbarla. Acariciaba la melena del corcel como si de una madre se tratase. Lo miraba fijamente, como esperando a que, de un momento a otro, este se levantase para huir con ellos.
Nada pasó.
Así estuvieron por varios segundos más. Una vez que Shinning tomó su decisión, con pesar le hizo saber a su compañera que era hora de dejarlo ir.
- Esta bien. Entiendo... - una última lágrima se coló por su mejilla para dar a parar en la del cuerpo sin vida de su amado. - Adiós... - lo tomó de la cabeza y lo besó en los labios. Una imagen un tanto incómoda para el príncipe, pero este no dijo nada.
Se disponían a marcharse. Minuette se levantó y se sacudió el polvo. Shinning Armor, por su lado, vigilaba que los perros diamante estuvieran distraídos.
Los perros, aprovechando la hora de sueño de su jefe, se pasaban algunas de las joyas más brillantes para observarlas detenidamente, como si estuviesen planeando robarlas en algún momento.
De vez en vez volteaban para asegurarse de que los prisioneros siguieran ahí. Esto fue lo que le permitió a Shinning llevar a cabo su plan, pues, con ellos al pendiente de él y Minuette, no notarían el campo de fuerza que se había formado alrededor de la bestia.
Con el campo de fuerza listo, sólo les quedaría una oportunidad.
Así es, sólo una. Si la desperdiciaban, se acabaría todo.
Ambos se mostraron sobre la gran roca que los separaba del dragón. Miraron en todas las direcciones para asegurarse de que no hubiese obstáculo alguno que les impida la huida. Se miraron el uno al otro y, con un último suspiro, emprendieron marcha a toda velocidad hacia la salida.
- ¡Se escapan! - gritó uno de los perros. Al notar esto, su compañero dejó caer el enorme diamante que tenía entre sus garras, lo cual bastó para derpertar al dragón.
La bestia, una vez notó la situación en la que estaba, comenzó a rasguñar y embestir el escudo que lo tenía aprisionado.
La tierra se estremecía por su enorme fuerza. Las paredes se iban quebrando poco a poco. Los perros corrieron tras los fugitivos, pero estos ya les llevaban ventaja, además de que tenían un az bajo la manga.
- ¡Ahora! - con esto, Shinning y Minueta lanzaron dos rayos de energía desde sus cuernos a la parte superior de la entrada apenas y estuvieron bajo ella. Esto provocó un derrumbe que impidió el paso a los perros guardianes, quienes pararon en seco.
Lo habían logrado. Habían conseguido ganar el tiempo suficiente como para escapar de la cueva. Ahora solo les quedaba una cosa por hacer.
- Debemos encontrar a Ditzy y regresar a Ponyville. Una vez ahí, lo demás será fácil.
El príncipe confiaba en su aliado.
- Pero... - Minuette dudó. Volteó la mirada hacia la cueva, aún pensando en su amado.
- ¡Minuette, por favor! - trató de razonar Shinning. - Yo también desearía poder hacer algo... Pero me temo que no es así. Ahora lo único que podemos hacer por el, es... - se acercó a ella y la tomó del casco, para guiarla hacia el bosque. - Lo único que podemos hacer por el es salvar a Ditzy... Él lo habría querido así.
Estas palabras llegaron hasta lo más profundo del corazón de Minuette. En el fondo, sabía que tenía razón.
Debía hacerlo. Por él.
Esa era la única forma que tenía de compensar todo el daño que les había provocado.
Aceleró el paso, con rumbo al bosque. Una vez estuvieron lo suficientemente lejos como para no ver la cueva, oyeron un estruendo. Pero no se atrevían a mirar atrás.
Galoparon a toda velocidad. Jadeaban y les dolía todo (más a Minuette, ya que, a diferencia del príncipe, no estaba acostumbrada a esto) pero seguían adelante.
En algún punto alcanzaron a divisar a la pony pegaso, quien se unió a su marcha, no sin antes ver cómo Shinning mandaba a volar al perro que la custodiaba de un disparo.
- ¿Y el Doc? - preguntó mientras corrían.
El silencio confirmaba sus sospechas.
Desafortunadamente, Derpy se hayaba muy herida para seguirles el paso, cosa que los obligó a desacelerar.
Ya entrados en el bosque Everfree, pudieron oir los rugidos de la bestia que los perseguía. Se oían lejanos, pero aún así no se podían confiar. Debían llegar al pueblo.
Shinning miro a los laterales, en busca de alguna señal de su aliado. Nada.
"¿Dónde demonios estás?" pensó.
Siguieron así, zigzagueando con la intención de que el dragón no los atrapase tan fácilmente. Una vez que creyeron segura la situación, se detuvieron a descansar.
Estaban aún a un kilómetro de Ponyville, pero valdría la pena. Se aseguraron de no dejar rastro alguno que pudiera ser usado para encontrarlos. Y a su vez, dejaron muy claro (al menos al principio) que no se dirigían a Ponyville, al menos no en línea recta.
Con esto tendrían a ese dragón dando vueltas por todo el bosque, buscando, alejado del pueblo.
Todo parecía más tranquilo. No se escuchaba más el sonido del aleteo. Estaban a salvo.
Decidieron quedarse ahí un buen rato. Si tenían suerte, llegarían a Ponyville en dies minutos o menos. Sólo debían caminar en línea recta.
De la nada, se escucharon unos crujidos provenientes de un arbusto lejano.
Primero pensaron que serían los perros, pero ellos no parecen ser tan sigilosos. Al poco rato el sonido se hacía más fuerte, señal de que ese algo se estaba acercando.
Aquél ser se estaba acercando más y más a donde se hayaba reposando, pero no tenían las energías para salir galopando por ahora. Sólo se quedaron ahí, esperando.
Sus pasos se hacían cada vez más cercanos, y más lentos. Estaba dudando (o tal vez acechando). En algún punto se detuvo sólo a observarlos.
Pudieron ver una silueta del otro lado de los árboles. No se distinguía nada. Si se trataba de un pony o de alguna otra criatura, no lo sabían nunca, a no ser que este se revelara ante ellos.
La sombra se inclinó como queriendo ver mejor y, justo cuando estaba por asomar la cabeza hacia la luz...
Retrocedió abruptamente. Algo le había llamado la atención. Algo andaba mal.
Miró rápidamente en todas direcciones para confirmar sus sospechas.
- ¡Cubranse! - se trataba de una voz femenina. Todos se tiraron al piso.
De la nada, una ráfaga de fuego azotó el lugar, quemando así más trozos de bosque, dejándolos al descubierto. Obligándolos a salir una vez más.
Por su parte, la sombra desapareció.
Shinning y sus amigas miraron horrorizados a la imponente bestia que tenían en frente. Los veía de la misma manera en que un pony mira su plato lleno de comida antes de engullirla.
Era el fin. No les daría más oportunidades. Si bien era cierto que necesitaba a Derpy para su labor de buscar Llanto de Pegaso, también lo era que ésta se había convertido en un problema.
Ya no habría más chances para ella o los demás ponies. Su tiempo se acababa aquí. Pagarían todo lo que le hicieron pasar. Y ellos lo sabían.
Shinning trató de buscar una oportunidad de cegarlo con un rayo, pero la luz del sol se lo impedía (que irónico, ¿no?).
Una vez lo tubo en la mira, trató de disparar, pero la bestia se agachó para decirles unas últimas palabras.
- ¿Alguna última petición, mis pequeños ponies?
Se burló.
Tanto Minuette como Ditzy estaban muertas de miedo. Sabían que ese sería su fin. No había más.
Pero, por alguna razón (y esto molestó al dragón), el príncipe del Imperio de Cristal estaba sonriendo.
- Hmmm... ¿Por que sonríes así? - preguntó.
Parecía que se mofaba de él. Como si supiera algo que el no. Algo que ponía la balanza de su lado.
Se levantó para mirar a su alrededor sin girar la cabeza, pero no vio nada.
Una vez más, quiso agacharse, pero notó algo raro. Miró hacia atrás, sorprendiéndose al ver que su cola estaba fija al suelo a base de una cuerda y dos clavos.
Justo cuando planeaba quitarse eso, un par de sogas surgieron de entre los árboles restantes, amarrándolo por las garras y hocico.
Ditzy, sorprendida por el tan brutal giro de los acontecimientos, tuvo que ser arrastrada hasta los arbustos para poder esconderse.
La bestia cayó de hocico justo donde ellos se hayaban parados hace unos momentos. Las sogas lo tenían completamente inmovilizado.
Se sacudía y gruñía, pero no lograba liberarse.
De la nada, una figura, un poco más alta que la de la mujer de hace rato, surgió de entre las sombras, cubierto por una capucha. Se puso frente a frente con la fiera, quien en aquel instante se sentía invadida por la impotencia.
No tardó en arrojar un extraño frasco al suelo frente a la nariz del dragón. Este se rompió dejando escapar un gaz que terminó de inmovilizar a la bestia, quien cayó en un profundo sueño, no sin antes ver bien el rostro de su verdugo.
- ¡No tú! - dijo, antes de caer inconveniente.
Aquél pony se aseguró de que el dragón no estuviese fingiendo antes de dar una señal. Una vez estuvo seguro de la situación, les hizo un gesto para que de acercaran, dándoles a entender que estaban a salvo por ahora.
Minuette, Shinning y Derpy salieron de su escondite, caminaron había el extraño y, antes de que pudieran decir palabra, la figura de antes de hizo presente también. Iba igual que su compañero. Una túnica les cubría el rostro y casi todo el cuerpo, sólo dejando libres los cascos para permitir la movilidad.
Shinning sonrió, pero no recibió respuesta por parte de la Pony (aunque tampoco esperaba una).
Al contrario que su compañera, el corcel se acercó a nuestros héroes con una brillante sonrisa.
Se dirigió hacia Derpy, quien, asustada, no hizo más que retroceder.
Una vez la alcanzó, tomó su casco y, al borde de las lágrimas, rompió el silencio con una única frase.
- ¡Lo siento...!
Eso bastó. Aquella frase compuesta por tan sólo 2 palabras... Había sido suficiente para que se les hiciera un nudo en la garganta y un hueco en el estómago a cada uno de ellos.
Acto seguido, el corcel prosiguió a destaparse la cara, revelando así su verdadero ser.
Derpy no lo podía creer. Sus ojos por primera vez en mucho tiempo, miraban a un solo punto en concreto frente a ella, a la vez que se llenaban de lágrimas que le nublaban la vista.
Frotó el casco de aquel pony como si temiese que fuera una ilusión, queriendo comprobar su veracidad.
Era real. Frente a ella se hayaba nada más y nada menos que el buen Doctor Whooves, en carne y hueso.
- Lamento haberte preocupado...
Tenía algunas cuantas lesiones, pero nada grave. Lo único que le importaba era que su amada estaba sana y salva.
Por otro lado, Ditzy se le abalanzó, envuelta en llanto.
Irónico ¿no? Todo esto comenzó por el Llanto de Pegaso, y terminó en el llanto de Derpy Hooves, quien es un pegaso, justamente.
Derpy no de separó de el ni por un segundo después de eso. Ni cuando la Pony misteriosa echó a patadas al dragón sin tan siquiera decir una sola palabra (¿quien corrales era ella? se preguntaban Minuette y Derpy).
Una vez recuperados del trauma, Shinning se encargó de explicar que ella era una vieja aliada a quien había convocado por si la misión de rescate original fallaba.
- No podemos revelar su identidad, así que agradecería que ninguno de ustedes hable de ella con nadie... Ni siquiera entre ustedes... En especial usted, Doc.
El Doctor asintió.
Con esto dicho, Shinning miró en la dirección en la que se había ido el dragón. Estaban a salvo al fin. Ahora que la bestia tenía conciencia de la clase de ponies que habitaban Ponyville, no regresaría ni por sus joyas.
La pony encapuchada se acercó a Shinning para susurrarle algo al oído, a su vez que le entregaba un par de alforjas, a lo que él respondió "Como gustes".
Una vez resuelto el asunto, y con la seguridad de que los perros diamante no los seguirían, volvieron a Ponyville al atardecer.
Tuvieron que pasar la noche en el hospital, mientras que Shinning hablaba con la alcaldesa hacerca de lo acontecido.
- ... Y además - terminaban de darle indicaciones a la alcaldesa. - todo el crédito se lo llevaran aquel pony llamado "Dr Whooves" junto con Derpy Hooves y Minuette. Hasta donde usted sabe, nadie más estuvo involucrado en el incidente, ¿le parece?
La yegua asintió sin más.
Antes de dejar el Ayuntamiento, Shinning dejo las alforjas en el suelo.
La alcaldesa las abrió y, al borde de un paro, miró sorprendida al príncipe.
En aquellas alforjas se hayaba una pequeña colección de joyas que iba desde zafiros, pasando por esmeraldas y amatistas, hasta diamantes. Pero de entre todas las gemas había una que sobresalía; un rubí de fuego con forma de corazón.
- Puede quedarse con el resto, pero a cambio, subastará el rubí de fuego y usará el dinero para, no sé, restauraciones, y esas cosas...
Shinning sonrió al ver que la alcaldesa había aceptado sus condiciones.
Se despidió y se encaminó al hospital, para revisar el estado de sus compañeros.
Por su parte, la pony misteriosa había vuelto a su hogar, con sus seres queridos (o mejor dicho, ser querido).
Justo antes de volver a Ponyville, el Doc les había explicado todo a Shinning y a las chicas. El como despertó justo después de que el dragón se hubiese liberado del escudo. El como trató de seguirlos (sin mucho éxito pues su cuerpo estaba entumido), pero los perros de lo impidieron, y de cómo la Pony encapuchada los había knockeado a las fieras en un ataque sorpresivo.
"Ella llegó con la intención de ayudarme... Al parecer había alguien mas aparte de nosotros en esto..." explicó el Doctor.
Ese alguien era Zecora.
La pony sabía que la vida de los civiles corría peligro, así que le rogó a la cebra preparase algo que pudiese ayudar en algo.
"Aquel brebaje tiene el don de traer de vuelta a quienes ya han partido de este mundo - explicó la Pony a Shinning, mientras caminaban hacia el pueblo. - Pero sólo funciona durante un tiempo limitado. Para que haga efecto, el pony debe de permanecer muerto 10 minutos o menos y suele tardar en hacer efecto... Suerte que los encontró a tiempo, jeje..."
Al recordar esas palabras, un amargo sabor de boca llegó al príncipe. ¿Y si Zecora no hubiese llegado a tiempo? ¿Qué habría sido del Doctor?
Creo que el chiste se cuenta sólo.
Aquella noche, Shinning estuvo junto al doc y Derpy en el hospital. No quería perderlos de vista hasta saber que estaban bien.
Al día siguiente, se marcharía en el primer tren hacia Canterlot, pues su misión estaba terminada y, a diferencia de Cadence, el no tenía la necesidad de quedarse.
Se sentó entre las camas de los dos ponies. Volteaba de un lado al otro para asegurarse de que estaban bien. Siguió así hasta quedarse dormido. Minuette estaba en su casa, puesto que no había recibido casi nada de daño en todo el enfrentamiento.
Aquella noche, las pesadillas no cesaron en la mente de la dentista, así como en la del Doctor. Pero sin dudas, quien más sufrió durante sus sueños, fue...
(En algún lugar...)
Era un espacio vacío sin más. Derpy se hallaba sola en el medio de la nada.
Unas cadenas la mantenían atada a... ¿A qué? No lo sabía.
No entendía lo que estaba pasando, pero no le gustaba. Trató de pedir ayuda, pero no había nadie más ahí. Sólo ella.
El pánico se apoderó de ella.
Trató de zafarse, pero era inútil. Estaba atrapada.
- ¡Ayuda! - gritó. - por favor... Alguien...
Se tumbó al suelo a llorar. No había nada que pudiera hacer para salir de ahí. No había nadie que la ayudara. No había nada más que ella allí.
Una voces repetían una y otra vez una frase, pero no era capás de entenderlas, así que no les prestó atención.
Con el paso del tiempo, las voces de iban acercando más y más. Ella volteó para tratar de ver el origen de dichas voces, pero nada.
Al cabo de un rato, pudo entender perfectamente lo que decían.
"¡Por aquí! ¡Aquí está ella!"
Aquellas voces fueron silenciadas y remplazadas por el sonido de cascos galopando a toda prisa en su dirección.
A lo lejos logró divisar una silueta que se precipitaba hacia ella.
Era él. El Doc.
Una vez esté llegó hasta donde se encontraba la pony pegaso, sonrió. Fue sólo entonces que Derpy pudo ver claramente el lugar en donde estaban los dos.
Se encontraba dentro de un enorme reloj de arena. Pero había algo raro. Las cadena que la ataban habían sido reemplazadas por arena en la cual ella de iba hundiendo poco a poco a causa de que desde la parte superior caía más.
El Doc trató de romper el cristal para ayudar, pero fue en vano. El miedo se dibujó una vez más en sus rostros.
- ¡Te sacaré! ¡Lo juro! - gritó el Doc. Pero era en vano. La arena la había enterado casi en su totalidad. Estaba al borde de la muerte.
El corcel hizo lo que pudo, pero no sirvió de nada. El cristal era irrompible.
Ambos se miraron a los ojos por última vez, deseando haberse dicho antes aquello que tanto anhelaban. Lamentándose el que su última cita terminase en una pelea. Arrepentidos por no haber pasado más tiempo juntos.
- Adiós... Fue lo último que dijeron...
Luego de esto, Minuette despertó.
(De vuelta a la realidad...)
Así es. Todo había sido una pesadilla de ella. Aquel sueño... ¡No! No era sólo un sueño. Se había sentido tan real... Pudo sentir el dolor de aquellos ponies.
Minuette se encaminó al lavabo para mojarse la cara. Toda la noche no había echo más que llorar por lo ocurrido.
Lloró por la muerte y resurrección del Doc. Lloró porque se dió cuenta de que el seguía amando a Ditzy. Lloró porque casi muere el día anterior...
Se sentía terrible.
Más tarde, se llevó a cabo una subasta en donde se vendió un rubí de fuego. Dicha subasta fue ganada por nada menos que Spike el dragón, quien recibió ayuda de Rainbow Dash en cierta forma.
Una vez spike tuvo entre sus garras aquel tesoro, se lo entregó a la potranca que lo acompaña en ese momento. Era una pony marrón con melena color rosa y ojos verdes, de cutie mark de tijeras.
Minuette estuvo observándo la escena.
Sentía envidia. Incluso Spike había encontrado el amor, mientras que ella...
Shinning Armor había abandonado Ponyville a primera hora sin siquiera despedirse, según le contó la Alcaldesa antes de la subasta.
Así germinaba todo para ella. Todo lo que había conseguido, y todo lo que había hecho, se quedaría como un mal recuerdo en la mente de todos...
(Mientras tanto, en el parque...)
- Lástima... Me habría gustado darle las gracias. - dijo Derpy.
- No creo que sea necesario. - dijo el Doc. - Es un soldado. Su labor consiste en eso. Estoy seguro de que no le importa.
Los dos se sentaron a comer unos cuantos sandwiches en el pasto. Miraron el cielo por lo que parecieron horas. En aquel momento Derpy se atrevió a hacerle una pregunta a su acompañante.
- ¿Y como es... El estar muerto?
No hubo respuesta.
- ¿Doc?
Una vez más, nada.
- ... Derpy... - esta paró la oreja tan rápido como escuchó su nombre. - Durante el tiempo que estuve... "ausente" - tragó saliva. - me encontré en un espacio totalmente negro... No podía pensar. No podría actuar... Era una calma absoluta...
Derpy, ya recostada, se volteó de cara al Doctor, quien sólo miraba las nubes.
- Fue en el medio de todo eso... - continuó el corcel. - que pude verlas...
- ¿Verlas...?
El Doc señaló a la CM de Derpy.
- Por alguna razón, antes de despertar... Fuí guiado por una serie de burbujas que me alejaron de la luz... Decían que era una trampa... Puede que suene loco, pero así fue...
Derpy lo escuchaba atenta.
- Pude oír una voz... Una voz que me decía "Eres libre de irte cuando quieras... Así como de regresar y arreglar tus asuntos pendientes. Has lo que te plasca..."
De repente, el Doc la volteó a ver, con una brillante sonrisa.
- Fue ahí cuando lo entendí todo... Esas burbujas... Me querían traer de vuelta contigo.
Ambos se miraron a los ojos.
No lo podía creer. Derpy estaba al borde de las lágrimas una vez más. ¿Acaso era eso cierto? ¿O le estaba tomando el pelo?
Como el Doc se dió cuenta de sus pensamientos, la tomó por la mejilla y le besó. Esto la hizo ruborizarse como nunca, pues casi nunca se besaban en público.
- ¡¿Que haces?! ¿No te importa que nos vean? - se tapó la cara para ocultar su sonrisa.
- ... Todo lo que me importa - la tomó por el casco. - esta justo aquí...
Derpy, presa de sus sentimientos, comenzó a llorar una vez más.
¿Como era posible que un pony tan maravilloso como él se interesará tanto por ella? Nunca lo sabría.
Tal vez era mejor así.
Y así, tomados de los cascos, acostados en el césped, ambos ponies por fin tuvieron un momento de paz real después de tantos problemas.
Eventualmente, Derpy se quedó dormida.
Así permanecieron durante todo el día. Con Minuette vigilándolos a la lejanía, pues no podía hacer más que mirar con dolor lo que jamás podría tener, ambos ponies se quedaron dormidos, con la seguridad de que ahora el peligro había pasado, y que nada ni nadie los separaría.
Con esto terminaba su aventura. Mientras se tuviran el uno al otro, no necesitarían más.
Fin.
¡Muchas gracias por seguir la historia! En unas semanas tendré el epílogo con la explicación de lo ocurrido con la mamá de Derpy (por si pensaban que me había olvidado de ese pequeño detalle).
En fin. !No leemos luego!
- ¡Brohoof!-
