Sé que ha pasado un tiempo desde la última vez. Pero la verdad es que mi vida es un maratón, donde corro todo el tiempo de un lado para otro, y cuando tengo espacio y tiempo (que lo tengo, no lo voy a negar), simplemente me dan ganas de echarme en la cama y no hacer nada.

Lo admito, soy un gato perezoso. En fin, aquí está una corta continuación, que espero que aclare algunas dudas.

Les dejo con la lectura.


CAPÍTULO 2 - PASADO

―¿Cómo te sientes? ―le pregunté inmediatamente me contestó.

―No fui a trabajar ―eso era lo suficientemente preocupante―. ¡Deberías estar aquí, Natsuki! ―me reclamó débilmente, con un tono nasal.

―Lo sé, lo sé ―estuve de acuerdo. Quería estar con ella, sabía que se sentía mal y no podía hacer nada―. Solo serán unas semanas más y estaré de nuevo contigo, ya estamos en la parte final del curso ―intenté convencerla, o quizás tranquilizarme a mí misma―. Mejor cuéntame cómo te sientes, Shizuru ―la persuadí.

―Tengo fiebre y estoy sin ánimo ―todo indicaba que era una especie de resfriado o una gripe.

―Creo que tengo una noticia que te animará ―el silencio reinó al otro lado de la línea, así que decidí continuar―. He estado pensando en enviarte una carta, en realidad sería un sobre con una serie de cosas, una carta obviamente, algunos poemas, unas pulseras que te he comprado, fotografías y un dije, que a mí me gusta mucho, espero que a ti también ―el silencio continuó y ya no sabía que más decir―. Quizás sea una idea tonta en realidad, según lo que me dijeron se demoraría en llegar de treinta a cuarenta días, así que es probable que yo vuelva primero ―callé pensando que estaba divagando demasiado.

―¿Cuánto la enviarás? ―el cambio en el tono de voz era muy notorio. Mi nerviosismo se dispersó y me contagié de la emoción que transmitía su voz.

―Mañana mismo ―respondí rápidamente.

―¿Y por qué no ahora mismo? ―dijo muy rápidamente―. Quiero decir, entre más pronto lo envíes más pronto llegará, ¿no? ¿Ya lo tienes listo? ―su receptiva respuesta a un detalle tan sencillo me hizo sonreír profundamente. Cada día quería más a esta mujer.

―Bueno, yo pensaba quedarme en casa hablando contigo todo lo que se pueda ya que no te sientes bien ―insistí.

―No te demores, mientras tanto yo dormiré un poco, ¿de acuerdo? ―decidió rápidamente, con una voz pastosa producto del malestar ―. Vuelve pronto, Natsuki ―agregó dulcemente.

―Te quiero, Shizuru ―declaré.

―Y yo a ti ―respondió antes de terminar la llamada.

Solo después que pasó la nevada puede salir, abrigada hasta las orejas, en busca de un buzón rojo. Tuve que caminar varias calles hasta encontrarlo; cuando lo hice agregué la estampilla y lo deposité allí, el sobre iba firmemente sellado de acuerdo a las recomendaciones de la empresa postal. Me apresuré a regresar a casa, necesitaba saber cómo se encontraba Shizuru.

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Finalmente hacía una semana que había regresado de mi curso en Berlín. Y si bien era cierto que el tema de los paneles solares me interesaba muchísimo, y era a lo que quería dedicarme, había extrañado demasiado a Shizuru. Era bueno estar con ella, incluso solo verla de pie junto a la ventana, con la luz a su alrededor, me hacía feliz. Estando con Shizuru no me sentía sola, sino justo lo contrario, apoyada y protegida, porque solo ella se preocupaba sinceramente por mí. Lo único que puedo decir de ella, es que es una mujer persistente, y cuando algo se le mete a la cabeza, es difícil que salga de allí.

―Natsuki, aún no ha llegado tu carta. ¿No se supone que ya debería estar aquí? ―suspiré, ya no sabía qué más decirle, y no es que le faltara la razón, al contrario, simplemente yo no tenía las respuestas. Había pasado un tiempo y todavía no sabíamos nada. Me acerqué a ella, abrazándola por la espalda, mientras dejaba descansar mi cabeza en su hombro.

―Lo sé. He llamado a la empresa postal, tanto a la de allá como a la nacional y nadie me ha dado razón. No hacen seguimiento a esa clase de envíos, solo aconsejan esperar, dicen que eventualmente llegará, debemos tener paciencia ―percibí su molestia a través del reflejo de la ventana y no pude más que sonreír.

―He tenido mucha paciencia, Natsuki, ¡Han pasado dos meses! ―se quejó.

―¡Hey! Ya estoy aquí, ¿no? No debes desesperar ―giró entre mis brazos y me besó lentamente. De verdad que la había echado de menos mientras estuve fuera.


Muy bien, espero que haya sido lo que esperaban, y si no lo fue, espero que haya sido lo suficientemente bueno para que sigan leyendo.

No duden en dejar sus opiniones.

Muchas gracias por leer.

Saludos.